Nuevos avances de la
Revolucion Indochina y la respuesta del imperialismo
Proyecto de resolución presentado por la minoría del S.U. de la IVª Internacional
1. El contexto político mundial de la lucha de clases
El derrocamiento del régimen de Pol Pot por fuerzas rebeldes camboyanas y tropas vietnamitas en diciembre de 1978-enero de 1979, y la invasión de tropas chinas en Vietnam en febrero-marzo de 1979, volvió a colocar la revolución indochina en el centro de la situación política mundial.
La revolución vietnamita, que es la componente más importante de la revolución indochina, encierra directamente el destino de 50 millones de personas. Afecta profundamente al porvenir de más de 300 millones de personas en el Sudeste asiático, un area que comprende rutas vitales para la navegación y yacimientos de estaño, tungsteno y petróleo, así como plantaciones de caucho. Aparte de ello, Vietnam ha sido durante años el principal campo de batalla entre el imperialismo y la revolución mundial.
El golpe que sufrió el imperialismo en 1975 fue un hito en la evolución política internacional después de la I| Guerra Mundial. Revelaba las limitaciones de la capacidad de Washington mantener una posición militar. predominante en el mundo, y al mismo sus propias fuerzas armadas contra cualquier brote de la revolución mundial, competir efectivamente con sus rivales capitalistas, mantener un sistema monetario internacional estable y asegurar la paz social en su propio país. La derrota del imperialismo estadounidense en Indochina, seguida por la recesión económica mundial del capitalismo en 197475, modificó la relación de fuerzas mundial entre las clases a favor de la
La comprensión de las repercusiones de esta modificación es funda. mental para entender los acontecide 1978-79 en Destacan los siguientes aspectos de la nueva situación.
El eje de la política mundial sigue siendo la lucha de clases entre los capitalistas, principalmente los imperialistas, por un lado, y la clase obrera y sus aliados trabajadores por otro.
Aunque los imperialistas sufrieron un duro golpe en Indochina en 1975, no se rindieron ni abandonaron. En unas condiciones desfavorables, trataron de encontrar la mejor manera de afirmar sus intereses frente a las masas trabajadoras de Indochina y todo el Sudeste asiático. Su objetivo sigue siendo el de debilitar, y en última instancia destruir, el Estado obrero de Vietnam.
Intensificaron su campaña contra la revolución vietnamita en respuesta a la eliminación definitiva de las relaciones de propiedad capitalistas en Vietnam del Sur en 1978, al derrocamiento del régimen de Pol Pot en Camboya, y a los peligros que suponian estos hechos para el mantenimiento del capitalismo asiático. Lanzaron una ofensiva para frenar los nuevos avances de la lucha
Esta escalada contrarrevolucionaria de los imperialistas es el contexto en el que hay que insertar la guerra civil en Camboya y la invasión de Pekín en
El debilitamiento del imperialismo norteamericano después de 1975 hizo la intervención militar fuera demasiado arriesgada, debido a los sentimientos antiguerra de los tramedidas directamente cionarias (aislamiento diplomático y boicot económico a Vietnam, ayuda mi litar a los regímenes capitalistas vecinos y guerrillas derechistas en Laos y insuficientes para modificar la situación en beneficio del imperialismo: Por esta razón necesitaban la invasión de Pekín en
El debilitamiento del imperialismo ha obligado a los dirigentes capitalistas a practicar una política de distensión tanto con Moscú como con Pekín. Aunque jamas han renunciado a su último objetivo —destruir Estados obreros mas importantes y restaurar el capitalismo países—, los imperialistas han tenido que variar sus objetivos inmediatos. En lugar de la vieja estrategia de «containment and roll back» (contener y rechazar), han intentado llegar a acuerdo político tanto con Moscú como con Pekín, basado en la común oposición al cambio revolucionario y en la colaboración para evitarlo. Han propiciado también el establecimiento de relaciones comerciales significati-
Las traiciones contrarrevolucionarias de Moscú y Pekín, que constituyen la esencia de estas relaciones de distensión, no representan un cambio en su política. Al contrario, son una continuación de la política de coexistencia pacífica, que se deriva de la oposición de los estalinistas —por razones de autoconservación— a cualquier avance de la revolución mundial. Lo nuevo del último decenio es que Washing ton ha decidido responder a los insistentes ofrecimientos de las castas burocráticas.
Sin embargo, dentro del contexto de sus acuerdos de distensión, Moscú y
Pekín han respondido de manera distinta a la ofensiva imperialista contra la revolución vietnamita.
Por razones de proximidad geográfica, el impacto de los avances revolucionarios en el Sudeste asiático amenazan más directamente a Pekín que a
Moscú. Esto es particularmente cierto en el momento actual, en que la casta fuertes tensiones internas. Así, mientras Pekín reaccionó ante los avances de la revolución vietnamita expresando abiertamente su odio visceral hacia ella, la casta de Moscú, aunque igualmente hostil a los avances de la revolución vietnamita, no sufrió su impacto con la misma in-
Además, el Sudeste asiático es una de las pocas zonas del mundo en que Pekín tiene un peso político y militar significativo, con lo que es objeto de fuertes presiones por parte del imperialismo para que demuestre su credibilidad como fuerza contrarrevolucionaria. Moscú, en cambio, cuenta con maniobrar con el imperialismo. Estableciendo una alianza formal con Hanoi, Moscú esperaba sacar mayores ventaias de cara a sus negociaciones con Washington.
En su intento de frenar la revolución vietnamita, los imperialistas pidieron ayuda militar a Pekín y apoyo diplomático a Moscú. Mientras Pekín invadía Vietnam, Moscú presionaba a Hanoi para que se estableciera en torno a Camboya un acuerdo del tipo del de Ginebra, que fuera aceptable para el imperiaismo. II. Presiones imperialistas y el conflicto chino-soviético
La actual situación mundial, caracterizada por los acuerdos de disten-
Washington-Moscú Washington-Pekín, ha intensificado el conflicto chino-soviético en beneficio del imperialismo.
Tanto Moscú como Pekín temen que las relaciones del imperialismo con el otro se desarrollen a expensas de sus propios proyectos de distensión. Cada una de las castas, con objeto de reforzar su posición en la negociación con el imperialismo, trata de aumentar su influencia sobre las organizaciones de masas en todo el mundo, y particularmente su influencia sobre los regímenes de los demás Estados obreros. Moscú, de lejos el mas poderoso de los dos, goza de una posición mucho mejor a escala mundial. Pero Pekín tiene una fuerza significativa en sus cu.las limítrofes del Sudeste asiático, donde está decidido a resistir a las incursiones de Moscú en su zona de
Esta competencia no hace sino debilitar a todos los Estados obreros frente al imperialismo. Cada casta, para contrapesar a la otra, hace cada vez mayores concesiones al imperialismo.
La competencia Moscú-Pekín no proviene de una tendencia inherente a su territorio nacional expensas del otro. No refleja el intento de maniobrar para lograr mejores posiciones con vistas a una guerra abierta entre estas dos potencias mundiales, aunque sean posibles breves guerras fronterizas.
El propio conflicto chino-soviético tiene lugar dentro del contexto fundamental de la lucha de clases mundial, en la que las clases dominantes se enfrentan a los obreros y sus aliados. En torno a las cuestiones decisivas —como una revolución-, las castas burocráticas de Moscú y Pekín no actúan independientemente. castas pueden encontrarse en situaciones en que se ven forzadas a detender contra el imperialismo los Estados y las relaciones de propiedad de las que extraen sus privilegios. Pero los intereses fundamentales de las castas son opuestos a los intereses de los burocracias necesitan llegar a un acomodo con el imperialismo; de ahí que actúen fundamentalmente como correas de trans: misión de la presión imperialista contra la clase obrera.
chino-soviético consecuencias del hecho de que la presión imperialista adopta formas distintas y opera con ritmos distintos para cada casta burocrática nacional. Ello provoca respuestas diferentes y conflictivas por su parte, puesto que compiten entre sí para lograr relaciones favorables con el imperialismo.
A finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, el imperialismo empezó a abandonar su estrategia de «freno y rechazo» a ultranza frente a la Unión Soviética. Al mismo tiempo siguió manteniendo una postura muy agresiva hacia China. En este país, la revolución socialista era mucho mas reciente, y su impacto inmediato aún se notaba en todo el mundo colonial.
El esfuerzo de Moscú por congraciarse con el imperialismo exigía la traición al Estado obrero chino, víctima del boicot económico imperialista y de su presión militar. La suspensión de la ayuda económica soviética; la negativa a defender a China en la guerra chino-india; y la negativa a garantizar la defensa de China en caso de ataque militar imperialista fueron destacados ejemplos de dicha traición. Las diferencias en el terreno de los intereses materiales se reflejaban en el plano político. Pekín, sometido a imperialistas, respondió con una escalada de su retórica antiimperialista y con pretensiones de autosuficienca económica, y denunciando la mismo tiempo el «revisionismo» soviético. Moscú no podía
permitir-que el ejemplo de la revolución china desafiara el monolitismo político que trataba de mantener.
En el Sudeste asiático, actualmente, la reciente revolución vietnamita ha sido sometida a la más feroz agresión imperialista inmediata. Y los impérialistas se han dirigido a Moscú y Pekín en busca de ayuda, explotando el conflicto chino-soviético para sus propios
Desde este punto de vista, el conflicto chino-soviético fue un factor que incidió en los recientes acontecimientos de Indochina. Pero está subordinado a las fuerzas de clase en pugna, el imperialismo por un lado y los obreros y campesinos por otro —porque el conflicto chino-soviético es a su vez un producto de la presión imperialista.
potencias imperialistas más poderosas -EE.UU., Japón, Alemania Occidental, Francia y Gran Bretañacompiten entre sí de cara a establecer relaciones comerciales con Pekín y Moscú. Los capitalistas japoneses tomaron la delantera en esta carrera en torno al comercio con Pekín. Pero los capitalistas británicos y norteamericanos están reduciendo distancias con los nuevos tratados comerciales -y de venta de armas. Pekín también ha podido sacar ventaja de esta rivalidad, intercambio con Tokyo.
Pese a su debilitamiento, el imperialismo norteamericano ha demostrado que conserva una enorme capacidad económica frente a sus rivales. Y ha demostrado también su capacidad papoderío militar preponderante en ventajas económi-
La campaña de propaganda imperialista durante la invasión china en Vietnam ha demostrado que una componente importante de su estrategia política actual es el intento de anular los sentimientos antiguerra de las masas y de crear un clima propicio en que los trabajadores vuelvan a aceptar el empleo a gran escala de las tropas imperialistas contra la revolución mundial. clase obrera en todos los países impeIll. La invasión en Vietnam
El 17 de febrero de 1979, tropas de la República Popular China invadieron la República Socialista de Vietnam, desencadenando una guerra fronteriza a gran escala. En menos de tres semanas, Pekín empezó a retirar sus tropas, aunque tenía ocupadas algunas zonas y amenazaba con provocar una nueva escalada del conflicto armado.
