Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Polonia: Revolución política y contrarrevolución en Polonia

· Inprecor n.º 30, octubre de 1982 · pp. 23-39 · 17.084 palabras

Revolución política y contrarrevolución en Polonia

Resolución del Comité Ejecutivo de la IV Internacional

27.5.1982

I. El ascenso de la revolución política

Entre todas las revoluciones políticas en las que los trabajadores se han alzado contra el poder totalitario de la burocracia de los Estados obreros burocratizados, la revolución polaca de agosto de

1980 a diciembre de 1981 es sin ninguna duda la más avanzada. Aunque es incorrecto considerar que hay una progresión lineal de cada uno de los ascensos revolucionarios en los Estados obreros, ello no quita que dicha revolución señala claramente su curso ascendente, su tendencia a plantear en la práctica la cuestión del derrocamiento del poder de la burocracia.

En ninguno de los casos anteriores, salvo quizás en Hungría en 1956, los trabajadores se habían propuesto tomar en sus manos el poder económico y político directo. Jamás había habido discusiones tan amplias sobre la táctica, ni una elaboración tan extensa de los medios que permiten aproximarse conscientemente a este objetivo, como ha sucedido ahora en el caso de Polonia.

Es cierto que este grado de madurez sólo se alcanzó durante los últimos meses, o incluso, durante las últimas semanas. La dirección nacional de Solidaridad no logró adoptar una estrategia con miras a la conquista del poder por los trabajadores, ni siquiera en las horas anteriores a la proclamación del Estado de guerra. Sin embargo, los trabajadores y la dirección del movimiento de masas reconocieron abiertamente que estaba planteada la cuestión del poder e iniciaron el debate para saber cómo resolverla.

Este un rasgo distintivo de la revolución polaca, que constituye un acontecimiento de importancia histórica y expresa un salto cualitativo en el desarrollo de las revoluciones políticas en su conjunto. El movimiento de masas polaco y su principal organización -el sindicato autogestionado independiente Solidaridad- han ido mucho más allá de las adquisiciones más avanzadas de los movimientos de masas dirigidos por los comités de huelga en Alemania Oriental en 1953, por los Consejos Obreros de Hungría y Polonia en 1956, o de Checoslovaquia en 1968-69.

La revolución antiburocrática polaca de 1980-81 se desarrolló en un país caracterizado por un conjunto de rasgos, algunos de . los cuales son específicos y cuya influencia en el propio curso de la revolución es inne-

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a) El alto grado de desarrollo industrial y la formación correspondiente de una clase. obrera cuyo papel determinante y cuya fuerza social se apoyan en la existencia de numerosas zonas de alta concentración decenas de miles de obreros). El desplazamiento masivo de trabajadores rurales a la industria, sin embargo, no ha hecho que la clase obrera permanezca en un eterno estado de "adolescencia"' política, contrariamente a lo que podría haber esperado la burocracia, que fomentó dicho proceso, con la esperanza de que ello permitiría neutralizar esta fuerza social. Al contrario, no fue la clase obrera la que se diluyó en un medio social extraño. Fue la sociedad la que no dejó de proletarizarse, cavando así la tumba del poder burocrático.

b) La tradición y la experiencia de la clase obrera polaca en sus levantamientos contra el poder burocrático, las explosiones de protesta obrera de junio de 1956 (Poznan), de diciembre de 1970 (Gdansk y Szczecin) y de junio de 1976 (Radom y la fábrica Ursus en Varsovia) hicieron que los trabajadores capacidad del poder burocrático o de cualfracción de la burocracia para defender los intereses y materializar las aspiraciones de la clase obrera. El mito del "hombre providencial", encarnado en el

Wladislaw Gomulka (19561870), y después por Edward Gierek (1970-1980) dejó de existir,

•se convencieran, a partir de su propia experiencia, de que un movimiento espontáneo es limitado y que es necesaria la autoorganización,

•pasarán a una forma de lucha.nueva: la huelga de masas con ocupación.

La experiencia de los movimientos autogestionarios de los trabajadores, de 1944-45 y de 1956-57, había dado lugar a una tradición de lucha por el control obrero sobre la producción y la gestión obrera de las empresas, lo que permitió que la revolución politica, en 1981, encontrara más facilmente el camino hacia el poder de los trabajadores, tanto en las empresas como en el Estado.

c) La debilidad relativa del poder de la burocracia, que no sólo tenía que hacer frente a una clase obrera poderosa y experimentada, sino que tampoco supo imponer totalmente su hegemonia a la sociedad en su conjunto. Polonia es un país donde la colectivización forzosa no ha logrado someter al campesinado al poder burocrático. El sector principal de la agricultura sigue siendo la economía familiar campesina, lo que confiere un margen de maniobra considerable a los trabajadores agrícolas independientes y facilita la resistencia al Estado. Además, la fuerza y la influencia de la Iglesia católica han opuesto contínuamente una resistencia con la que la burocracia se vió obligada a buscar un compromiso en el marco de un equilibrio inestable, pero duradero. Esta posición de la Iglesia católica, que expresaba también los intereses del campesinado, favoreció la existencia de una pluralidad de concepciones del mundo, así como el desarrollo de un pensamiento más o menos crítico e independiente en amplios sectores de la sociedad. Sin embargo, si esta brecha en el control monolítico sobre la sociedad favoreció el renacimiento de un movimiento de masas autónomo, el papel fundamentalmente conservador de la jerarquía católica influyó en el sentido de frenar el proceso revolucionario.

d) Una asociación cada vez más estrecha de la burocracia con determinadas fuerzas capitalistas. En los años 70, la economía polaca pasó a depender mucho más de los países imperialistas, tanto desde el punto de vista financiero como tecnológico, que hizo que ciertos sectores de la burocracia establecieran lazos con el capital monopolista extranjero, dejándose corromper por

Además, algunos sectores de la burocracia tejieron en Polonia lazos con determinados sectores de la media burguesia que había acumulado importantes capitales comerciales gracias a la especulación.

La burocracia favoreció también el desarrollo de un sector capitalista en la agricultura, con el que ha establecido lazos estrechos. Se aseguró el derecho de herencia legal de algunos de sus privilegios (en 1972 se instauró una garantía de recursos y derechos de jubilación transferibles hasta la tercera generación para las "personas que • cumplen tareas de dirección en el Partido y en el Estado"). Más que nunca se sometió a los valores de la cultura burguesa.

e) Una crisis económica cuya gravedad no tiene precedentes en la historia de los Estados obreros burocratizados. Se trata de una crisis del sistema de gestión burocrática de la economía, que dejó de ser un freno relativo para convertirse durante varios años en un freno absoluto del desarrollo de las fuerzas productivas. Por un lado, el carácter social de la producción no deja de aumentar, y el Estado es propietario de inmensos medios de producción y del sobreproducto social, y que lo utiliza en función de sus propios intereses. Tras un periodo de crecimiento desenfrenado a comienzos de los años 70, estas contradicciones se han hecho explosivas. Para salvar al país de la crisis, había que dar una solución radical a la cuestión de la gestión económica, y por tanto a la cuestión del poder.

f) La existencia de grupos de oposición, cuya actividad en el seno de la clase obrera se había visto la burocracia obligada a tolerar parcialmente tras las revueltas de 1976. Además del Comité de Autodefensa Social, el KOR, qué será el grupo más conocido, hay que mencionar el papel desempeñado por periódicos obreros clandestinos como Robotnik, El Obrero del Báltico,

2 la revolución polaca se caracterizó y distinguió cualitativamente anteriores revoluciones políticas incipientes en Europa del Este, por los si-

•Era un movimiento de masas de dimensiones colosales, Cerca de dos millones de trabajadores participaron directamente en el movimiento huelguístico de julio-agosto de 1980. Más de diez millones de trabajadores —es decir, un tercio de la población total de Poloniamente, en marzo de 1981, en los preparativos de la huelga general desconvocada en último momento. Además, el movimiento huelguístico en la universidad agrupó a la inmensa mayoría de la juventud estudiantil en otoño de 1981. También en el seno del campesinado se desarrollaron unas movilizaciones de masas significativas, aunque revistieran menor importancia y se vieran dispersas en el tiempo y en el espacio.

•Más allá de las fluctuaciones inevitables, la oleada revolucionaria fue de larga duración. Tan sólo al cabo de 18 meses de revolución, el poder burocrático decidió recurrir a la fuerza, con el golpe militar con-

El 13 de diciembre de 1981, la revolución no estaba derrotada y no se encontraba en fase de reflujo. Desde hacía algunas semanas, el movimiento de masas había entrado en una nueva fase ascendente de radicalización, y el país entero en una crisis política directamente revolucionaria. Los primeros días después del golpe mostraron que el potencial revolucionario del movimiento de masas estaba muy lejos de haberse agotado. La resistencia obrera a la dictadura militar adquirió las dimensiones de una huelga casi genera, pese al desmantelamiento de las estructuras organizativas y de dirección de Solidaridad tras una amplia operación represiva. En numerosas fábricas, y particularmente en las minas, la policía y el ejército tuvieron que recurrir a la violencia para romper la huelga.

La composición del movimiento de másas fue ante todo obrera. La clase obrera no sólo constituyó la principal fuerza motriz de la revolución polaca, sino que también fue su fuerza dirigente. Es un hecho indiscutible y reconocido por todos los demás sectores que participaban en la revoluçión: los estudiantes en rebeldía, los intelectuales demócratas, la pequeña burguesía urbana y los sectores activos del campesinado. Las

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zonas de alta concentración industrial constituyeron el centro del movimiento de masas, y las grandes fábricas fueron las fortalezas de la revolución. Dieron el ejemplo en lo que se refiere a las formas de lucha, las reivindicaciones, las fuerzas organizativas y los ritmos de movilización de los trabajadores, imprimiendo por ello mismo un carácter incontestable obrero a la revolución en curso. Todos los sectores no obreros del movimiento sabian que su propio éxito en la lucha dependía totalmente del apoyo de las grandes fábricas.

•El movimiento de masas tuvo un carácter organizado, aunque se hubiera alimentado ampliamente de tendencias espontáneas. Son los trabajadores asalariados los que alcanzaron el grado de organización más alto: de un total de 13 millones, 9,4 millones eran miembros del Sindicato Solidaridad. Los más organizados fueron los trabajadores productivos de la gran industria. En las demás capas sociales, nivel de organización fue claramente inferior. Sólo una minoría del campesinado y de la juventud estudiantil se sindicalizaron, si bien los estudiantes mostraron su capacidad organizativa en determinadas ocasiones, como durante las huelgas con ocupación de las universidades.

•El movimiento de masas fue independiente de la burocracia, tanto del aparato de Estado como del Partido Obrero Unificado Polaco (POUP), y defendió esta independencia de forma intransigente. Como muestra, la determinación con la cual Solidaridad se opuso al intento de la burocracia de utilizar el poder judicial para intervenir en la cuestión de sus Estatutos. El alto nivel de autonomía de la clase obrera se puso ya de maniflesto en la huelga de agosto de 1980. En lugar de fábricas para reunirse en torno a los locales de los Comités como lo habían hecho en anteriores ocasiones, los obreros fábricas que ocupaban, obligando así a los representantes acudir a negociar en su propio terreno. Esta autonomía se vió mente al crear la organización del sindicato indepeniente — la primera y más importante reivindicación de los trabajadores.

Es cierto que durante muchos meses hubo ilusiones en el movimiento de masas y en Solidaridad en torno a la posibilidad de negociar con la burocracia, de llegar a un compromiso más o menos duradero, basado en el reconocimiento de una serie de conquistas democráticas de la clase obrera y de la sociedad en su conjunto. Es cierto que hubo ilusiones en torno a la buena voluntad de determinadas fracciones o personalidades de la burocracia. Pero los trabajadores rechazaron cualquier subordinación a este u otro sector del aparato burocrático, negándose asimismo a concederle la mínima legitimación.

