Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Irán

Del referéndum constitucional al levantamiento de Tabriz

· Inprecor n.º 11, enero de 1980 · pp. 21-24 · 3.142 palabras

Irán

Del

referendum

constitu-

cional al

de

Tabriz

En dos semanas se han proconstitucional, el levantamien to aseri y el debate en torno a la cuestión de los rehenes— que revelan la amplitud de la crisis de la dirección nacionalista burguesa, uno de los rasgos fundamentales de la nueva fase de radicalización del proceso de revolución permanente que conoce Irán; una fase de radicalización caracterizada por el desarrollo del movimiento de masas antiimperialista, tras la ocupación de la embajada de Estados Unidos en Teherán.

El primer golpe fue el semi* fracaso, por no decir más, del re ndum constitucional. Se trataba de que la enorme ma" yoría de la población aprobara, mediante un procedimiento plebiscitario, el "texto constitucional elaborado por la famosa Asamblea de Expertos, designada, más que elegida, tras una farsa electoral celelevantamiento

Michel ROVERE brada el pasado mes de julio, y en la que los diputados del Partido Republicano Islámico (PRI, formación dirigida por el ayatolla Behechti en nomber de Jomeini) detentan las tres cuartas partes de los escaños. El único diputado no «confesional» elegido era el secretario del Partido Demócrata del Kurdistán Iraní (PDKI), el Dr. Ghassemlu, rápidamente destituido como «corruptor» durante la ofensiva militar lanzada desde Teherán y Qom contra el Kurdistán, el pasado mes de agosto. El fracaso del referéndum constitucional

La constitución estaba destinada a crear un régimen fuerte, bonapartista, que concentrara lo esencial de los poderes en manos del ejecutivo, bajo la cobertura ideológica de un

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teocrático: las leyes an someterse a un Consejo Jemas, para verificar que ueran incompatibles con la la Ley Coránica. El n Jomeini, proclamado lu-. eniente del Imán Oculto, y de la comunidad musul›s los poderes, tanto para ibrar ministros como para trolar las fuerzas armadas. inos derechos de las muje(como la edad límite para el rimonio o la prohibición de oligamia), y se negaba a renocráticos, particularmente los trabajadores (ausencia garantías al derecho de huelo de sindicación) y sobre o para las minorías nacioes (la palabra autonomía, o uiera autogobierno, que en inotación menos virulenta, llaba pura y simplemente : su ausencia). Solo se gatizaban los derechos de las norías religiosas, al menos más importantes (la sunnila de los cristianos de las Para Jomeini se trataba de recía haberse logrado en tora las movilizaciones antiimrialistas, frente a la amenaza rteamericana, para legitimar e nuevo paso hacia la renstrucción de un Estado erte y activo, y para connar al silencio a todos sus deictores y opositores, :dio de un «sí» claro y Lo menos que cabe decir es le el resultado no estuvo a la ura de lo esperado. Es cierto le apenas hubo un 1 ó 2% de •» o de papeletas nulas; ro la abstención rebasó el 1%. El régimen no ha publiresultados finitivos, pero está claro que de referéndum asivamente boicoteada en las incipales nacionalidades (que presentan el ¡blación del Estado irani). En primer lugar, en el Kurstán, donde los dirigentes de resistencia kurda, isencia de la menor garantía crita, en el texto, en relación precor/22 pero también en Baluchistan (donde el Gobernador de la provincia estimaba que el máximo de participación alcanzable sería del 5%), en Turkmenistán (donde la población turcomana no olvida cómo las milicias jomeinistas trataron de oponerse militarmente a la toma de tierras), en Aserbaichán, donde el Partido Republicano del Pueblo Musulmán (PRPM, formación del ayatola Chariat Madari) llamó asimismo a la absten-

Incluso en Teherán parece que buena parte del Bazar, desencantada por los efectos de la crisis económica, y receptiva a los argumentos de un Chariat Madari, se ha unido en la abstención a una parte de la pequeña burguesía. Según los primeros indicios, la autoridad de Jomeini no parece haberse deteriorado en los medios rurales persas, particularmente en la Meseta del Fars, entre los mostazzafin, los desheredados de las ciudades-chabola surgidas durante la Revolución Blanca como un cáncer alrededor de las grandes aglomeraciones urbanas, y en el bazar de las grandes Ispahan, Desful, etc.).

