Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Irán

La crisis iraní, tras la caída de Bani Sadr

· Inprecor n.º 24, septiembre de 1981 · pp. 36-40 · 4.818 palabras

La ofensiva represiva amenaza las conquistas de las masas iraníes

•L fracaso de la "Revolución blan• ca" que pretendía convertir a iran, • antes de finales de siglo, en el Japon de la Asia anterior; las contradicciones ecoinsuperables, provocadas por una industrialización basada en la capitalización de la renta petrolera y en el refuerzo de la dependencia con respecto a las metrópolis imperialistas, fueron el telón de fondo del estallido de la tercera

Al lanzarse a la calle, frente a las balas de los soldados de la monarquía Pahlavi, las masas iraníes no sólo querían derribar un régimen odiado y comprometido, a sus ojos, con el imperialismo, sino cambiar también las condiciones materiales de su existencia cotidiana. La profundidad de la crisis económica

La incapacidad de la República Islámica, dos años después de su acceso al poder, para resolver todos los grandes problemas planteados por el subdesarrollo y a dependencia del país, la exarcebación de la crisis económica provocada por el bloqueo imperialista y después por la guerra con Irak, alimentan la creciente ruptura de las masas con un régimen que les parece cada vez menos capaz de "cambiar su vida".

La inflación, según las cifras dadas por el banco central iraní, fue del 56% en los últimos tres años, con una clara tendencia a aumentar. El doctor Mohsen Nurbaksh, que sucedió en la dirección del banco central a Ali Reza Nowbari, próximo a Bani Sadr, admitió que la inflación en el año actual alcanzaría el 30%. De hecho, la inflación afecta sobre todo a los bienes alimenticios y los productos de primera necesidad. El precio de estos se ha dobiado o triplicado, en algunos casos, durante los últimos meses.

En el sector agrario, pese al aumento de los precios, la producción ha descendido desde el comienzo de la revolución. Las importaciones de trigo han pasado de 426.000 toneladas en 1978-79, a 2 millones en 198081. Las importaciones de alimentos representaron la mitad de los 11.400 millones de dólares de importaciones realizadas durante el año pasado, según la administración de aduanas iraní.

En el sector industrial, la situación apenas es mejor. Pese al esfuerzo bélico, la industria sólo trabaja como máximo al 40% de su capacidad productiva de antes de la revolución. Si la construcción, en lo que se refiere a las pequeñas casas unifamiliares, fundamentalmente en las ciudades de proha mejorado ligeramente, la parte fundamental de las grandes obras, que representaban una buena parte del empleo, siguen paralizadas. En total, el PNB ha descendido en un 30% desde el comienzo de la

Según las estimaciones oficiales, el paro afecta a entre 2,5 y 4 millones de personas, sin incluir a los refugiados —más de un millón— que ha causado la guerra. ¿Se debe la crisis únicamente al fardo de la guerra? Los gastos bélicos —que incluyen los subsidios a los refugiados, pero también el precio de la guerra en el Kurdistán— ascienden a cerca de un millón de dólares al mes, de los que 400 millones se destinan a la compra de armas y piezas de recambio (a través de Corea del Norte, Libia y también la RFA). Las importaciones afectadas por el boicot imperialista, y que ahora entran a través de Dubai y los emiratos del Golfo Pérsico u otros países terceros, se han encarecido en un 25%.

En opinión de los dirigentes del Partido Republicano Islámico (PRI), la crisis economica se debe en gran medida a la disminución de los ingresos del petróleo y a sus consecuencias, dado el peso del Estado en la economía del país. Justo antes de la revolución, el Estado irani realizaba directamente cerca del 50% de las inversiones industriales. Hoy en día tiene que llevar encima la carga de varios centenares de empresas que fueron nacionalizadas o pasaron bajo el control del Estado tras la huida de los inversores extranjeros o de los taghutis iraníes. Los empleados —de una manera u otra— en el sector público ascienden a 1,5 millones de personas, para una población activa no agrícola de 7,5 millones de trabaLas medidas económicas del régimen

Pero el argumento es de doble filo: si el Estado iraní tiene tanta importancia económica, si además está dirigido por un único partido, que al mismo tiempo dirige el gobierno, dispone de una amplísima mayoría en el Parlamento y controla directamente, a traves de los hombres que ha colocado,

Michel Rovere tanto las fundaciones más grandes —como la fundación de los desheredados— como los bancos y las industrias nacionalizadas, entonces se puede juzgar de viso cuál es la orientación de la política económica.

