URSS:
Viaje al centro de la Disidencia
¿Implica el acceso al poder Andropov una doble defunción: la de Leónidas Breshnev, esa tan real, y la de la disidencia, es tan simbólica? No cabe ninguna duda de que la era Breshnev, durante la cual Andropov trabajó como patrón del KGB, puieda vanagloriarse, en los futuros manuales oficiales, de un balance globalmente positivo: el de la represión. Esta ha sido la más masiva y la más brutal que haya conocido el período post-estalinista, y el aplastamiento de todas las formas organizadas de la disidencia atestigua su temible
De ahí a realizar un balance póstumo de la disidencia, ha hacer de la historia de la oposición una historia de su represión, la tentación es fuerte y parece lógica... Sin embargo, si el problema consiste en comprender la eficacia relativa (y temporal) de la represión, si estriba en captar la naturaleza del fenómeno disidente, nada sería más erróneo que semejante enfoque.
La historia de la represión enseña que si puede ser eficaz no es únicamente porque encierra a los disidentes en un campo o en hospital psiquiátrico, porque influye en sus posturas, porque actúa como un factor determinante de sus orientaciones. En suma, su éxito consiste en haber aislado a los disidentes, durante un tiempo, física y también políticamente, del resto de la sociedad
La historia de la oposición, a su vez, nos enseña que el "fenómeno disidente"
no reside en el número variable y limitado de individuos portadores de una conciencia radicalizada (lo que facilitaría su eliminación), sino en el hecho de que es el reflejo de procesos sociales reales y profundos que se producen en la sociedad soviética, procesos que reveló el deshielo post-estalinista. En este sentido, no puede ser aplastado duraderamente, y los acontecimientos posteriores al XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), celebrado en 1956, lo demuestran: a pesar de la represión, la oposición, cualquiera que sean sus formas, resurge siempre, y a veces donde menos se espe-
Vera Lilienstein
Sin embargo, la imagen que ofrece actualmente, los problemas de supervivencia à que se enfrenta, merecen ser estudiados. Para entender el atolladero en que se ha metido el movimiento de defensa de los derechos humanos en la URSS, en la era Breshnev, para tratar los aspectos que una presentar en la era Andropov, parece necesario remontarnos a sus origenes, y trazar su evolución. En todas sus fases, la lucha de estos disidentes ha demostrado que su historia es fundamentalmente la de su relación con el poder - y no con las masas -, y sobre todo la de las inmensas ilusiones que nacieron con el XX Congreso.
Es precisamente el XX Congreso el que sellará el renacimiento de esta oposición: si amplia la crítica al culto de la personalidad, convirtiéndola en una crítica al estalinismo, vendrá caracterizada en buena medida, sin embargo, por este origen y por la problemática del propio Congreso.
En lo fundamental, en este época, la oposición de obediencia marxista se apoya en el jrushchovsismo: raramente se ataca al poder de frente, apenas se pone en tela de juicio los cimientos del régimen. Su problemática inicial —cómo reconciliar al mar xismo con el humanismo- desembocarà rápidamente libertades democráticas, pero jamás estas preguntas, nacidas en el XX Congreso, repercutidas y ampliadas por una gran parte de la inteligencia, afectan al problema de las relaciones económicas y sociales, que también tienen su origen en el estalinismo.
El tema del Gulag pasa a predominar en la vida social, y las memorias y relatos de los que vuelven de los campos, al dar nacimiento a otra memoria histórica, constituirán un sustitutivo del criterio político y moral que había hecho desaparecer el estalinismo. Sin duda es esto lo que explica que la primera reivindicación se refiera a la suavización de la censura. Para la oposición, la literatura desempeña un papel fundamental de expresión política, que ninguna otra cosa les garantiza.
