Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Tema

Eficacia económica y justicia social

· Inprecor n.º 76, mayo de 1990 · pp. I-VIII · 7.157 palabras

EFICACIA ECONÓMICA

Lo que está en juego en los debates economicos en la Unión Soviética

"Debemos aprender a dirigir teniendo en cuenta los intereses de los hombres". (A. Aganbégian. Perestroika: el doble desafío soviético).

Desde los años 60 se ha intentado muchas veces introducir reformas de mercado en la Unión Soviética. Lo nuevo en el tandem formado por la "glasnost" (transparencia) y la "perestroika" (reestructuración) es la insistencia en el factor humano. La académica Tatiana Zaslavskaia había destacado en sus primeros análisis (publicados en "samizdats", y posteriormente en textos oficiales) esta cuestión clave: la motivación en el trabajo (a todos los niveles, en todas las categorías sociales). El fracaso del viejo sistema de normas administrativas provenía -y proviene- en último extremo del lugar reservado al hombre (digamos "al ser humano"...) en la producción. Qué terrible confesión para "un

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JUSTICIA SOCIAL

CATHERINE SAMARY socialismo avanzado". ¿Se trata ahora, finalmente, de realizar el retorno Marx? Veamos el asunto más de cerca.

Del antiguo sistema... Resumamos primero lo que las reformas quieren poner en cuestión.

La realidad es conocida. Lo esencial de la planificación se hacía no tomando en consideración una contabilidad expresada en precios, sino en productos (balances de materias, indicadores en unidades de volumen, de cantidad, etc.). En todo caso, los bienes no podían ser realmente "comprados", salvo si se trataba de bienes de consumo (y estaban disponibles en los almacenes, por supuesto). Por otra parte, el paso de un producto, o de un equipamiento de empresa, de la fábrica que lo producía a la que lo utilizaba (una "pseudo-compra" por lo tanto) debía estar planificado de antemano. Dicho de otra manera, los clientes eran impuestos a los proveedores, y viceversa. El monopolio de la producción y la imposibilidad de abastecerse en otra parte implicaba también necesariamente la aceptación del producto enviado, no importaba qué fallos tuviera: no se podía rehusar "comprar", ni tampoco sancionar una producción defectuosa impidiendo su venta. Naturalmente, los canales paralelos se superponían a menudo a los circuitos oficiales y, sobre todo, cada empresa buscaba las vueltas para almacenar o producir ella misma, sin comunicarlo, los productos que amenazaban con faltar. Pero, en conjunto, el sistema era fuente de derroches y órdenes absurdas, dadas muy lejos del lugar y de las condiciones en que se cumplían. En definitiva, por una

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parte había un sistema hiper-centralizado en el que se tomaban millones de decisiones sobre cuya aplicación apenas si existía control; y por otra, tanto las cantidades como la calidad no se correspondían con las necesidades, sin que los usuarios pudieran decir nada.

Los incentivos monetarios (por no hablar de las condecoraciones) tampoco eran muy eficaces, por una serie de razones. A menudo se invoca, a este respecto, el siguiente argumento: para qué queremos dinero extra si no encontramos lo que queremos comprar. Y es cierto que hay un gran volumen de ahorro (que podemos llamar forzado) en la URSS. Pero frecuentemente hacen falta muchos años comprar un bien duradero o para conseguir un alojamiento en cooperativa, cosas ambas muy caras. Sin embargo, lo esencial del problema está en los mecanismos de formación de las rentas, sin conexión con el trabajo y sus resultados. En los sectores prioritarios del lan, el único medio de atraer j conservar a los trabaladores era, final mente, la concesión de una distribución igualitaria de salarios, la ventaja de cobrar en especies (las grandes empresas suministraban bienes y servicios difíciles de conseguir) y un cierto control de las normas. Evidentemente, había también sectores marginados, sobre las cuales la "glasnost" permite trazar un crudo panorama: se puede decir que una tercera parte de la población vive por debajo del nivel de pobreza. Los jubilados, o quienes trabajaban en un sector no prioritario del plan, en una fábrica más bien pequeña, no en la ciudad sino en el campo, (o las mujeres, que a diferencia de los hombres, no tienen la "afición" material y espiritual de elegir un trabajo bien pagado), esas gentes no tenían la correlación de fuerzas necesaria para obtener un salario decente: no hay que olvidar esto, para matizar la falsa idea de que el dinero no era importante "porque no se podía comprar mucho con él". La pobreza, que consiste en no poder comprar lo que existe, es también un mal soviético -que crece con la inflación. Así pues, globalmente se daba una combinación de privilegios en un extremo, de extrema pobreza en el otro, y en medio una distribución igualitaria de ingresos más bien favorables a los obreros, en detrimento de los empleados y personal cualificado (porque nadie quiere ser obrero, si puede elegir: ésta era, pues, la única forma de compensar un empleo ingrato en un sistema que emplea muy masivamente la mano de obra y que llama continuamente al aumento de la producción "en nombre de los tra-

Catherine Samary bajadores", aunque cargándolo sobre sus espaldas...).

