Hacia un ejército de la
burguesía europea
J-L. Michel avance de Europa en el terreno de su edificación militar, en forma de una coordinación e incluso una integración de sus medios militares, incluidos los nucleares. Al parecer son cada vez más amplios los sectores burgueses que optan por un proyecio de este tipo. Y en el interior mismo del movimiento obrero y del movimiento por la paz, algunos dirigentes de primera fila de la socialdemocracia, como Willy Brandt, el dirigente del SPD de Alemania Federal, defienden esta orientación.
En el terreno instituciónal, en especial los gobiernos británico, francés, alemán y español han reactivado recientemente las cláusulas de los acuerdos bilaterales que afectan a la cooperación militar. En los EEUU, Henry Kissinger, que actúa como "pez la Administración formula propuestas de "reestructurar la OTAN" con miras a responsabilizar más a los gobiernos europeos. Los dos principales candidatos a la nominación por el Partido Demócrata para la elección presidencial del próximo mes de noviembre, Walter Mondale y Gary Hart, rivalizan estratégicas que redistribuirían las cartas y las reponsabilidades militares entre el imperialismo USA y sus socios europeos, y ello no sólo en lo defensa de la Europa capitalista, sino también de estratégicas, Oriente Medio y el Golfo Françoiș Mitterrand, presidente en ejercicio del Consejo de la Europa de los Diez, propuso incluso, en febrero las galaxias" de Ronald Reagan, del año pasado.
Para el movimiento obrero y el movimiento por la paz se trata de comprender el significado profundo de esta agitación, cuya función principal consiste en dar una respuesta ideológica y política a la movilización de millones de europeos a favor de la paz y contra el militarismo. Para ello conviene analizar previamente el fracaso, a comienzos de los años cincuenta, del intento de crear una Comunidad de Defensa (CED). Esto permite captar mejor el cambio de toda una serie de factores políticos, económicos y militares que imponen actualmente unos límites objetivos a la ofensiva política burguesa en pro de una defensa común. Todo paso adelante de las clases dirigentes de Europa occidental, en la perspectiva de coordinar, armonizar e incluso fusionar sus políticas de militarización y sus medios militares, constituiría una grave derrota para el movimiento de masas por la paz y para el movimiento obrero: Par combatir estos proyectos hay que medir con precisión su alcance político práctico. El fracaso de la CED
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la perspectiva de una defensa común de los Estados burgueses europeos, e incluso de una defensa militar integrada, ha agitado repetidas veces a las clases dominantes. Esto sucedió en particular a comienzos de los años cincuenta, cuando la RFA, Bélgica, Francia,
(1) Esta asamblea agrupa hoy a parlamentarios de todos los países de Europa occidental. Es la única instancia europea habilitada para tratar los problemas de defensa. (2) El Consejo Mundial de la Paz es un agrupamiento internacional constituido después de la guerra en torno al Llamamiento de Es. tocolmo, lanzado en particular por el Premio Nobel Fréderic Joliot-Curie, en el, Congreso Mundial de Partidarios de la Paz de 1949, exigiendo la prohibición total de las armas nucleares. Esta iniciativa se inscribía también parcialmente en el marco de las acciones diplomáticas de la URSS. Sin embargo, permitió impulsar una inmensa movilización internacional contra el militarismo. Actualmente, el CSM está compuesto fundamentalmente por los movimientos pacifistas vinculados los países del Este y a los partidos comunistas occidentales.
Italia, Luxemburgo y los Países Bajos estuvieron a punto de concluir un tratado que instituía la Comunidad de Defensa (CED), proyecto favorecido calurosamente por Gran Bretaña y los Estados Unidos, países que por lo demás firmaron, junto con Francia, el 27 de mayo de 1952, una declaración afirmaba: "La defensa occidental es una empresa común en la que colaboran los gobiernos americano y bratánico como miembros del del Atlántico lazos se ven reforzados ahora por el sistema de garantías recíprocas establecido entre los Estados miembros de la Comunidad de Defensa, entre estos Estados miembros y el Reino Unido, así como entre los Estados miembros y los Estados que forman parte del Pacto Atlántico. Por estas distintas razones, y en particular el hecho de que estas nuevas garantías sólo se aplicarán a los Estados interesados en tanto estos sean miembros de una u otra de estas organizaciones, los gobiernos americano y británico, al igual que el gobierno francés, tienen un interés permanenla eficacia de tratado que establece la Comunidad de Defensa, así como en la solidez y en la integridad de esta Comunidad".
