ESTADO ESPAÑOL:
¿ Y ahora, qué?
Durante los últimos meses de 1983 y el primer trimestre de 1984, el movimiento obrero ha vivido el periodo de luchas más importante de los últimos años. En él se han mostrado las fuerzas importantes que conservan los trabajadores, después de 7 años de derrotas y desmoralización, y también las posibilidades de recuperación que existen. Pero los resultados prácticos, en lo que se refiere a reivindicaciones logradas, no han sido buenos. Ha habido derrotas importantes, como en Aceriales, Potasas, y sobre todo, Sagunto, y son excepcionales las luchas que han terminado con resultados aceptables. El aspecto más positivo del balance de las movilizaciones ha estado, por una parte, en obstaculizar el avance de la política gubernamental y patronal, y sobre todo, en las experiencias realizadas y sus lecciones políticas
¿Y ahora qué? El Gobierno ha aprovechado a fondo la situación creada por la derrota de Sagunto, y en general, la caida del nivel de luchas que se produjo desde el mes de Marzo, para dar otro paso adelante en sus planes, preparando a la vez el terreno para un pacto social, bautizado con un nombre nuevo, "Acuerdo Económico y so"cial (AES) para tratar de jugar al escondite con la memoria de los trabajadores. El Gobierno es consciente de que tiene ante si lo que llama los "núcleos duros", no sólo de la reconversión industrial, sino del conjunto de su política económica, y quiere resolverlos por via de pacto, después de haber aprendido en los meses pasados, los riesgos de abordarlos por la controntacion directa. Además, el gobierno quiere asegurarse el máximo de "paz social" en 1985, un año "pre-electoral", (por lo menos) y en el que pretende consumar el inmenso fraude de mantener al país en la OTAN
En estas dificiles condiciones, ¿habrá una continuidad con las grandes movilizaciones de hace unos meses, o por el contrario se recaerá en la desorientación y la impotencia?. ¿Volveremos a escuchar aquello de "qué pueden hacer 4.000 trabajadores frente a 10 millones de votos"?. ¿O comenzaremos a buscar la solución al problema verdadero:QUE PUEDEN HACER 10 MILLONES DE TRABAJADORES CON EMPLEO Y 3 MILLONES DE PARADOS BLOQUE GOBIERNO-CEOE?. Esta es la alternativa, a comienzos de Septiembre.
Los objetivos " innegociables" de Felipe Gonzalez.
La lucha de Sagunto fue, como hemos dicho ya muchas veces, un revelador de la verdadera naturaleza del 'cambio" , y lambién de las fuerzas y debilidades del movimiento obrero. En ella se mostró claramente cuál es el abstáculo político principal que tienen ante sỉ los trabajadores: un gobierno de izquierdas actualmente,y cuenta con el apoyo, y los ''buenos consejos" ‚de la UGT, es el gerente principal y el "estado mayor" de la política capitalista frente a la crisís economica.
Este Gobierno parece inmune a la presión de masas: la patronal bancaria consigue más de Felipe González, con una llamada telefónica, que decenas de millares de obreros con luchas largas, duras, unitarias, y con gran respaldo social. El Gobierno parece pues muy fuerte, pero ¿lo es?. ¿Es realista plantearse el objetivo de derrotarle?.
