Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Una brecha y una esperanza

· Inprecor n.º 61, mayo de 1988 · pp. 46-50 · 5.296 palabras

el ya mitificado año 68, no es tarea fácil intentar ofrecer una reflexión Cuando están cayendo ríos de tinta y bombardeos de imágenes sobre desapasionada sobre lo que pasó entonces. Entre la aspiración a enterrar todo lo que en aquellas luchas hubo de rebeldía frente al poder -ladad -objetivo al que tienden quienes caen en esa "sumisión pragmática" la tendencia a idealizarlas como coartada para justificar su irrepetibili- or en la que compiten la mayoría de los medios de comunicacion-, y reducido a una simple revuelta estudiantil, ni a un confuso "tumulto" ante el presente, tan certeramente denunciada por el profesor Arangu- ren-, trataré al menos de exponer una visión en la que no todo quede

(1).- En el artículo sobre el Mayo francés que aparece en este mismo número están suficientemente analizadas las características de esa crisis. Matizando, pues, la valoración de lo que ocurrió, sigue siendo válida la tesis de que para muchos de los que vivieron di-

Pesos acontecimientos "como una revolución", según recuerda desde otro enfoque Edgar Morin (Complejidad y ambigüedad". Debats, número 21, septiem-

(2).- No hay que olvidar que antes de la influencia que va adquiriendo en las sociedades occidentales la guerra del Vietnam sólo se encontraba el precedente francés de la solidaricomo Inglaterra y la RFA se habían produci- dad con Argelia, do movilizaciones contra las armas nucleares completamente disociadas de las luchas del "Tercer Mundo". Ejemplo de ese trismo" es la experiencia de la Campaña por el Desarme Nuclear inglesa, de la que se va desgajando un sector (con Bertrand Russell a la cabeza) que conectará con la juventud dispuesta a apoyar al pueblo vietnamita desde la mitad de los sesenta (vid. por ejemplo Massimo Teodori, Las nuevas izquierdas europeas (1956-1976), vol 1, caps. I, IV y IX. Barcelona, Blume, 1978) (3).- Aníbal Romero resume la importancia de aquella acción en los militar, Têt fue una "victoria" norteamericana; nos:«Desde un punto de vista estrictamente las pérdidas de las fuerzas de liberación vietnamitas fueron altas; en diversas provincias el aparato político y armado clandestino del

Vietcong salió a la luz y fue golpeado por las tropas norteamericanas(...). A nivel político,

Têt fue una grave derrota para los norteamericanos. El "centro de gravedad" norteamericano con respecto a Vietnam se encontraba en la imagen que el pueblo de Estados Unidos -que sostenía financieramente la intervención- tenía de sí mismo y de las metas de su gobierno en Indochina. Toda la estructura de mitos sobre el carácter desinteresado de la intervención norteamericana, en servicio de la libertad del pueblo de Vietnam, quedó derruida luego de que Têt reveló, de una vez por todas, el carácter antipopular del gobierno survietnamita y la extraordinaria voluntad de lucha de las fuerzas nacionalistas». (Estrategia y política en la era nuclear. Madrid, Tecnos, 1979, pág. 281). Un buen testimonio de la evolución del movimiento estadounidense contra la guerra de Vietnam y de su tránsito del "disentimiento" a la resistencia se cuentra en Noam Chomsky, La responsabilidad de los intelectuales. Barcelona, Ariel,

(4).- Jean-François Lyotard, potmoderno, introduce el entusiasmo dentro de una reinterpretación kantiana de la historia, presentando como ejemplos de manifestación de ese fenómeno la Revolución Francesa y Mayo del 68 (El entusiasmo. Barcelona, Gedisa,

1987). Sin aspirar a tanto, lo que sí es cierto trataba de un sentimiento muy compartido antes de que llegara el reflujo y que en pocas ocasiones reapareció poste-

(5).- De los socialdemócrtas apenas puede hablar, ya que en el caso francés estaban en proceso de reorganización, mientras que en otros países o estaban en el gobierno

-enfrentados a los estudiantes, como en la

RFA- o se encontraban simplemente ausentes, como aquí.

