Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

La segunda muerte de Tito

· Inprecor n.º 68, junio de 1989 · pp. 18-25 · 6.200 palabras

Yugoslavia desde la postguerra. En el mes de octubre, el país parecía

NOTAS (1). Mladina, Ljubijana, 17 noviembre 1988 ha publicado alguno de estos documentos partido croata que ha citado libremente los rabajos e interviews de numerosos "trabaja dores culturales". ideólogos del partido amalgamaron, bajo un común las reales entre los intelectuales creativos. Sin embargo, este libro da una visión panoramica significativa del clima ideológico de la época. (3). Ver Labour Focus on Eastern Europe, marzo 1988, Londres y la entrevista con Miha Kovac en New Left Review n° 171 de septiembre-octubre de 1988. (4). Para una exposición competente sobre estos acontecimientos, ver la entrevista de Kovac, citada más arriba. '5). Latinka Perovic, entonces dirigente del partido serbio ha obtenido, tras su expulsión del partido, un grado de doctor con una tesis titulada "Del centralismo al federalismo", en la que racionaliza la descentralización de Yugoslavia haciendo referencia a la política leninista sobre la cuestión nacional.

LA SEGUNDA MUERTE

Yudoslavla En noviembre de 1988, por ejemplo, la Asamblea Federal adoptó un canto panpara subir a la tribuna en esta ocasión, se había hecho tristemente célebre por haber aconsejado, en primer lugar al régimen monárquico de antes de la guerra y luego a los socialistas, la expulsión de la mayor parte de la población no eslava, a la que juzgaba "poco fiable" (1). Las revueltas de Kosovo Algunos dirán que la crisis comenzó 1979 con el inicio, por primera vez en 20 años, de la penuria de bienes como el café y los detergentes. Pero lo primeros síntomas específicamente políticos de esta crisis se remontan, de hecho, a las manifestaciones de Kosovo, en la primavera de 1981. Esta región, la más

TITO

Michele Lee El año 1988 ha sido uno de los más dramáticos de la historia de al borde del estallido. En realidad, 1988 no ha sido mas que la culminación del proceso de descomposición lenta del partido en el pobre de Yugoslavia, en el corazón de una cuestión nacional no resuelta, registró el futuro seísmo con la seguridad de un sismógrafo. En 1985, la dirección reconoció que el pais atravesaba una crisis económica. La deuda externa alcanzaba los 20.000 millones de dólares, la inflación subía en flecha (más del 250% en 1988), el crecimiento industrial se estancaba (cayendo a veces por debajo de cero). En 1987, Kosovo, Macedonia y Montenegro, regiones situadas en la parte más meridional del país, se declaraban en quiebra. Otras repúblicas hacían público el declive de su producción y de su nivel de vida. En esta situación, el consensus instituído en la LCY y el delicado sistema de equilibrios se hundieron. La crisis económica se expresó cada vez más bajo la forma de crisis política; en la práctica, como una crisis del conjunto del proyecto socialista. Pérdida de confianza Con el final del crecimiento industrial, la clase obrera ha sido golpeada duramente. El paro ha aparecido en una amplia escala y las condiciones de vida han caído al nivel de mediados de los años 60. Al mismo tiempo, la confianza en sí mismo, ya bastante mermada, del "partido de vanguardia de la clase obrera" desapareció totalmente, destruyendo de paso lo que quedaba de la autoridad del centro federal del partido.

La utilización por los trabajadores de la huelga general produjo el primer estallido en la alianza entre el partido y la clase obrera. Un poderoso sentimiento de malestar invadió a la intelectualidad,

Página 19

favoreciendo las corrientes derechistas y nacionalistas(2). El ejército encontró en ellas un estímulo para atribuirse el papel de guardián del Estado; en marzo de 1988, por ejemplo, anunció, sin buscar un acuerdo previo de la dirección estaba sucediendo en Eslovenia, y que había que detener a un cierto numero de eminentes intelectuales(3).

Pero sobre todo, la crisis ha reforzado la tendencia, omnipresente, en los partidos de las repúblicas y de las provincias, a atrincherarse en sus posiciones nacionales locales. El resultado de ello fue muy diverso, dadas las grandes disparidades económicas y las tradiciones nacionales diferentes. En Eslovenia, que es de lejos la república más próspera, y no conoce prácticamente el paro, se ha desarrollado una democratización importante: los "movimientos alternativos" han sido activos allí, desde el comienzo de los años 80, y la Alianza de la Juventud Socialista (juventudes comunistas) ha creado lazos originales entre estos movimientos y la política oficial (4). El Comité de Defensa de los Derechos Humanos, formado para defender a cuatro intelectuales arrestados en mayo de 1988 y condenados bajo la acusación de tener documentos secretos militares, está hoy consiguiendo rápidamente el carácter de un Frente del pueblo esloveno. El Comité ha proseguido el diálogo con el partido, manteniendo el consensus político sobre todos los principales problemas que afectan a la democracia y a la soberanía nacional eslovena. Pero la democratización eslovena no ha conocido en absoluto un progreso lineal.

