Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Las etapas y la dinámica de la integración europea

· Inprecor n.º 67, abril de 1989 · pp. 14-20 · 5.587 palabras

A partir de la historia y las fases sucesivas de la integración europea, el economista marxista francés Pierre Bron estudia en este artículo los efectos en la CEE de la crisis capitalista internacional en diferentes

CEE LAS

ETAPAS

DE LA

INTEGRACION

terrenos, desde la llamada "política regional" hasta la política tecnológica. Finalmente estudia el significado del Acta Unica y las La CEE constituye una forma de integración inédita en la historia del capitalismo. Por supuesto, no es comparable a los tipos de integración que condujeron en el pasado a los Estados nacionales. Pero representa más que una simple unión aduanera o comercial, en cuanto ha conducido a la emergencia de instituciones y de políticas integradas a nivel comunitario. Se trata, en efecto, de una forma de integración pluri-estatal, ciertamente parcial e inacabada, pero cuya dinámica representa un desafío esencial, a varios niveles:

- La CEE es un marco de referencia que pesa con fuerza sobre las políticas economicas y sociales de los Estados miembros. Una excelente ilustración de ello fue dada en 1983 cuando el gobierno socialista francés de Pierre Mauroy optó por profundizar su política de austeridad, entre otras cosas para mantener el franco en el interior del sistema monetario europeo.

- Más profundamente, la existencia de la CEE es un signo de la agudización de los procesos de internacionalización de los sistemas productivos, en marcha

LĂ DINAMICA

EUROPEA

Pierre Bron perspectivas de unidad política europea.

desde los años cincuenta. Ciertamente, la internacionalización no es una característica nueva del capitalismo y más en general de los sistemas mercantiles que han precedido al estadio industrial. Pero se trata hoy de una dimensión cualitativamente diferente del pasado en la que está en juego, más allá de la circulación internacional de las mercancías, profundos procesos de internacionalización de las propias actividades productivas, del capital y de las estrategias de las empresas, así como de los mecanismos reguladores (o perturbadores) del ciclo productivo, a través en particular, de aspectos monetario y financiero.

Los origenes de la construcción europea

Las condiciones de nacimiento

En el origen de la construcción europea está la conjunción de un conjunto de factores económicos, políticos, y de una determinada situación internacional. Eur ropa sale de la 2ª Guerra Mundial devastada en algunas zonas. El peso econó-

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mico de los EEUU es considerable. La industria americana fue estimulada por la guerra, mientras que el pais se libró de sus destrucciones; el sistema bancario y financiero americano es fuertemente acreedor del resto del mundo. Los EEUU jugaron entonces la carta de la reconstrucción europea por razones políticas. pero también económicas, al comprender los dirigentes americanos su interés en términos de mercados de exportación y de ampliación del sistema de intercambios. El Plan Marshall conduio al nacimiento de la Comisión económica para Europa, que pronto se convirtió en la Organización europea de cooperación economica (precursora de la OCDE). que representa un primer marco de negociación sobre la organización económica europea de la postguerra.

Políticamente. varias fuerzas empujan hacia la construcción europea. Para Alemania es el único medio de salir de un régimen de tutela que se ejercerá efectivamente hasta 1950. Y Francia, opuesta inicialmente a la "emancipación" alemana. comprende rápidamente que es preferible para ella situarse como pivote de un proyecto europeo que correr el riesgo del aislamiento en el caso de una recuperación independiente de Alemania o de una alianza RFA-EEUU. La necesidad de gestionar en común los recursos carboníferos y ferrosos del Sarre (ocupado por Francia) da nacimiento al embrión del futuro tratado de la Comunidad europea del carbón y del acero (CECA).

En fin, la situación internacional precipita una serie de cambios. Frente a la Europa oriental pasada a la órbita soviética, las direcciones occidentales buscan una alianza. Las tensiones de la guerra fría, la guerra de Corea en particular. contribuyen a comienzos de los años cincuenta a la afirmación de un bloque atlántico.

Pero ninguno de estos elementos predeterminaba la forma y el contenido preciso de la integración europea, tal como se inició con la creación de la CEE por la firma del tratado de Roma en 1957 entre la RFA, Francia, Italia, los Países bajos; Bélgica, Luxemburgo.

