OS dirigentes de Brasilia se complacen en subrayar que no han tenido que recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para pagar sus deudas al extranjero. Los grandes bancos internacionales, en efecto, respondieron de nuevo al llamamiento en 1981. La razón es muy sencilla: en lugar de ir al médico, Delfim Neto, que conoce muy bien la receta, ha acudido directamente al farmacéutico, saber, los grandes bancos o gobiernos occidentales. A cambio de más de 16.000 millones de dólares de créditos suplementarios para el año 1981 (una suma imposible de encontrar en el botiquín del FMI, vaciado por los enfermos 'estratégicos" como Egipto o Turquía), se ha sometido a un régimen de austeridad... La peor de las recesiones
Hagamos balance: indudablemente, la fiebre ha bajado un poco, pero el enfermo está lívido. El déficit comercial de 1980, de 3.000 millones de dólares, se ha transformado en 1981 en un saldo positivo de 1.200 millones de dólares. También ha habido una ligera mejoría, además, de la tasa de inflación, pues según el índice oficial ha descendido de 110 al 95%. Pero en cambio, ¡qué anemia!
Brasil atraviesa la peor recesión desde hace por lo menos 18 años. El "crecimiento económico" , en el sentido de la estadística económica tradicional, habrá sido nulo en 1981, o incluso negativo si dejamos a un lado el sector bancario, que está más floreciente que nunca, y que aporta el 9% a la renta nacional (casi en pie de igualdad con el sector agrario, que sólo representa el 11%) (1). Por supuesto, Delfim Neto había anunciado hace un año la cifra del 4 al 5% de crecimiento, explicando que con un crecimiento demográfico del 2,5% anual esto era lo mínimo social y políticamente acep•table.
Entre septiembre de 1980 y septiembre de 1981, la producción industrial ha descendido en un 16,2%, según las estadísticas oficiales. En el Estado de Sao Paulo, la federación patronal, FIESP, anuncia 280.000 despidos entre el primero de noviembre de 1980 y finales de septiembre de 1981. Tan sólo en la industria del automóvil, el número de puestos de trabajo suprimidos se eleva a 140.000 a escala de todo el país.
Esta desaceleración de la actividad económica, que al principio deseaban los responsables del régimen, ha rebasado duda sus objetivos. Sin embargo, señala muy bien de qué forma pretende sacar la dictadura a Brasil de la espiral del endeudamiento exterior y de la inflación: reducción de la demanda interior mediante el control de las remuneraciones en primer lugar, y accesoriamente de la masa monetaria (deflación). Esto debe permitirle reducir el déficit de la balanza de pagos desde los
Pese a todas las bonitas palabras de los generales brasileños y de su superministro encargado de las relaciones pú-
1981 era fácil de prever: recesión, paro y miseria acentuablicas internacionales, Delfin. Neto, la evolución del año da, endurecimiento de la dictadura. Brasil no saldra de Brasil
El enfermo de América
dos extremos, reconstituyendo los márgenes de empresas (con lo que se independizan más de los créditos bancarios extranjeros) y empujándolas a buscar mercados en el exterior. Restringiendo las importaciones a un crecimiento del 8% anual, mientras que las exportaciones deberían crecer al ritmo del 15%, y esto hasta el final del decenio, Brasil podría restablecer el equilibrio de sus intercambios de bienes y servicios con el exterior, explicaba Delfim Neto, en diciembre de 1981, en Francfort, ante un grupo de
En cualquier caso, una cosa es cierta: el problema es tal que al Brasil sólo le quedan dos vías abiertas: una regresión social y política sin precedentes, o una revolución social que implica la ruptura con la lógica del capitalismo y del imperialismo. En efecto, conviene recordar aquí la amplitud del problema. Pese al restablecimiento de la balanza comercial en 1981, logrado al precio descrito más arriba, el creciente déficit de los servicios, que en lo fundamental se debe al pago de los intereses de la deuda exterior, ha comportado en 1981 un déficit por cuenta corriente de cerca de 11.000 millones de dólares. De ahí un salto más de la deuda exterior, a casi 64.000 millones de dólares. Se trata tan sólo de la deuda a largo y medio plazo, a la que habría que añadir los 7.000 a 8.000 millones de dólares de deudas a corto plazo.
