Chile desde dentro
Diez años después del golpe de Estado del general Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, la dictadura militar se ve sacudida por una crisis económica y politica que se refleja tanto en el hundimiento de su base social como en la aparición en escena del movimiento de masas contra la dictadura. Dos acontecimientos de la nueva situación política abierta en este país. Para conmemorar el acceso al poder, Pinochet organizó en la capital, el pasado 9 de setiembre, una concentración que reunió a unas 40.000 personas, que según Le Monde del 13 de
«en gran parte parados subvencionados por el gobierno y funcionarios»; un mes el 11 de octubre, un mítin organizado por el Comando Unitario Democrático (CUT), que agrupa asociaciones de "pobladores", de los derechos humanos y a organizaciones estudiantiles, y que cuenta con el apoyo del Movimiento Democrático Popular (MDP), formado recientemente por el Partido Comunista Chileno (PC), reunía en una plaza de Santiago a más de 80.000 personas, al grito de "Se siente, se siente, Allende está presente" y "Va a caer, se coreó masivamente la consigna histórica de la Unidad Popular, "el pueblo unido, jamás será
, y la bandera del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) flotaba por encima de los
Este mítin, que puede considerarse como la primera manifestación de la izquierda después de muchos años, ilustra, el lugar que ocupa el movimiento obrero y popular en la lucha contra la dictadura, y el papel que desempeñan en su seno, las formaciones obreras tradicionales que se han reorganizado en la clandestinidad, durante los últimos años. Así se inicia una especie de carrera entre la movilización y la reorganización de las fuerzas del movimiento obrero y popular, y las maniobras de la coalición democrática-cristiana de la Alianza Democrática (AD), que pretende negociar con Onofre Jarpa, el ministro del Interior de Pinochet, una transición democrática que no ponga en tela de juicio la continuidad militar de la Junta, para tratar de quitarle hierro al combate por el derrocamiento de la dictadura.
En el artículo que publicamos a continuación se analiza el conjunto de los problemas políticos y organizativos que se le plantean al movimiento obrero y popular en plena organización.
Jair GIL
La sucesión de las jornadas nacionales de protesta ("'protestas nacionales") a partir de mayo de 1983, al ritmo de una al mes como mínimo, constituye un cambio fundamental de la situación política chilena. Con sus movilizaciones del 11 de mayo y del 14 de junio, del 11 de julio, del 11 de agosto, del 8 y del 11 de setiembre y del 11 de octubre, el movimiento de masas ha irrumpido en la escena política, abriendo así un proceso irreversible. Este proceso podrá tener flujos y reflujos, pero sólo podrá desencadenarse o ser contenido por acontecimientos políticos de gran importancia.
Numerosos observadores, de hecho, esperaban que los "primeros alborotos" sólo se producirían en 1989, fecha establecida por la Constitución que había hecho refrendar el generai Pinochet en 1980 para una transmisión del poder a los civiles. Sin embargo, estas "protestas" revelan una transformación sustancial de la relación de fuerzas entre las clases y en el interior de las clases. Esta evolución, ocultada por la naturaleza dictatorial del régimen político-militar, sólo podía salir a la luz por la irrupción del movimiento de masas. Estas movilizaciones de masas, que abren un nuevo período político, son la consecuencia de una crisis que conoce la dictadura del general Pinochet desde finales de los años 70 y comienzos de los años 80. Conjunción de una crisis económica y social y de una crisis política
Bajo el doble efecto de la derrota del proletariado tras el golpe de estado del 11 de setiembre de 1973, que derribó el gobierno de colaboración de clases de la Unidad Popular (UP) de Allende, y de la crisis económica internacional, Chile serviría como laboratorio económico de los "Chicago boys", adeptos de la política monetarista y ultraliberal de Milton Friedman. La defensa estricta de la iniciativa y la empresa privadas, de la libertad de comercio y del respeto de las leyes del mercado mundial, provocará una auténtica catástrofe económica, a través de la destrucción del aparato de producción industrial local y de una profunda crisis del sistema financiero. La avalancha de productos de importación, impulsada por la disminución suicida de los aranceles aduaneros, entre 1977 y 1982, en un país donde dichos aranceles son los más bajos del mundo, provocó la duplicación de las importaciones de origen norteamericano. Sumado a la privatización de sectores nacionalizados o públicos, el balance
muestra más de 2.000 quiebras y una disminución del 15% de la producción industrial en 1982.
