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La situación política mundial y las tareas de la IV Internacional

Inprecor, número especial: XI Congreso de la IV Internacional, 1980 · pp. 6-38 · 34.672 palabras

IV Internacional Estalinismo URSS Irán

La situación política mundial y las tareas de la IV Internacional Resolución adoptada por el Congreso Mundial por: 92 votos a favor, 7 votos en contra, 11,5 abstenciones y 2,5 que no participaron en la votacion (NPV).

Los cambios más importantes en la situación política mundial desde el Congreso Mundial de la IV Internacional de 1974 pueden ser resumidos así:

1. Un nuevo cambio en la relación de fuerzas entre las clases a nivel internacional en detrimento del imperialismo, como resultado del debilitamiento del capitalismo mundial debido a la derrota del imperialismo norteamericano en Indochina y la primera recesión de mundial desde 1937-38 y el derrocamiento revolucionario del regimen del Sha en Irán y del sus consecuencias en Medio Oriente y en América Latina.

2. El sector colonial y semicolonial continúa siendo altamente explosivo. Nuevas revoluciones sociales seguirán estallando allí antes que se den victorias socialistas en los países imperialistas, como ya ocurrió en Etiopía, en Irán y en Nicaragua. Pero, al mismo tiempo, el peso y el impacto de la lucha de ciases en los países imperialistas sobre la revolución mundial continua acrecentándose, proceso iniciado en 1968. Esto significa una tendencia creciente de las clases contendientes más poderosas del mundo a comprometerse en siendo el levantamiento revolucionario en Portugal en 1974-75 el más reciente y resonante ejemplo.

3. Una tendencia hacia el predominio del proletariado, no solamente en las luchas de clases en los países imperialistas, sino también en las luchas políticas crecientes en los países semi-coloniales y en los estados obreros burocráticamente degenerados o deformados.

4. Una crisis creciente en los aparatos burocráticos colaboracionistas de clases, que controlan los partidos de masas y los sindicatos de la clase obrera en los centros imperialistas y en muchos países semicoloniales. vanguardia de obreros radicalizados está emergiendo y oponiéndose en ciertos problemas claves a la línea capituladora de la burocracia. Sin embargo, esta capa políticamente heterogenea de la clase trabajadora no ha podido todavía organizar una oposición clasista en los

SIRVELEN sindicatos o presentar una alternativa socialista dentro de los partidos de masas, lo cual no puede ser alcanzado sin el crecimiento de la influencia del movimiento marxista revolucionario.

5. La continuación de la tendencia del proceso revolucionario, en los tres sectores de la revolución mundial, a adoptar formas de organización y de lucha predominantemente proletarias, caracterizadas por una intensificación de la lucha de clases, manifestaciones y huelgas de masas, insurrecciones urbanas, la organización de la clase obrera y sus aliados en consejos y comités, una batalla entre las tendencias políticas contendientes por conquistar la mayoría en las organizaciones obreras y una batalla por la conquista del poder proletario para estos órganos de clase, bajo la dirección de un partido bolchevi que.

6. Una crisis del estalinismo mundial conectada con la crisis del capitalismo y el imperialismo. La oposición política continúa creciendo en los Estados Obreros degenerados o deformados, los disidentes dan pruebas de una creciente audacia, buscando formas abiertas para resistir las medidas represivas.

Al mismo tiempo, la exacerbación al nivel estatal del conflicto chino-soviético; la tendencia actual de la política de Pekín de alinearse de manera creciente con las fuerzas reaccionarias, capitalistas e imperialistas contra Moscú y Cuba; y las iniciativas del Kremlin de otorgar cada vez más concesiones a los imperialismos de Europa Occidental, ha dado un carácter excepcionalmente grave a esta crisis del stalinismo.

7. Creciente interacción entre los tres sectores de la revolución mundial. Las luchas de liberación nacional en las colonias portuguesas precipitaron la caída del régimen Salazar-Caetano en el Portugal imperialista. La apertura de la revolución en Lisboa, a su vez, ayudó a la victoria de las luchas por la independenca en las colonias portuguesas. La repercusión afectó a la lucha de clases en el sudoeste de Europa, en Sudáfrica y en Etiopía. La lucha cada vez más amplia por la liberación, convirtió luego a Africa misma en el centro de la revolución colonial en este periodo. Otro ejemplo es el desarrollo de una más directa conexión entre la oposición política en alza en las "democracias populares" como Polonia y Checoslovaquia, el fenómeno del "eurocomunismo" en Europa occidental y

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la radicalización de los obreros en los países imperialistas. Otro ejemplo todavía es la extensión del movimiento de liberación de la mujer de los países capitalistas industrialmente avanzados al mundo colonial y semicolonial.

8. Así, la situación política mundial en su conjunto incremento en las posibilidades crecimiento de la IV Internacional, centrado en ganar cuadros en los estratos decisivos de la clase obrera industrial y en el movimiento obrero. Aunque continúan emergiendo nuevas fuerzas revolucionarias, todavía a revoluciones en curso alcanzar el punto culminante de la conquista del poder por el proletariado y el establecimiento de nuevos Estados Obreros. I. LA CRISIS DEL CAPITALISMO Y LAS PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCION SOCIALISTA 1. El fin del prolongado boom de postguerra en los primeros años de la década del 70, agravó cualitativamente la crisis del capitalismo. Objetivamente ha significado una reducción de los recursos del sistema para restaurar la estabilidad capitalista en aquellos países afectados más profundamente, ya sea por una grave crisis económica o por un fuerte levantamiento de la clase obrera. Las contradicciones y la competencia interimperialistas se han agudizado. La "Nueva Economía Política" de Nixon, en 1971, inició una tentativa de revertir la declinante posición de los Estados Unidos en la competencia interimperialista. En la recesión internacional de 1974-75, cuando el capitalismo europeo, especialmente Italia, España y Portugal requerían ayuda a la escala del Plan Marshall, Washington recortó los préstamos necesarios y trató de forzar a Alemania del Oeste y a los países del petrodólar a proveer los créditos. La capacidad de la burguesía para suavizar la lucha de clases ofreciendo concesiones substanciales a las masas se ha debilitado significativamente en estas circunstancias.

Desde el ángulo subjetivo - esto es, la comprensión política del proletariado— el fin del boom de postguerra ha hecho más fácil la denuncia del mito del "pleno empleo" y del "continuo mejoramiento en el nivel de vida" como posibles de ser alcanzados bajo el capitalismo contemporáneo. Esta incapacidad es tanto más marcada cuanto que el fin del boom señaló el comienzo de una ofensiva contra el movimiento obrero, ofensiva que constituye uno de los medios fundamentales para restaurar la tasa de ganancia. La reaparición del desempleo masivo y un ataque generalizado al salario real, incluyendo los beneficios de la seguridad social, han socavado más todavia los mitos edificados por los apologistas del sistema capitalista. Lo mismo está comenzando a suceder con la credibilidad de aquellos que arguyen que el capitalismo puede ser reformado y puede funcionar en beneficio de las masas.

2. Aunque no tan severa como la crisis de 1929-32 y 1937-38, la recesión internacional de 1974-75 fué la más grave desde entonces. Como en toda crisis económica capitalista, ésta resultó de la tendencia declinante de la tasa media de ganancia y de la tendencia de las fuerzas productivas a sobrepasar la capacidad de compra de los consumidores, limitada por las relaciones capitalistas de producción y distribución. La "capacidad excedente" claro, ha golpeado a muchas de las ramas claves de la economia capitalista internacional. La recesión de 1974 75 y el subsiguiente período de recuperación limitada, incluyó aspectos particulares como inflación continua y una sucesión de crisis bancarias que amenazaron con precipitar un pánico internacional.

Mientras la duración de la recesión fue limitada por un déficit masivo dei presupuesto, especialmente en los Estados Unidos, Japón, Francia, Inglaterra e Italia, y con menos extensión en Alemania Occidental, este hecho sólo subrayó el dilema que afronta la burguesía. La recesión no puede ser mitigada sin ayuda de la inflación. La inflación permanente, sin embärgo, es cada vez menos un motor y cada vez más un freno para la expansión. Los golpes al sistema monetario internacional y la crisis permanente del dólar, se combinan a su vez con un proteccionismo exacerbado para limitar la expansión del comercio mundial, provocando aún nuevas contracciones del volumen del intercambio internacional. Las contradicciones del sistema se presentan más violentamente después de haber sido contenidas parcialmente durante décadas por técnicas inflacionarias neokeynesianas.

Así, se acumulan evidencias mostrando de modo concluyente que con el fin de la década de los 60, la economía capitalista mundial entró en un periodo de baja tasa de crecimiento, recuperaciones más cortas y más débiles y recesiones más profundas que en las dos décadas previas. La naturaleza de la recuperación posterior a 1974-75 fue desigual, dubitativa, inflacionista y carente de impetu. A fines de 1979, una nueva recesión aparece en el horizonte.

Esto no significa una crisis económica perpetua, sin nuevas recuperaciones periódicas en la producción y el empleo. Y no significa que el capital internacional es incapaz de esfuerzos para restaurar la tasa de ganancia y reunudar la acumulación de capital. Tales esfuerzos no solo implican una ofensiva de carácter mundial contra el trabajo. También implican una intensificación de la competencia y una intensificación de la concentración y centralización del capital, en la cual las firmas menos rentables y aún a veces ramas enteras de la industria nacional son eliminadas en favor de otras más rentables. Estos manejos significan un esfuerzo por reestructurar la producción capitalista y el mercado capitalista mundial, incluyendo transferencias masivas de capitales entre varios sectores de la economía imperialista internacional y entre los sectores imperialistas y algunos de los sectores más fuertes de las clases dominantes semicoloniales. La creciente internacionalización del capital y la emergencia de las Ilamadas corporaciones multinacionales o transnacionales como la forma típica de organización de los trusts más grandes, facilita estos movimientos de reestructuración de la economía capitalista internacional.

Lo que debe ser subrayado, sin embargo, es que ni la amplitud de estos movimientos ni los resultados obtenidos por la ofensiva mundial cóntra los trabajadores puede hacer posible un crecimiento cualitativo en la tasa media de ganancia, facilitando de ese modo la acumulación de capital y las inversiones productivas. Las fuerzas que llevan al estancamiento siguen siendo profundas y predominanates. Y solo parcialmente pueden ser neutrali zadas por las medidas que adopte la burguesía. Para revertir radicalmente esta dinámica se requieren mayores derrotas de las masas. Esto podría abrir la vía a un incremento en los gastos para armamento, poniendo en la agenda mundial guerras destinadas a recobrar algunas de las áreas perdidas por el capital a través de revoluciones socialistas victoriosas. Sin embargo, tales. catastróficas derrotas de las fuerzas anticapitalistas a escala mundial, siguen siendo extremadamente improbables. En todo caso, los esfuerzos por imponer estas derrotas promoverían de tal manera la lucha de clases, que se presentarían nuevas oportunidades para revoluciones socialistas victoriosas.

3. Uno de los aspectos más significativos de la situación mundial es el continuo debilitamiento de la dominación del imperialismo norteamericano sobre el capitalismo internacional. En comparación con la situación de

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postguerra, 1945-1970, esta declinación ha adquirido proporciones impresionantes, de la cual la erosión del dólar por la inflación no es mas que una manifestación.

El imperialismo norteamericano ha perdido su posición de superioridad tecnológica absoluta, frente al menos a un competidor, en la mayoría de las ramas de la industria. Y en algunas, donde todavía sobrevive su superioridad (industria nuclear, aviación, producción de satélites y fabricación de computadoras) el desafío de los competidores es creciente. El primer lugar en las exportaciones de bienes manufacturados ha sido tomado ahora por el imperialismo germano-occidental y el imperialismo japonés está cerca de alcanzar el segundo lugar. En la tasa media de productividad industrial del trabajo, el imperialismo norteamericano está siendo sobrepasado por sus principales competidores. Incluso está siendo desafiado ahora en la exportación de capitales y en la banca internacional. Las corporaciones multinacionales europeas y japonesas están acercándose numéricamente a las norteamericanas. Y compiten ferozmente, no sólo en otros continentes, sino en los Estados Unidos mismos.

Ciertamente, la superioridad política y militar de los imperialistas norteamericanos sobre sus socios-competidores sigue siendo de importancia clave en esta lucha. La dominación de Washington está basada en la dimensión mundial de la economía norteamericana, un acceso relativamente mayor a las materias primas a escala mundial, especialmente petróleo y en las decenas de miles de armas nucleares guardadas en posición de fuego por el Pentágono. En 1977-78, por ejemplo, los aviones de combate de Alemania Occidental llegaron a 642. Los bombarderos estratégicos norteamericanos eran 644 aviones y las fuerzas militares de EE.UU. tenían 5.796 aviones de combate más. Esta superioridad está siendo usada una y otra vez por el imperialismo norteamericano para obtener ventajas económicas, financieras y políticas. De mayor significación que la superioridad numérica de la fuerza aérea norteamericana es la debilidad general del capitalismo europeo y japonés frente a la Unión Soviética, así como su mayor inestabilidad social, resultante de un grado más elevado de politización del movimiento obrero. Esto aparecería con toda claridad en cualquier confrontación real.

Mientras el Mercado Común Europeo ha resistido el test de la primera recesión que abarcó a todos sus países miembros, no ha hecho ningún progreso hacia una mayor integración económica, monetaria y política. Esto es estancarse. Y se debe entre otras razones, al rol dominante jugado por aquellas fracciones en la clase capitalista que confían y continuarán confiando en las instituciones de su propio Estado ante una crisis explosiva. Sin embargo, la supervivencia del MCE prueba la creciente interdependencia de las economías de todos los países capitalistas miembros. La disolución del MCE sería un desastre para la mayoría de ellos. Es significativo que cárteles de acero y petroquímica y la limitación de importaciones textiles de los países semicoloniales. de similar significación es el hecho de que no haya a la vista posibilidad de reemplazar el debilitado dólar por una moneda europea común y esto a pesar de la creación del sistema monetario europeo. Aunque el peso específico del imperialismo germano occidental ha aumentado sin duda dentro de la Europa capitalista, los obstáculos políticos para la dominación germano-occidental en Europa siguen siendo formidables. Ninguna "superpotencia" europea está a punto de aparecer.

La idea de que el imperialismo norteamericano es capaz, por sí mismo o en colusión con la burocracia soviética, de detener las revoluciones en los países semicoloniales o imperialistas no representa un juicio serio de lo que está sucediendo en el mundo. La dinámica histórica es hacia la reducción -no el crecimiento- de la preponderancia imperialista. La evidencia de los años recientes muestra la capacidad de las masas para desafíar al imperialismo con éxito. Lo que han sido capaces de lograr la pequeña población de Cuba o los pueblos de Indochina, puede ser emulado con toda seguridad por el poderoso proletariado de los países imperialistas.

El fin del boom de postguerra indudablemente hizo más dura la competencia interimperialista, pero esto no significa que la alianza imperialista se va a romper, poniendo una vez más como perspectiva una guerra interimperialista. Todos los conflictos y tensiones se dan dentro de la alianza imperialista, una alianza para contrarrestar los éxitos del proceso revolucionario mundial y la fuerza de los Estados Obreros, peligros de muerte para la sobrevivencia del imperialismo y el capitalismo. Varias potencias imperialistas tratan de alterar la relación de fuerzas dentro de su alianza; regatean, recurren al chantaje, miden cada ventaja, buscan brutalmente debilitar a sus competidores. El colapso de la banca mundial, que estuvo a punto de ocurrir en 1974, ilustra hasta qué punto la competencia anárquica entre estos poderes puede empujarlos hacia la bancarrota financiera, antes de retroceder invocando la acción común en un esfuerzo por salvar el sistema bancario capitalista mundial. Pero no buscan romper el frente común contra el avance de la revolución socialista. Ellos actuan en colusión para contenerla.

4. El mayor peligro del mundo capitalista reside en el hecho de que el fin del boom de postguerra y la apertura de un prolongado retraimiento en su economía internacional, coincide con un aumento de la fortaleza organizativa y un alza en el nivel de militancia del proletariado en casi todos los países imperialistas. Al mismo tiempo, la profundidad de la crisis social y política excluye la posibilidad de que la clase capitalista soborne a la clase obrera a través de concesiones sociales masivas y reformas del tipo "New Deal".

Aunque las clases dirigentes en los países imperialistas han obtenido algunos triunfos (los resultados de los acontecimientos de noviembre de 1975 en Potugal son el ejemplo más impresionante), no han conseguido infligir una derrota decisiva, ni de gran amplitud, a la clase obrera de ninguno de esos paises. A pesar del retraso en conciencia política de la clase obrera en países como los EE.UU. o Alemania Occidental, a pesar del desempleo masivo y el reforzamiento que esto da a la ofensiva antiobrera internacional y a pesar del apoyo dado por los burócratas de austeridad promovidas por la burguesía, el proletariado ha retenido su capacidad de lucha en todas partes. La huelga de los mineros del carbón en los EEUU, así como la huelga de los portuarios, gráficos y metalúrgicos germano-occidentales al comienzo de 1978, demuestran que aún en los países imperialistas más estables, cuando los capitalistas lanzan su ofensiva, la clase obrera se demuestra capaz de responder con poderosas medidas defensivas. Por otra índices confirman trabajadores se levantan contra la ofensiva de "austeridad" en Gran Bretaña, en Canadá, en Italia, en España, en Dinamarca. La gradual extensión de la lucha por la semana de 35 horas en varios países imperialistas es otro testimonio de este curso.

En último análisis, por supuesto, una erupción espontánea de los trabajadores contra la ofensiva combinada de los patrones y el Estado burgués no puede por sí misma obtener un éxito duradero. En Italina, vienen dándose, desde hace casi 10 años, reacciones de las bases de una militancia y una duración inusuales, sin haber logrado evitar los ataques renovados y más peligrosos que ahora están montando las fuerzas capitalistas. De hecho, si no se abre una perspectiva de

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solución socialista a la crisis, la prolongada inestabilidad puede provocar desmoralización entre los obreros. El grado de éxito de la resistencia de la clase obrera a la ofensiva burguesa y la capacidad de los trabajadores para dar lugar a una contraofensiva claramente anticapitalista, que pueda plantear la caída del capitalismo, depende de los siguientes grandes factores:

a) La aparición de una capa creciente de trabajadores radicalizados que, en algunos países, pueden estar ya parcialmente representada por amplias corrientes de oposición en el interior de los sindicatos.

b) Su organización en un ala de izquierda clasista, opuesta a la política colaboracionista de clases de los dirigentes burocráticos de sindicatos y los partidos socialdemócratas y estalinistas.

c) La movilización de estas alas izquierdas proletarias, apoyándose en parte en la autoridad adquirida gracias al papel dirigente que ya comienzan a jugar en las luchas de masas, en vistas a reemplazar las direcciones de colaboración de clases.

d) La participación de un número creciente de estos militantes, en etapas sucesivas y a medida que ellos avanzan en comprensión política, hacia la construcción de un partido revolucionario.

La combinación de estos elementos indispensables aún no ha aparecido en ningún país imperialista. Es este factor subjetivo y no la mayor fuerza objetiva o la flexibilidad del capitalismo, lo que explica porqué la burguesía consigue liberarse por el momento de la situación extremadamente peligrosa que afrontó en el sudoeste de Europa en 197475 (revolución portuguesa, alza de las luchas de la clase obrera en España e Italia, nueva ola de radicalización en Francia).

Los capitalistas no han tenido éxito en estabilizar la situación tal como lo hicieron en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Están lejos de ello. Agudas luchas de clases continuarán en el futuro inmediato, especialmente en el sudoeste de Europa, pero también en Inglaterra y otros países imperialistas. Mientras que una confrontación decisiva puede ser diferida por un cierto tiempo, con sucesivas alzas y bajas de la lucha de clases, la situación general sigue siendo explosiva. El carácter del periodo próximo, favorece así la emergencia de una capa militante de trabajadores, capaces de combatir la orientación colaboracionista de clases de las burocracias de los partidos socialdemócratas y comunistas y de los sindicatos y de avanzar en una dirección revolucionaria. Esto significa grandes oportunidades para construir fuertes organizaciones marxistas revolucionarias.

5. La crisis política de la burguesía y sus aparatos de gobierno constituye otro fundamento de inestabilidad. Varias tendencias históricas concurren en esta crisis de dirección.

El debilitamiento de la hegemonía absoluta del imperialismo norteamericano sobre el capitalismo mundial vencedor de la Segunda Guerra Mundial, unido a los efectos de la derrota en Vietnam, ha creado una parálisis parcial que ninguna otra potenica imperialista, o ninguna combinación de potencias imperialistas ha sido capaz de vencer. Esto ha llevado a retrasar sistemáticamente las decisiones o a la incapacidad de imponer decisiones ya tomadas en varios campos de la economía y la política mundiales. Esto quedó claramente demostrado durante la recesión de 1974-75 y la crisis monetaria que la acompañó y la siguió.

Los gigantescos trusts (corporaciones "multinacionales'") continúan presionando por obtener superganancias independientemente de los efectos que esto pueda tener sobre las políticas de sus propios gobiernos. Las multinacionales norteamericanas utilizan sus masivas reservas líquidas para especular contra el dólar. Las multinacionales germano-occidentales desafían la política de su gobierno, que intenta reducir el desempleo e incrementar la exportación de capital. Las multinacionales británicas hacen lo propio en una escala mayor. La industria nuclear y la aviación francesas, están entrando en empresas conjuntas con otras firmas europeas a pesar de la retórica gaullista.

El crecimiento masivo de los gastos del Estado y sus rentas —requerido desde 1930 para estimular la acumulación de capital, garantizar la ganancia monopólica, expandir la maquinaria militar y reducir tensiones sociales- exige crecientemente que se cargue una parte mayor de la presión tributaria sobre las espaldas de los trabajadores. En conjunción con la ofensiva antiobrera, están haciendo incursiones contra la seguridad social y recortes a los servicios públicos y otras conquistas de los trabajadores. Estan obligados a hacer esto porque el déficit de los presupuestos, en gran escala, alimenta ia espiral inflacionaria y amenaza con un colapso mundial de la banca. Pero este curso es decididamente opuesto a las expectativas creadas en las masas por años de concesiones gubernamentales en el terreno de las prestaciones y la legislación social.

Estas medidas antipopulares coinciden con un creciente escepticismo sobra la naturaleza de la política burguesa (corrupción, combinación entre los negocios "legítimos" e "ilegítimos" ,, escandalos como Watergate en EEUU, Lockheed en Japón e Italia, etc.). La credibilidad de los partidos políticos burgueses, se erosiona más aun cuando las circunstancias económicas los obligan a tomar medidas de "austeridad".

Pero, nuevamente, esta crisis de dirección política burguesa, que refleja en último análisis la profunda crisis estructural del capitalismo, no debería dar lugar a la compiacencia entre los marxistas revolucionarios. La crisis señalada no significa que los políticos burgueses son incapaces de enfrentar los desafíos que se les presentan cada vez con mayor frecuencia. No significa que ya no sean capaces de lanzar un ataque contra los derechos democráticos y contra el movimiento obrero en su conjunto. De hecho, el curso general es hacia un fortalecimiento del aparato represivo del Estado y la eliminación de los derechos democráticos fundamentales; esto es, una dinámica hacia la imposición del "Estado fuerte"'. Hasta el momento en ninguna parte la burguesía para imponer una dictadura militar o semifascista, ni ha debilitado a la clase obrera hasta el grado necesario para que estas empresas sean posibles.

Mientras la crisis del orden político burgués en una serie de Estados imperialistas de Europa - especialmente Europa del sudoeste, parcialmente también en Gran Bretaña, Bélgica, Dinamarca- emana de la amenaza de una directa confrontación anticapitalista con la clase obrera, su origen es más complejo en los Estados Unidos y Japón.

En EEUU la , crisis es el resultado de olas de radicalización de masas de las décadas de 1960 y 1970, ante las cuales la ciase dominante fue incapaz de encontrar soluciones que satisficieran a las masas. E capitalismo norteamericano todavía tiene tremendas reservas y sigue siendo más rico que cualquier otro sector del sistema capitalista mundial. Todavía es capaz de recuperar dirigentes del movimiento de masas que no se guian

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por una clara comprensión marxista. Muchos dirigentes negros, chicanos, feministas y estudiantiles han sido sobornados de esta manera. Los capitalistas, a través de su sistema bipartidista, esperan poder hacer lo mismo con la creciente capa de sindicalistas radicalizados, quienes tendrán que luchar por edificar un revitalizado y democrático movimiento obrero y por un partido obrero independiente, como componente político clave de una alternativa de lucha de clases frente a la burocracia

A pesar de su riqueza, el imperialismo norteamericano carece de los recursos necesarios para vencer simultáneamente la crisis de acumulación de capital, defender su posición en el mercado mundial, jugar el rol de gendarme mundial del sistema capitalista y garantizar concesiones de tal magnitud como para desviar al movimiento de masas emergente en su totalidad. La manera en que la guerra de Vietnam se llevó a cabo y el modo en que luego terminó; la forma en que la clase dirigente está tratando de recuperar concesiones antes garantizadas a los movimientos de negros y las mujeres; el ataque general está lanzándose contra el nivel de vida, las condiciones de trabajo y los derechos sindicales; la forma en que está siendo institucionalizado el desempleo masivo y especialmente el desempleo en la juventud; el hecho de que la administración Carter haya sido incapaz de vencer la profunda desconfiariza hacia la presidencia y otras instituciones capitalistas generada por la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate; y la creciente polarización de clases, incluido el crecimiento de la demagogia derechista, son otros tantos indicadores de los estrechos límites de adaptabilidad con los cuales la clase capitalista de EEUU se ve confrontada. Lo más importante de todo es el creciente reflejo dentro de los sindicatos industriales de los amplios problemas planteados por la resistencia de los oprimidos y el estado de la protesta social en EEUU.