La originalidad de la CEE está en que sobrepasa el estadio de la unión aduanera, que pone las bases de políticas comunes y de una construcción institucional plurinacional.

La unión aduanera es; claro está, el primer ciclo: implica la abolición de los. derechos de aduana intracomunitarios, junto a la definición de una tarifa aduanera común hacia países terceros. Era el signo tangible de la voluntad de las direcciones europeas de concretar rápidamente (fueron precisos nueve años para ello) la opción librecambista fundadora del Mercado Común.

Una segunda fase consistió en la elaboración de políticas comunitarias integradas. Inicialmente se concreta sobre todo en la política agrícola común (PAC). Las razones de ello fueron a la vez políticas y económicas. Políticamente, la construcción europea estuvo ligada, en primer lugar, a compromisos interestatales y en particular al polo franco-alemán. Sin embargo, Francia deseaba compensar sus desventajas frente al dimercados agricolas, pese a que los niveles de precios de partida eran muy heterogéneos y ampliamente dependientes de los mecanismos nacionales de apoyo a los mercados, al ser la agricultura un sector de fuerte intervención estatal. De hecho, la libre circulación imponía una política de precios común de los mercados, muy elaborada ya que los lobbys agrícolas, o al menos organizados de ellos, jugaron sus bazas a fondo.

En este marco, los grandes agricultores tranceses, productores de cereales, exportados en un amplio porcentaje, pidieron una política de precios relativamente elevados, a la que los dirigentes demócratacristianos alemanes, que tradicionalmente se apoyaban en el campesinado, se aliaron rápidamente.

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En fin, el tercer elemento consistió en una original construcción institucional basada en el Consejo europeo (de jefes de Estado o ministros sectoriales), la Comisión y el Parlamento europeo y el Tribunal de Justicia. El Consejo es verdadero órgano de decisión política. pero la Comisión, órgano ejecutivo, adquirió rápidamente un papel de arbitraje y de iniciativa no despreciable. No ocurrió lo mismo con el Parlamento europeo, concebido desde el comienzo como un órgano deliberativo y consultivo sin po-

De hecho, en sus formas, las instituciones comunitarias confirman el carácter interestatal de la construcción europea. Pero su dinámica debe relacionarse también con las tendencias fundamentales del capitalismo de postguerra. Las formas de la internacionalización

Si hay una tendencia profunda del capitalismo tardío, esa es la internacionalización: No responde sólo a la expansión de los mercados y de la circulación de las mercancias sino a una lógica más profunda del sistema productivo que

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La imperativos estructurales de valorización del una presencia directa de las empresas en los mercados exteriores para evitar competencia monopólicas u oligopólicas; búsqueda de la minimización de los costos de producción; utilización de las diferentes fases del ciclo de los productos industriales; evitación de papel de los bancos comerciales internacionales en una situación de estallido del régimen de cargas fijas; explosión de las eurodivisas; mas recientemente desreglamentación financiera; multiplicación de los instrumentos y de las operaciones de crédito internacional, etc. Así aparece, en cierto modo, un cierre del ciclo de valorización que se opera cada vez más a escala internacional para las diferentes formas de capital, el capital mercancía, el capital productivo, el capital dinero. De hecho, el espacio nacional se muestra cada vez mas inadaptado a los imperativos del capital. Ernest Mandel caracterizó en "El capitalismo tardío" esta fase por el paso de una situación dominada concentración internacional caracteristica del imperialismo "clásico", a una situación marcada por la centralización internacional de los capita-

La competencia intercapitalista ha tenido que adaptarse a este marco. No se realiza ya fundamentalmente por medio del dominio colonial o el control de las materias primas, sino que se desarrolla en el mismo seno de las principales metrópolis capitalistas y se amplía al conjunto de los componentes de la valorización del capital: los costes, claro está, pero también las políticas industriales, el control de las filiales integradas, la innomonetarias y financieras, etc.

