El mes transcurrido tras el fallido golpe de Estado del pasado
19 de agosto arrojó poca luz sobre su principal enigma: la sorprendente ineptitud de su organización y ejecución. En cambio, hay más claridad sobre la naturaleza de las fuerzas
NOTAS
1.- Empleo el término demócratas entrecomillado, porque es así como ellos mismos se esignan. Algunos son verdaderos democr as, mientras otros simplemente son "demo cratas de mercado".
2.- "Moskovskie Novosti, número 30, 1991.
3.- "New York Times", 16 de septiembre de
1991.
4.-"Trud", 13 de septiembre de 1991.
5.- "Trud", 14 de septiembre de 1991.
199.- New York Times, 17 de septiembre de
7.- "Nedelya", número 36, 1991.
tes e de 19m0/skaya Pravda"; 14 de sepde Komsomolskaya Prada, 28 de a90s10
10.- "Trud", 14 de septiembre de 1991.
11.- "Trud", 13 de julio de 1991.
URSS
¿Y los trabajadores?
implicadas en el golpe. La prensa soviética y extranjera habla de "comunistas duros" contra "demócratas"(1); pero el programa de los gol-
Los 15 millones de militantes del pardo, completamente desarmados por rientación liberal de su dirección, s metida a Gorbachov, no ofrecieron nin-
Los deme rae rentan antes,
Además de desacreditar al socialismo, esta campaña anticomunista busca desviar la atención popular de las cuestiones importantes: a dónde va el país. qué tipo de sociedad se construye, quién se beneficia de los procesos y medidas socio-políticas en marcha, quién acumula el poder y la riqueza. La junio, Yeltsin logró el 57% de los votos en Rusia; Popov, el alcalde de Moscú,
David Seppo daderamente identificada con los políticos liberales ni con las estructuras que éstos dirigen. La prensa liberal saluda la derrota del golpe como una "revolución popular", como el "verdadero Octubre"; pero todo indica que la mayoría de la gente no se sintió directamente afectada por los acontecimientos, y menos aún participe de ellos. La reacción popular frente a los golpistas En junio pasado, el 70% de los habitantes de Suzdal, pequeña ciudad turística a 120 kilómetros de Moscú, votó por Eltsin. Pero ni la población ni el soviet local reaccionaron abiertamente ante el golpe(3). En la vecina ciudad de Ivanovo, un importante centro de la industria textil, una manifestación convocada durante el golpe por los diputados "democráticos" locales reunió como mucho a 200 personas. El soviet municipal convocado para debatir la situación no logró alcanzar el quórum(4); en octubre de 1917, los trabajadores de esta región salieron en detensa del soviet de Moscú contra los Blancos y jugaron un papel clave en la victoria.
Un periodista habló de indiferencia política en la fábrica de camiones ZIL de Moscú: "En mi opinión - explicó uno de los trabajadores-, el colectivo no estaba ni a favor ni en contra. Estas cosas no preocupan a la gente"(5).
El peluquero de una boutique estatal, situada a unos 100 metros de las barricadas donde fueron asesinados las tres víctimas, siguió trabajando durante el golpe(6). Un doctor explicó a un periodista sentado junto a él en el trolebús: "¿Usted pasó la noche en las barricadas? Hay mucha gente que se disputa el poder. Nosotros trabajamos". El director de una fábrica de Moscú dijo: "Sí, atravesé el centro de la ciudad y vi los blindados. ¿Y luego qué? No tengo tiempo que perder en boberías. Mis proveedores no me envían papel desde
ШАЛТА КОКСОВАЯ hace dos días"(7). El director de la gigantesca empresa metalúrgica Octubre Rojo, en Volgogrado, se negó a decretar la huelga que pedía el grupo de diputados de la fábrica en el soviet local; argumentó que la huelga tendría efectos desastrosos para la fábrica y que, además, no eran evidentes sus ventajas políticas para Rusia. Cuando después del fracaso del golpe los "demócratas" exigieron su destitución, los trabajadores organizaron una campaña de protesta y amenazaron con una huelga política en su defensa. La amenaza se disipó al decretar un juez que no había bases para levantar acusaciones. crimi-
Parece que una cosa es votar por los "demócratas" y otra movilizarse efectivamente en su defensa. En las elecciones, la gente tendió a orientarse en términos ideológicos, sin una referencia inmediata a sus intereses concretos. Además, los candidatos "democráticos" parecían ser la única alternativa seria al viejo régimen desacreditado. Pero a nivel de la política concreta, cuando hay un riesgo claro de represión o de pérdida de ingresos, el enfoque siempre es mucho más pragmático. En este terreno hay un sentimiento muy extendido de falta de opciones reales.
