Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Debate con "Mientras Tanto": "Carta de la Redacción"

· Inprecor n.º 46, diciembre de 1985 · pp. 28-35 · 6.031 palabras

NOTAS En el número 22 de la revista Mientras Tanto se publicó una Carta de la Redacción, que fue ampliada en el n° 23 con una nota sobre La reunión de suscriptores de 1984. Ambos textos, que reproducimos a continuación, planteaban temas polémicos importantes que merecen una seria reflexión por parte de la izquierda revolucioRomero, que es miembro Comité Ejecutivo de la LCR, es una contribución a ese debate, escrito con la voluntad de que continúe. Esperamos que así sea y poder publicar en INPRECOR nuevas aportaciones útiles para aclarar y aproximar las ideas y las prácticas de los revolucionarios.

"Carta de la Redacción"

La contradicción entre crisis mundial del capitalismo y recomposición de la hegemonía ideológico-cultural burguesa, a la cual se hacía referencia en la redacción del llamativa y aguda que hace cinco año.

Sobre todo si el marco principal de consideración sigue siendo - como lo era entonces— el núcleo central del capitalismo imperialista (USA, Japón,

CEE). Pues la relativa, aunque desigual, recuperación de las constantes económicas en estos países enlaza demasiadas dificultades con la aceleración del proceso de recomposición de la hegemonía ideológico-cultural burguesa. Cierto es que, en un sentido amplio, la crisis mundial del capitalismo sigue enquistándose; pero ese enquistamiento ha tomado otro rumbo. Su rasgo más patente a finales de 1984 es el de una tensa pausa en el centro del Imperio mientras van siendo exportados hacia la periferia los efectos más perniciosos de la recesión de los años setenta.

Efectivamente, por una parte hay sintomas de reanimación económica en los Estados Unidos de Norteamérica, población ha vivido durante 1984 con un sentimiento nacional de alivio que sombrías- la abrumadora victoria de Reagan en las últimas elecciones; la puesta a punto de la base tecnológica nueva era productiva acallado no pocas de las declaraciones inhibitorias y de los sentimientos depresivos de las clases dominantes de hace diez años; la reducción momentánea de las tasas de inflación y el mantenimiento bajo control -aún con vaivenes inesperadoscrisis monetaria, al unirse a los factores anteriores, han abierto camino, entre los interesados expertos gubernamentales europeos, a la idea de que la locomotora conducida por la Administración norteamericana pronto arrastrara también a los vagones de la CEE. Simultáneamente, la insolidarigeneralizado en la mayor parte de los paises europeos, situación comprensible si se tiene en cuenta que dicho individualismo y las concesiones al son hoy parte del bagaje cultural incluso de partidos que al mismo tiempo propugnan la solidaridad de las clases trabajadoras con los defensores de la más antiobrera que se ha conocido desde el término segunda guerra mundial; con excepciones -entre cuales sin duda la más notable es la española— se ha amortiguado parcialmente el particularismo actuante en los viejos estados de Europa, una y otra vez superado ahora por el nacionalismo de las naciones grandes y sobre todo por la eclosión del nuevo y ofensivo patrioterismo norteamericasordina a la crisis del estado burgués en el viejo continente.

algunos de los rasgos más sombrios fenómenos nuevos memoria precedentes de mal augurio.

El desempleo ha seguido aumentanpreocupaciones morales- la idea de una tasa natural alta de paro, aunque parcialmente paliada en sus inmediatos la extensión trabajo negro y la multiplicación de los empleos a tiempo parcial; paralelamente se han hecho mayores y más profundos los desfases y diferencias de todo tipo entre países capitalistas que tratan de solventar endosando sus nefastas consecuencias económicas, sociales y políticas a los demás, y los países independientes, muchos de los cuales al borde del agotamiento Durante estos cinco años, por último, no ha dejado de crecer el riesgo de conflicto bélico entre los dos principales bloques militares.