Ahora bien, esta competencia, desde fines de los años cincuenta, no ha conducido ni a una homogeneización comeconómicos nacionales,ni a la aparición de un "superimperialismo" correspondiente a la hegemonía de una potencia única, sino a la aparición de nuevas potencias, que emergían a escala continental. El ascenso del Japón es una buena ilustración de esto, pero la CEE también, en un contexto muy diferente. Se trata de la forma encontrada por los capitalismos europeos para sobrepasar los límites naciode valorización del capital, inserla competencia mundial, pero situación en que los Estados nacionales conservan un peso importante. Pues la dinámica de internacionalización no significa la desaparición de los Estados. No sólo porque conservan un papel fundamental en la gestión del orden social y son actores importantes de las luchas de clases; sino también porque la expansión y el crecimiento de la postguerra no son separables de las políticas económicas estatales. El papel económico de los Estados se incrementó fuertemente durante esta fase de creci-

Men la gestión de las cuestiones salariales, o de las políticas fiscales y presupuestarias, o de las múltiples formas de intervención económica en las

La CEE se comprende en este marco como una forma de integración real pero parcial, y marcada por su carácter interestatal. Esta integración sigue siendo parcial en el sentido de que no ha conducido a una homogeneización completa de la economía europea y a la aparición de un Estado europeo dotado de las verdaderas prerogativas de un Estado. Y su carácter interestatal ha sido confirmado por el mantenimiento de los arbitrajes nacionales en cada crisis o en cada avance de la construcción comunitaria. Sin embargo, esta integración ha progresado. Volveremos posteriormente sobre las enseñanzas de las crisis desde mediados de los años setenta, limitándonos aquí a algunas características del perio-

La integración económica comunitaria se ha desarrollado. Ciertamente, esto ha afectado relativamente poco a las estructuras de las firmas europeas, en el sentido de que la centralización europea del capital ha permanecido débil. En cambio, la integración comercial se ha profundizado. Así, en 1958, las exportaciones extracomunitarias representaban más del 52% del conjunto, como puede verse

Hay que añadir a esto que se ha desarrollado el papel propio de las instituciones comunitarias. Han adquirido una cierta autonomía, relativa ciertamente, pero que impide considerarlas un simple instrumento de los gobiernos nacionales pues, incluso si permanecen sometidas a su control, han adquirido en diferentes terrenos una capacidad de iniciativa que podrá comprobarse a continuación en el desarrollo de las nuevas políticas comu-

Y si la integración europea ha progresado durante este periodo, es porque conducía a resultados globalmente positivos. Los beneficios de la construcción europea han sido, en efecto, relativamente compartidos, y en cualquier caso son considerados mas importantes que los costos. Esto es por otra parte lo que explica que la CEE se haya ampliado a otros tres países a comienzos de los años setenta, Dinamarca, Irlanda y Gran Bretaña. Esto fue, por otra parte, lógico en una fase de crecimiento, en la cual la ampliación de los mercados se presenta como un factor de dinamismo para cada economía nacional de la Comunidad mientras que los problemas derivados de su funcionamiento parecen moderados

La crisis habria podido modificar esta situación. La ralentización del crecimiento, la intensificación de la competencia habrían podido poner en cuestión la dinámica comunitaria, precipitando enfrentamientos entre Estados, alimentando reacciones proteccionistas, acentuando la

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Mundo Intra-Europa(12) Extra-Europa Evolución de las exportaciones comunitarias (en millones de ecus) Fuente: Eurostat divergencia de las políticas económicas nacionales, incluso provocando rupturas políticas en tal o cual Estado. Algunos llegaron a pronosticar entonces la desagregación de la Comunidad considerando que era un fruto de la expansión, pero crisis la llevaria a la tumba, al conducir a una escalada tal de las tensiones y de los desequilibrios en y entre las economias europeas, que el propio Mercado Común no resistiría. Sin embargo, hasta ahora este pronóstico no se ha confirmado. En vez de desagregarse, la construcción europea ha progresado en la misma medida que la crisis, de forma caótica, cierto, pero sin que pueda negarse la tendencia general a una creciente integración. Esto es lo que vamos a examinar a continuación. La crisis y la evolución de la integración europea

Pero antes sería útil situar brevemente la evolución de la CEE en relación a los otros dos principales bloques capitalistas, EEUU y Japón. En efecto, se ha difundido desde hace algunos años un discurso sobre el declive de la CEE frente a estos países

De hecho, la realidad es claramente más matizada. Hay que añadir, bargo, que nunca es fácil apreciar el lugar relativo de los Estados en la competencia internacional. Este se deriva de un complejo conjunto de elementos determinantes relativos al crecimiento económico, pero también a sus modalidades, a la las posiciones monetarias, las relaciones de fuerza políticas, militares, etc. Y, según lo que se desee demostrar, se encontrarán siempre ciertos indicadores adecuados.