• La crisis del Estado federal de Canadá, así como la incapacidad del Partido de Quebec, ahora en el poder en Quebec, para satisfacer las exigencias básicas nacionales y sociales de las amplias masas y la resistencia en alza en el movimiento obrero canadiense, expresan fundamentalmente el mismo curso.

La remarcable reaparición del imperialismo japonés como una de las potencias industriales y financieras dirigentes a nivel mundial, después de su aplastante derrota a nivel mundial, ha sido subrayada durante más de dos décadas por un cierto número de líneas básicas: una íntima alianza política y militar con el imperialismo norteamericano; gastos militares extremadamente limitados; seguridad de trabajo para un tercio de la clase obrera japonesa bajo condiciones de rápida expansión de la producción y la productividad; gran estabilidad política interna (dirigida por el mismo partido político, el Partido Demócrata Liberal, PDL); lenta expansión de la exportación de capital hacia el Este y el Sudeste de Asia, evitando reanimar los sentimientos locales anti-japoneses con raíces en la Segunda Guerra Mundial, expansión netamente inferior al sensacional éxito de la exportación de mercancías japonesas no sólo a Asia, sino también a Australia, los EEUU y ciertos países de América Latina.

Estas características aparentemente permanentes del relaciones americano-japonesas son sacudidas por la aguda competencia entre estas dos potencias imperialistas. La tasa de expansión de exportación de mercancías no puede ser mantenida a largo plazo sin una vigorosa expansión de la exportación de capitales, que ha alcanzado ya un nivel sin precedentes. La seguridad de trabajo no puede ser garantizada ya a los obreros, ni siquiera por los más grandes trusts. Los gastos militares crecerán significativamente. Todos estos cambios significan una profunda crisis para el sistema de dominación política del PDL, que hubiera caido ya durante el escándalo Lockheed a no ser por la lamentable conducta de la burocracia reformista obrera. La incapacidad de la burocracia laborista para presentar una alternativa radical, como solución creíble a la crisis del capitalismo japonés, es el principal factor que permite a la burguesía japonesa combinar su ofensiva antiobrera y su agresiva línea de exportación de capitales a todo el área del Pacífico, con una gradual adaptación de su sistema político de gobierno, sin correr el riesgo de explosiones políticas y sociales que amenacen derrumbarlo a cortoplazo. Pero aún más que en los EEUU, los límites de adaptabilidad se han estrechado. La inestabilidad del capitalismo japonés será confirmada por una sucesión de crisis en los próximos años.

6. Lo que afrontamos es una crisis general de todas las relaciones sociales y las instituciones burguesas, crisis que es anterior al cambio de internacional. El giro en Europa capitalista fueron los. acontecimientos de mayo 1968 en Francia y los desarrollos posteriores en Italia y otros lugáres. Esto fue anticipado por la radicalización de la década de 1960 y los comienzos de 1970 en paises como Italia, EEUU, Japón, Australia y Alemania Occidental. Las fuerzas que alimentan esta radicalización y socavan la estabilidad de las instituciones burguesas incluyen al movimiento de la liberación de la mujer, el movimiento de la juventud, los estudiantes y el movimiento antinuclear. De especial importancia son la lucha de Irlanda contra el imperialismo británico y los movimientos de liberación de nacionalidades oprimidas como los de Quebec en Canadá, los vascos y catalanes en España y los negros y chicanos en EEUU.

Las crisis general de las relaciones sociales y de las instituciones burguesas, ha sido nutrida por los propios éxitos que el capitalismo pudo todavía alcanzar en el período precedente de económica, creciente proletarización de las clases medias; progresos tecnológicos; alza relativa en el nivel de vida y de cultura de la clase trabajadora). La necesidad objetiva de introducir la planificación en el desarrollo ulterior de las tremendas fuerzas productivas construidas capitalismo, choca más y más con las relaciones sociales y de producción capitalistas. Más elocuente aún es el choque entre las cada día mayores necesidades y expetativas de las masas y la incapacidad del capitalismo para autodeterminación, emancipación de la mujer, educación, protección del ambiente, eliminación de la contaminación nuclear, etc.). La destrucción del medio ambiente se ha convertido ahora en un problema permanente y acumulativo, independientemente de las alzas y bajas del ciclo económico.

La radicalización y creciente proletarización de los aliados de la clase obrera es un significativo indicador de la profundidad de la crisis económica y política que afronta la burguesía. Enormes fuerzas que se extienden más allá del proletariado estan implicadas. Las nacionalidades oprimidas, mujeres, jóvenes, trabajadores del campo y campesinos pobres, soldados. Sectores de estos aliados se identifican con el proletariado y en algunos casos se convierten en sólidos componentes de la clase obrera. Sus batallas afectan al movimiento obrero, ayudando a radicalizar a las bases, planteando nuevos problemas que reclaman unidad de acción. Los aliados de la clase obrera son afectados por las actitudes de los sindicatos y los partidos obreros de masas, sobre todo por la poderosa ayuda que pueden obtener de ellos. Es el componente doblemente oprimido del proletariado quien ha sido golpeado más duramente por la ofensiva de austeridad. En cada país los gobernantes han tratado de profundizar la división de la clase obrera.

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Temerosas de las explosiones incontrolables, las burocracias colaboracionistas de clases se oponen a alentar y fortalecer los lazos de unión con los aliados naturales de los trabajadores. En la medida que están obligadas a expresar un apoyo a unas u otras reivindicaciones de estos movimientos, lo hacen con el fin de arrastrarlos hacia los canales de colaboración de clase, y para subordinarlos a los proyectos reformistas. Los marxistas revolucionarios, por el contrario, encabezan las demandas progresistas levantadas por estos aliados y urgen al movimiento obrero a poner su fuerza tras estas luchas. El propósito es hacer avanzar la revolución socialista, que combina la lucha por los objetivos principales de todas estas fuerzas, puesto que su objetivo es suprimir la explotación y eliminar toda forma de opresión.

El desafío cada vez mayor a los valores instituciones de la burguesía (la familia, el sistema educativo, el ejército, el gobierno y el Estado, la estructura jerárquica de las instituciones capitalistas y especialmente de la fábrica) refleja la crisis objetiva del orden burgués.

Como parte de su ofensiva antiobrera, la burguesía ha organizado una contraofensiva en el plano de las ideas (antimarxismo, "nuevos filósofos" "crecimiento cero", y "derecho a la vida'"). Esta ofensiva ha sido poderosamente ayudada por las burocracias de los partidos socialdemócratas y comunistas, quienes repetidamente han capitulado ideológica y políticamente frente al deseo de luchar contra la ofensiva capitalista. Ha sido ayudada especialmente por la bancarrota ideológica y moral del estalinismo y por la repulsiva imagen del "socialismo" de las castas burocráticas existentes en la URSS, China y Europa del Este.

Si la resolución de la crisis se prolonga a causa de la incapacidad del movimiento obrero para reemplazar a las burocracias colaboracionistas de clases y de luchar por una reorganización radical creíble de la sociedad, la radicalizados -incluída la juventud desempleada- que podrían ser movilizados como aliados de la clase obrera, pueden comenzar a desmoralizarse y a girar hacia líneas de acción desesperadas tales como el terrorismo. En último análisis tal frustración sócial favorecería crecimiento de las fuerzas de derecha. La criminal responsabilidad del reformismo, el estalinismo y sindicalismo burocrático en este eventual proceso, debe ser especialmente subrayada.

Por el momento, sin embargo, la tendencia predominante es la de la radicalización de las masas, lo cual abre perspectivas esperanzadoras. Por ejemplo, el alza de la lucha de las nacionalidades oprimidas ayudando al despertar político, la actividad y la radicalización de otros sectores oprimidos, así como a la mayor parte del proletariado. El alza de los movimientos de liberación de la mujer ha dado impetu a las luchas contra otros aspectos de opresión sexual, especialmente la opresión de los homosexuales que se manifiesta en todos los países. Apoyando las reivindicaciones progresivas levantadas por homosexuales y lesbianas, los revolucionarios participan en las campañas contra toda forma de discriminación contra ellos. La radicalización de la juventud, que incluye una parte importante de la juventud trabajadora, ha tenido efectos similares. El creciente desempleo entre los "trabajadores de cuello blanco" , ha comenzado a radicalizar a este sector cada vez más sindicalizado de la clase obrera. Trabajadores del campo y campesinos pobres constituyen fuentes adicionales de fuerza. Uno de los objetivos de los marxistas revolucionarios es combinar estas distintas fuerzas en un poderoso movimiento anticapitalista.

A estas fuerzas habría que agregar a los defensores de los intereses de los consumidores, luchadores del frente ecologista, oponentes a las armas nucleares y aquellos que estan protestando contra las instalaciones nucleares porque éstas no ofrecen seguridad. Demostraciones antinucleares, con decenas de miles de participantes comenzaron en 1977, particularmente en Europa occidental y Australia. También en EEUU el movimiento ha crecido rápidamente, dando lugar a manifestaciones combativas. En Francia y Alemania Occidental el movimiento antinuclear tomó las dimensiones de una nueva fuerza política. La dirección del movimiento antinuclear va contra el capitalismo y sus gobiernos. Quienes elevan la protesta por lo general tienen claro las responsabilidades de los gobiernos en este problema. El movimiento levanta también implícitamente la cuestión de la organización capitalista de la economía, en la medida en que denuncia los peligros inherentes a la búsqueda de la ganancia, en el estadio actual de desarrollo de la tecnología.

Hay tres aspectos en el movimiento antinuclear.

a) Se opone a la construcción de centrales nucleares. Porque especialmente los problemas de los residuos, de los niveles de radiación, de prevención de accidentes, de la regeneración y también la extracción del uranio, no estan aún resueltos, la protesta extenderse, a medida que la opinión pública conozca con mayor detalle la amplitud del peligro.

b) Se opone a la construcción, prueba, acumulación y utilización de armas nucleares. Esto crea el potencial para acciones de masas en la tradición del movimiento antiguerra, que para la IV Internacional tiene el máximo interés en alentar.

c) Pone en evidencia las limitaciones de la democracia burguesa, probando que las grandes decisiones estan fuera del control del pueblo directamente implicado y fuera de la información

7. Como resultado, no sólamente de los movimientos de protesta del proletariado y sus aliados y de las luchas de masas prerrevolucionarias, sino también como de la clarificación programática y los avances en los análisis marxistas, la vanguardia obrera tiene una clara comprensión de los que será la revolución socialista en los paises industrialmente avanzados. Las principales lecciones se desprenden de Francia en mayo 1968, Portugal en 1974-75, Italia 1969 y 1974 y España 1975-76. También se adquirieron valiosas experiencias en varios

El proletariado industrial constituye la fuerza social más poderosa en la sociedad capitalista. Cuando la amplitud de sus movilizaciones de masas y las formas radicalizadas de su organización se acentúan cualitativamente - y es esta una de las características principales del surgimiento de una crisis revolucionaria, junto a la parálisis creciente y el comienzo de desintegración de los órganos del poder burgués - su fuerza de atracción sobre todos sus aliados potenciales es inmensa. La organización proletaria, generalizando experiencias surgidas de luchas anteriores a la crisis revolucionaria (Comités sindicales, comités de huelgas electos, comités de fábricas más amplios) comienza a tomar la forma de consejos electos, que sobrepasan los límites de la empresa, centralizan la organización de los trabajadores, los oponen cada vez más al sacudido aparato del estado burgués, y tienden igualmente a agrupar a cada vez mas amplios sectores de los aliados del proletariado.

Se desata una lucha de múltiples facetas entre los partidarios de la colaboración de clases y los de la lucha de clases en estos consejos, con el objetivo de ganar la dirección de las luchas de masas, de los sindicatos y de las otras organizaciones de masas. Se produce un proceso

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de selección que hace posible el crecimiento rápido de un partido marxista revolucionario de masas, a condición que ya haya agrupado suficientes fuerzas antes de la crisis revolucionaria para poder aparecer como una dirección de recambio creíble ante las masas, que esté solidamente enraizado en la clase obrera, y que se encuentre en vías de ganar una influencia y un número creciente de adherentes en el seno de la vanguardia obrera. El crecimiento de tal partido de masas es el factor decisivo para ganar a la mayoría de los trabajadores a la perspectiva revolucionaria de expropiación de la burguesía y de la sustitución de la máquina del Estado burgués por la conquista del poder por los consejos, así como para garan izar la victoria.

No hay contradicción entre la autoorganización de la clase obrera y la construcción de un partido marxista revolucionario de masas. Las tareas son complementarias.

Sin la movilización de las masas la victoria es imposible.

Un partido no puede sustituir por sí mismo a una población insurgente en la cual los trabajadores deben tomar la iniciativa revolucionaria. Por otra parte, la lucha de clases cualquiera que sea el heroismo de sus participantes, no puede obtener el triunfo sin la correcta orientación política de un partido marxista revolucionario. Es a través de la interacción de estas fuerzas complementarias que se forja una combinación irresistible.

Cuando la clase obrera amplifique su resistencia frontal contra la ofensiva capitalista anti-obrera, llevará adelante la lucha por la democracia sindical, por la independencia de los sindicatos en relación a los gobiernos y por el control obrero (oposición a los despidos, impidiendo los despidos discriminatorios, control del empleo, control de las reglas de seguridad, del ritmo y de la organización del trabajo, de la duración de la jornada y de la semana de trabajo, etc.). El control obrero se convierte en la escuela de la economía planificada, abriendo la vía a la gestión obrera.

La clase obrera es profundamente democrática en sus aspiraciones. Esto está demostrado claramente por la simpatía con que responde a las luchas por los derechos democráticos y por su preocupación por la democracia en los sindicatos y los partidos de masas. La clase obrera está más apegada a los derechos democráticos como resultado de su experiencia de los horrores, paralelos de fascismo y estalinismo.

Así, en su lucha por conquistar y consolidar el poder político, los trabajadores desarrollarán instituciones que unifiquen con la mayor cohesión y efectividad posible a los distintos estratos de la clase obrera. Como lo demuestra la experiencia histórica, los trabajadores tratan de crear con este fin, además de sindicatos independientes, comités y consejos que garanticen, entre otros, nivel político, el derecho a la libre discusión de las orientaciones y de las acciones políticas en todas las organizaciones de masas, así como el derecho al funcionamiento de diferentes partidos. Para los marxistas revolucionarios esto crea la posibilidad de ganar una mayoría para sus propuestas políticas y construir un partido de masas, uno de los requisitos para que una situación revolucionaria acabe victoriosamente. Una mayoría de la clase trabajadora dudará en el momento de derrumbar las instituciones del Estado burgués, si antes no ha sido convencida de que el poder obrero significa una extensión y no una restricción de los derechos políticos de los oprimidos.

Esta perspectiva fue planteada claramente en las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista y en el Programa de Transición adoptado por el Congreso de Fundación de la IV Internacional.

Una revolución socialista significará un cambio radical de todas las relaciones sociales, trayendo consigo mucho más que un cambio profundo en las relaciones de propiedad, las relaciones de producción y las instituciones del Estado. Durante el periodo de transición del capitalismo al socialismo la semana de trabajo será disminuida, mientras que los salarios aumentarán y el desempleo será erradicado. Los servicios sociales se expandirán, particularmente en el campo de la medicina (investigación, construcción de hospitales, preparación de personal) y, por consiguiente, una más amplia gana de servicios sociales serán asequibles a todos como un derecho humano básico. Se contrarrestarán a todo nivel los efectos de siglos de discriminación contra la mujer y las nacionalidades oprimidas. El azote del hambre en el mundo será vencido. En conjunción con estos avances se transformará la educación, adecuada a las necesidades de cada edad y nivel, ligada a las necesidades tecnológicas por un lado y, por otro, a la mayor disposición de tiempo que tendrán los obreros. El acortamiento de la semana de trabajo y el desarrollo de los servicios sociales y la educación a escala masiva serán más y más reconocidos como requisitos para la gestión obrera de la economía, la conversión de los derechos iguales en práctica social efectiva y la extinción gradual del Estado.

Desde el primer momento, una poderosa dinámica internacionalista se pondrá en movimiento. Una revolución socialista en un país imperialista, dará gran ímpetu a las luchas de liberación de los pueblos coloniales superexplotados y las nacionalidades oprimidas de una parte y, de otra parte, a las luchas de las masas oprimidas de los Estados Obreros deformados y degenerados. El ejemplo será una viva inspiración para los revolucionarios en otros paises imperialistas. Y trascenderá las fronteras nacionales con su insistencia sobre la integración de recursos y la planificación institucionalizada. Alentará más y más las federaciones internacionales.

Todas estas repercusiones apuntan hacia la única manera en que los problemas básicos de nuestro tiempo pueden ser resueltos: a través de una federación mundial de repúblicas socialistas, a través de los Estados Unidos Socialistas del Mundo. II. LA CRISIS DEL SISTEMA IMPERIALISTA INTERNACIONAL Y LAS PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCION COLONIAL

8. La derrota sufrida por el imperialismo norteamericano en Vietnam dió como resultado una declinación en la capacidad de Washington para servir como perro guardian del imperialismo. Esto abrió una nueva etapa en la crisis del sistema imperialista mundial.

Las heróicas masas indochinas, aunque no pudieron inflingir una derrota militar decisiva al ejército imperialista, fueron capaces de mantenerse por un prolongado periodo contra el más espantoso armamento moderno, especialmente el bombardeo aéreo a escala masiva. La terca de los indochinos destrozó la perspectiva de una fácil victoria prevista por la Casa Blanca; y erosionó la moral de las tropas norteamericanas. En EEUU un poderoso sentimiento contra la guerra entre las masas, hizo inaceptable el riesgo de continuar con la guerra de agresión. El movimiento antiguerra norteamericano se convirtió así en el más fuerte aliado de la revolución indochina. Estos cambios llevaron a la retirada del imperialismo norteamericano de Indochina.

A estos factores deben agregarse los efectos de la crisis del estalinismo. El conflicto entre China y la URSS, en el

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resistencia

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cual Moscú y Pekín buscaban ganar posiciones, y la agitación de las bases en varios partidos comunistas, afectados por el prestigio de los indochinos, impidió a estos cuadros burocráticos bloquear la victoria revolucionaria de las masas vietnamitas. Con la eliminación del capitalismo y la fusión de las dos partes de Vietnam, un nuevo Estado Obrero deformado se había establecido allí.

El deterioro de la relación de fuerzas a expensas del imperialismo es particularmente impresionante en Africa, donde la Unión Soviética ha sido capaz de extender su influencia diplomática. El sentimiento antiguerra en los EEUU hizo imposible para Washington intervenir abiertamente a nivel militar contra el desarrollo revolucionario en Angola y en el Cuerno de Africa. reconociendo la parálisis temporal de Washington, enviaron material de ayuda con la aceptación de Moscú,. incluído el envio de miles de soldados, a Angola, Etiopía y otros países africanos. Ford y luego Carter amenazaron con represalias, que sin duda estaban dispuestos a

La Habana aceptó el riesgo apoyando al MPLA contra las tropas sudafricanas y las de la UNITA y el FLNA que se alinearon con Pretoria, ganando la gratitud de la mayoría de los combatientes antiimperialistas en Africa. El contraste entre la Cuba revolucionaria y los EEUU contrarrevolucionarios, ante los pueblos insurgentes de Africa, no podría ser más dra-

Como secuela de la derrota imperialista en Indochina, la monarquía derrocada Angola, Mozambique y Guinea Bisseau se conquistó la independencia política; a su vez, esto fortaleció las luchas de liberación de masas en Zimbabwe, Namibia y Sudáfrica.

La derrota hizo más difícil para Washington embarcarse en una nueva aventura en Asia o Africa (donde las simpatías de los afro-americanos constituye un formidable obstáculo adicional). Ninguna otra potencia imperialista Japón, Alemania Occidental, Inglaterra, Francia, ni ninguna combinación de ellas- es suficientemente fuerte militar y políticamente para desarrollar una escalada de agresión en Asia • Africa al nivel alcanzado imperialismo en Indochina, Argelia o incluso Malasia.

Esto no significa que los imperialistas no son capaces de embarcarse en acciones militares como las que fueron inicialmente utilizadas en Indochina. Todo lo contrario, como queda demostrado por los pasos dados por Francia en Tchad, Sahara Occidental, Djibuti y las Islas Comoro; por Bélgica, Francia, Inglaterra y EEUU en Zaire; Inglaterra en Arabia del Sur; Sudáfrica en Angola; Israel en Líbano y el envio tropas imperialistas bajo la bandera de las Naciones Unidas al Líbano.

debilitamiento de la capacidad imperialista para aplastar la revolución por medios militares no refleja, sir, embargo, una declinación en su capacidad militar. La debilidad está en el plano político. Una de las vías por las cuales Washington está debilidad política es la reorganización de la alianza imperialista internacional y la asignación de "responsabilidades" a otros grandes para intervenir. Eventualmente esto implicaría a Japón en Asia del Este y Alemania Occidental en el Norte y Centro de Africa. Asimismo el imperialismo prepara a Sudáfrica para jugar un rol mayor en Africa del sur y a Israel para que haga lo propio en sus fronteras con el Medio Oriente. Mientras tanto, hay evidencias de que Israel se ha convertido en una potencia nuclear y que Sudáfrica tiene el mismo objetivo.

Aunque los imperialistas japoneses y germano occidental son considerados como parte integrante del club nuclear, políticos internos internacionales a los. que deben hacer frente siendo formidables. Poderosas contradicciones pueden ser señaladas; por ejemplo, el temor de Washington de que Alemania Occidental y Francia (con Inglaterra y Japón como posibles socios menores) puedan cuestionar la delantera norteamericana en la producción de armas y sistemas nucleares avanzados, uno de los dominios estratégicos en el cual el imperialismo norteamericano mantiene todavía casi un monopolio en relación a sus aliados-competidores.

9. A causa de las repercusiones de la derrota norteamericana en Indochina, la burocracia soviética ha ganado un mayor márgen de maniobra. La burocracia soviética utiliza este márgen para fortalecer su capacidad negociadora dentro del marco de una política global de "coexistencia pacífica" "distensión" con el imperialismo. Sus pasos incluyen la entrega de ayuda militar a ciertas organizaciones de los movimientos de liberación nacional, cuando el Kremlin piensa que esto puede hacer progresar sus intereses diplomáticos.

Washington trata que las burocracias soviétia y china suspendan cualquier ayuda material a luchas de liberación nacional. Pretende ganarlas para un "acuerdo" global, cuyo fin es estrangular al movimiento revolucionario de masas. Esta política ha obtenido ciertos éxitos en el Medio Oriente, respecto de la revolución palestina. parece estar teniendo éxito en áreas donde la burocracia china ayudaba anteriormente a fuerzas guerrilleras. La presión imperialista para obtener este giro en Africa, ha obtenido ya resultados significativos arrastrando a la burocracia china, que otorga su apoyo, entre otros, al régimen de Mobutu en el Zaire. Ha obtenido también el del Kremlin para una solución impuesta Zimbabwe. Washington acentuará la presión sobre el Kremlin en el marco de las negociaciones más amplias, relativas a la carrera de armamentos.

No hay que dejarse confundir por las periódicas negociaciones sobre "desarme" . El imperialismo y la burocracia soviética requieren un cierto grado de control sobre la carrera armamentista, dado que ésta impone cada vez más grandes esfuerzos a la economía, sobre todo a la economía soviética, que está sustancialmente por debajo de la capacidad productiva del capitalismo norteamericano. Sin embargo, la tendencia básica no es hacia el desarme, sino hacia el desarrollo de armas cada vez más terribles. El expansionismo imperialista es la causa fundamental de esta carrera que amenaza terminar con la guerra nuclear. Cuando más empeora la situación general económica, social y política, más agudamente se acentúa esta tendencia, como lo muestra Carter blandiendo la "bomba de neutrones".

La taréa de los marxistas revolucionarios es advertir a las masas que una paz que se establece sobre la base del terror y la capacidad de disuación, sólo puede aumentar los riesgos de aniquilación nuclear. Este riesgo penderá sobre el mundo tanto tiempo como sobreviva el capitalismo. Puede ser eliminado solamente a través de la victoria de la revolución socialista en EEUU y en otros países que poseen armamento nuclear.

El hecho de que no pueda haber paz duradera mientras sobreviva el capitalismo no podría llevarnos a la conclusión que la política de. "distensión" seguida por el imperialismo y la burocracia soviética no es mas que una maniobra para engañar a las masas del mundo. Estas dos fuerzas sociales contrarrevolucionarias, no solamente tienen como común interés el mantenimiento del statu quo mundial, sino que el propio peso de la carrera armamentista y la real amenaza de desatar una guerra mundial nuclear, hace imperativo para estas fuerzas tratar periódicamente de organizar la carrera armamentista, carrera que no tienen ni la voluntad ni la capacidad de detener.

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Así, en el periodo 1969-73 entre Moscú y Washington se alcanzaron una serie de acuerdos limitados, entre los cuales el acuerdo SALT I fue el punto más alto. Pero las limitaciones cuantitativas de la carrera armamentista, inevitablemente acrecientan la presión sobre los avances

De aquí la presión sobre intercontinentales, "clásicas" de capacidad destructiva comparable a la de la primera bomba A y la investigación para lograr nuevos avances en la tecnología armamentista. De aquí también la crisis sobre el SALT II y la tormenta de propaganda antisoviética y el chantaje imperialista, motivado en parte por la crisis económica y el alza de la revolución africana.

