Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

La lucha por las 35 horas

Inprecor n.º 63, septiembre de 1988 · pp. 4-10 · 4.739 palabras

¡Por las 35

horas!

135 horas! Por fin, la movilización desde hace años de los trabajadores de la metalurgia en la RFA, a través de su sindicato IG Metall, para acabar con el paro y conquistar tiempo para vivir, se ha convertido en referencia para Europa. Sin embargo, este hecho casa mal con la imagen habitual de la clase obrera alemana, disciplinada, anestesiada desde hace décadas por la política de cogestión y de colaboración social, tan querida por la patronal alemana, la confederación única de sindicatos de la industria y de los servicios (DGB) y el Partido Socialdemócrata (SPD). La explosión de cólera de los obreros siderúrgicos del Ruhr en diciembre pasado, que arrancó un acuerdo que rebajaba el horario semanal de trabajo a 36 horas y media, sorprendió a todos. La encarnizada lucha de los huelguistas de Krupp-Rheinhausen, que enlazaba con las mejores tradiciones de iniciativa, autoorganización y control de las luchas de la clase obrera alemana, produce un efecto de ejemplificador sensiblemente análogo al de las luchas del invierno de 1986-1987 en Francia. Actualmente, los trabajadores de Rheinhausen se ven enfrentados a una nueva provocación: el grupo fascista SAT, dirigido por Kühnen, un neonazi muy conocido en la RFA, ha previsto una manifestación en el mismo Rheinhausen, declarando su intención de proclamar allí un sindicato fascista. El movimiento popular de solidaridad de Rheinhausen estaba ya contrariado por el hecho de que los dirigentes de la DGB hubieran decidido, contra su voluntad, organizar la manifestación del 1 de mayo a kilómetros de la empresa. Ahora, el comité ciudadano, por amplia mayoría, ha decidido no ceder ni una pulgada de terreno. El lunes 25 de abril, un representante de la policía tenía que acudir al comité ciudadano para decir si la manifestación fascista iba a ser prohibida o no. No se presentó... Un representante de la DGB fue abucheado por una sala en la que estaban presentes mil personas, porque defendía el punto de vista oficial de los burócratas. La lucha de Krupp-Rheinhausen está suspendida, pero la huelga puede reanudarse en cualquier momento. Las tiendas de los piquetes de huelga no han sido desmontadas, simbolizando así la voluntad de respuesta, tal como afirman los representantes de los trabajadores, por si las negociaciones tomaran un mal rumbo. Cuatro meses después del inicio de esta sacudida social, hemos hecho un resumen de la misma con Manuel Kellner, miembro del buró político del Partido Socialista Unificado (VSP):

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RFA

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Para empezar, resumamos las principales etapas de la lucha por las 35 horas en la RFA.

Se inició en 1977, cuando el congreso de la IG Metall aprobó, en contra de la voluntad de la dirección del sindicato, la reivindicación de la reducción tiempo de trabajo, de la semana de 35 horas sin reducción salarial. un principio de respuesta al problema del paro masivo, y al mismo tiempo manifiesta una voluntad de mejorar las condiciones de vida, sobre todo para las mujeres que, en general, soportan una jornada de trabajo doble. En aquella época, las ramas industriales especialmente afectadas por la crisis eran, como en el resto de Europa, el acero y la construcción naval. Sufrían entonces los planes antisociales aplicados por el último gobierno socialdemócrata de Helmut Schmidt. En 1978-1979 se produce una primera oleada de huelgas activas durante las cuales la base empieza a oponerse a la dirección de la IG Metall. Estas luchas no obtienen la reducción de la semana laboral, sino seis semanas de

Después, las huelgas de 1984 serán las que verdaderamente hagan de la lucha por las 35 horas en Alemania una referencia para Europa...

Sí. En 1984 se generaliza la lucha por las 35 horas en la: metalurgia. Señalemos que la siderurgia y la metalurgia se rigen por convenios diferentes, pero ambas son miembros de la misma federación sindical, la IG Metall.

