Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

¿Socialismo de mercado o socialización del mercado?

· Inprecor n.º 78, septiembre de 1990 · pp. I-XV · 15.101 palabras

¿SOCIALISMO DE MERCADO

O SOCIALIZACION DEL MERCADO?

Para muchos economistas socialistas, tanto en los países capitalistas como en los de "socialismo real", alabar las virtudes del mercado y criticar las deficiencias de la planificación pasa por ser un ejercicio de sentido común. Sin embargo, también ha habido defensas enérgicas de formas de coordinación económica no mercantiles, en particular la de Ernest Mandel, pero creo que no dan una respuesta totalmente satisfactoria a los defensores del socialismo de mercado. Este artículo discutirá los argumentos presentados por Mandel en un número anterior de INPRECOR, y también los de Alec Nove, objetivo principal de su crítica. Comparto el punto de vista de Mandel de que, a pesar de los argumentos en contra de Nove, existe una alternativa tanto al mercado como a la planificación burocrática. Pero comienzo mi búsqueda de esta alternativa por derroteros diferentes. Concuerdo con Nove en que el mecanismo de precios es un instrumento indispensable para la coordinación de una economía socialista, pero defiendo que debe ser socializado para que opere a favor y no en contra del socialismo. El debate entre Mandel y Nove es sobre si es posible una sociedad de productores libremente asociados en la que se haya superado la producción de mercancías, y no tanto sobre

"mercantilización" del "socialismo real". Es necesario reconocer que los defensores del socialismo de mercado consideran el mercado como una forma de libre asociación: de hecho este es

78

Diane Elson uno de sus puntos más fuertes. El mercado no puede ser rechazado a priori. Por el contrario, la discusión debe ser sobre si pueden realmente mantenerse las condiciones necesarias para que el mercado funcione adecuadamente como una forma de libre asociación. Tampoco se puede limitar de antemano la discusión definiendo el socialismo en términos de ausencia de producción de mercancías y haciendo una equiparación sin más de la producción de mercancías con la compra y venta. No pretendo entrar en una consideración detallada de los conceptos de Marx de mercancía y de fetichismo de la mercancía. Simplemente propondré que el aspecto que hace a estos conceptos analíticamente útiles es la idea de que las mercancías son "entidades autónomas dotadas de vida propia, que entran en relación a la vez unas con otras y con la especie humana" (1). La mercancía, en los escritos de Marx, no es fundamentalmente un bien que es comprado y vendido por dinero. Siempre se pueden entresacar frases aisladas en las que la mercancía no parece tener otro significado que éste, pero la estructura del conjunto de los textos de Marx sugiere algo menos banal. El problemático status de las mercancías se deriva no del simple hecho de la compra y la venta, sino del hecho de que la compra y la venta se realizan en condiciones que les permiten cobrar una vida independiente propia. Es esta independencia de las mercancías la que permite que las relaciones sociales entre los hombres asuman la forma fantasmagórica entre cosas: "Las personas existen las unas para las otras meramente como representantes y por lo tanto poseedores de mercancías"(2).

Una interpretación de este tipo deja abierta la posibilidad de crear una sociedad en la que los bienes sean intercambiados por dinero, pero no tengan una vida independiente propia. En la que las personas no existan las unas para las otras meramente como representantes

Esta posibilidad, que requiere no la abolición sino la socialización de la compra y de la venta y del proceso de formación de precios, será discutida en la segunda parte de este artículo. La primera parte pone los cimientos a través de la crítica de los principales argumentos de Nove y Man-

A pesar de que este artículo trata de formas de coordinación económica, su punto de partida no es ni el mercado ni el plan, sino la producción y reproducción de la fuerza de trabajo. En una economía capitalista, el hilo conductor es la producción y reproducción del capital. La capacidad creadora de los seres humanos y la expresión y desarrollo de sus necesidades se subordina a la búsqueda de beneficios. El hilo conductor de una economía socialista debe ser la producción y reproducción de la fuerza de trabajo. Para que lleguen a ser prioritarias se necesitan transformaciones en las relaciones con los medios de

Página II

producción y los medios de consumo; en los lugares de trabajo y en el hogar; en las relaciones entre productores y consumidores. cualquier forma particular de ción económica será sus implicaciones para la producción y reproducción de la fuerza de trabajo. que más amplio que el tradicional socialista en los trabajadores, que tiende a fi jarse ante todo en las implicaciones que tiene para la fuerza de trabajo en el proceso de trabajo asalariado.

importante, y la manera como se utilice la fuerza de trabajo tiene poderosos efectos en la definición de las necesidades para su reproducción. Pero, como las feministas han defendido siempre, el proceso de trabajo no pagado en el hogar y en la comunidad se sitúa en el corazón mismo de la producción y reproducción de la fuerza de trabajo. Hay que dar a la palabra "productores" sentido más que la de "obreros que realizan un trabajo asalariado", un sentido que incluya el hecho de que cada productor ha sido niño, y que algún día la enfermedad y la disminuirán su fuerza. Los defensores de la planificación socialista han puesto más énfasis que los defensores del socialismo de mercado en las implicaciones que las distintas formas de coordinación de la economía tienen para los trabajadores pero, con pocas excepciones, tienden a adoptar una concep-

"obrerista" de los trabajadores. Por mi parte, otorgaré al

I. EL SOCIALISMO DE MERCADO DE NOVE Y LA

PLANIFICACION

SOCIALISTA DE MANDEL Nove defiende el socialismo de mercado (3) en nombre del realismo: el "socialismo real" se ha hundido debido a las deficiencias de la planificación central, y la tradición marxista sólo puede ofrecer líneas de orientación utópicas o simplemente equivocadas. La única solución posible es reducir el papel de la planificación central e incrementar el del mercado. La economía dual de Nove Desde el punto de vista de Nove, la única economía socialista posible es una economía dual: un sector dominante organizado a través de "un sistema de instrucciones vinculantes que emanen de

78

Diane Elson las juntas de planificación" (pág. 44), y un sector amplio, aunque subordinado, organizado a través del mercado. principal característica que diferencia una economía de este tipo de una "economía mixta" capitalista es la ausencia de propiedad privada de los medios de producción a gran escala. La economia está formada por tres tipos de empresas: de propiedad estatal, cooperativas, y de propiedad individual. La posibilidad de elección y la democracia dependen en gran medida de las operaciones del mercado y de un sistema político en el que los planificadores son responsables ante una asamblea elegida .Hay alguna preocupación por la transformación las relaciones sociales y materiales de la producción, pero no de las relaciones de intercambio, distribución y consumo. No se trata la reorganización del proceso de trabajo más allá de la defensa de las pequeñas firmas, y no se dice nada de la reorganización de las relaciones entre la producción de bienes y servicios y la producción y reproducción de la fuerza de trabajo.

Este desinterés no es específico de Nove: casi toda la discusión sobre la organización de una economía socialista sufre del mismo prejuicio productivista. Se ocupa de la transformación de las relaciones de producción en los lugares de trabajo, pero no es capaz de repensar las relaciones entre producción y consumo que existen entre el lugar de trabajo y el hogar; ni de considerar de qué manera es necesario reorganizar el consumo y la reproducción de la fuerza

Una aproximación feminista a los problemas de la economía socialista otorgaría un papel absolutamente central a la articulación entre la producción de bienes y servicios y la reproducción de la fuerza de trabajo. Ello exige entre otras cosas repensar como los hogares adquieren los bienes y serviclos de organizaciones exteriores; quien establece la relación con los colegios y los servicios médicos, y otras cosas por el estilo, y a través de qué tipo de relaciones sociales y materiales. Nove, junto a la mayoría de los escritores sobre el tema, no ha considerado nada de alguna discusión sobre la transformación de la producción, pero la conexión entre las empresas y los hogares sigue siendo el mercado o sistemas administrativos jerárquicos; y las organizaciones productivas mantendrían la iniciativa a la hora de determinar el diseño de los bienes y servicios que los hoga-

No se menciona en absoluto una política de valores de uso, o la participación popular en el plan a través de la cooperación directa entre las organizaciones de productores y los hogares que consumen sus productos (4). Nove concede poco valor a la autoorganizacion por la base y es particularmente reacio al papel de los sindicatos, a los que se considera un obstáculo para las reformas económicas necesarias tanto en los países capitalistas como socialistas. La acción pública de los miembros de la sociedad socialista de Nove parece limitarse a comprar, vender y votar.

La concepción del socialismo de Nove enfatiza la propiedad formal y se define primariamente en términos de ausencia de grandes empresas capitalistas. Las ventajas que atribuye a su modelo de economía socialista son flexibilidad, eficacia, posibilidad de elección y capacidad de evitar los excesos tanto del capitalismo como de una planificación centralizada sin limitaciones (5). Como ha señalado Mandel, Nove no se plantea los problemas de flexibilidad de quien, eficiencia para quien y capacidad de elección de quien. En una economía capitalista, el beneficiario de todo ello es el capital. Eficiencia significa eficiencia en la obtención de beneficios: desde el punto de vista de los trabajadores puede significar costes más altos en términos de tiempo y esfuerzo, porque las así llamadas ganancias de eficiencia suelen obtenerse transfiriendo tareas del trabajo asalariado al trabajo no pagado, o intensificando la explotación del trabajo pagado. Puede significar costes más altos en términos de una peor salud, porque tanto la sanidad como las medidas de seguridad cuestan dinero. La solución de Mandel, como veremos, prioriza las necesidades de la población en la producción de bienes y servicios, y tiende a ignorar sus necesidades a la hora de usar esos bienes y servicios en la producción y reproducción de la fuerza de trabajo.

Pero tenemos que enfrentar el hecho, por difícil que sea, de que surjan tensiones, aun si no existen empresas privadas, entre productores y consumidores de bienes. Flexibilidad, eficacia у capacidad de elección para los consumidores puede significar desorganización, tensión e incertidumbre para los productores. Una solución satisfactoria tiene que proponer formas de negociar estas tensiones: esta es la esencia de la política de valores de uso. Pero tanto Mandel como Nove ofrecen una respuesta unilateral: Mandel desde el punto de vista del productor. Nove desde el punto de vista del consumidor. Pero defender una oposición entre "productores" y "consumido-

Página III

res" es en cualquier caso artificial, porque somos ambas cosas a la vez. Pero reconocerlo así no acaba con la tensión. En este artículo trataré esta tensión en términos de interacción entre dos tipos diferentes de instituciones sociales, las empresas y los hogares. pran y venden, ya que los hogares venden su fuerza de trabajo y las empresas puts. Ambas instituciones son por lo tanto "consumidoras" y "productoras".