Veamos cuales son los objetivos innegociables de la política económico-social gubernamental,los que solo pueden cambiarse llevándolo contra las cuerdas: •Mantener los planes de reconversión en reduccio d apacidad productiva. empleos y
El Gobierno es consciente de que, hasta ahora, ha avanzado muy poco y muy lentamente en este terreno, aunque haya conseguido superar el absoluto bloqueo en que se encontraba a primeros de año. Su táctica va a seguir, en todo caso, el modelo acordado en Febrero con UGT:-llevar los aspectos más difíciles de la negociación al nivel de empresa, especialmente, todo lo que se refiere a la destrucción de empleo; —utilizar los 'fondos de promoción de empleo" como etapa intermedia hacia la jubilación o el paro; —desarrollar la "prejubilación" a bajo precio, poniendo así a la Seguridad Social al servicio de la destrucción de puestos de trabajo, por medio de las "zonas de urgente reindustrialización" cuyos resultados prácticos estamos comprobando en Sagunto (primero, el número de puestos comprometidos no llega a la cuarta parte de los empleos destruídos; segundo, las empresas cuya instalación se promete operan en sectores sobresaturados y buscan únicamente las ventajas fiscales y financieras que se les ofrecen; tercero, a finales de Junio no habia aún ningún compromiso firme de instalación). Sin duda, el aspecto fundamental de esta táctica es la primera división que introduce entre los trabajadores: UGT se sitúa decididamente en el campo del gobierno y, por tanto, toda línea de resistencia debe partir de una situa-
ción de división: el primer aviso sobre las enormes dificultades que esto plantea lo tuvimos en Aceriales; el segundo, lo estamos viviendo en el sector naval. El movimiento obrero, en particular CC.OO.,no ha encontrado respuesta eficaz a este problema. El Gobierno espera que no la encuentre. •La fortisima caída de los salarios en 1984 y los efectos, muy limitados por ahora, de la reactivación económica internacional en la economía española, permiten al Gobierno y la patronal adoptar una posicion más 'blanda' en los topes salariales. Ambos coinciden en aceptar el criterio de la salarial la inflacion prevista para el año proximo (con lo cual se comprende por que ponemos entre comillas la palabra 'blanda': un tope salarial del 7% supondría en el mejor de los casos quedar cerca de 3 puntos por debajo de la inflación pro•El horario de trabajo se considera en general intocable: en aquellos sectores o empresas en que sea obligado aceptar una reducción de jornada, exigirá como unaflexibilización máxima del tiempo de trabajo, siguiendo el modelo de la patronal alemana en la lucha por las 35 horas a cambio de la reducción de jornada a 38,5 horas semanales, insuficiente para la creación de empleo, la patronal del metal ha conseguido que este horario se considere la media de horas semanales trabajadas durante 2 meses, asi como la posibilidad de contratar con cada trabajador un horario individual de trabajo; los efectos desorganizadores de estas concesiones para los trabajadores, son evidentes) •En la política de empleo (por llamar de algún modo a una política que ha provocado la destrucción de 400.000 empleos en 18 meses), son también los criterios de UGT los que están en el puesto de mando. Se trata en primer lugar, de enterrar definitivamente la promesa de los 800.000 puestos de trabajo, considerada como un "error de juventud". Para ello no se escatima el cinismo: Almunia considera toda cuantificación de los proyectos de creación de empleo "un ejercicio aritmético"; Redondo habla de "cifras cabalisticas". Y así, de la nada hemos pasado a la más absoluta miseria: UGT propone ahora que los compromisos se limiten a los empleos a crear en el sector público (25.000, es decir, menos de 1 por cada 100 parados). Este planteamiento significa, en realidad, renunciar a la política de empleo que merezca ese nombre, y sustituirla por instrumentos ineficaces, como el llamado 'fondo de solidaridad" que es simplemente una caricatura de lo que sería necesario hacer: Es decir, garantizar con fondos públicos, obtenidos con la fiscalidad progresista la creación de empleos, al menos al nivel de los 800.000 prometidos.
