Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

España

Los rasgos fundamentales de la nueva situación económica

· Inprecor n.º 12, febrero de 1980 · pp. 26-31 · 5.436 palabras

España

Los rasgos

fundamentales

de la nueva

situación

económica

Jesús ALBARRACIN Pedro MONTES a austeridad en Francia se llama «Plan Barre». La austeridad en el Estado español se plasma de una forma diferente cada 6 ó 7 meses.

En efecto, en poco más de dos años hemos vivido el plan Fuentes Quintana, que luego se materializó en el Pacto de la Moncloa, la «austeridad menos austera» que caracterizo a política gubernamental previa a las elecciones generales y municipales, y ahora el actual Plan

Económico del Gobierno (PEG).

Estos frecuentes cambios en la política gubernamental tienen su razón de ser en que la austeridad es una línea estratégica de la burguesía a largo plazo, tan largo como lo es el camino que tiené que recorrer para salir de la crisis, que en cada momento del tiempo se concreta en una variación coyuntural diferente, dependiendo de los problemas del momento, de la situación objetiva y de su correlación de fuerzas con el prole-

Por eso el PEG, aunque contiene las directrices de la política burguesa para el próximo futuro, no es un plan económico acabado, ni contiene todos los planes de la burguesía, pues quedan fuera de él cuestiones tan importantes como la mayoría de las reestructuraciones. Pero no es descartable que se formalice antes de que pase mucho tiempo una nueva versión de la austeridad. La forma que adopte dependerá del éxito o fracaso de la actual ofensiva burguesa.

El PEG es uno de los elementos básicos que, junto con el Estatuto de los Derechos del Trabajador, el Plan Energético Nacional y la negociación de un convenio marco de topes entre la

CEOE, CC.O0. y UGT, configuran la actual ofensiva de la burguesía contra los trabajadores. Una ofensiva que implica la nuclearización del país, el debilitamiento del movimiento obrero y una mayor explotación.

Se trata también de restablecer la «autoridad del empresario» e imponer el despido libre, pues burguesía siguen pendientes las reestructuraciones sectoriales básicas, que afectan a los núcleos esenciales de la clase obrera. La burguesía cree llegado el momento de proceder a una ofensiva en toda regla, en los varios aspectos austeridad. Y porque ha acumulado fuerzas desde el Pacto de la Moncloa, porque el desarrollo constitucional no le plantea problemas —con un parlamento en el que tiene mayoría— y porque los partidos obreros mayoritarios no están dispuestos a utilizar la calle para alterar la correlación de fuerzas.

Ahora tiene que consolidar todo lo avanzado, y esto pasa por derrotar al proletariado en sus núcleos fundamentales. Además, 1980 se presenta como otro año de crisis y le es necesario profundizar en su política antiobrera y avanzar en la resolución de sus problemas estructurales. La política de los reformistas le ha facilitado sus ataques hasta ahora, y el giro derechista del PSOE y las contradicciones del PCE le indican que no serán mayores las dificultades en el futuro por parte de estos partidos.

Pero esta nueva ofensiva se produce en una situación objetiva determinada, cuya evolución tiene una importancia decisiva para su éxito o fracaso. La burguesía ha dado pasos importantes hasta el momento: más de 8.000 millones de entradas de divisas, una reducción de más de 10 puntos en la inflación, más de 500.000 trabajadores han perdido su empleo, los salarios han perdido cerca de 4 puntos de participación en la

Pero no es menos cierto que el panorama que se presenta no es nada halagueño. Se diría que a medida que ha avanzado en la resolución de la crisis se le ha ido desplazando la meta a la que debe llegar. Porque hay factores que han permanecido amortiguados en 1979 y que volverán a aparecer con virulencia en 1980: aceleración de la inflación, crecimiento agudo del paro, cambio de signo de la balanza de pagos, recesión, la experienca del movimiento obrero en los últimos dos

Estos factores, que obstruirán los planes de la burguesía, pueden contribuir a radicalizar las bases de los partidos obreros mayoritarios, por lo que la ofensiva burguesa encontrará una fuerte resistencia. Organizar la resistencia frente a los nuevos embates de la burguesía es la tarea fundamental que tenemos delante los revolucionarios. Una tarea que girará inevitablemente en torno a la austeridad.