Nove no ofrece de qué son realmente los cómo funcionan en el capitalismo; cómo deben organizarse en el socialismo. La imagen que surge de algunas referencias sueltas es un sistema de "contratos negociados elegidos libremente" (pág. 44) o de negociación entre suministradores y consumidores. Por ejemplo:

"Sólo se puede dar precio eficazmente a la gran mayoría de los bienes y servicios en el proceso de negociación entre suministradores y consumidores, negociación que debe incluir cláusulas detalladas sobre la fecha de entrega de los bienes, su calidad, etc. Naturalmente, hay que esperar que las empresas productoras intenten "administrar" los precios; y que las organizaciones de mayoristas y minoristas busquen obtener el precio más alto que consideren apropiado, pero en ausencia de escasez y dada la capacidad de elección de los consumidores, estos pueden negarse, acudir a otro lugar o regatear. En otras palabras, la competencia debe prevenir el abuso de poder de los productores" (pág. 120).

Un modelo irreal

El "modelo negociador" no es una descripción realista de una economía moderna de mercado en la que, como los economistas reconocen en general, predominan los mercados de precios fijos. Es cierto que las decisiones de los compradores establecen indirectamente limitaciones a la fijación de precios y que las empresas no pueden sin más dictar los que quieran. Pero allí donde los compradores se enfrentan a precios ya dados, son los vendedores quienes los fijan, y la elección de la estrategia de determinación de los precios es una función de los especialistas de gestión. Así, por ejemplo, los hogares típicamente no negocian los precios con los minoristas, / en aquellos casos en los que puedar hacerlo como con un constructor o ur decorador, su capacidad para obtener un buen precio depende de su habilidad

78 Diane Elson "Los defensores de la planificación socialista (...)

tienden a adoptar una concepción estrechamente obrerista' de los trabajadores. Por mi parte, otorgaré al hogar un papel central" desplegar considerables recursos en forma de conocimientos y tiempo. En la gran mayoria de los casos, la posibilidad de elección sólo puede eiercerse sobre un conjunto predeterminado de bienes con precios prefijados, que los hogares sólo pueden libremente aceptar o rechazar, en condiciones en las que las empresas utilizan grandes recursos para moldear las preferencias de las unidades familiares y controlar su conocimiento de las características de los productos. Los hogares no están en posición de contratar los servicios de compradores especializados y de asegurarse que hacen la "mejor compra" posible. Como ha argumentado Joan Robinson, "nadie que haya vivido en el mundo capitalista puede ser engañado por la pretensión de que el sistema de mercado asegura la soberanía de los consumido-

Corresponde a las economías socialistas encontrar la forma de hacer esta soberanía realidad" (6). Y llegó a sugerir que para las economías socialistas: "Su mejor esperanza es desarrollar una clase de funcionarios, que jueguen el papel de vendedores al por mayor, cuya carrera y autoconsideración dependa de su capacidad para satisfacer al consumidor. Podrían mantenerse en contacto con la demanda a través de las tiendas. Las investigaciones de mercado, que en el mundo capitalista buscan cómo manipular al ama de casa, podrían utilizarse para descubrir lo realmente necesita. Se podría imponer a las empresas fabricantes diseño y calidad, y el producto se podría acabar de definir a través de pedidos previos, de manera que se cree un equilibrio entre las economías de escala y los diferentes

Robinson es uno de los pocos economistas que han considerado que la reorganización del mecanismo de compra es un elemento tan importante de un proceso socialista como la reorganización de la producción. La importancia de sus comentarios no radica en las soluciones particulares que ofrece, sino en su reconocimiento de que la transformación de la relación entre el hogar y el proceso de producción es un aspecto vital del socialismo. Nove no tiene en cuenta su enfoque, ni hace ninguna sugerencia propia de cómo mejorar la posición negociadora de los hogares frente con que la "competencia" problema. Pero, ¿a qué se refiere exactamente cuando habla de competencia? Es instructivo el ejemplo que utiliza: "Supongamos que hay dieciseis o más firmas (socializadas y cooperativas) dedicadas a proveer algunos bienes y servicios. Pongamos que sean ropa de lana, pasta de dientes, cojinetes, hoteles para vacaciones o cualquier otra cosa. Las empresas basan su actividad productiva en la negociación con sus clientes. Estos últimos pueden elegir de cuál de ellas obtener los bienes y servicios que necesitan. Todas ellas pueden obtener de sus proveedores, los que ellas han elegido, los inputs necesarios para hacer posible la producción. Tienen un interés propio en satisfacer a los consumidores, y por lo tanto no se requieren medidas especiales que lo aseguren (aparte de regulaciones "normales" SObre la calidad de la comida, no adulteración, corrección en el etiquetado, etc.)".

Se trata de una visión de la competencia sumamente idealizada: productos normalizados; asunción implícita de un adecuado conocimiento y capacidad de negociación por parte de los compradores; no distinción entre productos de consumo finales como la pasta de dientes y bienes de producción como los cojinetes y, lo que es más importante, falta de discusión de cuál es la dinámica de • la competencia. La implicación es que la existencia de esta feliz situación entre las dieciseis empresas productoras, compitiendo las unas con las otras para atraer clientes con precios bajos y calidad alta, se mantendría indefinidamente en el tiempo. No se tienen en cuenta formas más predatorias cia: fusiones; tomas bursátiles; estrategias destinadas a provocar la bancarrota del competidor. Ni la adopción de medidas para restringir la competencia llegando a acuerdos con los proveedores. La dinámica de centralización y concentración en los mercados competitivos, subrayada por Marx, Schumpeter y Kalecki entre otros muchos, no juega en absoluto en este escenario. Se considera que la competencia es la antítesis del monopolio, no su generador potencial; un proceso que equilibra más que refuerza el poder de las empresas.

Página IV

Esta visión idealizada de Nove quizás no sorprenda si se tiene en cuenta que ha dedicado toda su vida a estudiar las economías de Rusia y Europa del Este, en las que tanto el mercado como la competencia han estado en buena medida ausentes(7).

Sin embargo, la imagen que se desprende de los estudios empíricos de las economías capitalistas es muy diferente. Hay evidencias aplastantes que apoyan la noción de centralización y concentración: lo que no quiere decir que se eliminen las pequeñas empresas, sino que las grandes predominan, mientras que las pequeñas subcontratan o juegan un papel muy localizado. Los datos sobre a estabilidad de la proporción entre el valor añadido (ventas menos compras a ventas de las empresas norteamericanas(8) no debilita esta conclusión. Las empresas entre sí, pero una gran parte comercio no se realiza "horizontalmente" en mercados impersonales, sino que tiene lugar entre una gran compañía "centro" y su "periferia" | dependiente de emsubcontratistas. La concentración y la centralización son sin duda un proceso dinámico y la referencia al mismo no implica apoyo alguno a la idea analítica de un "capitalismo monopolista" y una tendencia al estancamiento. poco excluye que puedan aparecer nuevos competidores en nichos determinaen el mercado de las computadoras persólo aceptando previamente los standars técnicos impuestos por IBM. Ningún empresario individual, por dinámico que sea, creerá sin embargo que puede desafiar a la IBM en el de redes y sistemas informáticos.

Una competencia predatoria que conlleve centralización y concentración significa que las condiciones de producción y reproducción de la fuerza de trabajo están cada vez más determinadas por la estrategia de acumulación de las grandes compañías, y que la diferencia entre los hogares y las empresas se hace cada vez más pronunciada. Es cada vez más difícil para los hogares vender otra cosa que no sea su fuerza de trabajo. Si el papel de las autoridades centrales se limita a fijar las "normas habituales" por las que tanto precios como cantidades se determinan en las interacciones privadas entre compradores y vendedores, ¿qué impedirá que los intereses de las empresas productoras se impongan sobre los de los hogares, como consumidores y como vendedores de fuerza de trabajo? El "socialismo posible" de Nove

78 Diane Elson es más utópico de lo que pudiera parecer a primera vista.

Menosprecio de los mercados como instituciones y procesos Nove no es el único de los participantes en el debate sobre la economía socialista que presta poca atención a lo que el mercado es y como trabajo realmente. La mayor parte de la considerable literasobre la teoría de la coordinación económica, y del plan frente al mercado, no es capaz de considerar a los mercados como instituciones sociales y materiales(9). En cambio, se invocan uno o

Stres escenarios favoritos: el modelo negociador de Nove; una subasta en la que compradores y vendedores pujan los unos contra los otros; y un organizado por un agente bolsa en la que éste ofrece comprar y vender acciones a ciertos precios a los que deben reaccionar quienes quieran adquirir o desprenderse de esas acciones. Pero estos escenarios son particularmente insustanciales. El hecho de para operar no se suele generalmente considerar en relación con el debate sobre la coordinación de sistemas económicos(10). Por el contrario, y de manera muy marcada, siempre se ha introducido en la discusión como un factor negativo la magnitud de recursos necesarios para la planificación socialista. Se ha ignorado por lo general el gran número de personal de ventas, expertos en marketing, ejecutivos de publicidad, agentes de bolsa, etc., que se necesita para que puedan funcionar los mercados(11), de la misma manera que tampoco se tiene en cuenta el número de empleados que se ocupan de las actividades de planificación en las propias empresas privadas(12). AsI, por ejemplo, Hayek defendió como una ventaja decisiva de la asignación de recursos a través del mercado, en comparación con plan, los ahorros que se realizan en la producción de información(13). Pero como ha señalado Helms, Hayek estaba haciendo la asunción implícita de que el mercado provee gratis la información.

tanto los subastadores como los agentes de bolsa y el personal de ventas tiene que comer, y sus activiexigen recursos. No tienen de un conocimiento perfecto, sino que tienen que recoger la información. La defensa de la superioridad de la asignación de recursos a través del mercado se ha basado con demasiada frecuencia en una comparación entre un sistema de mercado con unos precios dados exogénamente o sin costes y un sistema de planificación con una multitud de costes administrativos visibles; y la pregunta de cómo funcionan exactamente los mercados no se ha formula-

Un mercado es una relación monetaria entre compradores y vendedores, pero una relación que no existe por si, sino que tiene que crearse. Un mercado implica uno o más agentes que actúan como promotores de mercado, los precios y facilitando información sobre la oferta y la demanda; que ponen en contacto compradores y vendedores. En la teoría general del equilibrio de Walras, que ha dominado el pensamiento socialista y liberal sobre la coordinación económica, el promotor de mercado es un subastador permanece fuera del proceso económico, sin buscar un beneficio. La escuela austriaca, a la que pertenece Hayek, tiene una posición más sólida, y concibe el mercado como el resultado de la acción de agentes, empresarios, comerciantes / tinancieros a la busca de benericios Pero ninguno de ellos presta atención a hecho de que la promoción de mercados requiere el control de medios de comercio tales como crédito, comunicaciones, transporte, almacenamiento e infor-

En una economía capitalista, los mercados son en su mayoría privados, en el sentido de que los medios de comercio necesarios para la constitución del mercado son controlados en su mayor parte por empresas que buscan la realización de beneficios. És cierto que se produce la intervención gubernamental en los mercados, con reglamentos y orientaciones, y con la aportación de parte de la infraestructura requerida para el comercio, como por ejemplo carreteras. Pero esta intervención y regulación sólo busca influir en los términos en los que las empresas capitalistas ejercen su poder en la creación de mercados, dejando a los promotores de mercado una enorme capacidad para evadir estas regulaciones y para "capturarlas" a su favor, de manera que las instituciones que regulan ostensiblemente el mercado lo hagan en defensa de los promotores.

