Una respuesta socialista a las
"reformas de mercado"
El hombre, la libertad, el mercado"
Este era el título de la presentación hecha por el académico S.S. Chatalin de la "reforma en 500 días", en los principales periódicos soviéticos en el otoño de 1990. El artículo presentaba la privatización como una especie de reparación de los sufrimientos pasados, mediante la redistribución de un patrimonio colectivo usurpado y derrochado por la gestión burocrática: cada uno ("el hombre") debía poder vivir libre y mejor.
Pero, ¿es posible esto mediante la privatización y el mercado?
En este artículo vamos a discutirlo. Lo haremos partiendo de dos tipos de argumentos planteados a favor de la "economía de mercado": por una parte, la hipótesis de que sognifica un paso adelante de la misma naturaleza que lo fue la salida del feudalismo; por otra, las promesas de eficacia económica y de justicia social hechas para legitimar la privatización. Si planteamos nuestro desacuerdo con los remedios propuestos para curar el mal burocrático es, precisamente, porque se equivocande contexto histórico y además no serán ni eficaces ni justos. Por otra parte, la causa esencial del fracaso económico serán esas mismas injusticias. Frente a ellas hay que buscar una tercera vía. Las reformas burocráticas de la planificación hipercentralizada, con más o menos mercado, no fueron esa tercera vía, sino simples apaños de sistemas fundamentalmente opresores. Sin duda hay que romper con esos sistemas. Pero la esperanza de que el liberalismo mercantil y la privatización darám a la URSS y los países de la Europa del Este la democracia y el nivel de vida de los países capitalistas desarrollados es una ilusión. En esos países hay y habrá una regresión al nivel del tercer mundo. La tercera vía tendrá que buscarse en otra parte. Sólo podrá consoli-
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Catherine Samary darse partiendo de la aspiración a vivir mejor y libremente, no para una minoría, sino para cada persona solidariamente con las demás; y no podrá realizarse a escala de un país que quisiera resistir solo su marginación en el mercado mundial, sino a través de lazos libremente establecidos entre comunidades que compartan objetivos similares en el terreno internacional.
¿Una revolución antifeudal? En ocasiones, en el Este, se comparan los actuales acontecimientos a una revolución burguesa contra relaciones precapitalistas, cuasifeudales: es cierto que estos sistemas están cada vez más dominado por "cuasifeudalidades" locales, cuyo poder apoyado en redes de clientelismo y relaciones personales determina las inversiones y las protecciones bastante más que el mercado. La compartimentación de Yugoeslavia se ha acentuado a lo largo de los años y, en Humgría, hoy se dice haber pasado no del "plan al mercado", sino del 'plan al clan"... Los programas liberales mercantiles querrían, a la vez, restaurar la propiedad privada y romper, mediante el papel unificador del mercado, todos esos compartimentos y redes personales. La comparación con la emergencia del capitalismo no deja de tener pertinencia, pero hay que forzarla demasiado
El capital se impuso efectivamente extirpando de la sociedad feudal las relaciones de subordinación personal no mercantiles, al mismo tiempo que las protecciones que acompañaban a la esclavitud o la servidumbre. Creó así, a partir de antiguos siervos o esclavos pero también de la pequeña producción mercantil (cuando no resistía la competencia de las manufacturas), una clase de proletarios obligados a vender su fuerza de trabajo plegándose al reino der dinero y de la competencia mercantil. Esa fue la fuente de un colosal aumento de la productividad... Y esa es también la esperanza de los más cálidos partidarios del capitalismo liberal: romper las mentalidad y el comportamiento de esclavos "asistidos" del mundo burocrático.
"Comparado con el trabajo del esclavo, el trabajo del asalariado sometido al capital se hace mucho mas intensivo y por consiguiente más productivo. E esclavo trabaja sometido por el miedo pero no por conservar su existencia, que aunque no le pertenece la tiene garantizada. Por el contrario, el trabajador libre actúa impulsado por sus necesidades. La conciencia (o más bien la idea) de la libre determinación personal, de la libertad, hace que sea mucho mejor obrero que el esclavo. El añade un sentido (conciencia) de la responsabilidad; porque como todo revendedor el obrero es responsable de la calidad de la mercancía que proporciona y debe proporcionar, o será desplazado por otros vendedores de la misma especie"
Marx añade (pues es él quien habla) que la proletarización puede ser percibida como una liberación o "promoción" por el siervo o el esclavo; y, por al contrario, como una degradación para el artesano que era dueño de su trabajo y de sus medios de producción.
En conjunto, a penas había otra fuente de desarrollo de la productividad que esa revolución burguesa.
Pero hoy, ¿qué fuerzas sociales se trata de liberar de las relaciones feudalburocráticas? ¿Se tratará de una promoción o de una regresión social?
