La lucha por el derrocamiento de la dictadura y la actualidad del combate por un Partido
Desde el fracaso de la aventura de las Malvinas, la dictadura militar argentina no logra encontrar un nuevo equilibrio. Durante dos meses fue el ejército de tierra el que tuvo que asegurar la continuidad de la Junta, tras la retirada de los representantes de la fuerza aérea y de la marina. La Junta, que había quedado desmembrada el 21 de Junio, terminó reconstituyéndose el 21 de Septiembre. Se trata, para ella, de reafirmar de este modo la autoridad del régimen argentino en las difíciles renegociaciones de la deuda exterior y las conversaciones diplomáticas a propósito de las Malvinas. Se trata también de reforzar su autoridad interna para conducir el proceso que debería desembocar en el restablecimiento de un régimen civil en 1984. En este terreno, los militares tendrán enormes dificultades para cumplir el calendario de la transición que han establecido ellos mismos. Las recientes movilizaciones obreras y populares constituyen una primera
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Obrero Independiente advertencia en este sentido.
URANTE la ceremonia de investidu ra del Gobierno de Reynaldo Benito Bignone, un alto funcionario declaró: «hemos vuelto a 1972». Esta fórmula resume bien la situación política argentina: «Peor aún: entonces, el general Alejandro Lanusse contaba con el apoyo de los comandantes en jefe de los tres ejércitos. Juan Domingo Perón (Partido Justicialista) y Ricardo Balbin (Partido Radical) representaban las posibles soluciones de recambio, y no salíamos vencidos de una guerra».
La derrota sufrida en junio de 1982, frente a la fuerza de intervención británica en Las Malvinas, junto con el desarrollo de una creciente oposición a la dictadura, abre una nueva situación política. Un antiguo ministro del general Leopoldo Galtieri ha resumido sus características fundamentales: crisis de la Junta militar, fragilidad de las alternativas burguesas fiables, mientras que el movimiento obrero empieza a recomponerse lentamente tras la grave derrota que sufrió en marzo de 1976 y la destrucción masiva de sus cuadros por una de las dictaduras más sanguinarias que conociera jamás América del Sur.
Desde finales de 1981, las declaraciones belicistas de la Junta Militar aumentaron de tono. Tomando como pretexto el conflicto con Chile en torno a la cuestión del canal de Beagle, la dictadura lanzó una intensa campaña para preparar a la opinión pública de cara a una iniciativa guerrera. La receta es clásica: su objetivo consistía en
Jorge BUARQUE recomponer la unidad de los mandos militares y apoyarla en un amplio consenso social que implique a los partidos burgueses de oposición y neutralice la lucha democrática y obrera. ¿Por qué la huída hacia adelante de la Junta?
El objetivo fundamental de la operación militar consistía en recomponer el marco político nacional en beneficio de la dictadura y no en oponerse de hecho al imperialismo, y menos aún en desencadenar una guerra. Esto es lo que confirman las revelaciones publicadas tras la derrota militar.
Los soldados que volvieron de las Malvinas no tuvieron miedo a la censura: no sólo denunciaron la extrema cobardía de sus oficiales, sino también la falta completa de preparación del ejército para una guerra. «Partimos para un desfile militar y no para
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Argentina una guerra. No teníamos municiones, ropa ni infraestructura para soportar el frío, el bloqueo y a los ingleses», declaró un soldado. Todos los testimonios confirman esta apreciación. El general Basilio Lami Dozo, jefe del ejército del Aire, reconoció que menos de un tercio de los aviones argentinos estaban en condiciones de combatir, debido a innumerables problemas técnicos.
