Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Debate sobre la "Carta de la libertad"

· Inprecor n.º 54, mayo de 1987 · pp. 12-21 · 7.948 palabras

Independientes cuya preocupación primori e int su de a re el movimiento de masas antiapartheid y principalmente del movimiento sindical negro independiente. Esta prensa es la expresión del compromiso político de una corriente de intelectuales radicales y en ella se desarrollan debates sobre

En dos de estas revistas, Work in Progress y South African Labour Bulletin, se ha realizado recientemente un debate sobre el papel específico del movimiento obrero en el combate contra el apartheid y la lucha por el socialismo (cfr. recua-

El interés de esta discusión desborda ampliamente el círculo de sus protagonistas. Estos son, en general, intelectuales que trabajan con el movimiento sindical o en su periferia, comprometidos a algún nivel con el movimiento popular.

Sus opiniones reflejan bastante fielmente los puntos de vista políticos que existen en el movimiento de masas. Además, las revistas que han publicado estos artículos son leídas por centenares de militantes y dirigentes sindicales y

Aunque el impacto político inmediato de este tipo de discusión pública en el movimiento de masas sea limitado, es interesante estudiar sus razones y

NOTAS: (1). Ver Alec Erwin, artículo citado. (2). Cf. la edición internacional de Inprecor n° 229 del 3 de noviembre de 1986. (3). Jeremy Seekings escribe: «Los boicots por consumidores arrastran también necesariamente a los organizadores y los capitalistas de los townships a relaciones de dependencia mutua. Los primeros tienen necesidad de los segundos para hacer viables los boicots (...) los capitalistas a su vez dependen de los organizadores para el mantenimiento de los niveles de ventas, asi como para plantear sus reivindicaciones explícitas sus intereses implícitos. Cuanto más dependientes se hacen los unos de los otros, más sensibles se hacen a las "necesidades" o intereses de unos y otros. Si estos significa que los. comerciantes apoyan más las posiciones progresistas; pero esto significa también que organizaciones progresistas pueden volverse más tolerantes hacia el punto de vista de los comerciantes». (artículo citado).

Africa del Sur

DEBATE SOBRE LA CARTA

DE LA LIBERTAD los problemas que encuentra el movimiento popular.

dro).

responsables de asociaciones comunitarias diversas.

argumentaciones para comprender mejor lo que pasa hoy en este país.

La discusión a la que nos referimos ha tomado esencialmente la forma de un debate contradictorio sobre el lugar actual, la funcion y el contenido social de la Carta de la libertad, documento adoptado en 1955, que sigue constituyendo la base de referencia programa.

tica del Congreso Nacional Africano

(ANC). También da nombre a la corriente "cartista" que interviene en el movimiento de masas antiapartheid, constituyendo la mayoría del Frente

Unido Democrático (UDF) y de algunos sindicatos miembros del Congreso de los sindicatos sudafricanos (COSATU).

Los promotores de la Carta de la Libertad subrayan en general su utilidad para dos fines: por una parte, como de centralización de las instrumento reivindicaciones populares democráticas y nacionales, al ofrecer una base inmediata para unificar las movilizaciones de todas las componentes políticas y sociales del movimiento de los oprimidos; por otra parte, como síntesis de las principales medidas

Peter Blumer que debería adoptar un régimen que sucediera al poder actual.

Más allá de la discusión sobre la naturaleza de las reivindicaciones contenidas en la Carta, se aprecia en algunos de sus contradictores, una posición divergente más global con la corriente cartista, que es a menudo calificada de "nacionalista" o de "populista", en oposición a una orientación que diera mayor peso a la defensa de los intereses de la clase obrera. Los críticos de la Carta

Entre todos los argumentos planteados por quienes tienen un enfoque crítico de este documento se pueden distinguir algunos grandes rasgos comunes. En primer lugar, la insistencia sobre el carácter históricamente superado de un documento adoptado en 1955, si se tienen en cuenta las

Página 13

importantes modificaciones económicas y sociales que ha conocido el país y la evolución de la configuración del propio movimiento de masas época. Estos autoress por ejemplo, que la Carta de la libertad no podía tener en cuenta cimiento excepcional del proletariado negro que ha tenido lugar en estos últimos decenios, originando un nuevo movimiento obrero con la constitución de grandes sindicatos industriales en cualquier programa democrático debe dotarse de un lugar sustancial para las por el movimiento sindical independiente, lo que no está explícitamente hecho en la Carta de la Libertad.

De todas formas hay que reconocer que estas reivindicaciones obreras cuenta en los casos más recientes de acción entre las diversas componentes del movimiento masas. Así, a comienzos de octubre, cuando la UDF, el COSATU y el Comite Nacional de la crisis de la enseñanza nacional de unidad contra el apartheid y el estado de urgencia, ésta se acomuna plataforma en diez puntos en la que además de las reivindemocráticas como la libertad de expresión y de asociación, aparecían otras exigencias más específicamente ligadas al movisindical como las exigencias de un salario decente para todos los trabajadores, de un sistema adecuado de seguridad social y del derecho de

Si los diez temas planteados en esta campaña muestran la realidad del consenso - pues se puede encontrar el aporte de cada una de las tres componentes que están en la iniciativa de este llamamiento-, también hay que subrayar el lugar de las reivindicaciones obreras en esta plataforma. Esto es una consecuencia directa del papel que juega hoy la clase obrera organizada, principalmente el COSATU, en la lucha y el proceso de unidad.

