El presente artículo, fechado el 23 de agosto, avanza una interesante valoración de las causas y antecedentes del golpe y de su desarrollo, para terminar situando los principales interrogantes que sugieren los acontecimientos en la Unión
Dossier ex-URSS
Tres días que conmovieron la URSS
Soviética y sus posibles consecuencias.
Los extraños acontecimientos que han tenido lugar en la URSS, entre el 19 y ma den depende hoy, Es manant permo airar i aguerie nacide
¿Por qué ahora?
ELE en estos dos ultimos anos Los coro ofensivas contra Gorbachov en las al-
LLE que acababa de llegar con Eltsin y lo iberales para aliarse con los conserva dores, no sólo en el terreno político sino sobre todo con la designación de muchos conservadores en puestos importantes del aparato, la mayoría de ellos estarían después a la cabeza de golpe. El giro de Gorbachov se debía,
David Seppo en parte, a su miedo ante las consecuencias económicas y sociales de la "terapia de choque" propuesta por los liberales (el plan de los 500 días). Pero a la luz de los acontecimientos del 19 de agosto ahora parece que, igual que Allende en los últimos meses que precedieron a su caída, Gorbachov intentaba evitar una ruptura con los conservadores y conjurar el peligro de golpe haciendo concesiones políticas y colocando a sus representantes en el gobierno. Esto es lo que provocó la "declaración de guerra" contra Gorbachov realizada por Eltsin en febrero de 1991. Por primera vez los liberales hacían un llamamiento a la destitución de Gorbachov. Los equilibrios de Gorbachov A Gorbachov le gusta presentarse como "centrista". Dada la creciente polarización de la realidad soviética, esa afirmación significa que cuenta sólo con una base política muy débil. Si consiguió mantenerse durante tanto tiempo como dirigente es porque tanto los liberales como los conservadores creían poder utilizarlo. Los liberales ven en él al dirigente del ala reformista de la burocracia, con la cual quieren aliarse, y al hombre que, dado su pasado y su posición de dirigente del PCUS, puede controlar el aparato y en particular a las fuerzas represivas. En cuanto a los conservadores, a pesar de la hostilidad hacia sus reformas, no tenían ningún programa alternativo y veían a Gorbachov como un hombre de cierta embergadura a escala interna e internacional, que podía servir de trinchera contra la victoria total de los liberales.
Gorbachov perdió su valor para los conservadores cuando se alineó con el programa liberal del verano de 1989. Aumentó la presión conservadora y con
ella el peligro, abierto o implícito, de un golpe; aquello convenció a Gorbachov de la necesidad de volver hacia un centro que ya no existía. Cuando parecía que Gorbachov hacía causa común con los conservadores, fueron los liberales los que reaccionaron contra él. Estos últimos, a diferencia de los conservadores, no podían apoyarse en la amenaza de la fuerza armada; pero los mineros, por razones que sólo en parte coincidían con los objetivos de los liberales, se pusieron en huelga durante marzo y abril pidiendo la dimisión no sólo de Gorbachov sino de todo su gobierno y del Parlamento soviético. Y fueron apoyados por un significativo número de trabajadores y trabajadoras de otras regiones y sectores, particularmente en Bielorrusia, donde en abril se extendió
Enfrentados a presiones políticas crecientes, a la evidente debilidad de la política económica del gobierno y a la aceleración general de la desintegración de la URSS, Gorbachov y Eltsin llegaron a una nueva entente. Su expresión concreta fue la llamada "declaración de los diez", realizada el 23 de abril por Gorbachov y los dirigentes de nueve repúblicas, que prometía un Tratado de la Unión que daría un mayor papel a las repúblicas y nuevas elecciones democráticas al Parlamento soviético. En ella se decía claramente que la adhesión a la Unión sería estrictamente voluntaria. Por último, el documento llamaba a poner fin a las huelgas políticas y, en el interregno, a observar estrictamente las leyes existentes. Las negociaciones desembocaron en un proyecto de Tratado de la Unión que definía un poder central muy débil, ni siquiera tenía asegurado el control sobre los impuestos. Aunque tras el golpe hubo muchos intereses, los principales participantes representaban las opciones más estrechamente relacionadas con el mantenimiento de la integridad estatal de la URSS. Este era el elemento unificador de la conspiración. Los conservadores contra Gorbachov Con la nueva alianza Eltsin-Gorbachov éste último perdía completamente cualquier utilidad para los conservadores. Ya el 14 de junio tuvo lugar un intento de golpe legal, cuando el primer ministro Pávlov, uno de los ocho dirigentes iniciales del golpe, pidió al parlamento poderes especiales extraordinarios para hacer frente a la crisis económica, poderes que evidentemente debían ser retirados a Gorbachov. Pávlov recibió el apoyo de otros tres futuros conspiradores, el jefe del KGB, Kriuchkov, el ministro del Interior, Pugo, y el ministro de Defensa, Yázov. En su discurso Kriuchkov habló de un plan de la CIA para minar la Unión Soviética, y rechazó como una ilusión la perspectiva de ayuda de unas potencias occidentales que consideraban inevitable el derrumbamiento de la URSS. Gorbachov contraatacó argumentando que la petición de Pávlov no estaba suficientemente reflexionada, y acusando a las fuerzas conservadoras de querer desestabilizar las relaciones entre el Presidente, el gobierno, el Parlamento y las repúblicas. Una vez más, Gorbachov ganó la