En la mayoría de las discusiones sobre la introducción del mercado en el socialismo, se defiende que la promoción de mercados debe volver a ser responsabilidad de empresas que se autofinancien, y que hagan recaer los costes de esa promoción en sus precios de venta. Un mercado de este tipo es tam-

Página V

bién privado en el sentido de que es creado por empresas individuales, de acuerdo con el criterio de mejorar su sobrevalor individual. Los precios son fijados en estos mercados privados (ya sean capitalistas o socialistas) por agentes especializados, a los que llamaremos fijadores de precios. Otros agentes en el mercado reaccionan a estos precios, son los receptores de precios. Los mercados operan para hacer públicos los precios fijados por los fijadores de precios, valga la redundancia, mientras que la respuesta de los receptores de precios determina que se pueda mantener o no el sistema de precios tijado. La determinación de los precios en un mercado de este tipo no implica que estos tengan que fluctuar contínuamente. Algunos mercados, como el financiero o el de productos primarios, s'idan lugar a la oscilación de precios (mercados de precios flexibles). Pero los mercados de la mayor parte de los productos manufacturados se caracterizan por operar con listas de precios que cambian de tiempo en tiempo, pero no diariamente (merca"Una aproximación feminista

La los problemas de la economia socialista otorgaría un papel absolutamente central a la articulación entre la produccion de bienes y servicios y la reproduccion de la fuerza de trabajo"

Los precios sólo pueden operar como señales útiles si quienes toman las decisiones pueden hacerse una idea sobre si los precios en un momento dato son "normales" o no. Si se considera que son "anormales", la expectativa será que no podrán mantenerse a ese nivel y se tomarán las decisiones oportunas. Las instituciones del mercado tienen la importante función de establecer normas: usualmente un limitado número de promotores de mercado estructuran el comercio y publican selectivamente la información de manera que facilite la formación de expectativas en relación con los precios y de normas en una actividad que suele recibir el nombre de "ordenamiento de mercados"(14). Así, la fijación de precios por un número limitado de promotores de mercado cumple la función esencial de establecer precios "normativos", sin los que la toma de de-

78

Dilane Elson cisiones en un mundo incierto sería extremadamente difícil. Pero la ejecución de esta tarea esencial otorga a quienes fijan los precios una influencia desproporcionada sobre lo que ocurre: los procesos históricos que tienen lugar en el

"secuenciales" nes fijan los precios tienen la iniciativa a la hora de definir el punto de partida de esa secuencia. Como dice Lachmann, "quien fija los precios y quien los analiza es una cuestión importante". El proceso de producción y reproducción de la fuerza de trabajo es ante todo un proceso de análisis de precios.

Crítica del mercado

La alternativa de Mandel tanto al mercado como al plan central implica un siste-

"autogestión obrera articulada" que intenta ofrecer un sistema de coordinación descentralizado y no mercantil. A pesar de estar de acuerdo con Manuna economía debe buscar ir más allá de una coordinación a través del mercado, y que existen maneras descentralizadas de hacerlo, creo que su solución particular es muy insatisfactoria. La debilidad principal de la posición de Mandel es que rechaza no sólo el mercado sino también los precios. Defenderé que una economía socialista descentralizada necesita un mecanismo de precios descentralizado, pero que ello no implica la formación de precios a través de mercados privados (es decir, no implica que los precios sean fijados por empresas que actúan como promotores de mercado).

¿Qué se objeta entonces contra la coordinación a través del mercado? Algunas de las razones más obvias es que significa producir para obtener beneficios y no para satisfacer necesidades; que es la antítesis de la cooperación; que es impersonal y "ciego"; que es un mecanismo para disciplinar a los trabajadores; y que conduce a la inestabilidad económica porque no proporciona forma alguna de saber de antemano si lo que se produce podrá ser vendido. Pero a menos que estas razones sean expuestas de manera más cuidadosa, es fácil para los defensores del mercado

Sus defensores argumentan que la coordinación a través del mercado conduce a la satisfacción de las necesidades porque permite a los consumidores escoger. La rentabilidad es un indicador de hasta qué punto la producción satisface esas necesidades. Por supuesto, las necesidades que se satisfacen son aquellas que están respaldadas por el necesario poder de compra. Pero si el problema es que los pobres no pueden expresar sus necesidades en el mercado de forma comparable a los ricos, entonces la solución es modificar la distribución del poder de compra a través de impuestos y de subvenciones, y realizar cambios en la propiedad de los medios de producción, pero no acabar con el mercado. En definitiva, sus defensores mantienen que la coordinación a través del mercado facilita la cooperación y la reciprocidad porque satisface los intereses comunes de compradores y vendedores de poder comprar y vender.(15)

El carácter impersonal del mercado puede ser defendido asímismo como algo benéfico, como una protección de la libertad individual y un obstáculo a la tiranía personalizada. Puede apuntarse que cualquier mecanismo descentralizado de toma de decisiones es "ciego" en el sentido de que el resultado no es producto de la voluntad consciente de los participantes sino que emerge de la suma de sus decisiones individuales. Así, cada votante elige por qué candidato votar en unas elecciones, pero la elección final es el resultado de la operatividad "ciega" de un método concreto de suma de votos. También puede subrayarse que cualquier sistema económico necesita mantener formas de disciplina de trabajo, así como la posibilidad de que se den desequilibrios entre la oferta y la demanda en cualquier economía compleja. Se puede defender que lo importante no es prevenir esos desequilibrios sino poseer los mecanismos adecuados para corregirlos.

De la misma manera se defiende que el mercado es un buen mecanismo de ajuste. Esta era la principal ventaja que ofrecía "la mano invisible" según Adam Smith, a quien no preocupaba tanto que se alcanzase el equilibrio general estático óptimo de Pareto que ha tendido a dominar la discusión sobre el mercado como sistema de coordinación de los economistas neo-clásicos del siglo XX, como la reasignación correcta de recursos cuando cambian las condiciones de la oferta y la demanda(16). Si el mecanismo de ajuste del mercado opera demasiado lentamente, provocando problemas de desempleo e inflación, puede sugerirse hacerles frente con una política fiscal y monetaria conveniente, acompañada de una intervención para mejorar la velocidad de funcionamiento del mecanismo. Por todo ello, los defensores del mercado pueden concluir que ninguna de las objeciones adelantadas es definitiva, y que los socialistas deben

Página VI

aprovechar el mercado como un instrumento que permite una toma de decisiones flexible y descentralizada y motiva a los individuos a satisfacer el interés público a través de la persecución de sus propios intereses.

Toma de decisiones y mercados Los socialistas deben reconocer los aspectos progresivos de la coordinación a través del mercado. Marx así lo hizo claramente: pueden encontrarse en sus pasajes llenos de elogios cómo el mercado destruyó los lazos de dependencia personal del feudalismo, y de reconocimiento de que los mercados pueden facilitar la satisfacción mutua de necesidades. Pero también hizo hincapié Marx en que los mercados no son tan sólo instrumentos de la libertad y el libre albedrio de los individuos y de su cooperación: incluso los mercados ideales concebidos por Nove pueden a su vez ejercer un poder sobre los individuos, un poder que Marx llamó el "fetichismo de la mercancía", y el lenguaje popular el nombre de "fuerzas del mercado".

Y ello es así porque los mercados no sólo descentralizan la toma de decisiones: también las atomizan. En la relación esencial del mercado, la conexión monetaria, cada toma de decisión individual que se produce carece de relación con cualquier otra y sólo establece esa relación con la cantidad y el precio de las mercancías. (Y se aplica tanto si quien toma la decisión es un fijador como un receptor de precios). Un agente de bolsa que da instrucciones de compra y venta delante de una pantalla de computadora en la que aparecen los precios de las acciones puede servir de ejemplo. Pero incluso cuando las instituciones del mercado no los separan físicamente, compradores y vendedores están sin embargo aislados los unos de los otros en el sentido de que los mecanismos de mercado como tales, la conexión monetaria, no provee información directa a los individuos que compran y venden sobre las intenciones y valores de los otros. Cada cual tiene que actuar por su cuenta ignorando las intenciones de los otros, y deben esperar a que las preferencias de los otros se manifiesten a través de los cambios que experimenten precios y cantidades. En estas circunstancias, cada individuo aislado tiene muy poca base para prever qué efecto o diferencia en el resultado final tendrían, en caso de tener alguno, sus

78

decisiones. (En muchos razonamientos económicos este problema se evita asumiendo que quien toma las decisiones es marginal, es decir que las decisiones que cada cual tome no tendrán ningún efecto final en el mercado). La repercusión de las decisiones individuales en el resultado final sólo se manifiesta después de que han sido tomadas, cuando los precios, los niveles de los stocks, los resultados finales y el empleo cambian. La interconexión entre las distintas unidades de toma de decisiones sólo se produce a través de los cambios en precios y cantidades: "la relación entre los productores... toma la forma de una relación social entre los productos del trabajo"(17). Compárese con el proceso de toma de decisiones en un comité o un equipo, donde cada uno de los participantes puede descubrir las intenciones y preferencias de los otros participantes antes de que se adopte la decisión final.

El aislamiento en que se encuentran toman las decisiones significa que la pregunta que cada uno se plantea es: ¿qué debo hacer para mejor defender mis intereses, sabiendo el precio que tienen en este momento las mercancías y su disponibilidad, pero no conociendo las intenciones de los otros y están dispuestos a hacer? La respuesta no es necesariamente la misma que se daría a una pregunta de este otro tipo: ¿qué debo hacer para mejor defender mis intereses, sabiendo el precio que tienen en este momento las

By su disponibilidad, pero conociendo también las intenciones de los demás y lo que están dispuestos a hacer? Esta es la cuestión central de la "paradoja del aislamiento" que es la

"La acción pública de los miembros de las sociedad socialista de Nove parece limitarse a comprar, vender y votar" base de la discusión sobre la toma de decisiones individuales y colectivas en las economías del bienestar contemporáneas(18). Una cuestión que surge porque las decisiones que cada uno de nosotros toma creyendo que son las que más nos favorecen, no son independientes de las que otros puedan a su vez tomar, en especial si la satisfacción que nos pueden proporcionar depende de las decisiones que los otros adopten. Los mecanismos de mercado no nos proporcionan información directa sobre intenciones, deseos y valores. Sólo nos transmiten información sobre el resultado de las decisiones que se toman en la oscuridad. El sentido real que se quiere transmitir con la descripción de los mecanismos de mercado como "ciegos" es que no iluminan nuestra oscuridad, que no ilustran nuestra ignorancia. La teoría del fetichismo de la mercancía de Marx, que para muchos economistas es uno de los conceptos más oscuros de los que elaboró, puede entenderse como una metáfora dramática del problema del aislamiento: "la relación social determinada entre los hombres mismos, que asume así para ellos la forma fantasmagórica de relaciones entre cosas"(19). Quienes toman las decisiones en los mercados no pueden establecer una relación directa con los deseos, aspiraciones y valores de otros.