UNA BRECHA Y UNA

ESPERANZA sin consecuencias mayores. Lo que pasó en el mundo durante aquel año no llegó a suponer, desde luego, una "revolución", pero sí significó una verdadera conmoción social y política en el conjunto del hemisferio Norte. La brecha que se abrió a partir de esa fecha fue tan profunda que, independientemente de cuál ha sido la evolución de sus protagonistas, sus efectos pueden observarse todavía en las sociedades actuales: en lo que tuvieron que integrar y, sobre todo, en la presencia de fuerzas que siguen luchando por evitar que se cierren las heridas que el capitalismo y el 'socialismo real" sufrieron en aquel enMayo no llegó solo

Es cierto que el acontecimiento más importante fue sin duda el "Mayo francés", no en balde fue allí donde quedó patente la capacidad de una nueva generación juvenil para actuar como "detonador" de una huelga general obrera, la más masiva en la historia de ese país. Una huelga que creíamos podía haber desencadenado una verdadera revolución (el poder estaba en la calle...)(1), pero que finalmente sólo -aunque no era poco en aquel tiempo-, consiguió provocar una crisis irreversible del régimen

Pero antes y después de esa explosión, pasaron muchas cosas: en habían comenzado las grandes movilizaciones contra la guerra de Vietnam en

Estados Unidos y en Europa, extendiéndose una profunda conciencia antiimperialista dentro de la llamada quierda" y de la juventud, iniciada ya a "nueva izraíz de las revoluciones argelina y cubana(2). En octubre del 67 había sido asesinado el Che, símbolo de un internacio-

Jaime Pastor nalismo revolucionario olvidado por el movimiento obrero. También en el 66 se puso en marcha la Revolución Cultural China, de características más complejas y contradictorias, pero que en todo caso revelaba la dimensión mundial que estaba teniendo la aparición de una nueva fuerza social radical, la juventud.

Esos precedentes, unidos a otros en el ámbito contracultural e ideológico, sirvieron de prólogo a un 68 en el que sobresalieron tres grandes acontecimientos: la ofensiva del Têt en Vietnam, el Mayo francés y el Agosto checoslo-

La ofensiva de febrero en aquel país asiático representó un auténtico golpe moral contra el imperialismo norteamericano, pese a que en términos militares sus resultados no fueran tan positivos(3). Su impacto en la población estadounidense fue enorme, al comprobar ésta la falsedad de toda la propaganda ''democrática" de su gobierno; también pudo observarse esa sensibilidad ante la lucha armada de un pequeño pueblo en las Universidades europeas y, aunque en menor escala, en las del Estado español.

Desde entonces, la seña de identidad antiimperialista fue reconocida como tal por millones de jóvenes, convencidos de que la abundancia de sus sociedades era la otra cara de la miseria del "Tercer

El mayo francés introdujo en ese clima una radicalización anticapitalista y, gracias a la confluencia con el movimiento obrero, la ilusión de que la revolución era ya posible en un país capitalista avanzado. Se trataba de una interpretación muy condicionada por el entusiasmo con que luchábamos entonces(4), llegando a pensar que la única labor que nos quedaba por hacer "inminente" esa revolución era la de la construcción de

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ACCION

UVERSITRA

Publicaciones del FLP y del SDEUM. un partido revolucionario, o de una "vanguardia ejemplar", capaces de ser solución de recambio frente a los anquilosados Partidos Comunistas(5). Creíamos así tener la respuesta a la famosa sentencia de Sartre según la cual «con el Partido Comunista Francés no se puede hacer la revolución, sin el PCF tampoco».