Esta construcción, que debía desembocar en la creación de un auténtico ejército europeo, bajo los auspicios de la OTAN, se hundió definitivamente castillo de naipes el 30 de agosto de 1954, con la negativa de la Asamblea Nacional francesa a ratificar el tratado de constitución de la CED. El único resultado tangible de esta aventura europea en materia de defensa es la Asamblea de la Unión de Europa Occidental (UEO) (1), que ha sobrevivido como instancia parlamentaria consultiva, ciertamente sin grandes poderes, hasta estos últimos
El fracaso de este primer intento se atribuye a menudo a la negativa de las burguesías francesa y británica a que la burguesía alemana volviera a levantar cabeza, y en esta ocasión a que se rearmara. Aunque sea indiscutible, esta explicación no deja de ser parcial, pues hay que recordar que el Consejo Mundial de la Paz desarrolló una campaña particularmente activa para torpedear la CED, especialmente en Francia, sobre la base del Llamamiento de Estocolmo del 19 de marzo de 1950, que recogió 50 millones de firmas, 14 millones de ellas en
Francia (2). Una campaña con fuertes acentos chovinistas, "contra el rearme alemán; después de revestir al ejército francés de todas las virtudes democraticas, pero que permitiría que en varios de los Estados afectados se manifestara una oposición de masas al militarismo de las burguesías europeas sometidas a los imperativos del imperialismo norteameri-
Esto merece ser destacado, pues las condiciones de la época eran globalmente favorables a la materialización de un proyecto de este tipo. La superioridad norteamericana, que era aplastante, y la bipolaridad Este-Oeste que prevalecía entonces, cuyo simbolo había sido la guerra de Corea, autorizaba una construcción militar éuropea de la que los dirigentes norteamericanos no tenian nada que temer, sino todo lo contrario, pues se inscribía en la prolongación directa de la OTAN y de la estrategia de los Estados Unidos en el seno de
En aquel entonces, ninguno de los Estados europeos adheridos a la CED disponía de fuerzas nucleares, que como se sabe modifican cualitativamente el haciendo depender toda eventual integración de las fuerzas nucleares de la existencia previa de un poder político fuerte y supranacional. Añadamos a ello que las caracteristicas de las primeras generaciones de armas nucleares norteamericanas y las de las armas convencionales de la época no permitían establecer más que sobre el papel una continuidad estratégica global en el plano geográfico entre conflictos que se desarrollan a miles de kilómetros unos de otros. La manera en que se planteó y preparó, por parte del estado mayor estadounidense, bajo la dirección del general Mac Arthur, el bombardeo nuclear de Corea, constituye una prueba fehaciente de esto. Del mismo modo, resulta curioso constatar que el tratado por el que se creaba la CED situaba fuera de su zona de acción "los territorios no europeos con respecto a los cuales uno de los Estados miembros asume responsabilidades de defensa" (artí-
A estos factores derivados de la estrategia militar, que autorizaban la concepción de una defensa militar integrada, conviene añadir los factores de orden político, que en su conjunto favorecían también un proyecto
(3) Combats inachevés, Paul-Henri Spaak, Fayard, 1969, tomo 2. (4) Citado por Claude Delmas, L'OTAN, PUF, 1981, p.54.
