Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Marxismo y feminismo

· Inprecor n.º 37, marzo-abril de 1984 · pp. 33-43 · 9.210 palabras

1. Ver los libros de J.P. Vernant y M. Destienne sobre la mitología griega. 2. Ver Marcel Granet, "'La pensée chinois". 3. Ver las obras de G. Dumézil. 4. George Duby, "La femme, le pretre, le chevalier". 5. Ver las obras de Ph. Aries, y también de E. Badinter, "L'amour en plus".

MARXISMO Y FEMINISMO

FRÉDÉRIQUE VINTEUIL La renovación del feminismo en los años setenta expresa una paradoja: ha sido producto de una generación militante impregna da de marxismo, al menos en Europa, y a la vez ha contribuído a alimentar corrientes que preconizan el rechazo puro y simple de Marx o bien la "superación" del marxismo por una metodología que se considera más adaptada al nuevo objeto de pensamiento. La explicación de esta contradicción nos remite no sólo a factores externos, sino también a factores internos a la propia teoría marxista. ¿Sirve el marxismo? La voluntad de reflexionar sobre las relaciones entre los sexos no es, al contrario de lo que se piensa, una novedad de este siglo. Incluso se puede sostener que la generalización del modo de producción capitalista y la revolución ideológica del 'Siglo de las Luces' constituyen simultaneamente, el punto de partida del oscurantismo sobre las relaciones reales entre los sexos y la posibilidad de su superación. En efecto, si observamos las anguas sociedades esclavistas o las sociedades medievales, choca constatar hasta qué punto la elaboración teórica, o "'fantasmagórica" , que justifica la dominación de las mujeres, es infinitamente más abundante que la producción ideológica destinada a perpetuar la división en clases. La mitologia de la Grecia Antigua (1), de la China de Confucio (2), de la India de los Vedas (3)... se alimenta, en gran medida, de los conflictos entre los sexos; la Iglesia medieval edificó un formidable edificio conceptual en torno a la inferioridad de las mujeres (4). Por el contrario, el pensamiento burgués está repleto de contradicciónes. Al postular la existencia del Hombre, sujeto universal, a-histórico, y al margen de las clasos, le resulta más difícil afirmar la inferioridad ontológica de un grupo humano cualquiera (el mismo problema se planteó con los pueblos colonizados, cuyas "élites"' volvieron contra las metrópolis valores oficiales de la burguesía). Igualmente, aunque la voluntad de demostrar científicamente la inferioridad natural de las mujeres es una constante desde hace dos siglos - desde el tamaño del cerebro hasta los test de aptitud "new-look"' -, el pensa.

miento burgués prefiere consolidar la legitimidad de las instituciones por las que se ejerce la opresión de las mujeres, antes que afirmar una "infra-humanidad" . La doctrina fascista, que de entrada postula la inferioridad de las mujeres, constituye precisamente la excepción que confirma la regla. El clérigo de la Edad Media presenta a la Mujer como diabólica, la ideología burguesa plantea la necesidad de la familia y la adecuación Feminidad/ Maternidad (5). Ademas, la burguesia dispone de una producción ideológica dirigida fundamentalmente a la defensa de sus intereses directos de clase: la exaltación del trabajo, del individuo, legitimación del Estado... La opresión de las mujeres, tan ampliamente utilizada, y tan ampliamente reivindicada bajo otros modos de producción, parece haber desaparecido bajo el capitalismo. Sabemos que el feminismo de los años 70 empezó por afirmar algo que supone entonces una ruptura: la opresión existe, y estas son sus manifestaciones.

Ahora bien, en nuestra opinión, Marx y Engels son tributarios de un contexto intelectual en el que no se analizaban las relaciones entre hombres y mujeres, ni la situación global de las mujeres en el interior del sistema capitalista y de sus diferentes clases, sino que se analizaban únicamente las instituciones a través de las que se reproduce la sociedad burguesa en las que las mujeres estaban implicadas. Este punto de vista, que digamos, se "encuentra" con las mujeres, pero que nunca parte de su opresión con una voluntad de explicación global, es parcial y sólo podía llevar a errores de pronóstico y a meras aproximaciones teóricas. A las mujeres se las considera sucesivamente como "proletarias del proletario", "siervas" "esclavas".... términos que pueden estimular la imaginación, pero que en absoluto hacen avanzar en la comprensión de la función real de la opresión dentro del sistema. Asi, hemos podido asistir, en la última década, a un rechazo del marxismo acusado de esterilidad intelectual: 'Marx no ha dicho nada sensato sobre las mujeres, Engels se equivocó en la cuestión de los orígenes de la opresión..." éstos son los sentimientos mas extendidos, acompaRado a menudo de afirmaciones dicotómicas

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como: el marxismo sigue siendo operativo para analizar las relaciones entre las clases, pero no sirve en lo que respecta a las relaciones entre los sexos. A nuevo tema de estudio, nueva motodologia.

No hay que decir que el origen de este cuestionamiento del marxismo no es puramente teórico. La constancia del movimiento obrero reformista de tradición socialdemócrata o estalinista, en repetir desde hace décadas, la ideología burguesa sobre esta cuestión (con excepción de breves periodos revolucionarios) ha repercutido y repercute necesariamente en la credibilidad del marxismo. El origen americano del neo-feminismo actual, cuyo punto de partida es el psicoanálisis, o un razonamiento por asimilación del análisis de otras formas de opresión (cuestión nacional o racial), no favorecía en absoluto al enfoque marxista. Por último, el feminismo al querer pensar sobre un grupo social víctima de una segregación e inscrito en una relación de alteridad (ser hombre es la norma, la mujer, es lo otro), difícilmente podía escapar a la moda de las filosofías de la Diferencia que hace estragos en los últimos años: desde la "Nueva Filosofia'' hasta la "Nueva Derecha", pasando por diversas y variadas interpretaciones que se reclaman del psicoanálisis.

