Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

Cuba

Un debate: La sociedad cubana a la luz del II Congreso del PCC

· Inprecor n.º 22, junio de 1981 · pp. 30-40 · 10.835 palabras

La sociedad cubana a la luz del

H Cubano (PCC), que tuvo lugaren a 1L Congreso del Partido Comunista

Habana a finales de diciembre de 1980, ha sido el segundo que se celebra desde el triunfo de la Revolución en 1959 y desde la constitución formal de este Partido en

El I Congreso se celebró exactamente cinco años antes, en diciembre de 1975. Fue ante todo un Congreso de balance y de reafirmación de las orientaciones adoptadas previamente. El extenso informe de Fidel Castro y las tesis y resoluciones votadas en dicha ocasión constituyen, aún hoy, documentos de referencia fundamentales para los revolucionarios cubanos.

Recordemos que en dicho Congreso se elaboró un balance de los quince años transcurridos desde la caída del dictador Batista, y se esbozó una síntesis de las especificidades y las conquistas de la Revolución cubana. Fue este mismo primer Congreso el que adoptó los principios y definió los mecanismos del Poder Popular, sobre cuya base iba a realizarse rápidamente la "institucionalización global de la Revolución cu-

A nivel económico se adoptó el Primer Plan Quinquenal, elaborado a partir de 1959, y que abarcaba los años 1976 a 1980, así como las líneas generales del nuevo "sistema de dirección y de planificación de la economía", que implicaba una reforma global de los mecanismos de la gestión económica. Finalmente, y para atenernos a lo fundamental, se votaron los principios y estatutos que rigen, la vida del propio Parti-

La función del II Congreso era, de entrada, más modesta. Se trataba de reafirmar las orientaciones y las adquisiciones del I Congreso, a partir de un balance de su aplicación, durante estos últimos cinco años. Sobre todo había que proceder a una evaluación del estado de la economía cubana, a partir de un análisis del grado de realización del Primer Plan Quinquenal y adoptar las líneas maestras del Segundo Plan (1981-1985).

Los problemas cruciales que plantea la actual situación internacional, el análisis que hacen de ellos los dirigentes cubanos, las respuestas que aportan, constituyeron el segundo aspecto del Congreso. La reafirmación de la solidaridad combativa con Nicaragua, Granada, así como con las masas movilizadas de El Salvador y de Guatemala; la respuesta firme y sin concesiones a las crecientes amenazas que esgrimen contra el Estado obrero cubano las orientaciones del nuevo presidente norteamericano, Ronald

Reagan; el importante papel adjudicado al Movimiento de los No Alineados, que se define de nuevo como un movimiento de "carácter antiimperialista", con una posición "independiente"; la posición convergente con la de la Unión Soviética, en relación a la situación en Polonia y en Afganistán; una apreciación global, finalmente, de la relación de fuerzas mundial, con un aná•lisis específico de la situación latinoameri,cana en este marco; estos fueron los principales capítulos consagrados a las cuestiones internacionales, en el informe de Fidel Castro.

"¡Producción y defensa!", esta consigna no ha sido "nunca tan vital como en las circunstancias actuales", declararía Fidel Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, pocos días después de la clausura de los trabajos del II Congreso, sintetizando en esta fórmula la doble tarea definida en su informe principal, y las dos dimensiones fundamentales de este Congreso.

Recordemos que INPRECOR ya ha publicado un artículo consagrado a la situación de la economía cubana, sus adquisiciones y sus debilidades, analizadas particularmente a partir del balance presentado por Fidel Castro ante el Congreso (ver "Veinte años de la economía cubana: un

Página 31

¡ II Congreso del PCC nuevas orientaciones",

El artículo de Fred Feldman, publicado en Intercontinental Press el 9 de febrero de

1981, y que reproducimos en este número de INPRECOR, exige retomar algunas de algunas características de la Revolución cubana y de su dirección, pues se trata de un artículo que tiende a globalizar las orientaciuones de la dirección cubana.

En lo que se refiere a la Revolución cubana, no podemos por más que compartir las preocupaciones y el estado de ánimo de

Fred Felman; el artículo publicado anteriormente, que acabamos de citar, y otros anteriores, lo atestiguan. Nos reivindicamos de la enorme conquista histórica de esta Revolución, la primera revolución socialista del hemisferio occidental.

Nos reivindicamos de su lucha contra los efectos de la explotación imperialista y del subdesarrollo económico; de la prueba que suministra, gracias a sus considerables conquistas sociales, de la superioridad decisiva, en este combate, de una economía planificada, liberada de la explotación directa del imperialismo y de la lógica del beneficio.

Consideramos que la dirección castrista es revolucionaria en la medida en que rechazando todo compromiso duradero con la burguesía nacional, condujo el proceso revolucionario que quebró el mecanismo de acumulación capitalista y destruyó el poder de todas las clases explotadoras; en la medida, también, en que apoya la extensión de la revolución en algunos países, como actualmente en América Central.

Finalmente, y más que nunca, nos ponemos del lado de los revolucionarios cubanos en su decisión de aceptar los mayores sacrificios en aras de la defensa de las conquistas de la Revolución y del Estado obrero frente a las amenazas imperialistas.

Tratar los problemas de fondo planteados por el II Congreso del PCC es una tarea difícil. Fred Feldman ha optado por construir básicamente su artículo alternando los resúmenes y los "párrafos seleccionados" del informe de Fidel Castro. Sin embargo, en los párrafos sintetizados se entremezclan los resúmenes de los discursos, a su vez intercalados con frases y expresiones retomadas de Fidel Castro, y fórmulas, apreciaciones o caracterizaciones del propio Fred Feldman.

En estas condiciones, no siempre es fácil distinguir con precisión, leyendo el artículo, lo que corresponde al pensamiento de Fidel Castro y lo que se debe al de Fred Feldman. Sobre todo, ello contribuye a dar a algunos

Jean Pierre BEAUVAIS pasajes del discurso de Fidel Castro, sintetizados de este modo, un contenido implícito que no siempre tiene.

En nuestro artículo trataremos de plantear las relaciones entre los datos reales de la sociedad cubana y el contenido del Il

Congreso del PCC. Esto nos llevará a retomar algunas cuestiones planteadas por Fred ¿Un Congreso democrático?

Las cinco líneas consagradas indirectamente por Fred Feldman a esta cuestión sugieren una respuesta positiva: "El informe (de Fidel Castro) fue un producto colectivo, basado en las discusiones en el Buró Político y en el Comité Central del Partido. Sus ideas fundamentales habían sido discutidas en el curso del año en todas las unidades lo-

Apenas cabe duda de que existen formas de trabajo colectivo y discusiones entre los miembros del núcleo central de la dirección cubana, agrupado básicamente en el Buró Político y en la Secretaría del PCC. Y es más que probable que el informe de ocho horas, pronunciado por Fidel Castro: fruto de ello, y que también haya sidr cutido por el Comité Central.

Sin embargo, no hay ningún indicio que permita sugerir que el partido comunista. cubano tiene una vida democrtica, y que su Congreso haya sido preparado democráticamente. Lo fundamental es que estas discusiones y estos debates en el seno del grupo dirigente, en las instancias dirigentes establecidas por los estatutos, no son conocidas, desgraciadamente, por el resto del partido. Sólo las conclusiones, una vez terminados los debates, se ponen en conocimiento del conjunto de militantes, en forma de un discurso, o en el caso de un Congreso, de un informe, que ulteriormente se sintetiza en forma de resolución.