En las recientes elecciones a un puesto en el aparato del Estado, Igor Bavcar, miembro dirigente del Comité, ha sido firmemente "separado" del procedimiento electoral, aunque había obtenido una mayoría en la base.

En Macedonia, por otro lado, el hundimiento económico ha conducido al partido local a limitar los derechos nacionales de la minoría albanesa (20%) y a suscitar sentimientos antialbaneses entre los trabajadores macedonios. En primer lugar, desapareció la señalización bilingüe de las calles, luego los nombres puramente albaneses fueron prohibidos, luego fueron reducidos los derechos sociales para las familias con más de dos niños, y finalmente la educación secundaria en albanés fue sometida a severas restricciones. Cuando profesores, padres y alumnos se pusieron a protestar contra estas medidas anticonstitucionales, fueron expulsados, despedidos de la escuela, condenados a multas e incluso fueron encarcelados.

Pero sin embargo ha sido en Serbia donde el retorno a la afirmación nacional ha tomado la forma más virulenta: con el acceso de Slodoban Milosevic a un poder indiscutido en la Liga de los Comunistas de Serbia, a fines de 1987, la primacía de la política de oficialmente abandonada a favor de la consolidación nacional. La constitución de 1974 La Constitución federal de 1974 había reforzado considerablemente la autonomía de Kosovo y de Voivodina, las dos provincias situadas en la república de Serbia, haciéndolas partes constituyentes de la Federación yugoslava. La dirección serbia, corresponsable de esta decisión, la había favorecido explicando que la restauración del orden en Kosovo hacía caer una pesada amenaza sobre la democracia interna de la propia Serbia, mientras que ningún progreso económico podría plantearse en Kosovo sin la "albanización" del partido y de Esta era una dirección que veía el bie nestar serbio como parte integral del progreso de Yugoslavia, y que era favorable a la búsqueda de un consenso fetodos los grandes proble mas. Pero esta dirección fue purgada en el marco de una cruzada a escala nacional, contra el "liberalismo". Su expulsión abrió, en el seno del partido serbio, una lucha por el poder que estuvo muy indecisa hasta la llegada de Milosevic, incluso si se había establecido un consenso de trabajo para llegar a una recentralización de la República. La autode las dos provincias había debilitado la importancia de Belgrado, y apareció una nueva determinación de volver al statu quo anterior. La descentralización del Estado federal, que se expresaba en la Constitución de 1974, y sobre todo la devolución de poder a las provincias, fueron designadas por varios dirigentes serbios, como las causas principales de los económicos y políticos en Serbia. "La albanización" La rápida "albanización" de la adminis tración provincial, que siguió al refuerzo de la autonomía de esta provincia, culminó con la instauración de cuotas nacionales, que reducían los empleos disponibles para los eslavos en la función pública en la que habían sido hasta entonces privilegiados. Además gracias a su elevada tasa de nacimientos, la preponderancia étnica de los albaneses aumentaba, transformando las condiciones lingüísticas, educativas y culturales de esta nueva era democrática, haciendo retroceder la fronter étnica hacia el

Sin embargo, en 1981, tras las manifestaciones de los albaneses de Kosovo, reclamando el estatuto de república para la provincia, el Estado federal envió a las tropas, y 12 personas fueron muertas. El estado de urgencia fue proclamado durante un corto período y el partido, el Estado y las instituciones culturales fueron purgadas de los "nacionalistas", de los "separatistas" y de los

"irredentistas". Fue adoptado un programa de inversiones pan-yugoslavo, destinado únicamente a los pueblos habitados por serbios (aunque esto sea contrario a la Constitución), a fin de impedir su emigración. Pero apenas mejoro el estado desesperado dela economía de la provincia, y la emigración de las dos nacionalidades prosiguió. Peor aún, la dirección federal del partido cometió un

INPRECOR 68/19

Página 20

(6). La sección de Belgrado del partido es por supuesto la más importante y la más numero sa. Luego, Paulovic ha publicado unas actas de su caída, en la que hace parte de sus críticas sobre las promesas hechas por Milose via de resolver "rápidamente" la cuestión de Kosovo. (7). Cabecera de página en Politika, Belgrado, el 20 de noviembre de 1988. Hay que ubrayar que las concentraciones y manifes taciones serbias no han conducido nunca a acciones violentas, a pesar de su tono muy duro.

importante error: describió el conflicto étnico en la provincia como una contrarevolución dirigida por los nacionalistas albaneses. Lo que permite, hoy, al partido serbio presentarse como el guardián de la revolución.