Queremos abordar en el marco de este artículo qué es lo que nos parece operativo en los textos de Marx y Engels y qué nos problemático. Queremos también mostrar la incapacidad de las teorias que pretenden rechazar o superar el marxismo, para explicar la opresión de las mujeres como fenómeno total. El marxismo sigue siendo el único método que permite sión..., a pesar de algunas tesis de pensadores marxistas. MARX, ENGELS Y LA OPRESION DE LAS MUJERES El marxismo tuvo el enorme mérito de denunciar, en el siglo XIX, la subordinación de las mujeres, cuando otros "socialistas'" llegaban incluso a preconizar su agravación (Prudhon). Marx y Engels se inscriben en línea de continuidad con los socialistas utópicos seguidos de Saint-Simon y Fourier, entre los que se encuentran Flora Tristán, que reivindicaban la igualdad de los sexos y la subversión de la familia burguesa. Superando a los utopistas que se limitaban a describir la inferioridad de las mujeres y a exigir la igualdad en nombre de la justicia, el marfundamental: la opresión de las mujeres no es una invariante en la historia, sino el producto de formaciones sociales; las relaciones entre los sexos no sociales. Esta base materialista e histórica sigue constituyendo, en nuestros días, la línea divisoria con la etnología estruturalista

(levi-Strauss) que considera el intercambio de mujeres como el elemento constitutivo de las sociedades humanas, y con los psicoanalistas que atribuyen a la diferenciación sexual el papel motor en la estructuración del psiquismo. No obstante, parece que en este terreno el enfoque histórico de Marx se basa más en un postulado derivado de la lógica del materialismo, que en una convicción construida sobre un estudio preciso del status de las mujeres a través de los tiempos. Habrá que esperar la última obra de Engels, cuarenta años después de la muerte de Flora Tristan... para encontrar un esfoque sistemático de la cuestión. En "El Origen de la Familia'' se distinguen tres grandes periodos en la historia de las mujeres: las sociedades sin clases, en las que las mujeres ocuparían una posición dominante (matriarcado original); las sociedades de clases no capitalistas, donde las mujeres "esclavas" están dedicadas a la reproducción doméstica; y el capitalismo, que reinserta a las mujeres en la producción y ofrece una base objetiva para su emancipación. Esta división de periodos, aunque enoraceptada; lo que parece erróneo es el análisis memente simplificadora, puede ser del status de las mujeres dentro de algunos periodos. En primer lugar, es indiscutible que sociedades sin apropiación privada de los medios de producción, sin Estado, en las que las relaciones sociales se expresan en términos de parentesco, ofrecen ejemplos de opresión de las mujeres infinitamente más violentos que los que se sufren en las metrópolis imperialistas de finales del siglo XX. Numerosas tribus de este tipo viven casi exclusivamente del trabajo realizado por las mujeres, pero este es controlado por los hombres; las mujeres, intercambiadas como mercancias van a vivir al pueblo de su marido, donde se ven privadas de todos los derechos; la elaboración ideológica-religiosa de estas sociedades es fuertemente misógina. El error de Engels ¿ Por qué se equivocó Engels?. Prisionero de los descubrimientos etnológicos de su época, mucho más limitados de los que disponemos nosotros, asimiló dos realidades que en absoluto son iguales: la matrilinealidad y el matriarcado. Si bien es innegable que la mayoría de las sociedades arcaicas o primitivas conocidad funcionan o han funcionado según el modelo de descendencia matrilineal, el sistema confiere el poder al tio materno y no a la propia mujer. Engels no se da cuenta de la importancia que tiene el lugar de residencia de la familia. Según sea el marido quien va a residir con el clan de su mujer (matrilocalidad) o la mujer quien va con el marido (patrilocalidad), las relacio-

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6. M. Destienne, "Esclavage et gynécocratie en Gréce antique". 7. Esta tesis es defendida. particularmente por S. Firestone, "La dialectique du sexe", y por F. D'Eaubonne, 'Les femmes et le patriarcat". 8. Engels. "El origen de la familia... 9. J.L. Moynot; articulo en "La condition féminine", CERM. 10. Ver E. Shorter, 'Naissance de la famille moderne""

nes de fuerza entre los sexos son completamente diferentes. La generalización de la patrilocalidad marca mucho mas claramente "la derrota histórica del sexo femenino"

por otra parrte ambiguo, al evocar una batalia en toda regla y no una serie de procesos contradictorios desarrollados en el seno de formaciones sociales transitorias, a lo largo de milenios), que la aparición de la esclavitud, del Estado de la patrilinealidad y de la familia patriarcal. Además, Engels basa el origen de la degradación del status de las mujeres en una división primitiva del trabajo (el hombre caza, las mujeres cultivan y recolectan...) susceptibles de proporcionar a los hombres la capacidad de apropiación de sobreproducto social. Pero pensamos que no división sexual del trabajo "natural" y universal. Los hombres hacen lo mismo que las mujeres, y a la inversa: todo depende de la sociedad en la que se encuentren. I Incluso el hilado y el tejido, actividades 'femeninas' por excelencia, las realizan los hombres en algunas tribus de Africa del Norte! Lo que es válido para las sociedades de clases, lo es para las sociedades primitivas: lo que cuenta no es la naturaleza del trabajo, sino, las relaciones sociales en cuyo seno se realiza.

No es éste el lugar para desarrollar las hipótesis de investigación sobre el status de la mujer en las sociedades pre-clasistas, y menos todavía sobre el "origen" histórico de la opresión de las mujeres, tema en el quE resulta poco probable que se imponga una respuesta definitiva. Unicamente diremos que el metodo más fructífero nos parece que procede de los conceptos más clásicos del marxismo. Incluso para sociedades donde las relaciones de producción están mediatizadas por las relaciones de parentesco, las preguntas más útiles son éstas: ¿quién produce? ¿quién controla la producción?, ¿en beneficio de quién se ejercen las relaciones de parentesco?. Por lo tanto, defendemos la idea de que las sociedades pre-clasistas conocidas, casi todas ellas patrilocales, matrilineales o patrilineales, funcionan sobra la base de la apropiación colectiva por parte de los hombres de la fuerza de trabajo de las mujeres. Esta situación puede constatarse sociedades primitivas actuales; se puede deducir del estudio de las formaciones arcaicas donde domina la esclavitud femenina y donde la adecuación ideológica Feminidad/Esclavitud una constante (6). Pensamos pues que la "revolución" esclavista y la apropiación privada de los medios de producción se inscribe en ruptura/continuidad con las sociedades de linaje, donde la apropiación colectiva del trabajo femenino y la desvalorización de un grupo humano en el seno de un clan, proporcionaban un modelo a las formas posteriores de explotación. No obstante, aunque creemos que la primera forma de lucha de clases enfrentó las mujeres a los hombres, no deducimos de esta prioridad histórica, la primacía de la lucha de los sexos en los modos de producción ulteriores (7). La aparición de la esclavitud modifica la contradicción esencial y redistribuye a los hombres y mujeres en función de su lugar en el modo de producción.

Sin embargo, las mujeres no son "redistribuídas" de la misma forma que los hombres en el seno de las clases fundamentales; si bien la pertenencia de clase de las mujeres de las capas explotadas no plantea problemas (aunque no sean nunca explotadas "como'" los hombres), la de las mujeres de las clases dominantes resulta mucho más difícil de discernir en ciertos periodos de la historia; ¿A qué clase pertenecía, en la Antigüedad, la mujer del aristócrata ateniense, casada a los doce años, encerrada en el gineceo, privada de todo control sobre sus bienes y trabajando junto a sus sirvientas?