¿Por qué entonces la decisión de la Junta Militar? El factor decisivo fue el ascenso de las luchas obreras, que dio un carácter explosivo a la situación política y acentuó el aislamiento de la dictadura. Las manifestaciones convocadas por la Confederación General de Trabajadores (CGT), el 30 de marzo, fueron el punto culminante alcanzado por la resistencia obrera en 6 años de dictadura. Era justo una semana antes del desembarco en las Malvinas. Y fue el último factor que decidió a la Junta a lanzar la
La dictadura utilizó todos los medios para impedir la preparación de aquella jornada de lucha del 30 de marzo. Reforzó el control social, persiguió a los sindicalistas, trató de intimidar al movimiento (este fue en particular el objetivo del secuestro y asesinato de la militante del Partido Socialista de los Trabajadores -PST-, Ana María Martínez). Pese a ello, las manifestaciones
Algunos detalles de las mismas son poco conocidos, y es importante comprender su alcance real. La manifestación de Buenos Aires movilizó a 15.000 personas, que se enfrentaron durante horas al enorme aparato represivo. Las manifestaciones de las ciudades de provincias también fueron importantes. Lo que sucedió en Mendoza es un ejemplo ilustrativo: la manifestación empezó en calma con unos 500 participantes, y la policía se negó a obedecer las órdenes de intervenir por la fuerza. Fue entonces la gendarmeria, cuerpo especial conocido por su brutalidad, la que entró en acción y abrió fuego sobre las primeras filas, matando a uno de los dirigentes. La televisión local, que filmó la escena en directo, lo reveló a toda la población. Su reacción fue un claro indicio de los cambios políticos que se producen en Argentina y de la disposición de los trabajadores a luchar.
El centro de la ciudad se llenó de manifestantes que se enfrentaron a las fuerzas represivas y las hicieron retroceder. En el combate fueron asesinados otros tres tra-
Esta radicalización es la expresión de la respuesta obrera a la crisis económica y a la política de la dictadura. En efecto, durante el año 1981 y los cinco primeros meses de
1982, la crisis se ha agravado cualitativamente. Los índices de coyuntura registraron una disminución del poder adquisitivo de los salarios del orden del 51% entre febrero de 1981 y febrero de 1982. Cerca del
30% de la población activa (es decir, 3 millones de personas) están sin empleo: el plan económico Alemann-Galtieri pretendía aumentar esta cifra a 5 millones. La renta salarial real de la clase obrera es inferior en aproximadamente un 30% a lo que fue antes del golpe de Estado de 1976. Los propios cálculos oficiales reconocen que la caída de los salarios reales de los funcionarios es del orden del 40% como mínimo.
Diversos acontecimientos anteriores a la jornada del 30 de marzo fueron un claro indicio del grado de revuelta alcanzado por la población. En la zona sur de Buenos Aires, Bolano y Berazategui, 45.000 personas ocuparon solares para asegurar su derecho a una vivienda. Crearon organismos para dirigir la ocupación, se resistieron a la represión. La lucha por «paz, pan y trabajo», consigna de las manifestaciones, se extendió como un reguero de pólvora. Para la dictadura, era urgente cambiar esta situación. Esta es la razón por la que se decidió a llevar a cabo la operación de las Malvinas. 74 días para una derrota humillante
Aún hoy, las calles de Buenos Aires están llenas de carteles sobre las Malvinas Entre los llamamientos, las proclamas patrióticas y las denuncias de Margaret Thatcher y de los Estados Unidos, destaca el cartel más colorido y el más numeroso: «Oración del soldado de las Malvinas» ...invocando la ayuda divina, el "soldado de las Malvinas" empieza solicitando "la competencia para mis jefes"
La oración no sirvió de nada. Los 10.000 soldados que combatieron en las islas, lo saben bien, al igual que toda la población argentina. La derrota de las Malvinas se debe ante todo a la incapacidad de la Junta Militar para combatir al imperialismo. Y es fundamentalmente por esta razón por la que se desencadenó la terribie crisis que conoce actualmente la dictadura militar.
Sin embargo, al escoger el objetivo de la operación militar, el general Galtieri intentó evitar el enfrentamiento. De ahí, también, el que enviara tropas no preparadas para la guerra. De ahí también, la opción por las Malvinas y no por el Canal de Beagle, en la medida en que es evidente que la dictadura chilena se habríavisto obligada a combatir por las mismas razones que la dictadura argentina. En cambio, el general Galtieri pensó que Margaret Thatcher no intervendría en las Malvinas, como lo explica claramente en una entrevista que dio a la periodista italiana Oriana Fallaci.
No es imposible que esta convicción se hubiera basado en las informaciones suministradas por el Departamento de Estado norteamericano a las autoridades
Buenos Aires.
Washington no solamente conocía de antemano la operación, sino que incluso le dio luz verde. No es imposible que las cosas hubieran sucedido así. El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en España ilustró ya la existencia de diplomacias paralelas e incluso contradictorias en el seno del Departamento de Estado.