¿Los campesinos? Su importancia ha disminuído (del 15 a 30% de la población activa en la URSS y la Europa del Este) y se transformaron profundamen-
te. Sólo en Polonia y Yugoslavia son mayoritariamente pequeños propietarios. Están amenazados por preceptos liberales (dado que hay dos pesos y dos medidas para un liberalismo que quiera suprimir las subvenciones en tos países, mientras las mantiene masivamente en EEUU, Japón y la CEE). El malestar de los campesinos polacos es significativo. En cuanto al "campo" colectivizado, en contra de lo esperado por los liberales, no votó masivamente por la privatización. Al contrario, vota más "comunista" que las ciudades (sería simplista achacarlo sólo al mayor control de los aparatos represivos, o una adhesión al régimen burocratico). El antiguo campesinado desapareció Los crímenes de la colectivización forzada pesan aún. Pero sobre todo, en Checoslovaquia, en Hungría, en la URSS o en otras partes... las nuevas generaciones de campsinos trabajadores de hoy aspiran a preservar las protecciones adquiridas en los koljoces (y sus pequeños terrenos individuales que les aseguran una cierta autosuficiencia alimenticia). "La abolición gratuita de los privilegios" reclamada en otra épca por las revueltas campesinas expresaba su rechazo a que el yugo del dinero sustituyera al de las relaciones feudales. Para los campesinos-trabajadores esa consigna (antiburocratica) podría ser más pertinente que la privatización. La exigencia de una asociación cooperativa realmente libre y de una redefinición de los poderes soviéticos locales y regionales, por medio de una auténtica "revolución desde abajo", abre la posibilidad de alianza de los trabajadores de las ciudades y del campo con una dinámica ... "postcapitalista"
Porque la gran mayoría de gente a la que se pretende transformar en asalariados del sector privado está constituída por un proletariado realmente existente, explotado por una burocracia que reina sobre sus espaldas y gestiona en su nombre una propiedad que no le pertenece. En la URSS se trata de un proletariado al que el discurso de Gobachov repitió, hasta 1990, que debía ser "el amo en su casa" (de nuevo: un derecho "postcapitalista"); y que es tan consciente de ese derecho que todas las corrientes, de una forma u otra, intentan asimilarlo (los conservadores, por medio de una alianza entre los directores y los colectivos de trabajadores sobre reivindicaciones autogestionarias; los liberales, proponiendo el accionariado obrero, incluso las minas para los mineros). Se trata de un proletariado que constituye hoy la mayoría de la
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C. Samary población activa en todos los paises afectados por esa "revolución" ••. es decir que ganar a estos trabajadores a la perspectiva del cambio es una cuestión central. Ser el dueño de su trabajo. Se dice a menudo en la URSS que la privatización permitirá que cada individuo sea el propietario de su trabajo (el dueño de sus resultados). La discusión debe ser clara: la exigencia de control y de responsabilidad individual no es necesariamente individualismo. En primer lugar significa la necesaria puesta en cuestión del anonimato, el derroche colectivo de la burocracia y la astixia de los individuos, realizado en nombre de pseudovalores socialistas (las garantías sociales existentes se supone que ilus-
"socialismo"). Ese marxismo oficial olvidaba un detalle del Manifiesto Comunista, para el cual "la emancipación de cada uno es la condición de la emancipación de todos". minación de la asociación de los productores, igual qur la de las comunidades nacionales, es una necesidad económica, no sólo ética.
También es necesaria la posibilidad de elección, y por tanto de alternativa Una de las características de la ofensiva liberal es suprimir esa posibilidad de elección, más exactamente, presentar como la unica opción racional la propiedad privada bajo diferentes formas; cuyo punto común es unir el poder del propietario al dinero (el capital) que aporta. Se excluye así la búsqueda de
"desestatalización" madiante la "socialización" de la propiedad: ésta intentaría transferir el derecho constitucional -gratuito- y el poder de gestión a los "productores asociados", , a la "sociedad", bajo formas institucionales que habría que discutir.
La valoración liberal del ciudadano y del individuo se hace contra esta lógica autogestionaria y solidaria. Como si libertad individual y responsabilidad se opusieran necesariamente a propiedad social y solidaridad. Esa falsa disyuntiva se basa en el balance del fracaso de los pasados intentos de reformar el "socialismo realmente existente". Por tanto parece necesario abordar este
Mercado para la autogestión... El proyecto radical mercantil actual es una ruptura con las reformas anteriores de la planificación burocrática: en los años sesenta y setenta en Yugoeslavia, en Polonia en la época de emergencia de Solidarnoso, e incluso en Hungría bajo otras formas; estos cambios en el Este apuntaban aún a conciliar el mercado con la "propiedad colectiva". la referencia de los proyectos iniciales de Perestroika erán esos modelos: la ley de 1987 sobre la empresa concedía derechos autogestionarios a los colectivos de trabajadores, que fueron suprimidos en junio de 1990. En realidad la crítica que en la actualidad hacen los liberales radicales sobre ese pasado es insuficiente y ocurece las alternativas.