En tal contexto el nuevo impulso dado a la industria militar y a la carrera de armamentos por la Administración norteamericana desde 1978-1979 pasa a ser el fenómeno más relevante de la nueva situación, en la medida en que implica a las economías de todo el mundo. Este aumento generalizado del gasto militar se ve a veces superficialmente como una consecuencia del entre las grandes potencias en una nueva fase de guerra fría. Pero es también, y sobre esencial de las políticas económicas dominantes, las cuales se están generalizando, signo político de los gobiernos, en los países capitalistas. Aunque los argulegítimación ideológica del constante crecimiento de la producción de armas varían ligeramente según el matiz evidente que por encima de los motivos que suelen aducir los portavoces de los mismos (necesidad de moder: nización de los ejércitos en función de conflictos latentes, exigencias de las defensas nacionales, etc.), hay una constante: la búsqueda de un lugar bajo el sol en el mercado mundial. Esto es especialmente patente en el caso español. Pero hay además otros

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aspectos que contribuyen a la milita rización creciente de las sociedades, entre ellos la utilización del gasto militar por parte de los Estados Unidos de Norteamérica como una forma de control sobre los países del tercer mundo y la relativa autonomización de la estructura militar en una tase histórica dominada por la tecnologia, nuclear.

El análisis comparativo del gasto militar norteamericano en el transcurso de las cuatro últimas décadas pone de manifiesto que un porcentaje como el que en la actualidad se dedica a la construcción de armas sólo tiene precedentes en tiempo de guerra. Algo muy parecido puede decirse acerca del presupuesto militar de la Unión Soviética. Y teniendo en cuenta que esos dos ejemplos se refieren a un Imperio planetario y una gran potencia imperial de ámbito regional se comprende que globalmente este proceso —enterrador de las expectativas de la anterior fase de distensión internacional- tome la forma de economías de guerra en el plano mundial. Con la precisión de que el término mundial tiene ahora, por primera vez en la historia, un sentido casi pleno Aunque con formas institucionales complejas (mucho menos obvias que en otras situaciones pre-bélicas) estas economías de guerra dan lugar a una considerable militarización de las sociedades. Tal fenómeno no se debe tanto a la implantación de medidas represivas en el interior de los estados o al crecimiento de la mano de obra primaria dedicada a la producción de armamentos cuanto a la constante progresión del número de técnicos y científicos directa o indirectamente implicados en programas de investigación y desarrollo con fines militares en todos los países de la Alianza Atlantica y del Pacto de Varsovia, así como a la dimensión que está tomando el continuo penetrar de la lógica militar en los gobiernos civiles.

La otra cara de este proceso conducente a las economías de guerra es la aceleración del endeudamiento de un gran número de países incluidos bajo las denominaciones de tercer mundo o en vías de desarrollo. Pues la forma que finalmente ha tomado la utilización oligopólica y gran-burguesa de la crisis capitalista durante estos cinco años (mediante la reconversión tecnológica y el amordazamiento de la fuerza de trabajo directamente implicada en ella en los paises centrales del Imperio) tiene su cruz en la otra parte del mundo: la tragedia cada vez más patente de grandes masas de la población mundial que viven hoy entre la guerra —experimentando armas modernísimas que se fabrican casi siempre en los países miembros de los dos principales bloques militares— y el hambre. Dos de los síntomas más pertinentes de la dimensión de la crisis en el momento actual son las cifras de endudamiento externo de muchos países de Latinoamérica (al borde de la bancarrota) y el drama cotidiano de un número de refugiados por razones políticas, económicas y ecológicas que va en aumento. En tales condiciones la relativa calma existente en los países imperialistas no puede ocultar el crudo carácter de las perspectivas en el ámbito mundial. Razón por la cual incluso los economistas mas dispuestos a acentuar los aspectos positivos de la recuperación relativa en el centro del Imperio tienen que proceder —al estimar las interremundial y los desequilibrios aludidos —con mucha cautela sobre la expansión de las consecuencias beneficiosas a la CEE, o al hacer prognosis sobre la finalización del ciclo recesivo.

En todo caso el precedente de mal augurio al que nos referíamos hace cinco años tiene que explicitarse ahora -en función de los hechos mencionados- prolongándolo en dos planos: a) el del autoritarismo de nuevo cuño, denominado por algunos fascistización silenciosa, que late en las políticas económicas neoliberales impiantadas en USA y en Europa, dos de cuyos instrumentos son el recorte progresivo de los derechos de los trabajadores y el esfuerzo propagandístico para convencer a estos últimos de la bondad de un modo de vida basado en el optimizar la conducta actuando individualmente en la guerra de todos contra todos; b) el del genocidio clamoroso en el resto del mundo, cuya justificación teórica es observable hoy en los informes globales que ven el todo con la óptica de los intereses del Imperio pianetario en los más recónditos lugares, y cuyas manifestaciones más sobresalientes pueden resumirse de manera plástica diciendo que en esa parte expoliada del mundo se acumulan del modo más visible todos los males (económicos, ecológicos, demográficos, etc.) que un día no muy fueron diagnosticados genéricamente para el crecimiento industrial anárquico e indiscriminado.