En cambio, hay pocos indicios que permitan saber como votó la clase obrera iraní, que estrechamente vinculada, a causa de la localización geográfica del entorno, de los lazos familiares y sociales, con la enorme masas de padesheradados (por ejemplo, aún no se conoce el nivel de participación en las provincias árabes de Jusestán, está concentrado aunque unas encuestas periodísticas realizadas en la misma época revelaban la existencia de una lucha de influencias en las refinerías y campos petrojomeinistas y los «independien-

Por lo demás, este referéndum constitucional y los intentos de recortar la libertad de expresión por parte de los jomeinistas, estuvieron en el origen del levantamiento de

Tabriz. Todo empezó con dos incidentes, que resultan reveladores de la crisis y de las tensiones que existen en las más altas cumbres de la jerarquía chiíta. En primer lugar, el director de la Televisión, Sadegh Gotbzadeh, nombrado ministro de Asuntos Exteriores tras la eliminación de Bani Sadr, no contento con prohibir la aparición de los partidarios de la abstención (en primer lugar, el ayatola Chariat Madari), recurre a un grosero subterfugio para hacer que los azeris (hachán, uno de los bastiones de Chariat Madari), voten bien: una imagen fija de dicho ayatola, hace recitar un texto que lama a votar «si», leído por el hermano de Chariat Madari, que al parecer es un enfermo

Los primeros incidentes estallarán en Tabriz, en el momento del recuento de los votos, cuando los partidarios de Madari se dan cuenta del engaño, y exigen que sean anuladas sus papeletas.

Luego se produce el mis terioso incidente de Qom, esa Florencia chiíta donde se concentran todos los dirigentes de las diversas fracciones, clanes y redes religiosas opuestas. Una banda de hombres armados trata de tomar por asalto la vivienda donde habita Chariat Madari. Episodio confuso del que circulan las versiones más variopintas (se habla de una incursión de los Pasdars, los

Guardianes de la Revolución jomeinistas; después de la de los Fedayines del

Islam, el grupo religioso extremista dirigido por el ayatola importa. De hecho, el incidente, en que muere un guardaespaldas de luchas despiadadas entre las distintas camarillas, el estado de crisis en que se encuentra esta dirección nacionalista burguesa que se concentra en el

Consejo de la Revolución Islámica.

Este incidente será la chispa que incendiará el polvorín de

Tabriz, donde se produce un levantamiento semiespontáneo, sin que el propio Chariat Madari hubiera tomado la iniciativa.

La lección de febrero 78 y febrero 79

En febrero de 1978, en Tabriz, 40 días después de los prienero en Qom, la revolución iraní que debía desembocar en por primera vez algunos de sus rasgos caracteristicos: en febrero de 1978 se vio combinaban, ciudad más grande de Irán, la general, las. movilizaciones callejeras y la deserción de una parte de las unidades del ejército y de la policia, que habían permitido a la población azeri controlar la ciudad durante varias horas, antes de que llegaran refuerzos militares para ocupar la ciudad.

Durante los enfrentamientos entre jomeinistas y madaristas, hemos visto cómo las lecciones de febrero de 1978 y de febrero de 1979 (la insurrección de Teherán) habían pasado a formar parte de la conciencia colectiva del pueblo iraní, ya sea en la serie de tomas y ocupa-* ciónes de la radio, en el intento de ganarse a las unidades del ejército, en el recurso a las manifestaciones callejeras.