El pueblo vietnamita sufrió un daño material considerable y numerosas bajas. Pero Washington y los estalinistas de Pekín no lograron sus principa-
Las raíces de la guerra fronteriza entre China y Vietnam se encuentran en la campaña lanzada por Washington contra la revolución vietnamita y contra la amenaza de nuevos avances anticapitalistas en otras zonas del
Las principales preocupaciones del imperialismo eran: 1. Las medidas anticapitalistas adoptadas en Vietnam del Sur entre 1975 y 1978, llevando a cabo la unificación Le Duan, dirigente de PCV. política del país, la expropiación de los bastiones capitalistas existentes en el Sur, y la consolidación de un Estado obrero en todo Vietnam. 2. El derrocamiento del régimen capitalista de Pol Pot en Camboya, en diciembre de 1978-enero de 1979 gracias a la acción combinada de las fuerzas camboyanas contrarias a Pol Pot y el ejército vietnamita. Esto alentó a las masas de Camboya y trastocó los planes imperialistas de utilizar el régimen de Pol Pot como amortiguador frente a la extensión de la revolución socialista a otras zonas del Sudeste asiático. 3. La creciente amenaza de movilizaciones de masas anticapitalistas en otras partes del Sudeste asiático, particularmente en Tailandia, donde la dictadura de Kriangsak está debilitada y la oposición avanza tanto en las ciudades como en el campo; y en Laos, donde la revolución socialista se ha profundizado bajo el impacto de los últimos acontecimientos
Como parte de su esfuerzo por frenar el avance de la revolución socialista en el Sudeste asiatico, washington y los demás gobiernos imperialistas más importantes han tratado de reforzar los regímenes capitalistas de la alianza regional ASEAN (Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur Tailandia). En particular, Washington ha incrementado la venta de armas a la dictadura militar tailandesa. Bangkok ha sido utilizada también para canalizar la ayuda militar a las guerrillas derechistas en Laos y Cam-
Hanoi consideró que no tenía más remedio, para defenderse, que entrar en acción para derribar el régimen hostil de Pol Pot. El principal objetivo inmediato de los imperialistas era el de forzar a Hanoi a retirar sus tropas de Camboya, facilitando así la caída del nuevo gobierno camboyano y la imposición de un gobierno proimperia
Pero el intento de derribar el nuevo gobierno de Camboya exige una mayor capacidad militar que la de Pol Pot y las tuerzas del Khmer seral. Para no desafíar a los trabajadores antibelicistas en sus propios países lanzando una intervención militar directa, los imperialistas pidieron la ayuda de Pekín. A cambio de unas relaciones diplomáticas más estrechas y la promesa de una ayuda económica más amplia, los estalinistas chinos se comprometieron a «dar una lección a Vietnam». Se trataba para ellos de lleva a cabo una expedición punitiva para demostrar su credibilidad como una fuerza contrarrevolucionaria frente a indochina. El objetivo era obligar a Vietnam a retirarse de Camboya, tal como querían los imperialistas.
Un objetivo adicional de los imperiafines propagandísticos, con el fin de desacreditar al marxismo y debilitar al movimiento obrero. Este objetivo propagandístico particularmente importante a los ojos de Washington, que está desplegando un gran esfuezo par anular los sentimientos antiguerra que todavia estan muy extendidos en el pueblo norteamericano, con el fin de que acepten de nuevo el empleo de las tropas estadounidenses para intervenir en los asuntos de otros países.
Una serie de acontecimientos decisivos antes y durante la invasión china en Vietnam confirmarían la colusión
entre ei imperialismo y los estalinistas
La expropiación de los últimos bastiones capitalistas en el Sur de Vietnam y la consolidación del Estado obrero en todo el país despertó la hosti lidad universal del imperialismo. Este lanzó una hipócrita campaña propagandística en nombre de los comerciantes y mercaderes expropiados (los «refugiados en barco») y de los antiguos funcionarios del anterior régimen de Saigón (presentados como víctimas de un llamado «Gulag vietnamita»); siguió ejerciendo la presión económica y diplomática contra Vietnam; reforzó la ayuda económica y militar imperialista a los Estados capitalistas vecinos; renovó y estrechó las relaciones económicas y diplomáticas con el régimen de Pol Pot; y aceleró el establecimiento de relaciones más estrechas con Pekín, especialmente por parte de Washington y Tokyo.
En Washington y Tokyo se realizaron consultas en torno a los planes de Pekín de invadir Vietnam. Durante su visita a estas capitales, Deng Xiaoping anunció públicamente las intenciones de Pekín de «castigar» a Vietnam. Pese a que Washington clamó al principio por su inocencia en torno a la invasion, el Departamento de Estado admitió posteriormente que había sido informado de antemano sobre estos pla-
Durante la invasión, los imperialistas adoptaron demostrativamente una postura de «los negocios, como de costumbre» hacia Pekín. Se trataba de respaldar plenamente la invasión sin asumir responsabilidades directas en ella. Esta postura incluyó las ceremonias de establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Washington y Pekín; el envio de misiones comeralto nivel a Pekín negociación de importantes acuerdos económicos por parte de Washington y Londres; y los persistentes esfuerzos de Bonn y Tokyo por consolidar intercambios comerciales importantes con Pekín. Además, la mayoría de los granimperialistas apoyaron, con mayor o menor franqueza, la invasión china.
Para disuadir a la Unión Soviética de ayudar a Vietnam, Washington envió un destacamento naval, con armas nucleares, a la costa durante la guerra. Además, Washingdejó de incrementar pública mente su ayuda militar al régimen tai-
Los imperialistas lanzaron una campaña dipiomatica concertada de cara a recabar apoyo en pro de una solución al conflicto que, tras el disfraz de la ecuanimidad, reflejaba plenamente sus objetivos. Consistía en la propuesta de una retirada recíproca de las fuerzas vietnamitas de Camboya y de las fuerzas chinas de Vietnam, así como una conferencia del tipo de la de Ginebra con vistas a imponer un gobierno pretendidamente neutral (pero en realidad capitalista y proimperialista) en Camboya. Pekín, por supuesto, aceptó inmediatamente la fórmula de retirada recíproca, del mismo modo que la propuesta de una Camboya «neutral», dirigida por una figura capitalista como Sihanuk.
Sin embargo, la invasión de Vietnam no alcanzó los principales objetivos del imperialismo. Las tropas vietnamino tuvieron que abandonar Camboya, y en este país no se instaló ningún gobierno proimperialista. Al contrario, mientras la guerra fronteriza entre China y Vietnam hacia furor, las fuerzas de Pol Pot fueron expulsadas de las últimas capitales de provincia que tenían en su poder. En toda la región se han visto estimuladas las luchas de las masas trabajadoras. La capacidad de los imperialistas y estalinistas de bloquear los avances revolucionarios ha disminuido.
Los estalinistas de Pekín también sufrieron un revés. Aunque demostraron su voluntad de ir a la guerra para probar su utilidad al imperialismo, pusieron al descubierto sus propias debilidades. Devastaron las zonas que ocuparon, pero fueron incapaces de asestar un golpe «punitivo» al ejército vietnamita. A nivel político, Pekín sufrió un revés clarísimo. Dentro de China surgió un amplio descontento u oposición a la guerra. Esto dará lugar a mayores dificultades para el régimen de Deng en el porvenir, y puede allanar el camino a la expresión de la oposición obrera y campesina a la política estalinista. Los estalinistas de Pekín merecieron asímismo la condena casi universal del movimiento obrero internacional; jamás han estado tan aisiados como ahora.
Pese a haber estrechado sus relaciones diplomáticas y comerciales con el imperialismo, el Estado obrero chino es ahora más vulnerable a las presiones imperialistas, y se ha debilial peligro final de un ataque militar destinado a restaurar el capitalismo.
Pese a que Hanoi logró organizar la defensa militar de Vietnam, dado su estalinista no lanzar una campaña internacionalista con vistas a obtener el apoyo del pueblo chino, incluidos los soldados del ejército chino. En Camboya, Hanoi sigue tratando de llegar a un modus vivendi con el imperialismo, en lugar de promover una revolución socialista.
No obstante, la retirada del ejército chino de Vietnam y la consolidación de la victoria frente a las fuerzas de Pol Pot estimulará la acción de masas. El impulso dado a la revolución socialista en otras zonas del Sudeste asiático, particularmente en Laos y Tailandia, contribuirá en última instancia a minar el poder de la casta burocrática de Hanoi sobre las masas vietnamitas.
La postura de Moscú ante la actual ofensiva imperialista contra Vietnam ha sido esencialmente la misma que durante el apogeo de la intervención militar masiva de los EE.UU. Su ayuda militar y económica a Vietnam ha estado muy por debajo de las necesidades de Vietnam, y la ha utilizado para presionar a Hanoi con vistas a que se adaptara a los objetivos de la política exterior soviética. Los estali nistas de Moscú han sido cómplices de las presiones diplomáticas de Washington sobre Hanoi.
La principal preocupación de Moscú era que la alianza Washington-Pekín perjudicara las relaciones EE.UU.-URSS. De acuerdo con esta postura, Moscú ha dado cobertura sistemáticamente al imperialismo norteamericano. La expresión más clara de ello se dió en el principal discurso político de Breshnef en torno a la guerra fronteriza entre China y Vietnam, pronunciado el 2 de marzo de 1979. Breshnef tachó a China de «la más seria amenaza para la paz en todo el mundo», pero omitió siquiera mencionar el papel de Washington en la invasión. La pugna entre Moscú y Pekín en torno a los favores del imperialismo ha llevado al primero a lanzar una campaña de propaganda racista contra China dentro
En contraste con la línea de colaboración de clases de Moscú, la postura ! de la dirección castrista se caracterizó por: 1) subrayar la necesidad de ayudar a la revolución vietnamita al máximo posible; 2) movilizar a las masas cubanas dentro de un espíritu de solidaridad internacionalista con la revolución vietnamita; 3) condenar la responsabilidad de Washington en el conflicto; 4) denunciar el objetivo de Washington y Pekín de restaurar un régimen proimperialista en Camboya; 5) diferenciar entre el régimen de Pekin (condenado por su acción traidora) y el pueblo chino (a! que se hizo extensiva la solidaridad). La posición de Cuba era una continuación de su línea proletaria internacionalista, tal como queda expresada en la famosa consigna de
«Crear dos, tres... muchos Vietnam».
Las declaraciones del gobierno cubano en el sentido de que estaba preparado, por si se le pedía, a enviar tropas para ayudar a Vietnam no sólo era una profesión de fe internacionalista, un desafío al imperialismo y una condena de Pekín. Era también una clara crítica (dentro de los límites diplomáticos impuestos a La Habana) a la tacañería de Moscú en su ayuda Vietnam. Ayudó a Vietnam a rechazar las intensas presiones imperialistas para que se retirara de Camboya.
La postura revolucionaria adoptada por la dirección cubana -corriendo de nuevo el riesgo de sufrir represalias por parte de Washington— confirma que sigue creyendo que el destino de la propia Cuba depende ante todo de la defensa y extensión de la revolución mundial. La popularización de este enfoque ayuda a los trabajadores y campesinos de Indochina. Como fruto de esta postura, el prestigio de la dirección castrista crecerá a los ojos de todo el mundo.
