MERCADO, Y PLAN EN LA CRISIS
DEL "SOCIALISMO REAL"
La crisis del llamado "socialismo real" está teniendo unos efectos devastadores para la izquierda occidental. Hasta ahora, una parte de la humanidad vivía en estados postcapitalistas en los que la asignación de los recursos se efectuaba mediante la planificación. El debate sobre su viabilidad quedaba saldado por la evidencia de la práctica, por más que todavía quedaran muchos problemas por resolver, entre los que la falta de democracia no era el menor. La crisis actual ha puesto en duda si no la viabilidad, pues la planificación ha funcionado durante más de 70 años, si al menos su eficiencia.
El nivel de vida de los países del Este se ha demostrado muy alejado de lo que constituyen los standares occidentales. La República Democrática Alemana, por ejemplo, que constituía el "buque insignia" del llamado "socialismo real" cuenta con una renta per cápita que, en la valoración más favorable, es menos de la mitad del de la República Federal Alemana y no llega al 70% de la del Estado español(1). Además, se ha producido una desarticulación completa de la planificación que ha llevado a que la producción sea incapaz de satistacer incluso las necesidades que la población puede pagar porque cuenta con capacidad adquisitiva para ello.
Esta crisis está dando pie para una fuerte ofensiva ideológica de cara a los trabajadores de los países occidentales. El fracaso económico de la URSS y de los países del Este se está presentando en el Oeste como una prueba palpable de la primacía del mercado sobre la pla-
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Jesús Albarracin nificación y del capitalismo sobre el so cialismo. Se idealiza el mercado: presentándole como de libre competencia, perfecto, justo, ajeno a la división de la sociedad en clases; exculpándole de provocar crisis periódicas, paro en los países industriales y hambre en el tercer mundo; por último se le contrapone no a la planificación socialista, sino a la burocrática, desequilibrada, plagada de corrupción e ineficiencia que realmente ha existido en los países del Este. La pregunta que parece flotar en el aire no es si la economía de mercado es mala, sino si la planificación no es peor.
El socialismo exige haber derrocado al capitalismo a nivel mundial y un desarrollo de las fuerzas productivas que permita que la escasez no sea un problema fundamental. Mientras esto ocurre, una vez derrocado el capitalismo en un país, el problema es organizar la economía del periodo de transición, esto es, poner en pié la planificación socialista. És a la luz de ella, en la que la más amplia democracia juega un papel central, y no de la idealizada eficiencia de la economía de mercado, como hay que valorar la crisis de los países del Este y el papel que puede jugar el mercado y la planificación en la solución de la misrna.
1. LA CRISIS DE LA PLANIFICACION BUROCRÁTICA Un factor esencial de la crisis por la que atraviesan la URSS y los países del
Este es el aspecto acumulativo de los fracasos económicos, que se ha traducido en un descenso progresivo del ritmo de crecimiento. Mientras que antes de 1960, la economía soviética creció a ritmos superiores al 6% anual, en la década de los setenta lo hizo al 3% de media al año, en el periodo 1980-85 lo ha hecho al 2,4% y en la actualidad el crecimiento puede ser nulo, si no negativo. Si se comparan estos datos con los de Estados Unidos, la URSS tuvo un crecimiento superior hasta 1975 y prácticamente similar en el periodo de 1975 a 1985 (2,7% anual de EEUU frente a 2,5% de la URSS), pero, en todo caso las "realizaciones" de la economía soviética no han permitido alcanzar a los Estados Unidos, como se propusieron primero Kruchov y después Bresnev(2).
Durante los últimos años, el menor crecimiento ha ido acompañado de una agudización de los desequilibrios fundamentales de la economía. En la Unión Soviética, la oferta de mercancias y servicios es insuficiente para abastecer la demanda que se puede expresar porque existe capacidad adquisitiva para ello y este desequilibrio es creciente(3). De darse en un país capitalista, dicho desequilibrio se habría traducido en una inflación galopante al estilo de las que se dan en Latinoamérica pero, en un sistema con planificación burocrática, en el que los precios no se fijan por el mercado, se ha traducido en una penuria creciente de mercancías de consumo. Al insatisfactorio nivel de vida existente se le ha unido una crisis que ha aumentado el malestar social y todo parece indi-
car que la Perestroika ha contribuido a
Esta crisis es el resultado de la quiebra de los antiguos mecanismos de planificación burocrática, que arrancan de los primeros planes quinquenales. Stalin una gran empresa en la que el centro producción, asigna los recursos productivos y planifica las producciones físicas a un nivel de detalle considerable (cerca de 20 millones de productos). El órgano encargado de esta tarea es el Gosplan. A partir de aquí, todos los agentes económicos a una de las repúblicas, locales, directores de empresas, etc) se limitan a obedecer y su tarea consiste en hacer que se cumplan los planes. Se trata de una economía hipercentralizada y altamente jerarquizada (una economía dirigista o de "ordeno y mando", como la llaman) en la que la gestión se valora no en función de la reducción de costes que se haya realizado, de la mejora que se haya conseguido en la calidad de los productos o del grado de satisfacción de las necesidades de la población, sino del grado de cumplimiento del plan. A lo largo de sus sesenta años de vida, este esquema ha sufrido algunas reformas importantes pero, en lo sustancial, puede ser descrito como se acaba de hacer. Este sistema, como se verá, muy alejado de la verdadera planificación socialista, tiene consecuencias negativas y es profundamente ineficiente(4): a) Responde a los intereses de la burocracia, no de la sociedad en su conjunto Por un lado, es imposible planificar de forma burocrática una economía con 20
El Gosplan no puede establecer a priori los equilibrios entre la demanda y la oferta de uno de estos artículos y mucho menos controlar el cumplimiento del plan pues
By, aunque fuera teóricamente posible hacerlo centralmente, lo que es dudoso, pues la producción es un fenómeno social y la sociedad cambia continuamente, no existe la capacidad técnica para hacerlo efi-
Pero, por otro lado, no es ni necesario ni deseable. No es necesario, pues con un volumen de decisiones mente menor, relativas a la tasa de acumulación, la distribución de la misma entre los diferentes sectores, las producciones fundamentales, etc, se puede planificar una parte considerable de la
79 Jesús Albarracin economía con muchísimo menos esfuerzo y coste y más eficacia. No es deseable, pues supone que aquellos que decicómo producirlo y para quién producirlo cuentan con un poder equivalente al de la burguesía en un sistema capitalista que tenderán usarlo para sí, creando un sistema privilegios que les permita perpetuarse
Este sistema de planificación, que se corresponde a la sociedad del "gran hermano", muy alejada del socialismo, es el que conviene a la burocracia, pues le permite tener privilegios materiales, un gran poder, prestigio y rentas más elevadas, controlar la producción y el territorio, ser quien toma las iniciativas y seleccionar los miembros del aparato y los b) Favorece la ineficiencia
By la dilapidación de recursos En una empresa capitalista, la búsqueda del máximo beneficio lleva a los directores a intensificar la utilización de los factores productivos de modo que sus intereses individuales coinciden con los del capitalismo en su conjunto, pero con la planificación burocrática no sucede lo mismo. La burocracia en su conjunto tiene interés en conseguir la máxima producción y utilizar racionalmente los recursos, sin embargo, para los directores de empresa lo importante es cumplir el plan, no importa cuál sea la calidad de los productos y con qué coste(5). Esto dificultar el crecimiento de la producción, pues el plan es más fácil de cumplir si la producción es menor que la posible, y favorece el derroche de recursos productivos, pues cuanto más maquinaria y más mano de obra se disponga mejor. La consecuencia es una baja rentabilidad de las inversiones (la misma
Use podría conseguir con mucha menos maquinaria), un derroche de energía y materias primas y una productividad de la mano de obra muy baja. La ineficiencia se ve agravada por un fenómeno adicional: los directores de empresa tienden a acumular stocks de productos terminados para hacer frente a un eventual descenso de la producción que les impida cumplir el plan, y de primas, piezas de recambio y maquinaria, para hacer trente a los estrangulamientos que normalmente se producen en el abastecimiento, con lo que para la misma producción se termina realizando una inversión muy superior a la necesaria. Finalmente, el objetivo de cumplir los planes de producción cueste lo que cueste lleva a la utilización de métodos de producción fuertemente contaminantes.
