Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Dossier Nuevas tecnologías y movimiento obrero: Nuevas tecnologías en la industria. ¿Hacia el fin del taylorismo?

· Inprecor n.º 52, enero de 1987 · pp. 33-38 · 4.675 palabras

Entramos en la 3ª revolución tecnológica. Tras el vapor y la electricidad, ahora la electrónica y sus aplicaciones estan reestructurando el sistema productivo en los paises capitalistas avanzados. Este es un fenómeno desigual, lento, que avanza a tientas, a ritmos muy diversos según las empresas, los sectores, los paises; pero constituye una realidad innegable. Comenzada en los años 50 y 60 en los sectores punta, esencialmente aeronáutica y nuclear, la fase actual de la automatización, basada en las máquinas herramientas de mando numérico y los robots electrónicos en el sector industrial, y en la burótica, en el sector servicios, penetra en

NOTAS:

(1). G. Friedman, Oú va le travail humain

1950.

2). Travail et capitalisme des monopoles; l legradation du travail au XX siecle, 1974

(3). M. Freyssinet, 1974.

NUEVAS TECNOLOGIAS

EN LA INDUSTRIA:

¿HACIA EL FIN

DEL TAYLORISMO?

todos los sectores. Entre los muchos debates suscitados por esta tercera revolución tecnológica vamos a centrarnos en uno, que podemos formular así: Puesto que la parcelización extrema y la descualificación de las tareas heredadas del taylorismo parecen un obstáculo a la introducción y a la utilización óptima

"nuevas tecnologías", nuevas relaciones de producción van a establecerse asalariados, y en el propio interior de la clase obrera?. El pronóstico de la descualificación obrera

La mayor parte de los sociólogos del trabajo de inspiración más o menos directamente marxista, G. Friedman y P Naville en los años 50, A. Touraine y S Mallet en los años 60, señalaban que el progreso técnico en regimen capi alista tiende a hacer desaparecer los oficios obreros tradicionales, basados en una capacidad profesional muy acentuada y en un grado elevado de control de los procesos concretos del trabajo, suscitando en su lugar una doble tendencia: por una parte, la "degradación de la habilidad profesional"(1) y el aumento del número de obreros sin cualificación; por otra parte, la aparición de "nuevos oficios cualificados" (construcción de máquinas, agentes de mantenimiento, técnicos...). Para algunos, ( como

S.Mallet, esta "nueva clase obrera" (1963) ocupaba "la vanguardia del mo vimiento revolucionario y socialista" por su tendencia natural a subvertir

Maurice Dubois las relaciones sociales, oponiendo su competencia profesional y su cualificación al arbitrario dominio del capital.

Al comienzo de los años 70 se desarrolló ampliamente una tesis que prolonga y contradice los trabajos anteriores: según Braverman(2), progreso técnico impulsado por los capitalistas apunta conscientemente a eliminar lo más posible la intervención de los trabajadores en la producción, y a descualificar al máximo el trabajo no inmediatamente eliminable. El objetivo patronal es permanentemente liberarse de los factores aleatorios que le impone su mano de obra (absentismo, conflictos sociales, mala calidad, resistencia a la intensificación del trabajo), y parcelizar las tareas a fin de ejercer un control absoluto sobre los trabajadores. El capital aumenta sin cesar su dominación sobre la clase obrera; las competencias y los conocimientos practicos, antes en manos de los obreros, estan ahora concentrados en las manos de los ingenieros y técnicos, instrumentos objetivos y beneficiarios de absoluto poderío del capital. Estamos pues ante un "proceso de sobrecualificación descalificación de la fuerza de trabajo"(3), que establece una polarización contínuamente creciente entre una minoría cada vez más cualificada y una mayoria de peones intercambia bles. Mientras el programa tecnológico era presentado antes como liberador, o al menos como motivo de luchas y portadora de potencialidades progresistas, esta nueva tesis, sin duda influenciada por la revolución cultural china y por las corrientes freudo-