La posición internacional del capitalismo español

Con la devaluación de la peseta en junio de

1977, el proceso negativo que llevaba la balanza de pagos española se invirtió de signo. El saldo de la balanza por cuenta corriente mostró en

1978 un superávit de 1.600 millones de dólares, que se repetirá seguramente este año.

Las importaciones se estancaron y las exportaciones, a causa de la mejora en la competitividad que supuso la devaluación, pasaron a crecer a fuerte ritmo, reduciéndose apreciablemetne el déficit comercial. Como consecuencia, setiembre se elevaban a 12.000 millones de dólares), y aunque el endeudamiento internacional también creció (de 13.000 millones de deuda a largo plazo en 1977 a casi 16.000 millones en 1979), lo cierto es que la balanza de pagos dejó de ser uno de los problemas más importantes del capitalismo español.

En el fondo de esta evolución subyacen factores negativos que volverán a hacer que el déficit por cuenta corriente aparezca en 1980, si bien, dado el volumen actual de reservas de divisas, será perfectamente asimilable. Desde junio de 1977, la competitividad de la peseta se ha reducido apreciablemente, pues si bien la devaluación efectiva en aquella fecha fue del 14,7%, la revaluación desde entonces ha sido del 11,9% (sobre el dólar lo hizo el 18,9%). Esto, unido a la diferencia entre las tasas de inflación de la economía española y las de sus competidores, ha debido retrotraer la competitividad de las exportaciones españolas a la situación anterior a junio

Sin embargo, en 1979 no parecen haberse registrado sus efectos, pues en los nueve primeros meses del año las exportaciones crecieron el 41% en dólares, lo que, teniendo en cuenta la revaluación media en el año, del 17% y aumento de los precios de exportación del 10%, sitúa su crecimiento real en torno al 9%. Hay varios factores que explican este fenómeno y por

En primer lugar, si las exportaciones en 1979 han crecido tan rápidamente, ha sido porque muchas de ellas se han vendido a crédito (los créditos de la banca a los exportadores aumentaron en los ocho primeros meses en una cifra equivalente a 1.400 millones de dólares, y los de divisas por este concepto fueron otros 1.400 millones de dólares menores que las exportacio-

En segundo lugar, si las exportaciones en 1979 han crecido tan rápidamente, ha sido porque muchas de ellas se han vendido a crédito (los créditos de la banca a los exportadores aumentaron en los ocho primeros meses en una cifra equivalente a 1.400 milones de dólares, y los ingresos de divisas por este concepto fueron otros 1.400 millones de dólares menos que las

Por último, las exportaciones de automóviles, y en especial las del Ford Fiesta, han jugado un papel muy importante. Pero esto no puede continuar en 1980, pues los mecanismos anteriores tienen limites claros.

En primer lugar, el comercio mundial se ralentizará y los exportadores se encontrarán, por lo tanto, con mayores dificultades. Es indudable que no se puede estar vendiendo a pérdida continuamente, por lo que este recurso debe estar

Por último, las ventas a crédito tienen dos límites claros: la solvencia del comprador, y deben ser créditos en los que se asume un riesgo elevado, y la propia situación del vendedor, que no puede estar endeudándose continuamente para financiar a sus clientes.

En resumen, si en 1979 las exportaciones jugaron un papel motor, en 1980 serán el mecanismo por el que se transmita la reducción que se prevé en el comercio mundial. De hecho, esta desaceleración ya se viene notando desde hace

Respecto a las importaciones ocurre otro tanto. Su crecimiento en los nueve primeros meses del año ha sido del 31%, que considerando los efectos de la revaluación y el aumento de precios exteriores, sitúa su crecimiento en el 10%. La primera característica a señalar es el papel anti-

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inflacionista que jugaron en 1979, tanto por la revaluación como por su crecimiento real. En 1980 ocurrirá exactamente lo contrario.