- El crecimiento: el indicador que mejor lo resume es la evolución del Producto Interior Bruto (PIB) real por habitante (ver cuadro). Desde el comienzo de los años sesenta, el crecimiento japonés ha sido fuerte; el de la CEE, más moderado, pero se ha situado por encima del americano. Los últimos años indican una inflexión, con un crecimiento de EEUU superior al nivel comunitario, inflexión probablemente coyuntural por estar basada en un déficit comercial elevado y un fuerte crecimiento del endeudamiento, que deben hacer más frágil a la ecoindustriales aumentan las distancias (ver cuadro): en el período

60-68

68-73

USA

3,1

9,3

Japon

CEE

3,7

PIB real por habitante (indice medio anual)

Fuente: OCDE

60-68

USA

2,5

Japón

8,8

CEE

4,6

Fuente: OCDE

60-68

USA

4,9

Japón

14,7

CEE

7,7

Fuente: OCDE ción de la competitividad relativa.

mercial en el exterior muy desigual. Así principales competidoras.

taciones mundiales (excluyendo

73-79 79-85 60-85 2,1 1,4 1,4 2,1 6,8 2,5 3,5 5,7 4.2 2,0 1.0 2,7 68-73 73-79 79-85 60-85 1,7 -0,1 2,2 1,7 8,8 3,5 4,4 6,4 4,6 2,4 2,7 3,6 PIB real industrial por habitante (indice medio anual)

68-73 73-79 9,4 5,0 12,3 8,9 7,8 4,3 Exportaciones de bienes y servicios (indice de crecimiento en volumen) 1960-65, el crecimiento industrial japonés es cerca de dos veces superior al de que es a su vez más de dos veces superior al de EEUU. Este es un síntoma de la modificación que ha tenido jerarquia mundial, y que combina efectos "lógicos" de recuperación del retraso y efectos de modifica-

- Las posiciones comerciales: el indicador sobre el peso en el PIB de las exportaciones muestra una apertura coen 1985, las exportaciones representan el 32,5% del PIB comunitario, el 15% del PIB japonés y sólo el 7% del PIB ameri-

Desde 1960, las exportaciones japonesas han tenido un crecimiento muy fuerte, situándose la CEE claramente por debajo aunque por encima de EEUU. En este sentido, la economía americana se ha mostrado menos competitiva que sus

La evolución de la cuota en las expormercio intra-comunitario) confirma por otraparte la degradación de la posición de EE.UU., en provecho del Japón principalmente, cuyo peso se ha hecho casi

83 84 85 3,0 5,7 2,1 2,5 4,3 2,9 1,2 2,0 2,1 83 84 85 5,2 3,4 2,7 2,6 7,4 6,1 4,3 4,3 3,4 79-85 60-85 1,0 11.3 10,1 5,2 6,3

-La evolución del empleo hace aparecer otra configuración: el paro sigue siendo muy bajo en el Japón, lo que está ligado a formas particulares de encuadramiento de la mano de obra, a un crecimiento fuerte, a un débil aumento de la población activa. Hasta fines de los años setenta, es superior en EEUU que en la CEE. La diferencia se invierte posteriormente. El estancamiento del empleo en

CEE pasa a una situación de regresión absoluta, mientras la creación de empleos se mantiene en EEUU, aunque en condiciones de precarización y de descalificación acentuadas de estos nuevos empleos.

-Las posiciones tecnológicas están contrastadas: las posiciones de la industria europea siguen siendo fuertes en los transportes, la energía, la química, las telecomunicaciones. Por el contrario, el retraso frente a EE.UU: y al Japón parece real en las ramas tecnológicas más innovadoras, como la informática, la robótica, las biotecnologías.

