Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Cuba

Veinte años después

· Inprecor n.º 7, junio de 1979 · pp. 25-32 · 7.318 palabras

L XX aniversario de la ha celebrado en una radógica. Quienes en los. A situación un tanto años 60 eran sus admiraentusiastas, ahora han mantenido silenes: La Habana es lo mismo que Moscú. En cambio, los cantos de alabanza a Cuba y sus dirigentes provienen quienes durante años no habian ocultado su desconfianza, hostilidad: en primer lugar, los burócratas de Moscú, Praga o Berlin-Este, como aquellos dirigentes de los partidos comunistas de América Latina que no dejan de defender las concepciones estalinistas más or-

No obstante, el balance real de veinte años de Estado obrero no justifica ni las condenas inapelables ni los juicios apologéticos. Trataremos de demostrarlo en estas notas. •Un balance sintético :

No hay que olvidar, en primer lugar, el alcance de una revolución que en la historia de nuestro siglo sólo podría compararse con la revolución rusa o china. La victoria del Movimiento del 26 de Julio ha transformado cualitativamente las estructuras socioeconómicas del país, barriendo a las viejas clases dominantes y poniendo fin a toda forma de opresión y explotación por parte del imperialismo. Lo que queda de as clases del antiguo régimen, fundamentalmente en la agricultura y el comercio, no goza en modo alguno de tanto peso específico como para poner en peligro la economia colectivizada nacida de la destrucción del antiguo Estado y de las medidas radicales de expropiación de los capitalistas extranjeros y autóctonos.

En segundo lugar, no hay que subestimar el hecho de que la propia existencia del

Estado obrero cubano ha implicado e implica para el

Cuba:

Veinte años

después

imperialismo en esta región del mundo un debilitamienestructural. puede minimizarse -a posteriori - el impacto que tuvo la revolución cubana en el conjunto de América Latina, en la evolución de la relación de fuerzas políticas y en la maduración subjetiva de considerables sectores de la clase obrera, del campesinado, de la burguesía radicalizada. No hay que perder de vista que la victoria del Ejército Rebelde, las movilizaciones de masas que le acompañaron y las medidas sociales revoadoptadas en 1959 y 1960, dieron una respuesta práctica inequívoca al problema —discutido durante decenios en el movimiento obrero latinoamericano- de saber si era posi-

Livio MAITAN crear -dos tres viet nant ble desencadenar una revolución en una región directamente controlada por el imperialismo estadounidense, y asegurar la victoria de esta revolución.

Finalmente, recordemos de nuevo que pese a todas las dificultades que hemos analizado en otras ocasiones y sobre las que volveremos más adelante, Cuba ha conocido un crecimiento económico y cultural que no tiene parangón en otros países subdesarrollados, ni en América Latina ni en otros continentes, que han permanecido en el marco del sistema capitalista. En el Cuadro 1 reproducimos brevemente algunas cifras relativas al aumento de la producción de 1958 a 1977.

Hay que añadir que partiendo del índice 0 en 1958,

América Latina determinadas operaciones de la producción azucarera han empezado a ser mecanizadas (los índices van de un mínimo de 39 a un máximo de 98 en el año 1978).

Lo conseguido más sustancial desde el punto de vista social: antes de la revolución, el 33% de la fuerza de trabajo del país estaba condenada al paro o al subempleo; ahora existe el pleno empleo. El número de horas trabajadas por semana, en promedio, ha desAdemás, los trabajadores enfermedad, la jubilación, etc., lo que implica un cambio radical con respecto a su situación anterior. Los alquileres, que antes de 1959 absorbían en promedio el 30% de los ingresos, ahora sólo llegan al 10% como

En cuanto a la educación, basta recordar que antes de la revolución había 85.000 estudiantes secundarios y universitarios. 1.043.000 y 145.000, respectivamente.

Queremos subrayar importancia capital: Cuba no ha podido superar su condición de país fundamentalmente monocultor, a pesar de los resultados obtenidos en la exportación de níquel, de tabaco y de pescado: el azú-: car representa todavía más del 80% de las exportaciones (el 90% de la producción azucarera se destina a la exportación). Y, particularmente en los últimos 5 años, el precio del azúcar en el mercado mundial conocido unas fluctuaciones espectaculares (en 1970 costaba, en virtud de los internacionales, de 3,25 a 5,15 céntimos la libra, alcanzando al año siguiente los 70 céntimos, volviendo a descender en 1977 a un nivel que va de 6 a 11, con una gama de fluctuación de 11 a 21, como base de los acuerdos internacio-

En un país colonial o semicolonial, con una economía «libre» de mercado, se-

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América Latina provocado desastres económicos y sociales terribles. Si Cuba, en cambio, ha podido evitar que su economia quedara compledesorganizada una parte importante de su población condenada a la porque la revolución instauro unas relaciones de producción colectivistas y porque el país estableció relaeconómicas otros Estados obreros, primer lugar con la Unión Soviética, que en general le compraba el azúcar a precios superiores y le vendía petróleo a precios inferiores a los del mercado mundial.