Gc) Desincentiva la productividad La naturaleza de la planificación burocrática lleva a unas relaciones obrerosde empresa muy particulares(6). Como el empleo no cuesta nada y permite cumplir el plan mejor, los dicantidad de mano de obra muy superior a la necesaria, por lo que al final se produce una "penuria de empleo" (la suma de las previsiones de empleo de las empresas es mayor que el total de la mano de obra disponible). Los obreros se benefician así de la seguridad en el empleo, pues aunque legalmente pueden ser despedidos pueden "votar con los pies", esto es, irse a otra empresa Esto crea unas relaciones de complicidad con la dirección que no favorece la productividad: los directores no tienen interés o medios de aumentar la productividad y los obreros tienen una actitud muy ambivalente de cara a la dirección: tienen un trabajo sucio y penoso, y los "cuellos blancos" despachos limpios y "no trabajan" pero no obligan a aumentar los ritmos de producción.
Por otra parte, la falta de democracia, los privilegios de la burocracia y la corrupción destruyen los incentivos para que los trabajadores aumenten la productividad: "ellos hacen como que nos pagan y nosotros como que trabajamos". Este último factor tiene una gran importancia en el descenso de la productividad e, incluso, ha llevado a pequeños robos por parte de los trabajadores pero tan generalizados que han adquirido una entidad enorme.
d) Favorece la economía sumergida y la corrupción La planificación burocrática produce unos desequilibrios graves: escasean unas mercancías mientras existen excedentes de otras, hay una distorsión completa de los canales de distribución, etc. Ante las dificultades en el aprovisionamiento, surgió una espesa red de relaciones informales e ilegales, pero forzosamente toleradas, de trueque entre dirigentes de empresas. En un principio, esto se tradujo en una serie de sobornos en forma de regalos, pero poco a poco los encargos de las empresas estatales de comercio a las empresas productoras siguieron cada vez más el prin-
48.000
26.534
URSS
URSS
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POLONIA
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POLONIA
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Jesús Albarracin
DEUDA EXTERNA DE LOS PAISES DEL ESTE
Millones de dolares
21.200
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TUTOS
8.699
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100a
LE CHECOESLOVAQUIA
RUMANIA
HUNGRIA
BULGARIA
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Porcentaje de las exportaciones
320
160
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RDA
HUNGRIA
BULGARIA
CHECOESLOVAQUIA
RUMANIA
1981
1989
1989
cipio del máximo beneficio del comersatisfacción de la demanda. Todo condujo al monopolio del comercio estatal por unos intermediarios en su propio beneficio.
El comercio estatal se convirtió en la principal fuente de beneficios ilegales y sobre una burocracia cuyo fin principal era la autoprotección y la autorreproducción, aparecieron estructuras mafiosas y de clanes. La consecuencia fue doble: por un lado, se debilitó la relación entre as empresas productoras y la demanda y, por otra, se debilitó la moral colectiva, por lo que sobre un sistema ineficiente, la corrupción hizo que la ineficiencia aumentara. Según cálculos no oficiales, los beneficios de la mafia comercial se llegaron a elevar a un 2,5% del PIB, muy poco respecto a los beneficios de un país capitalista, pero mucho respecto a la distorsión que introdujo en la proe) Incorrecta elección de las prioridades sociales El hecho de que una economía capitalista esté regida por el principio del máximo beneficio hace que completamente sus recursos productivos. De esta forma, en una situación de de los pedidos de armamento, por ejemplo, puede empujar la demanda y contribuir a que se utilicen los recursos que estaban ociosos. A largo plazo, esto no favorecerá la salida de a crisis, pero puede mejorar la situación coyuntural. Pero en una economía postcapitalista, en la que no rige directamente la ley del valor, los recursos son limitados y si se dedican a una cosa no se pueden dedicar a otra. Por ello, es imposible mantener un volumen elevado de gastos militares, realizar inversiones productivas y elevar sostenidamente el nivel de vida de las masas ai mismo
En la URSS, los gastos de armamento(8) suponen una absorción importante de recursos productivos, que no pueden dedicarse a inversiones o a incrementar el nivel de vida. Los gastos militares se elevan a un 10% del PIB, una cifra inusual en época de paz. Por el lado de las inversiones, se ha producido una errónea elección de prioridades (inversiones excesivas en unos sectores e insuficientes en otros); como se acaba de mencionar, los mecanismos de planificación han llevado a que tengan una baja rentabilidad, y, desde 1975, la tasa de acumulación se ha reducido, como consecuencia de la decisión de dedicar más recursos productivos a satisfacer las
79 Jesús Albarracin necesidades de unas masas que cada vez reivindicaban más democracia y más bienestar.
Esta contradicción ha hecho imposible la elevación del nivel de vida de las masas y, por el contrario, ha hecho que las mercancías y los servicios esenciales, no sólo no se produzcan en cantidad suficiente, sino que su calidad sea muy detectuosa, lo que ha contribuido a agudizar la crisis social.
Of) El desequilibrio macroeconómico La consecuencia fundamental de lo anterior ha sido el abismo que existe entre la cantidad de dinero en circulación y la cantidad de mercancías de consumo puestas en el mercado. La perestroika ha contribuido a profundizar aún más este abismo.
Algunos hechos demuestran que la situación de la oferta ha empeorado(9). No teniendo la posibilidad de corregir los precios de los artículos aislados conforme a los gastos y a la demanda, las empresas no aceptan la producción de mercancías no rentables; la campaña antialcohólica de 1985 redujo los ingresos fiscales, por la reducción de la producción que implicó, e incrementó los beneficios de las destilerías clandestinas, que hicieron desaparecer el azúcar del mercado para fermentar las patatas; la campaña de 1986 contra los ingresos injustificados sólo afectó a los campesinos que vendían sus productos en el mercado libre y redujo la oferta de alimentos; la limitación de las importaciones de consumo agravó la escasez, etc. El resultado es que la tasa de crecimiento económico entre 1986 y 1988 se estima en un 4%, o sea, alrededor de un 1% al año, una cifra que esta en el límite del error estadístico.
