Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

América Central: El imperialismo quiere hundir a la región en sangre y fuego

· Inprecor n.º 27, marzo de 1982 · pp. 4-9 · 4.214 palabras

El imperialismo norteamericano está decidido a hundir a América

Central y el Caribe en sangre y fuego para detener el ascenso revolucionario en esta región. Con este fin refuerza sistemáticamente su ayuda a las dictaduras más sanguinarias. Al mismo tiempo, y a pesar de los desmentidos repetidos de Nicara-

Agua y Cuba, el imperialismo yanqui prosigue una intensa EL IMPERIALISMO QUIERF campaña de aislamiento político a través de los medios de comunicación que controla. En el pasado mes de octubre, Washington lanzó una nueva ofensiva de intoxicación, que se concentró en un pretendido "aflujo de armas sofisticadas" a Nicaragua, procedentes de la URSS y de Pero mientras toleran el entrenamiento militar de exiliados cubanos y nicaraguenses anticomunistas en su territorio, los EE.UU., prohíben la entrada a los refugiados haitianos. El diario burgués francés Le Figaro del 26 de enero de 1982 no duda en afirmar al respecto que el desembarco fracasado en Haití de un comando dirigido por Bernard

Sansaricq sólo sería un "bluff"

montado por los EE.UU. para justificar el aumento de su ayuda

La Baby Doc. Entrenamiento de militares salvadoreños en la tortura; formación de soldados y oficiales guatemaltecos en la táctica contrainsurreccional aplicada ya

Men Vietnam; maniobras electorales para quitar hierro a las contradicciones sociales en Honduras; presiones múltiples contra Nicaragua, Cuba y Granada; y apoyo abierto a la dictadura de Baby Doc en Haití, estos son algunos de los elementos de la política actual del imperialismo norteamericano. Vincent Kermel

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AMERICA CENTRAL HOY

HUNDIR A LA REGION EN SANGRE Y FUEGO

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América Central

N artículo del Washington Post del 10 de diciembre de 1981 aclara con crudeza los procedimientos imperialistas destinados a desarmar a la revolución sandinista, a las que tuvo que oponerse el gobierno nicaragüense. El diario norteamericano publica extractos de las cartas enviadas en septiembre de 1981 por la Administración Reagan a los dirigentes de Nicaragua. En una de ellas, los Estados Unidos proponen "reforzar vigorosamente" su control sobre los exiliados nicaragüenses que se entrenan en campamentos militares en Florida, con la condición de que «se limiten las fuerzas militares regulares de Nicaragua a 15.000 ó 17.000 hombres».

Otra nota diplomática expresaba el deseo se reduzca a la "talla tradicional"' de la guardia nacional de Anastasio Somoza, es decir, a unos 8.000 hombres. A ello se añadía la exigencia de suspender la importación de armamento pesado procedente de la URSS o de Cuba. La Administración Reagan reclamaba incluso del gobierno nicaragüense que acepte la comisión investigadora de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Pero al mismo tiempo, Washington suprimía definitivamente una ayuda de siete millones de dólares (suspendida ya en abril de 1981), aumentaba su ayuda militar a Honduras y organizaba maniobras navales con el ejército hondureño a lo largo de la costa de Nicaragua. El gobierno norteamericano seguía tolerando también la implantación de nuevos campos de entrenamiento de exiliados nicaragüenses en su territorio.

La oleada de acciones terroristas contrarrevolucionarias que se desarrolló a finales de 1981 y comienzos de 1982, y detraś de las cuales puede reconocerse fácilmente la mano de los estrategas de Washington, ilustra perfectamente la verdadera orientadel imperialismo norteamericano frente a la revolución sandinista.

Cuando las autoridades nicaragüenses capturaron el pasado 8 de enero un comando contrarrevolucionario que se disponía a dinamitar la refinería de ESSO y la fábrica de cemento nacionalizada —las únicas dos empresas de este tipo que posee Nicaragua-, se vieron claramente las conniven= cias y complicidades de que gozan estas actividades. El comando estaba vinculado a la Unión Democrática Nicaragüense (UDN)

-cuyo brazo armado se autodenomina

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Nicaragua (FARN) -, dirigida por dos personalidades de la oposición burguesa antisomocista, Fernando y Edmundo Chamorro • Rapaccioli. Dos de los miembros de este comando eran agentes de los servicios secretos de Venezuela, en estrecho contacto con el capitán hondureño Alexander Hernández, que serviría como intermediario para establecer una colaboración entre la misión militar argentina en Honduras y la

UDN y las FARN...