Desarrollo económico:

cuellos de botella y tensiones

De todas maneras, la evolución desfavorable de los términos de intercambio, consecuencia de la recesión mundial, no ha dejado de tener repercusiones negativas en la economía cubana, cuya capacidad de importación ha disminuido eviejemplo: los progresos de la productividad del trabajo en determinados sectores industriales no han podido ser explotados a fondo debido a los cuellos de botella creados por la penuria de ciertos materiales de importación.

previsiones avanzadas en 1975 —un ritmo de crecimiento medio anual del 6% (entre 1970 y 1973, este ritmo fue globalmente del 26%, con un 10% en 1973)— no se han realizado en 1976 (+ 3,8%), ni en 1977 (+ 4%). En 1978, fueron superiores a lo previsto: 9% frente al 7,4%. El año 1978 fue también año favorable en lo que respecta a la producción azucarera: se registró la segunda cosecha caña (inferior tan sólo a la de 1970, que sin embargo se había logrado a costa de esdesmesurados en las excepcionales condiciones conocidas), con 7,3 mi-

Ilones de toneladas.

La industria ha progresado globalmente un 9%, la producción de cobre un 8%, la construcción de maquinaria un 14%. El turismo, acestimulado después de muchas reticencias, con el fin de incrementar la reserva de divisas ex. tranjeras, ha conocido un En cambio, determinados sectores de servicios no han logrado alcanzar los objeti-

Para 1979, el plan prevé un crecimiento del producto nacional bruto (producto social global) del 6%, y de la mia en su conjunto del 4%.

La conclusión que podemos extraer sobre la base de las propias estadísticas oficiales, es que el crecieconómico sigue después del giro operado en 1970, y en su conjunto ha permanecido relativamente lento. Como ya hemos señalado, el obstáculo básico que es el monocultivo no ha sido superado.

En lo que se refiere a las dificultades con las que no deja de chocar la economía cubana, sus cuellos de boteIla y sus tensiones, nos limitaremos aquí a mencionar algunos problemas significativos en distintos terre-

Si consideramos en primer lugar el sector de la construcción, constataremos que no está previsto sa-. —estimadas en 100.000 vi1985. En 1978 ni siquiera se alcanzó el objetivo de construir 24.500 viviendas. Sólo se construyeron poco más de 16.000 (el fracaso se atribuye tanto a las malas concomo a los retrasos habidos en el suministro de materiales provenientes del extran-

Es sabido que para estimular la construcción de vilas microbrigadas: brigadas que dependian de los lugares de trabajo y que en principio debían realizar un trabajo suplementario. Pero en la práctica, en numerosos lugares las microbrigadas se formaron con la mano de obra excedentaria. Así, retomando la fórmula de Fidel

Castro, en lugar de haber plustrabajo, hubo plustrabajadores. Entonces se esbozó una solución que iba en el sentido de transformar las microbrigadas en brigadas dependientes del Estado, con la ventaja de que las viviendas construidas por ellas podrían ser distribuidas a cualquier ciudadano, miembro o no de un determinado centro de trabajo. Sin embargo, ha habido múltiresistencias, todo por parte de los trabaabandonar los centros de trabajo donde ganaban sa-

Cabe añadir que otra dificultad en materia de vivienda reside en el hecho de que los alquileres no para amortizar los precios de coste ni los gastos de mantenimiento Las cosas han ido tan lejos que, de acuerdo con cálculos oficiales, a causa de la ausencia de las reparaciones necesarias, cada año hay unas 25.000 viviendas más que son inhabitables. Es por esto que se ha decidido cambiar uno de los criterios básicos de la ley de reforma urbana: para que las viviendas nuevas ya no se aplicará el sistema de fijar el alquiler según un porcentaje del salario del cabeza de familia. La consecuenentre otras, un aumento de las diferencias del nivel de vida entre los propios traba-

En el terreno de la gestión de las empresas y de la organización del trabajo no han dejado de plantearse toda una serie de proble-

Como ya hemos mencionado en otro lugar, el criterio vigente es el de la «responsabilidad combinada con la dirección director es la autoridad suprema, es nombrado por los organismos cuenta con la asistencia de un consejo de dirección en que esta representada la dirección sindical. La participación de los trabajadores en las discusiones sobre el plan, el análisis de los resultados, la utilización de los fondos para los estímulos materiales, etc., quedan garantizados «por vías y formas diversas» (sobre todo las asambleas de producción). En última instancia, no tienen ningún poder de decisión en torno a las cuestiones cruciales: estamos mas cerca del «modelo» soviético que del «modelo» yugoslavo. Esto parece venir confirmado por el hecho de que ni siquiera se respeta el marco establecido de consulta a los trabajadores: de acuerdo con un reciente informe del presidente de la Juceplan, el 34% de las empresas no habían discutido nada con los obreros sobre el plan para 1979, y el 58% ninguna de las propuestas formuladas por los obreros. Recordemos, por lo demás, que al tiempo que tienen su jurídica, las empresas son responsables Estado, que les suministra los medios de producción básicos y los fondos de operaciones, en el marco de un funcionamiento centraliza-

Uno de los rasgos del desde 1970 había sido, junto a la prioridad dada a los estímulos materiales, la introgeneralizada sistema de topes. Es evidente que el sistema de topes puede asegurar de la productividad del trabajo, pero comporta serios invonvenientes, tendencias susceptibles de originar tensiones. En su discurso ante el Congreso 1978, Castro dio una idea bastante clara de los problemas que se plantean

En primer lugar, los topes son muy desiguales determinados casos son ejemplo en los trabajos agrícolas), y en otros son dema-

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Tropas cubanas junto a combatientes del MPLA en territorio de Angola, en una operación antiaérea.

