Los acontecimientos en el Golfo Pérsico dominan la escena política internacional, en cualquier momento puede producirse una conflagración de incalculables consecuencias.
Publicamos un análisis de Salah Jaber sobre las causas de la crisis, así como un recuadro con el punto de vista del autor sobre los problemas específicos en torno a la anexión de
NOTAS: (1). Estas metáforas cinematográficas están inspiradas por el tratamiento del mismo género consagrado por los medios de información americanos a este conflicto. Sólo hay que ver el título genérico utilizado por la cadena americana CBS: "Crisis en el Golfo".
Crisis del Golfo
LA NUEVA CRUZADA
IMPERIALISTA
Kuwait. Por segunda vez en tres años, una formidable armada imperialista multinacional se concentra en las aguas del Golfo Pérsico y en sus accesos. El objetivo fundamental es el mismo, es decir, la defensa y la consolidación de la dominación imperialista sobre esta región del globo. Una región de la mayor importancia estratégica, puesto que produce la mayor parte del petróleo que se exporta en el mundo y contiene la mayoría de las reservas planetarias de este carburante, que sigue siendo la principal fuente de energía en el mundo eco-ilógico en que vivimos.
Sin embargo, el escenario de la nue va cruzada imperialista es muy distinto en muchos aspectos al de 1987: En esta ocasión el "malo" no es iraní, sino iraquí; la intervención imperialista se hace con la cobertura de la ONU, como en la guerra de Corea, con la diferencia además de que hoy - signo de los tiempos!: cuenta con la ignominiosa complicidad de la URSS y China; finalmente, esta vez los socios árabes o musulmanes del imperialismo están a su lado, directamente implicados en las operaciones.
Esos aliados son, además de los diversos emires del Golfo, la monarquía saudita transformada en gigantesca base militar americana; el Egipto de Mubarak, segundo beneficiario mundial de la ayuda americana después de Israel; el Marruecos de Hasan, que tiene el descaro de intervenir contra la anexión de Kuwait mientras mantiene su guerra de anexión del Sahara Occidental; el Paquistán de los militares ligados al Pentágono. Junto a todos ellos la Siria baasista, hermana y enemiga de Irak, que logra a cambio una sustancial
Salah Jaber contribución saudita y kuwaití a la solución de sus graves problemas financieros.
Si el escenario es diferente, el presupuesto de producción también es considerablemente mayor (1): sólo el coste del despliegue americano rebasa los mil millones de dólares al mes. Los efectivos militares desplegados por Washington en el lugar del conflicto alcanza ya los cien mil (el Pentágono ha tomado meidas para enviar el doble). El montaje destructor y asesino concentrado in situ por los Estados Unidos es absolutamente impresionante: no falta ninguno de los últimos dispositivos de la masacre electrónica, desde el avión de bombardeo invisible hasta el último modelo de carro, pasando por toda la gama más reciente de misiles. Desde hace 17 años -es decir, desde la retirada americana de Vietnam- nunca se había presenciado una acumulación similar de fuerzas imperialistas de intervención. En otras palabras, a pesar de la enorme distancia que separa la sanguinaria dictadura de Sadam Husein de la revolución vietnamita, en un aspecto fundamental lo que se juega en el actual enfrentamiento es comparable al de 1965-1975 en Indochina: su salida determinará para todo un periodo el grado de hegemonía mundial político-militar del imperialismo americano, particularmente sobre el Tercer Mundo. Liberado del "síndrome de Vietnam" y en un mundo en el que la disuasión soviética es más débil que nunca, el imperio americano no reconocerá límite alguno. Por esta razón resulta de extrema importancia y urgencia que el conjunto de las fuerzas anti-imperialistas del mundo se movilicen para impedir la agresión imperialista y, si tiene lugar,
(2). Era la época consecutiva a la guerra árabe-israelí de octubre de 1973, colocada bajo el signo de la solución negociada de este conflicto. (3). Ver "El imperialismo y la guerra del Golfo", en Inprecor francés, número 255, 15 de diciembre de 1987.
9 de septiembre cumbre de Helsinki actuen para lograr su fracaso o ai menos hagan que pague el precio político más elevado posible.