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(4). Cfr. R. Linhart, Lenine, les paysans, Taylor, 1977. (5). A. Gorz, Critique de la división du travail. (6). C. Durand. "Les politiques patronales d'enrichissement des tâches", Sociologie du travail, octubre 1974. (1). J. Ruffier, "Industrialiser sans tayloriser", Sociologie du travail, octubre 1974. (8). Cfr. M. Maurice, S. Sellier, J.J. Silvestre, Politique déducation et organisation industrielle en France et en Allemagne, PUF, Paris, 1982. emploi et recomposition des categories de (9). B. Coriat y P. Zarifian, "Filieres d' main-d'oeuvre", Travail, junio 1985.

marxistas y ecologistas, le designa profundización de la opresión capita- como instrumento privilegiado de la

Un primer limite importante de esta tesis, es que da demasiado valor a las pretensiones taylorianas de imponer el "one best way", el "único método adecuado" de realizar una operación de producción. En la realidad, incluso los obreros más "descualificados" no son autómatas que cumplen mecánicamente gestos puramente rutinarios e impuestos por el departamento de métodos: sin una cierta iniciativa, sin de creatividad y de invención por parte de los trabajadores, ninguna cadena funcionaría correctamente. El principio mismo de la huelga de celo, aplicación estricta y exclusiva

"métodos" que conduce bloqueo de la producción, da este mantenimiento imprescindible de

"cualificaciones tácitas"

obreros. R. Linhart, en su notable libro

"l'Etabli" describe muy bien cómo es indispensable especial de la mano para montar el movimiento asiento de un Citröen "dos caballos"

Pero sobre todo, hoy debe ser más matizado el pronóstico sobre el futuro de la clase obrera. Ciertamente, el análisis y la crítica del progreso capitalista constituyen ideas importantes, que hay que defender contra la ola seudomodernista. Y, lo que es aún más importante, la idea de que un sistema técnico no es independiente de las relaciones de producción en el relaciones de poder en la sociedad es seno de las empresas, ni de las una idea básica esencial(4) para el pensamiento marxista: como escribía A. Gorz, «la voluntad de dominio está protundamente inscrita naturaleza de las máquinas, en la organización de la producción y en la división del trabajo que éste materia-

Sin embargo, si en los años 50 y 60 podía caracterizarse correctamente la evolución del trabajo asalariado, la situación no es la misma desde que el estallido de la crisis y la entrada a volución tecnológica han reformulado marchas forzadas en la tercera relos datos del problema.

Los adversarios de la teoría de la descalificación plantean a menudo el siguiente argumento: ¿cómo conciliar esta tesis con la evidencia del peso contínuamente obreros cualificados y técnicos en el seno de la clase obrera?.

La respuesta de los partidarios de la descalificación parece pertinente: en muchos casos, el paso de un obrero de la categoría "no especializado" a la de "especializado" de salario pero no una modificación de su trabajo ni de su cualificación. Así, el Instituto Nacional de Estadística y

Económicos francés

(INSEF) afirma que si «la parte de los obreros cualificados en el conjunto de los obreros, e incluso en el conjunto de los activos, ha continuado creciendo estos últimos años, esto no significa forzosamente que la naturaleza de los puestos de trabajo haya evolucionado hacia una mayor cualificación», sino solo que ha habido deslizamientos hacia arriba en el abanico de los asalariados.

Este argumento es sólido, pero parece insuficiente para explicar la inversión de tendencia observada partir de 975: ¿por qué estos deslizamientos de categorías habrían sido brutalmente acelerados tras la entrada en la crisis, cuando precisamente las políticas salariales de los patronos tendían a endurecerse?.

Evidentemente hay que buscar otras industrias más duramente golpeadas explicaciones. Por ejemplo, por la crisis (textil, confeccion, construcción...) emplean tradicionalmente una mano de obra poco cualificada. La hemorragia de empleos en estos sectores produce pues automáticamente un descenso de la proporción de los obreros no cualificados en el conjunto descenso es aún más pronunciado de la población activa. Y este porque los sectores más dinámicos, como el petróleo, la aeronautica o la empleos obreros muy cualificados, química, crean casi únicamente aumentando así el peso de éstos en el conjunto de la clase obrera.