siados severos. En segundo lugar, subsisten sensibles diferencias salariales, e incluso se acentúan: por consiguiente, de un lado es dificil encontrar obreros disponibles para determinados trabajos (ayudantes de tornero, por ejemplo), y de otro lado, se producen traslados en un único sentido (por ejemplo, tras el aumento de las retribuciones de los profesores universitarios, resuleconomistas para la Juceplan, donde las retribuciones son inferiores). En tercer lugar, se perfila una tenhistóricos», es decir, salarios privilegiados con respecto a la media. En la práctica sucede además, que se pagan salarios que o bien son superiores, o bien inferiores a los que corresponden a las funciones que se afectivamente. nalmente, una de las consecuencias de estas dificultades y de estas tensiones reside en lo que en otras latitudes se denomina el «absentismo laboral», es decir, la tendencia a llegar tarde y a faltar al trabajo, muchas veces sin justificación. Castro ni el ponente Roberto Vega escatimaron sus críticas a los responsables y cuadros que, para vivir tranquilos o no perturbar sus relaciones amistosas, hacen la vista gorda.

Ya hemos recordado -en relación a la agriculturaque la producción de azúcar sigue teniendo un peso decisivo. Pero la economía cubana choca aún con otros obstáculos de naturaleza estructural. El 30% de las tierras cultivables pertenecen todavía al sector privado. Constituye en parte una agricultura de subsistencia. Sin embargo, este sector produce casi todo el café y el té, y contribuye con un 25% aproximadamente a la ganadería, con un 20% a los suministros de la industria azucarera, con un 50% a la producción de fruta, ver dura, etc. El último congreso de la Asociación de Campesinos (ANAP), en mayo de 1977, denunció los inconvenientes que se derivan de esta situación, particularmente la dificultad de estimular una mecanización eficaz. Se decidió impulsar las cooperativas, pero sin resultados muy apreciables: las cooperativas se forman con un ritmo bastante lento (hasta el congreso no había sino 43 cooperativas, un año más tarde había 136, para un total de 21.500 hectáreas y 3.650 campesinos).

Finalmente, Cuba podrá verse enfrentada, dentro de algunos años, a un problema que China tiene planteado desde hace un decenio, a saber, desequilibrio entre el número creciente de estudiantes diplomados y la penuria relativa de plazas disponibles. Esto preocupa a Castro: evocó ius irivunve nientes que se daban ya (por ejemplo, la imposibilidad de admitir en las universidades a todos aquellos que han obtenido el diploma de la Facultad Obrera), y explica que es algo excelente que todo el mundo pueda cursar estudios universitarios, pero que ello no implica que todos puedan tener un trabajo de acuerdo con sus diplomas.

El grupo dirigente trata de resolver las múltiples tensiones que acabamos de mencionar y, en general, las dificultades del crecimiento económico, haciendo hincapié en la necesidad de estimular más la producción. Insiste particularmente en la necesidad de aumentar aún más la productividad del trabajo, tanto observando una disciplina mas rigurosa y realizando un control más estricto por parte de los responsables y los cuadros, como reforzando los estímulos materiales. Declara citamente que el consumo las necesidades acumulación. De hecho esboza una perspectiva de sacrificios y de mejora muy limitada del nivel de vida para la generación actual, que —según señala el reciente consagrarse al desarrollo. La limitación del consumo permitirá exportar más proejemplo, cemento y productos textiles), en la óptica de la planificación vigente, v desarrollar por tanto las im portaciones necesarias.

Para retomar una expresión de Castro, es indudable que «la revolución ha dejado atrás ciertas etapas idealistas, ciertas etapas utópicas, irreales». Desgraciadamente, lo ha hecho, y lo hace cada vez más, adoptando en la teoría y en la práctica unas concepciones y méto-

América Latina dos que ya se han experimentado — iy con qué resultados!— en la URSS y otros países de Europa oriental. La institucionalización

A partir de 1976, las es tructuras institucionales previstas por la nueva Cr Istitución han empezado a ponerse en marcha. Por consiguiente es posible trazar un primer da, del funciona aunque aproximado, miento de estos organismos (asambleas comunales, asambleas provinciales y asamblea nacional, elegidas estas por las asambleas comunales). Las elecciones se celebraron con listas uninominales y un número de relativamente reducido para cada una (de un mínimo de 250 a un máximo de 3.000). Se eligieron 10.725 delegados. los que obtuvieron más del 50% de los votos en la primera vuelta fueron proclamados inmediatamente; cuando no se alcanzó esta cota, se celebró una segunda vuelta. La primera variante se dió en 7.888 casos. Había 30.000 candidatos, es decir, tres veces más que los escaños a cubrir. Dos detalles significativos: el 70,4% de los elegidos eran miembros del partido o de la organiza‹ción de juventudes; los delegados tenían que pronunciar un juramento en el que

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América Latina se comprometían a «someterse conscientemente al papel dirigente que desempeña en la sociedad el Partido Comunista de Cuba».

La Asamblea Nacional

-cuyos miembros, al igual que los de las demás asambleas, son revocables- es, de acuerdo con la Constitución, el órgano institucional supremo. Pero ¿cuál es su funcionamiento real?

