Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Unión Soviética: La cuestión nacional en la historia de la URSS

· Inprecor n.º 73, diciembre de 1989 · pp. 4-10 · 5.522 palabras

Unión Soviética

LA CUESTION

NACIONAL EN LA

HISTORIA DE LA URSS

Antonio Moscato Los problemas nacionales en la URSS son, en gran medida, la consecuencia de decisiones tomadas en el período estalinista, particularmente en lo que concierte a los Países Bálticos. Pero en ciertos casos -pensamos en los problemas del Cáucaso- son las consecuencias de decisiones adoptadas a finales de la época de Lenin. Por ello nos parece útil recordar una serie de acontecimientos y tomas de posición que se remontan a la época inmediatamente posterior a la Revolución de Octubre.

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En 1917-19, la cuestión nacional había sido abordada por los bolcheviques de una forma muy simple, reconociendo el derecho a la autodeterminación a todos los pueblos del imperio zarista. La independencia fue reconocida a Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, a las repúblicas del Cáucaso y a la propia Ucrania. En algunos casos (repúblicas bálticas y Polonia) esta decisión costó muy cara a los comunistas de esos países, que fueron duramente golpeados por la represión de los gobiernos conservadores o reaccionarios que se habían instalado tras la secesión del imperio.

Por otra parte, en aquella época, la cuestión nacional estaba estrechamente unida a la lucha a favor o en contra de la revolución: numerosos comunistas polacos, letones, lituanos, finlandeses, georgianos, se habían convertido en dirigentes del Estado soviético, mientras que conservadores rusos estaban al servicio de los Estados que luchaban contra la Rusia revolucionaria. Por lo que se refiere a los judíos, muy numerosos en los territorios del antiguo imperio zarista, habían hecho también opciones diferentes. Una parte de ellos había emigrado, bien por temor a los pogroms desencadenados por los guardias blancos durante la guerra civil, bien debido a la dificultad de adaptarse a un sistema en el que, sobre todo en la época del comunismo de guerra, no había espacio para actividades artesanales o comerciales. Otros se habían integrado en el nuevo Estado, que contaba con numerosos judíos entre sus dirigentes (Trotski, Zinoviev, Kamenev, Litvinov...). La política bolchevique hasta 1920 No se le puede reprochar nada a la política nacional del estado revolucionario hasta el año 1920. La difícil reconquista de Ucrania dio luar a abusos, pero en ningún caso hubo opresión nacional rusa hacia los ucranianos. De hecho la línea de división, que provocó en ocasiones profundos desgarramientos, afectaba a los propios ucranianos y también a los comunistas de origen ruso (éstos eran poco numerosos en el seno del grupo dirigente bolchevique, en el que todas las minorías estaban sobrerrepresentadas). En cualquier caso, Lenin había explicado en varias ocasiones que Ucrania tenía derecho a la autodeterminación e incluso a la secesión. Lo había explicado en la época del gobierno de Kerenski, pero lo habia repetido tras la conquista del poder, rechazando toda tentativa de abordar el problema de forma administrativa, incluso cuando tal tentativa provenia de los comunistas ucranianos. La polémica con el gobierno provisional apuntaba en primer lugar contra la hipocresía de Kerenski, que hablaba de Irlanda y de Argelia sin plantear "las cuestiones de la Irlanda rusa y de la Argelia rusa, o sea, del Turkestán, de Armenia, de Ucrania, de Finlandia, etc." (1). No se trataba sólo de un discurso general, ligado a polémicas puntuales. En un artículo de Pravda, dedicado específicamente a

Ucrania, Lenin expresaba muy claramente cuáles eran sus principios: "La democracia revolucionaria de Rusia debe, si quiere ser una verdadera democracia, romper con el pasado, reconquistar para ella, para los obreros y campesinos de Rusia, la confianza fraternal de los obreros y campesinos de Ucrania, el derecho a la libre separación" (2).

En el mismo artículo precisaba las concepciones de los bolcheviques explicando cómo el respeto de las aspiraciones nacionales era perfectamente compatible con las concepciones internacionalistas y la aspiración a una gran federación socialista mundial de Estados obreros: "No somos partidarios de los pequeños Estados. Estamos a favor de la más estrecha unión de los obreros de todos los países contra los capitalistas, los 'suyos' y los de todos los países en general. Es justamente para que esta unión sea una unión libremente consentida por lo que el obrero ruso, no fiándose ni siquiera un minuto, en nada, de la burguesía rusa, ni de la burguesía ucraniana, es actualmente partidario del derecho a la separación de los ucranianos, no queriendo imponer a éstos su amistad sino ganarla, tratándoles como iguales, como aliados, como hermanos en la lucha por el socialismo" (3).