de este tipo. En el plano económico, las burguesías europeas se encontraban en una situación de fuerte dependencia, más que de competencia, con respecto a las clases dirigentes norteamericanas, y ello más particularmente en lo que respecta a las industrias de armamentos. Es cierto que las necesidades de la reconstrucción de un aparato productivo devastado por la Segunda Guerra Mundial constituía, por contrapartida, una limitaobjetiva para un esfuerzo de rearme y militarización demasiado costoso. El artículo 3 del tratado fundacional de la CED insiste, por cierto, en este punto, cuando precisa que "la Comunidad emplea los métodos menos onerosos y más eficaces"
En el plano político, la debilidad y la cobardía de las clases dirigentes en Europa capitalista, la debilidad relativa de sus Estados nacionales recién reconstruidos, las impulsaban a plantearse un abandono al menos parcial de su soberanía sin iamentarlo mucho. Para hacerse una idea del estado de espíritu de buena parte del época, basta recordar que el ministro belga de Asuntos Exteriores, Paul general de la OTAN, afirmaba en la
Men 1948, dirigiéndose Vichinski, que encabezaba la delegación soviética: "Sin querer discutir ningún régimen, queremos afirmar que después de haber luchado contra el fascismo y el hitlerismo, no tenemos la intención de ninguna doctrina autoritaria o totalitaria. (...) La delegación soviética no debe buscar explicaciones complejas a nuestra política. ¿Saben ustedes cuál es la base de nuestra política? Es el miedo, el miedo a su gobierno, el miedo a su política" (3).
Sin embargo, globalmente las clases burguesas fracasaron en 1954, en su intento de crear un ejército europeo bajo la hegemonía norteamericana, y ello a pesar de las condiciones políticas, económicas y militares, que en aquel entonces eran cien veces más favorables que ahora. A finales de los años 50 intentaron, en perfecta sintonía con el imperialismo USA, pero esta vez en el marco estricto de la OTAN, de reforzar la Alianza Atlántica en la perspectiva comunitaria. presidente del gobierno francés, Félix Gaillard, declaró en 1957 ante el Consejo del Atlántico Norte (reunión de los jefes de gobierno: "Una alianza como la nuestra constituye una experiencia de cooperación sin precedentes en la historia. Es cierto que un area geográfica precisa traza los límites de esta cooperación en materia de defensa. Pero en lo que se refiere a los problemas políticos, nuestros intereses se ven necesariamente afectados más allá del marco así definido. (...) Pero cuando reúne a pueblos que saben que la razón profunda de su unidad no es únicamente la voluntad de defender posiciones estratégicas o económicas, sino de salvar y reafirmar todos los valores espirituales y morales que están en la base de su civilización, entonces esta alianza debe superarse a sí misma para alcanzar el espíritu de una comunidad" (4).
Esta declaración, pronunciada al unísono con muchas otras, estaba nuevamente inspirada por el miedo que agitaba entonces las filas de las burguesías semanas antes, la Unión Soviética había puesto en órbita el Sputnik I, el primer satélite de la historia de la humanidad. Las relaciones Este-Oeste, las relaciones entre los Estados Unidos y Europa, los primeros sobresaltos de un nuevo ascenso de la revolución colonial, sin hablar ya de los que comportarían estos factores en la trayectoria concreta de la carrera de armamentos, habían modificaco radicalmente el político, económico y militar. La CED, la idea misma de una defensa común integrada estaban enterradas, a pesar de los avances que registraría: la construcción de la Europa capitalista con el Tratado de Roma, que creaba la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957.
El gran temor actual de las burguesías europeas
Si bien es una vez más el miedo el principal resorte de la actual ofensiva política de determinados sectores burgueses o reformistas a favor de una defensa común de la Europa capitalista, esta ha cambiado de naturaleza. A pesar de la marea de propaganda que han sufrido las masas populares de Europa occidental en torno a la pretendida amenaza soviética, lo que más preocupa a los gobiernos capitalistas del continente es el desarrollo de poderosas manifestaciones por la paz, sobre las que iamás se insistirá suficientemente en que alteran la situación nacional de
(5) Un plan de reestructuración de la OTAN, Henry Kissinger, Time, febrero de 1984. (6) START: negociación sobre la reducción de armas estratégicas; INF: negociación sobre los misiles de alcance medio; MBFR: negociación sobre las fuerzas convencionales.
