Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

El islam chiíta en la revolución iraní (y 2)

· Inprecor n.º 10, diciembre de 1979 · pp. 8-11 · 4.991 palabras

Medio Oriente

A comienzos de los años

60, cuando se inicia la «revolución blanca», aparecen fenómenos de renovación política en el Islam

El Movimiento de Liberación de Irán (MLI) se fundó en 1961, por elementos religiosos procedentes en su mayoría del Frente Nacional (FN), el partido de Mossadegh. El

Nacional, incapaz de responder al golpe de estado del sha en 1953, paga también en este momento las ilusiones que alimentó en torno a la posibilidad de una liberalización del régimen tras la entrada de la Administración Kennedy en la Casa Blanca.

Entre los fundadores del MLI están Hassan Nazih, ex-director general de la NIOC (Compañía Iraní de petróleo), que había entrado en la clandestinidad unas semanas antes, Mehdi Bazargan y el ayatolla Taleghani, que murió el pasado mes de septiembre. EI MLI se reivindica de la tradición política del Islam y presenta su programa del modo siguiente: «Somos musulmanes, pero el ayuno y la plegaria no deben constituir nues. tras únicas misiones. Hemos entrado en la vida política y las actividades sociales porque lo consideramos nuestro deber nacional y religioso. Para nosotros, la religión no puede ser distinta de la politica. La libertad forma parte integrante del Islam» (1).

Si el MLI conocerá cierto éxito entre la intelligentsia iraní, e incluso entre algunos bazaris o religiosos modernistas, su influencia permanecerá limitada por una serie de razones; el MLI se afirma mossadeghista. Además, el MLI pre-

User un partido «constitucional», es decir, que exige solamente que se respete integralmente

Constitución de 1906. Finalmente, el MLI opta por la acción legal, incluso cuando el régimen del sha va a reprimir a sus militantes e impedirles de hecho gozar

'auténtica audiencia de

Esto explica que si el MLI aparece en 1978/79 como un partido poco más consecuente que el Frente Nacional, de hecho esta formación no logrará jamás superar el estadio de organización de notables, y no podrá pretender, como tal, capitalizar y canalizar por sus medios el inmenso movimiento de masas que surgirá en 1977-78. Los guerrilleros islamo-marxistas

La negativa del MLI a emprender la acción directa va a incitar a sectores de la juventud à ir más lejos y emprender la vía de la guerrilla, fenómeno clásico a comien-

Irán

El islám chiíta en la revolución iraní

IRAK

IRAN

AKAKIA

SAUDITA

1:1

II. El clero ante la prueba del poder.

zos de los años 60 en el mundo semicolonial.

Mohamed

Hanifnejad,

Said Mohsen y Ali

Asgher Badizadegan, procedentes del MLI, deciden en 1965 fundar la organización de los Muyahedinese-Jalq (combatientes del pueblo).

Los Muyahedines explicarán que determinadas tesis marxistas son perfectamente compatibles con el

Corán, que este denuncia formalmente la explotación del hombre por el hombre y pregona el essociedad de tablecimiento una justa y sin clases.

Organización nacionalista pequeño-burguesa, marcada por todo el ascenso del movimiento de masas en el Oriente árabe y particularmente por el desarrollo de la

NISTAN

PAKIST

MAR ARABIGO resistencia palestina, los Muyahedines entablarán una serie de acciones armadas de caracter antiimperialista, matando a un general norteamericano y colocando bombas en los monumentos y edificios del régimen vinculados a intereses imperialistas. Pagarán un enorme tributo a la represión, mientras que los conflictos internos y la conciencia de que su estrategia sustituista de lucha armada les lleva a un callejón sin salida, debilitarán considerablemente a esta organización a partir de 1975. Ali Shariati

Un escritor y teólogo muerto en

Londres un año antes de iniciarse la revolución iraní, simboliza mejor que cualquier otra corriente el resurgimiento del Islam en Irán. Ali Shariati (1934-1977) era desconocido en Irán hace 10 años. Hoy en día sus obras, pese a ser muchas veces difícilmente accesibles, se venden por centenares de miles de ejemplares, y su efigie aparece en todos los muros de la capital, en las verjas de las Universidades, en las vitrinas de los tenderos, junto a las de Taleghani, Chariat Madari y Jomeini.