A continuación, la especulación financiera y el endeudamiento provocaron el hundimiento del sistema bancario y financiero. La dictadura militar mantuvo hasta agosto de 1982 la convertibilidad del dólar a un nivel moderado de 39 pesos por un que no sólo favoreció la invasión de vertiginosa especulación y un creciente con respecto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los bancos internacionales. Así, cuando a continuación se devaluó el peso - en agosto de 1982, pasando de 39 a 60 pesos por dólar, alcanzando este incluso los 90 pesos en el mercado negro-, privado, una de las instituciones más sólidas del régimen chileno, se hundió en 1983.
Sin dinero en la caja, el prestigio y el poder de los famosos grupos económicos chilenos vinculados a las familias Vial, Cruzat-Larrain, etc., que los pilares del económico de la dictadura, sufrieron un duro ''Chicago-Boys" que asesoraban al gobierno.
A partir de este hundimiento del sistema bancario y financiero del país, la situación sigue empeorando. El resultado está a la vista: Cáceres, uno de Pinochet, firmaba en agosto de 1983 nuevos acuerdos para obtener créditos de un total de 1.300 millones de que se añadían a la chilena, que es de 20.000 millones de dólares: económica que ha destruído la economía del país han sido tanto más dramáticas. ad del modelo el hambre: esta es la realidad del económico" para el pueblo chileno. Más del 30% de la población total está en paro, sin ninguna cobertura social, es decir, 3 de los 11 millones de
Decenas de miles de trabajadores se ven obligados a trabajar en los proyectos gubernamentales del Plan de Empleo Mínimo (PEM) y del Plan Ocupacional de Jefes de Hogar (POJH), a cambio de unos salarios mensuales de 2.000 a 4.000 pesos, cuando los salarios medios de los obreros van de 6.000 a 8.000 pesos. análisis oficial de la escala de salarios chilena, el 43,16% de los obreros ganan menos de 10.000 pesos, y el 71,32% ganan menos de 20.000 pesos. 700.000 famílias no tienen vivienda, 160.000 carecen de agua corriente, y más de 300 poblaciones de chabolas carecen de electricidad.
Detrás de estas cifras se esconde una terrible realidad: centenares de miles de hombres, mujeres y niños no tienen qué comer. Centenares de miles de trabajadores o personas surgidas de la burguesía se encuentran desclasadas, sin trabajo, obligadas a recurrir a las "chapuzas" para sobrevivir. Una situación de miseria generalizada, que constituye también la base material de lo que se viene en llamar el vandalismo. En efecto, una de las características de las recientes "protestas" es la de haber dado lugar a explosiones sociales en las que jóvenes, menos jóvenes y trabajadores que participaban en las manifestaciones tomaban por asalto las mentarse, vestirse, etc. Las buenas famílias de la burguesía chilena imaginan con gran angustia la llegada a la capital y a sus barrios ricos de estas bandas de "vándalos" que acudirán a saquearlo
En cuanto a la burguesía, el modelo económico de la dictadura provocó una redistribución de la relación de fuerzas en detrimento de los sectores de la burguesía industrial nacional y en beneficio de los grupos económicos vinculados al capital extranjero, así como la ruina de sectores de la mediana y pequeña burguesía. En el plano político-social, ello comportó para el poder la pérdida de la base social que había apoyado al principio al régimen contrarrevolucionario surgido del golpe de estado de setiembre de 1973. Esto es lo que suministra la base social material de la recomposición política en torno a la Democracia Cristiana y lo que explica los cambiazos de los 'habitantes de los barrios ricos de la capital, que han participado en los conciertos de cacerolas ("'cacerolazos").
La acumulación de tensiones sociales, económicas y políticas, contenidas durante mucho tiempo, ha sumido al régimen en una crisis sin precedentes, de la que no podrá salir sin ayuda de ningún subterfugio económico. Dependiente de las fluctuaciones de precios de las materias primas, la economía chilena, en efecto, no puede basarse ya en sus exportaciones de cobre para iniciar un nuevo ciclo de acumulación, como en los años 1930-40. Dominado por las multinacionales y el capital imperialista, Chile no puede emprender como en el pasado una política de desarrollo de industria de sustitución de las importaciones. Su endeudamiento sólo puede crecer a medida que se deteriora su situación financiera.
