Ante las elecciones
Perú del 18 de Mayo
OS once candidatos burgueses a la Presidencia de la República po/ nen en evidencia la crisis politica, la crisis de dirección de la burguesía peruana tras doce años de dictadura militar. Pero la profundidad de la crisis -más allá de la proliferación de candidatos, algunos de los cuales sólo representan intereses todo en la actual situación interna de las dos grandes fuerzas políticas de la burguesía: APRA y Acción Popular (AP).
Sólo a ultimísima hora han sido capaces estos dos grandes partidos de inscribir oficialmente a sus candidatos presidenciales (a la presidencia y a las dos vicepresidencias), y sus listas de candidatos a diputados y senadores. La elaboración de estas listas ha revelado y exacerbado los conflictos internos entre distintas corrientes, camarillas y caudillos con intereses divergentes.
En el seno de APRA, por ejemplo, en las últimas semanas no han dejado de producirse auténticas batallas campales y ajustes de cuentas físicos entre los partidarios de Armando Villanueva -candidato a la presidencia y descolorido sucesor de Haya de la Torre en la dirección del partido - y los de Townsend, que finalmente ha sido designado candidato a la primera vicepresidencia.
En cuanto a AP, si bien aparentemente las cosas han sucedido en el ambiente más sigiloso de una clásica agrupación de notables, tan sólo tras largas semanas de concilábulos, declaraciones contradictorias, conferencias de prensa anuladas en último momento, Belaúnde Terry, antiguo presidente de la república depuesto por los militares en 1968 y nuevo candidato, ha sido capaz de dar a conocer el nombre de sus compañeros de lista para las dos vicepresidencias y la lista de sus candidatos al Parlamento.
En ambos casos, los militares. han ejercido numerosas presiones para que se resolvieran los conflictos, no dudando en intervenir más o menos abiertamente, dando a conocer sus preferencias en cuanto a la selección de ciertos candidatos.
Los militares, y con ellos el imperialismo
J.P. BEAUVAIS y sectores cada vez más numerosos de la burguesía, temen que esta proliferación de candidaturas, conbinada con la crisis interna de las principales formaciones burguesas, desemboque en una situación "a la boliviana" tras las elecciones, es decir, en una situación de inestabilidad como la que conoce Bolivia desde las elecciones del año pasado. ¿Hacia un gobierno civil débil?
Según la ley electoral, no puede
América Latina proclamarse presidente electo ningún candidato que haya obtenido menos del 36% de los votos emitidos. En tal caso, será el Parlamento el que tendrá que elegir al Presidente y a sus adjuntos. ¿Obtendrá uno de los principales candidatos burgueses, Villanueva o Belaúnde, ese 36%? Nada es menos seguro en el contexto actual.
En la hipótesis de una elección en el Parlamento, ¿podrá formarse una mayoría coherente para elegir a un candidato que disponga de autoridad suficiente y de margen de maniobra para gobernar con "eficacia" al servicio de los intereses de la burguesia peruana en su conjunto? El hecho de que estos interrogantes no sólo se planteen hoy en día, sino que además estén en el centro de todas las preocupaciones de las clases poseedoras, demuestra que los planes de la
-en gran parte ya
El proceso lento y tortuoso iniciado hace cuatro años, para volver a un régimen civil estable apoyado ante todo en la APRA y lo que queda de su audiencia en sectores de las masas peruanas, hasta ahora sólo ha servido para prolongar la vida del régimen militar. Pero no ha permitido en absoluto que empiece a resolverse la crisis de dirección política de la burguesía. Los militares, que habían tomado el poder en 1968
América Latino detener los efectos disgregantes de esta crisis, han contribuido de hecho a agravarla en sus doce años de régimen dictatorial.
Esta situación es a su entender tanto más grave, cuanto que el retorno a un régimen civil era una respuesta al creciente aislamiento de la dictadura, ante la proliferación y la radicalización de las movilizaciones de las masas explotadas del Perú, víctimas de la grave crisis económica por que atraviesa situación, gracias sobre todo al aumento de los precios, en el mercado mundial, de exporta tradicionalmente (cobre, plata), los factores que están en la raíz de esta crisis siguen intactos e incluso se han visto agravados por la crisis mundial del capitalismo. El poder adquisitivo de los asalariados ha descendido en un 35% en el transcurso de los últimos cinco años, según varias estadísticas oficiales coincidentes, y pese a los discursos electorales rebosantes de demagogia, ninguno de los candidatos burgueses propone una política económica significativamente distinta de la del régimen actual, dictada por los expertos del Fondo Monetario Internacional.