En definitiva, esta corriente de deshielo exigía la posibilidad de hacer públicas todas las "fechorías"' del estalinismo, mucho más que órganos políticos destinados a asegurar permanentemente las libertades democrá
En definitiva, esta corriente de deshielo exigía la posibilidad de hacer públicas todas las "fechorías" del estalinismo, mucho más que órganos políticos destinados a asegurar. permanentemente las libertades democráticas. Pero incluso limitándose a una exigencla de garantías, estas reivindicaciones tenían una lógica y una dinámica inaceptables para la burocracia. Esta se dió cuenta muy pronto de que interrogar al pasado desembocaría infaliblemente en un cuestionamiento de sus prácticas actuales, del mismo modo que las reivindicaciones democráticas desembocarían directamente en un cuestionamiento de su monopolio ideológico y político, que es la condición de su supervivencia. De la voluntad de reforma al planteamiento jurídico
El bloqueo social que realizará la burocracia progresivamente (destitución de Jrushchov, cierre de periódicos liberales oficiales, amenazas contra los "liberales", lo bastante eficaces como para hacerlos volver al redil del poder), la nueva era de detenciones y procesos que inaugurará, disipará, en sus etapas sucesivas, las ilusiones surgidas del XX Congreso. La segunda mitad de los años sesenta conocerá una ruptura progresiva, en el seno de la oposición, con la idea de que es posible reformar el partido y llevar una lucha en el interior de las instituciones, a través de los canales oficiales.
Sin que nunca se haya sacado un balance teórico de este planteamiento "refor-
, esta evolución fue la que dió a luz al movimiento de defensa de los derechos humanos. Con el retroceso, su nacimiento aparece más como un desplazamiento táctico que como una ruptura de la problemá tica de la oposición. En la nueva orientación encontramos las mismas características de fondo: el interlocutor sigue siendo el poder, y no las masas; el arma preferida, "la publi-
"la legalidad"; las libertades democráticas siguen teniendo que ser otorgadas, pero ahora gracias a una presión exterior. Bajo el efecto de la consigna única, petad la Constitución" el "legalismo oposicional"' de los años sesenta se transforma en "constitucionalismo" en el transcurso de los años setenta. La oposición no trata ya de enmendar al régimen, sino que reclama la aplicación integra de la ley, y considera a este respecto que ella representa la legalidad frente a un adversario que sustitu- . ye el derecho por la ideología. galismo oposicional" de los años sesenta se transforma en "constitucionalismo" en el transcurso de los años setenta. La oposición no trata ya de enmendar al régimen, sino que reclama la aplicación integra de la ley, y considera a este respecto que
ella representa la legalidad frente a un ad versario que sustituye el derecho por la
Esta orientación, instancia por la represión, comporta una reducción sensible de la problemáica de la oposición surgida del XX Congreso: abandona el terreno político e ideológico, en beneficio del terreno jurídico: movimiento, a partir de ahora, la lucha debe limitarse a la denuncia de las exacciones, de las violaciones cometidas por el poder con respecto a sus propias leyes. Los hechos mismos son reveladores: los grupos de defensa de los derechos humanos declaran que no se plantean ninguna actividad política, que no poseen programa ni estatutos, ni estructura organizativa. De entrada afirman que quieren «prestar su concurso a las autoridades con miras a la creación y a la aplicación de garantías de los derechos
Sin embargo, "la problemática de los dedisidencia seguirá estando caracterizada, sobre todo, en su historia, por un proceso de autonomización creciente, por una desconexión con respecto al resto de la sociedad. Diferentes factores pueden explicar que haya perdido poco a poco el apoyo pasivo con que podía contar en los años sesenta.
En primer lugar, este movimiento, que tomó por vocación la defensa de todos aquellos que eran víctimas de las exacciones del poder (ya sea en el terreno económico, ya en el político o religioso), se ha visto obligado, a golpe de represión, a dedicarse a su autodefensa. Pero sobre todo, la "profesionalización" del disidente, el aspecto pernicioso de formas represivas como el despido (y a fortiori el exilio y la pérdida de nacionalidad), han comportado una desinserción social del movimiento en su conjunto, lo que a su vez tenia que reflejarse en sus
Estos distintos fenómenos, determinados por la represión, han dado lügar a una radicalización (en el mal sentido del térmi no), a un endurecimiento; que en algunas corrientes se expresaba en una especie de "satanización" del poder, percepción que indudablemente las masas no compartían: Hasta mediados de los años setenta, el pefiodo Breshnev sigue siendo el de una mejora innegable del nivel de vida.