El punto de vista de los críticos de la Carta puede pues resumirse por la fórmula de uno de ellos, Duncan Innes, que afirma: «Una visión obrera del futuro exige más de lo que propone la

Para la mayoría de sus críticos, la Carta, siguiendo la tradición nacionalista, apuntaría esencialmente a realizar la unidad más amplia posible, sin una gran preocupación por la defensa de los intereses a largo plazo de las masas más explotadas, a saber, los obreros negros. Esto conduciría ine"populismo" que llevaría la lucha de liberación a un callejón sin salida. Por según ellos, plantear ya el problema de las futuras transformaciones sociales, y para eso, es necesario dar toda su importancia a las reivindicaciones propias del movi-

Asignar estos objetivos a la lucha de masas modela de una cierta forma las alianzas de clases en el seno del movimiento popular. Y ahí es donde se expresa una de las principales criticas a la Carta. El frente social deberia estar claramente dominado por la clase obrera. Ahora bien, la Carta de la Libertad, al buscar el mínimo común denominador al conjunto de las clases y capas oprimidas, favorecería la hegemonía de los sectores pequeñoburgueses sobre el movimiento de masas. Para apoyar esta tesis, se citan a menudo dos elementos: por un lado, la naturaleza "multiclasista" de la UDF y la composición social pequeñoburguesa de su dirección; por otra, la actitud muy oportunista de algunas capas pequeñoburguesas y burguesas negras, que, escondiéndose tras esta forma de unidad antiapartheid, se aprovechan del movimiento de masas para satisfacer sus propios intereses económicos. Es así como, para algunos, el boicot a los comercios de los blancos permitió a comerciantes negros hacer buenos negocios(3).

Para demostrarlo, la argumentación se funda en un análisis crítico del contenido social de las medidas propuestas por la Carta. puntos controvertidos es el de las nacionalizaciones. Se le reprocha al documento de los cartistas una formulación vaga que no plantea la cuesțión del control obrero ni la de la naturaleza del Estado que llevaría a cabo esas nacionalizaciones. Así, Duncan Innes afirma: «Los intereses de los trabajadores no pueden ser salvaguardados cuando la nacionalización está asociada al control obrero democrático de las industrias nacionaliza-

En definitiva, la Carta no colocaría

Página 14

(4). Algunos autores se interrogan sobre este problema. Y Duncan Innes afirma por ejemplo: «En el momento en que el movimiento obrero resurgió de las huelgas de masa de 1973, lo hizo específicamente como movimiento sindical que se movilizaba sobre salarios y condiciones de trabajo. Aunque ningún verdadero movimiento obrero pueda permitirse abandonar estas cuestiones, no puede tampoco limitarse a ellas». (artículo citado). (5). Ver McLean, artículo citado. (6). Ver R. White, artículo citado: «Uno de los objetivos y uno de los efectos más importantes del boicot por los consumidores fue oponer aún más la pequeña burguesía comerciante negra al Estado y consolidar alianza entre esta clase y otras clases/fracciones de clases oprimidas».

al movimiento de masas en el camino de la lucha por el socialismo.

Ninguno de los autores aquí mencionados reprocha sin embargo al programa del ANC no ser más que un programa democrático mínimo. sintetice las reivindicaciones democráticas y nacionales de las masas populares. Pero estiman que la orientación general de la Carta corresponde, de hecho, a alianzas de clase y a objetivos que son los de una simple revolución nacional democrática, sin garantías de mejora decisiva de la suerte

/ del lugar de las masas explotadas er

Esta primera parte del debate versa pues globalmente sobre el lugar real que puede tomar el movimiento obrero negro en la lucha de emancipación. ¿Se tratará simplemente de tener en cuenta las reivindicaciones obreras en el marco de un programa democrático revolucionario?. ¿O bien se tratará de dar a la clase obrera un papel hegemónico social y de dirección política al conjunto del movimiento?. Esto es lo que está en juego en la discusión. Esta no surge de la nada. Tiene sus raíces en las mutaciones sociológicas de estos últimos años y el desarrollo espectacular del movimiento sindical. Este último es el resultado del crecimiento absoluto de la clase obrera industrial negra desde hace veinte años y la aparición de una dirección que realizó una serie de medidas tácticas de implantación que se han demostrado eficaces. El lugar de la clase obrera en las luchas democráticas

En este último período ha nacido así un nuevo tipo de movimiento obrero sudafricano. Y su actividad es la que está en el trasfondo de este debate. Pero su expresión política propiamenha quedado limitada por ahora al marco de la actividad sindical. Las principales direcciones sindicales privilegiaron voluntariamente, en un primer tiempo, una intervención orientada hacia el enraizamiento en empresas para estabilizar organizaciones mediante victorias en reivindicaciones elementales e inme. diatas. También la preocupación del respeto de la democracia en el movimiento sindical. Esto dio lugar al nacimiento de los grandes sindicatos de los principales sectores industriales, estructurados bajo la forma de redes de delegados de taller (shop steward) que ya han demostrado su capacidad en la acción reivindicativa.

En este estadio de su desarrollo, la intervención de este nuevo movimiento obrero en el terreno político propiamente dicho se ha efectuado por medio de la actividad de estos sindicatos en ocasión de campañas unitarias con las asociaciones comunitarias, por medio de sus múltiples declaracio.

nes, entrevistas, resoluciones, congresos sindicales, de su prensa, y del papel de algunos de sus miembros en los

"townships"(4). Se puede añadir igualmente el esfuerzo emprendido en el trabajo interno de educación de los militantes sindicales.

Lo esencial de la vanguardia obrera se constituyó a partir del movimiento sindical. Es pues, en este crisol donde se ha desarrollado la conciencia de clase de los sectores obreros más avanzados. Se puede uno preguntar si era posible otro camino y si la vanguardia obrera habría podido expresarse inmediatamente bajo la forma de organizaciones políticas obreras implantadas. Parece poco probable si tiene en cuenta la historia reciente de este movimiento obrero y las características de su desarrollo.