Por otro lado, ha aumentado la cantidad de dinero. Por una parte, los más optimistas estiman que los salarios han crecido el doble que la productividad, como consecuencia, entre otras cosas, de la política de las empresas que buscan contentar a sus obreros. Por otra parte, el déficit del presupuesto del Estado ha empeorado(10).
La consecuencia ha sido la desaparición de los mercados de consumo, la implantación gradual de las cartillas de racionamiento, el florecimiento del mercado negro y la economía sumergida y en consecuencia, un descontento creciente y la sensación, cierta, por otra parte, del fracaso de la planificación. Se ha producido, además, una febril emisión de papel moneda para cubrir el déficit presupuestario, que ha provodado una fuerte depreciación del rubio. 2. LA REESTRUCTURACIÓN
ECONOMICA La política de la burocracia para remontar la situación actual tiene dos componentes: por un lado, hay que proceder a una reestructuración económica que corrija los problemas actuales de la economía soviética (la perestroika), por otro, esto no es posible sin abordar al mismo tiempo algunas reformas políticas que introduzcan transparencia (la glasnost).
La primera razón de la Perestroika, esto es, de la reestructuración económica, es la necesidad de mejorar los resultados de un sistema que se ha convertido en un obstáculo para cualquier progreso posterior (11). Para los economistas de la Perestroika, el deterioro de la situación tiene sus causas en la falta de correspondencia entre las formas planificación y el creciente volumen de la producción, por una parte, y en el estancamiento de la producción debido a los malos resultados de la productividad, por otra. En consecuencia, la solución a) Acabar con la planificación ultracentralizada de la economía introduciendo en la gestión de la producción elementos de mercado: estableciendo la autonomía de las empresas y su gestión con criterios de mercado; una gestión más eficaz de la mano de obra que acabe con la penuria crónica actual y que se traduzca en un aumento de la productividad, es decir, el fin de la seguridad en el empleo(12); la reforma de los precios, eliminando las subvenciones, !!berándolos y haciendo que se aproximen a sus valores de mercado, y reformando los salarios de forma que sirvan para favorecer el incremento de la productividad. Evidentemente, esto incluye un cierto grado de privatización de la economía y la creación de un mercado b) Relanzar el crecimiento realizando menos inversiones, pero racionalizándolas. Esto exige primar la inversión en la fabricación de maquinaria y en la investigación científico-técnica e introducir elementos de racionalidad en la producción mediante una mayor "disciplina" para conseguir una mayor economía de energía y materias primas, un empleo más racional de equipo, la reducción de los pedidos de bienes de inversión para realizar el plan y el aumento de la productividad de la mano de obra.
c) Poner en marcha un juego centralizado de palancas económicas, para diri-
gir la economía, similares en una buena parte a las que utilizan los gobiernos de los países capitalistas: el coste de los recursos financieros, los impuestos, la fijación central de normas, una política de subvenciones, un número limitado de precios claves que serán administrados y el control del comercio exterior.
Gorbachov representa el ala más lúcida de la burocracia, que ha tomado conciencia de la gravedad de la crisis en que la gestión burocrática ha sumido a la URSS. Trata de salvar al régimen burocrático, no derrocarlo, buscando una combinación entre los mecanismos de mercado y la planificación. Es lo que han llamado en algunas ocasiones "planificación socialista de mercado" y, en otras, "economía de mercado regulada". Pero cuenta con la oposición de una parte de la burocracia, que ve cómo puede perder sus actuales privilegios y el poder político. Por ello debe de movilizar una cierta base social, creando entre los trabajadores el compromiso necesario para el éxito de la reforma, a través de la transparencia, la introducción de garantías legales contra los abusos de la burocracia, mecanismos electorales, un cierto pluralismo político, etc. Por eso, el aspecto más original de la Perestroika es la relación que existe entre la reforma económica y la democratiahora, las reformas sólo han contribuido a agravar la situación material de los trabajadores y la profundización diseñada por los economistas de la Perestroika las agravará aún más. es así porque el mercado no es la alternativa a los desastres actuales de la planificación burocrática. No es con más mercado, sino con más democracia y con un cambio cualitativo en la planificación como la situación puede remontar-
3. EL SOCIALISMO EN
MARX Marx y Engels no desarrollaron ninguna idea sistemática sobre la organización de la economía después del derrocamiento del capitalismo. Pensaban que no era posible formular un esquema acabado para la futura sociedad porque su organización económica y social dependería de las condiciones que se dieran al comenzar a construirla. Pero eran perfectamente conscientes del problema de la asignación de los recursos productivos en una economía socialista y en El capital y La Crítica al programa de Gotha, pueden encontrarse algunas referencias de cómo pensaban que debería ser
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Jesús Albarracin la nueva sociedad.
La distinción entre el socialismo, como objetivo final, y la transición al socialismo, como problema inmediato, puede encontrarse en Marx. En efecto, por un lado estaría lo que Marx denomisuperior del comunismo", gunda fase del comunismo" o "comunismo en sentido estricto", que se corresponde con lo que
"socialismo", es decir, una sociedad en la que se ha superado la escasez y, por tanto, se puede proceder
Russell denominó "reparto libre" (Roads of freedom. Lon-
Para Marx, "en la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y en ella, la oposición entre trabajo intelectual y trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamentè un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!"
Pero, por otro lado, los problemas actuales no son estos ya que "de lo que comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba salir precisamente de la capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede". (El subrayado es de Mars decir, Marx distingue una "primera fase del comunismo", que también denomina "etapa socialista", que se correspondería con la transición al socialismo, tal y como la entendemos hoy día. En esta etapa de transición al socialismo no se parte de la abundancia y, por tanto, el calculo económico y la distribucion son problemas básicos. El primer problema que se plantea en estas sociedades de transición es la determinación de la parte del producto social que se debe destinar a servir de medios de consumo. Esta parte se obtiene deduciendo del producto social global: la reposición de los medios de producción consumidos, los fondos de reserva o de seguro contra accidentes, calamidades, etc, y la parte que se dedique a acumulación para ampliar la producción en el futuro.
Estas deducciones "constituyen una necesidad económica y su magnitud determinará según los medios y fuerzas existentes, y en parte, por medio del cálculo de probabilidades; lo que no puede hacerse de ningún modo es calcularlas partiendo de la equidad".
Pero, en una sociedad de transición al socialismo, el resto que se obtiene despues de las deducciones anteriores no debe constituir los medios para satisfacer el consumo individual, pues antes
"Primero: los gastos generales de administración no concernientes a la producción. En esta parte se conseguirá, desde el primer momento, una reducción considerabilísima, en comparación con la sociedad actual, reducción que irá en aumento a medida que la socie-
Segundo: la parte que se destine a la satisfacción colectiva de des, tales como escuelas, instituciones
Esta parte aumentará considerablemente desde el primer momento, en comparación con la sociedad actual y seguirá aumentando en la medida que la sociedad se desarrolle.