Finalmente, un último factor, que no es consecuencia de la represión, ha contribuido a agravar este fenómenos de desinserción social. El impulso dado al movimiento de los derechos humanos por la firma de los acuerdos de Helsinki, en agosto de 1975, significó implícitamente que las conquistas dependían básicamente, por no decir exclusivamente, de Occidente, pues se consideraba que éste desempeñaba el papel de polo exterior para ejercer presión sobre las au-
El final de los años setenta verá, sin embargo, con el surgimiento de un embrión de democrático, un nuevo momento de la problemática disidente. El término, en efecto, parece más adecudo que el de movimiento de defensa de los derediferenciación de actividades que empieza a operarse en el seno de la disidencia. La evolución que siguieron las tendencias asociativas, como el SMOT (Sindicato Independiente creado en Moscú en octubre de 1978), El Almanaque: Mujeres y Rusia, el Comité de Defensa de los inválidos... hicieron aún más necesaria la represión.
•En primer lugar, porque estas tendencias no tenían: únicamente .por objeto una "vaga" defensa de los derechos humanos, sino la defensa concreta de determinadas categorías de ciudadanos, haciendo aparecer por tanto reivindicaciones también más concretas, susceptibles de despertar un interés más amplio. Finalmente, y. sobre todo, porque, consciente o no, su lógica era la de la organización, aportadora de una alternativa política, de una alternativa de
Así, la evolución que conoció la oposición, la situación con que se encuentra hoy en día, los aspectos específicos que mues tra, lleva a preguntarnos: ¿cómo comprender el tipo de discurso que vehiculiza, y del que no parece deprenderse ninguna alternativa política, cómo explicar su marginalidad, el hecho de que no se haya materializado ningún lazo, ni ningún vinculo, entre estos intelectuales de la oposición y una contestación social larvada más general (particularmente en el seno de la clase obrera)? Estas preguntas aparecen como fundamentales si queremos evitar toda concepción policiaca de la historia: la represión por si sola no puede explicar el aplastamiento de la disidencia tradicional, tal como se co noció en el transcurso del decenio anterior. Las razones de la marginalidad de la "disidencia"
Evocar el peso específico del estalinismo en el seno de la sociedad soviética puede parecer un tópico, pero es precisamente ahí donde hay que buscar los fundamentos de del régimen. Este "pasado que pesa". se traduce en dos fenómenos fundamentales, que a su vez pueden explicar "las debilidades" internas de la di-
No se pone en tela de juicio la ecuación "'URSS igual a socialismo", lo que implica una ausencia de alternativa y de marco de referencia ideológico, y esto está en la base de los fenómenos políticos y sociales específicos. La desviación absoluta del lenguaje político que instauró el estalinismo, simboliza este estado de cosas. Así hay que comprender las actitudes no conformistas en la vida privada, el auge de la religión, los discursos "metafísicos"' de numerosos disidentes, la primacía de la moral sobre la políobjetivo: ¿cómo no abordar el problema del Gulag en términos éticos?). mo otros tantos lenguajes, cómo otras tantas modalidades de expresión posibles.
Hoy, la religión aparece sensiblemente como una vía de radicalización para la juventud, por mucho que posteriormente sea relativizada. Esta comprensión de tales fenómenos implica no rechazar a priori a tales que en la sociedad capitalista serían calificadas de reaccionarias o apolíticas, e implica también enfocarlas con otros criterios. Del mismo modo que se ha aprendido, en lo que respecta a la burocracia, a disociar su discurso aparente. (seudo-marxista) de su naturaleza y de su orientación, hay que diferenciar, con respecto a la disidencia, entre su discurso aparente y la dinámica de sus actividades. Hay que ver lo que hay detrás de este discurso oposicional latente, captar su significado y su dinámica virtuales, comprender el papel potencial de estos fenómenos anti-normas que no pueden ser integrados por el poder, pues desembocan en cuestionamientos más amplios y tienden a restituir con mucha rapidez, en estas sociedades, la dimensión política de
El problema de la ausencia de un marco de referencia ideológico es menor en lo que respecta a la disidencia propiamente dicha. Subraya dos fenómenos, dos tipos de reacción ante el discurso "marxista" de la burocracia. Uno de ellos se expresa en una negativa absoluta a hacer política, a "hacer ideología", y sus manifestaciones son numerosas, ya sea el aspecto "metafísico" del discurso, ya sean las posturas voluntariamente "apolíticas" del movimiento de defensa de los derechos humanos, o incluso la forma de defensa en el transcurso de los procesos, donde se opone sistemáticamente el derecho a la ideología. La extrema confusión ideológica que caracteriza a gran parte del discurso disidente aparece como la otra expresión de este problema; se deriva a menudo de un simple reflejo de inversión con respecto a la ideología oficial, defendiendo sistemáticamente la postura contraria a la aparente glorificación del marxismo, de los trabajadores, de 1917, de la idea del Partido, etc.