En ningún sitio esas reformas modificaron el poder central de coordinación de la gestión, oculto tras unos derechos de propiedad que sigue siendo "de todos y de nadie"; aunque más para los burócratas que para el resto. En realidad no tenían alcance democrático, nunca pusieron en cuestión el sistema del partido/Estado ni dieron plenos derechos constitucionales de autoorganización política, sindical y social a las poblaciones y trabajadores afectados. Esta fue una importante razón para que estas reformas fracasaran, punto de vista autogestionario. Pero también fracasaron desde el punto de vista de la regulación mercantil, porque se trataba de una falsa competencia que sólo funcionaba para los beneficios y no para las pérdidas... Las ramas y empresas en buena posición de marcado se han desarrollado. Pero el resto nunca quebró. Para los trabajadores, la protección del nivel de vida y de empleo existentes era una importante baza en juego. Pero, desde su punto de vista, no había otra opción racional que el mantenimiento de las estructuras existentes y de la protección del poder de compra en un sistema ineficaz, sobre el que no tenían ningún control real. Por su parte, las autoridades del poder burocrático tenían interés en cubrir las pérdidas para mantener la calma social y sus privilegios. Los derroches se acumularon. Las importaciones frenaron algún tiempo la crisis; pero el sistema se hundió bajo el peso del endeudamiento externo del comienzo de la década de los ochenta. En ese contexto, el mercado no suprimió la burocracia ni hizo más eficaz el sistema. La autogestión se liberó de los dictados de un plan impuesto burocráticamente para caer en la trampa de la lucha individual, donde la libertad se enfrenta rapidamente al riesgo del despido y a la desigualdad de oportunidades. Entonces los autogestionarios, que utilizaron sus derechos para protegerse de los
efectos del mercado, contra sus reglas, fueron hechos responsables de la ineficacia del sistema, de la ineficacia del mercado.
... al mercado contra la autogestión La conclusión que sacan de todo ello los teóricos del liberalismo es simple: el mercado es incompatible con la autogestión. Sólo si es general el mercado puede servir para regular (orientar las inversiones y forzar a cerrar las empresas no rentables). Esto implica que la fuerza de trabajo y los medios de producción sean por completo mercancías: que exista un mercado de trabajo (contratación y despido de asalariados sometidos al criterio de la ganancia mercantil, es decir a fuerzas sociales capaces de imponer esa sumisión) y un mercado del capital. El mercado debe ser el único vínculo de decisiones real-
"privadas" (responsables); en definitiva, el Estado debe desentenderse de la economía, es decir, suprimir también las subvenciones y protecciones diversas, y privatizar las empresas
El corazón de la argumentación liberal consiste en que sin la motivación del dinero ganado (proporcional al trabajo o al capital invertidos) y del dinero pagado (proporcional al costo) el derroche y la irresponsabilidad se generalizan. En términos globales subrayan: suprimiendo la propiedad privada capitalista, gestionada según el motor de la ganancia y sometida a la competencia mercantil, se suprime la presión que empuja al empresario privado a minimizar los costes (sobre todo salariales) y a adaptarse a la demanda; y que obliga al trabajador a someterse a las exigencias capitalistas, so pena de despido. Para obligar a trabajar bien sería pues necesaria la presión de la competencia mercantil y sus riesgos.
Aquí sólo discutiremos, de forma necesariamente rápida, dos puntos ligados a esta argumentación: en primer lugar, la hipótesis según la cual en el contexto mundial actual sería posible una privatización capitalista de industrias no rentables que sacaría a estos países de su crisis; el segundo punto trata sobre las motivaciones en el trabajo y la posibilidad de encontrar estimulantes y relaciones sociales no capitalistas, que combinen eficacia y solida-
La amarga desilusion de la población de los lander de la Alemania del Este (donde no se vuelcan los capitales pri-
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vados) y el bloqueo de la restructura ción polaca deberían hacer reflexionar, al igual que el fracaso del tacherismo. La regresión absoluta del continente latino-americano, bajo el fuego ofensiva liberal de los años ochenta, da también algunas indicaciones sobre el futuro de la Europa del Este. Lo que la espera no es la Suecia de los años setenta, sino la Bolivia actual (y el libre comercio de la droga más que la satisfacción de unas necesidades que no tendrán suficientes divisas en metálico para expresarse en el mercado). Por lo general, las explosiones sociales no encontrarán frente a ellas un poderío económico y financiero equivalente al
La regresión capitalista Hay que medir la dimensión del programa propuesto: se trata de "desreglamentar" la gran mayoría de la industria, miles de empresas que emplean a millones de trabajadores, un 70% o inclupras privadas (no son la decena de firmas privatizadas por M. Thatcher, con algunos centenares de miles de trabajadores). Por un lado, la privatización no es atractiva por esencia para los capitales privados, sino sólo cuando es rentable y tiene un riesgo mesurado. Por otra parte, la masa de capitales necesarios para rentabilizar las fábricas es considerable, teniendo en cuenta las infraestructuras y redes de distribución detectuosas; pero además esas empresas deberán confrontarse (después de suprimidas las subvenciones...) a un capitalismo mundializado y con riquezas extremadamente concentradas: dos quintas partes del comercio mundial se hacen por transaccines entre firmas multinacionales que pertenecen al "Norte", al capitalismo desarrollado. Estas firmas están a favor del libre cambio con el resto del mundo, de la misma forma que el zorro está a favor de relaciones libres con las gallinas... Y el galinero burocrático de las sociedades de la Europa del Este y de la URSS no tiene fuerza para oponérsele: no tiene para ello ni el capital suficiente, ni la experiencia, ni los medios tecnológicos. Por las mismas razones, la esperanza de un crecimiento "orgánico" de auténticos empresarios a partir de las nuevas capas medias y de la economía en la sombra sólo puede producir decepciones. El ahorro interno disponible para comprar empresas (lo que no quiere decir dispuesto a hacerlo) se calcula entre un 10 y un 20% del valor estimado de los bienes privatizables.