Así pues, el amortiguamiento relativo de la crisis en el centro del Imperio, endosamiento a otros de sus efectos más nefastos —la mundialización, en suma- y el clima creado por las constantes amenazas belicistas están ya convirtiendo en judíos a la mayor parte de la humanidad (incluidos en ella el proletariado transna-. cional, que contribuyó en los años sesenta a los milagros económicos europeos y los nuevos parias que, más recientemente, huyen del hambre y de la sed hacia países donde al menos conviven paro y despilfarro). Un pensamiento que tenga presentes a la vez los dos grandes problemas actuales —el aumento del riesgo de guerra librada con armas nucleares y la catástrofe que, para quien se sienta parte de la especie humana, está representando ya el hambre de la mayoría de la población mundialtiene obligatoriamente que poner el acento en las nocivas consecuencias de la transferencia del mal económico y social hacia los países del tercer mundo. Esto supone, también para

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mientras tanto, prestar mayor atención, analítica y políticamente, a la tragedia de los países pobres, enfrentarse de lleno con las dificultades de elaboración de un punto de vista antibelicista y antimilitarista europeo en ese marco supraimperialista en el que la miseria y el hambre empujan derechamente a los explotados a tomar las armas contra los dominadores.

El proceso de recomposición de la hegemonía ideológico-cultural burguesa observado hace cinco años — cuantodavía la izquierda tradicional

Men mayor medida la vivía las últimas manifestaciones eufóricas— se ha consolidado. Los principales factores explicativos de la contradicción existente hace un lustro entre crisis mundial del capitalismo y recomposición del dominio burgués se han confirmados. Así el mal momento de la cultura socialista (entendida en un amplio) se ha ido profundizando hasta el punto de que las dos tradiciones principales del movimiencontemporáneo socialdemócrata internacionalista-- son hoy caricaturas de lo que fueron: la primera se ha convertido en un apéndice, en todo lo de los intereses granburgueses (lo que no quita para que, en un marco como el descrito en el punto 1, el parasitismo implicado en el endosamiento de los peores males a los otros siga teniendo efectos elecbeneficiosos segunda, con la excepción italiana, oscila sin norte entre el descrédito del socialismo real y el reconocimiento del fracaso de lo que un día se llamó eurocomunismo. Tampoco la tradición anarquista ha conseguido por ahora recuperarse ni siquiera en los lugares en que históricamente tuvo implanta-

Por el momento, pues, la otensiva llena de confianza y no solamente represiva de las clases dominantes ha tenido éxito.

La política de sobreexplotación se impone sin otras resistencias que las protestas de colectivos obreros directamente afectados por las reconversiones; el programa de fragmentación y atomización de la clase obrera en nuevos dispositivos industriales réplica organizada; los siguen afiliados, observan el crecimiento del desempleo con impotencia y viven con cierta perplejidad tanto la modificación de las relaciones laborales como los fenómenos nuevos a los que está dando lugar la informatización generalizada y el comienzo de la robotizadespolitización general ha veces por la repolitización de intelectuales desengañados contracultura, han sabor familiar a la tecnología poder (adorno políticas neoliberales para siempre viene bien un pasado de confusión entre liberalismo y libertarismo); la ideología del final de las ideologías tiende a permear parte de las intervenciones políticas, aunque -eso si- con un blando cinismo muy alejado ya de las formuapología directa indirecta del dominio, de la soberanía limitada encubierta, de la explotación y de la desigualdad social ha ganado también a núcleos intelectuales que se mantuvieron firmes en la década

Pero así y todo, lo más notable en este plano quizás es la americanismo a los hábitos cotidianos y la inexistencia de proyecto alternativo en la clase obrera organizada. Pues la constante ampliación del convencimiento de que en un mundo así sólo se puede optimizar la conducta propia actuando no colectiindividualmente, mediante las varias formas de corpo rativismo y las distintas variantes del sálvese quien pueda, hacen de lo que parecía antes punto de partida de la resistencia obrera un dato que hay que volver a construir.