Por otro lado, la opción de las Malvinas como objetivo de la operación militar se debía a un intento de capitalizar en beneficio del gobierno militar los sentimientos antiimperialistas del pueblo argentino. Este sentimiento existe, y es un dato fundamental de la historia del país. Se manifestó y profundizó en el transcurso mismo de la guerra. El imperialismo británico fue y sigue siendo un enemigo a combatir. La solidaridad latinoamericana, basada en este sentimiento, tuvo su expresión más clara en las manifestaciones multitudinarias de Lima, en Perú, y en la actividad diplomática de los gobiernos de Cuba y Nicaragua.
Sin embargo, pese a la confusión que creó, y pese a la realidad de este sentimiento antiimperialista, la operación política de la dictadura fracasó antes de que se hubiera decidido incluso la suerte de la batalla. En el primer mitin de masas ante la Casa Rosada (palacio del gobierno), el general Leopoldo Galtieri fue fuertemente abucheado cuando se presentó como portavoz de Argentina. A partir de entonces, las manifestaciones y concentraciones a favor del esfuerzo de guerra disminuyeron rápidamente. A pesar de estar de acuerdo en la necesidad de poner fin a la colonización británica, la población no se movilizó activamente para apoyar a la Junta Militar. Y en ausencia de una política independiente del proletariado, la lucha antiimperialista no se expresó con
La manifestación del 30 de abril, convocada por la CGT para conmemorar el 1º de Mayo, no reunió a más de 2.000 personas, pese al apoyo oficial de las autoridades. Hubo diez veces más el mes anterior, incluso con lucha cuerpo a cuerpo con la policía. Las manifestaciones del 10 de junio, cuando el Eiército británico ya había desembarcado en las islas, no reunieron a más de 3.000 personas. La razón de esta falta de apoyo popular es evidente. Seis años de sus 30.000 desaparecidos (mientras que bajo la dictadura brasileña hubo 191) y sus 15.000 presos políticos, con un tercio de la clase obrera sin trabajo o que vive de chapuzas y trabajos menores, con una caída del salario real superior al 50%, impiden que la población argentina preste la mínima confianza a la dictadura para combatir militarmente a los agresores imperialistas.
Todos los hechos han confirmado que estaba justificada. tocar los intereses económicos imperialistas en Argentina. Fue movilizar a las fuerzas potenciales. La marina se contentó con dejar que se hundiera el crucero Belgrano. El ejército de
retrocedió, abandonando a sus soldados. La fuerza aérea se negó a proseguir el combate de los últimos tres días para proteger a un ejército a la deriva.
La cobardía política y militar de la Junta saltó a la vista con la acción de uno de sus representantes ejemplares: el Astiz. En 1976, fue responsable de escuela de mecánica de la Marina, por la que pasaron, según Amnesty International, 4.700 hombres, mujeres y niños, de los que solamente. 100 sobrevivieron a los tratamientos que recibieron en ella. Poco después fue responsable de la infiltración en el Movimiento de las madres en la Plaza de Mayo, del secuestro y del asesinato de doce de ellas. Posteriormente fue responsable de la infiltración en las organizaciones de exiliados en París. Y fue el primero en rendirse a los británicos... La necesidad de una política antiimperialista para el movimiento obrero
Al decidirse a lanzar la operación de las Malvinas, el general Galtieri logro por un instante recuperar la iniciativa en el terreno de la política interior. De entrada, desarticuló la ofensiva obrera que empezaba a dibujarse con las manifestaciones del 30 de marzo. A continuación, la dictadura logró su objetivo de llegar a un acuerdo de colaboración con los partidos de oposición burguesa y las direcciones sindicales. El silencio de estos sectores en torno a la ofensiva patronal (3.000 despidos en la fábrica Ford) e incluso en torno a la persecución de los secuestros (en Córdoba fueron secuestrados 3 trabajadores el 21 y 22 de junio, acusados de ser militantes del grupo Política Obrera), favoreció, incluso durante breves momentos, esta iniciativa de la Junta, en un momento de gran confusión política para el movimiento obrero.
Una clara política de independencia de clase que no abandone el combate contra la dictadura y que sea capaz de desarrollar una movilización antiimperialista en torno a un programa de medidas económicas, políticas y militares susceptibles de vencer al imperialismo, era necesario para responder a las maniobras de la dictadura. Esta política no se ha visto, y la responsabilidad de ello incumbe a las organizaciones obreras.
