Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Colombia: "Su intención era matarme"

Inprecor n.º 77, julio de 1990 · pp. 11-16 · 4.267 palabras

"SU INTENCIÓN ERA MATARME"

Durante la pasada campaña electoral colombiana el servicio de inteligencia el ejército desencadenó una campaña contra la organización revolucinaria A Luchar, a raíz de la cual fueron detenidas varias decenas de dirigentes sindicales y populares. En ese marco, Daniel Libreros, miembro de la dirección nacional de A Luchar y encargado por ella de coordinadar su defensa, fue detenido y estuvo a punto de engrosar la larga lista de desaparecidos en aquel país. Este es su testimonio.

Colombia ¿Puedes contarnos en qué términos se desarrolló la ofensiva que el ejército montó contra los militantes de A Luchar en la región de Cali? El 2 de marzo, Manuel José Bonnet, titular de la III Brigada del Sur-Occidente con sede en Cali, desató una campaña de persecución de los miembros de A Luchar, campaña que estuvo organizada y coordinada por el tenebroso Servicio de Inteligencia del ejército y a la que el propio titular de la Brigada dio difusión a través de los medios de comunicación. Esta campaña estuvo en relación directa con la posición que A Luchar mantiene frente al actual proceso electoral y a partir de la cual está llamando a no votar.

La campaña de persecución llevó al allanamiento de locales sindicales y de domicilios de dirigentes sindicales y políticos de la región. En total, cerca de sesenta compañeros, divididos en grupos de veinte, pasaron por las instalaciones de la Brigada. Estas instalaciones están

Entrevista con Daniel Libreros acondicionadas para torturar. Sus paredes están cubiertas con llantas de tractor y el techo es de zinc. Las instalaciones están divididas en varias garitas. Una está acondicionada para torturas eléctricas: a altas horas de la madrugada, desnudan a la gente, la bañan y le aplican choques eléctricos. Hay otra acondicionada para torturar en el potro: acuestan a la gente, la amarran y empiezan a estirarle los brazos y las piernas y a golpearla. Hay una más que sirve para simular ejecuciones: llevan a la

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gente vendada y empiezan a disparar al aire o a colocarles la pistola vacía en la sien y a "disparar".

Todos los compañeros fueron golpeados y algunos, sobre todo los de mayor rango a nivel de direcciones sindicales regionales o de la dirección regional de A Luchar, fueron torturados. Todos ellos estuvieron tres dias vendados, con las manos atadas, de pie, sin comer y a la intemperie, esto es, expuestos a la luz del sol, lo que en esta temporada significa soportar temperaturas de aproximadamente 34°C. Toda esta situación de terminó que al segundo o tercer día alcompañeros se desmayaran y, en esas condiciones, fueran pateados por elementos pertenecientes al mencionado Servicio de Inteligencia. Al tercer día, al momento de darles de desayunar, se puso Pentotal (también conocido como suero de la verdad) en el chocolate de algunos de ellos. Bajo esas condiciones, esto es, bajo un estado en el que la persona ve mermadas muchas de sus facultades físicas (sobre todo las que tienen que ver con su conciencia) y ante cualquier presión puede declarar lo que se desee, los compañeros fueron los compañeros más torturados fue Harold Weiss, miembro destacado de la dirección regional de A Luchar. En un determinado momento, le quitaron la venda para mostrarle que introducían una bala a la pistola. Inmediatamente después de volver a vendarlo, retiraron la bala o cambiaron de pistola, operación de la que, por supuesto, Ha rold no se dio cuenta. Sin bala en la recámara o con otra pistola, empezaron a "jugar" con él a la ruleta rusa. Otro comdirigente sindical de gran prestigio en la región, tue enterrado hasta el cuello y torturado por el titular del Servicio de Inteligencia, un personaje verdaderamente siniestro al que todo el mundo llama "el cura" y quien para torturar se pone una sotana, reza y recurre a un lenguaje completamente místico en busca de justificación a toda su miseria humana. La compañera Elizabeth Suárez fue torturada y violada. Otros comtotalis ete incomunicados. Para elo, los des presidenciales bajo el estado de sificome lea durante siéte di d hables

(que contando el sábado y el domingo pueden extenderse a nueve) a toda persona sospechosa de ser un "delincuente político" y sin que ésta tenga la más mínima posibilidad de contar con asistencia jurídica.