Cuando se deja en manos patronales la batalla contra el paro, los resultados tienen que ser catstróficos: así ha ocurrido
Por eso, el Gobierno ha trasladado la lucha contra el paro desde la vida real al mundo de las estadísticas: las medidas de estimulo al empleo precario no pretende realmente disminuir el paro, sino disminuir las cifras oficiales de paro, mediante la creación de empleos ficticios. El Gobierno ha copiado viejas recetas que han demostrado ya su ineficacia en otros paises europeos: por ejemplo, en la RFA se firmaron en 1983 nada menos que 1,7 millones de contratos de prácticas: pese a ello se descubrió al finalizar el año que el paro de los menores de 25 años había aumentado en un 45%; en Francia, los contratos temporales tienen una duración media de 12 semanas y solo un 13,5% de ellos conducen a contratos estables (la inmensa mayoría de este porcentaje, corresponde, por otra parte, al clásico "periodo de prueba", que ha existido siempre y no tiene ninguna relación con la lucha contra el paro). Hay que esperar que dentro de algún tiempo, el Gobierno importe las últimas novedades europeas en esta materia, entre las que merece un lugar de honor el invento de Mr. Fabius, recién nombrado presidente del Gobierno francés: un llamado "año post-escolar" que los jóvenes parados podrían pasar como soldados voluntarios en los cuarteles... Si alguien necesitaba una prueba suplementaria de la relación entre militarismo y austeridad, aquí la tiene. En realidad, el objetivo fundamental que orienta la "política de empleo" de Felipe González y sus colegas del mundo imperialista es romper la barrera del salario minimo: como vienen diciendo desde hace al"neoliberalismo", la única "Solución" contra el paro es permitir a la patronal contratar trabajadores por debajo, muy por debajo, del salario mínimo. Por el momento, el hombre de vanguardia en este terreno es Pinochet: su plan de 'empleo minimo" ha conseguido que parte de 30% de parados chilenos puedan trabajar algunos meses al año por una miseria de 20 a 50 al mes (el mínimo vital en chile se calcula en 120 s mensuales). • •Enfin, el Gobierno ha realizadoa toda prisa las reformas de las leyes laborales y sindicales básicas, recogiendo buena parte de las propuestas de CEOE y UGT. Lo único "'negociable" ahora es lo que llaman "con-
, y es en realidad colaboración, para la realización de estas reformas. Queda el cabo suelto del "Consejo
Económico y Social, especie de pacto social institucionalizado, cuya existencia sólo interesa a burócratas y a "expertos" desplazados del Parlamento. Sigue siendo, en
todo caso, una carta en la manga del Gobierno, que podría ser utilizada en el futuro. Un gobierno más débil de lo que
En estas condiciones, cabe preguntarse si el Gobierno desea seriamente que CC.00 firme el AES. Con independencia de la evi dente voluntad pactista del trio CamachoGutiérrez-Moreno, tanto la situación interna del sindicato después del Congreso confederal, como un mínimo instinto de supervivencia, impiden que la derecha de CC.00, mayoritaria en su direccion, firme una capitulación sin condiciones, a cambio de practicamente nada.
La negociación está en marcha y la experiencia aconseja ser prudente en los pronósticos. Pero puede afirmarse que, o bien hay espectacular en gubernamental, o el Gobierno va hacia un pacto sin CC.00., que equivale, en última istancia, a una prueba de fuerza con todo el sector del movimiento obrero dispuesto a resistir. Si esto último se confirma, el Gohabrá hecho una apuesta muy arriesgada y habrá posibilidades importan-
En primer lugar, el propio equilibrio interno de un AES firmado por GobiernoUGT-CEOE es bastante precario. La luna de miel Gobierno-Patronal debe comenzar a deteriorarse, aunque solamente sea por el periodo "pre-electoral" entramos. Y por supuesto, cualquier concesión minimamente Gobierno a los trabajadores provocaría la ruptura del "romance".
Dentro de la familia socialista, hay ya un importantísimo elemento de conflicto político, —la posición respecto la OTAN-,que tendrá repercusiones considerables dentro de la UGT. Pero además, como se demostró hace unos meses en el periodo de grandes luchas obreras, un desarrollo importante del Gobierno y entre sectores del Gobierno y la UGT.