En fin, los precios no reflejaban las relaciones entre oferta y demanda, ni los costes reales, especialmente en el sector de bienes de consumo, de vivienda y en ciertos servicios: Kruschev había proclamado que la URSS conocería el comunismo en 1980. Así pues, había hecho inscribir en la Constitución, como un derecho, una distribución "a cada uno según sus necesidades" de una parte cada vez mayor de bienes. El "saario social, complemento de los ingresos directos, encubre pues las subvenciones, permitiendo mantener a muy bajo precio los bienes y servicios esenciales. Hoy en día los reformadores critican el hecho de que a esos precios, esos bienes y servicios existen en cantidad y calidad insuficientes. A los precios bajos se añaden, por otra parte, los privilegios obtenidos en gestiones de pasillo para hacerse prioritariamente con un coche o una vivienda, así como la generalización de los "backchiches" (comisiones) y del tiempo perdido en gestiones necesarias para obtener un servicio médico de calidad u otro bien escaso. Asimismo, los bajos precios han producido resultados a veces aberrantes -como en el caso de la campesina que toma el avión (barato) para ir a Moscú a vender sus frutas (escasas)...

De ahí "la idea" de que unos precios que reflejen los costes reales, una mercado y distribución mediante ingresos proporcionales al trabajo, serían más "justos y eficaces". Globalmente, el centro de gravedad de los reproches que vienen de los reformadores está en que el viejo sistema no permitía al dinero (y a la "ley del valor") jugar un papel activo, regulador. Por lo tanto, una democracia que permita elegir deberá inscribirse, por oposición al burocratismo, en... las libres relaciones de mercado.

"(En nuestra economía, hasta hace poco, se ha desarrollado) una actitud llena de prejuicios frente al papel de las relaciones mercancías-dinero y a la ley del valor en el socialismo (...) y se ha pretendido que estas nociones eran extrañas, es decir opuestas al socialismo". (Gorbachov. "Perestroika")

... a la lucha contra el "igualitarismo" Esa es, pues, la lógica de las reformas (al menos, tal y como aparecía en

1987): poner en cuestión estos "prejuicios" y, con ellos, el igualitarismo.

La distribución (ingresos directos y salario social) independiente, por tanto, del trabajo real y de la competencia está, en efecto, en el corazón de la crítica de los reformadores -ya que es ahí donde toma cuerpo la interpretación de las "motivaciones" en el trabajo, que es lo que se intenta reformar-.

La consigna "a cada cual según su trabajo" estará a la orden del día -en lugar de a cada cual "según sus necesidades"-, deseada demagógica o prematuramente, se nos dice, por el ciudadano medio nada se dice sobre el hecho de que incluso en el mundo capitalista - desarrollado, se entiende-, bajo la presión del movimiento obrero, se ha extendido el salario social en el periodo de crecimiento y se ha convertido en una conquista a defender...). Los equipos deberían ponerse a cazar a los "vagos" que viven del trabajo de los demás. La individualización de los salarios permitiría valorar a los que trabajen con más celo. Y, por otro lado, si consiguen reducir los efectivos, podrán repartirse los fondos salariales entre menos

"A este respecto, debemos ser totalmente claros" ("Perestroika", p. 140), "el socialismo no tiene nada que ver con el igualitarismo. El socialismo no puede asegurar las condiciones de vida y de consumo en gun sus posibilidades, a cada cual según sus necesidades". Eso sería el comunismo".

Así, se ha introducido toda una serie de medidas dirigidas a restablecer un incentivo monetario según el trabajo individual realizado. Mientras que las primas tendían cada vez más a ser integradas en el ingreso independientemente de los resultados, se está haciendo el esfuerzo de disociarlas y de hacer depender los aumentos en los ingresos de los recursos creados mediante autofinanciación. Se les han dado dos elecciones posibles a los trabajadores en las empresas: bien una distribución que garantice un salario base (revisado según nuevas tablas de calificación) y primas posteriores sobre los beneficios obtenidos después de impuestos; bien una mayor flexibilidad para gestionar el ingreso neto de la empresa, pero sin salario base garantizado (1). En ambos casos, los aumentos salariales deberían depender de una mejora en los resultados que permitiera la consecución de un

El principio de distribución queda así orgánicamente vinculado al de "autonomía contable" y al de cobertura de los

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gastos gracias a la cifra de negocio de la empresa.

¿A cada cual según su trabajo, o segun las ventas? En realidad, puede comprobarse que constantemente se pasa del precepto "según su trabajo" (que encarna la nueva concepción de la justicia social, contra los "perezosos e incompetentes") a otro criterio: "según los resultados del

"El problema clave es la instauración de una dependencia directa entre el salario y los resultados del trabajo", nos dice Abel Aganbégian, el principal economista del régimen (2)

¿Y cómo se miden los resultados? En el marco de las medidas propuestas, ha habido nuevas formas de control administrativo, como la comisión gubernamental puesta en marcha para controlar la calidad de los productos (la "Gospriomka"), que no ha hecho demasiado a causa de las resistencias que ha levantado; o bien, el proyecto de apoyarse en los resultados de las ventas, lo que está aún más en la lógica de la re-

Tanto en un caso como en otro, el sistema es una fuente de conflictos: se han registrado huelgas en las que los trabajadores (de fábricas de autobuses o de televisores, por ejemplo), habían visto disminuir sus salarios después de un control de calidad del primer tipo mencionado anteriormente. trabaiadores consideraron injusto un control de los resultados que penaliza a una unidad local (que suministra el producto final), cuando la calidad del producto dependía en primera instancia, según decían acertadamente, de los equipamientos, las materias primas, los retrasos en los envíos, que les condiciovasta cadena de "trabajo social".