Tercero: los fondos de sostenimiento de las personas no capacitadas para el trabajo, etc; en una palabra, lo que hoy compete a la llamada beneficencia ofi-
La distribución individual de los medios de consumo se rige por "el mismo principio que en el intercambio de mercancías equivalentes: se cambia una cantidad de trabajo, bajo una forma, por otra cantidad igual de trabajo, bajo otra forma distinta".
A cada trabajador, "la sociedad le entrega un bono consignando que ha rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que ha rendido. La misma cuota de trabajo que ha rendido a la sociedad de una forma, la recibe de ésta de una forma distinta".
La distribución se realiza a través de mecanismos de mercado, pero en el seno de una sociedad colectivista en la que los medios de producción son colectivos, la distribución que se realice con esos criterios es muy diferente a la que se realiza en el capitalismo: "El modo de producción capitalista descansa en el hecho de que las condiciones materiales de producción les son adjudicadas a los que no trabajan bajo la forma de propiedad del capital y propiedad del suelo, mientras la masa sólo es pro-
pietaria de la condición personal de producción, la fuerza de trabajo. Distribuidos de este modo los elementos de producción, la actual distribución de medios de conumo es una consecuencia natural. Si las condiciones naturales de producción fuesen propiedad colectiva de los propios obreros, esto determinaría por sí sólo, una distribución de los medios de consumo distinta de la ac-
Y Marx recalca, "El socialismo vulgar (y por medio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada, desde hace mucho tiempo, la verdadera relación de las cosas, volver a dar marcha hacia atrás?".
4. EL MERCADO EN EL
CAPITALISMO Economía de mercado y capitalismo son sinónimos. Ambas expresiones se refieren al modo de producción cuyo objetivo principal es producir mercancías para ser vendidas en el mercado y obtener un beneficio con su venta. de producción, vigente desde hace solo algo más de dos siglos, ha representado un enorme paso adelante para la humanidad, de forma que hay que comenzar reconociendo sus conquistas históricas.
Para sus partidarios, el capitalismo es productor de bienes destinados a la satisfacción de las nececión no tiene como objetivo obtener un beneficio, sino satisfacer el consumo, y
Yes un mecanismo perfecto de asignación de los recursos productivos, que permite obtener la máxima satisfacción de las necesidades. La demanda de las mercancías expresa las necesidades de la sociedad y orienta las decisiones de los empresarios que contratan "factores productivos" (tierra, trabajo y capital) en el mercado libre para satisfacerla. La oferta y la demanda determinan precios de equilibrio que permiten a los empresarios eficientes reponer los medios de producción utilizados y retribuir a los factores productivos, pagando salarios al trabajo, rentas a la tierra y un beneficio al capital como recompensa de la espera. Todos los factores tienen una tuente de renta, cuya suma es el ingreso de la colectividad, esto es, la renta nacional. Una parte de esta renta se gasta en demandar bienes
79 Jesús Albarracin y servicios de consumo y el resto lo constituye el ahorro, con el que se financia la nueva acumulación de capital que permite expandir la producción en el tiempo. Este esquema, oculta e invierte en contenido real del sistema.
a) La desigualdad social La desigualdad social es consustancial a la economía de mercado que, además, tiende a ampliarla. Todos los individuos no son iguales sino que existen dos clases sociales fundamentales: los capitalistas poseedores de producción, que deciden a qué dedicar los recursos productivos, y los trabajadores, personas que libremente se ven obligadas a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario como medio de subsistencia. Ambas clases ocupan un lugar muy distinto en la producción y en la vida social: los primeros son los que explotan y se apropian del producto excedente, los segundos son los explotados. Además, dentro de los trabajadores, la desigualdad tiende también a ampliarse: entre trabajadores intelectuales y manuales, técnicos y obreros, fijos y temporales, etc. Esta desigualdad social se traduce en una distribución de las rentas que no es equitativa, por lo que los precios de demanda no reflejarán las necesidades de los individuos, sino de los ingresos de muchos, que han de prescindir de bienes de primera necesidad, y de los pocos, que viven lu-
El mercado necesita la desigualdad social pero, al mismo tiempo, es un mecanismo que parece legitimarla. En los modos de producción anteriores, la clase dominante obtenía el producto excedente por la vía de la coerción. En el capitalismo lo obtiene a través del mercado: poseyendo los medios de producción, un contrato libre e igual para canjear salarios por fuerza de trabajo permite obtener el producto excedente. Por eso el mercado está íntimamente ligado a la salvaguarda de la propiedad privada y al Estado como garante de la producción capitalista.
Mb) La eficiencia del mercado El problema central de toda sociedad es la escasez, es decir, el hecho de que los recursos disponibles son insuficientes para satisfacer las necesidades sociales. La Ley del valor es el mecanismo objetivo que gobierna el intercambio de mercancías en una economía capitalista y, por medio de ellas, el reparto del trabajo y de todos los recursos disponibles entre las diferentes ramas de actividad. Bajo los efectos de las fluctuaciones que se producen en la demanda y en la oferta, los precios de las mercancias se separan de su valor (del trabajo que llevan incorporado). Estas desviaciones son un indicador para el productor de cuales son las mercancias que sobran o que faltan en el mercado en relación a la demanda. Dado que el capitalista va buscando el máximo beneficio, el capital se desplaza hacia aquellas ramas que tienen una desviación más alta respecto a su valor, produciéndose hacia ellas el desplazamiento de la producción, el trabajo y los recursos disponibles. De esta forma se garantiza que el trabajo socialmente necesario se dedique a la producción de mercancías que satisfagan las necesidades que expresa el mercado, aunque cada productor individual no conozca qué necesidades precisas debe satisfacer su producción. En esto siste, en sustancia, la eficiencia del mer-
Sin embargo, el mercado asignará los recursos disponibles para satisfacer sólo las necesidades que se pueden expresar porque alguien paga por ellas y a condición de que alguien obtenga un beneficio en su satisfacción. En la economía de mercado actual se busca la eficiencia y los equilibrios económicos, pero no importan los costes sociales. El hambre en Etiopía o la pobreza en los países desarrollados, por ejemplo, se consideran una consecuencia inevitable, que se resuelve (muy insuficientemente), no a través del mercado, sino con caridad, asistencia social, etc.
Por otra parte, las necesidades no preceden a las decisiones de producción, sino al contrario, primero se realiza la producción y después se comprueba si es coherente con las necesidades que expresa el mercado. La asignación de recursos se realiza "ex post", esto es, el mercado funciona indicando a los capitalistas que se han equivocado cuando ya es demasiado tarde. Nada garantiza que la suma de las decisiones individuales de los empresarios coincida con las necesidades globales de la sociedad. Es decir, el carácter anárquico de la economía capitalista, basada en la primacía del individuo, contrasta con el carácter objetivo que tiene la producción, puesto que debe satisfacer las necesidades globales de la sociedad. La consecuencia es una inevitable dilapidación de recursos y la aparición de crisis industriales periódicas derivadas de una tendencia objetiva a la sobreproducción, que frenan el desarrollo de las fuerzas
productivas.