A este respecto no hay que extrañarse de que hoy en día la movilización imperialista tenga en el punto de mira una dictadura burguesa y no fuerzas de naturaleza anticapitalista, como fue el caso de China, Corea o Indochina. En realidominación imperialista no es menos dura frente al nacionalismo burgués, cuando tiene la osadía de amenazar sus intereses vitales, que frente al nacionalismo anticapitalista. Después de todo, en la historia moderna sobran los ejemplos de dirigentes burgueses del Tercer Mundo condenados públicamente por el imperialismo: sin ir más lejos el argentino Perón, el egipcio Nasser o el FLN argelino también fueron comparados en su tiempo con Hitler. Recientemente el libio Gaddafi, el sirio Hafez El-Assad, la OLP sin duda y sobre todo Jomeini han merecido en algún momento este calificativo. El "nuevo Hitler" Desgraciadamente es cierto que, de todos los casos citados, la dictadura de Sadam Husein es la más parecida al totalitarismo de tipo "nacional-socialista" (nazi): El tirano de Bagdad llegó al poder en 1968 por medio de un golpe contrarrevolucionario, cuyo primer objetivo era el aplastamiento simultáneo del foco guerrillero de inspiración guevarista surgido en el sur del país, y de la escisión de izquierda (1967) del Partido Comunista Iraquí (PCI) en vias de relacionar-
Durante los diez años siguientes (1969-1979) Hussein aplastó implacablemente toda fuente de oposición a su dictadura personal, incluso la más mínima manifestación de autonomía respecto a su perso-
La rebelión kurda fue bañada en sangre, no menos sangrienta fue la represión de los comunistas de cualquier tendencia, e incluso de las facciones de su propio partido, el Baaz (Partido del Renacimiento Arabe Socialista). Todo grupo o individuo recalcitrante fue liquidado o neutralizado. La irresistible ascensión de Saddam Hussein culminó con la concentración en sus manos de todo el poder, antes de la guerra que desencadenó contra Irán en septiembre de 1980. Para consolidarse organizó un culto oficial a su personalidad tan repugnante, pesado y grotesco como todas las mascaradas de este tipo.
La dictadura de Saddam Hussein des-
cansa en una burocracia civil, militar y policiaca organizada en círculos concéntricos muy determinados por la pertenencia a la familia, al clan o la provincia (Takrit) del tirano. Los privilegios de esa burocracia se aseguran con la renta petrolera del Estado iraquí. Sin embargo, ni esa renta es capaz de vez, las necesidades de desarrollo de un país que casi no tiene otra fuente de divisas que el petróleo y debe importar esencial de su consumo alimenticio; el costo del mantenimiento de una base social lograda por medio de diversas gratificaciones y prebendas, incluyendo el mantenimiento de una burocracia satisfecha; el enorme presupuesto militar que requiere tanto la "pacificación" permanente del Kurdistán bajo dominio iraquí, como el enfrentamiento con vecinos hostiles que mantienen algún contencioso con Bagdad, sea de carácter territorial (el Irán del Sha, y luego el de los mollahs), de aguas (el problema del Eufrates con Turquía) o político (Siria).
En 1974 se desencadenó una guerra de liberación en el Kurdistán irakí. Los rebeldes contaron con el apoyo del Sha de Irán, los Estados Unidos e Israel; el objetivo del imperialismo y sus aliados era hacer retroceder a un régimen irakí en plena competencia nacionalista, anti-sionista y antimperialista con sus rivales árabes(2), Egipto y Siria, que también aspiraban al liderazgo regional. Al año siguiente el poder baasista, que aún no había sacado partido del boom petrolero de 1974 para su armamento, estuvo a punto de ser derrotado. Fue obligado a comprar su supervivencia arreglando su contencioso territorial (terrestre y fluvial) con Irán bajo las condiciones del Sha: ése fue el sentido del acuerdo de Argelia, de marzo de 1975. A cambio, Teherán cortó brutalmente su ayuda y acabó con el santuario concedido a los kurdos; cuyo combate terminó en una debacle, por haber escogido en mal momento aliados tan poco fiables y malintenciona-
Los años siguientes, años de tregua para Bagdad, se consagraron al perfeccionamiento de la dictadura totalitaria de Saddam Hussein; así como a la utilización de unos ingresos petroleros considerablemente aumentados y de las facilidades de crédito con què contaba; en virtud de la regla capitalista que hace que "sólo se preste a los ricos". El régimen iraquí, despotismo ilustrado burgués en el terreno socio-económico, supo apuntar en su haber algunas realizaciones positivas: trabajos de infraestructura, inversiones industriales y agrícolas, alfabetización y educación, mejosupresión parcial de la enseñanza reli giosa en los programas escolares. Al mismo tiempo extendió su clientela social a través de la hipertrofia del aparato administrativo, político y policíaco. Y, sobre todo, se dotó de considerables medios militares, en el contexto del frenesí de compra de armamento, tradicional y sofisticado, que vivieron todos los Estados petroleros de la región (terreno en el que se llevó la palma el Irán del
