Esta resolución presentada a voto por una minoría del Secretariado Unificado obtuvo 39.5 votos a favor, 40 en contra, 16 abstenciones y 17,5 NPU 1. INTRODUCCION
El decenio pasado ha conocido el resurgir de batallas de clase centrales en una serie de países imperialistas: Francia, Italia, Portugal y España. En Gran Bretaña y otros países han tenido lugar duros enfrentamientos de clase. En los EE.UU., Canada, Oceanía, Japón y Alemania Federal se ha iniciado un proceso de radicalización obrera.
También en los países semicoloniales, el proletariado urbano y las masas semiproletarias han tendido a ponerse a la cabeza de las luchas. Las continuas movilizaciones, la huelga general revolucionaria y la insurrección de masas que derribaron al sha de Irán, son los ejemplos recientes más elocuentes, así como el papel decisivo desempeñado por las masas urbanas nicaragüenses en el derrocamiento de la dictadura somocista y en la instauración de un gobierno que defiende los intereses de los trabajadores y de los campesi-
Al mismo tiempo que se ha acentuado la lucha de clases en los centros del capitalismo mundial, se ha profundizado también la crisis del estalinismo. La "primavera de Praga" en 1968, y las luchas de los trabajadores polacos en los años 70, fueron los puntos culminantes de la lucha de los trabajadores en la Europa del Este contra la burocracia stalinista, en este período. Aunque su base es aún estrecha, en la propia Unión Soviética ha aparecido el movimiento disidente.
El año pasado tuvieron lugar importantes manifestaciones, en Polonia y en China, en las que destacan su composición urbana y proletaria.
En el contexto del ascenso de la lucha de clases, varios partidos comunistas de Europa Occidental ya no pueden defender incondicional y acríticamente la política de la casta burocrática soviética, ante sus militantes obreros. Se han visto obligados a tomar ciertas distancias con respecto a los peores crímenes de sus homólogos estalinistas en la URSS y en los países del Este.
Los conflictos internos de la casta burocrática en China son un índice del descontento masivo, y hasta cierto punto han facilitado su expresión pública. Dichos conflictos, así como la abierta colaboración de clases practicada por Pekín con respecto a Washington, han socavado profundamente la idea equivocada, ampliamente propagada hace un decenio, según la cual la política maoísta sería básicamente distinta de la colaboración de clases del Kremlin y más progresista que ésta. La imagen de Moscú y Pekín rivalizando esfuerzos por llegar a una "distensión" contrarrevolucionaria con el imperialismo ha desenmascarado aún más al estalinismo.
El surgimiento de direcciones que disponen de una audiencia de masas y que al desbordar a los estalinistas por su izquierda tienen en su activo importantes acciones revolucionarias, ha contribuido a la crisis del estalinismo. La dirección castrista es el primer ejemplo de ello. La dirección del FSLN en Nicaragüa es otro, el más reciente.
La crisis del capitalismo, que se extiende a escala mundial, señala la profundización de la radicalización de la clase obrera y de todos los explotados en los tres sectores de la revolución mundial. Van a producirse importantes enfrentamientos entre las clases, que plantearán la cuestión de saber cuál es la clase que debe gobernar.
Sin embargo, contrariamente a la situación existente en Rusia en 1917, lo que falta es un amplio y sólido núcleo de trabajadores bolcheviques que puedan convertirse en un partido de masas en una situación revolucionaria y conducir a la mayoría de los explotados a la conquista del poder político. No obstante, el programa del bolchevismo, de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, el Programa de Transición de la IV Internacional, no han sido jamás tan actuales ni urgentes como ahora. El período en que hemos entrado es favorable a la construcción de partidos proletarios basados en dicho programa — el de la revolución socialista mundial—, que defiende actualmente la IV Internacional y sus secciones y organizaciones simpatizantes en todo el mundo. Desde la estalinización de la Internacional Comunista, la situación no ha sido nunca tan propicia para realizar agrupamientos y fusiones que puedan desembocar en la construcción de un partido mundial de masas de la
La posición marxista sobre la relación entre socialismo y democracia es una parte fundamental de este programa. Esta cuestión se ha planteado en un contexto caracterizado por la creciente combatividad de los trabajadores, la profundización de la crisis del estalinismo y el predominio cada vez mayor de formas de organización proletarias.
Entre las cuestiones planteadas figuran: la relación entre la lucha por los derechos democráticos bajo el capitalismo y la lucha de los trabajadores por conquistar y mantener el poder estatal; el papel de la democracia en la dictadura del proletariado; cómo restaurar la democracia obrera en el Estado obrero degenerado de la URSS y cómo implantarla en los Estados obreros deformados de Europa del Este y de Asia. El objeto de la presente resolución es el de reafirmar la posición programática de la IV Internacional en torno a estas cuestiones, aplicarla y completarla a la luz de las experiencias concretas de la lucha de clases durante los últimos decenios.
La cuestión de las formas con que se ejerce el poder obrero
en Cuba se ha dejado deliberadamente de lado y se tratará ulteriormente.
2. La lucha por los derechos democráticos bajo ei capital y la lucha por el poder obrero a. Todos los derechos democráticos de que gozan las masas bajo el capitalismo —desde la libertad de expresión hasta la libertad de organizar sindicatos y partidos obreros, pasando por el derecho al aborto- han sido arrancados por ellas a través de la lucha.
b. Los marxistas revolucionarios luchan por los derechos democráticos amplios posibles bajo el capitalismo.
Cuanto más amplios sean los derechos democráticos, tanto mayores serán las posibilidades de los trabajadores y sus aliados para luchar por sus intereses, organizarse a nivel sindical y político, elevar su nivel de vida, de cultura y educación, y ganar otras conquistas que mejoren la relación de fuerzas a favor del proletariado, con miras a las luchas decisivas por el poder contra los capitalistas.
c. Los trabajadores tienen interés en luchar por la defensa de cada conquista de las masas, incluidos los derechos democráticos, frente a la reacción capitalista. La historia demuestra que la clase obrera es la única clase capaz de hacerlo de modo consecuente.
Combatimos todo intento por parte de las fuerzas reaccionarias o fascistas de derribar las instituciones de la democracia burguesa e instalar dictaduras militares o fascistas duras, tratando sobre todo de restringir o aplastar a los trabajadores y sus organizaciones. En esta lucha, los trabajadores, bajo la dirección de un partido leninista, lucharán por imponer su
La la reacción capitalista, eliminando las causas de ésta última mediante una revolución socialista.
Si estamos dispuestos a formar un bloque con todas las fuerzas, incluidas las burguesas, dispuestas a luchar contra los intentos de golpe de Estado prestamos ninguna confianza política a cualquier fuerza burguesa. Dada su naturaleza de clase, estas fuerzas burguesas son incapaces de oponerse consecuentemente al fascismo o a un golpe de Estado militar. En esta lucha, igual que en todas las luchas, la clase obrera necesita su independencia política para avanzar su propia solución por la revolución socialista, única garantía frente a la dictadura fascista o
Asimismo, en la lucha contra la reacción capitalista, no prestamos ninguna confianza al Estado capitalista ni a ninguna de sus instituciones. Toda restricción de los derechos democráticos por parte del estado capitalista, incluidas las que están destinadas ostensiblemente a los fascistas u otros reaccionarios, será utilizada inevitablemente y diez veces más contra la clase obrera y sobre todo contra su ala más revolucionaria. Unicamente los trabajadores aliados pueden obstaculizar al fascismo mediante una lucha masiva de frente único y dirigida conscientemente.
a. El capitalismo en la época de su decadencia genera la reacción. La amplitud de los derechos y libertades democráticos de que gozan las masas en cada momento determinado y en cada país dado, viene determinada por la relación de fuerzas entre las clases. Aunque se produzcan oscilaciones en esta tendencia histórica, la tendencia a largo plazo del capitalismo en lá época imperialista es la de limitar cada vez más los derechos democráticos frente a la polarización de clases que se profundiza. Esto aparece hoy en día con suma claridad en las numerosas dictaduras apoyadas, y en varios casos directamente instaladas, por el imperialismo. La tortura, por ejemplo, es una práctica oficial en la mayoría de países semicoloniales actualmente.
El ejemplo del fascismo italiano y alemán demuestra que esta tendencia adopta su forma más virulenta en los movifascistas de los países imperialistas y en las dictaduras totalitarias que imponen para mantener el capitalismo. Ya hemos visto la manera en que la clase dirigente utiliza a veces las dictaduras militares o los regímenes bonapartistas susceptibles de abrir la vía a la toma del poder por movimientos fascistas de masas.
e. La historia demuestra que antes de que los movimientos fascistas tengan la posibilidad de instaurar una forma totalitaria de dictadura capitalista, los trabajadores y sus aliados tienen también la posibilidad en jaque a los fascistas e imponer su propia solución a la crisis capitalista.
Los fascistas sólo pueden vencer cuando el movimiento obrero ha dejado escapar su oportunidad, cuando se encuentra desmoralizado y dividido frente a la amenaza fascista, y cuando ha perdido el poder de atracción que tenía para movilizar a sus aliados. Los aliados potenciales del movimiento obrero, desorientados, se dividen y pueden prestar su apoyo a soluciones reaccionarias "radicales".
f. Las batallas por las reivindicaciones democráticas son parte integrante de las luchas de los aliados del proletariado
—incluídas las nacionalidades oprimidas, las mujeres, los pequeños campesinos o agricultores, los pequeños productores independientes: Gran número de estos aliados de la clase obrera forman parte también, a menudo, de la clase obrera. Para unificar a la clase obrera y consolidar la alianza con sus aliados, sobre todo con los pequeños agricultores o campesinos pobres, el movimiento obrero debe apoyar las reivindicaciones progresistas de estos aliados, incluídas sus reivindicaciones democráticas.
g. En los países semicoloniales, las tareas fundamentales avanzadas históricamente por las revoluciones democrático- burguesas no se han cumplido en lo esencial — ni siquiera cuestiones como la reforma agraria, la independencia real frente al imperialismo, pese a haber ganado la independencia formal, y el desarrollo de una economía industrial liberada de las distorsiones y atrasos impuestos por el imperialismo. La democracia política es precaria o no existe. Las tareas democráticas en estos países adquieren por tanto una importancia particular. Sin embargo, estas tareas no pueden ser llevadas a cabo por la burguesía nacional, e incumbe a la clase obrera, en alianza con el campesinado pobre, ponerla en práctica. Las tareas democráticas están estrechamente vinculadas a las reivindicaciones transitorias y a la revolución h. Los trabajadores de los países imperialistas tienen un interés de clase inmediato — como también un interés a largo plazo- en apoyar las luchas de los trabajadores en las colonias y semicolonias. Esto incluye la lucha por el derecho democrático a la autodeterminación de los pueblos de las colonias o semicolonias. La importancia de esta lucha de los trabajadores de los países imperialistas quedó ilustrada por el movimiento antiguerra en Vietnam, sobre todo en los Estados Unidos. Este movimiento aportó una ayuda vital a la revolución vietnamita. Ejerció un efecto a largo plazo sobre la conciencia antibélica y antiimperialista de los trabajadores norteamericanos, acentuando su oposición al empleo, por parte de Washington, de tropas norteamericanas en otros países, y reforzó a la clase obrera norteamericana, haciéndola más apta para resistir a los ataques de la patronal. Contribuyó al cambio de la relación de fuerzas a escala mundial, en detrimento del imperialismo.
El apoyo al derecho de las colonias y semicolonias a la autodeterminación es una parte integrante de la lucha contra las guerras imperialistas: Estas guerras no sólo van en contra de los intereses de los trabajadores de todos los países, incluidos los trabajadores de los países imperialistas, sino que amenazan con hundir a la humanidad en un holocausto
Otro aspecto de este combate es la lucha por los derechos democráticos de los soldados-ciudadanos enrolados en los
Tienen una importancia todos los movimientos contra la guerra imperialista.
i. En el seno de las organizaciones obreras, y en primer lugar de los sindicatos y de las organizaciones de los aliados del proletariado, luchamos por la democracia en la base, lo más amplia posible, y por la independencia frente al gobierno
La democracia de base y el control de la base sobre las orientaciones fundamentales de la dirección de los sindicatos son indispensables para movilizar poder de los sindicatos tras una política de lucha de clases frente a los patronos. Hay que impulsar la movilización de los sindicatos para que actúen en solidaridad con sus compañeros trabajo y sus aliados, porque rompan con la subordinación
política frente a la clase dominante. La burocracia sindical ahoga la democracia sindical para salvaguardar sus privilegios y defender su política de colaboración de clase. Esta capa pequeñoburguesa extrae su tributo particular de la caja sindical, que le sirve de comedero, y actúa como correa de transmisión de los intereses del capital en el movimiento obrero. Incluso cuando se ve obligada a defender al sindicato frente a los patronos, para defender la base de sus privilegios, lo hace con los métodos de colaboración de clases que le son propios, y. que llevan en su germen su propia derrota. La democracia de base en los sindicatos constituye un elemento indispensable en la plataforma de toda ala izquierda que tenga una orientación de lucha de clases. La lucha por esta democracia es una parte fundamental de la lucha por transformar los sindicatos en instrumentos revolucionarios, lucha que no dejará de chocar con la política de la burocracia sindical y que desembocará en su eliminación y sustitución por una dirección de lucha de clases.
j. A medida que se intensifica la lucha de clases, se profundiza el combate por transformar los sindicatos en instrumentos revolucionarios. Aparecen formas organizativas de la lucha obrera, cada vez más amplias, como los comités de huelga, los comités de fábrica y finalmente, en un momenio de ascenso revolucionario, los soviets o consejos.