3En En el transcurso den diversas termas cionario aparecieron diversas formas de lucha y de organización que acercaban a los trabajadores a la conquista del poder. La primera de ellas fue el movimiento por la autogestión obrera,, que se concretó en la formación de Consejos Obreros en las empresas, con una tendencia a la centralización progresiva a escala regional y posteriormente a escala nacional. La experiencia de control de Solidaridad sobre la distribución y el sistema de racionamiento de los productos de primera necesidad, contribuyó significativamente al desarrollo del control de los trabajadores sobre la economía, si bien quedó limitada a una única región. La puesta en tela de juicio del poder burocrático se vió reforzada por las formas incipientes de autogestión territorial de los ciudadanos, que coincidieron con la reivindicación avanzada por el movimiento de masas de convocatoria de elecciones libres a la Dieta (Parlamento), como en los Consejos

MILIC JA

Durante los días anteriores al 13 de diciembre, todas estas movilizaciones tendían a articularse con los preparativos de la huelga activa. De este modo, los trabajadores pretendieron tomar el poder de la burocracia, en primer lugar su poder económico. II. ¿ Por qué venció la contrarrevolución?

4 al ascenso del movimiento de masas La respuesta de la burocracia frente

By la radicalización política de los trabajadores fue el golpe del 13 de diciembre. La contrarrevolución política desencadenada ese día debía permitirle a la burocracia recuperar el poder que se le escapaba y preservar sus privilegios de casta parasita. El recurso al ejército y al establecimiento de una Junta Militar - hecho sin precedentes en los llamados países "socialistas" -, expresó tanto el grado de parálisis del aparato administrativo central como la profundidad de la crisis del POUP. Sacudido por violentas luchas intestinas entre fracciones rivales, desangrado tras el abandono de dos millones de miembros, y particularmente de obreros, el partido, en efecto, era incapaz de desempeñar su "papel dirigente".

Tan sólo los aparatos represivos — la policía y el ejército- eran capaces aún de restablecer el orden burocrático. Esto es lo que explica el recurso a los tanques y a las bayonetas. Las detenciones y los internamientos por millares, la prohibición de viajar por el país, la interrupción de las redes de comunicación, el toque de queda, los despidos masivos y las medidas de intimidación de toda clase fueron otros tantos elementos indispensables para decapitar al sindicato e imponer el silencio a un movimiento social de

10 millones de miembros.

La pérdida de los derechos democráticos y sindicales que había arrancado la clase obrera a la burocracia, tras una lucha encarnizada de 18 meses, es un índice de la amplitud de la derrota del proletariado polaco.

De la noche a la mañana, éste se vio privado del derecho de huelga. La prolongación brutal de la jornada de trabajo, la militarización de las empresas clave de la producción, la suspensión del sindicato Solidaridad - y después, de los de los estudiantes y campesinos-, así como la supresión de toda libertad de expresión, mostraron claramente la determinación de la casta en el poder a ir hasta el final en su voluntad de aplastar al movimiento de masas.

La abolición del derecho de los trabajado-

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res a organizarse libremente en el sindicato que quieran -conquista que representaba sin duda alguna uno de los avances políticos más importantes en comparación con los ascensos revolucionarios anteriores en Hungría, Checoslovaquia y la propia Polonia - interrumpió el desarrollo de una situación de doble poder. De este modo, detuvo brutalmente un proceso revolucionario en cuyo transcurso la clase obrera había mostrado su capacidad para asumir la dirección de sus propios asuntos.

En este sentido, no hay que subestimar la gravedad del golpe que sufrió la revolución polaca el 13 de diciembre, cuando el carácter revolucionario de la situación desarrollada durante los últimos meses ya no daba lugar a dudas. Se trata claramente de un inicio de contrarrevolución política -una contrarrevolución cuyo objetivo estriba en aplastar al movimiento cuando aún hay tiempo desde el punto de vista de la burocracia.

Los acuerdos de Gdansk del 31 de agosto de 1980, que concedían a los trabajadores el derecho a construir su propia organización de masas indepen diente, fueron una grandiosa victoria para los trabajadores polacos. Pero esta victoria era al mismo tiempo un compromiso, porque el poder de la burocracia, aunque debilitado, no había sido derribado. Y los burócratas impusieron que su monopolio de poder se viera reconocido formalmente mediante una cláusula de los acuerdos, según la cual el futuro sindicato reconocía el "papel dirigente del partido en el Estado".

De todas maneras, este reconocimiento formal no podía garantizarle por sí mismo a la burocracia la salvaguarda de su dominación, en un momento en que ésta se mostraba incapaz de satisfacer las necesidades sociales planteadas por la clase obrera y ni siquiera lograba mantener la producción en su nivel anterior. Muy pronto, los trabajadores exigieron el cese de los burócratas inamenazando a todos los demás con el fantasma del "paro", es decir, la pérdida de sus status y de sus privilegios.

Por lo demás, la combinación de la extensión del movimiento reivindicativo a todas las capas de la sociedad con la multiplicación de los conflictos en las empresas, tanto en torno a cuestiones económicas como sociales, y la generalización de los Consejos de Trabajadores que empezaban a coordinarse a nivel regional y después nacional, tendía a hacer converger las luchas surgidas hacia un enfrentamiento central con el Estado. Entre el poder socavado de la burocracia y el poder naciente de los trabajadores se inició así una lucha a muerte. El choque era inevitable.

-dad y de coexistencia pacífica, los • Lejos de abrir un periodo de estabiliacuerdos de Gdansk, por el contrario, dieron lugar a una proliferación de conflictos parciales y locales. El ala moderada del sindicato, apoyada por una mayoría de expertos y fuertemente respaldada por la jerarquía católica, trató de canalizar al movimiento para evitar el choque. Durante los primeros meses ejerció una influencia innegable en el seno de Solidaridad. Pero en una sociedad basada en la nacionalización de los principales medios de producción, toda cuestión económica adquiere inmedia. tamente una dimensión política. Toda reivindicación inmediata plantea problemas • derivados de la reorganización de la producción, de la revisión del plan, de la reforma económica, etc. La pregunta planteada es: "¿Quién dirige la economía, y en nombre de qué intereses? ¿Quién ejerce el poder? ¿La clase obrera o la burocracia?"'

Dada la evidente imposibilidad de reducir la actividad del sindicato al terreno de las materiales, las corrientes moderadas elaboraron la estrategia de la "autolimitación" de la revolución. Según sus partidarios, era posible obtener una serie de concesiones de la burocracia política avanzando paso a paso, pero sin rebasar jamás determinados límites, y sobre todo sin poner en tela de juicio "el contexto geopolítico" en que se encontraba el país, para evitar una intervención militar de la Unión So-

Según ellos, el principal peligro de choque provenía de la burocracia soviética y no de la burocracia polaca, dividida y debilitada. Si se garantizaban los intereses de la URSS, tolerando en Polonia la apariencia de un poder burocrático carente de todo contenido, se evitaría el choque. Esto equivalía a subestimar al adversario y la determinación feroz de la burocracia polaca a defender sus propios intereses.

Esto se vio de forma particularmente clara durante las negociaciones sobre el "acuerdo nacional", presentado como un objetivo en sí mismo por los defensores de la autolimitación. Puesto que ya no tenía nada que ceder a cambio de un nuevo compromiso, la burocracia exigió nada menos que la subordinación total de Solidaridad a un organismos que ella controlaría totalmente. El hecho de que estuviera decidida a privilegios por todos los medios se observó claramente con el golpe del 13 de diciembre, que sorprendió y desconcertó a los mismos que esperaban que la intervención militar procedería de los so-

Además de la esperanza de evitar el choque, en Solidaridad se había extendido otra ilusión. Se basaba en la propia historia de aquellos 18 meses de lucha, durante los cuales el Sindicato había encontrado siempre la manera de arrancar nuevas conquistas a la burocracia, más allá de las vacilaciones que hubiera podido haber en un momento u otro. Asi, muchos militanes pensaban que el movimiento podría alimentarse hasta el infinito de sus propias victorias, que el apoyo del que gozaba por parte de la inmensa mayoría de la población y su fuerza —diez millones de trabajadores dispuestos a la huelga general para defender el sindicato- serían suficientes para hacer retroceder al poder.

Estas ilusiones hicieron que el movimiento no se preparara para el choque. Es cierto que las corrientes revolucionarias favorables al desarrollo del control sobre la producción y sobre la distribución; que defendían la idea de la huelga activa y estaban convencidas de la importancia de coordinar la actividad de los consejos obreros, percibían claramente la necesidad de crear una relación de fuerzas más favorable para permitir realizar nuevos avances. Pero no tuvieron tiempo para estructurarse a nivel nacional y carecían de portavoces en el seno de la dirección nacional de Solidaridad, elegida en el 1 Congreso Nacional de Delegados.

Esto explica que durante las semanas decisivas del otoño de 1981, Solidaridad no tuviera ninguna visión coherente del objetivo perseguido y de los medios a utilizar. A falta de una apreciación correcta del enemigo a! que hacía frente, la dirección del sindicato no supo formular a tiempo una estrategia alternativa a la de la autolimitación. Las votaciones de la Comisión Nacional (KK), a menudo contradictorias, eran

Colocada ante la cuestión del poder, y frente a una base cada vez más radical, la dirección vacilaba, titubeaba. La última reunión de la Comisión nacional, en vísperas del golpe, refleja muy bien las contradic"ciones que se expresaban en su seno. Frente a los planteamientos programáticos que expresaban un punto de vista revolucionario, formulados por los dirigentes de Lodz, Cracovia y Varsovia, se respondió con las vacilaciones de Lech Walesa o el proyecto de Jan Rulewski, que proponía la celebración de elecciones libres, sin tener en cuenta la necesidad de tomar la iniciativa en el enfrentamiento con la burocracia.

Esto le permitió al poder paralizar al movimiento de masas sin verse a su vez paralizado por la huelga general. En una revolución, al igual que en una contrarrevolución, el que toma la iniciativa se asegura una ventaja considerable. Puede utilizar su prola resistencia desencadenada por el adversario.

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• El fracaso del 13 de diciembre no era ineluctable. Por un lado, la burocracia sólo disponía de una tropa poco segura. La gran masa de soldados no estaba espontáneamente dispuesta a dejarse utilizar en una guerra civil, si bien tampoco estaba dispuesta a pasarse sin más del lado de los trabajadores.

Pero la confraternización de la tropa con los trabajadores debe prepararse con mucha antelación, mediante la acción del movimiento obrero a favor de los soldados: Esto pasa por una lucha implacable por los derechos democráticos de los soldados, su derecho a organizarse de forma independiente con respecto a la jerarquía militar, por una defensa de las víctimas de la represión en el seno de la institución militar, por el desarrollo de lazos estrechos entre las estructuras sindicales y los cuarteles. Tareas que más allá de algunas raras excepciones, no fueron asumidas por las direcciones de Solidaridad, dadas las ilusiones que existían en torno al ejército polaco, concebido como un aliado natural frente al enemigo

Hay que subrayar, además, que para pasarse al lado de las masas, los soldados tienen que estar convencidos de que la lucha en curso no es una simple escaramuza, de que los trabajadores estan decididos a ir hasta el final y a sustituir el poder establecido por el suyo propio. Una huelga nacional, con la reanudación de la producción bajo el control de los trabajadores, habría podido crear semejantes condiciones.

Si bien algunas direcciones regionales de Solidaridad y del movimiento por la autogestión habían empezado a elaborar planes de urgencia durante el último periodo, no pudieron llevar a cabo su trabajo antes del 13 de diciembre de 1981.

Este trabajo se vio frenado evidentemente por las reticencias, y a veces por la feroz oposición, de las corrientes moderadas de Solidaridad, frente a la táctica de la huelga activa, de la que pensaban, con razón, que planteaba la cuestión del poder. Sin embargo, Solidaridad era la única estructura nacional, y a menudo incluso regional, capaz de impulsar y dirigir la huelga activa en el otoño de 1981. Los consejos obreros no existían aún en todas las fábricas, donde sólo empezaban a construirse. Las coordinadoras regionales de consejos no existían en todo el país, y sólo empezaban a estructurarse. La federación nacional de organisadquirido aún toda su legitimidad a los ojos

Cuando estaba claro que el impulso en este sentido no vendría de la dirección naemprender sin más demora los preparativos de la huelga activa (Lodz, Silesia, Varsovia,

Stalowa Wola) pero no pudieron llevarlos a cabo, por falta de tiempo. A escala nacional, el debate sólo se inició en profundidad en el seno de la dirección de Solidaridad, pocas horas antes del golpe.