En la primavera de 1987, Slodoban Milosevic visitó Kosovo Polie, el centro organizador del nacionalismo serbio y montenegrino, para dar un discurso virulento en el que ofreció el apoyo del partido al comité nacionalista de Kosovo, fundado a fines de 1986 por los serbios y los montenegrinos que se quejaban de un "genocidio" y que reclamaba la purga de los dirigentes albaneses y la instauración de la ley marcial en la provincia. Apareciendo así en la provincia, sin haber informado previamente al partido de

Milosevic no sólo violaba el protocolo del partido, sino que demos raba su voluntad de acceder a un pode indiscutible en el seno ddel partido serbio. En la 8ª sesión del Comité Central, en diciembre de 1987, Ivan Stambolic y el dirigente del partido en Belgrado, Dragisa Paulovic, fueron purgados(6).

Lo repentino de esta purga, la forma brutal como se llevó a cabo y el tono ultranacionalista del debate (televisado) conmocionaron al pais. Pero la victoria no fue tan fácil, como atestigua la perversidad de la campaña que le sucedió contra la fracción vencida del partido, y la dimensión que tomó la purga en los órganos clave del partido y del Estado. Se concedió una atención muy especial a los medios de comunicación De forma completamente estalinista, todas las personas críticas, potenciales o reales, fueron acusadas de ser "antiserbios" y de estar "contra el pueblo". A la vez, una pronta expresión de lealtad total hacia la nueva dirección, incluyendo los ataques obligatorios contra los opositores, se convirtió en la condición de sobrevivencia política y/o de la salvaguarda del empleo. Milosevic fue elevado al rango de dirigente infalible del partido. Tras la "normalización" en Serbia, las críticas contra Milosevic no podían ya provenir más que de las demás repúblicas, lo que fue utilizado como nueva prueba de la existencia de una coalición antiserbia. Manifestaciones serbias Durante este proceso orquestado de homogeneización nacional, han jugado un papel extraordinariamente importante las concentraciones de masas en solidaridad con los serbios y los montenegrinos de Kosovo. Aparentemente espontáneas, eran cuidadosamente organizadas y financiadas por el aparato del Estado-partido. Durante los seis últimos meses, tales concentraciones, de decenas de miles de personas, han tenido lugar en prácticamente todas las grandes ciudades o pueblos de Serbia.

Al mismo tiempo, crecía la falta de voluntad del partido serbio de someterse a la autoridad del partido federal. La movilización nacional en Serbia y el tono agresivo de su prensa conllevaron tensiones crecientes en todo el país y en el verano de 1988, la presidencia federal exigió de Belgrado que las manifestaciones nacionalistas fueran frenadas. La dirección de la república se negó. Sus representantes declinaron sencillamente cualquier participación en las reuniones de la Presidencia, hasta que sus reivindicaciones fueran satisfechas. Y al contrario, durante el otoño, la frecuencia de las concentraciones que se hicieron cada vez más militantes aumentó en lugar de disminuir. Consignas exigiendo

Página 21

armas, procesos judiciales contra otros dirigentes yugoslavos, y su ejecución, en el caso de dirigentes albaneses, se hicieron cada vez más frecuentes. El alzamiento de Voivodina La prontitud del partido serbio en utilizar la amenaza de guerra civil para arreglar sus divergencias internas fue sorprendente. A comienzos de octubre, la dirección del partido de la provincia de Voivodina fue derrocada por una acción de masas cuidadosamente orquestada y planificada. Dos aspectos de este acontecimiento capital merecen ser destacados. En primer lugar, bastante antes del levantamiento de Voivodina, el partido federal había aceptado ya las reivindicaciones constitucionales de Serbia, sintiendo probablemente que no tenía practicamente otra opción. Al hacer esto, abría la puerta a una solución constitucional del problema. pero esta opción fue rechazada por el partido serbio en favor de una demostración de fuerza, señalando con ello, a la federación, que los asuntos internos de la república de Serbia eran prerrogativa exclusiva suya.

De hecho, el partido federal estaba sin duda al corriente de lo que iba a pasar, pues rompiendo con la práctica habitual, no envió ningún representante a la reunión del comité del partido de Voivodina prevista el día de la dimisión forzada de la dirección provincial, dejandola sola frente a la cólera de los manifestantes. Daba así su consentimiento tácito a un método antidemocrático e ilegal de operar cambios en la Constitución del país. El segundo hecho deriva del primero: era la primera vez que un procedimiento anticonstitucional había sido abiertamente utilizado para cambiar y una dirección local del partido. Esta acción había sido organizada concretamente por grupos de poder locales, de los que no todos eran miembros del partido. Dejándoles actuar, el partido federal permitía a órganos extraños intervenir en su vida interna, hasta el punto de poder destituir dirigentes en la cumbre del partido.