La desbarajuste económico empeora día a día, y el futuro se presenta, con los "demócratas", como la continuación del empobrecimiento. A pesar de los resultados electorales, de cerca de 4 mil cartas recibidas por el diario liberal Komsomolskaya Pravda en los meses de 1991 anteriores al golpe, sólo mil quinientas apoyaban plenamente a los
En la fábrica ZIL, las palabras "orden" y "caos" aparecían constantemente en las discusiones de los periodistas con los trabajadores. El presidente del comité sindical del taller de fabicación explicaba: "Se lleva a la gente a la desesperación. Esperaban el gran día: se doblaron los salarios. ¿Pero quién ha sacado provecho de esa subida? ¡El especulador! Las botas de mujer cuestan 200 rublos, pero las pagamos en mil. Como la mayor parte de los productos, las botas pasan por las sucias manos de una tercera y hasta de una quinta persona."
"La gente comprende -concluye el periodista- que la actual situación social adversa es el producto del anterior sistema burocrático de distribución. (...) Pero también se escuchan quejas contra la nueva administración y no sólo la de Gorbachov, también de la de Eltsin. ¿Cuándo se pondrá fin a ese bandidaje muy alejado de un mercado civilizado?" Los trabajadores de ZIL se preocuparon mucho más por la prevista privatización de la fábrica, sobre la que se les ocultan los datos, que por el golpe(10). El periodista que visitó Octubre Rojo, que produce el 30% de los rodamientos del país, describió el estado de ánimo de los trabajadores en los siguientes términos: "Antes de ir a la huelga, uno se dice que ningún sindicato o comité de huelga va a alimentar a su familia. Recuerda que jamás autoridad alguna lo ha defendido, que vive constantemente a la defensiva y se hunde bajo las preocupaciones de la vida cotidiana. Sabes que quienes te hacen promesas y te llaman a las barricadas van a engañarte, que volverás al "barrio francés" (el barrio obrero) donde no hay un solo teléfono público y las calles tienen luz sólo durante las campañas electorales. " Sin embargo el periodista no entendió que, a pesar de estas condiciones, los trabajadores no se mostraron ni pasivos ni apáticos: se movilizaron en detensa de su director, en quien veían un defensor de la empresa, contra el golpe y contra los "demócratas". Los nuevos demócratas... autoritarios La pregunta es: ¿el Soviet Supremo y otras instancias electas, independientemente del programa social de los "de-
, no merecian un apoyo activo como instituciones democráticas? Sin duda alguna. La pregunta clave planteada por el golpe afecta, efectivamente, a las razones por las que no hubo movilización popular. Sólo el futuro dará una respuesta definitiva. Tal vez la población no tomó en serio un golpe que sólo duró tres días. Por otra parte los golpistas no disolvieron los soviets, porque querían mantener una apariencia de constitucionalidad. Pero también es evidente que ha descendido el entusiasmo popular por la democracia parlamentaria, dada la falta de una alternativa política creíble con la que la gente pueda identificarse(11).
La burocracia, camuflándose tras la
12.- En este terreno, vale la pena hacer notar que los "demócratas" todavía no se han tomado la molestia de poner en marcha un mecanismo eficaz para recuperar lo perdido. Esta era una de las reivindicaciones de la huelga política de los mineros del 11 de julio de 1991. "Trud", 13 de septiembre de 1991.
13.- "Komsomolskaya Pravda", 4 de abril de 1991.
14.- "Financial Times" (Londres), 24-25 de septiembre de 1991; "Komsomolskaya Pravda", 27 de agosto de 1991.
15.- N. Preobrazhenski, "The first skirmish", Socialist Alternatives (Montreal), número 1, 1991.
16.- "Komsomolskaya Pravda", 26 de junio de 1991.
17.- "The Gazette" (Montreal), 8 de septiembre de 1991.