En ese contexto habrá buenos negocios, una pequeña privatización en sectores marginales que no impliquen grandes inversiones y mucha especulación. Pero la "revolución burguesa" que querría la reinserción de esas sociedades en el mundo capitalista, sólo puede ser "burocrática" tida, vuelta hacia las exportaciones y dominada por el capital extranjero, si es que éste se decide a invertir...
Sin duda, en todas las categorías sociales habrá ganadores y perdedores (los hombres jóvenes y cualificados ganarán más, si no emigran a otra parte con la esperanza de ganar más). Pero en el conjunto habrá un paro masIvo y un aumento de las divisiones sociales, sin ninguna garantía de producir más y mejor para la población. Los efectos de la privatización mercantil serán para esos países una desindustrialización neta masiva, proporcional a lo que era la seguridad de empleo. No sólo se pagará la ineficacia burocrática. También la no subordinación a criterios de ganancia. Hay ineficacia y derroches. Pero, ¿desde qué punto de vis-
La autogestión necesaria Existe un inmenso potencial humano, cultural, industrial (existía en la RDA). La restauración capitalista no podrá desarrollarlo extirpando el burocratismo; lo destruirá, porque no es "rentable" según sus propios criterios. Para protegerlo y desarrollarlo eliminando los derroches, no hay otra salida que la búsqueda de una tercera vía, que se apoye en la responsabilidad y las libertades individuales y colectivas. Deben permitir determinar las mejores formas de propiedad para responder a los objetivos de una reestructuración eficaz y justa, es decir subordinada a fines humanos. Se trata, en última instancia, de encontrar los medios para economizar el tiempo de trabajo, de recuperar el tiempo perdido, reducir los costes y hacer de tal forma que las necesidades sean satisfechas. Hay en ello un juicio cualitativo esencial. Pero, por un lado, abarca una amplísima complejidad de necesidades (¿se puede satisfacer de la misma manera, con los mismos criterios de eficacia y las mismas formas de propiedad: las ganas de pasteles o de vestidos, la necesidad de ambulancias o la de coches privados, la de infraestructuras socio-culturales o la producción de patatas, la de respirar aire fres-
co y la de tener tiempo libre, la de estar cualificado y la de tener un trabajo?); y, por otra parte, depende de quien juzgue esas necesidades y esos costes: ¿no es evidente que colectivos de trabajadores y/o consumidores (hombres y mujeres), tendrán sobre esas cuestiones "simples" (qué es tiempo útil y qué tiempo perdido -dicho de otra forma qué hay que producir aquí o allí, con qué calidad, qué intensidad de trabajo, qué derechos de gestión, qué protecciones) respuestas diferentes, por ejemplo, de las de un empresario capitalista?.
¿Es cierto que no se hace trabajar bien a la gente más que tratándola como a "cosas", , con un "coste" puesto al mismo nivel que el de las máquinas?. ¿No ha demostrado el taylorismo sus límites? ¿No hay otros medios de reducir los costes que el derecho de despido, la presión del paro, "el juego" de la competencia mercantil (con temibles firmas mundiales) con la ganancia como objetivo? ¿Es imposible encontrar mecanismos y criterios de eficacia que sean compatibles con el derecho al trabajo, a la educación, a la responsabilidad para todos?
Estos son algunos puntos centrales escondidos tras los proyectos de transición hacia "la economía de mercado". La democracia debería significar que se ponen en evidencia esos problemas. Pero entonces habría que reconocer que no sólo hay necesidades y presiones económicas, sino en primer lugar alternativas éticas o políticas, en toda la extensión del término, que modifican la forma de gestión de los recursos económicos.
Ahora bien, una de las características del planteamiento liberal es querer expulsar la política (y por consiguiente la democracia) de la economía. El nucleo popular del argumento está claro: una de las críticas más frecuentes formuladas hacia regímenes llamados "socialistas" es precisamente haber "politizado" la economía. Pero se mezclan así varios aspectos muy diferentes: hay, or un lado, todo lo que remite a la arbitrariedad y la incompetencia burocraticas, a la ausencia de cálculo económico, al voluntarismo político fundado en la carrera del prestigio y los privilegios, finalmente a las medidas económicas de represión o, a la inversa, de favoritismo político; hay en segundo lugar todo lo relacionado con el monopolio del partido único en la elección de las alternativas; por último está el caracter "político" en el sentido amplio de un cierto número de decisiones económicas.
