Comienza una nueva e
L asumir la consigna "la emanci-
A
pación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos", los obreros polacos han hecho tambalearse a la casta burocrática y han puesto a temblar a todos los secuaces de la estabilidad en Europa.
Hace más de dos meses, la clase obrera empezó a movilizarse para rechazar una decisión del gobierno de aumentar los precios de los bienes alimenciticios. Los trabajadores obtuvieron rápidamente aumentos sustanciales de los salarios. Las primeras victorias incrementaron su confianza en sus propias fuerzas. Aquellos combates les permitieron dar un salto adelante en su organización. Apoyándose en estos avances, plantearon a continuación reivindicaciones que van bastante más alla de la cuestión del precio de la carne. Ponen en tela de juicio el poder de la casta burocrática. El sistema burocrático golpeado en el corazón
Los obreros de los astilleros de Gdansk abrieron la válvula, y surgió todo el potencial de la clase obrera —los trabajadores manuales constituyen más del 49% de la población. Surge asi un impetuoso movimiento obrero independiente. Es la primera vez que esto se produce en las "democracias populares". Es un acontecimiento de alcance histórico.
De hecho, desde 1970, y de forma más acelerada, desde 1976, los trabajadores polacos han ido reuniendo sus fuerzas en las fábricas, en los puestos de trabajo. Desde la explosión de Junio de 1976, ha habido muchas movilizaciones, y las reivindicacio-
Than adquirido mayor precisión, orientándose hacia la formación de órganos autónomos de los trabajadores en las empresas.
Todo este proceso molecular da a luz ahora sus frutos. La circulación de un periódico como Robotnik (El Obrero) contribuyó a establecer lazos, aunque tenues, entre las múltiples experiencias de lucha, de organización, de los distintos grupos de trabajadores que afinaban sus reivindicaciones y sus prácticas de lucha. Hoy en día, la acción de los trabajadores de Gdansk, de Szczecin, de Wroclaw, de Nowa Huta (ace rías), de Ursus (fábrica de tractores), el carácter preciso de sus reivindicaciones y las modalidades y el grado de su autoorganización, golpean en el corazón al sistema de dominación de la burocracia. En efecto, y sobre todo, la supervivencia de esta capa de privilegiados depende de su capacidad de mantener la despolitización y la fragmentación de las masas trabajadoras como de frenar su actividad. La represión, el monopolio burocrático sobre la información, el control estricto de instituciones como los sindicatos, el régimen de partido único, la
Polonia Por vez primera surge en los países del Este un movimiento obrero independiente. organización de todas las esferas de la vida social y política —lo que Kuron y Modzelewski llamaban "la organización de la desorganización"— constituye el arsenal de la burocracia para impedir todo renacer de la acción y de la organización de los trabajadores.
Sin embargo, las experiencias de lucha acumuladas que permitieron forjar poco a poco una capa de trabajadores aguerridos y capaces de aprovechar los eslabones débiles del régimen —así como la profundiudad de la crisis económica, con sus repercusiones en la dirección burocrática— crearon las condiciones para empezar a superar los obstáculos levantados por la burocracia.
Las reivindicaciones de creación de un sindicato libre e independiente y de abolición de la censura —retomadas por todos los comités de huelga- constituyen un atentado intolerable a los privilegios burocráticos, de los que dependen muchos otros, materiales, que se concede esta casta. Por esta razón, Gierek se mostró de entrada dispuesto a hacer muchas concesiones en el plano material —incluso a levantar una estatua en honor de los "elementos provocadores y antisociales" que su policía asesinó en 1970— pero no a aceptar un sindicato efectivamente libre e independiente. Los trabajadores asociados y la gestión económica
Basándose en los conocimientos adquiridos en las empresas y después de sacar las lecciones de las múltiples promesas de los
Charles-André UDRY Gomulka, Gierek y Babiuch, los trabajadores señalan cuál es la raíz de la crisis: el régimen burocrático —comprenden que "las malas opciones económicas" que tiene que reconocer el gobierno cada vez que la clase obrera levanta la voz son el producto inevitable de una gestión burocrática, es decir, de una planificación cuyo impulso viene dado por la combinación (a veces contradictoria) de los intereses de una capa privilegiada de managers y de las necesidades de los que controlan un aparato de Estado con el que se identifica el aparato del partido. Esta gestión no puede sino aumentar las distorsiones y los despilfarros de toda clase, a los que se añaden las presiones del mercado mundial y los efectos de la recesión de las economías capitalistas.
