Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

El movimiento de los no alineados y la Conferencia de La Habana

· Inprecor n.º 10, diciembre de 1979 · pp. 12-16 · 5.731 palabras

Movimiento no alineados

Eras la Segunda Guerra Mundial, el debilitamiento del imperialismo y el formidable ascenso de la revolución colonial, simbolizado por la victoria de la revolución china en 1949, obligaron a la burguesía de las metrópolis ha operar un repliegue táctico. Los viejos imperios coloniales fueron progresivamente desmantelados. Casi la totalidad de las viejas colonias accedieron a la independencia política. ¿De dónde proviene el «movimiento de los no alineados»?

Sin embargo, este repliegue no vino acompañado en absoluto de un abandono del dominio económico del capital imperialista en las antiguas colonias, convertidas en países semicoloniales. En numerosos casos se combinó incluso con el mantenimiento de bases militares y la incorporación de los países que habían accedido a la independencia política formal en pactos militares que le aseguravan al imperialismo el control de las zonas estratégicas clave del mundo.

El sentido del repliegue táctico del imperialismo consistía en transformar a las clases poseedoras de las antiguas colonias —y ante todo burguesía industrial, que había conocido cierto auge durante la guerra y en la inmediata postguerra- en socios de segunda («junior partners») del sistema imperialista internacional. A cambio de algunas migajas del festín, estos socios debían asegurar la permanencia del orden burgués en su propio país y frenar el ascenso reivindicativo de las masas, aunque fuera recurriendo a una demagogia nacionalista antiimperialista.

El capital imperialista trata de llevar a la práctica este proyecto con el menor coste posible. De hecho, trás el «boom» de la guerra de Corea, la parte correspondiente a las clases poseedoras de las semicolonias en el reparto de la plusvalía extraída a escala mundial no aumentó apenas. Incluso podría estimarse que ha disminuído durante dos decenios. La burguesía semicolonial quedó muy descontenta.

Además estaba expuesta a un descontento creciente de las masas campesinas, obreras y plebeyas urdepauperadas, de SuS propios países. Para estas, el acceso a la independencia política de sus países respectivos estaba vinindisolublemente con la resolución de sus problemas materiales más urgentes: el hambre, la miseria, las epidemias, el analfabetismo, las viviendas indignas, la ausencia de infraestructuras sociales y culturales, etc.

No obstante, con el manteni-

El movimiento de los

no alineados y la

conferencia de la

Habana

miento del reino de las clases dominantes autóctonas, que no podían cortar los vínculos con el sistema imperialista internacional y la sobreexplotación que implican, estos problemas permanecieron insolubles. Para una parte considerable de estas masas, la miseria se incrementó incluso en un sentido absoluto, pese a algunos progresos de la industrialización y algunas reformas agrarias limitadas, frecuentemente, por lo demás, en detrimento de las capas más pobres de la población.

Las masas de los países semicoloniales estaban dispuestas a conceder crédito durante algún tiempo a los líderes burgueses que habían dirigido la lucha por la independencia política. Pero este crédito estaba limitado en el tiempo. Además, estos líderes estaban bastante atemorizados por el carácter cada vez más explosivo de las contradicciones sociales en sus propios países, como para plantearse enfrentamientos violentos

Ernest MANDEL con el imperialismo —imposibles sin una movilización a gran escala de las masas desheredadas.

Optaron pues por una estrategia de presión pacífica sobre el imperialismo, utilizando el descontento de las masas coloniales y los riesgos de explosiones revolucionarias como medio de chantaje para obtener algo más que «migajas»: una parte más sustancial de la plusvalía mundial.

Para tener credibilidad a los ojos de las masas, esta política del populismo nacionalista burgués tenía que implicar cierto distanciamiento con respecto a las alianzas militares con el imperialismo. Para tener credibilidad a los ojos del imperialismo, debía venir acompañada de una negativa a aliarse con los principales Estados obreros, la URSS y China. De ahí la doctrina del «distanciamiento de los dos bloques»: el objetivo material a alcanzar se traducía en la ideología del «desarrollo económico». La debilidad y la contradicción fundamental de la burguesía semicolonial se tradujo en la afirmación de querer realizar estos objetivos por la vía pacífica, por el «mutuo respeto», «la inviolabilidad de la soberanía nacional», la «coexistencia pacífica», etc.