cada Estado y el propio contexto in-
En Europa occidental, con la notable excepción de Francia, estas movilizaciones han hecho añicos el consenso social y político en torno a la defensa militar. Las masas que se han movilizado no reivindican nada menos que el derecho a controlar las opciones de los gobiernos en materia de defensa, lo que expresa er particular la exigencia de que se organicen "referéndums" sobre las decisiones más importantes. Esto, supuesto, es inaceptable para cualquier Estado capitalista, y de golpe la máscara que se pretendia propia de la democracia burguesa adquiere algunos rasgos suplementarios. Henry Kissinger resume bastante bien la situación creada, cuando afirma que "el clima de pacifismo nuclear creciente socava lo que queda de credibilidad de la OTAN"(5). Según él, "los europeos se imaginan a los Estados Unidos como una banda de cowboys con el dedo en el gatillo y cuyo belicismo ha provocado la intransigencia soviética". Esto procede, según él, de una especie de "esquizofrenia europea" que se manifiesta "en el miedo a que los Estados Unidos pudieran no estar dispuestos a poner en peligro a su propia población en aras a la defensa nuclear de Europa, unido al miedo de que Norteamérica arrastre a Europa a un conflicto no deseado a causa de un enfoque desafortunado de los problemas del tercer mundo o de las relaciones Este-Oeste". Diagnóstico que en resumidas cuentas es bastante lúcido y tiene en cuenta las dificultades políticas a que se enfrenta actualmente la política de militarización en Europa.
Para captar plenamente la amplitud de los daños causados a los ojos de las clases dominantes, habría que elementos fundamentales. En primer lugar. "la exigencia de paz" contribuye a desmitificar el alcance real de las negociaciones emprendidas por el imperialismo y la burocracia soviética. La próxima perspectiva de "reanudación del diálogo con Moscú" se debe en buena parte a la existencia de los movimientos por la paz europeos y, por supuesto, también a la proximidad de la elección presidencial en los EEUU, que obliga a Ronald Reagan a suavizar su posición en este punto con miras a la opinión pública norteamericana. La ausencia absolutamente previsible de resultado tangible alguno en materia de desarme, en el juego clásico de las negociaciones Oeste (START, INF, MBFR, Conferencia de Estocolmo) (6) no puede sino relanzar al movimiento de masas sobre bases más radicales.
En segundo lugar, la exigencia del respeto de las libertades conduce que las masas, que toman al pie de la letra las proclamaciones hipócritas, como el protocoló final de los acuerdos de Helsinki, exigen ahora que los gobiernos rindan cuentas principios generales. Todo ello contribuye a mo dificar el juego político tradicional, particularmente con el compromiso creciente de las fuerzas reformistas, y especialmente las de la socialdemocracia, en el movimiento antiguerra. Además, esta modificación del clima político en Europa occidental no puede dejar de tener repercusiones en la situación de Europa oriental, donde los efectos de contagio de movilizaciones antiguerra en Occidente se hacen sentir cada vez más profundamente en varios Estados, especialmente en la República Democrática Alemana (RDA). Es a esta situación a la que tratan de resburguesías europeas cuando pretenden, por boca de uno u otro miembro de su personal político, relanzar la cooperación militar entre capitalistas, supuesto para "preservar la paz". Cooperación militar y defensa europea
A diferencia de la situación que prevalecía en los años cincuenta, las burguesías europeas ya no se encuentran en una situación de estricta dependencia con respecto a EEUU. En algunos terrenos son capaces de competir económicamente con su socio norteamericano, y en le terreno político no quieren dejarse avasallar siempre por los EEUU. Por lo demás, en el plano militar, la situación es más compleja, en la medida en que las fuerzas de los diferentes Estados capitalistas de Europa occidental, unidas bajo un mando único, constituirían una entidad militar de primer plano, pero semejante perspectiva es totalmente ilusoria.