Shariati, al igual que un siglo antes AL-Afghani (2), trató de reformar el Islam para fundamentar una acción política de liberación nacional. Yann Richard escribe sobre la persona traducido a Fanon al persa: «Ali Shariati se quiso ante todo un ideólogo: maestro de una generación en peligro, construyó su pensamiento en un amplio contexto de luchas de liberación del Tercer Mundo. Sintió profundamente los problemas del colonialismo y del neocolonialismo, sobre todo en Africa y Asia. Shariati atacó con particular vigor la colonización cultural que aliena a los pueblos en sus reacciones más originales: generalmente se denuncia en el neocolonialismo la explotación económica de los pueblos, pero Shariati analiza la colonización de las conciencias, que arrebata a las naciones la conciencia de su identidad» (3).

Y para Shariati, la conciencia de la identidad iraní es ante todo el Islam, el Islam chiíta, aunque un Islam chiíta renovado, es decir, que debe volver a sus bases, a sus orígenes (4). Para denunciar pasividad política de una parte del clero frente a la dictadura, Shariati introducirá la distinción entre el chiísmo alauita, el chismo de Ali, el tercer safavida chiísmo califa.

El chiísmo, es decir, el chiísmo convertido en religión de Estado e institucionalizado en el siglo XIX, representa para Shariati el desvio del chiísmo original. El paralelismo que establece con la situacioón contemporánea es evidente: se consideran ulemas safavidas a los miembros del clero chiíta que entran en componendas con el poder, interpretando en el sentido de la pasividad la regla de la ilegitimidad de todo Estado durante el periodo de ocultamiento del doceavo imán. Shariati denuncia, al igual que hará Joemini, a los ayatollas que, so pretexto de que todo poder está corrompido, explican al pueblo que el régimen de Palhavi no es, al fin y al cabo, ni más ni menos aceptable que cualquier otro.

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Una visión renovada del Imanato

El profundo eco que encuentra el discurso de Shariati proviene también de su insistencia en el Imanato como motor de la liberación. Con Shariati, el Imanato ya constituye simplemente la espera pacífica del retorno del Mahdi, sino un principio mesiánico o milenarista actual, en que la comunidad islámica (umma), bajo la dirección de su líder natural (la palabra «imán» proviene de la «umma») debe opresión para hacer triunfar a la

Huelga precisar que es justamente en el momento en que apa_rece Jomeini como jefe carismático de la oposición al régimen, cuando la obra de Shariati inunda verdaaceras y las universidades de Teherán.

Pero la fuerza del movimiento utilizar en algún momento, para una u otra de sus componentes, el prestigio de los muyahedines, personal político del MLI o las fiauténtica fuerza tiene una base material que se encuentra en otro lugar: es la alianza de la mezquita y La alianza de la mezquita y el bazar

La única base materialista que permite explicar cómo la jerarquía chiíta entró en la oposición abierta al régimen, a cabalgar el movimiento de masas contra la dictadura, es que el clero chiíta, a diferencia de lo que sucede en los dependiente financieramente

El clero chiíta depende, para universidades alimentar sus fondos de seguridad propiedades y sobre todo de los impuestos religiosos.

Estos impuestos constituyen una fuente considerable de riquezas: varían de un año a otro entre los 20 y 40 millones de dólares. El régimen aseguraba que en 1978, el ayatolla Jomeini había recibido, él

25 millones de dólares, y antes de la caída del sha se repetía hasta la saciedad la historia, cierta o falsa, de que en 1963 el sha le había ofrecido a Jomeini, para que exiliara voluntariamente, 20 millones de tomans (unos 3 millones de dólares), y que éste había contestado que le ofrecía el doble al Rey de Reyes si abandonaba el país en su lugar...

Estos colosales ingresos explican cómo la jerarquía pudo alimentar en parte la revuelta, alimentar las cajas de resistencia, organizar en tribución, a precio muy bajo, de los productos primera necesidad, y extender en la de las propiedades inmobiliarias que sigue poseyendo el clero, estos recursos provienen fundamentalmente del bazar. El bazar es —y esto forma también del balance negativo de la «revolución blanca» y de la induseconómica El 60-70% de las importaciones y exportaciones

El bazar asegura entre el 60 y el portaciones del país. Controla de hecho todas las relaciones comerciales entre la capital y las ciudades de provincias, todas las redes de comercialización entre el campo y aunque es la más occidentalizada e industrializada de sentan cerca de la décima parte de la población total. Y habría que multiplicar esta cifra por dos o por tres si se incluyen a los empleados y obreros, estrechamente integrados

Es una organización social muy estructurada, con sus corporaciones, con el papel que desempeña también en ella la institución familiar y la política de alianzas a través del matrimonio. El bazar no ha tenido jamás en Irán una expresión política autónoma, ni bajo los regímenes despóticos, ni bajo la dictadura moderna de los Palhavi.

