Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Dossier POUM: Nin, Maurín y Andrade en la historia del marxismo español

· Inprecor n.º 46, diciembre de 1985 · pp. 18-23 · 5.823 palabras

Nin, Maurín y Andrade en

la historia del marxismo

español

J. Gutiérrez Alvarez La aparición en 1977 del estudio biográfico Francecs Bonamusa sobre el último Andreu Nin(1), fue sig nificativamente la ocasión señalada algunos de nuestros más reputados historiadores de izquierdas arremetieran contra lo que Antonio Elorza llama una cierta mitificación del dirigente del POUM, y que ilustra con la intención explícita de Pelai Pagés de considerar como muy importante para el movimiento obrero español e internacional, la recuperación de su legado. Para Josep Fontana se trata, por primera vez, de una biografía que pone a Nin en sus justos términos, o sea en los de: «un buen divulgador del leninismo (yo no diría del marxismo), político desconectado de la realidad hasta 1936, hombre de gobierno en tareas poco interesantes en una breve etapa de la guerra civil y victima, finalmente, de una tragedia tan brutal como innecesaria»(2). Más ponderado Josep Termes saludaba también el trabajo de Bonamusa como un ejemplo de rigor frente a una amplia sub-literatura hagiográfica sobre Nin, escrita, en el mejor de los casos por historiadores jóvenes, y en el peor, por periodistas y políticos instrusistas, abocados a una historia ideológica, orientada hacia personajes y grupos marginales en tanto más de izquierda, mejor. Termes abogaba por una nueva historia, orientada hacia la clase obrera y no hacia sus dirigentes yo pretendidos representantes (3).

Está claro que bajo el manto de un ajuste de cuentas con una historia adulterada —sobre la cual se pueden encontrar ejemplos mucho más flagrantes en otros campos que en el del POUM(4)-, lo que se está haciendo es apología de unas tesis que, como las de Bonamusa, acarician la pretensión de representar la verdadera historia frente los que, por un lado, se —como es notorio el caso de Tuñón de Lara--, y a los que, por otro, asumen la reivindicación política de Nin y lo encumbran como un clásico marxista de las conciencias más su tiempo(5). No hay pues historia objetiva, Bonamusa pretende; como expresaba muy bien un diario barcelonés, demostrar, con «una docuapabullante carecía de la entidad política y teórica

Use le quería atribuir. Había sido sobrevalorado, bien por su muerte absurda (Bonamusa la presente como 'algo objetivamente inexorable, como en un drama de Eurípides), bien por la miseria del comunismo oficial, o bien por la persistencia de la literatura». Esta desmitificación de Nin se apoya en una idea que se ha convertido ya en un estereotipo: Nin y los grupos comunistas trataron trasladar el esquema de la revolución de Octubre y del bolchevismo a una realidad que se presenta como diferente, marcada por lo específico, como: si suS condiciones de antagonismo social y de desarrollo económico no fueran más desarrollados que en Rusia, y como si la guerra civil se pudiera separar de unas condiciones internacionales difíciles de exagerar. ¿Se ha sobrevalorado a Nin?

La debilidad de Nin radica para Bonamusa en su carácter de político en unos grupos marginales, y en su producción como teórico que nunca sobrepasó el estadio de la divulgapremisa, Bonamusa no tiene ningún inconveniente: en reconocer unos atributos variada trayectoria militante, una firme honestidad personal, su labor como periodista y divulgador notable, sus magistrales traducciones del ruso al catalán y al castellano, su extensa cultura, y por supuesto, la aberración de su asesinato. Con ello coincide paradójicamente con los actuales expoumistas insertos —área en la que también se mueve Bonamusa-, cuya voluntad de rendir homenaje a la memoria de Nin suele estar acompañada de una buena dosis de lima de su filo revolucionario. incorrespondencia entre el Nin que traduce a Tolstoi y el que se empeña en hacer una revolución objetivamen-

Para realzar contraste, Bonamusa despacha en formación política y teórica de Nin, para ceñirse en su última etapa marcada por la utopía. Sin embargo, un estudio más global de otras etapas de la vida de Nin nos permiten comprender más claramente una biografía política carente de paralelos en la historia del movimiento obrero español.

