Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Perú

Después de las elecciones

· Inprecor n.º 16, septiembre de 1980 · pp. 35-37 · 2.702 palabras

Un primer balance de las elecciones

Perú U na victoria inesperada —y cuya amplitud ha superado todas las previsiones—, la de Acción Popular (AP) y de su candidato, el expresidente Beláunde Terry (que obtuvo el 43% de los votos); grave derrota la de la APRA (que apenas supera el 25%); retroceso de la izquierda, en su conjunto, que sumará entre el 15 y el 20%, según se trate de los votos para elegir presidente, diputados o senadores.

Estos son los datos fundamentales de las elecciones generales en el Perú, que ponen fin a doce años de dictadura militar y significan el retorno a un "régimen civil" . Es cierto que cuando escribimos este comentario, apenas se han escrutado más de la mitad de las papeletas de voto, y esta tardanza lleva en sí todo un fraude, que no por sutil es menos masivo: el mecanismo de voto —había que elegir al futuro presidente y a sus dos vicepresidentes, a los futuros senadores y diputados, todos ellos a escoger entre una quincena de candidaturas y a menudo algunas listas adicionales a nivel local— era extremadamente complejo.

invalidaciones "defecto de forma" de las papeletas fueran muy numerosas (parecen haber alcanzado cerca del 20% de los votos emitidos), y penalizan a los sectores más desfavorecidos de la población. En los barrios obreros, los jóvenes y determinadas rurales, donde generalmente la izquierda está más implantada, el porcentaje de papeletas anuladas supera ampliamente esta media nacional.

Teniendo en cuenta este factor, podemos analizar el voto del 18 de mayo y sus consecuencias, y determinar los grandes rasgos de la nueva situación política que se abre en el Perú.

Un ascenso frustrado

Si bien el conjunto de las características de la situación apenas ha cambiado en los últimos tres años (ver INPRECOR n° 14), la coyuntura social en que se han desarrollado estas elecciones era bastante distinta de la que rodeó las elecciones a la Constituyente en 1978.

En aquel entonces asistíamos a un importante ascenso de la movilización de masas, cuyas organizaciones representativas (sindicatos, partidos de izquierda, organizarevolucionarias) encabezaban lucha por el derrocamiento de la dictadura. En mayo de 1978, por ejemplo, poco antes de aquellas elecciones y cuando ya había comenzado la campaña electoral, tuvo lugar una de las grandes huelgas generales nacionales que caracterizaron aquel período.

Tras las elecciones a la Asamblea Consti-

By estimulado por realizados por el conjunto de la izquierda y en particular por las fuerzas revolucionarias, agrupadas en el FOCEP y la UDP, este ascenso siguió manifestándose en numerosas luchas, especialmente la de los enseñantes y la huelga de los mineros.

Pero la política sistemática de división que practicaban los aparatos reformistas —particularmente el de la CGTP, la principal central obrera, controlada por el PC-, reforzada en la práctica por el sectarismo de los maoístas, condujo al aislamiento de estas luchas, que frente a la intransigencia de la dictadura se saldaron con semi-derrotas en el mejor de los casos.

La repetición de este esquema ha ido quebrando progresivamente, de hecho, aquel ascenso, a partir de finales de 1978, sin que pueda hablarse sin embargo, de una derrota

Jean Pierre BEAUVAIS del movimiento obrero.

En 1979 y los primeros meses de 1980 hubo numerosas luchas; la huelga, de varias semanas de duración, de los empleados municipales de Lima, que se saldó con el asesinato de cuatro huelguistas, y que convirtió la capital peruana en un inmenso vertedero durante las jornadas electorales, fue la más reciente.

Pero estas luchas permanecieron aisladas, sin perspectiva real de generalización, y pese al alto grado de combatividad, han permanecido globalmente a un nivel defensivo, frente a los efectos de la política de austeridad aplicada por el equipo económico del ministro Silva Ruete, encargado de llevar a la práctica las orientaciones dictadas por el FMI.