Finalmente, la búsqueda del máximo beneficio obstaculiza el desarrollo de nuevos productos y nuevas tecnologías cuando éstas no son rentables (como ocurre con la energía solar), impide el aprovechamiento racional de los recursos existentes y tiene efectos destructiVOS (progresiva destrucción del medio ambiente, desarrollo de industrias de armamentos y de tecnologías peligrosas, como la nuclear, etc).
c) El "capitalismo real" Los teóricos del mercado no incluyen en sus análisis el carácter histórico de la economía capitalista. Cuando proponen medidas políticas son, por supuesto, mucho más realistas, pero esto es porque una cosa es que sus teorías hagan abstracción de las clases sociales y otra muy diferente que no sepan que existen y no las consideren. Por eso, a los esquemas ideales de libre competencia que utilizan debe contraponerse también el mercado existente en el "capitalismo
El mercado puede ser de libre competencia, de monopolios, de multinacionales, etc., y en todos ellos la asignación de recursos se hace ex post, pero no con la misma eficiencia capitalista. La inflación galopante en por ejemplo, y, particularmente en Argentina, se produce en una economía de mercado pero, ¿alguien estaría dispuesto a hablar de la eficiencia del mercado en este caso? Puede coexistir con autocracias o con formas avanzadas de democracia parlamentaria y su funcionamiento no es el mismo. En Chile, por ejemplo, ¿el saneamiento relativo que se ha producido en su economía debe a las virtudes del mercado o a la forma represiva con la que la dictadura de Pinochet ha forzado la extracción del excedente? Puede agravar la miseria de amplias masas (como ocurrió en los siglos XVIII y XIX y ocurre mundo hoy) o permitir aumentos sensibles del nivel de vida medio (como sucedió en los países occidentales en los 30 años previos a la l guerra mundial y en los 25 años posteriores a la segunda). Situaciones tan diferentes no pueden explicarse solamente por el merca-
Para su funcionamiento, el capital recurre cada vez más a mecanismos que no son los del mercado. La sanidad y la seguridad social, conquistas de los trabajadores, son necesidades que en los países occidentales se cubren sin necesidad de que alguien pague directamen-
79 Jesús Albarracin te un precio. Se ha producido una reducción drástica del trabajo asignado en el mercado respecto al trabajo asignado directamente, como consecuencia de que las empresas cada vez más acuden a la planificación. En la época de las multinacionales, la planificación producción se hace internacional y atecta a múltiples empresas.
5. EL MERCADO EN LA
TRANSICION AL SOCIALISMO En el comunismo, esto es, en la "sociedad de productores libres asociados" a la que se refería Marx, no existirá ni mercado, ni dinero. La satisfacción de las necesidades se realizará mediante lo que Bertrand Russell llamaba el "reparto libre": la población accederá a los bienes materiales y los servicios sin pagar un precio por ellos, algo así como lo que ocurre en la actualidad en la seguridad social, en la que no hay que pagar un precio por los servicios del médico. No se trata de una sociedad sin ninguna escasez, lo que es imposible de conseguir, sino de una situación en la que se ha alcanzado un desarrollo de las fuerzas productivas y un tipo de cultura humana tal que impera una abundancia suficiente como para satisfacer ampliamente la mayoría de las necesidades fundamentales y secundarias de la población. La producción seguirá satisfacer todas las necesidades de forma libre pero, a partir de unos niveles de saturación y culturales, que se habrá desarrollado enormemente, disminuirá la demanda de bienes materiales y las necesidades se rrollarán cada vez más en la dirección de la autorrealización de la personalidad y las actividades creativas
Es pues, un objetivo utópico, en el sentido que tiene la utopía para la izquierda marxista: algo que es posible conseguir pero que requiere haber destruido previamente el viejo modo de producción capitalista y haber desarrollado enormemente las fuerzas productivas de forma que sea posible una sociedad de abundancia. Mientras sobrevivan las relaciones de producción capitalistas a nivel mundial, seguirán influyendo de algún modo, ya sea económica, política o ideológicamente. Mientras la escasez sea la norma, esto es, mientras los recursos productivos sean insuficientes para satisfacer ampliamente las necesidades sociales, no podrá ser posible el reparto libre. Por eso, una vez que la clase obrera ha tomado el poder y ha derrocado al capitalismo, el problema no es construir inmediatamente la utopía, que no es posible, sino organizar la economía y la sociedad durante un periodo de transición que conduzca a ella. E problema es el de cómo avanzar hacia el socialismo una vez que se han destruido las relaciones de producción capitalistas, pero siguen subsistiendo el entramado material del mismo, su ideología y la opresión patriarcal (14).
Mientras haya escasez y no abundancia, es vano intentar suprimir el mercado completamente. Por un lado, el mercado continuará existiendo para los bienes de consumo individual. Esto es así porque el desarrollo insuficiente de las fuerzas productivas hace que la producción no sea capaz de atender a todas las necesidades de la población, por lo que se mantendría vivo el valor de cambio Cada trabajador continuaría viéndose obligado a cambiar su fuerza de trabajo por un salario, puesto que el salario es la única forma de acceder a los bienes y servicios producidos, que son limitados, y con dicho salario acudirá al mercado a comprar los bienes de consumo que necesita. El problema no se puede sortear, pues si se pagara a cada trabajador no con un salario, sino con "raciones físicas" o "certificados de ración" aparecería el mercado de los mismos, todos los individuos tienen los mismos gustos o necesidades. Por otro lado, sobrevivirá un mercado real para algunos servicios privados, para la pequeña producción mercantil (agrícola y artesanal), etc, que no tiene sentido eliminar. El dinero tampoco puede desaparecer y, por el contrario, puede ser un mediador eficaz en las operaciones microeconómicas. Permite que los trabajadores elijan más flexible y libremente su consumo y es un sistema de contabilización más flexible de los costes de producción que si se emplearan horas de trabajo, por ejemplo. En el periodo de transición, de lo que se trata de evitar es de que el dinero se convierta en capital en manos privadas, no suprimirle, que no es posible mientras exista escaseSin embargo, es necesaria una actuación política consciente, pues no se tra: ta de buscar el máximo de mercado: sino el mínimo y, además, hacerle retroceder progresivamente. Esto exige la limitación de la ley del valor y el cambio de los criterios de eficiencia, de la delimitación de qué necesidades a satistacer (no determinadas por el mercado sino consciente y democráticamente) y del cálculo económico. Derrocado el capitalismo, el problema no es eliminar completamente el mercado, que no es posible mientras haya escasez, sino
poner en marcha la planificación socia-
Así pues, la organización de la economia durante el periodo de transición hacia el socialismo supone la existencia de dos lógicas puestas: la lógica del plan (distribución de los recursos de acuerdo con las prioconscientemente establecidas por la sociedad) y la lógica del mercado (distribución de acuerdo con leyes objetivas que se imponen a espaldas de los productores). Esta contradicción puede ser superada en la sociedad so cialista. El objetivo del periodo de transacción es avanzar en dicha supera-
5. LA PLANIFICACIOI SOCALIST En una economía capitalista, el mercado rige la asignación de los recursos productivos, lleva implícita la desigualdad social y para él no existen las necesidades que no puedan expresarse en dinero. Esto es lo que la planificación socialista debe eliminar progresivamente: el juego de la ley del valor. Pero el mercado es también un mecanismo de distribución entre la población y las empresas de los bienes y servicios producidos por la sociedad. En una economía capitalista, esta función está íntimamente ligada a la anterior, porque la distribución no es independiente de las condiciones materiales de producción, que son capitalistas. pero una vez que la producción está en manos de los trabajadores, se ha eliminado la función del mercado como asignador de los recursos productivos y se ha conseguido un avance sustancial en la igualdad social, no hay ninguna razon para que, durante el periodo de transición, subsista su función como mecanismo de distribución de los bienes y servicios. En la actualidad, el mercado es igual a capitalismo, pero el mercado ha existido mucho antes de que dominara el modo de producción capitalista y seguirá subsistiendo algún tiempo después de su desaparición. Pero no será un mercado capitalista, porque ya no será el mecanismo fundapara asignar los recursos productivos a espaldas de los trabajadores. La planificación socialista implica que la clase obrera toma conscientemente ese enorme volumen de decisiones que ahora se realizan a sus espaldas por parte de los capitalistas. La primera decisión a tomar sería la proporción de la producción anual que se dedica a la acumulación, esto es, a aumentar la producción en el futuro. En una sociedad en transi-
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Jesús Albarracin ción al socialismo, los recursos no asignarían por las empresas individuales siguiendo la ley del valor, sino que se asignarían conscientemente conjunto de la sociedad siguiendo prioridades previamente establecidas.