El desplazamiento de la opinión pública votante hacia la derecha ha experimentado algunos altibajos según las zonas geográficas, pero en general la tendencia se ha visto confirmada en todos aquellos países que están a la reconversión contratendencia que pareció manifestarse en el resultado de las elecciones mediterráneos España) no puede ocultar el paralelo escoramiento hacia posiciones más conservadoras de los partidos autodenominados socialistas triunfantes en ellas. Las anticipaciones sombrías acerca del estado de ánimo del electorado norteamericano han resultado igualmente acertadas

Pero el fenómeno es de más amplitud

Basta con pensar no motivos generalmente aducidos para la reelección de Reagan en USA, sino también en la renovada atracción por modo de vida americano en toda

Europa (precisamente en un momento en el cual se imponen en aquel país las integristas), o en los brotes de xenofobia que están apare ciendo en algunos estados europeos o en la extensión que ha alcanzado el anticomunismo, o en el tono inquisijerarquía de la Iglesia católica, etc.

Esta misma tendencia es igualmente observable en el plano de las ideas filosóficas y morales, así como en buena parte de las manifestaciones culturales descrédito de los racionalismos y de la razón, la desvirtuación exagerada de la autocrítica de la ciencia contemporánea, la aceptación beata tecnología social fragmentaria y la reafirmación de conductas basadas en

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formas más o menos simples o sofisticadas del principio todo vale compiten con la añoranza de la totalidad y de la globalidad perdidas y la crítica de las morales universitarias con el renacer de las ideologías religiosas, de tal manera que la idea misma de renóvación de la perspectiva de revolución social ha quedado reducida a la marginalidad (síntoma de ello es la desaparición de casi todas las publicaciones europeas de izqüierda comunista de la década anterior).

Desde este punto de vista probablemente el fenómeno más negativo de los que se han producido durante los últimos cinco años en Europa sea la aceptación, por parte de los órganos dirigentes de los partidos socialistas en el gobierno en los países mediterraneos, de la propaganda imperialista según la cual el capitalismo es el mejor de los sistemas existentes, en una situación en la que, además — se dice-, no hay otra alternativa. Pues ese cinismo fatalista, que ignora u oculta los crímenes pasados y presentes del sistema capitalista, contribuye como ninguna otra de las ideologías contemporáneas a deprimir y desmoralizar los sectores sociales actualmente resistentes.

La idea de restaurar la vieja alianza ochocentista del movimiento obrero con la ciencia, en la forma en que se expuso en la Carta de la redacción que abría la primera entrega de mientras tanto hace cinco años, nos sigue pareciendo hoy la única perspectiva alternativa razonable que puede oponerse a la instrumentación gran-burguesa de hegemonía ideológico-cultural que la embargo, que las dificultades para ello han ido en aumento. De un lado se ha Italia- el hundimiento de los partidos principal de la resistencia antifascista desde los años veinte; han desaparecido la mayor parte de los partidos, organizaciones orientación comunista que surgieron en los sesenta; los sindicatos o colectivos obreros vinculados entonces a tales opciones políticas han seguido : la misma suerte perdiendo afiliación y militancia. De otro lado, ni los moviecologistas hasta ahora dotarse de capacidad revolucionaria ni los movimientos feministas han conseguido enlazar por el momento con las otras fuerzas de la libertad. Más bien al contrario: los grupos feministas han perdido fuerza e implantación durante estos cinco años (sacudidos también ellos por la oleada conservadora o por la tentación posibilista) y los moviecologistas, con contadas excepciones, parecen haber iniciado una retirada, limitandose generalmente a la crítica puntual y fragmentaria o a la denuncia de problemas locales.

En ese marco las veleidades irracionalistas, después de tomar cuerpo en una crítica unilateral de la ciencia y de la tecnología, parecen estar desembocando en formas varias de escepticismo político, cuando no acompañan —como adorno subterráneo, sólo algunas veces inconsciente— al neoliberalismo, o niegan simplemente la posibilidad misma de todo proyecto de transformación en un sentido global. Paralelamente, como se ha apuntado, la autocrítica de la ciencia toma el camino de una recuperación del vitalismo al tiempo que cede terreno la sensata precaución respecto de las implicaciones de la investigación científica actual en sectores punta (la exigencia de moratorias parece ser ya cosa del pasado tanto entre científicos comprometidos como en los movimientos). De ahí que las manifestaciones ingenuas o cínicas acerca del futuro de la tecnología, funcional a la utilización de esta crisis por los poderosos, así como sobre su bondad moral y social, se vayan imponiendo en la vida pública sin otra réplica apreciable que la de rancios humanismos añorantes, generalmente tan preocupados de la despersonaliza ción de la ciencia como de la pérdida de privilegios propios o de parcelas de poder en la Academia.

