Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Euskadi: Nota (breve) sobre el esencialismo

· Inprecor n.º 71, septiembre de 1989 · p. 21 · 763 palabras

NOTA (BREVE) SOBrE

Dibujo de Opisso: "Los baños de San Sebastián".

EL ESENCIALISMO

Que el nacionalismo es esencialista, cualquier esencialismo y en cualquier caso, se ha convertido en un tópico. Creo que eso ha venido a ocurrir, entre nosotros, a partir de los 60.

¿Es posible discutir tópicos todavía con alguna esperanza? Sería relativamente fácil darle la vuelta a la tortilla: lógicamente esta crítica implicaria autocontradicción en su forma, porque ella descansaría sobre el supuesto esencialista de que "cualquier nacionalismo es siempre, es decir, esencialmente, tal y tal" (esencialista).

Me permito sospechar que, a estas alturas, el problema del esencialismo podría residir, efectivamente, más que en

"cualquier nacionalismo" objetado, en la mentalidad de algunos objetores mos encontarnos en el caso del refrán

Por otro lado, quizá nos ocurre a todos un poco que a veces nos enzarzamos en ciertas palabrejas, más que en las ideas. Sobre todo cuando tras ellas se recogen ciertas batallas de nuestra historia personal.

"Esencialismo" parece haberse convertido en una de esas terribles palabras de combate. Sería muy tonto que

Joxe Azurmendi en la realidad no pasara de ser sólo un equívoco terrible, que, habiendo perdido ya su razón de ser, hubiera acabado engañando, quizá más que a ningún otro, a nosotros mismos. Una palabra se nos habría convertido en una puerta cerra-

No se quiere decir con esto que la acusación de esencialismo a las inclinaciones o teorías nacionalistas carezca de toda justificación. Personalmente creo que ha tenido (me refiero al nacionalismo vasco) y en ocasiones puede aún tener pleno sentido. Lo que no creo de ningún modo es que tenga que tenerlo necesariamente. Para comenzar a aclaramos, o sea, para que la reflexión tenga algún provecho, podríamos comenzar aclarándonos sobre los términos. Por supuesto, según aquello de que no hay más ciego que el que no quiere ver, nada hay más incomprensible que lo que no se quiere comprender. „Pero, al menos en hipótesis, el nacionalismo no puede dejar de ser comprensible, al menos bajo alguna de sus formas

Dejando todos los equívocos que rodean el concepto de nacionalismo, que no es ahora nuestro tema, cómo cierto "esencialismo" es inherente al mismo lenguaje y, por tanto, inevitable, lo recordé en Jakin 42/43 (1987) 134 ss (en el comentario al libro de Txepetx: motivo original de estos comentarios de ahora), aunque sólo fuera de pasada, basándome entonces en notas de B. Rusell y Ogden-Richards. No es cosa de repetirlo. Si la palabra "vasco" tiene algún significado en el lenguaje (¿alguien ha pensado acaso en las cabras do Chipre?), es que nos hace pensar en algo que todos entienden primo sensu de modo igual o similar (primer requisito de inteligibilidad de cualquier concepto, es decir, del lenguaje mismo), y ese algo, cualquier cosa que sea a la hora de definirlo, tiene que ser una especie de esencia, o sea constante, igual a sí mismo, etc. No por eso estaremos legitimados a tachar a nadie de esencialista, como no sea al lenguaje mismo.

Conviene perder el miedo a las palabras-fetiche: no dejarse atemorizar por ellas (así como no dejarse atrapar por la magia de otras: "democracia", etc.). Una de esas palabras aterradoras parece ser

. En castellano, "jese tío todavía cree en la esencia de XI" (de lo vasco, en nuestro caso), resulta de un tono suficiente para ridiculizar y descaliticar enteramente al fulanito de tumo. Sin embargo no es más que una trampa del lenguaje. El concepto de esencia resulta en otras lenguas y contextos tan poc ridículo que K. Popper, en la nota preci sa en que rechaza el esencialismo en La sociedad abierta, propugna el uso regular de los conceptos esencia y esencial (en contra de Englana, que preferiría ver desterrados esos vocablos de toda literatura científica). O que Marcuse pueda escribir con toda naturalidad frases como la siguiente: "la discrepancia entre esencia y fenómeno constituye una piedra angular del método marxis-

En principio, pues, hablar de esencias (vascas o de la rosa, me da igual) debería ser perfectamente legítimo e inteligible, sin provocar el escándalo de nadie, a no ser que sea el escandalizado el metafísico esencialista que no sabe entender aquellos términos más que en el particular sentido de su propia metafísica encubierta.

Lo que es más importante, aceptar esencias no convierte a nadie en esencialista más que en pésima lógica. Y, finalmente, ser esencialista no tiene por qué tener un significado necesariamente negativo para un marxista: Spinoza no andaría lejos de haber sido el pensador más esencialista de la historia, y Toni

Negri ha vuelto a interesarse de manera muy particular por él. O