Por no haber comprendido lo que estaba en ciernes, particularmente con motivo de la evacuación por la fuerza de la escuela de alumnos bomberos, diez días antes del 13 de diciembre en Varsovia, la dirección de Solidaridad no llamó a la huelga general-a la que estaban dispuestos los trabajadores, por lo menos en varias regiones, y que habría permitido al sindicato retomar la iniIII. Enseñanzas teóricas generales sobre la revolución política a partir de la experiencia polaca

El ascenso de la revolución política en Polonia, a partir del verano de 1980, y posteriormente el golpe contrarrevolucionario del 13 de diciembre de 1981, han arrojado una cruda luz sobre la naturaleza de la sociedad dominada por la dictadura burocrática, tal como existe actualmente en la URSS y en los demás Estados obreros burocratizados, en tanto que sociedad postcapitalista. Toda la dinamica revolucionaria, la naturaleza de los conflictos políticos, económicos, sociales, sociedad polaca, eran cualitativamente dis-

MILICJA tintas de las que caracterizan el ascenso revolucionario de los trabajadores en un país •capitalista. Lo que estaba en el centro de la lucha no era el derrocamiento del poder burgués y la abolición del monopolio de gestión de la propiedad nacionalizada y del Estado, que se había apropiado una burocracia privilegiada bajo la cobertura ideológica del "papel dirigente del Partido". La cuestión central planteada por las luchas sociales y políticas en Polonia en 1980-81 no era: "capitalismo o socialismo" "poder de la burocracia o poder de los tra-

Ni la naturaleza de la crisis económica, ni la de las soluciones propuestas por uno y otro lado, eran las de un capitalismo cualquiera, siquiera las de un hipotético "capitalismo de Estado". No había ninguna crisis de sobreproducción de mercancías. Había una crisis de subproducción de valores de uso. No hubo despidos masivos provocados por la falta de beneficios o por la quiebra de empresas. Había penuria de materias primas, de piezas de recambio, de bienes de consumo, con un excedente relativo de

Todo ello se deriva de una política económica destinada a satisfacer los intereses de una casta parásita profundamente dividida, y cuyas luchas intestinas en torno al control de las riquezas sociales se habían traducido en decisiones anárquicas, imprevisiones cacomportando una auténtica desintegración del plan y no dejando otra cosa que una caricatura de planificación central. Cada vez más, los trabajadores no sólo tendían a exigir la eliminación de las injusticias sociales derivadas de las normas de distribución burguesas, sino a imponer un control social para impedir que la burocracia utilizara dichas normas para reforzar sus privilegios y dividir a la clase obrera. En su mayoría por instinto, pero en muchos casos de forma consciente, habían comprendido que los problemas de distribución estaban directamente vinculados con la cuestión del poder, y en particular con los problemas de organización, de orientación y de control de la producción.

Pese a todas las presiones, procedentes tanto del régimen como de un ala tecnocrática en el seno del movimiento por la autogestión, los trabajadores opusieron comportamiento de clase elemental a los cantos de sirena favorables a la competencia entre empresas y entre individuos como exaltación de los pretendidos valores de la

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economía de mercado, plantearon la cooperación de los productores. Frente al proyecto de competencia entre empresas individuales, empezaron a oponer la cooperación de los consejos obreros de empresa a través de un plan elaborado y adoptado democráticamente.

La salvación la buscaron en la solidarilas prioridades relativas al empleo de los recursos, en la contestación de las inversiones económicas excesivas que a menudo provocaban la duplicidad en el empleo de recursos, en la rehabilitación de las inversiones sociales y en la lucha contra la desigualdad y la injusticia en el terreno de la distribuición.

Todos estos valores clave de una reorganización radical de la planificación, de sus objetivos, de sus métodos y de su marco organizativo, son de naturaleza claramente proletaria y socialista. Confirman que en caso de una victoria de la revolución política antiburocrática, las bases socioeconómicas del Estado obrero se verán consolidadas y no destruidas o siquiera debilitadas. 1 lución política en Polonia, Asimismo, el ascenso de la revoel inicio de la contrarrevolución el 13 de diciembre de 1981, han confirmado que la burocracia no es una clase como lo es la burguesía a lo era la nobleza feudal o la clase de los propietarios de esclavos. No es portadora de un modo de producción específico. No tiene raíces propias en el proceso de producción. Hoy como ayer, su dominación no contribuye a un desarrollo mayor de las fuerzas productivas. No ejerce ninguna, función económica necesaria, ni siquiera en el terreno de la acumulación. Por todas estas razones, se ve obligada a negar su propia existencia; a ocultar sus funciones detrás de las del proletariado y de su vanguardia, a continuar reclamándose del marxIsmo al tiempo que lo pervierte y utiliza esta versión deformada para sus propios fi-

Pero cuando se encuentra en una situación de permanente conflicto abierto con 10 millones de trabajadores, salta a la vista el carácter absurdo de estas pretensiones. La clase obrera es capaz de cumplir en su lugar las funciones de gestión que había usurpado la burocracia. Lejos de asegurar con el ejercicio de sus funciones la reproducción del sistema socioeconómico existente, aún con sus propias contradicciones, socava sus fundamentose impide su expansión según su lógica interna. En ninguna de las revoluciones antiburocraticas anteriores apareció tan claramente a los ojos de las masas la naturaleza básicamente parásita de la burocracia como cuando se produjo el ascenso de la revolución política en Polo-

Esto no sólo se expresó en las disputas encarnizadas en torno a la gestión de las empresas, en que se enfrentaron la burocracia y los trabajadores que aspiraban a la autogestión obrera. Esto se expresó de forma aún más clara en la adhesión de los trabajadores a los preparativos de la huelga

"Las empresas trabajarán durante la huelga. La producción y los intercambios tendrá ya nada que decir", advertía Stefan Bratkowski en una carta al Comité Central del POUP en octubre de 1981, describiendo así el estado de ánimo cada vez más generalizado entre los trabajadores. La comprensión del caracter superfluo de la burocracia, como capa dominante, y de la capacidad de los trabajadores para prescindir de ella en la gestión de la economía y del Estado: esto es lo que caracteriza dicho estado

El hecho de que la burocracia no sea una clase, sin embargo, no implica que carezca de recursos propios, y que se torne automaticamente impotente cuando el proletariado empieza a alzarse contra ella. El poder de la burocracia reside en el control que ejerce sobre la disposión, tanto de los medios de producción como del sobreproducto social, gracias a su monopolio exclusivo de poder sobre el aparato de Estado.

Además, la burocracia es consciente de sus intereses materiales colectivos. Se aferra a este poder con obstinación, léase con la energía del desespero, incluso frente a las peores adversidades temporales. Puede dar el cambio, retroceder temporalmente, cer importantes concesiones, ceder incluso formalmente en cuestiones de principio, mientras continúe controlando los centros de poder y siga siendo capaz de preparar

De ahí que sea ilusoria una autorreforma del poder burocrático en un sentido democrático. Igual de ilusorias son las propuestas de someter el poder burocrático a un control social u obligarlo a aceptar la participación de representantes mente elegidos por los trabajadores en las tomas de decisión fundamentales para este

Estas ideas, de las que el movimiento de masas de Solidaridad se apartó progresivamente gracias a su propia experiencia en el transcurso de los sucesivos enfrentamientos con la burocracia, subyacían a las estrategias de autolimitación y del acuerdo nacional concebido como un compromiso histórico, tan caras a numerosos expertos de la dirección de Solidaridad y, casi hasta el final, a las tendencias mayoritarias de la propia dirección del sindicato. Estas ideas, en revancha, eran extrañas a la burocracia, no tanto por razones ideológicas, sino porque no puede conservar su poder ni sus privilegios si no es en condiciones de atomización y pasividad política del proletariado. Y estas condiciones dejan de existir cuando se instaura una democracia obrera mínimamente efectiva.

En una sociedad de transición, en la que el poder totalitario es ejercido por la burocracia, la maquinaria represiva del Estado y sus distintos aparatos son parásitos en el cuerpo de la sociedad, generados por las contradicciones internas de la misma. La tarea política fundamental de la clase obrera en una revolución política antiburocrática consiste en destruir los aparatos de dominación. Los intereses de la clase obrera, del campesinado pobre y de todas las demas capas de la sociedad oprimidas por la burocracia coinciden en esta tarea. En una sociedad de transición sometida a la dictadura burocrática, todas estas capas se unen por el hecho de que la máquina burocrática y militar las oprime, las aplasta y se apropia de su trabajo excedente. Romper esta máquina, destruirla, éste es el interés inevitable del "pueblo", en

La burocracia no tiene profundas raíces en el sistema socio-económico, como las tiene la clase burguesa, pero es precisamente por esta razón por la que se aferra a los aparatos que aseguran tanto su existencia como su monopolio en el ejercicio del poder. Durante la revolución política, la burocracia se ve obligada a recurrir a la repręsión contra los trabajadores, de forma aún más brutal de lo normal, lo que la lleva a reforzar la maquinaria estatal.

Lo que Trotsky definió como tarea de la revolución política — "'el derrocamiento violento de la dominación política de una burocracia degenerada"- se deriva del hecho de que "esta crisis no tiene solución pacífica. Jamás se ha visto que el diablo se corte las garras por su propia voluntad. La burocracia soviética no abandonará sus posiciones sin combate; el país se encamina manifiestamente hacia una revolución. En presencia de una enérgica presión de las masas, y dada la diferenciación social/ de los funcionarios, la resistencia de los dirigentes puede ser mucho más débil de lo que parece. Sin duda, en este terreno sólo podemos efectuar conjeturas. Pero sea como tuere, la burocracia sólo podrá ser derribada por la vía revolucionaria, y esto tendrá lugar, como siempre, al precio de unos sacrificios que serán tanto menores cuanto más enérgica y decididamente se vaya hacia ese demás, la revolución política no pone en absoluto fin por sí misma al conjunto de problemas que surgen de la

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transición del capitalismo al socialismo y de la necesidad del Estado obrero que de ahí se deriva. Tendrá que reconstruir unos aparatos de Estado de nuevo tipo, mucho más integrados en el proletariado y bajo su control, particularmente en el terreno militar, jurídico, administrativo, económico, etc. La revolución polaca enseñanzas útiles en este doble sentido.

En primer lugar, la primera victoria de los trabajadores polacos sobre la burocracia se tradujo en la destrucción de uno de los aparatos del poder burocrático. La conquista por los comités de huelga de agosto de 1980, del derecho de los trabajadores a organizarse en un sindicato independiente, se transforma posteriormente, con la aparición de Solidaridad, en un combate en el que el aparato sindical del Estado queda desmantelado y en gran parte destruido (aunque no completamente, dado que se mantuvo el poder burocrático). Así poder de la burocracia no se ve puesto en tela de juicio como tal, la autoorganización de los trabajadores tiene como contrapartida la destrucción de uno de los aparatos que forman parte de la maquinaria estatal bajo el poder burocrático.

En el transcurso del desarrollo del movimiento por la reforma económica, basada en la autogestión obrera, otros aparatos de. Estado —los que aseguraban el poder económico de la burocracia — se vieron sometidos a una presión que apuntaba a su destrucción. Asistimos a una lucha a menudo encarnizada por impedir el: nombramiento de los directores de empresa a partir de la nomenklatura del POUP, para conseguir la disolución de las asociaciones obligatorias de empresas y de los' ministerios de los distintos ramos. Para sustituir los aparatos burocráticos que aspiran a destruir, los trabajadores propusieron diversas soluciones. como el concurso público para el puesto de director, organizado por el consejo obrero de la empresa, la limitación del papel de las empresariales simples aparatos ejecutivos subordinados a los organismos de autogestión obrera, o también la formación de asociaciones voluntarias de empresas apoyadas en los con-

En cambio, la debilidad fundamental de la revolución polaca se debe a que no concentró todas sus fuerzas en la perspectiva ? de la destrucción del aparato represivo del poder burocrático. Es cierto que Solidaridad exigió que una parte del aparato policial - ante todo los edificios - fuera devuelta a la sociedad y utilizada para satisfacer las necesidades de la mayoría. Apoyó la formación del sindicato independiente de los funcionarios civiles de la milicia. Y durante los días que precedieron al 13 de diciembre, sus sectores revolucionarios llamaron a la formación de guardias obreras. Pero no se organizó ninguna lucha, dentro y fuera del ejército, por suprimir el aparato burocrático de las fuerzas armadas. Y esta es precisamente la última tabla de salvación en la que se apoyaría la burocracia para lanzar la con12 La revolución polaca es la primera revolución antiburocrática en cuyo transcurso el movimiento de masas ha logrado dar una solución al problema de la autoorganización de los trabajadores. En todas las revoluciones políticas anteriores, como la de Alemania del Este en 1953, la de Hungría en 1956 y la de Checoslovaquia en 1968-69, la clase obrera se había dotado de organismos de combate y de doble poder — consejos obreros-, pero ninguna forma de autoorganización duradera. Ahí reside la superioridad de la experiencia de la revolu-'

Los comités de huelga interempresas de agosto de 1980 no se transformaron en consejos obreros, sino en comités constituyentes del sindicato. La inmensa mayoría de los trabajadores asalariados, organiza-

MILICJA dos en la base en secciones sindicales de empresa, se unió a este sindicato. Solidaridad no se organizó según categorías profesionales o ramos de actividad económica, sino con arreglo a un principio territorial (las regiones). La estructura horizontal predominaba totalmente sobre la estructura vertical. Si bien también existían, las secciones por ramos sólo desempeñaron un papel muy limitado. Este tipo de organización aseguró la unidad de todos los trabajadores, al margen de la profesión que ejercían o del ramo a que pertenecían. La particularidad de Solidaridad como organización sindical consistió en que no agrupaba a federaciones y uniones. Las secciones de empresa se unían en una organización regional, y las organizaciones regionales en la

Otra particularidad de Solidaridad estriba en el hecho de que la democracia sindical presentaba rasgos parecidos a la democracia de los consejos. Gracias a ello, SolidaFidad era una organización mayoritaria de los trabajadores cuyos organismos dirigentes tendían a desempeñar al mismo tiempo el papel de organismos de contrapoder.