En efecto, la venta de armas a los países petroleros era y sigue siendo uno de los principales medios de los Estados imperialistas y de los Estados obreros burocratizados para reciclar los capitales que desembolsan a cambio de sus importaciones de oro negro. La industria del armamento constituye un elemento central de la mayor parte de las economías de las dos categorías de Estados
El Irak de Saddam Hussein se equipó con armamento conseguido, prioritariamente, de los paises menos relacionados con el Sha de Irán, que no contribuyeron a hacerle doblar la rodilla en 1975. Es decir, se dirigió a la URSS y sus satélites, por una parte, y al imperialismo francés, que desde 1974 considera a Bagdad como su cliente privilegiado en Oriente Medio, por otra. En el terreno civil los franceses compartieron el pastel iraquí con alemanes y japone-
La presencia en su flanco del ejército imperial iraní tenía un efecto a un tiempo disuasivo y frustrante sobre la dictadura iraquí, que soñaba con reparar la afrenta sufrida en 1975. Consciente de las ventajas militares objetivas de Irán (una población tres veces mayor, y medios financieros más importantes que le daban una capacidad de armamento superior) Irak intentó, sin éxito, comprar a la Siria de Hafez El-Assad (proyecto de unión abortado en 1979) y elevarse al rango de dirigente regional árabe, dado el aislamiento de Egipto tras los acuerdos con Israel firmados por Sadat en Camp David, bajo padrinazgo ameri-
La caída del régimen del Sha en 1979, con el inicio de la crisis del ejército iraní que le siguió y la ruptura en 1980 entre ese ejército y su principal tutor y aproveedor, los Estados Unidos. ofrecieron a Saddam Hussein una ocasión inesperada para tomarse la revancha sobre su vecino. Un riesgo gustosamente admitido, además, puesto que el nuevo régimen de los mollahs desplegaba una intensa propaganda "islámica" contra el poder ateo" de Bagdad, dirigiéndose en particular a los chiitas, mayoritarios entre la población iraquí (mientras que el clan de Saddam es sunita).
El déspota iraquí buscaba varios objetivos atacando a Irán: primero, borrar su capitulación de 1975 (antes del inicio de hostilidades declaró caduco el acuerdo de Argel con el Sha); después, aprovechando el desmembramiento del imperio persa iraní, apoderarse de la región de Khuzistán (Arabistán), principal región petrolífera de Irán, poblada por una minoría étnica árabe oprimida (lo que habría hecho de Irak el principal exportador mundial de petróleo, reforzando considerablemente su potencia); finalmente, afirmarse como potencia regional dominante, haciendo que financiaran el esfuerzo de guerra iraquí los otros Estados petroleros del Golfo, tan inquietos como Irak ante el comportamiento subversivo del régimen jomeinista.
Estas eran los motivos de Bagdad en su guerra contra Irán: motivos de tipo nacionalista burgués y expansionista; no una maniobra dirigida desde Washing ton, como quiso demostrar cierta actitud maniquea de apoyo a Irán que ya criticamos(3). Esa visión de las cosas es incapaz de integrar con un mínimo de coherencia ni el Irangate, ni evidentemente el actual comportamiento del ré-. gimen iraquí.
La apuesta hecha por Saddam Hussein en 1980 era muy arriesgada, incluso aventurera. Llevado por sus ambiciones de megalómano, sobrestimó gravemente la capacidad de su ejército frente a un país tan extenso y poblado. No había previsto que su invasión de suelo iraní suscitaría una conmoción nacionalista persa, que reforzó la cohesión del régimen de los mollahs y con ello su capacidad de resistencia y posteriormente. de contra-ataque. Desde 1982 el ejército iraquí se empantanó fatalmente en Iran, luego debió batirse en retirada. Después, la guerra continuó en suelo iraquí. En ese momento, el nacionalismo expansionista persa-chiita de los mollahs iraníes cometió los mismos errores que su enemigo había cometido antes. Al precio de una horrorosa tensión de las capacidades de la población iraquí, con el redoblado apoyo de sus proveedores de fondos y de armas tanto del Este como de Occidente (espantados ante la perspectiva de una victoria iraní), y recurriendo de manera graduada a la horrible disuasión del armamento químico, el régimen iraquí pudo volcar de nuevo la situación a su favor. Un resistente palestino quema una bandera estadounidense
(4). Hay que considerar, al respecto, una idea extendida según la cual Kuwait actuaría para bajar los precios del petróleo en el único interés de los imperialistas. Esta idea, válida en parte para Arabia Saudita, no lo es en realidad para el Estado de Kuwait, más autónomo en la búsqueda de sus propios intereses que el reino vecino. En realidad, si los kuwaitíes exportan más de lo que deberían para las necesidades intangibles de su Estado, es efectivamente porque ellos buscan maximizar sus ganancias como todo capitalista. La capitalización en el extranjero de los ingresos derivados de su petróleo -arte en el que se han vuelto maestros, ganándose la admiración del gran capital internacional- les es mucho más beneficioso que dejarlo en el subsuelo, donde su precio real declina inexorablemente. (5). El interés bien concebido de los comerciantes iraníes que, como se saabe, son la clase privilegiada del régimen de los mollahs, sería, por otra parte, el de desbaratar el bloqueo de Irak, al alto precio que éste no dudará en pagar (en petróleo, si es necesario).