Estos conflictos revelan la debilidad de la base social de la socialdemocracia española. Los 10 millones de votos son realmente a estas alturas, "cifras cabalísticas", que no dan cuenta en modo alguno del apoyo social efectivo con que cuenta el Gobierno, epecialmente para su política económico-social. En realidad, podemos dividir a los trabajadores en tres grandes sectores, según su posición respecto al Gobierno: el primero, minoritario y decreciente, consti-. tuido por los que apoyan la política gubernamental, se sienten defendidos por ella o creen que, a medio plazo, está política va a favorecerles; el segundo, minoritario también pero creciente, constituído por los que han perdido toda confianza en el Gobierno, se sienten agredidos por ella y están dispuestos a protestar o resistir, son muy dicombatividad; el tercero, que es ampliamente mayoritario y cuyo volumen crece o decrece según las fases de lucha, constituido por los trabajadores desmoralizados, desorganizados,pasivos, concentrados en la lucha individual por la vida, que no creen ya en el Gobierno pero tampoco en la utilidad de la resistencia.
Pues bien, lo fundamental de la «base social" de Gobierno está en éste último sector, en las arenas movedizas de la pasividad y la desmoralización masiva.
Este sector dificilmente se volverá en favor del Gobierno, pero puede volverse en favor de la movilización, como se empezó a comprobar en muchos momentos durante las grandes luchas pasadas. Por esta razón una política de resistencia no solamente es necesaria es tambien realista, puede realizarse, conseguir la fuerza social suficiente para obtener victorias parciales, que ayuden a avanzar hacia la derrota de la política gubernamental.
Organizar la resistencia significa, en primer lugar, responder a los problemas más inmediatos de los trabajadores impedir que CC.00 firme el pacto social y enfrentarse masivamente con él; desarrollar la lucha contra la reconversión, especialmente en el sector naval, aprendiendo de las lecciones de Sagunto; asumir de una vez la lucha contra el paro y la organización de los parados como una tarea sindical central; ocupar el lugar irremplazable que corresponde al movimiento obrero en la movilización contra la OTAN; preparar, enfin, una verdadera movilización del conjunto —no una de esas "jornadas" ineficaces a que nos tieacostumbrados CC.OO—, preparada desde la base, con la mayor unidad posible, dirigida contra la política económica del Gobierno: este es el instrumento capaz de derrotarla. De estas tareas a corto plazo, iremos escribiendo semana a semana en COMBATE.
Pero ahora vamos a referirnos a tareas que no son tan concretas e inmediatas, pero son imprescindibles, porque buscan resolver los problemas de fondo actuales del movimiento obrero, esos problemas que ponen plomo en las alas de las fases de movilización, incluso cuando son tan importantes como las de hace unos meses,y amenazan siempre con una recaída.
En el Ill Congreso de CC.OO., las dos posiciones mayoritarias, de Camacho y Ariza, difundieron, cada una a su manera, un optimismo gratuito y demagógico sobre el nivel de recuperación del movimiento obrero y los éxitos logrados durante 1984. La izquierda sindical, que tanto ha luchado por romper en la acción los efectos desastrosos delpactismo, es por supuesto la
primera en alegrarse de las grandes movilizaciones que han existido, en las cuales, fundamental. Pero no tenemos ningún interés en participar triunfalismo demagógico que, entre otras cosas, pretende, ocultar los errores gravísimos de la prode CC.00 últimos años. Debemos afirmar ahora que las heridas del pactismo son demasiado profundas y no se curan espontáneamente, ni a base de "giros tácticos" a la izquierda, que además ni son fuertes, ni serán durade-
En primer lugar, la conciencia y la organización de los trabajadores ha sido destrozada en los años pasados, por cada pacto social y, sobre todo, por el conjunto de todos ellas: se ha instalado en el movimiento obrero una tradición, una "cultura del pacto" dentro de la cual las reivindicaciones, las formas de acción y organización se han adaptado a la lógica de la negociación y la aplicación del pacto social.