No es casualidad que los trabajadores polacos se hayan organizado en el marco de un sindicato que asegurara la protección de sus derechos, de su dignidad y de sus intereses tanto materiales como espirituales frente al Estado, que por lo demás ellos llamaban Estado-patrón. Esto refleja la situación de los trabajadores en una sociedad de transición durante todo el periodo histórico en que subsisten el Estado, la burocracia, y los peligros de deformación burocrática que

En la URSS y én los países de Europa oriental, la burocracia gestiona casi la totalidad del sobreproducto social, alimentando así sus propios privilegios. Es muy natural que los trabajadores se rebelen y organicen contra esta forma de explotación parásita. Su trabajo se reduce a ser tan sólo una fuente a menudo mediocre del salario necesario para procurarse los medios de subsistencia. Desde este punto de vista, el sindicato debe cubrir las tareas elementales de la lucha por mejorar las condiciones de trabajo y la remuneración de la fuerza de

•"El paso de las fábricas al Estado sólo ha cambiado la situación jurídica del obrero; de hecho, vive en estado de necesidad al tiempo que trabaja cierto número de horas para un salario determinado". A causa de ello, "el trabajo asalariado no pierde, en el régimen soviético, su carácter envilecedor

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de esclavitud" escribe Trotsky. De una manera general, si bien en estos países ya no hay ninguna explotación en el sentido de explotación de clase, subsisten: a). Una utilización de "formas de explotación". (Trotsky) para extorsionar el sobretrabajo y determinar su amplitud y utilización, sin ningún derecho de control o de veto por parte de los trabajadores.

ción con la sociedad de transición bajo la dictadura burocrática, viene determinada, no sólo por la diferencia del rendimiento individual, sino por la clara apropiación del trabajo de otro". Estas formas de explotación sólo desaparecerán con un sistema generalizado de autogestión que permita a la clase obrera determinar por si misma la amplitud y el destino de sus sacrificios; b) Una explotación parásita en el sentido en que Marx utilizó este término, es decir, la apropiación por la burocracia parásita de una parte del sobreproducto social como fundamento de sus privilegios.

Además, es la burocracia la que decide el nivel de vida de los trabajadores en función de sus propios intereses específicos de casta, y a menudo atenta brutalmente contra las condiciones materiales de reproducción de la fuerza de trabajo. Por consiguiente, también es por esta razón por la que la fuerza de trabajo mantiene en parte un carácter de mercancía, y por la que los trabajadores necesitan un sindicato.

Al mismo tiempo, el estatuto de la fuerza de trabajo no se reduce ya al de una mercancía. Esta diferencia fundamental se traduce particularmente en un ritmo de trabajo distinto y en un cálculo distinto de los salarios de lo que impone un mercado de trabajo. La defensa de los trabajadores en el marco de las nuevas relaciones de producción debe preservar y reforzar el hecho de que el trabajador tiene derecho a reivindicar el no ser ya un simple asalariado. Esta lógica debe traducirse también en el terreno sindical:

• luchando contra todo intento de reintroducir el derecho de despido económico: el cierre de una empresa no debe obedecer a ningún automatismo del mercado, sino a una decisión que incumbe a la unidad territorial correspondiente (municipio, región, nación) y a sus organismos de autogestión. Este cierre implica el reempleo simultáneo de todos los trabajadores, al menos al mismo nivel de calificación que en el empleo anterior;

• planteando reivindicaciones relativas al derecho a disponer del conjunto del sobreproducto social. Evidentemente, en este térreno debe poder desarrollarse una pluralidad de opciones. Por consiguiente, las rei vindicaciones "salariales" no deben separarse del resto. Esto refleja precisamente el hecho de que las funciones asumidas por la burocracia también pueden ser llevadas a cabo por los trabajadores.

Estos deben poder determinar, después de un debate público:

• la parte del sobretrabajo atribuida a los fondos de inversión productiva e improductiva y a los ramos prioritarios;

• la parte asignada a los fondos de consumo colectivo y a la extensión de los bienes y servicios distribuidos gratuitamente;

• la parte distribuible en forma de salarios, con criterios determinados a escala na-

También en este terreno, un debaté púpermitir unificar criterios (y modificarlos en función de la experiencia y del grado de desarrollo alcanzado), y combatir al mismo tiempo:

• los ingresos que dependen de los resuldesigualdades sobre una base que poca cosa tiene que ver con el esfuerzo de trabajo efectivamente realizado;

• los ingresos con arreglo a la pretendida 'calidad" del trabajo, que son una forma oculta de apropiación de una parte del sobreproducto para alimentar privilegios sociales.

Además, el alcance fundamental de la revolución política antiburocrática no afecta a la estera de la distribución sino a la de la producción. Romper el monopolio de poder de la burocracia sobre la economía no sólo implica arrebatarle el derecho a disponer del sobreproducto social, sino también a determinar su amplitud y sus límites. De ahí la necesidad de que un sindicato combativo y autogestionado implique durante todo este periodo histórico el derecho de dicho sindicato a participar en la determinación de la organización del trabajo (ritmos de trabajo, formas de medición del trabajo, etc.).

Esto no significa que el sindicato deba ser responsable de la gestión de la economía, tarea que corresponde a los organismos de autogestión obrera. 13 Una de las lecciones fundamentales de la revolución polaca es que concepto de propiedad social, tal como lo presenta la ideología del poder burocrático. Los trabajadores polacos rechazaron la identificación entre propiedad estatal y propiedad social. La consigna "que devuelvan nuestras fábricas", lanzada en el encuentro de delegados del novimiento autogestionario, el 8 de julio en

Gdansk, expresa muy concretamente esta reacción, del mismo modo que la aparición del concepto de "empresa social"', opuesta al concepto de empresa estatal, o la distinción entre propiedad jurídica y disposición social de los medios de producción.

Desde este punto de vista, los marxistas revolucionarios apoyan plenamente las aspiraciones de los trabajadores polacos en su lucha por la autogestión, y están de acuerdo con todos los que dicen: "Reivindicamos una auténtica socialización de los medios de producción: esto es el socialisто".

La transformación de los medios de producción expropiados a la burguesía en propiedad estatal es evidentemente un medio juridico y formal de gran importancia para socializar los medios de producción. Pero del mismo modo que en el Estado obrero el poder puede ser ejercido por los trabajadores o estar en manos de la burocracia, el poder de disponer de los medios de producción puede estar en manos de la clase obrera o en las del aparato burocrático del Estado. Esto es lo que determina el contenido socioeconómico real de la propiedad:

La casta burocrática aprovecha los medios de producción estatalizados como si fuera ella su auténtica propietaria, pero no asume ninguna responsabilidaad sobre ellos. Esta doble característica de la burocracia justifica el sentimiento muy extendido en las sociedades de transición bajo dominación burocrática, de que la propiedad estatal no pertenece de hecho a nadie.

Los marxistas revolucionarios defienden la propiedad estatal en los Estados obreros frente a las tendencias internas o a las amenazas externas de restauración del régimen de propiedad privada sobre los medios de producción, fundamentales. Pero al mismo tiempo están a favor de la transformación de la propiedad estatal en propiedad social. No cabe ninguna duda de que la socialización integra de los medios de producción

Yes posible cuando desaparecen completamente las clase sociales, la producción de mercancías y el Estado.

Pero la experiencia de la revolución polaca, y particularmente la del movimiento ' autogestionario que se desarrolló bajo la dirección de Solidaridad, contribuyen a aclarar la cuestión del momento en que se inicia la socialización de los medios de producción fundamentales. En sus críticas al poder totalitario de la burocracia, Trotsky señala claramente que la socialización de los medios de producción sólo empieza y sólo progresa cuando avanza la extinción del Estado, es decir, su absorción en una sociedad autogestionada. Afirma que la propiedad social no empieza donde termina la propiedad privada, sino donde termina la propiedad estatal. Este es el punto de vista que se ha extendido progresivamente en el movimiento de masas de Solidaridad.

Es cierto que la heterogeneidad de los

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proyectos defendidos en Polonia detrás de la misma referencia a la autogesión, al igual que la experiencia yugoslava, indica los peligros de una orientación reductora de la autogestión, en que cada colectividad de trabajo gestionaría sus propios medios de trabajo, y en la que el mercado unificaría al conjunto. Para que el proceso de socialización de los medios de producción pueda avanzar, es necesario combatir desde el principio tanto su secuestro por el Estado como por el mercado. No debemos pensar que esta concepción sea evidente:

• la experiencia histórica del estalinismo lleva a rechazar toda centralización y toda planificación imperativa; sin embargo, la práctica demuestra que los planes indicativos o los fondos sociales destinados a reafirmar los grandes principios de la solidaridad, no bastan en modo alguno para contrarrestar la agravación de las desigualdades regionales y sociales, cuando la lógica de la descentralización y del mercado determina en lo fundamental los ingresos y sobre todo las inversiones;

• en los regímenes de planificación burocráticamente hipercentralizados, el mercado parece garantizar tanto cierta racionalidad económica como unas libertades pisoteadas. Esto no sólo son ilusiones, sino proyectos a los que oponemos la posibilidad de otra racionalidad: la de la democracia obrera basada en el poder de los consejos obreros. Mientras no se realice esta posibilidad en alguna parte, la fuerza de convicción de las concepciones favorables al mercado será muy importante; : • las resistencias de los trabajadores frente a las leyes del mercado son y seguirán siendo muy grandes. Pero la idea de que pueden controlar mejor lo que conocen bien (su fábrica, su taller) se opone en cierta medida a una autogestión integrada y coordinada, y lleva a algunos expertos y otros directores "competentes" a replantearse la economía de mercado. Cuando la descentralización ya es efectiva, la huelgas, aunque sean por miles, ya no bastan para reconstruir la unidad de la clase obrera.