Este proceso traduce una profundización de la conciencia de clase. Al mismo tiempo, estas organizaciones de los trabajadores se convierten en escuelas superiores de formación política. En el crisol del combate de clase, los trabajadores ponen a prueba los diversos programas y propuestas de los distintos partidos obreros. Los marxistas revolucionarios estarán en la primera fila, para ayudar a construir estos organismos a medida que la extensión de la lucha de clases convenza a los trabajadores de su necesidad. Lucharemos en el seno de estos órganos por dotarles de una perspectiva
Como explica Trotsky en el texto redactado para la Conferencia fundacional de la IV.ª Internacional:
"La profundización de la crisis social no sólo aumentará los sufrimientos de las masas, sino también su impaciencia, su firmeza, su espíritu de ofensiva. Cada vez más sectores oprimidos levantarán la cabeza y lanzarán sus reivindicaciones. Millones de necesitados, en los que los jefes reformistas no piensan nunca, empezarán a llamar a las puertas de las organizaciones obreras. Los obreros rurales, los campesinos arruinados o medio arruinados, las capas inferiores de la ciudad, las trabajadoras, las amas de casa, las capas proletarizadas de la intelligentsia, todos buscarán un agrupamiento y una dirección.
¿Cómo armonizar las diversas reivindicaciones y formas de lucha, aunque sólo fuera dentro de los límites de una única ciudad? La historia ya ha respondido a esta cuestión: gracias a los soviets, que reúnen a los representantes de todos los grupos en lucha. Hasta ahora nadie ha propuesto ninguna otra forma de organización, y es dudoso que pueda inventarse una. A priori, los soviets no están vinculados a ningún programa: Abren sus puertas a todos los explotados. Por esta puerta pasan los representantes de todas las capas arrastradas por el torrente general de la lucha. La organización se extiende junto con el movimiento y se renueva continuamente en él. Todas las tendencias políticas del proletariado pueden luchar por la dirección de los soviets, sobre la base de la más amplia democracia. Por esta razón, la consigna de los soviets es la coronación del programa de reivindicaciones transitorias.
Los soviets no pueden nacer sino cuando el movimiento de masas entra en un estadio abiertamente revolucionario.
Como pivote en torno al cual se unen millones de trabajadores en la lucha contra los explotadores, los soviets se convierten, desde el mismo momento en que aparecen, en rivales y adversarios de las autoridades locales, y después del propio gobierno central. Si el comité de empresa crea los elementos de dualidad de poderes en la fábrica, los soviets abren un período de dualidad de poderes en el país.
La dualidad de poderes es, a su vez, el punto culminante del período de transición. Dos regímenes, el régimen burgués y el régimen proletario, se enfrentan irreconciliablemente. ES inevitable la colisión entre ellos. Del resultado de esta depende la suerte de la sociedad. En caso de derrota de la revolución, la dictadura fascista de la burguesía. En caso de victoria, el poder de los soviets, es decir, la dictadura del proletariado y la reconstrucción socialista de la sociedad". (Programa de Transición).
La manera exacta en que surgirán estos consejos depende, desde luego, de circunstancias concretas: Eventualmente, organismos como los comités de fabrica pueden empezar a desempeñar el papel de soviets, o incluso pueden ser creados por sindicatos revolucionarios. De todas maneras, los marxistas revolucionarios lucharán por su desarrollo, su coordinación y su centralización. Para cumplir su función como organizaciones revolucionarias del combate de clase, deben tener la más amplia democracia interna y deben tratar de incluir a toda organización de lucha, así como a las tendencias y agrupamientos en el seno de la clase obrera. En este sentido, constituyen la forma suprema de frente único.
k. Hay que ganar a los soviets para una perspectiva revolucionaria, lo que exige que los marxistas revolucionarios libren una batalla por ganar una mayoría en el seno de los soviets. El primer congreso de la Internacional Comunista, celebrado en 1919, resumió así las tareas de los marxistas:
"1. Aclarar lo más ampliamente posible a las masas de la clase obrera el significado histórico de la necesidad política y práctica de una nueva democracia proletaria, que debe ocupar el lugar de la democracia burguesa y del parlamenta-
2. Ampliar y organizar soviets en todos los terrenos de la industria, en el ejército, en la flota, entre los obreros agrícolas y los pequeños campesinos.
3. Conquistar en el interior de los soviets una mayoría comunista, segura y consciente". (Cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista 1919-1923).
"la aparición de los soviets, principal forma histórica de la dictadura del proletariado, no disminuye en absoluto el papel dirigente del partido comunista en la revolución proletaria. Cuando los comunistas alemanes de izquierda (...) declaran que 'el pueblo debe también adaptarse cada vez más a la idea soviética y proletarizarse', no vemos en ellos sino una expresión insinuada de la idea de que el partido comunista debe fundirse en los soviets y que los soviets pueden sustituirlo".
Es necesario en todo momento un partido marxista revolucionario de tipo bolchevique, para luchar a favor de una línea de lucha de clases y de independencia de clase, para empujar adelante a la clase obrera y a sus aliados. Este partido revolucionario sólo se construirá participando en las luchas de este tipo. A medida que forja sus armas en la lucha de clases, el partido revolucionario podrá ganarse a la vanguardia de la clase obrera y el apoyo de sectores decisivos del proletariado. Será capaz de dirigir la movilización de la clase obrera y de sus aliados en una lucha por el poder. en este proceso, los trabajadores deberán contrarrestar la violencia que desencadenará la clase capitalista contra ellos, desmantelar el antiguo Estado capitalista, construir soviets, instaurar un gobierno obrero y campesino, expropiar a la burguesía y. de este modo, instaurar la dictadura del proletariado y emprender la construcción del socialismo. 3. Democracia y dictadura del proletariado a. A partir de la experiencia del ascenso revolucionario de la clase obrera francesa en 1871, Marx y Engels concluyeron que la forma que adoptaría la dictadura del proletariado sería la de una democracia obrera del tipo de la Comuna de Paris.
Esto se ha visto confirmado por la experiencia de la revolución de Octubre en Rusia.
Siguiendo a Marx y Engels y a los bolcheviques, los marxistas revolucionarios afirman que la democracia obrera por la que luchan será un poder estatal de nuevo tipo. En todas las formas anteriores de la sociedad de clases, el
Estado representaba la subyugación violenta de la inmensa mayoría por una clase dominante minoritaria. En cambio, bajo la dictadura del proletariado, el Estado representa los intereses de la gran mayoría y suprime por la fuerza las prerrogati-
vas particulares de la antigua clase dominante minoritaria, la burguesía. Además, el Estado obrero es el instrumento de una clase sin propiedad, la clase obrera, cuyos intereses residen en la construcción de una sociedad sin clases. Así, su forma se adaptará a su función. El Estado obrero es transitorio; se extinguirá a medida que se realice la sociedad sin clases a escala mundial.
Para defender mejor a la clase obrera contra los capitalistas expropiados y avanzar, hacia el socialismo, las instituciones estatales de una democracia obrera deben ser radicalmente distintas de las del Estado capitalista o de cualquier Estado anterior. Los soviets o consejos —a través de los cuales organiza el proletariado su lucha revolucionaria contra el Estado capitalista- se convierten en las instituciones de base del Estado obrero después de la revolución. En el Estado y la Revolución, Lenin enumera algunas de las normas fundamentales de esta democracia obrera: la elección de todos los funcionarios, jueces, dirigentes obreros o dirigentes de las milicias obreras o campesinas, así como de todo delegado que represente a los trabajadores en el seno de las instituciones estatales; la rotación regular de los funcionarios elegidos; la limitación de sus ingresos a los de un trabajador cualificado; el derecho de los trabajadores a revocarlos en todo momento; el ejercicio de las funciones legislativas y ejecutivas por los consejos; la reducción radical del número de funcionarios permanentes y la transferencia cada vez mayor de las funciones administrativas a organismos gestionados por los propios trabajadores. privilegiada (funcionarios privilegiados, mandos del ejército regular), la misma mayoría puede cumplir directamente estas tareas; y cuantos más sean ejercidas las funciones del poder por el conjunto del pueblo, menos necesario se hace este poder." En este sentido, en cualquier país, un Estado obrero empieza a normas y estas ejército armado mientras subsista la amenaza imperialista.
La dictadura desmantelamiento violento del aparato estatal capitalista y la expropiación de la burguesía por el proletariado. fuerza social destinada a impedir el restablecimiento del poder estatal capitalista o de la propiedad privada de los medios de producción. Impide de este modo la reintroducción de la explotación de los asalariados y va en el sentido de eliminar radicalmente la opresión de las minorías nacionales y de las mujeres. Es todo lo contrario a la hegemonía dictatorial de una minoría sobre la vasta mayoría de la población.
El Congreso fundacional de la Internacional Comunista afirma: "La dictadura del proletariado se parece a las dictaduras de las otras clases porque viene provocada, como todo tipo de dictadura (de clase), por la necesidad de reprimir violentamente la resistencia de la clase que pierde el poder político. El punto fundamental que separa la dictadura del proletariado de la de las demás clases, de la dictadura de los elementos feudales en la Edad Media, de la dictadura de la burguesía en todos los países civilizados capitalistas, estriba en que la dictadura de los elementos feudales y la burguesía era el aplastamiento por la fuerza de la resistencia de los explotados por una infima minoría de la población: los terratenientes y los capitalistas.
De ahí se deriva, además, que la dictadura del proletariado no sólo comporta inevitablemente un cambio de las formas y instituciones democráticas en general, sino también un cambio de tal índole que desemboque en una expansión hasta ahora desconocida del principio democrático a favor de las clases oprimidas por el capitalismo, a favor de las clases trabajadoras.
(Todo esto) significa precisamente, y realiza para las clases trabajadoras, es decir, para la enorme mayoría de la población, la posibilidad de disfrutar derechos y libertades democráticos como jamás se ha hecho, ni siquiera por aproximación, en las repúblicas burguesas mejores y más democráticas. (Cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista, 1919-1923).
Frente a las concepciones reformistas y revisionistas, tanto de los partidos estalinistas y socialdemócratas como de las formaciones centristas, la IV.® Internacional defiende estas aportaciones programáticas fundamentales de Marx, Engels, Lenin y del movimiento obrero revolucionario.
La sociedad socialista sólo puede construirse mediante la propiedad colectiva y el control colectivo de los medios de producción y el sobreproducto social, ejercidos por la clase obrera sobre la base de la planificación económica y de la administración a través de los consejos obreros democráticamente centralizados — en otras palabras, la gestión planificada por los trabajadores. Esta socialización sólo puede realizarse si los capitalistas son expropiados económica y políticamente, y si el poder estatal es ejercido por la clase obrera a través de un sistema de democracia obrera.
Ninguna sociedad socialista puede surgir en los estrechos límites del Estado nacional. Requiere por lo menos el marco de los países económicmente más avanzados en el mundo, y sólo puede instaurarse enteramente a escala mundial.
b. Toda la experiencia histórica demuestra que hinguna clase explotadora abandona jamas su poder y sus privilegios de forma pacífica, y toda la experiencia de la revolución y contrarrevolución en este siglo — incluidos los horrores de la dictadura nazi, el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, destinado a aterrorizar á las masas del mundo, y el potencial exterminador desencadenado por Washington contra el pueblo vietnamita y camboyano- demuestra que la clase capitalista es la clase dominante más despiadada y sanguinaria de la historia. Los únicos límites que conoce su voluntad de emplear la violencia bárbara y la brutalidad, los únicos límites de la profundidad de su inhumanidad, son los que le vienen impuesto por la relación de fuerzas entre las
La clase capitalista desencadenará la guerra civil contra los trabajadores para defender o restablecer su dominio. Mientras exista el imperialismo, tratará de intervenir tantas veces como le sea posible, y en todas partes en que pueda, para impedir las revoluciones populares y derribarlas donde se hayan producido antes de que puedan desembocar en victorias socialistas. Por esta razón aparecen elementos de guerra civil antes, durante y después de la conquista del poder por los trabajadores. Esta regla de la lucha de clases sólo podría conocer una excepción después de una revolución victoriosa en las potencias imperialistas más importantes, ante todo en los Estados Unidos.