Todos estos rasgos fundamentales de la estrategia de las burguesías semicoloniales se unieron en la doctrina del «movimiento de los no alineados», cuyos auténticos fundadores, Nehru, Nasser, Sukarno y en menor medida Perón, la encarnan, por lo demás, perfectamente. De Bandung a Colombo

Formalmente, el «movimiento de los no alineados» se creó en la conferencia de Bandung, y el jefe de un Estado obrero participó muy activamente en ella: Tito. Evidentemente, los motivos de la burocracia yugoslava eran distintos a los de la burguesía semicolonial. Para Tito se trataba ante todo de encontrar aliados frente a las amenazas permanentes de intervención militar soviética e imperialista, que se blandian conjuntamente sobre su pais, desde que Stalin lo había excomulgado. El «rechazo de la política de bloques», de todo hegemonismo y la política de «neutralidad activa» (y armada) era pues el denominador común que podía unir a la burocracia yugoslava con el ala militante de la burguesía semicolonial nacionalistapopulista.

La punta «acerada» de los «no alineados» apuntó en primer lugar hacia las potencias imperialistas europeas, que se aferraron a los restos de sus posiciones coloniales. Sus relaciones con el imperialismo norteamericano, que se presentó como campeón de la «descolonización», tanto con fines de estrategia política mundial que por razones de competencia interimperialista, fueron al principio mejores. A este fin, en octubre de 1956 Washington llegó incluso a intervenir para detener la agresión anglo-franco-israelí contra el Egipto de Nasser

Pero precisamente a medida que se descomponían los viejos imperios coloniales, el imperialismo norteamericano tuvo que pasar a desempeñar cada vez más activamente el papel de gendarme imperialista a escala mundial, después de haberlo desempeñado ya en América Latina. La intervención de los marines en el Líbano, la segunda guerra indochina, en la que el ejército norteamericano sustituyó enteramente al ejército francés, simbolizan esta transformación acaecida entre los años 50 y los años 60.

La burocracia soviética se apro-

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Movimiento no alineados vechó para presentarse como la campeona de la causa de la «liberación nacional» en el tercer línea de alianza a largo plazo con burguesía semicolonial (dicho sea de paso, Chu En-lai ya le había precedido en este camino. Es a él a quien se debe la formulación de los «cinco principios de la coexistencia pacífica», aprobados en la confe-

Esta línea fue codificada en el programa adoptado en el XXII Congreso del PCUS, bajo la insignificante cobertura de un pretendido desarrollo «no capitalista» (y no socialista) que caracterizaba a los «no alineados». Breshnef, aún más pragmático y cínico, abandonó incluso esta pretensión.

independencia nacional» y «el desarrollo económico» de un «tercer mundo» en que todas las clases se confunden.

Durante la primera fase del conflicto chino-soviético, la burocracia china trató de beneficiarse de la «distensión» entre el imperialismo norteamericano y el Kremlin, para presentarse como la potencia más resueltamente antiimperialista y la mejor campeona de los «pueblos militar con la burguesía india la «no alineados». Pero jamás aban«coexistencia pacífica». A medida que evolucionaba hacia un rechazo del «hegemonismo de las dos superpotencias», y que su política extranjera se convertía cada vez más en la búsqueda de una alianza con fuerzas reaccionarias en todo el mundo, vuelve a operar un acercamiento con la burguesía semicocon el Kremlin, en este terreno, como en el de obtener una colaboración más estrecha con el impe-

Se asistió así a un doble y triple juego de presiones y de chantaje. La burguesía «no alineada» trata de utilizar la cólera y las explosemicoloniales como moneda de cambio para obtener concesiones políticas y económicas por parte de la burguesía imperialista, sintetizadas en la fórmula «nuevo orden económico mundial».

La burocracia soviética (y en menor medida la burocracia china) ofrece ayuda económica y militar a los «no alineados» con el fin de obmejores condiciones imperialismo. Los «no alineados» amenazan con ir a buscar a Moscú • a Pekín lo Washington, Londres, Tokio o

Pero todos están de acuerdo en que la estructura fundamental del sistema capitalista internacional no debe ser puesto en tela de juicio por «fuerzas incontrolables» (es decir, revoluciones). Todos intentan modificar la relación de fuerzas y la distribución de los beneficios en el seno del sistema y no tratan de derrocarlo. Pese a todos los gritos demagógicos en el sentido contrario, todos han actuado con vistas a conservar y no a derribar el «orden económico munLas tres mixtificaciones

El «movimiento de las potencias "no alineadas" sólo puede presentarse como tal e influir en las masas en revuelta latente o abierta de los países coloniales y semicoutilizando de modo grosero o sutil tres mixtificaciones. No existe un «movimiento». No existen los «no alineados». Y no existen «países o potencias» del «tercer mundo» que se «concertan», sino naciones divididas en clases soEstados (y gobiernos) con una paturaleza de clase precisa, que desarrollan maniobras políticas para defender sus intereses divergentes.