IN mar

La táctica de lucha utilizada por la IG Metall en 1984, el "mini-max" de huelgas, máximos resultados), tenía un grave inconveniente: no arrastraba a los trabajadores a la movilización. La primera ola de huelgas consiste en breves paros de advertencia. Luego, el sindicato desarrolla una ofensiva de popularización del movimiento por las 35 horas. A continuación se trata de bloquear la producción de las fábricas, decretando la hueiga en algunas empresas clave, ascendiendo por la rama industrial. Solamente los trabajadores de estas empresas están "en huelga"..Los trabajadores de las empresas a las que ellos suministran van a encontrarse en "paro técnico". El movimiento se desarrollará fundamentalmente en los Estados (Land) de Hesse y de Baden-Wurtenberg

Será el célebre "primer paso hacia las treinta y cinco horas", las treinta y ocho horas y media, pero es igualmente la primera puerta abierta a la flexibilidad. Este retroceso tiene que ver principalmente con la negativa de la dirección de la IG Metall a tener en cuenta la voluntad de las mujeres en materia de disminución cotidiana del tiempo de trabajo.

Por lo tanto, la aplicación de la semana de treinta y ocho horas y media va a regularse caso por caso, empresa por empresa, a merced de la correlación de

En numerosas empresas, ello se traducirá sencillamente en días de vacaciones añadidos.

A pesar de todo, este acuerdo contribuyó a la creación de nuevos empleos en la metalurgia, ¿no?

Según la dirección de la IG Metall, al parecer este "primer paso hacia las 35 horas" ha creado o salvaguardado el equivalente de 100.000 puestos de trabajo. Eso sigue siendo una gota de agua en el océano del paro. De igual modo es muy difícil saber si ello se debe a la reducción del tiempo de trabajo o a un cierto relanzamiento debido a la coyun-

La IG Metall, que desde el congreso de 1977 se ha venido reforzando a tra-

Vestas diversas luchas, evidentemente que "el sindicato no puede hacerlo todo y que el elemento determinante sigue siendo el político". Volvemos aquí al terreno de la alternancia socialdemocracia - democracia cristiana (CDU) en el marco de las instituciones.

La CDU lanzará una ofensiva con la patronal por una nueva reglamentación del derecho de huelga. Esta pone fin a las indemnizaciones abonadas por la Oficina Federal de Trabajo a los trabajadores de las fábricas en lock-out como consecuencia de los movimientos de huelga en las empresas que les suministran. La táctica del mini-max queda así de hecho fuera de la ley. El pago de indemnizaciones a los huelguistas, que aquí es la norma, y a los trabajadores en lock-out, quedará íntegramente a cargo de las ca-

Esta es sin duda una de las razones de la huelga que no llegará a tener lugar en la primavera de 1989. Tras una primera serie de huelgas de advertencia, la IG Metall renuncia al final a la acción en beneficio de un acuerdo firmado con la patronal que reduce la semana de trabajo a treinta y siete horas y media ja partir de la primavera de 1988, o sea, un año después de la firma del acuerdo! Y después, a 37 horas en la primavera de 1989. Como contrapartida, la flexibilidad del tiempo de trabajo se acentúa, la duración de la semana laboral puede variar de 37 a 40 horas, y puede incluso llegar a poner en cuestión la semana laboral de cinco días.

Pasemos ahora a la lucha en la siderurgia, que tiene sus propias especificidades, en el marco general de las luchas por las 35 horas que acabas de recordar.

El principio de la dirección de la IG Metall es no desconectar siderurgia y metalúrgia. Si se obtiene una acuerdo en los metales, habrá que obtener justo un poco más para los siderúrgicos.

Ahora bien, este razonamiento casa cada vez peor con la situación del empleo, especialmente catastrófica en el Ruhr, el bastión histórico de la siderurgia. El porcentaje de paro bate allí todos los records: el 17%, el 19% e incluso el 20% en algunas localidades. La pregunta que se hacen, pues, todos los sindicalistas del acero es qué hacer contra esto: Los debates sobre la nacionaliza-