Nin comenzó su andadura militante al calor de la Semana Trágica: el primer ensayo revolucionario de la clase obrera catalana. Estudia magisterio, participa en el movimiento estudiantil y en los centros culturales obreros de principios de los años diez. Su primer cuadro político es el republicanismo catalanista federal, y su

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primera escuela sobre la cuestión nacional la tiene en Rovira i Virgili, Entre 1913 y 1915 fue uno de los animadores de la agrupación socialista barcelonesa, dentro de la cual protagonizó uno de los escasos debates de altura que sobre la cuestión nacional ha conocido el PSOE(6). El joven intelectual nacionalista se mostro, a la postre del debate, mucho mas internacionalista que Fabra Ribas, su oponente, cuando, ante la Gran Guerra, Nin se pronunció por el neutralismo activo y derecho de autodeterminación de las pequeñas nacionalidades, que Fabra olvidó su internacionalismo antinacionalista para apoyar Aliados. Entre 1915 y 1917 viajó por Europa y Africa del Norte, hasta que la huelga general de agosto de -segundo ensayo esta vez a escala estatal— le devolvió definitivamente a la militancia que hasta 1921 iba a transcurrir en la CNT. Nin conoció muy directamente aquellos duros años del sindicalismo fortuitamente de un atentado-, ascendió por méritos propios a los puestos de decisión del sindicato, en cuyo Congreso tomó parte en como un ardiente partidario de la revolución rusa y la lli Internacional. Esta le parece una realidad capaz de asimilar a todas las tendencias que quieren hacer la revolución... En esta primera etapa ya nos encontramos con Andreu Nin que aúna una notable capacidad militante con un importante bagaje intelectual.

Acusado de encontrarse entre los responsables de la muerte de Dato, Nin tiene que quedarse en Moscú donde conseguirá formarse como un. intelectual del primer movimiento comunista internacional. Aparte de ser miembro del PCUS, diputado del soviet de Moscú, seguidor de cerca de los inicios del PCE, Nin formará parte del Buró Ejecutivo de la Internacional Sindical Roja, y será la mano derecha de Lozovsky. Como profesional de la revolucion, Nin escribe en la prensa comunista internacional, participa en Congresos internacionales y nacionales, y efectúa misiones clandestinas Europa, la más significativa de las cuales fue la que le llevó en 1924 a Italia, donde conoció a Gramsci y en donde pudo estudiar el ascenso del fascismo in situ. Fruto de su experiencia soviética y de su profundización sobre la naturaleza del fascismo fue su obra teórica más brilante: Las dictaduras de nuestro tiempo(7). La solidez de sus convicciones se ponen en evidencia cuando ha de optar, bien por un puesto burocrático de prestigio al lado de Stalin, bien por una Oposición cada vez más calumniada y perseguida. Entonces se convertira en un notable extranjero en la Oposición unificada, cuya Plataforma traduce y prologa(8). Esto le convierte además del cuadro más cualificado del comunismo español, en el primer marxista que trata én nuestros lares lo que algunos llamarán - 40 despues- el fenómeno staliniano, aporte que -como su análisis del fascismo— carece de relevancia para Bonamusa a la hora de establecer una su legado. hubieran preferido a un marxista erudito, pero no antistalinista.

Con todo este bagaje, Nin es llanamente homologado con los demás grupos comunistas caracterizados por muestran respecto a los problemas economicos y sociales de su tiempo y por las ilusiones delirantes que se hacen respecto a su papel histórico»(9). Un eiemplo rotundo de este

1936) de Nin lo encuentra Fontana en el hecho de que, en 1932, cuando «en plena discusión de la reforma agraria, que era uno de los problemas políticos, económicos y sociales de más trascendencia entre todos los que va a hacer frente la //

Andreu Nin publica un folleto sobre cuestiones po-

Men el Extremo Manchuria y el imperialismo...»(10). Este colmo tiene para Fontana la virtud de algo definitivo, una tentación en la que también caen las contribupositivistas como la de Bonamusa. No hay duda de que Nin se encontró en unas circunstancias nada fáciles al tratar de dar respuestas teóricas válidas desde una realidad organizativa infima, distorsionada por la esperpéntica del Empero, el ejemplo de merece unos comentarios. Omite el hecho de que Nin formaba parte de un colectivo más amplio, dentro del cual se dieron estudios sobre la cuestión agraria, como se puede ver repasando la reedición de Comunismo. Es más, Nin como Maurín, inserta la cuestión -junto con la nacional y con la de limpiar los establos de Augias del anterior régimen— dentro de una con-. cepción de tareas democráticas que, como se había demostrado en 1909, 1917 y 1931, no iban a ser asumidas burguesía democrática sino por la clase obrera como base de alianza con el campesinado. El preocupación debe de sorprender, a menos que se trate de concebir el hecho español como integralmente específico y el internacionalismo como una práctica