La dictadura de Pinochet, se había consolidado en el marco de una relación de fuerzas surgida de la derrota del movimiento de masas en 1973, que comportó la destrucción de las organizaciones obreras y la liquidación de todas las instituciones de la democracia parlamentaria. Gobernar con los "métodos de la guerra civil'' exigía del inmovilismo de las masas y la realización en torno a la dictadura de cierto consenso social de la burguesía y de sectores de la pequeña burguesía.
Pero cuando se conjugan, a finales de los años 70, el hundimiento económico y social régimen y la reanimación del movimiento de masas, bajo la forma inicial de estallido de luchas obreras parciales, y de la recomposición del movimiento sindical, aparecerá a la luz la ineptitud de la dictadura de Pinochet como forma de dominación política burguesa en las nuevas condiciones, al igual que para el proletariado, aunque sea por razones distintas, la dictadura de Pinochet resulta insoportable. La burguesía chilena, a la búsqueda de una apertura dentro de la continuidad
El modelo de transición que quisiera aplicar la burguesía chilena durante los años 80 es el de la transición del franquismo a la monarquía constitucional en España. Esto es lo que explica muy lúcidamente uno de los dirigentes de la Democracia
(DC), que volvió a Chile el 4 de Zaldívar presidente de la Internacional Demócrata-Cristiana al declarar: «personalmente, soy pardel consenso Conviene recordar el ejemplo español de los Pactos de la Moncloa. Había un gobierno de la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, pero para evitar una confrontación política y social, Suárez se sentó a la mesa junto con Felipe González, Santiago Carrillo, Fraga Iribarne, y se llegó a un consenso para aprobar la Constitu-
Pero resulta que Chile no es España, y esta política choca con numerosos obstáculos. En primer lugar, porque Chile, a diferencia de España, es un país capitalista dependiente, subdesarrollado. En segundo lugar, porque está el general Augusto Pinochet, el general Franco ya estaba muerto, lo que dejó vía libre a la transición. Pinochet sigue vivo y constituye un obstáculo de calibre para cualquier apertura real, pues más allá de las ultranzas del personaje, sus declaraciones
de guerra a los políticos, su disposición a organi-
"setiembre de 1973"', cualquier modificación fundamental del calendario constitucional hasta 1989, hay una realidad innegable la de una dictadura militar, en la que Pinochet constituye la pieza fundamental, por su control sobre el gobierno, sobre la asamblea de sobre toda la institución fundamental que constituyen las Fuerzas Armadas. El mantenimiento del aparato policial y militar de la dictadura se expresa cada día en la represión de las movilizaciones de masas y de las organizaciones de opo-
Cualquiera que sea la forma en que se haga desaparecer al general Pinochet, la dictadura militar está demasiado vinculada a su persona para que su retirada no vamente superior en la crisis política de la dictadura y en el desarrollo del movimiento de masas. De ahí que Pinochet, apoyado por la Junta y la asamblea de generales, se oponga a toda apertura política real. Mantener a Pinochet y aplicar otra política son por tanto dos términos incompatibles,
Por otro lado, la burguesía chilena es incapaz de desarrollar una política de pacto social, y ello por varias razones. La primera es la imposibilidad de cambiar austeridad por democracia, mientras subsista la dictadura militar. Una "democracia
, que excluya a partidos y organizaciones sindicales que se reclaman de la lucha de clases, ministro del Interior, haría imposible aplicar una política de integración de las direcciones socialista y comunista del movimiento
La segunda razón tiene que ver con la situación económica nacional e internacional. De hecho, no hay mucho que negociar. La política de austeridad instaurada con los Pactos de la Moncloa en España se inscribía en una situación muy distinta, la de un país que si bien empezaba a sufrir las consecuencias de la crisis económica de los años 1974-75, salía de un período de 15 años de relativa prosperidad. Había una base material para las ilusiones democráticas y los sacrificios exigidos a los las direcciones reformistas, cambio de la democracia política y los derechos democráticos para las organizaciones y los parti-
En Chile, en cambio, la "transición"' se perfila como una situación de paro y miseria generalizados. Asímismo, resulta difícil pensar cómo el imperialismo USA podría aportar una ayuda sustancial a Chile, del tipo "plan Marshall"', '; en el estado actual de la economía mundial. De ahí que las masas populares chilenas den a su exigencia de democracia un contenido social concreto. Tras diez años de dictadura de Pinochet, las aspiraciones a la democracia son más fuertes que nunca, pero vienen acompañadas de reivindicaciones sociales. "'Comer, trabajar"', este es el contenido de la democracia exigido por decenas de millares de chilenos, contenido que en la situación económica actual hace difícil que tenga éxito una política de pacto social.