En cuanto a la medición resultados en función de las ventas, plantea al menos, la misma cantidad de problemas, percibidos también en relación a la justicia social: en primer lugar, porque las ventas dependen de un buen número de factores distintos del esfuerzo en el trabajo. A trabajo igual, los resultados pueden ser muy diterentes según se dote una empresa, tras la puesta en marcha de la reforma, de buenos o equipamientos, se beneficie o no de infraestructuras adecuadas para la distribución, esté situada en un "buen" o sector, en una "buena" o en una "mala" región, etc. Por no hablar de un sistema de precios heterogeneo que penaliza notablemente a los sectores en que los planificadores, por diferentes socio-económicas, quieren mantener los precios bajos (por ejemplo, para estimular el uso de los recursos nacionales, o para garantizar la distribución social de ciertos bienes).

La distribución según las ventas es, pues, claramente contradictoria con el proclamado principio de "según el trabajo". Y, además, ¿cómo se puede medir el trabajo de cada cuál? ¿Se trata de la cantidad del mismo, de su calidad, de su penosidad, de las responsabilidades que se asumen en él? A falta de un debate global y pluralista, así como de criterios democráticamente fijados (tanto sobre el ingreso personal directo, como sobre el consumo) y que se apliquen

"transparencia", resultado final será una situación arbitraria y con grandes desigualdades; de ahí la existencia de conflictos.

Pero el problema no termina en los criterios de distribución. Hay que llegar hasta las condiciones de producción que condicionan las ventas (no solamente qué sistema de precios, sino también qué margen de iniciativa en la elección de aprovisionamientos y en la gestión. Y asimismo, qué relaciones sociales en las empresas y entre ellas). Dicho de otra forma, ¿qué espacio concreto hay que asignarle al mercado? ¿Hay en este plan un proyecto único y coherente de

Las "perestroikas" He aquí cómo el propio Abel Aganbégian (op.cit., p. 134) presenta la ac-

"Comprendo y, en muchos sentidos, comparto el radicalismo de algunos camaradas que estiman que el mecanismo económico proyectado y el sistema de gestión son el fruto de una lucha entre varias opiniones, de juicios contradictorios y que constituyen a su manera un compromiso entre aquellos que quieren cambiar de forma revolucionaria el sistema de gestión y quienes son favorables a un perfeccionamiento

¿La cuestión se refiere solamente a los ritmos (evolutivos o incisivos)? Realmente, aquellos que apoyan más o menos las reformas se incluyen dentro de un abanico de posiciones muy dispares (y no siempre, ni forzosamente, coherentes): hay (esencialmente entre los "expertos") quienes consideran que lo esencial es el mercado, modelo liberal mercantilista para los cuales lo ideal sería una Thatcher o un Pinochet para imponerlo; hay también quienes esencialmente quieren, de hecho, el viejo sistema, pero purgado radicalmente de su mafia; y, por supuesto, hay también, y sin duda son numerosos, socialdemócratas de todo tipo o neo-keynesianos que desearían un mercado "regulado" a la sueca. Pero, por una parte, los que quieren restaurar el mercado en la URSS, en 1989, en las condiciones del mercado mundial, con la esperanza de convertirse en una nueva Suecia, tienen fuertes posibilidades de convertirse antes en una Yugoslavia, para pasar después a ser algo así como una Argentina o, mejor, un Brasil, con sus explosiones sociales; por otra parte, la cuestión clave es el lugar reservado a la clase obrera y a la democracia económica: incluso si el "modelo" de referencia es un mercado regulado, la burocracia actual continua siendo el primer cerrojo que habrá que hacer saltar. En este marco, la clase obrera supone, a la vez, un desafío político y económico: o bien se introducen las retormas en contra de ella, y entonces los conservadores rentabilizarán las consecuencias; o bien habrá que redefinir esas reformas de manera que se ganen el apoyo popular entre los trabajadores, pero entonces habrá que apoyarse en una democracia económica (un juicio por parte de los propios trabajadores/consumidores sobre los despilfarros, las necesidades, las condiciones de producción) que no produzca un deterioro suplementario de las condiciones de vida. Y en fin, está la tercera interpretación de la "perestroika", para la cual lo esencial es la "glasnos!' y el proceso de democratización que ésta abre y que debe impregnar todos los aspectos de la vida cotidiana, valorando en su conjunto todos los mecanismos de mercado. Se puede encontrar este punto de vista especialmente entre los activistas de los clubs informales y entre algunos economistas, pero la prensa "liberal", así como la conservadora, no les permiten expresarse

Así pues, hay varias "perestroikas", aun cuando las alternativas teóricas y prácticas no hayan sido presentadas ni en los grandes medios de comunicación, ni en los discursos oficiales, ni siquiera en un libro, el de Aganbégian, redactado por un economista:

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desgraciadamente, el debate no es (¿todavía?) "transparente". Pero más adelante se demostrará que existe. Un pragmatismo evolutivo frente a las resistencias constatadas Por parte "oficial", hay un gran pragmatismo evolutivo entre los dirigentes que extraen (afortunadamente) algunas lecciones de las resistencias encontradas entre los trabajadores o de las crisis que se manifiestan entre los vecinos. pero que lo hacen sin claridad, imponiendo simplemente sus propias evo-