No existe ningún «movimiento», porque las clases poseedoras de los países coloniales y semicoloniales tiene-un miedo mortal precisamente a semejante eventualidad, decir, a la acción concertada de centenares de millones de explotados en todo el mundo, contra el imperialismo. Lo que se presenta como «movimiento» no es más que sustituir (e impedir) las revoluciones. Si existe una «acción», se produce entre bastidores, en forma de tímidos chantajes y con resultados podría sobrevivir durante siglos si sólo existiera ese

No existen los «no alineados», porque ninguna fuerza social real es neutra en este mundo. merosos gobiernos «no alineados» son auténticos fantoches del imperialismo. Otros, sus fieles aliados, por mucho que a veces hagan uso de su derecho al pataleo y disfruten más amplio. Otros son gobiernos de Estados obreros más o menos burocratizados (Corea del Norte, Yugoslavia, Cuba).

pocos casos limítrofes de estados burgueses gestionados por la pequeña burguesía nacionalista (Angola, Mozambique, Etiopía), o de movimientos de liberación que constituyen «pre-Estados», la OLP de Palestina, el Frente Patriótico de Zimbabwe, el Frente Polisario saharaui, etc.), tratan de combinar la ayuda militar y (o) política obtenida de los Estados obreros con el mantenimiento y la extensión de los lazos económicos con el impeinclinandose pronto o tarde hacia el campo imperialista, incluso política y militarmente, si una revolución social victoriosa no cambia la naturaleza social del Estado y la e: conomía en su país.

Pero ninguna de estas categorías de Estado (o de pre-Estado) es «neutra» o «no alineada», no sólo en relación al imperialismo y al socialismo, sino también en sus relateriales particulares, y no dudan nada en ponerse mutuamente la zancadilla, pese a todos los juramentos en torno a la «solidaridad de los no alineados». Las relaciones entre los países de la OPEP y los «no alineados» que tienen que

Cada uno de estos países representados en las conferencias de los «no alineados» tiene una estructura social muy definida. La mayoría países son paises En ellos, la oposición de clase entre el Capital y el Trabajo, el antagonismo entre ricos y pobres es tan pronunciado como en los agudización y la explosividad de llevado a las clases poseedoras de muchos de estos países a instaurar en ellos unas dictaduras tiránicas de las más sanguinarias de la his-

El gobierno argentino acaba de ser acusado por Amnesty International de haber «refinado» el horror de la tortura como práctica de represión corriente, hasta el punto de hacer torturar a niños de corta edad delante de sus padres. Pero el gobierno cubano se ha esforzado por llevar a la conferencia de La Habana al general Videla, jefe de esta infame dictadura. Si por casualidad el sha de Irán no hubiera sido derrocado por las masas de su país, sin duda también habría sido una ilustre figura en «representantes no alineados del

El intento de la burguesía semicolonial de sustituir, a los ojos de las masas, la división del mundo en clases sociales por la división entre «países ricos» y «países pobres», debe ser denunciado como pura superchería demagógica. No cabe duda que los campesinos empobrecidos y los obreros de los países semicoloniales -la gran mayoría de su población— son mucho más pobres que los asalariados de los países imperialistas y que los de los Estados obreros europeos.

Pero la familia real de Arabia saudí —digna participante en la conferencia alineados»— es la familia más rica del mundo. Los burgueses latinocomerciantes de Asia y Africa, no son precisamente pobres. E incluso los kulaks de la India y de Pakistán, las clases medias acomode Brasil, México, Corea del Sur, Kuwait, Nigeria, están acumulando capital, lo que no pueden hacer apenas la inmensa mayoría de los asalariados de Europa occidental, tiene una función práctica precisa: conquista de la independencia politica de clase de los trabajadores y campesinos pobres de los semicoloniales; impedir, retrasar, frenar la defensa de los intereses de clase propios de estos trabajadores y campesinos mediante sus propias organizaciones de clase.