Toda esta situación que relato duró del 2 al 15 de marzo. Inmediatamente después, los compañeros fueron acusa dos de ser elementos activos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la zona. Bajo esta acusación fueron trasla dados a la cárcel de Villahermosa, ahí mismo en Cali. La mayoría de ellos fueron liberados el sábado 14 de abril.

Pero a las diez personas que aún permanecen detenidas se les ha montado todo un operativo según el cual fueron apresadas "con las manos en la masa", esto es, con armas y dinamita. La situación, la verdad, es sumamente rara y confusa, pues en realidad de esas diez personas que aún permanecen en prisión, sólo nueve pertenecen a A Luchar. El otro detenido parece ser un tipo que en efecto está ligado al narcotrafico. De ser así, el ejército utilizó su detención para embarrar a los miembros de A Luchar. Y esto parece confirmarse por el hecho de que el lugar en el que esta persona fue detenida (con armas y dinamita) es casualmente un lugar muy cercano al local sindical en el que fueron apresados los dirigentes de A Luchar.

La campaña llevó también a la confiscación del periódico de la organización -órgano que incluso cuenta con reconocimiento legal ante el ministerio de Gobierno- y a considerar sujeto de detención a todo aquel individuo que tuviera en sus manos un ejemplar del mismo. ¿Cuál fue la respuesta de las diversas organizaciones políticas y sociaLa solidaridad del movimiento sindical resultó de suma importancia. Se hicieron denuncias públicas y se organizaron marchas e, incluso, un paro de producción durante la primera semana de desarrollo de estos acontecimientos. Los sindicatos de las empresas más afecta das, Good Year Oxo y FIDELPA (una de armaduras metalmecánialcanzaron a organizar paros de una hora, la última de la jornada laboral. La Central Unica de Trabajadores (CUT) regional organizó numerosas moviliza-

Nosotros creemos que hoy en día el movimiento de masas es fuerte y puede dar mucho. Luego de la huelga general del 27 de octubre de 1988, el movimiento entró en una fase en la que se vio obligado a colocarse a la defensiva. Bajo esas condiciones, la solidaridad fue

La solidaridad internacional también jugó un papel muy importante. Los compañeros cuentan que durante el proceso les decían que la presión internacional (de organismos defensores de los derechos humanos, de Amnistía Internacio-

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nal, etc.) había jugado a su favor. La propia juez aceptó este hecho. Y en medio de toda esta situación, ¿qué fue lo que te pasó? Bueno, yo fui responsabilizado por la Comisión Ejecutiva de A Luchar para asistir jurídicamente a los compañeros detenidos. Bajo esa responsabilidad, desde el mismo 2 de marzo me presenté ante las autoridades civiles para exigir mejores condiciones en el trato dado a los compañeros. En un principio, me salvé de ser detenido por situaciones verdaderamente circunstanciales. Pero el problema fue que empezaron a se-

A las 7,45 de la mañana del 27 de marzo me disponía a tomar el vuelo 202 de Avianca que me trasladaría de Cali a Bogotá. Alcancé incluso a registrar mi maleta y a pasar a través de las pantallas. La fila, sin embargo, avanzaba muy lentamente y en un momento dado tuve necesidad de ir al baño. Al entrar se me acercaron tres hombres armados con metralletas y vestidos de civil que; sin embargo, se identificaron como pertenecientes a la III Brigada. "¿Usted es Daniel Libreros?", me preguntaron, e inmediatamente agregaron: "Venimos por usted". Mi reacción fue la aconsejada en estos casos: primero, preguntar bajo qué cargos se me detenía y luego, al momento en que salíamos del baño, gritar: "¡Soy Daniel Libreros y me llevan detenido de manera arbitraria!".

Desafortunadamente, cuando salimos la gente ya se encontraba arriba del avión. Además, aunque se trata de un vuelo nacional, el avión partia del llamado muelle internacional del aeropuerto, una zona regularmente deshabitada. Toda esta situación determinó que nadie me oyera (aunque las averiguaciones que los compañeros realizaron esa misma tarde demostraron que un limpiabotas se había percatado de los hechos) y que los militares pudieran sacarme rápidamente del aeropuerto.