Esta nueva situación se tradujo al terreno político: si durante el período anterior, de ascenso de la movilización, la clase obrera y sus organizaciones encabezaban la lucha contra la dictadura —uno de los factores que permitieron caracterizar la situación peruana de entonces como de prerrevolucionaria-, ahora ya no se daba el caso.

Paralelamente, sacando provecho de esta situación y agravándola, empezaron operar los mecanismos de transferencia del régimen militar al régimen civil, a partir de los acuerdos del APRA con los militares —y subsidiariamente con el PC—. El contexto electoral de mayo de 1980 es el resultado de este proceso, que se desarrolló muy paulatinamente.

El primer signo revelador fue, en el fondo, el fracaso de la ARI. Nadie, exceptuando a algunos sectarios empedernidos, puede negar hoy que el proceso unitario que llevó a la formación de la Alianza Revolucionaria de Izquierda (ver INPRECOR n° 13) respondía a una esperanza y a una

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América Latina voluntad unitaria de amplios sectores de las masas peruanas. La desilusión, y a veces incluso la desmoralización, de algunos de estos sectores, tras la ruptura de la ARI, es, por desgracia, la confirmación en negativo. Desilusión de la que ha sabido aprovecharse Belaúnde Terry, al centrar su campaña en el "voto útil"

Pero esta esperanza y esta voluntad unitaria, confusa, que quería ver en la izquierda una alternativa concreta a la dictadura, se nutría más de la experiencia pasada que de la situacion presente: la ARI, proyecto unitario, no pudo afirmarse sobre una base de luchas y movilizaciones en curso, que le habrían dado su verdadero contenido, su verdadera dinámica.

De este modo pasó a ser determinante el peso de los conflictos entre los aparatos políticos y de las tradiciones sectarias, creando un terreno propicio para la ofensiva destructiva de los "maoístas ortodoxos" de UNIR, que al principio habían aceptado la ARI con los brazos abiertos y que finalmente no pudieron decidirse a hacer la campaña tras el trotskista Hugo Blanco y con una línea de independencia de clase. La atomización de las fuerzas de la izquierda en cinco candidaturas distintas acentuó su repliegue como alternativa a la dictadura y favoreció la deserción de los votos potenciales de una candidatura unitaria de la izquierda a favor de Belaúnde. ¿Porqué Belaúnde, porqué no la APRA?

¡Porqué no favoreció esta situación a la APRA? Es decir, al partido burgués mejor estructurado y que disponía de una base popular, sin duda en declive, pero aún muy importante, que no vaciló en hablar un lenguaje demagógico y llamar a la "izquierda responsable", durante toda la primera parte de la campaña, para capitalizar esta atomización, que gozaba del apoyo abierto de la socialdemocracia internacional y que había sido escogido por buena parte de la jerarquía militar como su sucesor?

El fracaso del APRA tienen que ver con la última de estas bazas aparentemente a su favor: la APRA era para todo el mundo el partido favorito de los ilitares, el partido que colaboró abiertamente, desde hace años, con la dictadura —en particular dentro de la Constituyente-, para organizar, en beneficio propio, pero según las modalidades impuestas por los militares, la transferencia hacia un régimen civil.

Si bien votar por la APRA no significaba, evidentemente, votar por los militares, votar contra la APRA significaba acabar de una vez por todas con este régimen y con toda voluntad de su continuación a través de un gobierno.civil. La habilidad de

Belaúnde y de sus consejeros fue la de comprender esto y sacar las conclusiones pertinentes de cara a la campaña. Para ello, Belaúnde tenía dos bazas:

•en primer lugar, el hecho de ser el prestdente civil que había sido derribado por el golpe militar de 1968, que llevó a los militares al poder y del que resultó la dictadura

•el hecho de no haber participado, ni él ni su partido, en la elección y en los trabajos de la Constituyente, es decir, de no haber colaborado con los militares en el marco de aquella (lo que, dicho sea de paso, no impidió una colaboración tan real como

A partir de ahí le fue fácil presentarse como el candidato burgués más democrático; el más opuesto a los militares, y al combinar esto con la idea del "voto útil" capitalizar en buena parte los votos de los que se oponían a los militares y a su dicta-

RI voto para Belaúnde es ante todo un voto contra la dictadura, contra los militares y, por extensión, contra la APRA. Hay aún otros factores que se han combinado para reducir el voto obtenido por la APRA. Las divisiones internas de esta debilitaron su campaña y minaron la credibilidad de su candidato, Armando Villanueva.

