Mario Vargas Llosa es uno de los novelistas más adorados de los pertenecientes latinoamericano y, en verdad, no puedo entender por qué:
seguramente se deberá a que es guapo y brillante, tanto personalmente como en su obra literaria. Sus mejores novelas se caracterizan precisamente por eso: por su brillantez, por su maestria en los fuegos artificiales, y tan artificiales, de la narrativa. "La tía Julia y el escribidor'" puede servir de ilustración y ejemplo a este despliegue de medios técnicos, a la maestria en el oficio del narrador peruano. "La Ciudad y los Perros", pone tal maestria al servicio de una historia de innegable valor e interés humanos. Para mí, se trata de un escritor interesante, ameno cuando toca temas que no son universales.... e insoportable cuando, como en el libro que reseño, emplea esa brillantez en inventarse la
Historia para tratar de explicarse un Presente. Porque toda esa brillantez, todo ese recetario bien aprendido de truquis profesionales, se convierten en métodos de falseamientos y tergiversación de la realidad, y la narración se pone al servicio de una concepción del mundo irritante, por lo erróneo. "La Guerra del
Fin del Mundo" podía tener una cierta gracia, debido al exotismo inicial de su historia y a la ambivalencia de sus lecturas posibles. Pero con "Historia de
Mayta", no ocurre eso; seguramente, porque el asunto nos pille más cerca en el tiempo y en la sensibilidad. Y, además, porque Vargas Llosa comete un error narrativo: mezcla un pasado tergiversado, con un supuesto "presente" —el Perú como lugar de desarrollo de una parte de esa tercera guerra mundial, de ese enfrentamiento indirecto entre las grandes potencias, que está ocurriendo— de
TODOS LOS VIEJOS TRUCOS
Eduardo Haro Ibars.
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Mayta al 'boom"
otra torma y por otros motivos —en muchos otros lugares del mundo, incluyendo a la propia Latinoamérica. Y así, al no poder ¡ustificar el "pasado"
con el "presente", ni al revés, a nó ser en el mundo ficticio del papel, al escribidor se le va el plumero, se ve la servidumbre ideológica y la pobreza de análisis y juicio que empañan su brillantez y su talento.
Puede que otro de los justificantes de su excesivo éxito, sea el derechismo de su autor —derechismo comparativo, si lo relacionamos con el resto de las figuras del "boom", comprometidas politicamente desde distintas posiciones, con los movimientos de izquierdas, liberadores, que se dan en todas partes, pero con mayor agudeza en el Cono Sur—; y esto no es una broma fácil, una boutade.
Es que resulta curioso ver con qué fácil masoquismo, el crítico de izquierdas baja las armas ante cualquier adversario ideológico, ya sea éste novelista o de las mínimas cualidades profesionales que le hagan presentable; como la derecha asiente sin problemas, y la izquierda no ataca por respeto, y aún a veces dice admirar reverencialmente, tenemos a novelistas y
Nalgo más que mediocres, ocupando cátedras de genio. Eso ocurrió, a principios y mediados de siglo, en Francia, con los escritores católicos Maurois y Mauriac, cuya insoportable falta de talento se soportaban, mientras que no se hubieran tolerado en escritores comprometidos, revolucionarios, como Henri Barbusse. O ha pasado, hasta hace muy poco —y me temo que sigue pasando— en España, con Ortega; que no siendo, además, autores descaradamente fascistas, la crítica de izquierdas se siente obligadamente agradecida hacia sus contadas pruebas de liberalismo y honradez. El crítico de izquierdas adopta esta postura de indefensión movido, por un lado, por su loable afán de respeto hacia todas las corrientes de pensamiento; por otra, por un no ya tan defendible afán de no ser considerado "sectario" o "partidista". Este miedo paralizante, nos hace caer a menudo en la seducción que despliega el contrario, como el pajaro cae ante la hipnótica mirada de la serpiente.
Poco es lo que tengo que decir de "Historia de Mayta": se trata de una novela, a mi entender, mediocre y mentirosa, y en ocasiones profundamente irritante. Creo que pretende ser una suerte de explicación personal, y búsqueda de antecedentes, para el estado de guerra abierta y de guerra revolucionaria que reina en la mayor parte del Cono Sur. Explicación y búsqueda falseadas, en tanto estado de guerra no pueden buscarse en personales, subjetivos; ni en pequeñas aventuras y cuarteladas,. ni en los sentimientos generosos de individuos enfrentados individualmente a la evidente miseria e injusticia que reinan en estos países. El "doble truco", , o doble salto mortal, de Vargas Llosa, se queda convertido en una inútil cabriola de saltimbanqui, que se rompe —metaforicamente nada más— la nuca, al fallarle los trapecios. Colgado de un ayer que no fue así, pretende saltar a un hoy también ilusorio..., y se estrella.
Este es, tal vez, el más innovador en un compendio de trucos y de trampas narrativas de toda índole, pero generalmente viejos y sin gracia: el escritor, a lo largo de su libro —algo tedioso— se justifica una y otra vez, ante sus mismos explicándoles que no pretende sino hacer ficción; y, al mismo tiempo, mantiene la doble ficción de hacer una especie de reportaje periodístico, una investigación minuciosa, con magnetofón y todo: entrevistas a fantasmas. Pero cuando nos revela la inexistencia de esos personajes, sigue aferrado a su procedimiento narrativo, la falsa entrevista, que ya no tiene razón de ser.
El personaje central, Mayta, está consecuentemente desprovisto de toda identidad real; aunque, a pesar de ello, se nos dan una y otra vez sus señas de identidad, hasta en los más íntimos pormenores: que le duelen los pies, porque los tiene planos. Y, sobre todo, que es homosexual. Esto parece tener mucha importancia para Vargas Llosa, y el parece creer que tiene mucho que ver la sexualidad con la lucha política, e incluso con la guerra de guerrillas; amparándose en estos argumentos, nos regala con alguna que otra escena patética, secuencias tristísimas donde la homosexualidad, el amor y la desvirtuados. Uno acaba por no saber si la homosexualidad tiene que ver con el revolucion, confusamente mezclados, dolor de pies, éste con el amor, o qué con qué.
A Vargas Llosa se le podría exigir, después de tantos años de oficio, que
Nalgo más para mantener su credibilid ad como intelectual: mezcolanza de tópicos, sensiblería y falta de sentido común e histórico, no le van a servir como coartada. Se le podría pedir, también, que no aburriese; pero esa es otra. O