Finalmente, no cabe ninguna duda que si mañana una apertura real permitiera la reconstrucción legal de los partidos políticos y sindicatos independientes, las viejas organizaciones tradicionales del movimiento decapitadas 1973, reaparecerían con fuerza. De momento, la relativa rapidez de esta recomposición del movimiento obrero, teniendo en cuenta la amplitud de la derrota del 11 de setiembre de 1973, presta un carácter inestable a estas formaciones y limita por tanto su capacidad de control sobre el movimiento de masas. Desde el punto de vista mismo de la aplicación de una social, esta particularidad del proceso de reaparición de los partidos y sindicatos del movimiento obrero constituye también un obstáculo para la concreción inmediata de semejante política.
Para tejer alianzas destinadas a darle vaselina al movimiento popular, la burguesía chilena no dispone de ningún movimiento peronista como en
Argentina, ni, como en España, de un PC que a través de las Comisiones Obreras había obtenido durante casi 20 años de lucha antifranquista el control sobre sectores clave del movimiento de masas, con la excepción quizás del País Vasco.
Estos aparatos políticos son instrumentos fundamentales para la burguesía con miras a asegurar una transición democrática caracterizada por la adopción de pactos políticos o sociales entre las
En estas condiciones, y con la angustia del caos gobierno por parte de los militares, la clase capitalista chilena y sus portavoces apuestan por una solución contradictoria en sí misma, la de una apertura democrática limitada en el marco del mantenimiento de la continuidad militar. Así, por
Sergio Vergara-Larrani, uno de los banqueros de la familia Cruzat-Larrain, que se autocalifica "hombre del centro-centro"... pero a la derecha, es significativa de esta opción. Recientemente, declaró: «Nuestra acción puede tener dos objetivos: o bien llamar a los militares al cambio, asegurándoles que este no traerá el caos, o bien llegar a un acuerdo con Pinochet;
Run diálogo para la estabilidad, el consenso de la mayoría». A la pregunta de "¿ Y los comunistas?", el banquero responde: «Creo que deberían formar parte del proceso. No hay diálogo posible sin los comunistas».
Al tiempo que critica las "protestas", esto es lo que piensa uno de los principales representantes del capitalismo, al igual que otros representantes de la patronal chilena, como Jorge Fontaine, y Angel Fantuzzi, que apoya hoy este proyecto de apertura dentro de la continuidad. En estas condiciones, se trata de apreciar la manera en que se disponen las dos principales fuerzas de este "diálogo", la AD, agrupamiento controlado por la DC, por un lado, y el equipo Pinochet-Jarpa por otro. La Alianza Democrática (AD)
La AD, fundada en agosto de 1983, es una coalición dominada por la DC, y que agrupa además a la derecha nacional y algunos sectores socialistas. Está vinculada también al Proyecto de Desarrollo por un Consenso Nacional (PRODEN), organización sociopolítica controlada por la DC Su programa formal exige la dimisión de Pinochet, el establecimiento de un calendario electoral, la elección de una Asamblea Constituyente y un acuerdo de pacto social.
La AD es la fuerza que dialoga oficialmente con la dictadura, lo que no impide que algunos de sus dirigentes, como Gabriel Valdés, o determinadas manifestaciones, como la del pasado 8 de setiembre en Santiago, sean duramente reprimidas.
En esta etapa, la AD es la DC, partido de la burguesía chilena, que encabezaba el gobierno en los años 60 bajo la dirección de Eduardo Frei; aplica una política que responde a los intereses del sector industrial nacional de la burguesía y a las necesidades de determinados sectores del campesinado a través de la reforma agraria. Partido burgués, la DC hunde sin embargo sus raíces en determinados sectores populares: pequeña burguesía, determinadas capas de la clase obrera - en la Central Unificada de Trabajadores (CUT)—, seducidas por la ideología nacional-populista de la DC.