Además, como subraya Lenin, hay "otra verdad: no podría existir ninguna igualdad verdadera, igualdad de hecho, mientras no se elimine absolutamente toda posibilidad de explotación de una clase por otra. Es posible derrotar de un golpe a los explotadores, mediante una insurrección victoriosa en la capital o la revuelta de la tropa. Pero aparte de algunos casos muy raros, excepcionales, no se les puede liquidar de un único plumazo. No es posible expropiar de golpe a todos los terratenientes y a todos los capitalistas en un país de alguna importancia. Además, la expropiación por sí sola, como acto jurídico o político, está lejos de resolver el problema, pues hay que destituir de hecho a los grandes terratenientes y capitalistas, sustituirlos de hecho por otra gestión — gestión obrera— de las fábricas y tierras. No podría existir igualdad entre los explotadores que durante largas generaciones se habían distinguido por su instrucción, por su tren de vida y por los hábitos adquiridos, y los explotados, cuya masa, incluso en las repúblicas burguesas más avanzadas y más democráticas, sigue agobiada, inculta, ignorante, temerosa, dividida. Hasta mucho tiempo después de la revolución, los explotadores conservan necesariamente una serie de ventajas reales y notables: les queda el dinero, imposible de suprimir de golpe, algunos bienes muebles, a menudo considerables; les quedan las relaciones, los hábitos de organización y gestión, el conocimiento de todos los 'secretos' de la administración (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) (...), etc.
Si los explotadores sólo son derrotados en un único país, y este es por supuesto el caso típico, pues la revolución simultánea en varios países es una excepción rara, siguen, sin embargo, siendo más fuertes que los explotados, pues las relaciones internacionales de los explotadores son inmen.sas. El hecho de que una parte de las masas explotadas menos desarrolladas, entre los campesinos pobres, artesa-
nos, etc., marchen y sean susceptibles de marchar junto con los explotadores, lo han demostrado todas las revoluciones anteriores, incluida la Comuna (pues entre las tropas de
Versalles, había también proletarios).
(...) La transición del capitalismo al comunismo es toda una época histórica. Mientras no se termine, los explotadores mantienen ineludiblemente la esperanza en una restauración, esperanza que se transforma en intentos de restauración". (La Revolución proletaria y el renegado Kautsky).
Si bien la importancia y el nivel cultural de la clase obrera en los países imperialistas ha aumentado desde que se escribieron esas líneas, y ya más de un país se ha desembarazado del capitalismo, las observaciones generales de Lenin siguen siendo válidas. Los explotadores mantienen aún las ventajas relativas de que habla Lenin. Hasta que no se quiebre el poder del imperialismo mundial, el peligro de una restauración capitalista sigue siendo real e inmediato.
c. El Estado obrero tomará todas las medidas nécesarias frente a la violencia de la burguesía para preservar el dominio democrático de la clase obrera. En este sentido, la dictadura revolucionaria del proletariado se mantiene contra la burguesía mediante una autoridad "que no está vinculada por ninguna ley". Según las circunstancias precisas, las medidas que deberá adoptar un Estado obrero dado, para defender a la mayoría trabajadora, variarán enormemente. La joven república soviética, por ejemplo, consideró necesario disolver la
Asamblea Constituyente, que se oponía al gobierno demode los consejos obreros. Asimismo, la primera constitución soviética prohibía el derecho de voto a la burguesía y a los kulaks que explotaban a los trabajadores.
Semejante medida era "un problema particular de tal o cual nación y en absoluto la cuestión general de la dictadura (del proletariado) (...) pero sería un error afirmar de antemano que las revoluciones proletarias de mañana en Europa, todas o la mayoría de ellas, comportarán absolutamente una restricción de los derechos electorales de la burguesía. Puede que así suceda. (...) Este elemento integrante de la dictadura no ha surgido según el plan de un partido; ha surgido por sí mismo en el transcurso de la lucha" (La revolución proletaria y el renegado Kautsky).
A comienzos de 1921, cuando terminaba la guerra civil, los bolcheviques se vieron frente a la "trágica necesidad" (como la describiría Trotsky posteriormente) de reprimir la famosa revuelta de los marinos de Kronstadt. La situación interna era tan grave que el país se encontraba en un estado de desorganización casi total. La industria estaba a punto de descalabrarse; la agricultura había sido desatendida durante años, circunstancia que pocos meses después de Kronstadt provocaría un inmenso hambre en gran parte del territorio. Desde finales de 1920 a comienzos de 1921, en todas partes hubo algunos saqueos perpretados por bandas armadas. Estas bandas recibían el apoyo de lo que quedaba de los socialistas revolucionarios, que utilizaban este método particular para proseguir su lucha contra el Estado soviético.
Los bolcheviques consideraron con razón que si la revuelta de Kronstadt no hubiera sido reprimida rápidamente, fuerzas del ejército blanco —apoyadas por los mencheviques y socialistas revolucionarios, y apoyadas por el imperialismo extranjero (sobre todo francés)— la utilizarían para relanzar la guerrà civil. Los bolcheviques eran el único partido dispuesto a defender la revolución socialista y el sistema soviético; todos los demás partidos se habían alzado contra ellos, en una lucha por derribar este sistema en beneficio del capitalismo. Esto habría significado un enorme baño de sangre y la relegación de Rusia a una semicolonia del imperialismo bajo una dictadura de tipo fascista.
Para defender el Estade soviético, los bolcheviques se vieron obligados a prohibir, no sólo los partidos burgueses, sino también los mencheviques y socialistas revolucionarios, que conspiraban directamente con el imperialismo y la reacción interior.
d. A menos que el imperialismo derribe los Estados obreros existentes, las revoluciones futuro no se enfrentarán al mismo tipo de aislamiento extremo con que se encontraron los bolcheviques.
"Por anticipación es posible formular la siguiente ley: cuanto mayor sea el número de países en que se derribe el sistema capitalista, tanto más débil será la resistencia ofrecida por las clases dominantes en los demás países, tanto menos brutal será el carácter de la revolución socialista, tanto menos violentas serán las formas de la dictadura del proletariado, tanto más breve será su duración y tanto más rápidamente se reconstruirá la sociedad sobre là base de una democracia nueva, más plena, más perfecta y humana... El socialismo no tendría ningún valor si no aportara, no solamente la inviolabilidad jurídica, sino también la plena garantía de todos los intereses de la persona humana".
(Trotsky, La situación mundial y las perspectivas).
Sin embargo, la clase dominante, sobre todo en los
Estados Unidos, tratará de desencadenar la violencia y la guerra civil a una escala masiva contra los trabajadores insurrectos.. A menos que los dirigentes de los EE.UU. sean derrotados y desarmados de su arsenal masivo, incluidas las armas nucleares, los trabajadores norteamericanos tendrán que hacer frente a una lucha ardua, y los trabajadores del mundo entero a una amenaza perpetua.
Evidentemente, todo Estado obrero debe defenderse por todos los medios necesarios contra cualquier intento de derribarlo o contra cualquier violación de las leyes que apoyan sus relaciones de propiedad - del mismo modo que los códigos constitucionales y penales bajo el poder burgués prohíben infracciones individuales a los derechos de la propiedad privada. En la democracia obrera de un Estado obrero estable, que aparece tras el desarme victorioso de la burguesía y el final de la guerra civil, la Constitución y el
Código Penal prohibirán la apropiación privada de los medios de producción o la contratación privada de trabajadores. Asimismo, antes de que surja una sociedad sin clases, y mientras sobreviva el poder de clase proletaria y siga siendo posible la restauración del capitalismo, la Constitución y el Código Penal del Estado obrero prohibirán y castigarán los actos de insurrección armada, los intentos de derribar el poder obrero por la violencia, los atentados terroristas contra los representantes individuales de los trabajadores, el sabotaje, el espionaje al servicio de los Estados capitalistas
Frente al terror, el Estado obrero se defiende con la represión de los terroristas. Frente a las ideas reaccionarias, el Estado obrero deberá defenderse mediante la lucha política e ideológica, la educación y la elevación general del nivel cultural de las masas. Los trabajadores no tienen en absoluto la necesidad de temer a los que expresen la opinión de que las fábricas y los bancos deberían ser devueltos a los propietarios privados. No existe ninguna posibilidad de que los trabajadores sean convencidos por esta propaganda. La clase obrera en los países imperialistas, en los Estados obreros deformados y degenerados, y en un número creciente de países semicoliniales, es lo suficientemente fuerte como para no verse obligada a reintroducir la concepción de los "delitos de opinión", ni en sus códigos penales ni en la práctica cotidiana de los Estados obreros.
La eliminación del poder estatal capitalista y de la propiedad privada sobre los medios de producción no comporta inmediatamente la desaparición de los privilegios en el terreno de la riqueza privada o de la herencia cultural, para no hablar ya de la desaparición de todos los elementos de la producción mercantil. Mucho tiempo después del derrocamiento del poder del Estado burgués y de la eliminación de la privada capitalista, los restos de la pequeña producción mercantil y la supervivencia de elementos de una economía monetaria continuarán creando un marco en que puede reaparecer constantemente la acumulación primitiva de capital. Máxime cuando el nivel de desarrollo fuerzas productivas es aún insuficiente para garantizar la aparición automática y la consolidación de auténticas relaciones de producción socialistas.
El poder estatal de la clase obrera es indispensable para impedir que estos transformen en bases de la restauración del capitalismo. Mucho tiempo después de que la burguesía haya perdido sus posiciones como clase dominante en el plano político y económico, la influencia de las ideologías, de las costumbres, de los hábitos y de los valores culturales burgueses y pequeñoburgueses van a subsistir en terrenos relativamente
de la vida social y en amplias capas de la sociedad. Pero sería completamente erróneo sacar la conclusión de que la represión administrativa de concepciones o valores burgueses constituye una condición necesaria para la construcción de una sociedad socialista. Al contrario, la experiencia histórica confirma el carácter antiproductivo de las medidas administrativas tomadas contra ideologías reaccionarias burguesas y pequeñoburguesas. La represión no hace sino empujar a la clandestinidad a quienes defienden tales opiniones, e impide que el partido revolucionario continúe tomando el pulso de las masas. De hecho, a largo plazo, semejantes métodos refuerzan incluso la influencia de las ideas reaccionarias y colocan a la gran masa proletariado en una posición en que pueden encontrarse desarmado frente a esas ideas, a falta de experiencia en auténticas luchas políticas y debates ideológicos, y debido a la falta de credibilidad que de ahí se derivarían para las "doctrinas de Estado" oficiales.
El único medio eficaz de eliminar la influencia de la ideología burguesa sobre la masa de trabajadores reside en:
1. la creación de condiciones objetivas gracias a las cuales estas ideas pierdan la raíz material de su atractivo y las bases sobre las que se reproducen;
2. una batalla encarnizada contra estas falsas concepcio. nes en el terreno de la ideología y de la política misma que sólo puede tener pleno éxito en condiciones de debate y
3. la utilización de la eduación. La política de un Estado obrero en materia de educación instrucción de la nueva generación en un espíritu científico y materialista. Al mismo tiempo, la libertad de expresión religiosa crea las mejores condiciones para derrotar progresivamente las ideas oscurantistas en el transcurso confrontación libre y abierta con las ideas científicas.
quienes no confían en el materialismo ni en el proletariado, ni en las masas trabajadoras, pueden retroceder ante el conflicto ideológico abierto con los que defienden los intereses de las capas burguesas y pequeñoburguesas. Una vez desarmada y expropiada la clase capitalista, cuando sus miembros ya no tengan acceso a los medios de comunicación de masas según el criterio de su riqueza, la validez del marxismo se afirmará claramente. No existe ninguna razón para temer un intercambio permanente de ideas, libre y abierto. A través de esta confrontación, la clase obrera puede educarse y liberarse con éxito de la influencia de las ideas burguesas y pequeñoburguesas.
Como dice el Manifiesto Comunista, el marxismo. "no reposa en absoluto en ideas, principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No es sino la expresión general de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se produce a la vista de nuestros ojos".