Como parte de su persistente ofensiva contra la revolución mundial, los imperialistas aprovecharon la fronteriza entre China y Vietnam para lanzar una ofensiva propagandística que incluía los siguientes temas prin1. Que Washington y las demás potencias imperialistas no son responsables de la invasión de Vietnam; que era una guerra derivada de la rivalidad entre «países socialistas», que nada tenía que ver con cualquier iniciativa imperialista contra el cambio revolucionario en el Sudeste asiático; que el papel del imperialismo en estos conflictos podía ser el de un «honesto intermediario», con vistas a restaurar la paz y la estabilidad. 2. Que los Estados obreros tienen una tendencia inherente a la guerra; que los comunistas (y socialistas) son propensos a los conflictos fraticidas; que el marxismo, que afirma que el socialismo eliminará las raíces de la guerra, es ahora un fracaso probado. 3. Que la disputa chino-soviética y la rivalidad entre Pekín y Hanoi en torno a las esferas de influencia en el Sudeste asiático eran el contexto fundamental de la guerra fronteriza; que la disputa chino-soviética podía intensificarse hasta una tercera guerra mundial; que la situación política mundial está entrando en una nueva era caracterizada por las guerras entre
Estados obreros. 4. Que la guerra es fruto de problemas seculares que existen independientemente de los sistemas económicos o sociales —como el nacionalismo y el odio nacional, la lucha por esferas de influencia, la necesidad de responder a los ataques al prestigio y al poder nacional para no «perder la cara» en el escenario ințernacional. 5. Que después de que las fuerzas imperialistas fueran expulsadas de Indochina en 1975, la inestabilidad inherente a esta región atrasada e ignorante estalló en forma de guerra. La lucha contra el imperialismo movilizó a todas las fuerzas del pueblo.
El impulso de esta campaña propagandística estaba destinado a obtener apoyo para la idea de que la «lúcida» acción diplomática y militar del imperialismo, particularmente por parte de
Washington, podría contener el impacdesestabilizador de unos acontecimientos que amenazan con una gue. rra mundial. En palabras del Wall Street Journal, «la espiral hacia el des. orden sólo puede ser desviada si los EE.UU. vuelven a afirmarse de nuevo».
Este intento de los imperialistas estadounidenses de quebrar el sentimiento antiguerra de las masas, apenas encontró eco en la clase obrera norteamericana. Cualquier intervención militar abierta de los EE.UU. en otros países seguirá provocando una profunda desconfianza y una oposición masiva.
Sin embargo, la ofensiva ideológica capitalista internacional logró originar presiones socialpatrióticas y exacerbar la desorientación y la desmoralización en sectores pequeñoburgueses del movimiento obrero y círculos de iz. quierda, que se hicieron eco de muchos aspectos de la propaganda desencadenada por el imperialismo.
Concretamente, muchas de estas tendencias avanzaron fundamentalmente la misma solución política al conflicto que los imperialistas: retirada recíproca de las tropas vietnamitas de Camboya y de las tropas chinas de Vietnam. En general, la explicación de la guerra que dieron las tendencias pequeñoburguesas minimizaban asimismo el carácter central de la iniciativa imperialista contra la transformación revolucionaria del Sudeste asiático. Generalmente rebajaban el papel que seguía desempeñando el imperialismo.
En contraste con estas tendencias capituladoras, la postura marxista revolucionaria en torno a la guerra centró su fuego en el imperialismo, y levantó consignas de acuerdo con la siguiente orientación:
¡Fuera las manos de Vietnam! ¡Alto a la campaña imperialista contra la revolución vietnamita! ¡Solidaridad con las luchas de las masas en Camboya, Laos y Tailandia frente al dominio imperialista! ¡Ayuda económica masiva para reconstruir Indochina!
Dentro de este contexto, los marxistas revolucionarios exigieron la retirada inmediata de las tropas chinas de Vietnam. Los revolucionarios llamaron a la Unión Soviética a prestar a los vietnamitas toda la ayuda militar que necesitaran —sin condiciones— para parar el ataque de Pekín, advirtiendo al mismo tiempo a la burocracia del Kremlin de que no interviniera en China. IV. Consolidación del Estado obrero vietnamita
La victoria de las fuerzas de liberación de Vietnam, el 30 de abril de
El Tribunal Russell condenó la intervención norteamericana en Indochina. En la foto, Jean-
1975, fue saludada con una explosión de entusiasmo popular por las masas de obreros y campesinos.
Los obreros ocuparon las fábricas para impedir el sabotaje y el robo por parte de los capitalistas en su huída. Se formaron comités de fábrica y de barrio para organizar la vida social y económica, dirección de cuadros del PC vietnamita. Las acciones de las masas demostraron que aspiraban a una rápida eliminación del capitalismo y la reunifi-
Los imperialistas dejaron atras una devastación masiva y una economía destrozada. Había 3,5 millones de parados, y centenares de miles de personas sin vivienda. La prostitución, la toxicomanía y la enfermedad estaban muy extendidas en los centros urbanos. Gigantescas extensiones de tierra cultivable, antaño fértil, estaba agujereada por las bombas, exfoliada, había quedado improductiva. Millones de campesinos habían tenido que emigrar a las ciudades.
Al principio, los dirigentes del PCV trataron de mantener un gobierno separado y unas relaciones de propiedad capitalistas en Vietnam del Sur. Espe raban que esto les ayudaria a obtener ayuda y establecer relaciones comerciales con el imperialismo, y que los capitalistas que quedaban en el Sur podían ser inducidos a ayudar. a reconstruir la asolada economía. . Le Duan resumió la política del PCV en un discurso pronunciado el 15 de mayo de 1975. Anunció la «construcción socialista» en el Norte, pero la creación de una «economía nacional-democrática próspera» en el Sur. El Gobierno Revolucionario Provisional se instaló en el Sur como entidad separada, el 6 de junio de 1975.
La movilización masiva de los traba¡adores que emergió con la liberacion fue amortiguada por la política de colaboración de clases, pero no fue aplastada ni eliminada.
El nuevo régimen no reconoció los derechos democráticos. Pero gozaba de suficiente prestigio, en ausencia de cualquier dirección revolucionaria alternativa, como para mantener el control de las masas sin tener que recurrir a una represion extrema.
La política de cortejar la ayuda imperialista y reconstruir la economía sobre una base capitalista fue un fracaso. Washington renegó de su promesa de 1973 —entregar 2.200 millones de dólares en ayuda a la reconstrucción — y en su lugar impuso un rígido boicot económico. El comercio con otras potencias imperialistas era mínimo; éstas no confiaban en la capacidad del PCV para estabilizar el capitalismo en el Sur, prefiriendo en su lugar la presión económica para debilitar al régimen.
Los capitalistas vietnamitas que habían permanecido en el Sur no realizaron nuevas inversiones, y se aprovecharon de su control casi total sobre el Paul Sartre Interviene en una sesión del Tribunal.
comercio. Vietnam siguió bajo la plaga de la inflación, el paro y la escasez.
En cuanto a los pretendidos aliados de Vietnam, las cosas no andaban mejor. Pekín exigía el pago del arroz.
Moscú concedió con tacañería préstamos con intereses, insuficientes para cubrir las necesidades de Vietnam, y se negó a dar los créditos a largo plazo que reclamaba Hanoi.
En esta situación, y bajo la constante presión de las masas, el PCV se vio obligado a dejar de actuar como el guardián de las relaciones de propiedad capitalistas.
Después de agosto de 1975 se alcanzó la etapa del gobierno obrero y campesino, cuando se nacionalizaron los bancos, se arrestó a algunos cabe-
La caída de Phnom Penh en manos del Khmer Rojo colocó al PCC a la cabeza de una cillas comerciantes y se llevó a cabo una reforma monetaria. Estas medidas vinieron acompañadas de manifestaciones populares, de protesta contra los comerciantes usureros y acapara-
En noviembre de 1975 se proyecto una Asamblea Nacional unificada de todo Vietnam. En julio de 1976 se reunió este organismo y sancionó formalmente la reunificación.
Pero Hanoi todavía dudaba en expropiar a los capitalistas del Sur, aún esperaba ayuda imperialista, el comercio, los créditos e inversiones (particularmente en la explotación de yacimientos submarinación devastada por la guerra civil y los bombardeos norteamericanos. nos de petróleo).
Sin embargo, a comienzos de 1978 estaba claro que los imperialistas estaban manteniendo e incrementando sus presiones económicas, diplomaticas y militares. Además, unas inundaciones y sequías desvastadoras, en 1976 y 1977, obligaron a reducir drasticamente la ración de arroz; creció la ira popular contra los comerciantes acaparadores y usureros, que se aprovechaban de su control sobre el comercio en condiciones de escasez. El intento de aplicar un plan económico nacional a estructuras económicas contradictorias había fracasado, aumentando también peligrosamente los trastornos en el Norte. Un número significativo de cuadros estalinistas en el
Sur habían ido forjando lazos estrechos y provechosos con los capitalis-
En marzo de 1978, miles de personas se organizaron bajo la dirección de cuadros del ejército, con el fin de requisar las tiendas y los bienes de los grandes comerciantes. Se anunció la expropiación de 30.000 establecimientos. Poco después se organizaron manifestaciones de masas para liquidar el mercado negro. En mayo se introdujo una única moneda para todo el
Estas medidas marcaron la unificación económica de Vietnam, instaurando un Estado obrero de 50 millones de personas, el tercer más grande del mundo.
Vietnam es un Estado obrero deformado. La casta parasitaria que domina a los obreros y campesinos sólo puede ser eliminada mediante una revolución política y la instauración de una democracia obrera.
revolución social en Vietnam tiene grandes logros en su haber, pese a las graves dificultades originadas por la guerra imperialistas, el bloqueo económico subsiguiente y los desas-
El capitalismo ha sido abolido y Vietnam está libre de la dominación imperialista. El paro ha disminuido enormemente. La educación y la sanidad se han extendido constantemente, reduciendo el analfabetismo y eliminando las enfermedades epidemicas antaño generalizadas. Mediante el racionamiento se ha creado un sistema de distribución de alimentos más ecuánime, aminorando así los efectos desastrosos de la escasez de alimentos. Cerca de un millón de personas han sido convencidas para trasladarse de las ciudades superpobladas a las «nuevas zonas económicas», dode se reconstruye la agricultura en unas condiciones de vida extremamente difíciles. La planificación económica nacional para todo Vietnam abre el camino a una mejora significativa del nivel
Estas conquistas, consolidadas gracias a la movilización de la presión de las masas, contrasta nítidamente con el desastre social de Camboya en el
Las masas vietnamitas tienen mucho que criticar al PCV por sus privilegios, sus prácticas antidemocráticas, su corrupción y mala gestión. Pero están dispuestas a luchar para defender sus conquistas contra cualquier ata-
Hacia finales de 1971, cuando Vietnam emprendió la liquidación de los últimos reductos del capitalismo, los imperialistas iniciaron una nueva ofensiva. Su objetivo inmediato era contener la revolución, debilitarla, desestabilizar económicamente a Vietnam e impedir la extensión del impulso revolucionario a Laos, Camboya y Tailandia.
