trarrevolucionario de la burocracia de los países. del Este. Los efectos del movimiento contra los misiles
Octubre de 1983 ha constituido una victoria del proletariado europeo frente a su propia burguesía imperialista en el sentido de que existe una posibilidad real de hacer fracasar un aspecto esencial de la ofensiva belicista de Ronald Reagan. La movilización contra la guerra no se encuentra en un punto en el que el movimiento haya conocido su apogeo por lo tanto, pudiera decaer dispersándose en multitud de acciones aisladas. Se trata de un movimiento que dispone de un capital político y organizativo capaz de permitir infligir una derrota real al imperialismo en esta cuestión de los euromisiles.
Hay que saber medir sus potencialidades y sus dificultades para preparar una nueva batalla global que esta vez exigirá movilizar a las masas pero también una estrategia política adecuada. Reagan tiene que imponer la instalación de los misiles a toda costa, tanto por razones militares como políticas. Esa medida forma parte de una ofensiva imperialista general de múltiples dimensiones: acciones contrarrevolucionarias en el Tercer Mundo, reforzamiento del campo imperialista a través de la OTAN y continuación de una política de austeridad en los países imperialistas. tiene que alcanzar ese objetivo frente a la oposición de una aplastante mayoría de los pueblos de Europa. En esa situación las burguesías europeas, obligadas a servir directa y abiertamente como palancas de esa política, se encuentran ante obstáculos importantes. Bruselas, el Partido Social-Cristiano de Flandes (CVP) se vio obligado a exigir un debate parlamentario, lleno de emboscadas para el mismo, con el fin de congelar momentáneamente sus propias contradicciones sobre la cuestión de los euro-
Para la burguesía, tario constituye hoy un "handicap"' real para forzar la decisión en un momento en que la opinión pública es claramente hostil a sus proyectos militaristas. No se trata sólo de salvaguardar la credibilidad de ese régimen: ¿cómo explicar, por ejemplo, que el 80% de la población se oponga a una decisión y que un Parlamento pueda imponer a pesar de ello esa medida en contra de la voluntad popular?. También hay otro aspecto importante. Si los partidos burgueses que sólo son agrupaciones de notables o "aparatos de gestión"' a nivel municipal o nacional pueden aplicar fácilmente la política de Reagan siguiendo sus mismos métodos, no pasa lo mismo con los partidos buragueses populistas o interclasistas que organizan a la población pequeñoburguesa ú obrera a través de amplios movimientos sociales o de sindicatos. Y eso es lo que sucede con diversos partidos demócrata-cristianos. El alineamiento con la política de Reagan no rompe sólamente el consenso socioestablecido desde hace tiempo por los gobiernos burgueses existentes en esos paises, sino que desestabiliza también a largo plazo, pero con efectos inmediatos, esos lazos históricos organizados entre la burguesía y las capas pequeñoburguesas o populares.
El movimiento antimisiles tiene que construirse en torno a una estrategia que le permita alcanzar
Después de la semana de acción de octubre, varios gobiernos burgueses corren el riesgo de caer en una profunda crisis gubernamental que cuestione la instalación de los misiles de la OTAN. Y aunque llegaran a superar ese prisión formal, hay un largo camino todavía entre un voto favorable en el Parlamento o en Consejo de Ministros, y la aplicación práctica de la decisión del despliegue de los misiles, frente a un movimiento antiguerra fuerte y dispuesto a movilizarse de nuevo a la menor alerta. Las perspectivas políticas del movimiento antiguerra
Todo depende de ahora en adelante de la línea de conducta del movimiento antiguerra mismo. Se ha abierto un debate político un poco en todas partes y pensamos que habría que insistir en torno
En primer lugar, en lo que se refiere al objetivo del movimiento, se trata de luchar, más aún que incondicional despliegue de los misiles de la OTAN en Europa. Ese es el objetivo que une, que moviliza y que encuentra más que nunca un sentimiento mayoritario en la opinión pública. Por otra parte, ha de permitir que todas las opiniones políticas se expresen democráticamente sobre los otros temas (respecto a los SS-20, la OTAN, la perspectiva de una zona desnuclearizada parcial o total en Europa, etc.), pero sin hacer de esas cuestiones una condición previa para la acción unitaria. importante que antes evitar que el movimiento se deje desviar hacia compromisos que desmovilicen y dividan. Ese es el peligro mayor. La administración Reagan, sabiendo que las europeas podrán hacer frente difícilmente a sus poblaciones respectivas, se verá obligada a ayudarlas a desmovilizar al movimiento de masas, haciendo algunas concesiones superficiales, sin ceder en lo esencial. Esas concesiones pueden ser
"moratoria", una "congelación" talación parcial o progresiva, etc. Otra solución podría ser la participación de los gobiernos europeos en las negociaciones de Ginebra, para poder hacer tragar mejor la píldora. Si bien no hay que minimizar las concesiones parciales del imperialismo, en el caso de que sean evidentes, es importante analizarlas como resultado de la capacidad de movilización del movimiento antiguerra, para poder así ganar nuevas fuerzas e imponer el obje-
En segundo lugar, hay que mantener una estrategia basada en la organización, la sensibilización y la movilización de masas. dentro del movimiento, ya en 1981, se resignaban creyendo que no podrían hacer nada mejor en el futuro, se han equivocado. Aunque el movimiento de la opinión pública se encuentra quizas en su apogeo, el movimiento social, incluyendo clase obrera, sólo acaba de empezar. Y es precisamente esta fuerza la garantía para alcanzar la victoria. Hay que progresar pues en la participación masiva en las nuevas movilizaciones antiguerra, y esto puede lograrse en los próximos
Cualquiera que sea la importancia de las iniciativas que puedan tomarse en este mes de diciembre coincidiendo con el Consejo de la OTAN, la primavera de 1984 tiene que ser una primavera de movilización y ha de ofrecer una dura respuesta a la política de los gobiernos europeos. Estos tendrán que explicarse además ante sus mandatarios en ocasión de las próximas elecciones europeas.
En tercer lugar, el movimiento antiguerra tiene que desarrollar una política conscientemente dirigida a unirse al movimiento obrero organizado sobre la base de una oposición común al despliegue de los misiles, a la austeridad y a los presupuestos militares. "Misiles, no, empleos, sí", es
una consigna cuya popularidad puede ser enorme en los próximos meses.
Finalmente, se trata de desarrollar una actividad intensa el terreno político. Desde ese punto de vista, el movimiento oscila frecuenteuna orientación puramente extramente entre parlamentaria un tanto primaria - que le conduce a no preocuparse de lo que pasa en el Parlamento y a ignorar a los partidos políticos — y un cierto seguidismo tan pronto algo empieza a cambiar en las grandes instituciones de la democracia burguesa, ya se trate del parlamento, del gobierno o de los partidos políticos tradicionales.
Hay que insistir en que en varios países clave en Europa para el éxito de la política de Reagan de despliegue de los euromisiles los gobiernos burgueses derechistas, convencidos de la necesidad de implantar esos misiles, sufren sin embargo una enorme presión popular que puede amenazar su estabilidad a más o menos corto plazo: Explotar todas las brechas políticas que se abran en los sindicatos, en los partidos socialdemócratas, e incluso en las organizaciones de masas ligadas a la Democracia Cristiana, por ejemplo, puede per-, mitir el movimiento antimisiles ganar una nueva tapa después de la de octubre de 1983, y esta ve in el terreno político
Francois Vercammen Bruselas, 7 de noviembre de 1983