Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

La traición de los intelectuales

· Inprecor n.º 83, abril de 1991 · pp. IV-VIII · 5.050 palabras

La traición de los intelectuales

La responsabilidad de que la lucha popular haya desviado su rumbo y haya pasado de ser una revolución democrática a convertirse en una restauración conservadora, recae en gran medida en los intelectuales. En mayor medida que cualquier otra clase y gozando de mayor influencia política que en ningún otro período, fueron los intelectuales de Europa del Este quienes tomaron el gobierno, diagramaron la estructura política e impusieron las pautas de acción que constituyeron una burla a los reclamos democráticos, sociales, económicos y políticos de la mayoría antiestalinista. Bien escondidos en mansiones de ejecutivos, en sedes centrales partidarias, en torres de control de los medios de los medios de comunicación y en ministerios gubernamentales, se consultan entre sí, producen las noticias y conciertan directamente los grandes negociados con las multinacionales. A la par que aumentan sus lazos con los nuevos ricos, anuncian los planes de austeridad selectivos que imponen una reducción en los salarios, pero aumentan las ganancias, austeridad que paga intereses a los banqueros occidentales y baja los salarios en Polonia muy por debajo de los de muchos países en vías de desarrollo del Tercer Mundo. Los intelectuales que en un principio detendieron a los sindicatos de abusos burocráticos, acusan ahora a los mismos trabajadores de demagogia si insisten en mantener su estabilidad laboral y beneficios sociales.

La manipulación de los símbolos democráticos La traición de los intelectuales que se transformaron en funcionarios se comprende mejor a través del análisis del uso que realizaron de los símbolos democráticos con el objeto de socavar la esencia de la democracia. Al mencionar símbolos democráticos, me refiero a aquellos valores que en la conciencia del pueblo estaban ligados a la revolución popular. En el proceso de subvertir las metas del movimiento popular, los intelectuales corrompieron el lenguaje del movimiento. Las características más importantes de los nuevos dirigentes intelectuales son su arrogancia y su astucia. Arrogancia por tomarse el derecho de hacer "experiencias" con el pueblo: de exponerlos a "shocks" (dicho con to-

83 James Petras das las letras: infligirles un dolor tal que les anule todo sentimiento) sin ningún sentido de responsabilidad o noción de las consecuencias que ello podría acarrear. Cualquier persona que se detenga a reflexionar sobre sus efectos, se dará cuenta de que esta idea de la élite de arrogarse el derecho de experimentar -condenada durante la segunda guerra mundial- acarrea serias y crónicas consecuencias para la gente que las soporta, como cualquier observador del Tercer Mundo puede atestiguar.

La descripción que hace Adorno de la personalidad autoritaria les cuadra perfectamente a los dirigentes intelectuales: sumisos ante sus superiores (el FMI, los intelectuales occidentales, los banqueros) y totalmente opresores con aquellos que están debajo (la clase obrera). Su arrogancia va acompañada por la astucia. La lucha que anteriormente libraron contra el estalinismo está poblada de contundentes declaraciones a favor de la solidaridad de clase, igualdad social y claras denuncias en contra de cualquier tipo de privilegios, de opresión por parte del Estado o de dominación extranjera. Los vicios del ayer se han convertido en las virtudes del hoy y siempre repiten la misma explicación: el "contexto" es diferente.

Este deliberado ocultamiento de la subyacente continuidad de la injusticia es lo que yo llamo la astucia política de la dirigencia intelectual. Actualmente, con el pretexto de "estabilizar la demo-

', los intelectuales proclaman la necesidad de que los sindicatos se subordinen al Estado mientras que la sociedad civil está siendo totalmente penetrada por el nuevo aparato. Esta retórica engañosa y su cobertura favorable son consignadas -en forma no crítica- no sólo por los medios de comunicación occidentales (a los cuales, después de todo, les interesa hacerlo) sino también por algunos periódicos de izquierda de Europa y Estados Unidos. En lugar del malévolo sarcasmo con que los otrora intelectuales actualmente convertidos en funcionarios se referían a los métodos que empleaba el estalinismo para justificar el control estatal sobre los sindicatos (la dictadura ejercida sobre el proletariado), prefieren ahora las melosas frases respecto de los derechos y deberes de los ciudadanos (la democracia para el pueblo se convierte en democracia para oprimir al