Obviamente la gran novedad en este plano, durante estos cinco años, es el carácter masivo con que ha resurgido en todas partes el movimiento en favor de la desnuclearización y contra el riesgo de guerra librada nucleares. La extensión geográfica del fenómeno, el importante número de personas que desde 1979 han llegado a movilizarse en Europa y América, y, sobre todo, el haber puesto el acento en los problemas centrales de nuestro tiempo ha hecho que el movimiento antibelicista fuera integrando a todos los otros movimientos sociales hasta constituir de hecho el principal foco de resistencia a la barbarie en la mayor parte de los países de Europa occipor lo demás, del movimiento social contemporáneo en el que con menos dificultades teóricas se funde la autocrítica de la ciencia y emancipatorias del movimiento obrero clásico. El movieuropeo en favor de la paz y contra las armas nucleares está con-

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tribuyendo a aproximar tres de las | que sigue en sus rasgos generales la tradiciones que han conservado el ecuménico o internacionalista: la cultura antibelicista del movicontemporáneo, tradición pacifista de varias religiones y el más reciente punto de vista racionalista, autocrítico de la ciencia, en

Efectivamente, en el seno del movimiento antibelicista — y por debajo de la pluralidad organizativa que le caracEstados Unidos de Norteamérica o en tradiciones empezado a renovarse internamente a través del diálogo y del debate que la actividad práctica frente a la lógica belicista de la era nuclear ha abierto últimos años. Sin duda, existen obstáculos y muchas reticen-

La la prolongación y profundización de este diálogo entre tradiciones tan diferentes. En tal sentido es interesante hacer notar que cada una de ellas ha de hacer frente a la propia institucionalización como poder. en pasado y en presente. La tradición antibelicista del movimiento obrero tiene que dar cuenta críticamente de actuaciones despóticas a las que durante mucho tiempo ha llamado socialismo y enfrentarse, ademas, a la concepción instrumental de las guerras que ha sido parte de ella tradición particularmente ve en la necesidad de su concepto de resignación, modificar el punto de vista ortodoxo acerca de las guerras justas e injustas y distanciarse de los poderes religiosos actuales que bendicen el rearme moral del Imperio planetario secunsus procesiones como compañía mundial del gran poder; por tradición racionalista autocrítica tiene que vencer impaciencias que la han impulsado a veces como cierta desconfianza respecto de la política y no pocas oscilaciones entre la utópica confianza en la racionalidad del poder de los fuertes y :la afirmación de los derechos de los ciudadanos a la rebalión, oscilacio,nes que atormentaror, ya a Einstein y a Russell en su momento y que suelen reaparecer entre los científicos como consecuencia del lugar social que hoy

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Por lo que hace a la situación española no hay duda de que el éxito del PSOE en las elecciones generales de octubre de 1982 es el acontecimiento mas notable del lustro en la medida en que parecía poner fin a una larguísima dominio de la social, abriendo así ciertas expectativas expoliados de la población. Sin embargo, el balance de dos años de gobierno del PSOE ha defraudado muchas de estas expectativas. Pues tal gobierno ha imnulsado una política económica iniciada por UCD y que ha llevado a consecuencias lo que aquella formación política no pudo llegar a hacer por falta de implantación social; ha articulado una política sometimiento vergonzoso a los intereses económicos y militares de los Estados. Unidos

Norteamérica y de la Atlántica; ha puesto en práctica una política laboral de intimidación cons tante a los • sectores obreros que mantienen cierta independencia respecto del gobierno, y que en los últimos tiempos se materializa sobre todo en el acoso a CCOO; ha puesto en marcha una política educativa que en general conserva las prerrogativas tradicionales a la. enseñanza privada cediendo en los aspectos económicos de la cuestión para acentuar los ideológicos (con las dificultades que eso comporta en una fase de ofensiva conservadora que, además, se siente legitimada por la aceptación gubernamental de las orientaciones neoliberales); ha seguido una política autonómica oscilante entre los intentos de reordenación burocrática de una situación que los anteriores gobiernos de la derecha dejaron en herencia (la artificialidad de comunidades autónomas impulsadas más por contraposición a los nacionalismos vasco y catalán que por la existencia de conciencias regionales apreciables) y el reconocimiento de la duplicación del gasto administrativo; ha optado, finalmente, por una política cultural que se presentó como pieza central de un proyecto regeneracionista y que en seguida se ha convertido en mero espectáculo, conpopulares, captación interesada de favores intelectuales y utilización de fondos públicos con criterios cliente-