Cuando el poder soviético comenzó a consolidarse gracias a su victoria sobre Denikin, Lenin se opuso resueltamente a todo proyecto de anexión de Ucrania a la Rusia soviética, igual que a cualquier pretensión de imponer un ritmo acelerado de colectivizaciones o a medidas de "asimilación cultural".

Para dar una idea de su planteamiento respecto a la nación ucraniana, recordemos un extracto del proyecto de resolución del Comité Central sobre el poder soviético en Ucrania, que Lenin había esbozado personalmente en noviembre de 1919: "Habiendo sido oprimida la cultura ucraniana (lengua, escuela, etc.) durante siglos por el zarismo ruso y las clases explotadoras, el Comité Central del PCR considera un deber de todos los miembros del partido el contribuir, por todos los medios, a superar los obstáculos que se oponen al libre desarrollo de la lengua y de la cultura ucranianas. Dado que entre las capas atrasadas de las masas ucranianas se manifiestan tendencias nacionalistas, engendradas por siglos de opresión, los miembros del PCR deben mostrar la mayor prudencia hacia ellas, oponiéndoles, en explicaciones fraternales, la identidad de intereses de los trabajadores de Ucrania y de

Esto no era sólo una advertencia táctica, un consejo de prudencia a la hora de elegir los argumentos. En efecto, la resolución, que fue contestada en una serie de puntos por una importante minoría compuesta en su mayor parte por ucranianos, avanzaba también propuestas organizativas: "Los miembros del PCR en territorio ucraniano, se esforzarán en poner en práctica el derecho de las masas trabajadoras a utilizar su lengua materna en la escuela y en todas las instituciones soviéticas; en contrarrestar por todos los medios los intentos de rusificación consistentes en rechazar la lengua ucraniana, de la que harán instrumento de educación comunista de las masas trabajadoras" (5).

Por otra parte, Lenin subrayaba que la especificidad de Ucrania consistia en el porcentaje muy elevado de campesina do, mientras que la clase obrera era en su mayoría rusa y había, en el primer periódo, una preponderancia de rusos y judiós en el Partido bolchevique y en las instituciones soviéticas. Teniendo esto en cuenta, Lenin formulaba condiciones muy precisas que representaban una especie de anticipación de la NEP: "La tarea que se propone la política agraria en Ucrania es la siguiente: 1. suprimir compietamente la propiedad terrateniente de os nobles, restablecida por Denikin, y dar sus bienes a los campesinos sin tierras o que no tienen suficientes tierras; 2. fundar explotaciones soviéticas en número y dimensiones estríctamente limitadas, ajustándose rigurosamente en cada caso a los intereses de los campesinos del lugar; 3. en lo que concierne al agrupamiento de los campesinos en comunas, etc., se aplicará estrictamente la política del partido, que no admite sobre esto ninguna imposición" (6).

La resolución acababa así: "Considerando que la necesidad de una estrecha unión de todas las repúblñicas soviéticas en sus lucha contra zadoras del imperialismo mundial es indudable para todo comunista y para todo obrero consciente, el PCR estima que los obreros y campesinos trabajadores ucranianos decidirán por sí mismos definitivamente la forma que adoptará esta

Durante el año 1920, las "formas de unión" se precisaban más, como conse-

Centre otros, de los acontecimientos exteriores que sometían a dura prueba a las tendencias nacionalistas que aspiraban a una separación total de Rusia. En febrero había sido creado un comité militar ucraniano, compuesto de cinco miembros (de los que tres eran bolcheviques) que había restablecido el poder soviético por lo menos en los centros más importantes. El aventurero Simon Petliura, que durante cierto tiempo había conseguido organizar una fuerza separatista explotando el odio antirruso e incluso el antisemitismo, llamó a la Polonia de Pilsudski para combatir a los bolcheviques. El ejército polaco ocupó Ucrania durante algunas semanas. Fue una verdadera catástrofe para el movimiento separatista, que perdió todo apo-

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NOTAS:

1. Lenin, (Obras, t. 24, p. 584, versión francesa))

Id., (Obras, t. 25, p. 94)

2.