Esto a su vez, ha abierto el camino a una práctica en la que grupos no oficiales y no elegidos se arrogan el poder de decisión sobre cuestiones cruciales para la vida del país. Lo que puede conducir muy lejos, y ha sido dramáticamente ilustrado, solo un día después de los acontecimientos de Voivodine, cuando en Titogrado, una manifestación de trabajadores montenegrinos indignados fue explotado como tela de fondo de una fuerte tentativa de reemplazar la dirección local de la república por hombres de Milosevic. La eventualidad de que toda la estructura federal de la República pueda hundirse, ha empujado a los dirigentes eslovenos, croatas y bosniacos a pasar a la acción. Bajo su presión, la dirección federal del partido (por unanimidad) ha condenado las manifestaciones de Titogrado, y ha dado al partido local la luz verde para una demostración de fuerza.

Pero si los acontecimientos de Voivodina han podido ser púdicamente cubiertos con la hoja de parra de la aprobación previa del partido de la Federación, el 17º plenario televisado del Comité Central de la LCY, que se celebró del 17 al 19 de octubre; abrió una brecha en el partido dirigente, ante los ojos del país entero. La presidencia del partido federal, ella misma objeto de los ataques de Belgrado, demandó, cosa sin precedentes, un voto de confianza de la asamblea del CC. De la votación resultó que solo Dusan Ckrebic, proximo colaborador de Milosevic, había sido eliminado. Milosevic rehusó aceptar el resultado de este voto y rechazó públicamente la autoridad del CC. La prensa de Belgrado se puso a denunciar al CC pan-yugoslavo como juna "alianza sin principios" dirigida contra Serbia! Un mes más tarde, la dirección serbia organizó una concentración pública de 300.000 personas en Belgrado, donde el espíritu "combativo" de la nación serbia fue saludado una vez más, fueron atacados los demás dirigentes yugoslavos y fue proclamada una Yugoslavia "unida" (en oposición a la federal). "Ninguna fuerza puede hoy parar la unificacion de Serbia" proclamaban los titulares de la prensa(7).

Este es el contexto en que deben juzgarse las manifestaciones que se desarrollaban simultáneamente en Kosovo. Boda sin carne El 17 de noviembre de 1988, la víspera de la manifestación de Belgrado, un mitin del Comité Provincial de la Liga de los Comunistas de Kosovo debía ser convocado en la capital de la provincia, Pristina, para debatir el proyecto de dimisión de Kaqusha Jashari y Adem VIlasi, presidente en ejercicio del partido y su predecesor inmediato respectivamente. Sus dimisiones habían sido arrancadas en el marco del acuerdo sobre la Constitución adoptada precedentemente entre las direcciones federal y serbia. Finalmente tras años de disputas , los dirigentes federales habían. dado acuerdo, obligados, a una recentralización de Serbia y, consiguientemente, a una reducción significativa de los derechos duramente ganados de la nación albanesa, con sus dos millones de individuos, haciendo así retroceder el pendulo yugoslavo dos decenios. El mitin de Pristina estaba destinado a legitimar esta evolución. Estas dimisiones venían a apoyar la idea de que el partido de la provincia, que no aceptó el acuerdo, no opondría sin embargo ninguna resistencia a los cambios constitucionales destinados a aumentar el control serbio so bre Kosovo.

Aquella mañana, mineros del equipo

INPRECOR 68/21

Página 22

(8). Josip Broz, llamado secretario general del PCY desde 1937. Principal dirigente de la revolución yugoslava, se encontró a la cabeza del estado hasta su muerte. Rompió con la Unión Soviética 1948. Su nombre era un "insulto" en la boca de los estalinistas de la época. Jardekj, uno de los principales teóricos del regimen, proximo colaborador de Tito, era el principal arquitecto de la constitución de 1974 que daba la autonomía a Kosovo y Voivodi(9). Nin, Belgrado, 10 de noviembre de 1988. (10). La Unión Soviética ha jugado siempre un papel importante en la evolución de Yugoslavia. Tras la victoria de su revolución los comunistas yugoslavos creían firmemente que la revolución en Europa y en el Tercer mundo seria inminente. La expulsión del PCY del Kominform fue un duro golpe, puesto que ello significaba también la ruptura de las relaciones con todos los demás partidos comunistas. Yugoslavia se volvió desde entonces de forma resuelta hacia la revolución colonial y una política de no alineamiento.