Detrás de esta aparente «linea de masas», a la que recurren las diversas fracciones nacionalistas burguesas, perfila otra de las caracteristicas de la situación actual: la debilidad del aparato de Estado, y particularmente del ejér-

Es cierto que, contrariamente a Nicaragua, y por mucho que se intente olvidarlo, el antiguo ejército imperial no ha desaparecido, no ha sido desmantelado. Hace unos meses lo vimos actuar contra las masas árabes del Jusestán y en el Kurdistán. Pero precisamente el distán, su incapacidad para alzarse con la victoria militar contra los kurdos (mientras que en torno a esta cuestión existía, al menos al principio, una auténtica unión sagrada de toda la jerarquía chiíta), la imposibilidad en que se encontraba Jomeini para utilizarlo plenamente en Aserbaichán, en el momento en que la crisis en el seno de la jerarquía religiosa

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era más evidente, muestra todo el camino que queda por recorrer aún hasta reconstruir las condiciones políticas y militares de una utilización masiva del ejército. Y este es el punto clave de toda posibilidad de llevar a término la reconstrucción

Estado y la estabilización política, en un país tan vasto y tan parcelado étnica y socialmente como es Irán, atravesado por un proceso revolucionario de tal amplitud.

Es cierto que hoy en día vemos cómo está desarrollándose una serie de proyectos político-militares en el seno de las fuerzas armadas iraníes. La reintegración de ciertos cuadros, la reorganización de una nueva policía política, la SAVAMA, con antiguos agentes de la SAVAK, la reconstitución de algunas unidades de intervención (la 64ª División en el Kurdistán o las unidades destacadas en la zona petrolera, así como la Marina, controlada por el Almirante Madani), muestra que camino siguen algunos para preparar el post-jomeinismo.

Pero hay dos factores contingentes que marcan los limites de esta evolución. Por un lado, la ruptura de los lazos militares con el imperialismo (no hay que olvidar que el ejército iraní era mantenido por el imperialismo norteamericano, durante la dictadura, con sus 35.000 consejeros militares, sus suministros de armas la formación de los oficiales). Además, existe el traumatismo que representó para el quinto mundo el haberse visto abandonado por su jefe supremo al cabo de un año de combates callejeros, el haberse visto minado por el movimiento de soldados, y finalmente, derrouna insurrección popular sin contar las posteriores ejecuciones de decenas de generales y oficiales superiores. Si a ello se añade la desconfianza instintiva de las masas iraníes —escarmentadas por el golpe de Estado de 1953 (que explica en parte la popularidad de la ocupación del «nido de espías» de los EE.UU. en Teherán) y por los 50.000 muertos que costó la caída del' sha en 1978-79— frente a todo lo que afecta al ejército, se comprende que el camino a remontar, incluso para los que se abrigan con una túnica religiosa, es largo.

Sin embargo, el fracaso

-¿provisional?- del levantamiento aseri se debe a la combinación de dos capitulaciones

En primer lugar, la de Chariat Madari y del PRPM, que se esforzarán desde el principio en aplacar la crisis y evitar cualquier choque frontal con los sectores jomeinistas. A ello conviene añadir la incapacidad del PRPM y de Madari para asumir las reivindicaciones sociales y antiimperialistas. No es por azar que los «agitadores» enviados por Jomeini a Tabriz fueran algunos de los populistas más «radicales», Bani Sadr o personas próximas al ayatola Taleghani.

En segundo lugar, la de las organizaciones de la izquierda populista, reformista y centrista, es decir, las organizaciones de los Muyahedines del Pueblo (islámicos progresistas), del Partido Tudeh y de los Fedayines del Pueblo (marxistas), particularmente implantados entre la juventud y la clase obrera de Ta-

El Partido Demócrata de Aserbaichán —así se denomina el Tudeh en Aserbaichán— apoyó desde el principio el punto de vista de los partidarios de Jomeini, y participó junto a ellos en los enfrentamientos, explicando que la huelga general era «una maniobra de diversión y de division», y explicando también que el PRPM «es el partido de la gran burguesía, vinculado a los monopolios extranjeros».