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Ahora bien, así como hay que rechazar radicalmente los dos primeros aspectos, también se debe, por el contrario, explicitar e incluso reforzar el tercero contra toda la hipocresía de decisiones pseudoeconómicas, por encima de los sistemas, de las éticas, de las decisiones sociales: las relaciones de las comunidades entre ellas (diferentes formas de unión, derechos de las minorías, derechos de las mujeres etc), las alternativas ecológicas, las prioridades del desarrollo regional y social, los criterios de equidad en la distribución de las rentas y las formas de protección social, la naturaleza misma de las relaciones de trabajo y en consecuencia de los derechos de propiedad, la parte de los recursos nacionales consagrados a la educación, los servicios, el ejército... Son otras tantas decisiones que pueden ser objeto de respuestas alternativas, coherentes, que movilicen medios diterentes: decisiones de la sociedad.
La autogestión a la busca de su espacio-tiempo y de sus criterios... La primera de esas decisiones es saber quién decide qué. Si se opta por la democracia económica una de las cuestiones esenciales a resolver, desde el punto de vista de la "eficacia", es saber a qué nivel geográfico y en qué tiempo óptimo hay que tomar tal o cual decisión de gestión: ¿Es eficaz a nivel de taller, de empresa, de la comuna, de la región? ¿Hay que evaluar la rentabilidad inmediata, en un año, en cin-
Tomemos un ejemplo: ¿es rentable o no, desde el punto de vista de quienes trabajan y viven en un territorio dado, dejar abierta tal mina o importar otra fuente de energía? ¿La autonomia de las minas es el medio adecuado para responder a esa pregunta? La autonomía y la libertad de los mineros pueden estar desigualmente repartidas, a pesar de su idéntico esfuerzo en el trabajo, según estén en una buena o mala mina. Puede resumirse a la siguiente opción: autodecisión de despido o mantenimiento a cualquier precio de la mina para proteger el empleo, sea la que sea la eficacia real de la producción.
¿Cuál es la decisión racional?.
Para juzgarlo desde el punto de vista del trabajador/ciudadano afectado, la comparación entre el coste de producción local del carbón y el precio de la importación de energía en un momento dado es un elemento necesario pero insuficiente: ¿Qué riesgos hay de cambio de esos precios mundiales? ¿Qué capacidad se tiene de pagar en divisas? ¿Qué posibilidad de importaciones alternativas? ¿Cuáles son los costes sociales del cierre de la mina, para los trabajadores, sus familias, la región? ¿Cuál es el efecto de esta producción para el medio ambiente? ¿Se pueden mejorar las condiciones de producción con otras técnicas, y en cuanto tiempo?...
Los trabajadores directamente afectados deben tener todos los medios para expresar sus propuesias y tomar parte en la decisión final con derecho de veto. Pero serán engañados, como gestores, si el cierre de la mina significa un desastre para ellos como trabajadores. Es pues esencial, desde un punto de vista de la eficacia (tomar la decisión que se juzge mejor) y de la justicia social (que la decisión no recaiga sobre las espaldas de los primeros interesados) que haya una certeza de solidaridad en cuanto a las consecuencias. La solidaridad no puede significar la pérdida del derecho al trabajo y a la dignidad. El subsidio de paro intenta hacer aceptar una exclusión que no tiene nada de normal. La reconversión es otra cosa si se tiene la certeza de otro empleo, sin pérdida de remuneración y sin deterioro de las condiciones de existencia para los trabajadores y sus
Esto es costoso desde un punto de vista capitalista, desde un punto de vista de ganancia a corto plazo. Pero resulta beneficioso si se quieren mobilizar las capacidades del obrero. Sirve desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades, todas las necesidades: la de preservar el derecho al empleo y mejorar las condiciones de existencia y de trabajo, a la vez que se asegura una gestión racional de los recursos, el desarrollo regional, la proteccion del medio ambiente...
Hay un problema más general: dar a los trabajadores la dignidad y el derecho a ser responsables, es decir autogestionarios; es una fuente de eficacia que no suprime el conflicto salario/sobreproducto, ni el que hay entre el interés individual y los intereses colectivos El interés a corto plazo del trabajador puede ser mantener el empleo y aumentar su salario, incluso si la permanencia de la mina es globalmente costosa. Ese coste puede percibirlo como gestor y ciudadano, ampliando el horizonte de su gestión, de sus responsabi-
El conflicto puede resolverse si se protege derecho al empleo, pero se hace compatible con reestructuraciones
que no deterioren las condiciones de existencia: el control autogestionario de los fondos sociales de inversión, a los que se dedicaría una parte del sobreproducto de las empresas, permitiría dar un derecho de propiedad sobre los medios de producción y el sobreproducto. Los planes locales y regionales de desarrollo guiarían la distribución de los créditos de ese fondo, con el objetivo de asegurar el mejor empleo de los recursos humanos y materiales. Los sindicatos, independientes del Estado y de los órganos de autogestión, rían poder expresar en cualquier circunstancia la defensa de los intereses como productores de los trabajadores, contra cualquier tipo de dicisión de gestión. Paralelamente, es necesario que las decisiones autogestionarias de empleo del sobreproducto de las empreas socializadas puedan ser tomadas en función de todas sus implicaciones. Deben aclararse con la expresión de los puntos de vista que emanan de diversas instancias: los análisis de expertos y de centros especializados, las asociaciones afectadas por la decisión (ecologistas, consumidores y usuarios); los órganos de gesión territorial y de rama... El desarrollo de la responsabilidad, del análisis, de la evaluación cuantitativa y cualitativa de los resultados a nivel de un equipo, de una rama, de una región... Son distintas ventajas que la autogestión puede aportar: a condición, precisamente, de no ser concebida sólo como autogestión local, de grupo y basada en criterios únicamente marcantiles y a corto plazo.