En su discurso de clausura en una reciente reunión del Congreso de los Diputados, Gorbachov revelaba, a su manera, la existencia de los debates en curso, así como una inflexión nueva, más crítica hacia el mercado que las diatribas contra "los prejuicios" citadas anteriormente...:

"Querría decir también algo a propósito de la manera en que tratamos el problema del mercado socialista. Me pronuncio firmemente a favor del mercado, pero, como ya he dicho, no se puede estar de acuerdo con los camaradas que dicen que el mercado debería regular todo (...) Eso significa que hay que desarrollar un mercado socialista manteniendo un plan regulador que ejerza económicos, estimulando al máximo la independencia en la gestión de los colectivos de producción de base" ("Pravday hay que decir que desde finales de

1988, aproximadamente, se ha dejado para las calendas griegas la reforma de los precios al por menor, inicialmente concebida como la piedra angular de la reforma. Incluso un partidario extremo del liberalismo de mercado, como N. Chmeliov (que había llegado hasta justificar la necesidad del paro) ha tenido que rendirse a la evidencia... de manera claramente contradictoria. En efecto, en una entrevista con "Novedades de Moscú, del 11-12-88, comenzaba reafirmando:

"Objetivamente, no existe (...) ninguna otra solución que la formación de precios a través del mercado". Y sigue, "el primer objetivo y la primera etapa de esta reforma de los precios que más nos importan (es) establecer proporciones conformes a las principales proporciones mundiales correspondientes". De ahí el aumento del precio de la carne y la bajada del de los coches...

En la entrevista, el periodista Víctor Lochak (VL) le plantea entonces una serie de preguntas cada vez más ajustadas y muy articuladas: -VL: "Los cambios afectarán ante todo a las personas (...) a las que el precio de la carne importa mucho más que el de los bienes duraderos" -"En cuyo caso la 'perestroika' no podría sobrevivir", se ve obligado a admitir -VL: "En otras palabras (obliga a precisar el astuto periodista), "aún afirmando que los cambios en los precios son indispensables, ¿estima usted que son peligrosos desde el punto de vista social " Pre salida plantea usted, ya que la , y continua precisando: proyectada retorma de los precios no es

Después de muchos circunloquios, se llega al resultado final de esta lógica: -"En primer lugar", nos dice el econo-

"la reforma de los precios es necesaria e insalvable; en segundo lugar, debe ser (...) una operación a largo plazo; en tercer lugar, la reforma (de los precios al por menor) podrá realizarse en función y a medida que se sature el mercado con bienes de consumo, y nunca antes de que esta saturación sea

Dicho de otra forma, y hablando claro: adiós a la hipótesis liberal según la cual lo que garantizará una restructuración eficaz de la producción y su adaptación a las necesidades será la reforma de los precios, adaptada al mercado mundial... En resumen, hay que encontrar medios diferentes de las recetas liberales de mercado y empezar por responder a las necesidades (especialmente seleccionando conscientemente las prioridades) y después se podrán cambiar los pre-

Pero, más allá de este empirismo, aparecen algunos debates de fondo.

¿Dónde están los pasteles más rellenos? En 1987 se desarrolló una significativa controversia en las revistas soviéticas. La primera en lanzar la piedra fue L. Popkova (el nombre ha resultado ser un pseudónimo). Esta persona, que se mantenía oculta, comenzaba por criticar la costumbre habitual de reclamarse de Lenin y de Marx, cualquiera que sea la posición que se defienda -a favor o en contra del mercado...- en un artículo titulado "¿Dónde se encuentran los piroguis más rellenos?" ("Novi Mir, numero 5, pp. 239-241. Los "piroguis" especie de pastas o pasteles). "Durante mucho tiempo me he preguntado a mí

; es razonable decir Vladimir Illich Lenin estaba en lo funda mental a favor de las relaciones de mercado, él, para quien la palabra 'liberal' (liberalismo, libertad en el sentido occidental, competencia) era una injuria (...)". A continuación, la autora realizaba un balance negativo de las experiencias socialdemócratas (lo que llamaba "la tercera vía") posteriores a la segunda guerra mundial. Y concluía que, a su entender, el mercado no podía ser más que global o inexistente, y que es incompatible con las concepciones socialistas. Así pues, es necesario decidirse, piensa, por la única opción real: el liberalismo de mercado capitalista, con sus inconvenientes, pero con sus pasteles bien rellenos en los escaparates de las tiendas; o el "socialismo" (implícitamente, tal como era con Breznev). Reformas de mercado o "mercado socialista", decía, son cosas que no tienen sentido. No precisaba por dónde iban sus preferencias, pues, añadía, de todas formas, como "dice Engels", las preferencias subjetivas no tienen nada de científico... Por eso tuvo las respuestas que tuvo a sus artículos, que o bien la tachaban de conservadora, o, por el contrario, la tomaban por alguien que estaba radicalmente a favor de una restauración capitalista -la segunda hipótesis era más convincente-. En todo caso, el artículo fue una sensación.