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ción de la siderurgia, para la salvaguardia del empleo y la producción de bienes socialmente útiles, empezaron en el Ruhr hace varios años. Allí, la dirección de la IG Metall tuvo que adoptar esta posición bajo la presión de la base del sindicato. Pero esto se quedó en una victoria sobre el papel, sin ninguna iniciativa en la acción. No obstante, esta vez el desánimo, la desconfianza hacia la dirección del sindicato, se han materializado. Se ha constituido una coordinadora del acero, que agrupa a sindicalistas cuyas filiaciones políticas son de lo más variadas: socialdemócratas de izquierda, militantes del Partido Comunista Alemán "ortodoxo" -el DKP- militantes de extrema izquierda entre los cuales hay canaradas del VSP, gente no organizada.. Es una coordinadora realmente representativa de delegados radicales, mayoritarios o minoritarios en los comités de fábrica de las principales empresas de la siderurgia; delegados que han venido haciendo desde hace años un intenso trabajo de explicación, de propaganda junto a los trabajadores de sus fábricas, una actividad cotidiana y asidua por la recuperación por parte de sus compañeros de trabajo de perspectivas radicales de lucha por el mantenimiento del empleo en la siderurgia. La huelga ejemplar

-ahora llegaremos a ello- es igualmente producto de esta actividad tenaz.

; Puedes resumir estas propuestas radicalesi

La coordinadora del acero reflejaba y debatía permanentemente medios para salvar el empleo en las empresas, principalmente en el Ruhr. La perspectiva era relacionar la cuestión de los convenios sociales en el acero con esta exigencia, en torno a dos elementos: la negociación de cláusulas de salvaguardia contra los efectos de la modernización en las empresas, y la preparación de acciones en torno a la cuestión central de la nacionalización de la siderurgia

La coordinadora pensaba que no era posible impulsar la lucha contra la voluntad de la dirección de la IG Metall y presionaba para hacer que ésta emprendie stas reivindicaciones, que sigue endo muy clásicas, demuestran ‹

Como la IG Metall partía del principio de que los acuerdos en el acero deben combinarse con los de la metalurgia, no tenía ninguna gana de oír hablar de nacionalización ni de salvaguardia del empleo, tanto que los últimos convenios de 1987 en la metalurgia acentuaban, por el contrario, el recurso a la flexibilidad

La consecuencia de esta lógica "realista" en la metalurgia es inevitablemente admitir las pérdidas masivas de empleo en la siderurgia, fijadas en el marco de la política europea. Los acuerdos alcanzados con la patronal en Francfort, en septiembre de 1987, lo atestiguan. Justifican de antemano las supresiones de empleos. Como contrapartida, los patronos no se comprometen a nada. Simplemente subrayan que deberán tomarse medidas para que los efectos de las supresiones de empleos se hagan soportables por medio de medidas sociales, mediante la creación de sociedades encargadas de crear nuevos empleos en el campo de las necesidades sociales o ecológicas; "Erzatsarbeitplätze" (empleos sustitutivos) según la terminología oficial. "Erzatz" (en francés, "sucedáneo", n. del t.) de empleos" duciríamos al castellano, expresión que se les ha atragantado a los siderúrgicos amenazados por la supresión íntegra de empleos y no por sucedáneos de supresión de empleo.

¿Cuál ha sido la reacción de los sindicalistas radicales frente a este acuerdo?

En Krupp-Rheinhausen, donde va a estallar la lucha, la izquierda del sindicato es mayoría en el comité de empresa desde las últimas elecciones.

Elaboraron y firmaron un acuerdo local que trataba de limitar el desastre en su empresa. Este acuerdo se basa en un "concepto de optimización", que tiene en cuenta la dimensión social de la producción de acero, pero que evidentemente no elimina todo riesgo de despidos. Explicaron públicamente que recurrian a ese mal menor porque los acuerdos de Francfort firmados por la IG Metall no les permitían otro método. No creían posible decir "estamos contra todo despido" cuando la dirección de su sindicato, que agrupa a dos millones setecientos mil sindicados, dice lo con-

Y evidentemente, el cártel del acero Krupp-Thyssen-Mannesmann hizo caso omiso del acuerdo firmado en Krupp-Rheinhausen.