Es fácil multiplicar los ejemplos(11) de cómo la historia evénementielle de Bonamusa enfoca su historia a través de un tubo en que sólo se ven los hechos concretos, que se niega a valorar salvo cuando estima que hay elementos que confirman su apriorisdesmitificador(12). mide el marxismo de Nin desde una puntuación académica, y no encuentra en él ninguna originalidad. Habría que discutir si ésta es la única medida posible, tal como parece desprenderse de autores como Perry Anderson que se sorprenden de la incorrespondencia existente entre la riqueza de un capaz de protagonizar grandes acontecimientos y la pobreza de sus direcciones intelectuales(13). No se puede pretender, mecanicamente, que de un marxismo formalmente rico intelectualmente surjan acciones satisfactorias en momentos claves de la lucha de clases; ahí está el caso del austro-marxismo y si nos apuramos, de todo ese marxismo occidental, incapaz de mirar de frente una revolución o a hechos tan determinantes como el stalinismo. Ciertamente, Nin no es Gramsci, pero entre él y otros modelos —José Díaz, Araquistain, de los Rios, etc-, hay una distancia parecida a la que nos separa de las estrellas (14).

No es aventurado afirmar que en el marxismo de Nin y en el de la escuela que representa -la que se encuentra, por decirlo así, entre el período clásico de la Ill Internacional y el proyecto de una cuarta-, se distingue, en primer lugar, por reactualizar el esfuerzo del

1150101 primer PSOE en la traducción y divul-

gación del marxismo, pero con la mucho más próximo a las fuentes, al tiempo que amplía éstas y a las de la II, Ili y prolegómenos de la IV Intersegundo lugar, por no detenerse en el ya de por si importante esfuerzo didáctico-divulgativo, sino que trata de desarrollarlo en un problemas de indole nacional, asumiendo debates internacionales tan pertinentes para la realidad española como los relacionados al fascismo o al stalinismo; en tercer lugar por vincular todo este esfuerzo y desarrollo a una tarea ciclópea, la de construir un partido revolucionario, el partido de la revolución española, en contradicción no sólo con la vieja socialdemocracia sino también con el tan arraigado anarcosindicalismo y comunista afectado por el cancer staliniano cuando la conciencia general imperante todavía no ha digerido el significado del régimen surgido de la revolución de Octubre. Vidas paralelas

Menos reconocido que Nin como teórico, Joaquín Maurín goza por el contrario de un mayor respeto que éste en un amplio espacio que va desde el de los historiadores profesionales (para Fontana es el menos descabellado de los dirigentes comunistas de los años treinta... aunque al final también pierda la aguja de nave: gar) hasta la militancia del POUM, dentro de la cual, salvo raras excepciones, se le considera como un político práctico más completo que Nin intelectual), preocupado por el rigor teórico que por dar respuestas concretas a la consde un partido. Esta concepción se basa en el hecho, indiscutible, de que el maurinismo fue, de lejos, la principal componente militante del POUM. Es más, si nos adentramos en su política de construcción

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del partido, en actitudes tan decisorias como la construcción de la Alianza Obrera, se puede llegar a afirmar, como hace Isidre Molas, que Maurín constituye el exponente más claro de la existencia de un análisis marxista original de la realidad española. La voluntad de elaborar sus tesis desde la realidad le conduce a buscar las raíces históricas de la revolución española, lo que le distingue de otras elaboraciones contemporáneas, más informadas, . pero nunca sugestivas(15). Un estudio serio de su obra nos demuestra que no siempre fue juzgado con rigor por Trotsky la OCE-ICE, y que su caracterización como bujarinista(16) está lejos de ser atinada, sobre todo cuando se la considera de una manera despectiva.

Existe entre Nin y Maurín algo así como dos vidas paralelas que llegan a coincidir en algunos claves, en tanto que bifurcan en otros, aunque, globalmente, hay elementos para decir que hay mucho de complementario en sus trayectorias. Al igual que Nin, Maurín (cuatro años joven, nació en 1896) procede de una familia pequeño burguesa estudia magisterio —una profesión que ha dado innumerables cuadros al socialismo—, participa en conoce el movimiento estudiantil y re: publicano -experiencia importante a la hora de comprender la importancia de las tareas democráticas pendientes-, desemboca como sindicalista revolucionario en la CNT, donde en 1920 ocupa la Secretaría de la Federación Provincial de Sindicatos Lérida y anima el semanario Lucha