El año pasado tras la muerte de Haya de la Torre, Villanueva supo apoderarse de la dirección del partido y hacerse nombrar su candidato a la presidencia. Pero no por ello logró asentar realmente su autoridad en el conjunto del partido, y particularmente

"dirigentes históricos" Uno de estos, Townsend, jefe de fila de la oposición a Villanueva, y a sus métodos autoritarios, era el candidato a la vicepresidencia un candidato que no hizo campaña, ostensiblemente, apostando de hecho por la derrota de Villanueva.

Además de no aparecer como el candidade toda la APRA, este último se encontró aún con otro handicap. Expresión debilitada del aparato central de la organización, usó y abusó de sus métodos tradicionales de violencia para tratar de imponer sus autoridad. Los pistoleros de la APRA, cuya brutalidad y violencia son legendarias, no dejaron de manifestarse durante toda la campaña frente a la oposición interna de la

APRA y frente a los miembros de otros partidos, particularmente de la izquierda, ofreciendo así una degustación de lo que podrían haber sido los métodos de un gobierno APRA.

El rechazo de la APRA es también el rechazo de estos métodos violentos por importantes sectores de la pequeña burguesía y de la clase obrera, como demuestra la escasez de votos que obtuvo en Lima.

Después de las elecciones, muchos han hablado de una derrota histórica de la

APRA, del final de la APRA. Esto es precipitarse un poco. La APRA ha perdido mucha audiencia en sus bastiones tradicionales del norte del país, y ha fracasado en su intento de ampliar su base electoral, particularmente en Lima. Dividida y sin una dirección reconocida por el conjunto de sus militantes, no por ello deja de ser la principal organización burguesa del Perú, la más estructurada y la única que tiene un arraigo popular aún sólido y es capaz de alimentar a las distintas organizaciones de masas (juveniles y sindicales, particularmente)

En la oposición, la APRA intentará fuerzas. El resultado aún está por ver. No cabe duda que con la muerte de Haya de la Torre y esta derrota electoral se ha vuelto una página de la historia de la APRA, pero ésta seguirá siendo, en el periodo que se abre, un factor de primer orden en la vida ejemplos del Argentina o boliviano, pese a su estallido, muestran cómo este tipo de organizaciones son capaces, gracias a su vieja influencia de masas y al peso de su aparato, de sobrevivir durante mucho tiempo, por mucho que su papel histórico esté a todas luces acabado. La situación de las fuerzas de izquierda

Dentro de la izquierda, los perdedores son el Partido Comunista y el Partido Socialista Revolucionario (el parti-

"generales progresisdos partidos, elecciones a la Constituyente sumaron cerca del 12,5% de los votos— presentándose por separado—, se habían agrupado esta vez en una coalición (Unidad de la Izquierda) que apenas ha obtenido el 2%.

Si bien la personalidad del candidato a la presidencia, el general Leónidas Rodríguez, uno de los hombres que simbolizan los primeros años de la dictadura, desfavoreció a la Unidad de la Izquierda, más profundas que explican este rotundo fracaso, que por sí solo representa el 75% del retroceso que ha dado el conjunto de la

Este fracaso revela el rechazo y el final de una corriente política de tipo 'reformista estructurarse en el marco del PSR y reivindicándose de la política y de las "conquistas" de la primera fase del régimen militar, bajo los auspicios del general Velasco Alva-

Pero este fracaso revela también, y sobre todo, el rechazo por la base del PC, y por la de la CGTP que aquel controla, de la política de alianza de la dirección de este partido con aquella corriente. Esta fue presentada como un modelo de alianza con sectores burgueses "progresistas", como la concreción en el contexto peruano de una necesaria política de colaboración de clases, es esta perspectiva la que han rechazado masivamente los electores

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tradicionales del PC, y en primer lugar la base obrera de la CGTP.