El régimen de Pol Pot, coincidiendo con los proyectos imperialistas rompió relaciones con Hanoi y multiplicó las incursiones contra las fronteras vietnamitas, particularmente en las áreas de las «nuevas zonas económicas». Al mismo tiempo, el régimen de Pol Pot empezó a recomponer sus lazos con la dictadura de Kriangsak en Tailandia y los demas regímenes de la ASEAN. Pekín, por su parte, dio muestras de una creciente hostilidad hacia Vietnam, concentrando tropas en la frontera. De este modo, tanto Phnom Penh como Pekín mostraron su confabulación con el imperialismo contra la revolución vietnamita.
A pesar de los numerosos ofrecimientos diplomáticos por parte de Hanoi, Washington reafirmó su negativa a reconocer al gobierno Vietnamita. Las expropiaciones masivas a comienzos de 1978 hicieron que la hostilidad del imperialismo hacia Vietnam creciera. En Setiembre de 1978, justo en el momento en que Hanoi reclamaba ayuda urgente en productos alimenticios, Carter reafirmó el embargo comercial de EE.UU. sobre Vietnam.
Frente a esta hostilidad y esta encerrona, Hanoi se sintió forzado a actuar mientras aún tuviera una ocasión propicia, a tomar una iniciativa militar contra Pol Pot en colaboración con los rebeldes camboyanos. La decisión de derribar el régimen de Pol Pot, que cada vez era más proimperialista, fue un acto de autodefensa del Estado obrero vietnamita. La caída de Pol Pot fue un paso adelante para la revolución vietnamita y para los obreros y campesinos camboyanos.
Las presiones militares y económicas del imperialismo han venido acompañadas de una campaña propagandística centrada en torno a los siguientes tres temas: 1. Lamenta el «trágico» destino de los
«refugiados en barco», de quienes se afirma que huyen de la opresión en Vietnam. En realidad, la mayoría de esos «refugiados» son comerciantes expropiados, mercaderes y sus congéneres, que abandonaron Vietnam voluntariamente después de haber perdido su propiedad y sus privilegios. Los imperialistas, cuyas bombas dejaron a millones de personas sin viviendas, han cerrado hipócritamente sus propias puertas a los «refugiados». 2. Acusan a Vietnam de que hay un «Gulag» en el Sur, afirmando que el régimen es igual de represivo que el anterior, apoyado por los EE.UU. Pero la gente que se mantiene en los «campos de reeducación» son en su mayoría funcionarios y oficiales del antiguo régimen, muchos de ellos culpables de crímenes de guerra. No los han tratado del modo tan horrible que ellos mismos trataron en su día a los combatientes por la liberación que caían en sus manos.
En Vietnam del Sur no existe ningún equivalente a los campos de concentración del «Gulag» de Stalin, donde murieron millones de disidentes obreros. La propaganda capitalista a este respecto ayuda a desviar la atención de los autenticos «Gulag» capitalistas que existen en otras partes del Sudeste asiático, como Indonesia y las Filipinas. También está destinada a justificar la guerra imperialista en Vietnam, y a sentar las bases para la intervención militar imperialista en otras
3. Afirman que Vietnam es una potencia expansionista, que trata de ampliar su antigua «esfera de influencia» y dominar a los pueblos de Indochina. Esta propaganda está destinada a desacreditar a la resistencia frente a las maniobras imperialistas, la alianza en-
CỦA NHÂN
tre Laos y Vietnam, y el derrocamiento de Pol Pot.
La Cuarta Internacional denuncia y condena estas mentiras y expone la verdad sobre Vietnam.
Las devastaciones de la guerra, las presiones económicas imperialistas y los efectos de las recientes sequías e inundaciones, son un enorme fardo para el pueblo de Vietnam, Laos y Camboya. La Cuarta Internacional culpa de todo ello, en primer lugar y ante todo, al imperialismo, y reclama la ayuda masiva para reconstruir estos países. Exigimos que se establezcan relaciones diplomáticas plenas con el gobierno de Vietnam y el nuevo gobierno de Camboya, que se ponga fin al , bloqueo económico por parte de los
ÀNH CHỊ EM THONG
BINH, BỆNH BINH QUYÉT
TRON ĐỘI LAI NGƯƠI CON
TRUNG HIEU CUA ĐANG,
DÂN EE.UU. Exigimos que los imperialistas suspendan sus suministros de armas al Sudeste asiatico, que retiren desde ya la Séptima Flota norteamericana y abandonen todas las bases militares. V. La lucha de clases en Camboya En marzo de 1970, un golpe de Estado apoyado por los EE.UU. derribó el régimen de Sihanuk e instaló la dictadura militar de Lon Nol en Camboya. Explotó el descontento, largamente incubado. El PCV había apoyado al régimen de terratenientes y capitalistas de Sihanuk, a cambio de poder utilizar la parte oriental de Camboya como base militar. Cuando el régimen de Lon Nol Arriba a la izquierda, una calle de Saigón. Abajo a la izquieria: Ho Chi Minh sigue vivo en la lucha del pueblo vietnamita. En la foto central, cartel publicitario en Hanoi. Sobre estas líneas, una obrera vietnamita.
trató de eliminar estas bases, con la ayuda del ejército de los EE.UU. y Saigón, los vietnamitas se autodefendieron. Se unieron a las guerrillas, dirigidas por el PC camboyano, para combatir a Lon Nol. La insurrección se extendió por los campos, y se movilizó un poderoso ejército campesino de 50.000 soldados. El ejército del «Khmer rojo» pasó a controlar rápidamente casi todo el territorio rural.
Al igual que el PCV, el PCC era un partido estalinista. Componente de una corriente internacional del movimiento obrero, el PCC era pequeñoburgués en su programa, su composición y su dirección. Abogaba por la preservación de un capitalismo reformado, en lugar de la instauración de un Esta-
Bello, el PCC creo el Frente Unido Nacional de Kampuchea do obrero. Para (FUNK), presidido por el principe Sihanuk e incluyendo a otros políticos de la clase dominante. Cuando se firmaron los Acuerdos de París, en enero de 1973, el PCV presionó a los dirigentes del PCC a que llega. ran a un acuerdo con la dictadura de Lon Nol. Al parecer, la mayoría de dirigentes del Khmer rojo se opusieron. En respuesta, los estalinistas vietnamitas redujeron drásticamente su ayuda militar, dejando aislados a los comcamboyanos durante los bombardeos más salvajes de la guerra de Indochina, por parte de los Estados
El ala del PCC encabezada por Pol Pot, leng Sary y Jieu Samphan aprovecharon la ocasión para organizar una purga en el partido contra los sospe"provietnamitas». Al mismo tiempo simpatías desencadenaron una profunda represión en las zonas liberadas que controlaban más estrechamente, arrebatando la tierra a los campesinos pobres, al igual que expropiaban a los explotadores, y trasladando a la población a
La caída de Phnom Penh en manos de las fuerzas del Khmer rojo, el 17 de abril de 1975, colocó a los dirigentes del PCC al frente de una nación cuya estructura económica y social habían sido trastornadas por la guerra civil y los bombardeos norteamericanos. El hambre masivo era un peligro real. En estas circunstancias, sólo la instauración de un gobierno obrero y campesino y la movilización de las masas explotadas y oprimidas para derribar el capitalismo, podía bloquear la catástrofe económica y social y abrir el camino hacia adelante.
Pero el ala Pol Pot - leng Sary - Jieu
Sampahn del Khmer rojo siguió el rumbo opuesto. Al alcanzar el poder, el régimen de
Pol Pot nacionalizó ampliamente la propiedad privada. No sólo se expropió a los imperialistas, la burguesía camboyana y a los terratenientes, sino que también se requiso la propiedad de los campesinos pobres, así como de los pequeños comerciantes y vendedores urbanos. Las fuerzas de Pol
Pot no sólo ejecutaron, encarcelaron y eliminaron a los funcionarios del antiguo régimen, sino a todos los disidentes, reales o imaginarios. Los obreros urbanos y otras personas técnicamente expertas y formadas eran particularmente sospechosos.
Desde su primer día en Phnom Penh, el régimen lanzó una brutal acción reaccionaria contra los trabajadores y los pobres de las ciudades, evacuándolos por la fuerza al campo y tratándolos como enemigos. Poco después procedió a dispersar brutalmente a los campesinos pobres por toda Camboya, organizando emigraciones forzosas hacia campos de trabajo agricolas. Incluso los utensillos de cocina y la ropa extra que pertenecía a los campesinos pobres se confiscó finalmente. El objetivo consistía en atomizar a las masas urbanas y rurales y en prevenir la resistencia. El precio fue un enorme sufrimiento humano: la muerte, la enfermedad y el hambre.
El régimen de Pol Pot recortó radicalmente o eliminó los servicios públicos de todo tipo. Decreto la semana laboral de siete días y prolongo la jornada de trabajo. Instituyó el trabajo infantil. Eliminó toda la educación superior y la mayor parte de la educacion elemental, así como la mayor parte de los servicios médicos. Las redes de transporte y comunicación quedaron drásticamente reducidas o se colapsaron del todo.
Al mismo tiempo, el Khmer gozaba de privilegios que le permitía vivir en mejores condiciones.
Para imponer esta brutal reducción de las expectativas y del nivel de vida de las masas, el régimen institucionalizó una represión totalitaria que contemplaba todos los aspectos de la vida individual de cada persona.
Las «nacionalizaciones» y «colectivizaciones» del régimen de Pol Pot no tenían nada que ver con la expropiación de los capitalistas y terratenientes por la que habían luchado los obreros y campesinos. Los trabajadores fueron dispersados; la producción industrial y la manufactura dieron un salto atrás. Las movilizaciones campesinas que llevaron al Khmer rojo al poder refluyeron. Las fuerzas sociales capaces de hacer avanzar la lucha anticapitalista quedaron aplastadas.
El aparato estatal capitalista existente fue eliminado, pero el surgimiento de un gobierno obrero y campesino quedó bloqueado. Cualquier posibilidad de una alianza política entre el proletariado y los trabajadores rurales pobres estaba destruida. La brutal y repentina expropiación de los campesinos pobres fue un golpe para los intereses de los trabajadores. La clase obrera no fue capaz de sustituir los destrozados cimientos de la sociedad camboyana por un nuevo orden social.
La pretendida supresión del dinero no eliminó, ni podía eliminar, ni la circulación de mercancías medios monetarios. Fue una medida administrativa temporal, cuyo objetivo y principal efecto fue una restricción aún mayor del consumo de las masas a favor del aparato privilegiado.
A falta de una profunda revolución social - claros progresos económicos y sociales de las masas trabajadoras, que están dispuestas a defenderlos frente a cualquier intento de arrebatarselos—, sólo hay una salida posible a las amplias expropiaciones por parte de una dirección pequeñoburguesa. Esta es la progresiva acumulación capitalista privada por la pequeña burguesía en la burocracia estatal, el ejército, los campos de trabajo agricola, y en algunos rincones y rendijas de la economia. A este respecto, Camboya, pese a tener una economía primitiva y fuertemente trastornada, se asemejaba más a otros países capitalistas en que se produjeron amplias nacionalizaciones, que no a un Estado obrero como China o Vietnam.