3. Id., Ibid

Id., (Obras, t. 30, p. 162)

Id., Ibid., p. 162-163

164-165 ld.,

Ibid., p.

ld.,

Ibid., p. 165 ld., (Obras, t. 32, p. 166-167)

Trotsky, Stalin, colección 10/18, vol. II, p.

146

10. Lenin, (Obras, t. 36, p. 618)

11. ld., Ibia., p. 618-619

12. ld., Ibia., p. 619 yo popular: el odio de los campesinos ucranianos hacia los propietarios terratenientes polacos demostro ser mucho más fuerte que el que tenían hacia los intermediarios judíos y sobre todo hacia os "moscovitas". Una parte de los dirigentes nacionalistas abandonaron a Pet-

Ira y se aproximaron al poder soviético establecido definitivamente por la ofen siva victoriosa del Ejército Rojo. El derecho a la autodeterminación en el Cáucaso Pero fue precisamente en el mismo año 1920 cuando el derecho a la autodeterminación comenzó a ser cuestionado por los dirigentes soviéticos. No aludimos a la continuación de la contraofensiva del Ejército Rojo hasta Varsovia, que tue

Fue en el Cáucaso donde la política del Partido Comunista comenzó a separ

Sa Revolucion Ene 1917 y 1920, la pre

sencia de los bolcheviques en la región había sido débil y se había enfrentado a fuertes resistencias. En Georgia, donde el desarrollo económico y social era mavor, era el Partido menchevique el que enía la mayoría, mientras que Armenia estaba bajo la dirección del partido nacionalista burgués Dasnak y el Azerbaidján estaba bajo la influencia de Musavat

Tomatad rangeles no urie

sólo tuvo una duración efímera. Los bolcontraron serias dificultades tras el trata lo de Brest-Litovsk, ya que sin que hu

ABJAZIA

URSS

Suchumi

Mar Negro • Samizedia • Kutaisi GEORGIA • Macharadze • Gorl Tiblisi • Lenina fravatar ENIA •Erevan biera ninguna delegación transcaucasiana, el gobierno soviético tuvo que hacer concesiones territoriales cediendo, entre otros, a Turquía, aliada de los imperios de la Europa central, las provincias de Kars y Batum y el distrito armenio de Ardahan.

Por otra parte, los turcos, después de haber ocupado rápidamente Batum, intentaban ampliar sus conquistas. La debilidad del poder soviético y la amenaza turca empujaron a la asamblea transcaucasiana a proclamar la independencia de todos los territorios que habían formado parte. del imperio ruso, excepto los ocupados por Turquía y Bakú, donde se había formado un gobierno soviético (compuesto básicamente de rusos y armenios atemorizados por los azerís de las zonas vecinas). La república transcaucasina estallaba ya el 26 de mayo de 1918. Algunos días más tarde se formaban, además de la República independiente de Georgia, la República de Armenia y la de Azerbaidjan. Pero la República armenia fue barrida por los turcos en unas pocas semanas. Al mismo tiempo, el Azerbaidjan se convertia en un estado fantoche bajo ocupación extranjera, mientras Georgia, deseando evitar la misma suerte, pedía y obtenía la protección de Alemania, interesada en el manganeso georgiano y queriendo disponer al mismo tiempo de una base en la región para controlar tanto a la Rusia soviética como a Turquia, un aliado bastante inestable.

La situación se complicó todavía más con la llegada de tropas inglesas, que se adueñaron de Bakú masacrando al gobierno bolchevique y ofreciendo su "protección" a Georgia y a las otras repúblicas, reconstituídas y colocadas bajo control de gobiernos pro-británicos. La presencia inglesa en la región, aparte de Bakú cuya ocupación se prolongó hasta 1921, no fue suficiente para garantizar una estructura estable. El frágil gobierno instalado por los ocupantes en Bakú fue derrocado en abril de 1920 por una insurrección comunista, que acabó en la foro Groznil

Mar Negro • Rustavi Mar Caspio

AZERBAIYAN Sumgart Beku

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LACÓN:

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mación de una República Socialista Soviética de Azerbaidján, a cuya cabeza se encontraba Kirov, Ordjonikidze у Mikoyan, esto es, un ruso, un georgiano y un

