Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

1979-1983: La revolución iraní, cuatro años después de la revolución de febrero

· Inprecor n.º 33, julio de 1983 · pp. 20-39 · 21.751 palabras

1979-1983

La revolución iraní, cuatro ai después de la revolución de fe

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ÃOS ebrero

ANDRÉ DURET

El texto que sigue es el informe presentado al

Secretariado Unificado de la

IV Internacional, por André

Duret. El S.U. votó a favor de la línea general del documento, en su reunión de enero de 1983.

ACE cuatro años, las masas iraníes

Washington perdía una de sus mayores piezas en Oriente Medio. Quedaba desarticulado así su dispositivo de control en una región estratégica para sus intereses. Desde entonces, el imperialismo norteha multiplicado sus esfuerzos para restablecer y reorganizar sus posicio-

El impacto inicial de la revolución iraní ante las masas de toda la región ha sido considerable. Los regímenes conservadores, aliados de los Estados Unidos, mostraron inmediatamente su inquietud. El mar de fondo revolucionario golpeó al imperialismo en plena cara, pero los golpes ulteriores asestados al movimiento de masas por la dirección Jomeini ha debilitado la dinámica antiimperialista y minado el curso anticapitalista de la revolución iniciada en 1979.

I. DE LA CRISIS

DEL REGIMEN

PAHLAVI A LA

INSURRECCION

A insurrección de febrero de 1979 es el punto culminante de una crisis prolongada que se manifestó: 1) A través de las presiones ejercidas por fracciones de la burguesía vinculadas a la dinastía Palhavi a favor de la realización de "reformas"; 2) a través de una oposición al régimen imperial por parte de lo fundamental de la burguesía tradicional, vinculada al clero chiíta; 3) a través del auge de un poderoso movimiento de masas iniciado en 1976-77.

A mediados de los años setenta, ciertos sectores de la nueva burguesía se pronunciaron por la realización de reformas con miras a adaptar el sistema de dominación política y la estructura estatal a las necesidades de un capitalismo que conocía entonces un importante desarrollo. Estas reivindicaciones fueron retomadas en el interior mismo del aparato de Estado, por una fracción del partido oficial, Rastajiz. El gobierno de Djanchia Amuzegar reflejaba un intento del sha de responder a este "movimiento reformista". En el Frente Nacional Democrático, algunos veían esta evolución con buenos ojos.

Desde comienzos de los años sesenta nació y se reforzó una corriente de oposición al poder imperial que traducía la reacción de amplias capas de la burguesía tradicional. Esta no había tenido la posibilidad de entrar en los nuevos sectores de acumulación del capital (tanto en el terreno de la producción, y del comercio internacional, como en el de la distribución). El poder imperial y la burguesía que alimenta, gracias a su control directo del aparato de estado y los recursos que administra, convierten los nuevos ramos de inversión en un coto privado. En el terreno político, Mehdi Bazargan (Jama, Partido de la Liberación de Irán) y otras corrientes reunidas en el Frente Nacional Democrático, son los portavoces de estas capas burguesas despojadas.. La

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Un estudiante muerto: otra bandera contra el Sha

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El pueblo iraní deseaba profundizar la dinámica antiimperialista y anticapitalista de su revolupequeña burguesía apoya a estos elementos de oposición. El partido de Bazargan ha establecido lazos estrechos con el clero chiíta, cuya jerarquía venía enfrentándose, en parte, con el poder, desde

Bajo el impacto de la crisis económica de 1975-76, se produce un fuerte ascenso de las luchas de las masas oprimidas y explo-

En el transcurso del ascenso revolucionario, la jerarquía chiíta, en colaboración con Bazargan, asumirá la política de estas diversas corrientes de oposición ascendente. En el seno mismo del aparato de Estado, incluso en el ejército, esta dirección alternativa apoyo de algunos sectores. Esto explica en parte la permanencia de algunos restos de las instituciones del régimen del después de la insurrección.

Así, en el combate contra la dictadura se aglutinarán diversas capas y clases sociales. A partir del verano de 1976, se producen enfrentamientos entre el ejército y miles de habitantes de los suburbios del sur de Teherán, donde viven centenares de miles de personas, expulsadas de las zonas rurales bajo el efecto de la blanca" del sha, El ejército destruye las chabolas construídas en los territorios reservados a estos desterrados. Al mismo tiempo se inicia una primera oleada de huelgas (1976-77). La represión es brutal.

movilizaciones producen las acciones lanzadas por poetas, escritores y abogados. Se centran en la defensa de los derechos democráticos También estallan luchas estudiantiles. En el otoño de 1976 se desarrolla, en las universidades, una huelga general. Con el aval de Jimmy Carter, que acaba de ser elegido a la presidencia de los Estados Unidos, el sha ordena una violenta represión contra este movimiento. Las movilizaciones retroce-

Entonces se inicia una nueva etapa del conflicto entre la jerarquía chiíta y el poder imperial. Después de los ataques lanzados contra Jomeini, en la prensa al servicio del régimen, en 1977, se organizan manifesdonde se produce un levantamiento. El gobierno trata de aplastarlo, reprimiéndolo du-ramente. De hecho, desencadenará un ciclo de conmemoraciones (luto de 40 días) en torno a las víctimas de la represión, que movimiento de masas, El clero chiíta ofrece su infraestructura y su capacidad organizativa a los manifestantes. Trata de imponer su hegemonía en el movimiento de protesta. Sectores sustanciales de la burguesía tradicional y de la pequeña burguesía se unen a esta nueva dirección de la oposición contra el sha. La participación de las masas plebeyas en la lucha aumenta cada día. El 8 de septiembre, "el viernes negro", las fuerzas represivas del sha matan a centenares de manifestantes. El antagonismo entre el régimen y las masas alcanza un nivel superior. Ciertas fracciones del clero se inclinan por el compromiso y buscan una negociación con el primer ministro Charif

Emami.

Pero la fuerza del movimiento de masas y su unión con las huelgas obreras impiden prácticamente el compromiso. En efecto, a partir de junio de 1978, las huelgas obreras conocen un nuevo impulso. Se estrecha la vinculación entre las reivindicaciones económicas y políticas. En las fábricas empiezan a surgir comités de huelga. La entrada de la clase obrera en el combate directo contra el sha confiere a este enfrentamiento social y político en vigor aún mayor.

A partir del mes de octubre de 1978, la huelga general está a la orden del día y se convierte en un elemento central en el relanzamiento del ataque contra el régimen

Pahlavi.

Sin embargo, las movilizaciones de masas en la calle siguen bajo la batuta del clero y de sus aliados en el Bazar. Los tra*bajadores han entrado en el conflicto una vez realizada una estructuración del movimiento de masas bajo la égida del clero chiíta. Además, la debilidad, por no decir la inexistencia, de las organizaciones obreras, fruto de años de represión, dejaba el campo libre al predominio del clero en las movilizaciones llos estudiantes de Teología desempeñarán un papel significativo en este terreno). La diplomacia de Moscú y de Pekín con respecto al sha no contribuyó poco a retorzar el descrédito del partido Tudeh (comunista) y cierta reserva hacia los que se reclamaban del comunismo. Este factor político jugó a favor de la dirección

En noviembre-diciembre de 1978, los enfrentamientos adquieren cada vez más violencia. Las masas se lanzan a una ofensiva contra el régimen. Jomeini, en el exilio, lanza llamamientos a los manifestantes para que se ganen a los soldados a su causa. A su vez, los campesinos fluyen a las ciudades para unirse a la

Todos los nuevos intentos emprendidos por determinados miembros del clero, como el ayatola Chariat Madari, para llegar a un compromiso con hombres como Amini o Chapur Bajtiar (una vez nombrado primer ministro en enero), fracasan bajo la presión de las masas y de la de Jomeini. Este último apoya la huelga general y rechaza cualquier compromiso,

Detrás de la dirección Jomeini se encuentra por tanto un bloque social que agrupa: a la burguesía tradicional (con sus distintas fracciones, los grandes y medianos comerciantes del bazar, los fabricantes); una pequeña burguesía numerosa (tenderos, pequeños y medianos artesa-

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nos) y que dispone de una dilatada tradición organizativa (gremios y corporaciones); los trabajadores y las masas plebeyas (los mostazafins, los desheredados). Estos últimos abarcan a centenares de miles de emigrados recientes del campo y a un semiproletariado duramente golpeado por la crisis de la construcción que ofrecía una de las posibilidades de encontrar un trabajo precario. Un sector del lumpen pro letariado participa también en los combates.

Para muchos de estos desarraigados, la organización religiosa, presente en los suburbios, constituye un sustituto de las estructuras comunitarias de la aldea y una red de ayuda social (caridad). La denuncia de la opulencia de "los nuevos ricos" del régimen imperial, por parte del clero, encuentra un eco profundo en estos sectores de la población expuestos a los ataques repetidos de las fuerzas represivas y a toda clase de vejaciones.

Los comerciantes ricos financiaron las movilizaciones. Los pequeños comerciantes vendian productos a las masas empobrecidas, a bajo precio. Las mesquitas se convirtieron en un lugar privilegiado para la organización de la lucha contra la dictadura. De hecho, las masas utilizan los canales de expresión que no había podido destruir la dictadura Pahlavi. Esto consolida el control de la dirección Jomeini sobre el movimiento de masas, máxime cuando aparece como un viejo contrincante del sha. De hecho, desde 1963 declara su hostilidad a las medidas relacionadas con la "revolución blanca" última comportaba un proyecto de formación de una nueva burguesía. Minaba las bases tradicionales del clero chiíta y las instituciones locales de notables, tradicionalmente oposición de Jomeini a estas medidas se derivaba por tanto de un punto de vista estrictamente conservador. Las terribles consecuencias de la "revolución blanca" capas enteras de la población, sin embargo, revalorizaran las posturas de Jomeini. Finalmente, aunque fue partidario del derrocamiento de Mossadegh en 1953, no dejó de denunciar la influencia del imperialismo y

"occidentalización" acusaciones encontrarán resonancia en el profundo sentimiento de las capas popula-

Las huelgas obreras desempeñaron un papel importante en el derrocamiento de la monarquía. Contribuyeron a paralizar los centros neurálgicos de la economía (petróleo). Multiplicaron la fuerza de las movilizaciones populares. Pero la clase obrera no se afirmó como vanguardia organizativa y polí tica de la lucha contra la dictadura, a escala de todo el país. La Organización de los Muyahedines del Pueblo de Irán (OMPI) o los Fedayines del Pueblo, diezmados por la represión, son poco aptas, dada su línea política y su programa, para proponer una perspectiva política propia, y menos aún una fuerza de estructuración. Así, el proceso de diferenciación política del bloque social agrupado detrás de Jomeini, tendente a au grandes dificultades para profundizarse.

En Enero de 1979, se crea un Consejo de la Revolución islámica, en el que se reúnen Abdollassan Bani Sadr, Mehdi Bazargan, Yazdi, Sadegh Gobdzadeh y los dignatarios Rafsandjani, Bahonar (todos ellos antiguos estudiantes de teología de Jomeini), y el propio Jomeini. Su composición permaneció secreta durante mucho tiempo.

En el transcurso de la huelga general de 1979, en los barrios proliferan los comités. A partir de agosto de 1978, en Teherán, se crean 14 centros de comités (Imam Komiteh), bajo la dirección de Madhavi Kani, para tratar de controlar el movimiento. En idénticas. Madhavi Kani, puesto en libertad junto con otros molahs por el sha, no ocultaba sus intenciones de combatir la influencentros de comités creados bajo su dirección serán una palanca eficaz para tomar el control de los organismos de masas en los

Bajo los golpes de las manifestaciones tras la salida del sha (16 de enero de 1979) y la llegada triunfal de Jomeini (1° de febre-

Use descompone el aparato de dominación de la dinastía (ejército, patronazgos,

Jomeini nombra a Mehdi Bazargan como primer ministro "real"'. Surge una situación de "doble poder" entre Chapour Baktiar y el representante del Consejo de la Revolución Islámica. A comienzos de febrero, el Consejo de la Revolución Islámica entabla con el mando del ejército imperial, en el que una fracción manifiesta su voluntad de colaborar con el poder naciente. Sin embargo, el 9 de febrero, en respuesta al ataque de una unidad homofars (técnicos de la aviación) por la guardia imperial, se organiza una respuesta militar masiva. Los mudyahedines y feyadines, junto con los homofars, inician la insurrección el 10-11 de febrero de 1979. Las masas se lanzan inmediatamente a la acción militar. Son tomadas las cárceles y los cuarteles. Los agentes de la SAVAK (policía del sha creada con la ayuda de la CIA norteamericana) son detenidos. El ejército imperial se descompone. Al comienzo, la dirección Jomeini se opone a la insurrección. Se unirá a ella una vez iniciado el levantamiento, para evitar que la desborde. El estado mayor del ejército, en particular el general Gharabaghi, observa una especie de neutralidad. Jomeini lanza llamamientos para frenar los ataques contra el Ejército y para preservar al menos alguna parte del

Ante esta explosión revolucionaria, la dirección Jomeini manifiesta tres preocupaciones fundamentales:

primer lugar, estalle en mil pedazos el aparato de Estado del sha. No es que desee conservarlo como tal, sino que teme que se produzca un desbordamiento incontrolable del movimiento de masas en ausencia de unas estructuras adecuadas para controlarlo. Formará inmediatamente, desde arriba, un gobierno: las masas no tienen derecho a elegir. Dada la consolidación insuficiente organismos y de las instituciones en las que podía apoyarse, y las divergencias surgidas en el seno de la propia jerarquía chiíta en torno al grado necesario de participación del clero en la vida política, la dirección Jomeini crea el gobierno Bazargan, situado bajo su estricto control.

•En segundo lugar, insiste en asumir el control del conjunto de los comités. Lentamente se produce a la centralización de los comités, bajo su autoridad. Los comités incontrolados son disueltos. El militar central, creado al comienzo de la insurrección, se esfuerza en desarmar a las masas. A partir de los comités se reclutará una buena parte de los miembros que constituirán la columna vertebral del futuro ejército de guardias de la revolución, los pasdaran. La voluntad de estructurar el movimiento de masas se afirma claramente. Un aspecto de esta política se traduce inmediatamente en los ataques lanzados contra una prensa que, como en todas las revoluciones, traduce la efervescencia de las ideas y la multiplicidad de las iniciativas de todos los sectores de la sociedad.

•Finalmente, a partir del 18 de febrero, la pone el acento en necesidad de reanudar la producción y de establecer el orden en las fábricas.

Desde el comienzo de la revolución, toda la orientación de la dirección Jomeini les plantea a los revolucionarios una tarea central: la de asegurar la independencia del movimiento de masas para profundizar la antiimperialista y anticapitalista de la revolución.

II. EL AUGE DE

LAS LUCHAS Y LA

RESPUESTA DE

JOMEINI (1979-1980)

A supresión del clima de terror establecido por el sha liberó la actividad y las reivindicaciones de los trabajadores, de los campesinos, de las minorías nacionales y del movimiento estudiantil. Proliferan las publicaciones políticas, surgen debates entre todas las fuerzas políticas. En las fábricas, en el campo y en la

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Irán universidad se hace notar el aliento liberador de la revolución. Este auge de la acción de masas es el rasgo característico de los comienzos de la revolución. La dinámica antiimperialista y anticapitalista de la acción de los trabajadores aparece entonces, a los ojos de diversos sectores de la clase dominante vinculados a la dirección jomeinista, como el peligro principal. Se establece un acuerdo, que abarca desde Bazargan hasta Jomeini, pasando por Bani Sadr y Chariat Madari, en torno a la necesidad de poner fin a esta "anarquía" La clase obrera en la lucha

La clase obrera, por primera vez en decenios, se dota libremente de artes gráficas). Proliferan los shoras (consejos de fábrica). Tienen su origen en los comités de huelga. Esta clase relativamente joven. En gran parte es producto el éxodo rural de los últimos 15 años. Su gran mayoría trabaja en empresas de pequeño tamaño, o en la construcción. Sus polos más importantes y combativos están organizados en las grandes concentraciones de la producción petrolífera, del gas, de la siderurgia y de las fábricas de montaje de automóviles. La represión del régimen Pahlavi le había impedido tener sus propias organizaciones. Por consiguiente, su experiencia es muy limitada en el terreno sindical, y sobre todo político. Sin embarel transcurso del ascenso insurreccional, descubrió su fuerza y su capacidad organizativa.

el año 1979 y a comienzos de 1980 se desarrollarán las huelgas, pese a las amenazas de los representantes del gobierno y de los dirigentes religiosos. Las reivindicaciones obreras centrales son: 40 horas de trabajo semanales; tiempo de trabajo igual para los funcionarios y los obreros; reapertura de las fábricas cerradas por sus propietarios que se han ido al exilio, y reanudación del trabajo en las fábricas abandonadas; elección de responsables de las empresas nacionalizadas en lugar de su nombramiento por el Estado; readmisión de trabajadores despedidos por Su actividad durante la lucha contra la dictadura; supresión del artículo 33 de la ley que rige las relaciones laborales; el pago de los atrasos salariales; aumentos de salarios; eliminación de los antiguos agentes de la dictadura; reivindicaciones vinculadas diversas iniciativas de control obrero. La nacionalización de la industria, en junio y julio de 1979, planteará inmediatamente el problema de las relaciones entre los directores nombrados por el gobierno y los shoras. El régimen confirma la supremacía de los primeros sobre los segundos.