Las tradiciones de lucha del movimiento obrero se construyeron en condiciones de ilegalidad política y pleno empleo. Cuando a partir de 1975 habia que construir una nueva tradición combativa en condiciones de democracia burguesa y crisis económica que generaba un paro masivo, se institucionalizó en su lugar el pacto social permanente.así, se abandonaron reivindicaciones elementales imprescindibles (como por ejemplo, los aumentos salariales según la inflación del año anterior) porque "no entraban" en la lógica del pacto. Más aún, se abandonaron sectores masivos de la clase obrera (en primer lugar, los (as) parados (as)), porque el pacto social sólo podía dedicarles promesas ilusorias. Desde Septiembre a Enero o Febrero, cada año, los trabajadores en vez de discutir plataformas de convenios y organizar la lucha por ellas, se nabituaron a contemplar las idas y venidas de sus derigentes de la mesa de negociaciones, a la espera del acuerdo final, que vaciaba de todo contenido la lucha obrera básica por las condiciones de trabajo. Los aspectos más aberrantes de la ideología pactista ("los sacrificios de hoy son los empleos de mañana", "la salida a la crisis exige la solidaridad ,"luchar por salariales importantes en los sectores más fuertes es corporativismo", etc., etc.) prendieron en muchos millares de trabajadores desorientados y desmovilizados. Por todo ello, cuando el año pasado hubo que negociar convenios sin social, se comprobó la falta de "entrenamiento" en muchos sectores y empresas. Y cuando Sagunto demostró en la práctica qué es una línea de resistencia frente a la reconversión industrial, no se llegó a generalizar la experiencia y se la cortó brutalmente con el pacto de Abril. • Hay que destruir esta "cultura del pacto" e ir creando en su lugar una "cultura de la resistencia".. Septiembre tiene que volver a ser el mes en que empiezan a prepararse la negociación de convenios, la lucha por las reivindicaciones necesarias, las mejoras que puedan conseguirse con la relación de fuerzas de cada empresa o sector apoyando a los más débiles con la solidaridad. Contra la reconversión industrial salvaje, el camino lo marcó Sagunto: imponer la desobediencia a la patronal y las formas adecuadas de control obrero sobre la producción; organizar a toda la población, especialmente a las mujeres y los jóvenes en el apoyo a la prepararse para una batalla prolongada, patronales y, aunque esto se refiera a lo que debió hacerse y no se hizo, aprovechar el nivel mas alto de la movilización para generalizar la lucha, cuando el gobierno-patrón lanza la batalla final. Se trata, enfin, de extender el sector de trabajadores ruptura ideológica y práctica con el pactismo, con la política de "solidaridad nacional", de fortalecer una vanguardia que sepa responder a los problemas de la negociación colectiva, la reconversión, el paro, con los métodos del sindicalismo de resistencia, generalizando las experiencias mas avanzadas, "re-educando" al movimiento obrero en el tipo de lucha sindical que es necesaria en una crisis económica cuyo final está aún muy lejano.
En segundo lugar, la política de pactos sociales, en condiciones de crisis económica, ha dividido profundamente a la clase obrera, en todos los terrenos. Nos referimos a dos de ellos: la división social y la división provocada, desde el 28-O, por la actividad de un sindicato progubernamental, la UGT.
La clase obrera está desgarrada internamente. Es como un rompecabezas, con las piezas sueltas, desordenadas, sin relación o con hostilidad entre ellas. Hay división entre los trabajadores con convenio colectivo (en los cuales la patronal va introduciendo cada vez mas categorías) y los trabajadores de los sectores en crisis o reconversión (donde la táctica gobiernoUGT busca la separación empresa a empresa); en ambos casos, existe a menudo división entre los sectores público y privado. Hay división también entre mujeres y hombres: el relanzamiento de la ideología familiar trata de "justificar" la expulsión de las mujeres del trabajo productivo estable y reducirla al papel de esposa y madre de parados. Y hay sobre todo la división entre trabajadores con empleo estable y los trabajadores en paro o con empleo precario, reduciéndose cada vez
mas la primera categoría y alejándose de las otras dos.