Sin embargo, la propia naturaleza de una guerra nuclear, indica que la fase final previa a una tercera guerra mundial todavía no se ha alcanzado. La situación no es tan desesperante como para impulsar al imperialismo a elegir esta salida. En particular, las precondiciones políticas y sociales claves para una catástrofe de estas dimensiones, existen; no han inflingido ninguna derrota aplastante occidental y en particular al proletariado norteamericano. Las masas trabajadoras de estos países no están ni desmoralizadas, ni son incapaces de reaccionar. Su combatividad es tal, que no tolerarían a sus clases dirigentes una empresa demente de suicidio colectivo. Quienes hablan de la inevitabilidad o inminencia de la tercera guerra mundial, subestiman con demasiada ligereza lo que está en juego para toda la humanidad y consideran, irresponsablemente, que las batallas claves del proletariado mundial ya han sido pérdidas sin lucha.

10. Los regímenes de los países semicoloniales más fuertes continuan jugando su rol de suplementos regionales de la política imperialista. Para ello están pródigamente equipados con moderno armamento, como en los casos del ejército brasileño en América Latina, los ejércitos pakistaní y árabe saudí en el Medio Oriente, y el ejército sud-coreano en Asia del Este. Brasil y Pakistán han comunicado sus deseos de convertirse en "potencias nucleares".

La emergencia de la mayoría de tales regímenes está basada en sus progresos en la industrialización. Una serie de países semicoloniales ha alcanzado ahora una posición intermedia entre aquellos altamente desarrollados y los más retrasados. Esto se aplica a Brasil, México y Argentina y, en menor grado, a Corea del Sur, Irán y Egipto. Por la dimensión de la clase obrera, peso de la producción industrial, monto de las exportaciones, tasa de acumulación de capital y la aparición de grupos banqueros nativos capaces de participar en operaciones de capital financiero, las clases dirigentes de estos países tiene hoy a su disposición una base material mucho más amplia que en el pasado.

Además, el acrecentamiento ganancias petroleras, permite a algunos países como Argelia, Irak o Venezuela multiplicar las inversiones para iniciar la industrialización, mientras que otros, sobre todo Arabia Saudita, mantienen el grueso de sus recursos depositados en los principales bancos imperialistas.

De esta tendencia no se debe concluir que estos países se han convertido en potencias imperialistas independientes, "subimperialistas"' o "semiimperialistas". Todo lo contrario. La estructura social sigue siendo la de una semicolonia y no la de una potencia imperialista. Y como resultado de la semiindustrialización, su dependencia tecnológica del imperialismo es cada vez mayor, sus burguesías "nacionales" se embarcan más y más en "empresas conjuntas" con las corporaciones multinacionales imperialistas y su endeudamiento a la banca imperialista y las instituciones monetarias crece constantemente.

Asimismo, la inestabilidad social y política de estos países y la estrecha base de sus gobernantes los obliga a depender del apoyo político y militar del imperialismo. Esta inestabilidad es creciente y no se reduce por sus éxitos en la semiindustrialización. Estos éxitos, generalmente siguen un modelo de desarrollo económico (algunas veces señalados como el "modelo brasileño") en el cual el nivel de vida de la clase obrera industrial y de los pobres del campo y los suburbios urbanos, es bajado inicialmente de manera draconiana. La función de las dictaduras de estos países es lograr que esa reducción sea lo mayor posible. El estrechamiento del mercado interno para las mercancias industriales resultante de este modelo, hace inaccesible un crecimiento de la acumulación capitalista a largo plazo y demuestra que estos países no pueden ir más allá del estado de semiindustrialización en tanto exista el capitalismo. En los años recientes, la brecha del ingreso per capita entre los países imperialistas y semicoloniales se ha acrecentado y ese crecimiento es tanto más impresionante si se tiene en consideración la enorme desigualdad social existence en los países semicoloniales.

Con el aumento de la inflación de 1973-74 y la recesión que lo siguió, las economías semicoloniales sufrieron una retracción mucho más severa que las potencias imperialistas. En los países industrialmente avanzados, la inflación alcanzó un nivel del 10 ó el 15 por ciento; en América Latina, Asia y Africa la inflación llegó al 25% ó más aún. La caída de la producción ha sido allí más pronunciada, a excepción de algunos países. En una serie de países asiáticos y del Africa negra, viven en condiciones de hambre masiva. Crecieron las deudas externas y la estabilidad de muchos regímenes semicoloniales -de Zaire al Perú - fue sacudida.

La emergencia de clases dirigentes más poderosas en algunos de estos países no cambia en nada la tarea estratégica fundamental de la revolución permanente. que afrontan las masas. Pero crea nuevas facetas de la lucha política que plantean cuestiones tácticas. En general se puede establecer que la aparición de burgueses nacionalistas como Cárdenas y Perón, que buscaron apoyo contra el imperialismo en la molilización de masas, es muy improbable. La última cosa que ellos quieren es iniciar un proceso que lleve a otro Cordobazo. explicación de esto, es el mayor temor de la burguesía al creciente peso social del proletariado en la lucha de clases. Sin embargo, las tareas políticas que enfrenta el proletariado en estos países son más difíciles que en el pasado, porque el imperialismo ha aprendido a reaccio nar con toda su potencia desde las primeras manifestaciones de un levantamiento revolucionario.

En estas circunstancias, se excluye la posibilidad de revoluciones socialistas sin la dirección de partidos marxistas revolucionarios de masas. La construcción de tales partidos es una precondición para derrotar la dominación imperialista y la de las burguesías "'nacionales". La ausencia de tales direcciones marxistas revolucionarias explica por qué pudieron tener éxito golpes contrarrevolucionarios como los de Indonesia, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina, y por qué la burguesía de la India ha sido capaz de mantener su control de clase, casi sin contestación desde 1947, a pesar de las profundas y sucesivas crisis económicas, sociales y políticas.

Después de derrotas aplastantes, el movimiento de masas puede volver a levantarse más rápidamente en los países semicoloniales que en los países imperialistas, porque se encuentran allí contradicciones sociales económicas de naturaleza mucho más explosiva, y por la debilidad relativa de la clase dominante. Pero en tanto el proletariado no gane su independencia política y la hegemonía sobre las masas revolucionarias en sU conjunto (el campesinado, la pequeña burguesía urbana y

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las capas pauperizadas) sigue existiendo el peligro de una repetición del ciclo: alza de masas, prueba de fuerzas, derrota, dictadura; el cual ha sido vivamente ejemplificado en Bolivia y Argentina, donde se repitió tres veces en los últimos veinticinco años.

11. En las principales áreas del mundo semicolonial deben se remarcadas algunas características generales de la lucha entre revolución y contrarrevolución.

América Latina constituye la parte del área semicolonial con la mayor semiindustrialización, peso del proletariado como clase (ejplo., porcentaje de asalariados sobre el total de población) composición del "bloque de clases" dirigente (con una predominancia creciente locales, ligados tanto a las "multinacionales" extranjeras, como a la burocracia del Estado que es administradora de un importante sector de la economía). Las formas tradicionales de las organizaciones de masas de la clase obrera (esencialmente sindicatos de masas) tales como las de Argentina, México y Bolivia han permanecido bajo la influencia política dominante de la demagogia burguesa nacionalista o las maniobras reformistas. Pero el control político de estas direcciones sobre la clase obrera está siendo cuestionado como resultado del creciente peso del proletariado, su combatividad periódicamente explosiva y la propia naturaleza de las políticas de austeridad que las burguesías latinoamericanas tienen que aplicar en las circunstancias actuales, a fin de lograr una acumulación capitalista y que deja poco espacio para hacer concesiones económicas a las masas, incluso temporalmente. De aquí la incapacidad de las burguesías latinoamericanas, en esta etapa, para encontrar una amplia base de gobierno con el consentimiento de las masas. Teherán: asalto al Palacio Imperial

Las contradicciones cada vez más profundas entre el proletariado latinoamericano y las burguesías locales, ofrece condiciones favorables para la conquista de la independencia política de clase. Este es ahora el problema fundamental, después de las grandes derrotas de la revolución en América Latina.

La contradicción entre la mayor fortaleza del proletariado y su retraso en conciencia de clase e independencia política, debido a la influencia del estalinismo, la socialdemocracia y el nacionalismo pequeño burgués, más el fracaso de la dirección de la revolución cubana en la tarea de presentar una estrategia marxista revolucionaria, abre posibilidades de éxito y de consolidación temporal a las dictaduras reaccionarias. Al mismo tiempo, la necesidad de recurrir a los golpes militares indica el carácter poco sólido de estas dictaduras y la posibilidad de su rápida desintegración y caída frente a un alzamiento de masas. La capacidad del movimiento de masas para sublevarse nuevamente y desafíar a la dictadura y los patrones, socava la utilidad de la dictadura ante los ojos de la burguesía, aumentando la probabilidad de maniobras "liberalizadoras" e incluso la reconquista por parte de las masas de los derechos democráticos básicos.

La serie de derrotas de la revolución latinoamericana, abierta por la instauración de la dictadura militar brasileña en 1964 y que alcanzó su punto más sanguinario con el golpe de Pinochet en Chile en 1973, parece haber llegado a su fin con el golpe militar de 1976 en Argentina. En tanto que este golpe significó una severa derrota para el proletariado de América Latina, y a través de asesinatos, arrestos y despidos masivos destrozó la capa de obreros de vanguardia que había salido a la palestra en fábricas y sindicatos, desde el Cordobazo hasta la huelga general de

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1976, no tuvo éxito en aplastar por medio de un semi-fascismo, al movimiento obrero organizado de Argentina, como lo hicieron los golpes de Brasil y especialmente de Chile. La clase obrera argentina ha sido capaz de llevar a cabo luchas defensivas organizadas, ejemplificadas por las huelgas de 1977 y 1978. Esto combinado con el renacimiento movimiento masas, especialmente en Brasil, Bolivia y Perú, donde las masas nuevamente en alza están arrancando importantes concesiones a las dictaduras militares y minándolas de

El comienzo explosivo de la revolución nicaragüense y el ascenso del movimiento de masas en El Salvador, son la confirmación más elocuente de este renacimiento. En estas circunstancias no pueden excluirse intentos retornar a gobierno civiles y constitucionales; incluso son posibles dictaduras militares medidas permisivas hacia las organizaciones de la clase obrera. Pero en vista de las explosivas contradicciones sociales y políticas, no están planteados largos periodos de democracia burguesa | relativamente estable en América Latina.

En Africa negra, con la derrota del colonialismo portugués, la transferencia del poder gubernamental a las clases dominantes negras ha sido completada a través del continente, con la notable excepción de Africa del Sur.

Angola constituyó uno de los principales campos de batalla. Washington trató de intervenir a través de la CIA y respaldando una invasión militar montada por el régimen racista de Sudáfrica. Estos esfuerzos fueron batidos por el gobierno del MPLA en Angola con la ayuda de tropas cubanas. La ayuda de los cubanos fue decisiva para derrotar el proyecto imperialista de Washington y expulsar a los invasores sudafricanos fuera del país.

Esto dió un enorme impulso a la lucha en Africa del Sur. La posición del régimen de los colonos blancos se hizo insostenible y el imperialismo ha sido forzado a intensificar sus intentos para encontrar una solución neocolonialista que proteja sus intereses y que pueda ser presentada como gobierno representativo de la mayoría negra.

También en Namibia el imperialismo ha sido obligado a emprender esta misma tentativa neocolonialista. Pero la lucha del pueblo de Namibia, en el contexto de la obstinación de los colonos blancos y el régimen de Vorster en defensa de sus privilegios, está haciendo muy difícil tal solución.

Las luchas desplegadas en la industrializada Sudáfrica —el principal bastión imperialista en Africa, donde una burguesía blanca local y su Estado racista son obligados a luchar contra una poderosa clase obrera negra y sus aliados - serán especialmente importantes para el curso de la revolución africana en su conjunto. La insurrección de las masas urbanas de Soweto en 1976, que lanzó un desafío directo contra el apartheid y a los Bantustanes augura claramente el futuro a este respecto.

El régimen de Haile Selassie fue derrocado por la lucha y la movilización de las masas de los siervos superexplotados y las nacionalidades oprimidas del imperio feudal etíope. Y estas luchas han continuado en una escala no vista anteriormente en Africa. Un caso particular es el desarrollo de la lucha de Eritrea por su independencia. El hecho de que el régimen del DERG no tenga interés en romper con el mundo capitalista no disminuye la importancia de las movilizaciones de masas que han hecho de Etiopía un ejemplo único de lucha nacional y de

Las conquistas de la revolución etíope hasta ahora son sustanciales. Incluyen:

a) una eliminación radical de los vestigios del esclavismo y del feudalismo;

b) una reforma agraria muy avanzada;

c) una serie de nacionalizaciones, incluyendo bancos y crédito, empresas de servicios públicos, recursos naturales y algunas industrias;

d) la separación de la iglesia y el Estado;

e) el impulso a la educación primaria como parte inicial de una lucha contra el analfabetismo.

Mientras nos oponemos a todo intento del imperialismo y sus seguidores de detener, revertir o canalizar el proceso revolucionario en Etiopía, aquí como en todo el mundo semicolonial, la tarea de los marxistas revolucionarios es luchar por la organización independiente de los trabajadores y los campesinos pobres, por la independencia de los sindicatos, de los comités y las milicias, la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas y la defensa de sus derechos específicos contra todos sus oponentes, incluido el DERG.

En las circunstancias actuales de creciente agresión imperialista contra la revolución africana y la escalada en la guerra ideológica contra Cuba y la Unión Soviética, es imperativo que las fuerzas antiimperialistas y marxistas revolucionarias en todo el mundo, combinen su defensa de la revolución africana con un firme apoyo al derecho a la independencia del pueblo eritreo. El gobierno cubano debería continuar negándose a participar en cualquier invasión al territorio de Eritrea.

En 1975, el DERG lanzó una guerra de exterminio contra el movimiento de independencia nacional de Eritrea. La participación directa de la burocracia soviética en esta guerra debe ser condenada. La Cuarta Internacional apoya sin reservas el derecho de Eritrea a la independencia nacional. ¡Retirad las tropas etíopes de Eritrea!.

El reconocimiento cubano del derecho de los eritreos a decidir sobre ellos mismos, fortalecería la defensa del Estado obrero cubano contra el imperialismo. Seguir un curso opuesto llevaría a resultados negativos, perjudicando no sólo a la revolución cubana, sino también a las importantes conquistas revolucionarias obtenidas en Etiopía. El imperialismo mundial, con mayor capacidad de maniobra en la región, sería el ganador final.

En todos los países independientes del Africa negra, los gobiernos y los Estados son burgueses. La transferencia de poder ha resultado un cambio de gobierno imperialista directo a control indirecto, con el imperialismo manteniendo aún su superexplotación a través de sus posiciones claves en el poder económico. Sin embargo, marcadas desigualdades en el desarrollo de las clases y en la acumulación de capital privado, hacen necesario distinguir los países marcados por el gobierno de una clase burguesa emergente aliada o no a estratos dirigentes precapitalistas (Nigeria, Costa de Marfil, Senegal, Kenya, Gabón y Zaire son ejemplos), de aquellos donde sería más preciso hablar de gobiernos pequeño burgués nacionalista (Tanzania, Etiopía desde la caída de Selassie, Guinea Bissau, Angola y Mozambique). Sin embargo, los lazos que esta pequeña burguesía mantiene con los monopolios imperialistas, su dependencia del mercado capitalista mundial y su defensa de la propiedad privada (incluida la tierra), son un terreno propicio para el desarrollo de una clase burguesa autóctona propiamente dicha.

En el mundo árabe, el movimiento de resistencia palestina ha terminado en un callejón político sin salida después de las derrotas sufridas bajo los golpes combinados del terrorismo sionista, la presión y la intervención imperialista, la represión de las fuerzas árabes

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reaccionarias como la monarquía Hachemita y las milicias reaccionarias Maronitas en Líbano y la tolerante pasividad de los otros gobiernos árabes, así como de la burocracia soviética.

La capitulación de Sadat ante Begin aumentó las dificultades, al dar luz verde al gobierno israelí para lanzar su largamente planeada guerra relámpago contra el Líbano

La crisis del movimiento de resistencia palestino fue profundizada por la capitulación de Sadat al sionismo, las pretensiones de Siria de llegar a un modus vivendo con el Estado sionista y —bajo la presión de las clases dominantes árabes, el imperialismo norteamericano y la burocracia soviética - la disposición de Al Fatah para adaptarse a estas presiones, independientemente de sus declaraciones. Todas estas fuerzas ven en la resistencia de masas de los árabes palestinos contra el Estado sionista el principal, si no el único, obstáculo para la "estabilización" del statu quo en el Medio Oriente, es decir, para la dominación del imperialismo norteamericano. dispuestos a maniobrar con ciertos aparatos políticos, incluyendo a la OLP, a fin de lograr el objetivo de poner fin a la resistencia. Si bien Beguin y las instituciones sionistas gozan de un cierto grado de autonomía táctica que les permite, no sólo poner en aprietos a la Casa Blanca, sino también, por corto tiempo, bloquear algunos proyectos, no tienen el poder de modificar "las grandes líneas" del imperialismo en Medio Oriente.

Así, está llegando a su fin un ciclo completo de nacionalismo árabe pequeño burgués, que alcanzó su punto más alto con la radicalización de masas hacia fines de los años 50 y comienzos de la década del 60 bajo la etiqueta de "nasserismo". Esto explica, entre otras razones, el renacimiento de corrientes reaccionarias como la de los Hermanos musulmanes.

La coalición internacional de fuerzas hostiles a la que debe hacer frente la heroica resistencia palestina es tan poderosa que la defensa de sus derechos es difícil de lograr por parte de las relativamente pequeñas fuerzas de las masas árabes palestinas, dispersas en el Líbano, Jordán y el Estado sionista.

Estas dificultades objetivas han sido agravadas por una línea política que pone su confianza en la ayuda material de los Estados árabes, en la guerra de guerrillas y en la ayuda simbólica de Moscú.

Pero el aislamiento creciente de Israel en la arena política internacional, el descrédito que provocan sus actos cada vez más abiertamente reaccionarios (colonizaciones, bombardeos a poblaciones civiles, torturas), especialmente a través de un cambio de la opinión pública en los EEUU, el reconocimiento cada vez mayor de un hecho nacional palestino, la popularidad creciente de la causa palestina entre los negros norteamericanos y en los países semi-coloniales — ante todo en el Irán — además de la que goza en los países árabes, el precio cada vez más elevado que la ocupación y la política militarista hacen pagar a la economía israelí: todo esto crea un desconcierto sin precedentes en la población israelí, un movimiento pacifista que se extiende y un comienzo de diferenciación de clase. La crisis en la que se encuentra hoy el estado sionista, más que una crisis de dirección, es una crisis social y política global.

El imperialismo norteamericano intentará, al igual que las burguesías imperialistas europeas, que los dirigentes sionistas adopten una solución más flexible frente a los territorios ocupados y a los derechos nacionales palestinos. No obstante, evitará todo aquello que amenace debilitar realmente al estado sionista, del cual el imperialismo tiene aún necesidad después de la caída del Sha.

La resistencia palestina no puede tener mejor orientación que la de tratar de obtener el apoyo de los millones de trabajadores y campesinos pobres, desde Marruecos a Irak. Tal apoyo en escala suficiente, combinado con la lucha de otros trabajadores y campesinos árabes, puede cambiar la relación de fuerzas en favor de la resistencia palestina. Pero tal ensanchamiento del fermento revolucionario es irreconciliable con una política de subordinación política a las clases dominantes o los gobiernos de los Estados árabes. Se requiere una estrategia acorde con un proceso de revolución permanente.

La emergencia de un poderoso y cada vez más inquieto proletariado en Egipto - como lo muestra la masiva mani festación antigubernamental en enero de 1977- y la aparición de luchas de clase proletarias en los tres países del Maghreb (Túnez, Argelia y Marruecos), son otras tantas indicaciones de las nuevas oportunidades que tienen frente a sí los marxistas revolucionarios en los países árabes. El alza de las luchas obreras en Egipto está en relación con la crisis del nacionalismo árabe pequeño burgués. Además de una reacción ante la masiva ayuda norteamericana a las fuerzas militares israelíes después de 1973, es una expresión de que la política de "liberalización" económica de Sadat no redujo, sino que aumentó la tremenda miseria de las masas egipcias y expresión también del rechazo de estas masas a aceptar una vida de miseria a cambio de la retórica antisionista y antiimperialista. La desesperada maniobra de Sadat para alcanzar un acuerdo con el Estado sionista, es un intento de encontrar una solución económica a esta crisis reduciendo el presupuesto militar y aumentando la participación de capitales imperialistas y sionistas en el desarrollo del capitalismo egipcio. Pero ha fallado en la tarea de suprimir el descontento y la militancia de masas. La lucha armada del pueblo saharaui por su independencia ha acelerado la desestabilización de los regímenes marroquí y mauritano. Las nuevas posiciones conquistadas en el terreno diplomático y militar por el Polisario han acentuado el aislamiento del régimen marroquí en el mundo semi-colonial. Washington ha respondido a esto acordando una nueva ayuda militar masiva al régimen de Hassan II, para permitirle aplastar a los rebeldes por medio de una verdadera invasión. El poder alauita debe hacer frente, simultáneamente, al nuevo ascenso de las luchas obreras y sindicales que minan el mito de "la unidad nacional"'. La combinación de estos dos factores coloca a Hassan Il en una situación de debilidad que no puede dejar de tener consecuencias en las relaciones interburguesas en el Magreb. El fracaso de la política económica de Bumedian er. Argelia y la acentuación de la crisis social, han sido la base de la importante ola de huelgas obreras de la primavera-verano de 1977. Esta importante entrada en lucha masiva de los trabajadores, en particular del sector estatal, ha modificado también las relaciones interburguesas. Esta transformación de las relaciones de fuerzas, junto a la muerte súbita del bonaparte Bumedian, ha acentuado la incertidumbre política que reina entre las clases dominantes. El continuo deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, refuerza la posibilidad de la clase trabajadora de afirmarse como una fuerza política independiente. En Túneż, el poder desturiano tuvo que hacer frente a una ola de radicalización sin precedentes que impulsó al primer plano de la escena política a la organización sindical, como principal fuerza de oposición al régimen, después de la recuperación parcial de la UGTT por los trabajadores. Consciente de este peligro, el poder alentó un enfrentamiento central para detener este proceso. De ahì la represión salvaje del 26 de enero del 78.

La afirmación de la independencia de clase de la clase

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obrera ofrece, en algunos de los más importantes países de la región árabe, por primera vez desde de la derrota de 1967, la posibilidad de dar a la lucha antiimperialista árabe, una dirección proletaria de recambio a las corrientes nacionalistas pequeño burguesas en quiebra. La unión entre las luchas sociales del proletariado árabe y las luchas por la liberación nacional y la unificación antiimperialista de la región árabe, es cada vez más una posibilidad.

En el subcontinente indio, la clase obrera ha sufrido serias derrotas, como resultado de la política traidora de colaboración de clases y gobierno de coalición del Partido Comunista de India, el Partido Comunista de India (Marxista) y del Lanka Sama Samaja Party y el Partido Comunista en Sri Lanka. La aplicación de esta política al fin de los años 60 y comienzo de los 70, destrozó una amplia ofensiva de masas, dividiendo y desmoralizando a la clase obrera y el campesinado y permitiendo a la burguesía retomar la iniciativa y abrir una ofensiva general reaccionaria contra la clase obrera, a pesar de la severa crisis económica y social y de sus divisiones internas.

El modelo de ofensiva derechista que emergió en el subcontinente ha sido extendido a Pakistán y Bangla Desh, donde las dictaduras militares gobernantes reprimen severamente las luchas y las organizaciones obreras y el derecho de huelga.

Estas ofensivas reflejan la fundamental incapacidad de las clases dirigentes para desafiar el subdesarrollo y el estancamiento heredados del colonialismo. En el mejor de los casos han aplicado sólo medidas de contención transitorias. El constante crecimiento del número de campesinos sin tierras y trabajadores rurales, las enormes dimensiones del desempleo y subempleo (especialmente entre la juventud), la ausencia de algún efecto tangible de la industrialización sobre el nivel de vida de las masa (que ha bajado y continúa bajando en la mayoría de las áreas), y la continuación de la opresión nacional en cualquier estabilización duradera de los regímenes reaccionarios. Sin embargo, la reaparición de movimientos de masas poderosos, especialmente de la clase obrera, depende en gran medida de cambios en la dirección en el movimiento obrero organizado y la reaparición de tendencias obreras capaces de ofrecer una alternativa socialista convincente frente a la política burguesa.

En el sudeste y el este de Asia, los perniciosos efectos de las políticas estalinistas de Moscú y Pekín están anulando el estimulante efecto de la victoria de la revolución indochina. La política china de tratar al "social imperialismo soviético" como el principal enemigo - una respuesta burocrática reaccionaria al no menos reaccionario dispositivo militar del Kremlin-, ha llevado ya a la reconciliación con el reaccionario bloque de gobiernos burgueses de la ASEAN. Esto ha aislado más aún las fuerzas embarcadas en guerras de guerrillas en Tailandia,

Birmania, Malasia, Filipinas y Nueva Guinea. El conflicto militar entre Vietnam y China, seguido de la invasión reaccionaria de Vietnam por China, ha provocado también una pérdida de atractivo de la revolución indochina entre las masas de esta región. Estas son las consecuencias lógicas de la teoría estalinista de construir "el socialismo en un sólo país", que comparten las capas burocráticas de estos países.