Cuando fracasaron los medios legales sólo quedaba el recurso a la fuerza. Aparentemente se eligió el momento del golpe para sorprender a Gorbachov de vacaciones y para impedir la firma del Tratado de la Unión, prevista para el 20 de agosto. Los conspiradores parece que estaban preocupados por mantener las apariencias constitucionales. Además del Primer ministro y los dirigentes de los principales aparatos de represión, los conspiradores contaban con el vicepresidente, Yanáyev, antiguo dirigente de la federación de sindicatos, que sustituiría a un Gorbachov "enfermo". Yanáyev personifica el ala conservadora de la administración civil, la gente que no tiene el talento necesario para salir del periodo de reformas manteniendo intactos, aunque necesariamente transformados, sus privilegios. (Tradicionalmente el aparato sindical ha servido de reserva para burócratas mediocres). Se puede pensar que Starodubtsev, presidente del sindicato de agricultores, representaba probablemente al sector agrícola, sobre todo a sus gestores conservadores. Baklanov, secretario del Consejo de Defensa, era un adversario declarado de la reducción de los presupuestos militares. Tiziakov, presidente de la Asociación de empresas del Estado, sería la contrapartida industrial de StarodubtAficionados La más importante pregunta sin aclarar se refiere a la chapucera organización del golpe. No fue arrestado ningun adversario potencialmente importante de los golpistas, excepto Gorbachov. Transcurrieron cinco horas entre el anuncio del golpe y la aparición de las fuerzas armadas en Moscú. Sus dirigentes no se aseguraron el control de los transportes (por ejemplo: los aeropuertos internacionales continuaron funcionando más o menos normalmente), las telecomunicaciones (sorprendentemente los medios extranjeros pudieron emitir desde el parlamento ruso sitiado; incluso las noticias nacionales de la televisión, el 19 de agosto, informaron del llamamiento de Eltsin a resistir el gol-
pe), o la red eléctrica (los defensores del parlamento ruso pudieron controlar-
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El KGB puede ser muchas cosas menos una organización de aficionados. Los conspiradores puede que no estuvieran muy decididos, un error fatal para cualquier golpe, porque no habían conseguido asegurarse la lealtad de los principales aparatos armados, en particular del ejército. Desde el principio algunos responsables militares decisivos rechazaron apoyar el golpe: incluidos el comandante en jefe de la aviación; el comandante de las unidades de la flota del Báltico estacionadas en Leningrado; el comandante de la región militar de Leningrado; uno de los principales jefes de los paracaidistas, cuyas tropas eran esenciales para el éxito del golpe; los jefes de dos de las cuatro divisiones de guardia del distrito de Moscú... Incluso, en Moscú y Leningrado, algunas unidades especiales de las tropas del ministerio del Interior (OMON) se pronunciaron contra el goles del ejército parece ser que se man • La aplastante mayoría de los oficia tuvieron neutrales.
Pero esto no explica por qué los conspiradores se decidieron a actuar a pesar de su enorme debilidad. Quizás pensaron que, dado el profundo descontento sobre el conjunto de la situación entre la población y el ejército, podían poner a la URSS ante el hecho consumado y que el resto de problemas se resolverian por si mismos. Pero debe admitirse que todavía no hay una explicación satisfactoria para este enig-
Ya al segundo día del golpe se retiraron Pávlov y Yázov. Fuerzas políticas tan conservadoras como la fracción Soyuz del Parlamento se negaron a apoyar el golpe. Su dirigente, el coronel Alksnis, dijo que simpatizaba con los objetivos del golpe, pero que no podía aceptar su ilegalidad (a pesar de ello el gobierno leton emitió una orden de ros, la resistencia popular ni la firmeza de Eltsin. El papel real de Eltsin parece haberse limitado a lanzar declaraciones públicas de resistencia: Con ello se convirtió en el símbolo de la resistencia para los indecisos y los adversarios del golpe. Sin ninguna duda para hacerlo se necesita tener mucho coraje personal, aunque también es verdad que actuado de otra forma habría puesto fin a su carrera política. También es probable que en el momento en que Eltsin hace su primera declaración pública, más de cinco horas después del anuncio del golpe, supiera ya que los conspiradores tenían serios problemas y que muchos jetes militares se negaban a apoyarlos. Sin duda el presidente americano lo sabía.
