El PSUC al borde del estallido
Por su formación y por su historia el
PSUC constituye un caso atípico entre la gran familia de los PC de la Europa Occidental. Sometido a un proceso de "bolchevización" tardío, bien entrada la década de los 40, su desarrollo y su propia configuración a lo largo del franquismo, han hecho del PSUC una especie microcosmos concentrado de todas las tendencias que recorren a la corriente comunista "oficial"
en Europa. Sacudido, con el affaire Comorera (1) por la lucha contra el "titismo",
muy pronto el "policentrismo" de Togliatti causaría furor entre las filas de los dirigentes del PSUC llevándolo a definir una eurocomunismo lettre" que le permitiría en los años 60 constituir una fuerte área de influencia entre la intelectualidad catalana. Esta influencia no estuvo en absoluto desligada de un trabajo sobre la problemática nacional de Catalunya - que constituye aún hoy uno de los datos más positivos del PSUC, pese a su orientación reformista- que permitió un cierto nivel de participación de la clase obrera, incluyendo a los sectores procedentes de la inmigración, en la lucha política por el reconocimiento de los derechos nacionales del pueblo de Catalunya. Sin embargo todo no es, ni mucho menos, un camino de rosas. La orientación política fundamental del PSUC desde su fundación se ha basado en la búsqueda de colaboración política con la burguesía. No es en absoluto casual que la práctica de la antigua Unió Socialista de Catalunya (USC), una de las componentes esenciales de la formación del PSUC en el año 1936, estuviera desde siempre ligada a la colaboración de la histórica Esquerra Republicana de Catalunya, mayoritaria en la Generalitat de la época. La trayectoria del PSUC durante la guerra civil es suficientemente conocida por las lectoras y lectores de Inprecor; su orientación durante los primeros años de la postguerra se basaba en los mismos principios de búsqueda de la Unidad Nacional, para pasar ya al inicio de los años 60 a la defensa de la política de "reconociliación nacional"
Con todo, el PSUC consiguió — como señala L. Espuny en la entrevista que publicamos a continuación — una real implantación en el conjunto de la sociedad catalana, logrando pesar decisivamente en la reconstrucción del movimiento obrero en Catalunya. De algún modo, tal como eurocomunistas de pro como Jordi Borja señalan (2), el PSUC se encuentra confrontado a una doble identidad, producto de su incidencia en dos sectores sociales distintos: la clase obrera catalana, fuertemente penetrada por la inmigración de otras nacionalidades y regiones del estado español; y, por otra parte entre la intelectualidad y los sectores profesionales, nacionalista. De hecho pues, el PSUC consiguió hasta el inicio de la transición política en 1976, contener en su seno a la base obrera "clásica'' de un partido de masas de matriz estalinista, junto con sectores que tradicionalmente han estado más próximos causas de ello hay que buscarlas no sólo en la tradición de la resistencia antifranquista, en la que el PSUC jugó un papel destacado, sino también en la influencia de la radicalización nacional en Catalunya y en la capacidad del PSUC de ofrecer respuestas políticas a esta realidad, aunque estas distaran mucho de ofrecer soluciones radicales.
Con la transición política las realidades se transformaron. La práctica sistemática del consenso y de los pactos carrera hacia la derechización emprendida por la dirección del PCE y la del PSUC, su participación -en el caso del PSUC- en una suerte de gobierno de "unidad nacional"' como era el de la Generalitat provisional (3) y, más aún, la responsabilidad en los gobiernos municipales primeras elecciones a ese nivel de abril de 1979, junto con los socialistas en todo el estado, pero en Catalunya también Convergència i Unió (4), producirían un
El PSUC pasó de ser un modelo de "partido eurocomunista", las propuestas de la dirección carrillista del PCE, a convertirse en la punta de lanza de una revuelta de la base obrera que pugna por encontrar un camino a la izquierda. El lugar del Vº Congreso
Es todo esto lo que salta en el V° Congreso. Celebrado a comienzos de enero de este año, el Congreso resultó en una auténtica rebelión de la base y de buen número de cuadros obreros del PSUC contra las orientaciones de la dirección eurocomunista. Sin la existencia de ningún tipo, no organización previa, sino ni tan siquiera de coordinación, la mayoría de los delegados emprendieron un cierto ajuste de cuentas con la orientación política de la disubstanciales a los proyectos de resolución, aunque estas modificaciones tuvieran, en la inmensa mayoría de los casos, una formulación en negativo; es decir, sin ofrecer una alternativa política en positivo, cosa imposible por otra parte dada la compartimentación del debate. El error de la corriente de izquierda ganadora del Congreso, error que expresa a la vez su escasa maduración política, fue ofrecer la dirección a los líderes de la corriente intermedia, conocida como
, pero que no supone otra cosa que el intento de construir una especie. de "eurocomunismo de la crisis"; corriente intermedia que bien pronto asumiría los criterios políticos del eurocomunismo, sin
La corriente que se reclama de los resultados del V° Congreso, que eurocomunistas y medios de comunicación se empenan falsamente en denominar "prosoviéticos' o "afgana"', es heterogénea. Su proceso de arranca de una valoración en negativo de la política desarrollada por el período inmediatamente anterior al Congreso, en especial, de una valoración muy negativa de los Pactos de la
Moncloa y de la política de concentración nacional. En su seno esta corriente recoge a la mayoría de militantes del cinturón industrial de Barcelona, de las comarcas industriales de Tarragona y tiene también una cierta fuerza en Lleida. Su peso en la CONC
Catalunya (Comisiones obreras de Catalunya) es altamente significativo y es esta una de las rasindical a la firma del ANE. Sus debilidades aparecen orgánicamente a dos niveles; en cuadros políticos de que disponen - lo que sin ninguna duda responde a la escasa o nula preocupación de la dirección de su partido en este terreno- y en su escaso peso en el interior de las grandes empresas como SEAT, Pegaso, etc. con la excepción quizá de Siemens y Roca.