Aunque el PEG establece que no se producirá ningún cambio en la paridad de la peseta, es previsible que se produzca una ligera devaluación del orden del 5%, para situar el cambio en 70 pesetas/dólar. Esto vendrá a unirse a las repercusiones de la elevación petróleo, que en el caso del capitalismo español serán especialmente importantes dada su política de aprovisionamiento.

En 1978, el coste medio del barril fue para la economía española de 14,5 dol., la media para los seis primeros meses del año en curso fue de 15,3 dól. y, sin considerar una nueva revisión por parte de la OPEP, puede estimarse para 1980 un coste medio de 29 ó 30 dól., dado que 15 millones de toneladas, de las 51 millones que se importan, deben ser compradas en el mercado spot, que como es sabido tiene unos precios más elevados. Esto supone que su coste en términos de balanza de pagos pasará de 7.000 millones de dól. en 1979 a 11.000 millones en 1980, lo que se traduce en un impacto directo sobre el coste de la vida de cerca de 3 puntos y contribuirá a que la balanza por cuenta corriente arroje un déficit del orden de los 2.000 millones de dólares. Si en 1979 las importaciones fueron antiinflacionistas, en 1980 contribuirán a la elevación

En conclusión, la balanza de pagos de 1980 será un mecanismo de primer orden para transmitir tanto la posible recesión de la economía mundial, como las mayores tensiones inflacio-

Si es verdad que una parte de la inestabilidad del capitalismo español viene de fuera, esto será especialmente cierto en 1980. El nivel de actividad y la acumulación

Todo el periodo transcurrido desde el Pacto de la Moncloa ha sido una etapa de práctico estancamiento de la actividad y caída de la acu-

En 1978, el PIB (Producto Interior Bruto) creció en un 2,5% y se estima un crecimiento del 1,8% en 1979 (los crecimientos del sector industrial y la construcción en ambos años son del 0,9 y 0,3% respectivamente). La inversión bruta cayó en un 4,5% en 1978 y tendrá un crecimiento nulo en 1979. El consumo interior, atrapado entre la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la disminución del empleo, progresó en un 2,5% en 1978 y tan sólo en un 1% en' 1979, como consecuencia de la caída del empleo asalariado en un 2,5% y de los salarios reales en

Como rasgos de 1979, importantes para las previsiones de 1980, hay que destacar el paulatino pesimismo empresarial (reflejado por las Encuestas de Opiniones Empresariales del Ministerio de Industria) y la desaceleración de las exportaciones desde la primavera, como un hecho de suma importancia dado el papel desempeñado por ellas en el mantenimiento de la actividad y la mejora de la balanza de pagos.

Desde muy pronto fue poniéndose de manifiesto la irrealidad de las previsiones gubernamentales trazadas, no sin fines políticos, para 1979. Ni el crecimiento del PNB estuvo próximo al 5%, ni la inversión se aceleró al 8%, ni los precios se sujetaron al 10% a lo largo del año, aspecto este que fue utilizado a fondo para justificar el tope salarial entre el 11 y el 14%. entre el 0 y el 2% de crecimiento del PNB, aunque el gobierno, instalado en un cómodo pesimismo, no oculta las dificultades de llegar a esos resultados. Las exportaciones, desde luego, serán mucho menos expansivas que en los dos años anteriores; el consumo de los trabajadores seguirá sin poder expandirse (pérdida del poder nuevo y mas que disminución del empleo en 1980); el presupuesto estatal es poco expansivo y hay pocos motivos para una recuperación de la acumulación.

Están pendientes las reestructuraciones, hay un clima sombrío sobre los problemas del petróleo, la política monetaria es muy contractiva y, esto es muy importante, la capacidad utilizada está en estos momentos al mismo nivel (79%) que en los peores momentos de la crisis de 1975 Así pues, hay que estar de acuerdo en las estimaciones del gobierno sobre el crecimiento del PNB, e incluso compartir su pesimismo.