Junto a esa convicción antiimperialista y al rápido tránsito de la rebeldía al compromiso revolucionario, hubo otras dimensiones de esa explosión que, aún habiéndose manifestado antes en otros lugares, allí encontraron su mayor expresión. Se trata del antiautoritarismo -más teorizado por la oposición extraparlamentaria alemana-, del carácter asambleario del movimiento y del renacimiento de una concepción de la democracia que enlazaba con lo mejor de las tradiciones revolucionarias de Francia y, sobre todo, de la Rusia del 17; del comienzo de la puesta en cuestión de la separación entre lo público y lo privado, de la extensión de una "contracultura" que servirá de fermento para el feminismo; así como de la crítica al modelo de crecimiento capitalista llamado entonces "neocapitalismo", punto de partida para la reaparición de proyectos de nuevas sociedades, expresados brillantemente en las paredes de las Universidades y fábricas de muchas ciudades francesas. (6)

Pero por encima de todo esto o, mejor dicho, como una manifestación concentrada de esa crisis, lo que pudimos observar fue la confrontación directa con el poder político, con el Estado, de los obreros y los estudiantes del país vecino. La experiencia de esa prueba de tuerzas fue la que condujo a la politización de toda una nueva generación.

A todo esto el Agosto checoslovaco vino a añadir la crisis del stalinismo, de

Barricada grIN

ii5 co. 5 «LUCHA 68 un modelo de socialismo burocrático y militarizado, ante millones de jóvenes. Para una parte importante de éstos, la ocupación de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia fue vista no sólamente como una operación contra los reformadores liberales sino también y principalmente contra los trabajadores deseosos de instaurar una democracia socialista basada en los consejos. Por desgracia, el apoyo dado a la iniciativa de Breznev por parte de Fidel, por un lado, y las condenas de algunos Partidos Comunistas occidentales a la invasión, por otro, ayudaron a confundir a todo un sector de la izquierda. Pero, de cualquier manera, lo que luego se llamará "socialismo real." se convierte a partir de ese verano en algo de escaso atractivo para quienes se incorporan a la lucha política. Nuestro "pequeño Mayo"

A la vista de lo que sucedió en muchas partes del mundo durante aquel año, lo que pasó aquí fue, hay que reconocerlo, bastante modesto. Pero no hay que olvidar tampoco las condiciones más difíciles en que nos encontrábamos para "emular" a nuestros compañeros de generación en Francia y otros países.

Habría que empezar recordando que sólo desde 1962 había empezado a producirse una reconstrucción progresiva del movimiento obrero; que los estudiantes acabábamos de destruir el SEU y que se estaba iniciando un proceso de radicalización nacionalista en lugares como Euskadi. Dentro de esa situación general, bajo el peso de una dictadura y en el marco de una masificación reciente de las Universidades, el nuevo movimiento estudiantil se iba configurando como una fuerza social esencialmente antifranquista y democrática en sus objetivos prioritarios —lo cual le diferenciaba de otros países-, si bien no por ello ajeno a las características que van tomando movimientos similares en Europa occidental.

Así, en el año 68 la relativa unidad antifranquista no es obstáculo para la incorporación de las señas de identidad antimperialista y anticapitalista y, sobre todo, para buscar la confluencia con el movimiento obrero, con la esperanza incluso de "repetir" el Mayo francés mediante una prueba de fuerzas contra el régimen. La crisis del sindicato demoestudiantil fue reveladora, en este sentido, tanto de la voluntad de muchos y muchas de ir más lejos en su radicalización como de las dificultades para que aquella prueba de fuerzas se saldara favorablemente(7).

El radicalismo de ese año y de la década de los sesenta en general produjo una nueva generación de revolucionarios, agrupados en torno a distintas corrientes políticas, obligadas a su vez a consolidarse en unas condiciones de represión más agudas tras el "estado de excepción" de enero de 1969, que coincidió con el asesinato del compañero del Frente de Liberación Popular, Enrique

En esas circunstancias era fácil que el activismo predominase sobre la reflexión y la elaboración teórica y política, y que rasgos como el antiburocratismo y el antiautoritarismo dentro de las organizaciones no fueran tan fuertes como en otros países. El resultado fue

"politicista" del Mayo francés y la fundación de partidos excesivamente centralizados, dispuestos a resistir a la represión; y también mayores limitaciones para el debate no sólo dentro de cada corriente sino entre todas ellas(8). Pero, en cualquier caso, lo importante es que también en el Estado español se produjo la aparición de una nueva vanguardia revolucionaria al margen del reformismo, a pesar del saludo oportunista que Carrillo brindó a la lucha de los estudiantes franceses(9). Generación rota

El 68 fue el año en que entraron en crisis el capitalismo y el "socialismo real" gracias a la irrupción masiva de la juventud y a su capacidad de contagio en sectores de la clase obrera, en mayor o menor medida, en muchos países del mundo.