Se crean diversas coordinadoras de shoras: en la industria petrolífera del

Jusistán, en la siderurgia (en Ajvas, en el producción, y en la administración en Teherán), en la pequeña y media industria de Guilan, en el sector de la construcción al sur de Teherán. Se crea una coordinadora de shoras en el Gostaresh (''Organización para el Desarrollo y la Modernización de la industria iraní"' que abarca a empresas modernas que se habían beneficiado de la ayuda del régimen imperial), y organiza manifestaciones. Se constituye un Hogar de los Consejos del Este y del Oeste de Teherán. Se ponen de manifiesto los primeros indicios de una conquista independencia organizativa por parte de la clase obrera.

El paro alcanza niveles importantes. A comienzos del año 1980, el Banco Central personas que están sin trabajo (un tercio de la población numerosos centros industriales se movilicen los parados. Broojerd, Hamadan, Kerman, Masjid Soleiman, organizan "sentadas". En varias ocaocupan edificios públicos. choques con los pasdaran son numerosos: en Ispahan, en abril de 1979, en Masjid Soleiman en octubre de 1979, y en Broojerd en enero de 1980. En esta última ciudad, la población se solidariza los parados, y el gobernador abandonará la gobierno, para empuje, ofrece un "préstamo" de 1000 tomans por seis meses, a los parados (el salario mínimo mensual es entonces de 1100 tomans). Este préstamo deberá ser devuelto cuando los trabajadores en paro

Unos 350.000 parados se "beneficiarán"' de esta ayuda. La debilidad del movimiento obrero organizado, la ausencia de una dirección, impiden una convergencia entre el movimiento de los parados y el de los trabajadores activos.

nacionalizadas, no sólo se han aumentado los horarios de los obreros, sino que a pesar del caos reciben regularmente la paga a final de cada mes (el Banco Central apoya totalmente a las empresas nacionalizadas).

Todo ello, junto con la acción represiva de los pasdaran, explica la pérdida de impulso del movimiento de los parados en 1980.

Durante todo este período, las organizaciones Fedayin, Peykar y Mouyahedin, ganan una cierta base en la clase obrera.

partido Tudeh (comunista)

dispone de cierta influencia, pero bastante inferior a su presencia en el aparato de

Estado, y sobre todo en la administración del sector nacionalizado.

Para contrarrestar la actividad obrera, el régimen adopta, en mayo de 1979, una serie de leyes que dificultan la actividad sindical. En las empresas sigue utilizándose la legislación antiobrera de la época del sha, entre otras la que afecta a "la actividad de los comunistas". Jomeini declara: «Los que incitan a los obreros a seguir haciendo huelgas son culpables de ataque contra los shoras independientes se produce muy pronto. Para poner fin a las coordinadoras independientes de shoras, elementos estratégicos para la conquista de la independencia por parte de la clase formarán coordinadoras de shoras islámicos vinculados a la república islámica y al Partido de la

Este proceso de usurpación no sin dificultades. Se unen los shoras islámicos en la Coordinadora de la Escuela Politécnica (junio de 1979). En la dirección de esta coordinadora figuran representantes del PRI, del Movimiento de los musulmanes combatientes Peyman (que publica el periódico Ommat, que defiende posiciones islámicas socializantes) y de los Muyahedines. La presión de las luchas obreras hace que la presión de los shoras tiendan a menudo a escapar a su autoridad tutelar. El PRI se da cuenta muy pronto de que para controlar los shoras es necesario crear una coordinadora colocada más directamente bajo su mando. Esto se realizará a comienzos de 1980, con la toma del control de la Casa del Obrero. El proceso de domesticación de los shoras no será lineal. Esto lo ilustran los conflictos que se produjeron en Tabriz, Ahwaz y Teherán, entre trabajadores y representantes del nuevo poder, en relación con la actividad independiente de los shoras.

Toda la política de la dirección jomeinista, coherente con su orientación ideológica global, está destinada a impedir la existencia de un movimiento obrero independiente, que disponga de sus propios organismos, de su propia prensa, de la libertad de discusión y de debate, de una expresión ideológica que no se atenga a la de Jomeini, el "docto".

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Los campesinos en la revolución

En los meses que siguieron al derrocamiento de la dinastía Pahlavi, se producirá un impulso de las luchas campesinas. Sin embargo, no hubo ningún movimiento de conjunto. Esto se explica tanto por la heterogeneidad de las condiciones sociales de vida de los campesinos esparcidos en más de 70.000 áreas: sistemas distintos de explotación, peso desigual de la gran propiedad terrateniente, efectos diversificados de la reforma agraria del sha, tradiciones de lucha, como en Guilan o Mazandaran. En estas regiones, la familia imperial y sus allegados habían acaparado numerosas tierras. Además, las luchas campesinas se entremezclan a menudo con las luchas de liberación nacional, como sucede en algunas partes del Kurdistán o en sarah, donde hay numerosos grandes propietarios absentistas.

En centenares de aldeas, los campesinos ocupan las tierras. Los gendarmes habían abandonado sus puestos masivamente, temiendo las represalias de los campesinos: La falta de tierras era muy resentida por la gran mayoría de campesinos. La obligación de emigrar a la ciudad era la prueba concreta de ello.

Este movimiento no fue estimulado por el clero chiíta. Además, los molas sólo contaban con una presencia permanente en unas cinco mil aldeas. Desde el punto de vista social, estaban estrechamente vinculados a los sectores propietarios medianos y grandes, los únicos capaces de financiar las actividades religiosas y de pagar el impuesto religioso.

El movimiento de ocupación de tierras fue muy espontáneo. En la provincia de Fars, se inicia a comienzos de 1980. Los jóvenes campesinos que habían emigrado hacía poco a la ciudad, y que fueron ganados para la revolución, volvieron a la aldea, donde impulsaron y apoyaron estas ocupaciones. En algunos casos, los pasdaran enviados en auxilio de los propietarios tomaron partido por los campesinos.

Sin embargo, la política del gobierno y de la dirección jomeinista se opuso a las ocupaciones de tierras. Las unidades de pasdaran, venidas de las ciudades, se colocaron al lado de los propietarios y ayudaron a veces a los notables locales, vinculados al nuevo régimen, a ocupar tierras. Los campesinos fueron expulsados de las tierras

Men la región Kermansarah. El enfrentamiento fue par-

Irán ticularmente rudo en el Kurdistán y el Turcomansarah. En Orumieh y Nagadeh (Kurdistán), los grandes propietarios atacaron las aldeas y recuperaron las tierras.

mayo de 1979, el gobierno entregó armas a los propietarios de Piranshar, para combatir contra los campesinos pobres. En Turcomansarah, las unidades de pasdaran, funcomités de campesinos y trataron de expulsarlos de las tierras ocupadas.

En estas regiones, los propietarios y el nuevo régimen utilizaron dos argumentos políticos para justificar su acción: por un lado, estos movimientos ponían en tela de juicio la unidad de Irán, y por otro se enfrentaban al "orden islámico", que garanti-

En diversas regiones, bajo la protección de los pasdaran y del clero local, se formará una capa de kulaks, que se aprovecha de la redistribución de tierras. En otras regiones, según los "principios del Islam". ción agraria es sutituida por la ganadería.

Uno de los efectos paradójicos de la revolución fue el de acentuar la emigración de los campesinos hacia las ciudades. No sólo podían desplazarse con mayor libertad, sino que sobre todo se veían atraídos por las promesas demagógicas del nuevo régimen (ayuda masiva prometida a los "desheredados"). Así, durante el primer año de la revolución, más de un millón y medio de habitantes de las zonas rurales afluyeron a Teherán. Se tomarán medidas represivas contra los vendedores ambulantes, cuyo número aumentó vertiginosamente a causa de estas migraciones.

Para responder a la crisis abierta en el campo, a finales de 1979, se prepara una ley de reforma agraria. El consejo de la revolución islámica promulga esta ley. Un sector de los molas se opone (por ejemplo, el ayatola Golpayegani). Concentra sus críticas particularmente en los dos artículos relativos al reparto de las tierras de los grandes propietarios. De este modo se expresaban los intereses combinados de estos últimos y del clero terrateniente. Según ellos, la ley de reforma agraria se "opone" a los principios del Islam. Entonces, el Consejo de la Revolución Islámica suspende. No será presentada en el Parlamento antes de 1981.

Creación de comités en cuyo seno figuran molas, terratenientes, pasdaran y campesinos, para oponerse a los consejos de aldea formados bajo la égida de los campesinos pobres; represión y obstáculos legales a la radicalización de la lucha de los campesinos pobres; represión y obstáculos legales a la radicalización de la lucha de los campesinos empobrecidos contra los terratenientes y los intermediarios que comercializan la producción: estas fueron las opciones de las esferas dirigentes de la República islámica, para responder a las necesidades de las masas rurales.

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Irán La resistencia de las minorías nacionales

La lucha de las minorías nacionales se inserta en el impetuoso ascenso revolucionario de comienzos de 1979. Los kurdos de Irán, que son más de 5 millones, fundamentalmente de religión sunita, son la punta de lanza de este combate. Cuentan con una importante tradición combativa y con cuadros nacionalistas forjados en la lucha y experimentados. En Kurdistán no pudieron crearse ni cuerpos de pasdarán ni cuerpos islámicos. Así, el régimen islámico no dispone allí de ningún instrumento de control de las masas.

Desde el 19 de febrero de 1979, los representantes kurdo presentan sus reivindicaciones al Gobierno Provisional. El 1º de marzo, el jeque Sayed Ezzadin Hosseini, líder religioso y dirigente nacionalista kurdo, afirma que la reivindicación autonómica no implica la separación de Irán. Insiste en la voluntaddel pueblo kurdo de participar en la revolución, pero también en su determinación de luchar por el derecho a la autodetermina-

La respuesta del gobierno de Bazargan, de común acuerdo con la dirección Jomeini, es clara: no a la autonomía. Esta orientación viene confirmada en el primer proyecto de Constitución que empieza a circular en junio de 1979. Frente a esta política chovinista del gobierno central, se inicia la movilización de los kurdos. El 26 de junio, el Partido Democrático del Kurdistán Iraní (PDK|) envía una carta abierta a Jomeini, en la que le pregunta por qué el gobierno presta su apoyo a los "aghas (terratenientes), que hasta el último momento, apoyaron al sha». En julio y agosto de 1979 se multiplican los ataques militares contra la población kurda y los combatientes peshmergas. ocasiones, Jomeini denuncia a los kurdos como «comunistas, apoyados por el extranjero, enemigos de la revolución». El 18 de agosto, el PDKI queda prohibido. Jomeini se convierte en comandante en jefe del ejército, y se declara una auténtica guerra al pueblo kurdo, en agosto-septiembre 1979. El Ejército bombardea las ciudades Baneh y Sanandai. También ocupa Maha-

Este ataque coincide con el primer intento de reducir los derechos democráticos en general: medidas sobre el estatuto de la mujer, amenazas contra las organizaciones revolucionarias y cierre de sus locales públicos, ley de prensa, prohibición del periódico Ayandegan.

El ayatollah Jaljali ordena la ejecución de jóvenes combatientes kurdos (peshmergas). Las manifestaciones de protesta son masivas en Sanandai y en Mahabad. Esto confirma la capacidad del pueblo kurdo para hacer frente a los ataques del gobierno central. El Kurdistán es el talón de Aquiles del nuevo régimen. Bazargan explica así las razones fundamentales de la guerra de Jomeini contra los kurdos:

•Dar una lección a todas las minorías nacionales;

•«Apoyar la moral y levantar de nuevo la columna vertebral de un Ejército desmorali zado ».

•Impedir que las organizaciones de izquierda hagan del Kurdistán su santuario.

La resistencia militar de los kurdos es muy eficaz. Las tropas del régimen tendrán que ceder cada vez más terreno, y los peshmergas ponen en jaque al

La tendencia al desarrollo de movilizaciones de las minorías nacionales oprimidas se pone de manifiesto en todas partes. En el Jusistán aparecen organizaciones culturales y políticas. Se coordinarán en la Organización Arabe Cultural y Política, uno de cuyos dirigentes es el jeque Mohamed Taher Shobeir Yagani. Los árabes (más de 3 millones) reivindican el control sobre el gobierno local, el derecho a reanimar la cultura nacional y a enseñar el árabe a sus criminaciones en el puesto de trabajo, un petróleo. El 25 de abril presentan estas reivindicaciones en Teherán. Los pasdaran acudirán rápidamente a reprimir este movimiento en Yorramchar y Ajras. Se suceden las detenciones y ejecuciones. Entre el 30 de mayo y el 4 de junio se decreta el estado de excepción en la región. El Frente Popular para la Liberación de Palestina, de Georges Habache, es acusado por los dirigentes chiítas de apoyar al movimiento. La Organización de Liberación de Palestina (OLP), que ha abierto unas oficinas en Ajras, debe defenderse frente a estas acusaciones.

En el Turcomansarah, donde la familia imperial había acaparado grandes propiedades, los campesinos turcomanos ocupan las tierras. Queman las haciendas de los grandes propietarios. Aparecen organizaciones sindicales campesinas: en numerosas aldeas se eligen shoras campesinos. Los campesinos cuentan con el apoyo de los feyadines. Entre mayo y septiembre, en la región de Gonbad, son atacados por los pasdarán y el ejército. Varios dirigentes de los shoras campesinos serán ejecutados. El poder central no sólo se opone a las ocupaciones de tierras (es cierto que algunas las realizan propietarios que querían "recuperar"' tierras de la familia imperial), sino que también quiere ganarle la partida a una minoría que afirma su oposición al régimen de la República islámica (boicot al referéndum). Los Feyadin, que no asumen la cuestión nacional, serán incapaces de dar una salida a esta lucha, y de consolidarla.

En el Aserbeichán estalla una oleada de manifestaciones en diciembre de 1979 y enero de 1980. Una de sus reivindicaciones centrales será la autonomía del Aserbeichán. Este movimiento se combina con la oposición entre el ayatola Chariat Madari y Jomeini. El primero se opone firmemente al proyecto de Constitución que otorga todo el poder a Jomeini. El Partido Republicano Andholassan Rostamjani apoya a Chariat Madari. Este último utiliza el movimiento para negociar en posición de fuerza con Jomeini, y para reforzar su base en esta región estratégica que da acceso al Kurviolentos, máxime cuando ambos bandos disponen de una fuerza armada. El 10 de diciembre de 1979, Bani Sadr se ve obligado a reconocer la realidad "del problema nacional"'. Entablará negociaciones para desorientar al movimiento reivindicativo. Finalmente, una mezcla de represión, de promesas y de dominación de una dirección burguesa tradicional sobre este movimiento nacional, le llevará a un callejón sin salida. Pero la espina sigue clavada en el cuello del régimen de la República islámica.