• En Tailandia hubo movilizaciones obreras, estudiantiles y campesinas de excepcional amplitud desde 1973 hasta

1976. Esto explica la violencia del golpe de estado en lista no es solo un eco de la derrota norteamericana en

Vietnam; es también el reflejo de cambios en Tailandia, tales como la crisis agraria, éxodo campesino, crecimiento del número de asalariados, desempleo y masivo subempleo y agravación de la desigualdad del desarrollo regional.

Sin embargo, la naturaleza represiva de muchos de estos gobiernos, especialmente de Tailandia, Indonesia y Corea del Sur, los han hecho altamente antipopulares. De aquí que las consecuencias negativas de la política estaliascendente de la resistencia de masas contra las clases nista podrán disminuir pero no revertir el curSO dominantes.

12. A pesar de sus esfuerzos el imperialismo no ha podido obtener una estabilidad económica, social y política en los países semicoloniales. No habrá, y no podrá haber ningún "nuevo orden económico" en tanto exista el capitalismo. El sistema capitalista no puede proveer bases para ningún otro orden que no sea el basado en la explotación, que implica superexplotación de los más débiles.

La mayor fuerza de un puñado de clases gobernantes autóctonas, a causa de la semiindustrialización o un aumento de las rentas por los recursos petroleros (en los casos de Irán, Kuwait, Arabia Saudita, coinciden ambos fenómenos), significa una limitada redistribución de la masa total de plusvalía extraída de los asalariados a escala mundial, en beneficio de estas clases gobernantes y a expensas de las burguesías neocoloniales más débiles y los imperialistas. Este es el precio que el imperialismo tiene que pagar a la larga por el paso del control directo al control indirecto en el mundo colonial, bajo la presión de las masas insurgentes.

Pero el imperialismo está buscando traspasar estas pérdidas sobre las masas de los países imperialistas y semicolonias más débiles, aumentando la fuerza que impele a los trabajadores y sus aliados a avanzar en la dirección de la revolución socialista, en ambos sectores del mundo capitalista. Así, la crisis internacional del capitalismo agrava la inestabilidad de los regimenes del llamado Tercer Mundo. Sin embargo, el mundo semicolonial está atravesando en estos momentos la más grande crisis de dirección desde la Segunda Guerra Mundial, a causa del rol jugado por las burocracias soviéticas y china, y las limitaciones de las direcciones nacionalistas pequeño burguesas.

El alineamiento servil de Pekín ante la Casa Blanca fue un golpe para el conjunto de la lucha por las liberación nacional. En América Latina, las derrotas resultantes de la estrategia guerrillera en la década de 1960 y la evolución.

de la política cubana respecto de ciertos regimenes y partidos comunistas en el continente, ha erosionado la influencia del guevarismo. En el mundo bancarrota de las direcciones pequeño burguesas nacionalistas ha aislado las luchas en Arabia del Sur y ha llevado a la resistencia palestina a un callejón sin salida.

El vacío político resultante ha permitido a Moscú retomar la iniciativa temporalmente y recuperar su perdida influencia en varios movimientos de liberación. Las acciones guerrilleras asumidas por algunos partidos comunistas en el sudeste de Asia y por los movimientos antiimperialistas en cierto número de países asiáticos ý africanos, no puede ocultar la profundidad de esta crisis global de dirección política en el mundo colonial y semicolonial, una crisis que marca el final de un capítulo en la historia de las luchas de liberación nacional, abierto como una de las consecuencias de la Segunda Guerra

Mundial.

A pesar de la quiebra general de las direcciones nacionalistas burguesas y. pequeño burguesas en el mundo semicolonial, es todavía una dirección de este tipo que logró dirigir a las masas iraníes hacia el derrocamiento del

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Sha. Sin duda alguna, esta dirección ha dificultado a los trabajadores la afirmación de sus propios intereses de clase, a medida que se desarrollaba la revolución iraní. El comienzo de la revolución nicaragüense, por primera vez desde la revolución cubana, ha ofrecido el ejemplo de un proceso de revolución permanente, dirigido hasta el momento por una corriente independiente del stalinismo. Esto confirma las grandes posibilidades que se abren para los marxistas revolucionarios en los países semicoloniales.

El curso general del desarrollo revolucionario en los paísus semicoloniales puede ser definido por la fórmula de la revolución permanente. Nuestras tareas políticas están determinadas básicamente por este modelo. Nos esforzamos por construir partidos de masas de tipo leninista a fin de cumplir estas tareas. En la mayoría de estos países, muchas luchas de masas y la revolución misma, pueden iniciarse en torno a problemas históricamente ligados a las tareas de las revoluciones democrático burguesas: reforma agraria, derechos democráticos, asamblea constituyente, separación de la iglesia y el Estado, liberación nacional y unificación del país.

Pero, a causa del grado de industrialización y proletarización alcanzado en varios países, no siempre las luchas revolucionarias de masas partirán de estos problemas. Pueden ser iniciadas por cuestiones que derivan de la lucha de clases proletaria propiamente dicha. Los marxistas revolucionarios comprenden la lógica de revolución permanente en los países semicoloniales, que incluye la lucha por los objetivos inmediatos. Sin abandonar nunca la lucha por los objetivos antiimperialistas. У democráticos que figuran entre las tareas revolucionarias claves en estos países, lucharán decididamente por la independencia política y organizativa y la unidad del proletariado de todas las nacionalidades como precondición necesaria para la conquista del poder por el proletariado aliado al campesinado pobre. Sin un estado obrero, las tareas democráticas y antiimperialistas no pueden ser cumplidas. III. PERSPECTIVAS Y PROBLEMAS DE LA REVOLUCION IRANI

13. El derrocamiento del odiado régimen totalitario del Sha de Irán por las más amplias movilizaciones de masas de la historia, aporta lecciones importantes para las masas trabajadoras del mundo entero.

El régimen del Sha parecía todopoderoso. Washington había contribuido a transformar su ejército en uno de los más fuertes y mejor dotados del mundo. La CIA había ayudado a la SAVAK para que cubriera el país con una red de confidentes. Hasta el ultimo momento, todas las potencias imperialistas apoyaron la dinastía de los Pahlevi contra las masas iranís. Moscú y Pekín, ambos en busca

"coexistencia pacífica" otorgaron igualmente su apoyo al Sha, no modificando Moscú su posición hasta el momento en que se hizo evidente que la caída del Sha era inevitable. El Sha disponía de miles de millones de dólares de ganancias petrolíferas y había prometido un progreso económico y social acele-

Las masas iranís han superado todos estos obstáculos apoyándose en la inmensa fuerza de millones de personas movilizadas unitariamente. Las masas trabajadoras del mundo pueden identificarse con las formas proletarias de lucha utilizadas en Irán: manifestaciones de masas, formación de amplios comités de lucha, huelgas generales, llamamientos a los soldados para unirse a la lucha, insurrección de masas. Fue esta potencia de masas la que desintegró la potencia aparentemente invulnerable del

Sha. Lo que pudo hacerse en Irán, puede hacerse en otras partes.

En el curso de un año de movilizaciones sucesivas, que culminaron con la insurrección del 9-12 de febrero de 1979, la clase obrera se mostró como la columna vertebral de las amplias luchas de masas, reflejando así la tenden cia mundial hacia el predominio proletario en la lucha política de masas, incluso en los países semicoloniales.

El derrocamiento del régimen del Sha abrió un proceso de revolución permanente en Irán, la tercera revolución iraní. Esta revolución ha confirmado el papel clave de las reivindicaciones democráticas y antiimperialistas en los países semicoloniales. Pero cualesquiera que sean las contradicciones existentes entre el imperialismo y la clase capitalista iraní, ésta continúa siendo dependiente del imperialismo. En Irán no puede haber una etapa de desarrollo capitalista independiente del imperialismo. La iraní tampoco puede realizar la tarea democrática de dar la tierra a los campesinos, con los medios de utilizarla efectivamente. No puede conceder la libertad a las nacionalidades oprimidas, o la igualdad a la

El movimiento nacional democrático y antiimperialista que derribó la monarquía, ya conoció el surgimiento de reivindicaciones de clase propias de los trabajadores. Pero fue dominado por la dirección burguesa del clero chiita conducido por Jomeini. El prestigio que esta dirección ganó en el curso de la lucha contra el Sha, es la mejor carta que la clase dominante iraní puede jugar para intentar restaurar un aparato de Estado estable y una nueva dirección política burguesa, con vistas a aplastar el proceso revolucionario y recuperar un desarrollo capitalista "racionalizado"' en Irán. Este es el curso emprendido por la clase dominante con el apoyo del imperialismo. El Estado sigue siendo un Estado burgués.

La dinámica de la revolución iraní continúa siendo de ascenso. La amplitud de las movilizaciones y la victoria de la insurrección de masas, crearon inmensas esperanzas entre los obreros, las capas semiproletairas ciudades, los campesinos pobres, las nacionalidades oprimidas y las mujeres. Ni el régimen de Jomeini, ni ninguna otra forma de poder burgués, pueden satisfacer estas esperanzas. Tampoco pueden aplastar el movimiento de

Para hacerlo, deberían estabilizar la situación y reconstruir el ejército y las otras organizaciones del Estado burgués.

Para realizar sus reivindicaciones e iniciar un desarrollo económico liberado de las distorsiones impuestas por la dominación imperialista, la clase obrera y las masas trabajadoras deberán avanzar hacia la constitución de un Estado obrero en Irán, quebrar el poder del imperialismo y de sus socios iranís en el país, expropiar a la burguesía y abrir la puerta a un proceso que comience la construcción del socialismo.

A la larga, no hay mas que dos salidas posibles: o bien la instauración de la dictadura del proletariado aliado al campesinado, única capaz de asegurar la victoria de la revolución, o bien la victoria de la contrarrevolución.

El principal obstáculo para la victoria de la revolución es la debilidad del factor subjetivo: la dirección y la conciencia de clase del proletariado y las masas trabajadoras. No hay partido revolucionario de masas en Irán. La clase obrera iraní no ha conquistado aún la independencia política de clase. El prestigio y la autoridad política del clero chiita, ganados en el curso de la lucha contra el Sha, son hoy el principal obstáculo para la conquista de esta independencia de clase. Para reforzar su control sobre las masas, el clero utiliza la reaccionaria ideología religiosa. Pero en el curso del desarrollo de sus luchas, las masas quebrarán este control del clero.

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14. Aunque hizo todo lo posible para mantener el régimen del Sha, Washington no pudo enviar sus tropas contra el pueblo iraní. Ninguna otra potencia imperialista fue capaz de sustituir al imperialismo norteamericano en esa tarea. La revolución iraní asestó un nuevo golpe al imperialismo, modificando nuevamente a su costa las relaciones de fuerzas globales entre las clases. El imperialismo había contado con el régimen y el ejército del Sha, como una fortaleza contra la revolución árabe, para proteger sus intereses en toda la región, rica en petróleo, y como bastión de la estalibidad en el "glacis septentrional", incluyendo Turquía, Afganistán y el Pakistán en la frontera sur de la Unión Soviética.

La caída de la tiranía de Pahlevi ha hecho estallar nuevas luchas en las nacionalidades oprimidas de Irán. Estas superan el 60% de los habitantes del país, especial mente los kurdos, los aserbaijanos, los baluchis, los turcomanos y los árabes. Muchas de estas nacionalidades viven a ambos lados de la frontera iraní. Sus luchas tendrán también efecto en Irak, en Turquía, en Pakistán y en Afganistán. Esto se aplica igualmente a la Unión Oprimidas formara parte de la revolucion polia ra donde las luchas de las nacionalidades burocracia stalinista.

El pueblo palestino ha recibido un impulso poderoso de la revolución iraní. El Irán había sido un sólido apoyo de Israel y su principal proveedor de petróleo. Se convierte ahora en adversario de esta cabeza de puente imperialista, cortando su aprovisionamiento de petróleo. La provisión de petróleo también fue suprimida a Sudafrica. Las bases norteamericanas, utilizadas para espiar a la Unión Soviética, fueron cerradas.

El imperialismo respondió tratando de reforzar otros regimenes amigos de la región, aumentando su presencia militar y buscando puntos de apoyo en el mismo Irán, a fin de cambiar la dinámica antiimperialista de la revolución. Pero como señaló Beguin, Irán ha demostrado que ningún país semicolonial —incluidos Egipto y Arabia Saudita - puede desempeñar el papel de fortaleza estable del imperialismo en la región, tal como lo desempeña Israel. En consecuencia, Washington debe apoyarse más que nunca en Israel. Al mismo tiempo, las potencias imperialistas, aunque utilizan las orientaciones políticas reaccionarias propaganda para desprestigiar la revolución iraní y justificar el apoyo dado antes al Sha, apoyan de hecho los esfuerzos del gobierno burgués para detener el ascenso revolucionario, o sea, para consolidar sus vínculos económicos con el Irán y su control del país. A la larga, la estabilidad capitalista en Irán exigirá lazos más estrechos con el imperialismo. Dado el poderoso despertar antiimperialista de las masas en el curso de la revolución, las medidas abiertas en este sentido se enfrentarán a la oposición de las masas.

15. Subyacente en la crisis de la monarquía iraní estaba el fracaso de la llamada "revolución blanca", lanzada en 1962-63. La "reforma agraria"', los proyectos de industrialización que fueron estimulados por el aumento del precio del petróleo de los años 70, y la acumulación de petrodólares, no han resuelto ninguno de los problemas fundamentales del subdesarrollo causado por largos años de dominación imperialista.

La industrialización parcial no ha terminado con la dependencia del imperialismo, sino que solamente modificó su forma. Fue adaptada a las necesidades de los monopolios imperialistas internacionales, no a la de un creciente equilibrio de la economía. Los bienes de equipo debieron ser importados de los países imperialistas. La mayoría de las inversiones tuvieron tendencia a orientarse hacia las ramas de montaje, como parte de una cadena de producción controlada por los monopolios. El poderoso consorcio de las compañías petroleras controló la venta del petróleo iraní; la "monoproducción" siguió siendo la base de la economía del país.

La "reforma agraria" destruyó la agricultura tradicional del país, no en beneficio del campesinado, sino del capital iraní e imperialista. Grandes empresas de agro-businees se establecieron para producir para la exportación y para las necesidades del mercado mundial, dominado por el imperialismo. Esto culminó en una terrible destrucción de las fuerzas productivas, causada por la eliminación de los cultivos y de la irrigación tradicionales. Antes de la "revolución blanca"' Irán había sido un exportador de víveres. Actualmente el país debe importar el 60% de los víveres consumidos por la población.

La "reforma agraria"" expulsó a millones de habitantes de los campos. Este masivo éxodo rural hacia las ciudades, no estuvo acompañado por la creación de un número suficiente de empleos industriales. Esto condujo al monstruoso crecimiento de barrios miserables en las ciudades habitados por capas de obreros, semiproletarios

La recesión económica internacional y sus repercusiones han acentuado la crisis de la economía iraní. La inflación se elevó al 30% por año. Los precios de los bienes de equipo importados de los países imperialistas, aumentaron más rapidamente que los del petróleo, que fueron afectados por la caída del dólar. Irán comenzó a endeudarse de nuevo con el imperialismo.

La pretendida "liberación de la mujer" efectuada por la monarquía con grandes alardes publicitarios no fue mas que una comedia. Las mujeres obtuvieron algunas concesiones legales y ciertas leyes bárbaras que codificaban su opresión fueron eliminadas, pero la opresión misma se mantuvo sin cambios. • Las nacionalidades oprimidas fueron reprimidas sin piedad por el Sha. Se les negó todo derecho lingüístico y cultural. Fueron mantenidas en el estatuto de ciudadanos de segunda clase con relación a la población que habla el farsi. Puesto que una buena parte del campesinado está compuesto por miembros de las nacionalidades oprimidas, la opresión nacional se combina con la explotación de los campesinos, con los obreros árabes del Juzestán y con el estatuto de ciudadano de segunda de múchos obreros y semiproletarios que viven en los barrios miserables de las ciudades.

El régimen negaba todo derecho a la clase obrera a organizarse para mejorar su suerte. Los "sindicatos" dirigidos por la SAVAK aseguraban la presencia de la policía secreta en los lugares de trabajo. La industrialización parcial fue realizada por medio de una explotación brutal de los trabajadores.

El apoyo que el Sha acordó al desarrollo de algunas industrias, perjudicó a sectores enteros del artesanado. En el contexto de la recesión mundial y de sus secuelas, el régimen impuso a los comerciantes del "Bazar"' impuestos muy elevados, tasas de interés usurero y medidas aduaneras que favorecían a los imperialistas y a las 50 familias más ricas del país. Atacó los obreros bloqueando los salarios e imponiendo un pasaporte por asalariado. Todo esto condujo al aislamiento social creciente de la monarquía, que encontró su expresión en el fracaso de la tentativa del Sha de construir un partido político pro-monárquico basado en la "revolución blanca"'.

Estos hechos son elocuentes frente a las teorías según las cuales, las ganancias petroliferas estaban a punto de transformar al Irán en un "sub-imperialismo". . Por el contrario, las ganancias petrolíferas han agravado las contradicciones de una economía que continúa bajo la

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dominación del imperialismo.

16. En 1976, aparecieron dentro del poder divergencias concernientes a la línea política a adoptar frente a la crisis económica. La fachada monolítica de la monarquía comenzó a crujir.

En 1977, sectores de la intelligentsia y de la oposición liberal burguesa del viejo Frente Nacional, alentados por las luchas desatadas en el extranjero en favor de los derechos del hombre en Irán, comenzaron a movilizarse públicamente y exigieron el respeto de la constitución de 1906, que nunca había sido formalmente abolida. Hubo un ascenso del movimiento estudiantil. El régimen decidió responder a las corrientes de oposición por medio de la

En el contexto del aislamiento creciente de la monarquía, la represión acentuada tuvo por efecto extender el

Se desató una dinámica específica que caracterizará a todos los acontecimientos siguientes: a los duros golpes de las fuerzas represivas, responderán movilizaciónes más amplias que revelarán la profundidad del odio contra la represión, la opresión y la explotación encarnadas por el régimen del Sha, así como la voluntad creciente de combatir hasta el fin.

El 8 de enero de 1978, tuvieron lugar manifestaciones callejeras masivas en la ciudad religiosa de Oom, para protestar contra los ataques de los diarios gubernamentales contra el Ayatollah Jomeini, exiliado. Muchos de los manifestantes fueron muertos por la policía.

Según un modelo, que será cada vez confirmado nuevamente por el movimiento de protesta, se desencadenó una nueva ola de manifestaciones cuarenta días más tarde, después del periodo tradicional de duelo islámico. Coincidió con un levantamiento en la ciudad aserbaijana de Tabriz, que reveló ya los elementos de lo que habría de constituir el desarrollo ulterior de la revolución. Obreros, pequeños comerciantes, y masas semiproletarias se unieron al movimiento. Se derrumbó la disciplina de la guarnición de Tabriz. El ejército se mostró incapaz de quebrar la lucha de las masas. Durante todo un día, la ciudad estuvo bajo su control, hasta que el Sha fue capaz de restablecer la situación enviando tropas de otras guarniciones.

Las manifestaciones, que se ampliaron sin cesar y se extendieron a todas las principales ciudades del país, fueron generalmente organizadas a partir de las mezquitas, los únicos centros de vida social que no estaban totalmente controlacios por el régimen y su policía, como consecuencia de la inactividad y la traición de los viejos partidos de oposición (Tudeh, Frente Nacional) y por la afluencia masiva a las ciudades de una población rural, que estaba aún fuertemente influenciada por la religión. Esto otorgó un papel decisivo a la jerarquía chiita. El régimen del Sha había contribuido a provocar la oposición de la jerarquía chiita, obligando a Jomeini a exiliarse en 1963, atacándola constantemente con el objeto de reducir su influencia y tratando de establecer un control administrativo sobre el clero.

Disponiendo de una amplia red organizativa, la jerarquía religiosa fue ante todo capaz de aprovechar la debilidad de la antigua oposición burguesa, el Frente Nacional, así como la debilidad organizativa del movimiento obrero. Las traiciones del partido Tudeh, durante la segunda revolución iraní, la política de apoyo al Sha practicada por Moscú y Pekín, la represión a las minorías políticas y religiosas en los estados obreros burocratizados, condujeron a muchos jóvenes, obreros e intelectuales, combativos y abnegados, a orientarse hacia los conceptos utópicos o reformistas del "socialismo con los colores del Islam", formulados por el teólogo Chariati o por la organización de la guerrilla Mujahedín.

La afluencia masiva a las ciudades de poblaciones atrasadas provenientes del campo, sobre las cuales la influencia de la religión era tradicionalmente muy fuerte, contribuyó a dar a la jerarquía chiita una base popular muy amplia en los centros urbanos. Pero el factor clave de la actitud de las masas con respecto a esta jerarquía, fue innegablemente, el papel desempeñado en la lucha contra ei Sha por Jomeini. Su autoridad en las masas estuvo basada en que rechazó todo compromiso con el Sha y con la monarquía, incluso cuando otros dirigentes de la oposición burguesa estuvieron dispuestos a tales compromisos.

En setiembre de 1978, la clase obrera comenzó a entrar en la lucha con sus propias armas y formas de organización. En diciembre, una huelga general revolucionaria, encabezada por los obreros del petróleo, arrastró en su apoyo a los comerciantes y otras capas sociales. convirtió en la punta de lanza de las más amplias luchas de masas. Las movilizaciones de masas se intensificarán y culminarán en la insurrección de febrero de 1979 que

Dado el debilitamiento y la parálisis del aparato del Estado y el ascenso del movimiento de masas, inmediatamente después de la insurrección eran posibles progresos decisivos en la organización de los trabajadores en consejos o soviets. Lo que hacía falta, era un partido marxista revolucionario de masas, capaz de desempeñar un papel dirigente en este sentido.

17. Después del derrocamiento de la monarquía, el gobierno burgués de Mehdi Bazargan, nombrado por Jomeini, trató de gobernar con el objetivo de restablecer el orden capitalista, de reconstruir el ejército y las otras instituciones del Estado burgués. Pero el poder real estaba en manos del Consejo de la Revolución islámica, dominado por el clero. Jomeini comenzó a poner en práctica su proyecto de construir un régimen burgués de recambio al del Sha. El carácter de las movilizaciones de masas que duraron más de un año contra el régimen del Sha, determina el contexto en el cual la lucha de clases va a desarrollarse Las masas han derribado a la monarquía apoyándose en sus propias fuerzas. Esperan ahora que sus aspiraciones económicas, sociales y políticas sean realizadas.

Dada la crisis del sistema capitalista internacional y la inestabilidad social que se mantiene en Irán, es probable que la crisis de la economía iraní se intensifique, incluso si la política del nuevo régimen consiste en tomar medidas para corregir las distorsiones económicas extremas que resultaron de la orientación política y económica de la monarquía. Así, el régimen no está en condiciones de hacer concesiones substanciales a las masas, aunque está obligado a hacer algunas. Por el contrario, para restablecer las condiciones de una recuperación de las inversiones imperialistas en gran escala, deberá acentuar su presión sobre los obreros y otros sectores de las masas trabajadoras. Esto lo hará entrar cada vez más en conflicto con las masas. Estas no están bajo los efectos de una derrota, se sienten plenas de confianza en si mismas, después de su lucha contra el Sha, coronada por el éxito. La principa! prueba de fuerzas no se ha dado todavía.

El enfrentamiento más importante que ha tenido lugar entre el nuevo régimen y las masas, se produjo en el Kurdistan. Durante la insurrección revolucionaria, los Kurdos se armaron y constituyeron comités en todo el Kurdistán iraní. Cuando en marzo de 1979 el gobierno central trató de recuperar su autoridad, se produjeron conflictos violentos. Durante el verano Jomeini lanzó una ofensiva militar de gran envergadura, incluso con empleo de

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aviación, contra los kurdos. Los kurdos fueron militarmente golpeados, pero no han sido ni aplastados ni derrotados. Continuan representando un gran desafío al régimen. Recientemente han realizado importantes progresos, lo que obligó a Jomeini a declarar que estaba dispuesto a reconocer un estatuto de autonomía parcial para el Kurdistán.

Existen luchas de otras nacionalidades oprimidas como los baluchis, los turcómanos y los árabes del Juzestán. Los aserbaijanos y otras nacionalidades oprimidas pueden estallar en cualquier momento. Por otra parte, el gobierno capitalista está obligado a esforzarse fortalecer nuevamente el yugo de la opresión nacional ni quiere reconstruir un Estado burgués central estable. Esto significa que la cuestión nacional seguirá siendo explosiva, que seguirá siendo uno de los principales puntos focales de lucha en el próximo periodo.

El régimen de Jomeini-Bazargan atacó también los derechos democráticos. Ante todo, trató de encontrar una solución al hecho que amplios sectores de la población urbana estaban armados. Ha obtenido éxitos parciales en la tentativa de recoger estas armas y organizar a la juventud armada que había participado en la insurrección en los "pasdars" , una milicia bajo el control de los comités del Imán, dominados por el clero.

El ejército fue duramente afectado y, en algunos sitios, descompuesto bajo los efectos de la insurrección. Pero algunas unidades de élite permanecieron intactas y pudieron ser utilizadas contra los kurdos. Sin embargo, los esfuerzos del régimen para consolidar el ejército no han sido aún coronados por el éxito. Lo esencial de la infantería sigue siendo poco segura. El régimen se ve obligado a apoyarse sobre todo en los "pasdars" que, por ejemplo, han debido llevar el grueso de la lucha en el Kurdistán.