En este terreno, los preparativos del 1 y II Congreso del PCC fueron exactamente similares. Los Congresos preparatorios de las instancias intermedias (particularmente los Congresos Provinciales), que eligen a los delegados para el Congreso Nacional, tienen siempre un carácter puramente formal. No se discute ningún texto, no se produce ningún debate político. En cambio, es la ocasión para tratar una serie de problemas puramente locales, confirmar la confianza que se presta a los principales dirigentes provinciales o nacionales (y surgidos de la provincia), y finalmente, ratificar la lista de delegados al Congreso Nacional. La

CUBA:

UN DEBATE

prensa cubana publica informes de estos

Congresos con todo alarde de detalles.

Así, pocas semanas antes del II Congreso, varios artículos dieron cuenta del Congreso preparatorio de la provincia de La

Habana. Asistieron los principales dirigentes nacionales. Las intervenciones del Secretario Provincial y la de Fidel Castro, la recep. in de los pioneros y de Arnolfo Tamayo, el primer cosmonauta cubano, ocuparon la mayor parte del tiempo de las sesiones del Congreso. Los debates se limitaron a algunas intervenciones que afectaban a problemas inmediatos y de orden técnico, como la modernización de una fábrica...

De todas maneras, decir que antes del Congreso tuvieron lugar debates en las estructuras de base del partido, no es falso. Fred Feldman habla de la discusión sobre las "ideas fundamentales del informe". De hecho, el marco de estas discusiones se asemeja más a una consulta planteada por la dirección sobre algunas cuestiones, y no todas, que van a tratarse en el informe principal, y no a un debate democrático sobre las orientaciones propuestas.

Algunos cuadros intermedios del PCC, que se reunieron en La Habana en las semanas anteriores a la celebración del Congreso, nos precisaron incluso que fueron principalmente las cuestiones económicas las que se sometieron a este procedimiento: las estructuras de base del partido están organizadas en los lugares de trabajo, y los debates afectaron sobre todo a los objetivos establecidos para el ramo de actividad de los militantes afectados por el proyecto del II Plan Quinquenal. Estas fuentes nos afirmaron, además, que se produjeron numesituación en América Central y en El Salvador.

Por tanto, hay que resituar en este marco

Página 32

limitado las "enmiendas" destinadas a precisar y, en menor medida, a modificar de-terminados aspectos de las cuestiones sometidas a consulta. Estas "enmiendas' son transmitidas por las instancias de base del partido a una comisión ad hoc, compuesta por miembros de la dirección, que decide soberanamente sobre el destino que se les reserva. Esta comisión no es una comisión del Congreso, sino una comisión de la, dirección, cuyos trabajos, de hecho, concluyen antes de la apertura del Congreso.

Pero es el desarrollo del propio Congreso el que ilustra mejor su carácter y su función: se trata de sancionar oficialmente, y Manota o dento the tor entrando hasta en los detalles, lo que ya se había alcanzado y establecido anteriormenque el tiempo consagrado a las intervenciones de los delegados era muy inferior al tiempo consagrado al informe. En su discurso final, Fidel Castro precisará que "han tomado la palabra más invitados extranjeros que delegados cubanos".

Y esos pocos delegados cubanos que tomaron la palabra habían sido seleccionados mucho tiempo antes, en función de criterios profesionales y geográficos, y sus intervenciones fueron todas ilustrativas del informe, perfectamente complementarias entre si. En este sentido, hablar de "las valoraciones del Congreso"", de las "conclusiones del Congreso", no responde en absoluto a la realidad. Tanto en el artículo de Fred Feldman como aquí mismo, hay que leer siempre, en lugar de "Congreso", 'Informe de Fidel Castro". Al margen de su importancia mucho mayor, el primer Congreso fue absolutamente idéntico a éste.

Más allá del Congreso, sería fácil multiplicar los ejemplos que ilustran la cuestión fundamental que Fred Feldman trata de saltarse a la torera: en los estatutos, el partido se concibe como una entidad monolítica. Se excluye el derecho de tendencia, así como el derecho de repercutir en las posiciones alternativas o divergentes en el conjunto de la organización. No se puede hacer un balance serio de un Congreso del PCC sin recordar esto, o peor aún, sugiriendo lo con-

Situados en este marco, sólo podemos estar de acuerdo con los comentarios y las sintesis ulteriores de Fred Feldman sobre el desarrollo y el refuerzo del PCC, o los cambios ocurridos en su composición social.

Pero por cierto, este crecimiento del número de obreros en las filas del PCC y en sus instancias, debe situarse en el marco de una concepción y de un funcionamiento del partido como entidad monolítica. Evidentemente, esto tiene sus implicaciones, en particular cuando Fred Feldman habla de una orientación dirigida a "incrementar el control obrero y la democracia obrera"

"Poder popular"

Resulta sorprendente que al sacar esta conclusión sobre la voluntad de 'incremen- Y en la práctica, cuando Fred Feldman evoca, a propósito de la lucha contra los peligros de burocratización, este aspecto esencial de la realidad política cubana que es el Poder Popular, retoma las caracterizaciones hechas por Fidel Castro ante los dele-

"Mediante los órganos del poder popular se crearon las condiciones más adecuadas para el ejercicio de la democracia socialista, la forma superior de la democracia, al facilitar institucionalmente la participación de las masas en el gobierno de la sociedad, tanto en los asuntos locales como en los asuntos nacionales". En ausencia de cualquier comentario o precisión, el lector, en efecto, sólo puede concluir que el autor del artículo hace suya esta caracterización.

La realidad del Poder Popular —es decir, según la definición que dan de él los propios dirigentes cubanos, el conjunto de las instituciones del Estado obrero establecidas desde 1976— es muy distinta. Se trata de un sistema organizado a nivel local por un lado, y regional y nacional por otro.

Las asambleas municipales (que suman el número de 174 para el conjunto del país) son la estructura local y de base del Poder Popular. Están encargadas de hacer que se apliquen las leyes, de organizar y reglamentar la vida municipal. Tienen la responsabilidad, a este nivel, de la organización y del funcionamiento de las administraciones, en particular las encargadas de los diferentes sectores de la actividad económica.

Las asambleas municipales designan, sustituyen o destituyen a los responsables administrativos y a los directores de empresas de carácter local. También eligen y revocan a los jueces de los tribunales populares de su ámbito. Estas son las funciones más importantes y significativas de estas asambleas, que por lo demás delegan numerosas tareas en comisiones especializadas elegidas

Estas asambleas están compuestas de delegados (de 30 a 400), cada uno de los cuales representa a una circunscripción. La media nacional es de 500 a 600 electores por circunscripción. Al abrirse el procedimiento de designación de candidatos, antes de unas elecciones, las circunscripciones se subdividen en zonas que generalmente coinciden con la (o las) zona(s) de actividad de un (o varios) CDR (Comité de Defensa de la Re-

Cada zona debe proponer a un candidato delegado, elegido por la Asamblea General de electores de la zona, sobre la base de las propuestas hechas en el transcurso de esta asamblea, por los electores y únicamente por ellos. La trayectoria individual, la biografía, constituyen criterios fundamentales de esta elección. Los candidatos propuestos por las diferentes zonas de la circunscripción constituyen las listas de candidatos pra la circunscripción en su conjunto. El delegado será elegido mediante votación a dos vueltas, si ningún candidato recoge una mayoría absoluta de votos en la primera, después de una "campaña electoral"' centrada también en la biografía de los candidatos.

Una vez electo, el delegado deberá ejercer su actividad, no remunerada, fuera de su horario de trabajo. Esta actividad tiene un doble carácter: como miembro de la asamblea municipal del Poder Popular, con todas las actividades asamblearias o delegadas por la Asamblea; por otro lado, la representación de la zona en que ha sido elegido el delegado. Más o menos cada trimestre, el delegado debe rendir cuentas ante sus electores, en el marco de una asamblea general en que éstos se reúnen, sobre la actividad de la asamblea municipal en su conjunto, y su actividad específica como representante de

La realidad y el contenido del Poder Popular a nivel local están indisolublemente vinculados a la actividad de los CDR. Más de veinte años después de su creación, para movilizar al pueblo en la perspectiva de un ataque imperialista, los CDR, con sus 5 millones de miembros (es decir, más del 80% de la población comprendida entre los 14 y 65 años) constituyen aún hoy la organización de masas fundamental en Cuba.