Así, con toda naturalidad, el clero chiíta se convertirá en altavoz privilegiado de las exigencias del bazar. Máxime cuando las relaciones entre la mezquita y el bazar son mucho más estrechas e interdependientes, incluso en el terreno financiero, que lo que puede existir modo, es el bazari el que elige al mollah a que entrega el impuesto coránico, porque encarna para él el ejemplo a seguir, o porque sus oraciones, en la gran plegaria de los viernes, corresponden mejor que otras a sus aspiraciones.

«Contrariamente a la jerarquía supremo, el clero chiíta no está obligado a obedecer a un jefe designado, sino que exige con bastante libertad, como guía, a los doctores de la fe, llamados ayatollas, cuyo prestigio y sabiduría les parecen más elevados. Los propios fieles siguen las enseñanzas de sus mollans preteridos, los que comparten sus preocupaciones y cuyos consejos les ayudan a resolver sus problemas cotidianos» (5), Chivos expiatorios

Y fue el propio régimen de los Palhavi el que a partir de 1976-77 hará que el bazar se inclinara hacia la oposición, un bazar al que había separado de la vida política y arrebató los frutos del maná petrolero. que golpea, en 1976, a Irán, poder contestará con una política deflacionista, dirigida en primer lugar contra estos sectores tradicionales. La política de tasas e impuestos, y sobre todo la campaña a chocarán de lleno con los intereses materiales del bazar. En otoño de 1978 eran ya 250.000 bazaris, en las diez ciudades más grandes de Irán, los que habían sido multados o cuyas tiendas habían sido rradas temporalmente. Se iniciatan sólo contra los bazaris de la capital. Y el Estado les exigió declarar a su personal y cotizar a la

Varios bazaris notables fueron lucha del régimen contra la carestía de la vida. El régimen buscaba chivos expiatorios por su incapacidad económica y para poder respirar un poco. No hizo sino estrechar un poco más el nudo corredizo alrededor de su propio cuello (6).

Porque el bazar, así como la jerarquía religiosa, un papel determinante, a partir de diciembre de 1977, en la extensión del movimiento de revueltas contra el régimen hasta entonces limitado a los círculos universitarios e intelectuales. Basta recordar cómo a partir del 9 de enero de 1978, cada 40 días del duelo chiíta, las huelgas de los distintos bazares y las manifestaciones callejeras determinarán el ritmo, hasta julio de 1978, de la primera fase de la revolución iraní.

Pero más allá de sus especificidades iraníes, el bazari demostrará rápidamente algunas de las cualidades universales de la pequeña y media burguesia semicolonial: su miedo visceral a la dinámica del movimiento de masas y su voluntad de hacer componendas con el deshonroso que sea, antes que verse desbordado por el «populacho», como decian los políticos de la oposición iraní, es decir, el proletariado y las masas plebeyas que

Medio Oriente entraron en la lucha contra la dictadura. Y el clero chiíta, altavoz de estas capas sociales de la media y pequeña burguesía tradicional iraní, seguirá sus huellas, calcará sus actitudes políticas de miedos de clase de sus clientes. El intento de compromiso constitucional

La prueba del poder para los religiosos chiítas comenzará bastante antes de febrero de 1979 y de su asunción de las riendas del poder, cuando la insurrección popular derrocó al último gobierno del sha. Desde el prinla mayoría del clero chiíta del interior se contenta cabalgar el tigre del movimiento de masas. A comienzos del mes junio se produce un primer cambio, cuando los principales responsables del clero, con el ayatolla Chariat Madari a la cabeza, anulan en último momento una orden de huelga general. Sin embargo, el movimiento de masas seguirá desarrollándose durante todo verano, con los motines insurreccionales de Chiras e Isfahan.