La nacionalización de la propiedad en sí misma no basta para instaurar un Estado obrero. Es también necesaria la institución de la clase obrera como clase dirigente mediante la transtormación de las relaciones de producción en interés de los trabajadores y sus aliados.
Esto se demostró con la máxima claridad en las revoluciones rusa y cubana, donde unas direcciones revolucionarias condujeron conscientemente el levantamiento de las masas. También se demostró en las revoluciones socialistas deformadas por la mala dirección estalinista —desde los cambios operados en Europa Oriental y hasta las transformaciones sociales que dieron un salto cualitativo decisivo en Vietnam el año padado. Las nacionalizaciones y los campos de trabajo forzoso en Camboya no fueron una conquista de los trabajadores y en modo alguno constituían un paso adelante hacia la resolución de los problemas sociales y económicos a que se enfrentaban las masas cam-
Pese a un extrañamiento temporal, el régimen de Pol Pot encontró que necesitaba el apoyo imperialista como última arma contra los obreros y campesinos, particularmente frente al proceso revolucionario en Vietnam. La alianza de Phnom Penh con Pekín también se estrechó, a medida que China recababa cada vez más abiertamente la ayuda imperialista.
Los imperialistas desconfiaban al principio profundamente del régimen del Khmer rojo y explotaron su bruta-
lidad con fines de propaganda anticomunista. Pero cuando en Vietnam se profundizó el proceso revolucionario, los imperialistas y los regímenes capitalistas vecinos empezaron a mirar a Camboya bajo una nueva luz.
Desde el comienzo, el régimen de Pol Pot recurrió al chovinismo antivietnamita y provocó conflictos militares en la frontera, esperando rechazar el impacto de la revolución vietnamita. Estos incidentes alcanzaron el nivel de una guerra fronteriza a finales de 1977, obligando a Vietnam a evacuar a centenares de miles de personas de las regiones fronterizas. El 31 de diciembre de 1977, Camboya rompió relaciones
El régimen de Pol Pot estableció relaciones diplomáticas con Tailandia, Singapur, Malasia e Indonesia. Hizo gestiones con vistas a establecer rela-
Disminuyeron los incidentes fronterizos entre Camboya y Tailandia. Aumentaron los incidentes fronterizos entre Camboya y Laos. capitalista empezaron a restar importancia a la violación de los derechos humanos en Camboya. En cambio, la propaganda capitalista se centró en la amenaza del «expansionismo vietnamita». A finales de 1978, el Departamento de Estado de los EE.UU. afirmó -en relación a Camboya- la necesidad de un «sistema estable de Estados independientes». El imperialismo japonés empezó a elaborar proyectos de ayuda al régimen de Pol Pot, en un intento de hacerlo económicamente viable frente al ejemplo amenazador de la revolución vietnamita.
Sin embargo, la oposición en Camboya, que respondía a la presión de los obreros y campesinos, esperaba recibir apoyo de la revolución vietnamita.
A medidados de 1978 —después de que el régimen camboyano rompiera relaciones con Vietnam, después de que Phnom Penh lanzara crecientes incursiones fronterizas sangrientas pesar de las represalias vietnamitas, y después de que Phnom Penh rechazara todas las ofertas de negociación, demostrando que confiaba en un apoyo poderoso-, Hanoi abandonó su objetivo inicial de resolver las diferencias pacíficamente. Además de la ayuda que recibía Phnom Penh de Pekin, Hanoi tenía sobradas razones para presumir que Pol Pot pronto la ayuda económica, diplomática y militar de EE.UU., como parte de los esfuerzos imperialistas por debili-
Ante esta situación, Hanoi estrechó sus lazos con la oposición dentro del
PCC y del aparato del Khmer rojo. En el Este de Camboya comenzó la guerrilla contra el régimen de Pol Pot. En otras partes se produjeron diversas re-
La necesidad de defender el Estado obrero vietnamita llevó a Hanoi enviar un elevado contingente de tropas a Camboya, en diciembre de 1978,
El movimiento antiguerra en EE.UU. fue un factor de suma importancia para la retirada de las tropas norteamericanas. ayudando a los rebeldes a instaurar un nuevo gobierno.
La Cuarta Internacional saluda la caída de Pol Pot como un avance de la revolución camboyana. abre la posibilidad para las masas de campesino que pueda adoptar las medidas y dirigir las movilizaciones necepara instaurar
La línea de colaboración de clases de los estalinistas vietnamitas y el nuevo gobierno de Heng Samrin en Camboya son un obstaculo en este camino. Sin embargo, para responder a las presiones del imperialismo y a las exigencias de las masas, pueden verse obligados a avanzar más de lo que intcialmente proyectaban en das anticapitalistas.
Inmediatamente después de la caida de Pol Pot, el nuevo gobierno y sus vietnamitas fuertes presiones en tres aspectos po líticos clave: 1) organizar y restaurar la producción agrícola y tomar medidas de cara a deshacer el entuerto causado por los campos de trabajo forzado de Pol Pot; 2) renovar ampliamente la producción industrial y la manufactura, y asegurar el sustento de las personas que vuelven a las ciudades y pueblos; y 3) crear estructuras admi. nistrativas y militares que puedan movilizar y armar a las masas de cara a proteger a la población frente a las incursiones punitivas del Khmer rojo.
Pese a que el gobierno de Heng Samrin ha tenido que apoyarse hasta cierto punto en la movilización popular, no puede prestársele confianza alguna en que llevará a cabo las medidas necesarias. Ello requiere la intervención activa de los obreros y campesinos. El objetivo de la Cuarta Internacional consiste en apoyar y participar en las luchas de los obreros y campesinos camboyanos de cara a contribuir a forjar un partido marxista revolucionario de masas, genuinamente internacionalista, en Camboya.
Una necesidad inmediata decisiva es la ayuda en alimentos, medicamentos y a la reconstrucción. Debería lanzarse una campaña internacional exigiendo que todos los gobiernos, particularmente los imperialistas, que llevan la principal responsabilidad, prestén una ayuda masiva a la reconstrucción de Camboya, y desbaraten la amenaza de hambre; por el reconocimiento del nuevo régimen camboyano;
y por la suspensión del apoyo imperialista, tailandés y chino a las tuerzas de
Pol Pot y del Khmer serai.
VI. Cambio revolucionario en el sudeste asiático
La victoria de las fuerzas de liberación en Vietnam en 1975 cambio la correlación de fuerzas en todo el Sudeste asiático a favor de la clase obrera y de sus aliados trabajadores.
Los mayores progresos durante estos años, aparte de Vietnam, se han
dado en Laos, uno de los países más pobres y pequeños de Asia.
Tras los Acuerdos de París de 1973 se formó en Vietian un gobierno de coalición entre el Pathet Lao, estalinista, y las fuerzas proimperialistas. Pero después de la victoria de 1975 en Vietobreros, los estudiantes y las masas empobrecidas de las ciudades precipitaron la ruptura de la coalición. En diciembre de 1975, el Pathet Lao dispersó la coalición y asumió el gobierno
Durante los tres años siguientes, el gobierno de Kaysone Phomvihane ha seguido un curso vacilante pero progresivamente ejército real ha sido disuelto. La momarquía, abolida. Los grandes terratenientes han sido expropiados y la tierra distribuida a los campesinos sin tierra. Los privilegios de la casta de monjes budistas han sido recortados. Se expropiaron las empresas extranjeras y la mayoria de los negocios autóctonos pasaron a ser propiedad estatal o propiedad mixta privada-estatal. La educación y la sanidad se extendieron rápidamente. Pese a que buena parte del comercio permanece en manos privadas, se introdujo el racionamiento de los artículos de primera necesidad.
El gobierno Phomvihane intenta poner fin al cultivo y comercio a gran escala de opio. (El opio fue el principal producto de exportación del país durante el antiguo régimen y representó la mayor concentración de capital comercial; la continuación de su producción facilita la penetración económica imperialista y plantea una amenaza militar por parte de los ejércitos mercenarios, fuertes y apoyados por el imperialismo, relacionados con el comercio del opio).
Estas medidas caracterizan al gobierno de Laos como un gobierno obrero y campesino, aunque dominado por un partido estalinista que asegura su propio control sobre las movilizaciones de masas y no permite la toma de decisiones democráticas por los obreros y campesinos.
El gobierno de Laos ha forjado una estrecha alianza con Vietnam, formalizada con el tratado militar y económico de 25 años que se firmó en julio de 1977. Por ello, los medios de comunicación capitalistas denuncian a Laos como «marioneta» de Vietnam. En realidad, Laos y Vietnam se aproximaron mutuamente como resultado de la revolución social que se desarrolla en ambos países.
La Cuarta Internacional rechaza la campaña de difamación contrarrevolucionaria contra la revolución laosiana. Pero no prestamos ninguna confianza política a los estalinistas laosianos, que han puesto de manifiesto su temor a la extensión de la revolución al firmar el acuerdo «antisubversivo» con Tailandia y al presionar a las guerrillas tailandesas para que abandonen sus bases en Laos. Estamos a favor de la construcción de una dirección marxista revolucionaria independiente en Laos, al igual que en Viet-
En los demás países del Sudeste asiático, el ejemplo de las revoluciones vietnamita y laosiana, combinado con los efectos de la crisis económica imperialista, ha provocado una inquietud social creciente. Jieu Samphan y Norodom Sihanuk después de la victoria del Khmer Rojo.
El país más profundamente afectado es Tailandia. Ya había conocido un levantamiento de obreros, campesinos y estudiantes en 1973, que derribó la dictadura de Thanom Kittikachorn. En octubre de 1976 se lanzó una contraofensiva capitalista, con un golpe militar derechista que instaló en el poder al general Thanin Kravichien. Empezó una represión sangrienta.
Sin embargo, el descontento popular se profundizó. Los trabajadores en los sindicatos y los campesinos en su lucha por la tierra no se dejaron inti midar. Entonces, los dirigentes capitalistas cambiaron de rumbo. Un nuevo golpe llevó al poder al general Kriang. sak Chamanan, en 1977. Trató de contener el descontento convocando elecciones y decretando el primer salario mínimo de Tailandia. Pero en las condiciones de crisis económica prevalecientes, los obreros y campesinos se han empobrecido aún más bajo su go-
En el campo tailandés ha ganado impulso una guerra campesina, particularmente en el Norte y Nordeste. Cuenta con el apoyo de la Federacion Campesina de Tailandia, que organizo masivas manifestaciones campesinas en Bangkok a mediados de los años setenta. Se tiene noticia que actualmente operan insurgentes campesinos, dirigidos por el PC de Tailandia, en 46 de las 73 provincias del pais.
El régimen de Kriangsak veía en el ejemplo de la revolución vietnamita una amenaza mortal y se propuso apoyar al régimen de Pol Pot como parachoques frente a la extensión de la re volución. Pero Bangkok sufrió un duro golpe cuando el derrocamiento de Pol Pot y la profundización de la revolución en Laos trajo la amenaza revolucionaria hasta la frontera tailandesa. Además de pedir a Pekín que aconsetailandés, Kriangsak visitó Moscú para pedir su ayuda en Camboya.