Ilusoria porque la integración de las fuerzas no puede plantearse en los mismos términos que en los años cincuenta. La fuerza militar principal en Europa occidental —dejando a un lado las fuerzas norteamericanas, incluidos los submarinos estratégi-
(7) Por "doble llave" se entiende la responsabilidad compartida entre dos Estados en la decisión última de emplear el fuego nuclear, es decir, la posibilidad teórica de que uno de estos Estados imponga su derecho de veto; esto atenta contra la credibilidad del empleo real de este tipo de armas, sobre todo cuando las llaves estarian en manos de los EEUU, por un lado, y de un Estado europeo por otro: (8) Discurso de apertura de la sesiÓn del IHEDN, septiembre de 1983.
cos asignados a Europa y la VI Flota en el Mediterráneo- es Francia. Aunque sigue siendo uno de los pilares políticos de la Alianza Atlántica, este pais retiró en 1966 sus fuerzas del mando militar integrado. Dispone de un importante potencial nuclear, aunque no sea comparable al de los Estados Unidos ni al de la Unión Soviética, y, al igual que los Estados Unidos, tiene presencia militar particularmente en Africa, Oriente Medio y el Golfo Pérsico. El caso de Gran Bretaña es muy distinto, en la medida en que su dependencia con respecto a los EEUU en el plano militar es mucho más fuerte, tanto en lo que se refiere a la adquisición de las armas nucleares y a su mantenimiento, como en lo relativo a la estrategia integrada en los diversos mandos de
Una integración militar supondría la inclusión de las fuerzas nucleares amplio. Se han establecido varias hipótesis de estudio (París-Londres, Paris-Bonn), pero todas desembocan en la siguiente cuestión: en el marco de una estrategia de disuasión, ¿qué eventualmente el fuego que François Mitterrand, al igual que anteriormente Charles de Gaulle, responde estimando que "la disuasión nuclear es el presidente, soy yo". De hecho, una integración de las fuerzas militares a este nivel supondría la existencia previa de un poder político europeo dotado de un ejecutivo fuerte, es decir, de un presidente que dispusiera de plenos poderes en este terreno. Este tipo de poder, que corresponde al de un Estado nacional y, por cierto, no a cualquier tipo de Estado nacional, no surge de una evolución lineal. En cambio, se ve muy bien el interés que tendría en ello la burguesía franJacques Chirac ha formulado propuestas en este sentido— en asociar el potencial económico alemán a su propio esfuerzo de guerra. Todo ello no se sostiene, a menos que se imagine un sistema complejo de control con "doble llave" (7), con el que la OTAN ya se ha dado de narices, pues la propuesta de John F. Kennedy, en este sentido, a comienzos de los años sesenta, había quedado en papel mojado por la misma razón. Finalmente, los dirigentes alemanes no han manifestado jamás un gran interés por semejantes proyectos.
Por tanto, hay que excluir la integración por arriba, queda la integración silenciosa, por abajo. Este término hace referencia al esfuerzo de la cooperación, principalmente a nivel económico, en la producción e investigación de nuevos sistemas de armamento: El gobierno francés, en virtud del lugar particular que ocupan sus industrias de armamentos, que acaparan cerca del 10% del mercado mundial, actúa insistentemente este sentido. Para el primer ministro, Pierre Mauroy, "hay que distinguir bien entre las nociones de 'defensa de Europa' y 'defensa europea'. La idea de una defensa europea implica una organización colectiva integrada que sólo podría ser creada si existiera una única autoridad política. En cambio, la toma de conciencia, por de las. opiniones públicas europeas, de los desequilibrios apa-
Men la relación de fuerzas entre el Este y el Oeste confieren una nueva actualidad a la idea de defensa de Europa. (...) En este espíritu. podría desarrollarse la cooperación entre los europeos, particularmente en materia de armamentos. Ya han cuajado ciertos proyectos bilaterales • trilaterales: Jaguar, Alphajet; helicópteros Puma y Gazelle; misiles Milan, Hot, Roland; dragaminas tripartito, por ejemplo. Las estructuras de cooperación, ya se trate del Comité Permanente de Armamentos o del Grupo Europeo Independiente de Programas, no han obtenido, sin embargo, mas que resultados limitados. (...) Una política concertada de fabricación de armas debería considerarse como un objetivo prioritario entre las numerosas acciones a emprender con miras a profundizar el sistema de defensa en Europa occidental. En un periodo en que los movimientos pacifistas, neutralistas, antinucleares, desarrollan sus campañas, es particularmente importante preservar y fortalecer la voluntad de defensa de los países de Europa Occidental" (8).