- En el terreno monetario, hay que hablar de un declive del imperio americano. Este declive viene de lejos, puesto que los primeros signos de él son la supresión de la convertibilidad oro-dólar en 1971 y la de las paridades fijas en 1973,

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NOTAS: (1). Puesto que se benefician de subvenciones a la exportación para compensar la diferencia de precios producida por una revaloración de su moneda. Los países que devalúan ven por el contrario taxadas sus exportaciones. Este aparente reequilibrio aumenta a largo plazo las distorsiones de competencia, en a medida que no atecta a las importaciones de consumo intermedias provenientes de paises terceros, que cuestan mas baratas a los agricultores de los países de moneda fuerte. (2). Se trata del Fondo regional (FEDER), del Fondo agricola de financiación de inversiones o de operaciones de reestructuración (FEOGA-Orientación), del Fondo social europeo (FSE).

Japón 1960 3,7 1970 7,7 1980 8,1 1986 12,4 Exportaciones mundiales (en %) Fuente: Eurostat reveladores de un déficit comercial americano naciente y, sobre todo, de la acumulación de créditos librados en dólares. Tras el alza artificial del dólar de 1980 a 1984, se ha manifestado de nuevo una presión a la baja que vuelve a "encajar" al dólar dentro de los déficits estructurales de la economía americana y muestra su pérdida de competitividad.

El balance global que se los veinticinco años pasados hace aparecer algunos características: en el terreno económico, un debilitamiento relativo de las posiciones de EEUU, una afirmación innegable del Japón, una posición más contrastada de la CEE, más dinámica en términos de crecimiento a largo

EEUU, pero aún distanciada particular, y sobre todo desprovista de una potencia militar o diplomatica a escala planetaria. De hecho, más allá de registrar sólo tal o cual indicador de posicomparadas, podemos afirmar una crisis de hegemonía en el mundo capitalista. Ningún Estado, ningún blo que, se impone verdaderamente como el elemento motor de una nueva hegemonía, capaz de imponer sus leyes al conjunto de las principales potencias capitalistas. Haría falta para ello una combinación de posiciones comerciales, monetarias, tecnológicas, militares, que no reúne ninguno de los tres polos principales del capitalismo.

Pero también esta ausencia de hegemonía abre un espacio para la integracion europea. En efecto, los EEUU no están ya en situación de imponer sus reglas y los traspasos de la carga de su déficit sobre las economías concurrentes pueden resultar cada vez más aleatorios. Este es un elemento que refuerza por ejemplo la opción de la RFA por la comunidada europea, ya que políticamente prescindir de la CEE y, en la hipótesis de una fuerte recesión americana, se encontraría en primera línea de fuego. Igualmente, el declive de EEUU explica la consolidación de Gran Bretaña dentro de la CEE, fuertemente discutida en los años setenta en algunos sectores de la burguesíabritánica, pero hoy dominante: Añadiremos que la evolución en marcha en la Unión Soviética puede estimular también la construcción europea, si la continuación de las negociaciones de desarme llevara a una implicación europea en ellas o si, a otro nivel, la

Unión Soviética se decidiera a buscar acuerdos tecnológicos y comerciales a largo plazo con la CEE, de lo cual parecen existir ya algunos indicios. La crisis y la construcción europea

La cuestión principal es que no sólo la crisis no ha conducido a una desagregación de la CEE sino que, por el contrario, se ha manifestado un grado mayor de integración en los aspectos económicos y financieros, en la evolución de las políticas comunitarias, en los aspectos políticos e institucionales. Una mayor integración económica y financiera

La integración comercial, de por si fuerte, se ha reforzado más aún a partir de 1975. Así, entre 1975 y 1986, las exportaciones intra-comunitarias (la CEE de los doce) se han sido multiplicado por 3,5, mientras que las exportaciones extra-comunitarias de la CEE lo eran por 2,9. Esto traduce, al menos en parte, efectos de especialización y complementariedad de las composiciones sectoriales nacionales de las economías de la

Por otra parte, ha surgido un proceso de integración monetaria con el nacimiento del Sistema Monetario Europeo a fines de los años setenta. una iniciativa cuyos aspectos técnicos y políticos están ligados indisolubiemente. El objetivo es limitar las fluctuaciones de cambio entre las monedas europeas y el impacto de los cambios flotantes (los del dólar, en particular, en una coyuntura en la que éste toma un carácter errático) en los cambios. europeos. Pero, tras esto, se perfilaba también la consolidación de un eje franco-alemán. Francia deseaba beneficiarse de las reservas de la Bundesbank para sostener al franco, en el momento en que el gobierno Barre se comprometía en una política de austeridad basada en un franco fuerte. RFA aceptaba esto, pues era también la ocasión de reafirmar a escala europea sus propias opciones económicas, haciendo pesar sobre las políticas nacionales la tutela del respeto a las paridades, que prohíbe en la práctica políticas de