En otras partes de la región —en Birprosigue, aunque con menor intensidad que en Indochina.
El imperialismo norteamericano es consciente de que sus satélites de la ASEAN no pueden resistirse por sí solos a la extensión de la revolución. Para ello será necesario utilizar directamente las fuerzas militares imperialistas. De ahí la actual campaña propagandística que presenta al «expansionismo vietnamita» y la «competencia chino-soviética» en el Sudeste asiático como la fuente de peligro de guerra en la región. Detrás de esta cortina de humo, el imperialismo ha suspendido la retirada de tropas de Corea del Sur y está reforzando la Séptima Flota, rearmando al Japón y asegurando los lazos militares con el régimen de
La Cuarta Internacional denuncia las actividades imperialistas en el Sudeste asiático. Defendemos incondicionalmente los pasos dados por la revolución vietnamita en respuesta a las acciones imperialistas.
Pero no prestamos ninguna confianza política a Hanoi. •No es el objetivo de Hanoi aprovechar la oportunidad para extender la revolución en el Sudeste asiático. Del mismo modo que Pekín y Moscú, la casta burocrática en Vietnam busca un acuerdo de colaboración de clases con el imperialismo estadounidense. La declaración de Pham Van Dong en contra de la lucha campesina en Tailandia, durante su gira por el Sudeste asiático a finales de 1978, revela la voluntad de los dirigentes de Hanoi de actuar contra los trabajadores y campesinos revolu-
cionarios si el imperialismo acepta una distensión con Hanoi.
Sin embargo, las medidas adoptadas por Hanoi con vistas a defender el Estado obrero estimulan a los obreros y campesinos de Vietnam y otras partes de la región, y pueden facilitar las movilizaciones de clase, que llevarán la revolución social más allá que lo que pretenden los «dirigentes» estalinistas. VIl. Washington y Pekín
La dirección estalinista china ha promovido cada vez más abiertamente su orientación contrarrevolucionaria.
Esta postura ya apareció descaradamente en los primeros años de este decenio. El régimen de Mao estableció relaciones amistosas con el gobierno Nixon en el mismo instante en que Washington estaba devastando Vietnam con sus bombardeos arrasadores. Políticamente no había un gran trecho entre esta forma de complicidad con el imperialismo y la forma más directa que adoptó Pekín al invadir Vietnam en
Los estalinistas de Pekín siempre han buscado la coexistencia pacífica. Incluso en el apogeo de su palabrería izquierdista, en 1968, el régimen de Mao hizo claros ofrecimientos a Washington. Pero sólo cuando el imperialismo norteamericano conocio mayores problemas en Indochina, Washington decidió aceptar la oferta que Pekín mantenía en pie.
El giro de Washington hacia la distensión con Pekín liberó a los estalinistas chinos de los imperativos de su postura oficial que había sido impuesta anteriormente en virtud de la hostilidad del imperialismo norteamericano. Pekín hizo gala de cinismo en su apoyo al imperialismo y a las peores dictaduras capitalistas de Africa, Asia y América Latina. Apoyó la dictadura del sha en Irán y a la de Pinochet en
Chile; respaldó la intervención militar imperialista en el Zaire, en 1978, por parte de tropas francesas y belgas, apoyadas por los EE.UU. y Gran Bretaña; saluda a la OTAN y el tratado militar norteamericano-japonés; llama al imperialismo yanqui a «castigar» a la revolución cubana.
Pekín trata de lograr una relación de distensión preferencial con Washington, a expensas de Moscú. Los acuerdos comerciales se amplían. Sin embargo, para Washington, las relaciones que mantiene con Moscú siguen siendo primordiales. La Unión
Soviética tiene un peso militar cualitativamente mayor. Además, Moscú mantiene una mayor influencia en el movimiento obrero mundial que
Pekín, y puede intervenir y cambiar con mucha más eficacia el curso de los acontecimientos países, en beneficio del imperialismo. En la mayor parte del influencia de Pekín en la clase obrera es limitada. Sin embargo, puesto que habla en nombre de 900 millones de personas, su extremo apoyo verbal al imperialismo no sólo desacredita el estalinismo chino, sino que ademas es útil para el capitalismo mundial.
No obstante, los estalinistas chinos son capaces de influir directamente en los acontecimentos del Sudeste asiáti-
Durante la larga guerra de Indochina, Pekín exigió constantemente la moderación por parte de los combatientes por la liberación. La continuidad de esta actitud se ha manifestado más recientemente en: 1) la campaña de Pekín en defensa de los comerciantes capitalistas expropiados en Vietnam del Sur y su amarga hostilidad a la extensión y consolidación Estado obrero vietnamita en el Sur; 2) los esfuerzos de Pekín por socavar el gobierno obrero y campesino en Laos; 3) el apoyo de Pekín a la brutal represión de los obreros y campesinos por el régimen de Pol Pot en Camboya, y su éxito a la hora de ayudar a acercar a este régimen al imperialismo y los Estados capitalistas de la región; 4) el respaldo abierto dado por Pekín al bloque regional capitalista de la ASEAN, destinado a impedir la extensión de la revolución en todo el área.
Pekín ejerce una influencia significativa en los partidos estalinistas del Sudeste asiático, incluido el PCT, que desempeña un papel preponderante en las luchas campesinas del país.
Aunque Pekín sigue protesando su apoyo a las luchas en Tailandia, las ha estado traicionando. Una fuente de alto nivel en Bangkok describio la actitud de su gobierno ante la política actual de Pekín en los siguientes términos: «Los actos hablan más alto que las palabras. No tenemos pruebas de que Pekín haya incrementado el apoyo a los insurrectos. Así, en este caso los actos son distintos a las palabras.» (Far Eastern Economic Review, 10 de
1978). Bangkok correctamente que el papel de Pekín en Tailandia consiste en tratar de evitar que la lucha de clases amenace al
Se tiene noticia asimismo de que Bangkok hace el siguiente enfoque del papel de Pekin en el conjunto del Sudeste asiático: «Los tailandeses tampoco simpatizan plenamente con control de Pekín sobre la insurrección comunista, su influencia entre los chinos de ultramar y su peso económico sean armas destinadas a dominar el Sudeste asiatico. Los tailandeses enfocan la influencia china desde el interior como un apoyo potencial al régimen, a condición de que la política exterior de Tailandia se adecúe a los intereses básicos de Pekín». (Ibid.).
Es una valoración correcta de los objetivos de Pekín. Contrariamente a las afirmaciones de Hanoi, Pekin no trata de dominar el Sudeste asiatico y convertirlo en una «esfera de influencia» china. Tampoco intenta conquistar o dominar Vietnam, ni derribar el gobierno de Hanoi.
Como Estado obrero, China no tiene una tendencia expansionista inherente con vistas a explotar y dominar a las masas trabajadoras de otros países. A este respecto es fundamentalmente diferente de un Estado capitalista. Al contrario, el Estado obrero chino se encuentra bajo la constante presión del imperialismo y demás bastiones capitalistas del imperialismo en la
El gobierno de China está dominado por una casta parasitaria. El principal objetivo de esta casta estalinista consiste en preservar sus privilegios dentro del contexto del Estado obrero. Estos privilegios se sitúan en el area del consumo. La casta no acumula capital y no tiene una tendencia a expansionarse a nuevas áreas de comercio o inversión.
Lo que la casta busca sobre todo es emprender un rumbo hacia la estabilidad, bajo las presiones tanto del imperialismo como de la lucha de clases
Frente a los imperialistas y los estados capitalistas vecinos, dominados por el imperialismo, como los de la ASEAN, Pekín busca la coexistencia pacífica, es decir, garantías frente a cualquier ataque y, si es posible, relaciones amistosas, tecnología y comerciO.
Frente a los trabajadores y campesinos chinos, y las masas trabajadoras del mundo entero, Pekín trata también de que le dejen en paz, es decir, intenta preservar el status quo.
Aplasta constantemente cualquier movimiento hacia la democracia obrera;
trata de desviar el impacto desestabilizador de toda explosión revolucionaria en otros países; y necesita lograr el progreso económico en China para evitar el descontento de las masas.
El gobierno de Deng Xiaoping está sometido actualmente a presiones particulares en política interior, para que lleve a la práctica rápidamente su promesa de las «cuatro modernizaciones». Ello se deriva de los fracasos económicos heredados de la era de
Mao -el estancamiento de la produc-
ción agrícola al nivel de subsistencia durante dos decenios y el del desarrollo industrial-, combinados con el descontento popular frente a la extremada represión cultural y política durante los años subsiguientes a la llamada Revolución Cultural. Esta presión interior hace que la burocracia esté especialmente ansiosa de recibir una infusión de tecnología avanzada por parte del imperialismo occidental.
Este contexto explica la invasión
A cambio de unas relaciones diplomáticas más estrechas con los imperialistas, una mayor ayuda económica y un comercio mas desarrollado, Pekín ha procurado hacer lo que esta en sus manos para impedir los cambios revoSudeste asiático. La invasión china en Vietnam fue una iniciativa al servicio del imperialismo frente amenazador de la revolución vietnami-
Este contexto clarifica asimismo cósoviético con el Sudeste asiático. objetivo de lograr la coexistencia paçífica con el imperialismo. Cada uno ve al otro como un competidor en torno a este objetivo (rivalidad que los imperialistas tratan de exacerbar y explotar
Pese a los fuertes ataques verbales, ni Pekín ni Moscú pretenden dominar o conquistar al otro. No compiten torno a «esferas de influencia», destinadas a protegerles a ellos mismos frente a las ofensivas económicas o a las agresiones militares del otro. Las tensiones entre ellos en el Sudeste asiático no son una prolongación de las tensiones en la frontera chino-so-
La situación tampoco es comparable a la que prevalecía cuando Moscú invadió Hungría en 1956 o Checoslovaquia en 1968 para sofocar los movimientos que se encaminaban hacia una revolución política. En estos países, el Kremlin trató de parar unos procesos desencadenados que amenazaban a los propios privilegios de la casta en su propio país. guerras fronterizas por motivos políticos entre Pekín y Moscú (junto al río Ussuri ya se produjo, en 1969, un choque de envergadura), del mismo modo que también son posibles entre Pekín y Hanoi. Pero la clase dirigente en cada uno de los Estados obreros —es decir, la clase obrera, no permitirivalidades interburocraticas lleguen al punto de poner en peliInproror/32 gro su conquista de clase fundamental, es decir, a los propios Estados
Así, la violencia verbal de la disputa chino-soviética no apunta hacia una era de guerras prolongadas entre Estados obreros. Es más bien una señal de que las respectivas cas tas estalinistas están desesperadas en su necesidad de afirmar sus relaciones de distensión con el imperialismo, y de que cada una ve en la otra a un arduo competidor en la carrera.
Lejos de marchar hacia una era de «guerras mundiales socialistas», la Desfile militar en Hanoi. política criminal de las castas estalinistas en Pekín y Moscú está socavando su dominio sobre los trabajadores soviéticos y chinos, acercando de este modo el día de su juicio final a través de la revolución política. VIll. Los errores de la mayoría del Secretariado Unificado
El Secretariado Unificado de la declaraciones en el curso de los acontecimientos de Indochina en el último • Una declaración del 16 de enero de 1978, «La 'guerra' fronteriza entre Hanoi y Phnom Penh», adoptada por unanimidad por el Buró del Secretariado Unificado y publicada en nombre del Secretariado Unificado.