Los pasos dados por la jerarquía religiosa con el fin de reforzar el reaccionario código islámico contra las mujeres, en marzo de 1979, provocaron una respuesta, en forma de manifestaciones de masas, que fueron las más amplias que jamás se han conocido en un país islámico en defensa de los derechos de la mujer. La participación de las mujeres en las manifestaciones contra el Sha les dió una experiencia de acción política, que creó las condiciones propias para su contraofensiva. Como consecuencia de estas manifestaciones, el gobierno ha sido obligado a retroceder temporalmente. Pero prosigue su campaña contra las mujeres mediante una propaganda masiva. En el curso ulterior nuevas explosiones de la lucha de la mujer.

La censura de radio y de televisión ha sido impuesta casi inmediatamente después de la constitución del nuevo gobierno. Hubo diversos ataques contra la libertad de prensa. Los primeros ataques serios contra los derechos democráticos han coincidido con la ofensiva del verano contra los kurdos, cuando toda la prensa de izquierda, así como varios diarios burgueses fueron prohibidos. Pero no hubo censura total. Nuevamente aparecer en la prensa opiniones de oposición. Recientemente, el gobierno se ha visto obligado a retroceder. Algunos diarios prohibidos han podido reaparecer.

Una represión selectiva contra la izquierda había comenzado poco después de la insurrección, por medio de ataques de gangsters contra los vendedores de diarios, suscitados por el clero o por los comités del Iman, por medio de detenciones arbitrarias de corta duración, realizadas por estos mismos comités. Más grave fue la ola de detenciones posterior, entre las que la de nuestros camaradas de Ajwas fue la más conocida nacional e internacionalmente. Cuando, en el verano de 1979, la prensa de izquierda fue prohibida se suscitaron ataques gansteriles contra los locales de los grupos de izquierda. Miembros del partido Tudeh y de los Fedayines fueron asesinados. Este tipo de ataques cesó. Pero aún hoy, los grupos de izquierda no pueden funcionar en plena libertad.

Se pueden esperar nuevos ataques represivos contra la izquierda. Pero estos golpes asestados a la vanguardia, no bastarán para inflingir una derrota decisiva a las masas. Esto crea, al mismo tiempo, la base para una defensa eficaz de la vanguardia en una línea unitaria.

Los comités del Iman, nombrados desde arriba, han logrado absorber o reemplazar los comités de barrio, que se habían constituido antes o durante la insurrección. Están bajo la dirección del Consejo de la revolución islámica.

Durante la huelga general que culminó en la insurrección, se habían formado comités de huelga. En el periodo que siguió a la insurrección, los obreros tomaron la costumbre de reunirse en asambleas y han tratado de nuevos comités. El régimen logró impedir la formación de sindicatos; en la mayoría de los casos pudo cooptar los comités. Pero la lucha continúa en el interior de las fábricas, aunque sea de manera no coordinada y esporádica. Esto condujo a un nuevo auge en la constitución de comités de fábricas (shoras) durante los últimos meses. El carácter de estos comités varía mucho según el nivel de movilización de ios trabajadores. La prueba de fuerzas con la clase obrera, decisiva para el futuro de la revolución, está todavía en el futuro.

Hasta ahora, la burguesía ha sido incapaz de hacer retroceder claramente el ascenso del movimiento de masas o de establecer un régimen burgués estable. Un factor clave en los intentos de Jomeini para alcanzar este objetivo es su llamamiento a la "unidad Nacional" alrededor de la "República Islámica". El referendum sobre la República Islámica y la elección de la "Asamblea de Expertos" para aprobar la nueva constitución, iban también en esa dirección. Pero está claro que el conjunto de estas medidas no ha permitido estabilizar la situación social, como esperaba el régimen.

La autoridad de Jomeini sobre las masas constituyen el factor central de los esfuerzos de la débil burguesía para promover sus intereses de clase. Sin esta cobertura, el gobierno no tiene ninguna posibilidad de realizar sus objetivos reaccionarios. Pero la autoridad de Jomeini no existe en el Kurdistán y ha sido debilitada en las otras nacionalidades oprimidas. Aunque subsiste todavía entre las masas plebeyas más pobres de Teherán, comienza igualmente a ser erosionada en esta zona. El enfrentamiento con el imperialismo norteamericano, que comenzó en noviembre de 1979 con la cuestión de la extradicción del Sha, y la caída del gobierno de Bazargan, han acrecentado de nuevo, momentáneamente, el prestigio de Jomeini entre las masas. Pero su autoridad será puesta a prueba por la lucha de clases. Puede incluso agotarse si debe oponerse directamente a las aspiraciones de las masas.

En estas condiciones, se han producido divisiones profundas en el seno de la clase dominante sobre la táct ca a emplear con respecto a la revuelta kurda, el desarrollo de los comités de fábricas, la utilidad de la represión y de la censura, la amplitud de la autoridad formal a acordar al clero, y sobre otras cuestiones. Esto es lo que expresa el conflicto entre el gobierno de Bazargan y el Consejo de la revolución islámica, que concluyó en la destitución de Bazargan y su gabinete. Pero esto se expresa igualmente en profundas divisiones en el seno del clero superior y en el mismo Consejo de la revolución islámica.

El apoyo que las masas trabajadoras dan al gobierno,

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depende de las ilusiones que pueden aún abrigar en cuanto a las intenciones y a la capacidad de éste para satisfacer sus reivindicaciones fundamentales. Actualmente la represión será incapaz de darle una base estable. Durante la siguiente fase de la lucha de clases las ilusiones de las masas comenzarán a disiparse. Pueden haber nuevas crisis gubernamentales, así como cambios bruscos en la composición y la política del gobierno y del propio Consejo de la revolución islámica.

18. La dinámica de la lucha de clases empuja al primer plano la combinación de tareas inmediatas, democráticas y transitorias, conforme a la dinámica de la revolución permanente. La revolución debe afrontar, particularmente, las tareas fundamentales siguientes:

• La defensa incondicional de las conquistas de la revolución contra la reacción iraní e imperialista.

• Convocatoria de una asamblea constituyente libre y soberana.

• Plenos y completos derechos democráticos para todos los partidos políticos. Contra toda restricción a la libertad de palabra, de prensa y de reunión. Separación de la Iglesia del Estado, y libertad de religión y de opinión en general.

• Para neutralizar los efectos de la desocupación y de la inflación, reducción de la semana de trabajo, sin pérdida del salario semanal, para repartir entre todos el trabajo disponible. Los salarios deben aumentar automáticamente y en proporción al aumento del coste de la vida. Es necesario un vasto programa de obras públicas para contribuir a la lucha contra la desocupación y proporcionar los alojamientos, escuelas, hospitales y servicios sociales que el pueblo necesita urgentemente.

• Que los trabajadores abran al público los libros de cuentas de las grandes empresas, para que se esclarezcan Japón: marcha antiinflacción el estado de la economía, los acuerdos secretos con el imperialismo y la corrupción. Expropiación inmediata de todos los bienes de la dinastía de los Pahlevi, de los capitalistas que huyeron del país y de los que se niegan a reabrir sus empresas. ¡Detened la evasión de capitales! ¡Expropiad los sectores claves de la economía y colocad todas las empresas expropiadas bajo control obrero!.

• Los campesinos tienen necesidad de tierras, de créditos baratos, de máquinas agrícolas y de abonos adecuados, así como de mercados asegurados.

• Estrechamente ligada a la lucha por las necesidades sociales del campesinado está la cuestión de la liberación de las nacionalidades oprimidas, que estuvieron en la vanguardia de la lucha contra el Sha. Restauración completa y plena de los derechos lingüísticos y culturales de los pueblos oprimidos. Derecho a la autodeterminación sin limitaciones!.

• ¡Por la liberación de la mujer!.

• Disolución de todas las fuerzas represivas especiales del antiguo régimen. ¡Abrid los archivos de sus crímenes contra el pueblo iraní!.

• Las organizaciones revolucionarias deben tener el derecho de defenderse de los gánsters y los ex-agentes de la SAVAK que se presentan bajo la máscara de revolucionarios.

• ¡Plenos y completos derechos políticos para los soldados!.

• Los trabajadores tienen necesidad de sindicatos democráticos para la defensa de sus intereses.

• Por el desarrollo y la coordinación de los "shoras" (comités) en las fábricas, en los pueblos y en los barrios. Para luchar por los intereses de los trabajadores, de las masas urbanas semi-proletarias, de los soldados, de los $ 430

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campesinos y de todas las masas laboriosas, estos comités deben ser independientes del Estado y de la jerarquía religiosa. Deben ser elegidos y dirigidos democráticamente. Hay que expulsar de ellos a los agentes de la SAVAK que han tratado de infiltrarse. El objetivo debe ser la formación de consejos —sovietsque reunan del modo más amplio posible a los representantes electos de de trabajadores, de soldados, de campesinos y de los barrios.

• Los marxistas revolucionarios luchan codo a codo con el régimen actual contra toda tentativa contrarrevolucionaria de derribarlo por parte del imperialismo o de sus agentes directos, o por un golpe de Estado militar apoyado por el imperialismo. Pero al mismo tiempo proclaman que ningún gobierno capitalista en Irán puede satisfacer las necesidades de las masas trabajadoras. Por una república obrera y campesina, un gobierno que cimentará los vínculos entre los trabajadores y los campesinos pobres, que los derechos nacionalidades oprimidas, que movilizará a las masas para expropiar las principalers ramas de la industria y de las finanzas, que quebrará el poder de los imperialistas y de sus asociados iranís, que instaurará una economía planificada y establecerá un Estado obrero basado en los comités de trabajadores democráticamente elegidos.

Los trabajadores y sus aliados pueden triunfar si se construye a tiempo un partido obrero marxista de masas. Esta es la tarea que se han dado nuestros camaradas del HKS. Es una tarea importante para la IV Internacional ayudar a nuestros camaradas a avanzar en este objetivo.

La campaña en el seno del movimiento obrero internacional para salvar la vida y arrancar la libertad de los camaradas detenidos del HKS ha sido llevada por la IV Internacional, sus secciones y grupos simpatizantes, con una ayuda importante del CORCI. Esta campaña ha sido una de las que ha tenido más éxito entre las que hemos desarrollado. Ha logrado impedir la ejecución de los camaradas ya condenados a muerte. Es un ejemplo de la importancia y de la utilidad de las campañas de defensa en general. Debe ser proseguida como una de las tareas centrales de la IV Internacional hasta que nuestros camaradas sean liberados. IV. LA CRISIS DE LAS CASTAS BUROCRATICAS Y LAS PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCION POLITICA

19. La reciente evolución de la Unión Soviética, los países de Europa Oriental y China confirma de manera contundente los análisis trotskistas de sus relaciones sociales, estructuras del Estado y desarrollo dialéctico de su contradicción fundamental entre sus economías planificadas de un lado y, de otro, el parasitismo de la casta burocrática.

a) La naturaleza no capitalista de estas economías está subrayada por el hecho de que entre los países industrializados del mundo solamente la URSS, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia, Hungría y Polonia no fueron arrastrados a la recesión mundial de 1974-75. No sufrieron una reducción global de la producción industrial; no cayeron en el desempleo masivo.

Al mismo tiempo, estas sociedades se probaron incapaces de aislarse de los efectos de las fluctuaciones a gran escala de precios y cambios en el mercado capitalista mundial. La recesión ayudó a desvelar el mito estalinista reaccionario de que el "socialismo" se ha establecido en esos países y que sus economías pueden desarrollarse sin contradicciones internas fundamentales, aisladas de la economía mundial y de la lucha de clases internacional.

Las fuerzas productivas en los países del Comencon están cada vez más entorpecidas por el marco nacional en el que se desenvuelven. Un desarrollo rápido y equilibrado de Europa del Este, la URSS y China, requiere una división internacional del trabajo bastante más avanzada.

De aquí la creciente presión para desmantelar el antiguo marco autárquico estalinista. Pero la extensión de los lazos con la economía de los países capitalistas, agudiza los conflictos entre el mercado mundial y la planificación económica. En la medida en que los gobiernos de Europa Oriental continúen tratando de aumentar la producción de bienes de consumo a través del aumento en las importaciones de maquinaria avanzada occidental, su directa dependencia del capital occidental y su vulnerabilidad a los efectos de las crisis capitalistas se acrecienta. Por esta razón, las burocracias están forzadas a maniobrar cada vez más desesperadamente entre las exigencias de la clase obrera en el interior de sus países y la presión de la burguesía imperialista. La explosión en Polonia en 1976 fue un buen ejemplo de esto. Anticipándose a mayores exportaciones, los burócratas pidieron grandes préstamos a la banca occidental. Con el fracaso en la realización de estos planes, debido a la recesión en el mundo capitalista, la burocracia cortó los subsidios a los alimentos; y los obreros responden con su propio método: huelgas y combativas manifestaciones de masas.

Dentro del propio Comecon el desarrollo de la cooperación a través de un verdadero sistema de planificación internacional está bloqueado por el marco nacional dentro del cual operan las burocracias estalinistas. Esto significa que un paso decisivo hacia la planificación internacional podría darlo solamente una de las burocracias (la más fuerte, claro, la burocracia soviética) destrozando la relativa autonomía económica de las otras. Sin embargo, las relaciones de fuerza entre las burocracias y las masas en Europa del Este, impiden cualquier intento de subordinación directa y completa de sus economías a Moscú sin el riesgo de una explosión política. Así, una acabada división internacional del trabajo no es posible dentro del marco de control estalinista en Europa del Este y la URSS.

Estas sociedades siguen en una situación de transición entre el capitalismo y el socialismo. El capitalismo puede ser restaurado todavía, en tanto el gobierno de la casta parasitaria, con la mala administración y las distorsiones de todas las relaciones sociales, bloquea un decisivo hacia el socialismo.

b) La esperanza de algunas corrientes de que la burocracia se reforme a sí misma y encare reformas radicales o lleve a cabo una "revolución por arriba" se ha demostrado falsa. La presión de la necesidad objetiva de terminar con la burocracia explica en parte la creciente diferenciación y las divisiones en las filas de la burocracia. Pero la casta gobernante no puede renunciar voluntariamente al monopolio del poder, que le asegura sus especiales privilegios materiales y sociales. Todas las reformas otorgadas por la burocracia están destinadas, en último análisis, a mantener su poder y sus privilegios.

Esto se confirma claramente en el terreno económico.. En una economía planificada - en la cual no existen los mecanismos para impulsar automáticamente el crecimiento de la productividad del trabajo tales como los que provee la competición capitalista - se hace cada vez más dificil asegurar un crecimiento sostenido de la productividad sin asegurar la soberanía de los productores directos sobre el proceso de planificación y gestión de las unidades de producción. Pero una planificación democráticamente centralizada presupone la eliminación de la

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casta burocrática. Los mecanismos estalinistas para asegurar la extracción del sobreproducto social, reduciendo el consumo de las masas a través de una política de terror resulta cada vez menos eficaz con ia transición hacia formas avanzadas de desarrollo industrial y el desarrollo de una clase obrera más cualificada, con mayores necesidades culturales y mayor peso social. Todos los intentos de la burocracia por reformar el sistema de planificación burocráticamente centralizada han fracasado; no ha habido ningún salto cualitativo en la productividad del trabajo. Sólo la conquista de la democracia obrera lo hará posible.

c) Por otro lado, el parasitismo de la burocracia, es más y más flagrante; su completa incapacidad para reconciliar las necesidades de la planificación social con la reaccionaria defensa de sus privilegios; su incapacidad para desarrollar una ideología específica propia; la continúa aparición de diferencias en sus filas, muestran que no estamos frente a una nueva clase gobernante, ni una nueva clase social, sino ante la perversión del proceso de construcción de una sociedad sin clases. En tiempos de crisis política extrema e incluso en periodos de tensiones crecientes, la burocracia tiende a dividirse, defendiendo una de sus alas posiciones marcadas por las ideologías más reaccionarias e inclinándose la otra ante la presión de las masas que buscan establecer la democracia proletaria. En lo que concierne a la casta gobernante este fue claramente el módelo básico en los levantamientos de Alemania Oriental en 1953, en la revolución húngara de 1956 y en la "primavera de Praga"' en 1968. Este es el modelo ya discernible en el renacimiento de la vida política en Polonia.

d) Sólo una revolución política que elimine toda forma de gobierno por una casta burocrática, puede reabrir el camino hacia la construcción de una sociedad internacional sin clases. La futura revolución política en la URSS, Europa del Este y China no cambiará aquellos elementos del sistema económico heredados de la revolución de Octubre - propiedad colectiva de los medios de producción, planificación central, monopolio público/ del comercio exterior- que son prerrequisitos necesarios para la construcción del socialismo. Pero los efectos de la revolución política no se limitarán a la esfera de la superestructura. La introducción de la democracia proletaria transformará radicalmente la planificación, la gestión de la economía y la organización del proceso de producción. Otro resultado benéfico que se recogerá será el restablecimiento de relaciones sociales mutuamente ventajosas con el campesinado. Culminará en una afirmación decisiva de la gestión obrera de la economía, asi como en un comienzo de transformación radical de la viuda familiar.

e) La interrelación de la crisis del capitalismo y la crisis de la burocracia estalinista subraya, una vez más la naturaleza contrarrevolucionaria del estalinismo a escala mundial. La "coexistencia pacífica" y la "distensión" no alejan la amenaza de una guerra atómica mundial. Están destinadas a mantener la actual división del mundo en "zonas de influencia" y prevenir un decisivo avance de la revolución mundial. Estos objetivos contradicen el supuesto fin de prevenir la guerra; el peligro de una guerra nuclear puede ser vencido solamente derrocando al capitalismo en sus centros claves. La burocracia estalinista aplica políticas colaboracionistas de clases, lo cual en último análisis debilita la defensa de la base económica que es la fuente de sus privilegios especiales. Esta conducta aparentemente irracional, puede ser explicada sólo por el temor de un nuevo alza de la revolución socialista. Si esto ocurriera en el Oeste, inspiraría un alza similar en Europa Oriental y en la Unión Soviética. Tampoco Pekín quiere esto.

Los marxistas revolucionarios rechazan la propaganda maoísta según la cual dos "superpotencias" dominan la política y la economía mundiales. Este punto de vista, como el concepto de "coexistencia pacífica"

, excluye prácticamente durante decenios la posibilidad de una revolución socialista. La naturaleza reaccionaria de esta posición y las no menos reaccionarias conclusiones políticas que se extraen de ella, tales como la justificación de alianzas con toda clase de fuerzas burguesas imperialistas y regimenes semicoloniales reaccionarios, debe ser duramente denunciado.

Los marxistas revolucionarios sostienen la necesidad de defender a la Unión Soviética contra los ataques del imperialismo. Cualquier países donde ha sido constituiría un gigantesco paso atrás para la humanidad. Pero el conflicto con el imperialismo debe ser claramente distinguido del conflicto entre las masas oprimidas en los Estados obreros y las burocracias gobernantes, independientemente de las confusiones que pueden existir entre los disidentes políticos, producto de décadas de dictadura estalinista. Debemos sumarnos a las masas en la causa

La necesaria defensa de la Unión Soviética contra el imperialismo no debe y no puede implicar alguna forma de "frente único ideológico" con la burocracia contra sus oponentes políticos. En su ideología la burocracia no ofrece una "variante del marxismo". Su ideología sólo es una cobertura de su naturaleza opresiva, como capa social parasitaria. Esta burocracia debe ser derribada.

f) Del mismo modo que las burocracias obreras del mundo capitalista son incapaces de ofrecer un futuro más allá de la explotación capitalista y las limitaciones de la democracia burguesa, las burocracias estalinistas de la Unión Soviética y Europa Oriental siguen atadas a la perspectiva de la "coexistencia pacífica" , es decir, del mantenimiento del statu quo internacional, que divide de modo permanente a la clase obrera de Europa entre Este y Oeste. La IV Internacional lucha por la perspectiva de una real unificación del continente en los Estados Unidos Socialistas de Europa. En este gigantesco paso adelante, el imperialismo y el estalinismo serán reemplazados por la libre asociación de las masas trabajadoras, en una federación internacional de democracias socialistas, abierta a los pueblos de todos los continentes que se liberen del yugo del capital.

20. El hecho de que la burocracia estalinista ha gobernado a la Unión Soviética durante cincuenta años y que burocracias similares han gobernado a Europa Oriental y China durante décadas, plantea problemas teóricos y políticos a las cuales los marxistas revolucionarios deben dar claras respuestas. Si bien es correcto presentar al gobierno estalinista como un régimen de crisis en la URSS, hay que agregar que ha demostrado una mayor resistencia ante la insatisfacción de las masas, a pesar de repetidas crisis, de la que originalmente creyeron posible los marxistas revolucionarios. Las razones para esta combinación deben ser explicadas.

El poder de la burocracia soviética apuntala el control burocrático en todo el resto de Europa del Este. A través de la intervención militar directa, el Kremlin salvó el gobierno de la burocracia de Alemania del Este (1953), en Hungría. (1956) y en Checoslovaquia (1968), cuando estas dictaduras estaban desmoronándose ante los golpes de impetuosos movimientos de masas - el comienzo de revoluciones políticas. Moscú indirectamente salvó a la burocracia de Polonia a través de presión exterior y amenaza de intervención directa en 1956 y otra vez al comienzo de la década de 1970.

En la Unión Soviética, el alza de una oposición con escala de masas tarda en reaparecer después del

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aplastamiento de la Oposición de Izquierda. Cincuenta años de terror estalinista han atomizado política y organizativamente a la clase obrera soviética. La liquidación fisica de cuadros rompió la continuidad de la experiencia entre las generaciones de antes y después de la revolución rusa.

La derrota de los intentos de revolución política en Europa Oriental, junto con la ausencia de una revolución socialista triunfante y el establecimiento de la democracia proletaria en algún país imperialista, entorpecieron más aún la recuperación de la clase obrera soviética. Fue precisamente por esta razón para impedir que un atractivo 'modelo alternativo modificara radicalmente la situación política en la URSS- que el Kremlin tomó el riesgo de aplastar la "primavera de Praga". El precio que ha tenido que pagar por este crimen fue considerado como un mal menor ante las repercusiones en la URSS y otros países de Europa Oriental, de un triunfo de la revolución política en Checoslovaquia, un pais industrialmente avanzado con un poderoso proletariado políticamente avanzado.

El desarrollo desigual de la conciencia política, la oposición, las acciones de masas, y las organizaciones de masas en la URSS y en Europa Oriental, que ha colocado a los trabajadores europeos del este a un nivel más alto que el de los trabajadores de la URSS, ha dejado aún poder suficiente a la burocracia soviética para bloquear una victoria definitiva de la revolución política en Europa Oriental. asu retardado la militancia política del proletariado soviético. Este es el mecanismo fundamental que ha preservado la dominación de la burocracia, a pesar de crisis cada vez más profundas.

Sin embargo, desde los comienzos de la década de 1970, se han acumulado signos de que este modelo esta comenzando a dar resultados opuestos. La última fase en la crisis del estalinismo mundial, marcada por la aparición

"eurocomunismo", extranjero estimulantes evidentes para reforzar el desafío a la dominación de la burocracia lanzado en el terreno político. La emergencia en Polonia y Checoslovaquia de movimientos en defensa de los derechos constitucionales ayuda de la misma manera, como también la creciente resistencia de las nacionalidades oprimidas. Las primeras formas de protesta independiente de la clase obrera han aparecido también en la URSS, aunque en muy modesta escala. La producción continúa del Samizdat clandestino, a pesar de los grandes esfuerzos por liquidarlo, es otro indicador elocuente. Todos estos cambios combinados con la perspectiva revolucionaria abierta en los países imperialistas, crea condiciones más favorables para un nuevo despertar político de la clase obrera soviética.

Estas condiciones más favorables para poner en cuestión el reino de la burocracia, reflejan cambios estructurales en la sociedad soviétiva así como en los países de Europa Oriental. La creación de economías industriales desarrolladas, con capas cada vez más amplias de obreros cualificados, ha hecho más costoso el terror policíaco para la burocracia. Las represalias económicas y sociales son usadas más a menudo que la represión policíaca abierta de las amplias masas. Pero el aparato policíaco estalinista se mueve rápidamente para aplastar cualquier intento de montar una acción política organizada contra el orden establecido

La burocracia estalinista fue capaz de atraer con cierto éxito a las generaciones más jóvenes, sobre la base de las transtormaciones sociales y económicas en la URSS durante el período de industrialización y en Europa Oriental después de la Segundo Guerra Mundial. Pero hoy uno de los problemas más explosivos e insolubles que confronta la burocracia estalinista es la creciente revuelta ideológica y cultural entre la juventud.

La reducción de las posibilidades de progresar cada vez más en la jerarquía soviética, elimina otro obstáculo en el camino de la recuperación de la combatividad obrera: la esperanza de encontrar una solución individual a la "cuestión social".

La relativa estabilidad del gobierno de la burocracia durante las dos últimas décadas ha creado un gran número de problemas políticos. En la medida en que el personal dirigente de la burocracia ya no es periódicamente sacudido por violentas purgas, tiende a envejecer, haciendo el problema de la sucesión más y más difícil de resolver, especialmente en ausencia total de democracia. Este hecho, combinado con opciones cada vez más difíciles en la asignación de recursos — gastos militares, gastos civiles, expansión del consumo, expansión de las inversiones, expansión de las bases de materias primas, expansión de la renovación tecnológica- y la activa oposición de la casta a que los trabajadores tengan voz en estas decisiones, hace de la sucesión de Brezhnev un problema burocracia. La atomización de las masas trabajadoras refuerza el aislamiento de las capas más altas de sociedad, que viven en un mundo artificial cortado del mundo del ciudadano medio.