Una cosa es reconocer las dificultades objetivas, que vienen del pasado o surgen en la situación actual. Pero hay que examinar también el sentido general de las medidas políticas y económicas que se han tomado, y de las que son responsables en exclusiva los dirigentes de la República Islámica. El examen es harto revelador:

•Mientras que desde hace un año y medio proliferan los desórdenes agrarios y las ocupaciones de tierras, el PRI se niega en el Parlamento y en el gobierno a aplicar el famoso artículo 3 de la Ley de Reforma Agraria, que prevé la posibilidad del reparto de tierras.

•Lo mismo sucede con un decreto, previsto desde enero de 1980, que contempla la creación de un monopolio del comercio exterior. La feroz oposición del bazar y de sus representantes en el PRI mantiene bloqueado el proyecto que prevé conceder el monopolio a nueve centrales de compra.

•Como corolario de esta decisión de no nacionalizar el comercio exterior está la decisión de mantener la paridad del rial y del dólar al nivel de 75 riales por un dólar, mientras que con la inflación que existe en Irán, lo normal habría sido reajustar la paridad sobre la base de 100 riales por un dólar. El Estado iraní, que es el principal exportador (en particular porque el petróleo representaba el año pasado el 95% de los ingresos de divisas), y cuyo presupuesto (en riales) depende fundamentalmente de los ingresos petroleros (pagados en dólares o sobre la base de una "cesta" de divisas fuertes), podría recuperarse con ello. El alza de determinados productos importados estimularía asimismo su sustitución a plazo fijo gracias al desarrollo de la industria iraní.

Pero lo que le parecería razonable y de sentido común a cualquier economista burgués "desarrollista", es demasiado osado para los dirigentes actuales de la República Islámica. Es cierto que la devaluación habría perjudicado al gran bazar de la importación-exportación, que se beneficia ampliamente de ese rial sobrevalorado Incluso el ingeniero Sahabi, próximo al "liberal" Bazargan, ha denunciado los exorbitantes beneficios de los bazaris: un billón

Página 37

200 millones de riales el año pasado, es decir, tres veces más que el año más fasto bajo el sha. Estos beneficios representan un poco menos de la mitad del presupuesto del Estado el año pasado.

En cambio, las recientes medidas económicas que han adoptado el gobierno y el Parlamento tienen, eso sí, un sentido más preciso, que no es ni el de una mayor independencia con 'respecto al imperialismo ni la satisfacción de las necesidades de las masas iranies.

El primer aspecto de estas medidas afecta a las relaciones con el imperialismo. Para relanzar la economía iraní, el gobierno actual pretende relanzar la producción petrolera y trata de normalizar sus relaciones con determinados inversores extranjeros cuyos bienes habían sido nacionaliza-

La cantidad de petróleo exportado se consideraba desde hacía tiempo como el barómetro de la dependencia económica del país con respecto al extranjero. Así, los proyectos gubernamentales de pasar de un nivel de 700.000 a 1.000.000 de barriles diarios a 2,5 millones de barriles han suscitado una inquietud legítima en torno a la política económica del régimen, ante la ausencia de un verdadero plan de lucha contra la dependencia económica. Máxime cuando se han concluido o están en trance de concluirse acuerdos o negociaciones comerciales con los antiguos socios imperia-.