Engels caracteriza el segundo periodo de la historia de las mujeres por su exclusión de la producción. Desde le nacimiento de la esclavitud hasta la manufactura, las mujeres estarían dedicadas, antes que nada, a la reproducción en los dos sentidos del término: "La mujer se convierte en la primera sirvienta, se la apartó de la producción social. Solo la gran industria — y únicamente a la mujer proletaria- le volvió a abrir las puertas de la producción social (8)"'. Esta afirmación la aceptan aún muchos marxistas. Moynot (9) escribe que en la historia "la fuerza de trabajo masculina ha jugado el papel principal"! ya que las mujeres estaban dedicadas al cuidado de los hijos y a las tareas domésticas. Esta tesis nos parece anacrónica e inaceptable. Anacrónica porque defiende división tajante entre la esfera de la producción y la de la reproducción que sólo se da con el capitalismo. Tomemos el ejemplo de una comunidad campesina, en el apogeo del modo de producción feudal; la división sexual del trabajo era absoluta e inmutable. Pero no refleja la oposición trabajo productivo/trabajo reproductivo. Las mujeres realizan ciertos trabajos agrícolas, los más pesados, los hombres hacen el resto: todos producen. Las mujeres hilan, actividad tan productiva (a veces la lana hilada se comercializa) como los trabajos del campo destinados en gran parte al consumo autárquico. ¿Y las tareas domésticas? Eran de lo más limitadas, dadas las condiciones de vida y de alimentación, y estaban asignadas frecuentemente a un abuelo o a los hijos mayores (10). Además de anacrónica esta tesis es inaceptable, porque ninguna formación social conocida en la historia ha podido prescindir de la utilización masiva de la fuerza de trabajo de las mujeres para la producción.

Unicamente un estudio detallado de una

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sociedad dada en un momento dado, puede permitir determinar los roles respectivos de la fuerza de trabajo masculina y femenina, papeles a fin de cuentas muy variables. Pero sostener que todas las mujeres han quedado excluídas de la producción, es producto de la ideología patriarcal que presenta el trabajo de las mujeres como un no-trabajo. ¿Improductivas las esclavas de los grandes monarcas asiáticos o de Micenas, que eran obreras textiles, o cultivaban los extensos dominios ¿Improductivas las campesinas medievales?. Por el contrario, lo que caracteriza la utilización de la fuerza de trabajo femenina es la más desvalorizados con las tareas de reproducción, presentándose a menudo los unos como la extensión de los otros. La exclusión de la producción sólo se verifica realmente, en las sociedades de clases no capitalistas, para las mujeres de las clases dominantes. Y aún así, éstas se diferencian de los hombres en que ellas trabajan casi siempre: son la "primera sirviente" , tanto en el gineceo como en la masión feudal, mientras que su marido está totalmente "ocioso", dose según la época, a la política, la guerra o la caza.

También nos parece poco operativo la distinción producción/reproducción para comprender la condición de la mujer en los modos de producción esclavista o feudal. Nos parece más interesante partir de la realidad del status personal de las mujeres para constatar que la utilización de su fuerza de trabajo, en cualquier trabajo, nunca se hace como la de los hombres, sino en el marco de relaciones sociales específicas de dominación. En los orígenes de las sociedades esclavistas, las esclavas-mujeres eran mucho más numerosas; si después se alcanza una igualdad numérica, las posibilidades para liberarse de la esclavitud son muy desiguales entre los sexos, ya que una esclava aporta una riqueza suplementaria: sus hijos. En la sociedad medieval, entre la campesina y su señor, existe un intermediario obligado, el padre o el marido, a quienes la costumbre otorga la propiedad de su trabajo y de su persona. Tomemos el ejemplo del villano (campesino libre de la Europa occidental): posee la propiedad útil de su tierra, puede venderla, abandonarla; debe numerosos impuestos a su señor, pero es un hombre libre. En el caso de la villana: la tierra no le pertenece (raramente hereda), ni tampoco el producto de su trabajo; no puede marcharse porque depende de la autoridad paterna o marital. Ella no es libre.

Sin duda, villano y villana pertenecen fundamentalmente a la misma clase: sus intereses frente al señor se confunden, y su lugar en el proceso de producción es similar. Pero resulta evidente que en el seno de la clase explotada, las mujeres constituyen una capa que se define no sólo por su pertenencia de clase, sino también por su status personal en la familia, status cuyas similitudes con la esclavitud son evidentes. Una mujer no se pertenece a sí misma. El marido o el padre, por explotados que estén, ejercen sobre ella, en estas sociedades en que la autoridad se distribuye en todos los niveles del entramado social, un poder económico (control del trabajo) y político (matenimiento de la jerarquía). Una intuición acertada Marx y Engels han intuído muy bien cómo el capitalismo introducía una importante fisura en la situación de las mujeres y en la naturaleza de la familia. En la época del "capitalismo salvaje" ", cuando la situación de las mujeres proletarias parecía más atroz que la de las campesinas, supieron ver que la lógica del nuevo modo de producción le llevaría a crear las condiciones objetivas para la emancipación. Al enviar tendencialmente cada vez a más mujeres a la estera de la producción social, al proletarizar cada vez a un número mayor de trabajadores, retirando a la familia su papel de transmisión de la propiedad, el capitalismo minaba (parcialmente) las bases de la dominación masculina. Aunque esta visión nos parece hoy excesivamente unilateral, aunque Marx y Engels se hayan equivocado en cuanto a los ritmos, el capitalismo tardío justifica en parte su análisis. Basta con comparar la condición de las mujeres del 'tercer mundo', tan parecida respetando las proporciones a la de nuestras bisabuelas, con el status actual de las mujeres en los países imperialistas, para convercerse de ello. El papel positivo atribuído también por Engels, a la inserción de las mujeres en la producción capitalista (más allá de algunas fórmulas ambiguas), tenía el mérito de legitimar el derecho de las mujeres al trabajo en una época en que la mayoría del movimiento obrero describría a las trabajadoras como "ladronas de empleo". Hoy esta posición, con algunos matices (el acceso al trabajo asalariado no es una condición suficiente de liberación, puesto que las mujeres se proletarizan en su condición de "mujeres"), continúa siendo la base de ruptura con quienes cuestionan, en la teoría o en la práctica, la necesidad de las mujeres de trabajar fuera del hogar. Tampoco encontramos en Marx o en Engels apolgía del trabajo doméstico o de la maternidad; y esto es de destacar especialmente porque los socialistas utópicos reclamaban derechos para las mujeres en nombre de la función maternal. "Lo repito, la mujer lo es todo en la vida de un obrero: como madre, actúa sobre él durante su infancia; de ella y sólo de ella extrae las primeras nociones de esa ciencia tan importan-

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11.

Flora

Tristan.

Texto de fundación de la "Unión Obrera"'.