Bajo la máscara de la solidaridad, los nuevos regímenes están abocados a un programa político tendente a fragmentar y atomizar a la clase trabajadora. Salarios y sueldos están fijados desde arriba en los llamados "pactos sociales" y luego se imponen a los de abajo. Se incita a los trabajadores a competir entre sí para lograr un mayor nivel de productividad y a aceptar en forma pasiva despidos masivos por parte de los directivos como hechos necesarios para que exista disciplina laboral, mayor eficiencia y, en general, para hacer que el mercado

Los partidos electorales fagocitan a los sindicatos y movimientos, fragmentándolos y reduciendo su eficiencia como vehículos efectivos para la acción de clase en cuestiones cotidianas.

En algunos casos, la declinación de los sindicatos opositores ligados a los intelectuales es algo realmente impresionante. Los trabajadores, percibiendo la evidente manipulación de las organizaciones, recurren a cualquier cosa (huelgas ilegales) o se alejan de la actividad política. Incluso, aunque las primeras elecciones se desarrollaron bajo el liderazgo de los partidos pro-capitalistas, parecen haber generado más entusiasmo en los medios occidentales que entre el pueblo, especialmente en Hungría y Polonia; en este último país, sig nificativamente, más del 55% de los empadronados se abstuvo de votar en las primeras elecciones municipales bajo el régimen de Solidaridad.

Los límites de la libertad El uso y abuso del concepto de libertad ha sido singularmente el arma más importante en el engaño ejercido por los intelectuales sobre los pueblos de Europa del Este. Aprovechando astutamente las zonas más recónditas y profundas de la conciencia popular -la fuerte hostilidad a la represión impuesta por el Estado policial burocrático a la expresión pública de los problemas cotidianos, como también a los usos y tradiciones de la época pre-comunista- los intelectuales lograron sacar a los comunistas del poder. Desde un principio, los intelectuales les combinaron una crítica sumamente clara y específica respecto de las estructuras represivas del estalinismo con un concepto general y abstacto de su concepción "positiva" de la liber-

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tad. Si bien los intelectuales fueron inmensamente populares en la época en que lucharon como disidentes en contra del estalinismo, su popularidad fue disminuyendo cuando comenzaron a definir -en su accionar concreto- el significado de libertad. La libertad de prensa se traduce en una preponderancia -cuasi monopólica- de las nueva élites neo-liberales, incluyendo publicaciones controladas por los magnates propietarios de los medios de comunicación occidentales (en sus émulos locales); la libertad de huelga fue limitada por una masiva cantidad de funcionarios políticos y del régimen y por estridentes campañas en los medios de comunicación denunciando las huelgas como desestabilizadoras de la democracia, con veladas (y reales) amenazas de despidos. En un sentido concreto, la libertad tomó el significado restringido a una clase que tiene en Occidente: la libertad de los empleadores para despedir obreros, el poder de burócratas anónimos para cerrar fábricas y desalojar inquilinos y de que ministros de Economia redistribuyan la explotación de los recursos naturales con el objeto de lograr beneficios privados sin tener noción alguna de las necesidades sociales o ecológicas. En una palabra, mascara de libertad, los intelectuales han tomado un rumbo de acción cuyo objetivo es el de destruir la red de Seguridad Social y aumentar la inseguridad de la clase trabajadora. La libertad es el azote del mercado (eufemísticamente descrito como la "disciplina de mercado"); un orwellianismo sumamente

La fachada democrática El de democracia es uno de los conceptos más venerados y del cual más se ha abusado dentro del repertorio retórico de los intelectuales del Este: el respeto por "el individuo" fue transformado en engrandecimiento individual (de unos pocos) y en pobreza del pueblo. En un grado sin precedentes en años recientes -excepto quizás por el robo masivo de las entidades de ahorro y préstamo en los Estados Unidos- la democracia se ha convertido en una fachada que sirve para encubrir el robo indiscriminado de los recursos públicos, empresas y tierras por parte del capital privado. Los empresarios neo-liberales y pro-occidentales compiten con ex-funcionarios comunistas por la apropiación de bienes producidos en forma colectiva en las grandes campañas de privatización. La sutil distinción entre lo público y lo