Me subieron a la cabina de una camioneta Chevrolet modelo 1981 (o al menos de ese modelo me pareció), de vidrios polarizados y con la caja descubierta. Conmigo subieron a la cabina dos de los tipos y el tercero viajó en la caja. Empezaron a dar vueltas por toda la ciudad y a intimidarme: "¿Qué hacemos? -se preguntaban-, ¿lo matamos de

. Luego de aproximadamente media hora de andar dando vueltas me llevaron a las instalaciones del Batallón.

Yo llevaba un maletín de mano que contenía libros de literatura y varias revistas (Newsweek, Time, Inprecor, International Viewpoint), así como la copia de un requerimiento judicial que habíamos presentado ante las autoridades civiles en protesta por los vejámenes de que habían sido víctimas los compañeros. Los tipos se pusieron a revisar minuciosamente el maletín en busca de teléfonos y direcciones. Por suerte yo no llevaba ninguna de estas dos cosas.

Luego me tomaron todos mis datos personales y me hicieron llenar la hoja que normalmente llenan todas las personas que van a ser torturadas. Este es un documento en el que uno hace constar que se encuentra en perfectas condiciones en las instalaciones del Batallón. De esta manera, cuando la gente pregunta por uno, los militares se limitan a responder algo así como: "No lo podemos presentar pero usted mismo puede ver la hoja en la que hace constar que está perfectamente bien".

Como yo ya estaba al tanto del uso que acostumbran dar a este documento, les respondi que yo no lo firmaba y que, en todo caso, lo haria al salir del BataIlón. Les dije, además, que yo exigía garantías y que pedía saber bajo qué situación jurídica me encontraba en el Batallón y de qué se me acusaba.

Cuando me negué a firmar la hoja, los tipos que me habían detenido y otro más que se encontraba en las instalaciones se encerraron en las oficinas de un tal coronel Alvarado (alcancé a leer el nombre puesto sobre la puerta) para discutir qué hacer ante mi negativa. Al poco rato salieron y junto con otros tipos me subieron a la misma camioneta en Antonio Navarro, sucesor del asesinado líder del M-19, Pizarro que me habían detenido y me llevaron aproximadamente dos kilómetros al fondo de las instalaciones del Batallón. Me metieron a un cuarto abandonado (el polvo que había por todas partes así lo evidenciaba) y torrado a la manera de una cabina de radio, esto es, torrado con el propósito de que los gritos de los torturados no se escuchasen en el

Sacaron una mesa e hicieron que me sentara frente a ella. Empezó a interrogarme un tipo vestido de civil que luego comprobé (al preguntarle a los compañeros detenidos quién había sido el que había dirigido su interrogatorio) que era el siniestramente famoso "cura". Debo destacar, sin embargo, que cuando este tipo interrogó a los compañeros nunca les dio la cara: o los interrogaba vendados o utilizaba capucha; a mí, en cambio, siempre me dio la cara. Yo pienso que hizo esto porque, de alguna u otra manera, ya habían tomado la decisión de matarme. Y pienso que esta decisión la tomaron cuando se encerraron en las oficinas del tal Alvarado y a partir del hecho de que no había habido testigos al momento de mi detención, hecho que hubiera complicado enormemente posibilidad de demostrar que yo había sido detenido por el ejército.

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¿Qué fue lo que determinó, entonces, que no te hayan asesinado?

el tipo volvió a preguntarme cuestiones personales. Ese día yo tenía una entrevista con el ministro de Gobierno para discutir precisamente el caso de los compañeros detenidos. Cuando le mencioné lo de la cita, el tipo se sonrió Si usted quiere -le dije- llame y compruebe que efectivamente nos vamos a ver. A esto, el tipo respondió diciéndome que ya no me iba a hacer más preguntas personales pues estaba convencido de que yo no iba a involucrar a ninaún compañero. Efectivamente -reatirmé-, no pienso hacer ningun tipo de declaración hasta que no se me den garantias y se me saque de este estado de incomunicación en el que me