Por el contrario, esos deseos, aspiraciones y valores de otros se convierten en precios de mercado y cantidades que parecen operar como fuerzas de la naturaleza, a las que cada unidad de toma de decisiones debe adaptarse sin que exista oportunidad alguna para la reflexión colectiva social y para una discusión que podría llevar a adoptar una serie de decisiones distintas. El resultado del mercado es percibido por tanto como una presión coercitiva externa a la que deben adaptarse los individuos; y los procedimientos del mercado no ofrecen vías para que quienes toman las decisiones puedan reconsiderarlas antes de realizar las compras y ventas, a la luz del resultado agregado que se produciría probablemente como consecuencia de una secuencia particular de decisiones, o puedan tomar en cuenta asímismo otros cambios de objetivo.

No se percibe este problema cuando se asume que no existe interdependencia entre la satisfacción proporcionada por una decisión individual y las que resultan de las decisiones tomadas por los otros. La mayoría de las teorías económicas dan por supuesto que esta interdependencia no tiene importancia. Los ecologistas han demostrado hasta qué punto pueden extenderse las interdependencias, pero han tendido a fijarse en las interdependencias físicas como la polución o la congestión del tránsito.

La economía del bienestar paretiana -que suele ser el sistema de referencia dentro del que se enseña generalmente a los estudiantes de economía a juzgar los puntos fuertes y débiles de los mecanismos de mercado- no tiene inconveniente en aceptar la intervención gubernamental en los mercados para hacer

Página VII

frente a problemas como la polución. Sin embargo, es totalmente incapaz de contemplar otro tipo de interdependencias que surgen no debido a la ausencia del mercado (que es la causa de interdependencias como la polución) sino a causa del carácter cíclico del desequilibrio que se produce en cualquier mercado en tanto que proceso real temporal (incluso en el mercado de futuros) en el que los individuos deben tomar decisiones, aislados, y antes de que puedan disfrutar de los frutos que les reportarán esas decisiones. En el espacio de tiempo que se abre entre la toma de decisiones y el disfrute de sus resultados pueden ocurrir muchos cambios como consecuencia de la influencia de las decisiones de otros, que afectan al resultado final. Esta interdependencia| afecta a decisiones sobre el uso de la fuerza de trabajo y la inversión, pero los mecanismos de mercado no ofrecen forma alguna para que se manifieste esta interdependencia (20).

Cuando existen interdependencias generalizadas entre decisiones que toman diferentes personas (o grupos), la toma de decisiones a favor del bien común otrece inmensas ventajas, incluso desde el punto de vista del interés individual(21). Termina por ser. perjudicial para cada uno de quienes toman las decisiones el perseguir tan sólo su propio interés, la propia rentabilidad inmediata, sin tener en cuenta asímismo las repercusiones de sus decisiones en otros y en la viabilidad de las instituciones. Pero el mercado no sólo no facilita la adopción de decisiones a favor del bien común sino que además tiende a

De hecho, quienes toman decisiones en una economía de mercado no se resignan a su "atomización" y la carencia de información directa sobre las intenciones de los otros. Como Marx señaló: "Junto al desarrollo de esta alienación, y sobre las mismas bases, surgen esfuerzos para superarla: aparecen instituciones gracias a las cuales cada individuo puede adquirir información sobre la actividad de los otros e intentar adaptar consiguientemente la propia, como por ejemplo listas de precios corrientes, tasas de cambio, contactos entre quienes comercian a través del correo, o del telégrafo, etc"(22). Se forman cámaras de comercio, quienes toman las decisiones se comunican sus planes en comidas de negocios, los mercados están rodeados por una red de contactos no mercantiles sin mediación monetaria. Sin embargo, la extensión y calidad de la cooperación entre empresas para el intercambio del

78

Diane Elson

66 ....la transformación de la relación entre el hogar y el proceso de producción es

Run aspecto vital del socialismo" tipo de información que no puede proveer la relación monetaria está limitada por la búsqueda de una ventaja compe titiva, como reconocen algunos de los defensores del socialismo de mercado(23). El flujo de información se fragmenta, se limita el libre acceso a las redes de información, se despilfarran recursos porque la tarea de buscar información se multiplica como consecuencia del secretismo. O para utilizar el mismo estilo de Marx en los Grundrisse, los estuerzos cooperativos para superar la alienación del mercado no pueden ir más allá en una economía de mercado de la propia alienación, por los límites que ella misma impone. La consecuencia es que los resultados del mercado se siguen imponiendo sobre los individuos como si tueran fuerzas externas.

El proceso de ajuste y la producción y reproducción de la fuerza de trabajo El grado de recelo que puede sentirse ante las fuerzas del mercado depende de la opinión que se tenga sobre la facilidad y capacidad de estabilización de los ajustes, y en qué medida existen alternativas a la coordinación atomizada que ofrece el mercado. Si los individuos pueden reaccionar ante los cambios de las condiciones económicas y ajustar con relativa facilidad sus compras y ventas de manera que tengan un efecto estabilizador, y si tienen ante sí un abanico de opciones atractivas, entonces no hay tantos motivos de preocupación sobre la presión coercitiva del mercado.

Los defensores del mercado suelen tender a creer que si no se ponen impedimentos a su funcionamiento, los ajustes son relativamente fáciles, aunque no todos basen sus opiniones en las mismas teorías. Por ejemplo, la teoría del equilibrio general de Walras (que es la piedra fundacional de las economías neo-clásicas) incorpora la reconfortante suposición de que los individuos pueden ajustar sus planes de producción o consumo en respuesta a las indicaciones de los precios, antes de que efectivamente hayan comprado o vendido o asignado recursos a la producción. Su continuada a los distintos cambios en los indicadores de precios revela sus preferencias, superando así el problema de su ignorancia de las intenciones ajenas. Se presupone que el mercado actúa como si estuviera coordisubastador (gratuito). Cuando el mercado abre, el subastador anuncia al azar una serie de precios, y quienes participan en el mercado deciden lo que quieren comprar y vender a esos precios. Transmiten esta información (gratuitamente) al subastador, que a continuación anuncia una nueva serie de precios, más bajos para las mercancías con excesiva oferta y más altos con excesiva demanda. Todo el mundo vuelve a decidir entonces qué es lo que quieren comprar y vender, y esta secuencia continúa hasta que se alcanza una serie de precios que equilibran la oferta con la demanda, permitiendo la liquidación de las mercancías del mercado. Sólo en ese momento tienen lugar las compras y ventas. eluden así los problemas asociados con la toma de decisiones secuencial y atomizada: el subastador coordina las decisiones adoptadas y las compras y ventas reales tienen lugar simultáneamente y no a lo largo de un periodo de tiempo. -a producción sólo tiene lugar cuando todo el mundo es consciente de las implicaciones de las distintas deesiones El proceso de ajuste implícito en esta hipótesis es un proceso ficticio que tiene lugar fuera del tiempo real(24).

La escuela austriaca (Menger, von Mises, Hayek, y sus discípulos actuales como Lachmann y Kirzner) ofrece una versión más papel principal se asigna no a un subastador sino a un empresario. El ajuste no es simultáneo sino secuencial y ocurre mediante las acciones de los empresarios, negociando, especulando o innovando. Se enfatiza la versatilidad y flexibilidad de los seres humanos, más que las limitaciones con las que se encuentran. Los representantes de esta escue la tienden a sobreestimar la facilidad de los comerciantes para pasar de la compra a la venta, o de los financieros para

La otra, subestimando las dificultades para convertir las espadas en arados, o los mineros en ingenieros electrónicos. concepto de equilibrio estático, que es el eje de la economía neo-clásica, para subrayar las nociones de incertidumbre y cambio. Pero a pesar de ello, la Escuela Austriaca también defiende la idea de la existencia de una tendencia general al equilibrio, como consecuencia de

Página VIII

la competencia entre los empresarios, que suben los precios cuando la demanda supera a la oferta y los bajan cuando ésta es mayor que la demanda(25). De hecho, en la mayoría de los mercados buenas razones para que éste no tienda a liquidar sus existencias.

Para las empresas puede ser bastante racional no reducir los precios cuando cae la demanda, e incluso subir los precios ante la perspectiva de una caia de la demanda(29) cuando los agentes en un mercado particular son siempre o

To vendedores, sin intercambiar papeles; cuando tanto compradores como vendedores valoran la continuidad de sus cuando el proceso de compra es caro. Pero, como admite Lachmann, los economistas de la Escuela Austriaca han fracasado en sus intentos de cómo se forman los precios realmente, o cómo se establecen las relaciones entre los fijadores y los receptores de precios en el mercado. Y no preven la posibilidad de que la rivalidad entre empresarios provoque dificultades en el ajuste. Ninguna de las dos escuelas cree necesario establecer diferencias entre el trabajo y los otros factores de la producción en el proceso de ajuste. Un ajuste de acuerdo con las exigencias del mercado implica la reducción de la mayor parte de las personas ocupadas en la producción al status de meros factores de producción, que deben utilizarse de forma que se asegure la mayor rentabilidad. Significa tratar a la gente instrumentalmente, no como fines en sí mismos. El mercado no me alienta a relacionarme con otros como conciudadanos, miembros de la misma comunidad, que tienen toda una serie de objetivos además de comprar productos, sino sólo como factores en un proceso de producción que ha producido las mercancías disponibles para mi compra. Soy capaz de comprar estos productos porque he adquirido un poder de compra mediante la venta de mi fuerza de trabajo como un factor en la producción de mercancías para otros. Esto es lo que quería decir Marx cuando defendía que en una economía de mercado las relaciones entre los productores toman la forma de relaciones sociales entre las cosas, "una relación que existe separada y ajena a los productores" resiste por supuesto a

La gente se que se la reduzca al status de robots. No se adaptan pasivamente a los cambios de la oferta y la demanda, y tratan de cambiar los parámetros a su favor; adquirir y ejercer poder en el mercado; y reducir su indefensión ante las fuerzas del mercado. Quienes tienen más edu-

78 Diane Elson

"La debilidad principal de

la posición de Mandel es que rechaza no sólo el mercado, sino también los precios"

cación, habilidad, recursos, conexiones y organización tienen más éxito; quienes disfrutan en menor medida de todo ello, cargan con los costes del ajuste. Los defensores del mercado suelen deplorar esta resistencia, argumentando que la propia resistencia hace más doloroso el ajuste, que los costes serian menores si la gente aceptara el hecho de que no

Lo irónico del caso es que una economía en la que sólo existieran agentes pasivos de ese tipo no podria tener gran éxito. Por ejemplo, el progreso técnico sólo es posible gracias a gente que trata de cambiar los parámetros y no acepta que no haya otras alternativas; sólo si la gente despliega imaginación, iniciativa y montaje más monótona, se puede alcanzar una productividad elevada; la gente necesita sentir algún efecto, orgullo y satisfacción por su trabajo si se quieren obtener niveles de calidad altos. La respuesta de la clase dominante a estos problemas es dejar que una parte privilegiada de la fuerza de trabajo -directores de empresa, ejecutivos, investigadores científicos, profesores de universidad, etc.- ejerza su iniciativa e imaginación, exigiendo al resto de la fuerza de trabajo que sean meros ejecutores pasivos de las órdenes recibidas. Cuando se niegan a ello, la única opción que tiene la mayoría de influir en el proceso productivo es la de obstaculizar de manera defensiva el ajuste. Pero este tipo de respuesta de la ciase dominante no es obviamente una solución para quienes están de verdad interesados en alcanzar una sociedad socialista.