En 1977 celebró dos sesiones (en julio y diciembre), que duraron tres días cada una, durante los que se trató una enorme cantidad de problemas. Por ejemplo, en la sesión de julio, después de haber elegido una veintena de comisiones, aprobó una manana, toda una serie de proyectos sobre la protección del legado cultural, nacionales, los tribunales la organizacion del sistema jurídico. En una cuatro proyectos de ley, uno de ellos sobre el código de la familia. En la misma sesión se decidió que la rendición de cuentas de los delegados ante sus electores tendria lugar cada cuatro meses — en lugar de los tres meses previstos anteriormente- y, que las sesiones plenarias de las asambleas comunales se celebrarían cuatro veces al año, en lugar de seis. A veces hubo enmiendas votadas por ma-

En la sesión de diciembre se discutieron 17 puntos del orden del día, entre otros el plan de desarrollo económico, el presupuesto del Estado para 1978 y el nuevo códi-

En estas condiciones -e incluso teniendo en cuenta el trabajo de las comisiones-, Asamblea puede ejercer efectivamente su poder de decisión en terrenos que, sin embargo, deberían ser de su competencia. El hecho de que el Comité Central del Partido —que también se reúne dos veces al año, en la misma época- decida de antemano en torno a los mismos temas, al menos en los casos de mayor importancia (por ejemplo, a propósito plan), es revelador en cuanto al papel real de la Asamblea. Hay que añadir que las tres úlitmas sesiones plenarias del Comité Central no duraron más de un solo día; lo que demuestra que este órgano «supremo» tampoco goza de poderes sustancia-

Las asambleas y los delegados a niveles inferiores mantienen indudablemente lazos más directos con las bases y adoptan efectivamente deciciones en sus respectivos terrenos. otro lado, los Comités de

Detensa de la Revolución, donde participan, según cifras oficiales, más de 4 millones de ciudadanos, siguen funcionando. De todos modos, cumplen tareas limitadas, cuya realización implica tan sólo unas formas de democracia horirespecto, que el primer congreso nacional de los CDR sólo se haya celebrado en 1977, es decir 17 años des-

En un artículo publicado en la época (18 de marzo de 1976), analizamos cómo se preparo y desarrolló el congreso del Partido Comunista Cubano, que se celebró por vez primera a finales de 1975. Lo menos que puede decirse es que los aspectos propagandísticos y rituales prevalecieron sobre los debates democráticos reales. En 1977 se convocó el tercer congreso de la Unión de Juventudes Comunistas, cuyo número de miembros había pasado, desde el congreso de 123.000 a 400.000. El Papel que po. dría desempañar esta organización queda reflejado en el simple hecho de que el 45% de la fuerza de trabajo del país se compone de personas menores de 30 años. En realidad, el congreso de la UJC no tuvo mucho interés desde el punto de vista político. Las intervenciones de los representantes del Partido —Pérez y Raúl Castro- se caracterizaron por sus peroratas moralistas y paternalistas y por la preocupación ante los peligros que amenazarían a la revolución dentro de 20 • 30 años si no se libra una lucha encarnizada contra todas las tendencias «revisionistas» y «antisociales» de que podrían ser víctimas las nuevas generaciones.

Raúl aprovecho la ocasión para ilustrar su concepción de los «tres pilares de la revolución cubana», a saber, «la unidad interna del

Partido bajo la dirección de su primer secretario, el ca. marada Fidel; la unidad indisoluble entre el Partido y el pueblo; y la unidad de todos los cubanos con la URSS, patria del gran Octubre y del genial Lenin.» Un burócrata estalinista o breshneviano no habría adoptado una fór-

El congreso de la Central sindical (CTC), celebrado a finales de noviembre del año pasado, no ha comportado ninguna novedad ninguna rectificación de las concepciones o de la práctica alumbradas en el congreso anterior. De las actas oficiales se deriva que la escenificación y la propaganda ocuparon un lugar desmesurado (Fidel Castro presidió personalmente mayor parte de las sesiones). Un detalle cuyo alcance exacto es difícil de medir: en la elección de la direccion, realizada mediante voto secreto, ciertos dirigenconocidos votos en contra. El anuncio de esto fue acogido en la murmullos, pero Castro co. mentó que lo sucedido era

En cuanto al papel de los sindicatos y sus relaciones con el Estado, los textos y intervenciones retomaron las fórmulas consagradas por el congreso anterior, combinando punsobre la necesidad de distinguir entre sindicato y Estado y sobre la tarea propia de los sindicatos, de proteger los derechos de los trabajadores contra «toda incomprensión, dad e injusticia», con la reafirmación tajante del papel dirigente del respecto a los sindicatos y demas organizaciones masas y la idealización del

«socialista» como existe.

«Lo que sucede, dijo Fidel Castro, es que en el socialismo se realiza una identidad y una identificación milagrosa entre los intere. ses de los trabajadores y los intereses de todo el pueblo, que es por supuesto un pueblo de trabajadores.» Con esta óptica, evocó a contiel fantasma del economicismo, que en Cuba el problema no se plantea, y excluyó como absolutamente fantástica la "¿Huelgas? ¿Quién habla de huelgas en un proceso revolucionario, en un proceso Castro, la experiencia de todas las sociedades de transición, inciuída la de Cuba, demuestra que las cosas no son tan simples y que no siempre se produce el «milagro» de la identificación de los intereses de los obreros con los de «su» Estado.

La conclusión que podemos sacar es que el proceso de institucionalización y de reestructuración de las organizaciones de masas no ha desembocado en una situación idéntica a la que existe en otros.