Demostración palestina en Jordania contra la intervención imperialista
Irán tuvo que aceptar, en 1988, el alto el fuego que había rechazado obstinadamente cuando aún contaba con una posición de fuerza. Irak salió moralmente vencedor de la loca aventura guerrerista emprendida por su tirano, pero ¡A qué precio! Más 300 mil muertos, sólo en Irak y un número mucho mayor de heridos, lisiados, viudas y huértanos, etc.; un costo material global (destrucciones, beneficios no realizados, esfuerzo de guerra) de casi 250 mil millones de dólares; más de 60 mil millones de dólares de endeudamiento: ¡Una auténtica victoria pírrica! Además, no se resolvió el contencioso con Irán; de ahí la necesidad de mantener un ejército de un millón de hombres, cantidad totalmente desmesurada en relacion a una población total que las estimaciones más generosas cifran en 17 millones (es decir, juno de cada 17 habitantes esta en el ejército!).
Antes incluso de la guerra contra Irán, la utilización de una parte importante de la capacidad productiva del pueblo iraquí en el aparato militar o burocrático, así como la falta de mano de obra cualificada y la política chovinista de colonización árabe de zonas kurdas; condujeron a Irak a recurrir a un gran contingente de trabajadores inmigrantes egipcios (cualificados o campesinos). Su número creció considerablemente durante la guerra, hasta llegar casi a los dos millones. El resultado fue la situación siguiente: un millón de iraquíes movilizados fueron reemplazados en la producción por egipcios, gran parte por los monarcas y emires
En cierto. sentido, Irak se convirtió en una réplica árabe del Estado israelí: un Estado armado hasta los dientes, cuya función militar determina su razón de ser en la división internacional (Israel) o regional (Irak) del. "trabajo". Salvo que el equivalente proporcional para Irak de la financiación americana de Israel representaría 20 mil millones de dólares anuales. Si se restara de ese total la renta petrolera iraquí, Saddam aún necesitaría una finaciación anual de unos 10 mil millones de dólares; sin contar la enorme factura de la reconstrucción del país y el peso de la deuda acumulada. Más o menos la renta petrolera de Kuwait para el esfuerzo militar, y los capitales kuwaitíes colocados en Occidente para la reconstrucción... Hussein, prisionero de su dinámica belicista La tentación era inmensa, máxime cuando estaba creciendo la crisis financiera del régimen iraquí. Acabada la guerra los socios capitalistas del Golto redujeron sustancialmente sus desembolsos. Saddam Hussein se sentía atrampado por una extorsión sin tin, el apetito de Irak militarizado era insaciable. Nadie se hacía ilusiones en la recuperación de los numerosos "préstamos" baasista. En consecuencia, las finanzas iraquíes comenzaron a hundirse. Irak era cada vez más incapaz de cubrir sus antiguas deudas, lo que le imposibilitaba nuevas. Francia, que hasta entonces le empujaba al consumo, cortó los créditos y retuvo sus en-
El nivel de vida de la población iraquí, mantenido a brazo partido durante guerra, comenzó a caer vertiginosamente. Se imponía "desengrasar", lo que se tradujo, no sin dificultades, mienzo del despido de trabajadores egipcios. Con la previsión de que el resentimiento popular crecería, Sadam intentó soltar lastre de igual forma que
otras dictaduras de economía estatalizada: facilidades al sector privado y farsa electoral con distintas candidaturas (todas adictas al déspota). Pero, dada la gravedad del problema, no fueron estos
Así, a través de la amenaza directa; el dictador intentó arrancar a los emires del petróleo los fondos que le negaban. Exigiéndoles mente la deuda de Irak y que le entregaran una contribución sustancial para la reconstrucción del país. Sólo a Kuwait, el más vulnerable por ser fronterizo y minúsculo, le exigió 30 mil millones de dólares. Después de todo, ¿no había combatido también por sus intereses? ¿No había defendido "la puerta oriental de la nación árabe" contra el peligro persa jomeinista? ¿No era razonable que los emires pagaran en dólares, habiendo pagado Irak en vidas humanas? Ante su obstinada negațiva Saddam se dedicó a recordar, a gritos y dirigiéndose a lrán (muy interesada en este aspecto del conflicto), que Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos (EAU), por su codiciosa terquedad exportando mucho más petróleo del que justifican las necesidades reales de sus Estados liliputienses (4), son en gran medida los responsables de los bajos precios del petróleo, y que, en consecuencia, han hecho perder miles de millones de dólares al resto de exportadores y sus necesitadas poblaciones. En julio pasado, Saddam amenazó públicamente a los emires con recurrir a la fuerza. No hizo más. Agrupó tropas en la frontera con Kuwait sin resultado alguno.