En el mes de noviembre de ese año, los turcos desencadenaron una nueva ofensiva para borrar una vez más cualquier huella de una Armenia independiente. El gobierno Dasnak no fue capaz de organizar la resistencia, que en cambio fue asegurada por un comité revolucionario apoyado por destacamentos del Ejército Rojo. En diciembre de existía pues una República Soviética Socialista de Armenia, cuyo territorio había sido seriamente reducido por las conquistas turcas, y que sólo aguantaba por el miedo a nuevos ataques de Turquía, que había exterminado ya a más de un millón de armenios. La debilidad del grupo dirigente soviético provocó, dos meses más tarde, un levantamiento popular en Erevan y otras ciudades contra las requisas de trigo y la política económica de "comunismo de guerra". Esta situación no fue completamente dominada más que tras la adopción de la NEP. Ademas, en tebrero de 1921, tropas soviéticas rusas, apoyadas por elementos georgianos, entraban en territorio de la República georgiana, bajo pretexto de que se había producido un incidente en la frontera con Armenia, y derrocaban al gobierno menchevique.

Este episodio representa un giro en la historia de la Rusia soviética. Una carta de Lenin a Ordjonikidze muestra una gran preocupación por su parte sobre el estatuto de la nueva república, y propone una alianza con Jordania, el dirigente menchevique cuyo gobierno había sido derrocado. Lenin pregunta a los comunistas georgianos si había "un acuerdo completo sobre estos tres: (...) Primo: hay que armar a los obreros y campesinos más pobres con el fin de crear un fuerte ejército rojo georgiano. Secundo: Es necesaria una política especial de concesiones hacia a los intelectuales y pequeños comerciantes georgianos. Hay que comprender que no sólo es un mal cálculo nacionalizarles, sino que se deben consentir ciertos sacrificios con el único fin de mejorar su situación y dejarles la posibilidad de continuar su pequeño comercio: Tertio: Es de gran importancia buscar un compromiso aceptable de cara a un bloque con Jordania, o con mencheviques georgianos como él, que desde antes de la insurrección no eran completamente hostiles de un régimen soviético en Georgia bajo ciertas condiciones. Os pido que recordéis que las condiciones de Georgia, tanto interiores como internacionales, exigen de los comunistas georgianos, no que apliquen las fórmulas rusas, sino que creen con habilidad y flexibilidad, una táctica original, basada en una actitud más conciliadora hacia los elementos pequeñoburgueses de todo tipo" (8).

Trotski explicó que la intervención militar había conseguido un éxito fácil y completo y no había provocado ninguna complicación internacional (salvo una nueva campaña anticomunista por parte de la llª Internacional, que había seguido muy de cerca el asunto, enviando a

Georgia en septiembre de 1920 una delegación compuesta, entre otros, por

Kautsky, Vandervelde y Ramsay MacDonald). Pero subrayó al mismo tiempo que el método adoptado para la "sovietización" de Georgia tuvo consecuencias posteriores muy graves: "En las regiones donde las masas trabajadoras se habían pasado al bolchevismo ya antes de la

Revolución, aceptaban los sufrimientos y dificultades subsiguientes como ligadas a su propia causa. No ocurría lo mismo en las regiones menos avanzadas donde la sovietización fue realizada por el Ejército Rojo. En ellas, las masas trabajadoras consideraban sus privaciones como resultado de un régimen impuesto desde fuera. En Georgia, la sovietización prematura retorzó a los mencheviques durante un cierto tiempo, y condujo a la importante insurrección de masas de 1924, cuando -según la propia confesión de Stalin- Georgia tuvo que ser vuelta a

Las inquietudes de Trotski, las recomendaciones de Lenin, las propuestas de los comunistas georgianos (cuyo grupo dirigente contaba con militantes de gran experiencia política, que serían casi completamente exterminados por Stalin en los años 30) no impidieron al plenipotenciario de Stalin en el Cáucaso, Ordjonokidze, provocar desastres con consecuencias todavia sin superar.