Un gobierno civil débil y sin mucha autoridad, no apoyado en una sólida mayoría parlamentaria, incapaz de canalizar o hacer frente "seriamente" a las movilizaciones de masas, que se mantienen a un nivel alto en este periodo electoral, esta es la perspectiva que aparece en la confusión y el caos pre-
Era un objetivo diametralmente opuesto el que se habían fijado los militares cuando decidieron planificar su retorno a los cuarteles. Aunque de momento la mayoría del ejército siga siendo favorable a esta perspectiva, proliferan los signos de un refuerzo de las tendencias militares más reaccionarias, favorables al mantenimiento de la dictadura —o a un golpe de Estado, cuando los civiles, divididos, demuestren su incapacidad para gobernar.
Este contexto ha influido profundamente en la agravación de las divisiones en el seno de la izquierda, y particularmente en la ruptura de la Unidad de la Izquierda (UI). Ruptura de la "Unidad de la Izquierda"
La Ul era el frente electoral formado por el Partido Comunista Peruano (Unidad), mayoritario en la dirección de la CGTP, la central sindical más representativa del Perú; el Partido Socialista Revolucionario, una formación burguesa que agrupa sobre todo a antiguos generales favorables a la política de reformas desarrollada durante los primeros años de la dictadura; y un sector minoritario del FOCEP, que rompió con la línea de independencia de clase de este último y que está dirigido por Genaro Ledesma. El candidato a la presidencia de este frente era
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En las elecciones a la Constituyente, el FO CEP. con Hugo Blanco a la cabeza, consi guió 12 escaños precisamente Ledesma.
Pocos días antes de la fecha tope para presentar las candidaturas, este frente se ha roto, oficialmente a causa de una discrepancia en torno a la proporción de candidatos del FOCEP — Ledesma por un lado, y el PCP y PSR por otro. Más allá de las peri. pecias y los insultos mutuos recogidos con complacencia por la prensa burguesa, una cosa es cierta: ha sido el PCP el que ha tomado brutalmente la iniciativa de la ruptura. La razón aducida es que Ledesma y sus amigos, que según el PCP "representaban realmente poca cosa", tenían demasiado apetito en términos de escaños parlamentarios.
Pero la auténtica razón es mucho más política. Frente a la evidente agravación de la crisis de dirección burguesa, la Unidad de la Izquierda, ese frente de colaboración de clases a nivel de su programa y de su comsignificativo a muy corto plazo, pese a ser minoritario. Concretamente, se trata de responder a los llamamientos de la APRA y de su candidato, Villanueva, que se dice ahora abierto a una colaboración con la izquierda "responsablc". Caso de que el Presidente deba ser elegido en el Parlamento, el PCP, aunque oficialmente no se haya definido en torno a la cuestión, está dispuesto a dar sus votos a la APRA, al igual que el PSR, máxime cuando la APRA está a favor de importantes comerciales firmados entre la dictadura y la
Ledesma, pese a su oportunismo, no era un elemento suficientemente seguro para desarrollar semejante política. Entre los votos adicionales que podría aportarles Ledesma, utilizando las siglas del FOCEP, y la garantía de una aplicación coherente e inme diata de una estrategia de colaboración de clases, el PCP —y accesoriamente el PSR— ha tomado una opción. Ledesma y su pedazo de FOCEP han sido "evacuados" sin miramientos ni escrúpulos del frente electoral Unidad de la Izquierda, cuyo nuevo candidato a la presidencia es el general Leónidas Rodríguez, una de las! principales figuras de los primeros años de la dictadura, flanqueado por Prado, secretario general del PCP y candidato a la primera vicepresidencia.
¡Una auténtica provocación a los trabajadores peruanos, que aún no hace mucho tiempo tuvieron que sufrir la política represiva, de la que estaba particularmente encargado el general Leónidas Rodríguez!
En cuanto a Ledesma, aislado y caído en descrédito, ha decidido presentar su candialgunos contactos que rápidamente fracasainiciado su campaña electoral con un violento ataque contra Hugo Blanco, que según él es un "agente de la CIA". Su abortada colaboración con los estalinistas del PCP parece haberles sugerido algunas ideas en cuanto a los temas a desarrollar en su
Apenas consumada la ruptura de la UI, se abrió la crisis de la ARI, partiendo de consideraciones evidentemente distintas. El impacto y la crisis de la ARI
Cuando se formó, la Alianza de la Izquierda Revolucionaria agrupaba a todas las organizaciones maoístas, centristas y trotskistas (con la excepción del PST, organización que se reclama de la Fracción Bolchevique). La AR! fue fundada básicamente gracias a la iniciativa del PRT, sección peruana de la IV Internacional, y un sector de la UDP (Unión Democrática Popular), un agrupamiento de varias organizaciones centristas y maoístas. Los demás sectores
manisa, a agrupados en el seno de otra alianza, UNIR, por un lado, y los trotskistas del POMR (afiliado al CORCI), por otro, se unieron al acuerdo PRT-UDP.