Pero además de estos efectos debidos a la modificación de las estructuras sectoriales de la industria, otros factores han jugado en el mismo sentido en el interior mismo de las empresas. Aquí llegamos al corazón del problema: las políticas patronales en materia de cualificación y de gestión de la mano de obra han conocido durante los años 70 muchas inflexiones importantes, que hoy producen plenamente sus efectos. La primera ola anti-tayloriana

Al comienzo de los años 70 se produce en los medios de la gran patro"antitayloriana" que intenta superar el nal la eclosión de una moda callejón sin salida en que la aplicación a rajatabla de los principios de Taylor había precipitado a la organización del trabajo.

«Reaccionando contra la vagancia de los obreros, ligada a la improvisación de una organización empírica de la producción, el taylorismo tenía por objetivo reintroducir una racionalidad en el trabajo, definiendo científicos capaces de multiplicar la métodos concepción del trabajo de su ejecu- productividad (...): separar la

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ción, (...), subdividir el trabajo en operaciones cortas y elemeny standarizadas, pagadas en función del rendimiento o ejecutadas según desprovisto de inteligencia, de responsabilidad y de creatividad, fuente de insatisfacción y de degradación de la personalidad, acaba produciendo una absentismo derroche y de defectos de fabricación, un desarrollo del sabotaje. Las contradel trabajo parcelado se acentúan con la elevación del nivel de instrucción de los trabajadores»(6). Esta larga indica claramente donde están los problemas de la crisis del taylorismo: para la patronal de los grandes centros vitales de la industria, se trataba de flanquear las resistencias obreras al taylorismo, debilitando o liquidando a la vez los de hecho, impuesto los obreros. Los lugares de experimentación (Volvo, Fiat, Ford; en Francia: Renault, la siderurgia...) «se caracterizaban claramente por una buena salud económica y por plantillas que habían logrado establecer un "contrapoder" por medio de organizaconflictos importantes sobre el con-

Se experimentaron varios métodos, embargo no afectaban al marco técnico preexistente (máquinas, cadenas de montaje, cintas transportadoras...): desarrollo de la polivalencia (con rotación de los obreros por los diversos puestos de la cadena); ampliación de las tareas, alargando el ciclo de producción (reagrupando varias operaciones parciales); enriquecimiento de las tareas (confiando al operador algunas de las competencias de puesta a punto o de control); grupos semiautónomos (en cuyo seno los de márgenes de autonomía para organizar el trabajo y de producción fijado por la dirección). En la mayor parte de los casos, los progresos de productividad registrados como coninnovaciones fueron considerados espectaculares pero tuvieron en general un caracter

El carácter efímero de estas experiencias proviene sobre todo del giro en la situación económica a mediados de los 70. Por una parte, el aumento del paro permitía "naturalmente" acrecentar la disciplina en las fábricas, limitar el absentismo, aumentar la intensidad del trabajo; para los obreros el rechazo del taylorismo ocupaba un lugar secundario respecto a la defensa del empleo y del salario, ambos amenazados. Por otra parte, y simultáneamente, la intensificación de la competencia empujó cada vez más a las empresas a inversiones de modernización y aumento de la productividad, que han transformado, a veces profundamente, el perfil de los puestos de trabajo y las cualificaciones exigidas para ocuparlos. ...Una nueva fase de la automatización

Para describir la "nueva automatiapoyaremos aquí en el análisis de B. Coriat y P. Zarifian publicado en la

"Trevall" (9). El contexto que favorece el auge de esta nueva fase, se caracteriza por la crisis del taylorismo evocada anteriormente y la inestabilidad de los mercados típica de la actual onda larga de tendencia depresiva. Los principios del taylorismo, basado en la «parcelización, la especialización y la intensificación del trabajo en producciones de muy grandes series standarizadas, son sustituídos progresivamente objetivos centrales: la integración y la flexibilidad de las líneas de producción». La integración consiste sobre todo en la «búsqueda de una mayor tasa de utilización de las máquinas» gracias a procedimientos informatizados que intentan optimizar la circulación de las piezas entre las máquinas, y también en «la utilización más intenla fuerza viva del trabajo», sobre todo por la movilización extrema de las facultades de atención y de concentración para prevenir los incidentes, muy costosos en estos equipos. La "flexibilidad", en el sentido técnico de la palabra, «se que gracias a la informatica y a la microelectrónica, los nuevos mentos de trabajo pueden memorizar nes, coordinando las herramientas en un conjunto apropiado a la naturaleza que se va a trabajar; también pueden ser programados para tareas diferentes con un costo muy