En lugar de considerar la seguridad en el empleo y la solidaridad como antagónicas a la eficacia, hay que hacer de ellas el estímulo y el punto de apoyo de la responsabilización: esto no lo pueden lograr ni la burocracia del "socialismo real" ni el capitalismo. Pero entonces también hay que redefinir la eficacia y su medida, rompiendo la idea de un criterio único y siempre expresable en "precio". En todos los casos es preciso ver lo que se expresa tras los precios y no perder el control de las grandes decisiones.
Socializar el mercado
By el plan Todo el mundo sabe que en el sistema soviético los precios no son precios "mercantiles" (es decir, no reflejan los costos medios y el juego de la oferta y la demanda). Algunos precios están muy subvencionados, en detrimento de otros: la carne, con otros bienes de
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consumo básico, un cierto número de servicios y los alojamientos están muy por debajo de su coste. A esos precios muy bajos la demanda es muy fuerte y no resulta satisfecha con una planificación burocrática. Recíprocamente, otros bienes (a veces muy importantes en la vida cotidiana) son muy caros, en general los bienes de consumo duradero. Por otra parte, se sabe que el "coste" real de la distribución no es sólo el fijado. Además del tiempo perdido para encontrar lo que falta, hay muchos enchufes y redes de amiguismo y clientelismo necesarias para procurarse bienes raros y de calidad, lo que también tiene su coste moral.
Pero, ¿garantizaría la supresión de las subvenciones que la producción fuera mejor? ¿Daría el mercado precios necesariamente más racionales y un modo de distribución más justo? ¿Las subvenciones son siempre irracionales desde un punto de vista económico? Finalmente, ¿qué consecuencias esperamos, suponiendo que se llegue a los
No es posible aquí zanjar debates complicados y en parte técnicos. Las respuestas a los problemas de precios no son independientes del marco en que nos situemos: lo que sería racional proponer en Francia, desde una óptica de socialismo autogestionario, puede ser sencillamente inaplicable en un sistema donde el mercado fue suprimido hace mucho tiempo y está gangrenado por la burocracia. Pero se pueden adelantar algunas reflexiones e hilos con-
Comencemos por el final: antes hemos visto que lo eficaz y lo "costoso" -humanamente- no se mide sólo por un precio, y depende de quien lo juzge (la penosidad del trabajo, los desastres ecológicos, la organización de la vida cotidiana, el hecho mismo de tener un debemos limitarnos a los precios para expresar las necesidades (ni remitirnos sólo a ellos para satisfacerlas). En todos los casos, frente a producciones planificadas o abandonadas al mercado, es esencial desarrollar las asociaciones autogestionarias de productores y consumidores ("comunidades de interés" que confrontan en una misma gestión a trabajadores y usuarios de un mismo servicio (distribución, transporte, salud, guarderías...). A los diferentes niveles territoriales es necesario también permitir la expresión de propuestas de consumidores o trabajadores para la mejor cobertura de tal o cual necesidad (sin la limitación del dinero para expresar esas propuestas). A continuación, quienes hacen la oferta y las instituciones de la democracia local o regional pueden plantearse las diferentes respuestas posibles, y los medios movilizables frente a puestas si recogen un eco favorable.
Si se determinan algunas prioridades en lo referente a los objetivos de producción (asegurar alojamientos, prioridades al desarrollo de las redes de transportes común, etc), deben dedicarse a ello fondos públicos. Pero su distribución puede ser objeto de la "competencia" de diversas empresas suceptibles de responder a esas necesidades y de optener esos créditos. Las empresas afectadas pueden presentar dossiers, que serán juzgados sobre la base de una pluralidad de criterios hechos públicos (empleo regional, costos, economia de importaciones, medio ambiente, valoración de las asociaciones de consumidores...). Una cámara de autogestión, dotada de su propio servicio financiero, podría encargarse de hacer aplicar las opciones prioritarias.