Sin embargo, la dinámica de ésta "ideología" contestataría, por el mero hecho de que rebasa efectivamente el marco oficial de discusión, de que proporciona (a través del samisdat/ un marco de debate que no existe en otras partes, de que introduce ideas alternativas, relativiza la ideología oficial y la coherencia del sistema, hace mella en la creencia generalizada de que es imposible cambiarlo.
Es también la falta de confrontaciones; como demuestra Peter Uhl, la que favorece las ilusiones en torno al mundo occidental y los programas de regeneración moral. «De hecho, la ausencia de debate, la prohibición de confrontar sus opiniones y proporcionar
concepciones conformes a los intereses de los trabajadores, crean en gran parte de la población un clima propicio para la ideologia de derechas» (Peter Uhl, "El socialismo
Finalmente hay que plantear otro aspecto
URSS, pues da lugar a un fenómeno fundamental, que acusa una enorme diferencia con respecto a las democracias populares. La represión masiva que conoció la URSS en los años treinta y cuarenta, sus campos y sus millones de muertos, constituyen lógicamente un interrogante, un momento crucial de la reflexión de la oposición.
Ante la amplitud del fenómeno - que afectó a todos y cada uno-, el discurso del disidente vehiculiza una idea, una percepción política y moral específica, según las cuales no es un hombre ni el Partido o los órganos represivos los que pueden responder de semejante tragedia histórica, sino todos y cada uno. Esta "inexistencia de enemigo político" es muy sensible en la mayoría de las reflexiones teóricas de la oposición. Estas demuestran que no existe, o apenas, una conciencia sobre "dónde está el enemigo". De ahí que hoy parezca difícil hablar (al menos a partir de las informaciones disponibles) de una oposición anti-burocrática (consciente) en la URSS. La debilidad de la corriente disidente marxista
La evocación de estos fenómenos lleva a preguntarnos sobre la debilidad de la corriente disidente marxista y sobre la clara pérdida de influencia que ha conocido durante el último decenio. Citemos rápidamente algunos factores que están en su ori-
En primer lugar, es la corriente que ha abrigado más ilusiones en torno al poder, y Madvedev es un ejemplo caricaturesco de ello. En segundo lugar, el hecho de que haya planteado el debate fundamentalmente en los términos de una conciliación entre marxismo y humanismo, que puesto jamás en tela de juicio, frente al estalinismo, el problema de las relaciones económicas y sociales, ha desempeñado sin duda un papel importante. Finalmente y sobre todo, contrariamente a los paises del Este (y particularmente Polonia), la oposición marxista no ha protagonizado nunca manifestaciones de oposición abierta en el seno de la clase obrera.
Este problema nos lleva a plantear el segundo gran fundamento de la relativa estabilidad del régimen soviético. La atomización de la sociedad, el aislamiento extremo, por no decir el abismo, que existe entre la clase obrera y las demás capas sociales, son hechos conocidos y característicos, y habido vínculos entre la oposición y la clase
Añadamos simplemente que el abismo que existe "naturalmente" entre ellos se ve más profundizado aún por distintos factores. En primer lugar, por la táctica del poder en cuanto a la represión: contra la oposición, utiliza los profundos sentimientos nacionalistas y antiintelectuales que en el seno de la población, para justificar la represión, pero frente a cualquier movimiento de contestación de la clase obrera, bloquea la información y silencia la represión. Recordemos que la revuelta obrera de Novotcherkass, en 1962, ahogada en sangre, sólo se conoció en 1973.