83 privado, al que los ideólogos post-marxistas elegantemente postularon como el sine qua non de la democracia, se ha convertido, en su manifestación práctica, en el medio para legitimar la apropiación de bienes que realizan los ambiciosos jóvenes profesionales que van subiendo en la escala social. La pieza central del nuevo sistema electoral es la privatización: la igualación de "libres mercados" (capitalismo) con "democracia" significa que los empresarios tengan poder sobre el resto de la ciudadania al ir adquiriendo el control de los recursos que anteriormente estaban en

Liberarse del estalinismo significa libertad para el capital: las propuestas mal organizadas, el escepticismo y el comportamiento antisocial, reflejan la desorientación de todas aquellas fuerzas sociales que se encontraron el intervalo entre el fin del estalinimo y la ascensión de los nuevos dirigentes. Estas eran las fuerzas políticas que lucharon por una democracia que jamás se dio. El aspecto "positivo" de la separación entre "lo público" y "lo privado" ha sido el resurgimiento del poder privado de una clase para su propio beneficio sobre el resto de la población. Lejos de ser un paso hacia "la liberación de la sociedad civil", la ha llevado hacia su polarización; la sociedad civil vuelve al clásico de estar identificada con las esferas del capital. La unión forzada (mecánica) entre la sociedad y el Estado ha sido disuelta -no en pos de un aparato estatal reducido y el libre accionar de pares en la sociedad civil- y sus relaciones fueron reconstruídas como dos estructuras piramidales iguales coordinadas en la cima a través de órdenes de los ideólogos del mercado. Una nueva dictadura económica liberal ha nacido; las autoridades del Estado centralizado fijan los sistemas de precios, de ingresos, de propiedad y de salarios. El mercado, lejos de ser necesario para la democracia, sirve para ahondar la división entre la élite intelectual y la mayoría de los asalariados, rebajando los valores de la democracia al posibilitar una larga cadena de beneficios privados, lícitos e ilícitos.

Los intelectuales y la independencia nacional Bajo la máscara de la independencia nacional, la "intelligentsia" ha estado ofreciendo, a precios regalados, sectores enteros de la economía, recursos nacionales, infraestructura, tierras, finanzas y mercados.

El grado de intromisión extranjera en las decisiones económicas de Europa del Este es ya enorme, incluso juzgándolo con las normas del Tercer Mundo. Los que desde el FMI y el Banco Mundial definen las políticas económicas, han fijado en gran medida las pautas de la política salarial y fiscal, comercial, inversora y presupuestaria de Polonia, Hungría y Yugoslavia. En Polonia los expertos extranjeros han intervenido sobre los programas regresivos de estabilización social. Los consultores extranjeros han intervenido en gran medida en la diagramación de programas de gobierno que benefician ampliamente a la inversión extranjera y que van en desmedro de los salarios de los trabajadores, cada vez más miserables. La facilidad con que los intelectuales pasaron de un violento fanatismo anti-soviético a una servil dependencia pro-occidental, revela una afinidad estructural: el papel esencial de los intelectuales del Este como "intermediarios" para la occidentalización. Sin embargo, en el fondo, es evidente que no es una versión de la sociedad consumista de Alemania occidental lo que está surgiendo del proceso de occidentalización, sino una mezcla entre un país del Tercer Mundo y una antigua versión de la Europa del Sur: una reserva con mano de obra barata, donde se pueden tirar los desechos producidos por industrias ecológicamente perjudiciales y un lugar turísti-

Por medio del engaño y arrogándose las prerrogativas del poder, los intelectuales del Este han vaciado al discurso democrático del significado por el cual comúnmente se lo reconoce. Términos tales como democracia, libertad, independencia nacional, solidaridad social y estabilización han adquirido un significado totalmente contrario a los que intentara lograr el pueblo: en estos momentos una élite intelectual detenta el poder sobre el pueblo, la clase trabajadora es inducida en forma creciente a actuar "cada cual para sí", la falta de seguridad acecha los lugares de trabajo, mientras que los ejecutivos, empresarios y estafadores actúan con impunidad liquidando el patrimonio nacional.

Lenguaje y mixtificación Como Orwell señaló en su magistral ensayo "La Política y el idioma inglés" crear eufemismos es la labor que desarrollan los intelectuales con el fin de tornar lo doloroso en indoloro. En ningún lado se hace más evidente el idioma como instrumento de engaño que en el

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vulgar cliché con que se describe el accionar de los intelectuales neo-liberales del Este como la de "reformistas". Las políticas de regresión socioeconómica en Europa del Este han podido ser llevadas a cabo en gran medida gracias a la manipulación del lenguaje que han hecho los políticos.