Regularmente, las oficinas de control de los precios (con representación de diferentes intereses) deben poder rendir cuentas públicas de las causas de la variación de los precios, cualquiera que éstas sean, y dar explicaciones comparativas sobre lo que pasa en otras re-
En ese marco las subvenciones deben juzgarse en cada caso, y hacerse transparentes en función de las ventajas e inconvenientes constatables de esas medidas según el los bienes producidos. El recurso al debate periódico puede zanjar la mejor forma de financiación de un bien o servicio dado, y de su distribución: precio único con la determinación de algunos beneficios: determinación del precio de algunos servicios (guarderias, restaurantes colectivos, centros de vacación...) según los ingresos de los usuarios; distribución gratuita, pero discutiendo el modo de financiación (aumentar el precio del vodka para bajar el de los libros no es necesariamente popular, pero se pueden tener otras ideas...).
La existencia constatada de un servicio público de mala calidad debe ser objeto de una encuesta sistemática y pluralista (realizada bajo el control de asociaciones representativas de los distintos intereses en cuestión) conducentes a propuestas alternativas: responsabilizar al personal médico y a la gente enferma, llevar a los dispensarios de barrio algún tratamiento, pero asegurar la igualdad ante la salud; todo ello exige medios y modalidades específicas para resolver el despilfarro constatado.
En este terreno no hay respuestas generales, universales. La respuesta adecuada a algunos problemas puede resultar insatisfactoria para otros: puede ser útil, para disminuir la sobrecarga de las líneas telefónicas o de redes eléctricas, introducir tarifas diferenciadas a ciertas horas que inciten a distribuir el consumo, incluso a reducirlo (hacer pagar es aquí menos burocrático que un policía en cada casa... y puede tenerse en cuenta a la hora de la remuneración). Pero lo que es justo y eficaz en el caso del teléfono puede ser contraproducente para el metro (pagar más caro el metro las horas punta no resolvería el problema, o peor, incitaría a utilizar medios de transporte privados, agravando los destrozos ecológicos, los accidentes, etc). ¿Hacer pagar el acceso a los espacios verdes, al mar, a la naturaleza es un medio eficaz y justo para proteger el medio ambiente?
De lo local a lo internacional: ¿qué relación con el mercado mundial? Protección no es repliegue o autarquía. Además, aunque la protección sea ne cesaria no debe defender el desbarajuste y conducir al aumento de las diferencias de nivel de vida (medido de forma cualitativa) con el resto del mundo. Al contrario, su razón de ser es protegerse de lo que es retrógrado fuera, o de lo que puede conducir a regresiones en el país afectado. Hay pues que analizar los precios mundiales, lo que recubren: pues hay que resistir la competición por suprimir las ventajas sociales. Pero esa resistencia debe acompañarse de los medios de liberar nuevas fuentes, autogestionarias, de productividad, de reducción del despilfarro, de eficacia. Sólo ellas permitirán ser más fuertes y reducir las protecciones. Pues en última instancia es necesario demostrar, en el terreno de las aspiraciones a las libertades y al bienestar, que el derecho al pleno-empleo, a la cultura subvencionada, a la medicina gratuíta... está acompañados de calidad y eficacia desde el punto de vista de las poblaciones
Son tales decisiones las que hay que proteger de los criterios dominantes en el mercado mundial (pues son decisiones costosas desde el punto de vista capitalista). Pero pueden convertirse en fuente de aumento de la productividad para un sistema alternativo, si tienen el tiempo y el espacio para demostrar su superioridad: como enseña la experiencia a quien quiere estudiarla, sin una
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C. Samary cierta protección no hay despegue económico frente a competidores que parten de un nivel de desarrollo superior. Se ha dicho, protección no signfica negarse al intercambio, sino control y subordinación de esos intercambios a decisiones propias de la comunidad afectada. Hay que ser capaz de juzgar el momento y los terrenos en los que demasiada protección se vuelve contraproducente. Lo que no es siempre evidente. Pero lo más peligroso es abrirse a la competencia y al mercado mundial con la ilusión de que no plantea problemas, y suprimir los controles "macroeconómicos".
El nivel y las modalidades de ese control "macroeconómico" es sin duda alguna la cuestión esencial a resolver. Plantea por un lado el problema de la transformación interna, democrática y autogestionaria de las sociedades concernidas (para evitar los monopolios conservadores); y, por otra parte, la necesidad de la superación de los Estados nacionales, de ejercer ciertos poderes de gestión "macroeconómica" en el ámbito supranacional, incluso internacional.
Un número creciente de problemas no puede ser eficaz y justamente resueltos más que en el terreno mundial (como demuestran los informes sobre algunos callejones sin salida: los del GATT -General Agreement on Traffic an Trade- sobre la agricultura, las materias primas, los servicios; el del petróleo; incluso los problemas de la deuda, la ecología, el hambre, las grandes epi-
Al mismo tiempo, los Estados nacionales o plurinacionales son marcos posibles de control y de decisión. Pero están sometidos a la presión de los criterios dominantes en el mercado mundial, teniendo en cuenta la necesidad de los intercambios y de la internacionalización de las producciones.