Sin embargo la estrecha correlación establecida por el marxismo revolucionario entre el proceso de socialización de los medios de producción y el proceso de extinción del Estado, empezó a ser percibida por amplios sectores de trabajadores polacos, que luchaban simultáneamente por socializar el sector estatal de la economía como por socializar al propio Estado. La lucha por la autogestión obrera de las empresas adquirió rápidamente una dimensión más amplia. El movimiente de masas aspiraba a sustituir las instituciones burocráticas del Estado por instituciones de tipo distinto, que aseguraran la existencia y la extensión de una auténtica democracia de los trabajadores y de los ciudadanos. La construcción de una "república autogestionada" tal como se anuncia en el programa de

Solidaridad, habría tendido a formar aparatos propios de un Estado en vías de socialización, es decir, que se fuende cada vez más con las masas, al estar sometido a su control directo y al asociarlas al ejercicio directo del poder. La caricatura burocrática de la planificación sería sustituida por una elaboración democrática del plan gracias a una amplia participación de los organismos representativos de los trabajadores y de los ciudadanos, y a la posibilidad de presentar y discutir proyectos alternativos. 14 • La revolución polaca confirma una vez más que en todas las revoluciones obreras, tanto si se trata de reanticapitalistas como de revoluciones políticas antiburocráticas, la clase obrera aspira a materializar su poder en las instituciones propias de una democracia de consejos, que combina las ventajas de la democracia directa de masas con las ventajas de la democracia representativa. Los organismos de combate por el poder (u órganos de doble poder) generados por los movimientos de. masas, cuando éstos son dirigidos por la clase obrera, tienden de forma natural a adoptar la forma de consejos obreros en las empresas, y de Consejos de delegados de los trabajadores en el plano territorial -dos instituciones cuyos antecedentes históricos son comités de fábrica y los soviets de la Revo-

Como ya hemos dicho, los organismos dirigentes de Solidaridad en las Empresas, a escala regional y nacional, eran de hecho organismos nacientes de contrapoder democrático de los trabajadores. La democra-

MILICA cia sindical, a cuyas normas estaban sometidos dichos organismos, presentaba los rasgos de una democracia consejista. Los consejos obreros, órganos de control obrero sobre la producción y de combate por la autogestión obrera de las empresas, al apoyarse en las asambleas generales de trabajadores (o de delegados en las grandes empresas), correspondían exactamente a este nuevo tipo de institución.

Las coordinadoras regionales de consejos obreros trazaban el camino para la cons: trucción del poder territorial de los trabajadores, y la aparición del comité fundacional de la federación nacional de la autogestión (que preparaba la convocatoria del I Congreso de delegados de los consejos) indicaba la tendencia a la centralización a escala nacional. El movimiento campesino independiente organizado en el Sindicato de agricultores particulares de Solidaridad, llamaba también a la creación de nuevas formas de poder en las zonas rurales, apoyadas en la asamblea general del municipio. Los nuevos organismos de gestión democrática que surgieron en las universidades que habian conquistado su autonomía, se asemejaban a los consejos.

La clase obrera es portadora de la tendencia a la democracia de los consejos. Pero la revolución polaca muestra que cuando aquélla ejerce su hegemonía en el movimiento de masas, el modelo de democracia y de instituciones democráticas que establece es casi copiado, aunque con modificaciones inevitables, por los demás sectores sociales oprimidos que participan en la revolución. Así fue en otras muchas revoluciones -pènsemos en los consejos de campesinos pobres en la revolución rusa o en los de los soldados en las revoluciones rusa, alemana y española.

Esto no quiere decir que con la progresión e incluso con el triunfo de la revolución antiburocrática, las instituciones de la democracia parlamentaria desaparezcan inmediatamente ni que se imponga completamente la democracia de los consejos.

Las experiencias traumáticas del estalinismo y de las dictaduras burocráticas han rehabilitado sin duda alguna, en el Este, la imagen, sin embargo bastante empañada, del Parlamento. La idea de elegir un Parlamento por sufragio universal, con múltiples listas, con libertad para presentar candidatos y libertad de opción real para los ciudadanos, era muy popular en el transcurso del ascenso revolucionario en Polonia. Los marxistas revolucionarios no deben oponer-

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se a lo que aparece como una reivindicación democrática legítima de las amplias masas. Pero tampoco pueden abandonar su crítica de la democracia parlamentaria y deben señalar claramente sus limitaciones.

Lo fundamental consiste en circunscribir las competencias de las instituciones tipo parlamentario en el Estado obrero, de forma que no entran en el poder de los trabajadores, cuya legitimidad democrática se basa en un aspecto decisivo: los que crean las riquezas materiales deben tener un derecho de decisión prioritaria sobre su empleo. Una idea de viejo cuño en la historia del movimiento obrero internacional, lanzada ya en Polonia por Oskar Lange en 1956, fue retomada por Solidaridad para dar solución a este problema: se trata de la idea de una segunda Cámara de la Dieta, la Cámara autogestionaria o socioeconómica, que con arreglo a los proyectos más avanzados de Solidaridad, debía ser elegida exclusivamente por los productores directos y concentrar en sus manos todo el poder económico del Estado. Esta institución podría considerarse como una forma de transición hacia la democracia de los Consejos en una situación en que las instituciones de la democracia parlamentaria siguen existien-

Al mismo tiempo, no sustituye — y no está en contradicción con- un Congreso nacional de delegados de los consejos obreros o un organismo permanente surgido del mismo. En una sociedad de transición en cuyo seno se mantienen diversas formas de propiedad de los medios de producción, el sistema de autogestión obrera representa el poder, no del conjunto de los productores directos, sino de los productores del sector obrera, aunque hegemónica, debe asegurar la expresión democrática en los órganos de poder económico, de todos los productores directos, incluidos los campesinos y las demás capas de pequeños propietarios de medios de producción.

Tanto en la sociedad capitalista como en la sociedad de transición entre el capitalismo y el socialismo, la clase obrera es la portadora más consecuente de la tendencia a la democracia política. Esto es así porque es portadora de un nuevo modo de producción que en su fase superior instaurará una democracia ilimitada, es decir, un Estado de democracia obrera en vías de extinción.

Al atacar al poder burocrático, la clase obrera no aspira únicamente a sustituir la dictadura totalitaria existente por la democracia de los trabajadores, sino a segurar ciudadanos. La democracia de los trabajadores se apoya en la cooperación de los productores, y se basa fundamentalmente en los consejos obreros formados en las

La experiencia de la revolución polaca confirma que la democracia de los ciudadanos, tal como surge en el marco de una revolución dirigida por la clase obrera, difiere profundamente de las formas características de la democracia burguesa. Sin confundirse totalmente con la democracia de los trabajadores, retoma sus rasgos. Esto se observa claramente en los gérmenes de autogestión territorial, que bajo el impulso de la autogestión obrera, aparecieron durante el último periodo del ascenso revolucionario en Polonia. La autogestión territorial naciente era una democracia de los ciudadanos, no basada en el mercado, sino en la cooperación y en la ayuda mutua de los consumidores, de los vecinos y en la solida15 Incluso durante la revolución, la maduración subjetiva de los trabajadores es el punto de llegada de un proceso complejo, incluso contradictorio, cuyos ritmos pueden ser relativamente largos. En la revolución polaca necesitaron casi un año y medio de duros combates,, durante los cuales perdieron sus ilusiones, para decidirse a asumir su propio destino. Pero hasta entonces se había producido un periodo de maduración objetiva que se expresa a través de su comportamiento, y particularmente a través de las formas de lucha. Esta es una de las grandes lecciones

A partir de agosto de 1980, es decir, a partir del comienzo mismo del ascenso revolucionario, la principal forma de lucha de los trabajadores polacos, asumida como tal por Solidaridad en sus luchas posteriores, fue la huelga de masas pasiva con ocupa-

El significado de esta forma de lucha, cuando se generaliza y se convierte en la principal forma de lucha, es mucho más importante que lo que parece a primera vista. Esto es lo que dice Trotsky al respecto: "Independientemente de las reivindicaciones de los huelguistas, la ocupación temporal de las empresas asesta un golpe al ídolo de la propiedad capitalista. Toda huelga con ocupación plantea en la práctica la cuestión de saber quién es dueño de la fábrica: el capitalista o los obreros. Si la huelga con ocupación plantea esta cuestión episódicamente, el Comité de fábrica da a esta misma cuestión una expresión organizada". Bajo el poder burocrático pasa algo muy parecido.

No es el ídolo de la propiedad capitalista el que sufre el golpe, sino la disposición de los medios de producción por parte de la burocracia. La huelga con ocupación plantea en la práctica la cuestión de saber quién debe disponer de las fábricas y de sus productos: la clase obrera o la burocracia. Por la forma que tomaron los movimientos huelguísticos en Polonia, los trabajadores mostraron su capacidad para poner a disposición de toda la sociedad las fábricas que ocupaban, así como los medios de producción concentrados en ellas, y para utilizar-

Trotsky señala igualmente que con su' aparición, el comité de fábrica surgido de una huelga con ocupación crea una situación de doble poder en la empresa. Las comisiones de empresa, las direcciones regionales y la comisión nacional de Solidaridad crearon de hecho una dualidad de poderes a todos estos niveles, no sólo porque habían surgido de una huelga de este tipo, sino porque se pusieron a la cabeza de nuevas huelgas con ocupación.

El paso de la madurez objetiva a la madurez subjetiva para la conquista del poder, se caracterizó por la adhesión cada vez más generalizada de la clase obrera a los preparativos de una forma superior de huelga con ocupación. Se trataba de la huelga activa, a la que llamaron las corrientes más revolucionarias de Solidaridad. Según la concepción desarrollada en el seno de Solidaridad, la huelga activa no se limitaba a plantear en la cuestión del • poder económico, sino que debía resolveria mediante una acción revolucionaria de masas.

Además de declarar la huelga con ocupación, los trabajadores debían reanudar la producción bajo la dirección de los comités de huelga, según los planes alternativos elaborados por ellos. Estos plantes reflejaban las auténticas prioridades y necesidades sociales. Los comités de huelga debían ampliar el control obrero al terreno de la distribución. Al mismo tiempo, debían formar • Gracias a la huelga activa de alcance regional, y después nacional, coordinada y centralizada por los organismos dirigentes de Solidaridad, había que arrancar el poder económico o la burocracia. Una vez tomado firmemente en sus manos por parte de los trabajadores, debía ser entregado por los comités de huelga de Solidaridad a los órganos de autogestión obrera que se habrían consolidado definitivamente en el transcurso de la huelga activa y que se habrían centralizado a escala nacional.

Con la victoria de la huelga activa, los trabajadores habrían logrado acumular fuerzas necesarias para arrebatarle a la burocracia lo que le quedaba de poder político. Al entroncarse en las tendencias naturales y en las formas de lucha características del movimiento obrero, la táctica de la huelga activa constituye una de las contribuciones más importantes de Solidaridad a la estrategia general de la revolución política.

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hacia la conquista del poder por el proletariado en su conjunto, habrían acentuado inevitablemente las contradicciones entre intereses sociales y las oposiciones en el terreno de la orientación política, ya subyacentes durante los meses anteriores al golpe del 13 de diciembre de 1981. Los intereses materiales de la mayoría del proletariado y los del campesinado independiente, de la pequeña burguesía urbana, de la inteligencia con privilegios materiales (sobre todo su ala tecnocrática), no son idénticos, ni inmediatamente ni sobre todo a escala histórica. El único debate que tuvo lugar sobre la reforma económica ya mostró divergencias claramente arraigadas e intereses sociales distintos. Pero todas estas capas están interesadas en liberarse de la tutela insoportable de la burocracia.

La clase obrera no puede diluir sus propios intereses históricos ni el poder que conquista en un ilusorio interés general de la sociedad, en cuyo seno subsiste la división de clases y la división entre trabajo manual e intelectual. Al construir el socialismo, debe asegurar su supremacía en el ejercicio democrático del poder. Pero al mismo tiempo, debe ganarse para esta tarea revolucionaria a los sectores más amplios posibles, y en primer lugar al campesinado y a los demás grupos de productores independientes, y mantener con ellos una alianza sin la que es imposible avanzar hacia el socialismo. La alianza social amplísima forjada en el combate común contra el poder burocrtico, alianza que se constituye en torno a la clase obrera durante la revolución política, es un sólido punto de partida para

La hegemonía de la clase obrera en el seno de la sociedad poscapitalista autogestionada está asegurada en la medida en que se afirmen, más allá de estas instituciones básicas del poder estatal:

• la hegemonía global de la propiedad colectiva sobre los medios de producción. lo que no excluye la existencia, ni siquiera la de la propiedad privada en e seno de la agricultura y del pequeño comercio, pero que evidentemente excluye toda dinámica de expansión progresiva de la propiedad privada a otros sectores económicos;

• la hegemonía global de la planificación sobre los mecanismos de mercado;

• la limitación progresiva, sobre una base estrictamente voluntaria, de lo que subsiste de propiedad privada y de producción mercantil;

• la protección -fundamentalmente gracias al monopolio estatal sobre el comercio exterior- de la economía nacional frente a las prescripciones del mercado capitalista mundial y la coordinación creciente con la economía de los demás Estados obreros liberados de la opresión burocrática;

• la existencia de otros mecanismos económicos y políticos que impiden que la simbiosis entre el sector privado mercantil y el capital internacional lleve a una subordinación de la planificación a las leyes del mercado;

• la limitación y el rechazo sistemático de todos los fenómenos de desigualdad social;

• el predominio del principio de solidaridad sobre el de los incentivos materiales en las inversiones sociales, en el funcionamiento del Estado, en la educación oficial y, progresivamente, en la vida económica co-

• la educación y la práctica de una auténtica solidaridad internacional de los trabajadores, sin subordinar ninguna nación o nacionalidad a otra, y con una lucha sistemática contra todos los prejuicios xenófobos y racistas, frente a la exaltación de un nacionalismo insano.