Social—, asiste al Congreso de la CNT en 1919, participa en Moscú en la fundación de la ISR, su principal fuente de formación durante siguen... Pero al contrario que Nin,

Maurín puede emprender una ardua tarea para construir, partido de clave agosto de 1917. Esta separación comveces porta dos maneras de evolución dismas tintas.

distinguir dos en la biografía de Maurín, una en la que trabaja en

Komintern, y otra en la que, tras romper con construir el tercer partido obrero marxista diferente y opuesto a la socialdemocracia y al stalinismo: La primemomentos ra etapa coincide con un gran esfuerzo por competir en el seno de la CNT con tendencia la hegemónica por la influencia de una base militante que, más palabras de Trotsky, había conseguido como los bolcheviques en Rusia reunir pobre, a lo mejor de la clase obrera. Este esfuerzo comienza con la Conferencia de grupos sindicalistas revoluciona-

1917.

rios en 1922 que adopta como órgano de prensa La Batalla. Con una argumentación proporcionada por la ISR,

Maurín lleva ideológica contra la mayoría de la

CNT, criticando su dictadura en el interior del sindicato, proponiendo una línea de frente único inspirada en el ||° de

Ill Congreso denuncia el aventurerismo de la llamalos años que regresar a España y desde el interior de la CNT, el la revolución, ausencia para Maurín en el fracaso de y del POUM(17).

ción debido a la

Como militante comunista hay que etapas fundamentales el interior del el stalinismo, trata de anarcosindicalista por decirlo con honradez las hombres los una constante lucha desgraciada de la IC, al tiempo que da gimnasia revolucionaria del sector faísta, al que no obstante prefiere por su radicalidad a la línea más sindicalista planteada por los trentistas. La empresa de Maurín fracasa a la larga, aunque en su trayecto logra el predominio de los sindicatos menores de Lérida, Gerona y Tarragona, localidades que luego serán feudos del BOC

Hasta 1924 no construye la Federa-

Comunista Catalano-Balear persecución que es sometido el PCE y a las exigencias de la lucha interna de la CNT. Miembro del CE del PCE, los conflictos de Maurín con la dirección surgida a raíz de la bolchevización serán constante, aunque, hasta 1930, sus diferencias no sobrepasan el marco estatal. Entre 1925 y 1927 permanece en la Carcel Modelo de Barcelona, y al salir tiene que acudir a la Comisión Internacional de Control de la IC para responder a una serie de acusaciones elevadas por la tröika Bullejos Trilla-Adame, pero su militante queda salvaguardada. Hasta 1930 permaneció en París, donde trabajó en

Ediciones Europa-América. En España complementa su libro Los de la dictadura (18), comienza una ofensiva política contra la dirección del PCE criticando todos elementos que componen la políțica del tercer período. Cuando funda el BOC, Maurin se encuentra ya al margen de la dis ciplina del PCE, aunque su expulsión oficial no tuvo lugar hasta julio de 1931. Maurín teoriza entonces una via distinta a la del stalinismo y el

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NOTAS (1). Andreu Nin y el movimiento comunista en España (1930-1937). Ed. Anagrama, b. Prol. de Josep Termes. (2). Taula de Canvi n° 5, p. 162. (3). No deja de ser paradójico que esta orientación está igualmente ausente en la obra de Bonamusa. De hecho los primeros trabajos que se han hecho en este sentido aquí son los de Ronald Fraser. (4). Los ejemplos se podrían multiplicar en todos los campos políticos, pero dentro de

Yes ostensible el "culto a la personalidad" que se ha hecho a Durruti, Besteiro y de una manera escandalosa a José Díaz y Dolores ibarruri, en el caso del POUM se puede hablar de "legítima defensa". (5). Cf, Pelai Pagés, A.N: su evolución política (a); Victor Alba, Nin, Maurin: dos revolucionarios(a); el ensayo biográfico de Wilebaldo Solano editado como folleto por el POUM; la recopilación de Oriol Pi de Cabanyes, Que va a dir AN?, Ed. Nova (6). Pelai Pagés ha recopilado los escritos de AN sobre la cuestión nacional desde su etapa republicana hasta la comunista (Ed. La Magrana, b). Ya anteriormente había hecho una menor para Fontamara, donde se encuentra también Lòs movimientos de (7). Ed. Fontamara. Las aportaciones de AN en este punto han sido resaltadas en un título clásico: Fascismo y gran capital, de Daniel Guerin, Ed. Ayuso, a.