O, para retomar los términos de Engels, el comunismo no es "una determinada doctrina que procede de un principio teórico preciso como su núcleo y que extrae las conclusiones suplementarias... El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento; no procede de los principios, sino de los datos. Los comunistas no se apoyan en tal o cual filosofía como punto de partida,, sino en todo el curso de la historia precedente, y específicamente en sus verdaderos resultados en los países civilizados en el momento actual. El comunisconsecuencias, del establecimiento del mercado mundial y de la competencia irrefrenada que de ahí se deriva, de las crisis comerciales cada vez más violentas y universales, que se han convertido ya en crisis de plena envergadura del mercado mundial, de la creación del proletariado y de la concentración del capital, de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. El comunismo, en la medida en que es una teoría, es la expresión teórica de la posición del proletariado en esta lucha y el resumen teórico de las condiciones para la liberación del proletariado". (Engels, Los comunistas y Karl Heinzen).
En los Estados obreros deformados y degenerados, el "marxismo" ha sido corrompido, y transformado ciencia crítica y revolucionaria, de un arma en manos del proletariado consciente que lucha por su emancipación, en una doctrina destinada a justificar la política contrarrevolucionaria de las castas burocráticas privilegiadas. Su resultado ha sido un auténtico empobrecimiento del pensamiento
Soviética y en los demás Estados obreros deformados. El marxismo sólo ha sobrevivido como tendencia de oposición y clandestina. expansionarse en una atmósfera de total libertad de discusión y de confrontación con otras corrientes ideológicas.
democráticas a que aspiramos no pueden aplicarse plenamente en cualquier circunstancia concreta. Por ejemplo, en condiciones de guerra civil o de intervención extranjera — es decir, de intentos de derribar el poder obrero por parte de la antigua clase dirigente y de sus aliados internacionales—, son las reglas de guerra las que están en vigor. Es muy posible que sea necesario aplicar restricciones al derecho de organización política de la burguesía y, en determinados casos extremos, al derecho de expresar sus posiciones. Ninguna clase social, ningún Estado ha concedido jamás plenos derechos a los que se libran activamente a actos de guerra para derribarlo, y la dictadura del proletariado no puede actuar de otra manera. Jamás ha tolerado algún partido político un debate sin límites cuando dirige un combate de clase. El problema se plantea de modo particularmente agudo en un período de guerra.
Sin embargo, en todos los casos, el Estado obrero se esforzará por ampliar al máximo la democracia real de que gozan los trabajadores, incluso en condiciones de guerra civil. Es el mejor medio de movilizar el poder de los trabajadores y de sus aliados; de aumentar su responsabilidad social, su disciplina y su espíritu de combate; de reforzar la confianza en sí mismos, su conciencia, su creatividad y su fe en una capacidad de construir un Estado obrero y una sociedad sin clases; y de acentuar su apoyo activo y su participación en los asuntos de su propio Estado e. El estalinismo ha utilizado sistemáticamente el pretexto de la amenaza imperialista para lanzar sus acusaciones calumniadoras de "colusión con el imperialismo", nes que sirven objetivamente a los intereses del imperialis-
By de agitación "antisovietica" o "antisocialista", para condenar y reprimir toda forma de crítica política, oposición o de inconformismo. Partiendo de estas acusaciones y mentiras, organizó una bárbara represión a escala masiva. Esto dio lugar a una profunda y sana desconfianza en la clase obrera mundial con respecto a los abusos de las • instituciones penales, jurídicas y políticas de un Estado obrero, para proscribir determinadas ideas o pensamientos. Por tanto, hay que subrayar que en un Estado obrero las acusaciones vertidas contra los individuos deberían limitarse estrictamente a actos criminales.
La IV.ª Internacional está a favor de la defensa y la extensión de las conquistas más progresistas de las revoluciones democrático-burguesas en el terreno de los códigos penales y de la justicia. Luchamos por su incorporación en las constituciones y códigos penales de los Estados obreros. Esto incluye derechos como:
1. la necesidad de la ley escrita y la no retroactividad. La acusación debe suministrar la prueba del delito; el acusado se considera inocente hasta que no se suministre dicha prueba;
2. los derechos plenos y enteros de todos los individuos a determinar libremente el carácter de su defensa; inmunidad plena y entera de los abogados por todas las declaraciones o tipo de defensa seguido en el transcurso de un proceso;
3. el rechazo de todo concepto de responsabilidad colectiva de grupos sociales, familias, etc., por crímenes cometidos
4. la prohibición estricta de toda forma de tortura o de extorsión forzada de confesiones;
5. la supresión de la pena de muerte, salvo en situaciones extremas, como en caso de guerra;
6. la extensión y la generalización de los juicios públicos, con el derecho a ser juzgados por un jurado seleccionado entre las personas con las que viva y trabaje el acusado.
La última palabra en torno a todas estas cuestiones, como también en relación a la Constitución y al Código Penal de un Estado obrero, la tienen los propios trabajadores. La garantía fundamental contra todo abuso de poder estatal reside en la participación más amplia de las masas trabajadoras, en la
actividad política, la democracia obrera más amplia posible y el armamento del proletariado.
El Estado obrero puede eliminar progresivamente el cuerpo judicial profesional, integrando cada vez más a las masas en las funciones judiciales, empezando a nivel local y con los delitos mènos graves.
Si en determinadas condiciones extremas, como la guerra civil o la dislocación económica masiva, hacen inevitables determinadas restricciones de los derechos democráticos, la naturaleza fundamental y los límites de dichas restricciones deben ser claramente comprendidas por todos los trabajadores. Hay que explicar, de manera clara y franca, ante toda la clase obrera, que estas restricciones constituyen medidas ineluctables y temporales, y que no forman parte de las normas sociales y políticas de la dictadura del proletariado.
Desde el punto de vista histórico, son las últimas huellas de la lucha por aniquilar la sociedad de clases, y no los signos precursores de un nuevo orden social. En la medida en que la lucha de clases imponga la necesidad de estas restricciones deberían limitarse tanto en su alcance como en el tiempo, y ser revocadas lo antes posible. Esto significa también que los trabajadores deberían ser particularmente vigilantes en lo que se refiere a la necesidad de evitar que semejantes medidas excepcionales sean institucionalizadas y se conviertan equivocadamente en un principio.
La responsabilidad política y material directa de toda restricción a la democracia socialista recae en la contrarrevolución burguesa y el imperialismo internacional. El proletariado debe saber que la manera de tratar a los residuos de la antigua clase dominante vendrá determinada por el compor-
tamiento de ésta.
La preparación militar f. Mientras sobreviva el imperialismo en los principales países —y en todo caso, en los Estados Unidos-, jamás abandonará sus intentos de poner fin mediante la presión económica y la fuerza militar, a cualquier extensión ulterior de la revolución socialista. Del mismo modo que no abandonará sus intentos de reconquistar los territorios perdidos para la explotación directa del capital. Esta restauración de modo gradual y pacífico, derrocamiento del capitalismo puede tener lugar de forma pacífica y gradual. Todo Estado obrero o grupo de Estados obreros se encontrará en una situación permanente de tregua armada frente al capital internacional, que en determinadas condiciones puede desembocar en una guerra abierta. De ahí que una de las responsabilidades centrales de la dictadura del proletariado sea la de mantener un estado permanente de preparación militar.
Si rechazamos la idea de que la guerra nuclear mundial es inevitable, rechazamos también la idea de que la propaganda antibélica, la agitación y la organización de clase de las masas obreras en los países capitalitas bastarían para impedir de un modo permanente las guerras de agresión lanzadas por el imperialismo contra los Estados obreros y contra nuevas revoluciones. Si éstas son sus líneas políticas de defensa y extensión de la revolución, que a fin de cuentas decisivas, para cualquier Estado obrero, mientras la clase obrera de los principales países no haya derribado efectivamente la dominación capitalista en su propio país y desarmado a los explotadores, el peligro de una guerra contrarrevolucionaria sigue latente. El proletariado en el poder debe prepararse contra este peligro, del mismo modo que debe estar dispuesto a ayudar a las masas insurgentes de los demás países frente a la intervención armada del imperialismo.
En el curso de la revolución socialista, el proletariado debe armarse frente a la violencia organizada de la clase capitalista. El programa de la IV.ª Internacional explica cómo los piquetes de huelga pueden ser el punto de partida de la organización de los grupos de autodefensa obrera, que a medida que se profundiza la lucha de clases se unirán para formar una milicia obrera
Tras la toma del poder victoriosa por parte del proletariado, cualquier Estado obrero deberá construir un ejército profesional altamente entrenado, además de la milicia, mientras no se haya eliminado el poder del imperialismo. La milicia, el "pueblo en armas", cumple una función importante como expresión directa de la dictadura proletaria, además de serun refuerzo y una reserva para el ejército. Una formación intermedia, como. por ejemplo las reservas regulares de Cuba, compuestas de obreros y campesinos entrenados y dispuestos a abandonar rápidamente su lugar de trabajo para ocupar su puesto como soldados, no sólo amplía la base del ejército regular, sino que contribuye a mantener un vínculo orgánico con los trabajadores.
El propio ejército obrero es un ejército de nuevo tipo que refleja su fundamento de clase. Al crear el Ejército Rojo, la joven República Soviética suprimió el antigua sistema de casta de oficiales. La casta de oficiales es necesaria en el ejército burgués para mantener la autoridad capitalista sobre los obreros y campesinos enrolados en el servicio militar, pues los oficiales son utilizados para alcanzar objetivos de la clase dominante, contrarios a los de sus propios intereses. Sólo en 1935, la burocracia soviética reintrodujo el antiguo sistema de casta de oficiales, expresión de por sí del Termidor estalinista.
La articulación equilibrada entre ambos sistemas, entre el ejército profesional y la milicia, dependerá de la situación internacional concreta con que se enfrente cada Estado obrero, así como del nivel general de desarrollo del país. La razón de ello es que la posibilidad de utilizar una milicia en cada conflicto depende de factores como la rapidez con la que puede ser movilizada y transportada y del número de trabajadores que pueden liberarse de la producción, del mismo modo que de la naturaleza de toda amenaza externa.
En términos generales: "Las proporciones de las unidades permanentes y territoriales pueden servir de indicio, medir el avance hacia el socialismo". (Trotsky, La revolución traicionada).
Unicamente al acercarse a la sociedad socialista, el sistema de milicias se convertirá en la única forma de defensa. "El ejército de la dictadura del proletariado, conformemente al programa del partido, debe tener un carácter de clase claro, es decir, estar compuesto exclusivamente de proletarios y campesinos que pertenecen a las capas pobres semiproletarias de la población del campo. Este ejército de clase sólo se convertirá en una milicia socialista del pueblo entero tras la supresión de las clases". (Trotsky, ibidem).
El mantenimiento de un estado de preparación militar frente a toda guerra de agresión imperialista implica que hay que emplear recursos, que se necesitan en otras partes para acelerar la evolución hacia el socialismo, en la producción de armas, en el mantenimiento de un ejército, etc. Es una razón suplementaria para rechazar la utopía reaccionaria de la "construcción del socialismo en un solo país".
Dicho esto, los imperativos de un estado de preparación militar no implican ni justifican en modo alguno las restricciones burocráticas a la democracia obrera.
La capacidad de autodefensa y la fuerza armada del Estado obrero se incrementan gracias a un alto nivel de comprensión y convicción política por parte de las masas; un alto nivel de actividad política, de movilización y de vigilancia; y mediante la educación y la actividad internacionalista.
Dos factores clave en la capacidad de autodefensa de todo Estado obrero son: el grado de cohesión social y el grado de identificación política de las masas trabajadoras con un Estado dado y su gobierno, así como la productividad media del trabajo. Cuanto más amplia y menos limitada sea la democracia obrera, tanto mayores serán la cohesión social y la identificación de las masas con el Estado obrero y su dirección, y tanto más rápido será el crecimiento de la productividad del trabajo. Lejos de ser un "lujo" en una situación mundial caracterizada por guerras de agresión potenciales, por parte del imperialismo, la democracia obrera es una baza importante en manos de un Estado obrero, aunque sólo fuera desde un punto de vista exclusivamente
En la medida en que el imperialismo no puede comprometerse en aventuras militares sin suscitar una oposición masiva de la clase obrera a nivel interno, trata de debilitar esta oposición incrementando la represión y las restricciones a los derechos democráticos de los trabajadores. La democracia obera ejercería un poder de atracción cada vez más amplio entre las masas resistentes y explotadas en los países capitalistas, minando el poder militar del imperialismo.