Una política de ese tipo —la cual, en palabras del presidente del gobierno y secretario general del PSOE, empieza capitalismo es el mejor sistema que socialdemócrata ni de izquierdas en ningún sentido; es sencillamente una orientación pseudorrealista y tecnocrática que admite como mal menor, pero en cualquier caso necesario, aspectos esenciales de lo que programa; una política, en suma, que deja moralmente desarmados a los militantes que esperaban con honestiinsistencia de los dirigentes del PSOE, durante los meses anteriores a las elecciones de 1982, en el sentido de que la consecución de una mayoría amplia aumentaría las posibilidades de adoptar medidas correctoras frente los entonces llamados poderes fácticos, ha dado lugar dos años después a todo lo contrario: la instrumentalización de la amplia mayoría electoral conseguida para medidas reconversoras que la derecha no se atrevió a tomar o no pudo

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adoptar en las legislaturas anteriores.

Es ya evidente que esa orientación política ha ido deteriorando bastante la base social que el PSOE tenía hace dos años. Todas las encuestas realicoinciden en eso con mayor o menor moderación. Y a la vista del desarrollo y de las conclusiones principales del XXX Congreso de ese partido no es difícil prever que el deterioro seguirá promotores de imagen y de los responsables de organización del PSOE no puede ocultar la brecha que separa ya a úna mayoría de la población partidaria de la retirada de España de la Alianza Atlántica por un lado y a los dirigentes atlantistas del partido gubernamental zafiedad con que estos últimos estan tratando tanto al conjunto de la población española contraria a las alianzas militares, como a las voces críticas del propio partido, no es sólo síntoma de la prepotencia que da un poder (por lo demás relativo); es también muestra palpable de la incomodidad psicológica de quien tiene que mentir, ocultar o desinformar para seguir mandando.

Por suerte tampoco parece que la actual formación política de la derecha convencional vaya a convertirse en mayoría en las próximas eleccioconsuelo que por lo general retrotrae las especulaciones actuales sobre el espectro parlamentario a la situación anterior a 1982. Ahora bien, el proyecto de rearticulación politica de la hegemonia de las burguesías hispánicas parcialmente auspiciado por CDC y concretado por el momento en el Partido Reformista choca todavía con muchos y distintos obstáculos en varios puntos del Estado, por lo que no es previsible que de aquí a 1986 un proyecto de esas características logre Alianza Popular. Pero socialmente la situación es más grave de lo que estas electoral pueden dar a entender. Pues en primer lugar se éstá créando ya un distanciamiento entre la mayoria de la población y la casi totalidad de los grupos con representación parlamentan básicos para la política internacional española como el de la OTAN y en segundo lugar, el desprecio por parte de unos. y instrumentalización por parte de otros desconfianzas en la llamada democracia representativa, desconfianzas que en las condiciones descritas bandada de la izquierda pueden favorecer al neofascismo y la extensión de las críticas neoliberales de lo público.

Al otro lado del abanico político par1982— siguen apareciendo síntomas de desagregación. La prueba del hundimiento psicológico de buena parte de lo izquierda del PSOE en España una coyuntura así —potencialmente favorable para la recuperación la izquierda comunista- todo el debate actual en el PCE esté centrado en propuestas tendentes a convertir este partido en un apéndice del PSOE o en las reticencias que suscita el todavia vago proyecto de incluir a unos pocos intelectuales independientes en las propias listas electorales (una iniciativa a la italiana que resulta insuficiente en las circunstancias españolas), por no hablar de la variante personalista con que ahora se reintroduce en el PCE la tan vieia como utópica búsqueda de una alianza con la burguesia dinámica.Propuestas y vagos proyectos como esos; más allá de lo que representan de renovación vergonzante del eurocomunismo, poca cosa pueden decir ya a trabajadores que experimentan la transformación de la propia clase, bien sea por pasar a engrosar el ejército de los desenplea. dos, bien por los efectos de la formación de nuevos asalariados adaptados a los procesos de informatización y robotización en curso. Es más: la timidez de las reconsideraciones en el PCE y, sobre todo, la eclosión de los personalismos . veterocomunistas limita e incluso llega a anular en conscientes la credibilidad moral de la resistencia sindical que en los últimos tiempos estaba suscitando la actuación de CCOO.