de noche de la mina de "Stari Trg" cerca de Titova Mitrovica, centro industrial del Kosovo, subieron de sus pozos a 38° C, en el alba glacial (las primeras nieves del invierno acababan de caer en Kosovo), unieron sus fuerzas a las del equipo de día y emprendieron una marcha de 70 Km. hacia Pristina. Formaban la vanguardia de lo que iban a ser las mayores manifestaciones albanesas desde la guerra: medio millón de participantes er el curso de los cinco días que siguieron Los mineros albaneses Los periodistas los encontraron a mitad

"Llevaban sus pobres vestidos de mineros y parecían agotados. La primera fila llevaba un retrato de Tito dos banderas de los mineros, la bandera del partido, las banderas yugoslavas albanesa y turca. Sus consignas eran ¡El partido de Tito"!: ":Jashari-Valasi!' "¡No abandonaremos a nuestros dirigen-

En Kosovo el paro supera el 50%. El producto social por persona es el 30% de la media del país. El salario medio en el complejo minero-industrial de "Trepca" (del que forma parte Stari Trg), basado en uno de los más importantes yacimientos de plomo y de zinc de Europa, aunque hoy está prácticamente agotado, es de alrededor de 55 dólares al mes. Esto basta apenas para evitar el hambre a una familia de mineros. Un corresponsal del diario Borba (la Lucha), uno de los raros periodistas capaces de hablar albanés, pidió a uno de ellos si iban a Pristina para quejarse de sus salarios. Todo el mundo le rodeó para escuchar. El minero respondió que era una jornada consagrada a la política, no a las lágrimas. El periodista dice que la política era un asunto peligroso, que los "especiales" estaban delante y que podía haber problemas. El hombre de rostro severo respondió con cólera: "Periodista, ¿has visto bodas sin carvez llegados a Pristina, otros obreros, los estudiantes y la juventud se unieron a los mineros, seguidos de los niños de las escuelas primarias y cundarias (80% de los participantes tenían menos de 20 años) y pronto llegó igualmente la vieja generación proveniente de todos los rincones de Kosovo (como de la Macedonia occidental) para manifestar durante 5 días su determinación nacional. Durante las noches glaciales acamparon ante el local del Comité provincial cortando las ramas de los jóvenes arboles plantados en el patio para hacerse fuego. Su protesta tenía dos objetivos: expresar su rechazo a los cambios propuestos en la Constitución de la república de Serbia; impedir, en este contexto, la dimisión forzada de los dos dirigentes provinciales.

Aunque el Comité provincial haya tomado acta de las dimisiones (no hubo voto; el resultado fue decidido en otra parte) y los mineros hayan fracasado en sus objetivos, el hecho de que la policía no haya cargado contra ellos, siguiendo la orden expresa del gobierno provincial, sugiere que han ganado moralmente la batalla y quizá una victoria más duradera. La clase obrera de Kosovo y la dirección local del partido y del Estado tienen aún sin duda divergencias que allanar. Pero una demostración de unidad era indispensable frente a la histeria antialbanesa vertida por Belgrado; solo una semana antes, un miembro de la alianza sindical serbia había declarado públicamente que la "contrarevolución" estaba profundamente enraizada en los órganos del partido y del Estado en Kosovo y en la universidad de Pristina, pero sobre todo en la clase obrera albanesa, lo que suscitó la cólera de los mineros de Trepca, empujándoles a la acción. Tras la manifestación, serbio describió los acontecimientos de Pristina como el último ejemplo de la escalada de la "contrarevolución". partido federal estuvo a punto de declararse de acuerdo con él. Sin embargo la dirección del partido en Kosovo explicó que permanecía en la "línea del 17 plenum del partido". Una verdadera vanguardia La fuerza que se encontraba tras la manifestación de Kosovo fue quizá la detensa de los derechos nacionales, pero esta detensa fue expresada no en términos de nacionalismo, sino de democracia. En entrevistas concedidas libremente, los mineros han expuesto claramente que si el estatuto de la provincia debía ser modificado, si su dirección albanesa debía ser purgada, ello debía ser hecho a través de un debate abierto y democrático y no impuesto por la fuerza. Los trabajadores han dicho lo que el partido federal hubiese debido decir -pero que no ha dicho-. Durante estos días y estas noches frías de noviembre, los obreros en marcha, los estudiantes y los niños han actuado como una verdadera vanguardia socialista, deros de lo mejor de la tradición revolucionaria de la clase obrera balcánica.