El tipo empezó entonces a revisar los libros y las revistas y a hacerme preguntas y comentarios sueltos. Inmediatamente después me dijo: "Mire usted, nosotros lo tenemos aquí como el jefe político del ELN en toda esta zona. Si nosotros lo torturamos o lo matamos es porque así lo queremos. No es por sacarle información. No le voy a preguntar más cosas sobre el ELN. Yo estoy convencido -y la experiencia del Batallón así me lo indica- que los jefes de la guerrilla nunca "cantan" nada porque están mentalizados para eso. Lo que nosotros hacemos es torturar a los cuadros intermedios para que estos nos digan quiénes son los responsables políticos. Y todos los cuadros intermedios a los que hemos torturado nos han dicho que el responsable político del ELN regional es usted. Nosotros vamos a actuar en consecuencia con esta información. Ya estamos precisamente discutiendo con el general brigadier qué decisión vamos a

Después, el tipo me preguntó que qué pensaba de la situación política nacional y, a partir de ahí, empezó a hacerme comentarios que buscaban mostrarme que, efectivamente, estaba al tanto de la situación nacional, de la situación de la

En medio de esta situación entró otro tipo con dos pepsi-colas. El solo hecho de fraseme mente redar maria conder sus crímenes: hacer que los detenidos beban el refresco cargado de omo que tomaba el refresco (imagína ne, por lo demás, bajo los 34°C de Cal encerrado en un cuarto de madera y con todos los nervios crispados por la situación). Aún así, el sólo hecho de haberme humedecido los labios y la len gua fue suficiente para sentir que el tipo se me iba, para empezar a verlo com i se encontrara a 50 metros de distan cia y rodeado de círculos y estrellas.

¡lmagínate el tipo y la cantidad de droga que le ponen! Bajo esta situación duré aproximadamente 20 minutos, 20 minutos sumamente difíciles pues fueron de una pelea entre la conciencia y la inconsciencia. Yo sabía que si perdía la conciencia estaba perdido. Concentré entonces toda mi capacidad física y mental para no perder el conocimiento. El tipo, por su parte, percibió la situación y empezó a preguntarme bobadas (sobre la perestroika y la glasnost). Pero en realidad, lo único que quería era constatar si la droga había empezado a hacer sus etectos.

Aproximadamente a los veinte minutos -fíjate lo que es el instinto de conservación!-, le dije al tipo que me iba a levantar. Lo hice y me dirigí justo al único sitio del cuarto por donde entraba un poco de aire fresco. Respiré profundamente y por fin sentí que lo peor había pasado. Regresé a la mesa y le pregunté al tipo por qué no se tomaba su ga-

"No tengo sed -me respondió-, pero tú puedes tomarte la tuya".

Al poco rato llegaron con una comida horrible (supongo que la misma que le dan a los soldados). Obviamente, con la experiencia de la gaseosa, no hice el menor intento de probar bocado.

El tipo retomó la conversación hablándome de generalidades sobre la situación nacional. Mis comentarios eran en el mismo tono. De repente, el tipo me dijo: "Hombre, el lío de este país es que la gente no se ha encomendado al Señor, a Cristo nuestro Señor". A partir de ese momento, el tipo entró en un estado místico religioso verdaderamente brutal. Comenzó a hablarme de la Epístola de San Pablo, de San Juan Bautista, del Apocalipsis, de Sodoma y Gomorra (dijo que Colombia era una especie de Sodoma y Gomorra y que yo me iba a convertir en una estatua de sal), etc., etc.

Descubriéndose abiertamente (y a partir de este hecho reafirmo mi sospecha de que pensaban matarme), el tipo confesó ser el responsable del Servicio de Inteligencia, dijo tener 44 años y contar con la edad suficiente para jubilarse pero seguir en servicio "pues Dios nuestro Señor me puso en este servicio". De repente, me preguntó: "¿Y usted, Daniel

Libreros, sabe por qué Dios se le ha aparecido justo en este momento y er stas instalaciones y no antes?". No -l respondí- no tengo la menor idea. "Porque ha sido llamado al reino de la eter-

Ante esta situación le dije si le podía hacer una pregunta. "Hágamela", accedió. ¿Ustedes me van a matar, no es cierto?, le pregunté. "Sí, lo vamos a matar. Lo tenemos que matar. Usted sabe que esto es una guerra. La decisión ya está tomada". A continuación, el tipo me dijo que me iba a dar la extremaunción y saco un libro que normalmente utiliza la gente que pertenece a una secta protestante que tiene su centro en Los Angeles, California (supongo que ligada al