1) Los sindicalistas peronistas y el Partido Justicialista han apoyado a la Junta y se han opuesto a cualquier movilización obrera independiente. Lorenzo Miguel, el principal dirigente de la CGT, incluso ha comparado al general Galtieri con Juan Perón. En un artículo publicado por la revista El Caudillo, bajo el sugestivo título de «Los hermanos están unidos», se publicó la fotografía del general Galtieri con el siguiente pie: «Hace tiempo que no habíamos oído a un presidente hablar este lenguaje». Al reclamar un "gobierno militar de transición", los peronistas se han comprometido a prestar apoyo a la continuidad de la dictadura militar. El Partido Comunista argentino (PCA) ha adoptado una posición
2) El PST, organización argentina de la Liga Internacional de Trabajadores (LITsurgida de la escisión del Comité Internacional por la Reconstrucción de la IV Internacional) y Política Obrera, organizaciones que se reclaman del trotskismo, han presentado de entrada un plan de reivindicaciones antiimperialistas y antidictatoriales, pero han abandonado muy rápidamente toda perspectiva de lucha obrera independiente. De hecho se han disuelto en el al patriotismo de la Junta. Esta evolución ha sido particularmente evidente partidos han organizado festivales, han recogido fondos y han llamado a que se efectúen retenciones sobre los salarios en beneficio de un ""fondo patriótico", lanzado y controlado por la dictadura. Las reivindicaciones antidictatoriales han desaparecido de su agitación bajo el pretexto de que «estamos en el mismo campo militar que la
3) Finalmente, otros grupos revolucionarios que no captaron la nueva situación, cotidiana sin cambiar ni una coma, entrampándose en una posición neutralista ante la guerra.
En esta situación la confusión política aumentó y permitió a la dictadura maniobrar a su gusto durante las primeras semanas de la guerra, pese a su profunda crisis. Pero el odio a los generales se profundizó cualitativamente a partir de la rendición de Puerto Argentino (Puerto Stanley para los británicos). Está gestándose una nueva crisis más profunda y mas explosiva aún. La crisis política y la recomposición de las fuerzas burguesas
La derrota política precipitó la caída del general Leopoldo Galtieri, tras la negativa de los partidos políticos a reunirse con el presidente para estudiar el marco del desaulterior ejército y en cuyo activo figura únicamente el hecho de no haber intervenido directamente en la guerra, no ha logrado recomponer la unidad del mando militar. Los generales de brigada manifestaron sus reservas. Un general, Delia Larroca, fue incluso arrestado por expresar críticas a la dirección de la guerra. El ejército del aire y la marina evitaron comprometerse en el nombramiento del general Bignone, que de este modo fue investido Presidente violando el estatuto político definido por los propios militares, en lo que se refiere al fun-
Argentina cionamiento y renovación de la Junta. Corrieron rumores sobre posibles pronunciamientos, en virtud de las persistentes diferencias de opinión entre los militares. Con la dimisión del general Basilio Lami Dozo estalló un nuevo episodio de este conflicto; este jefe del ejército del aire había defendido abiertamente el proyecto de créación de un partido de los militares para proseguir
Es cierto que los mandos militares han mantenido en pie, a lo largo de la crisis; ciertos organismos de coordinación: el Comité militar reunido a partir de 3 de julio, para estudiar los avances diplomáticos en torno a la cuestión del Canal de Beagle, en particular. En realidad, esta dirección militar ha seguido funcionando, pero ninguno de los tres ejércitos logró afirmar su hegemonía política y militar.
El general Roberto Viola, al comentar la investidura del general Bignone ante los periodistas, resumió la situación de este modo: «Vivimos una situación extraordinariamente difícil. El problema institucional ha llegado actualmente a un alto grado de complejidad».
Para reconstruir la unidad de la casta militar, el general Bignione se propuso el objetivo primordial de integrar en el gobierno las diferentes corrientes del Ejército. De este modo, en su Gobierno podemos encontrar a antiguos ministros de Galtieri (Liciardo en Educación y Castells en Sanidad), de Onganía (Pastore en Economía y Bauer en Obras Públicas), de Videla (Reston en Interior ý Pauluci en Acción Social), de Viola (Cavallo en el Banco Central) e incluso de Lanusse (Nosiglia en Vivienda). Este equipo militar es claramente responsable de la represión: el coronel Minicucci, oficial de enlace entre Bignone y los ministerios, fue responsable de un campo de concentración que funcionó en los alrededores de Buenos Aires hasta 1978.