En resumen, un panorama general de crisis y recesión como telón de fondo para la ofensiva Empleo, paro y reestructuraciones

El capitalismo español tiene una composición orgánica del capital más baja que la de la mayoría de sus competidores, y por lo tanto es mucho menos productivo que aquellos. Este desnivel de productividad, que es la causa fundamental de su débil posición en la competencia interimperialista, es el que hace que la reestructuración del aparato productivo deba ser maś profunda e intensa en su caso.

Sin embargo, desde el Pacto de la Moncloa este desfase de productividad se ha estrechado apreciablemente, a causa de la drástica reducción en el empleo que se ha producido. Pero lo alcanzado no ha sido suficiente, pues las reestructuraciones todavía no han afectado a los grandes bastiones del movimiento obrero, por lo que si la burguesía quiere avanzar, debe atacar ahora al núcleo de la clase. Y lo ha de hacer en un marco general de crisis y recesión, lo que ciertamente dificulta sus propósitos.

La economía española se incorporó tarde al boom general de la economía imperialista. Como consecuencia del pasado de autarquía y del excesivo tiempo y cuantía con que se protegió

EXPEDIENTES DE CRISIS

(trabajadores afectados por Expediente de Regulación de Empleo) Año Despidos 1974 25.591 1975 26.311 1976 40.864 1977 51.786 1978 66.226 1979* 58.132 * de enero a setiembre

Economía a la «industria nacional», la incorporación a la marcha general no se produjo hasta el Plan de Estabilización de 1959 y la liberación económica

El desarrollo intenso que caracterizó la década de los sesenta generó fuertes aumentos de la productividad española, que, sin embargo, no fueron suficientes para que el desnivel de productividad se redujera de forma importante, pues esta también creció intensamente en el resto del mundo. En 1963, la productividad española (medida por el PNB por persona ocupada) era un 60% más baja que la de la CEE, y un 67% menos que la de la media de los países de la OCDE. Diez años más tarde, el desnivel se habia reducido solamente en 5 puntos respecto de la CEE y 6 respecto de la OCDE.

Desde que se inició la crisis económica, la característica fundamental ha sido la caída ininterrumpida del nivel de ocupación y la consiguiente reducción del desfase de productividad Pero este proceso ha sido especialmente intenso desde que se firmó el Pacto de la Moncloa. Desde entonces, y hasta el tercer trimestre de 1979, 500.000 trabajadores han empleo (de ellos, 350.000 asalariados), lo que unido a la gran masa de jóvenes que llegando a la edad de trabajar no encontraban empleo, ha situado las cifras de paro oficial en 1.219.000 personas (el 9,4% de la población activa) y ha hecho que la tasa de actividad se redujera del 48,9% a finales de 1977 hasta el 47,6% (lo que equivale a otros 200.000 trabajadores expulsados del mercado del trabajo). Solamente en los primeros 9 meses de 1979 son 184.000 los trabajadores que han perdido su empleo y aproximadamente otros 100.000 los que supone la caída de la tasa de actividad registrada.

Como consecuencia, la productividad española creció un 4,7% en 1978 y puede preverse que en 1979 lo hará en torno al 4,5% (pues recordemos que a pesar de la caída del empleo, la producción aumentó). Para la media de la CEE, las cifras correspondientes no son superiores, en ambos años, al 2,5%, lo que sitúa la reducción del desfase en 5 puntos en dos años, tanto como lo conseguido antes en una década.