a) Debe haber un equilibrio entre la tasa de acumulación y el volumen de rededica a satisfacer consumo. Una tasa de acumulación excesivamente elevada supondría un deterioro en el nivel de vida que afectaría a la productividad. Una tasa excesivamente reducida supondría una fuerte hipoteca para el futuro.
b) Determinado por la sociedad el volumen de la acumulación y el objetivo de la misma (que necesidades se tratan de satisfacer), la selección entre posibilidades alternativas para cada inversión no se realizaría siguiendo el criterio de la ley del valor, esto es, del máximo beneficio, sino siguiendo el criterio del mínimo coste social. En consecuencia, no se debería omitir ningún coste: el coste de la inversión, el coste de la infraesinversión provoca, los costes derivados del mantenimiento del medio ambiente, los costes sociales que causará la inversión (escuelas, ambulatorios, etc). Sin embargo, los costes no determinarán automáticamente la elección de la inversión, pues habrá que considerar otra serie de factores difícilmente cuantificables.
c) Las grandes inversiones se decidirían centralmente. Es importante señalar que este es uno de los puntos fundamentales en los que se trata de romper la ley del valor: la planificación debe tener en cuenta la demanda de consumo final y, por tanto, debe distribuir los recursos de forma que se facilite la adaptación rápida de la oferta a la demanda, pero este no es el criterio fundamental: se trata de alterar la proporción entre bienes públicos y privados, considerar las necesidades que no se expresan en el mercado, cambiar los hábitos de la sociedad de forma democrática, etc. Las pequelñas inversiones (de reparación, para aumentar la productividad, etc) poseguir siendo decididas por las
Del producto total que queda después de la acumulación hay que descontar todavía los gastos del Estado. Desde el primer momento de la toma del poder, el objetivo del Estado obrero es su propia desaparición, de modo que debe haber una tendencia a la disminución progresiva de dichos gastos. Una planificación hipercentralizada e hiperdetallada es, pues, contradictoria con este objetivo, en la medida en que fortalece al Estado en vez de debilitarle. En la planificación socialista, hay que combinar el máximo de democracia y coordinación en la adopción de las decisiones fundamentales (pues si no no sería posible la utilización eficiente de los recursos globales de la sociedad) con la máxima descentralización, esto es, con la máxima aproximación hacia aquellos que tienen las necesidades. Exige, pues, la máxima descentralización del poder.
El resto de los recursos disponibles se dedicaría a satisfacer las necesidade la población, pero en este terreno, también se trataría de hacer retroceder al mercado. En la sociedad actual puede establecerse una jerarquía de las necesidades (fundamentales, secundarias y de lujo) que tiene unas bases fisiológicas y socio-históricas. La planificación socialista debe partir de una tendencia creciente a la distribución directa de los recursos para satisfacer las necesidades fundamentales (reparto directo sin intermedio del dinero); el hecho de que los bienes de consumo fundamentales tengan una elasticidad demanda-precio negativa (el consumo de jabon tiene un limite, por mucho que baje su precio) hace que su consumo no aumente indefinidamente, las necesidades básicas no sociedad decide democráticamente dar prioridad a las necesidades fundamentales se reduce automáticamente los recursos disponibles para la satisfacción de las necesidades secundarias o de lujo. En este sentido, hay que señalar la eficacia del dinero y el mercado como instrumento para permitir una mayor libertad del consumidor sobre los bienes relativamente superfluos, en la medida en la que las necesidades fundamentales están satisfechas. Esto no supone la producción de mercancías, pues no se realiza la misma buscando el máximo beneficio. En este sentido, respecto a las empresas que las producen, tan negativo sería la aparición de pérdidas, pues significarían una dilapidación de recursos no planificada que minoraria los que se dedican a la satisfacción de las necesidades sociales decididas democráticamente, como de beneficios, pues supondría un precio más elevado que el que determinan los costes y, por tanto, una absorción del poder adquisitivo de la población a favor de las empresas que los obtuvieran. Es importante señalar que, en este último caso, la aparición de beneficios podría
incentivar el carácter mercantil producción, justamente lo que se trata de hacer desaparecer. Finalmente, planificación socialista debe promover una significativa ampliación de la gama de actividades y de las relaciones humanas, esto es, debe dedicar recursos para que crezca la civilización.
La planificación socialista está indisolublemente unida a la más amplia democracia. En el capitalismo, el mercado es también un mecanismo a través del cual la sociedad decide qué producir, cómo producirlo y para quien producirlo. Hay un mecanismo de decisión basado en la ideología de que el consumidor, con su dinero, decide soberanamente qué es lo que hay que producir. Suprimido el mercado, quedan una serie de decisiones fundamentales que sólo pueden ser adoptadas democráticamente: qué necesidades sociales a satisfacer, qué combinación entre satisfacción de las necesidades y tiempo de trabajo, etc Ninguna burocracia puese ser eficiente en la distribución de los recursos de la sociedad para satisfacer las necesidades de la misma. Sólo la sociedad en su conjunto, actuando democraticamente, puede conocerlas y decidir cómo satisfacerlas.
