•ENOS de dos semanas ción del gobierno revolucionario de Mehdi Bazargan, tras una insurrección popular que la jerarquía religiosa no inició ni dirigió, el nuevo régimen iraní ha lanzado, antes siquiera de haber definido su propio programa, una ofensiva política sistematica contra todos los "desbordamientos"' posibles de esta *revolución islámica" que trata de moderar al máximo.
El 18 de febrero, en una entrevista publicada en el New York Times, el primer ministro designado por Jomeini anunciaba que los grupos izquierdistas serían aplastados si proseguían con sus acciones armadas y trataban de desestabilizar el país.
El lunes 19, el propio Jomeini afirmaba que "no admitire la anarquía y denunciaba a las organizaciones de izquierda, particularmente a la organización guerrillera de los fedayines del pueblo, que tenían previsto manifestarse el 22 de febrero en la calle para exigir la total disolución del antiguo ejército y la clección de un Consejo de la Revolución Popular. Si finalmente las organizaciones de extrema izquierda tuvieron que renunciar a desfilar por las avenidas del centro de Teherán, el contencioso entre ellas y el nuevo régimen no tiene visos de ser reabsorbido, ni mucho menos. Bastaba con oir a Jomeini denunciar a "esta gente, que no son musulmanes y que, por el contrario, estan en pre de gue rra contra las creencias filosoficas del Islam" para hacerse una idea de las dimensiones de esta ruptura.
Las discrepancias surgieron ya, dicho sea de paso, en las últimas horas de la insurrección, en tomo a dos cuestiones clave: el desarme de las milicias populares y el alcance de la depuración en el ejército. El intento de desarmar a las milicias
Quedarse ил arma es haram (tabú, según la Ley Coránica), declaró el ayatolla Jomeini al día siguiente de la insurrección. De hecho, en el transcurso de todo el levantamiento, la mayor preocupación de la jerarquía religiosa consistió en limitar al máximo la distribución de armas. Poco caso se le hará al llamamiento
Iran
La nueva fase de la
Revolución
Iraní dirigentes religiosos, la actual reestructuración del movimiento obrero, la autoorganización y el control obrero.... a la revolución irani no le faltan bazas.
al desarme de las milicias. Además de las organizaciones guerrilleras, los muyahedines del pueblo (islamo-progresis tas) y los fedayines del pueblo los comités de
(marxistas), barrio también a se niegan entregar los fusiles de asalto y las ametralladoras distribuidas por los soldados amotinados del Ejército del Aire, o tomadas de los arsenales y fábricas de armas ocupadas. Una semana después del llamamiento se habían recuperado tan sólo
75.000
7.000 de las armas distribuidas. Y en la mayoría de los casos, dichas armas sólo
Michel ROVERE
La debilidad de los partidos burgueses, la heterogeneidad de los estaban "registradas" en las mezquitas, quedando en realidad a disposición de los miembros de los comités de barrio que continuaban patrullando, sobre todo por la noche, en búsqueda de elementos de la SAVAK (antigua policía politica del sha) o de los dignatarios del antiguo régimen que se habían dado a la fuga.
El 18 de febrero, el Comité Islámico Revolucionario Jomeini decidio cambiar de planteamiento y anuncio la futura creación de una Guardia Nacional donde llegado el momento se fundirían, para controlarias mejor, las milici existentes. La debilidad de los partidos burgueses
Las oposiciones de izquie da al nuevo Gobierno son t reales que incluso el Fren Nacional (FN), ese grupúscu de la oposición liberal burgu sa, constató por dónde ib los tiros y publicó el 20 de l brero un comunicado en que anunciaba que su pre dente y vicepresidente, Kari Sandyabi y D. Foruhar, re pectivamente, solo particip ban a titulo personal en gabinete Bazargan. anunció que mantendría es actitud mientras no se ado pueblo" la necesidad de efectuar u seria depuración en el Ejérci y de constituir una "Guara
Naciutats de prevoluca !
exigía el reconocimien oficial de los comités de barı que existen en Teherán y otr ciudades.
La debilidad del gobien Bazargan radica ante todo • la debilidad de los aparat políticos de la oposición bi guesa iraní. Prueba tambi que la jerarquía religic como tal es incapaz de tras formarse en un auténtico pi tido político de gobierno años de dictadura y represi policial han reducido al esta grupuscular o de "clubs" a l partidosde la oposición liber marcados por el fracaso s resistencia del gobierno M ssadegh en 1953 y por las il siones que alimentaron, ent 1960 y 1963, tras la entra de Kennedy en la Casa Blanc en torno a las posibilidades una liberalización progresi del régimen del sha.