El llamamiento de Eltsin a la huelga general quedó sin respuesta, con la excepción del sector minero. Parece que ni él ni su gobierno tomaron medidas concretas para organizar la huelga. De hecho es curioso que durante el primer día del golpe Eltsin convocara una sesión especial del parlamento ruso para el día 21. Si el golpe no llega a fracasar tan rápidamente, la convocatoria sólo habría facilitado la detención de los diputados suficientemente locos como para acudir. Hubiera sido mucho más lógico pedir a los diputados que continuaran en sus circunscripciones para organizar la resistencia popular.
Hasta el momento nada indica que Eltsin tomara la más mínima medida para movilizar a la población. La gente que se reunió ante el parlamento ruso, unas 150.000 personas en el momento culminante -contra aproximadamente un millón en la plaza de Tienanmen- y unas 20.000 personas la mayor parte del tiempo, retuvieron toda la atención de los medios de difusión occidentales. Sin embargo, ese número de personas no significaba un obstáculo importante si los dirigentes del golpe llegan a estar realmente decididos, aunque tuvieran la intención de limitar el derramamiento de sangre. Era suficiente con limitarse a cortar la electricidad y las comunicaclones, asi podían mantener aislado el parlamento ruso mientras se consolidaba el golpe en el resto del Estado. Un escenario irreal Excluyendo las tres muertes, todo el episodio lleva la marca irreal de un teatro político. Y si el golpe era una farsa, lo que siguió fue un superespectáculo al estilo Broadway: fuegos artificiales; despliegue de una bandera gigante de la Rusia prerrevolucionaria sobre la Plaza Roja; estatuas profesionalmente derribadas por obreros de la construcción; y un coro de 100.000 personas para aclamar a la nueva estrella, Boris Eltsin, que prácticamente solo derrotó a las fuerzas del Mal con la única ayuda de su fuerza de voluntad en la lucha por el Bien. En política los símbolos
son cruciales, y la política soviética contemporánea a nivel popular se compone casi exclusivamente de símbolos.
Sin ninguna duda Eltsin y los liberales salen extraordinarimente reforzados por los acontecimientos. Al segundo día del golpe un observador un poco cínico de Leningrado predecía que al golpe conservador seguramente le sucedería un golpe liberal. Los conservadores que ya eran muy débiles, como ha demostrado el golpe, están acabados como fuerza política. Esto incluye al Partido Comunista, al que Eltsin ha señalado de forma evidentemente injusta como el autor real del golpe. Eltsin no tardó mucho en suspender las actividades del Partido Comunista ruso. El PCUS ha sido prohibido en los países bálticos. Gorbachov, que afirmó patéticamente su lealtad al partido inmediatamente después del golpe, acto seguido reniega de él pidiéndole que se disuelva, y renuncia a sus cargos en el PCUS quedándose sin más poder que el que las repúblicas estén dispuestas a dejarle. En cualquier caso ese poder será escaso, probablemente hasta el ejército será dividido entre las repúblicas.
Estas últimas van a tener trabajo para definir sus relaciones mutuas. Los partidarios de Eltsin cultivan asiduamente el sentimiento nacional ruso, elemento que siempre fue muy débil entre los rusos étnicos, a pesar de los antelas viejas tradiciones zaristas. El resto de repúblicas, mucho menores que Rusia, pueden encontrar sus relaciones con un gigante nacionalista ruso todavía más difíciles que con el antiguo gobierno central, que mantenía al menos un cierto compromiso sobre la redistribución de la riqueza hacia las regiones más pobres, esfuerzo que ahora es condenado como "igualitarismo".
Algunos diputados del parlamento ruso exigen ya que la presidencia de la Unión se reserve a un ciudadano de la República Rusa. La Rusia anterior a 1917, cuya bandera se utiliza ahora desde Moscú, era conocida como una cárcel de pueblos. Eltsin, el mismo 21 de agosto, destacó ante el Parlamento ruso que los dirigentes de la república tártara habían apoyado el golpe; este territorio, con cinco millones de habitantes, que forma parte de la República Rusa ha declarado su independencia de Rusia y su voluntad de convertirse en una república de la Unión. Sin duda, el Tatarstán no será el único territorio que tenga problemas en la nueva Federción rusa. ¿La clase obrera? El golpe no fue derrotado por la movilización popular, que en realidad fue mínima. La pregunta crucial es: ¿por qué? Las masas moscovitas que celebraban la derrota del régimen apenas superaban las cien mil personas, que es el número de gente que vienen participando regularmente en las manifestaciones pro-Eltsin. ¿Qué piensan los 8.900.000 moscovitas restantes y las decenas de millones del resto del Estado? ¿Por qué, a parte de los mineros, la gente trabajadora no se declaró en huelga? Hay que atribuirlo a la apatía y la inactividad, a un sentimiento de impotencia política, o a una ambivalencia frente al golpe y a quienes se le oponían con Elstin a la cabeza. Según un informe recientemente publicado, los trabajadores y trabajadoras de muchas empresas de Leningrado se declaraban dispuestos a ir a la huelga si fuera necesario. Nada de esto parece haberse producido en la fábricas de Moscú. ¿Refleja esta actitud atentista la percepción de la debilidad del golpe?