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El presidente Virgilio Barco Ku Klux Klan y a todos los sectores derechistas de los Estados Unidos). Abrió el libro Mateo sobre la muerte me pidió que leyera un

Para entonces yo estaba bajo el impacto de su respuesta en el sentido de que, efectivamente, me iban a matar. Uno se mete al movimiento sabiendo que, como revolucionario, en cualquier momento se puede morir. Pero otra cosa es aceptar este hecho como una realidad inmediata. Estaba, pues, frente a un dilema conmigo mismo, frente a un de tener que aceptar que me iba plenas condiciones físicas y psicológicas. Bajo esas condiciones, no acepté leer lo que el tipo me señalaba.

El tipo, entonces, me echó la bendición a manera de una extremaunción católica y comenzó a decirme que ojalá me acompañaran los profetas, que ojalá alcanzara la libertad en el Juicio Universal, etc., etc. Se comprometió a encargarse de que mis familiares no sufrieran en el penoso momento de saber la noticia de mi muerte. Dijo, además, algo muy significativo. Reconoció que en las instalaciones se habían cometido excesos, pero que "el Señor sabrá entenderlo pues se han dado en el marco de una

Finalmente, me pidió que yo mismo me bendijera. En el estado en que me encontraba, mi respuesta fue que no iba a hacerlo. Ante mi negativa, el tipo se enfureció y salió de la habitación.

Inmediatamente; entró otra persona (a la que luego identifiqué como el jefe de torturas y como uno de los violadores de Elizabeth) y empezó a revisar los libros y revistas (supongo que en busca de alguna pista que me relacionara con el ELN). Luego de esto, me dijo que él también había terminado su tarea y me pidió que guardara mis cosas en la ma-

Tan pronto como había terminado, entró un hombre que dijo apellidarse Martínez y ser abogado de la Procuraencuentra usted detenido en estas instalaciones?", me preguntó. Ignoro bajo que cargo juridico me han detenido, le respondí. Me tienen absolutamente incomunicado. "Pero ¿de qué lo acusan?", insistió. No tengo la menor idea, reafirmé. "En lo personal - dijo- me opongo a que el ejército se tome atribuciones que no le corresponden. ¿Qué es lo que usted pide?". Bueno, que se comuniquen con mi familia y con mis compañeros de A Luchar en Bogotá. ¿Pero cómo te explicas que de repente se haya presentado un abogado de la Procuraduría? Bueno, la cosa es un poco complicada. Los compañeros de A Luchar me esperaban en el aeropuerto de Bogotá. Cuando vieron que no llegaba en el vuelo de Avianca, se preocuparon e inmediatamente llamaron a mi madre (que me había acompañado al aeropuerto de Cali). Después, preguntaron en las oficinas de Avianca, donde negaron a pesar de que mi nombre aparecía en las pantallas. Se presentaron ante las autoridades civiles y ante el ejército y ambas partes negaron tenerme detenido.

Los companeros presionaron l quieron que el abogado de la Procura duria fuera directamente a las instalaciones del Batallón. Al llegar, inicialmente se dirigió a Hernández, general de la Brigada. Este negó, dijo que ahí no tenían detenido a ningún Daniel Libreros y que buscara en otra parte. Se dirigió entonces a Alvarado, quien también negó que estuviera detenido en el acuartelamiento. El abogado pidió entonces que le permitieran entrar a las instalaciones de los retenidos. Obviamente, ahí no estaba, pues su intención era desaparecerme. Pidió luego que le dejaran revisar una garita paralela, en la que él sabía que mantenían a gente del M-19 y de otros grupos de izquierda cuando estos tenían presencia en la región. Ahí tampoco estaba. Regresó con Hernández y le pidió una carta en la que hiciera constar que Daniel Libreros no se encontraba detenido en las instalaciones del Batallón. ¡Y Hernández se la dio! ¡Su intención era desaparecerme! (más tarde, le pedí la carta al abogado y, obviamente, no me la dio: la situación es tal que incluso tienen amenazado de muerte al propio procu-

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Cuando Martínez se retiraba de las instalaciones de la Brigada se encontró a un sub-oficial. Este le preguntó que qué hacía ahí. El abogado le respondió ue "buscando al señor Daniel Libreros El militar -seguramente desconociend que ya habían tomado la decisión de desaparecerme- le dijo que yo estaba detenido ahí desde las nueve de la mañana. ¡El abogado me encontró de una manera totalmente fortuita! ¡Como decimos acá: un verdadero milagro!