El ministro nicaragüense de Asuntos Exteriores denunció este complot, responsabilizando a la embajada de Venezuela en Managua. El diario del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Barricada, del 13 de enero, aportaba las detalles de este plan abortado, acusando a «los agregados de la embajada venezolana en Nicaragua y Costa Rica, el coronel Pedro Sánchez Rivero, José Aníbal Palacios y Edgardo Escobar, al agente de los servicios secretos venezolanos Julio González Ferrón — disfrazado de empresario en Managuaa Eduardo Avila, agregado militar salvadoreño en San José de Costa Rica, al capitán cretos del ejército hondureño, a las fuerzas especiales de seguridad de Honduras (FUSEP) y a miembros del estado mayor de las fuerzas armadas argentinas».

La determinación política norteamericana de acabar con la revolución sandinista se expresa también de otras maneras. Por ejemplo, por boca de un adjunto del secretario de Estado de Asuntos Americanos,

Thomas Enders, que avaló la instalación de campos de entrenamiento militar de contrarrevolucionarios en Florida, proclamando que «no es ilegal realizar ejercicios militares» (New York Times, 23 de diciembre de

O con la decisión de los representantes norteamericanos en el Consejo de dirección de la Banca Interaméricana de Desarrollo

(BID) de oponer su veto a un préstamo de

500.000 dólares destinado a los pequeños ganaderos y agricultores nicaragüenses. Al comentar la oposición 'norteamericana a un segundo préstamo de 22,8 millones de dólares del Banco Mundial a Nicaragua, el portavoz del Departamento de Estado, Sue Pittman, anunció nuevas iniciativas norteamericanas para impedir la concesión de créditos a Nicaragua.

El representante norteamericano expresó claramente la voluntad imperialista de imponer su dictado a Nicaragua, añadiendo que «la política nicaragüense de expansión monetaria y fiscal y de déficit del ejercicio actual, debería ser sustituída por otra política de aumento de las inversiones, restricción de los fondos públicos y de alta productividad» (Barricada, 17 de enero de 1982). El campo de experimentación hondureño

Pero para detener el ascenso revolucionario en América Central, el imperialismo norteamericano desarrolla múltiples facetas. Al mismo tiempo que entrenan y arman a las fuerzas represivas de las dictaduras de El Salvador, Honduras y Guatemala, y establecen una estrecha cooperación militar entre ellas, reactivando el (CONDECA), los Estados Unidos afirman a bombo y platillo que en estos paises apoyan "soluciones políticas" destinadas a proporcionarles una mínima legitimidad a escala

Así, la Administración Reagan multiplica las presiones para que se celebren elecciones en Guatemala el 7 de marzo y en El Salvador el 28 de marzo, una vez celebradas las de Honduras, el pasado 29 de noviembre, donde salió vencedor el dirigente del Córdova, nuevo presidente de Honduras. En lo que se refiere a El Salvador, esta fórmula ha obtenido incluso el aval, a comienzos de diciembre, de la mayoría de miembros de la OEA, reunidos en Asamblea general en la pequeña isla de Santa Lucía, en

Sin embargo, estas maniobras electorales sólo constituyen un aspecto del plan contrarrevolucionario destinado a aplastar los movimientos de masas y las fuerzas revolucionarias que luchan en El Salvador y

En este contexto, Honduras, que constituye un factor clave del dispositivo agresivo

Washington el campo de experimentación de un intento de evitar la extensión a este país del tipo de enfrentamientos que se producen, tanto en El Salvador como en Guatemala, entre el aparato de Estado y las fuerzas burguesas «cada vez más reducidas a las fuerzas militares y represivas» por un lado, y el conjunto de la sociedad civil por otro.

El voto mayoritario a favor de los candidatos del Partido Liberal, el pasado 29 de noviembre en Honduras, con motivo de las segundas elecciones que conoce el país

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desde 1932, tiene un doble significado. Por un lado, es la expresión de la voluntad popular de llevar al poder a un candidato civil, aparentemente menos vinculado a los militares que su contrincante del Partido Nacionalista (PN). Por otro lado, refleja también el importante retraso que se da en la conquista de la independencia de clase del movimiento popular de un país que figura, detrás de Haití, entre los más pobres del continente.