Simultáneamente, aunque en total disociación con la concentración de Belgrado o de las manifestaciones de Kosovo, el Comité Esloveno para la defensa de los Derechos Humanos celebró una concentración pública de masas en Ljubljana, para defender la democracia y la soberanía nacional eslovena. En el pasado noviembre, parecia que toda Yugoslavia estaba en marcha. ¿Asistimos en realidad a la muerte" de la Yugoslavia de Tito? Para responder a esta cuestión hay que examinar brevemente sunaturaleza y su

El Partido Comunista yugoslavo PCY (Liga de los comunistas| a partir de

Página 23

1952) ha dirigido el país desde la Guerra, con un amplio consenso popular. Tiene su legitimidad histórica por el papel dirigente que jugó en la revolución de 1941-45 y en la lucha de liberación nacional contra la ocupación extranjera. La revolución yugoslava Ciertamente, el estado burgués en Yugoslavia fue destruído "técnicamente hablando", , no por una insurrección de masas dirigida por el PC, sino por el invasor fascista. Sin embargo, la resistencia dirigida por los comunistas no habría podido ser victoriosa sin crear simultáneamente un poder de Estado alternativo. Dicho de otra manera, lo que hizo posible la revolución, no fue la descomposición temporal de la burguesía local, bajo los golpes de la guerra, sino la intensa oposición de las masas a cualquier restauración del orden burgués.

Aunque condenado a la clandestinidad desde 1921, el PCY emergió en 1941 como el único partido panyugoslavo. El partido entró en la guerra con un programa que daba a la clase obrera una misión que trascendía "las cuestiones propias de la clase". Salió de ella como el partido hegemónico, la reterencia central para una amplia mayoría de la población yugoslava. La guerra de clases fue llevada simultáneamente con una guerra de liberación nacional, no solo para Yugoslavia, sino también para

"МОСА ВАМА

РАДНИЦИ

las nacionalidades que la componen, y su tusión fue un giro decisivo para el papel del PCY en el periodo que siguió a la Guerra. Las tendencias objetivas hacia la "nacionalización" del partido de la clase obrera no hicieron sino reforzarse en ausencia de una internacional revolucionaria. (10) Preponderancia del centro El PCY era también un partido que poseía un monopolio político y por ello, control del Estado. Llegó al poder con la firme convicción de que un estado centralizado era una forma privilegiada de la dictadura del proletariado. Adoptó sin embargo un modelo estatal federal a fin de acomodarse al carácter multinacional de la población. Se suponía que el centralismo estricto del partido habria contrabalanceado cualquier tendencia desintegradora, inherente a un Estado policéntrico. Sin embargo, en los 20 primeros años, el aspecto federal del pais quedó subordinado a la dirección absoluta del centro. El partido federal conservó la autoridad suprema sobre los partidos de las repúblicas o de las provincias. Incluso si las repúblicas se suponían estados soberanos, sus partidos fueron inicialmente simples ramas regionales: no estaban autorizados para determinar, por sí mismos, sus prioridades nacionales y estatales.

La centralización inicial, justificada por las necesidades de la reconstrucción en la postguerra y el aislamiento internacional de Yugoslavia, no evitó que una lucha feroz se emprendiera sobre los débiles recursos económicos del país, pero consiguió confinarla en la cumbre de la dirección del partido. Yugoslavia está formada por elementos altamente heterogéneos, y sus diferentes partes han alcanzado estadios de desarrollo diferentes en momentos diferentes. partidos de las repúblicas, responsables del desarrollo separado de las diferentes unidades federales, se convirtieron inevitablemente en los defensores activos de los intereses regionales. Intentaron permanentemente influir sobre las autoridades centrales para que sea adoptada una política económica más conforme a sus propias necesidades. Y articularon cada vez más esta reivindicación para hacerla coincidir con los intereses de los trabajadores en cada república nacional. Como los intereses diferenciados de cada Estado-nación de Yugoslavia habían comenzado a expresarse en el seno de las instituciones del Estadopartido, la unidad de la propia dirección del partido nacional comenzó a ser amenazada.

El PCY se ha visto siempre cogido entre dos fuerzas contradictorias. Los veinte años de centralismo han permitido igualmente la emergencia de poderosa burocracia federal, sólidamente implantada en su control de los fondos de inversión centrales y del servicio

INPRECOR 68/23

Página 24

(11). Alexandre Rankovic fue ministro del interior sin interrupción desde 1945 hasta su caida en 1966. Era responsable de los abueste periodo, sobre todo en Kosovo. Por otra parte, en el periodo de la inmediata posguerra se convirtió en un símbolo de la dominación serbia, incluso si muy pocas pruebas atestiguan que fuera un chauvinista. En los años 60, resistió sin embargo a la vez la descentralización y la libelo que añadido a su control del aparato de seguridad, finalmente causó su (12). Los "sesentayochistas" en Yugoslavia son los que participaron, en junio de 1968, en las ocupaciones de universidades y en las manifestaciones antiimperialistas, principalmente en Serbia. Sus reivindicaciones estaban inspiradas por las ideas de sus protesores marxistas de izquierda de la revista Pra(13). Entrevista con Pero Jurkovic, profesor de economía en la Universidad de Zagreb, Start, Zagreb, 10 diciembre 1988.