Se trata, en efecto, del único proyecto un tanto serio y creible, aunque choque, plazo, con importantes obstáculos. Los límites económicos
El obstáculo principal se refiere al hecho de que las industrias de armamentos de los diferentes Estados nacionales no tienen ni la misma importancia ni se encuentran en una
(9) El mecanismo de "compensaciones" consiste, para ün Estado que quiere vender armas, en ofrecer, como contrapartida, al comprador, el comprarle otras armas u otros productos. (10) Informe sobre las condiciones de una cooperación europea en materia de armamentos, presentado en la XXV sesión ordinaria de la Asamblea, celebrada en mayo de 1979.
situación equivalente con respecto a la competencia norteamericana. Ello es así en virtud del tamaño respectivo les, del lugar que ocupan estos en el ajedrez militar mundial y, finalmente, en virtud de la parte que se asigna cada industria nacional en el mercado mundial de la venta de armas. De ahí la situación particular en este sector entre fabricantes europeos y productores norteamericanos, que un informe de la Comisión de Asuntos Generales de la UEO (Unión de Europa Occidental) describía en estos terminos, en 1979: "En las circunstancias actuales, todo indica que en el interior al menos de la Alianza Atlántica, la situación beneficia principalmente a los fabricantes de armas norteamericanos. En efecto, estos, que se benefician del amplio mercado que les ofrecen las fuerzas armadas de los EEUU, kueden suministrar a los mercados exteriores productos entre los cuales pueden distribuir sus costes generales, incluídos los relativos a la investigación y al desarrollo de prototipos, entre un número muy elevado de ejemplares, mientras que las industrias de los países europeos sólo pueden repartir los suyos entre el número mucho más restringido pueden adquirir sus ejércitos nacionales. Por consiguiente, en los mercados de sus aliados europeos se encuentran en una situación desfavorable frente a sus competidores norsituación agrava aún más si se estudian las posibilidades 'compensación', puesto que dado que producen un número mucho menor de ejemplares de material acabado, deben incre mentar, para ofrecer 'compensacioequivalentes, la misma medida el número de elementos y piezas que deberán declararse dispuestos a adquirir de su comprador (9). El fenómeno de la económia de escala actúa por tanto doblemente a favor de los fabricantes norteamericanos frente a sus competidores europeos, lo que explica los éxitos comerciales que aquellos han obtenifrecuentemente incluso en los últimos años. Pero estos éxitos contribuyen aún más a limitar los mercados de los fabricantes europeos, y a ampliar los de los norteamericanos, y por tanto a reforzar aún más un proceso que conduce rápidamente a los industriales europeos a acantonarse en un papel de apoyo y subcontratación, a favor de sus competidores norteamerica-
La situación apenas ha cambiado desde entonces, lo que provocó la siguiente constatación Mauroy, al dirigirse al Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, el pasado 20 de septiembre: "En 1977, en el marco de la Alianza Atlántica, se lanzó el proyecto de 'familias de armamentos', que debía permitir la distribución de la investigación y el desarrollo entre los europeos y norteamericanos, en función de las competencias. Bajo la presión de los industriales norteamericanos hubo que abandonar este proyecto. En este terreno, la voluntad de los gobiernos no siempre es suficiente. En efecto, hay considerables intereses económicos, financieros e industriales en juego. Y constato que la industria de defensa de los países-europeos no ha sabido presentarse nunca unida frente a su socio norteamericano. Y lo que es posiblemente más grave, es que los gobiernos europeos no han tratado con la suficiente convicción de salvaguardar y desarrollar una industria de armamento europea". Amarga constatación, dura realidad, que se deriva de la relación de fuerzas concreta en este terreno, y que difícilmente podrá cambiar.