• Una declaración del 1 de febrero de 1979, «La guerra entre Hanoi y Phnom Penh», aprobada por una mayoría del Buró del Secretariado Unificaco. (Pu blicada en INPRECOR n° 2 bajo el título «Camboya: una guerra fraticida que nada tiene que ver con el socialisто»). • Una declaración del 21 de febrero de 1979, «Fuera las tropas chinas de Vietnam», adoptada por una mayoría del Buró del Secretariado Unificado. 'Publicada en INPRECOR n° 3).
La orientación y los análisis de todas estas tres declaraciones son básicamente erróneos. Podemos destacar cinco errores importantes:
1. No se toma la lucha de clases como punto de partida ni se plantea la responsabilidad de los imperialistas en los conflictos.
Ni la declaración del 1 de febrero, ni la del 21 de febrero de 1979 toma nota de la supresión de las relaciones de •propiedad capitalista en el Sur de Vietnam como factor que interviene en los conflictos. Ninguna declaración reconoce el impacto positivo dado a la lucha de clases en Camboya como resultado del derrocamiento del régimen
La declaración del 1 de febrero, la más importante en torno al conflicto entre Vietnam y Camboya, plantea la actual campaña imperialista contra
Vietnam como un factor muy secundario, simplemente mencionándolo en la conclusión de la declaración.
En ninguna de las tres declaraciones se hace mención alguna del significado de la apertura operada anteriormente por los imperialistas hacia el régimen de Pol Pot.
No se toma en consideración el impacto positivo para la lucha de clases en todo el Sudeste asiático de los recientes acontecimientos en Vietnam y Camboya.
La declaración del 16 de enero de 1978 describe el conflicto entre Vietnam y Camboya en aquel entonces como una «guerra fraticida», un «conflicto fronterizo sangriento». Aunque preveía correctamente que el conflicto podía «deteriorarse hacia un conflicto militar más amplio», no se hace mención alguna de los objetivos impe rialistas en Indochina, salvo su intento de explotar el conflicto para su propaganda anticomunista.
La declaración del 1 de febrero de 1979 dice que en relación a la guerra entre Vietnam y Camboya, los marxistas revolucionarios concentran su fuego en el imperialismo». Pero no presenta al imperialismo como factor causal en el conflicto. A los imperialistas sólo se les achaca el pecado de la
-cuando apoyan la «soberanía nacional» camboyana después de haber bombardeado el país sin desmayo durante tantos años, y cuando intentan sacar provecho político de esta cuestión, utilizándola como «pretexto» contra Vietnam. Se omite el objetivo práctico de los imperialistas, es decir, instalar un gobierno proimpe-
Pese a la referencia a la necesidad de concentrar «los ataques principales en el imperialismo», la fuente del conflicto se presenta como la «responsabilidad de las burocracias en el poder» en la URSS, China, Vietnam y Cambo-
«sin ninguna distinción entre
La declaración del 16 de enero de 1978 no menciona específicamente el caracter de clase de Camboya. La declaración del 1 de febrero de 1979 lleva implícita que Camboya es un Estado obrero, es decir que el conflicto entre
Vietnam y Camboya es una de las fraticidas y amenazas de acción militar entre Estados obreros».
Esto es un error.
En la declaración del 21 de febrero de 1979, sobr la invasión china en Vietnam, los imperialistas sólo aparecen en tanto intentan «explotar» el conflicto en su propio beneficio. La declaración afirma que Pekín actuó en respuesta al derrocamiento del régimen de Pol Pot, pero niega que los objetivos del imperialismo en Camboya sean un factor causal. No se denuncia la colusión directa entre Pekin y Washington. (No se hace mencion alguna de las consultas previas de Deng Xiaoping en Washington y Tokyo, por ejemplo). Pekín es acusado solamente de ayudar «objetivamente» al proyecto imperialista de debilitar a Vietnam y reforzar los Estados capitalistas en la región.
La declaración del 21 de febrero afirma que la agresión de Pekín «se inscribe en un contexto político más amplio, que le confiere su verdadero significado y su alcance real. El conflicto entre las burocracias soviética y china el que la responsabilidad (...) histórica recae sobre el Kremlin (...)- constituye el marco en el que se insertan los enfrentamientos entre la china, vietnamita y camboyana.
Así, el eje de las declaraciones del Secretariado Unificado era incorrecto.
2. No se impulsa una línea marxista revolucionaria correcta en torno a los conflictos.
De las valoraciones incorrectas arriba señaladas se derivan directamente graves errores de línea.
La declaración del 16 de enero de 1978 llamaba al «cese inmediato de los enfrentamientos armados» entre Vietnam y Camboya y decía que el «problema fronterizo debe ser resuelto mediante negociaciones abiertas y públi-
No planteó la necesidad de defender el Estado obrero vietnamita frente a las maniobras imperialistas realizadas a través del gobierno cada vez más proimperialista de Camboya.
La declaración del 1 de febrero de 1979 «protesta contra la invasión de Camboya por el ejército regular vietna mita». Abogaba por la «retirada inme• diata del ejercito vietnamita de camboya». Así, omitió apoyar las medidas militares defensivas tomadas por el Estado obrero vietnamita.
Pese a expresar su oposición al régimen de Pol Pot, el efecto de la línea de retirada inmediata habría sido, de aplicarse, el de facilitar los esfuerzos de las fuerzas de Pol Pot por restablecer un régimen pro-imperialista en Camboya, amenazando asimismo a la revolución vietnamita. La línea de la declaración no ofrecía ninguna perspectiva a las masas camboyanas de cara a afir-
La declaración del 21 de febrero de 1979, sobre la invasión china, no dirigió sus principales consignas contra el imperialismo.
Pese a que la declaración exigio correctamente la retirada inmediata de las tropas chinas de Vietnam y advirtió correctamente contra cualquier ataque soviético a China, no llamó a la Unión Soviética a entregar a Vietnam todos los suministros militares que le hicieran falta para autodefenderse. Esto dió la impresión de un llamamiento pacifista a Pekín a que se
Otro error, aunque menos grave, era la manera en que la declaración del 16 miento a favor de los «Estados Unidos Socialistas de Indochina», y la declaración del 1 de febrero de 1979, la consigna de «federación democrática socialista de los pueblos de Indochina». Pese a que este objetivo general es correcto, ambas declaraciones lo presentaban como abstracto que ahorra tener que afrontar el problema central inmediato a que se enfrenta la revolución indochina. La manera en que se planteaba la consigna sugería que el problema central consistía en superar el conflicto fraticida entre los Estados obreros indochinos y el peligro del predominio vietnamita sobre los pueblos de Laos y Camboya.
Este contexto era incorrecto. Era simplemente una manera distinta de decir que el auténtico problema era el «expansionismo» vietnamita.
En cambio, el problema central en Camboya actualmente es doble: 1) aplastar los restos de las fuerzar reaccionarias de Pol Pot. En lugar de dar muestras de hostilidad hacia las fuerzas vietnamitas, las masas camboyanas han dado la bienvenida a la ayuda que recibieron Vietnam en la lucha contra Pol Pot. 2) avanzar en la reorganización de la economía camboyana y de la sociedad camboyana, instaurando un Estado
La perspectiva de una federación socialista de Indochina sólo tiene sentido político dentro de este contexto.
3. No se explican correctamente los conflictos.
Las tres declaraciones sostienen que la responsabilidad central de los conflictos está en las burocracias de los Estados obreros. Las dos principales explicaciones de sus iniciativas radican en el conflicto chino-soviético y en el nacionalismo."
a. El conflicto chino-soviético
La declaración del 16 de enero de
1978 afirma que «el conflicto chino-soviético ha desempeñado un papel directo en el deterioro de las relaciones entre Vietnam y Camboya». Se dice que Moscú actúa en función del «te-
mor ante las simpatías prochinas de Sihanuk y del Kmer rojo». El objetivo de Pekín consistía en extensión de la influencia vietnamita (y soviética) en la región». Así, «las direcciones soviética y china están cubriendo cada una a su 'aliado' respectivo en el conflicto entre Vietnam y
La declaración del 1 de febrero de 1979 afirma que con su política aplicada durante años, «la burocracia soviédesarrollo de la tragedia actual»; que hegemonía sobre la dirección del PC camboyano para lanzar una campaña sistemática antisoviética y antivietnamita»; y que «la burocracia vietnamita ha transformado la concepción de la federación (indochina) en una fórmula que apenas disimula el predominio y el control de Vietnam». «En estas condiciones», prosigue la declaración, «era inevitable que el nacionalismo hostil a vietnamitas, Camboya, se reanimara y suministrara al mismo tiempo a la burocracia china y a sus agentes de Phnom Penh la base indispensable para sus campañas irresponsables obrero vietnaminta».
Pese a afirmar que «cada una de estas burocracias» actuaba «con las armas en la mano» para «defender sus propios intereses inmediatos», la declaración no explica en ningún momento qué intereses materiales están
Ambas declaraciones tienden a presentar los conflictos como si provinieran de ideas incorrectas. La declaración del 16 de enero de 1978 dice: «Si no hubiera triunfado la ideologia estalinista del 'socialismo en un solo país', la gravedad del enfrentamiento entre Vietnam y Camboya sería inconcebible». La declaración del 1 de febrero de 1979 afirma que los conflictos «representan la maduración de los frutos venenosos de la teoría estalinista del 'socialismo en un sólo país'».
La declaración del 21 de febrero de 1979 en torno a la guerra fronteriza entre China y Vietnam afirma que además de buscar la estabilidad capitalista en el Sudeste asiático, la burocracia soviética trata de «extender su propia influencia capitalizando sus lazos con el régimen vietnamita», mientras que
Pekín, por otro lado, considera el área como «parte de su esfera de influen-
En todas estas explicaciones, los factores centrales de la rivalidad chino-soviética se omiten, o se niega su importancia: la competición entre las castas burocráticas en torno a las relaciones con los imperialistas y el intento de defender sus privilegios en el área del consumo, intentando contener la lucha de clases y evitar la extensión de movimientos revolucionarios.
Al rechazar estas consideraciones, la declaración del 1 de febrero de 1979 dice que Hanoi emprendio una accion «irresponsable» en Camboya, y la declaración del 21 de febrero dice que Pekín estaba «mostrando su ceguera» al invadir Vietnam. De hecho, sin embargo, tanto Hanoi como Pekin actuaron racionalmente desde sus propios puntos de vista de casta. Pese a los métodos estalinistas de Hanoi, sin embargo, su acción coincidió con los intereses de los trabajadores vietnamitas y camboyanos; la acción de Pekín, en cambio, lesionó los intereses de los trabajadores chinos y la defensa de sus conquistas sociales.