Esa juventud constituía entonces un fenómeno social nuevo en la historia, al menos por la importancia cuantitativa y cualitativa que estaba adquiriendo. bien en el pasado se pueden encontrar sin duda precedentes de su papel como "vanguardia social y política" , es en los años sesenta y como resultado de la explosión demográfica de postguerra

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NOTAS:

(6).-Frases como sed realistas, pedid lo imposible venían a ser enormemente subversivas frente a cantidad de sociólogos e ideólogos que teorizaban las virtudes del neocapitalismo y la integración de la clase obrera. Lo realista era así pedir lo imposible, es decir, la utopía, pero con el convencimiento de que estaba al alcance de las masas. sentido del mensaje que hacía Herbert Marcuse en aquel entonces y que algún periodista "listo" ha pretendido utilizar con una intención totalmente opuesta: cuando el pensador alemán hablaba del "final de la utopía" lo hacía en realidad con los mismos argumentos de Marx, sosteniendo que las bases materiales para la eliminación de la desigualdad social estaban ya suficientemente dadas en las sociedades occidentales de los años sesenta (vid. su serie de artículos en El final de la utopía. Barcelona, Ariel, 1968).

(7).- Hay interesantes análisis de este periodo en los artículos de Fernández Buey y Rafael Argullol publicados en la revista hoy desaparecida Materiales, número 2, de marzoabril de 1977. Por mi parte, ofreci una reflexión crítica en mi trabajo. generación del 68", aparecido dentro del libro La crisis del movimiento juvenil en las so ciedades capitalistas. Madrid, Ed. de la Torre,

(8).- Las particulares condiciones de la lucha antifranquista explican la escasa influencia de las corrientes espontaneístas predominantes en otros países, en beneficio de las que se reivindicaban, bajo una u otra fórmula, del centralismo democrático. mas sobrevivieron al franquismo, pero al precio de arrastrar limitaciones graves en su funcionamiento democrático y en el estímulo de una formación marxista crítica, especialmente én los casos del PTE y la ORT.

(9).- Habría que recordar que a finales del

67 Carrillo había publicado su obra Nuevos enfoques a problemas de hoy, en la que ya teorizaba la alianza con los evolucionistas del régimen. Sólo los escindidos del PCE (internacional) -futuro PTE- e intelectuales como

Manuel Sacristán, Alfonso Sastre y Eva Forest supieron resistir la derechización política que se aceleró en los años siguientes.

(10).-No es cuestión ahora de enzarzarnos en una discusión sobre la caracterización social de los estudiantes o de la juventud en general. En cualquier caso, baste reseñar que un conjunto de factores -la ola de crecimiento económico de postguerra, la explosión demográfica consiguiente y las expectativas mayores de alargamiento de la vida- favorece la concentración de jóvenes en número creciente en las escuelas y universidades, haciendo posible su toma de coniencia de que forman parte de una categoría o grupo social específico frente a las otras clases y capas

(11).-Esos son los criterios que emplea, por ejemplo, Julián Marías en la Enciclopedia

Internacional de Ciencias Sociales,

Madrid, Aguilar, 1975, págs. 88-91.

(12).-Marvin Rintala, también en Enciclopedia.... tomo 5, (13).-Ese desgraciado final no impidió, sin embargo, que una parte de la "generación del

68° continuara luchando por sentar las bases de una política alternativa y enfrentada al sistema. En realidad, y a pesar de lo discutibles que puedan ser algunos de sus planteamientos, se podria afirmar que sólo en la RFA una cuando posee la fuerza suficiente para poner en alarma a todo un sistema so-