12. ENgels, op. cit.

13. ENgels. op. cit.

14. Marx. "El Capital' libro l. capítulo 2.

15. Marx. "El Capital"

libro I. capítulo 2.

te de adquirir, la ciencia de la vida... (11)". Y aún podríamos considerar esta formulación de Flora Tristán como una constatación; pero el 'san-simoniano' Prosper Enfantin, o los seguidores de Fourier, exaltaron a la Mujer-Madre y sus obligaciones, con una fraseologia mística perfectamente acorde con la ideología burguesa que se había desarrollado sobre esta cuestión, a finales del siglo XVIII. Engels es infinitamente más actual al escribir: 'La Familia conyugal moderna se basa en la esclavitud doméstica, confesada o velada de la mujer" (12).

Sin embargo, Marx y Engels no pensaron, como decíamos en la introducción, en forjar una teoría de la opresión de las mujeres. En 'El Capital' que es donde se realiza el análisis de las condiciones de producción en el sistema capitalista, no se abordan casi nunca las condiciones de reproducción. La explicación está en la naturaleza del sistema mismo, que produce la separación más redical de la historia entre el universo de la producción y el de la reproducción, y permite realizar un analisis separado. De esta forma, Marx sólo se encuentra con las mujeres cuando se incorporan a la manufactura y no aborda la condición de las mujeres en su globalidad. Marx y Engels tienen una teoria de la familia, pero la estructura que describen es sobre todo un legado del pasado; el papel de la transmisión de la herencia a los hijos legítimos, el enriquecimiento gracias a la dote de la mujer..., son considerados por ellos como las características fundamentales de la familia monogámica: "soberanía del hombre en la familia y procreación de los hijos, que sólo pueden ser de él, y que están destinados a heredar su fortuna: tales eran (...) los fines exclusivos del matrimonio conyugal". (13)

Marx y Engels tenían razón al considerar que esta función de la familia estaba condenada a desaparecer con la generalización del capitalismo. Aunque estudios realizados sobre la formación de los patrimonios en Francia demuestran que la herencia juega un papel determinante en la circulación de la riqueza en el seno de la clase dominante, es evidente que esta no es la función primordial de la familia para la mayoría de la población. Y sin embargo la familia sigue vigente, y con ella la opresión de las mujeres. LAS LAGUNAS DEL MARXISMO A nuestro juicio la teoría marxista presenta lagunas en tres aspectos fundamentales: la utilización diferenciada de la fuerza de trabajo femenina y masculina por parte del capitalismo; la aparición de una familia burguesa adaptada a las necesidades económico-polfticas del sistema; la naturaleza de las relaciones sociales entre los sexos.

Dos fuerzas de trabajo Marx y sus conteporáneos tuvieron que constatar el papel determinante que jugó la mano de obra femenina en la acumulación de sobre-beneficios, en los inicios del capitalismos industrial. "Cuando el capital se adueñó de la máquina, su grito fue: ¡trabajo para las mujeres! ¡trabajo para los niños!"' (14). La explicación de esta preferencia parece evidente: las mujeres, al contrario que los miembros de las antiguas corporaciones (gremios), no tenían cualificación alguna y eran infinitamente más adaptables a las nuevas condiciones de trabajo; su educación y sobre todo, la extrema precariedad de su existencia, las hacía dóciles.

Esta explicación es coyuntural, y como tal la daba Marx. Pero sin embargo la superexplotación de la mano de obra femenina es, hasta el capitalismo tardío, un fenómeno estructural. Nadie ignora que la desigualdad profesional entre los sexos es la regla en cualquier nivel de la pirámide social. La subcualificación no es una causa, sino una consecuencia de la necesidad del capital de disponer de una mano de obra sobre-explotada. En Francia, se ha llagado a la paradoja de que como las chicas tienen más éxito en los estudios, están menos cualificadas; en su mayoría llegan a niveles de BEPC (más o menos: fin de EGB), o de BAC (BUP), mientras que a los chicos (a causa del fracaso escolar) se les reorienta hacia estudios técnicos de donde salen mejor adaptados al mercado de trabajo. De todas formas, basta con que una profesión, por muy cualificada que sea, se "feminice", para que se desvalorice con una rapidez sorprendente. Por otra parte, lo que Marx constataba para la primera revolución industrial, se vuelve a verificar con la mutación tecnológica actual. Las nuevas formas de trabajo se ponen a prueba con mano de obra femenina; informática, burocracia, reastructuración de los ritmos de trabajo... Esta constante es suficiente para rechazar, por superficial, la analogía con la mano de obra inmigrada. Los extranjeros siempre han terminado por "integrarse", exigiendo la llegada de una nueva remesa en cada periodo de expansión económico. Las mujeres no se "integran", y plantean el problema de saber qué es lo que permite al Capital mantener la desvalorización de su fuerza de trabajo.

Un aspecto muy importante es la composición del salario, distinto en los hombres y en las mujeres. Marx dá esta definición de salario: "El valor de la fuerza de trabajo se determina por los gastos de mantenimiento del obrero y de su familia (15)". Esta composición del salario se ha verificado globalmente, con excepción de los periodos de crisis aguda del capitalismo y del lumpenproletariado, pero sólo sirve para la retribución de la

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16. ''Critique Communiste" n° 20-21 (diciembre 77-enero 78). 17. Engels. "La policía de las familias". 18. Ver "Revoltes logiques" n° 1 al 5; "Recherches" n° 25; Rémy Butler, Patrice Noisette, "De la cité ouvrière au grand ensemble"; Francoise Mayeur, "L'education des filles au XIX siècle". 19. No suele conocerse que el "capitalismo salvaje" había puesto en pie servicios colectivos (guarderías,...) evidentemente en condiciones detestables, que desaparecieron al final del siglo XIX. 20. Madeleine Guilbert. "Les femmes et l'organisation syndicale jusqu'en 1914".

fuerza de trabajo masculina. Por el contrario, parece que el salario femenino se ampute de la parte que los hombres reciben para mantener a su familia, además de a él mismo. Esta diferenciación en el salario parece funcional para todos, puesto que el sistema postula que todos los asalariados están casados. La mejor prueba la encontramos en las medidas sociales adoptadas en los países capitalistas desarrollados en favor de las mujeres, que en parte están destinadas a compensar la ausencia de un marido: subsidio para viudas, para madres solteras, para las divorciadas; pensiones que las viudas perciben inmediatamente, mientras que los viudos han de esperar a su propia jubilación (ly -ésta es una medida recientel), etc... La sociedad prefiere "asistir"' a millones de mujeres, antes que retribuir la fuerza de trabajo femenina al igual que la de los hombres. En contra de las apariencias y de la legislación burguesa, la distancia sigue acrecentándose: las mujeres son proporcionalmente cada vez más numerosas entre el personal menos cua-

Es evidente que la existencia del salario de apoyo procede de las exigencias de la acumulación de beneficios; determinar si constituye un elemento estructural o coyuntural es abstracto, ya que la obtención del beneficio se realiza siempre en condiciones históricas (y de relaciones de fuerzas) concretas. La persistencia del fenómeno a través de tres revoluciones industriales habla a tavor de su carácter estructural, desde los origenes del capitalismo hasta su fase actual. La particularidad de esta sobreexplotación consiste en que extrae su legitimidad de una instancia considerada exterior a las relaciones de producción: la familia, y más allá de la familia, del coniunto de la sociedad civil que constituye a las mujeres en grupo oprimido. La familia burguesa no desapareció

Marx y Engels vaticinaban la desaparición de la familia burguesa a corto plazo, lo cual se les ha criticado en numerosas ocasiones. Por el contrario, algunos historiadores y algunos pensadores marxistas afirmaban que se reforzaría la familia (16), como corolario de la afirmación del Estado bugués. La predicción de Marx y Engels se explica por el contexto histórico: la brutal explotación realizada por el "capitalismo salvaje" había separado al obrero/a de su familia campesina y había alterado los roles anteriores.