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Visto el panorama europeo actual no parece que haya para la izquierda española más que dos ejemplos alternativos: Italia y la RFA. Pero la alternativa a la italiana la desprestigiaron entre 1975 y 1977 los mismos dirigentes del PCE que hoy se combaten entre si con tanta afición al psicoanálisis: Es comprensible, por tanto, que las es peranzas se hayan ido desplazando hacia la otra opción. Y, en efecto, a pesar de las reconocidas diferencias entre la situación española y la alemana, a pesar de las dificultades tanto programáticas como organizativas por las que están pasando los movimientos ecologistas, feministas pacifistas (en este último caso en menor medida, aunque también observables desde 1983) en toda Europa, la atracción por la opción alternativa que representan Los Verdes en la RFA no ha dejado de crecer. Aún siendo difusa, esta atracción es ya en España bastante amplia; sobre todo entre los núcleos más activos de los movimientos sociales. Ello se debe no sólo a los factores generales que operan en otras partes de la Europa occidental, sino también a rasgos particulares de la situación española, algunos de los cuales, ya han sido aludidos. En el

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transfondo de tal orientación están:

desilusión de una parte de la izquierda vacilante (o que votó útil en las elecciones de 1982) respecto de la gobierno del asuntos tales como el de la OTAN, la problemática ecológica, la política económica, los derechos de los ciudadanos y la política cultural; si se tiene en cuenta que la mayoría de la población no conocía en este país riencias de gobiernos autotitulados de

Yes natural que los efectos de la desilusión sean aquí mayores ahora (al menos en intensidad) que en

2. La todavía oscilante implantación de partidos políticos en España, que va unida a ciertas manidegenerativas. de democracia parlamentaria; las dos juntas producen un malestar muy generalizado por la tecnocratipolítica como fenómeno global, fenómeno que aquí se vive con por el todavía reciente recuerdo en los sectores de izquierda de lo que fueron partidos militantes, no meros partidos de opinión o de aluvión. Todo eso da credibilidad a una opción político-moral, opción que empieza afirmando la exigencia de hacer política de una forma radicalmente distinta de la de los partidos tradicionales.

3. El hundimiento catastrófico de las formaciones políticas que en los años sesenta y setenta actuaron como izquierda real en el país, particularmente el PCE y otros grupos comunistas;: hundimiento que al haberse producido en un lapso de tiempo muy corto y al unirse a la percepción, cada vez más extendida, de que el debate ese ámbito es cosa del pasado o consecuencia de giros personalistas contribuye a aumentar aún más el convencimiento de que la renovación de la perspectiva emancipatoria tiene que objetar con razón que contradictorios y que tales motivos están todavía bastante alejados de la conciencia ecologista a la que habitualmente hablar de la opción alternativa verde. Y, sin duda, eso es verdad. En estas mismas páginas se ha escrito que lo desilusión ante la política de gobierno del PSOE propicia a veces actitudes que revelan insensibilidad o incultura como cierta atracción inconfesada por las formas que suelen adoptar (con éxito) aquellos mismos sentido son observables simultáneación política (tendencia que enlaza rasgo tradicional de la vida española) y pretenden reducir la opción alternaparlamentario especulando con los porcentajes de

La que se habitualmente las encuestas. Pero por encima de la todavia escasa conciencia ecológica y por debajo de las prisas electoralistas o de las reticencias ante la política en general hay convicciones, exigencias des comunes, y aún coincidentes, que ejemplo, la percepción de que la mayor amenaza a la que hay que hacer frente procede del belicismo de la Adminiscrítica global a la OTAN y más en general a los pactos militares, la aspiración a la neutralidad, la solidaridad activa con los pueblos del tercer mundo que luchan por su liberación, la oposición a las políticas económicas abierta o implicitamente neoliberales, la tendencia a ver ya los problemas medioambientales como efectos de la lógica del beneficio capitalista, protesta contra la progresiva militarización de la vida civil, la orientación antimanipulatoria en el ámbito de la publicidad y de la información, la opinión favorable a la utilización de recursos y tecnologías alternativos, un punto de vista culturalmente federalista, la exigencia de una reforma moral e intelectual, etc. Cosas así no hacen, desde luego, un programa alternativo, pero son elementos embrionarios de un movimiento genérico —e internamente complicado- entre cuyos rasgos básicos destacan una y otra el carácter resistencial, antimanipulatorio, antibelicista y (más vagamente) anticapitalista; todo ello permeado más por la aspiración a la credibilidad moral que por la preocupación inmediata respecto del viejo y siempre nuevo problema del poder po-