Frente a la política de colaboración de clases del "socialismo en un solo país", practicada actualmente por las castas burocráticas en los Estados obreros deformados y degenerados, un régimen de democracia obera representaría y expresaría el interés que tienen los trabajadores en extender la revolución mundial. Dentro de los límites de la relación de fuerzas de la política mundial, las fuerzas armadas de este régimen revolucionario estarían a disposición del proletariag. El estado de preparación militar de los Estados obreros frente a las amenazas de agresión imperialista deben incluir medidas especiales contra el espionaje, los saboteadores enviados desde el extranjero, y otras formas de acción militar antiobrera que podrían persistir durante años o incluso decenios. Los espías y los saboteadores deberían ser juzgados por espionaje y sabotaje y no por sus "ideas subversivas" Así, este tipo de medidas técnicas específicas, de autodefensa, adoptadas por el Estado obrero, deberían reforzar la democracia obrera y no limitarla. El papel de los partidos políticos h. Los marxistas revolucionarios rechazan toda ilusión espontaneísta según la cual el proletariado sería capaz de resolver los problemas estratégicos y tácticos ligados al derrocamiento del capitalismo y del Estado burgués, de conquistar el poder del Estado y construir el socialismo, sin la
dirección de los sectores más avanzados del prolętariado, organizados en un partido de combate de tipo leninista, y sin el programa marxista revolucionario. El papel insustituible de este partido revolucionario de vanguardia obrera, de cuadros proletarios educados en el programa marxista, prueba en la lucha de clases, es aún más importante tras la puesto a conquista del poder por la clase obrera. El partido leninista reforzado debe dirigir a los trabajadores en la gestión de un
Estado, un trabajo mucho más difícil que el derrocamiento del
Estado capitalista, hasta que el capitalismo haya sido liquidado a escala mundial. Los problemas de la defensa del Estado obrero, a nivel nacional e internacional, frente a las potencias burguesas; la organización de la economía sobre bases nuevas; la consolidación de los órganos democráticos del poder obrero; la construcción de una internacional revolucionaria y de masas para extender la revolución: el combate contra los prejuicios; las ideas reaccionarias y las desigualdades heredadas del pasado básicos de la transición al socialismo no pueden resolverse espontáneamente. Para ello, hace falta que la dirección del partido aplique el programa marxista revolucionario.
"El partido comunista no sólo es necesario para la clase . obrera antes y durante la conquista del poder, sino también después de esta. La historia del Partido Comunista Ruso, que desde hace tres años detenta el poder, muestra que el papel del partido comunista, lejos de disminuir a partir de la conquista del poder, ha aumentado considerablemente" (Cuatro primeros Congresos de la I.C.).
i. Los trabajadores sabrán tomar las medidas necesarias para bloquear a los grupos contrarrevolucionarios que traten de derrocar su poder. Cualquier tentativa por parte de un sector privilegiado, de dictar a los trabajadores qué partidos políticos pueden reconocer y por cuáles pueden votar, es un golpe, no contra el enemigo de clase, sino contra la clase obrera; esto mina el ejercicio del poder político por los trabajadores. Las masas trabajadoras mismas, a través de un voto libre, determinarán cuáles son los partidos políticos que forman parte del sistema soviético.
Los trabajadores deben ser libres de organizar grupos, tendencias y partidos, sin limitación ideológica apriorística. La dialéctica del debate y de la lucha política en el seno de la clase obrera es el mejor medio de resolver los innumerables problemas de táctica, de estrategia y de teoría (programa) ligados a la gigantesca tarea de construir una sociedad sin clases bajo la dirección de las masas tradicionalmente oprimidas, explotadas y pisoteadas. La libertad para estas masas de organizar grupos, tendencias y partidos políticos —con reserva de las restricciones que los propios trabajadores considerarán eventualmente necesarias para defenderse frente al enemigo de clase— es la única vía para avanzar hacia una auténtica democracia obrera.
La emancipación del proletariado sólo puede ser realizada deriva que el papel del partido leninista, tanto durante como después de la conquista del poder, consiste en dirigir políticamente a la clase obrera, en impulsar y desarrollar la movilización y la actividad de la clase obrera en defensa de sus intereses; en ayudar a los trabajadores a tomar parte en el proceso de decisión a niveles cada vez más amplios; y en luchar en el seno de la clase para ganar un apoyo mayoritario a sus propuestas, con medios políticos y no con medidas administrativas o represivas.
El partido y el aparato de Estado siguen siendo entidades separadas y distintas.
j. En la joven república soviética, bajo Lenin, todos los partidos, con excepción de los bolcheviques, se alinearon al final con la contrarrevolución frente al poder soviético. Los bolcheviques no tuvieron otra opción que la de gobernar solos, y actuaron correctamente al hacerlo. Sin embargo, ningún texto teórico de Marx, Engels, Lenin o Trotsky, ni ningún texto programático de la Illa Internacional bajo Lenin o de la IVa Internacional, contiene la idea de que para mantener el poder de los trabajadores sistema de partido único. El razonamiento estalinista, desarrollado tras la muerte de Lenin, según el cual las clases sociales siempre han estado representadas por un partido único, es falso históricamente y sólo sirve apología del monopolio de poder político, usurpado por la burocracia soviética y por sus herederos ideológicos e imitadores en los Estados obreros deformados.
En cambio, la historia ha confirmado la justeza de la posición de Trotsky, según la cual Stalin transformó "la enseñanza marxista sobre la naturaleza de clase del partido"
en una caricatura.
"A decir verdad, las clases son heterogéneas, están desgarradas por antagonismos anteriores y sólo alcanzan sus fines comunes mediante la lucha de tendencias, agrupamientos y partidos. Cabe reconocer, con algunas restricciones, que un partido es una 'fracción de clase'. Pero dado que una clase se compone de numerosas fracciones —las unas miran hacia adelante y las otras hacia atrás—, la misma clase puede formar diversos partidos. Por esta misma razón, un partido puede apoyarse en fracciones de diversas clases.
En toda la historia política no se encontrará un único partido que represente a una única clase, si por supuesto no se consiente en tomar una ficción policial por la realidad".
Esto era cierto para la burguesía bajo el feudalismo y el capitalismo, como para los trabajadores bajo el capitalismo.
Esto seguirá siendo cierto para la clase obrera bajo la dictadura del proletariado.
Los marxistas revolucionarios rechazan el argumento anarquista, retomado ulteriormente por los "consejistas"
ultraizquierdistas o los "sovietistas", según la cual los partidos políticos, por su propia naturaleza, constituyen formaciones burguesas extrañas a la clase obrera y no hay sitio para ellos en el seno de los consejos obreros. Rechazamos el argumento según el cual los partidos tienden automáticamente a usurpar el poder político de la clase obrera. Si los agrupamientos políticos, las tendencias y los
•partidos se han multiplicado y han tomado formas cada vez más desarrolladas bajo el capitalismo, no es cierto, no obstante, que hayan aparecido únicamente con el advenimiento de la burguesía contemporánea. Los grupos políticos se desarrollaron con el advenimiento del Estado, que a su vez surgió de la sociedad de clases. Estos grupos han evolucionado hasta convertirse en partidos políticos, con el nacimiento de formas de gobierno en las que un número relativamente grande de personas participaba en cierta medida en el ejercicio del poder político (por ejemplo, en las democracias urbanas de la Antiguedad y de la Edad Media).
Los partidos políticos son un reflejo de la lucha de clases en el terreno político, a saber en torno a las cuestiones vinculadas a la política estatal y gubernamental. Mientras persista el conflicto entre las clases, las formaciones políticas continuarán existiendo. Sólo podrán desaparecer cuando se realicen grandes avances hacia el socialismo mundial y la extinción del Estado.
La oposición anarquista y "consejista" a los partidos políticos bajo la dictadura del proletariado apunta a dos direcciones que son igualmente falsas. Esta oposición puede traducir la vana esperanza de que la masa de trabajadores va a abstenerse de formar o apoyar a grupos, tendencias partidos - en cuyo caso es simplemente utópica. O bien puede servir como pretexto de un intento de reprimir a los Trotsky:
"No es por nada que Engels caracterizó la revolución socialista como el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. La revolución no es aún el reino de la libertad. Al contrario, desarrolla al máximo los rasgos de la necesidad. El socialismo abolirá los antagonismos de clase junto con las clases, pero la revolución lleva la lucha de clases a su culminación. (...) En el socialismo, la solidaridad constituirá la base de la sociedad. (...) La potente fuerza de la emulación, sociedad burguesa reviste el carácter de la
competencia en el mercado, no desaparecerá en la sociedad socialista. Para utilizar el lenguaje del sicoanálisis, será sublimada, es decir, más elevada y más fecunda. Se colocará en el plano de la lucha por las opiniones, los proyectos, los gustos. En la medida en que se eliminen las luchas políticas —en una sociedad donde no haya clases, no podría haber estas luchas—, las pasiones liberadas se canalizarán hacia la técnica y la construcción, hacia el arte. (...) Todas las esferas de la vida, como el cultivo de la tierra, la planificación de la vivienda, la construcción de tratos, los métodos de enseñanza, la solución de los problemas científicos, la creación de nuevos estilos, interesarán a todos y cada uno. Los hombres se dividirán en "partidos" en torno a la cuestión de un nuevo canal gigantesco o a la distribución de oasis en el Sahara (esta cuestión se planteará también), a la regularización del clima, a un nuevo teatro, a una hipótesis química, a escuelas de música en competencia, al mejor sistema deportivo. Tales reagrupamientos no estarán envenenados por ningún egoísmo de clase o de casta. (...) La lucha tendrá un carácter puramente ideológico. Nada tendrá que ver con la carrera tras el beneficio; la vulgaridad, la traición y la corrupción, todo lo que constituye el alma de la competencia en la sociedad dividida en clases. No por ello la lucha será menos excitante, menos dramática y menos apasionada". En el período de transición que lleva al socialismo, los partidos políticos serán sustituidos progresivamente por el tipo de "partidos" que describe Trotsky. Con la creación de una sociedad sin clases, el Estado, los partidos políticos y la política desaparecerán todos. En su lugar, la norma será el tipo de disputas y formaciones que esboza Trotsky. Los consejos obreros y la extensión de los derechos democráticos
1. Incluso bajo los regímenes burgueses más democráticos, la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, de la explotación de clase y de la desigualdad social y económica que de ahí se deriva, tiene como resultado la restricción violenta del ejercicio efectivo y del gozo de los derechos democráticos por parte de la gran mayoría. La ley defiende la propiedad privada sobre los medios de producción, y el aparato represivo del Estado trata de controlar, y si es necesario, de reprimir a la inmensa mayoría.
Esta es la base de la crítica formulada por Marx y Lenin a los límites de la democracia burguesa. Su conclusión es que la democracia obrera debe ser superior a la democracia burguesa, tanto en el plano económico y social —como el derecho al trabajo, a la seguridad de la existencia, a la escolaridad gratuita y al tiempo del ocio—, como en el alcalce y amplitud de los derechos democráticos de que gozan los trabajadores.
Conceder a un partido único el monopolio de acceso a las imprentas, a la radio, a la televisión y demás medios de comunicación de masas, así como a las salas de reunión, equivale a limitar y no a ampliar los derechos democráticos del proletariado. Esto cabe decir también de las llamadas organizaciones de masas o "asociaciones profesionales" (como la Asociación de Escritores), controladas exclusivamente por un partido único.
Los derechos de los trabajadores, incluidos los que tienen opiniones divergentes, a tener acceso a los medios materiales que permitan ejercer los derechos democráticos (libertad de prensa, de reunión, de manifestación, derecho de huelga. etc.) son indispensables, del mismo modo que la independencia de los sindicatos con respecto al Estado.
Bajo el capitalismo e incluso bajo las formas precapitalistas de producción mercantil, es la ley. del valor —una ley económica objetiva, que opera de manera ciega y anárquica, a espaldas de los hombres yd e las mujeres—, la que regula la vida económica, incluida la distribución del tiempo de trabajo y los recursos económicos entre los sectores de base de la economía. La revolución socialista constituye un gigantesco salto hacia la regulación consciente del porvenir económico y social de la humanidad. Aunque este proceso no puede concluir sino con la aparición de una sociedad socialista. mundial, comienza ya en la era de la dictadura del proletariado con la planificación consciente de la economía nacionalizada. Si la influencia de la ley del valor no puede ser enteramente suprimida durante el período de transición entre el capitalismo y el socialismo, superada, pues de lo contrario no puede planificarse la
Planificar significa asignar recursos económicos en función de las prioridades determinadas socialmente, y no en función de las fuerzas ciegas del mercado y de la ley del beneficio. Pero, ¿quién determinará estas prioridades, que afectan al bienestar de decenas y centenares de millones de
La experiencia en la URSS y en los Estados obreros deformados muestra que la planificación impuesta por una burocracia privilegiada, sin la participación democrática de las masas trabajadoras, es una fuente de despilfarro y que es de hecho ineficaz. Esto no sólo se debe al despilfarro de recursos materiales y capacidades productivas, y a una gran desorganización del plan, sino también — y estó es lo peor— al ahogo sistemático del potencial creador y productivo de la
La democracia obrera reduce ampliamente La construcción de una sociedad socialista sin clases implica también una enorme remodelación de todos los aspectos de la vida social. Implica un proceso permanente de cambio revolucionario en las relaciones de producción, el modo de distribución, el proceso laboral, las formas de gestión de la economía y de la sociedad, así como en las tradiciones, las costumbres y las maneras de pensar de la gran mayoría de la población. Implica la reconstrucción fundamental de todas las condiciones de vida: la reconstrucción de las ciudades, el desarrollo de servicios sociales que pondrán fin a la esclavitud doméstica de las mujerers, una revolución completa del sistema escolar, el restablecimiento y la protección del medio ambiente natural, innovaciones tecnológicas para preservar los recursos naturales, etc.
