Cuando hace unos meses empezamos a preparar este número especial de INPRECOR sobre 1968, imaginabamos el festival de interpretaciones cinicas y folklóricas, de autobiografías más o menos heroicas, de discursos funerarios,.... que iban a inundar los medios de comunicación en cuanto llegáramos al mes de mayo. Puede decirse que la realidad ha desbordado los cálculos más pesimistas. Algunas de las miserias con que nos han obsequiado los "ex" no merecen caer en el olvido. Particularmente, estas palabras de D.Joaquín Arango, subsecretario del Ministerio de Educación y Ciencia, en plena huelga de enseñantes: «Yo fui un líder (del 68). Pero un líder de verdad, porque ahora parece que lo han sido todos (...) Cada vez siento más simpatía por mis antecesores, independientemente de sus ideologías. Y cada vez los comprendo mejor». Quienes conocimos al Sr. Arango hace veinte años no podemos evitar una cierta sorna ante el uso, muy extensivo, que da a la palabra "líder" al aplicársela a sí mismo. Pero en fin, quede su caso como muestra de una variante de "arrepentido" que ha abandonado armas más peligrosas para el sistema al que sirven que las metralletas: la honestidad y la integridad política, intelectual y humana.
Los elementos centrales del discurso oficial —es decir, el discurso de la cohorte socialista— sobre el 68 lo definen como una fecha de cierre, que puso fin a los "arcaísmos" políticos, ideológicos, económicos y sociales, acumulados en la postguerra. Reconocen que tuvo formas revolucionarias, pero lo justifican diciendo que, en este aspecto, 1968 siguió siendo "arcaico". Su auténtico contenido fue la búsqueda de una nueva modernidad democrática, hedonista e individualista. En conclusión, 1968 enterró definitivamente los proyectos revolucionarios socialistas y, con ellos, el marxismo.
Este esquema no permite comprender casi nada de la historia de estos veinte años. Peró tampoco lo pretende. Es pura ideología de esa neo-socialdemocracialiberal que padecemos. Obedece a los mismos objetivos de manipulación de la memoria colectiva que han actuado, con algún éxito desgraciadamente, en las pasadas conmemoraciones de la guerra civil.
La interpretación de 1968 como la fecha de apertura de una crisis global de la sociedad burguesa que sigue marcando aún nuestros problemas, nuestras esperanzas y nuestras tareas nos parece coherente con la historia real que hemos vivido en los últimos veinte años. Rescatar esta experiencia de las deformaciones interesadas, o del olvido de sus enseñanzas como acontecimiento político, es la tarea que nos hemos propuesto con este número especial de INPRECOR. Nos hemos ocupado especialmente del Mayo francés, porque son muy pocas las experiencias de grandes luchas de masas en Occidente desde el final de la 2ª guerra mundial, y no podemos permitirnos el lujo de no estudiar a fondo la que es posiblemente, la más significativa de todas ellas.
En el Tema hemos reproducido un artículo de Ernest Mandel escrito en caliente, pocas semanas después de Mayo. Ese texto tuvo una influencia muy considerable en la evolución política del sector del FLP que posteriormente daría origen a la LCR. Pero más allá de este interés para nuestra historia doméstica, el texto nos sigue pareciendo una pequeña obra maestra de análisis marxista y, quitando cuestiones menores de lenguaje o del aire de aquel tiempo, conserva una completa actualidad, lo cual, dicho sea de paso, es bastante excepcional entre los análisis que las diferentes corrientes políticas de izquierda radical hicieron entonces.
En el resto de los artículos hemos procurado trazar un panorama de conjunto de 1968 con artículos escritos por gente que vivió directamente los acontecimientos desde dentro de los países afectados o en tareas de solidaridad. En el caso del Estado español, además de gente "de la casa" como Jaime Pastor o Manolo Garí, contamos con las colaboraciones, que agradecemos, de Francisco Alburquerque
Y conscos lande estudianoses de signi, tratornas de dinias da duela
experiencia, opuestas, por tanto, a la del subsecretario.
Pensamos haber reunido un buen material para una reflexión sobre 1968. Un año al que bien se puede considerar del siglo XXI, en el mismo sentido en que 1871 fue un año del siglo XX. Un año que supone por sí mismo un programa de tareas y ante el cual, la única nostalgia legítima es la nostalgia del futuro.
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