Es este un dato nuevo cuyas repercusiones en la CGTP no dejarán de ser de calibre; al PC le resultará más difícil que antes mantener su control burocrático sobre el Máxime cuando un análisis detallado del escrutinio revela que, si bien algunos de los electores tradicionales del PC han votado "útil" a favor de Belaúnde, la gran mayoría de ellos han votado por UNIR, la UDP y el PRT, y sobre todo por este último, a juzgar por los excelentes resultados obtenidos por obreros, particularmente en Lima.

A esta derrota del PC hay que añadir el (apenas más del 1%). Más allá del descrédito en que cayó el personaje —el simbolo por excelencia de la pequeña maniobra política— y numerosos candidatos locales de dudoso pasado, es el reflejo del rechazo de una operación destinada, con la complicidad de la dictadura, a utilizar la autoridad adquirida por el FOCEP -simbolo de la independencia de clase en las elecciones a la Constituyente— al servicio de una política reformista confusa. Este pobre resultado marca el fin de las ambiciones de Ledesma y del proyecto de construir una corriente "reformista de izquierda" independiente.

El análisis de los votos obtenidos por la

UNIR (cerca del 4%), la UDP (3%) y del PRT (cerca del 4%) figura en la declaración del PRT que reproducimos más abajo. Añadiremos observaciones. El lugar ocupado por estos tres sectores revela la nueva relación de fuerzas en el seno de la izquierda peruana. Los trotskistas, las corrientes centristas (UDP) y los maoístas (UNIR) son globalmente muy mayoritarios en el seno de ésta.

Este es otro aspecto de la derrota del PC. Más allá de la orientación abiertamente favorable a la colaboración de clases que defiende la UNIR, y de las confusiones de la UDP al respecto, el voto por estas organizaciones es a todas luces cualitativamente distinto de un voto por el PC. Es un voto que casi siempre expresa —pese a los compromisos programéticos y estratégicos que han llevado a algunos a caer en la trampa del voto útil— la voluntad de una alternati-

También resulta significativo que en este marco las listas de nuestros camaradas del PRT sean las primeras del conjunto de la izquierda, aunque casi en pie de igualdad con las de la UNIR.

Pese a todas las dificultades que tuvo que superar, el PRT pudo desarrollar una intensa campaña sobre bases políticas claras, particularmente en lo que se refiere al combate por la independencia de clase, cuya importancia decisiva han vuelto a demostrar estas elecciones.

América Latina

El número de votos obtenidos, su calidad -el elevado porcentaje en numerosos barrios obreros (hasta el 15%) y en las zonas con una vieja tradición de lucha, como en el sur del país (hasta el 20%), la audiencia nacional conquistada y la amplia periferia organizada demuestran, como dice Hugo Blanco, que "son muy numerosos los que han escuchado y comprendido nuestra propaganda en torno al 'poder de los trabajadores', sin patrones ni generales, y lo han expresado mediante un voto de clase claro".. Otro aspecto del balance del PRT en esta campaña es evidentemente la elección de cinco parlamentarios: tres de ellos (Hugo Blanco, Hipólito Enríquez y Emeterio Tacuri) son dirigentes del PRT, y los otros dos (Ricardo Napuri y Enrique Fernández) pertenecen al POMR y al PST, respectivamente.

Partiendo de estas conquistas y de su concreción en el desarrollo y el refuerzo cualitativo del PRT, nuestros camaradas peruanos serán capaces de desempeñar un papel decisivo en las movilizaciones futuras y en el proceso de recomposición que conocerá inevitablemente la izquierda, tanto a nivel sindical como político.

Tendrán más posibilidades de impulsar el combate por la unidad y la independencia de clase política de los trabajadores peruanos, cuya urgencia necesidad imperiosa han demostrado de nuevo estas elecciones. M