Otra ironía es que ninguna economía puede adaptarse exclusivamente a través de un proceso de ajuste orientado por el mercado, porque hay claves que no pueden ser reducidos totalmente al estado de mercancías. Los más importantes son el trabajo y el medio ambiente. A pesar de comprarse y venderse la tuerza de trabajo, no puede reducirse totalmente en mercancia, porque no es producida a su vez como tal. Si bien los costes y beneficios económicos juegan un papel en la decisión de tener niños, estos no son por lo general tratados exclusivamente como recursos económicos, que pueden ser abandonados si cambia el equilibrio entre gastos y beneficios. Se puede convertir a las máquinas en chatarra y quemar las cosechas si no proporcionan beneficios, pero excepciones extremas aparte, los niños una vez nacidos son tratados de alguna manera como fines en sí missimplemente como recursos económicos, y no se ahorrarán esfuerzos en su crianza. Una economía de mercado exige que en los hogares haya colectiva altruista y siga un modelo de asignación de recursos que no esté totalmente determinado por la exigencia de respuesta a las indicaciones de los precios(27). La respuesta patriarcal es alentar a las mujeres para que se sacrifiquen con altruismo por el bien general del hogar, de manera que su trabajo no pagado proporcione un colchón flexible que permita a los hombres responder a las señales de mercado. Esta respuesta debe ser rechazada tajantemente por los socialistas, no porque estemos en contra de altruismo, o de las conductas colectivas, sino porque queremos fomentarlos en condiciones de dependencia general y no sólo unilateral(28). El proceso de ajuste en una economía de mercado, en la que existen dentro del proceso de trabajo pagado y el hogar desigualdades sustanciales, depende de que quienes tienen el poder sean capaces de convencer u obligar a quienes no lo tienen a que se adapten pasivamente o se sacrifiquen con altruismo; la capacidad de iniciativa, tan celebrada por la Escuela Austriaca, que es la base de la autodeterminación de los individuos, queda reservada a unos pocos.

La micro-causa de los macro-problemas Además del problema de cuáles son los requisitos funcionales para que tenga éxito de ajuste orientado por el mercado, aparecen también otros como el de la calidad del resultado final y el de la regularidad de su proyección temporal. La toma de decisiones atomizada del mercado permite que se pueda elegir entre ajustes marginales, parciales y alternativos, pero no entre estados de conjunto alternativos: la decisión a pequeña escala no implica elección a gran escala. Y ello es particularmente importante en los temas ecológicos. Hirsch cita el siguiente ejemplo: "a medida que se deteriora el transporte público, tenemos un incentivo extra para utilizar nuestro propio modo de transporte pri-

Página IX

vado, lo que produce, a su vez un mayor deterioro del publico y reduce atractivo frente al privado. En un proceso dinámico, la elección se plantea cada nivel del mismo, y no hay capacidad de selección entre opciones alterna-

La ambos extremos del so"(29). La brecha que la toma de decisiones atomizada y secuencial abre entre micro y macro racionalidad tiene en particular importantes implicaciones para la estabilidad de conjunto del sistema de mercado; es decir, de ella depende si el proceso de ajuste tenderá a producir algún tipo de equilibrio estable o si por el contrario tenderá a un recalentamiento, a crecimientos seguidos de estancamientos, a un ajuste destructivo y prolongados de stagflación.

Incluso los más ardientes defensores del mercado reconocerán la existencia de problemas como el "ciclo del cerdo"(30). Muchos reconocerán también problemas como la inestabilidad de los mercados financieros, que ha jugado un papel muy importante en la creación de la deuda del Tercer Mundo insostenible e impagable, y el reciente auge largo y crisis repentina del mercado de valores elegía postmortem en el Financial Times "la caída del precio de las acciones en un 20% en un día deja en ridículo la pretensión académica de que los mercados de valores son eficientes". Esta inestabilidad está estrechamente unida cómo el proceso de toma de decisiones atomizado y secuenciado se con la incertidumbre. El problema reside en que la adopción de medidas para la reducción de los propios riesgos parte de quienes toman las decisiones aislados y en una secuencia temporal, puede tener como consecuencia que aumenten los riesgos a los que está sometido el conjunto del sistema. Así, las tasas de interés flotantes, los créditos sindicados y las cláusulas colectivas de seguro contra el riesgo de impagos, mecanismos todos ellos concebidos para reducir los riesgos a los que se expone cualquiera de los bancos que conceden créditos a los gobiernos del Tercer Mundo, aumentan los riesgos a los que está sometido el conjunto del sistema de créditos con destino a los gobiernos del Tercer Mundo(31). De manera similar, la existencia de mercados de valores 'líquidos" en los que es posible hacer transacciones en cualquier momento a bajo coste, limita los los inversores individuales pero aumenta los que amenazan al conJunto de las inversiones. Fue este hecho

78

Diane Elson el que condujo a Keynes a describir los mercados de valores como "casinos" y a proponer que debían de ser caros e inaccesibles(32). Desde que escribió esto, los mercados de valores se han convertido, por supuesto, en mucho más baratos y accesibles y ello es una de las razones por las que la velocidad de caida de los precios de las acciones fue mucho más rápida en el derrumbe del año 87 que en el del año 29.

El mismo problema de riesgo del sistema -como resultado de los intentos de quienes toman las decisiones atomizadamente, unidos sólo por la conexión monetaria, para reducir individualmente y de forma aislada sus propios riesgoses también la fuente fundamental del problema macroeconómico de la demanda deficiente en una economía de mercado. En la perspectiva de un futuro incierto, las unidades económicas aisladas intentan mantener la flexibilidad guardando dinero, que como un poder general de compra es mucho más flexible que esos servicios específicos. Esta economía monetaria capitalista a la que Keynes llamó liquidez preferencial. Pero la misma flexibilidad que el instrumento social del dinero permite a las unidades económicas aisladas, hace también que la economía monetaria, al estar compuesta por estas unidades, sea fundamentalmente volátil. Debido a la flexibilidad que confiere el dinero guardado, las unidades individuales pueden rápida mente cambiar sus planes para responder simplemente a un cambio de expectativas. La "confianza" se convierte en un determinante esencial del nivel de inversiones y de la utilización de las inversiones y capacidades. Como lo resumió Bhaduri: "paradójicamente la opción individual de guardar dinero para hacer frente mejor a la incertidumbre puede instrumento social, al magnificar la influencia de la propia incertidumbre en las actividades económi-

Este aspecto negativo tenderá a predominar en una economía en la que el dinero funciona no simplemente un medio de cambio y para acumulación de valor, sino como capital; es decir

"Los socialistas deben reconocer los aspectos progresivos de la coordinación a través del mercado. Marx así lo hizo

Claramente...

cuando el dinero se utiliza para facilitar la adquisición no de bienes por sí mismos sino de más dinero. Considérese la manera en la que los hogares utilizan el dinero. Intercambian un tipo de bien (como por ejemplo la fuerza de trabajo) por otros bienes (como comida y ropa), a través de cambiar fuerza de trabajo por dinero y dinero por comida y ropa La reproducción de esta cadena de compras y ventas depende de alguna manera de cuáles sean las expectativas. El hogar puede esperar a hacer sus compras y guardar su dinero si cree por ejemplo que los precios van a caer. Pero ese "hasta cuando" depende del hecho de que no puede posponerse la necesidad de comida y ropa más allá de un cierto punto. Si la despensa está vacía no hay más remedio que comprar comida hoy, a pesar de que vaya a ser más barata la semana que viene.

La situación es diferente para las empresas que están obligadas a hacer de la realización de beneficios su principal objetivo. No están interesadas, y pueden estarlo en los bienes en sí mismos. Lo que les importa por encima de todo es el dinero que se refleja en la última línea del libro de contabilidad. (Como al parecer dijo Henry Ford, negocio no era hacer coches sino dinero). Ello puede expresarse en el concepto de Marx del ciclo dinero-capital-dinero, en el que el objetivo es no el intercambio de unos bienes por otros, sino el de una suma de dinero por otra mayor. Es mucho más probable que la reproducción de este ciclo sea interrumpida por la preferencia de liquidez que la cadena de compras y ventas de los hogares. Si una empresa no confía en vender su producción, es más lógico guardar el dinero y no usarlo en la compra de medios de producción y fuerza de trabajo. Su búsqueda de dinero líquido no está limitada por la necesidad de bienes, ya que las empresas no pasan hambre. En estas circunstancias el dinero es fetichizado, y adquiere vida propia Las empresas en su búsqueda de bene ficios pueden priorizar la liquidez incluso si los precios de los inputs están cayendo. Por ejemplo, aún en el caso de que los trabajadores acepten reducciones salariales y ello condujera a una caida de precios de otros inputs. Si la caida de precios genera expectativas de más caidas entonces sería bastante racional seguir guardando dinero líquido y posponer su utilización(34). Por lo tanto, no hay garantías en una economía monetaria de que se cumpla la ley de Say, por muy flexibles que sean los precios y por muy rápido que el mercado tienda a liquidar sus existencias. Siempre existe

Página X

la posibilidad de una demanda deficiente. Mandel tiene toda la razón en insistir que la raiz de los problemas macroeconómicos está en el mercado.

