Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

Ecología soviética: Ciencia y poder en la URSS, desde Lenin hasta Stalin

· Inprecor n.º 85, julio de 1991 · pp. V-VII · 2.252 palabras

El proceso de desarrollo de la ecología soviética debe situarse en el marco más amplio de las relaciones entre ciencia y poder en la URSS a partir de 1917. Desde hace tiempo y por lo que respecta a esta cuestión, la historiografía más seria ha venido estableciendo una clara división entre una primera fase (que podríamos denominar "leniniana") y la fase de la total sumisión de la ciencia al poder burocrático, que data de principios de los años treinta y por ende a partir de la progresiva preeminencia de los hombres y de los métodos del nuevo dueño del Kremlin también en el seno de las instituciones científicas.

Una clara expresión del planteamiento de Lenin con respecto al problema de la relación ciencia-poder, la constituye el acuerdo firmado en abril de 1918 entre Lunacharsky, comisario del pueblo para la Educación (N del T), y Sergej Oldemburg, secretario permanente de la Academia de Ciencias, mediante el cual el nuevo poder revolucionario se comprometía a respetar la autonomía de las instituciones científicas y universitarias; por su parte, éstas aceptaban colaborar lealmente con el nuevo gobierno (todavía a finales de los años veinte, los militantes comunistas repre sentaban una exigua minoría entre los investigadores y los funcionarios estatales).

Aprender...

La posición de Lenin (compartida por Trotsky) parte de la firme convicción de que no es posible improvisar una nueva "ciencia proletaria" tal y como pretenden otros bolcheviques (entre los que sobresale Bogdanov), que debería contraponerse a la vieja "ciencia burguesa", según una interpretación del marxismo absolutamente mecanicista y abstracta. En el centro de las preocupaciones de Lenin está el tremendo atraso del país; por ello, por una parte es necesario recurrir a los así llamados "especialistas burgueses" (reconociéndoles unos privilegios materiales que presentan un claro contraste con el espíritu de la revolución), y por otra hay que comprometerse en un gran esfuerzo de educación básica con el fin de permitir a millones de trabajadores y campesinos el poder llegar a ser sujetos conscientes de la construcción de la nueva sociedad

Antes de ir más allá de la cultura burguesa, hay que conseguir la superación de los restos de los tipos más odiosos de la cultura preburguesa, es decir, la cultura burocrática, la feudal, etc... escribe Lenin en "Mejor menos, pero mejor", un artículo de 1923; por ello, "debemos imponernos a toda costa el deber de aprender en primer lugar y, posteriormente, el de controlar aquello que se ha aprendido con el fin de que la ciencia no se quede en letra muerta o en frase de moda (como ocurre con frecuencia, y no existe razón alguna para ocultar, en nuestra sociedad); para que la ciencia se haga realmente carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre, para que se transforme completamente y de una manera real en una parte integrante de nuestra vida" (1). Por lo tanto es necesario que el nuevo Estado consiga movilizar junto a el y en aras de las inmensas tareas que le esperan, al máximo de las fuerzas científicas y culturales disponibles, que son las que se han heredado de la fase precedente, y que, a menudo, están profundamente impregnadas de ideologías conservadoras y reaccionarias. Por otra parte, los avances en este terreno no pueden ser fruto de intervenciones voluntaristas, como en los campos político y militar, sino que sólo pueden ser alcanzados mediante un trabajo largo y paciente que tiene sus propios medios y sus propios métodos, los de la comprobación intelectual y las lecciones de la experiencia, en un marco de pluralismo cultural y de autonomía en la investigación.

Cuando en enero de 1922 un grupo de investigadores marxistas (entre los que se encontraba Deborin) funda la revista "Podzanamenem marksizma" (Bajo la bandera del marxismo) con la intención de convertirla en el "órgano del materialismo militante"), Lenin envía una comunicación (que aparece en el segundo número de la revista) en la que señala cuales deben ser las prioridades en las que debería basarse la batalla cultural: "es necesario conseguir 'la alianza con los materialistas consecuentes no pertenecientes al partido', especialmente, con los 'representantes de las ciencias naturales que se inclinan hacia el materialismo'. Los investigadores comunistas no deben distanciarse de los no comunistas. Se necesita un materialismo 'moderno', es decir, 'dialéctico', y con este objeto Lenin explicita la conveniencia de estudiar a Hegel desde un punto de vista materialista. Además hay que prestar una atención preferente a las ciencias naturales, que están atravesando un periodo de rápidos progresos y de 'ruptura revolucionaria' tales, que no pueden prescindir de las deducciones filosóficas (2).