Así, el gobierno iraní anunció en julio de 1981 que estaba dispuesto a entablar negociaciones con los bancos occidentales cuyos haberes habían sido nacionalizados en Irán, con miras a indemnizarlos. Asimismo ha tomado contacto con los trusts farmacéuticos alemanes Hoechst, Bayer, etc., que participaban en proyectos en Irán, para indem-

Este intento de normalización parcial de determinadas potencias imperialistas (Fran-

—cuyo comercio con Irán se duplicó en 1980-81 en comparación con el año anterior-, la RFA y Japón) les ha permitido a los "liberales", y en particular a Bani Sadr, atacar al PRI por la incoherencia económica de su "antiimperialismo". El debate sobre el aumento de las exportaciones petroleras y la firma de contratos con empresas extranjeras ha estado en el origen de las polémicas más arduas entre el Una ofensiva contra las conquistas obreras

El segundo aspecto de esta política económica es el de una vigorosa ofensiva de austeridad, que apunta sobre todo a las conquistas de los trabajadores iraníes. Mientras se intensifica la represión en Irán, el nuevo gobernador del banco central, Mohsen Nurbaksh explica al muy burgués Financial Times que «aunque no sea un mocontrol de la masa monetaria».

Esto significa ante todo, en las condiciones actuales de la economía iraní, reducir el déficit presupuestario de forma drástica. Mientras que este déficit alcanzó el año pasado 11.400 millones de dólares (y los gastos de la guerra de Irak sólo afectaron a la mitad del año fiscal iraní, que va de marzo a marzo), el proyecto de presupuesto del gobierno para 1981-82 preveía el equili-

Además de multiplicar por cuatro las exportaciones actuales de petróleo (pues no parece que sea previsible un nuevo aumento iraní pretendía asegurar el equilibrio mediante fuertes recortes en los presupuestos de desarrollo, un aumento importante de los impuestos (del orden del 30%) y la rentabilización del sector público y nacionalizado, con todo lo que esto significa de bloqueo de salarios o incluso despidos.

La puesta en práctica de estos proyectos económicos significaría evidentemente un nuevo enfrentamiento con la clase obrera iraní, que no ha sufrido aún ninguna derrota importante. Pero ya hace varios meses que los capitalistas iraníes y el gobierno multiplican las escaramuzas y sondean la sivio con particular claridad cuando estalló la guerra agresión irakí, que los trabajadores identificaron con un intento de derrocar el régimen

República Islámica, suscitó una importante movilización combativa y política en las empresas: en numerosas fabricas, los trabajadores, para hacer frente a la guerra de agresión y a las amenazas de contrarrevolución, se movilizaron, se organizaron para controlar la producción, exigir un entrenamiento militar en el lugar de trabajo, en algunos casos controlar los precios de los productos alimenticios racionados en los gobierno cedió un poco (con la organización del entrenamiento militar), para eludir la cuestión principal: el armamento masivo de la población que exigían espontáneamente los trabajadores para defender "su revolución". Pero al mismo tiempo, los patronos y el gobierno (y se trataba en este caso de una política aplicada tanto por Bani Sadr como por el PRI) aprovecharon el clima de patriotismo y de unión nacional que creó la guerra para intentar rebajar las conquistas de los trabajadores. En algunas fábricas se ha aumentado la jornada de trabajo, pasando de 10 a 12 horas. En muchos casos se ha suprimido el descanso del jueves por la tarde. No sólo se han bloqueado los

Irán salarios, sino que encima se ha impuesto por decreto un "donativo", deducido del salario, para los combatientes del frente.o para los refugiados.

Hay que decir que durante algún tiempo, la clase obrera aceptó de buen grado estos sacrificios económicos. Un desengaño creciente

Pero los trabajadores se han dado cuenta muy pronto que han sido ellos los que estaban pagando la guerra y la crisis económica: a pesar de las declaraciones oficiales, el mercado negro seguía floreciendo. No se concretaba ningún plan de reconversión industrial para responder a las esperanzas de que esta guerra podría ser el medio para romper definitivamente con el im-

Y sobre todo, el gobierno no se dotaba de los medios para poner fin a la guerra. Al contrario, los combates volvían a estallar en el Kurdistán, cuando la resistencia kurda había propuesto al régimen de Teherán combatir junto a él al invasor irakí, a cambio de que se le reconociera un régimen de autonomía y el derecho a conservar sus armas. Al negarse a armar masivamente a los trabajadores, Bani Sadr por un lado y el PRI por otro intentaban aprovechar como fuera la guerra para reforzar su propio dispositivo en el seno del aparato de Estado. Uno apoyándose en la jerarquía militar del antiguo ejército imperial, los otros en el refuerzo de los cuerpos de pasdars (especie de milicias islámicas).