A este nivel del análisis, no es inútil recordar el estado actual de la reflexión del movimiento sindical sobre la cuestión del lugar de las reivindicacio. nes obreras en la lucha. demos la palabra a Maxwell Xulu, presidente del sindicato de la metalurgia (MAWU), miembro del COSATU, que declaró en una entrevista publicada en el órgano de este sindicato "Umbiko we Mawu" del mes de septiembre de 1986: «Hace tiempo, algunas personas tenían la costumbre de decir que no había necesidad de un programa obrero porque teníamos la Carta de la Libertad. Pues bien, todo lo que quiero decir sobre esto es que la Carta de la Libertad fue redactada hace treinta años. Y desde entonces han cambiado muchas cosas. Ahora tenemos una clase obrera muy importante y muy desarrollada.

grupos de sociedades —capitalistas monopolistas como el Anglo-American Corporation y Barlow Rand etc. Hay también miles de trabajadores organizados en sindicatos. Todo esto tiende a reforzar a la clase obrera. Este programa obrero es un gran paso adelante para la lucha Hablará también de qué tipo de socie. dad quieren los trabajadores después

La actual limitación de la expresión sudatricano fija sin embargo ciertos límites al debate político.

En Africa del Sur, hoy, la clase obrera, en el sentido amplio del no puede ser reducida únicamente al proletariado industrial que trabaja efectivamente en las empresas y que constituye la espina dorsal del movimiento sindical negro independiente. Una parte importante de la población de los townships

Página 15

parados, jovenes), muy precario ampliamente asimilable al proletariado. La mayor parte de estas categocomunitarias en lugares de residencia.

La unidad de todas estas componentes obreras no puede únicamente mediante la prolongación de la intervención sindical townships, incluso si esta última es

Plantea objetivamente el problema de una relación permanente y estructurada entre el movimiento sindical y el de las comunidades, que aparecen como dos formas complementarias de organización de masas. Así pues, realizar la unidad obrera ya necesita reflexionar sobre las modalidades reivindicativas y organizativas que permitan tender el puente entre el movimiento asociaciones de los townships popusindical a integrar en su programa reivindicaciones que no son sólo las de la franja industrial del proletariado: el COSATU se orienta en este sentido parados, a los trabajadores agricolas y a las empleadas de hogar. proletaria no puede pues resolverse con la acción aislada de la fracción del proletariado industrial actualmente organizado en el movimiento sindical, incluso si esta constituye de cierta forma su vanguardia.

problema es el dificultades hegemonía política del movimiento obrero, si se de su forma actual, sindical. Pues si el sindicato puede en ciertas circunstancierto punto, las necesidades específicas, incluídas políticas de la clase obrera, le es mucho más difícil, por su naturaleza y modo de reclutamiento, jugar en cualquier tiempo y lugar el papel efectivo de una dirección política de la lucha. Esto se ha demostra.

Men algunos township, dado el desfase existente entre el nivel de conciencia, los temas y metodos de acción propias de las diversas componentes de la población. Los defensores de la Carta

En esta discusión, todos los que se han pronunciado, en defensa de la Carta de la Libertad lo han hecho reclamándose igualmente de tomar en cuenta los intereses particulares de la clase obrera. Por ejemplo, para uno de ellos, Hugh Mc Lean, la Carta debe

«ser comprendida como una serie de reivindicaciones mínimas de la clase obrera sudafricana que proporcionan las bases para la elaboración de un programa socialista». La mayor parte estiman también que hay en las críticas formuladas hacia la Carta una clara subestimación de las reivindicaciones más inmediatas de las masas populares, referidas a la vivienda, la reproche no parece fundado cuando se ve el lugar que se da a estas reivindicaciones elementales en el programa del COSATU, que los críticos de la Carta consideran como una referen-

En realidad, el principal argumento adelantado en defensa de la Carta se refiere a la definición del movimiento popular y obrero. Según este punto de vista, en efecto, sería erróneo y obrerista dar a entender que el movimiento de masas es hoy un movimiento populista dominado por la pequeña burguesía negra. Mc Lean explica así que según él: «Estas clases deben ser ganadas al movimiento de masas en virtud de un programa socialista que

#ESS FOR PEACE

EMBARGO

SOUTH AFRICA

NOT

NICARAGUA

garantizará sus derechos a trabajar la tierra y de participar en el pequeño comercio y la industria» Y Jeremy Cronin precisa que: «El obrerismo, correctamente dirigente de la clase obrera, no llega a ver que este papel debe ser jugado en todos los frentes de la lucha y no sólo sectoriales, puramente obreros, ligados al lugar de trabajo».

Pero si las divergencias se situaban esencialmente en este terreno, ¿como habría que interpretar, cuando se defiende la Carta, el que este documento no de ninguna indicación sobre la naturaleza social de las nacionalizaciones a efectuar y el futuro Estado que debe ser su dirigente? Mc Lean responde a esta crítica términos: «Para ellos, esta laguna así como otras que consideran como cruciales, hacen al documento ambiguo. La gran mayoría de sus críticas se refieren a partes que consideran como incompletas o limitadas en lo que se refiere a su concepción de la nueva sociedad. Sin embargo, hay muchas reivindicaciones que no están planteadas en la Carta: por ejemplo, no exige poner fin a la discriminación legal y social contra los homosexuales; ni acabar con la polución o la energía nuclear. Hay también muchos detalles que la Carta no da sobre la naturaleza de la sociedad futura. Esto es debido a que la Carta no es una tesis, ni tan siquiera un programa para el cambio. La Carta es una serie de reivindicaproblemas y aspiraciones de la clase obrera (...). La Carta no está formulada con una retórica socialista rigurosa, pero el apoyo a las reivindicaciones movimiento de masas hace de la Carta de la Libertad una base necesaria para la construcción del socialismo».