La consecuencia que cabe deducir de los datos anteriores es clara: algún tipo de flexibilización de plantillas y algún grado de reestructuraciones ha debido funcionar para que tales cifras de despidos se hayan dado. Obsérvese en el Cuadro n° 1 cómo los expedientes de crisis reflejan un número importante de despidos y afectan, mediante suspensiones parciales o reducciones de jorSuspensión parcial y Total reducción de jornada

50.341 75.932 134.394 160.705 79.688 120.552 104.394 156.180 210.000 276.226 167.298 225.430

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Economía nada, a un número cada vez mayor de trabaja-

Si la burguesía quiere volver a conseguir. en 1980 un crecimiento de la productividad de la industria y los servicios del 4%, son 450.000 trabajadores los que deben perder su puesto de trabajo si el producto no crece nada, 350.000 si lo hace al 1% y 250.000 si lo hace al 2%. Un crecimiento de la productividad por debajo de esta cifra no reduciría el desfase existente y un crecimiento de la producción superior al 2% no parece probable. Para conseguirlo, el único camino es proceder a las reestructuraciones en un buen número de empresas y sectores claves cuya situación es hoy insostenible.

Los datos siguientes nos sirven para situar el problema. En 1979 han sido 10 las empresas que han suspendido pagos y que tenían una deuda superior a los mil millones de pesetas, y entre ellas algunas tan importantes como Olarra (siderurgia), Naviera Aznar, Isodel y Lavis (electrónica). En 1977 fueron 8 las empresas españolas que se situaron entre las cincuenta europeas de mas pérdidas. En 1978 la cifra se había elevado a 18; sus pérdidas conjuntas en el año se elevaban a 84.810 millones de pesetas (una cifra equivalente al 4% del presupuesto del Estado), y daban empleo a 180.000 trabajadores. Aunque no se dispone de datos para 1979, esta situación ha debido empeorar.

Pero si hasta ahora los sectores y empresas en crisis han sido fundamentalmente los ligados al INI (construcción naval, siderurgia, Minería, SEAT, etc.) con algunas excepciones importantes (Babcock, Altos Hornos, etc.), en el futuro próximo se incorporarán sectores y empresas ligados al capital privado. En unos casos para aumentar sus beneficios o impedir su reducción (como en las empresas ligadas a ITT), y en otros

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por las pérdidas acumuladas y la situación insos-

Al sector naval, a SEAT o a la siderurgia se incorporarán Echevarria u Olarra, empresas del metal como SKF, Harry Walker, sectores enteros, como el eléctrico (Standard, Femsa, Siemens, Westinghouse, Isolux, Isodel), el papel (Papelera Española, E.N. de Celulosas, ctc.), el textil y algunas empresas químicas. Una ofensiva en toda regla que la burguesía deberá hacer con cuidado, pero para la que le es fundamental el Estatuto de Derechos del Trabajador, la colaboración de los partidos reformistas y haber impuesto alguna derrota importante en algún sector fundamental de la clase obrera.

Hasta el momento, el principal efecto del paro es el miedo a la pérdida del puesto de trabajo que provoca, pero hoy por hoy todavia no ha afectado al núcleo de la clase, pues de los 1.200.000 trabajadores en paro, solamente 290.000 son trahajadores adultos cabeza de familia, y la mayoria de ellos goza de seguro de desempleo. En 1980 muchos de ellos agotarán los plazos legales para percibirlo, al tiempo que la burguesia intentará imponer las reestructuraciones en los momento de crisis económica agudizada.

El problema del paro está, pues, tanto por detrás como por delante. Esto ya está generando una fuerte resistencia de los trabajadores y es un elemento que contribuirá a luchas duras, largas y en ocasiones radicalizadas. Pero es una batalla que no se puede perder, pues el proletariado se juega mucho en ella. Por eso la lucha contra la austeridad se constituye en una de nuestras lareas fundamentales.

Pero en este terreno más que en ningún otro hay que huir de interpretaciones mecánicas. La ofensiva de la burguesía no será aplicada de forma lineal, y ello por dos razones. En su ataque tendrá cuidado siempre de les cambios en la correlación de fuerzas con el proletariado y con los conflictos y la reacción de los trabajadores que su propia otensiva provoque.

una reestructuración del aparato productivo induce siempre conflictos interburgueses, tanto porque la lógica del sistema hace que algunos de ellos tengan que caer, porque no existe por su parte ningún plan acabado que sirva para homogeneizarlos en torno a cómo proceder, qué ritmos, etc. En un sistema en el que sobrevive una burguesia retrógrada con empresas deficitarias dificiles de reestructurar al lado de las más poderosas empresas ligadas a las multinacionales, los conflictos serán inevitables y pueden traducirse en el terreno politico.