En su informe al II Congreso, Fidel Castro presentó los CDR como una contribución original de Cuba a la experiencia del movimiento obrero internacional. En efecto, apenas tienen equivalente en otros Estados obreros: en su seno están estructuradas las masas, calle por calle, y ahí se movilizan, participan regularmente en actividades sociales o de "vigilancia", en reuniones de formación o de discusión política.

Por tanto, no son "electores pasivos", sino más bien "ciudadanos organizados en

', los que proponen y eligen al candidato, discuten sobre sus actividades o incluso lo revocan, hasta tal punto es cierto que el derecho de revocación no sólo existe en el papel; ha sido ejercido efectivamente en un número de casos nada despreciable.

Las cuestiones debatidas por los delegados en la asamblea municipal y sobre las cuales pueden actuar, al igual que las cuestiones debatidas entre el delegado y sus electores, son de carácter estrictamente local: abastecimientos, red viaria, transportes, diversiones, por ejemplo. Pero todas son cuestiones que afectan a la vida cotidiana de la población y no cabe duda que las instancias del poder popular municipal, sobre todo gracias a las intervenciones de sus delegados, han remediado de forma significativa las dificultades más candentes de la vida

Página 33

cotidiana en Cuba.

A nivel municipal, y en torno a los problemas locales y de la vida cotidiana de la población, el poder popular estimula por tanto una mayor participación de las masas y favorece indudablemente su intervención activa. En este marco preciso, y siempre a nivel municipal, el carácter democrático del poder popular viene ilustrado por el sistema electoral, que permite una elección real entre distintas opciones, y el derecho permanente a la revocación de los elegidos, que

A nivel regional, y sobre todo nacional, la realidad del poder popular es muy distinta. Los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, así como los delegados de las asambleas regionales, son elegidos en segundo grado por los miembros de las asambleas municipales. No necesariamente proceden de éstas, aunque se considera que deben representarlas. Así, pueden ser diputados personas que no hayan sido elegidas por el sufragio popular a nivel municipal. De este modo, una importanțe proporción de candidatos a diputado (proporción que sin embargo no puede ser superior al 50%), es designada por el aparato central del Partido en nombre de una necesaria "compe-

En este contexto, la rendición de cuentas y el control de actividades, el procedimiento de nombramiento y la posibilidad de revocación, ya no tienen nada que ver con lo que son a nivel municipal: ahora ya son sobre todo a cualquier control real por parte de las masas. De hecho es el aparato central del Partido el que dispone a este nivel de la iniciativa y del control.

Por tanto, hay que concluir que si a nivel local el "Poder Popular" favorece una participación real de las masas, a nivel regional y sobre todo nacional, esta participación, con poderes de decisión efectivos, no existe. En lugar de ello, se institucionaliza el papel dirigente del Partido, y en la práctica, de su aparato central.

Esto viene ilustrado y reforzado a la vez por dos aspectos. El primero es el criterio que preside a todos los niveles la elección de los candidatos. Criterios biográficos, y jamás criterios de orientación política, inconcebibles en la medida en que no existe un debate de orientación. Por lo demás, esto es precisamente por lo que este criterio biográfico presidió la elección de los delegados del Congreso.

A nivel municipal, tanto los procedimientos de selección como las funciones del delegado se adaptan a este criterio. A nivel nacional, en ausencia de toda posibilidad de control por parte de las masas, la buena biografía, la "entrega a la Revolución", sin haber perdido su contenido, sólo puede confundirse muy rápidamente con una entrega, que va hasta el seguidismo, con respecto al aparato central del Partido.

El segundo aspecto es el modo de funcionamiento de las asambleas regionales, y sobre todo de la Asamblea Nacional. Las sesiones plenarias de esta última se celebran dos veces al año, y duran varios días. Las cuestiones más importantes se tratan ninguna discusión, lo que confiere a esta asamblea nacional del Poder Popular todas las características, incluso hasta llegar a la caricatura, de una oficina de registro.

En su artículo, Fred Feldman cita el discurso pronunciado por Fidel Castro en la clausura de la segunda sesión de la Asamblea Nacional del año 1980. Sin duda no se le escapó que dicha sesión, que duró dos días, votó, sin debate alguno, un importante número de textos que en el fondo no eran otra cosa que los decretos de aplicación de orientaciones adoptadas (también sin debate) por el II Congreso del PCC algunos

En los municipios, en los barrios, Poder Popular, que se combina con los CDR, expresa y favorece la permanencia de la movilización de las masas cubanas. De formas quizás más significativa que las marchas o las gigantescas concentraciones, prueba con su funcionamiento que el apoyo de que goza la dirección castrista sigue siendo igual de masivo.

Ilustra la voluntad de esta dirección de mantener e incluso incrementar esta movilización; de su conciencia de que ahí reside la fuerza fundamental de la revolución, particularmente frente a las amenazas imperialistas, como dijo y repitió Fidel Cast.

Gracias a las instancias locales del Poder Popular, finalmente, los dirigentes cubanos contra la ineficacia administrativa, el despilfarro, la incompetencia, los "pequeños privilegios" de los cuadros locales, es decir, lo que ellos llaman el "burocratismo" y que

¿Pero se trata de un verdadero sistema de democracia socialista, como parece querer hacernos creer Fred Feldman cuando en este punto se esconde discretamente detrás de Fidel Castro? Evidentemente no. No existe una democracia socialista real si no hay una participación efectiva de las masas en la dirección política y en la determinación de las opciones fundamentales, económicas, sociales, internacionales, culturales, etc., a todos los niveles, si no está asegurado que puedan expresarse diversos puntos de vista, como nos muestra en positivo la experiencia de los soviets, en los primeros años de la Revolución rusa.

En Cuba no hay nada de esto. El Poder Popular, más allá del nivel local y de sus problemas, no permite una auténtica participación de las masas, ni cuenta a fortiori con poderes de decisión efectivos. En este sentido, el sistema de poder popular, con sus aparentes contradicciones, con sus limitaciones, ilustra, y en muchos aspectos sintetiza, la situación en que se encuentran las masas cubanas con respecto a su organización y a sus relaciones con la dirección

Si tenemos en cuenta las principales organizaciones de masas surgidas de la Revolución, llegaremos a conclusiones análogas a las que hemos sacado en el tema del Poder Popular. Registran en la mayoría de los casos una participación activa, e incluso

Men los periodos de intensa movilización. en principio un funcionamiento democrático a nivel local y sectorial, pero no implican en absoluto la posibilidad de participación de estas masas, cualquiera que sea la forma, en la toma de las decisiones centrales. En última instancia, esta posibilidad sólo la tiene el grupo dirigente del Partido Comunista Cubano..

Tanto si se trata del sindicato, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), o de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), de la Federación de "Estudiantes (FEU), de la Federación de Estudiantes de Enseñanza Media (FEEM), como, a otro nivel, de las organizaciones llamadas "sociales" , tan dispares como la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC) o la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), este esquema se repite por encima de las especificidades de cada una de

Pero no cabe duda que la contradicción resulta más llamativa y más simbólica al nivel de los CDR. Por un lado, agrupan, como ya hemos visto, a la gran mayoría de la población potencialmente activa; son una estructura donde se organizan, se movilizan y se educan también las amplias masas. Constituyen, entre otras cosas, un eslabón fundamental para la participación de éstas en las instituciones locales del Poder Popular. Por otro lado, sus primeras reuniones a escala nacional sólo tuvieron lugar 17 años después de su fundación, y sólo se trató de una reunión formal, sin ningun verdadero contenido político.