En 1982, según las estimaciones oficiosas de la. Fundación Getulio Vargas, Brasil necesitará 19.200 millones de dólares más, de los que el 85%, o sea, 16.400 millones, se destinarán a financiar el servicio de la deuda (pago de los intereses más amortización del capital). Aquí se ve hasta qué punto los préstamos exteriores contratados en estas condiciones ya no sirven para financiar proyectos de desarrollo económico con los que producir productos para la exportación, sino más bien para evitar una demora en la devolución de los préstamos obtenidos anteriormente.
esta crisis en 1982. A. Jos Los límites del aumento de las exportaciones
Para salir de esta espiral, en efecto, sería necesario que Brasil incrementara considerablemente sus ventas en el extranjero, restringiendo duramente su consumo de mercancías importadas y producidas en el pais.
En cuanto al primer punto, es cierto que Brasil ha acostumbrado a los observadores a proezas poco comunes. Entre 1960 y 1980, Brasil ha incrementado sus exportaciones de 3.200 millones de dólares a 20.000 millones (en dólares de 1980). Un logro que debe mucho a una industrialización muy rápida: entre 1960 y 1980, el valor añadido de su sector manufacturero ha pasado de 11.900 a 57.400 millones de dólares. Desde 1979, más de la mitad de sus exportaciones son productos industriales. Dos ejemplos significativos: el del automóvil y el del armamento. Entre enero y octubre de 1981, Brasil exportó 183.500 vehículos automóviles, es decir, 71.500 más que durante el mismo período del año anterior, y el equivalente a un valor de 3.200 millones de dólares. Incluso Italia compró durante el mismo período 37.000 vehículos Fiat 147 Diesel de fabricación brasileña.
En 1981, las exportaciones brasileñas de armas rebasaron los 1.200 millones de dólares. Con 350 empresas y unos 100.000 asalariados, la industria armamentística brasileña ha avanzado al sexto puesto en el mundo. Y en 1982, vistos los pedidos pasados en 1981, Brasilia podrá exportar más de 2.000 millones de dólares en armas, es decir, más que el valor previsible de sus exportaciones de café, que, disminuirá en cerca del 40% a causa de las malas con, diciones metereológicas.
Pero para alcanzar tales logros, Brasil ya ha quemado todas sus reservas: una política diplomática calcada de sus necesidades de exportación y que comporta una notable diversificación de sus ventas, reducción de la demanda interior que coloca al borde de la quiebra a numerosas empresas pequeñas, medianas o incluso grandes que no trabajan para la exportación; considerables subvenciones para exportación.
En todos estos terrenos es difícil que pueda llegar más lejos. Veamos en particular la política de subvenciones: el organismo oficial, Funcex, revela que este año subvenciones ascenderán millones de dólares en el presupuesto del Estado. Esto representa un tercio de las exportaciones previstas para el año (27.000 millones de dólares) y el 55% de las exportaciones de productos manufacturados. Se comprenden las protestas y la exasperación de sus competidores, y el efecto inflacionista de estas tasas de subvención.
Al mismo tiempo, el aumento de los peligros financieros, económicos y políticos hacen que los inversores extranjeros reflexionen cada vez más. Durante el primer semestre del año pasado, las inversiones extranjeras sólo aumentaron en un 2,4 por cinco, y sus reinversiones incluso disminuyeron en un 10,9%. Este cambio de tendencia del capital extranjero, iniciado ya el año anterior, constituye una amenaza suplementaria para la capacidad de aumentar las exportaciones a medio y largo plazo.
En estas condiciones, la promesa Delfim Neto de que habrá un crecimiento del 4 al 5% en 1982, vale lo mismo que lo que valía dicha promesa un año antes. Su Ministro de Finanzas es mucho más serio cuando anuncia: "1982 será el año gemelo de 1981, quizás con un poco más de maquillaje y con los labios pintados".
Las virtudes del "Modelo"
La publicación, en otoño de 1981, de los resultados del censo de 1980 arroja una cruda luz sobre la realidad del "modelo de desarrollo" brasileño. Como muestran los gráficos que reproducimos, el aumento de 111 dólares de la renta nacional por habitante, durante el período de 1970-1980, se ha saldado con una disminución del 33% de la parte de la renta de la mitad de brasileños que viven en las zonas rurales, y como contrapartida, con un aumento del 179% de la renta del 1% de la fracción más rica de los residentes de estas mismas zonas. Aunque menos acentuada, la concentración de rentas en zonas urbanas también es considerable. El testimonio más evidente es sin duda el crecimiento espectacular de las "fabelas" (chabolas). En el gran Sao Paulo el porcentaje de habitantes de las "chabolas" ha pasado, según las cifras oficiales del censo, del 2 al 9% entre 1970 y 1980.