El emir de Kuwait siguió obstinándoManifestación en Tunez a favor de Sadam Husein estimulado por los sauditas, Bretaña y los Estados Unidos, muy inquietos por la jugada iraquí. Saddam no tenía otra alternativa: doble o nada. O se resignaba a la inevitable caída de su régimen, renunciando a sus pretensiones de gendarme regional y reduciendo sus fuerzas armadas; al tiempo que se enfrentaba al descontento popular y a los innumerables enemigos que tienen cuentas pendientes con él. O huía hacia adelante, con la falsa ilusión de un éxito Falsa porque, una vez más, la megalomanía del personaje no le dejaba ver sus límites en relación al tamaño de sus De la megalomanía al aventurerismo El 2 de agosto, las tropas iraquíes cayeron sobre el territorio de. Kuwait casi tan alegremente como si se tratara de maniobras de rutina. Una vez más quedó patente la improvisación política de Saddam Hussein. Para él, como para Napoleón: "se avanza y después veremos", valiosa máxima a condición de contar con una vía de retirada. Pero lo caracteristico del aventurerismo es precisamente descuidar este segundo aspecto. Al principio se declaró que las tropas iraquies intervenian a petición de un poder "revolucionario" kuwaití, imitando la forma de intervención de la URSS. Pero era evidente la falta en Kuwait de un nímino de preparación política de la recien decidida invasión.
Saddam anunció su intención de retirarse, intentando obtener a cambio el objetivo que le llevó a atravesar el Rubicón. Sus íntimos amigos de los últimos tiempos, el rey Husein de Jordania y Yaser Arafat, ofrecieron su mediación para lograrlo. Pero para los emires todavía era más impensable ceder en esa fase, más aún cuando el imperialismo mundial se movilizaba en su ayuda. La dictadura iraquí tampoco podía retroceder so pena de perderlo todo y pasó, entonces, a la anexión pura y simple del territorio kuwaití. Aprovechando el momento para recordar que, durante mucho tiempo, Irak había reivindicado este el que Gran creó un "Estado independiente"
Desde ahora, con el despliegue imperialista, el doble o nada de Hussein resulta una apuesta fatal. Podría aceptar una solución de compromiso que supusiera alguna ganancia financiera o territorial. Pero ahora la obstinación viene de Washington, que en adelante controlara directamente el juego. Bush, avalado por Thatcher, Mitterrand y otros acólitos, es categórico: ninguna concesión; retirada iraquí incondicional. Atrapado en el engranaje, Sadam Husein se prepara para la prueba de fuerza. Dado el tamaño del reto lo más lógico era retirarse del frente iraní. Una nueva pirueta tampoco importaba mucho, aceptó todas las condiciones de Teherán para poner fin al estado de guerra entre los dos países. Se volvió al mismo acuerdo de Argelia de 1975, que había denunciado en 1980. De nuevo el nacionalismo árabe del déspota cambió de objetivo: "el Occidente cristiano" sustituyó a los "persas". Cuando se piensa conseguir Kuwait, salida marítima natural de Irak, uno puede ceder la mitad del Chatt El-Arab a los iraníes, primos étnicos y hermanos del islam.
Encantado con este regalo del cielo, el gobierno de los mollahs no se hizo de rogar para aceptar la oferta, a la vez que gozaba del espectáculo de Irak sufriendo ahora, multiplicada por cien, la hostilidad de la "comunidad internacioincluidos quienes hasta ayer lo armaban y financiaban contra Irán. En la comedia que es la política en Oriente Medio, Washington ha llegado a proponer a Teherán una alianza contra Bagdad, pidiéndole que concentren sus tropas frente a Irak. Por ahora ésta ha declinado prudentemente la oferta del Gran Satán, con el que no tienen interés superviviente in Irangate, sabe algo al respecto. Los intereses del Gran Satán ¿Por qué el imperialismo mundial se ha movilizado a ese nivel y se muestra tan intransigente? Hay que preguntárselo porque, en el fondo, el petróleo de Kuwait ya no era propiedad de los Estados
(6). The Guardian weekly,, volumen 143, número 9. (7). El imperialismo francés, que ha invertido mucho en Irak, quisiera ver la economía iraquí saneada por la reducción de los gastos militares e improductivos del Estado. Su interés es que esto se haga sin mucho daño, para preservar la capacidad de pago y. de importación iraquíes. De ahí el poco entusiasmo por una agresión directa contra Irak. (8). Gaddafi también tuvo su Kuwait en Chad (la banda de Aüzu).