De hecho, el Poder Popular corresponde muy bien a la concepción "verticalista" y "paternalista" que tienen los dirigentes cubanos de sus relaciones con las masas. Fidel Castro y el núcleo dirigente central que lo rodea no son la expresión de una casta burocrática privilegiada con intereses antagónicos con los de las masas. A diferencia de la Unión Soviética, en Cuba no existe una capa cristalizada de 'estas característi-

Al contrario, a través de sus opciones, tienden en general a tener en cuenta las preocupaciones, las necesidades y los intereses de las masas cubanas. Esto explica el apoyo masivo de que siguen gozando 22 años después del triunfo de la Revolución. En este marco, están profundamente convencidos de que la movilización de las masas es la fuerza principal de la Revo-

Página 34

Cuba lución, la mejor garantía, no sólo de su supervivencia, sino también de su extensión. La actual campaña de organización, a gran escala, de milicias territoriales, y el contenido de los discursos recientes pronunciados por Fidel Castro para impulsar esta constituyen una prueba

Pero la organización autónoma de las masas, la autoorganización obrera, son ajenas a la concepción que tienen los dirigentes cubanos de lo que debe ser la movilización. Por esta razón, si bien la favorecen y la asunto de ellos fijar sus objetivos, sus mo-. dalidades y, si es necesario, sus límites.

De ahí que si bien han fomentado estos últimos años un verdadero renacimiento de diversas organizaciones de masas, en primer lugar la CTC, desde su Congreso de 1973, este renacimiento queda limitado básicamente a las instancias de base, a nivel local o sectorial. De ahí que la institucionalización realizada a partir de 1976 aparezca tan contradictoria, con sus estructuras locales de Poder Popular, que favorecen a este nivel la intervención activa de las masas; además, con sus estructuras nacionales que institucionalizan la iniciativa y el control del Partido, de hecho de su núcleo dirigente, sobre todas las opciones fundamentales.

En este sentido, cuando en el pasaje que asume como propio Fred Feldman, Fidel Castro explica que los "órganos del Poder Popular han creado las mejores condiciones posibles para el ejercicio de la democracia socialista", es sincero y coherente: su concepción de lo que denomina la "democracia autónoma y democrática de las masas, de tipo soviético, la autoorganización de la clase obrera, que sin embargo son las únicas garantías de su verdadera posibilidad de decidir a todos los niveles.

En lo que se refiere a Fred Feldman, la cuestión sigue en pie: ¿Acaso ignora las realidades del Poder Popular cubano, que hemos citado más arriba, o comparte realmente el análisis según el cual se trata de las: "mejores condiciones posibles para el ejercicio de la democracia socialista?" Además, olvidar que el pluralismo teórico, ideológico, político y cultural es parte integrante de la democracia socialista. En sus discursos más consecuentes contra la burocracia, en el transcurso de los años 1960, Fidel Castro había subrayado, a justo título, que la Revolución debia escuela de libre pensamiento, sin ninguna traba ("unfettered thought"). Esto correspondía en buena medida a la realidad que se el transcurso del

Hoy en día, esto ha cambiado mucho. No hay debates públicos, ni orales ni escritos.

En las librerías públicas sólo se encuentra literatura oficial, cubana o soviética. Ya no hay ninguna obra de autores marxistas extranjeros que no sean miembros de un PC prosoviético (salvo los sandinistas). Esto no sólo se aplica a los autores que se reclaman del marxismo revolucionario, sino incluso a los autores del PC italiano, mexicano, francés, que se permiten la mínima crítica con respecto a la burocracia del Kremlin. "Peligros burocráticos" y opciones económicas

Esta referencia, tan breve como desgraciada, al Poder Popular aparece al final del

Men el artículo, a los "peligros burocráticos" y al "arma más poderosa" para combatirlos, "la movilización de una clase obrera consciente de sus intereses de clase e internacionalista"

Sólo podemos estar de acuerdo con Fred Feldman cuando empieza subrayando las

'en un estado obrero económicamente subdesarrollado" y relativamente aislado, conducen a "inevitables desigualdades y a un cierto grado de diferenciación social"

Pero no podemos estarlo cuando inmediatamente después toma como ejemplo de factor objetivo lo que es una opción política de la dirección cubana: "Por ejemplo, escribe, algunas de las medidas que resultaron necesarias para estimular la productividad y elevar el nivel de vida, como el desarrollo de las primas y de los estímulos materiales, contribuyeron a incrementar las diferencias de ingresos entre los obreros y los campesinos".

Apenas cabe duda que las medidas adoptadas, no sólo las más recientes, sino las que se tomaron varios años antes para estimular una productividad dramáticamente baja, contribuyen al incremento de las diferencias de ingresos, no sólo entre los obreros y los campesinos, sino sobre todo entre obreros

By agricolas, entre cuadros contrariamente a lo que permite pensar la argumentación de Fred Feldman, estas medidas no son, repitámoslo, un dato de la situación objetiva, sino que son fruto de opciones políticas globales tomadas por la organización y de gestión económica.

Un poco más adelante, Fred Feldman recuerda correctamente que fue después del fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar, en 1970, cuando los di-

"tomaron las para institucionalizar la participación de las masas" y para "poner orden en la economía". De esta "puesta en orden" de la economía no dirá nada más.

tima, pues el análisis de las medidas adoptadas demuestra que se trata también de

Aplicadas en el transcurso de los años

1971, 1972 y 1973, constituyen un punto coherente que estará en el origen de la progresiva instauración, despues Congreso del PC Cubano y hasta ahora, del nuevo "sistema de dirección y planificación de la economía". Esto muestra su importancia. De hecho, estas medidas fueron el fruto de una reorientación económica, reafirmada y sistematizada desde entonces, particularmente por los dos Congresos del PCC. Podemos clasificar estas medidas en cuatro grandes categorías:

a)El retorno, bajo la autoridad de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), a una planificación centralizada, que había sido abandonada en los años anteriores, en beneficio de la política de los "miniplanes" no coordinados entre sí y aplicables a sectores específicos de la actividad económica. Se trata ahora de poner fin al despilfarro y a la ineficacia de las inverb) Una revisión del conjunto de la organización del trabajo, introduciendo una jerarquización y una disciplina más estrictas en las unidades de producción. Se trata de reforzar la autoridad de los cuadros y de los

Pero sobre todo, en lo que se refiere a la lucha por mejorar la productivirestablece progresivamente sistema de normas, a escala más generalizada. Paralelamente se adopta una ley que prevé fuertes sanciones contra los que no trabajan (ley de vagancia), mientras que se reduce la importancia del trabajo voluntac)Una Teorganización de la política salarial, que concede la prioridad a los estímulos materiales individuales, que se vinculan estrechamente a la productividad. Los salarios, a su vez, quedan progresivamente vinculados a las normas. Si el trabajador cumple su tope, recibirá la integridad del salario que le corresponde, si no lo cumple, su salario disminuirá proporcional-

Las concepciones igualitarias que prevalecían durante los años 60 están en tela de

"Pagar el mismo salario por el mismo tipo de trabajo, sin tener en cuenta el esfuerzo productivo implicado, es un igualitario corregir", declarará Fidel Castro en el discurso de clausura del XIII Congreso de la CTC. En este discurso (1973), anuncia que se importarán coches para venderlos a los cuadros técnicos, "con el fin de incrementar su productividad". Y un poco más tarde, con este mismo espíritu, se desbloquean importantes créditos especiales para mejorar los ingresos de los técnicos y de los directores de empresa, también en contradicción con ellas, establece una política de reducción de la moneda en circulación. El aumento del poder adquisitivo, a partir de aplicarse las primeras grandes medidas sociales de la

Página 35

Revolución, por un lado y la fuerte reducción de los abastecimientos de bienes de consumo, por otro, habían significado un crecimiento considerable de la cantidad de moneda en circulación, con su corolario en semejante contexto: el mercado negro.