21. Uno de los más interesantes desarrollos en Polonia y Checoslovaquia bajo el control burocrático, ha sido la gradual aparición de una oposición política que la burocracia trata con cierta circunspección. Esto también ocurre en Hungría, Yugoslavia y en la República Democrática Alemana e incluso en la URSS. En Polonia el movimiento de oposición se ha hecho muy amplio y los oposicionistas han ganado una experiencia importante en formas públicas y relativamente amplias de actividad política.

Hay varias razones para este fenómeno. Primero, la profundidad de las contradicciones, el obvio impasse hacia la cual la burocracia ha dirigido la economía, el rechazo universal a sus medidas represivas, la necesidad profundamente sentida de una democratización de la vida política, económica y social, han creado condiciones favorables para una expresión pública mas audaz de la crítica política y del descontento más generales.

Una nueva generación ha crecido con confianza en su capacidad para protestar por las groseras violaciones de los derechos civiles y de utilizar métodos de protesta pública. Ejemplos impresionantes de tales acciones son la oposición de ciudadanos en Polonia a los cambios propuestos para la constitución polaca, a fines de 1975; la amplia exigencia de una encuesta parlamentaria acerca de la brutalidad policial en las huelgas obreras de junio de 1976 en Polonia; la extensa protesta contra la expulsión de Wolf Biermann de Alemania Oriental y contra el proceso a Rudolf Bahro; el amplio rechazo popular en Checoslovaquia a participar en la campaña oficial denunciando a Carta 77, así como las protestas contra el proceso de Petr Uhi y otros inculpados, que se extienden a Polonia y Hungría; el uso del derecho de huelga por parte de 30.000 mineros en Rumania en agosto de 1977 sobre problemas de la paga y las condiciones de trabajo; la manifestación pública en Georgia contra la prohibición del georgiano como lengua de la república en abril de 1978. Esta actitud frente a los derechos civiles deviene extremadamente peligrosa para la burocracia en períodos de inestabilidad social. La burocracia se enfrenta con el dilema de volver a la represión masiva —lo que podría producir una respuesta popular aún más violenta- o tolerar ciertas corrientes opositoras.

Es igualmente impresionante el papel cada vez mas importante que juegan la resistencia a la opresión nacional y el resentimiento frente a las desigualdades nacionales, en la lucha general por romper la camisa de fuerza del

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control burocrático. En la Unión Soviética, apenas un 50% de la población se considera a sí misma como rusa. Las actividades de los ucranianos, de las nacionalidades bálticas, de las nacionalidades del Cáucaso, de los tártaros de Crimea y de los judíos soviéticos, para no citar más que esos ejemplos, son particularmente molestos para los estalinistas, ya que plantean relacionados con el derecho de autodeterminación nacional. En Georgia, Armenia y Aserbaiján, las manifestaciones de abril de 1978, sobre la cuestión del derecho a la ganaron algunas concesiones

Los esfuerzos de Moscú por eliminar las garantías sobre la lengua, muestra la intención de la burocracia de acabar con todo vestigio de la política leninista sobre las nacionalidades. Muestra también que la memoria de esta política existe en tal amplia escala que no puede ser eliminada sin grandes batallas. Las luchas en este campo pueden aparecer rápidamente y ganar concesiones.

El problema de la liberación nacional se ha agudizado en los países de Europa Oriental bajo la opresiva dominación económica y militar del Kremlin. Un claro ejemplo de esto es la lucha del pueblo checoslovaco por la retirada de las tropas del Pacto de Varsovia. En Europa Oriental, la dictadura estalinista y la política de construir socialismo en un sólo país" , no solo han bloqueado la solución del problema nacional, sinó que lo han hecho más explosivo.

Ha surgido una disputa en torno a la negación de los derechos nacionales de la minoría húngara de Rumania. El régimen rumano ha renovado las reivindicaciones que consideran a los habitantes de Moldavia, incorporada a la URSS, como parte del pueblo rumano. Bulgaria y Yugoslavia mantienen un agudo desacuerdo respecto a Macedonia.

Los revolucionarios proletarios comprenden que la lucha en torno a la cuestión nacional constituye una parte central de la lucha de conjunto contra el gobierno arbitrario de la burocracia y por la democracia obrera. No se trata solamente de comprender cómo la revolución política promoverá la lucha contra la opresión nacional, sinó de manera mucho más decisiva aún, cómo las luchas en torno a la cuestión nacional contribuirán a desarrollar la revolución política.

La IV Internacional sostiene la consigna de Repúblicas Socialistas realmente independientes y soberanas para Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumania, Bulgaria y Ucrania, propugnando simultáneamente la Confederación de todos estos Estados obreros sobre la base de estricta igualdad en una o varias federaciones democráticas de Estados obreros.

Otro fenómeno notable es el declive tanto de la amplitud como de la efectividad de la represión en los países bajo gobiernos burocráticos. Esto es el producto de muchos factores: una reticencia cada vez mayor de amplios sectores de la burocracia a reinstaurar un período de tipo Yezhov, del cual ellos mismos podrían convertirse en víctimas; creciente resistencia en todos los estratos de la población a cualquier forma como las utilizadas por Stalin a escala masiva; creciente efectividad de la protesta internacional contra la represión, especialmente protestas del propio movimiento obrero internacional; creciente capacidad de las víctimas de la represión para organizar la resistencia, lo cual es otro importante factor que hace menos efectiva a la

Sin embargo la represión sigue siendo dura y está acompañada de prácticas repugnantes tales como el internamiento de los disidentes políticos en instituciones psiquiátricas, donde son objeto de refinadas torturas. Las medidas represivas indudablemente se intensificarán en la primera etapa de movimientos de masas explosivos. Pero su efectividad para atomizar la sociedad y la clase obrera y bloquear las disidencias políticas a través del uso del terror ha sido considerablemente minada.

Además, una serie de cambios estructurales ha alentado la reaparición de tendencias opositoras. El crecimiento económico y los progresos científico tecnológicos requieren un clima más liberal, al menos en el campo de las ciencias naturales y los debates sobre alternativas de inversiones y gestión. Por razones de autodefensa económica la burocracia ha sido forzada a terminar con el aislamiento de la sociedad soviética de los países extranjeros. Esto vale más aún para Europa Oriental. El flujo de ideas entre los países burgueses y los Estados gobernados por una casta burocrática se ha acrecentado notablemente. Se multiplican los contactos entre ciudadanos soviéticos,

Oriental y ciudadanos occidentales, principalmente a través de colaboraciones científicas, intercambio de estudiantes y turismo. Incluso la colaboración industrial ha permitido algunos contactos entre obreros soviéticos y obreros del oeste. Asi, gradualmente se hace más fuerte la posibilidad de una colaboración en pensamiento y acción entre sectores de obreros soviéticos, europeos orientalts y europeos occi-

22. El rasgo predominante del movimiento opositor emergente en Europa Oriental y en la URSS es su compromiso con las luchas por los derechos democráticos y las libertades civiles. Está marcado por una composición política diversa y la inclusión de ideologias no socialistas y ajenas a la clase obrera. A pesar de que la burguesía occidental ha seguido durante décadas una política de acuerdo con la burocracia para bloquear el desarrollo de todo movimiento popular masivo en Europa Oriental, ha conseguido desarrollar su agitación sobre "los derechos humanos" apoyándose esencialmente en estos elementos antisocialistas, a los que potencia para poderlos utilizar mejor como símbolo de la guerra ideológica del capitalismo contra las ideas socialistas.

Aunque una restauración del capitalismo es posible en estos países, las fuerzas motrices de tal restauración no

Centre los ideólogos antisocialistas del movimiento por los derechos civiles. Se encuentran principalmente en las tendencias agresivas inherentes al capitalismo internacional y las potencias imperialistas — que deben su prolongada supervivevncia a la estrategia contrarrevolucionaria del estalinismo y el reformismo, entre otras cosas-, en las fuerzas restauracionistas de la propia burocracia y en sectores de nuevos ricos de la pequeña burguesía. Que las fuerzas restauracionistas prevalezcan depende de la evolución de la relación de fuerzas sociales a escala mundial y dentro de Europa Oriental y la URSS. Y una evolución favorable de esta relación de fuerzas depende de la capacidad del proletariado para afirmarse, superar su atomización, organizarse masivamente y borrar el descrédito que el estalinismo haya echado sobre el comunismo, revolucionarios la lucha por los derechos democráticos y civiles es de fundamental importancia en la lucha por derrotar a las castas burocráticas en Europa Oriental y la URSS, a través de una revolución política que instaure la

Suprimiendo los derechos democráticos, las dictaduras estalinistas retrocedieron de las posiciones alcanzadas en este campo por las grandes revoluciones democrático burguesas. Además de sostener los derechos democráticos conquistados en las batallas revolucionarias del pasado, existen otras razones para insistir en la importancia central de estas conquistas. En una sociedad sin propiedad privada, la conquista de la autodeterminación

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de las masas en el terreno político necesita la eliminación del control de la burocracia sobre la producción y la riqueza social. Es obvio que la clase obrera atomizada, más que cualquier otra fuerza social, saldría beneficiada de una conquista de derechos democráticos en los Estados obreros degenerados o deformados. Todo lo que aliente un impulso en la autoorganización de las masas, su autoconfianza y capacidad para desarrollar acciones políticas independientes, ayuda a avanzar en dirección de la revolución política y la democracia proletaria, no a la restauración del capitalismo. Si es necesario confirmar esta tésis, el balance de la "primavera de Praga"' ofrece

Pero precisamente porque la lucha por los derechos civiles y democráticos presenta semejante desafío a la burocracia, quienes estan embarcados en la batalla necesitan considerar una serie de cuestiones programáticas y estratégicas globales. Así como la burocracia trata de ligar sus tácticas contra las acciones de protesta por los derechos civiles con la defensa global de sus intereses de de los marxistas revolucionarios comprometidos en este movimiento deben estar condicionadas por las exigencias de la lucha mundial por el poder obrero y la democracia socialista.

Los marxistas revolucionarios rechazan la noción de que las masas de Europa Oriental y la URSS deben tratar de obtener el apoyo de los gobierno del Oeste para ganar las libertades democráticas. Campañas por los derechos civiles centradas en llamamientos a los gobiernos imperialistas. suscitan ilusiones que son alternativas a las movilizaciones de masas. Del mismo modo los marxistas revolucionarios rechazan todos los métodos terroristas en la lucha por los derechos civiles, van contra la necesidad de trabajar pacientemente por movilizaciones de masas más y más amplias.

La lucha por libertades democráticas no puede desarrollarse aislada de otras demandas de las masas trabajadoras en Europa Oriental y la URSS de carácter político, social o económico. Solo la combinación de la lucha por los derechos políticos con una lucha global en defensa de los intereses sociales de las masas, puede llevar a una conclusión victoriosa la lucha por la democracia socialista. Quienes no ven más allá de la democracia burguesa, serán incapaces de movilizar concretamente a las masas en una lucha victoriosa por el poder contra las burocracias estalinistas.

Los marxistas revolucionarios tratan de establecer la unidad de acción más amplia posible en torno a reivindicaciones concretas. Pero mantienen su propia identidad e independencia política, luchando por una revolución política, por el ejercicio directo del poder de los obreros y el socialismo mundial. Por eso se niegan a convertir frentes únicos ad hoc en organizaciones o corientes definidas por un programa político confuso y ecléctico.

Sobre todo, combinan esta actividad de frente único con una batalla sin pausa contra ideologías reaccionarias burguesas o pequeñoburguesas, que objetivamente ayudan a la burocracia estalinista a calumniar a la creciente oposición política como proimperialista y que representan un obstáculo adicional en el camino hacia la democracia socialista. Estas tendencias son profundamente antiobreras y antisocialistas. En la medida que la lucha se amplie, arrastrando a más y más trabajadores, una confrontación con estas tendencias reaccionarias se hará inevitable.

marxistas revolucionarios no basan sus perspectivas políticas ni en la espera de una explosión espontánea de masas, ni en la conspiración aislada de pe queños grupos clandestinos. Cuentan con la interacción dialéctica de la clarificación programática, la organización de la vanguardia y de las masas y la movilización de las masas. Sin la participación en las luchas vivientes de las masas no es posible el desarrollo de una dirección política consciente y experimentada. Sin una consciente clarificación programática y la organización de la vanguardia marxista, el movimiento de masas corre el riesgo de ser desviado, contenido y derrotado por la burocracia. En el presente nivel de desarrollo en Europa Oriental, la URSS y China, esto significa la combinación de acciones públicas con la propaganda clandestina y la formación de círculos de discusión sobre una base programática, tendenté a la construcción de organizaciones marxistas revolucionarias. Esta lucha combinada dentro de los Estados obreros puede aparecer difícil a primera vista. Pero cada paso ganado en organización independiente de los trabajadores hará más fácil la tarea. Los marxistas revolucionarios actúan dentro de los frentes únicos por los derechos democráticos como los más audaces y efectivos luchadores por una genuina democracia socialista. Actuan también y sobre todo como representantes auténticos de los intereses inmediatos e históricos de su propia clase; la clase obrera.

Si se desencadena una revolución política en uno de los países de Europa Oriental antes que en la URSS, la desproporcionada preponderancia militar ejército soviético no garantiza automáticamente la victoria de la contrarrevolución burocrática. En el caso de Checoslovaquia la burocracia pagó un enorme precio político por su invasión. Dudó y tuvo diferencias internas sobre la oportunidad de realizar esta represión.

La experiencia indica la necesidad vital de fortalecer ios lazos de la vanguardia de los movimientos de masas a través de las fronteras de los distintos países de Europa Oriental, de la URSS y de los movimientos obreros en el Oeste. Esto aumenta la posibilidad de una rápida y poderosa respuesta internacionalista a cualquier utilización de tropas por parte del Kremlin contra las masas insurgentes en Europa Oriental. Esto podría convertir la invasión en un desastre para la burocracia soviética. Provocaria rupturas dentro de la alianza burocrática internacional; amplias movilizaciones de obreros socialistas y comunistas en el Oeste en defensa de la revolución política; una gran desmoralización de las fuerzas soviéticas de ocupación; acciones de solidaridad en la URSS y una crisis política dentro de la propia burocracia soviética. Sea cual fuera el ritmo preciso y las formas de desarrollo de la revolución

Europa Oriental, internacionalista es ineludible para una victoria definitiva en la lucha por la democracia socialista.

23. En aquellas sociedades postcapitalistas en las que está en la agenda la revolución política, su contenido general y su curso básico puede ser deducido a partir de los principales objetivos buscados por las masas en la serie de explosiones sociales que comenzó en

República Democrática Alemana en 1953. El programa de la revolución política ha sido forjado en la lucha misma.

Los principales puntos son la eliminación de los órganos de represión de masas, la conquista de la libertad política para las masas trabajadoras, el establecimiento de sindicatos independientes y de genuina democracia proletaria bajo control real de los trabajadores, el derecho de construcción de partidos o fracciones, la abolición de la censura, la garantía del derecho a la libertad ideológica en todas las esferas de la vida social, científica y artística.

Consolidar estas conquistas requiere el ejercicio del poder obrero a través de consejos de masas libremente elegidos, que aparecerán durante la lucha contra las instituciones burocrática.

establecimiento del control obrero y la gestión obrera de la economía, la supresión del poder de decisión de los

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técnicos, que deben actuar como simples consejeros y no como miembros de una casta dominante, la reducción desigualdades reconstruir el sistema de planificación para acabar con el parasitismo y satisfacer. las necesidades de la población trabajadora.

Terminando con la estructura burocrática reaccionaria y reemplazándolo proletaria, la revolución política exhibirá su carácter social. Terminará con la discriminación en garantizado el derecho de las nacionalidades oprimidas a ejercer la autodeterminación - como en el período de Lenin y Trotsky - incluso su derecho a sepárarse si así lo deciden. La naturaleza explosiva de la cuestión nacional impondrá una reestructuración total de las relaciones mutuas entre Repúblicas que Soviética. Se abrirá el camino para que la mujer pueda avanzar sus propias demandas, dando fuerza de ley a sus la juventud, transformación del sistema educativo y las garantías de acceso a las profesiones deseadas. Como parte de una internacionalista, democratizado y puesto a disposición del proletariado internacional, como cuando fue construido bajo la dirección de Trotsky. Los Estados obreros formarán un frente único, como un paso hacia la integración de sus economías de acuerdo con una planificación científica.

vez comenzado este proceso liberador, expandirá a todos los países, haciendo posible un nuevo gran salto cultural y un avance en las ciencias y las artes a nivel sin precedentes.

El impacto sobre la clase obrera en otros países será superior a todo lo visto desde la revolución de Octubre de 1917. Una vez más la Unión Soviética, y con ella los otros Estados obreros, se presentará como un luminoso faro para el proletariado internacional y sus aliados.

Por supuesto que responden a todos los problemas ni cubren todas las variantes. La existencia de tendencias chovinistas gran rusas en diferentes estratos de la sociedad soviética, que se oponen a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas pero que no se inclinan a la restauración del capitalismo, podría crear una imprevisible desigualdad de desarrollo entre los objetivos sociales y políticos de las diferenciaciones ideológicas en su seno.

La exacta interacción —imposible de prever en esta etapa - entre la revolución socialista en el Occidente y la revolución política en la URSS y Europa Oriental, determinará la rapidez con la cual la vanguardia del proletariado soviético y europeo oriental podrá construir un partido marxista revolucionario, capaz de orientar la conciencia de clase y la política de clase hacia un renacimiento de sus aspectos internacionalistas. Todo progreso ulterior en la relación de fuerzas mundiales en detrimento del imperialismo obviamente daría una poderosa ayuda a este proceso. Por otra parte, graves derrotas del proletariado en los países imperialistas o semicoloniales pondría nuevos obstáculos en el camino de la revolución política en la URSS, Europa Oriental y China. A pesar de todas estas dudas, es posible hoy ver los rasgos principales de la revolución política, en estos países, no solamente como proyección programática basada en la experiencia y la teoría del movimiento trotskista, sino como la realización del curso actual de los desarrollos que tienen lugar ante nuestros ojos.

24. La muerte de Chou En Lai el 8 de enero de 1976 y. la de Mao Tsetung el 9 de septiembre de 1976 precipitaron importantes cambios políticos en la República China Popular: Para comprender el significado de estos cambios hay que considerarlos en sus antecedentes concretos. Una lucha fraccional virtualmente ininterrumpida se ha venido dando desde por lo menos 1959, cuando Mao fue puesto en minoría en la reunión del Comité Central en Lushan, luego de los desastres "'Gran Salto Adelante". Sucesivamente varias de las fracciones contendientes trataron de lograr sus objetivos apelando a las masas. En varias ocasiones, estas movilizaciones de masas que las distintas fracciones de la burocracia querían mantener estrictamente circunscritas a propósitos que no entraran en conflicto con el gobierno de la casta burocrática como tal — fueron más allá de los límites esperados y levantaron genuinas demandas de masas, cuya dirámica apuntaba a una revolución política. • Primero fue la fracción maoista que, en 1966, llamó a las masas contra la mayoría del Comité Central. Guardias Rojos como punta de lanza, Mao logró movilizar a millones de personas. En contradicción con los intereses y objetivos de su fracción, muchos de los participantes en estas movilizaciones levantaron sus reivindicaciones denunciando los privilegios y abusos de poder de los objetivo fue la sustitución de una fracción burocrática por

Otras capas de la burocracia se opusieron a este curso, temiendo que se desataran fuerzas incontrolables. Cuando la juventud radicalizada comenzó a demostrarse en conjunto contra los privilegios burocráticos y los trabajadores comenzaron a tomar sus fábricas, la burocracia cerró filas. Con la ayuda de Lin Piao comandando el ejército, estos sectores avanzados fueron cruelmente reprimidos. Algunos de los líderes del "grupo de Shangai", presentados posteriormente como una pretendida "ala izquierda" de la burocracia, ganaron prestigio en el aparato por el rol represivo que jugaron en aquellos momentos. El traslado forzado de un gran número de Guardias Rojos y otros jóvenes de las ciudades al campo, cerró esta fase de la llamada "Revolución Cultural" Uno de los resultados de esta conmoción fue la eliminación de Lin Piao y de la mayor parte de sus Luego fue la fracción anti-Mao la que comenzó a usar las movilizaciones de masas en gran escala en función de sus propios propósitos. Es difícil establecer, si esta fracción preparó la manifestación de la Plaza Tien An Men, en Pekín, el 1 de abril de 1976 - aparentemente en honor de Chou En Lai, pero en realidad contra la fracción de Mao- o si la manifestación fue espontánea. Lo que es ciaro, sin embargo, es que la violenta represión de la manifestación, catalizó no solamente un nuevo inicio de la lucha fraccional, sino también un amplio descontento de masas, que se manifestó después de la muerte de Mao, cuando llegó al punto álgido la lucha por la sucesión. Contra la fracción organizada en torno a la viuda de Mao, Chiang Ching, Ten Hsiao Ping y su grupo -nuevamente con la ayuda del ejército y las fuerzas represivas- logró reestabiecer sus posiciones en la cúspide de la jerarquía burocrática, utilizando enormes manifestaciones de masas contra "la banda de los cuatro". Hua Kuo Feng, que comenzó apoyando la purga de la fracción de Teng Hsiao Ping luego del 1 de abril de 1976, esta vez cambió de lado y apoyó la lucha contra la fracción de Mao. El balance lamentable que las masas podían hacer de esta "banda"' desde 1968 (purga de los Guardias Rojos, purga de Lin Piao, congelación del salario obrero, reducción de los derechos democráticos elementales), determinó que no recibiera ningún apoyo de masas importante cuando fue purgada.

En su búsqueda de popularidad y estabilización, el nuevo régimen ha iniciado un proceso de desmaoización. De especial interés son las revelaciones acerca del estado

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de la economía bajo Mao. En lugar de la "excelente situación" en la producción proclamada anteriormente por la prensa china, el régimen ha admitido que la economía sufrió fracasos e hizo pocos progresos en la producción per cápita desde 1966. Se han hecho algunas concesiones a las masas aumentando salarios restaurando la educación superior. Se ha permitido de nuevo la circulación de ciertas obras clásicas de la literatura china y occidental. Se han liberado algunos presos, mientras otros han tomado su lugar. Algunos trotskistas chinos -en prisión desde 1952- han sido liberados. La suerte de otros sigue siendo desconocida.

Al mismo tiempo se alientan los incentivos materiales, el trabajo a destajo y la rentabilidad individual en las fábricas. La represión violenta, incluyendo la ejecución de los oponentes políticos, continúa. Como fueron calumniadas ayer las víctimas de la fracción de Mao, lo son hoy las víctimas de la fracción de Teng Hsiao Ping y Hua Kou Feng, sin que ninguna de sus posiciones pueda ser conocida por las masas.

No se observa ningún "deshielo" real. La casta burocrática como conjunto continúa gobernando. La "autorreforma" de la burocracia está excluída. La oposición continúa expresándose —algunas veces hasta el punto de desarrollar una crítica teórica el poder de la burocracia - pero no ha aparecido ninguna orientación hacia la democracia proletaria, hacia órganos de poder democráticamente elegidos por los trabajadores y las masas campesinas. Están prohibidas las formaciones opositoras. Las protestas de los trabajadores y otros sectores de masas siguen siendo objeto de represión. Hua continúa sosteniendo la bandera recibida de Mao y Stalin: la construcción del "socialismo en un sólo país".

La continuación de la política exterior de Mao-Chou es especialmente instructiva. Luego de haber usado grandes cantidades de retórica antiimperialista a comienzos de la década de 1960, reprochando a la Unión Sovietica su política de colaboración de clases con el imperialismo norteamericano, Mao y Chou cambiaron su posición en la materia cuando Washington modificó su actitud con respecto a Pekín. Adoptaron la tesis de "las dos superpotencias que amenazan la paz del mundo", pintando a la URSS como la más agresiva y peligrosa. Teng Hsiao Ping desarrolló más tarde esta teoría en la "teoría de los tres inundos", la cual provee una cobertura a la burocracia china para cortejar y colaborar con fuerzas burguesas reaccionarias de países imperialistas, tales como EEUU, Alemania Occidental, Inglaterra, Francia y Japón y con dictaduras semicoloniales (Zaire, Irán, Chile, Argentina, Egipto y los países de la ASEAN).

La continuación de la lucha interburocrática desde la muerte de Mao, refleja la incapacidad de la burocracia para cerrar filas en torno a un nuevo bonaparte, y es, junto con las consecuencias de las movilizaciones de masas, un rasgo del reciente desarrollo político en China. Es improbable en estas condiciones que la casta burocrática china sobreviva tanto tiempo como en la URSS, particularmente en vista de los avances de la lucha de clases en muchos otros países. Asimismo habría que hacer notar que en la década pasada cantidades de obreros y jóvenes expresaron sus ansias por la democracia proletaria. Se puede predecir, cualquiera que sean las alzas y bajas temporarias, que la presión en favor de la revolución política que se acreçentó ya considerablemente durante el último periodo, continuará.

V. LA CRISIS DE LAS BUROCRACIAS OBRERAS QUE PRACTICAN LA COLABORACION DE CLASES

25. Las burocracias obreras colaboracionistas de clases en los países imperialistas apostaban firmemente en una expansión económica ilimitada. Esta era la idea subyacente, por ejemplo, en el "Programa Común" firmado por los dirigentes del estalinismo y la socialdemocracia francesa del 27 de junio de 1972. Estaban convencidos que la "'economía mixta" en Francia podría garanti zar el pleno empleo, impedir cualquier recesión grave y permitir una constante mejora en los salarios reales y los beneficios de la seguridad social. Estaban completamente desarmados, ideológica y políticamente, cuando se inició la recesión mundial de 1974, como lo habían estado para la radicalización de la década del 60 ó la explosión de mayo-junio de 1968

En estas condiciones, la inclinación "natural" de los burócratas obreros de los sindicatos, los partidos de masas socialdemócratas y comunistas, orientación colaboracionista de clases. Estas burocracias aprobaron o incluso aplicaron directamente los distintos programas burgueses de taban de cargar el peso de la crisis sobre la clase obrera y obtener un crecimiento de la tasa de ganancia, disminuyendo el salario real, los beneficios de la seguridad social y otros servicios sociales.