Así, según este punto de vista seria tendencioso reprochar a la Carta ser un programa impreciso y estrictamente nacionalista. Esta crítica sería profundamente sectaria y conduciria a una posición rígida en el seno del mo. vimiento de masas. No permitiría ver actuación democrática pequeñoburguesas oprimidas para luchar al lado de los trabajadores. Por ejemplo, contrariamente analisis, el boicot a los comercios blancos habría demostrado claramente que los comerciantes negros podían asociados al movimiento y ser convencidos para no precios en los townships(6). La unidad así propuesta se basa en convergencias políticas y económicas como se deduce de las manifestaciones siguientes de Jeremy Cronin: señalarse que los intereses comunes no son todos políticos y que intereses divergentes no

Página 16

económicos, en el marco de una alianza popular y multiclasista. En Africa del Sur, por ejemplo mientras que los comerciantes negros oprimidos y los trabajadores negros tienen intereses políticos comunes (abolición de zonas de residencia por grupo racial. los "pass laws", etc) tiener también algunos intereses economicos comunes (la lucha contra la dominación de los monopolios, por ejemp/o)».

Este movimiento amplio unitario, reunido sobre las bases de la Carta, sería de hecho, a pesar de todo, hegemonizado por la clase obrera y podría así poner en pie instrumentos de control popular y plantear la cuestión del poder.

Sin embargo, si estas contribuciones defendiendo la Carta de la libertad se refieren todas a la hegemonía efectiva de la clase obrera sobre el movimiento popular, ninguna precisa el contenido político y las modalidadas organizativas concretas según las que esta hegemonía se realiza. ¿Qué frente unido?

Sin duda son muy pocos los que en Africa del sur ignoran la necesidad de una unidad de todos los oprimidos en la lucha. Pero la cuestión que generalmente se plantea sobre este tema es la del contenido político de esta alianza y de su forma organizativa.

Sobre este punto, dos autores partidarios de la Carta, Tony Caron y Max Ozinsky, acusan a sus contradictores de no comprender que «la unidad en la lucha se funda en conceptos mutuamente aceptados ni, a fin de cuentas, en un programa compartido de reconstrucción. Depende de una voluntad en el seno de las diferentes organizaciones de lucha, conjuntamente, para alcanzar objetivos comunes a pesar de las divergencias programáticas y conceptuales». Según ellos, no hay que ver las cuestiones programáticas «únicamente en relación a la tarea de reconstrucción en una sociedad ya liberada de la dominación de la minoría». Si no, se olvida entonces «enfrentarse a estos problemas con un enfoque a la vez programático y práctico, para realizar esta etapa de la lucha de liberación».

Para estos autores, los que criticar la carta no comprenden en realidad la importancia de una batalla democratica amplia que englobe a todas las fuerzas sociales interesadas en la liberación nacional. Por otra parte, para Karon y Ozinsky, la Carta reuniría las exigencias inmediatas de la clase obrera. Sin ser en sí un programa socialista, no dejaría por ello de constituir, a sus ojos, la base programática de una etapa hacia e! Nelson Mandela, líder histórico del ANC. socialismo.

Página 17

EL SECRETARIO GENERAL DEL PC

HABLA DEL PAPEL DE SU PARTIDO

En una reciente entrevista publicada por Marxism Today, revista mensual del Partido Comunista de Gran Bretaña, presidente del Partido comunista sudafricano (SACP), Joe Slovo, que por otra parte es miembro del ejecutivo nacional del ANC, responde así a una pregunta sobre papel de su partido: «La respuesta, en una sola frase, es: porque necesidad en Africa del Sur de trabajar. Africa del Sur socialista. Y subrayo la para la realización última de una palabra última, porque el contenido principal de la lucha inmediata está centrado sobre lo que nuestro programa describe como la revolución nacional democrática, que implica la creación de un poder popular basado en reivindicaciones generales de la Carta de la libertad.

«En lo que se refiere a esos objetivos inmediatos y la estrategia y la táctica ligadas a su realización, existe un amplio acuerdo entre el ANC y nuestro partido (...)

«Pero, a pesar de esta similaridad de avance, nosotros, como partido comunista tenemos una responsabilidad especial en relación a la vez a la lucha inmediata y a nuestro objetivo, el socialismo. Nosotros nos consideramos como el partido de clase del pueblo trabajador. Y tenemos una responsabilidad histórica especial para asegurar que esta clase, la clase obrera, juegue su papel legitimo en la alianza de clases que exige la lucha inmediata. Es necesario para asegurar que la clase obrera y sus aspiraciones no sean ahogadas por otras fuerzas sociales que pueden ver la liberación únicamente como el reemplazo del rostro blanco por un rostro negro en el lugar del explotador.

«El ANC es una expresión de alianza de clases. Es un movimiento nacional que engloba todas las clases y grupos entre los negros oprimidos y que está incluso abierto; hoy a los demócratas blancos que están dispuestos a hacer causa común con él. El ANC no puede y no debe limitarse a las aspiraciones de la clase de la que los comunistas decimos que representamos los intereses. es la función del partido afirmar y salvaguardar celosamente el papel de la clase obrera en el seno de la alianza que existe en la etapa actual no en un futuro milenario.

«Pero a parte de esto, está la perspectiva socialista, que, aunque no esté al orden del día inmediato de la lucha, no puede ser dejada de lado hasta que la pretendida primera etapa sea canzada. En lo que nos concierne como comunistas, china entre la pretendida primera etapa y la pretendida segunda etapa. La revolución va a ser un proceso continuo y nuestra tarea es asegurar que incluso en la etapa actual presentemos permanentemente al pueblo trabajador la perspectiva a largo plazo del socialismo, el lazo vital entre todo el concepto de liberación nacional y la emancipación social».