Por ejemplo, a pesar de las analogías, el funcionamiento de asambleas no se caracteriza por la misma rigidez burocrática que conocen las «asambleas» en la URSS o

De hecho existe un contacto mucho más vivo entre electores y elegidos —gracias también a las pequeñas dimensiones de las circunscripciones—, y pueden enfrentarse distintas candidaturas. Otro ejemplo: la ideología y la practica de las organizaciones sindicales no se identifican tampoco con las de

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los Estados obreros degenerados o deformados: como hemos subrayado, se combinan concepciones y métodos que comportan, sino interpretaciones, sí diferentes acentos, lo que en la práctica permite unos mayores márgenes de ma-

El resultado de todo ello es que en Cuba existen formas de «democracia horizontal», que en otros estados obreros, o bien no existen, o bien sólo han existido coyunturalmente y por sectores (por ejemplo, en tiempos del auge de la autogestión en Yugoslavia o en la época de las crisis más gráves de la dirección y cuando las grandes muvilizaciones de masas en China); y que los lazos entre los dirigentes y las masas son más directos y vivos que en ningún

De todas maneras, a la pregunta de si existen en Cuba estructuras políticas y organizaciones de masas susceptibles de asegurar una auténtica democracia socialista, es decir, el poder de decisión de las masas con confrontaciones democráticas efectivas en torno a las grandes opciones económicas y políticas, la respuesta sólo puede ser negativa. Ni que decir tiene que la ausencia de estas estructuras democráticas revolucionarias tiene hoy un significado y un alcance mucho más graves que inmediatamente despues de la victoria de la revolución en 1959-

No cabe duda que las alabanzas incondicionales que expresan constantemente los dirigentes y la prensa cubana para con la URSS y los demás Estados obreros burocratizados, del mismo modo que las condenas sumarias e indiscriminadas de todos los opositores de los países del Este, tachados con los típicos epítetos de las agencias de prensa de Moscú, Praga o Berlín-Este, no mejoran las cosas. Máxime cuando Cuba no deja de recurrir sistemáticamente a textos soviéticos, estalinistas y postestalinistas, para l la formación ideológica de los cuadros y militantes. La simple lectura de la prensa basta para comprenderlos.

mismo tiempo, cualquier concepción o actitud que refleje un punto de vista marxista revolucionario o de extrema izquierda (o presentadas como tales), es objeto de denigraciones o falsificaciones en un estilo rigurosamente estalinista. mismo sigue siendo el blanco de virulentos artículos polémicos monstruosamente pensamiento. La concepción policiaca de la historia, que en todas partes ve agentes y espías, también ha encontrado fervientes adeptos Cuba, Moscú y Africa

No podemos analizar aquí en detalle la política internacional de Cuba en los diversos sectores uti inundo. Nos limitaremos a algunos lugar que ya en 1972 Castro había explicado sin ambiguedades el giro operado. «Pequeño país rodeado de capitalistas, bloqueado por los imperialistas yanquis», Cuba no podía esperar a su integración en una América Latina ganada para la revolución dentro de «10, 20, 25 ó 30 años», y se veía obligada a integrarse en el «campo socialista» y a efectuar maniobras políticas y diplomáticas con los gobiernos burgueses de América Latina y otros lugares. Esta política ha seguido aplicándose sistemáticamente desde entonces.

Se podía explicar que en el plano teórico, los textos de los dirigentes cubanos han afirmado la necesidad de asegurar una dimensión internacional a la construcción del socialismo y, sobre que las iniciativas más importantes de la política exterior de La Habana, en los últimos tres o cuatro años, han venido inspiradas por una concepción internacionalista de la lucha contra el imperialismo. No negamos ni minimizamos estos aspectos; en especial, no negamos que la intervención cubana en la guerra de Angola y la ayuda a la revolución en Etiopía han contribuido a debilitar las posiciones del colonialismo, del neocolonialismo y, de una manera general, del imperialismo en Africa. Pero una apreciación global no puede hacer abstracción de serie de otros elementos: 1. La política exterior cubana está en la misma línea que la de la URSS, en lo que se refiere a los problemas importantes. hace años es imposible detectar la menor crítica o la menor reserva cubana hacia Moscú. La Unión Soviética y sus fieles aliados son ensalzados en términos ditirámbicos y presentados como faros del internacionalismo y de la democracia socialista. Dos ejemplos de los centenares que podríamos citar. Granma no dudó en definir la constitución sovié. tica como un «monumento a los derechos fundamentales del hombre», sin preocuparse de precisar si lo que proclama esta constitución se lleva a la práctica. Durante su estancia en Moscú, en febrero de 1979, Raúl Castro declaró, dirigiéndose al jefe de la burocracia soviética: «Sois el máximo dirigente del Partido que conduce al Estado soviético hacia nuevas y más altas cumbres de progreso y de prosperidad para el pueblo, y que practica una política exterior leninista en interés de los pueblos, de la paz, de la seguridad y del futuro de la humanidad.» Al mismo tiempo, los dirigentes cubanos han ocupado el primer puesto en los ataques a la burocracia china, sin economizar insultos y epítetos. El propio Fidel Castro ha denunciado a la dirección china como fasparalelismo entre la Alemania nazi y China, y ha acusado a Pekín de querer hundir el mundo en una guerra nuclear (discurso del 21 de

Las actitudes adoptadas en un periodo más reciente, frente a los Estados Unidos,

América Latina no han implicado ninguna concesión que pueda ser criticada legíticamente. Pero se insertan en el marco de esa coexistencia pacífica que es el leitmotiv tradicional de la política de la burocracia soviética

Los dirigentes cubanos han renunciado a toda critica a los partidos comunisde América concepciones estratégicas y enfoques tác ticos presentan bajo una luz favorable, y con han firmado textos conjuntos. Las reticencias puntua-