7. EL CALCULO ECONOMICO La planificación socialista debe huir de dos extremos. Por un lado, de la búsqueda del máximo de mercado o de la reproducción al máximo de los mecanismos de mercado, porque supondría hacer que juegue plenamente la ley del valor, reproduciría las viejas formas de enajenación, aumentaría la propensión a defender los intereses privados, estimularía el surgimiento de una tendencia al enriquecimiento privado, etc. Por otro, superdetallada de las producciones fisi- de una planificación ultracentralizada cas, que no es adecuada a las necesidades del periodo de transición, no puede ser eficiente y sólo responde a los intereses de la burocracia.
Una vez decidido a priori por la sociedad la tasa de acumulación y su distribución y la proporción de la producción que se dedicará a satisfacer el consumo socialista, que se efectuará mediante el "reparto libre" (que incluye lo que en la actualidaad se denominan "bienes públicos"-sanidad, educación, seguridad social, etc- pero que conforme el desarrollo de las fuerzas productivas lo vaya permitiendo incorporará bienes que actualmente se compran en el mercado), aparecerá el primer problema de equili-
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Jesus Albarracin brio macroeconómico: los fondos monetarios disponibles para el consumo individual se deben de corresponder con la parte de la producción que se dedicará a la misma. Los precios se fijarán de este equilibrio sea posible. Pero, para que la producción sea eficiente, es decir, para que no se dilapiden recursos, es preciso que el cálculo económico ocupe un lugar central.
En una economía planificada, en la que existiera libre elección de consumo(15), el problema del cálculo económico se resolvería con un sistema de ecuaciones que igualarían las demandas y ofertas de cada mercancía. Teóricamente aparecería imposible, pero en la práctica sería factible porque no habría que disponer de una ingente información de todas las ramas de la producción y resolver millones de ecuaciones. A cada factor se le asignaría el valor dictado por la experiencia histórica. Los directores de las industrias socializadas llevarían a cabo sus cálculos como si las valoraciones provisionales fueran correctas: si el valor atribuido fuera alto, aparecería un excedente del factor y si fuera bajo, un déficit. A través de pruebas sucesivas se llegaría a la valoración correcta. Estos precios contables, que serían como los del mercado, producirían las igualaciones entre demanda y oferta, aunque a corto plazo, una mala orientación de los recursos (oferta) o una mala distribución de las necesidades (demanda), harían que aparecieran desequilibrios que con método de "prueba y error" se corregirían.
Las empresas colectivizadas deberán tener autonomía para este cálculo económico, de forma que no es el plan central, sino ellas, el que debe realizarlo, pero los métodos con los que se haga estarán basados en los costes, no en los precios. Sin embargo, en una economía planificada, la libre elección de consumo estará limitada por las decisiones previas que se hayan realizado sobre la acumulación y el consumo socialista, de forma que los criterios serán diferentes uno de estos sectores. En el sector productor de medios de producutilizarán "precios contables" que iterativamente, como se ha descrito
Use irán aproximando a los valores de equilibrio. Se trata de tener un método de cálculo para que la producción sea eficiente, no de reproducir los mecanismos del mercado de forma que la acumulación se dirija a los sectores que éste determina, pues este es uno de los papeles fundamentales de la planificación. El procedimiento será similar en el sector productor de consumo socialista. Sin embargo, en el sector productor de bienes para el consumo individual, no hay ninguna razón para que los precios relativos se ajusten de forma que se cubra la demanda y no aparezcan déficits de producción, pues en su gran mayoría son bienes secundarios y de lujo y se parte de una situación de mayor igualdad social. De todas formas, la planificación deberá tener en cuenta la evolución de los mismos a la hora de asignar los recursos productivos entre las diferentes ramas.
Finalmente queda el problema de los incentivos. En el socialismo, los incentivos morales son fundamentales, pero ninguna sociedad puede funcionar permanentemente sólo con los mismos, por lo que se necesitarán incentivos materiales para que aumente la eficiencia de la producción. Si una empresa socialista consigue reducir sus costes, una parte debe revertir a la sociedad, pero otra puede ser repartida como primas a sus trabajadores. Esto puede introducir una cierta desigualdad social pero, por un lado, como dijo Marx, en la transición hacia el socialismo será imposible eliminar completamente esta contradicción, pues se parte de la supervivencia de la ideología burguesa, y, por otro, debe ser corregido de torma no coactiva educando a los trabajadores en el principio de la solidaridad. No hay ningún mecanismo económico que pueda solucionar las diferencias en la productividad que existen entre las distintas ramas productivas, zonas geográficas, etc. Los trabajadores más productivos deberán ceder parte de sus mejoras para que los menos productivos, que no lo son por su culpa, puedan vivir mejor.
8. LA ENCRUCIJADA
DEL SOCIALISMO REAL Desde Stalin, la URSS se ha alejado considerablemente de la planificación socialista. Se puso en marcha una planificación ultracentralizada que respondía a los intereses de una casta privilegiada: la burocracia. Si a esto se le une la falta de democracia y la sustitución de la clase obrera por esta capa en la toma de las decisiones económica, el resultado no podía ser otro que la ineficiencia, el derroche de los recursos, la corrup ción y la talta de incentivos para los trabajadores. En teoría, el mercado no existe pero, en la práctica, como dice el dicho popular "en el mercado negro de Odessa se puede comprar hasta una bomba atómica".
El alejamiento del objetivo del socialismo llevó a una elección de las priori-
Países del Este
U.S.S.R.
Bulgaria
Checoslovaquia
República Democrática
Alemana
Hungría
Polonia
Rumanía
Yugoslavia
Países Industriales
Austria
Finlandia
Francia
República Federal
Alemana
Italia
Japon
Estados Unidos
Fuente: F.M.I.
79 Jesús Albarracin CRECIMIENTO DEL PIB EN TERMINOS REALES
TOTAL 1951-73 1974-82 1983-88 5.0 2.1 1.9 6.1 2.4 1.4 3.8 1.8 1.8 4.6 2.6 2.1 4.0 1.9 1.4 4.8 0.5 4.2 5.9 3.7 2.9 5.7 5.0 0.9 5.3 2.4 2.3 4.9 2.7 3.4 5.1 2.6 1.8 5.9 1.6 2.4 5.5 2.3 2.7 9.3 3.6 4.2 3.7 1.6 4.3
PER CAPITA 1951-73 1974-82 3.6 1.2 5.3 2.0 3.1 1.1 4.9 2.8 3.5 1.5 3.5 -0.4 4.8 2.7 4.6 4.1 4.9 2.5 4.3 2.4 4.1 2.1 4.9 1.7 4.8 1.9 8.1 2.6 2.2 0.6
1983-88 1.0 1.2 1.4 2.2 1.5 3.3 2.5 0.2 2.3 3.0 1.3 2.5 2.5 3.5 3.3
dades muy negativa. Como resultado de la política exterior de la burocracia, una parte enorme de los recursos productivos se dedicó a la carrera de armamentos, lo que hizo imposible mantener fuertes ritmos de acumulación y elevar el nivel de vida de la población al mismo tiempo. A partir de mediados de la década de los setenta, la necesidad de dar satisfacción a las necesidades populares llevó a un descenso de la tasa de acumulación, lo que ha venido ahora a agravar aún más la crisis. El resultado ha sido que al insatisfactorio nivel de vida se le ha unido una crisis social determinada por la escasez de bienes de consumo y el deterioro de los servicios
Esto ha hecho evidente la quiebra de la planificación burocrática.