Se le contestó que tenía un pensamiento simplista y que no era capaz de comprender que "una sociedad, a diferencia de una mujer, podía quedar 'embarazada a medias'" y comportar elementos de mercado sin ser capitalista ("¿Es posible estar embarazada a medias?: una opinión diletante", en la revista "Mejdounarodnaia ekonomika i mejdounarodnie otnochenie*, Economía y Relaciones Internacionales, 1987, pp. 113-117). Se le replicaba también que el debate no estaba en saber si las reformas de mercado de la planificación eran planteables o no -ya que existían desde los años 60- (cf. O. Latsis, quoi poussez-vous", "Novi Mir", 7, 1987,

Pero no se le opuso ningún argumento concreto, sino protestas vehementes contra su cinismo, así como profesiones de fe sobre la posibilidad del "mercado

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Las cuestiones de fondo no han sido discutidas: ¿son compatibles las relaciones sociales socialistas (que ponen en tela de juicio las relaciones de explotación y de opresión y transforman radicalmente el estatus del trabajo) con un mercado que intervenga como regulador? Si se responde que no, entonces aparecen tres problemas teóricos y practicos esenciales: 1. ¿en qué campos y hasta qué punto se puede, con eficacia (respecto a los objetivos socialistas), utilizar parcialmente mecanismos de mercado? 2. ¿Cuál es el sistema regulador de conjunto? (las reformas actuales no han cambiado nunca la naturaleza profunda, burocrática, del "plan" cuyas opciones y modalidades de aplicación han permanecido externas a los interesados; no han afrontado más que una transformación de la forma de transmisión de las preferencias de los planificadores: "instrumentos económicos" poco transparentes, en lugar de órdenes directas abiertamente administrativas, sin cambiar nada en las relaciones sociales que están tras el plan); y 3. ¿Hay o no un conflicto entre los mecanismos de mercado utilizados, incluso los parciales, y las transformaciones socialistas buscadas?; o, dicho de otra forma, ¿debemos entender que existen ahí recursos con lógicas transitorias y conflictuales cuya dinámica hay que re gular conscientemente, o bien (como piensan generalmente los reformadores) los mecanismos de mercado son "neutros" o, mejor, pueden tener espontáneamente un contenido "socialista"?

Es evidente que se trata de cuestiones complicadas, a las que la lectura de Marx no da respuesta. Pero eludirlas en beneficio de proclamas sobre el "mercado socialista" que no extraen ninguna lección de las crisis realmente existentes en Yugoslavia, Hungría, China y Polonia, es tanto como reemplazar el viejo terrorismo anti-mercado por un nuevo terrorismo intelectual de signo contrario, igualmente desastroso. Esta es la razón por la cual es importante hacer conocer aquí el único debate, que nosotros sepamos, que en la URSS ha comenzado a abordar seriamente estas cuestiones. Sólo las publicaciones, de escasa difusión, del Instituto Central de Economía y Matemáticas han permitido su expresión. La discusión oponía bien conocido economista húngaro Janos Kornaï y al economista soviético Yuri Soujotin, sobre el tema "eficacia económica y/o ética socialista". Desgraciadamente, la revista "EKO", de mayor tirada, no reprodujo más que el punto de vista de Kornaï, muy representativo de una postura dominante entre los eco-

76 Catherine Samary nomistas de los países del Este. Resumimos a continuación los términos de esta muy apasionante controversia. ¿Eficacia o ética socialista? El texto de Soujotin es una crítica de la postura de Kornaï. Este propone, sin pretender hacerlo exhaustivamente, principios de eficacia seguidos de criterios de ética socialista que son los siguientes (4): "Principios de eficacia" "1. Para estimular el crecimiento de la productividad del trabajo de todos los que participan en el proceso de producción -desde los directores de empresa hasta los obreros-, es indispensable un sistema de incentivos de tipo material y "2. Los ingresos y los gastos deben ser objeto de la más estricta contabilidad; es preciso usar con economía los recursos escasos; hay que poner fin a las actividades de producción durante mucho tiempo no rentables" "3. Frente a una situación interior y/o exterior que se modifica, hay que saber responder con flexibilidad y rapidez" "4. Los que toman las decisiones deben tener espíritu empresarial, es decir, deben tomar iniciativas, sopesar nuevas soluciones, no rehuir el riesgo" "5. Todos aquellos que dirigen negocios o toman decisiones deben ser responsables personalmente de las tareas que les han sido encomendadas y de los efectos de sus decisiones".

J. Kornaï precisa:

"Estas cinco condiciones no conciernen solamente a la economía socialista. Son, por lo tanto, principios generales en los que debe inspirarse toda dirección que pretenda ser eficaz y toda organización de la producción válida para todos los sistemas económicos. La doctrina económica oficial de los países socialistas ha reconocido siempre -no solamente después de la reforma, sino también antes- que estos principios eran la condición indispensable para el crecimiento económico y para la elevación de la productividad en el trabajo".