Unidos ni de sus acólitos, como tampoco lo es el de Irak. Algunos lo han entendido como una batalla por el precio del petróleo; pero el imperialismo es lúcido en materia de comercio. Es evidente que la OPEP sólo tiene un medio de influir sobre el precio, reducir el volumen su producción. Ahora bien, Sadam Husein no invadió Kuwait para cortar la exportación de petroleo del emirato. Muy al contrario, está más interesado aún que los propios emires en exportar
Les reprochaba producir más de lo que necesitaban; pero las necesidades de Hussein son inmensas. Los exportadores que realmente pueden influir sobre el precio son aquellos que tienen un gran margen de maniobra entre su enorme capacidad exportadora y necesidades fijas, como Arabia Saudita, Kuwait o los EAU.
Respecto al "derecho internacional" evocado por la comunidad de hipócritas hay que decir lo de siempre. Sólo en los últimos 25 años hubo tal cantidad de invasiones y anexiones, de jure o de facto, que resultan difíciles de contar. Empezando por las anexiones: Israel ocupa desde hace 23 años, en parte anexionados oficialmente, territorios árabes tan poblados como Kuwait; Irán se apoderó en 1971 de tres islas del golfo pertenecientes a los EAU; Marruecos se apropió en 1975 el Sahara Occidental. Estos niños mimados del imperialismo nunca sufrieron el menor castigo de sus padrinos. Además, ¿habrá que recordar que las tres grandes potencias imperialistas a la cabeza del conflicto tienen "anexionados" muchos territorios de "ultramar"? Soldados americanos en Arabia saudita
¿Se hicieron en aplicación del "derecho internacional" las ocupaciones e invasiones de la historia reciente? Las de Estados Unidos del Vietnam a Panamá, pasando por la de Turquía a Chipre, de Africa del Sur a Angola, del mismo Irak a Irán y de Israel a Líbano, incluso de la URSS a Azerbaiyán y a Lituania. ¿No merece el apartheid surafricano al melos el mismo ardor en las sanciones y l embargo que la anexión de Kuwait? Burda hipocresía la del discurso sobre el "derecho" cuando procede de quienes se burlan de él a lo largo y ancho del
Entonces, ¿Cuáles son en realidad los móviles del imperialismo frente a Irak? Comencemos por las razones de oportunidad, las que han hecho de la invasión iraquí de Kuwait un buen pretexto. En particular para Estados Unidos, seguidos de Francia y Gran Bretaña, es el argumento para atajar cualquier petición de recorte sustancial de los presupuestos militares. La presión en sentido era muy fuerte en los últimos tiempos, sumando la necesidad de reducir el déficit presupuestario, la distensión Este-Oeste y las sirenas del desarme.
La principal lección sacada por Bush, unos días después de la operación iraquí (discurso de Baltimore), es que no hay que tocar los presupuestos destinados a armamento y prepararse para hacer frente a los nuevos peligros que amenazan a los intereses americanos, que no dejarán de surgir, como en el caso de Irak, a pesar de la debacle so-
Corolario: cuando empieza una nueva
Un marinero carga armas antimisiles recesión las medidas de austeridad SOcial son indispensables. Si hay que recortar los presupuestos es preciso hacerlo en este terreno. Por otra parte, de nuevo son los exportadores de petróleo los responsables de la crisis. Si Sadam es el Hitler de los tiempos modernos, es necesario prepararse a derramar "sangre, sudor y lágrimas" en defensa de los grandes principios. Se puede uno imaginar lo que Ronald Reagan, mucho mejor actor que Bush, hubiera añadido al show en la misma ocasión y sobre el
Pero Estados Unidos se juega algo todavía más importante. Cuando el poderío económico del imperio americano decae profundamente ante la competencia alemana y japonesa, los Estados Unidos quieren equilibrar la balanza jugando con su incontestable supremacía militar. El mensaje es claro: "somos el gendarme del mundo, los protectores del orden imperialista, pero nos sale caro. Mientras otros, que se benefician tanto como nosotros o más del mantenimiento de ese orden, no estan en condiciones de contribuir eficazmente a ello (por ejemplo: dependen más que nosotros del petróleo del Golfo). Luego es justo que contribuyan a financiar nuestro esfuerzo y nos concedan también, como compensación, ciertas ventajas comer-
Esto es en esencia lo que declaró públicamente Bush el 30 de agosto. La arrogancia del imperialismo yanqui ha llegado al colmo.