El problema de la información aparece así como un factor de peso para mantener esaislada. Las dimensiones del pais y su organización son tan grandes que la población permanece ajena, en su gran mayoria, a las realidades que no sean las de
Finalmente, algunos factores internos de la disidencia aparecen como causas y consecuencias de este fenómeno, y ya las hemos evocado. Sus debates eluden los problemas económicos y sociales, sus actividades de defensa se han convertido en autodefensa, su energía se ha concentrado casi únicamente en el "Occidente" durante los últimos años, su desinserción social es
Este corte se traduce hoy en un proceso contradictorio: si a partir de los interrogantes históricos y culturales, la oposición intelectual es mayoritariamente antiestalinista, parece que desde hace poco se asiste, en la clase obrera, al surgimiento de una especie de "estalinismo popular" aquellos tiempos no había alza de precios y la gente trabajaba...». La situación actual: un dato nuevo
El cuadro trazado puede dar a entender que el periodo Andropov tiene asegurada una tranquilidad relativa. Pero hay nuevos datos que vienen a contrarrestar esta perspectiva, y pueden comportar a largo plazo un cambio radical de la relación entre el poder y la oposición. En relación con los problemas de Polonia o Afganistán, conviene ser prudente sobre las repercusiones que puedan ocasionar en la URSS. A menudo, el bloqueo de la información resulta eficaz, y la propaganda del poder tiene sin duda sus frutos (particularmente sus argumentos "alimenticios" para convertir a Polonia en un chivo expiatorio). Si aparece una contestación inicial en torno a la invasión en Af-ganistán, proviene fundamentalmente de las Repúblicas Bálticas, y da lugar, más bien, a la expresión de sentimientos nacionalistas, poco susceptibles de extenderse a
Son otros los factores que podrían enturbiar lo que se ha llamado la estabilidad de la era Breshnev. La crisis económica, notable en la URSS desde la segunda mitad de los años setenta, cuestiona visiblemente el sabio equilibrio que está en el origen de cierto consenso en el seno de la población, y particularmente en el seno de la clase
La experiencia demuestra que si hay un factor que lleva a los trabajadores a sancionar al poder, es el cuestionamiento del mínimo de garantías consideradas como algo debido, como una conquista, es decir, un abastecimiento alimenticio mínimo (y en cierta medida, la estabilidad de precios), y una baja productividad del trabajo, un de-
"derecho a la pereza"
concesión que se hace a los trabajadores.
Sin embargo, la crisis económica se traduce particularmente en penurias cada vez más frecuentes de productos de primera necesidad, y en medidas de coacción destinadas a paliar la baja productividad del trabajo. Así, de aquí a 1985 está previsto extender la organización del trabajo en brigadas a toda la industria; los salarios y las gratificaciones dependen ahora del trabajo, no de un único trabajador, sino de todos los miembros de la brigada. Por consiguiente, cada uno tiene interés en vigilar estrechamente el trabajo de sus colegas.
En esta nueva coyuntura, los focos aislados de descontento pueden multiplicarse, si bien es impensable un "incendio a la polaca", el hecho de que la mejora del nivel de vida ya no sea otorgada, sino que sea objeto de una reivindicación de los trabajadores, si la información no se libera. De ahí que se adquiera la conciencia de la fuerza potencial de estas pequeñas revistas samisdat que circulan de mano en mano.
Finalmente, la aparición de una nueva generación en la oposición puede constituir, si se desarrolla, un factor de peso en nueva coyuntura socio-económica. Esta nueva generación ha balance crítico de la táctica legalista de la disidencia, que pretendía ser apolítica y consideraba al poder como único interlocutor, que se ha visto cortada de las masas y en una situación de dependencia casi total con respecto a la prensa occidental. Esta oposición, que se sitúa en una perspectiva de crítica socialista al régimen, ha trazado el marco de una nueva orientación.
Recordemos simplemente que sus grandes líneas indican una voluntad firme de orientarse hacia las masas, de elaborar programas sociales completos, de reunir a los partidarios de la democracia y el socialismo.
orientación, si se desarrolla y se concreta, implicaría la primera ruptura real en el seno de la problemática de la oposición desde el XX Congreso. Equivaldría a una reinserción social y política de la oposición en la vida social, susceptible, en el futuro, de entrar en resonancia con las manifestaciones de descontento que provoca la
Apostamos que si el "antropovismo" inaugura un nuevo tipo de enfermedad, no será la del inmovilismo.