La revolución política antiburocrtica, victoriosa en un país satélite de la burocracia soviética en Europa del Este, exige:

• la autodefensa contra las presiones y las amenazas de intervención militar o contra la agresión, tanto de las burocracias dominantes como en los demás Estados obreros, como en las potencias imperialistas;

• una ayuda internacionalista a todos los componentes de la revolución mundial, y movimiento obrero de los Estados obreros donde se mantiene la dictadura burocrática. IV. El alcance internacional de los acontecimientos de Polonia 17 la proclamación del estado de querra asestó un duro golpe, no sólo al proletariado polaco, sino también al conjunto del proletariado internacional. La lucha de millones de trabajadores de Solida. ridad había sido una de las puntas de lanza más avanzadas de la lucha del proletariado a escala mundial. Constituye una experiencia sin precedentes en la historia de la lucha contra la dictadura burocrática y en la voluntad obrera de socializar efectivamente los medios de producción y la riqueza social.

En este combate entre un gobierno burocrático y las masas, los marxistas revolucionarios han estado y siguen estando totalmente al lado de las masas. El Estado obrero no sufría ningún asalto del imperialismo con miras a restaurar el capitalismo. Ninguna fuerza social significativa en la propia Polonia quería o podía reintroducir la apropiación privada de los medios de producción.

La que era atacada era la burocracia y su dictadura, que habían usurpado el poder en el seno del Estado obrero. El proletariado tendía a poner en tela de juicio radicalmente

MILICJA el poder de una minoría privilegiada, defendido por todo un aparato represivo. La eliminación de la casta burocrática sólo podía reforzar y no debilitar la propiedad colectiva, reforzar y no debilitar a la clase obrera a escala internacional.

La liquidación del poder burocrático habria demostrado en la práctica, a los ojos de las masas del mundo entero, que la economía y la sociedad pueden ser dirigidas por el conjunto de los trabjadores. Se habfría dado un paso gigantesco hacia el socialismo. Esto habría influido profundamente en la actitud de los trabajadores, tanto en la Unión Soviética y en Europa oriental como en los países imperialistas, dando un fuerte impulso a la revolución política antiburocrática, así como a la revolución proletaria. Esto es lo que explica, en sustancia, la santa alianza que se fraguó, desde Wall Street hasta el Kremlin, contra la revolución

El Kremlin sólo pudo felicitarse al ver que sus "Consejos" eran aplicados con diligencia, sin verse obligado a participar directa y masivamente en la represión. El precio de esta participación habria, sido demasiado alto, tanto desde el punto de vista político como desde el material. El general Jaruzelski y los suyos, al tratar de cargarse a Solidaridad, no sólo defendían sus propios intereses como burócratas polacos, también defendían los del conjunto de los regímenes

El reflejo de autodefensa de la burocracia funcionó plenamente. La solidaridad de casta fue completa: esto es lo que ellos llaman el "internacionalismo proletario".

Los que por alguna razón u otra se adhirieron a las posiciones del general Jaruzelski, defendían de hecho los intereses de las burocracias contra los del proletariado. Las motivaciones, a este respecto, de los dirigentes cubanos o nicaragüenses son evidentemente muy distintas de las de los dirigentes del "Partido Comunista Francés" (PCF), por no hablar de los dirigentes del Partido Comunista Alemán (DKP) o del PC de los Estados Unidos. Pero el significado objetivo de la posición adoptada

El auténtico internacionalismo proletario exigía un apoyo activo y una solidaridad activa con los trabajadores polacos, contra la burocracia polaca y soviética.

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18 El interés fundamental de la burguesía internacional estribaba en que cesara el ascenso alarmante de la revolución política antiburocrática en Polonia. Máxime cuando lo que estaba en juego no era únicamente el riesgo de una extensión de las experiencias de autoorganización obrera hacia los países capitalistas, sino también la devolución de 27.000 millones de dólares de deuda, y el servicio corriente de la deuda que se deriva de aquella. De ahí que los portavoces mas represen. tativos del imperialismo se pronunciaran, antes del golpe del general Jaruzelski, a favor del "restablecimiento del orden" que "los obreros volvieran al trabajo! de Polonia, como condición para ampliar el plazo de devolución de las deudas. Al día siguiente del golpe, los periódicos que hablan en nombre del gran capital, como el Wall Street Journal, el Washington Post, el Figaro, así como los portavoces oficiales de los gobiernos alemán occidental y británico, repitieron unas posturas análogas: "La mayoría de los banqueros piensan que un gobierno autoritario es bueno porque impone disciplina".

El cinismo de la burguesía imperialista se observa claramente en el modo en que esta opción fundamental - que corresponde a las posiciones antisindicales y antiobreras adoptadas por la burguesía imperialista en el mundo entero- está vinculada a una campaña de propaganda demagógica que hace como si condenara el golpe militar y defendiera a Solidaridad. Se trata de una burda operación mistificadora, que trata de beneficiarse, en un sentido procapitalista y anticomunista, de la repulsa natural que provoca la represión contra los sindicalistas en Polonia en el seno de amplias capas de la clase obrera internacional. Esta operación mistificadora busca objetivos ideológicos y políticos concretos:

• Washington, so pretexto de que es necesario resistir a la "intervención soviética" y al "totalitarismo" , ha sacado provecho de la coyuntura internacional para incrementar su ayuda a las dictaduras sanguinarias de América Central, para reclamar la suspensión de todas las restricciones a la ayuda militar a la dictadura turca, bastión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

• Diversos gobiernos imperialistas han lanzado una campaña para justificar sus esfuerzos en el terreno de la remilitalización, junto con los recortes presupuestarios en el terreno social. Los generales polacos, el POUP y el Kremlin les dieron la ocasión soñada para tratar de abrir brechas en las movilizaciones antimilitaristas.

• Finalmente, la burguesía imperialista no reparó en medios para intentar, con el inestimable apoyo de las burocracias sindicales y de las fuerzas reformistas y estalinistas, encerrar a los trabajadores de los países capitalistas en el dilema: o bien la austeridad en la "democracia", ', o bien el riesgo de una "sociedad totalitaria" que también impondría la austeridad. La burguesía ha utilizado este argumento para reforzar su propaganda antisocialista y anticomunista en general.

El concierto antiobrero de las fuerzas imperialistas era muy armónico. Pero en un contexto caracterizado por la crisis económica y el desarrollo de la revolución colonial, la crisis polaca suscitó una nueva agravación de las contradicciones interimperialistas. La burguesía alemana, a la cabeza de las potencias imperialistas europeas, se resiste a una escalada de las medidas de chantaje que pondrían en peligro sus mercados en la Unión Soviética y en Europa oriental. El imperialismo norteamericano, menos implicado en el comercio Este-Oeste (salvo en lo que se refiere a los productos agrarios), puede permitirse el lujo de agitar la amenaza del bloqueo económico. De este modo, cada uno de los socios de la alianza imperialista ha combinado la defensa general del sistema con la de sus intere19 Las reacciones de los partidos socialdemócratas y de los partidos comunistas frente a la derrota asestada al proletariado polaco sólo pueden comprenderse mirando a través del prisma de la crisis conjunta del imperialismo y del estalinismo. Más allá de las posiciones muy diferentes frente a la proclamación del estado de guerra, los aparates reformistas han manifestado siempre, ya sea una reticencia extrema, ya sea una oposición más o menos abierta frente al combate de los trabajadores polacos.

Poco importa el camuflaje ideológico que encubre esta oposición, un anticlericalismo primario en unos, un "campismo" simplista : en otros. La base material, social, de la oposición reside en la amenaza que comporta la dinámica de la lucha y de la autoorganización de los trabajadores polacos, al menos a medio plazo, para el control burocrático que ejercen todos estos aparatos sobre sus propias organizaciones, sobre todo en un momento en que practican una política de compromisos, léase de capitulación sistemática, ante la austeridad exigida por la burguesía. Lo que ha asustado a estos aparatos burocráticos, del ascenso del proletariado. polaco, era ante todo su lucha por un movimiento sindical autogestionado, es decir, por la democracia sindical. Estas reservas y esta oposición con respecto a Solidaridad reflejaban por tanto una especie de solidaridad internacional entre

Además, los aparatos reformistas han aprovechado la derrota de los trabajadores polacos para desaconsejar cualquier enfrentamiento central con el enemigo de ciase, que según ellos desembocaria inevitablemente en un golpe a lo Jaruzelski en el propio Occidente, es decir, en la instauración de un "Estado fuerte". Así, han sacado provecho de la experiencia para justificar su política de colaboración y capitulación ante la burguesía.

Los partidos socialdemócratas de la RFA, de Gran Bretaña y Austria se alinearon básicamente con los intereses de sus propias burguesías imperialistas. Si bien rechazaron toda política de tipo "'guerra fría", al mismo tiempo se negaron a toda movilización de los trabajadores en un espíritu de clase, en defensa de los derechos y de las libertades de los trabajadores polacos que pisotea el general Jaruzelski. El motivo era siempre el mismo: mantener los beneficios del comercio Este-Oeste. La misma izquierda oficial socialdemócrata (como la tendencia de Tony Benn en Gran Bretaña y la izquierda del SPD alemán) se ha mantenido en silencio en la mayoría de los casos, aceptando en lo fundamental el marco político impuesto por los aparatos dirigentes.

En Francia, la presión de los trabajadores, la capacidad de iniciativa de la extrema izquierda, las relaciones de competencia entre el PS y el PC, el impulso dado por las direcciones del PS y de la CFDT en función de unos objetivos que les son propios, han hecho que la fisonomía del movimiento de protesta haya adquirido de forma más masiva los rasgos de una movilización de clase, en apoyo a las masas trabajadoras polacas.

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El auge de la revolución política en Polonia, como el desencadenamiento de la contrarrevolución burocrática, han abierto una nueva etapa en la crisis de los partidos comunistas, ya alimentada en la mayoría de países por los problemas internos lucha de clases. Las tendencias centrífugas en todos los PC de los países capitalistas se han exacerbado. La contradicción entre la referencia a la Unión Soviética y la inserción en la realidad nacional se ha tensado hasta el extremo. El juego de estos distintos factores - en las condiciones particulares de cada país, de la trayectoria histórica de estos PC y de sus relaciones con los partidos socialdemócratas — se ha traducido en todo un abanico de posiciones de los distin-

En un extremo del abanico se encuentran las posiciones del PC francés, del PC portugués, del PC de la RFA y del de Dinamarca. Básicamente, estos partidos apoyan proclamación del estado de guerra, que ha "permitido a la Polonia socialista escapar del peligro mortal de la contrarrevolución". Paradójicamente, pero expresando en realidad la convergencia entre sus propios intereses y los del Kremlin, algunos de estos PC presentan el golpe como un mal menor en soviética. Según ellos, toda movilización en favor de Solidaridad sólo puede aceite al fuego" e impedir que el Consejo Militar de Salvación Nacional cumpla sus promesas de "liberalización" ... por etapas.

En él otro extremo se encuentran las posiciones del PC italiano y del PC español, que condenan el golpe del general Jaruzelski, exigiéndo la puesta en libertad de los presos y el restablecimiento de las libertades sindicales. Han llevado muy lejos sus conflicto con Moscú, y el PCI llegó a afirmar incluso que "la fase de desarrollo del socialismo que se inició con la Revolución de Octubre ha agotado su dinámica propia". Pero la posición que desarrolló el PCI en torno a Polonia implicaba un llamamiento a la colaboración más estrecha Iglesia y las fuerzas pequeñoburguesas, no una orientación hacia un poder democrático de los obreros. Era por tanto el reflejo de la estrategia de colaboración de clases que desarrolla este partido en Italia. Desembocó en la búsqueda de una aproximación más sistemática con la socialdemocracia francesa, alemana occidental y escandinava.