18.- "Nedelya", número 25, 1991. Se puede comparar ese sentir con la reflexión que Walesa hizo hace algún tiempo: "A menudo me pregunto si es posible conocer una evolución a partir del sistema comunista. Tal vez Polonia necesita (...) métodos duros, fuertes, revolucionarios, incluyendo el temor, para reorientar la economia. »'Wall Street Journal", 18 de , septiembre de 1991.
19.- "Le Monde Diplomatique", 12 de septiembre de 1991, p. 12.
20.- "Komsomolskaya Pravda", 14 de septiembre de 1991.
andera roja durante cerca de 70 años profundamente al socialismo. Sin embargo, en 1989 todavia había un considerable apoyo a una "vía socialista de desarrollo", aunque ésta estuviera muy vagamente definida. Ese sentimiento fue muy dañado por dos años de estancamiento y declive económico absoluto bajo el gobierno central dirigido por Gorbachov, el jete "comunista"; y por una masiva campaña de propaganda antisocialista.
En esas condiciones, la experiencia concreta de los trabajadores con los "demócratas" sólo puede reforzar el cinismo frente al parlamentarismo. Hace unos días, Ivan Silaiev (viejo burocrata "comunista"), hasta hace poco primer ministro de Eltsin y ahora jefe de gobierno de la Unión, reconocía que: "intentábamos probar, a los ciudadanos y a nosotros mismos, que la transición al mercado sería un paseo agradable y cómodo. Que todo el mundo estaría protegido y asegurado y que las cosas sólo podrían mejorar. Pero la vida no es así"(12). Está sorprendente confesión de incompetencia y/o de engaño consciente no parece sonrojar a Silaiev. Precisamente sobre esta base (y pregonndo que no había otra alternativa) fueron elegidos los "demócratas".
Silaiev sigue diciendo que, aunque se pueda proteger a los más necesitados, a los inválidos, a las familias numerosas... es "impensable e inconcebible" la indexación integral de los salarios al coste de la vida. Se trata de una revelación reciente porque hace menos de cuatro meses, durante una reunión con los mineros en huelga del Kizbass, les dijo que tenían "toda la razón en levantar reivindicaciones tan exigentes"(13). La indexación completa era una de las reivindicaciones de los mineros y también de los trabajadores de Bielorrusia, cuya huelga fue recibida con entusiasmero nos se deberia excluir la hipótesis de que la mayoría de los trabajadores, agobiados por el agobio y la inseguridad de la vida cotidiana, simplemente estén apáticos frente a la política. En abril, el llamamiento de los mineros a apoyar su huelga política por la dimisión de las autoridades centrales logró pocos apoyos, salvo en Bielorrusia. Sin embargo, parece más probable que esa falta de reacción tenga la misma explicación que la escasa movilización contra el golpe: ¿para qué correr riesgos y buscarse problemas cuando no hay una alternativa atrayente?.
Los mineros del carbón pueden mas fácilmente tener ilusión en que el "sistema de mercado" de los "demócratas"
sea una alternativa real -aunque un examen detallado del proyecto de convenio colectivo de su sindicato muestra una idea del mercado muy diferente a la de los liberales-, dado que los recursos naturales son uno de los raros productos soviéticos que serían competitivos en el mercado mundial. En cuanto a los trabajadores de Bielorrusia, sus huelgas de abril y mayo fueron en gran medida el producto de un desíase, porque las estructuras políticas bielorrusas todavía no estaban liberalizadas. Parece que durante el golpe ya no fueron a
Incluso en el terreno de la democracia formal no es del todo evidente que los "demócratas" sean una alternativa clara a los golpistas. La orgía de decretos presidenciales emitidos por Eltsin después del golpe dio que pensar a varios auténticos demócratas, tanto en Rusia como en otras repúblicas. Cuando se superó la crisis Eltsin suspendió unilateralmente periódicos, se apoderó de ministerios, instituciones e importantes empresas de la Unión y amenazó con revisar las fronteras de las repúblicas que se separaran de la Unión. También anunció su intención de crear una administración centralizada en Rusia, mucho más poderosa que lo fue el Centro de la Unión en los últimos años, nombrando gobernadores en todas las regiones y repúblicas autónomas. Aprovechó la ambigua posición de los dirigentes elegidos de varios soviets regionales para depurar a quienes se oponían a su política y envió sus comisarios a muchos otros(14).