No hay ninguna subestimación de los desmanes y crímenes imperialistas en este enfoque de clase de los problemas económicos, sociales y políticos de los países semicoloniales. Al contrario: en todos estos países, el imperio y la explotación directa por parte de las clases poseedoras autóctonas están mantenimiento del imperio indirecto y de la explotación directa o indirecta por parte del imperialismo. Los unos no pueden ser elimi-

Dejando a un lado las teorías defendidas por antiguos marxistas desengañados, el lazo principal entre la ideología de la burguesía semicolonial y algunas corrientes del movimiento obrero internacional se apoya en la teoría mencheviquestalinista de la «revolución por etapas»: en primer lugar, marchar junto con la burguesía «nacional» contra el imperialismo, y después, una vez eliminada la explotación imperialista, emprender la la lucha

No obstante, la historia ha ocasiones que las clases poseedoras de los países coloniales y semicoloniales no pueden ni quieren romper realmente con el imperialismo. Subordinando la lucha y la organización autónoma de los tracon la «burguesia nacional», no se acelera precisamente la derrota del imperialismo. contrario, se asegura la permanencia de su dominación. Esto no sig nifica que la burguesía colonial o contra el imperialismo, particularmente cuando es atacada por este

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en sus intereses más vitales. Esto no significa tampoco que ciertos grupos nacionalistas pequeñoburno puedan emprender luchas antiimperialistas importantes. Cada vez que se desencadenan este tipo de luchas, merecen el apoyo del proletariado y exigen ante todo un apoyo incondicional de los trabajadores de los países imperialistas (sinó, estos adoptarian una posición objetivamente proimperialista). Nosotros no fuímos neutrales ni en la guerra chino-japonesa, ni en la guerra de Argelia, ni en la guerra de los Seis Días, ni en la guerra lanzada por el Frente Sandinista contra Somoza, lacayo del imperialismo, ni en la guerra del Frente Patriótico contra el gobierno de Salisbury. En todas estas ocasiones estuvimos por la victoria del campo que se oponía al imperialismo, por la derrota del campo imperialista.

Pero esto implica: a) Que distinguimos claramente entre los auténticos combates antiimperialistas (que no adoptan necesariamente una forma militar, sino que pueden adoptar también la forma de nacionalizaciones de las propiedades imperialistas, etc.)

y la demagogia antiimperialista puramente verbal que no asesta ningún golpe real al imperialismo

(las resoluciones votadas en las distintas conferencias de los no alineados, incluso en La Habana, pertenecen a esta segunda categoría y no a la primera).

b) Que los obreros y campesinos pobres participan en este combate conjunto con sus formas accción y organización propias. Que las utilizan particularmente para acelerar su acceso a la independencia organizativa de clase, lejos de disolverse en un «frente» interclasista en nombre del antiimperialismo. c) Que deben ser educados en un espíritu de vigilancia y desconfianza permanentes hacia la «burguesía nacional», que históricamente está obligada a traicionar la lucha antiimperialista, incluso cuando ella misma la ha desencadenado. d) Que deben llegar a comprender que sólo la conquista del poder por el proletariado, aliado al campesinado, sólo la creación de un Estado obrero, pueden liberar a la vez a su país de la dominación imperialista y permitirle hacer los primeros pasos en el camino de la eliminación de las peores secuelas sociales del subdesarrollo.

Si no se cumplen estas condiciones, la lucha antiimperialista entra en un callejón sin salida, las movilizaciones antiimperialistas de masas corren el riesgo de ser aplastadas a sangre y fuego, y los proletarios de los países coloniales habrán fracasado, en definitiva, en su deseo de deshacerse de las cadenas que los atan, de acabar con su miseria humana e insoportable. La Conferencia de La Habana votadas en la Conferencia de los «no alineados» en La Habana, con las que se votaron dos años antes en Colombo, puede tenerse impresión de que se ha dado una fuerte radicalización política por gobiernos representados. No sólo se condenan, casi por unanimidad, los acuerdos de tamente aislado. La OLP y el Fren-

«pre-Estados». retirada de las tropas de la dic-

Suharto (otro participante titular del «movimiento de los no alineados») de Timor Oriental, el desmantelamiento de la base norteamericana de Guantánamo y la independencia de Puerto Rico. Se saluda la caída de Somoza, incluso por parte de gobiernos que lo habían apoyado hasta el último -cuarto de hora.