En el transcurso de 197 todas las formaciones libera] absolutamente todas, tratar de alcanzar una solución compromiso a la crisis, pasa do por la "constitucionali: ción" de la monarquía y la r tricta observancia de la Cor titución liberal de 1906, q teóricamente sigue en vig pero que jamas ha sido apli da. Tan sólo en noviem Sandyabi se unió finalmente Jomeini, declarando que ci el régimen existente no hat ninguna posibilidad de cor
La nueva fase de la Revolución Iraní
Promiso. Pero el último primer ministro del sha, Shapur
Bajtiar que se reclamaba de la socialdemocracia, a la alemana o a la sueca, al tiempo que encubría los desmanes de sus sanguinarios generales, había sido el número dos del FN, el mismo que en el verano de 1977 firmara, junto con Sandyabi y
Foruhar, una carta abierta al sha, instándole a que aplicara realmente la Constitución de 1906. Ello explica el descrédito general que continúan sufriendo las formaciones de la oposición burguesa. La heterogeneidad de los religiosos
En cuanto a la jerarquía religiosa, ha quedado probada su incapacidad para transformarse como tal en un partido de gobierno. En el vacío politico general existente bajo la dictadura, los chiitas, con sus 80.000 mezquitas, У sus 180.000 mullas, constituían una auténtica red que organizaba, centralizaba y estructuraba, incluso después de iniciarse las huelgas obreras, resistencia popular al régimen.
Es cierto que el programa de los religiosos se resumía en una única consigna: fuera el sha y la monarquía Palhavi.
creciente radicalización del movimiento de masas, y la intransigencia de la dictadura, Por lo demás, forzarían al ala moderada —un Chariat Madari por ejemplo, que se habría dado por satisfecho con una liberalización y un retorno a la monarquia constitucional —a alinearse tras las posiciones intransigentes de Jomeini en esta materia.
Pero ahora, cuando se trata je avanzar un programa de gobierno concreto, de dar contenido a la etérea consigna
"república islámica" , las contradicciones politicas y ociales del movimiento reli ioso salen a la luz. ¿Cual poIría ser el programa de gocomun del ayatolla noderado Chariat Madari, [ue anuncia la obligatoriedad ¡ara todas las iraníes de llevar 1 chador (velo), y esos jóvenes "islamo-progresistas" que suean con un socialismo utópico rajo los colores del Islam, tal omo lo plantearía el exégeta di Chariati, del que se recia1an los muvahedines del pue lo? Qué pueden tener en omún esos ayatollas de la iudad santa de Meched, que iprecor/4 propugnan la relegalización de la poligamia, y estos militantes que han participado en triunfar a la "revolución islá-
No es por casualidad que el gobierno de Bazargan no haya definido todavía su propio programa de accion. Cuando Jomeini volvió a Iran, uno de sus consejeros, Banisadr, del que se decía que iba a ser el futuro ministro de Finanzas del gobierno provisional, explico que hacía falta una verhabría que reducir drásticamente las ex portaciones y promover otro tipo de desarrollo, en ruptura con la dependencia del imperialismo. Finalmente, Banisadr no ha sido nombrado por Bazargan, que, en cambio, explica en la entrevista ya citada del New York Times, que las exportaciones del crudo se mantendrian a un nivel "sustancial" y que deseaba que su régimen pudiera mantener las buenas relaciones con los Estados Unidos. ¿Qué autoorganización?
Aparte de la autoorganización y la creación de comités de soldados, un fenómeno a destacar es el de los comités de barrio, que existen en Teherán y en la mayoría de las grandes ciudades de Irán.
Estos comités se formaron a partir de la huelga general de los obreros del petróleo, a finales de diciembre, por instigación de las autoridades religiosas, para controlar el racionamiento y la distribución, en cooperativas populares, de los productos de primera necesidad.
También fueron estos comités de barrio los que aseguraron la infraestructura para la movilización de masas. En buena parte fueron estos jóvenes, obreros, estudiantes y parados, organizados en el servicio de orden de las mezquitas, los civiles que participaron masivamente, a pesar de la ausencia de directrices y los llamamientos a la calma de la alta jerarquía religiosa, en las "tres gloriosas" jornadas de Teherán. Ahora, tras la reanudación general del trabajo, estos comités se centran fundamentalmente en las tareas de "autodefensa" aseguradas por las milicias. Estas milicias no se coordinan horizontalmente, de un barrio a otro, y su centralización vertical no se apoya sino en los grupos guerrilleros, demasiado débiles numericamente para realizarla en buenas condiciones, y en el cuartel general de Jomeini. El porvenir de los comités de barrio y la reconstrucción del movimiento obrero
Aunque actualmente Su papel sea puramente militar, los comités de barrio son tanto más importantes, cuanto que constituyen el único marco organizativo, para todo un periodo, de un sector importante del proletariado y de las capas populares urbanas: las mujeres, por supuesto, pero también los parados (3,5 miIlones sobre una población ac tiva urbana de 11 millones) y esa fracción importante de trabajadores industriales (el 72% de la mano de obra industrial) que trabajan en empresas con menos de 10 empleados, y que por tanto dificilmente se integrarán en la reconstrucción del movimiento obrero iraní -ya sea
"Ni siquiera
Jomeini podía prever acontecimientos tan importantes tan sólo hace tres días". desarrollo de sindicatos, ya la creación de comités de fábrica.