Esta novedad histórica parecía hacer posible el proyecto de renovación del movimiento obrero y de la izquierda revolucionaria en los años siguientes. Sin embargo, después del tiempo transcurrido, hay que reconocer que ese objetivo se ha visto cubierto muy limitadamente. A las ilusiones y esperanzas de las "vísperas de la Revolución" siguieron fracasos como los del "mayo reptante" italiano, la revolución portuguesa o la ruptura con el franquismo. Las aguas fueron volviendo a su cauce y parecía que el Estado del bienestar todavía podía durar. Ahora, en cambio, una nueva etapa se está abriendo, en la que unos optan por instalarse en la crisis econó. mica y social, mientras que otros lo hacen a favor de la resistencia desde los partidos revolucionarios sobrevivientes del 68 y, sobre todo, desde los movimientos sociales viejos y nuevos.

¿Es posible, entonces, hablar todavía

"generación del 68", como pretenden algunos? Parece difícil hacerlo, ya que lo que unió a muchos y muchas en aquel período se vio luego confrontado a la realidad de los veinte años que le sucedieron y a las inserciones sociales muy diversas en que fueron entrando cada uno de los actores y actrices de aquellas movilizaciones.

Pero, entrando incluso en el concepto de generación, podríamos ampliar más esta tesis. Los orteguianos, por ejemplo, dicen que para constatar la existencia de una generación hace falta compartir dos rasgos básicos: tener la misma edad y haber tenido algún "contacto vital"(11). Otro pensador una generación política se representa como «un grupo de individuos que han estado sometidos a las mismas experiencias históricas fundamentales durante los años de formación»; pero a continuación añade que «la conciencia generacional es, sin duda, menos importante, como fuente de motivación política, que la conciencia nacional o la de cla-

Partiendo de esos criterios, cabría sostener que el "contacto vital" o "la experiencia histórica fundamental" que vivieron muchos jóvenes en el 68 fue sin duda intensa y justifica el común denominador de "generación política", sobre todo en los casos de Francia, Italia o México, por poner los ejemplos más evidentes. Pero los límites mismos de esa experiencia -marco institucion al universitario; escasa relación orgánica con el movimiento obrero y desfase en combatividad respecto a éste; bajo nivel de formación marxista y elevada entrega militante en muchos partidos o grupos- explican que una vez cambia el signo del periodo a escala internacional, sea mas fácil de romper la unidad original y, por lo tanto, puedan pesar más la nueva conciencia de clase inherente al status alcanzado en la sociedad y las expectativas de supervivencia individual. Todo lo cual no significa, por supuesto, aceptar la inevitabilidad de esa ruptura: por suerte, dentro del mundo intelectual, por ejemplo, siguen existiendo núcleos dispuestos a mantener la llama de las esperanzas revolucionarias puestas de actualidad hace veinte años.

Pero lo cierto es que muchos se han una democracia burguesa que entonces los rechazó y que hoy, convertida en oligopolio de los partidos del sistema, revela de nuevo su carácter clasista; mientras que sólo una minoría continúa esforzándose por militar en las organizaciones revolucionarias y por buscar al mismo tiempo nuevas formas de hacer política y de trabajar dentro de los movimientos sociales herederos de aquella experiencia. No han faltado tampoco, lamentablemente, muchos "desesperados" de los años de re-

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flujo, como la "Fracción Armada del Ejército Rojo" ', a la búsqueda de atajos para llegar a la revolución y convertidos finalmente en víctimas trágicas de la represión de un Estado gobernado por socialdemócratas (13).

En cuanto a nuestra experiencia en el Estado español, el balance que podría hacerse es que la misma ambigüedad del "rojo antifranquista" facilitó muy pronto el abandono por un sector de sus veleidades anticapitalistas a medida que se fueron frustrando las expectativas de transformación radical del sistema. La misma fragilidad de nuestra experiencia común y el peso mayor del antifranquismo frente al anticapitalismo contribuyeron a debilitar la actitud de rebeldía de muchos jóvenes de entonces. Lo más lamentable de toda esta trayectoria es que gran parte de ellos hayan renunciado incluso a una seña de identidad también esencial bajo la dictadura como era la solidaridad con Euskadi(14).