Engels describió ampliamente, a veces con formulaciones ambiguas, la situación inglesa. "En numerosos casos la familia no se ha disgregado por completo, pero todo está patas arriba. La mujer alimenta a la familia, y el hombre se queda en casa, cuida de los niños, barre las habitaciones y hace la comida. Este caso es muy frecuente. Sólo en Manchester, podrían contarse varios cientos de estos hombres condenados al trabajo doméstico. Es fácil imaginar la legítima indignación que esta castración provoca en los obreros, y el trastorno resultante en la vida de las familias, cuando las demás condiciones sociales permanecen iguales (17)"

La familia aparecía como una reliquia de las relaciones sociales precapitalistas, sin valor funcional alguno salvo para las clases dominantes. Aquí reside el error de Marx y Engels, que consideraron un fenómeno coyuntural como estructural. Este error, explicable como hemos dicho por el contexto histórico, les impidió abordar una teoría de la familia burguesa; y esta laguna ha permitido a los ideólogos reformistas del movimiento obrero constituirse en defensores de la "familia obrera' ', sin aparecer en ruptura demasiado abierta con el marxismo. En efecto, una vez transcurrida la primera fase del capitalismo salvaje, la burguesía sintió la necesidad de "familiarizar" , sobre la base del modelo burgués, una clase obrera considerada demasiado móvil e indisciplinada.

Numerosos estudios (18) aparecidos en Francia en los últimos diez años, que expresan el nuevo interés de los historiadores respecto a estas cuestiones (lo cual tiene que ver evidentemente con el ascenso del feminismo), muestran el desarrollo de este proceso a partir de 1870-1880: constitución de un hábitat obrero más "decente'' y sobre todo adaptado a la familia "mononuclear" (las casas de mineros sustituyen la promiscuidad de los barracones); extensión de la ideología de la maternidad a la mujer obrera. Para la burguesía el interés es obvio: las tareas de reproducción de la fuerza de trabaJo, que el capital no puede entonces socializar, continúan siendo asumidas en el ámbito privado (19); el obrero se "asienta'' , se "estabiliza" , se "responsabiliza" a través de la familia; las mujeres siguen siendo definidas por su papel en la familia, que permite su sobre-explotación y su utilización como mano de obra de reserva. La burguesía ha contado con la ayuda activa del movimiento obrero organizado compuesto esencialmente, como es sabido, por trabajadores masculinos cualificados (20). Esto se explica por varios factores: la ideología arcaizante, al estilo

Proudhon, que ensalzaba los méritos de la familia patriarcal, frente a la inmoralidad capitalista, era muy fuerte; la estabilidad de los obreros masculinos parecía propicia para organizarse en el sindicato; sobre todo, el mantenimiento de una mayoría de mujeres en el hogar y la esperanza de enviar también al resto, les protegía de la competencia femenina.

Igualmente se asiste de forma progresiva a la generalización a todo el entramado social del modelo de la familia burguesa, unidad dedicada a la reproducción (al margen del

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21. Ver los estudios sobre el consumo de los jóvenes e incluso de las mujeres de las clases medias que trabajan. Pueden producirse regresiones coyunturales; la crisis económica ha supuesto un cierto retorno a los objetos hechos en casa.

universo de la producción), a la socialización de los hijos y a la adecuación feminidad/maternidad. Marx y Engels no destacaron el hecho de que el capitalismo en su primera época no estaba en condiciones de socializar una gran parte de las tareas domésticas. Su error no estriba en que lo consideraran posible, sino en haber analizado poco las condiciones época, de la reproducción de la especie y de la fuerza de trabajo. Sin embargo, el status de la mujer se deriva precisamente de la relación dialéctica existente entre el trabajo reproductivo realizado por ellas en la familia y su inserción en el trabajo para el mercado, éste determinado por aquél.

No considerar a las mujeres más que en su relación con la producción supone no comprender lo que hace que sean trabajadores "aparte". Mientras que el sistema no esté en condiciones de transformar las tareas domésticas en productos para el mercado, su realización en el ámbito privado supone una enorme economía de capital. Marx no comprendió bien este aspecto, y planteaba que el trabajador encontraba en el mercado los medios para reproducir su fuerza de trabajo. El trabajo doméstico era considerado en la marxista clásica "по, lo que por otra parte es contradictorio con la fórmula de Engels sobre la esclavitud doméstica. Descritas cómodamente como gratuitas, las tareas domésticas no lo son del todo. El trabajador masculino recibe en su salario una parte para que viva (o sobreviva) su familia, y por consiguiente, recibe en cierto modo una retribución para el trabajo doméstico de la tatación no es contradictoria con la función de economía de capital del trabajo doméstico. El "sobresalario"' masculino la diferencia del salario femenino) no cubre nunca el coste de las horas de trabajo doméstico, ni siquiera pagadas a nivel de salario mínimo.

¿Quiere esto decir que Marx y Engels se equivocaron totalmente y que el capitalismo ha producido un reforzamiento de la familia?. El término "reforzamiento", utilizado con tanta frecuencia, no es adecuado. La burguesía no impone un estrechamiento de las relaciones familiares precapitalistas, sino un modelo diferente de familia. ¿La novedad consiste en una consolidación de la base económica de esta nueva familia debida a la reproducción en el ámbito privado?. La novedad, como hemos visto, consiste en la separación geográfica y económica producción y reproducción. Pero en las sociedades no capitalistas, las tareas llamadas de reproducción también eran asumidas por de la familia; el sistema actual se ha apropiado de esta situación. Incluso șe puede decir que el capitalismo socializa tendencialmente más trabajos realizados en otros tiempos en el ámbito privado. Desde la primera revolución indus-!

trial, empieza a desaparecer en las ciudades la producción familiar de los alimentos básicos (pan, legumbres, carne); las ropas se pueden adquirir progresivamente en el mercado... Por su parte, el capitalismo tardío, demuestra la facultad del sistema para extender el reino de la mercancía a amplios sectores de la reproducción (desarrollo fulgurante del prêt-à-porter, platos preparados, lavanderías...) Incluso el consumo pierde algo su carácter familiar para ser cada vez más individual (21). Este nuevo estadio del capitalismo corresponde lógicamente a una nueva oleada de acceso de las mujeres al mercado de trabajo.