Este conjunto de aspectos son cruciales, porque en los proximos meses asistiremos a la introducción acelerada de las reformas de mercado. El hecho de que el golpe haya fracasado sin la movilización de los trabajadores y trabajadoras refuerza claramente la autonomía de Eltsin y los liberales para iniciar ese proceso; por el momento de penden menos del apoyo obrero y popular y pronto contarán con sus propias fuerzas represivas y con una burocracia leal. De hecho están bien situados para intentar hacer su propio golpe. Los decretos presidenciales de Eltsin se suceden ahora con un rítmo fulgurante (En relación a las famosas "fuerzas democráticas" que Eltsin representa, es interesante señalar que el Tratado de la Unión, que debía firmarse el 20 de agosto, jamás fue publicado).
Por otra parte, ya no será posible culpar a los comunistas y a la ausencia de reformas reales del deterioro de la situación económica, que seguramente ahora va a acelerarse junto con la actividad de la mafia económica y las privatizaciones ilegales. Ya no habrá más provocaciones conservadoras para alentar la vacilante popularidad de los liberales. La reforma de mercado va a dejar de ser para los trabajadores y trabajadoras una cuestión simbólica y abstracta (la promesa de unos salarios y un nivel de vida occidental), permitiéndoles finalmente definir su posición frente al mercado sobre la base de la experiencia concreta de su funcionamiento y sus consecuencias. A estas alturas está claro que la derrota del golpe, a pesar de la limitada movilización popular, ha dado a la población un cierto sentido acrecentado de su propia fuerza y de su peso político, cosa que no permitieron los cinco años de decadencia económica.
La población seguirá siendo una espectadora esencialmente pasiva frente a las transformaciones del futuro, como sucedió hasta hoy en la Europa del Este; o seguirá el ejemplo de los mineros, organizándose en defensa de sus intereses y convirtiéndose en artífice de su propio destino. Estas son las preguntas claves a las que deberá responder el nuevo capítulo de la historia soviética abierto por este golpe abortado.
es una nueva forma de
Vadim Damier es militante de la izquierda moscovita, fundador del Partido Verde y dirigente del grupo ecosocialista Alternativa Verde. Inprecor habló con él el día 25 de
Dossier ex-URSS
"El principal peligro
autoritarismo "
agosto. El intento de golpe de Estado se ha saldado con un rotundo fracaso. Algunos de sus aspectos resultan baslante extraños en un golpe apoyado por las direcciones del Ejército y del KGB: por ejemplo, en la mayor parte de las grandes ciudades rusas, en particular en Leningrado, no había ni rastro de tropas y los soviets locales -en su mayoría dirigidos por los liberales- controlaban firmemente la situación,...
Bastantes circuntancias en torno al golpe golpe de estado so masa golpe de Estado, sino más bien una especie de "provocación". Ha sido un golpe muy raro: ni el ejército del Aire, ni la Marina han participado en él; no estaba apoyado activamente por los comandantes de los distritos militares; el ejército no ha recibido órdenes claras; no ha habido un apoyo sustancial de las fuerzas sociales que habrían podido beneficiarse de él, etc. Incluso has fan a mi tangs a la dent
Entrevista con Vadim Damier (Moscú) ción de las barricadas. La gran mayoría de los participantes en estas acciones eran jóvenes y militantes políticos de Rusia Democrática, aunque también participaron militantes de izquierda. ¿Qué posiciones ha planteado la izquierda en el curso del golpe? ¿Había grupos de izquierda con capacidad para intervenir en esta situación?
Desgraciadamente, estos acontecimientos han mostrado que las fuerzas de izquierda se encuentran dispersas y no son capaces de tomar iniciativas de envergadura en algunas horas, ni en algunos días. Hubo numerosas reuniones de diferentes grupos de izquierda, pero la mayoría de la gente estaba desorientada y dubitativa.
Nuestro grupo sacó una hoja, pero tuvo poca difusión porque no conseguimos tirarla a imprenta. En aquellos momentos, nosotros pensábamos aún que el golpe era peligroso. Por eso declarábamos en primer lugar que estábamos