El problema de la integración en el Mercado Común Europeo es una nueva fuente de fricciones entre la burguesia. La opción de esta por la incorporación al mismo parece irreversible. Las negociaciones se iniciaron en febrero de 1979 y se presentan llenas de dificultades.

Por un lado, las tensiones internas de la CEE y la defensa de intereses nacionales y sectoriales frente a terceros (exacerbada por la crisis), ha llevado a un endurecimiento paulatino de las exigencias de la CEE. En particular la agricultura y los sectores básicos en crisis representan escollos

Por lo que respecta al Estado español, también por los efectos de la crisis, hoy se aprecian mas las desventajas de las condiciones de entrada en la CEE que las ventajas que pueden obtenerse. En cierta medida, el tratado preferencial que ha venido rigiendo las relaciones del Estado español con la CEE ha proporcionado ya gran parte de los beneficios que cabia esperar de la incorporación para la industria española, pues aquel tratado se consideró en su dia bastante favorable para esta, y se es consciente de la débil competitividad que en lineas generales tiene la estructura productiva del capitalismo español.

Indiscutiblemente las fricciones entre la burguesia española ante la integracion seran muy agudas. Esto, unido a las internas a la Comunidad, permiten vaticinar un largo y difícil periodo de negociación y un largo periodo de integracion. Pero con todo, es un elemento más que hará urgentes las restructuraciones. Inflación, salarios y tasa de ganancia

Desde el Pacto de la Moncloa la burguesia ha logrado reducir la tasa de inflación en 10 puntos (del 26 al 16% en que probabiemente terminará el año 1979), ha quebrado la tendencia de los salarios a crecer por encima del coste de la vida, ha conseguido la aceptación generalizada de los topes salariales y pretende, si ello es posible, que en lo sucesivo las limitaciones se produzcan mediante pactos entre la CEOE, Comisiones Obreras y UGT,. El argumento utilizado de mantener la capacidad adquisitiva en términos 30 - 30 25. -25 20. _ 20 15- 15 10- -10

_ 1973 1974 1975 1976 1978 1979 salarios pactados en convenios colectivos aumento del coste de la vida topes salariales decretados por el gobierno

DISTRIBUCION DE LA RENTA NACIONAL (en %)

1976 1977

Salarios 63,5 62,7

36,5 37,3

Excedentes de la inflación programada han sido la gran coartada para las centrales sindicales, e incluso hoy todavia lo sigue siendo para UGT.

Pero después de 1979, año en el que lo programado no se ha cumplido, y cara a 1980, en el que no se puede programar ninguna reducción de la inflación, las cosas se han puesto muy dificiles. Por eso, la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) habla ya de la necesidad de que los salarios vayan por detras de los precios para que se pueda mantener el empleo, en tanto que CC.OO. ha vueito a reclamar salarios en función de la inflación pasada. Solamente UGT sigue empeñada en utilizar un argumento que ya no convence a nadie.

La reducción de la tasa de inflación tiene su oriten fundamental en los productos alimenticios. Sin embargo, en 1980 la alimentación puede volver a constituirse en un nuevo motor de la inflación que empuje el indice por encima del 16 ó 17% con que terminará 1979.

En efecto, la política gubernamental de importaciones de choque y precios agricolas bajos ha comprimido considerablemente las rentas de los agricultores. Ante el refuerzo de la resistencia de los mismos, será difícil proseguir con esta política.

No es probable una reducción de los precios de los productos industriales, dada la mala situación por la que atraviesan muchas empresas y la coartada para subidas generalizadas que supone la elevación del precio del petróleo y sus derivados, por lo que todo apunta a una nueva agudización de la inflación y a la aparición nuevamente de las expectativas inflacionistas.