Exactamente. El 27 de noviembre pasado, los trabajadores de Rheinahusen se enteraron por "filtraciones" de que los tres grandes del acero acababan de concluir un acuerdo que conducía al cierre completo de Rheinhausen, a la supresión de seis mil empleos y al reparto de

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la producción de la fábrica en otros establecimientos de los tres grupos

La explosión de cólera fue inmediata. Volvió al Ruhr la cólera obrera. Los trabajadores experimentaron este entendimiento entre los tres como una verdadera estafa, consistente por parte de la dirección de Krupp en romper a sus espaldas un acuerdo firmado con su representante. A partir de ese momento se desarrollan espontáneamente las acciones masivas. El 28 y el 29 de noviembre tiene lugar acciones de huelga en Rheinhausen sin que nadie las haya conpor los delegados, por la IG Metall.

El 30 de noviembre los trabajadores envían delegaciones a las fábricas de la región; el 2 de diciembre ocupan el puente que atraviesa el Rhin en Duisburgo; el 3 de diciembre se manifiestan doce mil estudiantes en apoyo de los siderúrgicos; el 4 de diciembre los trabajadores enfurecidos van a la mansión de los Krupp, donde harán una razzia en el buffet preparado para los administradores, y concluirán su visita fumándose los puros que estaban reservados para tan

La huelga penetra entonces en los medios de comunicación y se convierte en un modelo..

Efectivamente, Krupp-Rheinhausen se convirtió en una referencia, arrastrando una fortísima movilización de apoyo. Varios meses después del comienzo de la huelga, cuarenta mil personas participaban en un festival de solidaridad en Duisburgo.

La participación de los huelguistas en la acción fue ejemplar desde el principio. Normalmente, todo es muy disciplinado. Esta vez era completamente diferente. Los trabajadores tomaban iniciativas, sin ir a pedirle su opinión a la dirección de IG Metall. La tendencia a la autoorganización se desarrolló desde el comienzo de la lucha, tanto en la fábrica como en el "comité de ciudadanos" que celebraba reuniones de varios centenares e incluso un millar "de activistas" nes y los viernes en la empresa. En su seno se desarrollan numerosas discusiones, debates políticos llevados a la par que la organización de las manifestaciones de apoyo y de las iniciativas

La fábrica estaba, de hecho, ocupada, lo que no es muy corriente en la RFA.

Durante todo un período, los trabajadores fueron los dueños, sin verse la sombra de un capataz durante semanas. Ellos decidían si trabajaban o no. Las acciones se definían en asamblea general. Habían adoptado la técnica del «Stop and Go», que consiste en reducir la producción pero no pararla. La propuesta de hacer huelga al 100% había sido rechazada, pues querían seguir alimentando a otras fábricas río abajo, con el fin de no darles pretexto para abastecerse en otros lados, justificando así un poco más aún el cierre de Krupp-Rheinhausen.

¿Cuáles son, a tu juicio, las razones profundas del impacto de la lucha de Rheinhausen en la opinión obrera?

La lucha erá expresión de una "hartusocial. Una forma de decir "ya no más, esto es demasiado, ya no acepta-

Krupp-Rheinhausen es una fábrica moderna, productiva. Su cierre

Run sinsentido. Entendámonos, esta movilización ha permanecido en un marco político dinámico, pero limitado desde el punto de vista de su respuesta a la política infligida a la clase obrera en

La cólera que se expresó en Rheinhausen no provenía de una revuelta, de un rechazo total de toda supresión de empleos, sino del disgusto provocado por la estafa patronal, que llegaba a poner de nuevo en tela de juicio, a borrar, un acuerdo firmado.

El apoyo a la lucha de los "kruppianers" se quedaba a menudo en lo verbal en las fábricas adonde iban en delegación. Por ejemplo, en Krupp-Bochum, los trabajadores no se comprometieron nunca a negarse a fabricar productos que sustituyeran a los de Krupp-Rhein-

Al mismo tiempo, la lucha desencadenó una respuesta obrera en la región contra los planes de supresión de em-

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pleo en la siderurgia, obligando a la IG Metall a hacer algo "contra el paro masivo". La iniciativa de los obreros radicales de Rheinhausen obligó a ese enorme elefante que es la IG Metall a reaccionar. El 10 de diciembre se manifestaban en el Ruhr alrededor de dosicentos mil siderúrgicos. En Duisburgo no circulaba nada desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche. Las grandes carreteras estaban bloqueadas; lo que funcionaba era puesto en ruta y controlado por los trabajadores. La huelga se organizaba con alcaldes de esta región donde el

Luego huelga radical, solidaridad de masas y límites políticos, todo ello va a de Cómo ha pasado la coordinadora acero la prueba de este movimiento de huelga frente a la dirección de la IG Metall? ¿Se veía obligada a comportarse de hecho como dirección alternativa sobre el terreno?