La DC reconstruye actualmente sus fuerzas.
Particularmente en determinados sectores de la pequeña burguesía, y especialmente entre los escomo una de las fuerzas políticas más activas de la oposición. Si hubiera una consulta electoral, son muchos los que le darían hoy su voto. Sin embargo, la DC se enfrenta a numerosos problemas. De entrada, los dirigentes de la DC saben que no podrán gozar de un contexto económico que les permita comprar la paz social. No hay que olvidar tampoco que el de la DC al golpe de Estado contra el gobierno de Allende dejó huellas en determinados sectores populares, si bien actualmente, después, no empaña su imagen como partido de
Finalmente, en lo inmediato la DC debe reconquistar al mismo tiempo su legitimidad a los ojos de la propia burguesía chilena, que después de 10 años de destrucción de toda vida parlamentaria, conoce las debilidades y divisiones internas de la DC. Pero querer reconquistar tal legitimidad ante la burguesía chilena implica no responder a las aspiraciones democráticas ponen precisamente en peligro el dominio de esta burguesía. Hay varios ejemplos que lo demuestran. En la negociación con Onofre Jarpa, ministro del Interior, nombrado con Pinochet en el pasado mes de agosto para llevar el "diálogo", la DC exige la retirada de Pinochet. Jarpa expone negociable, salvo precisamente la dimisión de Pinochet. Una serie de declaraciones de representantes del capital, van en el mismo sentido. Por consiguiente, DC renuncia a exigir la dimisión de Pinochet. De ello se resentirá sin duda su credibilidad ante las
Otro ejemplo: el 4 de setiembre de 1983, el PRODEN convoca una reunión pública, primer mitin público de la oposición autorizado por el poder. La Junta asigna como lugar de reunión uno de los parques más grandes de Santiago, en pleno centro de la capital, el parque O'Higgins, y abandona todas sus responsabilidades en el mantenimiento del orden, poniéndolas en manos de los dirigentes democristianos. El mitin estaba en preparación. Se esperaba incluso la participación de centenares de miles de personas, procedentes también de las ciudades de provincias. Resultado: EI PRODEN y la AD rechazan a última hora asumir sus responsabilidades y desconvocan.
esta capitulación fue aún más clara, con la negativa de la DC, a convocar las movilizaciones del 11 de octubre. Al responder positivamente a las inquietudes de la burguesía de la capital, que tenía miedo ante tal concentración de personas con sus posibles desbordamientos y actos de "vandalismo", los dirigentes democristianos le quitaban un peso de encima, pero al mismo tiempo mostraban su temor ante el movimiento de masas, los límites de su control sobre el mismo, y por tanto una debilidad que la Junta explotó inmediatamente.
La lógica de la política de conciliación con la Pinochet lleva a la DC a optar por la continuidad militar, para asegurar a la burguesía, al tiempo permita reconstruirse, gracias al establecimiento (adopción de una ley sobre los partidos en un elección de una Asamblea Constituyente al cabo de 6 meses y referéndum sobre un proyecto de reforma constitucional al año siguiente). Pero todos los programas y calendarios propuestos por la DC tropiezan con cuestiones fundamentales como el tipo de Asamblea Constituyente que se propone, el nombre de los partidos legalizables, la naturaleza y el contenido de la próxima Constitución, aceptando ya como marco general el diálogo con los militares.
El equipo Pinochet-Jarpa
Son muchos los que en Chile explican que Pinochet ya no gobierna y que Sergio Onofre Jarpa tiene ya las riendas del Estado en sus manos. Se equivocan: Pinochet sigue controlando el aparato militar, y su intervención del pasado 11 de setiembre, donde presentó las últimas medidas económicas - aumento del 15% de los salarios de los funcionarios, ayuda a diversos sectores de la industria nacional, así como la iniciativa de un próximo referéndum sobre las modificaciones a la Constitución de 1980muestran que sigue siendo el hombre fuerte de la dictadura. Pero no por ello hay que subestimar el significado del nombramiento, por Pinochet, de Jarpa como ministro del Interior. Político burgués conservador, ex-secretario general del Partido Nacional de la derecha reaccionaria, apoyo civil del golpe de Estado de Pinochet, es un modelo clásico de político chileno reaccionario.