Así, se toma la decisión, tanto de reducir la demanda, como de incrementar la producción de bienes disponibles. Para reducir la demanda, se aumentan algunos precios, se abandona el proyecto de abolición total de los alquileres, pero sobre todo se anula un nuevo aumento de los salarios bajos, previsto desde hacía tiempo.

categorías de trabajadores, beneficiaban de ventajas específicas, ven

Men el marco de las resoluciones sometidas a la Congreso de la CTC: los trabajadores del azúcar, que apenas trabajan más de 6 meses al año, ya no reciben uña garantía de salario anual; asimismo, los "trabajacures de vanguardia" pierden la garantía del 100% del salario en caso de incapacidad o jubilación.

Si dejamos a un lado el indispensable retorno a una planificación centralizada, que es una medida global que tiene un carácter distinto, y que debe situarse en el contexto de desorganización total a que había conducido la política aplicada a finales de los años 60, los otros tres paquetes de medidas constituyen coherente. Más allá del necesario "relanzamiento de la economía", cada uno de ellos destinado a remediar, de complementaria, el problema central de la bajísima productividad del trabajo. centralmente planificada, en que los medios de producción son propiedad existen, al margen de los problemas de mo-.

del aparato productivo, dos posibles políticas para mejorar la producti-

•la que combina el estímulo material individual de los trabajadores, y por tanto necesariamente la competencia entre ellos y el desarrollo de desigualdades, junto con el refuerzo de la disciplina laboral y por tanto de la autoridad jerárquica;

•la que considera que no podrá lograrse ninguna mejora de la productividad, a largo plazo, sin plantear el verdadero problema:

el de la insuficiente "conciencia económica" de los trabajadores. En este contexto, sólo su participación en la elaboración de las grandes opciones económicas, así como en la gestión cotidiana de empresa, permite elevar este nivel de "conciencia económica". La planificación democrática, la autogestión a nivel de las unidades de producción, son los instrumentos básicos de tal política.

Es evidente que los dirigentes cubanos han optado por la primera alternativa, la que pretende remediar el problema de la productividad del trabajo ahorrándose la creación de un auténtico poder obrero organizado. Es posible que se nos objete que se trata de opciones antiguas. Que los años durante los cuales se tomaron todas estas medidas fueron una "pausa" en el desarrollo revolucionario en Cuba. Que desde entonces, y en particular desde la victoria

Men Nocaragua, hay un nuevo ascenso de la movilización de masas, una extensión, una radicalización de la Revolu-

Sin embargo, a medida que se observaba efectivamente importante de la movilización de masas, en torno a cuestiones como el apoyo a los prøcesos revolucionarios en otros países (Nicaragua, El Salvador...) o a la defensa del Estado obrero cubano frente al imperialismo —movilizaciones que la dirección castrista misma contribuyó a impulsar-, estas opciones políticas que afectan a la gestión económica no sólo se veían confirmadas, sino sistemațizadas y extendidas.

Este es el significado del nuevo "sistema de dirección y de planificación de la economía", adoptado en sus líneas maestras con ocasión del I Congreso del PCC en 1976, y aplicado progresivamente desde entonces.

Este sistema ha sido, durante estos tres últimos años, y lo seguirá siendo al menos durante los dos próximos años, una de las preocupaciones prioritarias del gobierno y de la dirección castrista. En su informe al II

Fidel Castro le consagró una parte importante de la exposición. Resulta que en su artículo, Feldman ni siquiera menciona lo que + todas luces un dato esencial para juzgar la dinámica interna de la sociedad cubana.

Recordemos que se trata de un sistema de economía planificada y "'basado en las leyes económicas objetivas que actúan en la etapa de construcción del socialismo" particularmente en "la ley del valor y las monetarias-mercantiles generalizadas", , de un sistema que se inspira en las orientaciones adoptadas en otros

Estados obreros burocratizados a partir de mediados de los años 60, y de las propuestas de economistas soviéticos de la escuela consiste en convertir el "beneficio" en el indice fundamental de la realización del plan; de un sistema que prevé la concesión de una amplia autonomía a las empresas, incluyendo el empleo de los fondos puestos a su disposición por el Estado, y esto bajo la autoridad no compartida del director.

Los trabajadores, a través de sus representantes sindicales, sólo participan en la toma de decisiones relativas a la distribución del fondo social y del fondo de primas.

como factor regulador de la producción, y por tanto de determinación de las inversiones, al combinarse con la mayor autonomía de las empresas, podría provocar una desorganización de la planificación. Sobre todo

Cuba en el plano social, sólo pueden introducir nuevas desigualdades entre diversos sectores de la clase obrera, así como entre obreros y "responsables" técnicos o administrativos.

La reforma general de los salarios, que responde a las necesidades de este nuevo "sistema", significa ya una nueva ampliación del abanico salarial, aunque se hayan aumentado los salarios más bajos. Al mismo tiempo, las primas y estímulos materiales se extienden de nuevo.

Estas medidas no son "inevitables en un Estado obrero económicamente subdesarrollado". Se derivan de una orientación cuya organización económica sólo es uno de sus aspectos. Incrementar la productividad pasa en particular por una elevación significativa y duradera del nivel de "conciencia económica? de los trabajadores. En el informe de Fidel Castro hay apartados en que lo reconoce.

Pero ¿cómo plantear esta elevación del nivel de la 'conciencia económica" de la masa de trabajadores sin su participación en la determinación de las opciones fundamentales y de las formas de su aplicación? Además, esto significaría necesariamente la posibilidad de una libre discusión pública, y por tanto la posibilidad de que hubiera debates abiertos en el seno del Partido y de las organizaciones de masas. cont: Jictorias que caracterizan al Estado obrero cubano son el fruto combinado de las consecuencias, tanto de los datos objetivos e históricos, como de las opciones tomadas por la propia dirección castrista.

Dos decenios de combate contra el subdesarrollo económico son muy poco en comparación con los muchos siglos de explotación limitado de las fuerzas productivas, el peso relativamente restringido, pese a su crecimiento significativo, de un proletariado con débiles tradiciones culturales, la penuria de

Estos son algunos de los factores objetivos que operan en el sentido de favorecer la burocratización del Estado obrero cubano

Esta tendencia se expresa en una capa de

—de burócratas-, que gracias a los puestos de mando o de control que ocupan en las estructuras del Estado, del ejército y del partido, gozan de privilegios sociales. Pero repitamos que no se trata, no obstante, de una casta burocrática privilegiada que tenga intereses antagónicos con los de las masas.

grupo dirigente encabezó la lucha revolucionaria contra la dictadura de Batista, contra la dominación y posteriormente la política agresiva del imperialismo, no es la expresión de esta capa de cuadros "burocratizados", no adopta el punto de vista de la defensa de sus intereses

Página 36

y no ha tomado la opción consciente de actuar para consolidaria y reforzarla. Sin embargo, con algunas de sus opciones crea, como acabamos de ver, un terreno favorable para su consolidación y refuerzo.

Hay, entre otros, dos factores que al combinarse se encuentran en buena medida en el origen de estas opciones. Por un lado, la concepción "verticalista", "paternalista", que tienen los dirigentes cubanos de sus relaciones con las masas, y que excluye toda idea de una auténtica autoorganización de los trabajadores y de las masas á todos los niveles. Por otro lado, la importancia del peso de la Unión Soviética en la economía cubana, y más en general su influencia en numerosos sectores de la sociedad cubana.