Un observador ruso señalaba: "Todo el mundo recuerda cómo el año pasado, durante una gira por Rusia, Eltsin prometió la soberanía prácticamente hasta a los postes de teléfono: 'Tomen todos los derechos que quieran'. Pero ahora las regiones de rusas están bajo el riguroso control del Centro; como en la Revolución Francesa, se envían a todas las localidades comisarios _presidenciales con plenos poderes. Elegido al Congreso de Diputados del Pueblo con la vieja consigna 'Todo el poder a los soviets', el presidente ruso asumió un enorme poder constitucional que aumentó con poderes de emergencia antes incluso de la última crisis. Hoy su poder es aún mayor" (15). Al mismo tiempo, el poder ejecutivo usurpa los poderes de los soviet elegidos en ciudades como Moscú y Leningrado, dirigidas por alcaldes "democráticos" (16).
Después del golpe, la reorganización del gobierno de la Unión se hizo sin ningun miramiento por la Constitución o por el Soviet Supremo, por no hablar de procedimientos democráticos. Se trata de arreglos "transitorios", pero nadie sabe cuánto tiempo durará la transición y cuantos cambios irreversibles se introducirán mientras tanto. El nuevo Consejo Presidencial, el auténtico gobierno, compuesto por Gorbachov y los dirigentes de las repúblicas que siguen siendo miembros de la Unión, ha recibido el mote popular de KKKhP-
2 (KKKhP era la abreviatura del nombre de la junta golpista).
El poderoso Consejo para la Administración de la Economía Nacional está
formado por el antiguo primer ministro de Rusia, el jefe del Ejecutivo de Moscú, un economista liberal y el director de una asociación patronal; las organizaciones obreras no están representadas. Tres de ellos son burócratas de carrera, antiguos comunistas, y sólo uno tiene uno fue elegido en una circunscripción electoral entre las cientos que hay Rusia. Como dijo un diputado liberal: "Es un golpe presidencial, un verdadero golpe presidencial. Pero, gracias a Dios, se hizo sin blindados"(17). Obviamente el Soviet Supremo que promulgó la actual Constitución fue elegido en circunstancias menos que democráticas. Pero en el contexto actual incluso esta institución servil empieza a dar buena impresión, cuando no queda un solo diario de oposición en Moscú. Para mayor ironía, hace sólo unos cuantos meses, Gorbachov esgrimía siempre la Constitución como la razón para negarse a discutir su dimisión con los mineros que la pedían. El milagro chileno Unos días después de la victoria de los "demócratas" frente a los "comunistas", un periodista liberal escribió en el suplemento semanal de Izvestia: "Sí, en Rusia necesitamos un gobierno duro, incluso autoritario. El presidente de Rusia pronto deberá enfrentarse a algo más peligroso que cualquier junta de élite: el desempleo, la miseria de millones de personas. Serán inevitables huelgas destrucioras, y es posible que se produzcan explosiones de violencia. En estas circunstancias, será necesario acudir a gestos desagradables: prohibir y tal vez reprimir las manifestaciones, para instaurar el orden"(18). Esta declaración no tiene nada de excepcional. Muchos ideólogos y políticos "democráticos" no disimulan su admiración por el general Pinochet y su "milagro chileno" (19). En este punto coinciden con los partidarios de la línea dura "comunista", que también preconizaban un poder autoritario a lo largo de la "transición". Quizás con esa comparación en la cabeza el gobierno ruso crea ahora una Guardia Nacional. Afirma que la movilización popular lo salvó del golpe, pero al mismo tiempo rechaza la idea de una milicia voluntaria de ciudadanos y crea una fuerza de élite estrictamente profesional. Sus miembros ganarán dos mil rublos, es decir cinco veces el salario medio en la industria(20).