Inicialmente, Lenin había planteado la unificación económica de las tres repúblicas caucásicas, subrayando los aspectos de simplificación administrativa. La fusión en una única federación de repúblicas soviéticas socialistas de Transcaucasia no fue sancionada formalmente hasta el 12 de marzo de 1922, pero había sido ya realizada en la práctica durante los primeros años del año anterior. Ello había implicado la sumisión de los dirigentes locales al representante de Moscú. Por ejemplo, como lo recuerda el manifiesto aprobado en 1987 por el movimiento armenio de Alto Karabaj, el 16 de marzo de 1921, el Gobierno había firmado un tratado con Turquía que fijaba no sólo las fronteras entre las repúblicas soviéticas y el estado turco, sino también las fronteras entre las diferentes repúblicas caucásicas sin haber consultado con ellas. Este tratado atribuye al Azerbaidján la región actualmente controvertida, aunque formalmente la constitución de la región autónoma data del 7.7. 1923. La última batalla de Lenin Las últimas energías de Lenin fueron consagradas a intentar limitar los desatres provocados por la forma grosera en que había sido abordada la cuestión nacional. Moshe Lewin ha descrito este episodio en su libro "El último combate de Lenin". El párrafo del testamento político de Lenin que trata de la cuestión nacional es muy explítico desde el comienzo: "Soy muy culpable, los obreros de Rusia, de no haber intervenido con suficiente energía y firmeza sobre la famosa cuestión de la autonomía, llamada oficialmente, si no me equivoco, cuestión de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas" (10).

Lenin, que obtenía también sus informaciones de quienes se habían hecho culpables de las violaciones de principios, sabía perfectamente que la forma de abordar los problemas nacionales no era más que el reflejo de una regresión más general. "Puede uno imaginarse en qué marasmo nos hemos metido", decía al enterarse de que un opositor había sido víctima de violencias físicas. Y añadía: "Se pretende que es absolutamente necesario unificar el aparato. ¿De dónde salen estas afirmaciones? ¿No es acaso de ese mismo aparato de Rusia que, como ya he dicho antes en mi diario, hemos tomado prestado al zarismo, limitándonos a darle un ligero barniz soviéti-

Lenin tampoco olvidaba en este texto las circunstancias atenuantes, en primer lugar el aislamiento, la ausencia de ayuda de los países más desarrollados, las condiciones creadas por la guerra y la lucha contra el hambre. Antes de indicar los responsabilidades personales de Ordjonikidze, Dzerjinski y sobre todo de Stalin ("Creo que aquí ha jugado un papel fatal el apresuramiento de Stalin y su irtación contra el famoso socia-macioirritación contra el famoso guiente:) estas condia dies, es completamente natural que la 'libertad de salirse de la Unión', que nos sirve de justificación, aparezca como una fórmula burocrática incapaz de defender a los halógenos de Rusia, contra la invasión del ruso auténtico, del gran ruso, del chauvinista, de ese bribón y de ese opresor que es en el fondo el burócrata ruso típico" (12).

Como es sabido, el último período de la vida de Lenin está marcado por su esfuerzo por contrarrestar la degeneración burocrática y autoritaria del Estado soviético. En el marco de esta lucha, la cuestión nacional ocupaba un lugar muy importante. Se diría que Lenin se sentía culpable de haber subestimado durante bastante tiempo los peligros e incluso haber tolerado tendencias a una asimilación por la fuerza de nacionalidades no rusas, en la medida en que no había captado en ciertas asuntos más que el aspecto de simplificación administrativa. Podría hacerse una verdadera antología reuniendo las reflexiones angustiadas sobre este tema que reaparecen continuamente en sus últimos escritos.

En su búsqueda desesperada de alia-

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13. Id., (Obras —edicion italiana—, t. 33, p.

339)

14. Id., (Obras, t. 45, p. 629)

15. Aleksandr Nekritch, Les Peuples Punis

Maspero 1982 dos para una batalla que sabe muy difícil, Lenin escribió a Kamenev una carta bastante singular en la que anunciaba una "guerra contra el chovinismo gran añadiendo que no se trataría de "una pequeña guerra, sino de una lucha a vida o muerte" y proponiendo que la Unión Soviética fuera presidida rotativamente por un ruso, un ucraniano, un

Su últimas cartas, dictadas algunas horas antes de ser detinitivamente aniquilado por la enfermedad, contenían una nueva propuesta de alianza con Trostky sobre la cuestión georgiana. Enviaba una nota a Mdivani y a otros dirigentes georgianos que habían sido atacados y cesados en sus funciones. Esta nota es tanto más importante si se tienen en cuenta que al comienzo Lenin había desconfiado de las informaciones ue recibía y había tomado posicio ontra ellos. Esto es lo que dice: "Quer dos camaradas: Sigo vuestro asunto con todo interés. Estoy indignado por la grosería de Ordjonikidze y la connivencia de Stalin y de Dzerjinski. Preparo para vosotros unas notas y un discurso" (14).