El autor señala que en sustancia los mecanismos de mercado saben responder a tales criterios. Presenta a continuación sus principios de ética socialis"Criterios de ética" "Los cuatro nacieron con el alba del movimiento obrero en los países capitalistas. Más tarde, volvieron a considerarse cuando se les trató de aplicar a las economías socialistas. interpretación nueva o modificada que se les ha dado. Aquí no hablaremos más que del sentido que se les ha dado por parte de los economistas húngaros" "a) Es conocido el principio socialista a cada uno según su trabajo'. Con él se relaciona otro principio de reparto: 'a trabajo igual, salario igual'. Aunque en su origen la formulación de este segundo principio haya servido de fundamento a la reivindicación de los obreros, de las minorías nacionales y de las capas sociales desprovistas de todo patrimonio, ha adquirido un significado más amplio con la aparición de la economía socialista. Pero está claro que la remuneración según el trabajo implica que se paga de manera idéntica los trabajos de una misma calidad y cantidad "b) Principio de ayuda mutua: el socialismo abolió la concurrencia capitalista feroz que hundía a los más débiles. No hay por qué castigar a los débiles por su debilidad; hay que ayudarles a convertirse en fuertes. "c) Principio de seguridad: cada miembro de la sociedad debe sentirse seguro. Este principio está estrechamente ligado al anterior. Se manifiesta sobre - los individuos y pequeños grupos se sienten seguros en la medida que saben que en los momentos difíciles encontrarán apoyo de un colectivo más am-- a sociedad asegura el pleno empleo, no solamente a largo plazo, sino de una vez por todas, de modo que el miedo al paro desaparezca totalmente. -- lo mismo se puede decir no sólo de la garantía de empleo, sino de otras conquistas sociales. Además, el sentimiento de seguridad se ve reforzado por la garantía que da la sociedad de mantenimiento del nivel de vida. "d) Prioridad del interés colectivo sobre los intereses particulares, ya se trate de individuos o de grupos. Este principio exige que se dé prioridad a los intereses a largo plazo, que afectan a las generaciones futuras, sobre los intereses a corto plazo, los de la generación actual".

La argumentación de Kornaï viene a señalar a continuación, esencialmente, que los principios socialistas aplicados se han revelado contradictorios con los principios de eficacia evocados anteriormente (por ejemplo, la seguridad conduce al mantenimiento de puestos de trabajo, empresas o sectores obsoletos, o estimula comportamientos "de subsidiados": se conocen en Occidente estos ar-

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gumentos contra del Estado del Bienestar...). Kornaï admite el contenido de los principios de ética y expresa una angustia evidente de cara a lo que ve como un cierto punto muerto histórico. La conclusión lógica es la necesidad de atemperar los criterios socialistas y de recurrir a los mecanismos de mercado, si se quiere ser eficaz, pero tal solucion abre, para el autor, grandes interrogantes, ante la ausencia de recetas simples.

La crítica de Y. Soujotin rompe la falsa disyuntiva entre conservadurismo o liberalismo de mercado.

Eficacia económica ética socialista El economista soviético subraya cuál es el estado de ánimo entre sus colegas:

"La insuficiencia de los resultados obtenidos en la competencia económica con el capitalismo ha suscitado entre una serie de economistas una particular reacción conceptual: según ellos, la verdadera vocación del socialismo, su misión histórica, no consistiría, mente, en un crecimiento radical de la eficacia económica, sino que se manifestaría en otro plano, el de la justicia social, los valores éticos. Las conquistas sociales, tales como la protección por parte del Estado de todos los miembros de la sociedad (en particular de los no aptos para el trabajo), de la salud, de la educación y de la cultura, están asegurados por fondos importantes asignados por la renta nacional y retirados de los que se asignarían al desarrollo de la producción. A su vez, la proteccion social, la estabilidad garantizada de la situación de los individuos y de los colectivos frena su actividad en el trabajo y económica, favorece la indiferencia y la

Kornaï habla de este reverso del socialismo de forma particularmente aguda, presentando los 'principios de justicia' a), b), c) como desestimulantes directos de la producción, en las antipodas de la exigencia de eficacia. En consecuencia, si una sociedad socialista avanzada en el terreno ético, valora aunque sea mínimamente la eficacia de su economía, debe dar marcha atrás, en el sentido de deshumanizar los mecanismos económicos, eventualmente copiándolos de forma directa de la practica de otras sociedades".

Catherine Samary

Soujotin no acepta tal punto de vista, implícito en Kornaï:

"En el título de J. Kornaï, la eficacia está ligada a la ética por la conjunción y, pero todo el razonamiento no hace más que subrayar la divergencia, la exclusión recíproca de estas categorías. Sin negar la existencia de contradicciones, no puedo aceptar que se ignore, como ocurre con Kornaï, la posibilidad incluso de una interrelación positiva entre valores éticos y económicos. Además, me parece que el autor tiene una visión reduccionista de la realidad cuando presenta un sistema económico-social en el que la eficacia está garantizada por el funcionamiento del descentralizado' y en el que "la intervención del Estado' se reduce a la realización de los principios de la ética socialista". "(...) Se ha formado en los trabajos teóricos una imagen fija del socialismo que no distingue las características fundamentales del socialismo de las formas de organización de la sociedad y de la producción que se han establecido en la práctica". (nota: el autor utiliza el vocabulario habitual para las sociedades "socialistas" realmente

Las divergencias están ahí, sintéticamente expuestas. Lo que no impide una apreciación positiva de la aportación de Kornaï. "Ha comenzado a aplicarse discretamente, por parte de los investiga dores de varios países socialistas, ocupando Kornaï un lugar destacado entre ellos, una visión realista de las cosas. Creo que su leit-motiv es un análisis detallado del comportamiento económico de la gente, a través del cual se encarna de hecho el sistema social en cuestión, y no la tradicional fijación sobre un 'movimiento de magnitudes económicas' despersonalizadas".

Pero si eficacia y valores socialistas son cosas opuestas, entonces "es imposible aumentar la eficacia sin poner como contrapeso a las tendencias económicas negativas del socialismo, otros métodos económicos, si no calcados de sistemas sociales que le serían extraños, sí de otros 'socialmente neutros'. Es el 'mercado descentralizado', en tanto que modelo ideal de actividad económica de las empresas y de sus interrelaciones, el que encarna, para Kornaï, los principios universales de racionalidad y eficacia. La especificidad del socialismo se reduce en ese caso a los principios éticos y se localizan en la esfera gubernamental de la economía".