En cuanto a las relaciones entre el centro y las repúblicas, los acuerdos parecen más igualitarios; la participación de las repúblicas Unión queda a criterio de éstas y sus leyes predominan sobre las de aquélla. "transitorio"dominará la Cámara alta, en la que cada república participante tendría un voto. Queda por ver, sin embargo, cómo funcionaria ésta en la práctica. El separatismo económico sería desastroso para todas las repúblicas, pero mucho menos para Rusia, que aporta casi las dos terceras partes de la producción neta de la Unión y controla el grueso de los recursos naturales y de las producciones generado. ras de divisas -aunque cabe preguntarse legítimamente por qué esas divisas deben ingresar sólo en Rusia, cuando todas las repúblicas contribuyeron a su desarrollo). En consecuencia, cualesquiera que sean los acuerdos formales en vigor, por lo general Rusia podrá imponer su voluntad. También esta es la razón de que Eltsin está tan interesa do en conservar la Unión, con Gorbachov a la cabeza, haciendo la dominación rusa menos evidente y más aceptable para el resto de repúblicas.
La dirección rusa ha aplacado un poco los gestos amenazantes que realizó inmediatamente después del golpe. Pero su apetito de poder es evidente No abandonará su intento de construir su legitimidad popular sobre una base nacionalista. El nombramiento de Silaiev, antiguo primer ministro de Eltsin. para dirigir el gobierno constituye un claro signo del predominio de Rusia en la nueva Unión. Las medidas centralis. tas de Eltsin para Rusia misma auguran malos presagios en su relación con las otras repúblicas. El 13 de septiembre, Yavlinsky, el economista liberal del Consejo para la Administración de la Economía Nacional, puso a consideración un proyecto de nuevo tratado económico en términos deliberadamente vagos, para evitar objeciones por parte de las fuerzas nacionalistas de las re-
21.- "The Gazette", 18 de septiembre de 1991.
22. - "Komsomolskaya Pravda", 7 de septiembre de 1991.
23.- "Trud", 7 de septiembre de 1991.
24.- "Trud", 7 de septiembre de 1991.
25.- "Rabochaya Tribuna", 7 de septiembre de 1991.
26.- "Trud", 14 de septiembre de 1991.
27.- E. Shestakov; "Zagadochnye nevidimki", "Nedelya", número 37, 1991, p.8.
28.- '"The Gazette", 13 de julio de 1991.
públicas. Sin embargo, dio a entender que Rusia estaba dispuesta a marchar por su cuenta; lo que supone todo un ultimátum al resto de repúblicas, puesto que ninguna de ellas puede hacer lo ambién hay que recordar que el es tablecimiento de relaciones más iguali tarias entre las repúblicas no significaría necesariamente más democracia en ellas. El caso de Georgia, que sufre el régimen cada vez más autoritario del presidente Gamzakhurdia, Indica que as élites locales tienen la tentación de explotar el sentimiento nacionalista como sustitutivo de la democracia y de las repúblicas autónomas. Los gobiernos bálticos aprovechan las repercusio. nes del golpe para acelerar la depuración de "indeseables": miembros del Partido Comunista y gente no autóctona. Hay crecientes presiones para retirar la ciudadanía a quienes no puedan probar la presencia de su familia en esas repúblicas jen 1940!, o al menos para "incitarlos económicamente a volver a sus casas"(22). El gobierno lituano utilizó el golpe par disolver los soviets locales de tres regiones con mayoría rusa y polaca, por un tiempo que va de seis a doce meses. Se acuso a estas instituciones elegidas de apoyar a los golpistas(23). Pero su único delito es oponerse a la independencia de Lituania: porque temen que sus derechos como minoría no sean respetados. La rehabilitación por el gobierno lituano de criminales de guerra nazis (centenas de miles de judíos fueron asesinados en Lituania durante la Segunda Guerra Mundial) no es una señal tranquilizadora para las minorías. La nueva burguesía ocupa su lugar Si los trabajadores, con la excepción de una parte de los mineros, no se movilizaron en apoyo a Eltsin; no se puede decir lo mismo de la nueva burguesía rusa. Durante el golpe los especuladores siguieron vendiendo mercancias a precios inaccesibles para el ciudadano común y corriente; pero, en cambio, la compañía privada de seguros ASKO envió mil hamburguesas MacDonald a los hambrientos defensores de la "Casa Blanca". Fundada en otoño de 1988, ASKO cuenta ya con activos de 51 millones de rublos. Después del golpe donó un cuarto de millón de rublos las familias de las tres víctimas, a los soldados que defendieron la Casa Blanca, a los periodistas y a quienes dieron pruebas de valor"(24). Igualmente, el banco privado Delovaya Rossiya donc un millón de rublos al fondo "para cubrir las consecuencias del golpe" (25). El banco Atlant, la compañía de segu-
КИЯНИ:
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6 ЛИАЙМО
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ros Rezerv y una tercera empresa abrieron un fondo para la creación de una Guardia Nacional Rusa. Rezerv aportó un millón de rublos y su propietario añadió que: "obviamente, el Soviet Supremo decidirá sobre el empleo de estos fondos"(26) (si se tiene en cuenta la masiva evasión fiscal normalmente practicada por las empresas privadas, estas donaciones no son nada generosas)(27). Los trabajadores pueden seguir dudando, pero esta gente considera sin duda alguna que la victoria de Eltsin es la suya. Los "demócratas" tampoco se perturban cuando se les acusa de dejarse compar.