Tanto en su papel de gobernantes como de propagandistas, los mienbros de la "intelligentsia" de Europa del Este cumplieron una función muy importante a través de la manipulación de los símbolos políticos para llevar a un pueblo descontento en dirección contraria a sus verdaderos intereses. Los medios de comunicación occidentales y sus seguidores en el campo intelectual han apoyado y estimulado esta charada política repitiendo constantemente los mitos difundidos por los medios de propaganda del Este. La distorsión del lenguaje político fue la herramienta crucial que usó la élite intelectual para manipular al pueblo. Eufemismos y dobles sentidos se convirtieron en moneda corriente en el curso del desmantelamiento del poder estalinista y la instauración de la nueva estructura elitista. Para la nueva élite intelectual de Europa del Este, lo que en un momento fue verdad ahora no lo es, ya que la idea de liberación universal es permitió poner en práctica métodos de dominación, explotación y austeridad orientados hacia determinadas clases.

El neo-reformismo

Posiblemente la manifestación más cruda de esto ha sido el uso de la palabra "reformista". En un principio aquellos que usaban este término daban a entender que estaban tratando de posibilitar una mayor participación popular, suprimiendo los privilegios e injusticias y aumentando la importancia de los movimientos sociales y de la sociedad civil sobre el Estado. El "reformismo" trajo consigo la promesa de abundancia, asociándoselo con palabras clave tales como "estilo de vida occidental", mo masivo", "respeto mutuo" y un Estado que responde a los deseos de sus

El proyecto primordial del reformismo fue crear una nueva estructura de poder en las fábricas, en la sociedad y en relación con el individuo. Los "reformistas" prometían una igualdad de nivel en el que la soberanía de los ciudadanos reemplazaría a los dictados arbitrarios del Estado y en el que la soberanía de la nación sustituiría los mandatos de la

El cambio de lenguaje es síntoma de

83 James Petras un cambio político: en cuanto las élites anti-estalinistas tuvieron acceso al poder, comenzaron a introducir un nuevo significado en su lema publicitario. "Reformar" significaba ahora eliminar privilegios burocráticos, reemplazar el control estalinista sobre los medios de comunicación y aumentar las posibilidades de los comerciantes, directivos y empresarios. Su postura de oposición a los privilegios y al control se tornó selectiva, dirigiéndola hacia el Estado pero no hacia el sector privado, limitando el énfasis del cambio hacia un específico grupo privilegiado anclado en el sistema político-social anterior, subrayando las características negativas de los abusos de poder del pasado a la vez que instituyendo un esquema de relación desigual para controlar la sociedad. Reformismo y restauración Una vez en el poder, los intelectuales nuevamente "redefinieron" el término "reformista" cambiando su significado con el objeto de incluir la promesa de una prolongada austeridad, las penurias del consumidor y, sobre todo, la restitución de los privilegios y del poder a los grupos inversores y directivos de empresas. La reforma significaba el poder de los directivos de empresas para contratar y despedir trabajadores, manejar el mercado, fijar salarios y condiciones laborales. En los niveles mas altos, la palabra "reforma" significaba la restitución de la propiedad privada y de las ganancias; también representaba dependencia respecto de inversores y bancos occidentales. La política de absoluta liberalización y privatización está orientada hacia la restitución de la concentración del poder y de la propiedad en manos privadas.

En última instancia, los "reformistas" son restauracionistas que intentan restablecer las relaciones pre-comunistas de subordinación y dependencia respecto de Occidente. El término "reforma" tiene varias acepciones, cada una de las cuales ha sido utilizada por la "intelligentsia" del Este en diferentes momentos de los cambios históricos. En una primera etapa, la "reforma" es formulada como comúnmente se la entiende, es decir como un llamamiento en pos de la igualdad, la libertad, la independencia respecto de una casta burocrática arbitraria, dependiente y privilegiada. Se la utiliza también como instrumento de movilización de masas con el objeto de socavar al régimen existente.