Pero la naturaleza misma de la mayoría de los gobiernos represende la naturaleza social de los Estados clases poseedoras que representan- deben despertar en todo observador objetivo mas que un puro escepticismo en cuanto a esta radicalización. gobierno de la UNP en Sri Lanka, lejos de adoptar una posición antiimperialista más radical, trata de quebrar el movimiento sindical de su país para poder abrir ampliamente las puertas a la sobreexplotación por parte de los capitales imperialistas en las «zonas francas». (La manera en que se refiere Fidel Castro a Julius Jayawardane, jefe de la UNP, como persona que actúa con «sabia prudencia, no agradará precisamente a los trabajadores de Sri Lanka). El coronel

Torrijos, lejos de radicalizarse, ha capitulado ante el imperialismo en torno al mantenimiento del Canal de Panamá bajo el control militar yanki. Los presidentes Kaunda de

Zambia y Nyerere de Tanzania, con todas sus exclamaciones antiimperialistas, ejercen una presión enorme sobre los dirigentes

Frente Patriótico para que den alto a la guerra de guerrillas y logren un compromiso con Salisbury bajo la égida del imperialismo británico, es decir, para que colaboren en la consolidación de un régimen neocolonialista en Zimbabwe. Sería

Lo que reflejan las mociones votadas en La Habana, por tanto, no es en absoluto «una radicalización» de ios gobiernos burgueses

«no alineados», un compromiso por su parte de emprender una acción antiimperialista más resuelta.

Movimiento no alineados Lo que reflejan es lo siguiente: a) La relación de fuerzas, graveimperialismo tras la derrota en Indochina y la caída del sha, ficiarse la burguesía semicolonial, abatir al imperialismo, sino para obtener una parte mas movimiento de masas en toda una serie de países semicoloniales, relanzamiento simbolizado por las revoluciones etiope, iraní y nicaragüense, y el ascenso de las luchas obreras en Brasil, y que se maniluchas en Perú, Egipto, Túnez, en de Africa negra, etc. La burguesía semicolonial se ve obligada a hablar un lenguaje antiimperialista más radical para conservar una posibilidad de con-

El tono utilizado en La Habana es pues revelador de lo que habia sucedido anteriormente, y no el producto del éxito de algún ala izquierda o «radical» entre los gobiernos reunidos allí, en oposición a una pretendida «ala con-

Muchos observadores han querido presentar el resultado de la conferencia como un éxito de este conservadora», agrupada en torno a Tito. No cabe duda que en torno a no pocas cuestiones controvertidas, Fidel Castro adoptó posiciones más radicales (muchas veces idénticas a las de la diplomacia soviética). También es cierto que en la actual situación internacional, la burocracia soviética puede beneficiarse del debilitamiento del imperialismo con vistas a reforzar sus lazos diplomáticos con regimenes pequeñoburgueses

Afganistán, conservando al mismo tiempo su politica tradicional de alianza con la burguesia semicolonial, incluso en regimenes dictatoriales como el de Videla.

Sin duda alguna, Tito adoptó las posiciones más «tradicionalistas» neados». Fidel Castro proclamó que «el campo socialista» es «el aliado natural» de los «no comprometidos». Tito se atuvo a la posición de equidistancia con respecto a los «dos bloques» y de «rechazo de todo hegemonismo».

Pero Tito no es un portavoz del imperialismo. Es el portavoz de la burocracia de un pequeño Estado obrero, obsesionado con el riesgo de una intervención militar soviética en caso de crisis política en su país (el precedente de Checoslovaquia demuestra que esta obsesión no carece de fundamentos).

Está claro que reacciona de modo

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Movimiento no alineados ultraoportunista frente a este peligro. Pero al mismo tiempo, no hace sino seguir la lógica del «sosolo país», que burocracias de todos los estados obreros. Esto no hace que el Estado obrero yugoslavo ni su burocracia sean más «reaccionarios» que algunos estados burgueses (y gobiernos despóticos que fusilan a comunistas, como el de Irak), que han apoyado a Cuba en todas las cuestiones de la Conferencia de La semejante juicio, habría que empezar poniendo en tela chino, de Corea de Norte, de Yugoslavia, como por lo demás estan en trance de hacer los dirigentes cubanos y vietnamitas. Tratar el mismas consecuencias desastrosas a las que ha llevado la teoría del «socialimperialismo soviético» . a Las contradicciones de la política exterior cubana

¿Fue entonces un error por parte de la dirección castrista entrar en el «movimiento de los no comprometidos», y aceptar la celebración de la Conferencia en La Habana?