Este fue el último escrito de Lenin. Al igual que en otros escritos del mismo período, se ve en ellos que algunos de os problemas actuales tienen origenes lejanos y que los fundadores del Estado soviético eran conscientes, al menos parcialmente, de la gravedad de estos problemas, aunque no estaban en condiciones de contrarrestar el proceso de degeneración. La época estalinista Lo que al final de la vida de Lenin aparecía como un peligro de degeneración burocrática que había que conjurar, se convirtió después en norma y "modelo". de agresiones rusas, como habia temido Lenin. En primer lugar, igual que en el

"reconquista" de los territorios asiáticos que habían formado parte del imperio zarista fue realizada por métodos bastante parecidos a los utilizados en las guerras coloniales. La debilidad, incluso inexistencia, de la clase obrera, a incompresión por parte de los escaso comunistas (casi todos de origen ruso ‹ judío) de los problemas de sociedades aún en una fase precapitalista, el hecho de que eran rusos (a menudo, incluso, colonos, antiguos funcionarios zaristas у popes) quienes se colocaban al lado del poder soviético provocando la hostilidad de los autóctonos, fueron las premisas de acontecimientos dramáticos bastante poco conocidos que ensangrentaron el Asia soviética hasta comienzos de los años treinta. El precio en vidas humanas fue muy elevado por ambas parte. La diferenciación no tenia siempre un carácter estrictamente nacional: era a veces étnica y sólo muy raramente social. Un papel particularmente nefasto fue jugado por la colectivización forzosa. Esta golpeó también a la población rusa. Pero las minorías nacionales, sobre todo los ucranianos, la sintieron como un verdadero proyecto de genocidio hacia ellos. Los estragos fueron gigantescos. Por ejemplo, en el Kazakstán la población autóctona quedó reducida al 50% como consecuencia tanto de la colectivización como de la destrucción de las formas económicas tradicionales. Por lo general, en el Asia soviética, la sedentarización forzada se enfrentó con una resistencia armada, lo que empeoró a corto y medio plazo las condiciones de vida de aquellos a los que en principio se quería "ci-

Los sufrimientos debidos a la brutalidad de la "deskulakización", al desconocimiento de los problemas agricolas por parte de los funcionarios encargados de dirigir las nuevas granjas colectivas, a la deportación de millones de campesinos hacia regiones inhóspitas del Norte y su utilización en trabajos forzados cavando canales entre el Báltico y el mar Blanco o la cuenca del Volga, fueron agravados por la persecución antirreligiosa, que golpeó particularmente a las iglesias "no

Las groseras campañas a favor del ateísmo, el cierre de iglesias, de mezquitas, de sinagogas, el arresto de ministros del culto y simples creyentes, culpables de hacer proselitismo o de haber "turbado" a la juventud por la enseñanza religiosa, golpearon a todas las confesiones, incluída la ortodoxa (sobre todo antes de 1941, cuando para hacer frente a las catástrofes de la primera fase de la guerra, Stalin se vio obligado a pedir la ayuda de la jerarquía eclesiástica, que fue liberada de la prisiones y colmada de favores con el objetivo de obtener su apoyo en la campaña para transformar la lucha antinazi en "gran guerra patriótica del pueblo ruso"). Algunas confesiones fueron golpeadas más duramente: por ejemplo, los "viejos creyentes" y en general las sectas milenaristas, los grupos protestantes que aparecían más pe ligrosos por carecer de jerarquía, las iglesias que jugaban un papel de unifica ción étnica (en Lituania y en los territorios arrancados a Polonia en 1939 la Iglesia católica y todavía más la Iglesia uniata, que fue obligada en 1946 a unificarse con la Iglesia ortodoxa de la que había salido hacia tres siglos) y finalmente el Islam.

El resultado de todo esto fue, en último término, reforzar todas las religiones.