Pero la unidad monetaria europea, el ECU, está lejos de ser en el momento de su creación una verdadera moneda. Es, ciertamente, un instrumento de cuenta, pero no un instrumento de pago, y es un falso instrumento de reserva puesto que las cuentas en ecus a disposición de. los Estados no son sino contrapartidas de los depósitos de una parte de las reservas nacionales de oro y de divisas. papel del ecu ha aumentado ciertamente, pero sobre todo bajo la forma del ecu privado, que se ha convertido en algunos casos en una unidad de pago (a menudo entre sucursales nacionales de una misma firma) o una unidad de crédito y de

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préstamo, en la medida en que permite a los operadores cubrirse contra los riesgos de cambio en una situación sostenida de inestabilidad monetaria. Pero, en lo esencial, el ecu no tiene aún los atri-. butos de una verdadera moneda. La profundización de las políticas comunitarias

Desde los años setenta, se han desarrollado en diferentes terrenos pero desigualmente.

- la PAC: a pesar de las repetidas tensiones debidas a crisis sectoriales de mercado; enfrentamientos interestatales ligados a la irrupción de flujos de exportación que desequilibran los bastiones comunitarios; distorsiones monetarias producidas por las variaciones en los cambios, paliadas por los montantes compensatorios monetarios, pero beneficio de países de moneda fuerte (1), la PAC se mantiene e incluso extiende sus dominios de intervención durante los años setenta. Pero entra en crisIs comienzo de los años ochenta; el aumento de los excedentes lleva a una fuerte elevación de los costos de apoyo

- La polițica regional: emerge en medio de los años setenta con la creación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Al comienzo no tiene más que una envergadura, muy limitada en el aspecto financiero, y su dimensión comunitaria es relativamente débil: las financiaciones de la CEE son complementos de financiaciones nacionales y además se rigen por un sistema de cuotas nacionales. Pero también aquí la situación evoluciona a comienzos de los años ochenta; la CEE aumenta su papel en la definición de programas regionales, al tiempo que aumentan las financiacio-

Varios elementos dan cuenta de ello: la voluntad de la Comisión de extender sus prerrogativas; la necesidad polítiofrecer una contraparțida a las regiones meridionales de la CEE de los diez, golpeadas por un aumento de la competencia por la ampliación ibérica de la CEE; más recientemente, las presiones ejercidas por los Estados del sur de Europa para aumentar la parte de los fondos estructurales (2) en el presupuesto comunitario, al haber hecho estos Estados de dicho aumento la condición para un acuerdo en las negociaciones presupuestarias.

- La política internacional: la CEE como tal sigue siendo un enano politico en la escena internacional. Ello no impide que sepa llevar a cabo políticas específicas hacia el Tercer Mundo y los países mediterráneos. En lo que se refiere al Tercer Mundo, la convención de Lomé definió un marco de intercambios comerciales entre la CEE y los Estados llamados ACP (Africa, Caribe, Pacífico). A nivel mediterráneo, se han negociado una serie de acuerdos alrededor de 1975 (renovados a continuación) con los paises ribereños (con la excepción de Libia y de Albania). Aquí también su dimensión es principalmente comercial.

- La política industrial, técnica y tecnológica: sigue siendo particularmente débil. Durante muchos años, la política industrial de la CEE se limitó a tomentar las reestructuraciones industriales imponiendo limitaciones financieras y en el tiempo a las ayudas nacionales a los sectores en crisis, en nombre del respeto a las leyes de la competencia. La siderurgia es una buena demostración de ello. Desde hace algunos años, se esboza una línea tecnológico con la emergenprogramas tipo Eureka, FAST, etc. De hecho, hay que tener en cuenta que para la emergencia de una política industrial con un minimo de consistencia haría falta que fueran definidos objetivos de producción a nivel comunitario, que se llevara a cabo una cierta socialización racionalizara a nivel comunitario la evolución de los diverosos tipos de producción. Cuando la mayor parte de los gobiernos conservadores o socialdemocratas abandonan esta clase de objetivos a nivel nacional, no se ve claro cómo las instituciones comunitarias podrían marchar en sentido inverso. Añadiremos que europeas más importantes elaboran su estrategia a nivel mundial; los esfuerzos voluntaristas a favor de acuerdos intra-europeos han terminado frecuentemente en un fracaso. contrario, se han firmado numerosos acuerdos directamente con firmas americanas o japonesas. Los aspectos institucionales