La burocracia ha optado por introducir la economía de mercado como remedio para remontar la situación, pero esto supondrá un deterioro de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores aún mayor. la gestión de las empre(1). Según estudios de organismos internacionales, utilizando fuentes estadisticas de ambos países, en 1988, la renta nacional per cápita de la RDA habría ascendido a algo más de 16.000 ostmark y el PIB per cápita de la RFA a 34.000 deuchmark. Al cambio que se ha fijado para la unificación alemana (1 ostmarck = 1 deuchmark), la renta per cápita de la RDA supone el 47% de la de la RFA y, en dólares, no llega al 70% de la del Estado español. Estas, evidentemente, son unas estimaciones optimistas, pues la paridad 1:1 no es real,
(2). La fiabilidad de estas cifras debe ser seriamente cuestionada. Acostumbrados a las falsificaciones estalinistas у a las mentiras de los burócratas, los rusos tienen un chiste amargo: "nuestro pasado es impredecible". Además, no se sabe hasta qué punto las tasas de crecimiento de la producción incluyen la elevación de precios. Pero todos los economistas soviéticos hablan del "estancamiento de los años 60 y 70", de las "dos décadas desastrosas", etc., y es un hecho claro que las diferencias entre los niveles de vida de ambos países son considerables.
(3). En la actualidad, se calcula en
79 Jesús Albarracin sas con criterios de mercado supondrá la pérdida de la seguridad en el empleo y un aumento del paro que, a fin de siglo, se estima que alcanzará los 18 millones de personas. La reforma de los precios, esto es, la elevación de los proservicios básicos ahora subvencionados (una de las formas fundacon las que la planificación burocrática hizo retroceder la ley del valor) supondrá una reducción del salario social y una pérdida de la económica básica que existe en la actualidad. La subida de precios no se verá compensada por una elevación paralela de los salarios, pues también se pretende ligarlos al rendimiento individual. Conforme el mercado progrese, en fin, se acentuará la desigualdad social y privilegios de los burócratas se transformarán en beneficios de capitalis-
La ideología de que el mercado es la panacea de todos los males se ha extendido entre la clase obrera, pero ésta
NOTAS 500.000 millones de rublos (un equivalente a 850.000 millones de dólares al cambio oficial) los fondos acumulados por empresas y familias que no se pueden gastar porque no existen mercancías para ello. De acuerdo con estudios difundidos en una reciente sesión del parlamento soviético, un rublo sólo esta respaldado por 18 kopecs (1 rublo = 100 kopecs) de bienes.
(4). Sobre la experiencia de la planificación en los países del Este véase Catherine Samary: Planificación mercado y democracia. Instituto Internacional de Investigación y Formación. Cuadernos de Estudio e Investigación n° 718. Desde una perspectiva más descriptiva véase Carlos Taibó: La Unión Soviética de Gorbachov, Madrid 1989.
(5). Los objetivos de la producción son cuantitativos, los planes se hacen mecánicamente sobre la base de la inque facilitan las empresas, que tienden a dar como objetivo la producción conseguida en el último período y el Gosplan no confecciona los cuadros de costes.
(6). Un análisis de las relaciones laborales en la URSS puede encontrarse en se opone cada vez que se trata de implantar una medida que avance en su realización práctica. Esta contradicción hará que el proceso sea largo y tortuoso y que, a medio plazo, nada se pueda excluir. La solución de los problemas de la URSS no reside en introducir el mercado, sino en avanzar en la planificación socialista, que no exige más mercado, sino más democracia. Pero esto sólo se puede conseguir acabando con el poder burocrático
En la URSS se ha abierto un proceso de lucha de clases entre los trabajadores y el poder burocrático, que sera largo. En él, los trabajadores irán acumulando experiencias políticas que elevarán su nivel de conciencia, de forma que es pronto para enterrar a la clase obrera. Porque los trabajadores ocupan un lugar central en la superación de la planificación burocrática: que se restaure el capitalismo o, por el contrario, que se avance hacia el socialismo, depende de los artículos de David Seppo: Economía y Sociedad en la URSS de Gorbachov, Inprecor nº 58 (enero de 1988) y La Perestroika dentro de las fabricas, Inprecor nº 63 (septiembre de 1988).
(7). V.I.Kutnezsov: Mirada al interior de la Perestroika, Información Comercial Española 1989. Los datos sobre la importancia de los beneficios de la matia comercial están sacados de aqui.
3). David Seppo: Perestroika y carr
, de armamentos. Inprecor n- 61 (iun 1988).
(9). Los datos se han obtenido del artículo citado de V.I.Kutnezsov.
(10). El déficit presupuestario alcanza ya al 13% del PIB y, para 1990, se estima que ascienda a 120.000 millones de rublos, lo que al cambio oficial supone 200.000 millones de dólares, una cifra superior a la del déficit americano con un PIB menor.
(11). Véase David Seppo: Economía y sociedad en la URSS de Gorbachov, op cit. Un análisis de la Perestroika en sus primeras fases puede encontrarse en los artículos de E. Mandel: Los dilemas
de Gorbachov, Inprecor n° 46 (diciembre 1985) y ¿A dónde va Gorbachov?, Inprecor nº54 (mayo 1987). La crítica de los argumentos actuales de los economistas de la Perestroika puede encontrarse en: C. Samary. Eficiencia economica y justicia social. Inprecor n° 76 (mayo 1990).
(12). Sobre las repercusiones en el empleo de las reformas económicas, analizadas desde una perspectiva de la economía de mercado, véase A. Samorodov. Consecuencias para el empleo de la reestructuración actualmente en curso en la Europa oriental. Revista In-
79 Jesús Albarracin ternacional del Trabajo. Volumen 108 (1989).
(13). E. Mandel. El mito del socialismo de mercado. Inprecor n° 72 (octubre 1989).
(14). Sobre los problemas de la transición hacia el socialismo, véase E. Mandel: La economía del periodo de transición. Publicado en: Fifty years of World Revolution 1917-1967, New York 1968 traducción castellana). Más recientemente puede consultarse la polémica Mandel-Novec: Alec Novec: La economía del socialismo factible, Madrid, Siglo XXI, y Mercado y socialismo, New Left Review, febrero de 1987, y E. Mandel: En defensa de la planificación socialista. Inprecor n° 71 (diciembre 1989).
(15). La defensa del socialismo desde posiciones no marxistas se puede encontrar en: F.M.Taylor y O.Lange: La teoría económica del socialismo (Barcelona 1969). Desde una perspectiva marxxista, véase: M.Dobb: El calculo económico en una economía socialista (Barcelona 1970) y C. Bettelheim: Problemas teóricos y prácticos de la planificación (Madrid 1962).