En una segunda etapa la palabra "reforma" adquiere un significado totalmente opuesto: no es más que un mecanismo para devolver el poder a los inversores, a los banqueros y a los propietarios de capitales privados; es una palabra clave para atraer multinacionales occidentales, liberando el mercado y bajando los costos de mano de obra (en este sentido las páginas financieras de los medios occidentales hablan de la "esperanza" de que los reformistas tengan la posibilidad de lograr una pujante economía de mercado).

Tecnología del engaño El proceso por el cual la reforma nacional popular pasó a significar la restauración de una élite dependiente incluye cuatro procedimientos: el de omisión, el de proyección, el de inversión y el de fusión. El aspecto más impactante de la manipulación intelectual del lenguaje político de Europa del Este es la facilidad con la que toda una cantidad de planes, proyectos y promesas han sido olvidados en cuestión de unos pocos años, meses e incluso semanas. La falta de respuesta a los reclamos, las quejas y el descontento que motivaron la rebelión popular contra el estalinismo es absolutamente intencionada: los que ocupan el poder tienen un plan diferente a seguir y una clientela diferente a la cual servir. El pueblo cumplió su propósito al socavar el régimen estalinista, pero ¿podría uno imaginar a los dirigentes intelectuales desplegando sus banderas de austeridad prolongada, de desempleo generalizado y de deterioro del nivel de vida, como definiciones de "reforma" y de "democracia de libre mercado" durante la lucha antiestalinista? Por supuesto que no; eso se dejo para más adelante. Las demandas originales fueron olvidadas y sepultadas bajo un mar de tinta por los medios de comunicación occidentales, los cuales presentan este último significado de la palabra "reforma" , elitista y segregacionista, como si siempre hubiese sido el corriente. Si algún desilusionado obrero de Europa del Este recordara lo contrario, esto sería tomado como un malentendido, un reflejo de la influencia residual del estalinismo en la clase trabajadora.

La segunda forma utilizada para dar nuevo significado a la palabra "reforma"| fue la de proyectar efectos benignos hacia un futuro indefinido y distante. Desde este punto de vista, la lucha entre las promesas originales y el presente catastrófico se salva haciendo promesas utópicas de lo que será la capacidad de consumo en el futuro. Esto resulta parti-

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cularmente irónico e insidioso pues se asemeja a las acusaciones que frecuentemente se imputaban al anterior régimen estalinista: el sacrificio del presente en aras de la historia. Actualmente los liberales del Este prometen el "mercado del futuro". El malévolo sarcasmo y la ironía de los intelectuales del Este, que en su momento estuvieron dirigidos en contra de las versiones estalinistas de la

"necesidad histórica" (y los implícitos reclamos de gratificaciones inmediatas)

son ahora reemplazados por místicos pedidos de mayores y más profundos sacrificios ante el altar de la necesidad

Un tercer procedimiento utilizado para dar un nuevo significado a la palabra

"reforma", fue señalada por George

Orwell: se trata del uso de la inversión, una técnica que resulta apropiada dentro del actual contexto de Europa del

Este. De esta manera, ciertas palabras que tienen un significado comúnmente aceptado, son usadas para indicar exactamente lo contrario. Por lo tanto en el contexto actual de Europa oriental, el término "independencia nacional" alude a una política económica delineada por el FMI y por los banqueros internacionales; "igualdad" significa mayor desigualdad; "pluralismo", monopolizar los medios de comunicación en favor de los intereses de los ideólogos del libre mer-

"libertad", concentrar el poder en manos de los directivos de empresas para contratar y despedir trabajadores. Con su habitual crudeza, Lech Walesa describe el método orwelliano cuando se refiere a que la libertad necesita de un látigo; los medios occidentales lo citan directamente sin el menor gesto de

Un cuarto procedimiento consiste en redefinir la "reforma" de modo tal que relacione el concepto de bienestar social con el estalinismo y los exponentes de uno con los del otro. El corolario es equiparar la dependencia exclusivamente con la "hegemonía soviética". La utilización del método de relación permite a los intelectuales del Este desmantelar programas sociales, asignar recursos a empresarios codiciosos y subordinar la economia nacional a las élites occidentales en nombre del anti-estalinismo.

El lenguaje de la política Resulta evidente que, en su afán de congraciarse con sus patrones de Occidente, los intelectuales del Este han imitado las técnicas de manipulación de sus adversarios estalinistas del Este. El lenguaje del engaño y la política de ma-

83 nipulación han sido métodos esenciales para el ejercicio del poder, salvando la brecha entre el movimiento opositor original (y sus expectativas) y el subsecuente ejercicio del poder por parte de los intelectuales elitistas.