En lugar de considerar a las castas burocráticas como no expansionistas por naturaleza, se presume que los Estados obreros dominados por cas tas burocráticas tienen una tendencia intrínseca hacia la guerra, basada en su intento de extender sus zonas de indeclaración del 21 de febrero de 1979 dice que «la lógica infernal de los conflictos interburocraticos ha prevalecido». Peor aún, dice: «el desastre sufrido por las fuerzas estadounidenses en Indochina, y el debilitamiento de la posicion del imperialismo en Asia, dificultan las presiones imperialistas directas y han facilitado la expresión, en el terreno militar, de los antagonismos entre unas burocracias que desarrollan una orientación basada en la concepción de la 'construcción del socialismo en un solo
Si se desarrolla hasta la conclusión lógica, esta afirmación pondría en tela de juicio la posición trotskista que rechaza la concepción de que los Estados obreros, incluso deformados o degenerados burocráticamente, tenuna tendencia inherente a la b. El nacionalismo
Tanto la declaración del 16 de enero de 1978 como la del 1 de febrero de 1979 subrayan el nacionalismo como Vietnam y Camboya. El nacionalismo virulento no sólo se atribuye a los regímenes de Camboya y Vietnam, sino también a las masas. No se hace distinción alguna entre el nacionalismo de las masas y el de los regímenes. Y tampoco se hace distinción alguna entre el nacionalismo de la casta burocrática en Vietnam y el nacionalismo del régimen capitalista de Pol Pot en Camboya.
La declaración del 16 de enero de 1978 dice: «El peso internacional del estalinismo y la formación estalinista de las direcciones vietnamita y camboyana explican en parte la amplitud del resurgimiento del nacionalismo en Indochina».
La declaración del 1 de febrero de 1979 dice que la «teoría estalinista del 'socialismo en un sólo país'» llevó al «nacionalismo y al mesianismo nacionalista que penetra hasta en las más altas cúspides de los PC burocratiza-
Si bien es cierto que las castas estalinistas conciben y presentan sus intereses propios en términos nacionalistas, no es esta la causa fundamental de su actuación. Al defender sus propios intereses de casta, identifican falsamente estos intereses con los de la nación en su conjunto. Su nacionalismo no es sino un disfraz para sus intereses como casta parasitaria. Los regímenes capitalistas identifican de un modo análogo sus intereses de clase con los de la nación en su conjunto. También aquí es necesario hurgar más abajo de la ideología para revelar los intereses materiales de clase que subyacen.
Hanoi se guió por la necesidad de defender sus intereses de casta frente a la creciente presión imperialista, particularmente frente al cambio de orientación del imperialismo, que pasó a utilizar el régimen de Pol Pot contra el Estado obrero vietnamita. De este modo, Hanoi actuó contra el régimen de Pol Pot, mientras que al mismo tiempo trataba de mantener en vereda las luchas de los obreros y campesi-
El régimen capitalista de Pol Pot, por otro lado, se guió por la necesidad de defender sus intereses de clase frente la extensión amenazadora del ejemplo de la revolución socialista
Aunque ambos regímenes recurrieron al chovinismo, sus concepciones ideológicas provenian fuentes. El no distinguir las raíces materiales del nacionalismo condujo a la mayoría del Secretariado Unificado a la trampa de una explicación no mate-
En nacionalismo de las masas trabajadoras es un asunto diferente. Pese a que los obreros y campesinos pueequivocadamente ideologías chovinistas de sus respectivos regímenes, no es esta la única fuente de nacionalismo entre las masas. Muchas veces refleja, no una falsa ideología, sino un reconocimiento parcial de sus auténticos intereses de clase. Un ejemplo de ello es el intenso
nacionalismo antiimperialista de los obreros y campesinos de Vietnam, Laos y Camboya durante las intervenciones militares del imperialismo en Indochina. Como expresión, aunque parcial, de los auténticos intereses de obreros y campesinos, este nacionalismo era y sigue siendo progresivo, pues ayuda a avanzar en lugar de obstaculizar el desarrollo del internacionalismo proletario.
Es falso hablar, como hace la declaración del 1 de febrero de 1979, de una «tradicional nacionalista antivietnamita en Camboya», como si esto fuera un atributo constante de la conciencia de las masas. Es igualmente falso afirmar, como hace la declaración del 16 de enero de 1978, que ha habido un «resurgir del nacionalismo en Indochina» y deducir que para las
«animosidad histórica (se vió) deliberadamente intensificada por el imperialismo» y que su «perspectiva (estaba) moldeada por más de treinta años de luchas de liberación nacional aisladas durante mucho tiempo».
Al contrario, el nacionalismo antiimperialista de las masas, que surgió en respuesta a los imperialistas, no hizo Camboya se alejaran entre sí, sino que se acercasen.
Es más, no está demostrado que la acalón vietnamita en Camboya provocara la hostilidad nacionalista entre las masas camboyanas. Al contrario, hay pruebas de que las masas camboyanas apoyaron el nuevo giro de los acontecimientos y que vieron que sus intereses daban un paso adelante
-una situación •que resulta inexplicable en el contecto dado en las declaraciones del Secretariado Unifi-
También hay que destacar que la declaración del 1 de febrero no se digna .explicar cómo se aplica el «resurgir del nacionalismo en indochina» a Laos.
Parece que aquí la «animosidad histórica» hacia Vietnam no se ha visto.
Pero entonces, es que el proceso revolucionario en Laos ha avanzado acercando más a Vietnam y Laos entre sí.
Es cierto que mientras los estalinisgobiernen en Hanoi existe la posibilidad de una dominación de gran potencia por parte de Vietnam. Pero es falso decir que sea un problema primordial a los ojos de las laosianas y camboyanas actualmente.
En realidad, a medida que se avance en la revolución socialista en Camboya y se profundice la revolución social en Laos, esta amenaza disminuirá, del mismo modo que el poder de la casta estalinista vietnamita.
Las declaraciones del Secretariado
Unificado son incapaces de explicar los procesos ideológicos, debido a que no distinguen correctamente los procesos sociales que operan en Laos, Camboya y Vietnam. De ahí que la línea presentada sea incorrecta.
No se valoran correctamente los resultados de los conflictos.
Este error se deriva directamente del análisis y de la línea incorrectos de las tres declaraciones.
La declaración del 16 de enero de 1978 afirmaba que un conflicto mas amplio entre Vietnam y Camboya «puede asestar un duro golpe a las luchas revolucionarias en curso en el Sudeste asiático». La declaración del 1 de febrero de 1979•describía el conflicto más amplio que estalló como un «desastre». La realidad fue justo lo
La declaración del 1 de febrero de 1979 dice: «Los mismos intereses de la defensa del Estado obrero vietnamita frente al imperialismo exigen absolutamente una retirada inmediata del ejército vietnamita de Camboya». Sin embargo, en la realidad la retirada del ejército vietnamita de Camboya era precisamente el objetivo que perseguían los imperialistas ción contra el Estado obrero vietnami-
La declaración del 1 de febrero de 1979 afirma que la presencia de las tropas vietnamitas en Camboya «alimentará además el sentimiento nacional desencadenar una resistencia masiva y a largo plazo guerra de guerrillas prolongada-, que facilitar los proyectos de la dictadura preparar una contraofensiva contra la revolución vietnamita, por primera vez desde su aplastante derrota de 1975».
En realidad, ha proseguido la resisderechista, apoyada por el imperialismo y armada vía Bangkok; la retirada inmediata de las fuerzas vietnamitas les habría facilitado, no dificultado, las cosas a los imperialistas.
Si bien es cierto que la presencia a largo plazo de las tropas vietnamitas en Camboya podría provocar la hostilidad de las masas, esto sólo podría ocurrir en condiciones en que Hanoi actuara con vistas a impedir que las masas camboyanas afirmen sus intereses independientes. Los imperialistas no tendrían nada que ganar apoyando las luchas independientes de los obreros y campesinos camboyanos contra los estalinistas de Hanoi.
De este modo, las tres declaracio. nes sacan conclusiones que son exactamente contrarias al impacto real de los recientes acontecimientos en la lucha de clases en Indochina.
5. Incapacidad para contrarrestar la campaña propagandística imperialista y para ofrecer una alternativa clara a la desorientación de la izquierda pequeño-burguesa.
Las declaraciones del 1 y 21 de mente que los imperialistas han aprovechado los acontecimientos en indochina para lanzar una campaña propa-. gandística anticomunista, y afirman la necesidad de combatirla.
Sin embargo, muy poco se dice socontenido específico de los argumentos imperialistas. Esta omi-
De hecho, la línea y el análisis de las declaraciones del 1 y 21 de febrero de 1979 exigen la retirada inmediata de las tropas vietnamitas de Camboya; rechazan la exigencia de la ayuda militar soviética a Vietnam; rebajan el papel causal del imperialismo en los conflictos; y en su lug ar avanzan una concepción según la cual los conflictos se derivan de la disputa chino-soviética y del resurgir del nacionalismo. Estas posiciones sólo podían desarmar a los revolucionarios frente a los argumentos planteados en la campaña propagandística imperialista.
La declaración del 1 de febrero de 1979 ataca «el intento del capital internacional y de los pequeño-burgueses desmoralizados, de armar un escándalo en torno a la «tragedia camboyana». Más adelante, en la misma declaración, sin embargo, se emplea ese mismo tono: se habla del «desarrollo de la tragedia actual» en Camboya y se lo tacha de «desastre». Lo contrario fue lo cierto. Abrió la posibilidad de un nuevo avance de la revolución camboyana por vez primera en tres años y
Las lecciones a extraer de la acción de Vietnam, al derribar el régimen de Pol Pot, se comparan con las lecciones a sacar «en el momento en que los tanques soviéticos aplastaron la revolución húngara en 1956 y la Primavera de Praga en 1968». Pero estos eran ejemplos relativos a cuando el estalinismo aplastó a los obreros (lo que fael imperialismo). El derrocamiento del régimen de Pol Pot, en obreros (a lo que se oponían los impe-
Desde este punto de vista, era imposible que la declaración del 1 de febre-
ro de 1979 contrarrestara lo que reconoce como «la desorientación, el cinismo y la desmoralización en importantes sectores de la clase obrera y del movimiento antiimperialista a escala internacional, en los países coloniales y semicoloniales».
Era falso afirmar que «hoy, el inmenso capital de simpatía conquistado por la revolución indochina entre los trabajadores del mundo entero está seriamente comprometido».
No fue esta la reacción de los trabajadores del mundo entero. En cambio, fue la reacción de muchos elementos pequeño-burgueses de izquierda desmoralizados. Y lamentablemente, la declaración de la mayoría del Buró del SU no contrarrestó eficazmente este espíritu de flaqueza.
La línea incorrecta y el tono lastime. ro de las declaraciones publicadas en nombre del Secretariado Unificado contribuyeron a desorientar a muchas secciones de la Cuarta Internacional. Muchas secciones publicaron en su prensa posiciones similares a las de las declaraciones del Secretariado
Unificado, y en algunos casos aún mas extremas.
Estos errores deben ser rectificados para evitar mayores perjuicios políticos.
Solo una profunda discusión puede clarificar los problemas y abrir las puertas a la reorientación de la Cuarta Internacional en torno a un eje correcto en relación a los conflictos en Indochina y sus implicaciones para los marxistas revolucionarios. 12 de mayo de 1979.