Publicada como La situación real en Rusia. La introducción de AN, así como su crítica al libro de Pestaña, Jorge Rusia y otros escritos, está incluida pilación La revolución rusa (Ed. Fontamara, (9). Taula de Canvi, idem. Es a nuestro juicio sintomática la intencionalidad de Fontana de "amalgamar" a todos los grupos comunistas de la época, ¿para qué estarán las matizaciones?. (10). Idem. (11). Citemos uno: Bonamusa hace un exhaustivo análisis administrativo sobre las publicaciones de la OCE-ICE, y claro, demuestra su carácter ultraminoritario. En absoluto aborda el alcance de la influencia de Comunismo -por ejemplo en Araquis• tain o Maurín, que en cifras "objetivas" son dos números—, ni toma en consideración algo tan ampliamente aceptado como su elevado nivel teórico. (12). Por ejemplo cuando escribe: «Nin es más moderado en el análisis de la realidad política que la mayoría (sic) de los dirigentes del PCE e incluso que Maurin, aunque a

-a los : que bastante burdamente trata de dogmáticos-, y se orienta hacia unas posiciones que internacionalmente pueden ser catalogadas como bujarinistas, similares a las que en Alemania defiende el grupo de Brandler, en Italia, la fracción de Tasca, y en USA, el sector Lovestone Wolfe. El BOC es la organización de Federación Comunista Ibérica, con la que trata de corregir los inconvenientes que tiene la adopción mecánica del sistema de organización bolchevique y sería el lugar de concentración de las masas obreras que se aproximan al comunismo. Para Maurin existe las condiciones para crear, desde el BOC, el tercer partido, pero cuando comprende que el dilema entre fascismo o socialismo se está poniendo a la orden del día, traza una línea de frente único que se concreta en la fructífera aunque malograda experiencia de la Alianza Obrera —de la que justamente ha de ser considerado como su principal creador y teórico- dentro de la cual concibe la unificación de los

Durante este tiempo Maurín ha madurado notablemente sus posiciones políticas, y muestra de ello será su libro Hacia la segunda revolución (el fracaso de la República española y la insurrección de Octubre), y que en 1966 será publicado por Ruedo Ibérico como Revolución y contrarrevolución en España (con un notable apéndice sobre el comunismo en España), que sintetiza vigorosamente las concepciones de Maurín sobre el carácter democratico (que resume en cuatro puntos: 1. Reparto general de tierras; Separación de la Iglesia y el Estado; 4. Destrucción del Estado monarquico, y en particular del Ejército...) y socialista (no existe en España una burguesía democrática el partido industrial ha establecido un pacto con la vieja oligarquía y teme sobre todo a la clase obrera, por lo tanto, corresponde a la clase obrera hegemonizar el proceso revolucionario, encaminando hacia el socialismo entendido democracia obrera) de la revolución que hay que hacer; sobre la naturaleza táctica y la estrategia revolucionaria que pasa a través de la Alianza Obrera, de un bloque social encabezado por la clase obrera que neutralice la base social de la contrarrevolución... No hay duda de que hay una convergencia muy poderosa entre la ICE y el BOC, y que por parte de éste se ha dado una rectificación importante que se plantear con actual la necesidad revolucionaria, por establecer la primacia y la independencia de la clase obrera en el bloque popular, por la conciencia de insurrección armada y la instauración de una dicta: dura proletaria capaz de integrar la voluntad revolucionaria de cenetistas y socialistas. También hay un rechazo sin embages del stalinismo, aunque este aspecto se encuentra menos desarrollado que en Trotsky y

La idea de que Trotsky sobreestima la importancia del stalinismo se manifestará ulteriormente coherencia y la fuerza del stalinismo no se puede comprender el naufragio de la CNT entre el gubernamentalismo y el colectivismo, la adaptación a la caballerista, recomposición de las franjas liberales

Maurín desaparece durante la voragine de la guerra civil y sobrevive casi milagrosamente como prisionero de Franco (los stalinistas no dudaran en emplear el hecho como una prueba del quintacolumnismo del POUM), para establecerse desde 1947 en Nueva York. El Maurín de entonces es una sombra del que fue. Al igual que en el mito de Anteo, muestra su debilidad al separarse de la tierra. Ya durante su larga odisea Maurín duda de la corrección de sus posiciones, en particular de la unificación. Y aunque su forzada ausencia le lleva a no querer hacer una crítica pública de la orientación de su partido, lo hace privadamente entorno a dos consideraciones básicas: a) había que haber antepuesto la guerra a la revolución; b) había que haberse acercado al ala caballerista para cerrar el paso al PCE, convertido en el principal responsable de la derrota... no por su política sino por sus métodos y su actuación al servicio de Moscú... factor con el que explica la no intervención de las democracias occidentales. mente, estas concepciones le acercan al grupo de Rovira y le distancian del POUM organizado en París(19), dentro del cual, y en especial los de origen bloquista, le seguirán guardando. un de un jacobino