Este desengaño creciente con respecto al régimen era evidente a partir de diciembre de 1980. En la primavera de 1981 se manifestó en una serie de movilizaciones sociales, incluso en huelgas, particularmente cuando el Parlamento decidió anular la distribución para el Año Nuevo iraní (21 de marzo) de las primas institucionalizadas en tiempos del sha, so pretexto de que los obreros participan en los beneficios de las empresas... Estas primas representan a menudo más del salario de un mes.

Se produjeron otras huelgas (papelera de Pars, conductores de autobuses de Ispahan, compañía de electricidad de Teherán, fábrica de calzado Kafch Melli, fábrica de automóviles Iran National etc.), para obtener aumentos de salarios o el reconocimiento de los órganos de representación obrera (shoras, delegados).

Pero estos movimientos reivindicativos de la clase obrera fueron parciales, limitados. Además del fardo de la guerra —«no se puede hacer huelga sin debilitar el frente» es un argumento que sienten en particular los trabajadores del petróleo, trabajan a unos cuantos kilómetros de los cañones irakíes— y las maniobras de intimidación del régimen, influye también el retraso en la construcción de un

Página 38

movimiento obrero organizado nacional único, la debilidad de las tradiciones de lucha económica del proletariado iraní y la ausencia de una alternativa política clara.

su vez, el gobierno y los patronos emplearon toda una serie de métodos para contener, limitar o sofocar esta renaciente agitación obrera: despidos y detenciones selectivas de los trabajadores más activos y destacados, utilización de la guerra y del paro como instrumento de presión, ampliación de las prerrogativas concedidas a las Anyomeh Eslami (Asociaciones Islámicas) en las empresas, a expensas de los shoras, política sistemática de división de los shoras con criterios ideológicos y, a veces, intervención de bandas de matones para impedır

Todo ello explica por qué el creciente desengaño con respecto al régimen no ha desembocado aún en luchas sociales de gran amplitud y ha sido capitalizado en parte por los mudyahedines, cuando no ha sido aprovechado por Bani Sadr en beneficio propio. de los mudyahedines

En el mes de diciembre, y hasta marzo de 1981, Bani Sadr reunía a centenares de miles de personas en sus mitines, tanto en Teherán como en la provincia. Y su popularidad se derivaba menos del papel contestable y contestado que pudo desempeñar durante la guerra, que del hecho de que haya criticado cada vez más abiertamente la incode la política económica del régimen y sobre todo los ataques a las libertades democráticas (prohibición de partidos, restablecimiento de la llamada "ley del

, prohibición de periódicos, monopolio del PRI sobre los medios de comunicación, etc.).

Pero es sobre todo la organización 'islámica progresista" de los Mudyahedines del

Pueblo la que ha capitalizado el creciente descontento, en particular entre la juventud. Los mitines de la campaña presidencial de Massud Madyavi, en 1980, habían permitido ya probar el impacto de esta organización, que goza de un importante apoyo gracias a su pasado heróico de resistencia frente al sha y de su afirmación islámica.

Los mudyahedines capitalizaron igualmente el apoyo incondicional prestado por los estalinistas del partido Tudeh al régimen, así como la adhesión de la mayoría de los fedayines a los dirigentes del PRI. Sus relaciones con el régimen han sido contradictorias. Aunque disponían de importantes puntos de apoyo, aunque minoritarios, en el seno de la jerarquía chiíta (el ayatola

Taleghani, el jeque Ali Tehrani), se negaron a devolver, las enormes cantidades de armas de que disponían tras la insurrección de febrero de 1979.

Si bien apoyaron la ocupación de la embajada norteamericana, el apoyo que prestaron luego al movimiento de las nacio nalidades, en particular a los kurdos, fue el factor determinante de su eliminación de la carrera a la presidencia, y más tarde de los ataques de que fueron objeto, en particular cerraron las universidades. Al estallar la guerra con Irak, participaron valientemente en la organización de la defensa en el Jusestán cuando se inició el avance

Ultimamente, su periódico Modyahed, que no es legal, tenía una tirada de 200.000 ejemplares. Desde comienzos del año 1981, han concludido un acuerdo de unidad de acción con el Partido Democrático del Kur-

(PDKI). La popularidad mudyahedines se debe también al hecho de que, dejando aparte los movimientos de las nacionalidades, desde hace un año son las principales víctimas de la represión, sobre todo tras el cierre de las universidades.