Esta "flexibilidad" no tiene estrictamente nada ver con la muy famosa "flexibilidad" del empleo y de los salarios que la patronal intenta imponer hoy: por el contrario, la plena utilización de las formidables potencialidades de los "talleres flexibles" podría muy bien apoyarse en trabajadores con altos salarios y con empleo garantizado, como demuestra el ejemplo de la industria aeronáutica francesa. Querer justificar la precarización de las condiciones de vida de los asalariados en nombre de la evolución técnica es una estafa grosera, que se nos presenta embalada en un torio llamado "flexibilidad".

Las mutaciones en los métodos de producción inducen mutaciones también considerables en la utilización de la fuerza de trabajo: las diversas categorías obreras no son afectadas de forma idéntica. La reducción masiva de los efectivos en la producción, incluso en condiciones de volúmen de producción creciente, afecta de lleno a los peones y sobre todo a los obreros no cualificados. Su situación es, en efecto, muy frágil: con una débil formación de base, habiendo adquirido en su trabajo una capacitación indudable, pero limitada al puesto que ocupan y muy poco transferible, tienen que competir con obreros cualificados, a menudo más jóvenes, cuya reconversión o adaptacion nuevos equipos automatizados costará mucho menos cara a la empresa. «Sin embargo hay que ser claros: la exclusión no viene de una incapacidad de estos obreros para reconvertirse;

cada vez que se ha realizado una política seria en este sentido, ha mostrado posibilidades insospechadas»(9).

Pero ahí está la cuestión: esta política cuesta cara y no presenta ningún interés para la patronal en un período de paro masivo. Es mucho más fácil devolver a los emigrantes a su casa y mandar al paro a los obreros autóctonos no cualificados. Hay aquí un punto fundamental para las orga-.

nizaciones sindicales si quieren evitar una escisión de la clase obrera que echaría a la marginalización a su parte menos cualificada: la reivindicación de una política sistemática de formación y de cualificación, controlada por los sindicatos, cuyo objetivo sería no desactivar conflictos sociales prome tiendo "reconversiones-camelo" sino

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(10). H. Kern y M. Schumann, "Vers une reprotessionnalisation du travail industriel", Sociologie du travail, octubre 1984. (11). Jack Marsh, "La grande mutation de l'industrie americaine" ", Critique communiste n° 28, abril 1984. (12). J.-L. Heller, "Emploi et chômage en mars 1985", Economic et statistiques, n° 183, diciembre 1985. (13). P. Zarifian, Le redeploiement industriel. (14). C. Carouge y M. Pialoux, Le Droit d'expression aux usines Peugeot-Sochaux. (15). Cfr. el número especial de Sociologie du travail de octubre de 1985, "Nouvelles Technologies sans l'industrie: l'enieu des qualifications", donde se encuentran los estudios a que nos hemos referido.

movilizar a trabajadores a los que la patronal querría abandonar en la cune-

En fin, parece que el desarrollo actual de la automatización modifica radicalmente el proceso de "sobrecualificación/descualificación" descrito al comienzo de los años 70: el estudio de dos sociólogos alemanes sobre tres sectores clave de la industria en la RFA(10) nos proporciona un ejemplo muy clarificador. "La reprofesionalización del trabajo industrial" en la RFA y en los USA