Aunque es evidente que, por este orden, Maurín y Nin fueron los únicos líderes indiscutidos del POUM, no se puede olvidar que en este concurrieron algunos de los forjadores del primer comunismo español — Juan Andrade, Luis Portela, Pedro Bonet, Julián Gorkin, David Rey (Daniel Rebull), José Loredo Aparicio, etc—, así como un buen número de cuadros más jóvenes pero que mostraron ampliamente sus actitudes militantes: Ma Teresa García, José Luis y José Ma Arenillas, Manuel Grossi, Jordi Arquer, Josep Rovira, "Quique" Rodriguez, Ignacio Iglesias, Molins i Fabrega, sin olvidar los que murieron o desapa-. recieron en medio de la guerra:

Entre todos ellos fue Juan Andirade el más destacado. Lo primero que llama la atención en él es.su larga y coherente trayectoria militante: Andrade empieza su andadura política con los Jóvenes bárbaros (juventudes radicales), pero en 1918 ya está al frente de las juventudes socialistas madrile. ñas, partidarias de Zimmervald y de la

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NOTAS (17). Tanto Nin como Maurin escribieron ampliamente sobre la naturaleza del anaren el debate de L'Opinió con Peiró y otros anarquistas: ver, Albert Ballcels, El arraigo del anarquismo en Catalunya, Ed. Júcar, a. Maurín escribió un trabajo El sindicalismo a la luz de la revolución rusa (ver Monreal, pp. 56 y ss. Nin por su parte trata la cuestión en Las organizaciones obreras interna. cionales, aparecida en Fontamara donde estuvieron a punto de editarse sus escritos sobre la ISR. Tanto en el tema del anarcosindicalismo como de la socialdemocracia española, también el análisis marxista pasa por Nin, Maurin y Andrade. (18). En Ed. Anagrama, edición de Bonamusa y pro. de Luis Portela. Idem. con La revolución española, otra obra capital de (19). Ver Víctor Alba, ob, cit. Un trabajo — muy poco fiable- sobre el sector socialdel POUM es el de. Carmen Rosal, L'aportació del POUM al projecte socialista, en L'Opinió Socialista, 2/3. (20). Este complot quería demostrar que el PCE de los jóvenes preparaba una "insu-

Sin embargo, -presentada en las historias afines al PCE como una de las fundadoras del partido, dentro del cual fue una desconocida hasta 1932— presenta el hecho como cierto, y así lo reproducen, entre otros, Tuñón de Lara. (21). Las increibles torpezas de Jesús Pérez recopilador e introductor de la selección de Comunismo (Ed. Fontamara), se manifiesta ante el hecho de que ni siquiera conoce los diferentes seudónimos de Andrade, al que no incluye siquiera en el indice analítico. (22). El autor de estas líneas no pudo por menos que recordar este articulo cuando, en la presentación del libro de Andrade Recuerdos personales (Ed. del Serbal, b) en Barcelona, se reunieron medio centenar de ex-militantes del POUM y de Acción Comunista que había naufragado en una crisis de tercera categoría y habían abandonado la militancia. Quizás no comprendían que la propia vida de Andrade era la negación misma de sus débiles recursos humanos. (23). Ver en particular: Victor Fuentes, marcha al pueblo en las letras españolas. 1917-1936, Ed. de la Torre, b; Christopher H. Cobb, La cultura y el pueblo, España, 19301939, Ed. Laía, b; Los nolistas sociales españoles (1928-1936), antol. de José Esteban y Gonzalo Santoja,. autor también reedición de La novela proletaria, en Ed. (24). Andrade fue e! editor del primer libro México. Este libro apareció con un prólogo de Valle-Inclán, cuya paternidad nunca ha sido entredicha por ningún erudito, y que amigo de Don Ramón María. Andrade fue también el inductor de la publicación de El Imán, la novela revelación de Sender, y la mejor de su obra para muchos.