Los objetivos de este gobierno fueron definidos por el jefe del ejército, el general Cristino Nicolaides: «Es necesario aprovechar este período de transición para, entre otras cosas: a) consolidar nuestras instituciones fundamentales; b/ capitalizar una adhesión fundamental por la causa de las Malvinas como base de una auténtica unión
•c) garantizar nacional con todos los medios adecuados».
De este modo se define un proyecto de "apertura controlada" , con un importante refuerzo de los aparatos represivos y un completo control político por parte de los militares. En su discurso de investidura, el general Bignone advirtió: «Tiene que existir una conciencia clara de que toda búsqueda de ventajas personales o sectoriales ilegítimas durante el período que se inicia ahora constituiría un grave perjuicio para el desarrollo previsto y podría provocar una crisis importante del país. Esta afirmación se aplica tanto a los comportamientos políti-
Argentina cos como a las cuestiones socio-económi-
Lo más sorprendente de esta crisis política, y lo que determina en gran parte sus ritmos, es la completa unidad entre la dictadura militar y los partidos burgueses. Todas las direcciones burguesas, en efecto, se pronunciaron a favor del general Bignone y de la continuidad del régimen militar.
•La multipartidaria apoyó Reynaldo Bignone, so pretexto de que prometía la democratización. El principal dirigente peronista, Deolindo Bittel, declaraba a un periódico brasileño, cuando aún no se sabía si Bignone podría asumir la presidencia: «Hay que realizar un gran esfuerzo por restaurar la credibilidad de las fuerzas armadas ante el pueblo argentino. Si el nuevo presidente no asume sus funciones, posibilidad se verá comprometida definitivamente, pues pondría de manifiesto el una solución continuista en el
Es cierto que la Comisión Nacional del Partido Justicialista solicitó, en una declaración oficial del 2 de julio que "se establezcan las responsabilidades"; pero su orientación sigue siendo la misma: colaboración con los militares para organizar la transición, y después la formación de un gobierno, surgido de las elecciones de marzo de 1983. El peronismo representa aún la principal fuerza electoral en Argentina: 8.000 personas se manifestaron en el aniversario de la muerte de Evita Perón, y 5.000 en el aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón. Pero la corriente peronista está profundamente dividida y no parece capaz de asegurar el mínimo de homogeneidad necesario para apoyar a un gobierno. Es este uno de los factores que llevó a la multipartidaria a discutir sobre la posibilidad, peligrosa, de convertirse en un frente electoral para estructurar a un futuro gobierno civil... en el caso de que los militares mantengan
•La burocracia sindical se alinea con las posiciones del peronismo. Lorenzo Miguel, de la CGT, declaró a un periodista: «El país debe normalizarse urgentemente, porque, vea que paradójico, es necesario que quede claro que el hombre que sigue siendo nuestro líder (Perón) ha pertenecido a estas fuerzas. De ahí que pensemos que estas instituciones deben estar al servicio del particularmente de sus trabajadores».
•Las demás fuerzas burguesas observan la misma actitud, magníficamente resumida por el dirigente del Partido Intransigente (PI), Oscar Allende: «El PI no seguirá ni apoyará ni desestabilizará el nuevo rumbo del régimen militar».
