boliviano y la amenaza
Bolivia
La crisis del régimen
de golpe de estado
I golpe de Estado de agosto de 1971 en Bolivia inauguró ocho años de dictadura militar que iban a ser el periodo de la reacción más negra que haya conocido el movimiento obrero boliviano desde hacía un siglo. La llegada al poder del general Banzer puso un punto final sangriento a la crisis prerrevolucionaria de 1970-71, e inauguró una serie de derrotas del movimiento de masas a escala de todo el continente latinoamericano.
En 1973 vino el golpe de Estado militar en Uruguay, y después de derrocamiento sangriendo de la Unidad Popular en Chile. Tras el giro a la derecha de la dictadura militar peruana en 1975, el golpe de Estado de los militares argentinos, en 1976, contra el régimen de Isabel Perón, fue el apogeo de la ofensiva contrarrevolucionaria emprendida en toda la región por el imperialismo y las burguesías locales.
Ahora, con el resurgir de las luchas obreras de masas en Brasil y en el Perú, y recientemente en Bolivia, la crisis de las dictaduras militares ilustra la nueva fase de ascenso de las luchas de masas en América Latina, cuyos puntos culminantes han sido, hasta ahora, el derrocamiento de la dictadura somocista en Nicaragua y la apertura de la crisis revolucionaria en El Salvador.
En enero de 1978, el desgaste político de la dictadura militar boliviana, su incapacidad para resolver la crisis económica, agravada aun más por la crisis internacional, desembocarían en un proceso de "apertura democrática" —limitada e inestable-. En efecto, esta "'apertura democrática" no iba a comportar la estabilización del sistema de dominación burguesa.
Al contrario: mientras que los partidos burgueses, a la sombra de los militares, seguían desgarrandose entre sí en torno a las soluciones políticas, económicas y sociales a dar la crisis, el proceso de "apertura democrática", por muy limitado y contradictorio que fuera, le permitiría al movimiento obrero reconstruir sus organizacio-
America Latina nes y desarrollar sus experiencias a un nivel más alto.
El congreso de la Central Obrera Boliviana (COB), en mayo de 1979, y posteriormente la huelga general que desencadenó en de 1979, contra los fraudes agosto ocurridos en las elecciones de julio, iban a marcar la vuelta del movimiento obrero boliviano a la escena política.
En noviembre de 1979, todo un sector de las fuerzas armadas bolivianas (que jamás han sido depuradas durante los quince meses -desde agosto de 1978 hasta noviembre de 1979— en que se sucedieron nueve presidentes, siete de ellos militares, al frente del Estado boliviano), decidió, bajo el mando del coronel Natusch, interrumpir el proceso de "apertura democrática" y establecer una dictadura copiada de los modelos imperantes en el Cono Sur. La respuesta, si bien tímida en lo que respecta a la dirección de la COB, desembocaría entonces en una verdadera insurrección popular de masas que finalmente haría fracasar los proyectos de los golpistas.
El papel central que desempeña actualmente la COB para el movimiento obrero boliviano, pese a las tendencias de su dirección al compromiso y a la conciliación con sectores de la burguesía y del aparato de Estado, ilustra las características del nuevo ascenso del movimiento de masas en América Latina, descritas en la resolución adoptada por el XI Congreso Mundial de la IV Internacional, el pasado mes de noviembre.
Demuestra el papel clave desempeñado por el proletariado industrial (y en este caso minero), que se ha reforzado cuantitativamente como consecuencia de los cambios estructurales, del proceso e industrialización y de urbanización que ha conocido el último decenio.
Demuestra también la voluntad política de unidad e independencia de sectores de masa del movimiento obrero. A través del debate en torno a las candidaturas obreras patrocinadas por la COB para las próximas elecciones legislativas bolivianas, yemos resurgir el mismo tipo de preocupación que han impulsado a sectores enteros del movimiento obrero brasileño a lanzarse a construir un Partido de los Trabajadores, o que explican el impacto que tuvo la campaña del FOCEP en las elecciones a la Constituyente peruana, en junio-julio de 1979, y la presión unitaria de masas que condujo a la formación de la ARI en enero de este año, en el Perú (ver INPRECOR n° 13 y 14).
La preparación abierta, por parte de la derecha y de sectores del ejército boliviano, de un nuevo golpe de Estado, subraya la importancia que reviste la necesidad de combinar las tareas de construcción y de refuerzo del partido marxista revolucionario para la clase obrera boliviana, que incluye una política inteligente de agrupamientos y fusiones.
America Latina
El plan anticrisis de la COB