Hemos hablado de su heterogeneidad. Esta encuentra su base en las dificultades para articular una política alternativa en el marco de un debate interno de medidas represivas a las que responder. Pese a todo, el proceso de maduración política de la corriente no ha hecho más que empezar, y en este sentido las declaraciones de L. Espuny son reveladoras del nivel alcanzado por el conjunto de la corriente en económica y algunas cuestiones de política general, y, sobre todo, de la dirección de ese proceso de maduración política en la búsqueda muchas veces instintiva, de una política de independencia de clase.
Ello no significa que los marxistas revolucionarios en Catalunya desacuerdos con esta corriente, evidentes en temas internacionales en las que la voluntad de resistencia deriva hacia una posición "bloquista"' muy alejada de la que toma la dirección
By que estos existen igualmente sobre la concepción general de la construcción del Partido Revolucionario.
Pero al mismo tiempo su posición abierta a la colaboración práctica, e incluso más allá, a la búsqueda de un proceso de convergencia con fuerzas revolucionarias exteriores al PSUC como el Moviment Comunista de Catalunya y nuestro propio partido, resulta extremadamente positiva. La situación actual: ¿ Hacia la ruptura?
Desde la salida misma del V° Congreso la dirección de! PSUC inició un proceso de "normalización" que pretendía pura y simplemente liquidar los aspectos progresivos del Congreso y, al mismo tiempo, laminar la corriente mayoritaria. A nivel político, el intento de golpe del 23 de febrero fue la primera ocasión para recuperar la vieja política de unidad nacional y, partiendo de aquí, preparar una Conferencia del partido que, con la excusa de "resolver las contradicciones del Congreso" fuese la ocasión de recuperar el eurocomunismo rechazado en el Congreso. A nivel organizativo, se destituye a Pere Ardiaca como presidente del PSUC y se inicia un proceso represivo contra Comités pasa a pág. 3
viene de pág 39 comarcales y agrupaciones de base con el objetivo de debilitar a la corriente de izquierdas.
Sin embargo, las • contradicciones continuan operando, y los frutos de este proceso de "normalización" no son otros que exacerbar la polarización interna provocar una auténtica sangría de militantes, lo que conduce a un debilitamiento de los "leninistas" de la dirección y a forjar una especie de mayoría "euro-leninista" encargada de dirigir, ya sin concesiones, en proceso interno.
El CC celebrado el pasado 7 y 8 de noviembre, es la expresión más clara de esa alianza. Se decide convocar un Congreso Extraordinario del PSUC con el objetivo explícito de recuperar oficialmente la coherencia eurocomunista, y se adoptan unos criterios de representación para ese Congreso claramente distintos de las normas -de carácter democrático- que presidieron el V° Congreso. Los 24 miembros del CC pertenecientes a corriente crítica se ven obligados a votar contra de esa rsolución, a pesar de estar a favor de un Congreso Extraordinario con el objetivo de resolver la contradicción entre la política del V° Congreso y la dirección actual. Este mismo CC da un plazo de 15 días a dos de los comités comarcales más
EL
importantes del PSUC, el del Baix Llobregat y él del Vallés Occidental, para acatar las decisiones del Ejecutivo, o en caso contrario se les amenaza con la disolución. Muñiz y Ramos, miembros del Ejecutivo son también amenazados con la destitución de sus cargos en la dirección, en tanto que dirigentes del Baix Llobregat, uno de los puntos fuertes de la corriente crítica.
Explícitamente para la mayoría de la dirección del PSUC, el Congreso Extraordinario (previsto para marzo del 82) aparece como el instrumento más adecuado para operar la ruptura con la corriente crítica.
Así, la crisis del PSUC - que constituye un aspecto específico de la crisis que arrastra el propio PCE- está creando ya una nueva situación entre la vanguardia en Catalunya. Sin ella sería difícil entender la envergadura de la contestación al ANE o el propio peso de la campaña contra la OTAN
La cuestión, el desafío estriba en saber si la desembocadura de esa crisis va suponer un nuevo debilitamiento del movimiento obrero, un aumento de la desmoralización entre sectores de vanguardia, o si, por el contrario, puede abrir un proceso de remodelación de las fuerzas políticas que redunde en un fortalecimiento de los revolucionarios de la vanguardia comunista.
El debate político y la colaboración práctica ya iniciados con esa corriente y las fuerzas revolucionarias organizadas en su exterior, son hoy el mejor de los instrumentos para responder, positivamente a la cuestión. Joan Font pag. 36 Barcelona, 15 de noviembre de 1981