Por ejemplo, es también la ausencia de tradiciones y de investigación en Cuba, en relación con la planificación y la organización de la economía, la que llevó a los dirigentes cubanos a orientarse hacia la Unión Soviética y hacia las experiencias y los modelos aplicados por la burocracia soviéti-

En muchos otros terrenos se han tejido también numerosos lazos bilaterales: evidentemente políticos, pero también técnicos, científicos, culturales, artísticos... y por evidentes razones funcionales, estos lazos existen ante todo con esta capa de cuadros intermedios en que influye la burocracia soviética al ofrecerle sus valores, sus métodos y sus concepciones.

Un terreno en que esto ya tiene las más graves consecuencias, es el de la enseñanza: las ciencias sociales, la filosofía, la economía, el "marxismo-leninismo" se enseñan a una generación entera de alumnos y estudiantes cubanos sobre la base de manuales inspirados en los textos soviéticos.

O bien autoorganización democrática de las masas, o bien confiscación de la Revolución por una casta burocrática (que contribuyó a crear las opciones anteriores, con sus prolongaciones sociales), esta es a plazo la alternativa para los dirigentes los revolucionarios cubanos. Los marxistas revolucionarios no deben ocultarlo. La política internacional del PCC

La etapa actual de la situación internacional, las orientaciones y tareas que se derivan para el Estado obrero y el Partido Comunista Cubano, aún confundidos entre sí, ocuparon un lugar importante en el II Congreso, tanto en el informe central de Fidel Castro como en su discurso de clausura, cuyo eje fue precisamente la dimensión "internacionalista" del Congreso. Las especificidades y contradicciones internas del Estado obrero cubano se reflejan naturalmente en su política internacional. Las conclusiones de este Congreso lo ilustran de' nuevo.

El informe de Fidel Castro incluye un balance global de la situación mundial. Su línea maestra es la evolución de la relación de fuerzas en detrimento del imperialismo, desde el I Congreso del PCC, celebrado 5 años antes. La apreciación, no obstante, no es triunfalista, ni mucho menos. registradas estos últimos 5 años no deben falsear nuestra visión de la situación internacional e inducirnos al error. Grandes peligros planean hoy sobre la paz y la liberación nacional de los pueblos. Las amenazas que esgrimen los sectores más reaccionarios del imperialismo para la distensión internacional no han dejado de concretarse... explica. Y añade que en este contexto, la elección de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos es una señal de que estos peligros van a crecer, en particular en América Central y en el Caribe.

Frente a las nuevas amenazas que pesan por tanto sobre el Estado obrero cubano, el Il Congreso reafirma con nuevo vigor la tradición de lucha intransigente contra el imperialismo, particularmente el norteamericano, que es propia de la Revolución cubana desde sus orígenes.

"Si un día tuviéramos que escoger entre la traición o la muerte, preferiríamos mil veces la muerte", exclamaría Fidel Castro, en el discurso de clausura y después de reafirmar la necesidad de prepararse para

La decisión de acelerar la creación, escala masiva, de "milicias territoriales" anunciadas a bombo y platillo, ilustra, por si hacía falta, la tenacidad muy concreta y la intransigencia de la dirección castrista en la respuesta. Fuera de Cuba, la respuesta a eventuales agresiones del imperialismo debía apoyarse, según Fidel Castro, en la radicalización de las luchas en América Latina, asegurando a cualquier precio la integridad del "campo socialista".

En lo que se refiere a América Latina, Fidel Castro analiza los cambios producidos en la situación del continente desde 1975 a partir de las "sonadas victorias populares de Nicaragua y Granada" de la "lucha irresistible de los pueblos de El Salvador y Guatemala", , de la "feroz resistenci del pueblo chileno", de las "luchas herói desarrolladas en "huelgas sin precedentes" en Perú, Colombia y Ecuador, así como la "lucha constante" de los trabajadores argentinos.

generalmente, considera que la combatividad de las masas ha alcanzado un nivel "sin precedentes" en el continente. En este contexto, da una importancia muy particular, que en sentido es nueva, al surgimiento de la clase obrera como factor decisivo de las luchas antiimperialistas y anticapitalistas del conti-

A pesar de las amenazas imperialistas y los riesgos que corre, la dirección castrista ha decidido claramente explotar esta nueva situación. Durante los últimos tres años; y sobre todo desde la victoria del FSLN en Nicaragua, su política con respecto a una serie de países latinoamericanos se ha reorientado en el sentido de prestar una ayuda activa a las fuerzas revolucionarias que se organizan y a las luchas que se producen.

No escamoteó esta ayuda al FSLN nicaraguense. En primer lugar, había favorecido ampliamente la reunificación y, tras la victoria de la insurrección, se comprometió a fondo para contribuir, aún a costa de importantes sacrificios, a recons-

En El Salvador desempeñó un similar en cuanto a la concreción de la fuerzas revolucionarias, fuerzas a las que presta un apoyo muy significativo. En esta lista, que es muy larga, de acciones de solidaridad con los revolucionarios del hemisferio, hay importancia de su apoyo al nuevo régimen en el poder en Granada. El mensaje del II Congreso carece de ambiguedades. A pesar de las amenazas, y mostrándose dispuestos a resolver su litigio con los Estados Unidos, los dirigentes cubanos no están en modo alguno dispuestos a comerciar con sus iniciativas internacionalistas, en cuya primera fila colocan su solidaridad con los revolucomprometen, y si es necesario se comprometerán aún más a fondo, en la tarea de obligar al imperialismo a renunciar a su criminal empresa.

Y en caso de que no lo hiciera, arrastrarlo a un nuevo Vietnam; en otras palabras, derrotarlo. Está claro que la dirección cubana apuesta hoy por la extensión de la revolución en América Latina, extensión que considera necesaria y posible hoy, y que en última instancia constituye la única garantía real de la supervivencia, aunque también de la profundización, de la Revolución en la propia Cuba.

Es evidente que no se trata de una orientación conservadora de una casta burocrática, preocupada por la defensa de sus intereses.. Al contrario, se trata de una orientación destinada a contribuir de forma importante a la victoria de la Revolución en el subcontinente americano.

—No obstante, esto no significa, incluso en lo que respecta a América Latina, que esta política carezca de contradicciones. Es un error "olvidarlas"... o negarlas.

Los dirigentes cubanos mantienen su política de apertura hacia gobiernos que caracterizan —y este es el problema-, de "progresistas" "antiimperialistas", cuando no de "revolucionarios", como es el caso del régimen mexicano. Semejante actitud, y en particular debido al prestigio revolucionario de Cuba, sólo puede complicar, por ejemplo, la tarea ya difícil de los que luchan en México por el objetivo capi-

Página 37

tal de la independencia política del movimiento obrero frente a la burguesía.

Si Fred Feldman tiene razón al subrayar la importancia nueva que tiene a los ojos de Fidel Castro la clase obrera latinoamericana, es lamentable que no haya considerado la necesidad de observar que esta reorientación excluye de hecho a una de las tres clases obreras más numerosas de América Latina.

En otros casos, y pese a rectificaciones parciales, la orientación sigue siendo ambigua; citaremos dos ejemplos. En lo que se refiere a Argentina, los dirigentes cubanos denuncian, por supuesto, crímenes de la dictadura. Pero lo hacen en términos moderados y muy diferentes de los que aplican a Chile y a Bolivia, por ejemplo. Es evidente que quieren evitar entrar en conflicto con las orientaciones de la Unión Soviética, que como se sabe tiene excelentes Partido Comunista Argentino.