Si Honduras no es un "oasis de paz y tranguilidad", como afirma la prensa proimperialista, la polarización social no ha adquirido allí aún la forma de enfrentamientos militares, como sucede en los demás países de América Central. La hegemonía burguesa se expresa aún en este país en la dominación de los partidos políticos burgueses, que disponen aún de cierta base, vinculados también con la casta militar.

A pesar del régimen militar en vigor, el movimiento obrero y popular ha podido expresarse hasta ahora mediante huelgas legales y manifestaciones. Por ejemplo, en 1980, más de 9.000 trabajadores del plátano entraron en lucha contra los trusts norteamericanos Tela Railroad Company y Standard Fruit Co., ocasionándoles pérdidas por un valor de más de un millón de dólares. Sin embargo, el movimiento obrero y popular hondureño, pese a su combatividad, sólo está en el comienzo de un proceso de emancipación política frente a las formaciones burguesas.

En el contexto económico actual, con una inflación del 33% en 1981, un paro que afecta al 25% de la población activa, un descenso de las cotizaciones mundiales de los productos agrarios, una fuga de capitales y una disminución de las reservas de divisas del Estado, el nuevo gobierno, que entró en funciones el 27 de enero de 1982, sólo podrá aplicar una política de brutal austeridad y de ataque al nivel de vida de las masas, lo que probablemente no logrará atenuar las tensiones sociales existentes.

Titular él mismo de una de las diez fortunas más importantes del país, el dirigente liberal Roberto Suazo Córdova consagró además sus primeras declaraciones; una vez elegido, al afirmar su acatamiento al ejército y a los Estados Unidos. «Estoy plenamente convencido, declaró, que el pueblo hondureño y el Partido Liberal iremos mano a mano con el ejército para preservar la paz y la tranquilidad. (...) Lo que no permitiremos aquí es la subversión que ha devastado a El Salvador y Guatemala», y para ello estima que «la presencia militar de los Estados Unidos en América Central es necesaria». Suazo Córdova acaba de avalar el nombramiento del coronel Gustavo Alvarez Martínez como comandante en jefe del ejército. Las primeras palabras del "complot comunista" contra Honduras y acusar a los refugiados salvadoreños de

"subversión".

Los militares hondureños, que mantienen a Roberto Suazo Córdova y su gobierno bajo su estrecho control, y el imperialismo norteamericano, aceptan de buena gana a este presidente civil, máxime cuando no tendrá más remedio que aplicar su política. Sin embargo, en un país en que el 5% de la población posee aún el 61% de las tierras y donde el 22% de todas las tierras cultivables se concentran en 445 explotaciones de más de 500 hectáreas cada una, después de una "reforma agraria'" impulsada en 1975 por los militares y fuertemente contestada por la oligarquía terrateniente, resulta difícil determinar qué política de reformas puede llevar a cabo un gobierno que depende tanto de la burguesía y del imperialismo.

El diario International Herald Tribune del 21 de diciembre de 1981 destaca esta contradicción, al afirmar que el gobierno tendrá que «desarrollar un programa de austeridad que tensará sus relaciones con el pueblo, tomar medidas contra la corrupción que enfurecerá a los militares, y aplicar las leyes que ya existen sobre la reforma agraria, lo que le alejará de los grandes propietarios terratenientes». El programa de gobierno de Roberto Suazo Córdova, que prevé la aplicación de la reforma agraria de los militares y que propone un «plan de acción para relanzar la economía nacional», se enfrentará así muy pronto con las reivindicaciones populares, en un momento en que la patronal, agrupada en el comité hondureño de la empresa privada (COHEP), llama ya a un «auténtico plan de austeridad del sector público» y propone resolver la cuestión agraria sin «atentar contra las propiedades que cumplen sus funciones sociales».

El nuevo gobierno tampoco escapará a las consecuencias de la polarización social actual en el resto de la región, al mismo tiempo que tampoco se liberará del papel contrarrevolucionario que asigna el imperialismo a las fuerzas represivas hondureñas. Estas, encuadradas por 150 consejeros norteamericanos, participan en el establecimiento a lo largo de la frontera con El Salvador, de una auténtica "tierra de nadie" que consiste en desplazar a las poblaciones refugiadas para ayudar al ejército salvadoreño a atenazar a los guerrilleros del FMLN.