Pero tampoco creemos que esta significará un gran revés para el imperialismo. Los auténticos reveses son los que le han infringido las masas vietnamitas. etiopes, iranies, nicaraguenses — y la Conferencia de La Habana no ha sido más que un eco débil y deformado, de estas victorias.

Para explicar esta doble clusión hay que partir de una constatación que sólo ponen en tela de juicio los ultraizquierdistas infantiles: un Estado obrero. y su gobierno, tienen el perfecto derecho de maniobrar en el campo del enemigo de clase, de tratar de divi-

Lenin y Trotsky lo hicieron en Brest-Litovsk, en Rapallo, en los conflictos que oponían a Kemal Ataturk o la República burguesa de China al imperialismo. Mientras la revolución socialista no haya triunfado en los principales países del mundo, estas maniobras constituyen una de las condiciones de supervivencia del Estado obrero o de los Estados obreros, cualquiera que sea su grado de burocratización.

Fidel Castro tiene por tanto toda la razón cuando aprovecha el nuevo ascenso de la revolución colonial para acentuar —aunque sólo sea sobre el papel— las contradicciones entre la burguesía semicolonial y la burguesía imperialista. Pero tratar de sacar beneficio de las contradicciones intercapitalistas sólo constituye una condiciones de supervivencia del Estado obrero cubano, y no es marcha, como la de Nicaragua, escapar a los imperativos del Merçado Mundial y de las instituciones financieras del capitalismo inter-

Y ahí es donde duele. Ahí es donde las contradicciones de la política exterior cubana salen

Fidel Castro es el jefe de un Estado obrero surgido de una auténtica revolución obrera y campesina. Su formación no es estalinista. Tiene una doctrina propia que se sitúa entre el estalinismo y el marxismo revolucionario, que se traduce en prácticas contradictorias. No es un agente de la burocracia soviética. aislamiento de la revolución cubana en el hemisferio occidental, como consecuencia de las derrotas sucesivas de las revoluciones latinoamericanas (desde la de Brasil en 1964 a la de Argentina en 1966), ha colocado al Estado obrero cubano en una situación de dependencia material cada vez más pronunciada con respecto al Kremlin. Es indudable que se ha dado una interacción entre esta dependencia material, sus secuelas políticas e ideológicas, y el proceso de burocratización en Cuba (no es objeto de este artículo analizar el punto alcanzado por este proceso). También es indudable que esta dependencia les pesa a una parte de los dirigentes cubanos, que verían con buenos ojos que se redujera este peso y pudieran reconquistar amplio en relación al Kremlin.

Pero hay dos vías para conseguirlo, y estas vías se bifurcan por ambas a la vez.

La primera consiste en apostar a una nueva extensión de la revolución. Esto es lo que ha hecho Castro hasta ahora en Angola, Etiopía, en Nicaragua, y evidentemente todo esto habla a su favor. El futuro demostrará si proseguirá por este camino hasta el final en Nicaragua, es decir, si impulsará o frenará el proceso que conduce a la aparición de un segundo Estado obrero en el hemisferio occidental. Será un test importante del grado de burocratización alcanzado en Cuba.

La segunda vía consiste en apostar a la alianza con la burguesía semicolonial (ante todo la burguesía denominada «liberal» de la región, es decir, la de México, Venezuela, Costa Rica, Panamá e incluso de Colombia y Ecuador, aunque los gobiernos de estos dos últimos dos rasgos «liberales», en el mejor

Este es el profundo sentido que tienen la Conferencia de La Habana, perfectamente ilustrado por el discurso pronunciado, por Fidel Castro ante la Asamblea General de la ONU. Habló como el jefe del Estado obrero cubano, convertido en portavoz de un bloque con la burguesía semicolonial. Al lado de una excelente agitación socialista, no faltaba nada: ni la evocación de la coexistencia pacífica, ni el llamamiento al rechazo de todo «hesin distinción campo de clase (cosa que ayer todavía se reprochaba violentamente a Tito y a Deng Xiaoping), ni el apoyo a la política de austeridad de los gobiernos imperialistas bajo la cobertura de la «lucha contra la inflación», ni la presentación fraudulenta de los acuerdos SALT Il armamentos está acelerándose.