En este proceso podemos destacar dos elementos fundamentales: la asunción privada del trabajo doméstico no es estructuralmente indispensable para el funcionamiento del sistema, pero es necesaria a largo plazo; el status de la mujer está insertado en la relación mercado de trabajo/familia, pero la determinación en última instancia, que modifica su condición, reside en las exigencias de acumulación de la plusvalía, en el corazón mismo del sistema.

¿Dónde reside entonces la especificidad de la familia burguesa en relación a formas anteriores?. Evidentemente, en el terreno político. La familia materializa la ruptura entre el hombre privado, por una parte, y el productor y ciudadano por otra; encarna con eficacia el individualismo burgués (familia mononuclear replegada sobre sí misma) asegurando al mismo tiempo al individuo un lugar con un mínimo de solidaridad afectiva; asegura, más que nunca, y a pesar de la escolaridad obligatoria, la socialización de los hijos. Todos los sociólogos lo subrayan: ya no existe el matrimonio por interés, sino por amor, y de esta forma la familia, se mantiene como "valor-refugio" en el hit-parade de todas las encuestas. Esta función sociopolítica es lo suficientemente eficaz, y lo bastante independiente de las estructuras económicas, para ser integrada, sin modificaciones, por los Estados de la Europa del Este, donde presta prácticamente los mismos servicios a las capas dirigentes.

La interiorización de este modelo es muy fuerte en todas partes, y contribuye a la alienación de quienes constituyen el pilar de esta estructura: las madres, particularmente. Pero el proceso es contradictorio. Efectivamente, en las sociedades no capitalistas, la familia funciona indiscutiblemente como lugar de opresión de las mujeres; en estas formaciones sociales, fundamentalmente desiguales, donde el Estado es más débil, la autoridad se dispersa por todos los niveles del entramado social según las jerarquías de nacimiento, función, edad, sexo, aceptadas como inmutables. Los hombres dominan a las mujeres, porque Dios (o la naturaleza) así lo ha querido. El Estado Moderno, encarnación del Derecho por encima

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de las clases y de los grupos, ha tenido que romper estas jerarquías intermedias, proclamando la libertad y la igualdad del individuo frente a él; esta evolución se corresponde obviamente con las necesidades que el Capital tiene de mano de obra "libre". De esta forma, la familia, lugar donde se ejercía la autoridad masculina, se ha encontrado -lenta y parcialmente- vaciada de este papel, por razones objetivas (lógica del sis tema) y subjetivas (lucha de las mujeres). La participación de las mujeres en la producción para el mercado, el acceso a niveles de estudio idénticos discurso burgués sobre la igualdad formal de todos los individuos, han entrado en contradicción con el status de opresión de las mujeres, tanto en el trabajo como en la familia. Este fenómeno presentido por Marx y Engels, porque está en la lógica del sistema, pero su manifestación ha sido más lenta y contradictoria de lo que ellos habían previsto. Además, este fenómeno está muy lejos de haber concluido; en él, la intervención consciente de las mujeres organizadas es un elemento decisivo. La cuestión de las relaciones sociales La tercera laguna en la teoría marxista se refiere a la naturaleza de las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Hay que decir, sin que Marx y Engels supieron emplear términos mucho más vigorosos que sus disintos epígonos quienes se dedicaron fervientemente a negar la opresión de las muje res, en nombre de la unidad obrera. "La (fa. milia) contiene en miniatura todos los antagonismos que, posteriormente, se desarro llarán ampliamente en la sociedad y su Estado (Marx)" "(El matrimonio conyugal)

presenta como el sometimiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto de los dos sexos". (Engels).

Pero sin embargo, lo que ni uno ni otro vieron realmente es el fundamento en el sistema capitalista de la actualidad de los conflictos entre los sexos.

Algunas feministas han hablado de explotación de las mujeres por los hombres a través del trabajo doméstico (22). La noción de apropiación de la fuerza de trabajo de las mujeres por los hombres a través del trabajo doméstico y de la reproducción, no parece operativa para las sociedades pre-clasistas.

Hay que discutirla, caso por caso, cuando se trata de sociedades clasistas no capitalistas.

Pero no sirve para el capitalismo: Explotación implica extracción de plusvalía en el marco de la producción mercantil y separación radical entre el propietario del Capital y 22. Ver C. Durand, "Partisans" n° 54-55; el trabajador. Nada de esto se da en el caso "Etre exploitée", obra del trabajo doméstico. Su destino es realizar de un colectivo italia- en el ámbito privado, sin ningún criterio de no.

rentabilidad y, por tanto, sin ser productivo (en el sentido marxista del término). Se puede admitir que el marido se procura la fuerza de trabajo de la esposa a través de su propio salario, pero sus intereses no son radicalmente contradictorios; ambos son jurídicamente propietarios del salario del marido, de los bienes producidos en la casa, y ninguno de los dos está interesado en disminuir la parte del otro. Además, el esposo espera un servicio; no está directamente interesado en la producción de la esposa; poco le importa si el planchado de la ropa se realiza en una o en dos horas, siempre que esté hecho; y en caso de que todo este planchado, ino irá a buscar ropa suplementaria a casa del vecino para que su mujer esté ocupada!.

Excluir el concepto de explotación no nos lleva a ver en la dominación masculina un simple "retraso de conciencia'. Hemos visto cómo el capitalismo ha funcionado con la sobreexplotación de la fuerza de trabajo femenino, con los ahorros conseguidos gracias a él para el mantenimiento de la fuerza de trabajo global. Es evidente que la mediación necesaria es la atribución de un status desvalo. rizado a todas las mujeres, en todos los niveles de la sociedad civil. No hacía falta una gran imaginación creadora. Bastaba con mantener, adaptándola, la opresión milenaria, con el apoyo activo de quienes extraen ventajas materiales y morales indiscutibles, en cualquier clase social. Los hombres se han encontrado con un status colectivo de opresores garantizado, con migajas de plusvalía (salarios más elevados), privilegios sociales (no realizar el trabajo deméstico) e ideológicos. Esto último provoca en los más explotados, sentimientos del tipo de los del pequeño burgues colonialista hacía los naturales del país colonizado, que constituyen un factor importante en el enmascaramiento de la conciencia de clase. En el sistema capitalista hombres y mujeres se hallan, como es evidente, distribuídos en distintas clases. En el interior de cada clase, sus intereses históricos son idénticos (aunque podríamos preguntarnos sobre los intereses contradictorios de las mujeres burguesas). Pero coyuntural y concretamente las cosas son de otra forma: competencia por el empleo, especialmente acusada en periodo de crisis; competencia por el acceso a puesto importantes; competencia en el mundo político o sindical, uno de los bastiones másculinos mejor defendidos... Las relaciones sociales entre hombres y mujeres encajan mal en un marco de conceptos preestablecidos. Hablar de esclavitud o de servidumbre supone no entender la libertad jurídica, la "igualdad" de que gozan las mujeres de hoy. Los hombres están dotados, desde su nacimiento, de una situación global de "privilegiados" en relación a las mujeres de su clase y, en ciertos aspectos, en relación a todas las mujeres. Resulta es-