En particular, ayudaron la política de la burguesía de dividir la clase obrera al no apoyar las luchas salariales de las mujeres, trabajadores de las nacionalidades oprimidas o trabajadores inmigrantes, que tratan de asegurar sus derechos elementales (igualdad de paga, beneficios sindicales, condiciones de. trabajo decentes, etc). La burocracia considera a estos trabajadores como "marginales" y alienta actitudes sexistas y chovinistas contra ellos. Además, al menos un ala de la burocracia obrera, con argumentos racistas o reaccionarios apenas disfrazados, apoya las medidas "proteccionistas" del gran capital destinadas a exportar el desempleo a otros países competidores.

Sin embargo, la extensión y gravedad de la crisis global que afecta al sistema capitalista, más la crisis paralela del estalinismo, hace difícil para la burocracia aceptar unánimemente la responsabilidad de "gestionar la crisis" en favor de "su propia burguesía". Tal monolitismo podría ser mantenido solo si la crisis fuera relativamente corta y la clase obrera siguiera desorientada y pasiva. Pero la duración de la crisis estimula a los trabajadores a reaccionar contra las cargas adicionales que tratan de imponerles los patrones y sus gobiernos - incluso los administrados por reformistas. Cuanto más intensas son estas reacciones tanto más probable será que se reflejen de manera organizada dentro de los sindicatos y los partidos obreros de masas. De esta manera las crisis gemelas del capitalismo y el estalinismo se convierten en una crisis de las organizaciones reformistas de masas y sus direcciones colaboracionistas de clases.

Por supuesto, hay profundas razones para la revuelta de los trabajadores. En un periodo de muy bajo crecimiento económico, si no de abierta depresión, los patronos son incapaces de garantizar concesiones suficientes para apaciguar a los trabajadores, aunque sea temporalmente. Incluso la burguesía debe tratar de quitar conquistas anteriormente ganadas por la clase obrera. Los trabajadores sienten instintivamente la bancarrota del colaboracionismo de clases y se defienden de la ofensiva capitalista a través de acciones espontáneas o presionando para que la burocracia actúe.

Pero hace falta más que esto para presentar una alter-

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nativa consistente frente al programa y la estrategia del reformismo. En la medida en que nó aparezca un polo de atracción políticamente y organizativamente credible, los actuales dirigentes de las organizaciones de masas mantendrán la fidelidad política de la mayoría de los trabajadores organizados, aunque esta fidelidad política sea por ausencia de una alternativa mejor, no tenga más que una base puramente electoral y cada vez con mayores reser-

Continuarán presentándose periódicas en las bases, aumentando las posibilidades de que un número cada vez mayor de trabajadores desborde a la burocracia a través de la acción. Implantados entre estos trabajadores los marxistas revolucionarios serán capaces de desarrollar sus propias organizaciones y en muchos países ayudar a la rápida formación de un ala de izquierda clasista, que presione por las demandas claves de la clase a partir de las necesidades económicas, sociales y políticas de la situación presente. El crecimiento de esta alternativa de dirección ejercerá una fuerte atracción sobre la clase en su conjunto y sus aliados. Utilizando el método del Programa de Transición, los marxistas revolucionarios tratarán de elevar el nivel político de esta ala de izquierda clasista a medida que se desarrolle y la impulsarán en la dirección de la revolución

26. En varios de los principales países capitalistas, la socialdemocracia ha descendido a nuevos niveles de traición como agente de la burguesía movimiento obrero. Por ejemplo, en Inglaterra, Alemania Occidental, Dinamarca y Portugal, los gobiernos socialdemócratas han forzado las medidas de "austeridad" antiobreras. Han aparecido abiertamente no sólo en favor de la ganancia capitalista, sino a favor también de su incremen to a costa de los salarios y los servicios sociales y públicos. Se defiende esta política con el argumento de que, durante la depresión, es necesario dar prioridad a la lucha contra el desempleo y no al aumento de salarios. Entonces se saca a relucir el antiguo "mal menor": si "nosotros" no aplicamos medidas de austeridad "suaves", reacción llegará al poder para aplicar una austeridad más

', junto con el desempleo masivo y un salvaje ataque a los derechos democráticos.

No es necesario señalar la hipocresía de estos argu mentos. A pesar de sus ataques al salario real, los gobiernos socialdemócratas no han reducido el desempleo. El desempleo estructural se manțiene. Lejos de proteger la "democracia'" contra el "asalto de la reacción" , son precisamente estos gobiernos los que han fortalecido el aparato de represión del Estado en varios países. Si la desorientación y la parcial desmoralización resultantes de la clase obrera, causada por los dirigentes socialdemócratas, prepara el camino para el retorno al poder de fuerzas reaccionarias directamente representantes de la burguesía, estas fuerzas podrán explotar al máximo la "preparación del terreno" cumplida por los reformistas. periodo en países como Portugal, España y (en menor extensión) Francia. Hay una triple explicación de esto:

En primer lugar, cuando los trabajadores se radicalizan lo suficiente como para ser capaces de derrumbar un régimen fascista o militar brutal, tratan de organizarse como fuerza política efectiva a nivel nacional. A causa de sus experiencias con partidos abiertamente declarados como capitalistas, las masas no van en esa dirección. Se mueven en cambio hacia lo que consideran partidos de la clase obrera, una conclusión basada en la memoria colectiva de la clase, las relaciones en el curso de la actividad clandestina o contactos en las fases preliminares de lucha contra la dictadura. Pero las masas ignoran diferencias sobre la política y líneas de acción ocurridas bajo la dictadura. Consecuentemente se abre un periodo de prueba de estos partidos, en el cual las masas los juzgan en primer lugar de acuerdo con un criterio de efectividad. Un partido moderado que despliega gran energia propagandizándose, que no vacila en utilizar un demagógico lenguaje radical, inclusive bravuconerías sobre control obrero y conceptos similares, y que por razones oportunistas se pone a la cabeza de manifestaciones, protestas e incluso huelgas, puede incrementar sus filas en gran escala antes de que sea desenmascarado.

En segundo lugar, el hecho de que en el proletariado mundial es cada vez mayor el número de obreros claramente convencidos de la naturaleza aberrante del estalinismo, al tiempo que acuerdan con la necesidad de luchar por los objetivos del socialismo, ha dado a la socialdemocracia "otra oportunidad". En ausencia de partidos revolucionarios de masas, sectores importantes de la clase obrera encuentran a la socialdemocracia, si no más atractiva, sí menos mala que el estalinismo. Y cuando el estalinismo (como en Portugal en 1974) combina los aspectos tradicionalmente repulsivos de su política, con un colaboracionismo de clases flagrante, rompehuelga, abierto apoyo a los gobiernos burgueses y divisionista en el movimiento obrero, empuja a muchos obreros conscientes a optar por la socialdemocracia.

Además, si bajo circunstancias "normales", mayoría de la clase obrera no es políticamente activa, en periodos de ascenso, por el contrario, masas de trabajadores, contadas por millones en países de fuerte densidad de población, participan en la vida politica por primera vez. Los obreros recientemente politizados tienden a unirse a las organizaciones proletarias tradicionales, mientras que otras capas de obreros buscan avanzar hacia niveles más revolucionarios. España y Portugal proveen claros ejemplos de este proceso.

En tercer lugar, el crecimiento del proletariado occidental y la creciente proletarización de las "clases medias"., hace más amplias las diferenciaciones dentro de la clase obrera e incorpora al movimiento obrero organizado nuevas capas de asalariados relativamente privilegiados, con poco o ningún conocimiento de las traiciones pasadas del reformismo, poca o ninguna educación socialista y cargados de ilusiones pequeño-burguesas. Todo esto crea una base objetiva para el crecimento temporal de la socialdemocracia.

El imperialismo mundial -especialmente los sectores europeos más flexibles - han utilizado deliberadamente a los Schmidt, Wilson y Callaghan como su primera línea contra la amenaza de revolución en el sudoeste de Europa. Juntos, han construido y usado calculadamente a Mario Soares, por ejemplo, como el principal chivo emisario para restablecer "la ley y el orden" en Portugal y un aparato represivo estable para reforzarlos; una tarea que ninguna figura burguesa reaccionaria podría haber realizado en los años 1975-76, en vista de la relación de fuerzas de clases.

Pero precisamente porque ellos están implantados en la clase obrera y mantienen numerosos lazos con los sindicatos y las otras organizaciones del proletariado, los partidos socialdemócratas de masas no pueden aislarse de las revueltas y los sentimientos de oposición engendrados por la crisis del capitalismo. Por lo tanto, la diferenciación política y el crecimiento de corrientes opositoras dentro de los partidos socialdemócratas de masas están a la orden del día. Este proceso está interrelacionado con el desarrollo de diferenciaciones similares en los sindicatos y en los partidos comunistas de masas y con las crecientes oportunidades de organizar alas de izquierda clasista en el movimiento obrero en su conjunto.

27. El "eurocomunismo" está mal denominado. No tie-

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RETALLUNGIE NEVION FARISANNE

C.B.

ATION des ViT

on Parisienne

ne nada que ver con el genuino comunismo. Además, no es un fenómeno limitado a los PCs de masas en Europa. Alcanza al PC japonés, al PC australiano y formaciones como el MAS venezolano, originado en una división del PC en 1971. La aparición del eurocomunismo marca una nueva etapa en la crisis del estalinismo. Consiste en una codificación más sistemática de la práctica del colaboracionismo de clases, el electoralismo y el reformismo de los PCs desde el Séptimo Congreso de la Internacional Comunista y la iniciación de la política de los "frentes popula res" en 1935. Está caracterizado por el abandono de incluso la mención del concepto leninista de dictadura del proletariado y de referencias al leninismo en el programa del partido; junto con declaraciones públicas más críticas respecto de los peores rasgos de las dictaduras estalinistas en la URSS y en Europa Oriental. Las múltiples contradicciones internas del eurocomunismo recién están comenzando a desarrollarse.

No hay nada de nuevo en el eurocomunismo en lo que concierne al colaboracionismo de clases, colaboración gubernamental con la burguesía y traición del movimiento revolucionario. Los estalinistas se embarcaron en estas prácticas en gran escala en España y Francia antes de la Segunda Guerra Mundial y nuevamente en Francia, Italia, Grecia y otros países al fin de aquella matanza. En estas ocasiones, las direcciones de los PCs literalmente salvaron al Estado burgués y las relaciones de propiedad capitalistas de ser derrumbados por las masas. Lo que hay de nuevo en el llamado eurocomunismo es el énfasis que ponen estas burocracias en su "independencia" del Kremlin. Anteriormente se apoyaron en la popularidad de la revolución de octubre y de la Unión Soviética, particularmente después de su victoria contra el imperialismo alemán. Hoy tratan de desembarazarse del costo político que significa estar asociado tan . íntimamente con el Kremlin. En el pasado, los agudos giros en la situación internacional a los cuales Moscú ha respondido con cambios totales en la política exterior, hubieran provoca-

SYNDICA SE do abruptos cambios de línea. En las actuales condiciones, tales cambios de la noche a la mañana corren el riesgo de causar pérdidas desastrosas en influencias sindicales y en votos, que estos partidos no están dispuestos a aceptar.

Pero el eurocomunismo no se está moviendo hacia la independencia política de clase y el marxismo revolucionario. Su movimiento es en dirección a una más profunda integración a la sociedad burguesa, a un abierto apoyo del Estado burgués, en competición con la socialdemocracia a la que ven como rival y, a la vez, como aliado para impedir la revolución socialista. Para defender sus intereses burocráticos, están compelidos a mantener su dife renciación de la socialdemocracia y a agudizarla periodicamente. Esto los lleva a aplicar políticas divisionistas frente a otras fuerzas en el movimiento obrero, como se mostró vívidamente con la ruptura de la Unión de Izquierda en la víspera de las elecciones de 1978.

Sin embargo, los PCs eurocomunistas no han cortado sus lazos con la Unión Soviética, el "campo socialista" y el "movimiento comunista mundial". Hacen lo máximo posible para que su actitud más crítica hacia el Kremlin no lleve a la ruptura de esos lazos. Los PCs siguen este curso porque los enormes aparatos construidos por la mayoría de estos partidos dentro de la sociedad burguesa, alimentados esencialmente de las reservas acumuladas de la riqueza y superganancias imperialistas, pueden mantener sus privilegios sólo si consolidan y extienden su fortaleza electoral y sindical. Para esto requieren una imagen específica ideológica y política, que incluye su especial relación con la revolución rusa, la URSS y el "campo socialista". Si pierden esta diferenciación específica con la socialdemocracia, se hacen muy vulnerables y podrían ser desplazados por ella. Por eso los burócratas eurocomunistas están preocupados por sus relaciones con las burocracias de la Unión Soviética y Europa Oriental, las cuales se adhieren también a la identificación con la

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revolución rusa, aunque solo sea ritualmente. Por ejemplo, el objetivo de mantener. relaciones amistosas con el estalinismo rumano llevó a los PCs italiano, español y francés a silenciar la huelga de mineros rumanos en agosto de 1977. El eurocomunismo tiene el mismo tipo de relaciones con los burócratas yugoslavos.

Los eurocomunistas son muy sensibles a estos problemas a causa de la agudización de la lucha de clases resultante de la crisis general del sistema capitalista y la creciente búsqueda por parte de los trabajadores de una dirección clasista y de democracia proletaria, que constituye un factor central en la motivación de los dirigentes eurocomunistas. Relacionado con esto, existe un creciente desafío de las corrientes de izquierda en la clase obrera y en las organizaciones de masas controladas por los PCs. Estos ayuda a explicar que continue la identificación de los partidos eurocomunistas con el "campo socialista" y la "herencia de la revolución de octubre". Tratan de no facilitar el que los marxistas revolucionarios sean reconocidos por amplios sectores de la clase obrera como los genuinos representantes del comunismo.

cambio cualitativo. en la naturaleza de estos partidos comunistas. Sin embargo, el eurocomunismo representa una nueva creciente integración a las instituciones de la economía burguesa y a la maquinaria del Estado (con palabras de Trotsky, los PCs "se alimentan de la misma fuente que la socialdemocracia, esto es, la superganancia del imperialismo"). Este curso, notado por Trotsky en 1938, puede eventualmente llevar a la transformación de los PCs en partidos análogos a los de la socialdemocracia. Pero este cambio cualitativo no ha ocurrido. Las condiciones para tal transformación suponene profundos cambios en el movimiento obrero organizado, sucesivas divisiones y reagrupamientos, alteraciones significativas en el situación internacional, así como un importante cambio en la relación de fuerzas entre las diferentes corrientes políticas

Hay que hacer notar que las críticas que los dirigentes más reconocidos el eurocomunismo han hecho a los regimenes políticos de la URSS y Europa Oriental, han provocado una aguda repulsa en el Kremlin, que es perfectamente consciente de que estas críticas alientan la articulación de una oposición socialista dentro de estos países. Del mismo modo, si los eurocomunistas aún antiimperialista de campo socialista", ya se han registrado algunas excepciones. El PC japonés apoya a su propio gobierno imperialista contra la Unión Soviética, en la cuestión de la devolución de las islas Kuriles al Japón. Los dirigentes del PC italiano están listos para aprobar el ingreso de Italia a la OTAN y se han presentado abiertamente contra la línea del Kremlin en Eritrea.

El hecho de que la aparición del eurocomunismo coincida con un alza general de luchas de la clase obrera, diferenciaciones por la izquierda dentro de los sindicatos y una actitud más crítica por parte de amplias capas de trabajadores respecto burocratismo sindicatos como de partidos- se suma a las tensiones provocadas por un cambio de línea que, para importantes sectores de militantes comunistas, significa en todo caso una ruptura radical con normas políticas tradicionales, hábitos y convicciones. Tanto la lucha fraccional precipitada por el eurocomunismo, como la lucha de clases, dan impetu a una diferenciación política en los PCs de una magnitud nunca vista en estos partidos desde los años 20. Si el alza de las tendencias opositoras coincide con la revuelta de los trabajadores contra las "políticas de auste-

, aplicadas o incluso aprobadas por los PCs, las posibilidades de divisiones aumentarían. rechazamos por supuesto toda ilusión de que los PCs pueden regenerarse o transformar en partidos centristas como resultado del eurocomunismo.

Los eurocomunistas, como los socialdemócratas, buscan ganar puestos de gobierno y edificar partidos fuertemente emplazados dentro de los gobiernos burgueses y los aparatos del Estado, al tiempo que fortalecen sus posiciones en el movimiento organizado de la clase obrera. Por el momento, sin embargo, la burguesía europea se opone a esto. Su oposición difieren cualitativamente de la actitud que toma frente a designios similares de los partidos socialdemócratas. Será necesario un poderoso levantamiento prerrevolucionario o incluso revolucionario del movimiento de masas y una amenaza inmediata a la supervivencia del capitalismo, para que la burguesía abandone su resistencia y acepte frentes populares integrados con un fuerte partido comunista, como última línea de defensa frente a la revolución, antes de recurrir a las movilizaciones de extrema derecha y fascistas.

28. Más aún que los dirigentes de los partidos socialdemócratas y comunistas de masas, las burocracias sindicales han sido objeto de presión directa por parte de las bases, en respuesta a la ofensiva antiobrera de los capitalistas. Estos burócratas han compartido responsabilidades en la imposición de varias "políricas de austeridad" gubernamentales, "restricciones salariales" y leyes represivas contra la clase obrera, allí donde éstas han sido aplicadas por gobiernos encabezados por partidos reformistas obreros o con su participación. Sin su complicidad, la resistencia de masas contra estas políticas hubiera sido irresistible desde el inicio. Pero incluso en aquellos países donde tales políticas han sido aplicados por gobiernos compuestos por partidos burgueses, los burócratas sindicales han sido responsables -como en los EEUU, Francia y Japón- por haber frenado la resistencia de masas y haber fragmentado y aislado la respuesta militante. Incluso se han opuesto abiertamente a acciones como huelgas y manifestaciones de la clase trabajadora y sus aliados, con el pretexto de que era necesario buscar soluciones "políticas", tales como el "compromiso histórico" en Italia, o la preparación de las elecciones de 1978 en Francia.

Los sindicatos han aumentado constantemente su fuerza relativa y absoluta durante el periodo anterior a la recesión en casi todos los países imperialistas. Incluyen en sus estructuras una parte de la clase trabajadora mucho mayor que los partidos reformistas. Consecuentemente ellos están más sujetos que los partidos reformistas de masas al descontento obrero, la impaciencia y las revueltas promovidas por la depresión capitalista y las "'políticas de austeridad"'. La resistencia de los sindicatos a la "política de austeridad"', aprobada por et PC italiano y la dirección sindical, fue tan fuerte que la burocracia sindical ál principio buscó debilitar la oposición imponiendo la línea poco a poco, antes de atreverse a enfrentarla abiertamente. También en Inglaterra un sector de la burocracia sindical simuló apoyar la resistencia de los trabajadores contra las "restricciones salariales" haciendo al mismo tiempo todo lo posible por evitar una explosión de luchas de masas en defensa del trabajo y el nivel del salario real. En Alemania Occidental, la burocracia sindical conservadora, que constantemente ha respaldado la política antiobrera del gabinete de Schmidt, debió responder al descontento de los trabajadores y organizó una serie de huelgas en la primavera de 1978, a fin de no perder el control sobre el descontento de masas. Igualmente, la dirección colaboracionista de clases del sindicato de mineros del carbón norteamericano, tuvo que considerar la fuerte reacción de las bases contra la ofensiva de la patronal, que buscaba la destrucción del sindicato, al tiempo que hacía lo posible por debilitar la huelga y socavar la resistencia de la base.

En general, se puede decir que en ausencia de partidos

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revolucionarios de masas, la capitulación de los partidos reformistas empuja a las bases a girar hacia sus sindicatos para llenar el vacio político. En la medida en que expresan el descontento con las políticas procapitalistas de los PCs y los PSs y hacen algunos gestos de resistencia, expresan los intereses de la clase no sólo en cuestiones "puramente sindicales", sino también en cuestiones sociales y políticas, partiendo de los problemas económicos. De esta problemática general, Trotsky sacó la siguiente conclusión: "Los sindicatos de nuestro tiempo pueden servir, ya sea como instrumentos secundarios del capital smo imperialista para subordinar y disciplinar a los trabajadores y obstruir la revolución, ya sea, por el contrario, como instrumentos del movimiento revolucionario del proletariado". ("'Los sindicatos en la época de la decadencia del imperialismo").

Aunque no han aparecido en los sindicatos importantes oposiciones de izquierda, del tipo del Minority Movement que surgió a escala nacional en Inglaterra en los años 20 ni formaciones de amplia base y conscientemente dirigimovimiento surgido en la década del 30, la existencia de una extensa vanguardia de jóvenes militantes se hace sentir hoy en las fábricas y en los sindicatos en mucho mayor grado que los partidos reformistas de masas. Esto está demostrado, entre otras cosas, por los "consejos de delegados" en las fábricas del norte de Italia, por una oposición de izquierda al Pacto de la Moncloa en las Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores en el estado español (especialmente en el País Vasco y Catalunya) por la emergencia de enérgicas tendencias de oposición dentro de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo y el sindicato metalúrgico de Suiza, por la aparición de una poderosa oposición sindical en Dinamarca, por la oposición en Canadá dirigida por el Sindicato Canadiense de Trabajadores Postales, por la oposición de base en el Sindicato Americano de Obreros del Carbón y la campaña de Sadlowski en la Unión Americana de Trabajadores Metalúrgicos.

En varios países, es creciente el número de mujeres, trabajadores inmigrantes o de nacionalidades oprimidas que han jugado importantes papeles en el desarrollo de estas tendencias.

La caida de las. dictaduras en Portugal, España y Grecia, acompañadas de ascensos de luchas obreras, ha impulsado poderosamente la sindicalización en estos

Los marxistas revolucionarios impulsan la organización de instrumentos más amplios de frente único para la lucha de clases (comités de huelga, consejos obreros incipientes, formas más avanzadas mañana), pero no contraponen esta tarea con la defensa y desarrollo de los sindicatos de masas existentes. Los sindicatos son instrumentos necesarios en la defensa de los intereses cotidianos bajo el capitalismo (la forma más elemental de frente único, como decía Trotsky). Seguirán siendo instrumentos necesarios para la defensa de los intereses de clase de los trabajadores, incluso después de la victoria de la revolución socialista.

Por lo tanto los marxistas revolucionarios son genuinos defensores y constructores de fuertes sindicatos, no sólo por consideraciones tácticas pasajeras, sino por razones estratégicas. Acusamos a la burocracia sindical de debilitar los sindicatos través de las prácticas burocráticas y de colaboración de clases. La lucha por una línea clasista consistente va aparejada con la lucha por la democracia sindical. Ambas batallas van contra la política capitalista de subordinación de los sindicatos al Estado y a los intereses de los patrones (hipócritamente denominados "intereses generales"). Nosotros contribuimos a la edificación de sindicatos, a hacerlos más representativos de la clase trabajadora en su conjunto y campeones de las justas luchas de los oprimidos y explotados.

29. La dirección china no ha podido conservar una influencia política importante en el seno del proletariado de los países imperialistas. Los agrupamientos centristas más importantes de los países capitalistas, maoista, han sido incapaces de hacer mella en la base de los partidos reformistas de manera significativa. Por otra parte, uno tras otro han tomado distancia con respecto a la linea china, oscilando entre el aventurismo y las adaptaciones oportunistas. Un ejempio importante en la materia, fue proporcionando por la orientación de los "maocentristas" durante el proceso revolucionario en Portugal.

Las pequeñas sectas que continuan pregonando el pensamiento de Mao Tse Tung están completamente desconcertadas. ¿Deben apoyar a la nefasta "banda de los cuatro" o a los que "toman la via capitalista" actualmente en el poder? ¿Deben apoyar los ataques contra Vietnam y contra Albania? ¿Qué decir del servilismo vergonzoso practicado con respecto al imperialismo, tanto por Mao como por sus "discipulos traidores? Estos grupos maoistas se encuentran ante la alternativa de la desintegración y la desaparición, por una parte, o el giro hacia el trotskismo, el único movimiento que durante todos los episodios de la lucha fraccional en China, ha defendido firmemente el programa del marxismo revolucionario. VI. Las tareas inmediatas de la Cuarta Internacional y el giro hacia la industria

30. A pesar de su división en Estados-naciones, uno de los principales rasgos del capitalismo es su estructura internacional. Esta llegó primero a la creación del mercado mundial, luego al progresivo desarrollo de una división internacional del trabajo y al desarrollo de fuerzas productivas que atraviesan claramente los límites nacionales. De aquí surge el carácter internacional de la clase obrera y de la lucha de clases.

Para la burguesía la internalización de las fuerzas productivas plantea una contradicción fundamental con la fragmentación nacional y continental del capital, basado en la propiedad privada y la competición. Para la clase obrera no existe tal contradicción interna. Los intereses históricos de los asalariados de todos los países son idénticos. La abolición de la propiedad capitalista, la explotación y la opresión y la construcción de una sociedad sin clases, pueden ser alcanzados sólo a escala internacional.