Esto es lo que explica que una parte significativa de los militantes obreros combativos no hayan aprobado la orientación de su dirección en torno a Polonia. No se trataba de militantes nostálgicos del estalinismo, sino de una reacción primitiva contra lo que aparecía como una nueva concesión al enemigo de clase.

Las posiciones de los PC británico, belga, holandés y sueco, se sitúan a mitad camino entre los dos polos, aunque con una condena explícita, al menos sobre el papel, del golpe del 13 de diciembre.

La forma y la naturaleza del ascenso de masas en Polonia, así como las contradicciones entre los PC y en el interior mismo de los PC, estimulan en el movimiento sindical, en una serie de países europeos, unas diferenciaciones análogas.

Contrariamente a lo que había sucedido cuando el aplastamiento de la revuelta de los trabajadores de Alemania del Este en 1953, de la revolución húngara en 1956 y de la primavera de Praga en 1968-69, la oposición a la represión burocrática, en el seno del movimiento obrero internacional, esta vez no se ha limitado a tan sólo a algunos países imperialistas. Por primera vez, en una serie de países semicoloniales, ante todo en América Latina (México, Brasil, Perú, Colombia, etc.), sectores significativos del movimiento obrero han manifestado su solidaridad con las víctimas de esta represión, a veces incluso manifestándose

El intento de los defensores de burocracia de identificar a los que se oponen a la dictadura burocrática, aunque sea la mayoría de la clase obrera de un país, con fuerzas "objetivamente proimperialistas", empieza a quebrarse en el seno del movimiento antiimperialista. Todo nuevo de la revolución mundial sólo podrá acentuar esta tendencia de fondo a volver al auténtico internacionalismo prole-

A los militantes de los PC y de los movimientos nacionalistas revolucionarios que mantienen una actitud crítica con respecto al apoyo a Solidaridad, la IV Internacional debe explicarles que el refuerzo del dispositivo antiimperialista y anticapitalista en Occidente reclama la aplicación de una política de frente único que incluya a los trabajadores socialistas y católicos y sus organizaciones de masas. La realización de este frente único se ve gravemente obstaculizada por la negativa a lanzar una campaña de solidaridad con Solidaridad, debido a una oposición puramente ideológica al anticomunismo de los reformistas. Evidenla campaña sistemática por el frente único, tanto en solidaridad con Solidaridad como en solidaridad con la revolución centroamericana, etc., se combina siempre con la defensa de todo el programa marxista revolucionario, incluida la lucha contra las ideas falsamente socialistas y contrarrevolucionarias.

22 cimientos de Polonia en el con Las repercusiones de los aconte de los Estados obreros burocratizados aún son difíciles de evaluar. No cabe duda que el ascenso del proletariado polaco no ha tenido ningún reflejo de masas inmediato en ninguno de estos países. Esto no es sorprendente, dado el carácter desigual del desarrollo de la crisis económica y social entre estos distintos países, y sobre todo el

MILICJA

Men comparación con Polonia, del renacimiento de una experiencia de lucha propia y continua de sectores de vanguar-

Sin embargo, en varios de estos países, como en Rumania y en la URSS, madura una crisis de abastecimientos que alimenta un amplio descontento de las masas, que no es muy distinto del que se desarrolló en Polonia a lo largo del periodo 1976-1980. Además, en otros países, como en Hungría y la RDA, se manifestan tendencias políticas de oposición entre los jóvenes y los intelectuales, que buscarán paso a paso su con los trabajadores. burócratas conocen perfectamente estos hechos, que les aterrorizan. En todos estos países son presas de pánico ante la sóla idea de que el "modelo polaco" una explosión de cólera de los trabajadores que desemboca en huelgas de masas y en autoorganización

Esto se aplica incluso a la República Popular China, donde la fracción dirigente de después de haber apoyado primero discretamente a Solidaridad en la perspectiva de una intervención soviética y de "una lucha de liberación nacional" que esto provocaría contra aquella tencia", ha cambiado de chaqueta bajo la presión del descontento y de las huelgas en la propia China, aceptando de hecho el golpe del general Jaruzelski.

La reacción de la burocracia ante este riesgo está marcada por una falta de orientación clara, que revela todo su desconcierto y su crisis. Si por naturaleza tiene a acentuar la represión contra los. "disidentes políticos", vacila, sin embargo, antes de los grandes contra las acciones obreras, diciéndose, no sin razón, que la sangre vertida en los puertos del Báltico en 1970 está en el origen de todo lo que se ha producido en Polonia. Represión selectiva por un lado, intentos de "revalorización" organización sindical, a la que se dejaría un pequeño margen para la acción "reivindicativa" extraida de los acontecimientos de Polonia por parte de la burocracia de varios Estados

En cuanto a la parte mejor informada y más instruida de la clase obrera de estos Estados, no ha dejado de seguir con simpatia la acción de sus hermanos y hermanas en Polonia, aunque en la mayoría de los casos no hubiera sabido traducir esta simpatía en acciones. Pero el "modelo polaco" ejercerá

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sin duda alguna una profunda influencia en el porvenir de la revolución política y antiburocrática en numerosos Estados obreros burocratizados. V. Las tareas de los marxistas revolucionarios 21 Si el ascenso de la revolución polaca ha demostrado una vez más la capacidad de iniciativa, de acción y de autoorganización del proletariado a una escala colosal, a partir del momento en que se moviliza colectiva y unitariamente, ha confirmado también esta otra lección de la historia del movimiento obrero: los límites infranqueables de la acción espontánea de

Ni cuando se trató de definir con precisión los objetivos a alcanzar por Solidaridad - proyecto de reforma económica, cir, de organización de la economía, distinto de los proyectos de las diversas fracciones de la burocracia o de la pequeña burguesia-, ni sobre todo cuando se trató de elaborar una estrategia y una táctica precisas de defensa de Solidaridad frente a las maniobras dilatorias de la dictadura burocrática, que finalmente desembocaron en el golpe del 13 de diciembre de 1981 (es decir, una estrategia de conquista del poder), las reacciones espontáneas de la base, más o menos articuladas por cuadros locales y regionales, no bastaron para desgajar línea clara, por no decir una línea correcta. Así, se cometieron graves errores que a posteriori parecen ser decisivos, como la ausencia de una política en dirección a los soldados, de defensa de los derechos democráticos en el ejército y del derecho de autoorganización en su seno.

Más en general, durante toda revolución, la capacidad para tomar la iniciativa de forma centralizada constituye una ventaja esencial, ventaja que exige precisamente una dirección que desempeñe un papel de vanguardia. Lo trágico es que en Polonia no existiera tal vanguardia organizada.

Es cierto que la utilización extrema que hace la propaganda burocrática oficial del vocabulario extraido de las tradiciones revolucionarias del movimiento obrero y su autentificación paralela por la propaganda burguesa occidental, provoca un rechazo instintivo de conceptos como "partido revolucionario de vanguardia", por reclamaba y sigue reclamando, por parte de los marxistas revolucionarios, mucha labor pedagógica con miras a convencer a estos militantes de la necesidad de construir este partido. Pero esta necesidad puede derivarse de forma muy concreta y clara, a la luz de un análisis de los propios acontecimientos que conoció Polonia a partir del verano de 1980, o incluso de la revuelta obrera de junio de 1976.

Evidentemente, se trata de un partido que debe formular de manera clara su propio papel y sus propios objetivos en relación con los de la organización de masas de los trabajadores. El partido revolucionario de vanguardia que intentan marxistas revolucionarios en Polonia no sustituye al proletariado en el ejercicio del poder. Este debe ser ejercido por las instituciones de que se dotarán los trabajadores en el Estado tras el derrocamiento de la dictadura burocrática: consejos de trabajadores democráticamente elegidos y federados a nivel local, regional y nacional.

En el interior de estos consejos, al igual que en los organismos de autoorganización de masas, como Solidaridad, los militantes del partido defenderán sus posiciones con medios políticos y no con medios administrativos. Tratarán de ganarse y mantener la confianza de los trabajadores, mente sobre la base de su entrega a la clase y a su movimiento, de su espíritu de solidaridad de clase y de sacrificio por la causa común, de la corrección de su programa y de su línea política. Rechazarán toda ventaja material, todo privilegio económico, independientemente de su naturaleza. Pero serán una fuerza de vanguardia en la medida en que encarnarán la memoria colectiva de la clase obrera polaca e internacional, y el conjunto de las lecciones que se desprenden de 150 años de experiencias de luchas del proletariado polaco e internacional. Además, la existencia de este partido está en interés de la clase obrera en su conjunto. Antes del 13 de diciembre, habría facilitado la solución de muchas tareas concretas a que tenía que hacer frente el movi22 Frente al temor formulado por al-

•gunos de que un núcleo, al prin cipio relativamente pequeño, de militantes marxistas revolucionarios, sería menos eficaz que una actividad desarrollada por sin delimitación alguna, con respecto a los cuadros de Solidaridad, hay que responder que la historia polaca ya ha demostrado la eficacia de los pequeños en un contexto favorable. La intervención de algunos centenares de milibásicamente del KOR a partir de 1976, desempeñó un papel capital para tejer los lazos entre los militantes de las fábricas, lazos que contribuyeron en gran medida al éxito de las huelgas del verano de 1980 y al surgimiento de Solidaridad como organización de masas.

Además, no se trata en absoluto de oponer de forma mecánica la formación de un partido marxista revolucionario de vanguardia al surgimiento de una dirección natural de la clase en el seno de las empresas y de los organismos de autoorganización. Los militantes que se agrupan primero sobre una base fundamentalmente programática y política sólo son un primer núcleo del parautoproclaman "dirección de la clase obrera" mediante una operación voluntarista y sin ningún alcance práctico; se esfuerzan por ganarse la confianza de la clase mediante su intervención, y al hacerlo atraen a los mejores trabajadores que surgen en el transcurso del proceso mismo de autoorganización. Sólo se convierten en dirección efectiva (es decir, sólo pasan a ser reconocidos como tal a los ojos de las masas) en la medida en que logran su fusión con los dirigentes naturales de la clase en los lugares de trabajo.

Frente al temor, también formulado, que la aparición de un partido dividiría a la clase obrera e introduciría grietas políticas más profundas en el seno de los organismos de autoorganización, que tales grietas son inevitables en un movimiento de diez millones de trabajadores, dada la enorme complejidad de los problemas económicos, culturales, ideológicos a que deben hacer frente, y las dificultades para dar respuestas

De hecho, esta diferenciación se produjo ya en el interior de Solidaridad durante sus 16 meses de existencia legal. actualmente prosigue también en la resistencia clandestina. La aparición de un partido de vanguardia - que respete las normas de la democracia obrera en las organizaciones de masas - tendría como resultado dar mayor eficacia al combate por deducir de la multiplicidad de posiciones presentes, la que corresponde mejor a los intereses glo-

La construcción del partido revolucionario de vanguardia no se opone a la lucha por la unidad de acción y la organización unitaria más amplia y más democrática de los trabajadores. Al contrario: este objetivo es uno de los objetivos centrales que persigue el partido en toda circunstancia, inscrito como esta en su programa.

Frente al temor, también formulado, de que la construcción de un partido revolucionario de vanguardia le permitiría a una minoría manipular las masas, contestamos que la ausencia de este partido permite mucho más esta manipulación. En la medida en que las diferenciaciones en el seno de las organizaciones de autoorganización son inevitables, en torno a las respuestas que hay que formular en cada etapa sucesiva de la lucha, la opción no se sitúa entre la imposible unanimidad y las

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mayorías "manipuladas" por "minorías activas". La opción está entre las mayorías manipuladas por minorías que no aparecen abiertamente, que actúan entre bastidores, en forma de camarillas sin plataformas claras o bajo la presión de líderes carismáticos, de expertos que dan sU aval "científico", o de simples demagogos, por un lado, y mayorías que se constituyen mediante votos claros en torno a plataformas coherentes, que representan las distintas orientaciones entre las cuales la masa de delegados y. trabajadores puede escoger con conocimiento de causa, sobre la base de informaciones honestas que circulan amplia y democráticamente por otro.