No obstante, en una economía en que todos los principales medios de producción son propiedad del Estado, donde su apropiación privada está prohibida por la Constitución, donde el Estado dispone de un monopolio exterior y dónde existe un sistema de planificación centralizado, no puede existir un funcionamiento óptimo de la economía sino en la medida en que exista un control democrático por los trabajadores asociados sobre la planificación, la producción y la distribución. Esto es lo que instintivamente los trabajadores polacos cuando declaran: "Los sindicatos deben poder discutir en cada empresa sobre los planes de producción. Es el único algunos errores catastróficos, como aquella nueva fábrica de elementos prefabricados para construcción, que se quiere construir aquí, en cuando las dos primeras funcionan sino en un 30 ó 40% de su capa-
No cabe duda de que los más conscientes • de los trabajadores, después de haberse visto sometidos durante años al chantaje de las dificultades económicas, han percibido la precariedad de los aumentos salariales o incluso de la escala móvil. Para hacer frente a la crisis crónica, deben disponer de un instrumento propio, no sólo adecuado para intereses materiales, sino también para hacer valer sus derechos, sus opciones, a nivel económico: un sindicato libre e independiente, la posibilidad de comunicarse entre ellos y de dar a conocer particularmente en torno a los grandes de política económica y las opciones fundamentales que ésta implica.
Frente a la crisis, la burocracia ha dado una respuesta diametralmente opuesta a la de los trabjadores: estos últimos deben trabajar más, aumentar su disciplina, aceptar los sacrificios "necesarios para Polonia... de los Gierek, Babiuch y Jiagelski.
La oposición entre los dos tipos de respuesta a la crisis traza la línea de división que separa la Polonia de hoy: por un lado, minoritaria, parásita, que pretende representar a los trabajadores, cuando los ha expropiado de todos sus derechos políticos y ha destruido sus organizaciones independientes. Por otro, el proletariado, cuyo refuerzo cuantitativo, la elevación del nivel de cualificación y cultural, lo convierten en candidato a la gestión económica y social del país, y cuya acción actual muestra a la vez la voluntad y la capacidad para cumplir esta tarea. Esta es la verdadera Polonia. No son las falsas perspectivas dadas por losespejos deformadores de la ideología católica o de los discursos reformistas del grupo "Experiencia y Porvenir" etc., que dividen actualmente a Polonia. La cuestión del poder
Una vez más, el ascenso obrero en Polonia señala que todo recuerdo del movimiento obrero, toda acción organizada de la clase obrera, va en el sentido de la instauración de una democracia socialista, es decir, de un régimen en que el poder político está en manos del proletariado porque se ejerce por medio de Consejos obreros y populares elegidos democráticamente, en los que puedan expresarse todas las posiciones (lo que implica un sistema pluripartidista y la libertad de prensa y de reunión), donde la planificación sea sometida a las opciones estratégicas y al control democrático de los trabajadores.
La democracia directa y de masas que preside la organización de la huelga, los comienzos de coordinación entre diversos MKS (Comités de Huelga Interempresas), la discusión de una prensa obrera hecha por los huelguistas, las reivindicaciones propias de los trabajadores, su voluntad de preservar el útil de trabajo, etc., todo estos indica que la dinámica de fondo de un movimiento de esta amplitud va en la dirección de esta democracia socialista. Pero la instauración de este régimen implica la liquidación de la dominación burocrática, el derrocamiento de la casta en el poder y el paso del poder político y económico a manos de los trabajadores. El enfrentamiento actual en Polonia pone a la orden del día esta cuestión, la de la Revolución política.
Esto es lo que hace palidecer a los Gierek y a los Rakowski. Esto es lo que suscita una poderosa crisis en las cúspides del aparato del POUP. Esto es lo que estimula los descontentos, las peticiones y las rehabilitaciones en las filas del partido. Esto es lo que empuja a la burocracia de la iglesia a apresurarse a prestar su apoyo a la del partido. (L 'Humanité no se ha equivocado. Ha dado la palabra en sus columnas al cardenal primado de Polonia y no al MKS).
Es por esto también que los 'expertos intelectuales' han propiciado moderación, no pudiendo ni queriendo responder al problema del poder. También es por esto que los Schmidt, Giscard y Carter han hecho saber al primer secretario del POUP que estaban dispuestos a ayudarle, "por razones políticas" , como subrayó el canciller alemán. Es por esto también que los bancos occidentales han concedido nuevos y generosos créditos al régimen de Gierek.