Dos factores fundamentales favorecieron en la época la creación de la ARI: la voluntad y la presión unitaria de las masas peruanas, particularmente de los sectores de vanguardia del movimiento obrero y del campesinado; y la enorme popularidad de Hugo Blanco, candidato natural de los hambrientos", según la prensa burguesa perua-
Desde que se creó, y gracias a que respondía a un nivel determinado a las aspiraciones a disponer de un marco de movilización y de organización unitaria oprimidas, la ARI tuvo un impacto consi-
Un ejemplo, entre otros muchos, puede darnos una idea: los días 22 y 23 de febrero se celebraron las elecciones sindicales en el complejo siderúrgico de Chimbote, el mas importante del Perú. Espontáneamente, los militantes de las distintas organizaciones miembros del ARI presentes en la empresa organizaron una lista unitaria, reivindicándose de la ARI. En ese bastión del aparato sindical de la APRA, donde por primera vez, el año pasado, la izquierda había ganado las elecciones por unos cuantos votos de diferencia, la lista unitaria que se reivindicaba de la ARI fue elegida con
De hecho, la ARI era en un doble sentido una victoria para las masas peruanas. Una victoria, en primer lugar, sobre el increíble sectarismo que reina en el seno de las organizaciones obreras y revolucionarias, y cuyos orígenes son muy diversos: la importancia de la corriente maoísta, después su crisis y atomización que engendró, en el periodo de reflujo, en las peores épocas de la dictadura y cuando la actividad sólo podía ser clandestina; lazos muy particulares de los grupos centristas y maoistas con las masas: detrás de un lenguaje muy impregnado de populismo se esconde casi siempre una concepción manipuladora de sus relaciones con éstas, fuente de toda una práctica sectaria; la gran dificultad, finalmente, que tienen todas las organizaciones para adaptarse al nuevo contexto político tras largos años de actividad clandestina o semiclandestina.
Las consecuencias de este sectarismo son catastróficas, haciendo imposible, mayoría de los casos, la más modesta táctica de frente único. En este contexto, la creación de la ARI implicaba un gran paso adelante, a partir del que podian expresarse mejor y con mayor fuerza las aspiraciones reales de las masas.
Sin embargo, la creación de la ARI fue sobre todo una victoria gracias a las bases políticas en que descansaba. Es cierto que estas bases eran limitadas y no podían por más que ser limitadas, dadas las divergencias programáticas existentes entre sus distintas componentes. Pero estos límites incluían lo fundamental, en un contexto en que, como es el caso del Perú, la independencia política del proletariado aún está por
Es fundamental que una alianza de tal amplitud asuma el conjunto de reivindicaciones avanzadas por las masas en sus movilizaciones más recientes; es fundamental, sobre todo, que se defina globalmente como un marco que excluye a toda formación burguesa de su seno y todo acuerdo con cualquier organización burguesa, o en otras palabras, que se defina globalmente —y de la forma más concreta y explicita posible— como un marco de expresión de la
El derecho de cada una de las organizaciones integrantes de la ARI, de defender la integridad de la fórmula "Por un gobierno de los trabajadores, sin patronos ni generales", como principal candidato y portavoz de la ARI, garantizaban y ampliaban estos
Los explotados y hambrientos del Perú, a diferencia de un puñado de sectarios, encabezados por los dirigentes del PST, saludaron la victoria de la ARI como su propia victoria, y han sufrido su ruptura como una derrota. Esto lo han comprendido inmediatamente la burguesía y los militares, al convertir a la ARI en su principal enemigo en las elecciones del 18 de mayo —y también más allá—, y ejerciendo todo tipo de presiones sobre algunas de sus componentes, en particular las organizaciones maoístas.
En el origen de la ruptura de la ARI estuvo precisamente la ofensiva del sector maoista más coherente y fuerte, agrupado en torno a la organización Patria Roja y al frente que impulsa, UNIR. A los pocos días de integrarse en la ARI, este grupo fue legalizado por la dictadura, lo que le daba la posibilidad de presentarse solo a las elecciones. A partir de ahí empezó a desarrollar una ofensiva provocadora en el seno de la ARI, intentando cambiar su introdujo de hecho, en las reuniones de los delegados, a un grupúsculo burgués, la ARS, explícitamente excluído de la ARI en los acuerdos iniciales; exigió que la ARI se dotara de una fórmula de gobierno, la suya, es decir, "gobierno democrático, popular y no alineado"; planteó que la ARI funcionara sobre la base del centralismo democrático (!), con el fin de neutralizar la influencia finalmente, en las provincias sistemáticamente a sus militantes como candidatos de la ARI, violando totalmente los acuerdos iniciales.