En este sentido, la segunda solución es de lejos la más democrática y la menos manipuladora, la que mantiene mejor el poder de decisión efectivo en manos de las masas obreras en su conjunto. Bajo la condición de que la existencia de un partido revolucionario de vanguardia no venga acompañada de ningún privilegio, y de que el derecho a la formación de partidos, asociaciones, corrientes y tendencias de toda clase sea garantizado a todos los trabajadores, en el seno de las instituciones y de los organismos de autoorganización. De ahí que los marxistas revolucionarios luchen resueltamente por el principio del pluripartidismo en la construcción del socialismo,

MILIC 3R principio que está inscrito en su programa.

25 burocracia exige, al menos en la

misma medida que la revolución anticapitalista, una conciencia clara de sus enemigos y de sus aliados, y esto tanto a nivel nacional como internacional. La burocracia polaca, por su parte, ha demostrado tener contradicciones y del nivel medio de sus funcionarios, siempre ha situado el compro. miso que perspectiva estratégica clara. La experiencia acumulada del movimiento obrero internacional es un elemento indispensable para la formación de esta conciencia. Para ser útil, esta experiencia debe ser global, es decir, debe luchas por el derrocamiento del capitalismo y por el derrocamiento de las dictaduras burocráticas. La IV Internacional es la única organización que materializa este doble combate. En lo que se refiere a Polonia, en la medida de sus fuerzas, a) ha tratado de difundir la verdad sobre Polonia en los Estados obreros burocratizados;

b) ha impulsado la solidaridad de la clase obrera en los países capitalistas desarrollados;

c) en los países subdesarrollados, al tiempo que se mantenía en las primeras filas de la defensa de la revolución cubana y centroamericana frente a las amenazas del imperialismo norteamericano, no dudó en oponerse a las posiciones de los dirigentes de estas la solidaridad con los trabajadores polacos.

En la propia difusión de Inprekor en polaco mostró las grandes potencialidades de desarrollo del marxismo revolucionario, a medida que ascendía la revolución.

Somos conscientes de que a la vista de las necesidades de la victoria, lo que hizo la IV Internacional fue poco. Pero los que piensan que las tareas que hemos tratado de realizar son inevitables, deben unirse a nuestras filas.

Nuestra organización internacional tenía algo que aportar a la revolución polaca, pero también tenía mucho que aprender de ella. Su papel consiste también en actuar de modo que en los nuevos ascensos de la revolución política, esta lucha extraordinaria de los obreros polacos se convierta a su

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vez en una fuente de enseñanzas. este punto de vista, el agrupamiento de los polacos reviste una importancia que va más allá de Polonia. La lucha por el derrocamiento de la burocracia será larga; si estos camaradas logran mantener una actividad, independientemente de los ciclos de la movilización de masas, esto sería un paso gigantesco hacia el próximo acto.

Para los marxistas revolucionarios, la revolución y contrarrevolución en Polonia confirman, además de la validez del programa de la IV Internacional en relación con la naturaleza de los Estados obreros burocratizados y la inevitabilidad de una revolución política-antiburocrática:

•el carácter central de la clase obrera en los tres sectores de la revolución mundial, y el papel progresivamente preponderante de las formas de lucha y organización proleta-

•la unidad de la revolución mundial y la importancia que ocupa la revolución política antiburocratica en su seno;

•la necesidad, tanto por razones históricas como por razones estratégicas y radel movimiento obrero organizado, y de la práctica cotidiana de la lucha de clases, hacia un auténtico internacionalismo proletario que defienda incondicionalmente los derechos y las libertades de la clase obrera en todo el mundo, independientemente de la fuerza social que los ataque o los suprima, y si subordinar los intereses de cualquier proletariado a los pretendidos intereses "superiores" o "prioritarios" quier "bastión' o "campo". Sólo sobre la base de esta práctica de Solidaridad internacional de clase, el proletariado internacional logrará cumplir todas sus tareas históricas, incluída, en caso de agresión imperalista, la de la defensa de la URSS y de todos los Estados Obreros;

•la necesidad de construir una internacional revolucionaria y partidos marxistas revolucionarios, para impulsar estas campañas de solidaridad internacional y este retorno al auténinternacionalismo proletario, también y sobre todo para alcanzar la victoria de la revolución política antiburo-

La IV Internacional se esfuerza por intervenir en el debate internacional en torno a los acontecimientos de Polonia, propagando ante todo estas ideas clave que ofrecen una salida política y organizativa a los militantes de los PC, de los PS, de las organiza-. ciones nacionalistas revolucionarias, de los sindicatos, de las organizaciones centristas, inquietos, desconcertados o desorientados por la revolución y contrarrevolución en

Pero no concibe esta intervención propagandística sino en relación estrecha con una intervención activa por organizar una amplia campaña de solidaridad de clase con los trabajadores y los sindicalistas polacos Además, la propaganda marxista revolucionaria misma sólo alcanzará su plena eficacia dentro de este marco. =413 deidiciembre fue uniéxito des- • Si se puede decir que el golpe del de el punto de vista de sus objetivos inmediatos, la burocracia está lejos de haber alcanzado, sin embargo, su objetivo. La amplitud y las formas del movimiento de resistencia dan prueba del rechazo del proletariado polaco a aceptar un estado de cosas que le priva de las libertades conquistadas a lo largo de 16 meses de lucha. La existencia y la regularidad con que aparecen millares de boletines y periódicos clandestinos dan cuenta de la continuidad, bajo la clandestinidad, de las actividades de Solidaridad en la mayoría de las empresas, y de los prirestablecimiento coordinadoras, o incluso de direcciones re-

El fracaso de los intentos repetidos de las autoridades de instaurar un "diálogo" con los intelectuales es patente. La unidad que se había forjado entre los intelectuales y la clase obrera no ha podido romperse hasta ahora, pese a la política de división de la Junta, que concede un tratamiento privilegiado a numerosos líderes y expertos inter-

Sin embargo, el gobierno hace todo lo posible por obligar a determinados dirigentes de Solidaridad a llegar a un compromiso podrido con la Junta, consciente de que esto sólo podría desprestigiarlos a los ojos de las masas. Y estas propuestas de "entendimiento nacional" encuentran un

Men el seno de la jerarquía católica, interesada en el restablecimiento del "orden".

Frente a ello, la solidaridad activa de los decisiva para convencer al polaco de que no está sólo en su combate.

La IV Internacional compromete todas sus fuerzas en el impulso, en el seno del movimiento obrero internacional, de campaña de solidaridad con las masas proletarias de Polonia. Todos los que hoy en día, en las filas de la clase obrera, se niegan a impulsar esta movilización, dividen a las masas obreras, en sus propios países y

Movilizarse contra la suspensión y la prohibición de Solidaridad, apoyar al mismo tiempo a los trabajadores polacos y defender los derechos políticos y sindicales de todos los trabajadores de Turquía, de Brasil, de El Salvador, del Estado español o de Rumania. Reclamar la suspensión del estado de guerra; la puesta en libertad inmediata de todos los presos, la supresión de todas las trabas impuestas a las libertades democráticas, al derecho de reunión y de organización, es defender estas libertades contra los ataques del imperialismo y de los burócratas totalitarios. trabajadores polacos, hoy en día, es facilitar y preparar también el apoyo activo del movimiento obrero internacional combate de titanes emprendido por el pue: blo salvadoreño contra la Junta Militar y el imperialismo norteamericano. Estas son las lecciones más elementales del internacionalismo proletario.

Todos los vínculos tejidos, durante los meses pasados entre el sindicato independiente y autogestionado de los trabajadores polacos y el movimiento obrero de los países capitalistas, deben ser, aprovechados para salvar el aislamiento en el que el general Jaruzelski quiere hundir a las masas polacas. Prestar una ayuda material, alimenticia y médica, sigue siendo una tarea actual.

Esto debe permitir reanudar los lazos, hacer circular la información y hacer saber a los trabajadores polacos quiénes les apoyan efectivamente en el mundo: sus hermanos de clase y no los banqueros imperialistas, que acogieron el golpe con alivio. Esta ayuda, que pasa por el canal de organismos independientes del Estado polaco (entre . ellos la Iglesia, actualmente la única institución legal independiente), puede facilitar la reconstrucción de lazos entre militantes de Solidaridad y sectores de la población. Haciendo todo lo posible por enviar comisiones sindicales a investigar sobre la represión que se abate sobre los militantes de Solidaridad, el movimiento obrero revelará la hipocresía tanto de los burócratas que

"respeto de las como de los portavoces del imperialismo que cierran los ojos ante la suerte de los militantes sindicales, tanto en Polonia como

En el propio movimiento obrero, los marxistas revolucionarios desarrollan una explicación sistemática de los fines y de las acciones de Solidaridad. Tanto el funcionamiento democrático del sindicato, la amplia discusión pública de las principales opciones, como los debates sobre la autogestión o las experiencias de control obrero y social, deben convertirse en patrimonio del movimiento obrero internacional. Esta es la mejor manera de minar efectivamente la "solidaridad burocrática" que se ha hecho patente tantas veces, desde 1980, ya sea en forma de una indiferencia premeditada por

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parte de las direcciones sindicales, ya sea en forma de una hostilidad abierta, ya sea desvirtuando los objetivos de los trabajadores en favor de unos proyectos de colaboración de clases, defendidos por los aparatos réformistas (cogestión, "compromiso histórico").

Ampliando al máximo posible esta solidaridad obrera, en la unidad y la independencia de clase, se podrá hacer fracasar parcialmente los intentos del imperialismo de sacar provecho de los acontecimientos polacos para reforzar sus posiciones ideológicas y política.

Los marxistas revolucionarios se oponen a todas las propuestas de boicot económico contra Polonia o la URSS por los gobiernos o incluso por los sindicatos de los países imperialistas. Semejante campaña sólo puede hacerle el juego a las grandes maniobras políticas anticomunistas de un. Ronald Reagan, que intenta camuflar su política criminal en América Central y otras partes. El apoyo a una campaña de "sanciones eficaces" equivaldría a reclamar a los grandes bancos y. a las potencias imperialistas que estrangulen aún más a Polonia, con las consecuencias que de ello se derivarían para las masas polacas. Porque el boicot no afecta a los privilegios de la burocracia. ¿Y cómo hacer creer que la revuelta de los trabajadores se vería incrementada por una miseria aún mayor? Es más, semejante campaña de sanciones equivaldría a

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sembrar las ilusiones más confusas sobre la naturaleza y el papel de los bancos imperialistas, y a proponerle al movimiento obrero como objetivo el de presionar sobre los bancos para "ayudar" a los trabajadores polacos. Además, su efecto en Polonia será el de impulsar una integración aún mayor de la industria polaca en la industria soviéti-

Finalmente, toda orientación de este tipo facilitaría, en última instancia, la política de las direcciones de los PC —la campaña nacionalista de la burocracia soviética juega la baza de la "ciudadela asediada" -, y comportaría el aislamiento del pueblo polaco, que es lo que precisamente busca el general Jaruzelski. La historia ha demostrado que el desarrollo del stalinismo se vió favorecido por el aislamiento de la URSS.

La IV Internacional sitúa su campaña de solidaridad con Solidaridad en estrecha relación con sus esfuerzos por estimular las movilizaciones contra la remilitarización, contra la políțica agresiva de la OTAN, contra las iniciativas criminales de imperialismo norteamericano, auténtico impulsor de guerras, en América Central y en el Caribe.

En este terreno, la unidad de intereses de la clase obrera a escala mundial salta a la vista. Toda reticencia frente al apoyo de los trabajadores polacos sólo puede frenar y dividir la movilización contra el rearme nuclear en Europa, por una "Europa desnuclearizada de Portugal a Polonia", y contra

MILICJA la agresión imperialista en América Central. En este mismo sentido; toda abstención u oposición -como se observa en las filas socialdemócratas - frente a la movilización contra la OTAN o frente al apoyo a la lucha revolucionaria de los pueblos de Nicaragua, de El Salvador y de Guatemala, sólo puede debilitar la unidad y la amplitud del apoyo al combate de la resistencia de las masas polacas

— ¡Solidaridad con Solidaridad!

-¡Abajo la Dictadura militar de la burocracia!

-¡Liberación inmediata de todos los presos políticos, sindicalistas, estudiantes e intelectuales!

—¡Restablecimiento de todas las libertades políticas, sindicales y civiles!

- ¡Viva la solidaridad internacional de los trabajadores de todos los países con todas las luchas de liberación, en defensa de todos los explotados y oprimidos, que libran el mismo combate por el mundo socialista de mañana!]]

ZJAZO-

PZPR-

CORAZ