Inmediatamente, Martínez regresó a las oficinas de Alvarado y le dijo que ya sabía perfectamente que me tenian detenido y que no tenía ningún caso que continuara negándolo. Ante esta situación, Alvarado no tuvo otra cosa que aceptar el hecho y empezar a montar una serie de argucias ("estamos redactando un memorándum para dejar en claro su situación jurídica") para justificar por qué, luego de ocho horas de detención, no me habian presentado

Martínez redactó entonces un oficio dirigido al DAS (la policía judicial secreta), se hizo cargo de mi persona y me levó precisamente a las instalacione: lel DAS. Ahí me encerraron durante cuatro días en un calabozo verdaderamente horrible (pequeñísimo, sin colchón donde dormir, con el excusado dentro -lo que incluso obliga a comer respirando el olor de los excrementos-, infectado de mosquitos, etc.).

Finalmente, nunca pudieron acusarme de nada, no pesa sobre mi persona ningún cargo jurídico. La detención fue, entonces, totalmente arbitraria. Aún así, el DAS asumió una actitud bastante extraña. Reconoció que no había ningún problema y que me iban a liberar, pero no lo hizo sino cuatro días después. Supongo que su objetivo era buscar que disminuyera la presión política ejercida por los compañeros de A Luchar y por diversas organizaciones sociales y políticas. Una vez conseguido esto, supono que su intención era aprovechar e in de semana -en que todas las instan cias legales están cerradas- para trasladarme de nuevo a las instalaciones del res de los derechos humanos. Bajo toda esta presión y sin autorización de la Brigada, el ministro del Interior asumió la responsabilidad de mi liberación.

Al momento de salir, sin embargo, el DAS me ofreció escolta personal argumentando la posibilidad de que el mismo cuerpo del ejército que me había detenido volviera a secuestrarme. Tengo la sospecha de que este cuerpo constituye la base de acción de los paramilitares en la región. Luego de mi liberación, dos compañeros dirigentes sindicales de la región de Yumbo (a las afueras de Cali) han sido "desaparecidos". Estoy seguro que estuve en las garras de los secuestradores, torturadores y asesinos de dirigentes populares, sindicales y políticos, de defensores de derechos humanos e, incluso, de los que tienen amenazado de muerte al propio Procurador.

Yo rechacé la escolta personal y salí acompañado sólo por Martínez, el abogado que me rescató y que prácticamente me salvó la vida. El me acompañó hasta mi casa. Los días posteriores, sin embargo, seguí recibiendo varios tipos de intimidaciones: llamadas telefónicas y el estacionamiento de la camioneta en que me detuvieron a las puertas del departamento de mi madre durante todo el fin de semana que siguió a mi

Considero que mi situación sigue siendo complicada en la medida en que partían del hecho de que iban a desaparecerme. Ellos saben perfectamente que conozco al jefe del Servicio de Inteligencia, al jefe de torturas, etc. Nunca tomaron precauciones, nunca se cuidaron de usar capucha. Incluso dieron datos personales. Cuando rendí mi declaración dí una descripción de los rasgos físicos de todas estas personas y los compañeros de A Luchar que estuvieron detenidos coincidieron en que, efectivamente, estos fueron los tipos que encabezaron la campaña en contra de la organización, que ellos los detuvieron y los secuestraron, etc.

De toda esta situación hemos dejado constancia ante las autoridades gubernamentales en Bogotá. Porque el problema no se limita a la persecución indiademás, con la limitación de los derechos de existencia de A Luchar como organización. Queremos recordar a la opinión pública internacional que en Colombia no garantías de actuación política fuera de los márgenes establecidos por el régimen, esto es, fuera del paramilitarismo y el militarismo asesinos y de un biparti dismo estrechamente ligado a estos. Levantar un sindicato en Colombia es un acto de heroísmo, pues los dirigentes sindicales son perseguidos y asesinados. En estos días se descubrió en Córdoba una fosa común con los restos de 20 dirigentes campesinos. Tres compañeros de A Luchar también han sido detenidos y acusados injustamente de participar en la quema de un autobús. O