Tanto una lista así —por lo demás discutible y a la que podrian añadirse otras coincidencias genéricas— como la evidencia de una multiplicidad de grupos y organizaciones procedentes de tradiciones diversas que tienden a acentuar unos u otros rasgos segun los ámbitos locales, nacionales o esconducen directamente pensar: 1º que la organización en que tome forma la opción alternativa que está esbozándose no podrá repetir el tipo-partido en que durante décadas se ha materializado el principal de los existentes hasta el momento, pues el respeto a la pluralidad organizativa por la base y la aspiración a comunireducidas considerablemente integradas y laxamente unidas entre sí es parte central de ideario de un movimiento así; 2º que el nombre que adoptando podrá ser verde por abreviación de las preocupaciones movimiento o por consideraciones pragmáticas inmediatas, pues —por lo que hace a España, pero seguramente también más en general— la componente ecologista es una más de las varias que entran en la opción alter-

Este último punto tiene implicacio-

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nes de interés para el futuro del movimiento sobre todo en una situación como la española en la que se ha dado ya el paso de presentar a las próximas elecciones generales un Partido Verde un Partido Progresista que disputarán en parte adhesiones y votos en el marco de las preocupaciones anteriores: Aún valorando el argumento de que entrar en la liza electoral cuanto antes puede tener en determinadas condiciones —y las españolas son, desde luego, favorables- un efecto multiplicador interesante para el conjunto del movimiento, muchas personas vinculadas a los grupos y organizaciones alternativos ANAE

EL CINERAL

piensan ya que esta historia empieza mal. No faltan razones para pensar así. Es por lo menos paradójico que una parte del movimiento ecologista, en el que siempre ha habido considerables reticencias respecto de los problemas políticos más generales se presente de golpe como partido político, anteponiendo premuras electorales a una discusión más amplia, todavía por hacer. Y es también por lo menos paradójico que el otro partido preocupación ecologista, se presente ahora bajo la advocación del rótulo probablemente más desprestigiado (después del de partido) ya no sólo entre los ecologis-

S

tas puros sino también entre comunistas y socialistas con conciencia ecológica, el del progresismo.

Pero las discusiones sobre palabras importan poco. Lo que importa es tener en cuenta que tan pronto como se reflexiona acerca de las implicaciones de un punto de vista ecologista consecuente, así como acerca de las implicaciones del antibelicismo y del neutralismo en nuestra época, se impone pensar también en alternativas que incluyen otros planos, principalmente económico-sociales. Existe un acuerdo hoy muy generalizado en los grupos organizaciones alternativos sobre que hay que reivindicar la utopía frente al realismo politico acertado. Pero el abuso de la utopia como alternativa no puede ocultar o contradicciones internas irresueltas que se plantean en la vida práctica de los movimientos. Por ejemplo: ¿qué tipo de comunida. des alternativas, locales, regionales, con qué producción de bienes y distribución de los mismos y con qué formas de vida en el occidente hoy capitalista, si tenemos como objetivo detener las máquinas de guerra y paliar la sed y el hambre de una buena parte de la población mundial?. ¿Qué relaciones laborales y qué organizaalternativos, tenemos como objetivo acabar con el parasitismo que endosa crisis ecoló. gica y escasez al mismo tiempo a la mayoría de los pueblos de la tierra?. ¿Qué concepto de la nación y de la patria cuando entran en juego a la vez el peligro de guerra nuclear y los. conflictos parciales en las Malvinas o en Ceuta y Melilla?. ¿Qué tipo de agricultura satisfactora de las necesidades alimentarias de los otros y ecológicamente orientada?. ¿Qué tasa de consumo energético que permita mantener la buena utopía concreta en las distintas zonas geográficas de España y echar la mano que nos corresponda a aquella parte de la especie que está al borde de la inanición?. Y así sucesivamente. La utopía es una buena idea. La conversión de las espadas en arados una excelente metáfora para la reconversión industrial alternativa. Y se hace, claro está, camino al andar. Pero no tanto. Harán falta también programas.

implicaciones sociales y la exigencia de un cambio radical en la forma de vida americaunas y otra implicitas punto de vista verde, obligan a tomar en consideración a otros movimientos que pasan por dificultades, pero que han aportado conocimiento y práctica a la perspectiva emancipatoria. Sin el movimento obrero organizado y sin el movimiento de las mujeres, la opción alternativa quedaría coja desde Cordialmente, Diciembre 1984Q

La Redacción