Hasta ahora, las conquistas más elevadas de la cultura han sido privativas de la clase dominante, de las prerrogativas y privilegios particulares de la intelliguentsia. Los miembros de este grupo especial actúan como guardianes y reveladores de la ciencia, del arte y de las profesiones, en beneficio de la clase dominante. La intelliguentsia como capa social distinta desaparecerá gradualmente, a medida que las masas se arroguen progresivamente el conjunto del acero cultural del pasado y empiecen a crear una cultura socialista. En este sentido, la distinción entre el trabajo "manual" e "intelectual" desaparecerá, y al mismo tiempo, cada individuo podrá desarrollar sus propias capacidades y talentos.
Todos estos esfuerzos, para los que la humanidad no posee ningún esquema, darán pie a importantes debates ideológicos y propuestas de signo contrario. Cualquier restricción de estos debates y agrupamientos sólo trabaría el surgimiento de un acuerdo mayoritario a propósito de las medidas más eficaces a adoptar para avanzar en la construc-
Estos debates proseguirán durante todo el proceso de construcción del socialismo. Guardan relación con la aniquilación de los males sociales, profundamente arraigados en la sociedad capitalista, que no desaparecerán inmediatamente con la eliminación de la explotación capitalista, o ni siquiera del trabajo asalariado —los efectos de la opresión y de la alienación de las mujeres, de las minorías nacionales y de las demás capas sociales oprimidas. La eliminación de estos legados costosos de la sociedad de clases exige la libertad de organización y acción de las organizaciones independientets de las mujeres y de las minorías nacionales —es decir, las organizaciones de sectores de la población que no son idénticos a la clase obrera. El partido revolucionario se verá ampliamente favorecido en la lucha por ganar la hegemonía política en el seno de estos movimientos y para poner en jaque a las diversas corrientes reaccionarias, impulsando la más amplia democracia posible en sus filas, y defendiendo intransigentemente el derecho de todas las tendencias a expresar sus opiniones y plataformas ante la sociedad.
Las masas tomarán parte activa en la evolución hacia una sociedad sin clases, no sólo mediante sus votos, sino también a través de la administración y la gestión efectiva de la sociedad a todos los niveles. Esta participación directa no puede limitarse únicamente a los trabajadores "producti-
vos". Lenin dice que la vasta mayoría de la población participará directamente en la gestión de las "funciones del
Estado". Es un aspecto de la extinción del Estado que empieza cuando el proletariado se convierte en clase dominante. Los soviets, en torno a los que se consolidará a dictadura del proletariado, no serán únicamente consejos de fábrica, sinó órganos de las masas en todos los terrenos de la vida económica y social, incluídas las fábricas, las unidades comerciales, los hospitales, las escuelas, los centros de transporte y de comunicación. Esto es indispensable para integrar en el seno del proletariado organizado como clase dirigente, a sus capas más diversas y frecuentemente las más pobres y más oprimidas, como las mujeres, las nacionalidades oprimidas, los trabajadores rurales, los trabajadores de los pequeños talleres, los jubilados que sólo trabajan algunas horas por semana. Es indispensable también para consolidar la alianza entre la clase obrera y las capas inferiores de la pequeña burguesía explotada, ante todo los pequeños agricultores o los campesinos. Esta alianza es decisiva para conquistar y defender el poder estatal, y para reducir los costes sociales de la construcción del socialismo. 4. La revolución política contra las burocracias estalinistas a. Los estalinistas de todo pelaje, los demócratas, numerosos centristas, anarquistas y ultraizquierdistas, así como los apologistas puros y simples del capitalismo -cada uno por sus propias razones— asimilan el leninismo con el estalinismo. Los estalinistas lo hacen para tratar de encubrir su abandono del leninismo y para justificar la usurpación del poder por la burocracia en los Estados obreros deformados o degenerados. Los demás intentan abiertamente poner en descrédito al leninismo.
Numerosos adversarios del leninismo avanzan el argumento de que la aparición del estalinismo tiene sus razones en la concepción leninista de la organización revolucionaria, centralizada, de la vanguardia obrera. Pretenden que los esfuerzos realizados por los bolcheviques para construir un partido • de combate y dirigir la revolución proletaria habrían desembocado de modo ineluctable en una relación paternalista, manipuladora y burocrática entre el partido y las masas trabajadoras..Esto, a su vez, habría conducido al monopolio del poder del partido único, que, según dicen, habría desembocado en el estalinismo. Este argumento histórico e
Otra idea falsa consiste en tratar de oponer los escritos de Trotsky de los años treinta, en su lucha contra el estalinismo, a los escritos de Lenin y Trotsky bajo la dictadura del proletariado, durante el primer período de la república soviética. Este intento no sólo falsifica las posiciones reales de Trotsky a finales de su vida, sino que es una manera de sembrar la duda en torno a lo que lograron los bolcheviques. La revolución rusa fue una de las movilizaciones de masas más profundas y contínuas en la historia, caracterizada en particular por sus movilizaciones obreras.
Las causas de la expropiación política de la clase obrera por la casta burocrática ascendente fueron materiales — una conjugación de factores sociales y económicos. A causa de la del país, los bolcheviques comprendieron que era imposible que el proletariado soviético detentara directamente el poder durante el período prolongado si la revolución permanecía aislada. Apostaron a la extensión de la revolución, y ante todo la esperaban en Europa. Sabían que el primer Estado obrero necesitaba ayuda para romper el cerco capitalista. El declive catastrófico de las fuerzas productivas en Rusia, resultado de la primera guerra mundial, la guerra civil, la intervención militar imperialista y el sabotaje perpetrado por los técnicos proburgueses y otros especialistas, comportaron unas condiciones de penuria extrema que favoreció el crecimiento de los privilegios particulares en el seno del aparato gubernamental, entre la intelliguentsia, etc. Esos mismos factores condujeron a un debilitamiento cualitativo del proletariado, ya de por sí muy débil, que había quedado agotado por la guerra y las privaciones. Encima, importantes sectores de la vanguardia política de la clase murieron en la guerra civil o abandonaron las fábricas para integrarse en el ejército rojo y en el aparato de Estado.
Tras el comienzo de la nueva política económica, se inició un cierto relanzamiento económico. Pero el paro masivo y las continuas decepciones provocadas por los retrocesos y las derrotas de la revolución mundial, alimentaron la pasividad política y un declive general de la actividad política de las masas.
La casta burocrática ascendente se desvió de la revolución mundial. Este es el sentido de la teoría del "socialismo en un solo país". Con el triunfo del estalinismo en el conjunto de la
Internacional Comunista, los partidos miembros de esta última fueron transformados, de instrumentos revolucionarios que eran, en útiles de la diplomacia del Kremlin, en busca de pactos de colaboración de clases con el imperialismo a expensas de la revolución mundial. Este hecho, a su vez, produjo nuevas derrotas de la revolución, prolongado el aislamiento de la URSS, fomentando un estado de ánimo conservador entre las masas soviéticas y reforzando las condiciones favorables a la burocratización.
Frente a la creciente degeneración estalinista, y en defensa del programa marxista de la revolución mundial, la oposición de izquierdas comunista internacional, que más tarde se convertiría en la IVa Internacional, reservó así el programa leninista para el porvenir. Pero en las condiciones de la Unión Soviética, la clase obrera y su vanguardia bolcheviqueleninista eran incapaces de impedir el crecimiento de una capa que disponía de privilegios materiales. Para mantener y ampliar sus privilegios, esta capa burocrática limitaba cada vez más los derechos democráticos de los trabajadores. Dado que su acceso mayor a los bienes y servicios de consumo dependía de su monopolio sobre el aparato de Estado, la burocracia destruyó los soviets y el propio partido bolchevique (utilizando el nombre de este para sus propios fines). Estas son las causas principales de la usurpación por la burocracia del ejercicio del poder político directo por los trabajadores. Estos factores materiales comportaron la fusión gradual del aparato del partido, del aparato del Estado y del aparato de gestión económica en una casta burocrática cristalizada.
Los intentos de explicar el ascenso del estalinismo como resultado del "sistema de partido único" pasan totalmente al margen de la cuestión; destruyendo el partido bolchevique, la casta burocrática no lo sustituyó por otro partido político, sino por un aparato destinado a asegurar su dominio totalitario, que de "comunista" y de "partido" no tiene más
Lejos de contribuir a este proceso de degeneración, la concepción leninista del partido y del centralismo democrático estaba en el corazón del programa de quienes estuvieron a la cabeza de los trabajadores en la lucha contra la burocratización estalinista. La oposición de izquierda reconoció que el leninismo había permitido a los bolcheviques preservar el programa marxista frente a la capitulación masiva ante el imperialismo mundial por los partidos de la lla Internacional. Creó una fuerza proletaria disciplinada que podía actuar sobre la base de dicho programa.
Un partido leninista es el arma decisiva para dirigir a los trabajadores a la conquista y el mantenimiento del poder. La prueba de ello estuvo en la revolución rusa misma. Los bolcheviques habían dirigido a la clase obrera, y la clase obrera había dirigido a la nación, en la revolución más grande de la historia. Los bolcheviques habían dirigido al proletariado, instaurando por primera vez el sistema soviético en el poder y manteniendo el poder frente a dificultades gigantescas y agresiones feroces.
En cambio, la experiencia histórica confirma que en ausencia de este partido, o si este no es suficientemente firme y decidido, los consejos obreros que se forman en el transcurso de los ascensos revolucionarios —por ejemplo, en Alemania en 1918-19 y en España en 1936-37—, no llegan a conquistar el poder mediante el derrocamientó del Estado burgués. Los hechos confirman la teoría marxista, demostrando que la mejor posibilidad para conquistar-y ejercer el poder reside en la organización libre y democrática de las masas trabajadoras en estructuras de tipo soviético, en cuyo seno gane la dirección política un partido leninista.
Pese a que en 1921 los bolcheviques se hubieran encontrado como el único partido dispuesto a defender el poder soviético, esto no significaba el ascenso automático de la dictadura burocrática estalinista. En el primer período después de la revolución de Octubre, los bolcheviques buscaron activamente y lograron realizar una coalición con los socialistas revolucionarios de izquierda en el seno del gobierno soviético. Pero también estas fuerzas desertaron de la revolución proletaria. Frente a estas realidades de la lucha de clases que les venían impuestas. ¿Acaso tendrían que haber renunciado los bolcheviques al poder? Esto habría significado la restauración del capitalismo, la transformación de la
URSS en una semicolonia del imperialismo, el aplastamiento brutal y la explotación sin piedad de los trabajadores soviéticos por la burguesía mundial.
El partido bolchevique era un instrumento de la clase obrera y un enemigo de la burocracia. La dirección soviética
- empezando por Lenin y Trotsky— estaba formada por partidarios inquebrantables de la revolución socialista mundial, y la defendían en la medida de sus fuerzas políticas y materiales. Para ellos ni siquiera podía hablarse del "socialismo en un solo país". Pese a que la burocracia no disponía aún de una dirección política ni de una ideología formulada, ya en 1921 habían aparecido, en la Unión Soviética, síntomas políticos significativos y abusos materiales. Los bolcheviques lo reconocían abiertamente. El problema de la burocracia fue planteado de forma explícita por Lenin en el X°
Congreso del partido bolchevique, en el mismo discurso en que explicaba la necesidad de aplastar la revuelta de
Kronstadt. Lenin consagró los dos últimos años de su vida a la búsqueda de un medio para denunciar y mantener en raya el crecimiento de la burocracia, para eliminarla incluso en los círculos dirigentes del partido. Propuso a Trotsky organizar una fracción común para luchar contra Stalin, en el XII° Congreso del partido. En otras palabras, en la época del levantamiento de Kronstadt, la dirección bolchevique no representaba a la burocracia, ni en el plano ideológico ni en el plano político, sino que más bien era su peor enemigo político.
Otro argumento — compartido por los ultraizquierdistas y apologistas burgueses— consiste en decir que determinadas medidas defensivas que se vieron obligados a tomar los bolcheviques abrieron la vía al estalinismo. La represión de la revuelta de Kronstadt y la prohibición de los partidos que se organizaron para derribar el poder soviético con los doș ejemplos que más a menudo se mencionan a este propósito.