Finalmente, en lo que se refiere al Perú, no aparece ningún indicio de que se hace un balance crítico del apoyo que se prestó durante muchos años al régimen burgués del populismo militar, caracterizado en su tiempo de "revolucionario" cuando mantenía en prisión a muchos dirigentes obreros y campesinos, entre ellos a Hugo Blanco. Angola, Etiopía

A propósito de la política africana de Cuba, sobre la que se ha explayado mucho Fidel Castro, hay que subrayar con razón el carácter antiimperialista de la intervención en Angola y su amplitud excepcional, en comparación con los escasos recursos del Estado obrero cubano, incluyendo la ayuda militar cubana contra los ataques actuales de Africa del Sur y de la UNITA. africana, si nos atenemos al artículo de Fred Feldman, carece de contradicciones. Sin embargo, es indudable que tras la victoria sobre las fuerzas del imperialismo, la presencia de las tropas cubanas en Angola no constituye ya únicamente una frente a un eventual contrataque. También permanecian allí para prestar político sin reservas a un régimen que, pese a su retórica oficial y a la caracterización que hacen de él los dirigentes cubanos, no tiene nada de socialista: en realidad, construye un Estado neocolonial en el contexto de un compromiso con el imperialismo. Además, es un régimen que no ha dudado en recurrir a la represión contra determinadas corrientes del movimiento de masas. En este contexto, el juicio sobre el significado de la presencia de las tropas cubanas no podía y no puede ser el mismo.

En cuanto a Etiopía y al papel que desempeñan allí las tropas cubanas, las conclusiones que deben extraerse deben ser básicamente análogas. Aunque los cubanos no estén directamente comprometidos en la campaña de Eritrea, dada la importancia de su presencia y particularmente del apoyo logístico que implica, su papel no puede describirse, en efecto, con la mera insistencia en el hecho de que no intervienen en los combates. De hecho, los dirigentes cubanos se han puesto del lado de la reaccionaria OUA (Organización de la Unidad Africana) para negar, en nombre del principio de la intocabilidad de las fronteras heredadas del colonizador, el derecho de autodeterminación del pueblo eritreo.

El "olvido" de estos aspectos contr: torios, la aprobación sin reservas, que esto refleja de la política cubana en Africa, debe relacionarse con la apreciación positiva que hace Fred Feldman no sólo de la actividad de los cubanos en el seno del Movimiento de los No Alineados, sino también sobre la actividad del Movimiento mismo, en particular duramte su última conferencia. El Movimiento de los No Alineados

En su informe al Il Congreso, Castro dio un lugar significativo al Movimiento de los No Alineados, cuya VI Conferencia de Jefes de Estado se celebró en La Habana en Septiembre de 1979, y de la que desde entonces Cuba ejerce la presidencia. Para él, este Movimiento reafirmó su "carácter antiimperialista" y su posición independiente en dicha Conferencia.

Fred Feldman, a su vez, se contenta con subrayar la heterogeneidad del Movimiento de los No Alineados: "El gobierno cubano ha luchado dentro del Movimiento de los No Alineados por posiciones antiimperialistas firmes en las cuestiones políticas claves, trazando una línea de demarcación entre aquellos gobiernos que apoyan estas posiciones y aquellos que más abyectamente se arrodillan ante la política de Washington y las demás políticas imperialistas"

Sin embargo, en cuanto a la caracterización global, parece aceptar la de Fidel Castro y los dirigentes cubanos... Afirma incluso que "las decisiones" adoptadas por la Conferencia de La Habana "fueron las más punzantes denuncias de Washington que jamás han sido adoptadas en una importante conferencia gobiernos mundiales, incluyendo las conferencias anteriores del Movimiento de los No Alineados".

Es cierto que las resoluciones votadas en La Habana son más radicales que las que se habían votado en reuniones anteriores, particularmente en la V Conferencia de Jefes de Estado, celebrada en Colombo. Se condenan los acuerdos de Camp David, así como la política de Anuar el Sadat. Se reconoce plenamente a la OLP. La Conferencia reclama la evacuación de la base norteamericana de Guantánamo en Cuba, y la independencia de Puerto Rico. La reciente caída de Somoza es saludada como una victoria, incluso por gobiernos que pocos meses antes aún, le prestaban su

Pero es imposible limitarse a esta constatación o especular sobre los efectos de tal si no se tiene en cuenta la naturaleza de la gran mayoría de gobiernos presentes, y la naturaleza social de los Estados a que representaban.

Las mociones adoptadas en La Habana

"radicalización" de los gobiernos burgueses llamados "no alineados", ni la "decisión" suya de emprender antiimperialista el deterioro sucesivo de la relación de fuerzas en detrimento del imperialismo, después de que su derrota en Indochina abriera un nuevo período.

deterioro tratan de beneficio las burguesías semicoloniales, no en un sentido antiimperialista, es decir, al imperialismo, reforzar su poder a partir de una redistribución de los beneficios más favorable para ellas. En este contexto reflejan también el nuevo ascenso del movimiento de masas en un número significativo de países coloniales, que lleva a las burguesías afectadas a adoptar un lenguaje más "antiimperialista" y más radical, en la perspectiva de contener y, si es posible recuperar, su impulso.

Pero no por ello hay que caer en el sectarismo y considerar que los dirigentes cubanos cometen un error al intervenir en el Movimiento de los No Alineados. Un Estado obrero y su gobierno tienen razones para maniobrar en el campo del enemigo clase, para tratar de dividirlo, también en el terreno diplomático. Además, mientras no haya triunfado la revolución socialista en los principales países del mundo, estas maniobras son una de las condiciones de supervivencia de un Estado obrero.

Página 38

Que Fidel Castro utilice el nuevo ascenso de la revolución en los países semicoloniales, ' desde Etiopía a Irán, y desde Irán a Nicaragua, para acentuar las contradicciones entre la burguesía semicolonial y la burguesía - imperialista, y que para ello no rechace por principio ninguna maniobra, ningún compromiso, es correcto e incluso razona-

Esto únicamente con una condición: que estas maniobras y estos compromisos. no obstaculicen la elevación de la conciencia de clase de los explotados, su voluntad organizarse y liberarse a sí mismo, es decir, la lucha por su independencia de clase. Evidentemente, para alcanzar este objetivo, la distinción entre partido Estado resulta mucho más que útil.

Pero caracterizar a los numerosos dictadores y otros aliados obligados del imperialismo, presentes auténticos combatientes antiimperialistas, proclamar la necesidad de conservar la "unidad" de los gobiernos pretendidamente no alineados, es sembrar una enorme confusión en la cabeza de los obreros y campesinos explotados de los países semicoloniales. Es contribuir a rebajar, y no a elevar su nivel de conciencia política.

En este sentido, decir, como hizo Fidel Castro, ante los jefes de los Estados pretenfirmemente antiimperialistas, anticolonialis tas, antineocolonialistas, antirracistas, antisionistas, antifascistas, porque estos principios forman parte de nuestro pensamiento; constituyen la esencia y el origen del Movimiento de los Países No Alineados, y han conformado su vida y su historia desde su

, o decir, ante el II Congreso del

PC Cubano, que "la unidad interna es necesaria para que el Movimiento de los No

Alineados pueda desempeñar el importante papel que le corresponde en la política inrefleja una política que reduce obietivamente, en lugar de aumentar, las posibilidades de asestar golpes reales al imperialismo.

Una política que tienda a confundir la demagogia antiimperialista con la lucha antiimperialista, que olvide que el Movimiento de los No Alineados descansa en una ideología mixtificadora, cuya función es muy precisa: impedir o. retrasar la conquista de la independencia política de clase de los trabajadores y de los campesinos pobres de los países semicoloniales, conquista que en última instancia es una condición para derrotar al imperialismo.