Esta segunda vía ya la puso en práctica la dirección castrista en el

Use alineó completamente con la política de los PC locales, y el apoyo al PC argentino mediante

Traduce una clara adaptación a la teoría de la «revolución por etapas», en oposición a la práctica de que siguió la lógica de la revolución permanente, recuperada al menos parcialmente por el Che y por Fidel, también en el plano teórico, cuando la revolución alcanzó su punto culminante (por ejemplo, la famosa fórmula del Che: «la resocialista o no

Se nos podría objetar: en La Habana y en New York Fidel habló como jefe de gobierno. También bajo Lenin y Trotsky, los bolcheviques hacían la distinción entre el lenguaje del gobierno y el del partido y el de la Internacional comunista.

Esta objeción no es válida. En primer lugar, Fidel Castro no hace esta distinción. No existe ninguna internacional castrista o ningún PC cubano que hable otro idioma que el de Castro, jefe de gobierno. En segundo lugar, los discursos de Castro, tanto el de Nueva York

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como el de La Habana, no quedaron reservados únicamente a los diplomáticos. Fueron difundidos en centenares de miles, incluso de millones de ejemplares, en todo el mundo. Afectan bastante más a las masas de los países semicoloniales que a sus gobiernos. Por tanto, es pura ficción pretender que estos discursos no hacen sino prolongar

«maniobra diplomática». Contribuyen a influir en la conciencia y la ideología de millones de proletarios y campesinos po-

Finalmente, y justamente a este practicaron jamás el doble juego.! No decían todo delante de los diplomáticos burgueses, a los que por lo demás no se trata de intentar convencer de las virtudes de la decían a las masas, en la medida en que sus palabras siempre podían ser escuchadas por estas mismas reproducidas ante ellas, y no había que inducirlas a error. Se atenían a la norma de que no hay que rechamaniobra ni ningún compromiso, pero con la condición de eleven la conciencia de clase de los mismos, su voluntad de organizarse y de liberarse a sí mismos.

Pero caracterizar a los tiranos, las sanguijuelas, los lacayos del imperialismo, a los «nuevos ricos» del tercer mundo presentes en La combatientes antiimperialistas (2); presentar la alianza con ellos como una alianza necesaria, proclamar «unidad» de los gobiernos no comprometidos; concluir de todo podría ahorrarse la «revolución» y la «apocalipsis» si el imperialismo se mostrara simplemente sabio e instaurara un «nuevo orden econóque hizo ante la misma Asamblea de la ONU en 1974 el presidente burgués mexicano Luis Echevaconfusión en la cabeza de los obreros y campesinos de los países semicoloniales.

Esto no es elevar, sino rebajar la conciencia de clase política. En definitiva, es reducir y no aumentar las posibilidades de asestar golpes decisivos al imperialismo.

Y cómo no situar en esta misma categoría de confusión inadmisible sembrada entre los trabajadores, las palabras calurosas con las que Fidel Castro saludó la presencia como observador en la conferencia de La Habana, del representante del Estado burgués español, con su aparato de represión monarco-fascista intacto, y no duda en proclamar en este contexto: «Necesitamos amigos en la Europa occiindustrializada, estén atados al tren imperialistas». Como si la propia España no fuera una potencia imperialista, estrechamente vinculada —incluso con bases militares— al imperialismo Estado, su rey, su ejército, su clase poseedora y su gobierno no fueran enemigos feroces de los trabajadores y de las nacionalidades oprimi-

Esta enorme confusión política sembrada entre las masas trabajaquiénes son sus auténticos amigos y aliados y quiénes sus enemigos balance objetivo de la Conferencia

Es por esta razón que pese a todas las apariencias no constituye en modo alguno una derrota grave

Los representantes de las clases poseedoras semicoloniales vinieron a La Habana, no porque Castro lenguaje «duro» para con el impe-

Vinieron a La para utilizar el prestigio acrecentaEtiopía, Nicaragua— de la revolución cubana, con vistas a ahogar la revolución en sus propios países. Les dicen a sus pueblos: «Mirad, hasta Castro reconoce nuestro méritos (3). No os metáis con nosotros, dejadnos hacer. A cambio, os ofrecemos unas resoluciones antimenos que se puede decir es que esto aumenta la confusión. No nos encontrarán ceremonias de la confusión en los discursos de Lenin y Trotsky, ni siquiera a nivel gubernamental, ni «maniobras diplomáticas».

Y se nos puede objetar aun: hay coyuntural y geográfico concreto. Durante estos últimos meses, Cuba ha sido víctima de maniobras, preacentuadas. Ha habido la decisión de Washington de mantener el habido todo ruido armado en torno a la pretendida «brigada soviética», pretexto para reforzar la presencia militar yanki en Guantánamo. Ha habido la amenaza apenas velada de una intervención militar en caso de presencia de tropas creación de una base con una fuerde intervención Florida, con este objetivo. Todo esto no deja de tener relación, evidentemente, con los avances de caída de Somoza y sus consecuencias en el conjunto de América

Central.