Lo cierto es justamente lo contrario. Estas medidas contribuyeron a retrasar el triunfo de la "segunda ola de menchevismo" durante un tiempo - durante el cual los bolcheviques hicieron todo por defender la revolución. Este argumento deja de lado el contenido de clase antagónico entre el bolchevismo y el estalinismo. No cabe duda que los como Lenin y Trotsky no temían reconocer. Pero las medidas que adoptaron contra el enemigo de clase y sus agentes iban en defensa del Estado obrero y en el interés de los trabajadores y de la revolución mundial. Las medidas adoptadas por Stalin iban en contra de a favor de los intereses de la casta burocrática ascendente.
Esta argumentación equivale finalmente a afirmar que los métodos empleados por los bolcheviques para defender el Estado obrero facilitaron por lo menos el recurso ulterior a métodos similares por parte de la burocracia contra sus adversarios en el seno del partido bolchevique y más tarde contra miembros de la propia fracción de Stalin. Pero este argumento ignora el hecho de que en las luchas entre clases inevitablemente los campos opuestos utilizarán métodos y armas similares. ¿Acaso debería renunciar entonces la clase obrera al empleo de la fuerza contra sus enemigos de clase, so pretexto de que la violencia podría ser utilizada posteriormente contra los que permanecieran fieles al programa marxista?
b. La contrarrevolución polítiça, a cuya cabeza se encontraba Stalin, implicó que una capa pequeño burguesa, extraña y hostil a la clase obrera, aplastó la democracia obrera. La democracia es incompatible con el mantenimiento de los privilegios y del poder de la casta burocrática. Puesto que no posee los medios de producción, la burocracia perdería sus privilegios si los funcionarios fueran elegidos de acuerdo con la democracia obrera y. si el aparato de Estado estuviera bajo control proletario.
La contrarrevolución no venció la resistencia de la clase obrera hasta el punto de restaurar la propiedad privada de los medios de producción. La propiedad estatal de los medios de producción y la planificación económica, condiciones necesarias para el desarrollo socialista, suministraron la base de un crecimiento rápido de las fuerzas productivas. Pero el aparato del Estado obrero conoció una degeneración completa; en lugar de un arma de la clase obrera, se convirtió en un arma de la violencia burocrática contra la clase obrera. El régimen político totalitario estalinista se asemeja enormemente al que se estableció en los países capitalistas por parte de los movimientos fascistas victoriosos. A este respecto, el nivel de derechos políticos de que gozan los trabajadores ha caído muy por debajo del nivel alcanzado por las masas en las democracias burguesas gracias a la lucha. La URSS encarna así unas contradicciones intensas, que combinan rasgos que van en dirección al socialismo, con los rasgos más atrasados de la dominación capitalista en el período de agonía del imperialismo. La Unión Soviética sigue siendo un Estado obrero degenerado. Como explicó Trotsky, en ella los trabajadores son al mismo tiempo la clase dirigente y una clase oprimida.
En los países del Este, en Mongolia, en Corea del Norte, en Yugoslavia, en China y en Vietnam han surgido Estados obreros que ya estaban deformados desde su nacimiento, debido a la naturaleza estalinista de su dirección. En estos países han consolidado el poder unas castas burocráticas privilegiadas, bloqueando así la formación de un sistema de democracia obrera.
En el caso de Cuba, la IVa Internacional sostiene que se estableció allí un Estado obrero en agosto-octubre de 1960, bajo una dirección revolucionaria, y que si bien no conoció formas soviéticas, tampoco ha habido la poder por una casta burocrática. Es por esta razón que Cuba constituye un caso único entre todos los Estados obreros. Independientemente de las deformaciones burocráticas que existen, tienen un carácter cualitativamente distintas de las de los Estados obreros deformados o de la URSS. La IVa Internacional está discutiendo actualmente sobre la evolución de la revolución cubana, y los resultados de dicha discusión serán incorporados a la presente resolución.
Los Estados obreros degenerados o deformados — al igual que Cuba- deben ser defendidos por las masas trabajadoras del mundo frente a todo intento de restauración del capitalismo, lo que constituiría un gigantesco paso atrás. Al mismo tiempo, las castas burocráticas en esos países representan el mayor obstáculo interno a la defensa de las conquistas de los trabajadores y al avance hacia el socialismo.
La casta burocrática es una capa profundamente conservadora. Todo lo que pide es que se le deje gobernar tranquilamente. Por esta razón, todas las castas burocráticas buscan un entendimiento con el imperialismo, incluso a expensas de las demás. Como contrapartida a una "paz" inalcanzable y utópica con el'imperialismo, los estalinistas están dispuestos a utilizar su influencia en el movimiento obrero internacional al servicio del capitalismo contra la revolución mundial. Es por esta razón por la que suscriben todas las teorías stalinistas del "socialismo en un solo país" (el "suyo"). Esto no es sino una manera de declarar la voluntad de la burocracia de apuñalar por la espalda la revolución antiimperialista y socialista en cualquier país.
La política exterior de las castas burocráticas incrementa el peligro de restauración capitalista al reforzar la influencia de un imperialismo en declive a escala mundial. En el plano interior, la dominación de las castas burocráticas deforma y sabotea la economía planificada y alimenta todo tipo de desigualdades. La opresión de los trabajadores, de las mujeres, y de las minorías nacionales debilita la dictadura del proletariado. Tanto en el plano interno como a nivel internacional, estas castas son enemigos de la clase obrera y del socialismo. La defensa de los Estados obreros deformados o degenerados exige por tanto la lucha por derribar a las castas burocráticas, instalar regímenes de democracia obrera y
restablecer la política leninista del internacionalismo proletario.
Si bien se muestran tímidos frente a los capitalistas, estas castas lucharán encarnizadamente por defender sus privilegios. Están dispuestas a desencadenar una violencia y una represión extremas contra los trabajadores. Para que estos Estados obreros puedan progresar hacia el socialismo, es necesario que el proletariado: "elimine" las castas burocráticas con medios revolucionarios. Dado que los fundamentos económicos y las adquisiciones sociales instauradas en primer lugar por la revolución de Octubre serán preservadas por los trabajadores insurrectos de cada país, los marxistas definen el derrocamiento de la burocracia como una revolución política.
g. El texto de fundación de la IVa Internacional, "La agonía del capitalismo y las tareas de la IVa Internacional", adoptado en 1938, ofrecía las grandes líneas del programa fundamental de la revolución política de la URSS. Este texto mantiene un valor fundamental hoy en día y puede hacerse extensible a los Estados obreros deformados:
"El nuevo ascenso de la revolución en la URSS comenzará, sin duda alguna, tras la bandera de la lucha contra la desigualdad social y la opresión política (a partir de la experiencia de Europa del Este y de las luchas de las nacionalidades oprimidas en la Unión Soviética, podemos añadir a ello también la opresión nacional por el Kremlin). ¡Abajo los privilegios de la burocracia! /Abajo el estajanovismo! ¡Abajo la aristocracia soviética con sus grados y condecoraciones! ¡Más igualdad en la remuneración de todas las formas de trabajo!
La lucha por la libertad de los sindicatos y comités de fábrica, por la libertad de reunión y de prensa, se convertirá en una lucha por el renacimiento y la expansión de la democracia soviética. La burocracia ha sustituído a los soviets como órganos de clase por la ficción del sufragio universal, en el estilo de Hitler-Goebbels. Hay que devolver a los soviets, no solamente su libre forma democrática, sino también su contenido de clase. | Del mismo modo que anteriormente la burguesía y los kulaks no eran admitidos en los soviets, también ahora hay que expulsar de los soviets a la burocracia y a la nueva aristocracia. En los soviets sólo hay sitio para los representantes de los obreros, de los trabajadores, de los koljoses, de los campesinos y de los soldados rojos.
La democratización de los soviets es inconcebible sin la legalización de los partidos soviéticos. Los propios obreros y campesinos, con su sufragio libre, mostrarán qué partidos son soviéticos.
¡Revisión de la economía planificada de arriba a abajo en interés de los productores y consumidores! Los comités de fábrica deben retomar el derecho de control sobre la producción. Las cooperativas de consumo democráticamente organizadas deben controlar la calidad de los productos y sus precios.
¡ Reorganización de los koljoses de acuerdo con la voluntad de los koljosianos y según sus intereses!
La política internacional conservadora de la burocracia debe ceder el puesto a la política del internacionalismo proletario. Toda la correspondencia diplomática del Kremlin debe ser publicada. ¡Abajo la diplomacia secreta!
Todos los procesos políticos montados por la burocracia termidoriana deben ser revisados, en las condiciones de una publicidad completa y de un examen libre (...) Unicamente el levantamiento revolucionario victorioso de las masas oprimidas puede regenerar al régimen soviético y asegurar su marcha adelante hacia el socialismo. Unicamente el partido de la /Va Internacional es capaz de conducir a las masas soviéticas a la insurrección".
Los consejos obreros nacerán en el transcurso de la revolución política. "Serán creados por las capas de obreros atraídas al movimiento. La significación de los soviets reside precisamente en el hecho de que su composición viene determinada, no por criterios formales, sino por la democracia de la lucha de clases. Determinadas capas de las aristocracia soviética vacilarán entre el campo de los trabajadores revolucionarios y el de la burocracia. El que estas capas entren o no en los soviets, en este u otro momento, dependerá de la evolución general de la lucha y de la actitud que adopten los distintos grupos de la aristocracia soviética en el transcurso de la misma. Los elementos de la burocracia y de la aristocracia que durante el proceso revolucionario pasen al lado de los rebeldes, encontrarán sin duda su puesto en los soviets. Pero esta vez, no como burócratas y aristócratas, sino como participantes en la revuelta contra la burocracia".
d. Las luchas antiburocráticas en los Estados obreros degenerados o deformados desde 1938 han confirmado la justeza de este programa en sus grandes líneas. La revolución húngara de 1956 es la que más se acercó a una revolución política de gran envergadura; la "primavera de Praga" 1968-69, aunque no haya ido tan lejos como la revolución húngara, tuvo la ventaja de desarrollarse en un país en que el proletariado constituye la mayoría aplastante de la población activa, disponiendo de una tradición organizativa socialista y sindical más importante.
Estas dos experiencias, al igual que las luchas obreras más limitadas de Polonia, confirman que el programa de democracia obrera defendido por los marxistas revolucionarios es la expresión consciente de a lo que aspiran millones de trabajadores y obreros cuando se levantan contra la dominación totalitaria de la burocracia. Expresa la estrategia a seguir para el proletariado en los Estados obreros degenerados y deformados.
La lucha contra la opresión nacional rusa, contra la policía secreta, por la liberación de los presos políticos, contra la represión de las actividades sindicales que escapan al control de la burocracia, contra la censura de prensa, contra la arbitrariedad judicial (es decir, por una ley escrita y por el derecho de los acusados a un proceso equitativo), contra la dictadura, se expresan en el control totalitario de todos los aspectos de la vida por el partido estalinista y por la libertad de otros partidos obreros a organizarse, contra el control de la burocracia del sobreproducto social, y contra la gestión burocrática que ejerce: todas estas reivindicaciones formaban parte de las cuestiones clave que llevaron a las masas húngaras y checoslovacas a la calle, contra la casta burocrática. Son estas las que mañana o pasado mañana llevarán también a la calle a las masas de la URSS o de China Popular.
Si en el origen de estas explosiones hubo también otras capas, los trabajadores se afirmaron rápidamente como columna vertebral de la lucha. En Hungría se formaron y centralizaron consejos obreros; se convirtieron en el vehículo principal de la lucha contra la burocracia, incluso varios meses después de la ocupación por el Kremlin. En Checoslovaquia, los comités de fábrica aparecieron poco antes de la invasión soviética.
Con el fin de justificar la represión contrarrevolucionaria de estos levantamientos de masas por el ejército soviético, los estalinistas de Moscú lanzaron falsas calumnias, según las cuales el objetivo de los rebeldes era la restauración del capitalismo. Pese a que algunos elementos derechistas trataron de aprovechar la situación política y social, los trabajadores húngaros y checoslovacos, el sector más potente y coherente de las masas, percibieron la preservación de la economía nacionalizada y planificada como el medio de defender sus propios intereses más fundamentales. Y tenían razón. Su conciencia de que las nuevas formas de propiedad eran las suyas, y su voluntad de defenderlas, demuestran la naturaleza obrera de estos Estados, pese a las deformaciones o a la mala administración estalinista.