La política del lenguaje es el lenguaje de la política en todos los ámbitos que actualmente experimentan cambios en

Europa del Este. El lenguaje del engaño, que tan bien caracteriza el nacimiento de los nuevos regímenes, es un mal presagio del futuro que deberá enfrentar la región. Cuando el pueblo se de cuenta del grado de engaño al que fue sometido, lo que seguirá será una mayor falta de confianza en los símbolos políticos, un gran resentimiento hacia los empresarios y políticos inescrupulosos y una gran apatía. Las señales están presentes en todas partes: en Polonia el 55% del electorado ni siquiera se tomó la molestia de votar en las recientes elecciones municipales.

Los ciclos de reacción, reforma y revolución pueden una vez más estar cambiando lentamente.

Si bien todos están de acuerdo en que los intelectuales jugaron un papel muy importante en los cambios políticos, no han sido bien analizados la verdadera índole del papel que desempeñaron y su accionar político. Aunque los intectuales no fueron en general el grupo más numeroso en las manifestaciones masivas de protesta, virtualmente fueron ellos los que en gran medida monopolizaron las bases ideológicas, el esquema de organización y el liderazgo de los movimientos de protesta. También los que asumieron el papel más importante en las negociaciones y pasaron rápidamente a ocupar los puestos de poder en los gobiernos que se dieron a continuación.

El papel principal que desempeñaron los intelectuales fue el de proveer una ideología universalista que ocultara los específicos intereses sociales a los que servían o trataban de alentar. La atracción de esos elementos ideológicos unificó a un amplio espectro de intereses muy divergentes -esencialmente de caracteristicas "nacionalistas" y "demócratas"-, que se prestaban a todo tipo de interpretaciones pero que fueron necesarios para derrocar al régimen estalinista imperante. El que el marxismo se hubiera convertido en una ideologia de Estado, facilitó la tarea de los intelectuales al permitirles hacer un análisis de los diversos intereses de clase que chocaban con el "dogma" que legitimaba al régimen anterior. Llama la atención en estos enunciados ideológicos su vulgaridad, la ausencia de todo tipo de conocimiento histórico y la manera superficial con que repiten las frases estereotipadas de la retórica liberal de Occidente.

Las viejas ideas de los nuevos pensadores

Lo que más salta a la vista de estos nuevos pensadores es la falta de originalidad que tienen sus enunciados políticos, que no son más que meras imitaciones. Aún cuando intentan darle una pátina teórica o filosófica a sus banalidades, suenan como una especie de idealismo recalentado, mezclado con una buena dosis de bambolla neoliberal.

Al zambullirse de cabeza en la adopción del capitalismo hablan a favor de una retórica de mercado que ha devastado las clases obreras y el campesina do de los países del Tercer Mundo y que ha destrozado la estructura social de Europa occidental y Norteamérica.

Con un ciego desconocimiento, hablan de los altos niveles de vida de Alemania

Occidental o Suecia sin tener la menor idea de la influencia social que tiene el poder gremial en esos países, la existencia del Estado regulador o la centralización del planeamiento industrial na-

Lo que aparenta ser reflexión política, no son más que conceptos abstractos acerca de lo que debe ser un ciudadano, al cual se le asignan derechos y obligaciones, mientras que, por otro lado, la política estatal priva a la clase obrera de recursos para poder cumplir con su papel. Peor aún, esta forma de pensar no es mas que una regresión a a teoria legal formalista de acción política que niega lo central de los intereses económicos de clase y de la división de clases que acompaña la expansión dde la propiedad capitalista. En la medida que se evidencia una mayor división entre la clase dirigente intelectual neo-liberal y la clase obrera, más fuerte se torna la tentación de recurrir a la retórica derechista populista del período comprendido entre la primera y la segunda guerras mundiales: los que tratan de luchar en favor del bienestar social son considerados cada vez más, como "demagogos" o "estalinistas".