de seguridad del Estado. Por razones históricas, entre otras, sus prioridades lan sido siempre percibidas como una de renovada amenaza contra la igual nanitestación de dominación serbia principios del mercado, la descentralización de la economía y la separación formal entre el partido y el Estado, iniciadas a comienzo de los años 60, como un programa de reformas de gran envergadura, tenian por objetivo en primer ugar, aliviar a la dirección del partido de la presión de los intereses conflictivos y Dinámica centrífuga La reforma, a la vez, amplió la libertad de los partidos de las repúblicas y reforzó sus obligaciones. Dicho de otra for na, la política separada de cada naciór ganó una nueva e irresistible autonomia _os partidos locales utilizaron simultá neamente esta situación para responder y para controlar- a la efervescencia lebida a la presión democrática prove niente de abajo, y para retorzar su camo en la negociación sobre la reforma ste proceso de interaccion entre el par tido, el Estado y la nación tomó inevitablemente formas diferentes en cada república y la ausencia de una síntesis panyugoslava se reveló fatal. Tal síntesis habría necesitado una real democratización del propio partido, pero esto no formaba parte de la reforma. Finalmente, la propia reforma fue abandonada.

La dialéctica de los intereses nacionaes, impulsada por la reforma, no pudi por el centro federal. A comienzos de los años 70, en una tentativa desesperada por asentar su autoridad, la dirección del partido llevó a cabo una purga en los partidos de las repúblicas. Miles de intelectuales, de diigentes, de cuadros del partido y de Estado debieron abandonar la escena política y a veces incluso fueron encarcelados, lo que cambió radicalmente la composición del partido y del Estado (particularmente en Serbia y en Croacia). La campaña por la "desestatalización, descentralizacion у desburocratızación" fue reemplazada por un ataque en regla contra los "nacionalistas, los tecnócratas y los anarco-liberales". La purga Esta purga fue llevada en nombre de la clase obrera y recibió su apoyo, puesto que ponía fin a la reforma a la que era hostil.

La alianza partido-clase, apoyada por la enorme autoridad de Tito en el partido y el ejército, permitio romper el poder local en las repúblicas. Pero fue también la última ocasión en la que los dos ac-

La purga en el partido siguió de cerca a la represión de un movimiento

"post-desentayochista"(12), galvanizado por la idea de una renovación revolucionaria de la política yugoslava. La desaparición simultánea dos soluciones alternativas. que se puede definir grosso modo como socialdemócrata y revolucionaria, gendró un vacío ideológico duradero en

El objetivo inmediato de la purga era reforzar el control del partido sobre todas las esferas de la vida del país. Pero permitió un ascenso sin precedentes del poder burocrático que no estaba ya centralizado, pero que sin embargo no deja ba de ser destructor. Lejos de remediar las brechas en el seno del partido, el resurgimiento burocrático las reforzó: el proceso de las diferenciaciones internas ha reproducido las fronteras federales del Estado. Después de que la muerte de Tito, en 1980, hubiera borrado la última fuente de autoridad de un poder central incompetente, la descomposición de la LCY estalló a la luz del día.

Un complejo sistema de equilibrio y de control, inscrito en la nueva Constitución promulgada en 1974, reemplazó al centralismo. Uno de los objetivos de este cambio era impedir a una de las naciones adquirir una nante. Las formalidades de los arreglos constitucionales estaban apoyadas por la presencia realzada, en la vida política del país de macedonios, musulmanes, montenegrinos y albaneses, de las regiones meridionales, menos desarrolladas, para hacer contrapeso a los serbios, los croatas y los eslovenos, que se encuentran en una mejor situación: Paralelamente al reconocimiento de los musulmanes bosniacos como nación aparte (lo que ha reforzado la posición de Bosnia-Hercegovina como actor autónomo), las minorias nacionales recibieron derechos iguales a las naciones eslavas del sur, reflejados en la autonomía creciente de las dos regiones en que predominan: Voivodina y Kosovo. Esto representaba un progreso real, ante todo porque debilitaba el carácter eslavo del Estado. El "papel dirigente" La Constitución parecía al mismo tiempo evitar la necesidad apremiante de una democratización del Estado y de la política del partido. En realidad, por primera vez desde la historia de postguerra del partido, especificaba el papel dirigente de la LVY, una innovación registrada en el preciso momento en que ésta era incapaz de jugar tal papel. La supresión de todas las iniciativas democráticas en el partido y en la sociedad, forzó al "partido de vanguardia de la clase de vanguardia" a interiorizar los intereses dife-