-por ejemplo, a propósito de la actitud del PC argentino ante Videla- no se han traducido nunca en críticas explícitas, y en todo caso no cambian en nada el cuadro de conjunto. Este cuadro se caracteriza por la adhesión del PC cubano a la política de colaboración con «nacional» y con gobiernos que expresen esta colaboración, y, lo que es todavía peor, por la exaltación de movimientos, gobiernos y personalidades burguesas como si fueran revolucionarios (el caso del Perú sigue siendo clásico en la mate3. Mientras que en los años 60 la dirección cubana explicaba claramente que el chino-soviético, debido a las formas que había adquirido y a su dinámica, tenía repercusiones negativas para la lucha antiimperialista, particularmente sobre la lucha de los vietnamitas contra el imperialismo norteamericano, posteriormente se ha alineado sin reserva del lado de la burocracia soviética, pando en primera fila en la polémica contra Pekín (en su discurso en torno al XX aniversario, Castro comparó a China con la Alemania 4. La dirección cubana no sólo mantiene relaciones cordiales con los países capitalistas de Europa occidental, sino que extiende también certificados

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América Latina buena conducta a algunos de sus representantes.

del presidente del gobierno dijo textualmente: «La transición en España está rea.

lizándose de una forma brillante y progresista. Al comienzo se dudaba del futuro de España, pero ahora está nada... Suárez es un hombre capaz, brillante, y junto con

Juan Carlos ha escrito una pagina muy importante de la historia de España». Esto indica, entre otras que Castro ya no tiene reserva alguna en cuanto a la política de los partidos comunistas de Europa occidental, particularmente del PC español (salvo en lo que se refiere, por supuesto, a su actitud hacia Moscú).

Pero veámos la política de Cuba en Africa. La apreciación de Castro de que Africa es actualmente el eslabón más débil de la cadena imperialista, es cuando menos discutible. Pero esta es una cuestión secundaria. Lo que no es secundario es que los cubanos presentan «obran a favor del socialismo», no sólo a Argelia, Mozambique, Angola y Etiopía, sino también a Dahomey y Guinea (en lo que se refiere a Etiopía, Castro ha caracterizado la revolución en este pais como una combinación de la revolución trancesa y de la revolución bolchevique). Y todavia más grave es la adhesión a uno de los principios fundamentales de la Organización para la auténtica Santa Alianza africana, a saber: el principio de la intangibilidad de las fronteras, delineadas, como es sabido, por los intereses colonialistas y neocolonialistas, sin consultar a los pueblos o nacionalidades

La intervención en la guerra de Angola tuvo, repetimos, una función progresis. ta; se inspiró en un reflejo internacionalista. Pero no puede decirse lo mismo en cuanto a la presencia actual de las tropas cubanas en

Angola. El régimen angoleño, que ha concluido acuerdos con regímenes neocoloniales de los más reaccionarios y establecido un modus vivendi con el propio imperialismo, particularmente en lo que se refiere al petróleo de Cabinda, es un régimen neocolonial y de ningún modo un Estado obrero. No ha dudado ni duda en ejercer una dura represión contra los opositores de izquierda, masas, y contra sus portavoces, en su lucha legítima económicas y los derechos democráticos. Independientemente de las intenciones subjetivas de los dirigentes - con tanta mayor razón, de los sentimientos de las masas cubanas—, el contingente cubano ayuda objetivamente a este régimen.

Al caso de Etiopía se aplican unas consideraciones análogas. Hay que inscribir en el haber de los cubanos que hayan intervenido, precio de graves sacrificios, en apoyo a la lucha de un país neocolonial contra las agresiones o maniobras del indirectas. Pero su participación en operaciones militares en Ogaden ya planteaba problemas en la medida en que podía existir un problema nacional (se trataba de ver qué autonomía tenía o podía tener la cuestión de Somalia en el contexto más general de una operación en que las fuerzas reaccionarias, hostiles a la revolución etiope, estaban indudablemente implicadas).

En todo caso, cuando la guerra se desplazó hacia el norte, con el objetivo de aplastar a los combatientes eritreos, ya no había lugar a dudas. El régimen de Addis Abeba negaba el derecho de autodeterminación a • un pueblo que luchaba con las armas, por su independencia, desde hace unos veinte años. Es cierto que Cuba tomó parcialmente sus distancias, al no participar directamente en las operaciones y declarando repetidas ve-

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ces que el problema de Eritrea debía resolverse en el terreno político. Pero tales declaraciones no dejaban de ser harto platónicas, en la medida en que por un lado Cuba mantenía su apoyo militar al régimen etiope, permitiéndole sus fuerzas en el norte, y que por otro lado, proclamaba que dicha solución politica no podría poner en tela de juicio la unidad de Etiopía. Dado que el meollo está precisamente en que los eritreos no quieren permanecer en el marco de este Estado y que luchan por su independencia, de hecho la posición cubana favorecía al régimen de Addis Abeba.

El problema de saber si su acción es a no autónoma con respecto a Moscú desde este punto de vista, En este caso concreto, las posiciones de Moscú y La Habana no se identifican totalmente. Es probable, por otro lado, que la decisión de

Men Angola haya sido tomada, al independientemente de Moscú. Sin embargo, en primer lugar, una decisión independiente no significa una decisión conflictiva. En segundo lugar, lo que es mas importante, Cuba no puede comprometerse tan a fondo como lo ha hecho sin el acuerdo de Moscú, de quien depende en gran medida, tanto en el aspecto económico como militar.

En última instancia, independientemente de las diferenciaciones parciales, la política internacional de Cuba está integrada hoy en día en la política de la burocracia soviética. Las reiteradas proclamaciones de amistad y fidelidad van más alla de la pura retórica circunstancial, y reflejan una situación real.