Los intelectuales detentan el poder no sólo a través del recurso ideológico Aunque sus organizaciones son muy recientes, y existen frecuentes luchas de poder entre las distintas fracciones intelectuales, su poder no está aún basado sobre la "hegemonía" -las ideas del liberalismo no son las ideas de la sociedad

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de masas- más bien todo lo contrario. Por eso tienen tanta necesidad de "la dominación", de crear esquemas de organizacion que estructuren y limiten la libertad de elección de la clase trabajadora. Por toda Europa Oriental los nuevos organismos dirigidos por los intelectuales funcionan subordinando a la clase trabajadora urbana y rural a los tecnócratas del gobierno y a los profesionales de los partidos. El elitismo de la clase dirigente es consecuencia directa de la política neo-liberal que fortalece el accionar político y los cargos que ocupan los intelectuales. La toma de decisiones está casi exclusivamente en manos de los dirigentes gubernamentales y en favor de los intereses de una "intelligentsia" que en ninguna circunstancia toma en cuenta la opinión de la clase trabajadora, ni siquiera da cabida a un "veto". Solamente pueden expresar su desacuerdo fuera de los canales gubernamentales oficiales (tal es el caso de la protesta de los tractores de los trabajadores rurales y las huelgas no autorizadas de los obreros ferroviarios en Polonia). Pero la poca importancia que le asigna la élite intelectual a estas protesta, no es sólo señal de su dogmatismo económico o arrogancia personal sino también de que hay una ausencia total de representantes genuinos de la clase trabajadora en todas las esteras de decisión. Los intelectuales y el poder El objetivo más importante de los intelectuales fue acceder al poder. La lucha anti-estalinista fue a la vez un movimiento para descentralizar el poder (que

83 James Petras era lo que la masa popular quería) y un vehículo para que un cierto grupo acumulara poder. La facilidad con que los intelectuales disidentes se tranformaron en burócratas, y la eficiencia que demostraron, no es para nada sorprendente, una vez que uno se da cuenta de los objetivos precisos de su política. Haciendo gala de una informalidad que desarma a cualquiera, rodeados de un aura populista que aplaudía sus recientes actividades de oposición estalinismo, su prestigio cultural y sobre todo la ausencia de crítica alguna por parte de Occidente que adulaba cada paso que daban, les sirvió para crearles la imagen de funcionarios idealistas, opuestos a la burocracia y desprovistos de intereses mezquinos. Si bien en la etapa inicial los intelectuales se referían al hecho de haber intercambiado sus papeles con sus adversarios con una buena dosis de humor y hasta de ironía ante su propio cambio, con el correr del tiempo se atrincheraron en los beneficios y privilegios que les confería el gobernar un Estado con mentalidad de banquero occidental. Y ello hizo necesario tirar por la borda la retórica social que formularon en un principio o, peor aún, que rellenaran discursos con vaguedades y palabras pomposas: la expresión "los mercados sociales" se transformó en el código que ocultaba el verdadero objetivo de imponer una economía orientada hacia le oferta, socialmente regresiva. El tema del poder es el eje central y la ideología está manipulada para servir a ese fin. Basta observar con qué rapidez se volcó la ideología del bienestar social hacia un liberalismo de libre mercado (y si en algun momento provoca un brote generalizado de descontento popular seguramente se realizarán algunas modificaciones "de índole social"). Los intelectuales y el futuro Cualesquiera hayan sido los lazos entre los líderes y sus seguidores en un principio, las divergencias entre los intelectuales de arriba y los cientos de miles de trabajadores desocupados de abajo a merced de las ollas populares, obliga a ver con otros ojos el papel que cada uno de ellos jugó en la lucha antiestalinista en relación con el resultado final. El movimiento obrero terminará por darse cuenta de que fue la fuerza de choque que abrió las compuertas que permitieron que subieran los intelectuales, que inmediatamente se abocaron a la tarea de establecer contactos entre el grupo de los nuevos ricos y prestamistas e inversores extranjeros.

El que los intelectuales hayan trastocado tanto su ideología original al arribar al poder -lo cual evidencia que no tienen verdaderos lazos con ninguna clase social- da lugar a pensar que ellos también, en su momento, podrían ser prescindibles.

En la medida en que posibilitan un aumento del capital y el surgimiento de nuevos grupos empresarios, y en la me• dida en que disminuye el control que actualmente ejercen sobre la clase trabajadora, podrían llegar a ser un fenómeno transitorio, que sería reemplazado por un nuevo grupo de tecnócratas de mercado o bien por nacionalistas popu-

(tomado de Tupamaros nº41. 6 de febrero de 1991).