La represión apareció desde el comienzo como la única respuesta del nuevo régimen a las legítimas reivindicaciones de las minorías nacionales oprimidas. Pues sus posibilidades de controlar este género de movimientos, por medio de las instituciones creadas (Comités, pasdarán, etc. eran muy

Los estudiantes estuvieron a menudo al frente de la lucha contra la dictadura del sha. Después de febrero de 1979, la Uni-

Use convirtió en un lugar de libre debate político e ideológico. Se denotaba la influencia de las corrientes religiosas vinculadas a la dirección Jomeini. Pero la Universidad era también un bastión de organizaciones como los muyahedines y los fedayines. El clero reaccionó frente al libre desenvolvimiento de las ideas, al refuerzo de organizaciones que se oponían a la orientación ideológica dominante y que movimientos reivindicativos de las masas trabajadoras con miras a profundizar la

Existía un acuerdo entre Bazargan y Jomeini de cerrarle el paso a la izquierda en la Universidad. Pero surgió una divergencia en torno al futuro de esta institución.

Para los sectores vinculados a la burguesía capitalista, la Universidad debía conservar su función de formación de "cuaadministrativos, necesarios para el funcionamiento normal del aparato de Estado y de la economía. Para el clero chiíta integrista, había que "islamizar" la universidad, lanzar en ella "una revolución cultural"'. La batalla en torno al futuro de la Universidad se inscribía en el marco de las luchas de influencias entre fracciones del clero y de la burguesía, con miras a controlar el aparato

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Un breve análisis de la lucha emprendida en las principales fuerzas sociales revela así, que desde el comienzo de la revolución la dirección Jomeini utilizará una doble táctica para imponer su autoridad a los diferentes componentes del movimiento de masas:

•Donde le es más fácil afirmar su control, pone el acento en una represión selectiva, en retrocesos tácticos, con concesiones económicas, en la demagogia y en un esfuerzo sistemático para controlar al movimiento de masas.

•Donde no puede aplicar este método, sobre todo en el caso de las minorías nacionales, recurre ante todo a la represión masiva. Así, el 30 de agosto de 1979, Jomeini afirma en dirección a los kurdos: «Sereis enterrados si no abandonáis el es-

La fuerza del movimiento de masas y la profunda crisis del aparato de Estado, sin embargo, permitirán que los trabajadores, los campesinos y las minorías nacionales, conquisten, en un primer momento, toda una serie de ventajas (salario, tierras, créditos ventajosos contra la construcción de viviendas, etc.) y unos instrumentos de lucha (shoras, comités de aldea, armamento en el Kurdistán, posibilidades de acción para las organizaciones de izquierda). Es la defensa de estas conquistas la que estará en el centro del desarrollo ulterior de la revolución.

III. DEL PRIMER

REFERENDUM A

LA OCUPACION DE

LA EMBAJADA USA A partir de febrero de 1979, el primer objetivo de las fracciones burguesas que habían apoyado, más o menos, la lucha contra la dinastía Pahlavi, es el retorno a la calma, a la normalización y al relanzamiento económico. Para canalizar el movimiento popular, cuya amplitud rebasa la de las revoluciones de antaño, la burguesía está dispuesta a todas las alianzas. Pero a diferencia del pasado, esta vez las fuerzas políticas tradicionales que representan a la burguesía (Frente Nacional Democrático, Partido de la Liberación del Irán)

encuentran en una situación de subordinación al clero. La relación de fuerzas que presidió la alianza entre los molas, el bazar, las profesiones liberales y una parte de la burocracia del aparato de Estado heredado de la monarquía, favorecia a los primeros, que se apoyaban en el prestigio de Jomeini. La fracción mayoritaria del clero en el Consejo de la Revolución

Guardianes de la Revolución iraníes montan guardia ante las puertas de la embajada norteamericana en Teherán, ocupada desde el jueves por estudiantes islámicos. Islámica necesitaba tiempo para establecer un fuerte partido político, el Partido de la República Islámica (PRI), así como unas estructuras administrativas, militares y judiciales. Estas debían servir para refrenar al antiguo aparato administrativo del que desconfiaban profundamente Jomeini y sus partidarios, o bien para sustituirlo. Sin embargo, lo fundamental era que no apareciera desde el comienzo un vacio en el que pudieran penetrar las masas con sus pro-

Desde los primeros pasos de la revolución se agudiza el antagonismo entre Bazargan, su personal gubernamental, y los dignatarios chiítas. La alianza entre Ba-

Irán zargan y Jomeini sólo podía ser efímera. Bazargan no ve con buenos ojos ni la presencia del clero en el aparato de Estado, ni el desarrollo de "organos revolucionarios" (Comités, tribunales revolucionarios) estrechamente controlados por el clero, que tienden a sustituir los mecanismos normales del Estado burgués. Estas instituciones debian permitir la hegemonía del clero chiíta y de sus aliados. Serán constantemente objeto de luchas entre las diversas fracciones del clero, que se desga-

En cuanto a Bazargan y sus partidarios, tratan fundamentalmente de racionalizar el desarrollo capitalista iraní, reforzando las posiciones de los sectores burgueses vinculados a una ampliación del mercado interior. Si Bazargán acepta la nacionalización de la banca (que casi en su totalidad está en bancarrota) y de los seguros (junio-julio de 1979), no es un ardiente partidario de la nacionalización de la industria. A pesar de ello, esta será decretada por el Consejo de la Revolución Islámica. La mayor parte de las empresas estaban muy endeudadas con los bancos, muy por encima de sus haberes. Estas medidas afectaban básicamente a los sectores de la gran burguesía reciente, vinculada al régimen del sha, y que había huído. Sin embargo, los sectores burgueses que se reconocían en el gobierno de Bazargan temían la dinámica que podía desprenderse de la combinación de estas medidas con un movimiento de masas que estaba aún en pleno auge. Además, Bazar temía que el comercio exterior fuera acaparado por el Estado, secándose así particialmente una de sus principales fuentes de ingresos. Finalmente, el primer ministro del gobierno provisional establecido por Jomeini no quería modificar las relaciones entre Irán y las potencias imperialistas, que veían en él la principal carta a jugar, en lo que quedaba del antiguo

Jomeini propone inmediatamente un referéndum, en marzo de 1979. La opción que se ofrece a las masas, es: monarquía o república islámica. La abstención es muy alta en el Kurdistán y en el Turcomansarah. El voto a favor de la república islámica -que de hecho es, para las masas, manera de confirmar su combate contra la dictadura del sha y su voluntad de cambio-, es por supuesto mayoritario, pero la dirección Jomeini proclama que el 99% de los electores se ha mostrado favorables al

Para Jomeini, este referéndum es una manera de evitar cualquier convocatoria de una auténtica asamblea constituyente, que cambio, en agosto se reunirá una Asamblea de expertos, en el mismo momento en que culmina la primera oleada represiva. Son los molas los que dictan la ley. En esta asamblea detentan el 90% de los 75 mandatos. Se producirá una batalla en torno a

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la cuestión del poder otorgado a Jomeini, en el marco de la Constitución, entre Ba-. zargán y los partidarios de Jomeini. A comienzos de diciembre de 1979 se adopta la Constitución mediante un nuevo referéndum. Todas estas medidas están destinadas a legitimar el régimen de la república islámica, a consolidar un marco legal en el que podrán desarrollarse las nuevas instituciones de la revolución islámica.

Pero son muchos los elementos que vendrán a obstaculizar estos proyectos de estabilización. Por un lado, la victoria de los combatientes kurdos obliga al poder a dar marcha atrás, dando así un golpe a los proyectos de estabilización y de reorganización del nuevo régimen. En octubre-noviembre de 1979 se abre un período en que es la represión la que marca el paso. El movimiento de masas en las fábricas y en los barrios manifiesta su vigor. Por otro lado, proliferan los conflictos entre los medios que intentan estabilizar la situación en el marco de un proyecto del tipo Bazargan, y las fracciones del clero chiíta.

La ocupación de la embajada norteamericana, en noviembre de 1979, debe insertarse en este contexto. La organización los pasdarán junto con una fracción de los "estudiantes de la línea del Imán". A partir de la ocupación, Jomeini habla de una "segunda revolución". Con este término no define un salto adelante en el desarrollo de la organización propia de los trabajadores, ni la aplicación de una serie de medidas antiimperialistas y anticapitalistas concretas. No. En realidad quiere subrayar que la ocupación de la embajada iba a favorecer el proceso de consolidación del régimen de la República Islámica y la recuperación de la autoridad política por parte de las esferas dirigentes de la jerarquía

De entrada, la ocupación de la embajada aparece a los ojos de una parte importante de las masas trabajadoras como la terminación del derrocamiento del sha y una ruptura definitiva con el imperialismo norteamericano, identificado con razón con la feroz dictadura de los Pahlavis. Dos días después de iniciarse la ocupación de la embajada, la dimisión de Bazargán, que aparecía vinculado a las esferas imperialistas, refuerza convicción política de las masas. Además, Bazargán puede ser utilizado a propósito como chivo expiatorio de toda la

La ocupación de la embajada y la toma de rehenes suscitan una movilización popular para la que sólo se proponen unos objetivos muy vagos, o que a veces se oponen a los que se dan, en aquel mismo momento, algunas luchas obreras. Por consiguiente, no se concretara en el apoyo a un programa social economico que conduzca efectivamente a romper los lazos de dependencia de la economía iraní con respecto al imperialismo.

Por un lado, las manifestaciones delante norteamericana, expresaban un profundo sentimiento antiimperialista en el pueblo, fueron canalizadas, impidiéndose su unión con miento de los shoras en las fábricas (que entonces estaba creciendo y cuyas reivindicaciones radicalizándose), de modo que no pudo desarrollarse hasta convertirse en un polo de referencia alternativo a Jomeini. Por otro lado, se afirmó el control político de la dirección Jomeini, que hizo uso de la demagogia antiimperialista, cosa que no es nueva en la historia de la revolución colo-

Lo fundamental de las fuerzas políticas de izquierda cayó en la trampa tendida por Joemini. O bien afirmaron que se trataba simplemente de una maniobra de Jomeini y se contentaron con denunciarla, sin esforzarse por aprovechar el ascenso de la radicalización para ofrecerles salida en las empresas, en el terreno de las reivindicaciones obreras y de la organización de masas. O bien disociaron la lucha contra el imperialismo de la lucha contra la clase dominante y el régimen de la República Islámica. Separaron la lucha contra el imperialismo del curso real de la lucha de clases en Irán. Las tareas de las organizaciones revolucionarias se vieron dificultadas por las fuerzas del PRI lo las vinculadas al mismo), que les prohibieron, poco a poco, desarrollar toda

Be independiente durante las manifestaciones.

En este clima, invocando los peligros de un ataque imperialista, queda prohibida la propaganda contra la Constitución, con ocasión del referendum. Dicha Constitu ción instaura el poder del "velayat faguih" (Jomeini el docto), la concentración del poder en sus manos y su derecho de veto en todas las cuestiones. Por ejemplo, puede destituir al presidente de la República, elegido por sufragio universal. El Consejo de guardianes (Consejo de vigilancia), de doce miembros, puede suspender todas las decisiones del Parlamento (Maylis) si juzga • que no se conforman a la ley islámica

Algunas fuerzas, como el Partido Tudeh, prosoviético, explicaran que la imperialista" es tan grande que está justificado acallar las críticas a una Constitución que, ciertamente, es discutible.

Sin embargo, pese a todos los esfuerzos del régimen, el boicot a este segundo referéndum encontrará mucho eco entre las minorias nacionales. Las cifras, comunicadas mucho más tarde, con motivo de una de las numerosas luchas que se produjeron en el interior de las esferas dirigentes de la república islámica, confirman que en esta consulta no participaron más de 9 millones de

La dimisión de Bazargan reforzará las podel PRI. Sus cinco fundadores — Behechti, Mussavi, Ardebili, Hachemi Rafsandjani, Ali Jameini y Bahonar- forman entonces la mayoría del Consejo de la

Revolución, que se convierte de hecho en el Gobierno. Todo esto allana el camino a las futuras elecciones presidenciales y par-

Así, Jomeini le explicó sin ambajes a Bani Sadr: «La toma de rehenes ha unificado hoy al pueblo, la oposición no se atreve a actuar, podemos hacer aprobar la Constitución sin dificultad. Podemos proceder a las elecciones presidenciales y parlamentarias. Cuando todo esté hecho, dejaremos que se vayan los rehenes».

En enero de 1980, los locales de los muyahedines sufren un nuevo ataque; la candidatura a la presidencia de Radjavi, su portavoz, queda eliminada. Jomeini y Bani Sadr fomentan estas medidas los mayahedines, rechazado la Constitución y no son favorables a la represión contra las minorías nacionales. En la misma época se reinician los enfrentamientos en el Kurdistán. En abril de 1980 se desencadena una amplia ofensiva contra el pueblo kurdo. El atentado a los derechos democráticos de las masas se refuerza al final de la primavera. En abril, son cerradas las universidades con el pretexto de lanzar una "Revolución cultural

El imperialismo norteamericano aprovecha inmediatamente la ocupación de la embajada para lanzar una campaña histérica contra la revolución iraní, para preparar una eventual intervención militar en la región. Utiliza este pretexto para bloquear los haberes iraníes en los Estados Unidos, proyecto que ya se había planteado, de hecho, en febrero de 1979. Quedan suspendidas las importaciones de petróleo iraní a los Estados Unidos. Las potencias de la Comunidad Económica Europea se unen tardíamente al bloqueo decretado en abril de 1980. Los efectos en Irán son de doble naturaleza: por un lado, aumenta el coste de las importaciones; por otro, descienden las rentas de las exportaciones: Subsidiariamente, se diversifica la clientela comercial incrementándose los intercambios con Suecia, Austria, Italia, Suiza, Corea del

Pakistán, Turkia, India y los

En abril de 1980, Jimmy Carter organiza la incursión fallida de Tabas. Esta operación de comando se relaciona directamente, por parte del régimen, con un plan más amplio de contrarrevolución en Irán. Este plan implica a sectores del ejército y de la oposición vinculada a Chapour Bajtiar. En respuesta, la dirección de la República Islámica eliminará a una capa de oficiales del ejército surgido del régimen del sha y consolidará el cuerpo militar de los pasdarán, destinado a servir de brazo armado del

La ocupación de la embajada y la toma de rehenes concluirán en enero de 1981. Entre la espada de la ofensiva militar contrarrevolucionaria de Irak, lanzada en septiembre de 1980, y la pared del bloqueo

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imperialista, la dirección de la República Islámica concluye un acuerdo con los Estados Unidos. Este comporta la cesión de miles de millones de dólares que pertenenorteamericano, sin ninguna contrapartida (armas, piezas de recambio). El acuerdo, firmado en Argel Nabavi, fue considerado por amplios sectores de masas como un como una capitulación. Fred Halliday escribe a este respecto: «Los términos del acuerdo que condujo a la liberación de los rehenes constituyen una derrota considerable para Irán: el pago inmediato de las deudas contratadas ante los bancos norteamericanos representaba una concesión sin precedentes en la historia de

IV. EL PRI

AFIRMA SU

HEGEMONIA

AS elecciones presidenciales de enero de 1980, previstas por la Constitución adoptada, comportan una victoria aplastante de Bani Sadr. Este reune el 78% de los votos. Una de las razones de este éxito reside innegablemente en la imagen de defensor de determinados derechos democráticos que trata de dar a su candidatura. En la conciencia de amplios sectores de masas se perfila una ruptura con el clero. Jomeini se coloca por encima de la batalla, en estas elecciones, temiendo quedar vinculado a un candidato perdedor. Esta posición también favoreció a Bani Sadr. El candidato del PRI pierde ampliamente.

La elección de Bani Sadr a la presidencia de la República, sin embargo, suscitará muy pronto fricciones crecientes en el seno de las esferas dirigentes. Se producirán en relación con una cuestión clave para la jerarquía chiíta: la coexistencia y el control sobre los dos "aparatos de poder" dado del antiguo régimen y las "organizaciones revolucionarias"'. Por lo demás, Bani Sadr no dejó de dar a conocer su acuerdo con las declaraciones de los jerarcas del PRI favorables a hacer frente a los kurdos, a los "izquierdistas" y a los trabajadores.