El capitán hondureño Mejía Flores, que dirige las tropas de la región de La Virtud ha reconocido al respecto que «las fuerzas militares de los dos países, de común acuerdo con los consejeros norteamericanos, han decidido militarizar la zona fronte riza». El movimiento popular de liberación Chinchoneros (MPL) acaba de denunciar un plan al informar de la llegada a Honduras de «soldados y oficiales de las fuerzas armadas de Argentina, Chile y Venezuela, para colaborar con las tropas locales en las acciones contra las guerrillas salvadoreñas», bajo la cobertura del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

América Central Por lo demás, el ejército y el gobierno de Honduras forman parte activa de las acciones contra la revolución sandinista. Vietnamización de la situación en Guatemala

En Guatemala, la mascarada electoral del 7 de marzo va a desarrollarse dentro de un verdadero contexto de vietnamización de la situación. Estas elecciones apenas tendrán que las que alzaron a la presidencia al general Romeo Lucas García en 1978, con un índice oficial de abstenciones del 63,5% de los votantes.

Sin embargo, los Estados Unidos han hecho todo lo posible para dar cierta credibilidad a estas elecciones. Washington ha intentadó en particular, aunque en vano, que el ejército y el gobierno apoyen a un candidato civil. Finalmente, ministro de Defensa, el general Aníbal Guevara, el que será investido oficialmente por el ejército y el Frente Democrático Popular (FDP), que es como se denomina la alianza de los dos partidos reaccionarios oficiales.

El diario guatemalteco La Nación, del 13 de diciembre de 1981, expresa muy bien la actitud de los militares y de la extrema derecha frente a estas presiones norteamericanas. El editorialista observa, en efecto, que «todos los partidos, los candidatos a la presidencia y el gobierno, deben asumir una inequívoca independencia y ejercicio de la soberanía Seran los guatemaltecos, y no los nortea mericanos, los que decidirán con su voto la elección del nuevo gobierno».

Por lo tanto, el resultado ya se conoce de antemano. Máxime cuando se sabe que los otros tres candidatos, Gustavo Anzueto Vielman, por la Central Auténtica Nacionalista (CAN), Mario Sandoval Alarcon, por el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y Alejandro Maldonado, por la Unión de Oposición (alianza del Partido Nacional Renovador y de la Democracia Cristiana) se caracterizan por su anticomunismo y su voluntad de combatir a la guerrilla. El dirigente del MLN, que se presenta como «la punta de lanza de la lucha contra el comunismo», declaró no «aceptar el calificativo

Men el sentido histórico del término, pues lo que implica es la referencia a una forma de socialismo, aunque sea na-

El Frente Unido Revolucionario (FUR), que se reivindica de la socialdemocracia, ha renunciado fielmente a participar en estas elecciones.

En efecto, ¿qué pueden significar estas en un país que se encuentra en plena guerra civil? Pues es esto de lo que se trata.

El Comité de Libertad Sindical • de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) acaba de publicar un informe en el que

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America Central afirma que «más de 40 personas desaparecen todos los días en Guatemala. Muchas de ellas con dirigentes sindicales o personas que participan en las movilizaciones de los trabajadores».

Según el International Herald Tribune del 20 de enero, «las autoridades religiosas estiman que este año han sido asesinados 11.000 civiles, la mayoría por elementos de las fuerzas armadas gubernamentales o grupos paramilitares». La violencia de la represión va a la par con la radicalización popular y la extrema polarización económica y social de un país en que «‹el 2% de la población percibe el 25% de la renta nacional, mientras que el 50% del escalón inferior reciben solamente del 10 al 15%, según un informe de la embajada norteamericana».

Los indios, que constituyen aproximadamente la mitad de los 7,2 millones de habitantes, forman la mayoría de las capas populares. En el campo, la mortalidad infantil es del 160 por mil; cuatro niños campesinos de cada cinco están subalimentados. Por tanto, no resulta sorprendente que las comunidades indias sean desde hace años los bastiones de la guerrilla rural.

La dictadura militar intenta impedir el paso masivo de las poblaciones indias al lado de la guerrilla, fomentando la oposición racial entre los indios y los metizos (ladinos). Esto le lleva incluso a armar a algunas aldeas de colonos ladinos, como sucedió en la región de Rapinal y en las aldeas alrededor de Joyabaj, en la provincia de Quiche. Pero lejos de detener la extensión de la influencia de las fuerzas guerrilleras, estas maniobras acentúan aún más la oposición contra la dictadura por parte de las masas rurales indias.