revolución rusa. En 1920 se encuentra construido PCE como director de El Comunista. En 1921 es encarcelado por invención de la policía de un complot del joven partido(20), y lo volverá a ser en 1923 y en 1924. En 1927 es apartado de todos sus cargos del partido por su actitud crítica, que desde posiciones izquierdistas consejistas hacia las de la Oposición de Izquierda. Cofundador de la Comunismo(21). En 1935. es tambien uno de los fundadores del POUM, a pertenecerá. Procesado en 1938, logra huir de Barcelona en víspera de la entrada de las alemana de Andrade vive ilegalmente, y conoce diversos campos de concentración hasta que es liberado el 24 de febrero de 1944 por un maquis anarquista en el que se encuentra Wilebaldo Solano. Durante los años que vive en Francia, Juan Andrade es uno de los militantes poumistas más constantes a pesar de las continuas discrepancias mantiene. Para el sector bloquista, Andrade es algo así como el jacobino —así lo definió Gerald H. Meecker— de la Izquierda Comunista, el intransigente que no tiene mucho miramiento a la hora de comprender posiciones del último Maurín.. espíritu militante le lleva a participar en el fallido intento de reconstrucción del POUM. Finalmente se mantuvo próximo a la LCR y escribió su último artículo para Combate dedicado Pedro Bonet. En este trabajo Andrade contrasta con cierta amargura las diferencias existentes entre la gente como Bonet que no se habían rendido a las adversidades más tremendas y los desencantados de la última ola a

Strata despectivamente(22). Juan Andrade ha sido el cofundador mas larga trayectoria militante, y uno de los pocos que no se

La la clase dominante, a la socialdemocracia o al stalinismo.

Dentro de esta trayectoria hay dos capítulos que merecen a nuestro juicio una atención especial, el primero se refiere a las actividades propagandísticas de Andrade y el segundo a su compleja relación con Trotsky y el trotskysmo.

que ser ningún agudo académico para saber que no existen tratamientos privilegiados para los revolucionarios. No hay más que ver que para todos los que se interesen sobre las actividades culturales en el espacio de tiempo que va desde los años finales de Primo de Rivera y la guerra civil, la escena se encuentra ocupada por la estrella Ortega y

By en menor grado por la espléndida generación del 27. Sin embargo, un estudio hecho mas hacia abajo(23), nos permitirá conocer los datos de lo que no sería exagerado llamar una revolución cultural. La pasión por la lectura; en disfrute de un cine crítico vivo; la conexión activa con artistas e intelectuales dejó de ser el privilegio de las clases altas y medias para alcanzar al conjunto del proletariado. Durante estos años se publicaron centenares de títulos de los socialistas, novelas vanguardistas, antimilitaristas, revolucionarias, proletarias, y los mejores artistas se sintieron vinculados a un pueblo en marcha. Detras competir con el stajanovismo de Juan Andrade, animador de revistas como Cenit, Hoy, Iberoamericana, Oriente, Comunismo, etc., articulista vibrante y lúcido bajo diferentes seudónimos, traductor de diversos marxistas, descubridos de nuevos talentos como Ramón J. Sender(24), y finalmente, autor de diferentes follelibros como La burocracia reformista en el movimiento obrero que todavía sigue siendo referencia metodológica obligada para todos los que estudian la UGT y el PSOE de Pablo Iglesias y Largo Caballero. No se trata por lo tanto de una obra teórica brillante ni de primera línea, no hay aportaciones originales, pero si hay un rigor poco usual entre nuestra izquierda, y sobre todo, una labor que, podíamos definir con Gramsci, significa «difundir críticamente verdades ya descubiertas, "socializarlas", por así decirlo, y convertirlas, por tanto; en base de acciones vitales, en elemencoordinación y de orden intelectual y mora/».

No les faltaba razón a los sectores bloquistas del POUM cuando trataban a Andrade como un trotskysta que había tenido la desgracia de haberse peleado con Trotsky. Andrade fue un bolchevique clásico tanto en sus virtudes como en sus defectos, un militante duro y severo, riguroso e implacable crítico de los acomodamientos y. las medias tintas, capaz de discernir entre la política stalinista y la naturaleza de la revolución rusa, de la URSS y de la base comunista del PCE. Hay un desgarro permanente en Andrade desde que en 1936 Trotsky le devuelve drásticamente su libro sobre . La burocracia reformista, tratándole de traidor por haber suscrito el pacto del Frente Popular. Andrade vió siempre en Trotsky una actitud soberbia hacia sus amigos-adversarios. A alguien incapaz de reconocer una historia y una grandeza de éstos como la reconoció Lenin en gente como Plejanov, Martov, Kropotkin... Este desgarro se hace especialmente duro cuando un parvenu del trotskysmo adopta la posición de Trotsky sobre el POUM y sobre él, sobre él, que ha cubierto más de sesenta años de militancia sin claudicaciones. Esta actitud: de Trotsky, prolongada también en otros casos no menos drásticos y dolorosos como Henri Sneevliet o su propio hijo León, hay que situarla en unas condiciones de tensión infrahumanas, pero también en una inclinación muy culti vada por la socialdemocracia rusa en