Las elecciones al Parlamento, celebradas en marzo y mayo de 1980, les permitirán a los dirigentes del Consejo de la Revolución Islámica y del PRI contrarrestar los resultades de las elecciones presidenciales. El PRI gana ampliamente las elecciones parlamentarias, y pasa a controlar completamente el Parlamento. En las dos vueltas movilizará a su favor a las "organizaciones revolucionarias" (comités, pasdarán). Bajo la batuta de Rafsandjani, los servicios del Ministerio del Interior preparan la victoria del PRI. Jomeini se coloca del lado del PRI. El fraude es una práctica generalizada. En regiones enteras, entre ellas el Kurdistán, se invalidan los mandatos de los candidatos opuestos al PRI o que éste no controla. En la segunda vuelta sólo participará el 28% del cuerpo electoral. El PRI conquista el control sobre el Parlamento. Se apodera del Consejo de Vigilancia y del Consejo Supremo de la Magistratura (poder judicial), así como de los medios de comunicación. El PRI refuerza sus bases, lo que acentúa la crisis con Bani Sadr y sus aliados. Esta crisis estalla con motivo el nombramiento, por el Parlamento - PRI, de Mohamed Ali Radjai como primer ministro. Bani Sadr rechazaba este candidato. Los diputados que se oponen al PRI son eliminados del Parlamento.

Este conflicto no es únicamente de carácter institucional. De hecho, refleja un enfrentamiento social más profundo, lo que no deja de guardar cierta analogía con el que había desembocado en la dimisión de Bazargan. Un sector del Bazar y de la burguesía (básicamente los fabricantes y los grandes comerciantes), que no están dispuestos a vincularse a los nostálgicos del antiguo régimen, tratan de buscar a todo precio una solución política que lleve a la estabilización. Ven en Bani Sadr a un posible portavoz, aunque no guarden con él los mismos lazos que tenían con Bazargan. Estos sectores capitalistas se oponen a la política del alto clero en tres terrenos:

• En primer lugar, rechazan el intervencionismo creciente del clero en el terreno político, estatal y económico.

• En segundo lugar, consideran que la ausencia de un proyecto económico coherente del clero conduce a un marasmo económico que afectga directamente a los intereses de ciertos sectores del Bazar.

• En tercer lugar, temen la orientación de un sector del clero, que para reforzar sus posiciones difunde una ideología populista, un "odio a los ricos".

Detrás del PRI se alinean más bien los sectores comerciantes del Bazar, los intermediarios de las zonas rurales y la pequeña

Este antagonismo entre la dirección del PRI y Bani Sadr, que concluirá con la destitución de este último en junio de 1981, no se articula por consiguiente en torno a una oposición entre los trabajadores y sus aliados por un lado, y la burguesía por otro. Se produce en torno a los problemas vinculados a la reconsolidación de un Estado capitalista. Los intereses de las masas trabajadoras no se sitúan en ninguno de los dos bandos, por mucho que la dirección jomeinista se reclame de las movilizaciones de masas y de las "organizaciones revolucionarias". Estas consideraciones, sin embargo, no pueden llevar a los socialistas revolucionarios a no reconocer las reivindicaciones democráticas que expresan los sectores populares que apoyan a Bani Sadr.

Irán Las nuevas instituciones del régimen

Las "instituciones revolucionarias" ducto del ascenso revolucionario y puntal del nuevo poder, se tambalearán ante las oleadas del movimiento de masas y serán objeto de una lucha por su "purificación" y su control. A veces, los miembros de los comités o de los pasdarán intervienen en una empresa o en una región rural y no desempeñan el papel que esperaban ellos los patronos o propietarios. campesinos, o más simplemente dictar su propia voluntad a ambos bandos.

Al principio, se consideraba que estas "instituciones' debían actuar agentes del antiguo régimen. Pero muy acciones contra la nueva oposición de la república islámica. Operan incursiones contra los sectores vinculados a Bazargan, y posteriormente a Bani Sard, contra miembros de las antiguas formaciones nacionalistas burguesas en el seno del aparato de Estado. Incluso van a menudo más allá de sus propias prerrogativas y suscitan reacciones, incluso entre el clero. También tienen la terea, claramente señalada por Jomeini, Behechti o Rafsandjani, de "luchar contra la influencia de la izquierda" (asimilada sistemáticamente a la contrarrevolución) y de "mantener el orden en el puesto de trabajo"

• Los comités no son, desde el principio, una fuerza centralizada y homogénea. Existen en ellos diversas posturas, pero están sometidos a las decisiones fundamentales del "velayat faguih". Su presupuesto corre a cargo del Estado, tras diversas reorganizaciones impulsadas por Hadhavi Kani, a partir de marzo de 1979. Además de estos recursos, disponen de medios procedentes de la distribución de bienes de consumo en los barrios (tras las medidas de racionamiento debidas a la guerra). Sus vínculos con el poder del PRI se estrecharán cada vez más. También cubren una función policial. Estas actividades influirán en el papel que desempeña en ellos los elementos que se proponen utilizarlos para obtener un beneficio material directo (corrupción).

• El ejército de los pasdaran, situado bajo la dirección del Consejo de la Revolución Islámica, tenía al principio unas dimensiones reducidas. Su control será objeto de feroces luchas en el seno de los círculos dirigentes de la República Islámica. La definición de su lugar, en relación con el ejército tradiprovoca numerosas discordias. Durante casi tres años, ni el gobierno, ni siquiera el Consejo de la Revolución Islámica, pueden dominar esta institución, que sin embargo es vital para el poder del nuevo ré-

Es la que se encarga de las principales acciones represivas del régimen islámico, tanto contra las minorías nacionales como contra las organizaciones de la izquierda o las luchas obreras.

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Irán

Sucesivamente, Hachemi Rafsandjani, y posteriormente Mussavi Ardabili, Ali Jamenei, del PRI, se encargará de asegurar un vínculo funcional entre la dirección del PRI y el comandante de los pasdarán. Finalmente, este último entrará directamente en contacto con Jomeini. Un Consejo de pasdarán debe dirigir esta nueva institución militar de la república islámica. Los pasdarán dependen del presupuesto del Estado, aunque cuentan con fuentes de financiación propia. El cuerpo de pasdarán posee un comandante en cada ciudad y en cada provincia importante. En el seno de los pasdarán, la organización de los Muyahedin de la Revolución Islámica (organización secreta integrista reaccionaria) dirige los servicios de información. El Parlamento adoptará una ley, después del comienzo de la guerra, por la que se da prioridad a los pasdarán sobre el ejército, en lo que se refiere al reclutamiento. Los pasdarán controlan los basij (comités de movilización), establecidos tras el estallido de la guerra con Irak. También están presentes en las principales fábricas.

• Los tribunales revolucionarios, creados 1979, debían perseguir a los representantes del antiguo régimen que se oponían a la república islámica. Pero el aparato represivo del sha no será desmantelado sistemáticamente. Serán numerosos los miembros de la SAVAK que se salvarán. Así, más de uno colaborará con el nuevo régimen para perseguir a los militantes de izquierda. Los tribunales se centralizarán y situarán bajo la dirección de la corte central de Teherán y de la oficina del procurador de la revolución islámica (que se encuentra en la prisión de Evin). Existen tribunales revolucionarios en las principales ciudades. Deben asegurar la aplicación de la "Ley islámica". Los jueces son nombrados por la jerarquía religiosa, no se ejerce ningún control sobre ellos. Los tribunales tienen sus propias unidades militares y colaboran estrechamente con los comités y los pasdaran. Al mismo título que estos últimos, los tribunales revolucionarios no limitarán su acción al procesamiento de los colaboradores de la dictadura Palhavi.Dirigirán sus golpes contra los que se reivindican del socialismo, del marxismo, que apoyan la revolución pero no "la revolución islámica"'. Aplican los preceptos de Jomeini: «Irán intenta hacer volver a la religión a bestias salvajes que la han atacado, y si no lo logra, los encarcela, o mejor dicho, los depura, y esto es lo que han hecho todos los profetas desde la creación». No existen derechos de la defensa. La interpretación de la "ley islámica" es muy flexible, y se pronuncian las sanciones más arbitrarias.

• La Fundación de los Desheredados. Esta institución es una pieza maestra del régimen de la República Islámica. Ha confiscado los bienes de las capas superiores del antiguo régimen. Posee por tanto un pequeños imperio económico, tanto en el terreno mobiliario como en el inmobiliario (fábricas, restaurantes, hoteles, cines). Se encuentra bajo el estrecho control del PRI. Dispone de fondos muy importantes, que le permiten al PRI distribuir a sus partidarios permite tejer lazos de clientela importantes. Los escándalos y la corrupción relacionados con esta institución se han denunciado en repetidas ocasiones, incluso por representantes oficiales del poder islámico. Jamás se ha publicado su balance detallado.

• La Cruzada por la Reconstrucción (Dijhad Sazandegui) tiene como campo de actividad, fundamentalmente, la agricultura. En esta cruzada intervienen millares de jóvenes que desearían aportar una ayuda concreta a las regiones rurales depauperadas y hacer avanzar la revolución. El PRI se apoderó muy pronto de esta institución. El reclutamiento se realiza a través de las mezquitas y de las sociedades islámicas (en el medio escolar). En las zonas rurales ha asumido tareas del ministerio del Plan. Los miembros de la Cruzada reciben un salario. Como institución, depende del presupuesto del Estado, y constituye ante todo un vector de penetración del PRI en el campo. Los miembros de la Cruzada colaboran con las fuerzas de policía, por ejemplo en el Kurdis-

• Las sociedades islámicas (Andjoman Eslami) se crearon para contrarrestar el peso de los shoras en las fábricas. El poder intentó hacerse con el control de los shoras. Pero las sociedades islámicas constituyen un organismo más directo, más vinculado al PRI, destinado a asegurar su presencia en el puesto de trabajo y a oponerse a las fuerzas vinculadas al movimiento obrero, incluso si en algunos casos fueron momentáneamente más allá del papel que se les había asignado. De hecho, se crearon sociedades islámicas en el Ejército, en el aparato gubernamental, en las escuelas, los hospitales... Estas sociedades aseguran la presencia del PRI en todas las capas de la sociedad. La oficina del monkerat (del pecado, de 'lo que no debe hacerse"), encar. gada de vigilar la "buena conducta" de los ciudadanos, completa la actividad sociedades islámicas. Esta oficina dispone de sus propios tribunales y de su policía

Estas diversas instituciones islámicas y "revolucionarias" no son todas ellas ciaciones ideológicas"'. Están directamente vinculadas a la jerarquía chiíta y al "velayat faguih". Deben asegurar la dominación del PRI y de una parte significativa del clero sobre un aparato de estado burgués. Esto es lo que determina fundamentalmente su naturaleza y su función. La presencia, en alguna de ellas, de jóvenes radicalizados y antiimperialistas, no altera esta realidad Estas instituciones y organizaciones, cuya financiación de alto nivel es posible, entre otras cosas gracias a la renta petrolera, constituyen un conjunto que debe permitir la construcción y la consolidación del régimen islámico, en el que se combinan la "asistencia pública" y la represión. El PRI: hacia el partido único

El PRI puede contar con la ayuda de una "asociación" de matones, los hezbollahi. Afirman ser miembros del Partido de Dios (Hezb-o-allah). El PRI no podía asumir directamente la de la represión. Bajo mano, organiza a los hezbollahi. Ayat, antiguo miembro del partido de las masas trabajadoras organización de derechas que apoyó el golpe de 1953 contra Mossadegh), es el encargado de su organización. Provistos de porras y otras armas, los hezbollahi se encargan de reducir a las diversas oposiciones al partido oficial. Por su composición plebeya (en parte lumpen), esta organización parece "surgida del pue-

, lo que le permite atribuir a sus actos una legitimidad popular. Tras la eliminación de Bani Sadr, el PRI reconocerá oficialmente esta "asociación". También ella es objeto de luchas entre las fracciones del clero.

El PRI tiene en sus manos todos los hilos que relacionan entre sí a las diversas organizaciones revolucionarias. Jomeini interviene como un bonaparte, decidiendo en uno u otro sentido en las luchas fraccionales en el seno del PRI. Es la clave del arco de un sistema de dominación política de una importante fracción de la jerarquía chiíta. Al mismo tiempo, la concentración de poderes que detenta y su lugar preponderante traducen la precariedad del reino

Para justificar una política oportunista con respecto al nuevo poder, organizaciones como el partido Tudeh o los Fedayines (mayoritarios), invocan las "importantes" diferencias que separan a las distintas fracciones del PRI. Unas sn calificadas de pro. gresistas, de "revolucionarias" y de "antiimperialistas"; las otras, de reaccionarias y anticomunistas. Según ellos, las primeras merecen el apoyo político como dirección de la pretendida fase antiimperialista de la revolución y de la ''vía. de desarrollo no capitalista"

Por supuesto que existen diferencias. El grupo Hodjatieh, por ejemplo, es uno de los más abiertamente conservadores. opuso violentamente a la reforma agraria y a la nacionalización del comercio exterior. Su antisocialismo, su anticomunismo y su antimarxismo son virulentos. Su influencia es el aparato judicial y en la nueva policía política, la SAVAMA, es muy fuerte. Uno de sus dirigentes, Falsafi, que se mojó en el golpe de agosto de 1953 contra Mossadegh, ha afirmado que había que colaborar con los antiguos miembros de la SAVAK contra la izquierda. Otra fracción, la de la "linea del imán", trata de utilizar una demagogia populista, del estilo "antiposeedores" (anti-Mostakbar); que se

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puede observar en general en el movimiento nacionalista islámico.

La fracción clerical Hodjatieh se apoya y favorece a los sectores de capitalistas, comerciantes y notables que penetran en la brecha abierta por la revolución, para ascender en la escala social. Muestra por tanto su oposición a un intervencionismo del Estado demasiado pronunciado. Ve con malos ojos "los llamamientos al pueblo" de Jomeini con miras a resolver las divergencias internas en el clero y mantener su relacon las masas. Para esta fracción esto no hace sino frenar la estabilización social y económica necesaria. Está a favor de establecer lazos más directos con el imperialismo. También se opone a la pretensión de Jomeini de ser el representante del doceavo imán, con lo que esto supone de poder para él y de "medidas de reforma" para justificar esta función.

Los "Defensores de la Línea del Imán", a su vez, ponen el acento en la organización y el control de las masas, en determinadas medidas populistas y en el lugar que debe ocupar el sector público en la reorganización del sistema de poder. Sin embargo, no manifiestan menos ardor en torno a la represión de las reivindicaciones democráticas y a las oposiciones de todo tipo: antiguos medios monárquicos; sectores de la burguesia decepcionados por los resultados de la revolución islámica; fuerzas que se reivindican del socialismo y del movimiento obrero, o siquiera de una versión pequeñoIslam, como la de Shariati, uno de los inspiradores de la organización de los Muyahedines del pueblo de Irán. Por lo demás, su antiimperialismo sirve sobre todo manipular al movimiento de masas.

Más allá de estas diferenciaciones, todas estas corrientes se oponen firmemente a cualquier ataque real contra la propiedad privada, la economía mercantil y el Estado capitalista, como al desarrollo de los derechos democráticos y a la existencia de un movimiento de masas fuerte e independien-

Si el PRI agrupa al sector de la jerarquía religiosa comprometido en la acción política — una fracción del clero se niega a esta participación directa en los asuntos del Estado y en la vida política-, sirve también de vínculo con notables locales y miembros del bazar, que suministran, más allá de la base socio-económica que posee la propia Iglesia chiíta, una de las bases sociales del régimen. Determinados elementos del bazar aprovechan el monopolio que le atribuyen las autoridades y ocupan los puestos abandonados por sus competidores exiliados o depurados. En esta economía mercantil inestable, las fortunas se hacen y deshacen con rapidez.

Finalmente, alrededor del 10% de la población activa, en gran parte plebeya y pequeño-burguesa. (depauperada), está directa o indirectamente ligada a las instituciones en que se apoya el nuevo régimen. Hay ahí una base de masas del régimen Jomeini que puede contar, además, con una parte nada despreciable del personal, renovado o no, del aparato de Estado.