Tras un largo y apasionado debate, los consejos obreros húngaros y el consejo obrero central de Budapest se pronunciaron a favor de la defensa de la propiedad nacionalizada, y por la libertad para todos los partidos políticos con excepción de los fascistas. En Checoslovaquia fueron unas tendencias importantes en el seno del partido comunista, apoyadas por la gran mayoría de los sindicatos y comités de fábrica, las primeras que retomaron las reivindicaciones sobre la libertad para las organizaciones políticas, los clubs políticos, las tendencias y partidos. Las reivindicaciones en torno a la libertad de expresión en la prensa y en torno al acceso generalizado a las instalaciones de prensa, radio, y televisión, fueron particularmente importantes en el seno de la clase obrera.
Resulta significativo que los portavoces estalinistas de la burocracia checoslovaca que preparaban la invasión soviética y colaboraban con ella, hayan concentrado sus ataques en la exigencia de hacer callar a los llamados| escritores, irresponsables o burgueses, cuando los trabajadores apoyaban su reivindicación de ser escuchados. Enfrentamientos similares tendrán lugar en las futuras revoluciones políticas, incluso en la URSS y en China. En estos casos, los marxistas revolucionarios se solidarizan con las masas trabajadoras. Tenemos confianza en el hecho de que la extensión de la democracia reforzará a la clase obrera y que los trabajadores sabrán hacer frente a los eventuales contrarrevolucionarios que traten de derribar el Estado obrero, tanto como a los estalinistas que traten de quebrantar el movimiento de masas y de volver a imponer la dominación totalitaria de la burocracia.
e. Los estalinistas no justifican abiertamente su dominación de la misma manera que los capitalistas o las clases dominantes anteriores. Esta es una expresión del hecho de que estas capas burocráticas no constituyen una nueva clase dirigente; no reconocen ni siquiera su propia existencia. Disimulan su dominación y sus privilegios, reclamándose de la bandera del leninismo, de la clase obrera y del socialismo.
Pero desde hace tiempo los partidos estalinistas han dejado de representar los intereses de los trabajadores, o de ser revolucionarios. Son contrarrevolucionarios y representan los intereses de una u otra casta burocrática conservadora en el poder. Partidarios fervorosos de la colaboración de clases, funcionan como correas de transmisión para trasladar los intereses, las presiones y las ideas de la burguesía a los Estados obreros y al movimiento obrero. Los auténticos partidos leninistas se caracterizan por su composición proletaria, su homogeneidad política en torno a un programa internacionalista y revolucionario, su centralismo revolucionario y su democracia interna. Su principio de hierro es el inverso al miedo y al cinismo completo que caracterizan el centralismo burocrático estalinista. La disciplina leninista depende en última instancia de la composición proletaria del partido, de un programa revolucionario, de una experiencia común en la lucha por la aplicación de este programa y de la democracia en el partido. Traduce la lealtad que desarrolla la base hacia su partido y la confianza que concede a sus estructuras democráticas y a su dirección democráticamente elegida. Esta disciplina es fundamentalmente necesaria para llevar a la práctica el programa del partido frente a un enemigo de clase despiadado. La democracia del partido es indispensable para forjar una línea política correcta y para rectificar los errores cometidos en la aplicación del programa revolucionario, a una realidad que no deja de cambiar. Es necesario para preservar el programa y la fibra revolucionaria del partido, y para mantener la dirección de este en estrecha ligazón con la base, y gracias a estos vínculos puede tomar el partido el pulso de las masas.
La democracia del partido incluye el derecho a formar tendencias y fracciones en el interior del partido, que luchan para corregir lo que algunos miembros pueden considerar como errores graves. El desarrollo ulterior de la lucha de masas muestra entonces si la orientación mayoritaria es correcta o no, y qué variaciones hay que introducir.
En su necesidad de ahogartoda democracia, incluso en sus propios partidos, los estalinistas prohiben las tendencias y fracciones. Para ello hacen referencia a la decisión adoptada por los bolcheviques de prohibir estas provisionalmente durante la difícil situación a que tuvo que hacer frente el Estado obrero soviético en 1921. Estableciendo este paralelismo erróneo, los estalinistas tienen que negar el hecho de que toda la historia del partido bolchevique era la de un vivo debate interno, con la formación de tendencias y fracciones, y de una discusión libre y abierta. Tienen que negar el hecho de que los bolcheviques continuaban defendiendo el derecho a formar tendencias y fracciones en el seno de los demás partidos de la Internacional Comunista y en el seno de la propia Internacional, incluso en los días más difíciles de la revolución rusa. Tienen que negar el hecho de que ni siquiera esta prohibición temporal de las fracciones quería tener ni tuvo como resultado la supresión de los puntos de vista divergentes o la expresión abierta de la disidencia en el seno del partido.
Los bolcheviques adoptaron esta medida de emergencia drástica y temporal para dirigir mejor a la clase obrera en circunstancias excepcionales frente al enemigo de clase. Sin embargo, la burocracia en ascenso prolongó esta medida y la transformó en un control del pensamiento, la convirtió posteriormente en un dogma para justificar el aplastamiento de la democracia en el partido y la opresión de la clase obrera.
f. La lucha por la democracia proletaria es difícil en las condiciones actuales, en los Estados obreros degenerados y deformados. Estas condiciones se modificarían cualitativamente por medio de una revolución proletaria en las condiciones actuales, en uno o varios países capitalistas industrialmente avanzados. Semejante revolución daría un enorme impulso a la lucha por los derechos democráticos a través de todo el mundo. Abriría también la posibilidad inmediata de incrementar la productividad del trabajo a gran escala, permitiendo eliminar las penurias que están en el orígen de la implantación de una burocracia parásita en un Estado obrero.
Una revolución política en los Estados obreros deformados o degenerados y particularmente en la Unión Soviética o en la República Popular China, implicaría asimismo un nuevo ascenso de la democracia proletaria, que tendría colosales repercusiones a nivel internacional. 5. Es necesario una posición clara para ganar a las masas a la revolución socialista a. La defensa de un programa claro y sin ambiguedad de democracia obrera constituye un elemento indispensable de la lucha contra las direcciones reformistas que tratan de inculcar mitos e ilusiones democrático-burguesas a la clase obrera en los países imperialistas. Es también indispensable en la lucha contra las ilusiones procapitalistas y los prejuicios antileninistas de diversas capas de rebeldes y opositores en los Estados obreros degenerados y deformados, haciendo avanzar de este modo la lucha por la revolución política en estos países.
b. El proletariado mundial muestra con razón una repulsión por las experiencias históricas del ascenso de los movimientos fascistas y el establecimiento de varios tipos de dictaduras burguesas reaccionarias en el mundo capitalista, y por la dominación dictatorial de los regímenes de Stalin y de Mao y sus sucesores en los Estados obreros. Los trabajadores de los países imperialistas, al igual que los de los Estados obreros degenerados o deformados, tienen una profunda desconfianza con respecto a todo lo que trate de justificar la restricción derechos democráticos tras el derrocamiento capitalismo. Esta desconfianza está objetivamente de acuerdo con el desarrollo fundamental de todas las revoluciones proletarias hasta nuestros días. la dirección hacia la que tienden las masas siempre ha sido la de la ampliación máxima posible de los derechos democráticos.
c. La clase dirigente utiliza todos los medios de que dispone para asimilar las instituciones parlamentarias burguesas al mantenimiento de los derechos democráticos. En Europa occidental, en América del Norte y en Japón, por ejemplo, los dirigentes capitalistas tratan de aparecer como los mejores defensores de las aspiraciones democráticas de las masas obreras y plebeyas.
Uno de los elementos clave de la lucha para ganar la dirección de las masas consiste en comprender debidamente la importancia de sus reivindicaciones democráticas, y en dirigir la lucha para defenderlas. Esto no sólo crea las mejores condiciones para la lucha anticapitalista, sino que también contrarresta los esfuerzos vigorosos que realizan los reformistas por recuperar la lucha sobre las reivindicaciones democráticas y desviarlas al callejón sin salida de la dependencia con respecto a las instituciones parlamentarias burguesas.
La tarea que consiste en desprender a los reformistas de su pretensión a hablar en nombre de las aspiraciones democráticas de las masas es por tanto crucial para los marxistas revolucionarios. La clarificación programática y la propaganda, por muy importantes que sean, son insuficientes para alcanzar dicho objetivo. Las masas aprenden de su propia
experiencia práctica cotidiana; de ahí la importancia de vivir junto con ellas esta experiencia cotidiana y extraer las lecciones correctas.
Con la acentuación de la lucha de clases, los dirigentes reformistas que pregonan las pretendidas ventajas del sistema parlamentario burgués tendrán un aire cada vez menos convincente. Estos lugartenientes obreros del capital justificarán las medidas represivas adoptadas por los patronos frente a las masas insurrectas. Los trabajadores pondrán cada vez más en tela de juicio, a todos los niveles, la autoridad y los privilegios de la clase dominante. Los trabajadores mismos, gracias a sus propias organizaciones, desde los sindicatos y los comités de fábrica hasta los consejos obreros, empezarán a afirmar su autoridad y tendrán más confianza en su capacidad de gestionar mejor las cosas por sí mismos.
Para conducir sus luchas de modo más eficaz y con el compromiso más amplio de las masas, los trabajadores percibirán la necesidad de la forma de organización más poderosa y democrática para abatir a su enemigo de clase. A través de esta experiencia de lucha y de participación en sus propias organizaciones, democráticamente gestionadas, las masas tendrán más libertad, en el sentido más amplio del término, que jamás hayan tenido bajo la democracia parlamentaria burguesa. Aprenderán a conocer el valor insustituible de la democracia proletaria.
d. Algunos apologistas de los regímenes represivos burgueses o estalinistas en los países coloniales han afirmado que los argumentos enumerados más arriba sólo se aplican a los países en que la clase asalariada representa ya una clara mayoría de la población activa y no se enfrenta a una gran mayoria de pequeños productores independientes. Es indudable que esta relación de fuerzas sociales constituye un obstáculo objetivo en la vía de la plena expansión de la democracia obrera. Asimismo es cierto que en algunos países de este tipo - particularmente en China y en Vietnam— las condiciones políticas excepcionales (la extrema debilidad y la descomposición de las clases dominantes indígenas, la posibilidad de ganar un amplio apoyo entre el campesinado a la causa de la liberación nacional, la naturaleza explosiva de la cuestión agraria, etc.) permitieron el nacimiento de los Estados obreros deformados: la democracia obrera fue eliminada desde el principio.
Pero cabe subrayar el carácter excepcional de estas experiencias, que no se repetirán en la mayoría de países semicoloniales y no pueden repetirse en los países imperialistas. Hay que subrayar además que incluso en estos países la principal responsabilidad en cuanto a la ausencia de órganos democráticos de las masas trabajadoras durante y después de la revolución victoriosa no reside en circunstancias objetivas, sino en la naturaleza pequeño burguesa y en el carácter estalinista de los partidos comunistas que dirigieron al movimiento de masas.
Ademas, en la medida en que un número creciente de países semicoloniales conocen actualmente un proceso de industrialización deformada y parcial, su proletariado ejerce actualmente un peso mucho mayor, con respecto a la población activa, que el que ejerció el proletariado ruso en 1917 o el proletariado chino en 1949. A través de su propia experiencia de lucha, este proletariado adquiere rápidamente unos niveles de conciencia más altos, que colocarán en el orden del día, desde que se inicie la crisis revolucionaria, la organización de amplios organismos proletarios de combate del tipo de frente único.
e. Las medidas que deberán adoptar los trabajadores para defender su poder, variarán según las condiciones a que tenga que hacer frente, del mismo modo que las formas específicas de democracia obrera. Un país semicolonial, donde el proletariado constituye una pequeña minoría, y que esté rodeado de Estados imperialistas poderosos, se enfrentará evidentemente a amenazas más inmediatas de contrarrevolución capitalista que no los trabajadores victoriosos de los Estados Unidos. Pero el mejor medio de hacer frente a los problemas al que se enfrenta todo Estado obrero —y de resolverlos--, pasa por el máximo posible de democracia obrera.
Han surgido Estados obreros degenerados o deformados. Veremos revoluciones que presentarán otras desviaciones, de naturaleza menos grave, con respecto a las normas del programa marxista. Pero el programa marxista revolucionario de democracia obrera no es simplemente un "modelo" de Estado obrero, entre otros, y aún menos un esquema utópico aplicado a la realidad. Representa los intereses de la clase obrera y el camino necesario para llegar a la victoria de la revolución socialista mundial —en los Estados obreros degenerados y deformados, en los países imperialistas y en las semicolonias. En este sentido, el programa de Marx, de Engels, de Lenin y de Trotsky por la democracia obrera como norma en la organización de la dictadura del proletariado, tal como fue enriquecido a la luz de la experiencia desde la revolución rusa, sigue siendo el que puede unificar a los trabajadores del mundo entero, imponer su dictadura y construir el socialismo.