A la vez que se presenta como la vanguardia de la clase obrera, Secretario General del SACP permane. ce silencioso en esta entrevista sobre las relaciones con el movimiento sindical negro independiente en Africa del sur. Este tema aparece en unas declaraciones Slovo, dentro de un artículo publicado en el órgano de su partido, African Comunist, número 107 del cuarto trimestre de 1986, en el que se pueden leer las frases siguientes:

«Debe subrayarse que la participación de los trabajadores (sean o no comunistas) el movimiento nacional y el papel jugado por un movimiento sindical independiente y intimamente ligados en el marco del proceso de afirmación del papel de los trabajadores. Pero rechazamos el populismo organizativo de quienes ven el taller como el único terreno de la lucha de clases, llegando a contraponer el partido y el movimiento sindical como estructuras en competencia por tener la dirección política de la clase obrera. Estamos enteramente de acuerdo con Jav Naidoo, secretario general del COSATU, trabajadores organizados (en el movimiento sindical) no son representativos de toda la clase obrera, pero constituyen su arma más poderosa". (South African Labour Bulletin abril

1986 p.39). El representante de toda la clase obrera está constituido por una vanguardia política, lo que nosotros pretendemos ser; tal título debe por supuesto ser ganado por la cualidad de la dirección en la práctica y no por una simple proclamación».

Respondiendo a un análisis crítico, efectuado por ciertas contribuciones española, Chile de Allende), estos dos autores afirman: «Aunque haya habido un cierto número de ejemplos de frentes populares que hayan conocido la derrota, no ha habido nunca un ejemplo de victoria para la clase obrera sin que ésta haya realizado alianzas populares». Y para reforzar . sus afirmaciones, no dudan en reescribir a su manera la historia del movimiento obrero internacional. pretenden que en la España republicana «si la clase obrera hubiera abandonado el Frente Popular pasado a aplicar un programa socialista, el resultado habría sido adelantar algunos años el derrumbe de la República. La defensa de la República fue la tarea más inmediata y vital del proletariado español». En relación con la experiencia chilena bajo la presidencia de Allende, señalan: «La ultraizquierda impulsó ocupaciones desordenadas de empresas pequeñas. y económicamente sin importancia, expresando así su descontento con el ritmo de las nacionalizaciones emprendidas por el gobierno de Unidad Popular. Esto contribuyó directamente a alejar a la pequeña burguesía de la Unidad Popular y reforzó el apoyo interior a la intervención imperialista».

A pesar de sus profesiones de fe antiizquierdista, estos dos autores hacen observaciones importantes en lo que se refiere a la conducta de la lucha en Africa del Sur, en particular cuando afirman: «Hablar de la necesidad para la clase obrera de buscar aliados en su lucha, es reconocer que algunos de los intereses de la clase obrera, tienen también diferencias de actitud importantes. La clase obrera busca estos aliados porque ella es incapaz, sola, de completar tareas que esenciales para su avance. aceptamos que la unidad entre las diferentes clases en la lucha nacional democrática no es una identidad de

Use base en el completo de la clase

Pero justamente, puesto que no hay identidad absoluta de intereses entre oprimidas que integran el movimiento de lucha contra el régimen, la necesidad de elaboración de un programa democrático nacional común al conjunto de este movimiento no excluye, por otra parte, la formulación de un prorevolucionario.

igualmente, la búsqueda de alianzas sociales en las luchas cotidianas no hace inútil la formación de una

Página 18

(7). Ver sobre todo las resoluciones del congreso del sindicato de los trabajadores de la metalurgia, MAWU, internacional de Inprecor n° 228 del 20 de octubre de 1986. Dando cuenta de este congreso, el órgano del MAWU, Umniko we Mawu de julio de 1986 escribe: «El MAWU está totalmente comprometido con el principio del control obrero. Esto no es negosimplemente controlar su sindicato, deben también dirigir la lucha de liberación en Africa del Sur. Si los trabajadores no están entonces no hay ninguna garantía de que el

Botha sea reemplazado por el (8). Entre los principales sindicatos que se han desarrollado a comienzos de los años 1980, sobre todo la federación FOSATU, la cuestión del no racismo era una cuestión programática esencial.

vanguardia obrera que lucha por el socialismo. ¿No son esos elementos esenciales para afirmar el papel de la clase obrera en el movimiento de masas, del que todos los que partician en el debate se reclaman de una l

›tra forma. Conciencia nacional y conciencia de clase

Es fácil comprender las razones por toda esta discusión gira alrededor de la Carta de la libertad y de su interpretación. Prohibido en Africa del Sur, el ANC aparece de movimiento popular muy amplio cuya bandera es la Carta. La UDF expresa sobre esta base la adhesión de una parte de las organizaciones populares

Para todos los que quieren debatir sobre la línea política del ANC, parece bastante pedagógico al fin y al cabo, comenzar por tratar sobre la Carta. Pero esta discusión puede entonces tomar una forma más bien abstracta.

Los defensores de este programa no ignoran — y a veces lo subrayan— que la Carta tiene, al menos, el "defecto" de haber sido escrita hace ya 30 años. Se puede eventualmente defender el método general pero sería difícil decir hoy que cada una de sus líneas corresponde a las necesidades populares. Para no tomar sino un ejempio, señalemos que el desarrollo contemporáneo del capitalismo en Africa del Sur plantea bajo una forma bastante realización económicas previstas por la Carta.

Pero si la Carta es un programa que ha envejecido, ¿cómo explicar la defensa estricta que hacen de ella el ANC y una corriente importante del movimiento popular?. Para comprender esto, hay que referirse a la utilización particular que el ANC hace de este documento: tiene una función que su contenido inmediato, simbolizando su legitimidad y su continuidad histórica.

La Carta expresa una historia, la de las luchas de los años 50 y las repreșiones de 1960. Utilizarla hoy como un símbolo, es para el ANC subrayar una continuidad y una cierta legitimidad sobre el conjunto del movimiento de masas. La Carta como "programa expresaría pues implícitamente una hegemonía natural espontánea del ANC en todos los sectores en lucha: Pero los autores señalados, que defienden la Carta de la Libertad, lo hacen evocando el papel particular de la clase obrera y reconoocurridas en el pais. Al hacerlo, dan pie a una objeción: ¿por qué pues no proponer en este caso un vasto debate enmendar la Carta?. ¿Porqué no proponer la celebración de un nuevo "Congreso del pueblo", como el que habia tenido por objeto aprobar la Carga de la Libertad en 1955, incluyendo los sindicatos, los movimientos munitarios, etc, con el objetivo de definir una nueva redacción de la Carta?.