•Finalmente, la Iglesia apoya resueltamente al régimen: «Queremos llamar a la unión de todos los responsables de la conducta y de la construcción del país, a todos los niveles. en nombre del bien común, sin egoismo, en un espíritu de apertura y fraternidad, para que podamos superar uno de los peores escollos que tiene que enfrentar una nación: la posible fragmentación del poder, espectro que equivale al fracaso de toda la comunidad» (Resolución de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal). Sólo en los últimos días de agosto de 1982, la Iglesia ha empezado a plantear tímidas preguntas sobre la situación de los de-
Este compromiso abierto de todas las fuerzas burguesas con el gobierno del general Bignone proporciona a la crisis política actual un aspecto particular. El deterioro de la dictadura, acentuado por la división entre los mandos militares, se ve agravado por el deterioro de los partidos de oposición burgueses, privados de sus dirigentes tradicionales y ya divididos en torno a varios candidatos declarados a la presidencia de la República. Así, el acuerdo de Bignone con la multipartidaria, que continúa siendo la opción mayoritaria de los militares -elecciones con traspaso de poderes de aquí al 30 de julio del año próximo- no asegura en absoluto el control de la situación. Además, la profundización acelerada de la crisis económica deja poco margen para una colaboración de la clase obrera con un gobierno peronista o de la
De ahí que se inicie un período de crisis política prolongada y de gran inestabilidad, cuyas formas de desarrollo vendrán determinadas fundamentalmente cidad o no de la clase obrera para recuperar de nuevo el nivel de organización alcanzado antes de los enfrentamientos del 30 de marzo. En esta situación, no puede excluirse la posibilidad de un intento de golpe de Estado militar, lanzado por los sectores opuestos al proceso de controlada" , apoyados en la fuerza del aparato represivo y que tratarían de buscar un espacio mediante un nuevo golpe represivo contra la clase obrera (Lami Dozo, Ongania; etc.). El debate sobre la opción entre estas dos vías se desarrolla de forma prácticamente abierta entre los militares. La crisis económica: el precio de 6 años de "proceso"
Esta crisis política se ve agravada por la recesión económica con la que coincide. En 1950, la producción argentina representaba el 25% del total de la producción latinoamericana; en 1960, ya sólo representaba 19%, y en 1982, el 10%. Los datos concretos que muestran la gravedad de la crisis varían según fuentes, pero esclarecen unánimemente el resultado de la política monetarista aplicada: el producto interior bruto (PIB) de 1981 es igual al de 1970. Sólo ha crecido en un 25% desde 1974 (según el ministro José
María Dagnino Pastore en su discurso del 5 de julio). En el primer trimestre de 1982 ha disminuido en un 9,4% con respecto al mismo período del año anterior, o, según otras fuentes, el producto interior bruto industrial es actualmente inferior en un 30% año 1982, la crisis alcanzó un punto culminante. El número de puestos de trabajo en la industria, según los datos del propio gobierno, descendió realidad ha descendido seguramente en aproximadamente un 30%. El mercado interior ha disminuído drásticamente: se han vendido un 56% menos de automóviles que durante el mismo período del año anterior (datos de la cámara de comercio e industria) y se ha hundido toda la venta de bienes de consumo corriente. El efecto de esta crisis en la economía tradicional ha sido de sastroso, teniendo en cuenta el hecho de que el 80% de las empresas argentinas están orientadas al mercado interior. La capacidad industrial no utilizada ha ascendido al 41% o 46% (datos de la Universidad argentina de gestión de empresas).
Si es cierto que en la primera fase del proceso las empresas se beneficiaron de la disminución de los costes salariales, muy pronto empezaron a encontrar otros proble mas: «Si no te mueres a causa de la entermedad, mueres debido al remedio...».
Una encuesta entre las principales empresas ha demostrado que para el 60% de ellas, los costes salariales sólo representan el 5% de los costes totales. En cambio, los costes financieros representaban el 30 al 50% de los costes totales, y en algunos casos hasta el 80%. La devaluación del capital y su concentración se acentuaron. Bajo el ministerio de Martínez de la Hoz se declararon en quiebra 301 instituciones fi-
Los efectos sociales de esta política son elocuentes: la proporción de los salarios en el PiB ha pasado del 50% en 1975 al 30% en 1982. El bloqueo de salarios del sector público ha sido el principal instrumento de regulación del déficit del Tesoro.
Poco después del golpe de Estado de 1976 hubo un primer ataque violento contra represión política pero sin paro masivo: el salario real en la industria, durante los tres últimos trimestres de 1976, fue un 40% inferior a la media del año anterior, y en un 30% la media de 1960. Pero la crisis de 1982 ya presentaba otro aspecto: una nueva disminución, aún más brutal, del poder adquisitivo, combinada con un paro masivo. El plan Alemann preveía un aumento del paro a cerca del 50% de los efectivos industriales, es decir, 5 millones de trabajadores. La economía argentina es incapaz actualmente de absorber los efectos sociales de estos seis años de dictadura.
La política de Pastore y Bignone (que era
ya un colaborador de Martínez de la Hoz) trata de responder a esta situación mediante una combinación de medidas en dos etapas: un bloqueo de precios temporal y formal, cuyo objetivo estriba en restablecer un margen de maniobra para las negociaciones con la multipartidaria, y a partir de ahí, una nueva reducción del consumo interior para restringir las importaciones y restaurar un beneficio comercial que permita devolver la deuda exterior y negociar nuevos créditos.