En resumen, frente al mito de una "generación del 68" sería mejor hablar de una juventud que fue haciéndose adulta y rompiéndose simultáneamente en muchos trozos, quedándole únicamente como nexo de unión la edad y la ambigua nostalgia de una experiencia sometida hoy a las más diversas y opuestas revisiones. Los restos del naufragio

Con la distancia de los veinte años transcurridos se hace necesario reconsiderar las vivencias de aquella crisis, aun corriendo el riesgo de incurrir esta vez en interpretaciones un tanto unilaterales y pesimistas.

Una primera reflexión a hacer es la constatación del excesivo subjetivismo que nos llevó a confiar en que la revolución era "inminente" y que la única razón de que ésta no se produjera se encontraba en la política traidora del PC francés y sus partidos hermanos en otros países. La falta de comprensión de las causas del relativo consenso político y social que se había dado en muchos países capitalistas en torno al Estado del bienestar o, en nuestro caso, de las consecuencias de la derrota en la guerra civil y del enorme desfase entre combatividad y nivel de conciencia dentro de la clase obrera, nos condujo a sobreestimar las posibilidades de crisis prerrevolucionarias en los años siguientes y las expectativas de crecimiento de las organizaciones revolucionarias. Esa misma hipótesis dio, además, mayor alcance práctico a las divergencias dentro de la nueva extrema izquierda, fomentando la competencia y el sectarismo entre todas ellas(15)

Esa impaciencia revolucionaria fue sin lugar a dudas la razón de muchas frustraciones posteriores, llegando hasta la disolución de corrientes políticas enteras en algunos países. Pero, más allá de vanguardia, las señas de identidad que fueron extendiéndose en los años inmediatamente posteriores al 68 continúan teniendo vigencia. Empezando por el antimperialismo, ¿quién, racionalmente, puede negarse a reivindicar la prioritaria solidaridad con los pueblos más sometidos del "Tercer Mundo" a la vista del expolio y del anti-desarrollo que éstos sufren por parte de los países más ricos?. Hoy, además, la izquierda radical puede asumir esa tarea con convicciones mucho más profundas que entonces y sin el romanticismo que pudo caracterizar a algunas de sus corrientes, deseosas de trasladar "modelos" que no tenían en cuenta las condiciones concretas del capitalismo avanzado.

Lo mismo podríamos decir del anticapitalismo: ¿acaso el "capitalismo real" no está demostrando ser más injusto y más responsable de la desigualdad social que entonces? Las lamentaciones de los apologistas del reformismo socialdemócrata respecto a la situación en que han quedado su "modelo" escandinavo y su caricatura en la Europa del sur vienen a ilustrar suficientemente que no cabe vía intermedia alguna entre la gestión leal del sistema y la oposición frontal al mismo. En cuanto al antiestalinismo de izquierdas en el que muchos nos educamos, quizás a algunos pueden entrar las dudas ante la perestroika de Gorbachov; pero, analizándolo dentro de una perspectiva histórica, no hace más que venir a darnos la razón a quienes hemos denunciado a la burocracia y hemos insistido en la necesidad de oponerle un Recital de Raimon, en Económicas de Madrid, el 19 de mayo de 1968.

socialismo basado en el poder popular. Y este objetivo no vendrá, desde luego, de la mano de los dirigentes soviéticos sino a través del despertar, probablemente lento, del proletariado de la

También ha quedado claro a lo largo de estas dos décadas que el camino al que estaban conduciendo al movimiento obrero tanto la socialdemocracia como los PCs era equivocado. La primera quiso recuperar las ilusiones de Mayo cuando llegó el reflujo y, después de algunos gestos reformistas, volvió a ser lo que casi siempre ha sido desde 1914: fiel colaboradora del sistema para ayudarle a salir de sus crisis. En cuanto al "eurocomunismo", también pudo comprobarse que su aspiración era en realidad la de competir en el mismo espacio que los socialistas, y no la de ofrecer una estrategia alternativa. Por eso fue acertada la opción de construir nuevos partidos revolucionarios que se esforzaran por abrir otro camino de movilización extra-institucional y de confrontación con el sistema.