Cuba y los demás

Estados obreros:

analogías y diferencias

En nuestro artículo «De la autocrítica a la nueva constitución» (1975) habíamos insistido en el hecho de que surgidas hasta tienden a prevalecer unas concepciones y unos métodos en buena medida análogos. No nos referimos solamente a las similitudes esde la industria, supervivencia de un sector no colectivizado en el campo, etc.), sino también a rasgos más concretos...». Desde entonces, esta tendencia se ha acentuado aún más: no sólo en el caso macroscópico de China, sino también en lo que se refiere a Cuba.

No hablaremos de los ras-

Run Estado obrero, que implican natu-

Had entre Cuba y los demás Estados obreros. Existen afinidades cada vez más estrictas en otros aspectos: formas de gestiún económica sin participación real de las masas en las decisiones capitales; prioridad a los estímateriales; aceptación e incluso teorización de una pretendida viabilidad de la diversidad de retribuciones y de nivel de vida en el seno de la clase obrera y todavía más entre las clase obrera y otras capas sociales. Todavía mas importante es el hecho de que Cuba se caracteriza, al igual que los demás Estados obreros, si bien en un grado distinto y como fruto de un proceso diferente, por la ausencia de una democracia socialista institucionalizada. Las grandes opciones son privativas de los grupos dirigentes restringidos que dominan en el

Además, al igual que en los demás Estados obreros,

Cuba teoriza y practica principio del partido único y mismo en relación a todas sas y estructuras políticas y sociales. En este

—como en los sindicatosprohibido formar tendencias o agrupamientos.

Finalmente, y al margen de los matices que' haya en las formulaciones, la construcción del socialismo se concibe, también por parte de los dirigentes cubanos, en el marco de un Estado nacional. De ahí la tendencia inevitable a subordinar los intereses de las masas en lucha en el mundo a las necesidades del mantenimiento y de la defensa de

Algunos podran oponer a este balance la necesidad de recordar el origen histórico específico de la revolución cubana y de la dirección castrista, el papel que desempeñaron en los años subjetivas del grupo dirigenactual. Pero el criterio decisivo es el siguiente: ¿qué mecanismos han operado, y siguen operando, qué resultados han dado, cual es la constatación primordial que veinte años después de la victoria de la revolución no existe ninguna auténtica deexperiencia histórica nos ha demostrado que es precisaórganos de democracia socialista, o su eliminación, la que abre el camino a la burocratización. Sobre todo en un país que sigue sufriendo la penuria, a pesar de los progresos realizados, en el marco del Estado nacional y en las condiciones políticas dadas, es inevitable una burocratización.

El problema consiste en saber qué dimensiones ha alcanzado este fenómeno, si la burocracia se ha convertido o no en una verdadera capa social cristalizada, separada de la clase obrera y de las demás capas de trabajadores, si está condicionada esencialmente por la voluntad de defender por todos los medios sus posiciones de poder y sus privile-

Los marxistas revoluciosiempre en distinguir entre las distintas fases de un

América Latina proceso, en no confundir los gérmenes potenciales con el pleno desarrollo de un fenómeno, las tendencias nacientes con su resultado final. Al mismo tiempo han rechazado toda actitud fatalista: los procesos sociopolíticos no son ineluctables como los fenómenos metereológicos. Es sabido que Trotsky empezó a denunciar las tendencias a la burocratización desde 1923 (Lenin también lo había hecho por su parte), pero sólo a comienzos de los años treinta teorizó la degeneracion cualitativa del Estado obrero y afirmó acto seguido la necesidad de una revolución política contra el poder burocrático. Lo hizo sobre la base de una valoración global que tenía en cuenta todos los factores de un pro-

Afirmamos explícitamente que de momento no disponemos de todos los elementos analíticos necesarios. Esta carencia se refiere particularmente a un punto crucial: el alcance de los privilegios burocráticos. En todo caso es innegable que tales privilegios existen y que los burócratas —no necesariamente los dirigentes más destacados- disfrutan de un nivel de vida superior en todos los aspectos

También nos parece evitienden en general a defender sus posiciones de poder fuente de sus privilegios. El hecho de que sean los burócratas intermedios los que desempeñen el papel más conservador sólo tiene una importancia mismo fenómeno se había producido también al principio en la Unión Soviética.

Pero consideramos en la etapa actual los privilegios no han adquirido las dimensiones que tienen en los demás Estados obreros, y —lo que es más importante— el grado de cristalización de las capas burocráticas y de su poder es incom:

parablemente más reducido

Esto se explica también por

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América Latina el hecho de que los dirigentes mantienen y tienden a conservar unas relaciones con las masas que, aunque caracterizadas por el paternalismo, no revisten los mismos rasgos autoritarios que en los demás Estados obrelas masas no consideran a sus dirigentes fueza extraña u Además, en Cuba no ha habido ni hay una represión de la misma naturaleza que en la URSS, en Europa oriental o en China. Casi en su totalidad, los presos políticos, cuyo número decrece damente, son efectivamente contrarrevolucionarios, la mayoria de los casos culpables de acciones concretas contra el Estado obrero.

Y como ya hemos mencionado, las estructuras políticas no se han esclerotizado completamente, y permiten ciertas formas parciales de vida democrática.

Finalmente, pese nearse con Moscú y a una serie de actitudes observadas durante el último decenio, la dirección cubana no ha sido insensible a las exilas luchas internacionalistas. Es mas, jamás ha cometido un cricomparable a los perpetrados por las direcciones de otros Estados obreros y partidos comunistas burocrati¿Qué perspectiva?