Por otro lado independientemente de las intensas rivalidades que pueda haber entre sectores nacionales de la clase capitalista, todos acuerdan en luchar con uñas y dientes contra el desafío socialista de la clase obrera. La clase obrera a su vez se ve compelida a extender y reforzar sus lazos internacionales para realizar esfuerzos defensivos comunes e impulsar sus intereses históricos. De aquí la obligada necesidad de construir un partido mundial de la revolución socialista. Marx, Engels, Lenin y Trotsky se entregaron enteramente a esta tarea.

Pero la burguesía internacional está hoy mucho más avanzada que la clase obrera en lo. que respecta a la coordinación de sus acciones a escala internacional. Las sociedades multinacionales enfrentan a los trabajadores de un país contra los de otros países. Los diferentes sectores nacionales de la burguesía han sido capaces de

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unificarse, a pesar de sus contradicciones, para defender el sistema capitalista.

La clase obrera, sus sindicatos y direcciones políticas, no han logrado estructurar una lucha común contra el enemigo común, a un nivel comparable al de la burguesía. Las direcciones reformistas y stalinistas, por el contrario, han apoyado a sus propias burguesías y frecuentemente orientaron a los trabajadores hacia una via proteccionista o mezquinamente chovinista. En lugar de coordinar la lucha contra el capitalismo internacional, sus propias organizaciones internacionales han apoyado a sus partidos miembros en sus esfuerzas por orientar a las masas hacia la defensa, divisionista, de los intereses de sus burguesías reciprocas.

Para construir la IV Internacional es necesario proceder simultaneamente a nivel nacional e internacional. Esto no es una peculiaridad del "trotskismo" marxismo o el "leninismo ortodoxo". Por el contrario, construir una organización internacional es parte del programa marxista revolucionario. Surge la teoria de Lenin sobre el imperialismo y de la teoría de la revolución permanente.

Durante la lucha por el poder e incluso luego de su conquista, el proletariado está directamente confrontado con acciones contrarrevolucionarias de la burguesía internacional. requiere acciones solidarias de los trabajadores y sus aliados a escala internacional.

El abandono de la tarea de construir simultaneamente organizaciones nacionales e internacionales es fuente de desviaciones del marxismo revolucionario. Nutre la aparitendencias nacionalistas pequeño burguesas dentro del movimiento revolucionario. Entorpece la capacidad del movimiento marxista revolucionario para analizar teóricamente y respuesta políticamente correcta, a los nuevos problemas que se le plantean.

programa de la IV Internacional resume experiencia de las luchas del proletariado y sus aliados a escala mundial durante los últimos 150 años. Entre los documentos claves de la IV Internacional están las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (1919, 1920, 1921, 1922) y "La Agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional" (''Programa de Transición"), adoptado en 1938.

Para avanzar en la construcción de sus organizaciones, la IV Internacional se rige por las normas del centralismo democrático tanto a nivel nacional como a nivel internacional, con el derecho a formar tendencias o fracciones garantizado como en el Partido Bolchevique en los tiempos de Lenin.

Sobre este punto los estatutos de la IV Internacional in cluyen dos reglas generales acerca del modo de aplicación del centralismo democrático.

1) Las decisiones tomadas por una mayoría de los delegados en el más alto organismo de la IV Internacional, el congreso mundial, democráticamente organizado, son obligatorias para todas las secciones. Las decisiones tomadas por el Comité Ejecutivo Internacional, el cual es elegido por los delegados al congreso mundial y es el más alto organismo hasta el congreso siguiente, pueden ser apeladas, pero siguen en vigencia hasta que la apelación sea escuchada y se tome una decisión.

2) Los miembros de las secciones nacionales tienen el derecho de elegir sus propias direcciones. Congresos democráticamente organizados y reuniones plenarias de los comités nacionales elegidos, constituyen los organismos más altos de las secciones nacionales. Tienen el derecho de determinar el programa nacionalmente y de interpretar y determinar la aplicación, por parte de todos los miembros de la sección nacional, de las decisiones tomadas por la IV Internacional.

31. Durante la última década, la IV Internacional ha hecho avances organizativos. Existen secciones y organizaciones simpatizantes en alrededor de sesenta países. Sin embargo, ningún partido adherente a la IV. Internacional ha ganado hasta el momento la mayoría de la clase obrera o de sus militantes de vanguardia. Su objetivo central sigue siendo reclutar y entrenar cuadros proletarios a través de una cada vez más profunda implan• tación en la lucha de clases.

Esto se centra en la necesidad de efectuar un giro decisivo hacia la industria, a fin de continuar la orientación proletaria. Desde su fundación la IV Internacional ha seguido una orientación proletaria sin descuidar oportunidades para reclutar en sectores aliados de la población. La esencia de esta orientación consiste en presentar y defender el programa marxista y utilizando el método del Programa de Transición intervenir tanto como sea posible en la política del país y en la lucha de clases proletaria y sus organizaciones. Esto supone el reconocimiento del hecho de que sólo un partido que es proletario tanto por su composición como por su programa y ha ganado el respeto de los trabajadores por su papel de dirección en la lucha de clases, puede ganar la mayoría de las masas trabajadoras y dirigirlas a la toma del poder.

En muchos países, la mayoría de los camaradas son miembros de sindicatos, pero quedan todavía por construir sólidas fracciones en los principales sectores de la gran industria. Se han abierto nuevas oportunidades para ganar militantes en el proletariado industrial. Para tener éxito en la utilización de estas oportunidades se requieren esfuerzos especiales, incluyendo la movilización de cuadros reclutados en el periodo anterior. En muchos países estos cuadros no están todavía implantados en la clase obrera industrial. Deberán hacer un giro en esta dirección sin demoras. Su participación en el trabajo sindical sobre la base de su trabajo en la industria puede incrementar perceptiblemente las posibilidades de éxito de las campañas políticas del partido — como Trotsky lo plantea en las discusiones sobre el Programa de Transiciónmostrando a los trabajadores, cómo pensar socialmente y actuar políticamente. Ayudará además a prestar la atención necesaria a la construcción de alas de izquierda clasistas. Contribuirá al progreso de trabajos similares en el movimiento de masas y entre los aliados del proletariado. Ayudará a desarrollar las relaciones con las luchas de los superexplotados - mujeres, juventud y nacionalidades oprimidas o trabajadores inmigrantes-. E incrementará la sensibilidad respecto al estado de ánimo de los trabajadores y dará más estabilidad a las secciones en sus trabajos. A nivel interno, facilitará la formación de dirigentes y contribuirá a la resolución de problemas organizativos en todos los aspectos de nuestro trabajo. La lucha por partidos proletarios supone poner en práctica conscientemente el funcionamiento de la dirección como equipo colectivo. Esto significa promover organismos de dirección que se organicen a sí mismos de manera democrática y objetiva, incluyendo en su composición a camaradas de diferentes puntos de vista y experiencias en el partido. Significa educar sobre la importancia teórica y política de las cuestiones organizativas. Significa prestar una consciente atención al desarrollo de obreros, mujeres y camaradas de las nacionalidades oprimidas como dirigentes partidarios. Significa educar contra los peligros del fraccionalismo permanente y el "camarillismo" , que pueden destruir a organizaciones jóvenes y sin experiencia. El objetivo es construir partidos bolcheviques obreros experimentados, que actúen como dirigentes políticos de su clase y de sus aliados.

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El peso creciente del proletariado en los tres sectores de la revolución mundial; la tendencia creciente a las acciones de masas urbanas y a las formas de organización y de lucha proletarias; la radicalización creciente de jóvenes respuesta a la crisis imperialismo y a la ofensiva de "austeridad" de la burguesía: todo esto significa que un giro radical hacia la industria reforzará de manera decisiva las posibilidades de éxito de las campañas de la IV Internacional y de sus secciones.

32. Construir partidos que organicen campañas. En la crisis combinada que se va agravando del imperialismo, del capitalismo y de las castas burocráticas, es urgente ofrecer a la clase obrera soluciones políticas generales que muestren el camino hacia la toma del poder por los trabajadores. Para un partido revolucionario es un test fundamental el mostrarse capaz de escoger, en cada momento determinado, el eje de la campaña política que permita avanzar mejor en este camino. Algunas de estas campañas tienen alcance internacional y tienden a ser internacionalmente coordinadas, mientras otras están centradas sobre posibilidades ofrecidas por objetivos elegidos en cada país determinado.

Para que el peso político de las secciones de la IV Internacional aumente a escala nacional en el seno de la clase obrera en su conjunto, es necesario organizar campañas serias con tales objetivos.

En muchos casos, iniciativas bien elegidas pueden permitir sustanciales logros para el partido. Se puede cumplir un fructífero trabajo en el campo electoral. La cuestión es organizar campañas que planteen la respuesta eficaz de los trotskistas a los nuevos pasos adelante de tal o cual sector de la clase trabajadora y sus aliados. Uno de los resultados es demostrar la capacidad de los trotskistas para organizar amplias acciones unitarias de la manera más efectiva, vanguardia de la clase obrera. Esto requiere una prensa seria y bien distribuida, que ofrezca una información ajustada de los acontecimientos en curso, con presentación popular de su significado. Esta prensa juega un papel clave de la inciación, desarrollo y conclusión con éxito de las campañas.

Iniciativas sistemáticas este tipo acerca cuestiones claves de la lucha de clases y la vida política del país pueden consolidar decisivamente conquistas para la construcción del partido y ayudar a proyectar el programa del partido como solución general a los problemas que afectan a todos los sectores de la clase obrera y sus aliados. En las condiciones actuales de desempleo, campañas bien planificadas por una semana de trabajo más corta sin reducción del salario, estrechamente ligadas al sentimiento favorable a esta cuestión dentro de los sindicatos, son un ejemplo importante.

El envio de camaradas a la industria, puede estar en estrecha relación con el trabajo concreto de fracción en el seno del PS y del PC, de su movimiento de la juventud y de otras organizaciones de masas que ellos controlen. Sin embargo, esto varía según los países.

El alza de la lucha de masas y la crisis creciente del stalinismo y la socialdemocracia, está dando lugar a corrientes centristas que, a causa de su origen en el movimiento obrero organizado y su orientación inicial hacia la izquierda, son diferentes de las organizaciones

Hoy, existen oposiciones significativas en algunos partidos comunistas (por ejemplo, en España). Lo mismo vale para algunos partidos socialistas (por ejemplo, el

'Investigación Educación Socialista- en Francia, los Jusos — Juventud

Socialista - en Alemania Occidental y en Finlandia, la juventud del PS).

Los marxistas revolucionarios debemos prestar cuidadosa atención a tales tendencias, combinando una crítica consistente de sus insuficiencias teóricas y políticas y presentando nuestro programa y nuestras críticas de manera sistemática en los debates en curso dentro de estos partidos, al tiempo que seguimos una política de unidad de acción en torno a los problemas claves actuales en la lucha de clases.

33. Alentar la formación de organizaciones independientes de la juventud, adherentes al programa del trotskismo, debe considerado integrante de una solución con puede facilitar en gran medida el desarrollo de un trabajo entre aprendices y trabajaclores jóvenes, estudiantes de escuelas secundarias y técnicas y entre estudiantes universitarios radicalizados. Habría considerar seriamente la creación de una organización internacional juvenil independiente. 34. Las campañas coordinadas centralmente a las que el Congreso Mundial acuerda prioridad, son las siguientes:

a) La campaña de solidaridad con Nicaragua (ver el informe sobre las tareas, adoptado por el Congreso).

b) Los objetivos específicos del Movimiento de Liberación de la Mujer, como la campaña por el derecho al aborto.

Existen muy buenas oportunidades para la participación de los trotskistas en este campo. Hay grandes posibilidades para algunas actividades coordinadas internacionalmente. La opinión es ahora virtualmente unánime sobre el carácter de nuestro trabajo para construir el movimiento de la mujer, nuestro programa para la liberación femenina y el papel estratégicamente importante que esta lucha contra la opresión de la mujer jugará en la revolución socialista.

c) Campañas del movimiento antinuclear. reciente rápida expansión del movimiento antinuclear es de gran significación. Su carácter internacional facilita la coordinación de acciones de protesta en un gran número de países. En general, los trotskistas han comenzado a desempeñar un papel mayor, en el seno de este movimiento, hecho demostrativo de las oportunidades abiertas para la IV Internacional en este terreno.

Paralelamente y menudo entrelazados con el movimiento antinuclear, el movimiento antipolución y el movimiento ecologista también ofrecen oportunidades para avanzar las posiciones políticas del socialismo revolucionario.

d) La defensa de los presos políticos.

Durante los últimos años, la IV Internacional ha logrado responder con eficacia creciente contra las amenazas que pesaron sobre la vida y la libertad de sus dirigentes. Los éxitos más destacables fueron: la batalla por la libertad de Hugo Blanco y por su regreso al Perú; la lucha por impedir la ejecución de doce militantes iranís del HKS y obtener su liberación. Esta última batalla continúa siendo una responsabilidad central de toda la Internacional. El éxito de estas campañas fue consecuencia en gran medida, de nuestra capacidad de interesar a amplios sectores del movimiento obrero internacional y a todos los adversarios de la represión. En tal sentido, constituyen

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un modelo.

No elegimos deliberada o necesariamente la defensa de dirigentes de nuestra propia organización como únicos objetivos de las campañas en favor de los presos políticos. Deben también ser organizadas en torno a otros inminentes revolucionarios, no miembros de la IV Internacional, que simbolicen la lucha por el socialismo en sus países respectivos. En este sentido, una campaña mundial en defensa de Petr Uhl y los otros condenados en los procesos de Praga, constituyen hoy una prioridad.

Además de casos análogos que surgirán constantemente en los Estados obreros burocráticamente degenerados y deformados, hay cada vez más víctimas de la represión capitalista que reclaman particulares esfuerzos de defensa. El empleo de la tortura contra ellos alcanza nuevos récords en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y en Irán. Los prisioneros políticos irlandeses son tratados de la misma manera. Los prisioneros políticos palestinos son tratados también brutalmente. Uno de los aspectos más hipócritas es la pretensión de Carter de defender los "Derechos Humanos", , frente a la brutalidad del sistema carcelario norteamericano y la práctica de negar el derecho al asilo político a personas de izquierda en EE.UU.

Organizaciones especializadas en este terreno como la Bertrand Rusell Peace Foundation y Amnesty Internacional merecen todo apoyo en su trabajo de defensa de los prisioneros políticos.

35. De nuestro análisis actual de la revolución mundial y de nuestra orientación proletaria, se desprenden las siguientes tareas centrales de propaganda:

a) Defensa de la revolución indochina, y la lucha por salvar al pueblo de Kampuchea (ver informe sobre las tareas).

b) La internacionalización de objetivos determinados de lucha de los trabajadores: Las huelgas de masas de los trabajadores de ciertas industrias o incluso de ciertas fábricas ofrecen oportunidades inusuales para campañas de solidaridad nacional e internacional. El más reciente caso es el de la huelga nacional de los mineros del carbón en EEUU, que tuvo una cálida respuesta por parte de los mineros británicos. Como lo demostró la huelga de Grunwic en Inglaterra, esta cuestión puede ser de especial importancia para los trabajadores inmigrantes y las mujeres.

Los recientes ataques contra los derechos sindicales en Sri Lanka han llevado a una amplia campaña unitaria de defensa, en la cual los marxistas revolucionarios han jugado un papel significativo.

Ejemplos suplementarios son la propaganda por reivindicaciones claves, como la lucha por la reducción de la semana de trabajo; campañas contra las acciones antiobreras de sociedades multinacionales; primeras iniciativas para reunir a los dirigentes obreros de diversos paises que trabajan en las mismas ramas industriales o para las mismas sociedades multinacionales.

c) Defensa de las luchas revolucionarias de los pueblos oprimidos que las fuerzas reaccionarias han tomado como objetivos militares especiales. Un ejemplo es la defensa del pueblo palestino contra el ataque del gobierno israelí apoyado por EEUU. Otro ejemplo es la defensa de los pueblos de Sudráfica con la connivencia y el apoyo de la Casa Blanca. Otro es la defensa de la revolución cubana contra las amenazas beligerantes, tácticas de chantaje y las sistemáticas presiones económicas y diplomáticas montadas por el imperialismo norteamericano y sus regímenes satélites. Aún otro ejemplo es la defensa de Vietnam contra las represalias organizadas por el imperialismo EEUU. El apoyo a la exigencia de Irlanda por la salida del ejército británico de ocupación de Ulster. Nuevos frentes como estos serán objeto de atención de la IV Internacional, por la defensa del pueblo de Zimbabwe contra un "arreglo" impuesto por el imperialismo.

Nuestras secciones en los países capitalistas industrialmente avanzados deben prestar especial atención a la tarea de desarrollar o reanimar acciones antiimperialistas de masas. Las movilizaciones de solidaridad se han debilitado peligrosamente en varios países desde 1969, dificultando la organización de rápidas respuestas a las intervenciones de las potencias imperialistas. Esto quedó demostrado en Francia después de múltiples incursiones militares ordenadas por el gobierno de este país contra Africa. Especialmente nuestras organizaciones juveniles deben jugar un papel motor en el desarrollo de movimiend) Apoyo a las naciones oprimidas y a las minorías nacionales en su lucha por la liberación. El campo es amplio, extendiéndose desde los maories en Nueva Zelanda, los vascos y los catalanes en España, los corsos en Francia, y los irlandeses y los inmigrados no blancos en el Reino Unido, hasta las naciones oprimidas en Africa del Sur y los negros, chicanos y puertorriqueños en EEUU, los Kurdos en Irán, en Turquía, en Irak y en Siria.

Entre las áreas donde la IV Internacional ha sido la primera en llamar la atención acerca de la importancia de la lucha por la autodeterminación, están Europa del Este y la Unión Soviética. Estas luchas son cada vez mas importantes en numerosos países, en la medida que aumentan la conciencia social de la clase obrera y, en múltiples oportunidades, ayudan a echar las bases de la lucha para transformar los sindicatos en instrumentos de lucha de clases.

e) Apoyo a las luchas de los trabajadores inmigrantes. Como parte del "ejército de reserva" , los trabajadores inmigrantes son el primer objetivo de los planes de "austeridad"', siendo los últimos en conseguir empleo y los primeros en ser despedidos. Virtualmente ignorados por las burocracias sindicales, sus salarios estan en el nivel mas bajo y su alojamiento es de lo peor. Careciendo de ciudadanía es difícil para ellos organizar acciones de protesta. Corren siempre el riesgo de una deportación sumaria. Estas amenazas aumentan cuando aumenta el desempleo.

Por éstas y otras razones, la defensa de los trabajadores inmigrantes frente a la escalada demagógica racista y antiinmigrante es de primera importancia para muchas secciones de la IV Internacional, que han asumido ampliamente las acciones de solidaridad en este frente.

En Inglaterra la defensa de los trabajadores inmigrantes ha lievado a agudas confrontaciones con fuerzas reaccionarias, incluyendo a los demagogos protofascistas. Er una escala por ahora más reducida, desarrollos del mismo género se producen en Francia respecto a los trabajadores árabes y africanos. Recientemente la lucha ha tomado gran importancia en EEUU, donde los trabajadores mexicanos han resistido frente a la arbitraria y brutal política inmigratoria de Washington. Uno de los resultados de las acciones unitarias en este terreno es el fortalecimiento de lazos fraternales entre las secciones que tienen la posibilidad de asumir tareas conjuntas en tales campañas.

36. Participar en las luchas de los campesinos y los trabajadores rurales. La IV Internacional siempre ha afirmado la importancia de la lucha campesina y su

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ligazón con las luchas de las masas urbanas. Ha hecho este tema algunas contribuciones propias; por la sección peruana en movilización de los campesinos en lucha por la tierra, en los comienzos de la década del 60.

La lucha campesina es de la mayor importancia en países donde el campesinado aún constituye la mayoría o una minoría muy amplia de población activa (subcontinente indio, Perú, México, Egipto, etc.), pero no debe ser subestimada en otro paises.

En España, el movimiento campesino ha protagonizado un poderoso desarrollo tanto en las luchas como en organización. Incluso en EEUU, donde sólo el 3.8% de la población vive ahora en el campo, sectores militantes de los granjeros iniciaron manifestaciones contra la política agraria de la administración Carter. Los manifestantes desplegaron una gran solidaridad carbón, enviando camiones cargados de alimentos para los huelguistas.

En la India, como resultado de una creciente polarización de clases en las ciudades, se producen violentos enfrentamientos entre los obreros agrícolas sin tierra y los campesinos más pobres, por una parte, con la burguesía rural y la clase de los kulaks (campesinos ricos). Esto indica que el proletariado urbano tiene un aliado potencial de una enorme amplitud en el campo. Es una tarea urgente para el movimiento obrero y vanguardia forjar una alianza obrera-campesina sobre esta base anticapitalista, asumiendo rápidamente la defensa de las aspiraciones más apremiantes de los pobres del campo.

37. Defensa de las secciones y miembros de la IV Internacional sujetos a medidas represivas. En la actualidad, bajo la excusa de "acabar con el terrorismo" se ha lanzado en Alemania Occidental una campaña con reminiscencias del período McCarthista. Se ha estatuido una legislación restrictiva y se la utiliza contra distintas corrientes de izquierda. En varios países los trotskistas han estado entre los más golpeados por la represión, como por ejemplo en Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, donde cientos de nuestros camaradas han sido arrestados y en muchos casos torturados o asesinados. En España y Japón los trotskistas han sido arrestados por docenas. Similares golpes represivos se han lanzado contra los trotskistas en Grecia. En China, dirigentes trotskistas continúan en prisión. El derecho de los dirigentes de la IV Internacional a viajar libremente esta todavía severamente restringido. De manera que el problema de defendernos nosotros mismos contra tales ataques se ha agudizado en

Allí donde los revolucionarios son suficientemente conocidos en la lucha de clases se pueden rápidos resultados porque las masas mismas salen en su defensa. Así en España en noviembre de 1976, cuando el gobierno arrestó a delegados del Congreso de Euskadi de movilizaciones y huelgas en varias fábricas de la zona

Esto conquistó rápidamente la libertad de los Como justificación para golpear trotskistas con especial fuerza, las. fuerzas reaccionarias han hecho un sostenido esfuerzo por pintar a la IV Internacional como organización "terrorista"'. La CIA y el FBI se han distinguido especialmente en esta campaña. Sus actividades incluyen la expulsión de "trotskistas" de sus trabajos y la circulación de documentos falsificados para impedirles que consigan nuevos trabajos. El Socialist

Party norteamericano y la Young Socialist Alliance han tomado iniciativas para responder a esta caza de brujas. A través de un juicio por 40 millones de dólares contra el gobierno, pudieron descubrir una gran de evidencias que exponen las actividades ilegales de la policía política de EEUU y poner en movimiento juicios similares de otras víctimas de la violación de los derechos civiles por parte de las agencias gubernamentales de espionaje.

La campaña del SWP ha contribuido en gran medida a los esfuerzos del movimiento trotskista mundial por contrarrestar la calumniosa propaganda que pretende presentar a. la IV Internacional como organización "'terrorista". En el próximo período se deberá prestar más y más atención a posibilidades de este tipo en otros países.

38. Avanzar en reagrupamientos y fusiones. La construcción de partidos de masas de tipo leninista no puede ser confinada únicamente al reclutamiento individual de miembros. A un cierto punto, y en la medida en que diferentes capas del proletariado y sus aliados avanzan en comprensión política y se desarrolla la crisis. de las organizaciones reformistas y centristas, se plantea la cuestión de reagrupamientos y fusiones.

Nuestro fin continúa siendo el de culminar en un partido mundial de masas de la revolución socialista, del cual la IV Internacional de hoy no es más que el núcleo programático.

El proceso debe ser repetidamente revisado desde el ángulo de los diferentes problemas tácticos que se plantean explorando dos tipos de oportunidades que enfrentamos en estos momentos:

1) Unificación con grupos que aceptan el programa del trotskismo en general pero mantienen diferencias respecto de su aplicación sobre ciertos puntos.

2) Establecer relaciones fraternales con grupos que no se reclaman del trotskismo, pero que estan desarrollando líneas que eventualmente pueden hacer posible una fusión sobre bases principistas.

Recientemente se han planteado nuevas oportunidades para unificarse con grupos que se reclaman del programa del trotskismo y muchas de ellas pueden ponerse pronto a 'la orden del día. Para clarificar nuestras diferencias con tales grupos y probar las posibilidades de acción unitaria y unificación con ellos, un factor clave será la posición que tomen sobre los problemas más importantes de la lucha de clases. Los éxitos en esta tarea ayudarían a atraer a los trabajadores clasistas que rompen con la socialdemocracia, el estaiinismo y el centrismo pero que repelidos por la fragmentación del movimiento trotskista en algunos países.

La IV Internacional da la bienvenida a todo cuanto lleve a fusiones principistas. Y subraya el hecho de que la vida interna de la IV Internacional es rica y con garantías para la presentación de los puntos de vista minoritarios y el derecho a formar tendencias o fracciones de acuerdo con sus normas organizativas.

En el caso de fusiones el criterio decisivo es el acuerdo sobre un programa principista (incluyendo las normas leninistas de organización), que defienda la estrategia revolucionaria en la lucha de clases.

En cuanto a las tendencias de izquierda que no se reclaman del trotskismo, en varios países ha sido posible entablar acciones comunes que han hecho avanzar la lucha de clases de las masas y se han probado mutuamente benéficas. En cada caso en que aparezcan posibles acciones comunes e iniciativas políticas conjuntas con otras organizaciones, las direcciones de secciones deberán iniciar relaciones fraternales. Aquí; otra vez, la clave será la posición que estas organizaciones tomen sobre problemas políticos decisivos de la lucha de clases.

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