Los ataques perpetrados por los matones organizados por el PRI, a menudo con la directa y la ayuda de los pasdars, contra sus locales o reuniones, los atentados individuales contra sus militantes y simpatizantes conocidos se han saldado en un año, antes de-los enfrentamientos de junio de 1981, con más de una cincuentena de muertos y varios centenares de heridos en las filas de los mudyahedines: En una carta dirigida a Jomeini, el 2 de mayo de 1981, los mudyahedines explicaban, para protestar contra la suerte que corrían: «nos permitimos señalar que nuestras desgracias son fundamentalmente las mismas que las de amplias capas de la Nación. Una nación que siente cada día más que le faltan las cosas más elementales, así como los principios y las ideas que lo menos cabía esperar de la revolución es que fueran puestas en práctica. El pueblo se da cuenta de las tierras, al igual que las riquezas y los privilegios, permanecen intactos, sin ser compartidos. Las libertades no existen y en cuanto a la lucha contra el imperialismo, el Estado no ha cumplido su tarea en lo que a él le afecta. Esta situación se deriva en primer lugar y ante todo de esta amarga verdad: mientras que según sus propias palabras, todo el mundo' hizo la revolución, sus frutos han sido recogidos por un único grupo que intenta controlar la totalidad de los mecomunicación para justificar su acción a golpes de propaganda...».

Y habla de la carestía de la vida, del paro, democráticas, del billón 200 millones de riales de beneficio del bazar, los miles de millones de dólares «que corresponden a los desheredados y que caen en manos de pretendidos acreedores, personas corrompidas o de los americanos», antes de solicitar una entrevista con Jomeini para «dar a luz soluciones, generar la comprensión nacional, resucitar la esperanza de un acuerdo pacifico y por consiguiente suprimir los desórde-

Este es el contexto general de la lucha fraccional que ha estallado en las cúspides de la República Islámica.

No cabe duda que es criticable el apoyo que han prestado los mudyahedines a agrupamientos o personalidades burguesas, en primer lugar a Bani Sadr, presentados como "mal menor". Cabe temer también que sus referencias ideológicas, y sobre todo su orientación populista, así como sus tradiciones prácticas, después de haberlos llevado a subestimar las tareas específicas de reconstrucción de un movimiento obrero organizado, unitario y centralizado, les impulsan a utilizar formas sustituistas de enfrentamientos armados con el poder.

Todo esto hipoteca evidentemente el futuro de la revolución iraní. Así lo explicaba la resolución adoptada por el Secretariado Unificado de la IVa Internacional en julio de 1980: «En los combates del porvenir, en torno a los problemas que afectan a sus intereses inmediatos, las masas trabajadoras desbordarán repetidamente a la dirección Jomeini, enfrentándose a ella más o menos directamente, se dotarán de sus propios instrumentos de combate (shoras, comités, milicias). Precisamente en el transcurso de estos desbordamientos y a causa del creciente descontento popular, fuerzas como los mudyahedines y los fedayines, han podido reforzar su audiencia y su implantación. Sin embargo, si no existe ura dirección proletaria alternativa, las masas seguirán presas, a pesar de todo, y en el plano político, de las soluciones que no rompen, en última instancia, con la colaboración de clases». La traición de los estalinistas

Pero el análisis que hacen los estalinistas del partido Tudeh y sus compadres los fedayines "mayoritarios" de los actuales enfrentamientos como la simple oposición de un ala "antiimperialista radical" (el PRI y Jomeini) frente a los sectores "liberales" y proimperialistas de la burguesía iraní, encarnados por Bani Sadr, es una simple y pura falsificación.