La visión ahistórica del mercado, sometido a las relaciones sociales, semboca necesariamente en las ilusiones acerca de la posibilidad de "transplantar" de un sistema a otro los mecanismos reguladores: "Ningún mercado histórico concreto ha sido, ni es, socialmente neutro. El comportamiento de la gente en estos diferentes mercados varía considerablemente según el carácter de la propiedad y la manera como se dispone de ella, que son los principales rasgos distintivos de los sistemas sociales. La mayor o menor regulación consciente y organizada de la producción y el intercambio no se na hecho independientemente de la evolución interna del mercado". "El aspecto artificial de las series consideradas se revela de forma particularmente visible en la ausencia de la noción de eficacia de la producción social. Todo lo que concierne a la economía del país en su conjunto está relacionado con la 'ética', mientras que la eficacia queda reservada a la empresa que compite. Esto elimina rápidamente la posibilidad de evidenciar las ventajas económicas de la regulación centralizada y los defectos económicos del mecanismo de mercado: tanto unos como otros están ausentes 'por definición'. No obstante, en la práctica, las cosas son de otra manera".

Referirse sólo a la descentralización del mercado como base de la eficacia, impide actuar sobre las esferas clave de la gestión central, para hacerlas eficaces: la lucha contra el burocratismo se lleva entonces al terreno de las reformas para la autonomía de la em-

"Se utiliza desgraciadamente muy a menudo como modelo normativo, base de recomendaciones para el 'perfeccionamiento y la aceleración', la distinción entre esfera de las empresas/esfera de la gestión económica, consideradas de alguna manera como sistemas socio-económicos diferentes, mientras que esta descripción no es ni siquiera un instrumento válido de análisis descriptivo. No se puede negar que la regulación centralizada no tiene objetivamente el mismo significado según los terrenos de la actividad económica. El ejemplo más importante nos lo da Kornaï mismo (la inversión y la producción corriente)". Dicho de otra forma, el primer debate necesario nos lleva a la cuestión de cuáles son los terrenos en los que sería más eficaz una gestión "centralizada" (democráticamente, como subraya el autor), y cuáles son aquéllos que es mejor someter a decisiones y control descentralizado (lo que no significa necesariamente mercado: pueden darse también formas de planificación a escala de las empresas, de los ayuntamientos, de las regiones...). Si el problema es abordado de esta forma, el proceso de democratización no debe reducirse a

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disminuir la esfera de influencia del plan (sin luchar contra el propio burocratismo del plan): "(...) reduciendo todo el contenido de la restructuración social y económica a un proceso exterior, la "refundición de las esferas de influencia' entre el plan (considerado de forma abstracta) y el mercado, volvemos a su vez, en mi opinión, a ignorar las causas principales del estancamiento de larga duración de la economía socialista y a no aprehender las tendencias fundamentales que permitirían remontarlo. Pienso que las causas son del mismo tipo tanto al nivel de las empresas, como al de la estera de gestión gubernamental, si bien difícilmente se puede como consecuencia únicamente de la reducción de su campo de acción".

La conclusión esencial de Soujotin es la siguiente: "Pensamos que la puesta al dia del potencial humano es la principal reserva económica del socialismo (y no solamente su imperativo ético), del socialismo en tanto que sociedad que elimina la explotación del hombre por el hombre. Y estamos tanto más preocupados por la extensión de la inercia, por a caída de la actividad en el trabajo y en la economía, o por la orientación de esta actividad en direcciones antisociales, tenómenos que acompañan al estancamiento social. (...) El reforzamiento de tales tendencias, у con mayor razón, el llamamiento a utilizar 'incentivos-castigos concebidos por economías no-socialistas, impiden la formación de incentivos y de mecanismos de activación auténticamente socialistas, cuya diferencia esencial debe residir en un nivel superior de humanismo. Eso no sig nifica evidentemente que no consistir más que en dar ánimos. Pero es importante que las formas de actuar sobre los comportamientos económicos no sean una copia de la sociedad presocialista". Finalmente, Soujotin destaca lo que le parece ser el mal principal del actual sistema: la ausencia de control de los propietarios sobre los gestores, que son a partir de ello, autónomos. La democracia económica como regulador Efectivamente, se puede discutir para saber hasta qué punto y en qué terrenos son necesarios los funcionarios y los gestores. En último extremo, el verdadero problema es el del control social

76 por lo tanto, la democratización radical del sistema, sin la cual no puede darse el socialismo. En ausencia de una democracia económica como regulador, la introducción de mecanismos de mercado parciales en un sistema burocratizado no hace más que alimentar una burocracia descentralizada y dividir a la clase obrera, llevando al sistema los males habituales del mercado.