En consecuencia, hay que buscar el reagrupamiento de todos quienes tienen un interés convergente en la transparencia de la política de las multinacionales, de la Banca mundial, del FMI, del GATT. EI CAEM (el "mercado común" del Este) está moribundo. Pero más que acabar con él, subordinándolo al criterio de la libre competencia que apenas funcionan en otras partes, debería transformarse en comunidad democrática y contractual con el objetivo de resistir los desequilibrios monetarios mundiales, los dictados del FMI y la marginación en el capitalismo. Sobre esa base debería establecer lazos con todos los Estados que busquen objetivos similares.
En realidad, la planificación democrática permitiría, bastante mejor que el mercado, tener en cuenta la pluralidad de criterios necesarios para una reabsorción de las desigualdades en el marco de intercambios iguales. Puede apoyarse en procedimientos que respeten las realidades nacionales y regionales. El drama (y la paradoja) de las direc ciones republicanas ganadas a las ideas liberales en Yugoslavia y la URSS, es que los prestamistas occidentales prefieren negociar con un poder federal fuerte y trabajar con un mercado soviético o yugoslavo unificado. Ya se puede asegurar que el mercado (personificado por el FMI y otros acreedores privados y públicos del mundo occidental) será totalitario: atacará la soberanía de esos países en cuanto a su régimen interno, y la de las repúblicas en sus relaciones con la
Las dificultades con las relaciones económicas internacionales no son exclusivas de los países llamados socialistas: la Comunidad europea tendrá dificultades para funcionar con los doce sobre una base mercantil y monetaria unificada. Las diferencias de nivel de desarrollo, las realidades nacionales y estatales siguen siendo también obstáculos para la integración. El libre-cambio aumentará las diferencias y las tensiones, y la moneda única no es algo que aparecerá mañana (sólo a nivel de la unificación alemana cuesta ya dema-
Dicho esto, la Europa del plan Delors teóricamente tiene previsto aplicar un criterio subsidiario interesante: el criterio dice que "a priori" una decisión se toma en el escalón más bajo; sólo de forma subsidiaria, en caso de deficiencia de ese escalón en la correcta resolución de un problema se remite a instancias superiores (se trata de la articulación entre poderes nacionales y supra-nacionales). La democracia socialista permitiría bastante mejor que el liberalismo mercantil la aplicación de tal criterio (la libre circulación de capitales no respeta ninguna soberanía nacional...). Hay ahí un principio general sobre cuya base podría construirse un sistema autogestionario articulado, por abajo...
De otra forma... La crisis yugoslava, la crisis de los países llamados socialistas no es la prueba de que la autogestión socialista es imposible o está condenada a la ineficacia. Hasta ahora, en ninguna parte se experimentó un sistema que subor-
dinara el mercado y el plan a una democracia autogestionaria pluralista. Los países llamados socialistas fueron dominados por la contra-revolución estalinista -un hecho político, en primer lugar y sobretodo, de considerables consecuencias económicas-. La regulación mercantil sobre bases capitalistas fue suprimida. Lo que favoreció un crecimiento extensivo (pleno empleo de los recursos existentes) y un desarrollo cultural considerable durante varios decenios, liberando las inversiones de las imposición del beneficio privado y corto plazo (industrialización de regiones enteras abandonadas por los capitalistas extranjeros antes de la guerra, alfabetización y escolarización a un nivel incomparablemente más que el de los países capitalistas que partían de niveles semejantes). Pero el poder del partido/estado tras el plan burocrático, o tras la autogesitó atomizada por el mercado, fue incapaz de asegurar una regulación eficaz del sis-
87 tema: los disfuncionamientos y costes -humanos, morales, políticos, ecológicos, culturales- tueron crecientes. La protecció se transformó en mantenimiento del despilfarro y, tras él, de los privilegios y la dictadura burocratica.
La capacidad de innovación del capitalismo frente a su propia crisis, impulsada por la búsqueda de la ganancia, no entiende de problemas humanos De pronto esa innovación se hace destructora de empleos, y no tuente de una reestructuración más humana del tiempo de trabajo. La burocracia no respeta más a los trabajadores y los explota a su manera. Pero es incapaz de innovar. Las relaciones sociales que dominaban los sistemas llamados socialistas significaron prácticamente la supresión de los mecanismos capitalistas de aumento de la productividad (por el paro) al mismo tiempo que la asfixia de la capacidad y la responsabilidad de los trabajadores (intelectuales y manuales, hombres y mujeres) que podrían inventar, por su bien, el medio de ser eficaz de otra forma.
Aislados por empresas, por ramas, los trabajadores no podrán resolver nada -aún menos con un mercado dominado por la mafia, que con un plan dominado por esa misma mafia-. Se les llevará a protegerse unos de otros por una guerra de precios, inflacionista, de la que sólo saldrá más caos. Las soluciones autogestionarias sólo pueden ser eficaces si se desarrollan a todos los niveles en que los trabajadores/ciudadanos se sienten útiles, de forma que encuentren las soluciones solidarias, los acuerdos contractuales en la gestión de los recursos y la reabsorción de los disfuncionamientos. Hay que reconstituir por abajo el tejido socioeconómicos, pero apropiándose de los medios de control de la economía por arriba. Allí donde están los poderes, donde existe el poder.