Los Fedayines, después de apoyar el movimiento durante 24 horas, se unirían también a los Muyahedines para apoyar a los partidarios de Jomeini, denunciando asimismo las «posibles maniobras de un Bajtiar o del imperialismo detrás de los madaristas»..

Este apoyo, y la consiguiente pasividad de la clase obrera aseri, explica la facilidad con la que pudo imponerse la contraofensiva política de los jomeinistas.

La "línea general"

del Tudeh

Es evidente que las razones que motivan al Tudeh o a las antiguas organizaciones guerrilleras no son totalmente idénticas. El Tudeh es ante todo fiel a su línea central, adoptada en enero de 1979, que. consiste en apoyar incondicionalmente a la •dirección Jomeini. Esto es lo que explica que el Tudeh fuera

Men llamar a votar

«sí» en el referéndum del 30 de marzo, en torno a la República después haya avalado la elección a la Asamblea de Expertos; aprobado la prohibición,

Frente Nacional Democrático y la censura del periódico Ayandegan; silenciado la represión contra las minorías nacionales y, finalmente, que haya sido el único partido, aparte del PRI y Mehdi Bazargán, que llamó a votar «si» en el referéndum constitucional de comienzos de

A esta «línea general» hay que añadir otras razones puTudeh, totalmente fiel a la burocracia del Kremlin, no es, sin duda, un fervoroso partidario del desarrollo de la agitación autonomista y nacional en Aserbaichán, con los efectos que tendría esto al otro lado de la frontera, en las repúblicas musulmanas de la URSS. Fedayines y Muyahedines

Entre los Fedayines y Muyahedines, la posición adoptada en torno al levantamiento de Tabriz se deriva de una visión esquemática: estas organizaciones se orientan esencialmente, ante un movimiento de masas, en función de la dirección política que lo encabeza —voluntariamente o no, dicho sea de paso-. Y es porque consideran globalmente que Chariat Madari es más «derechista», más «girondino» que el «jacobino» Jomeini, por lo que han apoyado a este último como «mal menor».

Esta actitud no es nueva, particularmente en lo que se refiere a los Fedayines; organización marxista y laica, menos

Irán involucrada que los Muyahedines en las luchas intestinas de "la jerarquía chiíta. De acuerdo con el criterio mencionado, los

Fedayines habían apoyado la lucha de los kurdos, pero no se manifestaron en torno a las reivindicaciones árabes en el Jusestán. Siempre en nombre de campos» y del apoyo crítico al

«mal menor» frente al «peligro inmediato», habían apoyado, como se recordará, al ayatola

Taleghani, cuando este se opuislámica, en la pasada primavera. Entonces anunciaron que pondrían siempre sus fuerzas a disposición y bajo el mando de

Taleghani. Al cabo de pocos días, con

Consejo de la Revolución, aceptó encabezar la lista de candidatos del PRI de Behechti y Jomeini, y avaló, en julio y agosto, los atentados a las libertades democráticas y la militar contra el

Bonita aplicación de la teoría de la «contradicción principal», aplicada a las querellas entre las diversas fracciones de una dirección nacionalista bur-, guesa. Sin duda, no se trata de hacer creer lo que no existe. Chariat Madari ha representado, durante todo el proceso revolucionario, al ala más conciliadora y conservadora de la jerarquía chiíta. Defensor de la Monarquía, fue él quien propuso, tras las masacres del vier-

Men setiembre de 1978, cuando se esperaba un reflujo del movimiento de masas, un compromiso con el régimen, su «constitucionalización» bajo la fórmula de «el sha debe reinar, pero no gobernar». Cuando llamó al boicot de la elección de la Asamblea de Expertos, Chariat Madari explicó públicamente que preconizaba el retorno a la Constitución de 1906, había permanecido durante la dictadura Pahlavi, suprimiendo únicamente articulo sobre la Monarquía.