Es evidente que una discusión de puesta al día del programa democrático necesario para centralizar la acción del movimiento de masas actual abriría la vía a nuevos y ricos debates. Estos debates constituirían la ocasión irremplazable de una politización acrecentada de las masas, de un ejercicio público de democracia obrera y de una confrontación de los puntos de vista políticos respetando los criterios de-

La emergencia de un movimiento obrero plantea tipos de problemas nuevos que los militantes de los años 1950 podían quizá ignorar pero que hoy no se pueden esquivar y deben ser debatidos. primero es el del lugar de las reivindicaciones de control obrero sobre la producción industrial y sobre las diferentes alternativas económicas y sociales(7). El segundo trata sobre el papel de las clases trabajadoras en general en la formación de la conciencia nacional. En otros términos, cuál es la relación entre conciencia de clase y conciencia nacional para avanzar hacia una Africa del Sur democrática y

En los años 50 ya existía este debate. En esa época, el ANC sosteplanteaba la existencia de varias cuestiones nacionales distintas según las (Mestizos, Indues, Africanos, Blancos). Proponía pues una solución política de tipo federal y plurinacional. En este contexto el ANC entendía representar a los africanos.

Incluso quienes en esa época tenían una visión menos formal de la cuestión nacional, no podrán dejar de tener en cuenta el nivel medio de conciencia de los diversos sectores de la población oprimida. Las divisiones del movimiento de masas según clasificaciones raciales no eran entonces sólo fruto de la política de apartheid del nuevo, gobierno llegado al poder en 1948 tras la victoria electoral del Partido nacionalista. Estas divisiones reposaban igualmente en prejuicios antiguos y bien anclados en toda la historia colonial del país.

Hoy a pesar de la persistencia de tales prejuicios, se forma una concien-

_poco a poco en la práctica de las luchas cotidiánas, que acerca entre sí a todas las comunidades oprimidas. La convergencia de

Página 19

las movilizaciones de estos últimos años constituye un reflejo de ello. Pero desde este punto de vista, la Carta sigue marcada por el ambiente de la época en la que fue redactada. Si hubiera sido preciso entonces traducirla a términos jurídicos y legislativos, no está nada claro que se hubiera llegado a instituciones gubernamentales no raciales. Por el contrario, una forma de federalismo multiracial habría podido derivar de las formulaciones de la Carta.

Esto ya no es en absoluto algo conforme a la orientación mayoritaria del movimiento de masas actual y principalmente a la demanda de una Africa del sur unitaria, democrática y no racial. Esta orientación es unánime, poco más o menos, entre todas las corrientes políticas. Aparte de algunos sectores salidos del movimiento de la conciencia negra, que plantea todavia una especie de nacionalismo africano, todo el mundo se ha unido al no racialismo, es decir a un proyecto de sociedad en la que toda clasificación social o religiosa —aunque fuera propuesta en nombre de la democracia- estaría prohibida. El respeto de las culturas y de las creencias de las diferentes comunidades es claramente un elemento del programa democrático. Pero su garantía no podrá emanar de una clasificación racial que es precisamente lo propio del sistema de apartheid combatido.

El ANC ha evolucionado igualmente respecto a sus posiciones originales. Ha adoptado el no racialismo y no plantea ya la cuestión nacional en los mismos términos que en los años 50. Otras corrientes han conocido una trayectoria idéntica. Pero el movimiento de maduración de la toma de conciencia nacional ha venido de fuera: ha venido de las fábricas.

Esta evolución en la conciencia de las masas populares sudatricanas no es pues simplemente el fruto de un debate de ideas entre corrientes y direcciones políticas. Son de hecho las mutaciones de la formación social surafricana las que han sido el motor de estas evoluciones ideológicas. Claro está, el proyecto de una sociedad unitaria, democrática y no racial existía desde hace múcho en los programas de grupos políticos minoritarios. Pero ha tomado cuerpo realmente en el movimiento obrero, en el movimiento sindical, con la aparición de organizaciones como la Federación de los sindicatos sudafricanos (FOSATU). (8)

No es difícil comprender las razones. El movimiento obrero, sobre todo en las regiones como la provincia del Cabo y de Natal, debía unificar a los trabajadores mestizos, hindúes, y africanos, para desarrollar su influencia y llevar a cabo sus acciones reivin-. dicativas. El sindicalismo indepen-

Interior de una vivienda en Soweto. diente y lucha de clases no podía pues sino ser igualmente un sindicalismo no racial. Es él el que en la práctica, ha desarrollado esta amplia revolución cultural, que durará mucho todavía, y que consiste en forjar una nueva conciencia, la de ser sudafricano (o Azaniano) sin referencia al color de la piel. La práctica ha demostrado que esta toma de conciencia nacional no es independiente de la toma de conciencia de clase. Más que cualquier otra capa social de los oprimidos, la clase obrera es pues el crisol de experiencias necesarias a la unificación de las masas oprimidas, incluso en el terreno de la toma de conciencia nacional.

La UDF expresa este proceso de forma diferente. Este frente agrupa en efecto a una parte sustancial de las asociaciones comunitarias que están constituídas sobre la base del lugar de residencia. Ahora bien, en razón de la discriminación racial en materia de vivienda, sistematizada por el "Group Areas Act", la UDF coordina por ello estructuras que recubren una clasificación racial. Esta situación puede ser solamente transitoria, si se consiguen extender rápidamente las relaciones mutuas entre el conjunto de la población oprimida. Pero el problema es diferente cuando se aborda la cuestión de las asociaciones de comerciantes o de pequeños patronos negros, cuyas fuentes de rentas y acumulación están situadas en los límites de su comunidad racial. Ciertos autores han súbrayado los problemas que han surgido en Natal entre negociantes indúes y zulus defendidos por el partido del jefe Buthelezi, Inkhata.