Así, más allá de la mascarada electoral, la dictadura guatemalteca continúa armándose. Apenas tiene dificultades para recibir suministros de los Estados Unidos, a pesar de las resoluciones parlamentarias que prohíben tales transacciones, o entre los imperialismo Israel. El International Herald Tribune del 25 de enero de 1982 informa a este respecto que en 1980 y 1981, el ejército guatemalteco gastó cerca de 10,5 millones de dólares en la compra de helicópteros civiles - tres Bell 212 y seis Bell 412- equivalentes a los helicópteros de guerra Huey. Estos helicópteros fueron vendidos con la aprobación del Departamento de Comercio norteamericano y sin previa consulta al Departamento de Estado. Desde entonces, dos de ellos ya han sido equipados con ametralladoras del

En cuanto a Israel, además de la venta tradicional de armas (en particular, el fusil de asalto Galil), también ha «abierto recientemente una escuela de comunicaciones militares en Guatemala para entrenar a los técnicos de comunicación por radio, y donde los cursillos de instrucción corren a cargo de consejeros israelíes».

A finales de diciembre, las autoridades de ciudad Guatemala anunciaron también que íban a triplicar los efectivos del ejército para 1982. Así, las fuerzas armadas alcanzarán la cifra de 60.000 hombres, tan sólo entre las fuerzas regulares.

Todo ello no ha impedido que el comienzo del año 1982 se haya caracterizado por un aumento de las actividades de la guerrilla, que ha lanzado una docena de operaciones en el primer fin de semana de enero. A finales de diciembre murieron cinco policías en la capital, y el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) ocupó dos ciudades del interior el 24 de diciembre. A causa de la Huehuetenango y San Marcos, el comercio Sólo pueden circular los transportistas que aceptan pagar un impuesto de guerra a la

A comienzos de diciembre, la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA) ocupó temporalmente la localidad de Ostuncalco, que se encuentra a solamente 10 minutos por carretera de Quetzaltenango, segunda ciudad del país y principal base militar. También se ha observado un aumento de la coordinación entre las distintas organizaciones guerrilleras, que han desempeñado todas un papel importante en las acciones espectaculares del mes de diciembre en Solola, Escuintla y estrategia de la dictadura - bombardeo de las zonas controladas por la guerrilla y armamento de algunas aldeas ladinas— se inspira cada vez más en las prácticas norteamericanas de Vietnam, la guerrilla también he aprendido de la experiencia vietnamita. Las tropas gubernamentales que penetraron en Joyabaj tras una incursión aérea, pudieron descubrirlo oara su sorpresa, al apercibirse de que casi todas las casas de la aldea tenían una trampa disiElecciones para encubrir un genocidio en El Salvador

En El Salvador, tras el fracaso de la ofensiva del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) en enero de 1981, la dictadura esperaba poder derrotar o al menos debilitar considerablemente a la guerrilla para promover su política" electoral. Los intentos infructuosos de reducir las zonas ocupadas por los guerrilleros en la primavera de 1981, y posteriormente el relanzamiento de amplias acciones del FMLN a partir del verano pasado, han mostrado el carácter ilusorio de este proyecto.

Así, según el FMLN, el Pentágono ha solicitado a sus estrategas que elaboren un plan militar que llevaría a la operación lanzada recientemente en el departamento de Morazán. Ya no se trataba de aniquilar a la guerrilla, sino de asestar un golpe al corala regiones que habitualmente escapan al control del gobierno. El fracaso del intento de destruir a Radio Venceremos sancionó la precariedad de esta nueva táctica, Sin embargo, debido a las masacres de la población que se producen con motivo de estas operaciones, contribuyen a incrementar a sabiendas el número de refugiados civiles. Con la colaboración de las tropas hondureñas, la dictadura y el imperialismo esperan así coger entre dos fuegos las zonas liberadas de la guerrilla. La última "sutileza"' de la táctica contra-insurreccional de los consejeros norteamericanos en El Salvador consiste en secuestrar a los parientes próximos de los dirigentes del FMLN — como sucedió con el padre del comandante Villalobos— y achacar su desaparición a supuestos enfrentamientos entre "grupos extremistas rivales".

genocidio, los

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Estados Unidos se mantienen resueltamente al lado de la Junta militar y democristiana de El Salvador, y comparten por tanto su sangriento balance. Le Monde del 20 de enero pasado informa que el número de muertos en dos años se cifra en aproximadamente 30.000, y el número de refugiados en 500.000. El 42% de la población salvadoreña es analfabeta, y el 93% de los niños de edad escolar sufren desnutrición. El Producto Nacional Bruto ha descendido en un 13% en cifras constantes desde diciembre de 1981. Las exportaciones en un 35% y las importaciones en un 23,3%.