Pero, aun reafirmando esas señas de identidad, hay que reconocer que estas organizaciones han hecho todavía poco por superar lo que Perry Anderson Ilama "miseria de la estrategia" del marxismo(16). Convencidos de la inevitabilidad de la revolución, caímos en una visión excesivamente "politicista" y prerrevolucionaria de nuestra actividad. Sólo desde mediados de los años setenta fuimos comprendiendo el cambio de periodo y la necesidad de una "guerra de posiciones" dentro de la sociedad civil sin por

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parte de la izquierda extraparlamentaria de los años sesenta ha conseguido configurar un movimiento de masas capaz de consolidar lo que algunos llaman un "sector público voluntario" así como una fuerza política con presencia institucional (vid. S raíces de los Verdes", INPRECOR número 41,

(14).- Entre las muchas interpretaciones que se están haciendo del 68 sobresale la manifestada por Fernando Savater en un coloauio con Cohn-Bendit realizado en Madrid: a lo largo del debate llegó a afirmar que «la lucha que llevábamos a cabo en aquel momento, en mayo del 68, aquí en Madrid, y más allá de las ideologías alucinatorias que podíamos tener cada uno, era una lucha por conseguir más o menos lo que se tiene ahora» (reproducido en El Urogallo, número 13, mayo 1987). La verdad es que ante cosas como ésta sólo cabe decir que no se enteró de lo que queríamos o que, a fuer de resignarse ante lo real como lo único posible, el antiguo libertario está convirtiéndose en liberal-autoritario capaz de deformar la historia como el que más. Para una crítica de ese "cinismo excedente" ver algunos de los artículos y reflexiones de Gabriel Albiac en Todos los héroes han muerto. Madrid, Ed. Liberta-

(15).-Lo cual no significa concluir que fuera inútil la crítica, por ejemplo, de los "modelos" de guerra popular prolongada que algunas corrientes querían aplicar mecánicamente a la situación europea o española. El problema es que sólo discutíamos sobre las tareas de la revolución y no sobre el trabajo preparatorio y de arraigo social en las orgaobreras o juveniles existentes, confiando ilusoriamente en construir, como en el caso español, un "nuevo" movimiento de masas, dirigido por cada partido revolucio-

Por suerte, las rectificaciones fueron llegando, pero el tiempo y las energías perdidas eran grandes.

(16).-Tras las huellas del materialismo his-

Madrid, Siglo XXI, 1986, pág. 29.

(17).-Es reconfortante comprobar que reflexiones semejantes aparecen en muy diferentes zonas geográficas del globo.

como ejemplo el libro del sandinista Orlando

Núñez, antiguo compañero de lucha del 68, y del norteamericano Roger Burbach, titulado

Democracia y revolución en las Américas.

Managua, Ed. Vanguardia, 1987 (dos capítulos de esa obra han aparecido en INPRECOR, número 56, octubre de 1987).

(18).- Algunos pensadores y sociólogos califican esos valores como "postmaterialistas", término en todo caso discutible. Lo que importa subrayar es que se trata de una nueva cultura política, heredera y superadora del

68, difícilmente integrable por la izquierda del sistema, por muchos equilibrios y gestos demagógicos que haga.

abandonar su futura combinación con la "guerra de movimientos". Pero el pragmatismo en la inserción mayor dentro del movimiento obrero no fue acompañado de una sensibilidad similar ante otros movimientos, con la excepción parcial del feminista, a pesar de que muchos y muchas procedíamos de la experiencia estudiantil del 68. Este retraso en la reformulación de las bases de una estrategia de resistencia y en la ampliación de las palancas de apoyo de una organización revolucionaria ha sido ya prácticamente cubierto, pero no deja de ser un hándicap en la capacidad de atracción que pueden ejercer las fuerzas de la izquierda revolucionaria, aunque las desigualdades sean grandes entre unos y otros países.