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clarecedora una analogía parcial con las minorías raciales (del tipo de las de Estados Unidos), con la enorme diferencia de que en dicho caso la opresión no se ejerce individualmente: cada blanco no tiene "su" negro para dominarlo. Si añadimos que la antigüedad de esta opresión, junto a la inmediatez de la relación hombre/mujer, le confiere un papel primordial en la estructuración de la personalidad individual, podremos afirmar su capacidad para permanecer más allá de las producción capitalistas, incluso más allá de la familia actual. Los conflictos entre los sexos (aunque fragmentados por la lucha de clases) existen, podemos verlos todos los días. Que la evolución interna del capitalismo haya proporcionado parcialmente una base objetiva y contradictoria para su superación; que la destrucción del sistema amplie esta base objetiva: todo es evidente. Pero, aunque Marx y Engels podían difícilmente haberlo visto, el factor subjetivo, la lucha autónoma de las mujeres, es lo determinante. EL FEMINISMO, ¿SUPERACION DEL MARXISMO? Hay quienes, en nombre de la lucha independiente de las mujeres, han rechazado el marxismo por "inadecuado". Podemos clasificar brevemente estos nuevos enfoques metodológicos en dos grandes corrientes: la primera critica al marxismo por "economicista"' y por su incapacidad para explicar los conflictos entre los sexos; la segunda quiere completar el marxismo con una teoria sobre un modo de producción patriarcal, que supuestamente dobla al capitalismo. No podemos explicar aquí los distintos matices de las tesis planteadas, nos limitaremos a referirnos a las que en Francia dan coherencia a las corrientes del feminismo organizado. — El grupo "Psicoanálisis y Política" se presenta desde su creación, como portador de una teoria nueva, que realizaría la fusión del marxismo y el psicoanálisis. Considera que el marxismo aporta un conjunto de conceptos útiles: explotacion, poder de Estado, lucha de clases, imperialismo, así como un análisis de las relaciones todo y socializado por las es del grupe tado v socializado por las proporciona el fundamento metodológico para el análisis de las relaciones entre los sexos. El enfoque es el siguiente: la Diferenciación Sexual induce una relación de cada cual con su cuerpo que es diferente según el sexo, que a su vez induce una relación antagónica con lo Simbólico. El grupo MLF pien.sa con Lacan que el ámbito del Poder, der Hacer, de la Palabra construida es masculino, mientras que la resistencia al Poder, el discurso inarticulado del Cuerpo, la inmediatez de la Vida, son femeninos. El campo social está vertebrado por esta polarización simbólica; los hombres han llevado a las mujeres a renunciar a su verdadera identidad y a entrar en el molde de los valores patriarcales (racionalidad, poder...). De esta forma la sociedad actual es la sede de dos conflictos que se desarrollan paralelamente, si bien el uno sobredetermina al otro: — la lucha de clases que libran los hombres entre ellos, expresión de su gusto inmoderado por someter al vecino; la revolución simbólica asumida por las mujeres más conscientes para encontrar su identidad, subvertir el orden patriarcal y, en consecuencia, la sociedad capitalista que resulta de él. Esta lucha sólo puede llevarse a cabo en una separación radical con los hombres, "la independencia erótica y política"

¿Por qué esta corriente perdiendo influencia más por razones políticas que teóricas, ha logrado seducir a muchas mujeres, sobre todo en los medios intelectuales? Es innegable que ofrece una respuesta a un problema abandonado por los textos marxistas: ¿cómo justificar la profundidad de la interiorización por ambos sexos de la opresión de las mujeres? ¿De qué forma explicar la persistencia de la polaridad sexual de los símbolos y de los valores que transciende a los modos de producción? Es cierto que al marxismo le falta una teoría del Sujeto considerado en su globalidad — y su alienación- y no como agente económico. El psicoanálisis -al descifrar los comportamientos individuales y colectivos — es un instrumento para el estudio de la alienación. El acceso al lenguaje, la estructura de la lengua, el universo de los símbolos,... se encuentra fuertemente marcado por la dicotomía sexual, que se afirma como un componente de la estructura de la personalidad. Actualizarlo, analizarlo, tanto puede tener un papel corrosivo como de reforzamiento del orden social. Esto último es lo que ocurre cuando se lleva el psicoanálisis hacia una filosofia del Ser. Entonces, el "contenido" del inconsciente se presenta como un invariante de la especie humana, y no como la interiorización por parte del individuo y de la colectividad de una situación en un marco histórico. La escuela de Jung y sus más recientes epígonos, que pretenden encontrar los fantasmas universales de la humanidad en los mitos de las sociedades arcaicas y primitivas, postulan la estructuración dualista del Inconsciente entre lo Masculino y lo Femenino (animusanima). La traducción en el terreno de los valores, como podrá preveerse, es una colección de prejuicios patriarcales. Mujer = Pasividad, Irracionalidad, Materia,... La reciente obra de G. Devereux "Mujer y Mito" es un modelo del género. En su busqueda por la identidad femenina, "Psicoanálisis y Política" tiene que reproducir los mismos tópicos y la misma ideología reaccionaria. En efecto ¿qué puede ser una identidad femenina?

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23. La consigna "El útero para las mujeres; las fábricas para los obreros", ha sido lanzada por "Psychoanalyse et Politique". 24. Ver las publicaciodel "Club dfe l'Horloge".

¿Una relación con el cuerpo y con la sexualidad diferentes a la del hombre?. De acuerdo, aunque no hay que olvidar que la relación con el propio cuerpo en la especie humana, no es en modo alguno inmediata, sino siempre determinada por la historia. ¿Hemos de deducir de esta relación con el cuerpo una el psiquismo del individuo? biologizante, y/o en la vieja idea según la cual las mujeres no son más que su cuerpo. "Tota mulier in utero" "El útero para las

', proclama Psicología y Psicoanáli-

Los y las marxistas han de rechazar esta interpretación del psicoanálisis, y denunciar las Filosofias de la Diferencia que se extienden desde hace una decena de años.