Sin embargo, Washington, que ha asignado 10 millones de dólares de ayuda militar en 1981, prevé doblarla para el año en curso. La ayuda militar y económica norteamericana totalizaba 144 millones de dólares en 1981, y en 1982 deberá alcanzar los 250 millones de dólares. Y el imperialismo norteamericano no retrocede ante nada para tratar de alcanzar sus objetivos. Considerando sin duda que las masacres del ejército salvadoreño no eran suficientemente "aprovechadas" para permitir obtener informaciones, los "boinas verdes" norteamericanos entrenan a los oficiales y soldados salvadoreños en la práctica de la tortura "científica"

Carlos Antonio Gomez desertor de la unidad paracaidista de la base aérea de llopango, cerca de San Salvador, ha confirmado recientemente la presencia de instructores norteamericanos en las sesiones de entrenamiento para la tortura. «Según Gómez, observa el International Herald Tribune del 12 de enero de 1982, ocho consejeros militares norteamericanos, algunos en uniforme verde oscuro y otros vestidos con monos para camuflarse, se mantenían en la sombra con el comandante de las fuerzas aéreas salvadoreñas y otros oficiales superiores salvadoreños durante las sesiones de tortura».

En el marco de su estrategia de creación de un batallón de élite, los Estados Unidos

América Central anunciaron a mediados de diciembre el entrenamiento, cosa que no tiene precedentes, de 1000 soldados y 500 oficiales salvadoreños directamente en Fort Bragg, en

Carolina del Norte, y en Fort Benning, en

Georgia, en las unidades norteamericanas de "boinas verdes". Fred Ikle, subsecretario norteamericano de Defensa, reconocería que esta operación, que costará 18 millones de dólares, forma parte de la "acción militar americana en América Central». Este programa, que se inició en enero de 1982, debe permitir, siempre según Fred Ikle, «ayudar a los salvadoreños a desarrollar una estrategia militar nacional».

Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos belicistas, las autoridades norteamericanas reconocen las dificultades militares de la Junta salvadoreña. El embajador estadounidense en San Salvador le confió al corresponsal del diario italiano La Repúbblica que la guerrilla progresaba, y su consejero, Ken Bleakeley, más locuaz, afirmó que «ninguno de los dos bandos es capaz de derrotar al otro». Las acciones del FMLN son cada vez más audaces. Así, el 27 de enero, un comando atacaba el aeropuerto militar de llopango, cerca de la capital.

El FMLN afirma que en esta ocasión destruyó "casi la mitad de la aviación salvadoreña", es decir, seis aviones Fouga Magister, 8 Ouragan, 6 aviones de transporte C-47 y 8 helicópteros Iroquois. Todos estos aparatos habían participado en la reciente operación contra la provincia de Morazan. El comando del FMLN que colocó las cargas explosivas en los aviones «rindió homenaje a las miles de personas masacradas por el ejército»

El imperialismo no puede esperar en absoluto que con las elecciones pueda lograr lo que no ha conseguido con las armas. El sacerdote salvadoreño Jesús Delgado declaró recientemente a este respecto que «en las condiciones actuales, las elecciones sólo podrán ser la ocasión de un aumento de la represión y de la violencia». De común acuerdo con la Junta, Washington parece que está planteándose el aplazamiento de las elecciones previstas para el 28 de marzo. Aunque esta nueva "táctica"' de los Estados Unidos confirme o no, no quita que la nueva política imperialista en El Salvador y en América Central de continuidad al apoyo decidido a las fuerzas que organiza la represión sangrienta del movimiento popular y de las fuerzas revolucionarias que luchan contra la dictadura.

Así, una parte importante del porvenir de la revolución mundial se juega actualmente en el subcontinente centroamericano. Depende de nuestra actividad de solidaridad internacionalista, ligada al combate de las masas populares centroamericanas, para imponer que el imperialismo norteamericano deje de hundir en sangre y fuego a los pueblos de esta región.O