El desarrollo de tipo soviético, o siquiera el simple mantenimiento de los comités de barrio, depende directamente de su capacidad para definir y poner en práctica un programa de acción específico (como las Comisiones de Moradores en Portugal, que ocupaban las viviendas vacías, creaban guarderías, dispensarios, luchaban contra los alquileres elevados, etc. ), y sobre todo de su progresiva articulación con el movimiento obrero que se constituirá en las próximas semanas en las empresas y administraciones.
La nueva fase de la Revolución Iraní
El problema del control obrero
Para volver a poner en marcha la cconomía y hacer que los trabajadores compren lan que ahora hay que poner se a producir, producir y producir, Jomeini no ha dudado en recurrir a la amenaza: "La segunda etapa que hay que contre a ha, recono. explicaba Jomeini trucción que exige el esfuerzo las huelgas estaban al servicio del movimiento revoTucionario, ahora la vuelta al trabaio esta al servicio de la huelga de este u otro sector debe proseguir, es un traidor" precisó aún el lider chiita.
El llamamiento a la reanudación del trabajosurtió efecto
*, como en el del petróleo de Ajwas. Esto era perfectamente previsible. Desde el mes de noviembre, las huelgas eran políticas, iban dirigidas contra la represión y la triunfado la insurrección y el derribado, la reanudación masiva al trabajo era cosa hecha.
Pero la vuelta a las fabricas y oficinas de miles de trabajadores, jövenes e intelectuales, marca el comienzo nueva fase de la revolución irani. Separada de su lugar de trabajo desde finales de diciembre, a causa de la represión militar, la clase obrera vuelve con toda la fuerza de su victoria sobre la dictadura, a los talle-
En ausencia de un movimiento obrero clandestino que de haber existido durante la dictadura, habria servido de "trama"o "filigrama" reconstrucción del movimiento obrero legal —como fue el caso de las Comisiones Obreras en España o incluso la Intersindical en Portugal -, repredecir cuales serán las modalidades precisas, los ritmos, las dificultades de esta reconstrucción de un momente el sindical. En algunos sitios no cabe duda que paralelamente a la sindicación macreados en el periodo anterior se mantendrán como comités de trabajadores. quizá desaparezcan.
Pero lo que está fuera de toda duda es que en una serie
Piquete de huelguistas en Abadan.
de empresas y administraciones, las tareas de control obrero se pondrán inmediatamente a la orden del día. En primer lugar para extirpar, en el seno de las empresas, los pilares del los régimen.
Asi, antiguo obreros del petróleo de Ajwas han exigido la destitución de once cuadros superiores de la
National Iranian Oil Company
En un régimen que funcionaba sobre la base de la corrup-.
Hay que desmentir a Jomeini cuando dice que "una clase social no puede hacerse cargo por si sola de todo el porvenir de la sociedad irani"'.
ción y los "enchufes" facilitados a sus servidores más afanosos, la exigencia de tal depuración y de la apertura de los libros de cuentas va a adquirir sin duda un carácter masivo.
Pero el control obrero también se verá favorecido por las propias características de la industrialización iraní. Financiados a golpe de petrodólares, en el marco de la "revolución blanca", los secto: industriales más avanzados Irán dependen totalmente la tecnología occidental i
Aunque hasta ahora grandes multinacionales hayan decidido una política del "todo o nad ni proceder, con Cuba o el Chile de Allen a un verdadero bloqueo ei nómico de Irán, la salida / país de 90.000 de los 100.0 (1) expertos extranjeros o aunque sólo sea para obeder a las órdenes de Jomeini torno a la reanudación de producción, formas especifi de autoorranización obr para relanzar y controlar producción en varias deces de empresas del país.
De este modo, toda t calse podrá tomar concien de su fuerza y de su funci y desmentir en los hechos social no puede hacerse ca por si sola de todo el porve de la sociedad irani"