La respuesta keynesiana:

La intervención en el mercado La respuesta keynesiana a la brecha que se abre entre micro y macro racionalidad es que el Estado intervenga en el mercado comprando, fijando impuestos y prestando dinero, pero siempre como última solución para contrarrestar la posibilidad de una demanda deficiente. Por ejemplo, el Estado puede absorber liquidez para contrarrestar un aumento de la misma que podría si no tehay algunos problemas inherentes mercado que no pueden ser superados tan fácilmente. La intervención en el mercado cambia los parámetros existentes (precios, tasas de interés, tasas de cambio, tasas impositivas, niveles de demanda, etc.) a los que se enfrentan los promotores de mercado y otros sujetos del proceso de toma de decisiones, pero no cambia las características del proceso a través del cual opera el mercado. En particular, no cambia el aislamiento social de quienes toman las decisiones, sometidos a presiones importantes para que persigan la satisfacción de sus propios intereses de una manera miope, evadiendo, y subvirtiendo los cambios introducidos por las autoridades sociales(35). La intervención en el mercado tiende a ser inefectiva o muy cara si los agentes en el mercado responden solamente ventajas individuales; pero al mismo tiempo el aislamiento social que impone el mercado hace muy difícil que los individuos puedan hacer otra cosa. La intervención en el mercado no suministra instituciones que faciliten la reflexión colectiva antes de que las autoridades individuales adopten decisiones.

Un ejemplo especialmente significativo es el problema de qué hacer frente a la estagflación en los países industriales avanzados. Los remedios convencionales, fiscales y monetarios keynesianos son incapaces de hacer frente a una situacion en la que los precios y los salarios aumentan mientras que la producción y el empleo disminuyen. Lo que ha dado una oportunidad a las políticas "monetaristas" para intentar encontrar una solución al problema combinando deflación con intentos de hacer el mercado más "competitivo", buscando que

78

Diane Elson se parezcan más a los mercados de las teorías walrasianas y austriacas, según las cuales los precios deberian caer paralelamente a la demanda. Estas politicas implican costes enormes en términos de desempleo y despilfarro de recursos, y finalmente han terminado por ser contraproducentes. La mayoría de los mercados no funcionan como deberían hacerlo en las teorías wairasiana y austriaca por falta de competencia sino precisamente por la existencia de ésta Una explicación accesible del por que nos la ofrece Okun, que resume: ". funcionamiento correcto del mercado de clientes y del mercado de trabajo de profesionales requiere un importante distanciamiento de la flexibilidad de precios del modelo competitivo. Tanto los clientes como los proveedores, los empleados como las empresas desarrollan métodos para reducir las oscilaciones de precios que ayudan a perpetuar relaciones y a minimizar los costes por transacción a largo plazo"(36). A nivel microeconómico hay buenas razones para que las firmas suban los salarios trasladando costes a los precios al mismo tiempo que reducen producción y empleo. Al hacerlo así se sitúan en mejores condiciones para mantener la cooperación y lealtad de sus clientes y fuerza de trabajo que reduciendo salarios y precios.

La conclusión práctica de este tipo de razonamientos es la necesidad de que la política fiscal y monetaria de tipo keynesiano sea acompañada por algún tipo de política de salarios que obligue a las empresas a no aumentar estos, y hacer así posible una política convencional keynesiana que mantenga un alto nivel de demanda sin provocar inflación. Sin embargo, se penaliza a los hogares en comparación con las empresas existe un mecanismo complementario que frene el aumento de precios. Reconociendo la existencia de este problema, algunos defensores de una política de salarios lo son también de una política de control de precios. Pero si el proceso de fijar precios se abandona en manos de las empresas, seguirá exis tiendo un desequilibrio fundamental: los hogares no pueden analizar la formación de precios de manera que les permita imponer restricciones a las empresas de la misma forma que éstas pueden analizar la formación de los costes salariales e imponer un programa de recortes a sus obreros(37). Además, la información esencial del coste por unidad y del margen de beneficios sigue estando en manos de las empresas, y sin esta información las Comisiones de

Precios carecen de efectividad, y son incapaces de vigilar la aplicación de los acuerdos en esta materia. Este desequilibrio sólo desaparecerá socializando el proceso de formación de precios, ayudando a que sea transparente para los hogares haciendo públicos el coste por unidad y el margen de beneficios. Las empresas capitalistas siempre se opondrán, porque el secreto les da una ventaja competitiva y la propiedad privada implica el derecho a no revelar esa información. Las empresas estatales también se opondrán en tanto tengan como principal objetivo maximizar sus propias ganancias, y relacionarse con otras empresas y con los hogares principalmente a través del mercado. No es sorprendente que la formación de precios sea algo tan explosivo en la mercantilización del socialismo.

Por lo tanto no se puede confiar que la política keynesiana de intervención en el mercado, de políticas fiscales y monetarias acompañadas de políticas de rentas y precios, pueda superar los problemas macro-económicos que nacen del mercado como proceso. No tiene sentido afirmar que se utilizará el mercado para resolver los problemas microeconómicos de asignación de recursos y usar políticas keynesianas para superar los problemas macro-económicos, porque los dos tipos de problemas están íntimamente relacionados. El mercado como institución tenderá a minar la puesta en práctica eficaz de las políticas keynesianas. "No hay un tercer camino" Nove reconoce muchos de estos inconvenientes del mercado, pero está convencido de que no tenemos más remedio que aceptarlos porque el mercado es la única alternativa a la burocracia. La coordinación sólo puede establecerse a través de una relación monetaria o a través de una relación administrativa, o una combinación de ambas. Sin embargo, una serie de gente ha defendido que existe otro tipo de relación y que juega un papel vital en la coordinación económica. Dietrich(38), rechazando la dicotomía plan/mercado, defiende que tanto los mecanismos de mercado como los de planificación requieren para poder funcionar un tercer tipo de relaciones, a las que llama "relaciones informales". Sugiere también que cualquier tipo de sistema planificado, ya sea en el sector privado o público, no puede basarse simplemente en los procedimientos establecidos. La racionalidad limitada de quienes toman las decisiones implica

Página XI

que sean necesarias relaciones informales entre ellos para que el sistema pueda funcionar. Como apoyo cita estudios del funcionamiento interno de las corporaciones multinacionales y de los sistemas administrativos. la relación monetaria en los mercados es suplida con las relaciones informales, y la razón de ello es que las decisiones individuales no tienen por qué conducir a un resultado óptimo cuando las unidades económicas son interdependientes. Okun(39) llama a estas relaciones informales el "apretón de manos invisible" en contraposición a la "mano invisible del mercado". El "apretón de manos invisible" es entendido como un contrato implícito o un compromiso moral que ayuda a cimentar la continuidad de las relaciones entre compradores y vendedores. Hannah, haciendo la crítica de un libro de historia de los negocios, escribe: "Una gran parte del desarrollo actual del análisis del éxito económico implica

"mano invisible" del mercado de Adam Smith ni la "mano visible" de las jerarquías burocráticas de Alfred Chadler pueden ofrecer una explicación. Por el contrario, una "tercera mano" de redes e interrelaciones -algunas veces basadas sólo en la confianza y la reciprocidad, y algunas otras en redes de conexiones más fáciles de observar y medir- parece ser un componente Importante(40). Una gran parte de la literatura del éxito económico en Japón, Corea del Sur y Taiwan pone énfasis en el mismo punto: que una relación de confianza, buena voluntad y reciprocidad ha jugado un papel esencial en el desarrollo económico nacional(41).

La tercera vía de Mandel Mandel también se refiere a este tipo de relaciones. Las llama "cooperación informal objetiva" y subraya el valor de la continuidad en las relaciones comprador-vendedor, de manera similar Okun(42). Sin embargo, Mandel va más allá del simple reconocimiento de la existencia de un tercer tipo de relaciones y argumenta que él mismo está reemplazando la relación monetaria y haciendo que los precios sean económicamente irrelevantes. Creo que no es así, pero comparto con Mandel y con otros economistas mencionados anteriormente, el punto de vista de que existe un tercer tipo de relación de coordinación. El problema no es la ausencia de una tercera vía, sino cómo institucionalizarla y cómo asegurar que la cooperación sea verdaderamente libre, resultado genuino de la confianza y la buena volun-

78

Diane Elson "Cuando existen interdependencias generalizadas entre decisiones que toman diferentes personas (o grupos), la toma de decisiones a favor del bien común ofrece inmensas ventajas, incluso desde el punto de vista del interés individual" tad. Con cierta frecuencia, el llamado "apretón de manos invisible" en una economía capitalista no es sino un falso sinónimo de "torcer el brazo invisible-

Para Mandel, el problema del mercado surge del hecho de que la oterta y la demanda no pueden alcanzar un equilibrio antes de que se asignen recursos para la producción. Considera que es esencial que el equilibrio entre las preferencias de los consumidores y la asignación de recursos se alcance antes de que se inicie la producción. Desde su punto de vista, la ventaja de la planificación es que puede lograr este objetivo, de manera que no se produzcan desequilibrios entre oferta y demanda. De hecho, el sistema de planificación cumpliría el mismo papel que el subastador walrasiano. Como muchos otros economistas socialistas, Mandel acepta implícitamente que el principio neoclásico de equilibrio general es el objetivo en relación con el cual se debe juzgar el funcionamiento de una economía socialis-

Las críticas dirigidas contra la economía socialista lo han sido en gran medida en relación con este tipo de planteacómo resolver el problema que generan las exigencias de una enorme información y de una cantidad enorme de tomas de decisiones individuales(44). Si la tarea de coordinar una economía socialista se enfoca buscando un equilibrio "ex ante", la consecuencia es que la información sobre las posibilidades productivas y la demanda de todos los tipos de bienes tiene que reunirse y procesarse en un período corto de tiempo durante la preparación del plan, antes de que se asignen los recursos y se inicie la producción. Este problema de cómo procesar simultáneamente una cantidad de información es el punto de partida de la posición de quienes defienden que la existencia de las computadoras no ha resuelto el problema de la información. Una ventaja del sistema de mercado, en comparación con la planificación central, es no tanto que genere información a bajo como que permite una relativa autonomía de las decisiones, de manera que sólo una fracción de la información so. bre las posibilidades productivas y la demanda necesita ser procesada en un momento y un lugar determinados.