Este sigue siendo el principal problema al que nos enfrentamos: el de enriquecer nuestra teoría y nuestra estrategia con el fin de ir recomponiendo un movimiento obrero muy debilitado estructural y políticamente y de ir fusionando las vanguardias de los distintos sectores radicales de la sociedad. Para salir airosos de esa tarea no hay recetas, pero parece ya evidente que el pluralismo político e ideológico va a ser una característica dominante durante toda una larga etapa dentro de esa izquierda antisistema, lo cual obliga a nuevas formas de debate y actividad conjunta que tengan en cuenta la prioridad de la colaboración solidaria por encima de la respetable competencia de cada corriente por conquistar su hegemonía (17).

Dentro de los movimientos sociales se puede observar también esa diversidad de corrientes ideológicas, sobre todo si se considera no sólo a sus núcleos más organizados sino también a esos activistas intermitentes que constituyen su base social y política fundamental. Lo que parece unir, sin embargo, a todos ellos es también esa dimensión "antisistema", no tanto por su vocación revolucionaria como por su rechazo común de los valores del capitalismo y del "socialismo real" y por la defensa de otros como la solidaridad, el internacionalismo, la democracia directa o la igualdad (18).

Dos escollos a evitar

Hay, pues, condiciones para poner en pie una estrategia de resistencia eficaz y, también, para dar pasos adelante, aunque sean modestos, de cara a evitar dos escollos peligrosos: por un lado, el de la simple actividad dentro de cada movimiento por separado, lo cual conduciría al desgaste y a la desconfianza en la lucha; por otro, el de dejar abandonada la utilización de las instituciones de democracia directa -o, al menos, la aspiración a servirse de ellas como tribunas de denuncia- en beneficio de otras opciones políticas reformistas o abstencionistas. Dado el tamaño actual de la mayoría de la izquierda revolucionaria europea, no va a ser fácil superar ambos extremos, pero en cualquier caso es en esa tarea donde puede ser puesta a prueba su audacia para hacerles frente.

Dentro de ese panorama, fue esperanzador lo que ocurrió en muchas partes del mundo durante el año 87: parecía que la juventud irrumpía de nuevo en la escena política, pasando a ser protagonista de nuevas luchas sociales capaces de asustar al sistema. Como decía Manuel Ballesteros, era la vuelta del disenso, del derecho y el deber de rebelarse contra la desigualdad social y política, desde Francia a China, pasando de nuevo por México. Las coordenadas de esa nueva radicalización son diferentes en muchos aspectos a las nuestras: hoy rechazan una sociedad que les condena al paro y, por lo tanto, a la supervivencia

"economía sumergida" o la "delincuencia"; ahora no pueden tener confianza en la revolución sino en revueltas que ayuden a resistir mejor frente al Estado y, quizás, a encontrar más adelante alguna pequeña salida del túnel del futuro. En suma, antes se podía pasar más fácilmente de la rebeldía a la lucha revolucionaria, mientras que hoy es más difícil que se convenzan de que hay un camino solidario, el de militar junto a todos los que nos enfrentamos al sistema.

El hecho de que la explosión del año pasado no haya tenido su continuacion en grandes movilizaciones posteriores revela, no obstante, que la radicalización de los jóvenes de hoy va a ser más lenta que la que conocimos en el 68. Pero eso no debe hacernos olvidar que hay rasgos comunes que pueden facilitar una convergencia: en primer lugar, una voluntad de autonomía frente al Estado, la escuela o la familia, y una disposición a luchar sin esperar a que otras fuerzas sociales lo hagan; también, la desconfianza frente a vías parlamentarias y de consenso con el poder, así como un profundo sentimiento antiautoritario y antimilitarista; y, por último, con mayor razón aún que entonces, una comprensión espontánea de las raíces de su inseguridad ante el futuro que permite un diálo-.

La profundización de la brecha abierta en el 68 dependerá, pues, de la capacidad de renovación de la izquierda revolucionaria tanto en el plano político y estratégico como en el generacional, a través de la incorporación de nuevos jovenes y del aprendizaje mutuo de nuestras experiencias. El recuerdo del 68 no ha de servir, por consiguiente, para contar

, sino para, al menos, transmitir las vivencias de una crisis social que conmocionó el orden internacional del Este y del Oeste y que reivindicó el derecho a la revolución y el deber de luchar para que ésta sea realidad en todo