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Un niño armenio juega junto al monumento a las víctimas de la matanza de Sumgait

En particular, en lo que concierne al Islam, la limitación del número de mezquitas (que no eran más que 200 en toda la Unión Soviética en los años setenta) apenas redujo el número de creyentes que se cifra en millones. De hecho, entre los problemas candentes que debe abordar Gorbachov está el de la difusión de un sentimiento nacional antiruso alimentado por el Islam y una de cuyas expresiones más visibles son las tiras verdes enarboladas por los jóvenes de Bakú o de Tachkent. La segunda guerra mundial: los pueblos "castigados" Si el grupo dirigente soviético actual reblos de la URSS, no es porque no comprende lo bien fundado de las demandas de las diferentes nacionalidades. En realidad, teme que la reparación de las injusticias del pasado en algún sitio desencadenen otros movimientos similares, para obtener a su vez las reparaciones que les corresponden.

Uno de los casos más conocidos es el de los tartaros de Crimea, un pueblo castigado en su conjunto por Stalin bajo pretexto de que algunos de sus miemoros habrían traicionado. Pero en el curso de la Segunda Guerra mundial numerosos pueblos -y no sólo los tártarosfueron sospechosos de querer colaborar con los nazis (entre otros, los alemanes del Volga, los kabardinos, los balkaros, los checenos, los inguscos, los osetas, los kalmucos, etc.) y fueron deportados a regiones alejadas del Extremo Oriente soviético. En numerosos casos, incluído el de los tártaros de Crimea, más de la mitad de los deportados murieron durante el terrible éxodo. Los alemanes del Volga, que estaban instalados en la región desde hacía más de dos siglos, no tenían prácticamente ninguna relación con su Patria de origen y aún menos con el nazismo (en 1917, habían sido los primeros en constituir un soviet y en apoyar a los bolcheviques, en especial durante los años difíciles de la guerra civil). En lo que se refiere a los demás pueblos, Aleksandr Nekric ha probado que no sólo no habían colaborado con los alemanes en una proporción más importante que los rusos, los ucranianos o los bielorrusos (que no podían ser deportados en masa, aunque sólo fuera por su número), sino que a menudo se habían comprometido resueltamente en la resistencia antinazi, sin que sin embargo se mencione su lugar en la historia oficial (15).

Algunos de estos pueblos obtuvieron parcialmente justicia. Los supervivientes de las deportaciones volvieron a sus regiones de origen en la época de Kruschev. Otros no han sido compensados de sus sufrimientos y sobre todo no han podido obtener el "derecho al retorno".

Una parte importante de los alemanes del Volga se han resignado y han aceptado finalmente la oferta de la RFA, "volviendo" a un país que no era el suyo desde hacía numerosas generaciones y con el que no tenían ningún lazo. En cualquier caso no han obtenido de nuevo su autonomía regional.

Los tártaros de Crimea tienen el mérito extraordinario de no haber renunciado nunca a reivindicar sus derechos. Representantes del movimiento democrático como Piort Grigorenko han consagrado a esta causa años de su vida y Sajarov lleva también un duro combate en este

Pero, repitámoslo, demasiados pueblos que han conocido deportaciones, anexiones, desplazamientos de sus fronteras y otros castigos colectivos que han dejado huellas muy profundas, no han obtenido ni siquiera lo que han obtenido los tártaros de Crimea.

En realidad, si se quisieran reparar todas las injusticias y todos los desastres de la época estalinista, habría que sacudir en profundidad la propia estructura de la Unión Soviética. Habría que abordar los problemas de los Países Bálticos, anexionados a la URSS en el marco de los acuerdos Ribbentrop-Molotov, o de Moldavia, república inventada tanto en lo que concierne a la lengua (que no es más que el rumano con variantes

Tolor

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dialectales y transcrito en carácteres cirí icos) como en lo que concierne a las tronteras (que no corresponden a las de la Besarabia, puesto que una banda estrecha en la costa fue asignada a Ukrania, probablemente con el objetivo de impedir a la "república socialista" de Moldavia el acceso al mar). De hecho, fue una verdadera anexión impuesta. Habría que volver también sobre el drama de las regiones arrancadas a Polonia en 1939, con la deportación y exterminio de cientos de miles de personas.