Periódicamente aparecen llamamientos o proyectos en favor de una verdadera integración política europea, cuyas concreciones han sido hasta ahora muy limitadas. La única innovación institucional ha sido la elección del Parlamento Europeo por sufragio universal, instaurada en 1979, innovación cuyo alcance práctico es modesto en la medida en que este Parlamento sigue siendo un Parlamento de poca monta, desprovisto en particular de un verdadero poder legislativo. El Acta Unica europea, firmada en 1985, no cambia las cosas en este terreno. Confiere un poder ligeramente mayor a la Comisión, extiende los casos aplicación de una regla de decisión mayoritaria para el Consejo Europeo, da al Parlamento Europeo algunas posibilidades suplementarias de hacer enmiendas a las decisiones comunitarias (que, última instancia, continúan escapándosele). En definitiva, estas desarrollos corrigen el sistema anterior, sin modificarlo sustancialmente. Volveremos al final sobre los frenos que existen para una integración política y económica euEl Acta Unica y sus implicaciones

La firma del Acta Unica en 1985 fue la conclusión de un proceso de negociaciones empezadas a comienzos años ochenta y prevee la generalización de la libre circulación de personas, mercancías y capitales y la desaparición de cualquier obstaculo a la competencia de aquí al año 1993. Su puesta en pie ha sido seriamente obstaculizada por la importancia de los contenciosos acumulados durante los últimos años, en particular el agricola, que ha dado lugar a un conjunto de reformas que buscan reducir medio de bajas programadas de los precios y de limitación de la producción. EI contencioso británico ha concluído en un mecanismo de compensación parcial, en su beneficio, de la diferencia entre sus contribuciones al presupuesto comunitario y lo que recibe de él. El contencioso presupuestario se ha resuelto mediante el aumento de los recursos del presupuesto que provienen de la retrocesión de una fracción de los ingresos del IVA, y por un acuerdo sobre la limitación de os gastos agricolas y el aumento de los recursos puestos a disposición de los fondos regionales. Pero, bastante más allá de los arreglos parciales, el Acta Unica representa un paso adelante suplementario en la integración europea que refleja varios factores. No es posible detallar el contenido del Acta Unica y más particularmente sus

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(3). Incluso las formulaciones del "Libro Blanco" de la Comisión sobre la terminación del mercado interior ilustran este desequilibrio: sobre la política social: "Por lo que concierne a los aspectos sociales, la comisión proseguirá el diálogo con los gobiernos y los interlocutores sociales con vistas a asegurar que las oportunidades ofrecidas por la finalización del mercado interior sean acompañadas de medidas apropiadas para alcanzar los objetivos de la Comunidad en materia de empleo y de seguridad social"; y sobre la política de competencia: "En este contexto, será particularmente importante que la disciplina comunitaria en materia de ayudas de Estado sea rigurosamente aplicada". Por un lado la continuación de un diálogo y, por otro, una disciplina rigurosamente aplicada. (4). Aunque no fuera más que por evitar las huídas de ahorro hacia los países con fiscalidad más ventajosa.

objetivos en materia de culminación del mercado interno. Alrededor de trescientas directivas preveen, según calendarios variables, la libre circulación de las mercancías, la equiparación de las norpúblicos a la competencia europea, la libre circulación de los trabajadores y la libertad de establecimiento de las profesiones liberales, el establecimiento de un mercado común de los servicios y de los liberalización del movimiento de los capitales. el apovo a las cooperaciones de las empresas, el reforzamiento de la disciplina comunitaria en materia de ayudas de Estado, la armonización de la fiscalidad indirecta. embargo clarificador: se refieren fundamentalmente a la libertad de los cambios y del capital, y no alcanzan sino marginalmente a los derechos del trabajo, por ejemplo las legislaciones sociales. Este desequilibrio refleja el carácter fundamentalmente capitalista de la integración europea(3). Lo que se diseña para 1993 es el espacio de la valorización del capital. Sus consecuencias no serán despre-