En esta situación, la sensación de que a los pocos meses de revisado el salario ya se está perdiendo poder adquisitivo, que no había jugado un papel importante desde 1977, puede volver a aparecer de nuevo, sobre todo si se encarece el componente alimentación del coste de la vida.

En este contexto, el crecimiento de los salarios ha sido doblegado desde el Pacto de la Moncloa y su desaceleración ha sido más intensa que la de los precios. Para la mayor parte de los trabajadores, que negocian su convenio en el primer trimestre del año, los salarios pactados han

Previsión para 1979 con 15 % de con 17 % de deflactor deflactor

1978 del PNB del PNB

61,4 59,4 58,4

38,6 40,6 41,6

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Economía estado por debajo del tope y claramente han sido inferiores al coste de la vida del año anterior. En 1979, el 13,8% que arrojan de media los convenios colectivos suponen una pérdida de poder adquisitivo agravada por no haberse producido, en general, revisiones semestrales cuando el coste de la vida ha sido superior al previsto. Pero también aquí vuelven a aparecer factores que harán de las próximas negociaciones de convenios una batalla dura, que se puede saldar con retrocesos, pero también con huelgas largas y conflictos enconados.

En efecto, las expectativas inflacionistas, la pérdida de poder adquisitivo acumulada y la necesidad de resistir a la ofensiva de la patronal y su gobierno están marcando ya las dificultades para llegar a un acuerdo marco y se traduciran en las negociaciones de convenios.

Pero hay además un elemento adicional: en 1979 se han negociado muchos menos convenios que en el año anterior (791 en los meses de enero a agosto frente a 1964 en los mismos meses de 1978). Esto parece indicar que en un buen número de casos se procedió a prorrogarlos, y esto, naturalmente, no puede ocurrir de nuevo en 1980. Este año será pues un periodo de negociación intensa, sobre todo en los primeros meses, y esto es un dato importante a tener en cuenta.

Como contrapartida negativa, es una batalla que se presenta muy a.la defensiva (nadie habla de sobrepasar el coste de la vida, sino simplemente de mantener el poder adquisitivo), lo que unido a que 1.200.000 trabajadores de la administración no subirán sus salarios en más de un 12,5 % (que es ta cifra fijada en el presupuesto), hace que se corra el riesgo serio de un nuevo retroceso de la participación de los salarios en la renta nacional.

Durante 1977 y 1978, la participación de los salarios en la renta nacional perdió 0,9 y 1,3 puntos, respectivamente. En 1979, el juego combinado de la disminución de las plantillas de trabajadores, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y el moderado crecimento de la producción pueden suponer una nueva pérdida de dos a tres puntos.

En efecto, con una disminución del empleo del 2,5%, un crecimiento del salario del 14% y un aumento de las cuotas de los empresarios a la Seguridad Social del 23%, el volumen total de salarios de la economía, en términos de contabi lidad nacional, habrá credido en torno al 13%. Según que supongamos un crecimiento real del 2% y del deflactor del PNB del 15% ó del 17%, la participación de los salarios en la renta nacional se habrá reducido en 2 ó 3 puntos.

Esto supone una nueva recuperación del excedente y con él, de la tasa de ganancia, y así como en 1978 el crecimiento del excedente se localizo en una gran proporción en las rentas de los agricultores, en el año que termina se ha dirigido. fundamentalmente a la industria y los servicios, aunque, como hemos visto, lo ha hecho muy desigualmente, dada la gran cantidad de empresas en crisis existentes.

De esta forma, los despidos y el juego de la inflación y los topes salariales se han traducido en un aumento de los beneficios que puede evaluarse en torno a los 4 puntos de renta nacional desde que se firmó el Pacto de la Moncloa. La burguesía necesita avanzar aún más en esta dirección, y para ello debe imponer la flexibilización de plantillas y los topes salariales, primeramente a nivel de negociación global, después en los grandes bastiones de la clase obrera. Como hemos visto, esta vez no les será tan fácil, pues existen factores que harán de los, convenios una batalla dura.