Al parecer, los partidos burgueses están de acuerdo con esta política. Tras los discursos de Pastore, que anunció la devaluación del peso, el ministro de Economía del último gobierno peronista, Emilio Mondeli, no se sonrojó al decir: «La descripción de la situación es exacta y las medidas propuestas son las únicas que pueden tomarse en el momento actual».
Pero no cabe ninguna duda. La patronal ni siquiera ha aceptado el bloqueo de precios a corto plazo, y aceptará menos aún negociar sobre los salarios. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Jacques Hirsch, declaró explícitamente: «En el momento crítico actual, es necesario reactivar el aparato productivo, pero al mismo tiempo existe el riesgo de caer en un proceso hiperinflacionista. No existen condiciones para decidir libremente sobre los convenios colectivos, y el gobierno debe continuar fijando los términos fundamentales del convenio».
El Partido Radical se ha pronunciado en el mismo sentido: «En mi opinión cometeríamos un error muy grave si pretendiéramos resolver la crisis mediante un aumento masivo de las remuneraciones: Una medida de este tipo provocaría rápidamente un alza general de precios que sería nociva para el fin de perseguido. El aumento de salarios debe ser diferenciado y prudente, favoreciendo exclusivamente los bajos sala-
Así, la burguesía argentina está sentada sobre un barril de pólvora. Su margen de maniobra es muy estrecho: La posibilidad de reformar a este monstruo creado por de la Hoz tampoco es grande. Una vez más, sólo la lucha política de la clase obrera puede aportar una respuesta radical a la crisis. La actualidad de la lucha por el Partido Obrero
En este contexto, expresión de la crisis de la dictadura militar, alimentada tanto por el fracaso de su política económica como por la humillante derrota de las Malvinas, la lucha por la construcción de un Partido Obrero en Argentina adquiere una actualidad cada vez mayor. Esta consigna ya no pertenece únicamente al terreno de la propaganda y de la educación.
Si bien es cierto que el populismo peronista es aún hegemónico en la clase obrera, también lo es que no tiene ya la fuerza de atracción que había recuperado con el último retorno al poder de Perón en 1973, y que además el acuerdo de Bignone con la multipartidaria agrava aún más su crisis.
Por otro lado, la clase obrera argentina tiene una tradición y una experiencia de lucha política y sindical muy superior, por ejemplo, que la de la clase obrera brasileña. La construcción de un partido de los trabajadores podría arraigar aquí más rápida y profundamente.
El ejemplo de una reciente huelga obrera, en la que los trabajadores bajaron a la calle con carteles del papa Juan Pablo Il y de Luis Ignacio da Silva (Lula), señala el impacto de la experiencia brasileña del par-
Argentina
De ahí que la construcción de un partido obrero argentino sea ya una tarea organizativa y de agitación. Es cierto que su concreción depende de la evolución de la CGT y de la organización sindical. Dos hechos nuevos influyen en esta evolución. En primer lugar, las maniobras de la dictadura contra la CGT se amplían. Se ha creado la CGT-Azopardo (el gobierno le ha.cedido las antiguas instalaciones de la CGT, en la calle Azopardo) sobre la base de la unificación de las fracciones más amarillas de la burocracia: los "20" (sindicatos) que permanecieron en el aparato sindical durante este período y que constituyen el ala más conciliadora con el régimen, con la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), de derechas, es decir, los sectores que habían abandonado la organización política tradi-
Por otro lado, los propios dirigentes históricos de la CGT (denominada hoy CGT-Brasil, por el nombre de la calle en que se encuentran sus locales) buscan el reconocimiento del gobierno y la colaboración con él. El secretario de la CGT, Saúl Ubaldini, y sus demás dirigentes, estuvieron presentes en la ceremonia de investidura del ministro de trabajo.
Este proceso ha agravado las contradicciones en el interior de las corrientes de la CGT que habían organizado las diversas movilizaciones contra la dictadura: las dos "huelgas" del 27 de abril de 1979 y del 22 de julio de 1981, la concentración de noviembre de 1981 y las manifestaciones del 30 de marzo de 1982. Esta experiencia estimula la intervención política de algunas fracciones de la burocracia sindical, algunos de cuyos dirigentes estarían personalmente dispuestos a apoyar la formación de un partido obrero.O
Uruguay