Además, los mecanismos económicos y financieros internacionales contribuyen a perpetuar este estado de cosas, máxime cuando la crisis general de la economía capitalista por un lado, y la perspectiva de una reducción del mercado mundial de armas, por otro, ensombrecen el porvenir de los que, como la burguesía francesa, has desplegado una industria de armamentos que no guarda relación alguna con el potencial económico e industrial de su país. Le Monde del 17.5.1983 daba así un análisis más preciso de este problema de la financiación del gasto vinculado a la producción de armas en EEUU. Entre otras cosas, podía leerse que "la financiación del gasto militar por otras vías que no sea el déficit, condenaría a la economía norteamericana a un estancamiento, y depués a una regresión económica que condenaria toda ambición militar. La única solución de compromiso pasa por tanto por el ahorro forzoso, que por otro lado no pone menos en tela de juicio la existencia de un volumen de inversión neta compatible con un crecimiento sostenido. gastos militares habrán sido cinco
veces superiores a la inversión neta. En 1984, incluso si prosigue el nuevo crecimiento, la relación será igual a 2,5. El velo monetario rodea con sus pliegues ondulantes la realidad de la evolución de la estrategia militar norteamericana. Un ahorro forzoso de tal amplitud (del 7 al 8% del PNB) se realiza generalmente, en una democracia, de forma duradera, mediante una inflación cada vez más difícil de dominar. Sólo existe otra solución para mantener un esfuerzo militar tan intenso: la reducción de la importanahorro forzoso, es decir, el incremento del ahorro voluntario, que pasa por el mantenimiento de un tipo de interés elevado. (...) La contribución del ahorro exterior (europeo e incluso árabe) a la financiación del esfuerzo militar norteamericano reconstituye una solidaridad de hecho en condiciones finalmente bastantes conformes con una repartición de sus cargas proporcionales a las rentas". En estas condiciones económicas, la perspectiva de un esfuerzo sustancial de la cooperación militar entre burguesias europeas, al menos en lo que se refiere a la producción de armas, parece harto comprometida. Combatir los planes de defensa imperialista
Si los límites económicos constituyen actualmente el obstáculo principal para poner en práctica una política común de producción de armas, no hay que ignorar, sin embargo, lo que se trama detras de este asunto, desde el punto de vista de la propia estrategia militar. Al globalizar su política de defensa, y por consiguiente, la del conjunto del mundo capitalista, los EEUU obligan a sus aliados, uno detrás de otro, a nuevos abandonos de su soberanía. La cuestión de los euromisiles, y posteriormente la adopción por la OTAN de la doctrina Airland Battle —que abre la perspectiva de una batalla ofensiva, hacia adelante, nuclear, quimica y convencional, en el territorio europeo- lo demuestran claramente, en lo que se refiere al eventual teatro de operaciones de Europa central. Esto ha eclipsado un poco otras maniobras y otros planes de guerra norteamericanos, en particular en lo que se refiere al Mediterráneo. El refuerzo considerable del potencial militar imperialista en el Sur de Europa, so pretexto de (11) Henry Kissinger, Time, fe- proteger todos los brero de 1984. rutas marítimas por las que transita el abastecimiento de materias primas a las economías occidentales, han llevado a atribuir a las poblaciones de la Península Ibérica por un lado, y a las de Italia, Grecia y Turquía por otro, sin contar por supuesto con los demás pueblos que viven en la cuenca del Mediterráneo, un papel tan poco envidiable como el de las poblaciones alemanas en Europa central, en caso de conflicto.
Semejante estrategia, funde en un único conjunto todas las
By conflictos -tanto si surgen de un enfrentamiento Este-Oeste directo o indirecto, como de un enfrentamiento mas limitado entre el imperialismo y uno u otro pueblo del "Sur"- no está al alcance de ninguno de los imperialismientras que proliferan los acuerdos bilaterales entre el imperialismo y cada una de las burguesías de Europa del Sur, las posibilidades de definir en esta zona una política militar común de las burguesías europeas, que no sea estrictamente alineada con la opción norteamericana, se ven aún mucho más reducidas.
El imperialismo francés, que tiene sin embargo una larga tradición de implantación en este sector, cuentra también confrontado inevitablemente con este problema. El si-
Kissinger, cinismo que se le conoce, figura entre los primeros que venden la mercancía con una propuesta global de "reestructuración de la OTAN". El regalo, si se puede decir, se presenta amablemente ante las burguesías europeas en nombre de la "vitalidad de la Alianza, que exige que Europa desarrolle una identidad mayor y una coherencia superior en materia de defensa" (11).