Este rompecabezas no es un simple producto de la situación objetiva y no puede resolverse por medio de una fórmula o un programa. Sólo una larga práctica puede romper las barreras de la desconfianza, de ese verdadero "corporativismo" llama insolidaridad. Se trata de ir forjando, sobre la base de la experiencia, un verdadero pacto unitario de trabajadores, que recupere la identidad de la clase obrera en la sociedad, el reconocimiento entre todos sus sectores de los intereses comunes que les enfrentan a todos los sectores de la patronal, la necesidad de la ayuda mutua. Esta es la principal tarea estratégica que debe plantearse un sindicato de clase y de masas: volver a representar los intereses colectivos del conjunto de la clase obrera en la lucha cotidiana. Solchaga dijo hace algunos meses que CC.OO. era como "la CNT de los años 30". No es verdad, desgraciadamente, porque en muchos aspectos CC.OO. debería representar ese combate radical contra el capitalismo y, por ello mismo, esa capacidad de defensa de los sectores mas explotados del colectivo obrero, que tuvo la CNT. Esa debe ser la bandera de la izquierda sindical.
El otro problema de la división se refiere a la UGT. Como suele decirse, UGT no es eficaz para movilizar, pero sí lo es para impedir la movilización. Es además una buena excusa para la dirección de CC.OO. cuando trata de justificar compromisos inaceptables en nombre de la "unidad". Está claro que esa clase de "unidad" —la que se hizo en el AMI-II, el ANE o el AIno sirve mas que para profundizar la división social a que nos referíamos antes. Lo que hace falta es la unidad en la resistencia, incorporar a ella a los sectores mas atrasados, menos combativos. Pero es un dato de la experiencia que esta unidad se da sólo muy excepcionalmente y durante poco tiempo, porque es solamente un producto de la relación de fuerzas: o hay un fuerte movimiento unitario de base que la impone movimiento obrero, esto sucede raras veces), o consigue la mayoría en la dirección de la lucha, y la utiliza inteligentemente, el sector dispuesto a luchar. Para este objetivo, hay obstáculos muy importantes políticos y organizativos. En el terreno organizativo, por ejemplo, hay poca experiencia sobre cómo resolver las contradicciones del comité de empresa, un organismo que tiene un grado de representatividad importante, pero congela las relaciones de fuerza que existieron en el momento de las elecciones y no tiene por qué mantenerse en el momento de la lucha. En ocasiones, la mayoría del comité se convierte en el curso de la lucha, en un instrumento de compromiso, contra la voluntad de la mayoría de los trabajadores. Y en estos casos, hay poca experiencia reciente de forzar dimisiones en caliente del comité, o ampliarlo con delegados de asamblea, o sustituirlo por un comité de huelga. Estas son decisiones arriesgadas, pero hay que contar con ellas, cuando está en juego la continuidad de la movilización.
En todo caso, el problema de la unidad se plantea normalmente como competencia entre el sector que dirige UGT y el sector que mayoritariamente se reconoce en CC.OO. Este es el problema y hay que afrontarlo con todas sus consecuencias, aunque la victoria sea difícil: se hizo en Aceriales, continuando la lucha pese a la capitulación de UGT; se hace bien ahora en construcción naval, y no se supo hacer en Sagunto. Cada experiencia de lucha unitaria, por modesta y breve que sea, debe aprovecharse. Pero la línea general se basa en que recomponer la unidad de acción del movimiento obrero depende de la fuerza que consiga el sector mas combativo. Y quede claro que "el sector mas combativo" no son simplemente las CC.OO. El "bipartidismo" Camacho-Ariza es incapaz de luchar por la unidad en la resistencia. También aquí todo depende del avance de la izquierda de CC.OO. y de su capacidad para estrechar lazos con la izquierda sindical que está fuera de CC.OO.
En tercer lugar, la clase obrera esta muy debilitada organizativamente. No nos referimos solamente a las bajísimas cifras de afiliación de los sindicatos, y también de los partidos obreros. El problema está además en el envejecimiento, la rutina, la inactividad, la "instalación en la crisis" de la mayoría de las organizaciones de base en las fábricas, secciones sindicales y agrupaciones de partido, incluyendo muchas veces a los sectores revolucionarios.