Durante los últimos meses la nueva burguesía ha perdido mucha de su inicial discreción. Según el periódico Tochka Zrenia, en julio de 1991 ya había en la URSS 150 mil millonarios en rublos. Hay incluso un club de jóvenes millonarios(28). Cuando el 28 de agosto Eltsin concedió al alcalde de Moscú el poder de congelar los precios, el presidente de la Bolsa de mercancias (donde hasta los guardias se supone que ganan 100 mil rublos al mes contactando a compradores con vendedores) amenazo con recurrir a la "huelga de los negocios": el sector privado de la capital se desplazaría a Petersburgo y a otras ciudades. Habló de hacer de Moscú "un cementerio en el que Popov y Lujkov (alcalde y presidente del Comité Ejecutivo Municipal) gobernaran a masas de desempleados"(29). Tal altanería sigue muy alejada de la situación real, pero refleja la ambición y la creciente confianza de esta capa en ascenso, que siente -y es comprensibleque los "demócratas" están en deuda con ella. Un futuro incierto Aunque hay que mostrarse sobrio en la evaluación del potencial político de los trabajadores en el futuro inmediato, sería prematuro concluir del análisis precedente que la nueva burguesía y sus representantes políticos tienen vía libre. A pesar de sus declamaciones sobre la "revolución popular" , los dirigentes "democráticos" no se engañan en lo tocante al hecho de que la población no se movilizó tras ellos. Una semana después del golpe, Silaiev y el economista liberal Yavlinsky (autor del "plan de los 500 días") ofrecieron una conferencia de prensa. Yavlinsky dijo a los periodistas que el país debía utilizar la victoria para avanzar hacia la economía de mercado. Silaiev le contradijo inmediatamente, afirmando que el pueblo ruso estaba cansado y que no era posible emprender una terapia de choque.
A este respecto resulta revelador un reciente titular del Wall Street Journal, el periódico conservador de la burguesía americana: "El precario tránsito de Polonia hacia el libre mercado sirve de advertencia a los soviéticos: las huelgas, la recesión y el marasmo hacen
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que distinta gente reconsidere la vía al
. Y, políticamente hablando, Rusia es muy diferente de Polonia. Incluso el culto a la personalidad que actualmente se desarrolla en torno a Eltsin no puede hacer de él un Walesa. A pesar de la explotación del sentimiento nacionalista, ni Rusia, ni Ucrania, ni Bielorrusia, ni Kazajastán tienen un movimiento que goce de la legítima popularidad que tuvo Solidaridad. A diferencia de Polonia, la cladse obrera de la URSS no está quebrada por la represión política ni por largos años de hundimiento económico e inseguridad. Es posible que los trabajadores todavía no puedan formular su propio programa.
Pero el movimiento obrero sigue siendo la única fuerza social organizada en la sociedad. Se trata de una minoría de la clase obrera, pero la experiencia demuestra la rapidez con que incluso los trabajadores no organizados pueden movilizarse y crear sus propias organi-
La mayor parte de los trabajadores decidió no intervenir durante el golpe de tres días del mes de agosto. El significado de esta falta de movilización sólo se aclarará en los próximos meses. Pero es seguro que el golpe sólo fue un episodio más de lo que seguramente será una larga serie de luchas políticas y sociales, de conmociones cuyo resultado final resulta difícil de predecir.
19 de septiembre de 1991