Con la incorporación de Jarpa al gobierno, la dictadura abre sus filas a la burguesía y a una parte de sus políticos. Es el esbozo de un "gobierno cívico militar". Pero las discusiones con la oposición se realizan bajo el signo del mantenimiento del artículo 24, transitorio, de la Constitución de 1980, que confiere a Pinochet un poder arbitrario de restringir las libertades públicas. El marco de estas discusiones, exclusión del "diálogo" de todos los partidos que se reclaman de la lucha de clases, la continuidad militar, el mantenimiento de Pinochet, proporciona a Jarpa toda la confianza de los militares. Y la "operación Jarpa", bendecida por la Iglesia, cuenta también con el apoyo de los principales sectores capitalistas y del imperialismo norteamericano. Las modalidades de este diálogo confieren así un lugar central a las FF.AA., y los efectos combinados de la crisis política y de las movilizaciones de masas en la institución militar. se convierten en factores de importancia. Sin embargo, hasta hoy, a diferencia de sus homólogos argentinos que hablan mucho y se acusan mutuamente, los militares chilenos guardan silencio. No cabe duda, de todas formas, que existen tensiones internas en la institución militar, y que éstas desempeñan un papel fundamental en el dialogo entre Jarpa y la AD. La irrupción del movimiento de masas en la escena política
Desde hace algunos meses, la gente ya no tiene "miedo de tener miedo". surgido después de la fase iniciada a partir de 1978-79, donde se apuntaba una primera recomposición del movimiento de masas en su forma movimiento ha pasado a una etapa de lucha de masas abierta. Esto comenzó con el llamamiento a un paro nacional, el 11 de mayo de 1983, lanzado por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), dirigida por Rodolfo Seguel, dirigente sindical de este sector, vinculado a la DC, y expresión del nivel de combatividad y de conciencia de los trabajadores en este momento. Tras la detención de Seguel, esta iniciativa se transfor-
"jornadas de protesta" formas atuales que se da el movimiento de masas en su combate contra la dictadura, jornadas que se han sucedido el 14 de junio, el 11 de julio, el 11 de agosto, del 8 al 11 de setiembre y el 11 de
Si las poblaciones (aglomeraciones de chabolas) constituyen el punto cardinal de todas las movilizaciones populares contra la dictadura, la oposición a Pinochet va mucho más allá de los sectores populares, afectando incluso a sectores de la pequeña burguesía. Los "cacerolazos", que desde que cae la noche resuenan en las casas y
permiten una participación a domicilio en la lucha contra la dictadura, constituyen un fenómeno que invade toda la ciudad de Santiago, con motivo de cada jornada de protesta, incluídos los barrios
La AD constituye además uno de los centros de iniciativa de estas jornadas. Pero hay que distinguir la dinámica propia del movimiento de masas que le asignan sus direcciones actuales, particularmente las agrupadas en la AD. movilizan en las poblaciones, los jóvenes, trabaparo, lo hacen con sus propios métodos, los de la acción directa. El 8 de setiembre, por ejemplo, desde las 20 horas se observó la misma escena en todos los barrios y suburbios populares de Santiago: "cacerolazos", fuegos encendidos en las calles principales, barricadas, formación de manipolicía, dispersión, formación de nuevas manifestaciones, etc. Y esto hasta medianoche o la 1 de la madrugada.
de las veces las impulsan jóvenes dirigentes naturales, de 12 a 20 años de edad, que constituyen la auténtica punta de lanza de estas movilizaciones. forma semiespontánea o animadas por uno u otro militante de una organización clandestina de izquierda, el problema decisivo a que se enfrentan estas movilizaciones de masas gira en torno a su estructuración, a su dirección y a su centraliza-
Esta debilidad de estructuración pesa hoy en la de las últimas protestas fue organización de manifestaciones y marchas en las poblaciones. Ya en varias de ellas se expande la de hacer confluir los cortejos de varios de estos barrios populares, en manifestaciones más imponentes. De hecho, hay en las poblaciones las condiciones para una marcha nacional obrera y popular contra la dictadura, reuniría a centenares de miles de personas en el centro de la capital. El mitin organizado el pasado
11 de octubre, en la capital, por la izquierda, y que reunió a más de 80.000 personas, constituye un primer paso hacia la organización de manifesta-
El movimiento sindical
Si han desempeñado un papel decisivo en los primeros momentos de recomposición del movimiento de masas, las organizaciones sindicales el desarrollo movimiento "poblacional'. Esto se debe a una de orden socioeconómico, está vinculada a la dislocación sufrida por la clase obrera bajo los golpes de la crisis económica. En efecto, los sindicatos sólo pueden organizar a una parte de la clase trabajadora, la que en miseria y paro generalizado puede trabajar efectivamente. La segunda tiene que ver con las consecuencias de la derrota de
1973. Debilidad general, fragmentación, sectoriadivisión, estas son las características actuales del movimiento șindical.