El episodio Pavlov

El episodio protagonizado por el gran fisiólogo Pavlov, resulta característico del clima que es estableció durante esos años. En 1924 Pavlov abre una serie de conferencias en la Academia militar de Leningrado, atacando al marxismo y, personalmente y de una forma particularmente dura, a Bujarin. El dirigente comunista respondió al científico con una gran corrección: rechaza sus ataques al marxismo pero reafirma la importancia de las contribuciones científicas de Pavlov, e insiste en su respeto hacia los trabajos del académico: "Científicos así, escribe Bujarin, independientemente de sus intenciones subjetivas, trabajan para la misma causa por la que trabajamos nosotros, los marxistas revolucionarios". Tras este intercambio de polémicas entre el octogenario investigador y el joven dirigente revolucionario (por otra parte, un apasionado de la biología), se instaura una curiosa relación de amistad y estimación recíprocas (3).

Hacia finales de los años veinte el clima se deteriora rápidamente, precipi-

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tándose el choque entre la fracción estaliniana y la "derecha" bujarinista. En el centro del conflicto se encuentran las alternativas con respecto a las orientaciones en el campo económico. El país vive de nuevo un periodo crítico. Tras los éxitos de los primeros años de la NEP, (la Nueva Política Económica iniciada en 1921), emerge con fuerza la evidencia de la imposibilidad de seguir confiando en las dinámicas de una economía fundamentalemente privada (sobre todo en la agricultura). La exigencia de establecer el desarrollo de una colectivización voluntaria en el mundo campesino ya había sido puesta en evidencia en 1923 por la Oposición de Izquierdas; pero esta posición había sido derrotada. Se había impuesto la línea sintetizada por la consigna bujariniana: "¡Enriqueceos!", dirigida a los campesinos; es decir, la de la confianza en la actuación de las fuerzas espontáneas animadas por la NEP. Sin embargo la situación se precipita "con la crisis de las acumulaciones" (NdT: a finales de 1927), cuando se comienza a perfilar el espectro de un grave déficit de abastecimiento de alimentos en las ciudades, entre otras cuestiones también porque los campesinos retienen los excedentes y no los venden al Estado. "Se busca una solución de urgencia y a principios de 1928" (4), y se ejecuta mediante sistemas administrativos, tal y como solía hacer Stalin: se toma la decisión de que el primer plan quinquenal (octubre de 1928) establezca la industrialización a "marchas forzadas", en función de ritmos absolutamente irreales; la colectivización de los campos asume rápidamente la forma de una trágica guerra civil conducida (por parte del poder burocrático) contra la masa de los campesinos (con la excusa de la lucha contra los más ricos, los kulak), cuyas consecuencias fueron desastrosas para la agricultura soviética durante un largo periodo.

Un ciclón

En este marco, "un ciclón de grandes proporciones" (5) se cierne también sobre el mundo científico y cultural. El hecho es que el monopolio del poder absoluto implica inevitablemente la imposición de una uniformidad de pensamiento en todos los ámbitos. A partir de ese momento se teoriza abiertamente la "implicación partidista de la ciencia" y se afirma la existencia de la contraposición -la que en su tiempo fué rechazada por Lenin- entre "ciencia proletaria" y "ciencia burguesa". Con ello queda abierto el camino a las interferencias directas del poder político en el seno de las controversias científicas y filosóficas mismas (6). Secundariamente, los proyectos de modernización en los que Stalin estaba implicando -de forma aventurera- al país, necesitaban de la colaboración dócil y subordinada de los cuadros técnicos y científicos. El criterio de la "práctica", en cuyo nombre se promovía o excomulgaba esto o aquel planteamiento, tiene ante todo el siguiente significado: la inmediata aquiescencia al diktat del Kremlin; la discusión de los objetivos formulados no compete a los cientificos.

No obstante, inclusive este ámbito de relativa autonomía es extremadamente precario -como demuestra la peripecia de la genética- dado que Stalin no duda en entrometerse a placer en cuestiones teóricas de las que no entiende absolutamente nada, y su palabra es la que decide que es lo que hay que considerar como probado y que es lo que no lo ha de ser.