De acuerdo con este objetivo, la principal preocupación de Mandel es reducir la burocracia y descentralizar la asignación de recursos. Y ello se puede hacer de dos maneras. La responsabilidad de determinar la estructura del plan (qué proporción del PNB se dedicará a cada uno de los veinte o treinta sectores cla ves de la producción, qué tasa de crecimiento, qué volumen de recursos dedicar a los sectores "no esenciales", qué salariales establecer, corresponderá al Congreso anual de delegados de los consejos obreros у populares. Los planificadores tendrían todavía que diseñar un plan más detallado dentro de esta estructura, utilizando tablas input-output, señalando los recursos disponibles para cada rama de la producción. Pero la asignación de recursos dentro de cada rama de la producción sería responsabilidad de organismos autogestionados, como Congresos de consejos obreros por rama de producción. La lista detallada de bienes a producir seria el resultado de consultas previas entre los consejos obreros y las Conferencias de consumidores elegidas democráticamente por el conjunto de los ciudadanos. Se eliminaría así en gran medida la burocracia de los Ministerios centrales de cada sector de la produc-

El papel del dinero y de la compra y venta se reduciría a un mínimo. El objetivo de Mandel es terminar con el dinero y con la compra y venta, a través de la distribución directa y libre de los bienes necesarios para satisfacer las necesidades básicas: "Es posible reducir el papel del dinero en el conjunto de la economía si los bienes y servicios distribuios libremente llegan a ser más numerosos que los bienes y servicios que se compren"(45). La alternativa de Mandel prevé no un proceso diferente de determinación de los precios, sino su abolición. Como antes Engels, Mandel escribe que: "la manera más simple y democrática de adaptar los recursos materiales a las necesidades sociales no es interponer entre los dos la mediación del dinero, sino descubrir cuáles son las necesi-

Página XII

dades de la gente simplemente preguntándoles" (46).

Sin embargo, si los precios son abolidos, sería imposible llevar a cabo la primera etapa de determinar la estructura del plan. De entrada, el cálculo del PNB sólo es posible si se pueden sumar recursos en una medida homogénea. De hecho, el PNB se calcula haciendo uso de precios. Mandel no aclara si cree posible la utilización de precios de "referencia" para ello. Pero la primera etapa requiere en cualquier caso que se utilice

Se prevé que los hogares puedan tener alguna capacidad de elección: "Se presentará a los consumidores varios modelos, por ejemplo distintas modas de zapatos, que podrán probar, criticar y

Los principales instrumentos para realizar estas pruebas serán las salas de muestra y catálogos publicitarios. Estos últimos pueden cumplir el papel de un referéndum: los consumidores con derecho, por ejemplo, a seis pares de zapatos al año podrían marcar en el folleto de propaganda los seis modelos que prefieren de una lista de cien o doscientas opciones. El número de modelos a producir se determinaría por el resultado del referéndum, con mecanismos correctivos post-producción que reflejen las críticas subsiguientes de

En una sociedad así, los hogares tendrían que hacer un esfuerzo para planificar de antemano sus necesidades, y no está claro cómo podrían hacer frente a necesidades inesperadas. Una vez que se hayan ordenado los productos básicos para el período del plan, ¿qué ocurre si el tamaño y la composición de los hogares cambia de repente (por ejemplo con el nacimiento de un nuevo miembro o la muerte de otro) o cambian las necesidades debido a una enfermedad o un cambio de trabajo o de necesidades de transporte? Mandel tampoco aclara cuáles serían los "mecanismos ción" y cómo funcionarían. Todo ello es producto de un sesgo productivista de su enfoque. Mandel está más preocupado por lo que llama el "despotismo" de los consumidores sobre los productores que por asegurar que la producción genere eficientemente la variedad apropiada de bienes y servicios de calidad en el momento adecuado. Cree que "los ciudadanos típicos de un país industrial avanzado no son sólo y principalmente... consumidores. Son ante todo productores. Todavía dedican una media de por lo menos nueve o diez horas al día, cinco días a la semana, a trabajar y a desdesde su casa al trabajo y viceversa. Si la mayoría de la gente duer-

78 Diane Elson me ocho horas por la noche, seis horas para toda una serie de actividades como consumir, cansar, mantener relaciones sexuales, relacionarse socialmente,

Parece obvio que el "ciudadano meadulto. No se menciona el trabajo no pagado del hogar, ni se concibe el consumo como un proceso de producción del hogar. Incluso en en caso del varón adulto, el argumento de Mandel es falso: de poca consolación servirá decirle a un hombre que trabaja en una fábrica de automóviles y cuyo coche se estropea, debido a un defecto de fabricación, que es ante todo un productor y no un consumidor de coches. El problema es que Mandel tiene la misma concepción abstracta del consumo como algo que hacen los "consumidores", que los ejede marketing. Todos usuarios de bienes y servicios. La manosotros (menos cuando somos niños o estamos enfermos) somos también productores. La tensión inevitanuestras necesidades como consumidores y como productores no se afirmando que somos todo" productores. Más aún, no es cierto que todos nos consideremos "ante todo" productores: muchas mujeres se consideran a sí mismas esposas y madres con responsabilidades en el hogar al mismo tiempo que trabajadoras, y muchas mujeres no forman parte en absoluto de la fuerza de trabajo asalariada periodos significativos de su vida adulta. En el contexto de una distribución muy desigual en el hogar de tareas entre el hombre y la mujer, la incapacidad de las unidades productivas de proveer bienes calidad apropiada supone una serie de cargas especiales para las mujeres. Los efectos adversos, según Mandel, de la "libertad de los consumidores", como desempleo, acele-

"La respuesta patriarcal es alentar a las mujeres para que se sacrifiquen con altruísmo por el bien general del hogar, de manera que su trabajo no pagado proporcione un colchón flexible que permita a los hombres responder a las señales del mercado"

ración de los ritmos de producción, peligros para la salud, la "disciplina autoritaria de los equipos de producción", no nacen de la capacidad de elección del consumidor per se, sino que son el resultado de las condiciones generales en las que se ejercita esa capacidad de

No está claro cómo decidirían los Congresos de consejos obreros en cada rama industrial la asignación de recurtendrían que realizar de hecho muchas de las tareas que los Ministerios tienen

Men la URSS, y hacer a muchos problemas similares Mandel tiende a pasar por encima de estos problemas invocando a los "organismos autogestionados". Por ejemplo, su afirmación de que "una fuerza de trabajo autogestionada no tendría interés en ocultar los datos". Pero una unidad particular autogestionada podría de hecho tener interés en ocultar los datos al Congreso de consejos obreros si gracias a ello pudiera obtener una reducción del trabajo asignado o un aumento en el input asignado. La autogestión, en este caso, significaría que toda la fuerza de trabajo de una empresa, y no sólo sus administradores, tendrían mucho que ganar desinformando. La autogestión por sí misma no superaría las divisiones existentes entre diferentes grupos autogestionados. Mandel ofrece muy poca argumentación sobre cómo se organizarían las unidades autogestionadas: la autogestión funciona por el contrario como una especie de deux ex machina para desplazar a la burocracia.

Una economía de la repetición En el esquema económico de Mandel hay poco sitio para lo inesperado, y por ello tiende a simplificar las tareas que corresponderían a la "autogestión articulada". El acento se sitúa en la existencia de procesos casi automáticos y rutina-

"Así es como la mayoría de los negocios tienen lugar hoy en los países capitalistas y socialistas: en base a hábitos, costumbres, rutinas y la cooperación natural que nace del conocimiento mutuo y de la previsión de los resultados"(49). Este supuesto de una economía de la repetición casi disuelve el problema de la coordinación. Se trata de una suposición clave en la que se basa el énfasis de Mandel en la conveniencia de lograr un equilibrio ex ante y su creencia de que el dinero y los precios pueden y deben ser eliminados, dejando

Página XIII

de jugar un papel importante en el proceso de coordinación. El supuesto de una economía que no requiere procesos de ajuste se retuerza con una concepción muy simplificada de sus necesidades. Mandel parte del punto de vista generalmente aceptado de que existe una jerarquía de necesidades, para llegar a la suposición de que la combinación de bienes necesarios para satisfacer las necesidades humanas puede ser conocida de antemano por los planificadores y es independiente de los precios. Pero el hecho de que comer, beber, vestirse y alojarse sean necesidades fundamentales no implica que conozcamos qué tipo de bebida, comida, vestido y alojamiento quiere la gente. Mandel piensa que para conocer estos detalles podemos apoyarnos en extrapolaciones de las tendencias actuales de ventas de comida, bebida, ropa y vivienda. Pero estas tendencias están determinadas por la distribución relativa de precios e ingresos (y por las relaciones de poder subyacentes) tanto como por las necesidades. Si cambian los precios relativos y la distribución de ingresos, las tendencias de consumo pueden varias considerablemente. La gente no decide qué y cuanto comprar, incluso en el caso del pan, independientemente de su precio. Mandel considera que los precios no son importantes a la hora de determinar qué es lo que la gente compra porque malinterpreta la importancia de los mercados de "precios fijos", y la incapacidad de los consumidores de responder pequeños cambios de precio. Este fenómeno no significa que la asignación de recursos no se guíe por los precios. Por el contrario significa que las empresas comparan los costes de reajustar frecuentemente los precios con los beneficios que obtendrían, y sólo cambian su lista de precios cuando los costes de producción varian más allá de un cierto límite. Los precios que fijan están limitados por la demanda de los consumidores. De manera similar, los consumidores también comparan los costes y beneficios de buscar bienes más baratos.

Los precios en la mayoría de los mercados no son flexibles debido a los costes de venta en situaciones de información limitada, y asímismo a que compradores y vendedores valoran la continuidad de sus relaciones. Por ello, la producción se guía a corto plazo por señales cuantitativas. Lo que no significa que los precios sean innecesarios, porque son un determinador importante rentabilidad y esta guía las decisiones de inversión. Incluso a corto plazo, los fenómenos a los que se refiere Mandel son indicadores, no de que los precios

78

Diane Elson

"Los hogares no pueden analizar la formación de precios de manera que les permita imponer restricciones a las empresas de la misma forma que éstas pueden analizar la formación de los costes salariales e imponer un programa de recortes a sus obreros" no sean importantes, sino de que para la mayoría de las transacciones lo que importa es el precio normativo. Si una empresa intenta incrementar sus beneficios aumentando los precios mucho más que lo "normal", pronto perderá a sus clientes. Siguiendo su supuesto de economía estática, Mandel asume implícitamente la estabilidad de los precios relativos "normativos", con la sola de catástrofe económica. Se ignoran así los efectos del cambio tecnológico: hace treinta años los precios relativos de los televisores en Europa eran altos y se les consideraba un artículo de lujo. En términos relativos, los precios son mucho más bajos hoy y se considera que los televisores son una necesidad básica, tanto por parte de la opinión pública investigadores que utilizan su posesión o no como un indicador de pobreza.