La posición predominante actual del clero es el resultado de la debilidad de la burguesía, así como de la clase obrera. La primera se vió desprovista de toda un ala moderna vinculada al sha, con la revolución de febrero de 1979. La burguesía tradicional, a su vez, no disponía de partidos políticos bien estructurados. Sólo desempeñó un papel marginal en la lucha contra la dictadura. El marasmo económico, a partir de 1979, así como la actividad de las masas, no facilitaron su reavivación tras el derrocamiento del sha. La segunda, terriblemente reprimida por el sha, traicionada durante toda su historia por el partido Tudeh, no disponía de organizaciones sólidas ni de tradiciones políticas. No pudo disponer de un intermedio democrático suficientemente largo para organizarse y conquistar una independencia política y organizativa que le habría permitido presentar su candidatura

El clero, como institución, dispone de una fuerza real — económica, social, orgaconstituida a lo largo de los siglos. Ha desempeñado un papel en la historia pasada del Irán y sus vínculos con el Estado son numerosos. Por razones históricas particulares, es, por primera vez, el actor político que ocupa el primer plano. Los muyahedines contra

El conflicto abierto contra el PRI, Bani Sadr y los Muyahedines alcanza su apogeo durante el segundo semestre de 1981, en plena guerra entre Irán i Irak. Su resultado será la última etapa del proceso de toma de posesión de todas las instituciones por par-

El 10 de julio de 1981, Bani Sadr deja de ser comandante en jefe de las fuerzas armadas. Un día antes, Nobari, aliado de Bani Sadr, renunciaba a su puesto, en la dirección del Banco Central. El llamamiento de Bani Sadr a un referéndum, para que los electores decidieran el conflicto, aceleró el decisivo. El adopta una ley que obliga a Bani Sadr a adoptado el Parlamento durante los últimos meses. En la misma fecha, la "oficina de coordinación y cooperación del pueblo con el presidente de la República", organización creada por Bani Sadr tras las elecciones presidenciales de 1980, queda disuelta. Asimismo, se suspenden siete periódicos, entre los que se encuentran La Revolución Islámica (de Bani Sadr), Mizan (de Bazargan) y Nameh Mardom (publicado por el

Trán Partido Tudeh), por un periodo indefinido, por parte del procurador general. Al tiempo que declara su lealtad a Jomeini, Bani Sadr

"la tiranía'' del clero y llama a ofrecer resistencia pública. Multiplica los avances hacia el sector empresarial del Bazar. Los Muyahedines del pueblo se alinean detrás de Bani Sadr. Organizan manifestaciones en apoyo de él, la más importante de las cuales reúne a centenares de miles de participantes, el 20 de junio en Teherán. Un sector significativo de las masas, que rebasa ampliamente a los sectores de las llamadas "clases medias" , desorientado por la política servil del partido Tudeh y de los Feyadines (mayoritarios), en ausencia de una dirección alternativa, se alineará con el bloque Bani Sadr-Muyahedines. Este agrupamiento se le aparece como algo que ofrece una barrera frente a la hegemonía política del clero chiíta y a los ataques contra los derechos democráticos. Todas las manifestaciones fueron atacadas, incluso con armas de fuego, por los pasdaran y los hezbollahi. A partir del 20 de junio, las detenciones de militantes miembros de los muyahedines así como de los feyadines o de Peykar (una organización maoista), se multiplican. Las primeras ejecuciones se producen ya el 21 de

Los muyahedines renuncian a organizar nuevas movilizaciones de masas. En revancha, declaran "la guerra'" al Gobierno. En ese mismo momento se multiplican los atentados con bomba. El 28 de junio, en la sede del PRI, mueren en una explosión más de 71 dirigentes del Partido, entre ellos Behechti. Después de acusar inicialmente a los Estados Unidos y a Irak, los dirigentes de la república islámica achacan finalmente la responsabilidad de esta acción a los muyahedines. El antiguo primer ministro, Mohamed Ali Radjai, elegido presidente de la República Islámica en julio, será asesinado en agosto, al igual que Bahonar, el primer ministro. De esta manera es asesinada una capa entera de dirigentes islámicos. La orientación emprendida por los muyahedines, si bien rechazan la paternidad de algunas de estas acciones, consiste en abrir la "guerra" contra los pasdaran y los políticos del régimen. Reivindican abiertamente una serie de acciones terroristas. Esperan debilitar a la fracción de Jomeini, en beneficio de un ala que les fuera más favorable, o bien estimular una desintegración rápida del sistema de dominación del PRI.

En este ambiente, el régimen puede lanzar una campaña de terror contra todas las oposiciones. El PRI ocupa el terreno. Con la elección a la presidencia de la república, en octubre de 1981, de Sayed Jameini, representante de Jomeini, y el nombramiento de Madahvi Kani (obligado poco después por el PRI a dimitir), y posteriormente de Hossein Mussavi en el cargo de primer ministro, ningún cargo de dirección mínimamente significativo del aparato de

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Irán Estado escapa a las manos del clero chiíta.

La Organización de los Muyahedines del Pueblo de Irán (OMPI) es una organización populista, nacionalista, pequeño-burguesa. Su matriz ideológica mezcla elementos del chiísmo populista, (Franz Fanon) y de elementos prestados del modelo estalinista de la revolución colonial. En ausencia de un movimiento obrero fuerte y cuya referencia al socialismo no hubiera podido confundirse con la del partido Tudeh, esta organización canalizó la radicalización de importantes sectores de la juventud estudiantil, aunque también de sectores obreros y plebeyos. Agrupará a millares de jóvenes combatientes antiimperialistas. En las elecciones de 1980, obtendrá el Esto refleja su implantación en los barrios

Su alianza con Bani Sadr, se sitúa desde el punto de vista de la orientación política, 1979, de las relaciones privilegiadas que ayatolas (Taleghani), de sus llamamientos permanentes a Jomeini, o incluso de su estrategia destinada a construir una "república islámica democrática". El apoyo a Bani Sadr se presentaba inicialmente como una alianza táctica para hacer frente a la ofensi-

Posteriormente, muyahedines silencian la responsabilidad de Bani Sadr en el cierre de la Universidad, los ataques contra sus locales o la rra contra los kurdos. Los métodos de lucha empleados por los muyahedines no son sino la otra faceta de su populismo. Se inscriben en la continuidad de su pasado guerrillerista. Reflejan, del mismo modo que su política de alianzas, su incomprensión de la necesidad primordial de un movimiento de masas independiente, arraigado en la clase obrera, A ello se añade la reticencia de sus aliados burgueses, y más particularmente. de Bani Sadr, con respecto a la acción directa de masas. Su orientación traduce también un desconocimiento del proceso de desarrollo de la conciencia de las masas. Va en sentido contrario al refuerzo de la acción directa de las masas, que apareció como posible en junio de 1981. La campaña terrorista de los muyahedines puede amalgamarse fácilmente con los métodos utilizados por las fuerzas restauracionistas, máxime en el contexto de la guerra con Irak.

Frente al desafío, el PRI unificó sus filas, desde Ali Jameini a Ardebili, desplegando todos sus esfuerzos en una movilización de los sectores donde su audiencia es aún mayor. La política de los muyahedines proporcionará pretextos para una nueva oleada de medidas represivas masivas y brutales, que afectan a todas las fuerzas de la izquier-

Por este conjunto de razones, los marxistas revolucionarios sólo pueden condenar vigorosamente la orientación política de los muyahedines. Pero deben indicar sin ambigüedad que la responsabilidad política corresponde a la dirección del régimen islámico, que ha dificultado cada vez más cualquier actividad legal de dicha organiza-

Desde hace tiempo, un sector del clero había anunciado ya su voluntad de golpear a los muyahedines. En la época del sha, en 1977, Rafsandjani declaraba: «Nuestra última batalla será contra los muyahedines». En junio de 1980, Jomeini lanza el slogan «muerte a los hipócritas» (los muyahedines). El procurador general revolucionario de Teherán, Lajevardi, explica los resortes de esta política represiva: «La hostilidad de la organización de los hipócritas hacia el régimen islámico data de la época de su creación; porque considera el socialismo científico y el marxismo como la vía de la revolución. Pero nadie ignora que el marxismo es contrario al Islam. Es natural que cualquiera que crea en el marxismo será hostil a la república islámica, por mucho que manifieste su deseo de tratar políticamente y de mantener lazos de entendimiento y de amistad con ella. Porque el creyente y el incrédulo no pueden, a fin de cuentas, estar de acuerdo. La contradicción entre nosotros y los hipócritas es de principio e ideológica, y se remonta a una época anterior a la victoria de la revolución».

Una crítica radical de la orientación adoptada por los muyahedines, y que silencie al mismo tiempo los golpes asestados por el PRI contra esta organización, avala de hecho todas las medidas represivas tomadas en nombre de las necesidades del "combate antiimperialista". Esto es lo que hizo el partido Tudeh.

La defensa de los militantes muyahedines encarcelados, torturados, ejecutados, una tarea del movimiento obrero interna cional. Debe situarse en el marco de una clara denuncia de la propaganda imperialista contra la revolución iraní, y de apoyo a la lucha contra todas las fuerzas imperialistas o vinculadas al antiguo poder imperial.

La política de alianzas aplicada por la dirección de los muyahedines, y su orientación política global, han puesto de manifiesto, una vez confirmado el fracaso de su estrategia, todos sus aspectos negativos. En primer lugar, el programa de Gobierno Provisional establecido por el Consejo Nacional de la Resistencia (CNR, coalición entre Bani Sadr, el PDKI y los muyahedines), no persigue otro objetivo mocratización del régimen de la República

Yes decir, conservando el Estado capitalista. En segundo lugar, el contenido social y económico de dicho programa no da ningún lugar a dudas en cuanto a su respeto de la propiedad privada y su voluntad de atribuir a los shoras un papel subordinado con respecto a las instituciones del Estado. Finalmente, el mecanismo propuesto — un Presidente de la República (Bani Sadr) y un Gobierno Provisional que convoque una Constituyente- para asegurar el cambio de poder, revela una voluntad de no recurrir a las tradiciones más avanzadas de las luchas de masas en Irán (huelga general, autoorganización) y de establecer límites de antemano a su actividad.

La dinámica política desastrosa de la orientación de los muyahedines se pone de manifiesto a través de las aperturas realizadas con respecto a ciertas iniciativas iraquíes, o incluso del imperialismo francés, que está fuertemente comprometido en Irak, desde el punto de vista económico, y juega la carta de un apoyo abierto a Saddam Hussein. Imanato y sistema de dominación

La ideología de que se reclama la fracción de la jerarquía chiíta en el poder, y que corta a su medida y según sus necesidades, ha influido en el curso de la revolución. Esta ideología no es una simple ideología religiosa. Pretende ser un programa social y gubernamental. Este ha inspirado a su vez el proyecto de Constitución. Esta reposa en una idea central: el Gobierno y la legislación corresponde a Dios. Su representante en la tierra, el "velayat faguit", es decir, el ayatollah Jomeini, decide en SU nombre. Detenta el conjunto de poderes y puede delegarlos a su voluntad.

La soberanía corresponde al "velayat faguih"' y no a las masas. El es su tutor. La (doctrinarios, ateos, hipócritas, expresan la relación que mantienen con la "linea del Imán". La obediencia al Imán se convierte en la norma de la vida social. Todo oponente se convierte en "enemigo del Islam"' y de la "revolución islámica" con el frecuente añadido indiscriminado del cali-

"agente del imperialismo". Aparentemente, la represión más rigurosa se encuentra legitimada el representante del doceavo Imán, situado por encima de los enfrentamientos de clases.

Todas las medidas contra las mujeres (exclusión de una serie de profesiones, no elegibilidad, ley de venganza mujer vale el 50% menos que el hombre, derecho al divorcio muy restringido para la mujer, el hombre puede desposar a cuatro mujeres, edad núbil a los nueve años con el consentimiento del padre y a los 13 años legalmente, látigo o lapidación por adulterio, etc.) encuentran su justificación en el programa social de este Islam integrista. Dichas medidas están destinadas a que las mujeres ocupen su lugar tradicional que habían abandonado temporalmente a causa de las necesidades del apoyo a la revolución - donde estaban en primera fila-.

"La defensa del Islam"' viene a justificar la abolición de los artículos más "radicales" de la reforma agraria, o de los derechos

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contra los poseedores, la subordinación de los shoras al PRI y su estatuto de partido único, la "purificación" del cuerpo de enseñantes o, incluso, la prohibición de toda unidad política en las escuelas.

«El Parlamento no tiene un derecho absoluto en materia de legislación, sino que su derecho consiste en promulgar leyes con arreglo a la "Cha ri'a" (la Ley). I...) Los diputados están obligados a suprimir toda ley que sea contraria a los preceptos del Islam. (...) La razón de ser del Consejo de Vigilancia de la Aplicación de la Constitución Islámica consiste precisamente en rechazar toda ley que no se atenga al Islam». (Hachemi Rafsandjani, presidente del Parla-

Este programa reaccionario debe asegurar la hegemonía de la fracción del clero en el poder, y funciona como un instrumento conservador del orden social. La dirección Jomeini utilizó tanto el aparato de la Iglesia, como la ideología religiosa, para reafirmar su ascendente político sobre las masas que se adhieren al chiísmo. Pero el contenido social y económico de este programa sólo puede entrar en contradicción con las necesidades de los trabajadores, incluso con la forma religiosa que hayan podido adoptar sus aspiraciones. La represión se convierte por tanto en una necesidad para asegurar la permanencia del régimen.

En semejante situación, la defensa de los derechos democráticos está estrechamente vinculada a la batalla por la organización y la actividad libres e independientes de los trabajadores. La negativa a defender estos derechos, so pretexto de que sería hacerle el juego al imperialismo o facilitar la tarea de la "burguesía liberal", lleva a subordinar el movimiento de masas a la dirección jomeinista, o a facilitar a esta misma "burguesía liberal' la tarea de esgrimir las reivindicaciones democráticas de las masas contra el régimen, para volver a consolidar sus posicio-

Ya en julio de 1980 indicábamos: «Para desarrollar, en el seno de las masas trabajadoras, un sentimiento de pertenencia a una clase independiente, los marxistas revolucionarios organizarán la lucha por el conjunto de las reivindicacioneds democráticas, nacionales y transitorias (anticapitalistas), sabiendo formularlas para llevarlas al corazón del movimiento real de las masas, comprendiendo los efectos en su conciencia de las experiencias concretas de movilización y las contradicciones que surgen entre sus acciones, los planes del nuevo Gobierno y la ideología difundida por la dirección Jomeini. Es el único método que permite arrancar a las masas de la influencia de las direcciones burguesas y pequeño-burguesas, de acompañar al movimiento de masas, sin renunciar a una ofensiva política e ideológica contra el contenido reaccionario de las campañas de islamización» (Resolución del Secretariado Unificado de la IV Internacional, del 28 de julio de 1980).

V. EL ATAQUE

IRAKI CONTRA IRAN

A ofensiva militar del régimen iraki de Saddam Hussein desembocará en una guerra que dura ya más de dos años y medio. Este conflicto no ha suprimido la lucha de clases y el combate de las minorías nacionales en Irán. Constituirá un crisol en que éstas se fusionarán. Las políticas, sociales y militares se entremezclan e influyen en la dinámica del movimiento de masas. Esta dinámica se ha convertido poco a poco en ambos países, en uno de los factores más importantes de El proyecto de Saddam Hussein

So protexto de que hay que cambiar el trazado de las fronteras, Saddam Hussein ataca a Irán en septiembre de 1980. Intenta derrocar el régimen de Jomeini. Asestando una serie de golpes duros contra el régimen islámico de Teherán y tratando de modificar la relación de fuerzas interior en favor de la reacción, es decir, de los partidarios del almirante Oveissi y de Chapur Baktiar, trata de estrangular la revolución. Para poner a punto sus planes, Saddam Hussein colabora con generales del antiguo Ejército imperial. Les proporciona armas y les ayuda también en su lucha contra Jomeini.

El poder iraki intenta sofocar a Iran ocupando una zona económica e industrial vital, el Jusistán. Irán está aislado internacionalmente, tras la ocupación de la embajada norteamericana, y se encuentra atascado en una auténtica guerra contra el pueblo kurdo. Además, Saddam Hussein intenta sacar provecho del debilitamiento del ejército heredado de la época del sha, la oposición al nuevo régimen de una gran parte de su oficialidad, y las luchas de clanes en el seno de la república islámica.

Utiliza una demagogia "pan-árabe". Para referirse al Jusistán, Saddam Hussein habla de "una tierra árabe, como Palestina". Sin embargo, toda su política (bombardeos, destrucciones, represión) indica sin ambigüedad que la camarilla en el poder en Bag dad es incapaz de atraer efectivamente a la población árabe del Jusistán que participó en una revolución. Los árabes del Jusistán participarán inmediatamente en los combates contra la agresión serán desarmados por los pasdarán.