Este ascenso obrero, al igual que los acontecimientos de la primavera de Praga en 1968, pone objetivamente a la orden del día la necesidad de un congreso de los comités de trabajadores, que sería palanca para la centralización, la acción y la voluntad obrera, y constituiría la primera respuesta a la cuestión crucial del poder.
A justo título, los trabajadores declaran que la incapacidad del gobierno alimenta la crisis. Este gobierno no cuenta con el apoyo de las masas. ¿Acaso no declara el propio
La solidaridad internacional es necesaria para contrarrestar el peso de la amenaza de intervención del "gran hermano"
Polonia Gierek que los "lazos del partido con la clase obrera se han visto profundamente trastocados"? Entonces ¿qué es más lógico que los trabajadores den a conocer, después de discutirlas, sus soluciones, para escapar a la trampa de la crisis? ¿Acaso no es el instrumento más adecuado para ello la elección de delegados obreros de fábricas y de comités de barrio para un Congreso que discuta las diversas soluciones propuestas por todas las corrientes de opinión?.
La vanguardia obrera en Polonia, hoy o mañana, tendrá que elaborar su respuesta a esta cuestión del poder. Renunciar a ello sería permitirle a la burocracia, independientemente de los subterfugios que busque, los compromisos y las retiradas, reales pero momentáneas, de imponer finalmente su solución a las masas trabajadoras. Sacar provecho de una relación de fuerzas favorable
De momento los trabajadores tienen la iniciativa. Han logrado que se reconozca al MKS, después han obtenido sustanciales concesiones en muchos terrenos, particularmente el del reconocimiento de su derecho a formar sindicatos autónomos autogestionados. Cuanto más se prolongue tal situación, cuantos más lazos se establezcan entre las de Gdansk, de Szczecin, los de Nowa Huta y de las minas de Silesia, cuanto más se amplien las grietas en el sistema del monopolio de la información, tanto más aumentarán las posibilidades de una maduración de la conciencia política de un importante sector de trabajadores. Es esto lo que temen más que nada todas las fracciones de la burocracia. Lo han intentado todo y jamás renunciarán a mantener la fragmentación movimiento: la detención de los miembros de KOR, para evitar que puedan desempeñar un papel de centralización entre los diversos focos de lucha, respondía a esta función. La burocracia polaca tratará de limitar las concesiones a un marco institucional lo más controlable posible, y esto se verificará cuando los proyectos de legislación sindiucal entren en la orden del día de la Dieta. Si acepta conceder el "máximo posible" para obtener la rápida normalización, se dedicará inmediatamente a organizar la contraofensiva para el futuro, que podría entremezclar, como ya ha sucedido en el pasado, la corrupción, los intentos de división y finalmente la represión contra los sectores irreductibles del movimiento.
Esto no significa que los trabajadores no puedan sacar provehco, para organizar sus fuerzas, de este compromiso inestable que ha terminado con el primer enfrentamiento, que es una primera base en la lucha de conjunto emprendida por la clase obrera
La amenaza de intervención militar del Kremlin, utilizada hasta el último día de las negociaciones, ha pesado sin duda y continuará haciéndolo, entre todos los huelguistas, entre todos los trabajadores polacos, pese a que haya resultado incapaz de paralizar su capacidad de iniciativa (lo que es una lección muy importante para todos los trabajadores populares"). Gierek y todas las corrientes de la burocracia seguirán utilizando esta "amenaza" —ă la que más de uno cedería último recurso para sobrevivir-, para incrementar la presión masas. El nerviosismo expresado por las burocracias "hermanas" (la Pravda declara la guerra a los "elementos antisocialistas y contrarrevolucionarios infiltrados entre los trabajadores", Scinteia, el órgano del PC rumano, ataca violentamente el recurso a la huelga, Rude Pravo, órgano del PC checoslovaco, exige a las comisiones obreras checoslovacas ser bastante más sensibles a las reivindicaciones de la base), no puede sino aumentar el peso de la amenaza de intervención de los "tanques amigos".
Para levantar esta plancha de plomo que pesa sobre las espaldas de los obreros de Gdansk, la ayuda más eficaz sería el surgimiento de la actividad de masas en otras "democracias populares". Pero en el de solidaridad amplio, particularmente en Europa capitalista, sigue siendo un apoyo indispensable y el que mejor puede concretarse. Obligar con múltiples iniciativas a los partidos obreros y sindicatos que dirigen —particularmente los PC o corrientes de los PC— a participar en un frente único para esta solidaridad proletaria e internacionalista constituye la primera tarea de los marxistas revolucionarios. Es lo que hace y seguirá haciendo la IV Internacional.