Vistas las manifiestas reticencias del Kremlin de extender su garantía de apoyo activo a Cuba en el hemisferio occidental, sin hablar ni siquiera de su negativa a apoyar cualquier «aventura revolucionaria» en América Central, Fidel Castro se ha girado hacia las burguesías «liberales» de la región (México, Panamá y el «Pacto Andino») para tratar de neutralizar las maniobras imperialistas. Estas burguesías, atemorizadas por los riesgos de una conflagración generalizada en la región, como respuesta a una agresión yanki, sometidas además a la creciente presión de una radicalización politica de masas en algunos de sus paises, han roto el aislamiento diplomático en el que se encontraba la revolución cubana.

La expresión más espectacular de este giro fue la negativa de la mayoría de los gobiernos miembros de la OEA a autorizar o tutelar el envío de ninguna fuerza de intervención militar a Nicaragua. Esta negativa contribuyó a la victoria del Frente Sandinista y aflojó la soga atada al cuello de Cuba. Fué sin duda un éxito diplomático de talla para Cuba y un importante revés para Washington —éxito y revés que en última instancia son los subproductos del ascenso revolucionario en la región. La conferencia de La Habana ha sido concebida por la dirección cubana como la prolongación de este éxito. En este aspecto, y en este sentido, fue también un éxito diplomático para Castro.

Pero más a largo plazo, la defensa eficaz del Estado obrero cubano no depende de la buena voluntad, del miedo o de las maniobras de chantaje de la burguesia latinoamericana llamada «liberal» frente al imperialismo. Depende de la extensión y de los nuevos triunfos de la revolución latinoaricana. Toda política de alianza con la burguesía «nacional», de alineación con la orientación estrategica con los PC latinoamericanos según la «revolución por etapas» condena a esta revolución a nuevas y sangrientas derrotas. Lejos de servir a la causa de la defensa del Estado cubano, mina a la larga esta defensa, independientemente de los éxitos temporales que puedan lograrse.

Es por esto que decir la verdad sin ambages en torno a los gobiernos burgueses reunidos en La Habana, y su papel real en el mundo, no es solamente una exigencia elemental desde el punto de vista de la defensa de los intereses de las masas trabajadoras del «tercer mundo». Es también una exigencia elemental desde el punto de vista de la defensa del propio Estado obrero cubano.

Movimiento no alineados NOTAS: (1) Castro dijo en La Habana que la URSS no explota, sino que ayuda a Cuba, haciendo alusión sin duda a la compra de su azúcar por encima del precio del mercado mundial. Es exacto, pero debería haber añadido: es la excepción y no la regla. Porque la URSS aplica generalmente el precio del mercado mundial en su comercio con los países semicoloniales, y contribuye de este modo a mantener el «orden económico internacional» imperialista, el intercambio desigual y la del llamado «tercer mundo» que (2) Fidel Castro no duda en afir-

Omar: «Somos firmemente antiimperialistas, anticolonialistas, antineocolonialistas, antirracistas, antisionistas, antifascistas, porque estos principios forman parte de nuestro pensamiento; constituyen la esencia y el origen del movimiento de los países no alineados, y han conformado su vida y su historia desde su fundación». Al confundir deliberadamente el pensamiento de los revolucionarios cubanos, el de las masas trabajadoras del «tercer mundo» y el de los gobiernos del «movimiento de los países no alineados» (pues este movimiento es un «movimiento» de gobiernos), concede, quiéralo o no, un certificado de «antifascismo» a los Marcos, y un certificado de «antirracismo» a los ministros hindués de Jan Sangh, al primer ministro de Sri Lanka, Jayawardene, en el preciso instante en que éste lanza una campaña racista contra la michovinismo antikurdo de los jomeinistas iraníes. (3) Los trabajadores argelinos habrán tenido algunas dudas sobre la exactitud de la referencia de Fidel a Huari Boumedián como «héroe de la liberación y de la revolución de su país». Si efectivamente desempeñó un papel positivo en la lucha de liberación nacional argelina, no dejó de ser el jefe de la contrarrevolución que había eliminado a otro «querido amigo» de Fidel, Ahmed Ben Bella.