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NOTAS partir de su análisis marca objetivos difícilmente alcanzables. Su teoricismo Y SU ilusión le desbordan...». Este acercamiento me recuerda al de aquel escritor polaco que conoció muy estrechamente a Lenin entre 1912 y 1914 y que no salía de su asombro cuando volvió a oir hablar de él en 1917. Para él Lenin era una buena persona carente del menor realismo político. (13). «..¿Por qué España nunca dió un Labriola o un Gramsci, pese a la extraordinaria combatividad de un proletariado y un campesinado, aún mayor que la de Italia y a una herencia cultural del siglo XIX, que, si bien ciertamente menor que la de Italia, estaba lejos de ser despreciable?. Sería menester dedicar una investigación a fondo este complejo problema...», Consideraciones sobre el marxísmo occidental. Ed. Siglo XXI, p. 40. (14). No deja de ser ilustrativo que a pesar de todo un gran aparato mitificador, de innumerables hagiografías, ninguno de ellos ha podido instalarse en la "sobreestimación" como Nin. (15). Pr. El pensamiento político de Joaquín Maurín, de Antonio Monreal, Ed. Peninsula,

Para una mayor información sobre Maurin, ver el libro citado de Victor Alba, y sobre todo, Cómo se salvó Joaquín Maurín. Recuerdos testimonios, edición de, Jeanne Maurín, Ed. Júcar, a. (16). La denominación es bastante aceptable hasta 1933-34, ulgeriormente hay un verdadero giro en Maurin. Aunque el propio Maurín se reclama más de Bujarín que de Trotsky -del que dice tomar muy pococonvendría estudiar más la época de la unificación, cuando el propio Maurin se dice "trotskysta" (heterodoxo.por supuesto), pero en el que la teoría de la revolución permanente y las concepciones de Trotsky sobre el fascismo tienen un gran peso. Este extremo no es estudiado por Monreal. Para un mejor conocimiento del "bujarinismo" ver las obras de A.G. Lowy y Stephen E. Cohen aparecidas en Grijalbo y Siglo XXI, respectivamente. a: indica precio alrededor de 500 pts. b: de 500 a 1.000 pts. C: más de 1.000 pts. (a): agotado.

el exilio y que tuvo una concreción práctica desastrosa en las inventivas

Use dedicaron mutuamente él y Lenin, con los resultados ulteriores que todos conocemos. Incluso admicorrección política de la crítica de Trotsky al POUM -lo que es mucho admitir, y que se suele hacer primando la doctrina sobre el análisis concreto-, hay un abismo entre la actuación de Nin y Andrade y la de Zinóviev y Kámenev en Octubre de 1917, y sin embargo, ambos siguieron del partido. Es absolutaposibles errores de alguien que ha dedicado su vida a la revolución, y con la descalificación las debate serio y abierto. Luego fue Andrade uno de los que más se interesó por encontararle a lugar para vivir en el Vendrell, el que trató de hallarle un

Men La Batalla. El que siguió firme cuando tantos y tantos otros

Esta es una lección que conviene no olvidar.

Ninguno de los tres necesitan de biografías acríticas sobre todo si provienen de gente como Víctor Alba. Tienen, como lo tienen aunque sea a otro nivel la mayor parte de los cua dros dirigentes del POUM histórico, los suficientes elementos militantes y teóricos para ocupar un lugar privile giado en la historia (por escribir) de nuestro marxismo. Ciertamente, para escribir esa historia habrá que evitar los hombres de mármol, los apriorismos, y habrá que estudiar de una forma mucho más rigurosa la historia hacia abajo. Pero que nadie trate de emplear estas razones contra gente como Nin y Maurín cuya valoración ha tenido que rehacerse contra la corriente predominante en el campo republicano, dentro del cual cabe afirmar que fueron los más consecuentes defensores de una revolución democrática que, por la incapacidad de una burguesía reaccionaria y por el esplendoroso empuje desde abajo de la clase obrera, estaba obligada a transcrecer en revolución socialista para triunfar. Su derrota, doble derrota, fue también la de la clase trabajadora de España y del mundo. Y la derrota no puede confundirse con el error.O