M. Kern y M. Schumann habían realizado en los años 60 un estudio muy mportante en nueve empresas de lo:

sectores clave de la industria: automó vil, máquina herramienta, química. Su conclusión, desarrollada en un libro titulado "Trabajo industrial y conciencia de los trabajadores" (Francfort 1970) apoyaba totalmente la tesis de la descalificación obrera. Un nuevo estudio llevado a cabo en las mismas empresas, por los mismos sociólogos en 1981, mostro que se ha operado una inversión fundamental de esa tendencia a la polarización: «hemos llegado históricamente, a un punto a partir del cual la gestión capitalista no tiene otra posibilidad para aumentar su eficiencia, que suavizar la división del trabajo»; «en los sectores clave de la industria alemana, se está operando métodos de producción, articulando de forma nueva el doble interés de la empresa en la eliminación del trabajo vivo y la optimización del trabajo restante». En el automóvil, estos investigadores han observado un cambio completo de tendencia, hacia la reprofesionalización del trabajo de producción, con la creación de un "tipo nuevo de obrero profesional", dotado de amplios conocimientos de base sobre el funcionamiento de los equipos modernos. En la construcción de máquinas-herramientas, hablan de una "continuación de la ampliación de los oficios de mecánico-ajustador a tareas de control del sistema: los conocimientos en ajuste y las capacidades artesanales son integradas hacia un objetivo de comprensión global y de capacidad de intervención en un sistema técnico complejo». En fín, en la química, señalan el mantenimiento sin problemas del perfil típico del obrero químico profesional.

Si hay ciertamente "optimación del trabajo restante", contrariamente a las tendencias anteriores, se debe claramente a las nuevas tecnologías: pero también, y quizás sobre todo a la dura experiencia de la resistencia obrera a los métodos tayloristas, experiencia, que no olvidan los jefes

Así pues, a la tendencia a la polarizacion sucede una nueva tendencia: la los autores del estudio no mantienen ninguna ilusión sobre las consecuencias de la tercera revolución tecnologica: «En lo que se suscribir la opinión general que considera que el problema va agravándose.

En efecto, conclusiones modelos de producción" no permiten en ningún caso confiar en teorema de la compensación; la tesis optimista según la cual los efectos la racionalización serian compensados por los efectos (creación de nuevos productos y de nuevos mercados) deben archivarse definitivamente (...). La enorme trans. formación de los aparatos de producción se complementa, con su destructrabajo humano, con el escándalo parece desarrollarse analogo desde comienzos de los años 80. En un notable artículo(11) Jack Marsh, que fue obrero de mantenimiento en el complejo siderúrgico USSteel de Chichago, efectos del declive de los centros industriales de la región de los Grandes Lagos sobre las condiciones empleo de la clase obrera. Marsh demuestra muy bien cómo la patronal aprovechando la reestructuración de la industria siderúrgica, de los ferrocarriles, del automóvil,..., rompió el estancamiento absoluto que existía entre las tareas de las diversas categorías de obreros. Paradójicamente, esta operación de "tabla rasa" sobre las anteriores categorías rígidas (y las elevadas remuneraciones que conlle. vaban), provocó un avance de la polivalencia obrera; «en los empleos de mantenimiento eléctrico, los obreros deben ser electricistas competentes, especialistas de motores, expertos en reparación de instrumentos de control, torneros, fresadores y a veces montadores»... Un reciente dossier de "Le de l'economie" industria automóvil en los USA confirmaba este fenómeno de gran alcance ("Le Monde" 4.2.86): el estallido de las corporativismo obrero en los Estados Unidos tiene acabar produciendo mente efectos importantes en el movimiento sindical y obrero.

Por consiguiente, hay que evitar los pronósticos categóricos sobre el mantenimiento o la agravación de la división tayloriana del trabamo. Como vamos a ver, ningún determinismo tecnológico impone la evolución hacia

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una recualificación de los empleos: todo depende de las relaciones sociales en las empresas y de las estrate. gias patronales de movilización de la mano de obra. Y las especificidades atenuan, sino que tienden a crecer con

En todo caso, es independientemente de sus efectos sobre la división del trabajo en las empresas, las nuevas tecnologías contribuyen decididamenformación de una capa creciente de parados. En francia, en marzo de 1985, 1.326.000 personas buscaban sin éxito, un empleo desde hacía más de un año(12); esta cifra aumenta regularmente y comprende sobre todo a obreros y obreras de edades comprendidas entre 25 y 60 años, y de débil cualificación. La tasa de paro de los obreros era en 1974 poco técnicos 2,5% y 1,5%); en 1985, 11,5% diferente de la de los obreros y 20% de las obreras están en el paro, frente a solamente el 4% de los cuadros técnicos. Evidentemente no son las nuevas tecnologias, por sí solas las que han lanzado a estos trabajadores a la calle; pero han contribuido sin ninguna duda al crecimiento cuantitativo del paro y a sus modalidades actuales, principalmente la exclusión de los obreros menos cualificados. Este fenómeno, en vez de atenuarse con una eventual etapa de económico, es probable que se profundice, porque una futura fase de expansión supondría también la generalización acelerada de las nuevas tecnologías en la industria.