Fieles a la concepción estalino-menchevique de la revolución por etapas y a la teoría bujarinista del "bloque de las cuatro clases", , el Tudeh y los fedayines "mayoritarios" explican que en Irán la lucha contra el imperialismo es la prioridad del momento, y que todo lo demás (opresión de las nacionalidades, ataques a las libertades; bloqueos de la Reforma Agraria, represión antiobrera) no son más que "contradicciones secundarias". No casualidad que en el pasado mes de enero, Mardom, periódico del Tudeh, escribiera, para criticar la actividad de los mudyahedines, que su acción era similar a la de los izquierdistas chilenos, «que contribuyeron

Página 39

así al derrocamiento del régimen popular de Allende».

Y el secretario general del partido Tudeh, Nuredin Kianuri, ha explicado ya, después de la reciente ilegalización de Mardom hasta donde están dispuestos los estalinistas a llevar su política: «incluso si se ilegalizara nuestra organización y se persiguiera a nuestros militantes, nosotros seguiriamos defendiendo la línea del imán Jomeini, que consiste en combatir al imperialismo y a sus agentes locales, los "liberales" los "maoístas". Nuestra postura al respecto no se basa ni en consideraciones partidistas ni en maniobras tácticas. Nuestro apoyo a la revolución es de carácter estratégico».

Esta declaración merece figurar en una antología de la traición estalinista, al lado de las declaraciones similares que hicieron en su tiempo los PC iraki, egipcio o sudanés. Y apostamos a que el "apoyo de carácter estratégico" tiene algo que ver con los intereses de la diplomacia soviética en la región...

Nuredin Kianuri aún ha rizado el rizo después de las ejecuciones en serie. En unas declaraciones a la agencia AFP, el dirigente del partido estalinista, tras registrar con satisfacción «los avances (realizados por el régimen) de una tendencia a normalizar las relaciones con los países socialistas», afirma (¿lapso burocrático?) que Bani Sadr y el dirigente de los mudyahedines, Massud Radyavi, debían ser «encerrados en un hospital psiquiátrico». Aprobando las ejecuciones, declara: «Los dirigentes de los grupos contrarrevolucionarios son asesinos y merecen la pena de muerte». En cuanto a los «jóvenes, aturdidos por la propaganda de los mudyahedines, deberían ser reeducados en campos de trabajo».

Los marxistas revolucionarios hacen la

Centre la burguesía de un país oprimido y la de un país opresor, incluso cuando la primera emprende concretamente la vía de la contrarrevolución. Aún hoy no adoptaríamos una actitud neutralista, pacifista o derrotista en caso de agresión de cualquier potencia imperialista contra el régimen de la Repúblíca Islámica. Pero de ahí no deducimos que la burguesía nacional o una de sus fracciones, sea más progresista ni más revolucionaria que la burguesía de un país no colonial en un período de revoludemocrática. El yugo colonial no confiere un carácter revolucionario a la burguesía nacional, a uno de sus componentes o a sus representantes políticos. El imperialismo, la burguesía y la contrarrevolución

Como explicaba la resolución del Secretariado Unificado de la IVª Internacional, citada, sobre la situación iraní: «Independientemente de las luchas que ha desarrollado contra el sha y de sus posiciones actuales en los enfrentamientos con el norteamericano, dientemente de los enfrentamientos entre fracciones de la jerarquía chiíta y sectores de la burguesía, la dirección Jomeini, a causa de los lazos que mantiene con sectores del capital nacional (el gran bazar), a causa de los recursos económicos de la jerarquía chiita, entre otros los bienes inmobiliarios, a causa del contenido económico, social y político de su programa, a causa de los vínculos que mantiene con tal o cual sector del imperialismo (Europa, Japón), y a causa de su papel en el mantenimiento del aparato de estado, cumple la función de una dirección burguesa».