En tales circunstancias, se asiste a un proceso inverso al descrito anteriormente para la clase obrera: aquí, es la conciencia de clase -burguesa o pequeñoburguesa— la que obstaculiza la formación de una conciencia nacional desracializada. Programas y direcciones políțicas

La Carta de la libertad es programa que da un horizonte político concreto a las luchas democráticas. La cuestión nacional en Africa del Sur impone dirigirse a un movimiento de masas con un programa de acción cuyos objetivos inmediatos carácter democráticos y nacionales. Desde este punto de vista, sería erróneo criticar a la Carta con el pretexto de que no dice explícitamente que hay que luchar por el socialismo.

Tomar la Carta como blanco de una crítica que apunta más generalmente estrategia del ANC, comporta algunos inconvenientes. Algunos críticos de la Carta se han orientado a debatir esencialmente las formas que debe tomar la sociedad futura, subestimando un problema de importancia: la cuestión de la toma del poder, cuando precisamente esta es la base de la necesidad

Página 20

(9). En su número de marzo del 86, el órgano

Sechaba, explicaba: «La formación del COSATU representa el refuerzo de las estructuras legales, públicas del movimiento sindical. Mientras que la mayoría de la clase obrera de nuestro país reconoce esta relación (entre el movimiento sindical y el ANC ndir) algunas fuerzas imperialistas así como revolucionarios de salon intentan minaria. Actúan así a fin de ayudar a desarrollar una fuerza alternativa al ANC, fuerza dirigente en nuestra lucha de libe. (10). Entre los ejemplos más importantes del papel de la táctica, se podría mencionar la actitud de los principales sindicatos hacia las reglas de registro y los consejos industriales impuestos por el Estado. Los debates sobre estas cuestiones han sido importantes en los años 82 y 83. Ha sido probado luego que esta actitud flexible no había sido una "traición" a la clase obrera. (11). La necesidad de una Carta obrera o de un programa obrero fue muchas veces mencionada. Ver Duncan Innes (artículo citado) y el periódico del MAWU del mes de septiembre de 1986.

de un programa unitario y democrá-

Hay pues una parte de verdad en la critica hecha por Karon y Ozinsky. En efecto, no basta con debatir sobre las formas que puede y debe tomar la sociedad futura. Al menos hay que resolver la cuestión de la toma del poder. Esta cuestión no puede ser resuelta más que asegurando al proletariado la ayuda de un frente democratico más amplio.

Ciertamente, no es indiferente para el futuro de la lucha saber si este frente está dirigido por la clase obrera • no. Tampoco es correcto guardar silencio sobre la naturaleza social del futuro Estado a construir. Pero la credibilidad política en el movimiento de masas pasa hoy por la formulación de una estrategia concreta que plantee la cuestión del poder. Y el debate sobre la Carta versa casi esencialmente sociedad futura, lo que plantea implícitamente la cuestión del socialismo pero deja insatisfechos a quienes esperan un avance en la elaboración de un proyecto revolucionario a corto plazo.

Cualquiera que sea la apreciación que se tenga sobre los ritmos actuaresponder a lo que constituye ya una inmediata por parte de sectores decisivos del movimiento popular. Si no, calendas griegas cualquier idea y debate sobre la crisis revolucionaria.

No puede pues tratarse simplemente de hacer una exégesis de los diversos programas democráticos publicados en este país desde comienzos de siglo. A pesar de sus ambigüedades, señaladas por unos y otros, la "derechista" o más "izquierdista" que otros programas del mismo tipo. Como algunos de éstos, está marcada por la época en que fue escrita en sus formulaciones y en algunas de sus reivindicaciones. Es pues importante no reducir la discusión a una simple interpretación de la Carta y para ello hay que evitar cualquier fetichización de este documento. La misma dirección del ANC se sirve, más a menudo de la Carta como de un símbolo que como de un proyecto político concreto.

En sí mismo, un programa que hiciera explícitamente referencia a la revolución proletaria y al socialismo no ofrecería tampoco garantías absolutas sobre el porvenir de la lucha. Cuando hay que determinarse en relación a un programa de acción o a un programa democrático, el verdadero problema reside-de hecho sobre todo en otra parte: en la naturaleza de la dirección política que lo pone en práctica. Pero sobre este punto preciso, todos los protagonistas del debate, cualquiera que sea su opción, encuentran una dificultad.

Quienes defienden la Carta de la Libertad en nombre de la lucha de la clase obrera estiman que las críticas de izquierda de la Carta son sectarias y que en realidad este documento constituye el primer eslabón de una lucha democrática del proletariado. Explican que la Carta es un programa minimum democrático, pero tienen dificultades para citar un programa más completo, o cualquier proyecto de sociedad mas concreto tanto en los documentos de la ANC, como en los del Partido Comunista sudafricano.