Tras el incendio del cine Rex en Abadán, y la movilización a lo largo de todo el mes del Ramadán, el clero se ve obligado a aceptar la organización de las primeras manifestaciones de masas en Teherán, el 4 y 5 de septiembre. Pero cuando el Gobierno anuncia la prohibición de la manifestación del día 7, los ayatollas desconvocarán oficialmente, aunque aún asi tendrá lugar y ellos se le unirán.

Al día siguiente, el 8 de setiembre, se proclama la ley marcial y se produce la masacre de la plaza Jaleh. En pocas horas, este viernes negro de Teherán la metralla se cobra más de 3.900 víctimas. Entonces, todo el ala moderada del clero chiíta levantará la cabeza y explicará que el movimiento de masas no puede ir más lejos, que hay que negociar con el régimen su constitucionalización, es decir, conseguir la aplicación de la constitución de 1906.

El representante más destacado de este ala constitucionalista (que entonces es mayoritario en el clero chiíta) es el ayatolla Chariat Madari. Este le explica al periodista de «Libération» que le pregunta si «tiene conciencia de que el pueblo exige más que la aplicación de la constitución, un cambio de régimen y el fin de la dinastía Palhavi»: «Lo que exige el pueblo es una cosa. Nuestro deber, como autoridades religiosas, consiste en impedir el baño de sangre; para ello, actuamos en el plano legal y exigimos simplemente que el rey reine sin gobernar».

Quince días más tarde, el inicio de la huelga general, la entrada en

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Medio Oriente lucha de los asalariados y trabajadores trastocará totalmente estos proyectos de constitucionalización del régimen e iniciará la fase final del proceso que acabaría con el exilio del sha y la insurrección de febrero. Y es precisamente frente a esta voluntad de compromiso de la mayoría de la jerarquía religiosa, y también de la oposición laica (el Frente Nacional sólo se decide a exigir la salida del sha a comienzos de noviembre) que Jomeini apareque rechaza todo compromiso con

La popularidad de Jomeini se debe sin duda al hecho de que siempre se ha opuesto al régimen Palhavi (ya había exigido la salida del padre del sha, Reza). Sus posturas en 1962 y 1963, asi como su exilio, lo convirtieron en la princhiíta. Además, es para evitar que pudiera ser juzgado y condenado a muerte por el sha que los decidieron, en 1963, a propuesta de Chariat Madari, convertirlo en dirigente de toda la chiíta tras la muerte del ayatolla

Si bien el discurso político de Jomeini siempre ha sido muy zafio, sobre todo cuando se trata de definir el contenido del gobierno islámico que pregona, las incesantes que hará de la corrupción del régimen y de las ingerencias imperialistas explican la popularidad de que goza en el morevolución iraní. Basta con leer los extractos de un texto de Jomeini, editado en 1969 en Nadjaf (sandonde permaneció Jomeini entre

1964 y 1978), para darse cuenta que la enseñanza de Jomeini no se limita a algunas fantasías sobre la manera de orinar o hacer el amor según la ley coránica, como tratan de presentar los medios de comunicación occidentales.

«Los colonialistas, además de su dominación política sobre ciertos pueblos, por intermedio de sus agentes subordinados, han impuesto un sistema económico opresor, y al mismo tiempo, han dividido al mundo en dos: los opresores y los oprimidos. Por un lado, centenares de millones de musulmanes hambrientos, desprovistos de toda higiene y toda cultura; por otro, minorías de ricos, que poseen el poder político y en su mayor parte están corrompidos y llevan vidas de libertinaje. Los pueblos oprimidos tienen que esforzarse por liberarse de la dominación de los dirigentes saqueadores, con la esperanza de acceder a una vida mejor, y se ven frenados en su impetu por las minorías en el poder y sus aparatos gubernamentales.

«Tenemos el deber de liberar de desfavorecidas. Tenemos el deber de defender a los oprimidos y de combatir a sus

«Este es el sentido de las recomendaciones hechas por Alí a sus hijos en su testamento: apoyo de los oprimidos y el ene-

«Los ulemas tienen la misión de monopolista y contra los beneficios ilegales. No pueden soportar número restringido de saqueadores encuentren en el mayor bienestar, mientras que los demás se mueren de hambre a su lado. Alí dijo: 'He gobernar porque Dios había hecho prometer a los ulemas no permanecer inmóviles ante el derroche y el robo de los opreni ante el hambre y la inde los oprimidos. delante del Creador que si no hubiera habido motivos que me obligaran a aceptar, ni esta promesa a resistir por parte de los ulemas, abandonado la dirección del gobierno y ya no la buscaría, y entonces veríais lo que representan para mi vuestro mundo y sus honores, no más que el estornudo de Preservar el aparato de Estado