Todo ello explica los rechazos, las dudas y los giros del grupo dirigente gorbachoviano, sobre todo durante el año 1988. Esto explica por qué, a pesar de do, tantas paginas de la nistoria sovi Los problemas actuales Como hemos indicado, las tensiones que existen actualmente tienen orígenes lejanos. Pero están determinados igualmente por contradicciones sociales que se habían agravado durante el llamado periodo del estancamiento.

Esto se ve aún más claramente si se examina el punto de partida inmediato de algunos de los conflictos en curso. Por ejemplo, el movimiento nacional de Erevan, con la primera polémica "antirrusa" desde hace un siglo, comenzó con una cuestión muy concreta, es decir, una protesta contra una fábrica química que polucionaba el centro mismo de la ciudad y que las autoridades de la República habían cerrado, mientras las autoridades de Moscú imponían su reapertura "por exigencias superiores". La central atómica -que el terremoto ha respetado milagrosamente y que se ha cerrado después- había estado también en el centro de una campaña muy intensa, cuyo fracaso fue atribuído por la población a la pasividad de las autoridades republicanas frente al poder central. Segundo ejemplo: la cuestión del medio ambiente ha aparecido también en el conflicto entre Moscú y las repúblicas bálticas. A causa de la muy fuerte centralización, todas las decisiones que implican peligros son atribuídas a las autoridades de la Unión Soviética y son sentidas como una forma de opresión nacional, aunque a menudo no se trata más que de insensibilidad burocrática (lo conirma el hecho de que alaunos de los más graves desastres ecológicos han golpeado, por ejemplo, a la región del ago Baikal y zonas de Siberia que for man parte de la república rusa)

En otros casos, las protestas han sido desencadenadas por otros factores de lescontento. En los países bálticos se han levantado contra la intromisión los ministerios centrales en todo tipo de

Baku e indignaron orque el proceso

de las personas inculpadas por el pogrom antiarmenio de Sunait había sido sustraído a la magistratura local. En Alma-Ata ha habido reacciones por la sustitución de los dirigentes locales por otros lanzados en paracaídas desde el centro. Un poco por todas partes, hay reacciones a la práctica consistente en regular el acceso a la nomenklatura e incluso a las estudios superiores, sobre la base de contingentes étnicos.

La existencia de fuertes desequilibrios económicos entre las diferentes repúblicas es atribuída también, muy a menudo, a la opresión nacional. Pero el problema es más complicado. En primer lugar, entre las repúblicas más sensibles actualmente a la cuestión nacional están, de un lado, Azerbaidján, que se encuentra efectivamente en el escalón más bajo de la renta nacional y a la cabeza en cuanto a mortalidad infantil; y del otro, Estonia, en el otro extremo en todas las estadísticas.

Por otra parte, existen desequilibrios muy grandes en el mismo interior de cada república, por ejemplo, entre una ciudad industrializada como Bakú y regiones montañosas con una agricultura primaria del mismo Azerbaidjan, por no hablar de las diferencias que existen en la gigantesca república rusa.

Hay además resentimientos que sólo parcial e indirectamente tienen un origen económico. Basta con pensar que la popularidad relativa de Pamiat, la asociación chovinista rusa, fundada bajo pretexto (quizás, al comienzo, con intención sincera) de proteger los monumentos históricos y el medio ambiente, deriva del descontento de las capas más humildes y peor pagadas de la sociedad rusa, que alimentan sentimientos de envidia y de odio hacia el koljoziano de Georgia o Armenia que vende a un precio elevado sus productos (aunque debe pagar su billete de avión y dar sobornos a todo tipo de controladores).

La tesis de que hay "agitadores" está muy extendida en la prensa soviética y Gorbachov la ha adoptado, sobre todo en lo que se refiere a los armenios del comité de Karabaj y al Frente Popular estonio. Por su parte, la prensa más comprometida a favor de la perestroika denuncia a menudo las maniobras de desestabilización de la burocracia más corrupta que echa aceite al fuego de los odios nacionales. Es una versión no desprovista de fundamento. Pero, igual que la primera, revela en última instancia una visión policial de la historia. La realidad es que, como hemos dicho al principio, la cuestión nacional en la Unión Soviética tiene raíces muy profundas y ha adquirido un carácter explosivo. Desarrollar un análisis del problema en su fase actual y esbozar una orientación en la materia es sin duda una de las tareas más arduas de los revolucionarios soviéticos. Pero es al mismo tiempo una tarea primordial y urgente.