La austeridad en los gastos del Estado

Dada la limitada extensión del sector público, imponer en él la austeridad no es tarea fácil. Las necesidades sociales sin cubrir son numerosas. Responder a ellas supone una expansión de los gastos.

Sin embargo, todo relajamiento de la política de austeridad en este terreno implica la aparición de importantes déficits que plantean numerosos problemas económicos y perturban los proyectos de la burguesía. Así, el PEG propone una severa política de austeridad en el terreno del gasto público. Su aplicación se enfrenta a una fuerte oposición, no sólo entre los sectores populares más afectados por la crisis, sino también entre sectores de capitalistas que dependen de la ayuda estatal para asegurar sus actividades y sus beneficios.

El PEG refuerza lo que se impuso, con cierto éxito, en 1979, y que iba a poner fin a la política seguida en 1978. Ese año, debido a la firma del

Pacto de la Moncloa, el gobierno no aplicó una política de restricción drástica del gasto público. En efecto, la contrapartida del Pacto preveía un crecimiento de las pensiones y de los subsidios de paro, lo que implicaba un aumento del presupuesto.

Pero no hay que olvidar que este crecimiento del gasto fue financiado básicamente por los asalariados (los impuestos sobre las rentas de los asalariados aumentaron en un 60%, mientras que los aplicados a los beneficios declarados de las empresas sólo subían en un 11%). Esto implica una redistribución de las rentas y una disminución de las inversiones públicas (—7% en términos reales).

En 1979, el crecimiento de los gastos sociales se ha frenado, sin que aumentaran las inversiones públicas, mientras que los impuestos sobre los salarios y el consumo popular (impuestos indirectos) han aumentado alegremente. Para 1980. el gobierno quiere acentuar esta política, como demuestran tanto el PEG como el presupuesto aprobado por el Congreso, aunque disponga de márgenes de maniobra suficientes para impulsar dichas inversiones.

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Economía

Esto ha provocado ya conflictos sectoriales importantes, como en la enseñanza, la sanidad, la vivienda, y continuará provocándolos en el futuro. Hay que señalar que los conflictos en estos sectores tienen un origen importante en la austeridad, aunque a veces vengan rodeados también de reivindicaciones democráticas.

En la enseñanza, por ejemplo, por debajo de los conflictos por el Estatuto de Centro o la Ley de Autonomía Universitaria, subyacen los recortes presupuestarios, las reducciones de plantillas, la elevación de las tasas académicas, etc.

Son conflictos que están mostrando cierta capacidad de respuesta por parte de los movimientos correspondientes, que tienen su origen fundamental en la profundización de austeridad y que en algunos casos, como en la vivienda, o la enseñanza, parecen registrar una apreciable capacidad de convocatoria por órganos del movimiento al margen de los partidos obreros mayoritarios. La nueva situación económica

En resumen, estamos entrando en una nueva situación económica, en el sentido de que es diferente a la que se venía dando desde 1975, en los peores momentos de la crisis. Hoy la crisis está agravándose y volverán a aparecer factores negativos para la burguesía que estaban adormecidos (empeoramiento de la balanza de pagos, inflación agudizada, crecimiento aún más importante del paro, etc.).

Si es verdad que la burguesía ha avanzado políticamente (pues el desarrollo constitucional ya no es un problema del parlamento, fundamentalmente, sino de imposición en la práctica) y económicamente (pues ha conseguido recuperar algo la tasa de ganancia y ha ganado en participación en la renta nacional), todavía le quedan problemas importantes por resolver (un sector integracion eni la (E), estructen determinar público reestructuraciones, fricciones importantes entre las distintas fracciones de la burguesía. Por eso necesita profundizar en la austeridad, aunque, desde luego, no lo hará de una forma lineal.

En estas condiciones, aparecerá con fuerza la resistencia del movimiento obrero y popular, que se verá impulsado por factores que determinarán un aumento de su radicalización. En esta situación, además de la respuesta a los problemas cotidianos, la lucha contra la austeridad pasa por dotar al movimiento obrero de una alternativa de salida a la crisis económica.