De setiembre de 1978 a febrero de 1979, Jomeini basará su reciente autoridad en el movimiento masas, rechazando todo compromiso con la dinastía. «Fuera el sha, fuera la dinastía», no deja de repe-

En cambio, en esta época ya se calismo. Si bien avala la huelga general, que de todas maneras se espontáneo, Jomeini no dejará de advertir, en todos sus comunicados publicados en Paris y enviados a

Irán, al buen pueblo musulmán contra los «agitadores comunistas» que se inflitran en e movimiento. Si llama a «hacer bascular al ejército», se cuida hasta el final de llamar a la insurrección para terminar

Incluso durante las «tres gloriosas» de Teherán, los días 9, 10 y 11

1979, todos los ayatollas se niegan a lanzar la consigna de «Djihad», la insurrección contra Bajtiar, cuando esta insurrección ya se había iniciado.

Si Jomeini, que habia vuelto a

Irán, se niega a hacer componendas con Bajtiar, tratará negociar hasta el último minuto, e insurrección, con la jerarquía militar, para asegurar el traspaso de poderes en las mejores condiciones posibles, es decir, preservando al máximo posible el aparato de Estado y en primer lugar, al ejército, previa depuración de sus elementos más comprometidos en las masacres y tor-

Es la ciega obstinación de un sector del ejército imperial, y sobre todo su inicio de descomposición (movimiento de los homolars y desarrollo de los comités de sol dados) que, combinándose con el levantamiento y el armamento de las masas iraníes, trastocaran este esquema preestablecido.

Tras el derrocamiento de Bajtiar y la instalación del gobierno de Mehdi Bazargan, en el seno del dejado de aparecer querellas y divicada vez con más vigor durante las grandes crisis a que ha tenido que

Hasta tal punto que durante las elecciones a la Asamblea de Expertos en julio de 1979, el ayatolla

Madari, que creado su propio Partido del Pueblo Islámico, para oponerse al Partido Republicano Islámico de los ayatollas Behechti y Jomeini, llamó al boicot a las elecciones y blandió amenazas de guerra civil y para denunciar las irregularidades cometidas.

cómo el ayatolla Talleghani se había opuesto a Jomeini y al ala más integrista del clero chiíta desde el inicio del nuevo régimen, en torno a la le.

galización de las organızaciones guerrilleras y del PC.

Es evidente que el conjunto de la jerarquía chiíta desempeña actualcontrarrevolucionario, es que trata de frenar el proceso de revolución permanente, el desarroción y las luchas de las masas

Basta con valorar la actitud de todos los ayatollas en torno a una cuestión tan decisiva como la cuestodos, desde el procurador Jaljali hasta Taleghani, han denunciado el movimiento kurdo y aprobado, vención del ejército y de los

Pasdars, los Guardianes de la Revolución. Pero al cabo de pocas semanas, y vista la imposibilidad de una victoria militar rápida y aplastante contra los peshmergas, se ha visto resurgir las antiguas divisiones entre partidarios de la negociación defensores a ultranza de la intervención militar.

Dos opciones contrarrevolucionarias

Para simplificar, en el seno del clero chiíta existen dos grandes opciones. No se trața de una oposición entre «reaccionarios» у «progresistas», como han querido ver las organizaciones guerrilleristas, los muyahedines y los fedayines, revolucionarias, distintas por los medios que aplican para alcanzar sus fines, y que constituyen las dos caras de los mismos intereses de clase. Están los que continúan pregonando una vía «constitucional», es decir, que se proponen, Chariat Madari, que el movimiento de masas se desvíe al terreno de un parlamentarismo estrecho, limitado, vigilado. Es por esto que Chariat Madari sigue proponiendo hoy el retorno a la Constifución de 1906, la reinstauración de un Estado de derecho, etc.