cuanto a las razones intrínsecas de la intervención imperialista en el Golfo son sobre todo de dos tipos. Por una está la defensa de los Estados ,y saudita (y de los EAU). Una vez más el "derecho" no tiene nada que realidad las clases dirigentes kuwaití y saudita forman parte del capital imperialista mundial desde hace mucho tiempo. No porque sus Estados, sin duda dependientes, sean Estados imperialistas, sino en el sentido de que esas clases han colocado ("reciclado") en las economías de las metrópolis imperialistas la mayor parte de los ingresos producidos por la renta del petróleo.
Al respecto, El Guardian de Londres publicó recientemente(6) un artículo muy interesante. Dió una lista de las principales partidas de los 100 mil millones de dólares de inversión del Estado de economías industrializadas. Según ella Kuwait es el principal inversionista extranjero en Japón y el Estado español, y uno de los principales en Gran Bretaña y Estados Unidos. Pero la gran innovación del articulo es introducir el concepto de "economía en
, reterido a los inmensos habe res del Estado kuwaití, que hoy no tiene la forma de posesión del Estado de estas clases dirigentes combina la de un señorio feudal y la del consejo de administración de una sociedad anónima. Ningún control ajeno impidisposición de los "públicos": el Estado son ellos, sin duda. Son holdings multinacionales cuya territorialidad no es esencial. El imperialismo los defiende como defendería a cualquiera de sus grandes grupos.
Además, la utilización de la renta del petróleo es, más o menos, un asunto tan interno a las economías imperialistas como si sus mismas compañías fueran las beneficiarias (e incluso más, porque una parte nada despreciable tiene una utilización no productiva o no rentable para el comprador, pero muy rentable para el vendedor imperialista, lo que no sucedería con compañías privadas normales). Para Estados Unidos la Arabia Saudita es un segundo Texas. Para Gran Bretaña, la Kuwait Investment Office (KIO), que posee el 10% del Midland Bank y de British Petroleum (BP), es equivalente a un gran grupo inversor bri-
Lo que interesa a los imperialistas no es, en si misma, la propiedad kuwaití o saudita de los campos petrolíferos. Irak no amenaza su abastecimiento de petróleo, porque está obligado a venderlo / siempre lo ha hecho, igual que otros _es interesa el uso de la renta petrolera su reciclaje en sus economías por Estados exportadores ricos debido a su escasa población en relación a sus ingresos. Es el escandaloso concepto de "excedente de capitales" aplicado a Estados, divididos artificialmente, en una región del mundo donde el resto están agobiados bajo el peso de la deuda y la
A esta razón económica(7) se añade un móvil de tipo político-militar. El imperialismo no tolera que se consolide en el mundo una potencia regional militarmente fuera de su control, un Estado con ambiciones hegemónicas en competencia directa con la hegemonía imperialista. Irak es precisamente esto: una potencia regional incontrolable por el imperialismo. No independiente, porque el país es estructurlamente dependiente en todos los terrenos, con la excepción del petróleo ... y los dátiles. y dependiente en primer lugar con relación al armamento. Pero si incontrolable, como puede serlo la Libia de Gadafi, con una evolución política imprevisible por el imperialismo porque escapa a su lógica y puede, como en este caso, entrentarsele. Con la notable diferencia de que el potencial militar de Sadam Husein es mucho mayor que el de Gadafi(8).
Cuando, además, esa potencia incon-
(9). La abstención de Cuba en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre la misma cuestión es deplorable de parte de un país que tanto ha sufrido el bloqueo americano. (10). Se trataría, para ellos, de levantar un obstáculo a una solución del conflicto del Golfo. (11). La facilidad con la que hoy en día se evoca la posibilidad de recurrir a las armas nucleares en respuesta a la utilización por parte de Irak de las armas químicas es completamente alarmante.
trolable cuestiona la división de los Estados del mundo realizada por las grandes potencias, al margen de las realidades nacionales y otras, y plantea el peligro de sentar un precedente contagioso... Entonces ha llegado el momento
Exactamente eso se trata ahora. No hay que dejarse engañar: Moscú y Pekín sólo hacen el hipócrita cuando hoy, después de dar cobertura en la ONU a la intervención imperialista, actúan como si sólo hubieran avalado el bloqueo y se opusieran a una ofensiva militar contra Irak(9). ...como Cartago por los romanos Las potencias imperialistas no quedarán satisfechas simplemente con la vuelta al statu quo anterior, que dejaría a Irak un botín de guerra y la posibilidad de preparar nuevas aventuras del todo inaceptables para el imperialismo. Estan angustiadas con la idea de que Irak, que cuenta ya con armamento quimico, pueda reforzar sustancialmente su fuerza de disuasión accediendo al club nuclear. Para Bush, Thatcher & Co., la consigna del momento es clara: hay que destruir a Sadam Husein, como Cartago tue destruida por los romanos.