La conferencia de los "Hombres de confianza" de la IG Metall, que reunió a cuatro mil participantes el 14 de enero en Duisburgo, fue un dato clave en este sentido. La dirección de la IG Metall daba cuenta de las últimas propuestas patronales de reducir el tiempo de trabajo en sin compensación salarial a partir del 1 de enero de 1989, hasta el

30 de septiembre de 1992: Ningún aumento salarial durante catorce meses y aumentos de salario por etapas del 1,5 al 3% desde 1989 hasta 1992. La dirección de la IG Metall proponía responder a esta provocación mediante una huelga de advertencia de dos horas. Fue copio.

samente abucheada. Entonces apareció públicamente la coordinadora del acero dabía decidido proponer la ruptura de las negociaciones y unir las negociaciones por el convenio colectivo con las luchas contra las pérdidas de empleo, apoyándose en la formidable movilización de Krupp-Rheinhausen.

La delegación de Rheihausen llegó al encuentro acompañada de mil coches y un concierto de claxons; la mitad de los cuatro mil delegados empezó a salir de la sala para unírseles. Al sentir el peligro, los burócratas salieron igualmente para dirigirse a los "activistas"

'a. Dos militantes de la coordinadora,

Theo Steegmann, vicepresidente del comité de empresa de Krupp-Rheinhausen, y un sindicalista de Hoechst-Dortmund, tomaron la palabra a continuación explicando las propuestas de la coordinadora y organizaron una votación a mano alzada. La asamblea fue casi unánime: a

Desbordar a IG Metall en una votación es una cosa, y que estas propuestas pasaran a la práctica, otra.

Era un desafío a la IG Metall. Pero creo que la organización de la lucha por la base podría haber tenido lugar si los patronos, probablemente sintiendo el peligro, no hubieran reaccionado inmediatamente haciendo nuevas y espectaculares propuestas: reducción del tiempo de trabajo a 36 horas y media con compensación íntegra a partir 1988; un 2% de aumento salarial a partir del 1 de abril de 1988 y del 1 de noviembre de 1989. ¡Una ruptura con las propuestas precedentes!

La patronal había comprendido muy bien el peligro de pérdida de control del movimiento por la IG Metall, obligando a ésta a organizar una verdadera movilización... para recuperar el control del

Los sindicalistas combativos sabían que estas nuevas propuestas tampoco eran aceptables. No resolvían la cuestión de las supresiones de empleos. En cuanto a los aumentos de salarios, serían rápidamente roídos por las medidas antisociales del gobierno Köhl en el terreno de la salud y de las jubilaciones. Pero los sindicalistas radicales eran conscientes, después de haberlo discutido con los trabajadores en sus empresas, que en adelante sería imposible movilizar la cólera obrera y organizar una huelga dura para decir que no a estas

Por lo tanto, el acuerdo de las 36 horas y media, que apareció como una nueva victoria reivindicativa de los trabajadores alemanes, era también una trampa abierta bajo los pies de los huelguistas de Rheinhausen.

Se puede decir, sin exagerar, que los trabajadores y los sindicalistas han sentido los efectos de esa máquina infernal que ha echado por tierra la posibilidad de sacar a los de Rheinhausen de su aislamiento mediante un movimiento de solidaridad masivo. Hay muchos que comparten este sentimiento un poco triste. También es expresión de una saturación, de una radicalización y de una simpatía bastante amplias, concretadas en los comités de apoyo, creados por todas partes.

Pero el acuerdo de la IG Metall con las últimas propuestas patronales era ine-

¿Cómo reaccionaron los de Rheinhausen?

La lucha continúa. «La fuerza de los de

Rheinhausen es su perseverancia», como reza aquella hermosa pancarta del comité ciudadano colgada a la entrada de la ciudad.