Karon y Ozinsky afirma por ejemplo que «la lucha democrática nacional es un paso obligado en la lucha por el socomprende que en este marco, la Carta tenga para ellos una función esencial para realizar la unidad de las masas populares indispensable para la victoria revolucionaria. Pero si se trata simplemente de apoyarse en un programa democrático mínimo para unificar el movimiento de masas, entonces el paso a una perspectiva socialista, de la que se reivindican, exigiría la existencia de una dirección política ganada a esta idea y de un programa político revolucionario que popularice esta estrategia. En este caso, estos autores se encuentran obligados a precisar su análisis del ANC. Y entonces, se les plantean dos problemas inevitables: ¿La ANC o una parte de esta organización será la dirección obrera? ¿Qué puede decirse del Partido Comunista Sudafricano y

Sobre estos puntos precisos no aparecen claramente las respuestas. Hugh Mc Lean escribe por ejemplo a propósito del nivel de conciencia del movimiento popular: «Esta combativisu reflejo en canciones revolucionarias cantadas en los funerales colectivos y en los mítines y el despliegue de las banderas del Congreso del SACP. popularidad del SACP y de la bandera roja se comprende por la asociación ampliamente simbolos y la revolución y el control obrero, aunque esto represente muy inexactamente la posición del SACP». Karon y Ozinsky en su artículo explica que «la Carta es el programa común de todas las clases en la lucha de liberación nacional(...) Pero no sugerimos que la Carta dificulte el desarro. llo de la dirección obrera en la lucha de obrera en esta lucha debe ser establecida: no puede ser garantizada por una

La represión hace evidentemente este debate complicado y precario en el interior de las fronteras sudafricanas. Allí no se puede discutir libre y

Página 21

abiertamente de temas sin embargo tan generales como la estructuración política del movimiento de masas. Organizaciones como el ANC y el partido Comunista están proscritos. Pero el problema no puede reducirse

Los autores que critican la Carta se enfrentan por su parte cuestión. No se puede decir de ellos, como hacen aigunos, que son izquiertambién que en este país hace falta un para unificar al movimiento de masas. La verdadera discusión no esta sobre la necesidad de tal programa, sino sobre la naturaleza política de la dirección que lo pone en práctica. Entonces, y más allá de sus críticas al documento de base de la corriente cartista, se plantean una doble cuestion: ¿qué alternativa política proponer y organizativo y programático?. Hace algunos años, algunos sindicalistas habían evocado públicamente la idea de la necesidad de construir un Partido de los trabajadores, lo que indicaba a las claras lo que estaba en juego realmente en el debate. Pero el ..conciencia política es algo infinitamente complicado. Como movimiento popular, el ANC representa de una cierta forma el nivel de conciencia medio que reina en el grueso de la población negra. Nos encontramos no obstante en una época bisagra, en la que la conciencia política evoluciona al ritmo de las múltiples experiencias cotidianas. Sin embargo, por el momento, la cuestión del partido de los trabajadores sigue siendo algo eminentemente propagandístico.

Por su lado, el SACP, en el seno del movimiento cartista, intenta combinar su apoyo a la Carta de la libertad y a la dirección de la ANC, con la necesidad de una dirección de vanguardia, de la que afirma ser el representante (ver recuadro).

Cuando la cuestión del Partido de los trabajadores fue evocada en 1982-1983, a partir de las filas del movimiento sindical, no podía serlo mas que en la perspectiva de la creación de un partido de masas, salido de las fábricas y de los barrios populares. Y esta dirección política no podria desasustituyendo progresiva-

Por el contrario se desarrollaría como una alternativa, como una dirección política concurrente al ANC. La dirección del ANC es perfectamente cuestión del COSATU y de la clase obrera industrial sigue siendo decisiva para quien quiera establecer una hegemonía vanguardia del movimiento

El debate en el seno de la izquierda sobre el papel dirigente que habría que dar al proletariado. Se trataría en el curso de cada lucha de empujar, poco a poco, a la clase obrera a las primeras filas y permitirle jugar su papel de dirección social efectivą.

Pero este proceso no es ni espontáneo ni natural. La hegemonía prole. taria no se decreta. Se construye en el curso de la lucha en la que un papel importante lo tiene la elección de la táctica(10). Así, hay que saber a veces organizar iniciativas de estricta unidad obrera, pero ser capaz en otros momentos de ampliar el frente de las masas oprimidas hasta el pequeño patronato negro, o, por ejemplo, ser capaz de maniobrar en dirección de ciertos sectores liberales blancos del

Federal Progresista (PFP). Estos ejemplos no se pueden poner en el' mismo plano, pero provienen de la panoplia de alternativas tácticas posi-

Men un momento determinado. Para saber y poder operar tales elecciones tácticas y sacar de ellas todo el provecho político, es preciso que exista una dirección política que disponga de una implantación nacional y un proyecto político bien definido.

Si muchas personas plantean en la discusión la cuestión de la necesidad de una hegemonía obrera sobre el movimiento de masas, muy pocos por el contrario, mencionan su corolario, la necesidad de la formalización de una dirección política capaz de ser el vector de ese proceso. Esta reserva no se explica solo por razones de prudencia, ligada a la represion o a los igualmente porque la respuesta práctica a esta cuestión es extremadamente compleja y porque las respuestas posibles no están aún maduras.

Defensores de la Carta o críticos de ella, todo el mundo esta en cierto modo situado frente a la cuestion central de saber qué dirección política debe llevar a cabo un programa democrático para favorecer la hegemonía obrera(11). Quienes rechazan los ataques que juzgan sectarios o formales contra la Carta de la libertad acaban en el mismo interrogante: ¿puede haber un correcto programa democrático proletario sin dirección proletaria?.

Es importante señalar que en este debate se han discutido los programas, los movimientos sociales y las formas de acciones en nombre del socialismo. Por ello, esta discusión se demuestra incomparablemente más interesante, concreta y rica que lo que generalmente se difunde en el exterior país. La importancia de este debate ideológico reside también en el hecho de que está directamente ligado a los problemas surgidos en los dimovimientos último periodo, sea el boicot escolar, el que se realizó a los comerciantes blancos o con motivo de las huelgas generales.

Esta discusión emerge naturalmente de un conjunto de experiencias sociales y políticas nuevas. No es casual que este debate se haya realizado en las columnas de revistas independientes que, desde hace varios años, tienen la preocupación de relatar, detallar y estudiar las diferentes luchas de masas que se desarrollan en