Saddam Hussein creyó en la desintegración rápida del régimen de Jomeini. De hecho, como lo ha demostrado a menudo la historia, al invadir un país en revolución, suscitó una respuesta inmediata en la que se mezclaba la voluntad de las masas de de-

Irán fender la revolución y su país.

En el plano interno, el régimen de Saddam Hussein no tenía que vérselas con un movimiento de masas activo que lo amenazara directamente. Sin embargo, temía los efectos de la revolución islámica en el seno de las masas campesinas pobres en el Sur de Irak, máxime cuando en su mayoría son de religión chiita. La campaña contra las organizaciones chiítas de Irak se refuerza a partir de 1979. En marzo de 1980, Bagdad promulga un decreto que castiga con la pena de muerte a toda persona que permanezca a la organización chiíta integrista

Al Daawa. Hace ejecutar al líder espiritual de los chiítas, Mohamed

El renacimiento de la lucha de los kurdos en Irán, inspirada en el combate de sus hermanos en Irán, suscita también alguna inquietud en la camarilla que monopoliza el poder en Bagdad. Finalmente, Saddam Hussein, una vez desaparecida la potencia regional militar del sha, espera afirmar su papel en esta región, dividida arbitrariamente por el imperialismo en Estado más o menos rivales (Irán, Irak, Arabia Saudí). Tanto Egipto como Jordania prestan su

Cuando decide lanzar la ofensiva militar, Saddam Hussein no se encuentra solo. A comienzos de agosto viaja a Taief, en Arabia Saudí. Es su primer viaje oficial desde que accedió a la presidencia de la repú blica y a la presidencia del Consejo del mando de la revolución, y el primero que realiza a Arabia Saudí, desde 1958, un dirigente del Partido Baas. Arabia Saudí, una vez desencadenada la guerra, asegurará su ayuda financiera de decenas de miles de millones de dólares a Irak, de común acuerdo con los Emiratos del Golfo Pérsico. Estos regímenes reaccionarios temen también las repercusiones de la revolución iraní. El impererialismo francés se coloca del lado de Irak, tratando asi de reintroducirse en una región de la que había quedado excluido en gran parte por los imperialismos británicos y norteamericano.

Cuando accedió al poder, la dirección Jomeini no denunció el tratado de 1975, impuesto por el sha a Irak. Al contrario, multiplicó sus declaraciones "panislámicas" carecterizadas por el tonillo chovinista iraní. Declara y organiza su apoyo a la organización chiíta integrista Al Daaba. Jomeini lanza una especie de guerra ideológica personal contra Saddam Hussein, en nombre de la "revolución islámica". Ataca al naciona lismo árabe, laico y seudosocialista del Partido Baas. Su propaganda adopta la forma de un "expansionismo chiíta". El 18 de abril de 1980, Jumhuri Eslami, el diario del PRI, publica un llamamiento del Jomeini: «Es su deber (el del pueblo irakí), así como del Ejército, derrocar al Baas, Partido no islámico».

Las potencias imperialistas, ante todo el imperialismo norteamericano, aprueban tá-

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citamente la ofensiva irakí. Ven en ella una posibilidad de consolidar las posiciones de la contrarrevolución en Irán. temen los efectos desestabilizadores en la región de la revolución iraní, y los llamamientos de las fuerzas integristas chiitas que gobiernan en Teherán. En este punto hay una convergencia con los objetivos de Saddam Hussein. Pero el imperialismo norteamericano no interviene fuertemente en la operación. Las incógnitas son demasiado grandes. Y los proyectos imperialistas en la región están lejos de solaparse con los plade Saddam Hussein. De entrada, imperialismo no es en absoluto favorable a una nueva delimitación sustancial — que iría más allá de las modificaciones del acuerdo de 1975- de las fronteras establecidas la región con motivo de la 1ª guerra mundial. Se opone al desmantelamiento de

Además, no está dispuesto a favorecer la conquista, por parte de Irak, de los yacimientos petrolíferos iraníes. El imperialismo no desea favorecer la concentración de semejantes recursos en manos de un único país. Favorece más bien la fragmentación. Avalando este proyecto crearia un precedente muy peligroso en esta región estratégica del mundo, corriendo el riesgo de enemistarse con todos los gobiernos. aliado desde hace tiempo de la URSS, no depende completamente del imperialismo. Es cierto que opera un deslizamiento en dirección a las fuerzas imperialistas, pero el régimen de Bagdad defiende aún demasiado su intereses particulares. guiente, el imperialismo no está dispuesto, de entrada, a convertirlo en la potencia cla ve de esta zona, máxime después de la experiencia decepcionante que ha hecho con tras la caida de la dinastía Pahlavi, Israel sigue siendo para los Estados Unidos una baza aún más indispensable. Atribuir a Irak, el adversario declarado de Israel, un papel preponderante, sólo podría entrar en colisión con una opción funda-. mental del imperialismo norteamericano. La ayuda que aportará Israel a Irán, en el terreno del armamento, no ha hecho sino destacar este problema. La cantidad de armas suministradas -fundamentalmente material construido bajo licencia norteameri cana- muestra que esta iniciativa no ha podido tomarse contra la voluntad explícita de los Estados Unidos. La incursión israelí, en junio de 1981, contra el reactor nuclear Osirak en Tammuz, cerca de Bagdad, revela la firme voluntad de Israel de aprovechar la situación para debilitar a Irak.

De hecho, el imperialismo utilizará este conflicto ante todo para reforzar su presencia militar en la región, y. particularmente para consolidar su ayuda militar a los Estados del Golfo, mientras que Irán e Irak se debilitan militar y económicamente. Aprovecha el deshielo de las relaciones entre Irak y Egipto, que se reintegra en el seno de los países árabes, en un momento en que se descompone el "Frente de firmeza" (Siria, Libia, Yemen del Sur, Argelia, OLP). Si los Estados del Golfo se oponen al régimen de Teherán, no por ello son partidarios de que Irán se transforme en un gendarme regio-

La voluntad mediadora manifestada por la OLP y por Cuba, desde el comienzo del conflicto, venía alimentada por esta comprensión de las ventajas que podría extraer el imperialismo de esta guerra, frentamiento en una región que aquel "balpara controlar mejor la situación. Es innegable que el imperialismo aprovecha el conflicto y su prolongación, aunque no lo haya inspirado o desencadenado directamente. En cuanto a la burocracia soviética, actúa con precaución, jugando todas las cartas por mediación, entre otros, de los "países satélites"

El conflicto que estalló en septiembre de 1980, constituye por tanto una guerra entre dos países capitalistas dominados, cuyas

Men el poder desarrollan una política global contraria a los intereses de las masas, pero una de las cuales ha surgido de una revolución aún reciente y dispone todavía de cierta audiencia entre las maHussein está destinado a estrangular la revolución islámica golpeándola militarmente y respaldando las fuerzas de la contrarrevolución islámica del antiguo régimen iraní; en la misma operación, ataca también a la revolución iraní de los trabajadores y de los

En otoño de 1980, frente al asalto irakí, la tarea de defender la revolución iraní en curso consiste, para los revolucionarios, en movilizar a los trabajadores y campesinos para oponerse a la agresión baasista, por derrotarla militarmente. Esta movilización no debe debilitar los esfuerzos empleados para cumplir la tarea estratégica de alcanzar la independencia política del movimiento de masas. Para ello ponen el acento: en la reactivación y en el armamento de los shoras y de los comités de masas en los barrios; en la libertad de expresión política en las milicias creadas para rechazar la agresión baasista, y contra toda clase de caza organizaciones de izquierda; en el derecho de organización y de expresión de los trabajadores en uniforme (shoras de soldados), que permitan, entre otras cosas, contrarrestar las maniobras de los generales faciosos y depurar-así el ejército; en la suspensión inmediata de los ataques militares contra los kurdos (en sep tiembre y octubre, 30.000 pasdarán y soldados atacan al Kurdistán) y las demás minorías nacionales; en el reconocimiento incondicional de su derecho a la autodeterminación; contra todas las medidas de evacuación forzosa y de chantaje contra la pobla ción árabe del Jusistán. Los socialistas revolucionarios proclaman que no puede haber una defensa eficaz de la revolución sin garantizar todas sus conquistas, sin ampliar los derechos de asociación, de reunión y de expresión de las masas, sin profundizar la revolución en el plano social y económico. Sólo pueden oponerse a una orientación que aceptara, en nombre de la prioridad de la "defensa nacional"' , mantener el silencio sobre los ataques a los derechos democráticos o poner fin a un combate justo que desarrollan los trabajadores en sus fábricas o los campesinos en sus tierras.

Frente a un intento efectivo de derrocar el régimen por medio de las fuerzas restauracionistas ayudadas por el ejército irakí, los revolucionarios deberían haber llamado a las masas obreras y campesinas de Irán a defender militarmente, sin prestarle ningún apoyo político, con sus propios métodos de acción, a un régimen que aún no eran capaces de sustituir por un gobierno obrero y campesino. Pero en este combate deberían haber puesto el acento en la necesidad de reanudar con las formas de lucha más avanzadas de las masas populares (autoorganización, armemento), con el fin de crear las mejores condiciones para hacer de la victoria contra el golpe reaccionario el trampolín de una ruptura de masas con la dirección de la república islámica.

Por otro lado, el movimiento obrero y re volucionario internacional debió movilizarse entonces por exigir la retirada incondicional de las tropas irakíes más allá de las fronteras existentes antes del 21 de diciembre de 1980, y la de todas las fuerzas imperialistas de la región. Desde el comienzo del conflicto, paralelamente a su participación debieron explicar que la salvaguardia de esta revolución, que beneficia a los pueblos de Irán y de Irak, hacía necesario oponerse al desarrollo del chovinismo. El beneficiario de toda división duradera entre dos países dominados por el imperialismo sólo podía ser el imperialismo. Las masas populares de ambos países pagarían| un precio muy elevado. Fidel Castro lo subrayó con toda razón. Explicar esto no estaba en contradicción ni con la exigencia de retirada incondicional, ni con una postura de defensa militar con miras a quebrar el ataque irakí. En el plano de la defensa política, en efecto, esta orientación tenía que despertar un amplio eco en las masas irakíes, debilitando políticamente a Saddam Hussein. Las masas, Jomeini y la guerra

Entre septiembre y octubre de 1980, la resistencia popular a la invasión irakí en los centros obreros del Jusistán iraní (Jorramchar, Abadan y Ajras) fue enorme. Revolucionó todos los planes del Estado mayor irakí, que no vaciló en bombardear masivamente las ciudades. En el triángulo del petróleo, el ejército regular iraní estuvo casi

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ausente durante las primeras semanas de la guerra. Trabajadores, jóvenes combatientes (entre los que figuraban muchos árabes), respaldados por secciones de pasdarán en la región, constituyen la punta de lanza de la resistencia. Los militantes de los feyadines y de los muyahedines participan en el combate y luchan en primera fila contra el ejército irakí. Desde el comienzo de la guerra, Gasemlu, dirigente del PDKI, hace saber al gobierno de Teherán que los peshmergas ("los que van por delante de la muerte") están dispuestos a dirigir sus armas contra los irakíes y las fuerzas reaccionarias pagadas por Irak, con dos condicio-

- que cesen los ataques militares contra los kurdos, y que estos puedan mantener su propia organización militar;

— que les sea reconocido el derecho a la

En numerosas ciudades de Irán, las masas salen a la calle desde el mismo comienzo de la guerra. Exigen armas. Su armamento, como en los días de la insurrección, está en el orden del día. Esta reivindicación cristaliza tanto su voluntad de defender la revolución como de combatir contra la agresión baasista. El régimen se opondrá inmediatamente al renacimiento de los comités de barrios independientes que surgieron, más particularmente en la región afectada directamente por la guerra. Armará las sociedades islámicas y no los shoras en las empresas. Prohibe toda propaganda política en el Ejército y reprime los shoras de sol- .

En el desarrollo de la guerra aparecen

1) La ofensiva irakí y la resistencia popular en el Jusistán, que pone fin a la penetración irakí en noviembre;

2) Un largo periodo de guerra de posiciones (entre otras cosas, debidas a las condiciones climáticas), durante la que se desencadena una lucha encarnizada en el seno del régimen de Teherán, entre el PRI por un lado, Bani Sadr y sus aliados muyahedines por otro. La hegemonía del clero chiíta en el aparato de Estado se refuerza. Los organismos de movilización militar 'de las masas pasan a ser controlados estrechamente, y se acentúa la represión contra los derechos democráticos

3) comienzo de la contraofensiva militar iraní, una vez reabastecido el ejército de material; este contraataque se apoya también en la utilización masiva de una infantería compuesta de combatientes muy jóvenes, encuadrados por los pasdarán. Se recuperan Abadan y Bostan. La región de Dezful y Jorramchar es liberada (septiem bre 1981-junio 1982);

4) ofensiva iraní en el territorio irakí, en dirección a Basora; apertura de nuevos frentes en la montaña de Zagros, al norte del Jusistán. Las tropas irakíes abandonan lo fundamental del territorio iraní (julio

1982-febrero 1983). Sin embargo, siguen bombardeando las ciudades y las posiciones iraníes. Saddam Hussein se ve entonces obligado a formular propuestas de paz.

Frente a la guerra se presentan dos problemas cruciales para el gobierno iraní. ¿Cómo responder a una agresión militar que manifiestamente no era esperada? ¿Cómo canalizar un movimiento de masas suscitado por la necesidad de la defensa del país y de la revolución? La respuesta de los círculos dirigentes de la república islámica, a estas preguntas, viene determinada, por un lado, por las diferencias de orientación que se expresan en su seno, y por otro, por la constante preocupación de asegurar el control del movimiento de masas, ñado de medidas represivas contra las fuerzas que se oponen a la política del PRI. Por ejemplo, muy pronto serán detenidos los muyahedines y fedayines que combaten en el frente; tratados de "saboteadores", algunos de los ellos serán ejecutados. Durante la tercera fase de la guerra se acentúa aún

La dirección Jomeini reorganiza en primer lugar el ejército heredado del sha. Algunos oficiales abandonan la prisión. Los jefes militares reciben la bendición de las altas autoridades de la república islámica. Se

"disciplina militar" . es decir la prohibición de cualquier organización de los soldados. Bani Sadr corteja al ejército, del que es el jefe formal. Intenta aliarse con él, con miras a los enfrentamientos con el PRI. Pero al mismo tiempo, la dirección Jomeini atribuye una función importante al ejército de los pasdarán. Estos ocuparán un lugar de primera fila en la organización de la defensa y posteriormente en la contraofensiva militar. Para canalizar el movimiento popular se crean los basij (comités de movilización), que servirán para reclutar y formar una milicia. Los basij se sitúan bajo el mando de los pasdaran. De la misma manera que los comités, al comienzo de la revolución, los basij atraen efectivamente a sectores de masas: trabajadores y jóvenes luchadores antiimperialistas. Sin embargo, debido al control estrecho que ejercen sobre ellos los pasdarán, y a las purgas políticas e ideológicas, se convierten en instrumentos de manipulación de las masas para llevar a cabo los proyectos del PRI. En este sentido, el ayatola Hachemi Rafsandjani declara: «Esta guerra consolida nuestra república islámica». En efecto, en nombre del esfuerzo de guerra y del combate contra el imperialismo, la dirección Jomeini reforzará las medidas de control de los trabajadores en las fábricas. Los pasdarán y otros no dejan de intimidar a los trabajadores, siempre que sea necesario. Esta política del régimen se acentúa tras el surgimiento de una serie de huelgas, a finales de 1980, y comienzos en 1981, en Teherán, Ispahán, que acaban fracasando y son reprimidas. El paro, la dispersión del cuerpo central de la clase obrera del Jusitán, la

Iran coacción, harán finalmente que el movimiento obrero sufra un retroceso serio.