Pero volvamos ahora al interior de las empresas, para examinar qué consecuencias concretas tienen las nuevas tecnologías sobre los métodos y las condiciones del trabajo obrero. Nuevas tecnologías y condiciones de trabajo

La fase actual de la automatización permite a menudo una mejora sustancial de las condiciones de trabajo. La automatización de los talleres de pin-

Men la industria del automóvil particularmente penosa e insalubre; en muchos otros casos, la robótica permite disminuir los efectos nocivos del ruido, el calor, la suciedad y elimina los esfuerzos físicos penosos.

Pero todas las observaciones coinciden en afirmar que se desarrolla otro tipo de presiones a veces tan penosas como las anteriores: las presiones

La sujeción del operador al ritmo de su máquina herramienta de mando numérico es total: el programa introducido en la máquina es el que determina la velocidad y el orden de las maniobras, sin tiempos muertos. Igualmente desde el comienzo de la secuencia de trabajo hasta el final, de forma que se pueda evitar cualquier incidente o degenere. Como explica P. Zarifian(13), «el trabajo se concentra, y de un modo contínuo, en el acto que condensa en general el máximo de atención por parte del tra-

Estas tensiones mentales son tanto más fuertes en la medida en que para los capitalistas el principal interés de estas inversiones, reside en la eliminación de los tiempos muertos y en la optimización de la circulación de los flujos de productos y de materias entre los puestos de trabajo. También intentan particularmente evitar perder por un lado, por averías sistemáticas, lo que ganan por el otro. De ahí una presión constante, incentivada con primas diversas, hacia los trabajadores que mueven estos ingenios

Por otra parte, el elevado coste de los equipos incita a los patronos a buscar a cualquier precio una ampliación de la duración de su utilización; esta es la causa del retorno a primer plano del trabajo en equipo y el desarrollo del trabajo de fin de semana. La lógica capitalista intenta adaptar a los hombres al ritmo que soportan los robots, en lugar de utilizar a los robots para liberar a los hombres. Nuevas tecnologías; división del trabajo; poder obrero

La tesis de la desposesión del saber obrero gracias al progreso técnico debe ser, como hemos visto, seriamente matizada. Parece bastante correcta en lo que se refiere a los obreros no cualificados: antes de comprometerse en una considerable inversión que suprima un puesto de trabajo, las direcciones de las empresas deben analizar y comprender con detalle los procedimientos concretos, gracias a los cuales los obreros, ejecutan las tareas asignadas. Así la dirección de Peugeot-Sochaux, antes de lanzar un amplio programa de automatización de un taller, recogió sistemáticamente gracias a los "círculos de calidad", los "trucos" de los obreros no cualificados, según informa un delegado de la CGT en el último número de la revista l'economie Politique"(14). Pero esta desposesión

Run paso previo a la exclusión de la producción.

Varios estudios recientes sobre la implantación de las nuevas tecnolode la industria automóvil o en las PYME(15) permiten evaluar sus consecuencias sobre las cualificaciones de los puestos de trabajo y el mantenimiento o no del "poder obrero" en los procesos de trabajo. Según M. Freyssenet, el mantenimiento de la antigua división del trabajo en las unidades automatizadas de la industria automóvil (obreros no cualificados, cualificados, agentes de mantenimiento, encargados) provoca vivas tensiones que conducen a una descalificación de hecho de los puestos de obreros cualificados y a una puesta en cuestión del status de los agentes de mantenimiento, en beneficio de los encargados: esta es la razón de los débiles logros conseguiTambién las soluciones más eficaces para la empresa pasan por una cierta recualificación de los operadores, sobre todo por la creación de equipos mixtos (obreros cualificados de fabricación, agentes de mantenimiento) que requieren una mayor polivalencia. Pero paralelamente se inicia "la división, la especialización, el control y la "materialización" del trabajo de mantenimiento, convertido con este tipo de automatización el componente funda-

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"Usted tendría que adaptarse a la multidimensionalidad y a la apropiación de las

VOUS DEVRIEZ VOUS

ADAPTER A LA

MULTIDIMENSiONNALITÉ

ET À L'APPROPRIATION

DES TECHNOLOGIES

TRANSVERSALES!

tecnologías transversales".