A principios de los años treinta la genética soviética ofrece ya resultados de relevancia internacional. No es poco el mérito que al respecto debe imputarse Nicolaj Ivanovic Vavilov, director del Instituto de Genética de la Academia de Ciencias, y fundador de la Academia Pansoviética de Ciencias Agrarias Lenin. A principios de los años veinte, y con el apoyo del Gobierno, Vavilov promueve la constitución del Instituto Pansoviético de Cultivo de las Plantas (VIRV), que se convierte rápidamente en una institución única en su género, adquiriendo fama mundial. En el VIRV se recogen plantas de todos los rincones de la URSS y, a partir de 1925, de todo el mundo, con el fin de estudiar la adaptación de las mismas a los distintos climas para mejorar la seleccion de las semillas (que posteriormente son puestas a disposición de todos los organismos agrónomos del país): y para desarrollar investigaciones teóricas sobre la base de la genética mendeliana. Vavilov llegó incluso a descubrimientos originales a lo largo de este trabajo, como el de la existencia de centros geográficos de variabilidad para las plantas cultivadas, o el del paralelismo de las variaciones de las especies de familias afines (ley de las series homólogas de variabilidad). Sin embargo la validez de la teoría mendeliana es objeto de controversias por motivos esencialmente ideológicos: para algunos, la inmutabilidad de los genes está en contraposición con el materialismo dialéctico. Aún así lo cierto es que la posición de Vavilov sólo empieza a ser atacada seriamente hacia la mitad de los años treinta. La corriente que se opone a la genética mendelina encuentra su dirigente en el ingeniero agrónomo Tofim Denisovic Lysenko, que debe su notoriedad a su procedimiento para la aceleración de la maduración de las semillas, descubierto casi por casualidad, pero que está respaldado por uno de los más flamígeros teóricos del aliniamiento partidista de la ciencia, Isaac Prezent. Afirmando que se basa en los resultados empíricos de un ingeniero agrónomo diletante, Ivan Miciurin, al que él mismo rindió culto, (Miciurin murió en 1935), Lysenko pretende contraponerse a Vavilov mediante una nueva genética. En realidad lo que hace es reproducir viejas ideas lamarkianas respecto a la influencia directa del ambiente en la producción de mutaciones en los organismos y sobre la herencia de los caracteres adquiridos.

El favor de Stalin permite a Lysenko apartar de su cargo a Vavilov, que es arrestado mediante imputaciones falsas y condenado a muerte en 1940; muere en la cárcel en enero de 1943 (es reabilitado en 1955). Algunos entre sus colaboradores corren su misma suerte. Lysenko, por contra, domina completamente la escena durante toda la época estalinista. Aunque es expulsado durante la primera fase de desestalinización, consigue sin embargo volver a encaramarse a la montura en 1961, para ser alejado de la misma de una manera definitiva en 1965, tras la caída de Kusciov; no sin haber conseguido, previamente, producir daños irreparables en la agricultura soviética. Todo el estilo de este personaje se resume en la carta que hizo enviar a Stalin por parte de los participantes en la sesión de 1948 de la Academia de Ciencias Agrarias, en la que el tirano del Kremlin es grotescamente definido como "jefe del pueblo y corifeo de la ciencia de vanguardia" (7).

Bandiera Rossa. Traducción: Miquel Novajra

Notas

1. Citado por Silvano Taglagambe en "Scienza, filosofía, política en Unione Soviética 1924/1939" ("Ciencia, filosofía, política en la Unión Soviética 1924/1939") Ed. Feltrinelli, Milano, 1978 pp.26-27; el artículo de Lenin se encuentra también en apéndice en Moshe Levin "L'ultima battaglia di Lenin" ("La última batalla de Lenin") Laterza, Bari 1969 pp. 174-190.

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2. En S. Tagliagambe, op. cit. pp. 87-89.

3. El episodio, indicado por Roy Medvedev y por Stephen Cohen, también en Antonio Moscato "Intelettuali e potere in URSS (1917,1956), Ed.Milella, Lecce 1986 pp.2831.

4. Giuseppe Boffa "Storia dell'Unione Soviética 1928-1941." ("Historia de la Unión Soviética 1928/1941") L'Unità 1990 p. 11.

5. La expresión es de S. Tagligambe, op.cit.p.140.

6. Entre los primeros en "pagar el pato" están los "dialécticos", o el grupo que se constituyó entorno a Deborin, que entre 1929 y 1930 goza de una temporánea hegemonía en el ámbito filosófico y en el de las Ciencias Naturales.

En diciembre de 1930 Stalin acusa personalmente a Deborin y a su escuela, de "idealismo menchevique mencheviquizante", inmediatamente después (enero 1931) llega la condena del Comité Central contra las revistas de la corriente y las acusaciones administrativas promovidas por los defensores del partidismo de la ciencia.

7. La carta aparece publicada en Silvano Tagliagambe, "Scienza e marxismo en la URSS"), Loecher, Torino 1979

Sobre el caso Lysenko, Dominique Lecourt "Il caso Lysenko" ("El caso Lysenko"), Editorial Riuniti, Roma 1977; Zores Medvedev, "L'ascensa e la caduta di T.D. Lysenko" ("Ascensión y caida de T.D. Lysenko") Mondadori, Milano 1971.

Sobre el estainismo y las ciencias, es útil también la consulta de Roy Medvedev, "Lo stalinismo" ("El estalinismo"), Mondadori, Milano 1972.