Mandel afirma que "es mucho menos costoso y más razonable satisfacer las necesidades básicas no por la vía de la asignación indirecta a través del dinero en el mercado, sino mediante la distribución, o redistribución directa del conjunto de los recursos existentes para ello"(50). Pero hay que señalar que sus ejemplos se refieren todos a circunstancias extremas: el Chile de Pinochet, la hambruna del Sahel, epidemias en BanMi conclusión no es que precios y socialismo sean incompatibles, sino que las relaciones sociales existentes entre compradores y vendedores deben cambiar para que no sean antagónicas"

. Todos estaríamos de acuerdo que en circunstancias semejantes la política más efectiva es sin duda la distribución directa y gratuita Pero ¿las medidas necesarias para una ayuda de emergencia en situaciones de desastre, con una distribución de ingresos muy desigual y propiedad privada de los principales recursos, son realmente las mismas que se necesitan para hacer funcionar una economía socialista en la que los principales recursos son de propiedad social y la distribución de ingresos reiativamente igualitaria? Mandel no es capaz de distinguir entre los efectos del capitalismo y los del mecanismo de precios.

Es defendible en algunos casos la distribución directa sin precios de ciertos bienes, como por ejemplo la sanidad y la educación, pero es debido a ciertas características específicas de estos bienes. Lo importante no es el hecho de el tipo de interdependencias que exige su producción y uso. Mandel no se apoya en este tipo de razones, sino que cree que la eliminación del dinero y de los precios es deseable en sí misma. Lo que conduce a algunas extrañas sugerencias como que una partida social podría tomar la forma de "una ampliación determinada del período de vacaciones y viajes para todos (si ésta fuera la opción mayoritaria)"(51). Pero clase de beneficio sería éste para la minoría que prefiera quedarse en casa? ¿Por qué no distribuir esa partida social en dinero para que cada cual pueda gastárselo de acuerdo con sus preferen-

La cuestión principal es que el dinero y los precios nos permiten considerar diferentes alternativas, desde qué porcentaje del producto nacional debe dedicarse a los servicios de salud hasta qué bienes debemos comprar para satisfacer nuestras necesidades individuales Los precios no son la única información necesaria para poder elegir entre dos alternativas, pero se trata de una información imprescindible

La aversión de Mandel al dinero y a los precios nace quizás de la creencia de que se trata de formas capitalistas sin posible remisión. Este es el punto de vista de la Escuela Austríaca, y la principal racón en la que se basa su creencia en la imposibilidad de que funcione bien una economía socialista. El punto de vista expresado por Lavoie de que "los precios son un reflejo de lo que para Marx son las contradicciones del capitalismo: una guía organizativa y racionalizadora de las decisiones en la producción y al mismo tiempo un reflejo de las

Página XIV

relaciones sociales antagónicas entre compradores y vendedores" puede ser compartido probablemente por Mandel y otros marxistas contrarios a los precios. Pero mi conclusión no es que precios y socialismo sean incompatibles, sino que las relaciones sociales existentes entre compradores y vendedores deben cambiarse para que no sean antagónicas. El proceso de formación de precios debe ser un proceso público, que no esté controlado por las empresas. Y la información debe compartirse, con las relaciones de confianza, reciprocidad y buena fe como límites dentro de los cuales debe operar el mercado, en vez de estar subordinadas a él.

NOTAS

(*todas las referencias bibliográficas están hechas a la versión inglesa de las obras). (1). Karl Marx, Capital, Volume One, Penguin 1976. Pág. 165. (2). Karl Marx, O.C., pág. 179-9. (3). A. Nove, The Economics of Feasible Socialism. London 1983. (4). Estas preocupaciones han sido el centro del debate sobre el socialismo municipal en Gran Bretaña. Ver M.Mackintosh y H.Wainwright, edt. A Taste of Power: The Politics of Local Economics, Verso, London 1987. (5). Algunos ensayos recientes sobre la organización de las economías socialistas llegan a conclusiones similares sobre las virtudes y la inevitabilidad del mercado. Geoff Hodgson, por ejemplo, quien presta mucha más atención que Nove al tema de la participación obrera en la organización de la producción y en la democratización de la planificación, insiste también en que "la descentralización del control sobre la industria supone el establecimiento inevitable de mecanismo de mercado: no se ha encontrado aún una alternativa realista" (The

Democratic Economy, Harmondsworth 1984, pág. 174).

(6). J.Robinson, Consumer's Sovereignty in a Planned Economy, en

A.Nove y D.Nuti, Socialist Economics,

Harmondsworth 1972.

(7). En Yugoslavia, donde el papel del mercado ha sido mucho mayor que en otros países del "socialismo realmente

78 Diane Elson existente", hay evidencia del proceso de concentración y centralización. En 1970, las 130 mayores empresas de manutactura y minería suponían el 45,1% del total de ventas y el 33,7% del empleo total. En 1977, estas proporciones se habían elevado al 70,1% y 48,3% respectivamente. De 1965 a 1967, 12% de todas las empresas yugoslavas atravesaron un proceso de fusiones que continuó en los años setenta (A. Zimbalist and H.J. Sherman, Comparing Economic Systems, Orlando 1984, pág. 429). Aunque Nove pone en discusión algunos de los problemas de la experiencia yugoslava, no menciona éste. (8). Ver P. Auerbach, M. Desai, A. Shambari, The Dialetics of Market and Planning, New Left Review 170, 1988. (9). Este problema es tratado por G Hodgson, xtord 1988; y Market as an Economic Process, Oxford 1986. (10). Entre las pocas excepciones, S. Moss, An Economic Theory of Business Strategy: An Essay in Dynamics without Equilibrium, London 1981; y D. Helm, Price formation and the Cost of Exchange, en M. Barazini and R. Scazzieri, Foundations of Economics, Oxford 1986. (11). Un estudio sobre la reacción de una empresa textil yugoslava a las reformas de 1965 muestran que su departamento de ventas creció de 12 a 39 personas en un año. La necesidad de responder más rápidamente a un mercado inestable y el esfuerzo por influenciar las condiciones del mercado condujeron a una creciente concentración del proceso de toma de decisiones en manos de un sector ampliado intermedio de la gerencia, a pesar de las previsiones sobre la participación obrera. Zimbalist y Sherman, O.C. pág. 439. (12). R. Murray, Ownweship Control and the Market, NLR 164, 1987, cita una estimación de que 350.000 personas trade inversiones, planificadores y diseñadores, sin contar al personal administrativo ni los especialistas en informática.

(13). F. von Hayek, Economics and

Knowledge, Económica, nueva serie 4,

(14). Ver Hodgson, O.C. pág 185. (15). Sin embargo, como señala Sen, aunque los mercados trabajan sobre la base de alguna congruencia de intereses, el mecanismo de mercado no es capaz de resolver los conflictos de intereses entre compradores y vendedores en la distribución de los beneticios del comercio. A.K. Sen, Resources, Values and Development, Oxford 1984, pags. 93-94. (16). Hayek también subraya los beneficios dinámicos del mecanismo de mercado y rechaza la optimización de Pareto como un marco de evaluación. (17). Marx, O.C. pág. 164. (18). Ver, por ejemplo, A.K. Sen, O.C. en la introducción y cap. 4. (19). Marx, O.C. pág. 165. (20). Este tipo de interdependencia ha sido llamada relación externa "pecuniaria" o "dinámica". Ver T. Scitvosky, Two Concepts of External Economies, Journal of Political Economy, 1954. (21). Para una discusión más detallada de este punto ver F. Hirsch, Social Limits of Growth, London 1977. (22). Marx, Grundisse, Penguin 1973, pág. 161. (23). "En la esfera de los mercados competitivos... la confianza y la cooperación a largo plazo, aunque presente en alguna medida, son socavadas por la competencia entre los muchos y distintos agentes. En el mercado hay una población cambiante y volátil, y los individuos persiguen sus objetivos según calculen cuáles sean sus pérdidas y beneficios" Hodgson, O.C. 1988, pág. 210. (24). Para una discusión crítica de este concepto de ajuste, ver G. Dumenil y D. Levy, The Classicals and the Neo-Classicals: a rejoinder to Frank Hahn, Cambridge Journal of Economics, vol 9, nº 4, 1985.

(25). Para una comparación de los entoques neoclásicos y Austríacos, ver D Lavoie, Rivalry and Central Planning, Cambridge 1985.

(26). Ver, por ejemplo, A. Okun, Prices and Quantities: a Macroeconomic Analysis, Washington 1981.

Página XV

(27). N. Folbre, Cleaning House: New Perspectives on Households and Economic Development, Journal of Development Economics, vol 22, 1986. (28). La útil distinción entre dependencia general y dependencia unilateral apare ce en Marx. La ideología alemana, London 1974, pág. 55. (29). Hirsch, O.C. pág. 18. (30). Cuando el precio del bacon está alto, los granjeros crian más cerdos. Cuando todos los cerdos han crecido lo suficiente como para sacrificarlos para bacon, el precio cae y provoca una reducción en el número de cerdos que se criarán, que a su vez provocará una subida de los precios del bacon, y así... problema y sugiere que algunos producsometidos a un control de precios. (31). H. Lever y C. Huhne, Debt and Danger: The World Finantial Crisis, Harmondsworth 1985. (32). J. M. Keynes, The General Theory

TEMAR

78

Diane Elson of Employment, Interes and Money, London 1973, pág. 159. (33). A. Bhaduri, Macroeconomics-The Dynamics of Commodity Production, London 1986, pág. 91. (34). Ghaduri, O.C. pág. 91. (35). Ver Hirsh, O.C. cap. 9. (36). Okun, O.C. pág. 342 hay una literatura cada vez más numerosa sobre la base microeconómica de los problemas macroeconómicos, estudiando como la stagflación se deriva de la naturaleza del proceso del mercado. Ver S. Fisher, Recent Developments in Macroeconomics, Economic Journal, vol 98, n° 391, junio 1988. (37). Okun, O.C. pág. 344-46. (38). M. Dietrich, Organisational Requirements of a Socialist Economy: Theoretical and Practical Suggestions, Cambridge Journal of Economics, vol. 10, n° 4, 1986. (39). Okun, O.C. pág. 89.

(40). L. Hannah, Fully Interlocking, Times Literary Supplement, 28 julio 1985.

(41). Ver, por ejemplo, R. Dore, Goodwill and the Spirit of Market Capitalism,

British Journal of Sociology, vol 34, nº 4

1983.

(42). Mandel, In

Defense of Socialist

Planning, pág, 22-23.

(43). Este paralelismo entre la economía neo-clásica y las teorías económicas de muchos marxistas ortodoxos ha sidn señalada por Hodgson, O.C. pag. 158.

(44). Ver Lavoie, O.C.

(45). Mandel, O.C. pág. 17.

(46). Mandel, O.C. pág. 17.

(47). Mandel, O.C. pág. 28.

(48). Mandel, O.C. pág. 21.

(49). Mandel, O.C. pág. 23.

(50). Mandel, O.C. pág. 20.

(51). Mandel, O.C. pág. 35.