El amplio movimiento huelguístico que comenzó a desarrollarse entre los mineros pone de manifiesto lo que está en juego: los trabajadores cogerán de las reformas todo aquello que legitime su derecho a una responsabilidad sobre la organización de su propio trabajo y sobre su vida cotidiana (se les dice que "deben sentirse como en su propia casa", a lo que ellos contestarán: "¡pues vamos a verlo!"); tomarán de ellas todo lo que legitime su lucha contra los privilegios y el despilfarro burocrático. Pero si la autogestión no se amplía hasta el nivel de los sectores y los territorios (ayuntamientos, repúblicas, Federación), permitiendo conciliar los intereses en conflicto y asegurar las reconversiones, se llegará a un callejón sin salida: la autonomía de mercado propuesta por los reformadores aparecerá como el único medio de resistirse a las órdenes burocráticas de arriba. Al mismo tiempo, los trabajadores no aceptarán la lógica de mercado que querrá que, eventualmente, las minas no rentables sean cerradas. En ausencia de una coherencia de conjunto de los mecanismos de reestructuración, la inflación galopante conducirá a un sálvese el que pueda: los mineros, los carteros, los panaderos procurarán imponer precios que les permitan obtener unas mejoras en sus ingresos o que sirvan para recuperar las subidas de precios, oponiéndose, por otra parte, al cierre de las fábricas y a los despidos. Primero, crecerán las presiones a favor de una descentralización de los mecanismos de inversión que inflará los desequilibrios, las desigualdades, los derroches y las cifras de paro. En un segundo momento (o simultaneamente, a la luz de lo ocurrido en Yugoslavia), los partidarios de un "verdadero mercado" verán en los derechos de los obreros y en el "conservadurismo obrero" el obstáculo a las reformas "radica-

Tal es el escenario habitual de las reformas. Y es el que se dará, a menos... que se haga patente la fuerza de las movilizaciones obreras orientada contra el verdadero conservadurismo: aquél que no ofrece otra elección que burocracia o capitalismo.

Concluiré con algo evidente: cualquiera que sea el país del mundo en el que se encuentren, los trabajadores no tienen motivo alguno para aceptar las desigualdades impuestas por la dictadura del mercado, en lugar de los privilegios impuestos por la dictadura de una burocracia. No tienen por qué encontrar justo (en virtud de pseudo "leyes económicas universales") ser tratados como "cosas", "mercancías" que se utilizan o se arrojan al paro según criterios de mercado. La resistencia al cierre de la empresa no rentable es, desde ese punto de vista, perfectamente racional, en tanto que no se hayan puesto en marcha mecanismos que hagan públicos y transparentes unos criterios válidos para todos, para juzgar que es "rentable" y lo que no lo es. Tales criterios deben incorporar explícitamente evaluaciones globales (no solamente locales) y dinámicas (no solamente a primera vista) de los "costes" y los "beneficios" de cada elección; y deben integrar en su totalidad un punto de vista moral, ecológico, ético -que implique un juicio consciente- y no solamente (iy mucho menos como primer criterio!) mercantil. De igual forma, la movilidad en el empleo no es aceptable excepto si está estimulada por la perspectiva de un mayor bienestar para cada cual y su familia. Hacen falta, pues, modalidades diferentes de reconversión hacia un mejor empleo, más responsabilidades, una mejor cualificación, la reducción de los trabajos penosos, y finalmente el desarrollo del tiempo para el ocio, como único criterio verdaderamente humano y realista en la época de las nuevas tecnologías... En resumen, la economía y sus criterios deben ser redefinidos a partir de lo social, a partir de las necesidades humanas. Eso es lo que se supone que debe hacer un verdadero socialismo. ¿Y quién puede determinar mejor las necesidades humanas que los propios interesados? Pero no pueden hacerlo desde la estrecha mira de su taller, o de las empresas atomizadas. No pueden hacerlo sin contar con medios a la vez científicos, políticos, institucionales que permitan una etectiva autogestión para vivir eficazmente. Esta puede, ciertamente, encarnarse en forma de empresas de diferente tamaño, y de libre asociación cooperativa, si eso satisface realmente sus necesidades. Esto quiere decir que se puede y se debe concebir un verdadero control social (complejo) de la propiedad social con diversas escalas y una autogestión, diferente de la que se ha experimentado en Yugosla-

La alternativa no está entre mercado

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(que se supone que aportará eficacia y democracia... para quienes tengan dinero y un empleo), o seguridad social (con planificación burocrática ineficaz y ausencia de libertades) Tenemos ahi una falsa alternativa que es preciso rechazar y superar. Esta disyuntiva puede ser salvada si se acepta la hipótesis de que lo que existe o lo que ha existido no son las únicas cosas posibles. Y si se aprovechan todas las lecciones de la experiencia mundial, sin ocultar nada acerca del carácter no "civilizado" de los sistemas realmente existentes

76 Catherine Samary NOTAS 1.- En la mayor parte de los casos, por el momento, las empresas han elegido el primer sistema; dicho de otra forma, el que implicaba menos riesgos. 2.- "Perestroika-el doble desafío soviético". p. 131. 3.- Durante el último congreso de los diputados, el propio Chmeliov hizo una larga intervención sobre la situación económica dramática y sobre cómo responder a ella. Ni una palabra más sobre la reforma de los precios. Salvo... como primera solución a los desequilibrios presupuestarios, restaurar la venta libre de alcohol. La segunda medida era reducir los gastos de inversión (pero, ¿con qué criterios?) y... la ayuda a Cuba. 4.- Estos dos artículos han aparecido íntegramente reproducidos en el número 1 del Boletín del Grupo Socio-económico del IMSECO (Instituto del Mundo Soviético de Europa Central y Oriental), que apareció a finales de 1989. Se pueden encontrar en ruso en "Ekonomika i matematitcheskie metody", 1987, tomo XXIII, fasc. 6.