(16). R. Boyer, Flexibilités des marchés du travail et/ou recherche d'un nouveau rapport salarial, CEPREMAP, 1985.

PLANTE mental de la producción". En cualquier no hay ninguna fatalidad en el entre operadores y agentes de manteentre agentes de producción e ingenie. ros encargados de la programación.

Esto es lo que confirma el estudio de W. Cavestro sobre «La automatizacin la coron era las Y : E: o y os las máquinas herramienta mando numérico». En la mayoría de las 32 PYME estudiadas por el autor, sobre todo en las más grandes (50 a 500 asalariados), la programación de las máquinas (MOCN) es exclusiva del servicio de métodos, no haciendo los obreros más que aplicar y vigilar. «Sólo algunas pequeñas empresas de la mecánica de precisión y de la herramienta integran la función de programación-preparación en el taller: la programación es entonces generalmente competencia de un antiguo trabajador de mantenimiento, estrecha con el operador».

Sin embargo esto no significa forzosamente que una vez puesta en la del programa la capacidad del obrero, éste ya sólo tenga que vigilar la máquina, sin dominar para de trabajo: también como contrapartida, «apropiación progresiva por el operador de os códigos y de los lenguajes qu funcionamiento máquina» y con ello una posibilidad de' hacia una cualificación superior, poniendo en cuestión el prin. cipio tayloriano inicial. Conclusión

Este breve panorama de algunas investigaciones recientes sobre la evolución de las cualificaciones obreras, invita a desconfiar de las generalizaciones apresuradas. Es cierto que se observa una tendencia general a la reducción de los efectivos de obreros no cualificados, particularmente rápida desde 1974-75, que ha conducido a la exclusión de la producción de una parte no despreciable de la clase obre. ra. Esta es sin duda la principal amenaza que pesa sobre el mantenimiento de una unidad de intereses objetiva de las diversas categorías obreras y que justifica que el movi.

miento obrero ponga en el centro de sus preocupaciones la lucha contra el paro y por una verdadera política de cualificación de los trabajadores amenazados por la exclusión.

Mas alla de esta constatación, hay que tener presente que ningún determinismo tecnológico impone la evolución hacia una agravación de la división del trabajo y una confiscación de las capacidades del control de los trabajadores de la producción por los ingenieros y los técnicos: este precisamente uno de los desafíos importante de las reestructuraciones actuales. En vez de valorar la dimensión colectiva de la cualificación, que las nuevas tecnologías tienden reforzar, las direcciones de empresa intentan dinamizar la capacidad y la iniciativa de los asalariados por medio de políticas de individualización de las remuneraciones, estimulando la competencia entre los obreros.' Más allá del discurso modernista o "japonizado" de los ideólogos patronales, la práctica no parece orientarse hacia proyectos de integración real de la parte superior de la clase obrera a una civilización técnica de consenso social. Del mismo modo, tampoco las nuevas tecnologías parecen amenazar a la clase obrera con una pérdida de su parte de autonomía y de control sobre las condiciones concretas de la pro-

El escenario futuro considerado favorablemente por R. Boyer bajo el

"especialización flexible"(16), parece pues muy poco probable, al menos en Francia: «La generalización de equipos flexibles y la búsqueda de la polivalencia y de la ampliación de las responsabilidades de los trabajadores llevaría en germen una relación salarial en ruptura total con el fordismo, y que se podría calificar de "proudhoniana"».

La fase actual de la automatización está dando nacimiento, bajo el impulso implacable de los imperativos de rentabilidad y competitividad, a una sociedad dislocada, en la que franjas masivas de la población están condenadas a sobrevivir de la caridad. En vez de disminuir el esfuerzo de los hombres y eliminar la estirilizante división tayloriana del trabajo, ¿acaso el progreso tecnológico va a aumentar un poco mas la servidumbre del hombre hacia la máquina, y la lógica esquizofrénica de un sistema econó. mico cada vez más caótico?. O