Se dirá que si las tendencias que hemos señalado no dejan de desarrollarse, degeneración en sentido estricto es inevitable, y que no hay muchos indicios que apoyen la hipótesis de que la tendencia vaya a invertirse a corto o medio plazo.

Repitámoslo: hay que rechazar todo enfoque fatalis-

En un texto sobre la naturaleza del Estado soviético, Trotsky escribió: «¿Es curable? Proseguir con los intentos de someterlo a tratamiento, ¿no significa perder un tiempo precioso en vano?. La pregunta está mal planteada. Por tratamiento no entendemos unas medidas artificiales, separadas del movimiento revolucionario mundial, sino la continuación de la lucha bajo la bandera del marxismo. La crítica despiadada de la burocracia estalinista, la educación de los cuadros de la nueva Internacional, la regeneración de la capacidad de lucha de la vanguardia proletaria mundial, esta es la

"tratamiento'.

Coincide con la dirección fundamental del proceso años -dicho sea de algunos adversarios nos han dicho más de una vez que 'perdemos el tiempo en vano' al ocuparnos del tratamiento de la Internacional Comunista. Jamás le hemos prometido a nadie que curaríamos a la I.C. Solamente nos hemos negado, hasta la verificación definitiva, a declarar que el enfermo estaba muerto o sin es.

peranzas». (En la época en que Trotsky escribió este texto, aún no había llamado a la revolución política contra la burocracia estalinis-

Este tipo de enfoque

Use impone hoy en relación a Cuba. No se trata de sacar conclusioelementos analíticos insuficientes o de proclamar que en todo caso el proceso de burocratización irreversible. Es la práctica la que zanjara, y existe la posibilidad de hacer —precisamente- la verificación en la práctica.

La caracterización de Cuba, no como Estado obrero degenerado, sino como Estado obrero con graves deformaciones burocráticas, no impide en absoluto afirmar la necesidad de luchar contra las tendencias y los métodos burocráticos, que son un hecho desde hace un periodo ya largo. No impide desarrollar una crítica en torno a los problemas cruciales, denunciando todo lo que obstaculice la construcción de una auténtica democracia socialista, ni luchar por la realización de cambios sustanciales.

Esto significa que en la propaganda, los marxistas revolucionarios deben avanzar todas sus concepciones sobre la estructuración y el funcionamiento de una sociedad de transición y, por tanto, en primer lugar, sobre la libertad de expresión, de prensa, de asociación, etc.

Por lo demás, afirmar el derecho de asociación -en el marco de la nueva sociedad y respetando las leyes fundamentales- no implica estar automáticamente a favor de la formación de un nuevo partido comunista, del mismo modo que estar a favor del derecho de autodeterminación no implica automáticamente la lucha por la separación.

En el terreno de la lucha mas inmediata, habrá que combatir por la libertad de debatir en torno a todos los económicos y políticos a todos los niveles

(lo que comporta el derecho de información sobre los debates en curso, incluso en dirigentes más altas), y por la libertad de publicar, sin ningún tipo de censura, periódicos, li bros, revistas, que luchar al mismo tiempo real de los sindicatos, por su independencia efectiva con respecto al Estado, por el derecho a constituir tendencias respetando la disciplina en la acción. El mismo derecho deberá ser reivindicado en el Partido.

En el terreno internacional, habrá que luchar por una clara distinción entre política exterior del gobierno y la política internacional del partido. Si por ejemplo el gobierno estima que es tácbuenas relaciones con Perú o con Panamá, ello no debe comportar una exaltación los gobiernos o los dirigentes de esos países en la propaganda del partido. Cuba deberá seguir participando en las acciones inter• nacionalistas contra el imperialismo y las clases dominantes indígenas, pero deberá rechazar toda ayuda militar y política que contribuya a consolidar gímenes neocolonialistas.

En el caso de Etiopía, deberá reconocer que el derecho a la autodeterminación del pueblo de Eritrea tiene prioridad sobre el mantenimiento de la unidad del Estado etíope y, con más razón aún, sobre el «principio» de la intangibilidad de las fronteras

Finalmente, Cuba deberá establecer relaciones normales con todos los Estados obreros y, prosiguiendo la batalla del Che Guevara en los años sesenta, tomar la iniciativa de una batalla por la recomposición del frente único de los Estados obreros contra el imperialismo, que ponga fin a una división que ya ha tenido consecuencias dramáticas y conlleva una dinámica aún más

La lucha por estos objetivos permitiría realizar la verificación práctica de que hemos hablado. Si llegara a ejercer impacto en sectores de masas, tendría repercuinevitables, incluso al nivel de los cuadros y de la propia dirección, provodiferenciaciones y posicionamientos. perspectiva extremadamente difícil de realizar desde el punto de vista de las fuerzas subjetivas. Pero se trata de una posibilidad inscrita en las condiciones objetivas. Sería erróneo ignorarla, resignandose de un modo fatalista a una «irreversabilidad» del proceso de burocratización. Entre 1958 y 1977:

multiplila producción de: plicado Acero 11,5 Electricidad 4,3 Cemento 3,6 Refinado de petróleo 1,7 Abonos 5,0 Niquel

2,0 Agrios 4,3 Huevos 10,4 Leche 4,0 Tractores Vidrio 7,6

6.0 Construcciones 6,5 Pesca

8,8 Marina mercante

14,2 Exportaciones

5,4 Importaciones

6,4