También es probable que Chariat Madari, al igual que Bajtiar antes de su caída, o también Bazargán, más tarde, encarna las esperanzas de la gran burguesía iraní, de los «taghuti» (literalmente, los

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:ondenados», vinculados al itiguo régimen) y hasta de los andes bazaris, inquietos por disminución de las ventas y : los márgenes de beneficio, o : sectores del antiguo aparato Pero este criterio no basta ara juzgar la actitud que deen adoptar los marxistas revocionarios ante un movimien› de masas como el que se proujo en Aserbaichán. 1 criterio objetivo

Aunque Chariat Madari quiera canalizarlo y utilizarlo en eneficio propio, el levantamiento de Tabriz surgió de una ealidad objetiva: la incapaidad demostrada de la direción Jomeini, nacionalista buruesa, para resolver ni siquiera I inicio de las tareas democráicas puestas sobre el tapete por niento de masas.

Es la negativa de Jomeini a onceder el pleno ejercicio de odos los derechos democrátios —limitaciones directamene ligadas a la voluntad de preervar la propiedad privada y a as tareas que se ha dado de :ara a la reconstrucción del Estado burgués— nenta la revuelta de los aseris y promovido desde el extranjero. Es la negativa reiterada Consejo de la Revolución a

Run mínimo de reivindicaciones nacionales de los diversos pueblos oprimidos por el Estado iraní, la que explica los acontecimientos de Tabriz, del mismo modo que la negativa a entregar la tierra al que la trabaja, estaba en la base de los enfrentamientos que se produ-

Turkmenistan, en Kurdistán y hasta cierto punto en Jusestán (en Aserbaichán, la reforma agraria capitalista desarrollada durante la Revolución Blanca, fue más lejos que minorías nacionales). Es desde este punto de vista, y no partiendo de un criterio subjetivo en torno a la naturaleza de las marxista revolucionaria.

De lo contrario se abre la puerta a una división acentuada de la clase obrera, y uno se ata las manos cuando la propia dirección Chariat Madari traiciona al movimiento de masas y llega a un acuerdo con los jomeinistas. Porque es esto lo que se ha producido. Chariat Madari se negó a abandonar Qom para desplazarse a Tabriz y tomar las riendas del movimiento de contestación al régimen. Incluso se negó a apoyar la consigna de autonomía, cuando los manifestantes que mostraban su retrato la planteaban, explicando que la tarea actual consistía en defender la «unidad interna» de Irán. En cambio, utilizó la influencia y la del PRPM para desconvocar las manifestaciones callejeras y los llamamientos a la huelga general

Pero la actitud adoptada en Aserbaichán por el Tudeh y las organizaciones guerrilleras tiene mayor trascendencia y distintas consecuencias que en torno al asunto Taleghani.

Aserbaichán constituye la segunda concentración del proletariado industrial después de Teherán. Históricamente allí donde se constituyeron, desde finales del siglo pasado, los primeros núcleos del movidarían nacimiento, en 1920, al PCP. Fue de Tabriz de donde la revolución constitucional de 1905-1906, en cuya ayuda los bolcheviques habían enviado las primeras brigadas internacionales, compuestas de lanzadores de bombas y agipara apoyar Sha, apoyado a su vez por las brigadas de cosacos enviadas

En Aserbaichán, al mismo tiempo que en Kurdistán, se había constituído en 1945 una República autónoma, dirigida por el Partido Democrata, que será liquidado cuando Stalin, a cambio de la promesa de concesiones petroleras del norte de Irán, evacuó el Ejército Rojo e hizo que sus seguidores iraníes desarmaran a las milicias. Si bien no podemos prejuzgar que tendrá entre la población aseri, particularmente entre el proletariado y la juventud, esta línea tendrá una repercusión inmediata: el aislamiento del movimiento kurdo, rodeado geográficamente, en el momento en que la comisión negociadora enviada por Teherán trata de ganar antes de presentar un proyecto de autonomía de las minorías nacionales, de 14 puntos, que es más una propuesta de «descentralización administrativa» que la instauración de un ré.

gimen federal que garantice un estatuto de autonomía para los pueblos del Estado iraní.

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