También hay quienes, como Jomeini, piensan, en cambio, que no se podrán evitar las pruebas de fuerza y que habrá que aplastar al movimiento de masas. Mediante una política populista que mezcla medidas sociales, trata de organizar a una parte de las clases medias (bazaris) y de los elementos plebeyos de forma autónoma, para contra el movimiento obrero y las

No cabe duda que estas dos varias cuestiones clave, como:

— la preservación al máximo posi-

Able del antiguo aparato estatal de la dictadura, aunque en este terreno también discrepen en torno a los medios de controlarlo, y son evidentes también las batallas de influencia entre las diversas frac-

— la garantia de la propiedad privada frente al movimiento por el control obrero en las fábricas y frente a las ocupaciones de tierras;

— el mantenimiento de la «integridad del territorio», es decir, el rechazo de conceder aunque sólo fuera un régimen de autonomía a las minorías nacionales que representan más del 60% de la pobla-

- la negativa a conceder el conjunto de las libertades democráticas sin restricción. En este terreno| las divergencias de orientación entre un Chariat Madari y un Jomeini hacen que uno pueda parecer más «liberal» que otro.

Pero basta con observar algunas cuestiones clave, como ejemplo los derechos de las mujeres, los derechos de las organizaciones obreras, la libertad de prensa, para medir los limites de las críticas que puede desarrollar tal o cual ala de la jerarquía.

Fuerza conservador burguesa, la jerarquía chiita reproduce ni más ni menos que las taras de esta bur-

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guesia semicolonial, incapaz de llevar a cabo una revolución, aunque sólo sea democrático-burguesa, «hasta el final». mecánicamente que la religión, la ornamentación teológica de estas políticas contrarrevolucionarias, se reduce a un mero instrumento ires? Sin duda nadie niega que lo :ca. El Islam es a la vez una religión del individuo (el creyente) y de la comunidad (la umma), pero que se niega a tener en cuenta, y sociales (por ejemplo, el papel simbólico, exclusivamente simbólico, de la Zakat, ese impuesto religioso que quisiera que los musulmanes más ricos entregaran a la comuexcedente, elimiconcreto, que las milicias Jomeinistas intervienen en las fábricas para disolver los sindicatos de clase o los comités, explicando que no se autónoma de la clase obrera: «Acaso los trabajadores y patronos no son ante todo buenos creyentes, pues este es el lazo que define y deli mita a la comunidad musulmana..»

El Islam desempeña también un escatología mesiánica. Como toda de desposeer al individuo de una parte de su soberanía en beneficio, ya de un supremo salvador que «está por venir» (es la versión atentista y pasiva del mesianismo), marcado con el signo de Dios (9).

Basta con ver actualmente cómo en el proyecto de constitución elaborado por Jomeini las limitacio'nes a la democracia representativa burguesa se justifican en nombre del chiísmo. Se dice que durante el todos los gobiernos son ilegítimos, pero que el menos malo es el gobierno de los ulemas. impondrán o tratarán de imponer las clases dominantes iranies ejercicio de las libertades democrático-burguesas (principio del sufragio universal, principio de la superioridad de los organismos nombrados o autoproetc.) va a adoptar la por la jerarquía chiíta.

Pero una vez hemos recordado este papel mistificador y chartambién se aplica al cristianismo, al judaismo, etc.), de ello no se lucha concreta contra una política burguesa que se disfraza con el turbante del Islam se desarrollará exclusiva o ni siquiera prioritariamente en el terreno de la crítica racional de la ideología religiosa. Una forma social de la conciencia

El Islam, como por lo demás toda religión, no se reduce al terreno de la idea pura, a un cuerpo doctrinal. También constituye una Gramsci explicaba que en una misma religión, a la sazón la católica, bajo la aparente homogeneidad ideológica existe de hecho una subsociales: «Toda religión (y partiprecisamente debido a sus esfuerzos por permanecer unitaria superficialmente, para no realidad una multiplicidad de relicontradictorias. Existe un catolicismo de los campesinos, un catolicismo de las mujeres y un catolicismo de los intelectuales, que también está velado y es incoheevidentemente al Islam chiita, otra religión de vocación universal, en la que se reconoce el 90% de los iraníes, es decir, casi todo el espectro social iraní. Cuando Jomeini anuncia, 24 horas después del final de una insurrección, que quedarse con un arma es un «haram» (tabú religioso), cuando explica que los separatistas kurdos o árabes son «corruptores en la tierra» (el peor

Men la tradición chiíta), cuando proclama que los comunisNacional Democrático, los dirigentes del Partido Democrático Kurdo son «hijos de Satanás», cuando Jomeini cubre su papel bonapartista con el mandato de la religión y se hace proclamar «Nayeb-eteniente», el representante en la tierra del «Imán oculto», el chiísmo aparece ante todo como instrumento de una política, burguesa y contrarrevolucionaria.