En el transcurso de 1981 y 1982 se extiende el descontento entre las masas, bajo el la crisis económica (paro masivo, inflación, etc.). La políțica del gobierno hacia los centenares de miles de personas desplazadas por la guerra suscita también una profunda insatisfacción. En el campo, poco a poco, «la mayoria de los aldeanos creen que la guerra con Irak es un conflicto que no tiene mucho sentido, que ha matado a sus queridos hijos». Poco a poco, el centro de gravedad de las preocupaciones de las masas se desplaza, desde la voluntad inicial de participar en la guerra y de apoyarla, a sus propias reivindicaciones y preocupaciones cotidianas. La participación en las "plegarias del viernes" disminuye, pese al esfuerzo del régimen por animarla. Esto expresa un incremento de la distancia entre el régimen y las masas, que disminuido durante los primeros meses en la guerra.

supuesto, la dirección Jomeini dispone aún de cierto apoyo en sectores populares. La mezcla de represión y, de distribución de ventajas amplios sectores ampobrecidos, debe tenerse en cuenta para comprender el sentido real de la participación en las manifestaciones organizadas por el régimen en apoyo a su esfuerzo de guerra. Por consiguiente, no puede insertarse un signo de igualdad entre estas manifestaciones de masas, el compromiso inicial efectivo en los basij, por parte de la juventud de las clases empobrecidas, y la profundización de la lucha de clases. Semejante enfoque tendería simplemente a poner en sordina la naturaleza de los órganos que encuadran a estos jóvenes, la orientación política global de la fracción del clero chiíta en el poder, los ataques repetidos contra las luchas de los trabajadores y campesinos, y la represión que golpea a todas las organizaciones que se reclaman del movimiento obrero y del socialismo, incluidas las que manifiestan su mayor servilismo para con el régimen: partido Tudeh, Feyadines (mayoritarios). Asimismo, no ver más que a un enemigo exterior llevaría a cerrar los ojos ante el enemigo interior, ante la dirección jomeinista, que pone en peligro la revolución y debilita así la capacidad de las masas para responder, mañana, a las nuevas ofensivas del imperialismo. La contraofensiva y Ja política militar del PRI El Ejército irakí, empantanado en una guerra que no cesa, se desmoraliza. Para los soldados irakíes, esta guerra aparece cada vez más como algo sin sentido, máxime cuando Saddam Husseim afirmó, al comienzo de 1982, que renunciaba a cualquier reivindicación territorial. Los efectos de la guerra son cada vez más notables en la

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Irán economía irakí. Se revisan a la baja o se aplazan numerosos proyectos de desarrollo económico. El descenso de los ingresos del petróleo es importante. Los gigantescos Bagdad (unos 55.000 millones de dólares) han permitido, por supuesto, proseguir las operaciones militares, pero han facilitado también la aceleración de la inflacción (40%). Las pérdidas humanas en las filas irakíes aumentan rápidamente desde el comienzo de la contraofensiva iraní. Los prisioneros se cuentan por decenas de miles. Es las esferas dirigentes irakies, se acentúa la presión para salir del atolladero en el que se han empantanado. En el seno de la dirección del partido Baas estallan las divergencias, como indican las dimisiones de más de

La ofensiva en la región de Dezful, en marxo de 1982, marca la primera gran victoria militar iraní desde el comienzo de la guerra. El 30 de abril se inicia la "operación Jerusalén". Concluye con la liberación del sur del Jusistán y la de Jorramchar. Estas ofensivas son dirigidas siempre por elementos del ejército tradicional, de los pasdarán, y milicianos de los basij. El 20 de marzo de 1982, Jomeini anuncia que los alumnos de las escuelas, a partir de los 12 años, podían unirse también a las tropas combatientes.

Pero las destrucciones que comportan los ataques irakies en Irán, la ocupación y finalmente los nuevos combates, son enormes. Ciudades enteras no son mas que rui-

En junio de 1982; Saddam Hussein, para encontrar una puerta de salida, de las repercusiones políticas internas de la prolongación de la guerra y de las/ derrotas, proclama un alto el fuego unilateral y retira las tropas de los territorios iraníes. Esta retirada se inicia el 20 de junio. Saddam Husafirma demagógicamente que esta retirada - que es casi total - viene motivada por la voluntad de Irak de combatir a las tropas de Israel que acaban de entrar en el Líbano. Rafsandjani responde reclamando el derecho de tránsito para los blindados" iraníes a través de Irak, con el fin de ir a combatir a las tropas israelies en el Líbano. El 21 de junio, Jomeini declara: «Debemos salvar a la nación irakí y a Irak, para poder

Así, políticamente, la dirección de la república islámica prepara su ofensiva militar en el territorio irakí. El 13 de julio se inicia la "Operación Ramadán", en dirección de Basora y después de Zaid. En setiembre-octubre, las posiciones irakíes se ven atacadas en la región de Abadan, en Mehran y también en Madali, que permite controlar una vía estratégica en dirección a Bagdad. En noviembre se lanza un huevo ataque en el Norte de Jusistán, al oeste de Dezful. El costo humano de estas ofensivas es muy alto. La artillería irakí diezma las filas de una infantería en buena medida compuesta por jóvenes milicianos. El coste estrictamente financiero también es muy importante. El 13 de octubre de 1982, el Maylis adopta un aumento del presupuesto militar de 2.000

Irak, por su parte, bombardea las ciudades iraníes del llam, Jamdan, Jorramabad, Ajvas y la terminal petrolera de Karg. La dirección Jomeini expresa la intención de quier iniciativa política y diplomática seria con miras a debilitar y desarmar políticamente, a los ojos de las masas irakíes, al réde Saddam Hussein. Este multiplica las "propuestas de paz" para tratar de presentar la guerra como un ataque chovinista iraní, dirigido contra las masas por un líder religioso retrógrado. Saddam Hussein trata así de borrar las hueagresión contra la revolución

Frente a esta ofensiva diplomática del poder irakí, Jomeini y sus partidarios oponen exigencias tales como el derrocamiento de Saddam Hussein y su procesamiento. Jomeini explica el objtivo político de la ofensiva: establecer en Irak una república islámica, liquidar el Partido Baas. Rafsandjani declara: «No nos interesan el dinero ni las indemnizaciones de guerra. Si vemos que en nuestra vecindad el pueblo irakí, que en su 99% es musulmán, forma un régimen entonces existe incluso la posibilidad de que le ayudemos... Si permanece el partido Baas, o incluso si el régimen actual es sustituido por otros elementos del Este o del Oeste, entonces nosotros no queremos territorios, pero presionaremos para obtener nuestras indemnizaciones hasta el final». Esta orientación refleja un profundo desprecio por las aspiraciones sociales y políticas, así como por los sentimientos nacionales de las masas irakíes. Jomeini no apoya una lucha de masas por el derrocamiento de Saddam Hussein con el fin de que los trabajadores y campesinos irakies tengan la posibilidad de materializar sus voluntades. Les asigna un destino político a imagen y semejanza del de la República Islámica. Ali Jamenei, presidente de la República Islámica de Irán desde el 20 de octubre de 1981, presentó por lo demás al lmán como la autoridad religiosa suprema tanto de Irán como de Irak. Los dirigentes de la República Islámica, adversarios de masas populares en Irán, no pueden ser capaces de buscar y encontrar un apoyo real por parte de los trabajadores y los campesinos de Irak contra su gobierno.

En Teherán, bajo los auspicios del gobierno, se constituye un Consejo Supremo de la Revolución Islámica (irakí), encabezado por el dirigente religioso integrista en el exilio Sayed Mohamed Bakhr Hakim. este consejo reúne a las fuerzas islámicas chiítas integristas, entre otras las del Partido Aldaawa. La dirección jomeinista lo convierte en representante de la "extensión de la revolución islámica" a Irak. Propone a las masas irakíes el mismo programa social y político que el del PRI, lo que no puede sino provocar el rechazo de los sectores más avanzados de la lucha contra el régimen dictatorial de Saddam Hussein. Este pro-

"revolucionario" Jomeini, por consiguiente, no se apoya en las fuerzas que hoy luchan y se oponen a Saddam Hussein, como el Frente Patriótico Kurdo (coalición), el Partido Socialista Baasista o el Partido Comunista. Esta política, en un momento en que se tambalea la dictadura puede reforzar la situación diplomática de Saddam Hussein y facilitarle la tarea en el frente interior.

Siria, que había prestado un apoyo fundamentalmente pasivo a Irán, pero que le había suministrado material de guerra para la ofensiva de Jorramchar, se vió obligada a

Run cambio de posición como consecuencia de las declaraciones de Teherán y de la primera oleada de ofensivas iraníes. Esto reflejaba una obligación más apremiante de tener en cuenta la gestión nacional árabe. Así, el 31 de mayo de 1982, Abdel Halim Jaddam, ministro de asuntos exteriores de Siria, anunciaba que su país dejaría de apoyar a Irán en caso de que el Gobierno de la República islámica decidiera invadir Irak. Explicaba: «Si aprobamos el abandono de determinadas partes del territorio árabe, tendríamos que abandonar

Arabia Saudí da inmediatamente un paso para aproximarse a Siria. uno de los puntos en litigio entre Irán y Siria es precisamente el apoyo prestado por Jomeini a Sayed Mohammed Bakhr Hakim, investido por el Imán con el poder de "velayat faguih" irakí. Finalmente, a la vista del profundo conflicto que tiene con el Partido Baas irakí, después de varios meses de vacilaciones, Siria, de común acuerdo con Libia, reitera su apoyo formal a Irán. Un Irán que, a su vez, denuncia conjuntamente a Washington y Moscú por la ayuda que prestan a Irak. En efecto, a partir de mediados de 1982, la URSS reanuda sus suministros de aviones Mig-25 y tanques T-72 a Irak. En revancha, Irán firma importantes contratos de armamento con Israel (al que suministra petróleo a bajo precio), Brasil, Italia y Corea del Norte.

La presión militar iraní es motivo de inquietud para el campo imperialista. Las potencias imperialistas temen una victoria completa de Irán, el hundimiento del gobierno de Saddam Hussein, su sustitución por un régimen análogo al de Teherán o incluso una situación de caos que comprometa sus intereses inmediatos. Esto es lo que preocupa particularmente al imperialismo francés. El control imperialista sobre la región resultaría más difícil, incluso si éste cuenta ya con la experiencia de tener que profesión de fe antiimperialista, como por ejemplo Siria e Irak en el pasado decenio, eran tan radicales como el de Teherán. Las

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fuerzas imperialistas, por consiguiente, no pueden favorecer esta salida. Es lógico, por tanto, que los Estados Unidos, además de Francia, se muestren dispuestos a apoyar a Irak y a reforzar sus posiciones en este país.

Este escenario —hipotético - de un hundimiento del régimen baasista bajo los golpes del ejército iraní, no puede ser el punto de partida de la toma de posición de los revolucionarios en el conflicto actual. Los auténticos intereses de las masas en Irán, y la posibilidad concreta para los trabajadores y los campesinos pobres de Irak de determinar por sí mismos su propio destino y reanudar sus mejores tradiciones en la lucha 1958, así como la oposición clara al contenido del programa social y político en cuyo nombre Jomeini dirige las operaciones militares, deben situarse en la base de una orientación revolucionaria. Los revolucionarios y la guerra, hoy

La política militar iraní actual es coherente con el conjunto de las opciones de política exterior de Teherán. Son caracterizaabusivamente como efectivamente antiimperialista, por parte del partido Tudeh o los Feyadines (mayoritarios), si bien no rebasan nunca los estrechos límites de los intereses de las esferas dirigentes de la República Islámica, y de las rivalidades regionales. El Partido Tudeh y los Fedayines (mayoritarios) insisten en el envío de algunos centenares de combatientes contra las tropas israelíes en el Líbano. Pero esto no puede borrar otros hechos. Desde el punto de vista político, los dirigentes del PRI han preferido aliarse, en el Líbano, con el grupo confesional conservador chiíta Amal, mon tado inicialmente por los servicios secretos libaneses para dividir a los palestinos, en lugar de aliarse con las fuerzas de la OLP. Le aconsejan públicamente combatir en dos frentes: contra Israel y contra el comunismo. Un consejo que Amal no necesitaba.

En distintos lugares del sur del Líbano se habían producido auténticas batallas entre la OLP y Amal. Durante la ofensiva israelí contra el Líbano, caracterizada por Jomeini

'diversión para hacer olvidar la guerra Irán-Irak", la opción de acentuar las ofensivas militares contra Irak no ha contribuido a obstaculizar la materialización de los proyectos imperialistas e israelíes en la región. Todo lo contrario. El estuerzo desesperado de mediación de la OLP lo demuestra. El cierre, durante todo un periodo, de su embajada en Irán, es también, a su manera, una prueba. Finalmente, cuando la presión de las masas iraníes hizo que se suspendieran, en 1979, los suministros de petróleo a Israel, su reanudación, en 1982, muestra el doble lenguaje de la política del

Los estrechos lazos con la dictadura mili-

"defensor del Islam", que se ha comprometido ante todo, tras la visita del ministro del Interior iraní Ali Akbar Nateq-Kuri, en enero de 1983, a rechazar a todos los prófugos e "hipócritas" (los muyahedines) que intentan atravesar la frontera pakistaní; el acercamiento de Turquía y el incremento considerable de los intercambios comerciales con este país (que se han multiplicado por 40 desde 1978), así como el silencio mantenido en torno al papel de este régimen en el dispositivo militar imperialista en toda la región (en enero de 1982, el ministro de Comercio iraní se contentó con subrayar la "ausencia de una atmósfera islámica en Estambul"'); el apoyo prestado a los sectores más reaccionarios de la resistencia afgana, o incluso a las fuerzas integristas más conservadoras de los Estados del Golfo; todo ello revela también la "natude la política de Jomeini. Finalmente, la orientación de la República Islámica, que estimula las divisiones entre sunitas y chiítas en esta parte de Oriente Medio, se solapa con la vieja táctica imperialista de agudizar conflictos y competencias en una región "balcanizada" a diseste modo, el proselitismo chiíta amenaza con convertirse en un fuerte obstáculo para el combate antiimperialista y anticapitalista de las masas.

Las declaraciones grandilocuentes contra el imperialismo vienen acompañadas sistematicamente de virulentas denuncias del comunismo y del marxismo. Y no es por azar que la República Islámica se haya apresurado a denunciar los artículos 5 y 6 del Tratado de 1921 con Rusia, que preveían la posibilidad de una acción militar rusa «en el caso de que una tercera potencia tratara de llevar a cabo una política de usurpación mediante una intervención armada en Persia». Pero estas declaraciones no son mas que una pura veleidad, no comportan ninguna medida concreta en el terreno socioeconómico para romper los lazos de dependencia con respecto al imperialismo. Es más, los trabajadores y campesinos pobres, que son los únicos que tienen un interés objetivo importante en dirigir y llevar a cabo un combate antiimperialista, son reprimidos

En efecto, en el transcurso de la guerra se ha acentuado la represión. Incluso el partido Tudeh y los. Feyadines (mayoritarios) son fuertemente atacados en el periódico del PRI, Joumhouri Eslami, el 22 de agosto de 1982, a causa de su reticencia, en aque momento, a apoyar la política militar del régimen. Los dirigentes del PRI les reprochaban que daban a entender que la continuidad de la guerra empujaba a Irak aún más a los brazos de Arabia Saudí, y que imponía unos sacrificios enormes a las masas, y que el descontento popular podía hacerle el juego, mañana, a la contrarrevolución. Aumenta las detenciones de sus militantes. Los bombardeos y los ataques contra el Kurdistán se intensifican, entre

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La prosecución de la guerra y los objetivos que se asignan los dirigentes del PRI no forman parte de una política de defensa de la revolución iraní. Viene motivada por la voluntad de mantener su control sobre el movimiento de masas, de justificar todas las restricciones a los derechos democráticos elementales, y de bloquear la actividad de los trabajadores, consolidando su aparato militar y represivo y, sobre todo, tratando de aplazar una serie de problemas sociales cada vez más explosivos. desde la crisis en el campo, desde el paro, la penuria de bienes de consumo, a la cuestión espinosa de los dos millones de refu-

La prolongación de la guerra permite consolidar la posición de toda una capa de jóvenes oficiales, que avanzaron rápidamente a causa de los profundos cambios que hubo en el seno del ejército. Mañana, esta nueva generación de oficiales podrá manifestar algunas pretensiones en el terreno político. Se produce cierta fusión entre el ejército y los pasdarán. A comienzos del mes de enero de 1983, Jomeini, en un discurso, indica que ambos cuerpos "no debían concebirse como entidades separa-

Cerrar los ojos ante el conjunto de esta política, de sus causas y de sus consecuencias, en nombre de una "prioridad del apoyo al combate antiimperialista", equivale a apoyar políticamente al régimen islámico y a subordinar las reivindicaciones de las masas a su dirección de la guerra. Los acontecimientos interiores de Irán, a partir de septiembre de 1980 — fundamentalmente la consolidación de las instituciones del régimen islámico, con sus consecuencias para el movimiento de masas, así como la política militar del régimen islámico - modifican las tareas de los revolucionarios ante

Deben rechazar con firmeza la orientación político-militar del gobierno Jomeini. Declaran la necesidad de un cese inmediato de los combates. La respuesta política a Saddam Hussein debe ampliarse desenmascarar el conjunto de sus proyectos contra la revolución iraní. De este modo, las masas de Irán estarán preparadas para rechazar cualquier eventual nueva agresión irakí, y que el régimen de Bagdad será debilitado más eficazmente.