El desarrollo del sindicalismo de resistencia necesita una verdadera revolución en la base sindical. La pasividad, la "afiliación de carnet" sólo sirve al pactismo. Una izquierda sindical limitada a cuadros reconocidos, pero sin base organizada y activa cada día, tiene los pies de barro.
único aspecto progresivo de la reaccionaria reforma de las leyes sindicales que acaba de dictar el gobierno, consiste en que favorece el desarrollo de las secciones sindicales de empresa. Además la reanimación que ha vivido el movimiento obrero en los meses pasados debe favorecer la afiliación sindical. Y enfin, el "giro táctico" de la dirección de CC.OO., y sobre todo el papel que CC.OO. ha desempeñado en la mayoría de las luchas importantes, deben permitirle atraer a nuevos trabajadores
combativos. La izquierda de CC.OO. debe estar a la vanguardia del reforzamiento del sindicato, y de la lucha por las condiciones de democracia interna que la pueden hacer posible. Pero en esta tarea, la primera oblisolamente como un grupo de dirigentes sindicales: en el III Congreso de CC.OO. la izquierda creció "por arriba". Ahora se trata de crecer "por abajo"
Enfin, en cuarto lugar, la clase obrera está debilitada políticamente. La debilidad de los partidos obreros, tanto más debiles cuanto mas a la izquierda, es solo un aspecto del problema. En el mejor de los movimiento sindicalismo combativo, pero sin actividad política, o con una actividad desastrosa (el "anti-terrorismo", por ejemplo). Existe sí "politización" en el peor palabra, como la que practica la UGT, en cuya actividad sindical ocupa un lugar fun"nuestro gobierno". Pero no existe una intervención independiente del movimiento obrero en la escena política; esta ausencia tiene efectos muy negativos sobre la situación general, péro es también un lastre sobre la propia lucha en el terreno economico-social.
En el Ill Congreso de CC.0O., Camacho recuperó la vieja idea del sindicato como "movimiento socio-político". Es claro que esta recuperación no es inocente: el objetivo de fondo es que CC.OO. ayude a la recuperación del PCE y dentro de él, a Gerardo Iglesias. Pero mas allá de las intenciones, es verdad que CC.OO. tiene que volver a ser un "movimiento socio-político" y que la izquierda debe luchar porque lo sea en la práctica.
La primera tarea es incorporar de verdad a CC.OO. al movimiento anti-OTAN. De verdad significa llevar el movimiento a las fábricas y llevar a los trabajadores masivamente a las iniciativas del movimiento, comprendiendo que esta no es una "tarea de solidaridad" con algo que ocurre fuera de los intereses de los trabajadores. Asumir la relación inseparable que existe entre "austeridad" y militarización, y combatirla en todos los terrenos —muy especialmente en los presupuestos militares que roban puestos de trabajo y necesidades sociales básicas— es'una condición para que se desarrolle un movimiento obrero de resistencia. Y es también un instrumento necesario para que exista una actividad política independiente de los trabajadores: un movimiento obrero enfrentado al militarismo habrá roto uno de los eslabones que le atan al sistema.
La lucha contra la OTAN es la principal, pero no la única de las actividades políticas que el movimiento obrero debe hacer
Use trata de que los trabaiadores vuelvan a representar una alternativa, en el sentido mas radical de la palabra, a la crisis de la sociedad: por eso es necesario levantar una alternativa de clase frente a la crisis capitalista. Es cierto que la mayoría de los objetivos que esta alternativa debe contener aparecen lejanos (aunque en todo caso son mucho mas realista que cualquiera de los puntos de la política de "solidaridad nacional").Pero no hay otra posibilidad de acercarlos, que luchar por ellos. Los jornaleros andaluces han hecho realista el objetivo de impedir el cierre de sus minas. Lo mismo puede conseguirse luchando por la nacionalización de la banca, las libertades nacionales de los pueblos del Estado español o la oposición a la entrada en la CEE. A fin de cuentas, acumular fuerzas y experiencias de lucha por una alternativa como ésta es la tarea central, el resumen de todos los objetivos de la izquierda sindical.
M. Romero. 2.9.84