Pero aumentó el aislamiento. Desde todos lados se multiplicaron las presio-

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nes para hacerlos ceder. Luego, el 9 de abril, estalló de nuevo la huelga en la fábrica. La dirección de Krupp acababa de rechazar las últimas propuestas acuerdo presentadas por los sindicalistas de la empresa. Anunciaba para el 19 de mayo una reunión central que debía zanjar definitivamente el caso de Krupp-Rheinhausen.

Al mismo tiempo, Taz, un diario "ecolo-progresista", , publicó el texto de una conversación telefónica entre Cromme el patrón de Krupp, y Kriwet, el de Thyssen. Cromme hablaba de su entrevista con los miembros del gobierno de Renania-Westfalia, que le urgian a acabar con este conflicto, esta movilización social, que les caía encima. Esta revelación volvió a encender la cólera obrera. Los de Rheinhausen fueron a ocupar los

Düsseldorf, bloqueando la ciudad. Fueron a sitiar el parlamento del Land y a pedir cuentas al primer ministro Johannes Rau, conocida figura del

Este último explicó que había dicho lo contrario de lo que, según Cromme, decía. Los trabajadores no quedaron muy convencidos. El se propuso como mediador y pidió a los trabajadores que pararan su huelga para permitir la nueva 'negociación. En una tumultuosa asamblea general, los de Rheinhausen aceptaron, pero declarando estar dispuestos a reemprenderla en cualquier momento.

¿Cuál fue la actitud de las fuerzas políticas a lo largo de esta lucha?

El SPD es incontestablemente hegemónico en el Ruhr entre los trabajadores. Sin embargo, estos últimos saben muy bien que aquél no dará soluciones al problema del empleo. Las críticas sobre su política de puesta en marcha de los «Ersatzarbeitplätze» en la región de Rheinhausen son muy vivas. En la base, los militantes socialdemócratas juzgan muy severamente a sus dirigentes, aun manteniendo la influencia de su partido, fundamentalmente porque no existe alternativa a la izquierda del SPD.

Los trabajadores saben igualmente que no ganarán mucho presionando a los ministros y a los alcaldes del SPD en el Land. Pero siguen pensando que al menos un gobierno del SPD no les daría leña, lo que además es cierto, ya que la policía no intervino contra los huelguistas de Rheinhausen desde el inicio de la huelga. La influencia militante del SPD sobre el terreno es incontestable. El comité de mujeres de Rheinhausen, por ejemplo, está dirigido por militantes del SPD muy apreciadas.

¿Qué pensais vosotros, en este contexto, de la ofensiva por la reducción del tiempo de trabajo a 35 horas con compensación salarial de Oskar Lafontaine, a quien se suele presentar como el portavoz de la izquierda del SPD?

Es una verdadera puñalada por la espalda a los huelguistas. Lafontaine aparece, o aparecia, como la esperanza de la izquierda de la socialdemocracia. Pero en los hechos, y progresivamente, ha ido poniendo en orden su discurso. Inmediatamente, los líderes de las organi•zaciones patronales le han tejido laureles. Ahora, su proyecto político se va haciendo cada vez más evidente. Lafontaine prepara no una alianza a la izquierda con los Verdes, sino una coalición social-liberal enfrentada a los asalariados, todavía más a la derecha, si cabe, que el último gobierno Schmidt.

En mi opinión, no existe ala izquierda de la socialdemocracia. Podremos trabajar con numerosos militantes socialdemócratas en la base, pero ello no se traduce en evoluciones en la cúpula del partido. Las discusiones críticas con los socialdemócratas tienen lugar en el seno de los órganos de base del sindicato.

evoluciones ¿no deberían simplificar también los tensos debates en el seno de los Verdes sobre la eventualidad de una alianza con el SPD?