Al mismo tiempo, los revolucionarios avanzarán, frente a la política del régimen de la República Islámica, el conjunto de reivindicaciones de las masas explotadas y oprimidas, situándolo en el centro de su propaganda y de su agitación. Hay que impedir que las masas iraníes ganen la guerra perdiendo la revolución. En los países imperialistas, entre otros en Francia y en los Estados Unidos, los revolucionarios denunciarán la política de sus gobiernos, que multiplican las maniobras para reorganizar su dominio en la región.

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VI. LA ETAPA

ACTUAL DE LA

REVOLUCION A su manera, la adhesión masiva al combate contra la iniciativa contrarégimen de la República Islámica. Actualoposición de amplios sectores de masas a su política y sus opciones militares. Empieperseguidos los desertores e insumisos. Se prometen compensaciones financieras a las familias a cambio del alistaHossein Mussavi, intenta enrolar a una parte del personal de la Administración pública. Jomeini ha hecho promulgar leyes que convierten el voluntariado en un deber religioso y en una prioridad sobre todas las demás actividades.

Las rentas del petróleo aflojan las ligaduras de la crisis económica. Las exportaciones ascienden a aproximadamente 1,5 millones de barriles diarios, mientras que entre junio y septiembre de 1980 no rebasaban los 500.000. El precio del barril es inferior al establecido por la OPEP. Para obtener mercados suplementarios podria rebajarse incluso aún más este precio. A finales de 1982, la venta petrolera mensual se aproxima a los 1.500 millones de dólares. La deuda exterior disminuye rápidamente. Tras un periodo de racionamiento más estricto, aumentan las posibilidades de distribuir los ingresos a través de los múltiples canales del régimen, con los privilegios y la corrupción que de ahí se deriva. Sin embargo, el estado de guerra estimula la inflación, crea cuellos de botella en los proyectos de construcción de viviendas populares o de infraestructuras en el campo. Se hace notar la necesidad de reducir los gastos administrativos, lo que hace entrar en crisis el sistema de corrupción y agudiza las fricciones en el seno del clero. La crisis socioeconómica refuerza la ofensiva de las fracciones que quieren tranquilizar a los comerciantes y empresarios.

Se reafirma la "islamización"' de la legislación. La nueva asamblea de expertos, elegida en diciembre de 1982, está compuesta únicamente por 84 molas. El parlamento promulga el 31 de mayo de 1982 la nacionalización del comercio exterior. Sin embargo, la primera decisión sobre este tema, del 26 de noviembre de 1981, había sido suspendida por el Consejo de Vigilantes. De nuevo, el 1º de junio de 1982, este mismo Consejo - en el que Jomeini posee una autoridad indudable- declaraba que esta ley era "contraria al Islam". Los proyectos y las leyes de nacionalización del comercio exterior, sin embargo, dejan la comercialización en manos del bazar, y las centrales de compras son paritarias (ministerio tutelar y principales importadores privados del sector). Asimismo, en enero de 1983 el Consejo de Vigilantes emite su veto contra la ley adoptada por el Parlamento, que preveía la confiscación de bienes de los prófugos. El Consejo hizo saber que dicha ley era "contraria al Islam" y a dos artículos de la Constitución. En esta ocasión, Jomeini increpó a los diputados, indicándoles que no debían votar leyes que podía rechazar el Consejo de Vigilantes.

Estos conflictos reflejan las contradicciones exacerbadas entre los intereses de distintos sectores y fracciones del clero chiíta y sus aliados burgueses. Las acusaciones que se lanzan mutuamente, en estos momentos, los jerarcas chiítas, en relación con los "excesos" en la represión, constituyen otra manifestación de la crisis de dirección

La clase obrera ha perdido una serie de las conquistas del comienzo de la revolución. Sus condiciones de vida material se deterioran. Ya no dispone de organismos propios. Los shoras han quedado reducidos a una existencia formal, si es que siguen existiendo. En septiembre de 1981 se suspendieron legalmente las elecciones a los shoras. Las sociedades islámicas han tomado la delantera. Han permitido la liquidación de los shoras y han agrupado en su seno tanto a representantes en los antiguos sindicatos oficiales como a elementos atrasados. En los pocos casos en que estas organizaciones podían traducir aún la presión obrera, a través de elementos chitas populistas o miembros del Partido Tudeh o Feyadines, se las reprime. Sus dirigentes son despedidos. Estas sociedades islámicas no pueden servir para la reconstrucción y el desarrollo de un movimiento obrero independiente. Su función consiste en ayudar a la dirección de la empresa en la producción, en denunciar a los "contrarrevolucionarios" y en discutir las reclamaciones de los traba-

Finalmente, el proyecto de ley sobre el trabajo, que debe sustituir la ley de mayo de 1980 (que modificaba algunos aspectos de • la ley establecida por el régimen imperial y que seguía en vigor), ilustran la idea fundamental del PRI en torno a la organización de las relaciones entre los trabajadores, tomados de uno en uno, y los patronos. Quedarán reducidas a simples contratos personales. La organización sindical no encuentra su puesto en la "política antiimperialista" de Jomeini y de sus acólitos. Son muchos los trabajadores, incluso los que se adhieren al régimen, que se oponen a este proyecto de ley. A pesar de la represión, se han desencadenado huelgas para protestar contra dicha ley. Esto ilustra el conflicto latente entre las aspiraciones de los trabajadores у toda la política del régimen.

Entre los campesinos, la ocupación y la atribución de tierras han creado una situación nueva. Pero la ley de reforma agraria que adopto finalmente el Parlamento no profundiza en modo alguno las conquistas de los campesinos. Fundamentalmente prevé que los terratenientes deberán vender tierras si se consideran demasiado extensas. Entonces serán distribuidas entre los campesinos, bajo los auspicios de los Comités que reunen a los pasdarán, jueces, propietarios y campesinos. El contenido esta ley, además de suministrar la base legal para arrebatar las tierras a los campesinos que estos se habian apropiado en los primeros meses de la revolución, está destinado también a liquidar todas las estructuras del tipo comités de aldea (comités campesinos), para sustituirlos por estructuras gubernamentales locales. En el periodo actual, las reivindicaciones campesinas se refieren, entre otras cosas, a los precios de venta de los productos comprados por los organismos del Estado y al precio de compra de los productos manufacturados, al precio de las tierras alquiladas por instituciones de la Iglesia chiíta. En estos momentos, la actividad social y política de los campesinos es muy limitada.

Prosigue la guerra civil entre el gobierno y los combatientes kurdos. A finales de 1982, el jefe de Estado Mayor, Sherazi, amenazó a los kurdos con lanzar contra ellos a todo el ejército iraní. Para el régimen islámico, la resistencia del pueblo kurdo sigue siendo un obstáculo importante para la estabilización de su poder.

Entiende que la resistencia del pueblo kurdo puede abrir la vía a nuevos impulsos del movimiento de masas. La amplitud de fuerzas que consagra a combatir a los peshmergas lo confirma. La región del Turcomansarah está ocupada. En Aserbachán, so pretexto de poner en vereda a los partidarios del ayatola Chariat Madari (acusado de haber participado en "la conspiración"' del antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Sadegh Gobdzadeh) se ha reforzado la presencia de las tropas de choque del poder de

El movimiento de masas, por consiguiente, ha dado un enorme paso atrás. La dirección Jomeini, para llevar a cabo sus proyectos de reorganización y estabilización de un Estado capitalista dominado, dependiente del imperialismo, ha asestado golpes muy importantes al movimiento de masas. La perpetuación de su poder no puede sino agravar los peligros que amenazan al porvenir de la revolución.

Pero el marasmo social y económico, las experiencias de lucha y de movilización acumuladas por las masas en un pasado aún reciente, las capacidades que han demostrado ya para retomar la iniciativa, podrían desembocar en un relanzamiento de su actividad si se produce una apertura política. Los conflictos entre clanes, que dividen a los círculos dirigentes de la República Islámica, la incertidumbre en torno a la sucesión del Imán, la crisis de dirección del régimen, todo esto permite augurar nuevas convulsiones institucionales y políticas. En esta ocasión, las fuerzas centrífugas que

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actuan en el país podrían manifestarse con vigor, y podrían reaparecer los recursos de que dispone aún la revolución.

El imperialismo y las fuerzas restauracionistas, así como algunos sectores del Ejército, no se han cruzado de brazos. Si bien no constituyen el único peligro para la revolución, podrían aprovechar una eventual crisis profunda que viniera acompañada de una apatía de las masas desmoralizadas por una sucesión de derrotas parciales durante un periodo bastante largo. Entonces, la revolución iraní podría quedar gravemente derrotada durante mucho tiempo. Las tareas centrales de los revolucionarios

Los revolucionarios, en el periodo actual, desarrollan su combate por la defensa de la revolución iraní, tanto frente a las amenazas del imperialismo y sus aliados como a las del régimen de la República Islámica. Rechazan cualquier separación entre la lucha contra todas las maniobras del imperialismo y sus agentes, y la defensa encarnizada de todos los explotados y oprimidos contra el gobierno de Teherán. Las amenazas imperialistas no cambiarán las leyes de la lucha de clases en Irán. Todo combate efectivo contra el imperialismo, por la ruptura de los lazos de dependencia de Irán, conduce necesariamente a exacerbar las sólo puede ser eficaz si se apoya en la satisfacción de las necesidades de los obreros y campesinos pobres, y en la ampliación de

El curso mismo de la revolución ha demostrado que las reivindicaciones que forman parte de la revolución democrático burguesa (reforma agraria, derechos democráticos, autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, nal...) no pueden ser satisfechas por el régimen de la República Islámica. Sólo el avance hacia la revolución socialista, sólo una profundización del proceso de revolución permanente, pueden permitir la conquista y consolidación de estas reivindicaciones.

Los marxistas revolucionarios se niegan a encerrar las reivindicaciones de las masas en la jaula de la política militar actual del régimen Jomeini. Sitúan el conjunto de su orientación política frente a la guerra en el marco de la lucha por la conquista de la independencia política y organizativa de los trabajadores y sus aliados.

No renuncian a defender las libertades democráticas pisoteadas, ni las reivindicaciones sociales y económicas de las masas negadas por las fuerzas del PRI, so pretexto de que esto significaría enfrentarse con el Gobierno y de que las condiciones políticas no están suficientemente maduras pára sustituirlo por un Gobierno obrero y campe-

Rechazan este razonamiento tan propio de los estalinistas.

Por supuesto, toda lucha sin concesiones a favor de estos derechos y aspiraciones choca con el régimen y el Gobierno de la República islámica. Sin embargo, la no satisfacción de las reivindicaciones de la revolución democrática las sitúan en un primer plano, en el terreno político. Es a partir de esta constatación que los marxistas revolucionarios deben señalar el camino que permitirán que sean las propias masas las que derriben el régimen.

como consigna inmediata el de la " Asamblea Constituyente Democrática"' en todo el Estado iraní. Para las minorías nacionales defenderán el derecho de constituir Asambleas Constituyentes soberanas. Los combatientes kurdos ya han asumido esta reivindicación. El grado actual de movilización y autoorganización de las masas, y la debilidad de las fuerzas revolucionarias entre los trabajadores, hacen que la consigna del "'Gobierno obrero y campesino" sea aún una consigna de pro-

La consigna de "Asamblea Constituyente Democrática" se relacionará con una serie de medidas antiimperialistas y anticapitalistas en el terreno democrático, social y económico. Estas consignas indican a los trabajadores las tareas que deberian estar objetivamente en el orden del día de esta Asamblea Constituyente, para que respondiera sus aspiraciones y sus necesidades. Esta consigna, así como la defensa de un programa social y económico, son el medio para hacer converger en un movimiento conjunto a todos los trabajadores y campesinos que se han lanzado a la lucha contra la dictadura del sha, por cambiar radicalmente sus condiciones de vida, y a todos aquellos (entre otros, las minorías nacionales) que ven en esta perspectiva la posibilidad de imponer sus derechos frente al régimen opresor de la República islámica.

Los marxistas revolucionarios vincularán a la batalla por la consigna de Constituyente Democrática" la reivindicación de disolución de los aparatos represivos heredados del antiguo régimen, así como la liquidación de las instituciones represivas del régimen de la república islámica. Los trabajadores, los campesinos, los militantes antiimperialistas no han luchado por derribar el ejército del sha para sustituirlo por un nuevo Ejército del PRI (pasdarán), por liquidar la SAVAK para sustituirla por la SAVAMA.

Todas sus experiencias demuestran que la fuerza de la revolución contra sus enemigos exteriores e interiores se encuentra en el armamento de las masas.

En la guerrra civil entre los kurdos y las tropas de la República Islámica, los marxistas revolucionarios apoyan incondicionalmente a los combatientes peshmergas, hasta que sean satisfechas sus reivindicaciones. En el conjunto del Estado iraní, defienden sistemáticamente los derechos lingüísticos y culturales de las minorías nacio-

Irán nales, su derecho a la autodeterminación, incluida la independencia. Este derecho no puede subordinarse en modo alguno a los imperativos en la guerra entre Irán e Irak.

La defensa de los derechos democráticos, de asociación y de expresión, de las masas trabajadoras, está estrechamente relacionada con el esfuerzo por la construcción de un movimiento obrero independiente y el relanzamiento futuro de sus organismos autónomos (shoras y consejos de aldea) que forman parte de la herencia revomarxistas revolucionarios no oponen en modo alguno, frente a la autoorganización de las masas, la reivindicación democrática de una Asamblea Constituyente. Frente a la represión masiva, la batalla por la liberación de todos los presos que lucharon contra la dictadura del sha se sitúa en un primer plano. Exigirán asímismo la suspensión de todas las restricciones contra las libertadas culturales y religiosas, así como la separación entre Iglesia y Estado.

Los revolucionarios deben proponer un plan obrero y campesino que permita contrarrestar los efectos económicos y sociales de la crisis, responder a las necesidades urgentes de millones de refugiados, dar a los campesinos los medios técnicos y financieros para relanzar la producción agraria a un nivel superior. Los ingresos del petróleo deben destinarse prioritariamente a la realización de este Plan.

Basándose en la tradición de lucha y organización de los trabajadores, los revolucionarios concentrarán sus esfuerzos en el estímulo de todos los elementos que favorezcan una reorganización del movimiento obrero en las fábricas, en torno a los comités de lucha, las comisiones obreras, etc. Lo harán con motivo de las luchas en torno a las reivindicaciones inmediatas (salarios, primas, condiciones de trabajo), así como en torno a los movimientos de resistencia frente a las distintas leyes que tienden a negar el derecho a la actividad sindical por parte de los trabajadores en las empresas. Puede desarrollarse la propaganda en torno a la huelga general, para preparar un relanzamiento futuro a una escala más amplia, de la acción de masas.

La vigilancia contra todos los intentos sediciosos del imperialismo sigue estando en el orden del día. Devolviendo las esperanzas a las masas trabajadoras, respondiendo a sus necesidades, éstas estarán más dispuestas a desarrollar el combate antiimperialista.

El movimiento obrero internacional debe prestar su apoyo a los obreros y campesinos iraníes, a los combatientes de las minorías nacionales, en su lucha por relanzar la revolución iniciada en 1979. Centrará este apoyo en torno a las siguientes consignas:

Ninguna intervención imperialista contra la revolución iraní.

Defensa de las luchas por los derechos democráticos de las masas iraníes. O