Con ese objetivo contemplan dos posibilidades. La primera seria el derrocamiento interno (incluso el asesinato) de Sadam Husein. Es el terreno de los servicios secretos, con la CIA a la cabeza y seguramente con. colaboración israe
), el terreno de la acción secreta acti vamente preparada. Las posibilidades a este nivel parecen escasas. Sadam Husein es un especialista en el tema: se mueve de bunker en bunker con todo lujo de precauciones y su control policial del aparato de Estado es particularmente estrecho. De hecho la CIA ya intentó en varias ocasiones eliminar al dictador iraquí, por ejemplo en 1985-86(10) de acuerdo con los sauditas. Ni siquiera logró hacer vacilar su régimen.
Queda la alternativa militar. Sin embargo, los imperialistas saben que la opinión pública de sus países aceptaría de muy mala gana que un buen número de los suyos cayeran en combate por el emir de Kuwait o la monarquía saudita, la más reaccionaria del mundo, mas represiva que el mismo régimen de Sadam Husein y mucho más retrógrada.
Pero sin la menor duda todo enfrentamiento terrestre, cualquiera que sea la táctica adoptada, tendría un alto precio en vidas humanas frente a un ejército iraquí curtido por ocho años de lucha contra un enemigo superior en número.
La principal misión de las fuerzas de tierra americanas desplegadas en Arabia
Men efecto la protección del reino, en especial de las zonas petrolíferas limítrofes con Kuwait e Irak.
La principal opción ofensiva es aérea.
Ese es el talón de Aquiles de Irak que, aunque cuenta con algún sofisticado juguete de combate aéreo y defensa antiaérea, sigue siendo indigente y vulnerable en ese aspecto. Dado que la aviación iraní estaba en un estado ruinoso, sobre todo por la falta de repuestos americanos (el Irangate), Irak no ha tenido una experiencia real de combate frente a una aviación de punta. configuración desértica de la región la hace un terreno ideal para que la aviación juege un papel decisivo, como han demostrado las guerras árabe-israelíes desde 1967.
El Pentágono tiene ya elaborado un plan de destrucción aérea masiva de los objetivos estratégicos de Irak (concentraciones militares, fábricas de mentos, infraestructura, comunicaciones y equipamiento energético). Los genera les americanos se preparan para "planchar" Irak bajo una diluvio de bombas. Se felicitan ante la perspectiva de tener por fin una ocasión seria para utilizar sus artefactos homicidas, como el Stealth, avión de bombardeo muy criticado por su costo prohibitivo. Si les dan luz verde organizarán en la vida real un Apocalypse now || parte(11). Tal acción es la menos costosa en soldados de las opciones militares del imperialismo, y destruiría si no el régimen de Sadam Husein al menos su poderío militar.
Los mayores riesgos estan en eventuales consecuencias a nivel internacional y arabe, que estan sopesando los guionistas de Washington. Algunos señalan el riesgo de que arda todo el mundo arabe, en una especie de Intifada a mucha mayor escala que sufrirían los socios árabes del imperialismo. Por otra parte, estos están ya muy preocupados con la perspectiva de una ofensiva militar imperialista de gran envergadura contra Irak. Intentan, por adelantado, lavarse las manos ante sus pueblos. En cualquier caso las fuerzas imperialistas no se retirarán de la región hasta haber neutralizado irreversiblemente a Irak, con o sin Sadam Husein. Se juegan la autoridad y la hegemonia del imperialismo mundial.
Por esta razón la gente revolucionaria no debe dudar, sea cual sea la aversión que puedan sentir por el déspota iraquí. Hay que estar totalmente en contra de la intervención imperialista, por la retirada de las tropas imperialistas y por el cese del bloqueo que padece el pueblo iraquí. En particular esa es la tarea de los revolucionarios y revolucionarias de los países que participan en la intervención. El imperialismo debe pagar el precio más caro por su agresión a Irak. En los países árabes es necesario preparar numerosas intifadas, no a favor de Sadam Husein, sino en contra de la agresión imperialista y de quienes son complices de ella. En todo enfrentamiento entre Irak y los imperialistas, resueltamente al lado del primero.
4 de septiembre de 1990