Con la excepción de:los 26.000 trabajadores de las minas de cobre, organizados en la CTC, y que responden a las consignas sindicales, los trabajadores de los demás sectores no pueden reconocerse en propuestas o iniciativas sindicales que empresa o el ramo. Además, esto explica los límites del eco del llamamiento lanzado por la CTC a una huelga nacional de todos los de mayo: "huelga nacional"' para la que los trabajadores no se movilizaron, transformando no obstante esta iniciativa en una primera jornada de protesta. Las inmensas.
dificultades para organizar una huelga general en las fábricas debe comprenderse en el marco de la fragmentación y de la división del movimiento
Sin embargo, estos últimos meses ha empezado a desarrollarse un proceso de reorganización sindical. Primero en la cúspide, donde cada estructura de coordinación o de reflexión sindical, animada por diferentes sectores políticos (DC, PC, corriente socialista), trata de colocarse en primer plano. Este es el sentido de la formación del Comando Nacional de Trabajadores (CNT), animado por la CTC y apoyado por la DC y por el PC. Son las actividades de la Coordinadora (agrupamiento sindical dirigido por el PC) o de un sindicato como la Contramet (organización sindical metalúrgica, animada por el PC), o incluso el objetivo de la Conferencia Sindical Socialista, que se celebró en Punta de Tralca, en julio de 1983, y en la que en nombre del pluralismo ideológico las vinculadas a la socialdemocracia tras el llamamiento del sindicato de trabajadores de Madeco, el proceso iniciado hace ya más de un año desembocó, el 1516 de mayo pasados, en una Conferencia Sindical Metropolitana que reunió a más de 50 sindicatos y
Fue una conferencia unitaria abierta a todas las organizaciones, corrientes y sindicatos, pues en el proceso han participado organizaciones como la Federación Sindical de Maiple (FESIMA, de la región de Santiago), animada por los socialistas, o la Contramet. Fue también una conferencia democrática, pues los delegados representaban a función de la importancia de su organización. Fue, finalmente, una conferencia donde prevalecieron, frente a las posiciones defendidas por militantes socialistas o comunistas, las posiciones de "lucha de clases", de defensa intransigente de las reivindicaciones, de rechazo de todo social" con los patronos
Hoy, las coordinadoras como la Contramet o la Fesima se han retirado de este proceso, que no cuadraba en su orientación. Pero es innegable que los vínculos establecidos por el sindicato Madeco en todo este proceso unitario y democráconstituyen una conquista para todo el movimiento sindical. En la perspectiva de reunir un Congreso Sindical Constituyente, en el que la CTC desempeñará por razones objetivas un papel decisivo, las fuerzas agrupadas en torno a los sindicalistas de Madeco y del Comité Intersindical podrán constituir un polo unitario, democrático y clasista dentro de un marco más amplio.
En efecto, en los meses venideros las organizaciones sindicales conocerán, pese a sus debilidades estructurales, nuevos avances, y desempeñarán nuevamente un papel decisivo, sobre todo si pueden hacer uso de las posibilidades de legalización o de nuevos derechos de expresión.
estructuración, coordinación y la centralización de la movilización contra la dictadura en las poblaciones, así como las debilidades del movimiento sindical, plantean un problema decisivo en cuanto a las perspectivas de la lucha de clases en Chile. Las abren un importante proceso de movilización de masas, pero la situación política actual sigue ca*racterizándose por la contradicción condiciones -hundimiento socioeconómico, crisis política, ascenso impetuoso del movimiento de masas-y el retraso del factor subjetivo, producto de los efectos de la derrota de 1973 en el movimiento obrero organizado, y de una situación en la que esta etapa el movimiento de masas aún no se identifica con tal o cual dirección, ya sea la AD, ya la Unidad Popular reconstituida.