Por parte de las mujeres, también se encuentra este deseo de descubrir los "valores femeninos" con el neo-feminismo americano (Betty Friedam). Por parte de la "nueva derecha" (24), se lanzan diatribas contra las filosofías "monistas" , culpables de querer pensar con conceptos universales cuando en esta tierra reina la diversidad (digamos desigualdad) de las etnias, las sexos, los individuos. Diversidad que no podría comprenderse más que a través de los criterios propios de cada grupo humano. Este enfoque lleva el pensamiento más atrás no sólo del marxismo, sino también de la filosofía clásica. Para las mujeres resulta mortal, porque piense lo que piense el grupo MLF, es el mismo discurso del opresor. Sin duda esta corriente no adopta hasta sus últimas consecuencias la lógica de la Diferencia, ya que da una función determinante y totalizante al universo simbólico: él es quien reproduce las relaciones sociales y las sobre-determina. Sin embargo, hacer depender el proceso histórico de una invariante que inmobiliza a dos grupos humanos en una alteridad radical es plantear la existencia de dos campos de pensamientos, y sobre todo de dos campos de acción: subversión simbólica para las mujeres, lucha de clases para los hombres.

Por el contrario, la fuerza del marxismo consiste en ser la metodología que permite la reconstrucción de los fragmentos dispersos de la opresión de las mujeres (trabajo, familia, valores,...) en un conjunto que les dé sentido. Introduce a las mujeres en la historia y en lo social, de donde han sido expulsadas la ideología patriarcal (no por la realidad). Y de esta forma sitúa a las mujeres no al margen de las clases, sino en el corazón mismo de la lucha de clases. Y no por "miserabilismo" , porque ellas son las más explotadas, oprimidas... Sino porque su opresión permite que el 'misterio capitalista' funcione en todos los niveles, y porque esta remodelada, puede transmitirse a otras sociedades opresoras.

¿La subversión simbólica? ¿Quien puede oponerse? Pero no se entiende muy bien cómo puede llevarse a cabo fuera de un proceso social que ponga en juego el conjunto de las relaciones de producción y al margen de la inserción de las mujeres en este proceso. En cuanto al contenido de la subversión simbólica, los desacuerdos con "Psicoanálisis y Política"' son evidentes. Establecer una norma de valores femeninos y masculinos es reaccionario; imponerlos en nombre de la Identidad reencontrada tiene resabios totalitarios. ¿Acaso los hombres no son mujeres, y al revés? No hay duda de que los unos son opresores y las otras oprimidas: la relación con el mundo es notablemente distinta... Entonces, ¿la reducción de las diferencias entre los sexos empobrecería a la humanidad, como proclaman las ideologias anti-te ministas y algunas mujeres. ¿Qué pensar de la mutilación impuesta a todos los individuos, abligados a plegarse a las normas exigidas por la sociedad en razón de su sexo, desde la actitud corporal hasta las ideas y los comportamientos?. El rencor de la víctima, la necedad satisfecha del opresor son los corolarios obligados de los "racismos" étnicos o sexuales. Podemos dudar de su valor enri-

La otra crítica hecha al marxismo le reprocha que distribuya a las mujeres en el seno de las clases, borrando así la unidad de su opresión. En algunos casos, se mantiene la descripción siguiente: todas las mujeres sufren una discriminación y la mujer burguesa sigue siendo una oprimida. "Las mujeres en tanto que grupo objetivamente explotado en la sociedad de los hombres forman una categoría social aparte cuyas características son las mísmas, cualquiera que sea la clase de que se trate", escriben Anne de Pisan y Anne Tristan en "Historia del MLF". En cuanto a la descripción, resulta bastante fácil contestar que la opresión se manifiesta de formas bien distintas en un barrio popular o en una zona residencial.

En otros casos, para fundamentar la unidad de las mujeres, se erige a la familia en instancia determinante para el funcionamiento económico del capitalismo. La idea es la siguiente: la reproducción de la fuerza de trabajo, vital para el capitalísmo, la realizan las mujeres; el sistema no puede renunciar a ello sin destruirse a sí mismo. La familia reproduce las relaciones de producción: "la existencia del mundo como mercado de mercancías se basa en la existencia de un modo de producción doméstico excluído de este mercado" ("'Etre exploitée" ', pág. 128). Así, todas las mujeres quedan definidas por esta precisa función, frente a las, clases de los hombres. Esta teoría nos parece falsa en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, autonomiza a la familia burguesa hasta el extremo de convertirla en una instancia determinante para la perpetuidad del sistema (de ahí el carácter revolucionario que conceden estas mujeres a la exigencia

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25. Angela Davis, en "La condition feminine"; CERM p. 189. "Según la ley sudafricana, las mujeres negras que no tienen empleo son expulsadas de las "zonas blancas" (es decir, del 87% del país), incluyendo las ciudades donde sus maridos viven trabajan. Cuando las mujeres consiguen encontrar un empleo, son frecuentemente asignadas residencia en hoteles en los que se aplica la separación de sexos y, por consiguiente, la vida familiar está rigurosamente prohibida..."

del salario doméstico...) ¿Es posible un capitalismo sin familia? Es absurdo responder a esta pregunta en abstracto, al margen de todo contexto histórico y geográfico. Pero en algunos periodos, y en algunas capas so-. ciales, el sistema ha roto el marco familiar, aunque lo haya reconstruido después: desmembramiento de la familia obrera en los primeros tiempos del capitalismo salvaje; prohibición de constituir una familia (25). Además podemos ver como la tercera revolución industrial va hacia una cierta socialización de las tareas domésticas.

En segundo lugar, ignora a la mujer que trabaja fuera de casa. ¿En qué clase se incluye? ¿Cual es la relación entre su trabajo en el exterior y sus funciones en el hogar? MisterIo...

Otras feministas aún van más lejos. El marxismo describe un modo de producción, pero hay dos: el capitalismo, basado en la explotación del hombre por el hombre ( en masculino), y el modo de producción familiar, basado en la explotación del trabajo gratuito de las amas de casa por el hombre, en una relación de esclavitud. Ambos sistemas, según Christine Durand (artículo ya antiguo en "Partisans"' n° 48-49; artículos más recientes en "Questions féministes") son "teóricamente" independientes uno del otro. También a ésto oponemos dos objeciones esenciales. Primero, no se puede hablar de explotación en el caso del trabajo doméstico, al menos en el sentido marxista del termino, como ya dijimos antes. Si el hecho de pertenecer a la "'clase mujer" está basado en el trabajo doméstico que se realiza para un hombre, ¿basta para excluirse de la condición de explotada con permanecer soltera?. Segundo, la coexistencia de dos modos de producción es, en la actual etapa del capitalismo, una pura ilusión. Habría que demostrar que la familia es una unidad económica que funciona en base a una lógica específica, al' margen del capitalismo. Pero todo indica que la evolución de esta estructura se da en estrecha dependencia con las exigencias, la evolución, las transformaciones del sistema.

En realidad todas las teorías que afirman la superación del marxismo tienen un punto en común: ofrecen una visión estática de la realidad desprovista de toda perspectiva histórica. He aquí la opresión de las mujeres, tal como la Eternidad la ha establecido...

Y si bien, sabre la cuestión de la mujer, no es suficiente "leer a Marx" el método marxista (la historia haciendose por superación de contradiciones sucesivas) constituye un instrumento irreemplazable. O