No abordaremos aquí los efectos potenciales en términos de reestructuración del sistema productivo. Por el contrario, señalaremos el grado acrecentado de obligaciones derivadas de la aplicación del Acta Unica sobre las políticas económicas nacionales. Está claro que la nivelación de la fiscalidad indirecta, el alineamiento de los mecanismos de remuneración del ahorro(4), la acentuada limitación de la intervención económica de los Estados (y también de las colectividades territoriales), la supresión de las claúsulas de salvaguardia aún autorizadas en el terreno comercial, por no tomar mas ejemplos, representan una reducción de los márgenes de maniobra nacionales en la definición y la aplicación políticas económicas. De este modo se acentuan las presiones a favor de la puesta en pie de políticas neoliberales, presiones objetivas debidas al propio movimiento del capital, presiones políticas acompañadas o no por una ideología europea que sirve para todo, compuesta de saldos, ni siquiera adornada con los oropeles humanistas de la postguerra, que se limita a someterse al imperativo de una competitividad cuyo contenido ya ni siquiera se discute.

Por otra parte, es chocante observar que el Acta Unica y la perspectiva de terminación del mercado interior cada vez más como sustitutos, incluso desde el punto de vista comunitario, para la búsqueda de una integración que, en vez de basarse en el alineamiento liberal, pasaría por la puesta en marcha de políticas sociales o industriales definidas previamente, en sus objetivos y sus medios de acción. En efecto, en medio de la crisis, las veleidades reformadoras o planificadoras se desvanecen rápidamente, a nivel europeo o nacional.

Así se comprende mejor por qué la integración politica o institucional europea progresa poco, y por qué en particular nos encontramos aún lejos de la emergencia de un Estado europeo. A decir verdad, para terminar el mercado interior, no es necesario en absoluto un Estado europeo: la profundización de la unión aduanera y la convergencia de las políticas estatales en un sentido liberal bastan para ello. Y progresar realmente hacia un Estado europeo supondría justamente que se afirmara una identidad europea por otros procesos que el mercado. El Estado, no es sólo la moneda más el ejército; es también el instrumento del que se dotan unas fuerzas sociales para asegurar su dominio sobre un espacio, o el resultado de luchas de liberación nacional, en definitiva un producto y un actor de las luchas sociales y nacionales. Ahora bien, las sociedades europeas no son sociedades colonizadas, dominadas por un imperialismo exterior, las naciones están en Europa históricamente constituídas y las burguesías no tienen actualmente necesidad de un Estado europeo en el sentido pleno del término, ni para acceder ni para mantenerse en el poder.

Podríamos concluir de todo ello que la CEE está destinada a retroceder al nivel de zona de libre cambio. Sin embargo, este pronóstico no parece fundado actualmente, y a la inversa se puede formular la hipótesis de un mantenimiento y de un desarrollo de las políticas

La mayor parte de los Estados están interesados en ello, incluso aunque no lo estén de la misma manera. Se ha puesto en pie progresivamente un edificio de ventajas y de costos, de obligaciones y de compensaciones, edificio cuya ruptura es improbable. Esto es por otra parte lo que ilustra el desarrollo de las negociaciones presupuestarias. Además, ha constituido una burocracia comunitaria (en el sentido institucional del término) sobre la base de estas políticas, burocracia cuya reproducción depende del mantenimiento de la comunidad. Más profundamente, la lógica de la crisis y de la competencia internacional no hace desaparecer el papel de los Estados y de las políticas públicas. Y a través de la puesta en marcha de políticas comunitarias, cuya permanencia sigue siendo una condición de la cohesión política de la CEE, lo que se manifiesta es el sistema complejo de los compromisos interestatales y del papel regulador de las instituciones comunitarias. Entre la alternativa de un Estado federal europeo y la de la regresión al nivel de una simple zona de libre cambio y de competencia, permanece hoy el espacio de una integración que combina la lógica de la unificación mercantil y la de políticas integradas que surgen de las tensiones producidas por las desigualdades entre los países miembros de La CEE.O