Más allá de las peripecias sectarias, el eje político de esta ofensiva saltaba a la vista: o bien la ARI se transformaba en un frente de colaboración de clases, o tenía que desapa-
Frente a una ofensiva de esta naturaleza, la UDP, que agrupa tanto a grupos maoistas —que en el fondo están de acuerdo con
Patria Roja- y a una mayoría centrista, que muestra confusión en torno a la cuestión de la independencia de clase, se quedó
América Latina paralizada y al borde del estallido.
Sólo el PRT y el POMR, en un primer momento, batallaron por la defensa de la ARI y de sus bases políticas y organizativas iniciales. A pocos días de la fecha tope para candidaturas, parecía que la ofensiva maoísta podía ser contenida —el grupúsculo burgués ARS habia sido expulsado definitivamente y se habian reafirmado las bases de la ARI-, el POMR cambió radicalmente de línea, tras la intervención de la "Comisión Paritaria
, preocupada sobre todo de armonizar la orientación hasta entonces de sus dos organizaciones peruanas, el PST y el POMR. Este último se unió, sin dar ninguna explicación seria, a la orientación sectaria del PST, y abandonó el combate en el seno de la ARI.
Aprovechando la ocasión que se le ofrecia, los maoístas pasaron de nuevo a la ofensiva, denunciando el sectarismo trotskista y reivindicando la hegemonía política y organizativa de la ARI —particularmente, exigiendo una parte considerable de candidatos a diputados y senadores. Hugo Blanco,
Cuarenta y ocho horas antes de cerrarse el plazo para la presentación de las candidaturas, es decir, el tiempo mínimo para poder organizar y presentar sus propias listas, y al cabo de tres dias y tres noches de reuniones maratonianas, en el transcurso de las cuales no pudo llegarse a ningún acuerdo, el PRT decidió presentar sus propios candidatos, bajo sus propias siglas y con su propio programa, como le permitía la legislación arrancada, pese a todos los obstáculos, a la dictadura. Así, Hugo Blanco pasó a ser el candidato del PRT a la presidencia.
Paralelamente, los maoístas de Patria Roja y de UNIR organizaron su propia lista y presentaron la candidatura de uno de los suyos, Horacio Zeballos, miembro de la dirección del sindicato de enseñantes SUTEP, a la presidencia de la República. Los maoistas de la UDP se integraron en esta lista, rompiendo de hecho la UDP. El otro sector de la UDP, compuesto sobre todo de corrientes centristas como el MIR y Vanguardia Revolucionaria, decidió presentar entonces sus propias listas, bajo las siglas
UDP, y con su dirigente, Carlos Malpica, del MIR, como candidato a la presidencia.
Para nuestros camaradas del PRT, que han batallado hasta el último minuto por la unidad de la ARI sobre la base de sus estaba clara: o una amplia unidad sobre la base de un programa limitado pero que incluyera lo esencial, es decir, la independencia de clase, o candidaturas propias del
PRT, sobre la base del programa del PRT.
Cualquier solución intermedia, como por ejemplo un acuerdo con un sector reducido de la ARI, sobre la base con que se había formado la ARI, habría sido un grave
La ruptura de la ARI vuelve a poner de relieve la importancia de la lucha por la independencia de clase...
América Latina error, pues debilitaría políticamente una campaña falsamente unitaria, que en ningún caso habría tenido, a los ojos de las masas y en sus efectos prácticos, el significado que podría haber tenido la campaña de la ARI.
En este nuevo marco, el POMR y el PST han aceptado inmediatamente integrarse en la campaña del PRT, sobre la base de un documento político conjunto. En la medida en que ya no era posible inscribir una nueva alianza electoral, estos camaradas irán a la campaña bajo las siglas del PRT, presentando, junto a Hugo Blanco, a Ricardo Napuri y Enrique Fernández, candidatos a la presidencia y las dos vicepresidencias, respectivamente.
La ruptura de la ARI ha vuelto a poner de relieve la importancia decisiva de la lucha por la independencia de clase en el Perú, como en otros países de América Latina, y la necesidad de un combate encarnizado por su materialización. El impacto de masas de la candidatura de Hugo Blanco, "Por un gobierno de los trabajadores, sin generales ni patrones", y sobre la base de un programa trotskista, puede implicar un gran paso adelante en esta dirección.
Es un deber imperioso, una tarea internacionalista prioritaria para todos los militantes de la IV Internacional, para todos los marxistas revolucionarios, apoyarle concretamente.