Página 25

renciados y contradictorios que operan en la sociedad yugoslava. Finalmente se ha encerrado en una situación en la que tenía que sucumbir, minado por su potencial destructor. El partido no ha sido ciertamente una victima pasiva de este proceso. Por el contrario, asociándose más estrechamente que nunca a las capas sociales privilegiadas, los funcionarios del partido y del Estado, la aristocracia obrera, las direcciones de las ramas industriales más fuertes, las re giones más desarrolladas, ha contribuído a reforzar su propia incoherencia de clase e ideológica. Diferenciaciones sociales Las diferenciaciones sociales se han hecho bastante dramáticas. "En Yugoslavia, 20% de las familias más pobres, más desprovistas, no reciben más que el 6,6% del conjunto de la renta nacional. En Gran Bretaña, esta cifra es del 7%, en Bélgica 7,9%, en Japón 8%, en Suecia 7,4%, en los EEUU 5,3%. La franja siguiente del 20% dispone del 39% de la renta nacional, cuando en los países citados anteriormente esto varía entre el 36 y el 40%. Y finalmente el 10% de las familias más ricas de Yugoslavia disponen del 23% de la renta nacional. En Gran Bretaña esta cifra es del 23,4%, en Japón, de 22,4%, en Suecia de 28% y en los EEUU 20%. Pero al contrario que los países capitalistas, no tenemos un sistema de impuestos adecuado al carácter de nuestro sistema, ni siquiera una política de impuestos socialdemócrata, en vigor en ciertos paí-

Por el momento, el núcleo central de la base de la LCY sigue siendo la clase obrera donde continúan reclutándose muchos oficiales del Estado-partido y dirigentes de la economía. Lo que se opera actualmente en el seno del partido es una crisis de su identidad histórica. Se sigue definiendo como un partido marxista de la clase obrera, precisando que la transición al socialismo necesita una dictadura del proletariado. pero tiene miedo de que esto le haga perder su preponderancia política en el país. La está confusa, desgarrada entre su tradicional lealtad hacia el Estado-partido y su experiencia de verse abandonada por él. Los trabajadores abandonan el partido en masa. Organizan huelgas, se manifiestan frente a edi-

Gobierno y del partido, invaden el parlamento central, exigen la dimisión de sus dirigentes. De hecho, están en conflicto abierto con la LCY. El Estado-partido, por lo que a él se refiere, evita una confrontación abierta. Con la excepción reciente y significativa de Montenegro, no utiliza la fuerza contra los obreros que se manifiestan.

bargo el enfrentamiento está próximo. La sustancia del estado yugoslavo de posguerra se ha construído sobre su carácter de clase y el apoyo crítico de la clase obrera al partido dirigente. A pesar de sus reales éxitos, el sistema político establecido tras la revolución se hace rápidamente incapaz, no solo de asegurar el progreso social, sino incluso salvaguardar sus conquistas revolucionarias. El foso entre la clase obrera y el Estado-partido se profundiza cada día más. Su relación histórica ha cambiado y ni uno ni otro han comprendido la significación de esta evolución ni dónde ésta iba a terminarse. Mientras los trabajadores se manifiestan invariablemente con los retratos de Tito, la LCY busca un anclaje sólido en el Estado-Nación sea eslavo, serbio u otro. La tempestad que viene Sin tan siquiera saber cómo hacer frente embarcado simultáneamente en una liberalización radical de la economía, con resultados desastrosos para la mayoría de los trabajadores, sin tener ninguna idea sobre el alcance de tal elección. Mientras el gobierno federal no ha tenido ningún problema para reclutar a los eminentes economístas país para su comisión para la reforma económica, ha fracasado de forma total en su tentativa de poner en pie una comisión paralela sobre el bienestar social. Las federaciones, las repúblicas y los ayuntamientos están devolviéndose la pelota para saber quien va a financiarla. Nadie quiere tomar la responsabilidad de la tempestad que se aproxima, y menos que nadie la dirección del partido. La dimisión sin precedentes del Gobierno bajo la presión de los sindicatos a fines del año 1988 es justamente un signo de la potencia de las turbulencias

Los problemas a los que deben hacer frente Yugoslavia y la LCY no forman un caso único, sino que forman parte de un abanico más general de cambios en Europa del Este. La diferencia debe buscarse ante todo en la extraordinaria elasticidad de la composición de clase y nacional de Yugoslavia, nacida de una revolución autóctona. Las manifestaciones por los derechos nacionales, las huelgas de los trabajadores del transporte, de la industria y de los servicios públicos, las incursiones de la clase obrera en la política del Estado-partido ,dan fe de su persistente vitalidad. La Yugoslavia de Tito se acerca a su fin y ya está lanzada la lucha por su herencia. Tal como se presentan actualmente las cosas, no hay ninguna razón para pensar que no sera conseguida por sus legítimos herederos. Pero, como ha ocurrido siempre en Yugoslavia, la salida estará determinada también por lo que pase en la Unión Soviética.

INPRECOR 68/25