Para el bazari, o el terrateniente, el Islam es ante todo la garantía de la propiedad privada... Es en nombre del Corán que los terratenientes enviarán a los Guardianes de la revolución para evitar que los campesinos sin tierra ocupen sus haciendas.

El bazari, que durante 15 años ha notado cómo la industrialización podía amenazar su existencia social, encuentra en la tradición

Santo, escrito por

Mahoma para los comerciantes de la Meca y de Medina, la garantía de su porvenir, la garantía de que la institución familiar no se transseguirán siendo acordados entre

Ve en la consigna de República Islámica la posibilidad que ès le ofrece por primera vez de participar en los asuntos públicos y

Pero además, el Islam le aporta al tendero, con cada plegaria de los viernes, el suplemento de alma, el trozo de epopeya con que sueña y que necesita, como el patriotismo y la Declaración de los Derechos Humanos servían al pequeño burgués y al pequeño campesino francés del siglo XIX para cubrir con un ideal universal sus egoísmos particulares El Chiísmo del trabajador

En cambio, para los trabajadores de las ciudades y del campo, la revolución, aunque haya sido realirepresenta una cosa muy distinta. Para ellos, la afirmación islámica contra la opresión y la explotación; es la voluntad de terminar con las deudas y la usura que fuerzan al campesino a abandonar sus tierras. Es la voluntad de este campesino «liberado» (en el sentido en que ha quedado «libre» de no tener más fuerza de trabajo que vender) Terminar con el infierno de las chabolas del sur de Teherán, de electricidad, una escuela para sus niños, y de no tener que ver como en cada estación República Islámica, el Islam significa ante todo la reconquista una dignidad negada, el derecho de gozar de las riquezas que produce, de controlar los inmensos recursos con este método que los marxistas revolucionarios abordan tervención política. Nadie puede creer que habrá que empezar por persuadir a los trabajadores campesinos iraníes que dejen creer en Dios para ganar después la batalla que desarrollamos por la profundización del proceso revolucionario, por el transcrecimiento enfoque idealista, que piensa que Idea, es el principal obstáculo para el progreso de la revolución irani. Seria colocar a la historia «cabeza

Medio Oriente cuando rompió con la corriente heDühring, que pensaba suprimir la religión por decreto, a la prusiana: es en el terreno del mundo real y no de la batalla de las ideas, que se delucha contra la ilustración religiosa. «La abolición de la religión en pueblo, es la exigencia que formula renuncie a las ilusiones en torno a su situación es exigir que renuncie a una situación que necesita ilusiones. La crítica de la religión es, por tanto, en su germen, la critica de este valle de lágrimas del que la religión es la aureola (...) La crítica del Cielo se transforma así en una crítica de la Tierra; la crítica del derecho, la crítica de la teología,

En la batalla por la independencia y la unidad de la clase odefender y ampliar las adquisiciones de la revolución iraní y los demujeres, las minorías nacionales, en el combate por la constitución que esté a la altura de las tareas, se validez de las palabras proféticas

NOTAS: (1) Medhi Mozafari, citado por

Paul Balta, «L'Irán Insurgé», P.

185. (2) Ver primera parte del articuio en Inprecor n" 9.

(3) Yann Richard, Nouvelles Litteraires. (4) Engels subraya, por lo demas, en la «Guerra campesina», cómo uno de los rasgos distintivos de los movimientos reformistas revolucionarios del cristianismo consistía en oponer a la potencia de la Iglesia existente y oficial el culto de un retorno al cristianismo primitivo original. (5) Thierry Brun, articulo aparecido en «Le Monde Diplomatique» julio de 1978.

(6) Ver Paul Balta, op. cit. pág.

167 y siguientes.

(7) Libération, 18 de setiembre de

1978.

(8) «Por un Gobierno islámico»,

Ed. Fayolle, pp. 36-37.

(9) la palabra «ayatolla» significa precisamente «señal de Dios».

(10) «Il materialismo storico e la filosofia di B. Croce».

(11) Karl Marx «Critica de la filosofía del derecho de Hegel».