Para ello, los europeos "deberían asumir en 1990 la responsabilidad principal de la defensa clásica en tierra", ocupando el puesto del comandante supremo en Europa. En cuanto a los EEUU, que recuperarían para ellos el puesto de secretario general de la Alianza, "mantendría su responsabilidad en materia de defensa nuclear, tanto estratégica como táctica". En estas condiciones, los Estados Unidos podrían proceder a "una retirada gradual de una parte sustancial de sus fuerzas terrestres actuales", compensada, por supuesto, por "el refuerzo de su potencial aéreo basado en el viejo continente". embargo, Kissinger prevé el manteni-
(12) El desarme y los Estados Unidos de
Europa,
Trotsky, octubre de
1929.
miento de las fuerzas terrestres norexcedentes "durante cierto tiempo en Europa, con un estatuto análogo al de las tropas francesas, dispuestas para ser empleadas en Europa, pero también disponibles para casos de emergencia que se produzcan en otras partes". Es difícil ser más explícito.
Este pez piloto del imperialismo norteamericano, por oficioso no deja de ser significativo y peligroso. Lo que propone es transformar el conjunto de Europa en una base norteamericana para las aventuras militares de Washington én todos los rincones del planeta. No en vano concluye, por cierto, que sus propuestas no constituyen "un abandono de Europa, sino por el contrario, un abrazo a esta misma : Europa". Es precisamente esto lo que probablemente tendrán que avalar los gobiernos capitalistas europeos en el próximo periodo, como siempre de forma más o menos enmendada. Encerrados entre los dictados de su protector y las exigencias de los movimientos de masas por la paz, podemos apostar que estos gobiernos y las fuerzas que los apoyan doblarán la rodilla y hablarán aún más gratuitamente de política europea de defensa independiente a medida que vayan cediendo en lo fundamental ante sus aliados USA.
El movimiento obrero y los movimientos por la paz, a su vez, tienen, interés en no conceder ningún ápice de confianza a los proyectos burgueses o reformistas que preconizan, en nombre de una tercera vía entre el capitalismo y la via burocrática de los países del Este, la neutralización de Europa, su desnuclearización total en beneficio de una alternativa de defensa burguesa convencional, nacional o multinacional. Los que apoyan semejantes proyectos, voluntariamente o no, hacen el juego a los planes bélicos que preparan las burguesías europeas y el imperialismo norteamericano, cada una a su manera, no siendo unas mejores que otras. Los peligros que encierra la actual ofensiva ideológica a favor de León una política de detensa europea, en efecto, no deben subestimarse ni sobreestimarse. Ni subestimarse, en la medida en que el objetivo de esta ofensiva es claramente el de encontrar una salida política frente a los movimientos por la paz, para proseguir más tranquilamente la política de militarización. Ni sobreestimarse, porque no existen las condiciones para materializar un intento como el de 1952, o siquiera los sueños de cooperación multilateral intensa del imperialismo francés; no hay que confundir los discursos y una ofensiva fundamentalmente ideológica con su realización práctica, en el terreno militar, en Europa capitalista.
Las taréas del movimiento por la paz aparecen así con toda claridad. Al igual que han luchado y continuan haciéndolo contra todo despliegue de nuevos misiles norteamericanos en Europa, al igual que algunos de sus componentes han empezado a luchar en el centro de Europa por la retirada de las tropas extranjeras de Alemania, deberan luchar, a semejanza de los movimientos del Estado español, por el cierre de todas las bases extranjeras, especialmente en Europa del Sur. Tres exigencias que desembocan en la necesaria ruptura con la OTAN, que no significa simplemente una ruptura con el imperialismo norteamericano, sino tambien conjunto, que están ligadas a aquel en el marco de la alianza contrarrevolucionaria forjada en 1949. Un combate que se inscribe naturalmente, en nuestra opinión, en la única perspectiva histórica conforme con los intereses del proletariado, la de los Estados Unidos Socialistas de Europa, pues "la consigna de los Estados Unidos Socialistas de tiene que ver con la mentira diplomática. Se deriva de las exigencias económicas ineluctibles de Europa, que surgen con tanta mayor intensidad a medida que se denota cada vez más imperiosamente la presión de los EEUU" (12).0
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