Antes de ver qué pasa con los Verdes, quisiera decir algunas cosas sobre el Partido Comunista Alemán (DKP). La comparación con los Verdes es interesante. Los dos partidos tienen más o menos el mismo número de afiliados,

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cuarenta mil. Los Verdes tienen cuatro millones de electores y el DKP sólo reúne el 0,6% de los sufragios de los electores. Pero es difícil imaginar hasta qué punto se invierte totalmente esta situación en un movimiento huelguístico como el de la siderurgia. El peso de los Verdes en esta movilización es nulo. Los Verdes apoyan la lucha, pero los Verdes de Duisburgo no vienen practicamente nunca a Rheinausen. Son totalmente exteriores al movimiento.El congreso de los Verdes en Westfalia invitó a nuestro camarada Hermann Dirkes, siderúrgico de Duisburgo y miembro de la coordinadora del acero, para exponer la situación. Fue muy aplaudido, pero los Verdes recogieron muy poca cosa en la campaña de apoyo que movilizó a todas las organizaciones de extrema izquierda, teniendo en cuenta sus medios.

Por el contrario, el peso del PC en la movilización es muy importante. La presencia visible del DKP es incluso más fuerte que la del SPD, tanto en el comité ciudadano o el comité de apoyo local como en las colectas de fondos de solidaridad. El principal animador del apoyo en la ciudad, un pastor protestante, elogió públicamente la actividad del

Numerosos militantes del DKP están hoy día comprometidos en la coordinadora del acero; esto es un hecho nuevo. Hasta ahora, la políticą del DKP combinaba más bien una combatividad más o menos folklórica con una actitud acrítica hacia la socialdemocracia. Podría hablarse de un giro. La diferenciación con respecto a ciertos dirigentes sindicales del

SPD es muy clara, y la actitud de los militantes del DKP en la coordinadora del acero, muy leal. Todo ello refleja probablemente los debates que se desarrollan en el seno del DKP. El ascenso de los

Verdes y la política de Gorbachov han suscitado interrogantes profundos sobre la construcción del socialismo, sobre las alianzas con los Verdes, la extre•ma izquierda, las agrupaciones en el seno de los sindicatos...

Hoy dia, en Duisburgo, los dirigentes del DKP exponen en público sus desa-

A menudo apoyan las proestas y las críticas que emiten mue os propios camarada pacifista o el movimiento ecologista contra las centrales nucleares.

Esto tiene una primera explicación político-social. Una organización de 10 000 militantes activos constituida en torno a la adquisición de mandatos electorales, desde el Land hàsta el Parlamente Europeo, pasando por el Bundestag (Parlamento federal), es algo que engendra sus propias servidumbres

Después hay una opción política. La orientación de los "realistas" en la dirección de los Verdes es «hacer que se mueva algo en el marco de las instituciones». Esta perspectiva induce una crisis permanente por las alianzas necesarias para su aplicación; crisis reforzada por el perfil liberal que busca hoy el SPD, que evocábamos a propósito de las recientes declaraciones de Oskar Lafontaine. Pero también es una orientación que implica no basar un partido en las luchas. De ahí la dolorosa frustración que experimentan los Verdes de Hamburgo o de

En la reflexión de los Verdes se han multiplicado los modelos de cambio utópico, sin mayores consecuencias en la definición de los medios para empezar a ponerlos en práctica. Ello alimenta globalmente la esperanza de que los Verdes lleguen un día a gobernar con otros y consigan el 10% de las medidas aprobadas en sus congresos.

Evidentemente, es un callejón sin salida. Por lo que a nosotros respecta, tenemos relaciones locales con los Verdes. Por ejemplo, en Duisburgo, ellos desearían que nuestros camaradas participaran en una lista abandonando sus siglas. Evidentemente, no es Máxime cuando el apoyo del VSP a la lucha de Krupp-Rheinhausen más conocido en el propio Rheinhausen que el de los Verdes.

¿Esta movilización ha dado nuevo aliento a la extrema izquierda en general?

Por lo que nos reconoce como una pequeña organización sincera, que hace propuestas interesantes y las apoya en una solidaridad verdadera. Por ejemplo, propaganda sobre la cuestión de la nacionalización de la siderurgia es bien acogida. De igual modo, en la lucha hemos entablado o reforzado alianzas con otras corrientes. Así, nuestras relaciones con el DKP ham mejorado como resultado de experiencias comunes.

Hemos establecido vínculos de solidaridad en la rama del acero y en otros sectores, incluso por encima de las fronteras, sobre todo con compañeros belgas y franceses, necesarios si queremos combatir la retórica nacionalista y chovinista de los dirigentes socialdemócratas.

Declaraciones recogidas por Michel

Morel. O