La lección de todas las revoluciones coloempezando por las revoluciones victoriosas (China, Cuba), es que ninguna burguesía nacional se ha colocado jamás en un punto "equidistante" entre el imperialismo y las masas explotadas y oprimidas de su propio país, o razón, se ha encontrado más cerca de 'sus' trabajadores y de 'sus' campobres que de las potencias

Como explicaba Trotsky, «la cuestión de la naturaleza y de la política de la burguesía viene determinada por toda la estructura interna de las clases en las naciones que desarrolla la lucha revolucionaria, por la época histórica en que se produce esta lucha, por política y militar que ata a la burguesía indígena al imperialismo mundial en conjunto, o a una parte del mismo, y principalmente por el grado de actividad de clase del proletariado indigena y por el grado de vinculación con el movimiento revolucionario internacional. Una revolución pueden permitirle a la burguesía ampliar sus posibilidades de explotación. La intervención autónoma del proletariado en la arena de la revolución amenaza con quitár-

El PRI no ha entablado la batalla contra

Bani Sadr para poder luchar mejor contra el imperialismo (ya hemos visto en detalle su política económica). Tampoco lo ha hecho por razones puramente cas", para materializar al Estado teocrático

(aunque el Islam sea el argumento moral con que cubre su acción y la legislación represiva). Los enfrentamientos interburgueses que se han producido en Irán reflejan de manera deformada el choque de intereses de las clases fundamentales.

"Existen países oprimidos", escribía

Lenin en las tesis sobre la cuestión nacional y colonial, adoptadas por el Il Congreso de la Internacional Comunistas, en 1920, «dos movimientos que cada día se separan más:

el primero es el movimiento burgués democrático y racionalista, que tiene un progra-.

ma de independencia política y de orden

Irán burgués; el otro es el de los campesinos y obreros, ignorantes y pobres, que luchan por liberarse de toda clase de explotación. El primero trata de dirigir al segundo, y a menudo lo ha conseguido, hasta cierto pun1o. Pero la Internacional Comunista y los partidos miembros deben combatir esta tendencia de desarrollar entre las masas obreras y de las colonias el sentimiento de que pertenecen a una clase independiente».

El PRI se ha lanzado con tanta brutalidad tanto contra Bani Sadr como contra su oposición de izquierda precisamente para dar una solución capitalista a la crisis económica y para relanzar la acumulación, liquidar el movimiento de las nacionalidades oprimidas, contener y sofocar el empuje de los obreros de los campesinos pobres y de los jóvenes. A medida que crece la desconfianza popular hacia él, al PRI le resultaba cada vez más vital controlar totalmente el aparato de Estado. Esto tampoco excluye la posibilidad de nuevos "virajes" tácticos, frente a Irak o al imperialismo. Pero hay que comprender que el margen de maniobra general de los dirigentes de la República Islámica, y por tanto de las maniobras que pueden intentar hacer, se ha estrechado. La intervención personal de Jomeini

Dos hechos lo subrayan: el "consenso" la "unión nacional" de que han sacado provecho los dirigentes de la República Islámica, tras la guerra con Irak, finalmente duró muy poco, en comparación con lo que ocurrió tras la ocupación de la embajada • norteamericana de Teherán.

Esto explica también por qué el PRI, contrariamente a lo que sucedió cuando la

Frente Nacional

Democrático de Matin Daftary en agosto de

1979 o la eliminación de Bazargan en noviembre de 1979, tuvo que recurrir a la intervención directa y personal de Jomeini para ganarle la partida a vida o muerte a

Bani Sadr. Fue el prestigio de que aún goza

Jomeini en amplias capas populares, o el arma disuasoria que constituye para algunos sectores de la burguesía y del aparato de

Estado, lo que hizo que finalmente la balanza se inclinara a favor del PRI.

Esto no dejará de tener consecuencias en el futuro, pues señala un cambio en la capacidad de Jomeini para desempeñar un papel bonapartista análogo al que ejerció entre las distintas alas del clero, entre las diversas fracciones de la burguesía o incluso, en parte, entre las clases fundamentales de la sociedad iraní. Máxime cuando el centro de gravedad del poder, en el seno del PRI, se ha desplazado en dirección a las tendencias más "integristas", simbolizadas por hombres como Jafari, Hassan

(organizadores del ataque contra las univer-

Página 40

sidades el año pasado) o Navabi, próximo a los Mudyahedin e Islam, un grupo paramilitar comparable al de los Hermanos Musul manes.

Independientemente de las cortinas de humo que constituyen los apoyos de que disponen unos o las alianzas que realizan los otros, los anuncian la proximidad de un choque frontal y abierto y brutal entre la revolución últimos y la contrarrevolución en Irán.

acontecimientos