La lógica de los dos campos:

Polonia y Afganistán

A partir de los años 1968-1970, la política internacional de la dirección cubana gira alrededor de tres ejes coherentes entre si:

adhesión a las orientaciones fundamentales de la dirección soviética; apertura hacia regímenes y gobiernos burgueses de América Latina, caracterizados como "antiimperialistas y revolucionarios" (por ejemplo, el del general Velasco Alvarado en el Perú); acercamiento a los partidos comunistas latinoamericanos, lo que se sancionará con las resoluciones adoptadas en la Conferencia celebrada en La Habana en 1975

La reorientación de estos últimos dos o tres años, en el sentido de impulsar una intervención activa en las luchas revolucionadeterminados países de América Latina, al implicar, sin ninguna duda, una política de extensión de la revolución a América Latina, ha introducido en este algunos elementos profundamente

Pero la adhesión a los grandes ejes de la política de Moscú, con todas sus consecuencias, no ha variado. De hecho, esta evolución, a partir de finales de los años 60 y comienzos de los años 70, respondía y se combinó a la vez con numerosos factores objetivos, dos de los cuales parecen fundamentales: la creciente necesidad de la ayuda economía y también militar de la Unión Soviética por un lado, mientras. que por como consecuencia derrotas de la mayoría de los movimientos guerrilleros, se alejaba la perspectiva de las victorias revolucionarias a corto plazo en América Latina, perspectiva que habian alimentado los dirigentes cubanos.

La adhesión a las orientaciones fundamentales de la dirección soviética implicó un apoyo total y acrítico a su política internacional, así como a los temas de propaganda que comporta; también implicó la aceptación de las concepciones generales de soviética, asi apología de su dirección, presentada como "auténticamente leninista y revoluciona-

Esta evolución, que a su vez se combinaba con los efectos del refuerzo rápido y considerable del conjunto de los lazos económicos, sella verdaderamente la "integración del campo socialista", según la expresión de los propios dirigentes cubanos.

La complejidad de este proceso, sus profundas implicaciones en la evolución de la sociedad cubana, en la formación de la conciencia política de los cuadros dirigentes, las contradicciones que conlleva desde su origen, y que han subrayado y acentuado el nuevo ascenso de las luchas en América Latina y la victoria revolucionaria en Nicaragua, están ausentes de los análisis de Fred

Feldman. Se le escapa, en particular, que durante todo el periodo que va de 1970 al II

Congreso del PCC, la dirección cubana concluyó empíricamente la elaboración de una ideología global que abarca estas contradicciones. Combina rasgos específicos relativos a la construcción del socialismo en

Cuba (el Poder Popular es una de sus expresiones), una orientación de lucha revolucionaria en algunos países (particularmente en América Central), y una adhesión a las grandes orientaciones de política internacional de la burocracia soviética y a sus posiciones ideológicas.

En este contexto, los dirigentes cubanos, parcialmente de forma contradictoria, se opusieron a la división del mundo en zonas de influencia mientras que al mismo tiempo analizaban la situación mundial a partir del enfrentamiento entre dos campos funda-

Situados en el corazón de lo que es la zona de influencia privilegiada de los Estados Unidos, convencidos de que sólo la . extensión de la revolución, y particularmente en esta zona, podrá reforzar sus posiciones, los dirigentes cubanos son contrarios a nuevos acuerdos de Yalta, "contra la división del mundo en zonas de influencia", se trata de una concepción "anticuada, reaccionaria y fascista, que se reduce a propiciar el bloqueo del progreso y de las transformaciones en el mundo", dirá Fidel Castro en su informe al II Congreso del PCC. ¡Qué crítica anticipada al informe que hará Leonid Breznev, algunas semanas más tarde, ante el XVI Congreso del PCUS, en Moscú, a sus llamamientos, apenas velados, a favor de un nuevo acuerdo, por ejemplo El Salvador a cambio de Afganistán!.

Sin embargo, situados en la vanguardia del combate contra el imperialismo, y dado que la revolución ha sobrevivido gracias al mantenimiento de la extraordinaria movilización de masas por un lado, pero también gracias a la ayuda masiva de la Unión Soviética y de sus aliados, y a su protección militar de hecho, por otro, los dirigentes cubanos analizan la situación mundial a partir del enfrentamiento entre dos campos fundamentales: el imperialismo y el "campo socialista".

A escala mundial, ponen un signo de iguaidad entre el progreso de la revolución mundial y el enfrentamiento entre estos dos

Es esta confusión, y esta asimilación, las que están en el origen de la lógica y del contenido de la mayor parte de sus análisis y posturas en relación a la situación mundial: para ellos, luchar realmente contra el imperialismo, equivale a luchar por el socialismo, y por tanto, unirse al campo socialista, integrarse en él; por consiguiente, también significa luchar por su unidad

Las posiciones de la dirección cubana en torno a la crisis polaca son el ejemplo más reciente de esta lógica de los

Según Fidel Castro, asistimos particularmente a una siniestra campo socialista". Para él, los acontecimientos polacos de 1980 son 'éxitos de la

"Demuestran elocuentemente, que un partido revolucionario en el poder no puede apartarse de los principios del

Página 39

marxismo leninismo, despreciar el trabajo ideológico y separarse de las masas". Es cierto que "los comunistas polacos tienen el deber sagrado de resolver con sus propias fuerzas y por sí mismos el conflicto creado por los antisocialistas y los contrarrevolucionarios". Pero al mismo tiempo, reconoce a priori el "derecho del campo socialista a salvar su integridad", por tanto el derecho del ejército soviético a intervenir, como ya lo hizo en Checoslovaquia.

En torno a Afganistán y a Polonia, si hubiera citado extractos sustanciales de Fidel Castro, Fred Feldman podría haberse ahorrado el recurrir a una sintesis que tiende lamentablemente a difuminar una parte del contenido de las palabras de Fidel Castro. Además, quedan literalmente ahogadas en citas sacadas de otras partes del informe, que según Fred Feldman son un indicio del "impacto que ha ejercido el levantamiento de masas de los obreros polacos en los dirigentes cubanos". Se trata de una pura especulación, a partir de la cual introduce la idea de que en el fondo los dirigentes eubanos, pese a sus posiciones, han sacado lecciones políticas fundamentalmente correctas de los acontecimientos polacos...

De hecho, Fred Feldman adopta un método deductivo cuyo punto de partida es la caracterización de la dirección castrista como marxista revolucionaria. A partir de ahí, la función que adjudica a este artículo es la de demostrar, en relación con el II Congreso del PCC, como "una corriente revolucionaria que está profundamente arraigada en las necesidades y experiencias de los obreros y campesinos cubanos, responde a los acontecimientos que se han producido en la situación política mundial y regional, en el transcurso de los últimos cinco años (...), como esta corriente ha profundizado su internacionalismo activo en respuesta a dichos acontecimientos".

Este marco suele poder relativizar la importancia de la posición adoptada en torno a Polonia o Afganistán, cuando ambas traducen con la mayor claridad posible una adhesión a las posturas de la Unión Soviética.

La posición en torno a Polonia sólo es, según él, un "error político" , del que incluso reconoce que es "serio". "Es el precio político que hay que pagar por la supervivencia de Cuba", constata Fred Feldman, después de recordar que "la revolución cubana ha podido sobrevivir frente a las acciones agresivas de Washington únicamente gracias a su estrecha alianza diplomática, política y militar con la Unión Soviética y los Estados obreros de Europa del Este".

Y confiando en las virtudes del empirismo y particularmente en la de los dirigentes cubanos, Fred Feldman concluye, seguro de sí mismo, que "cada levantamiento de los trabajadores en Polonia o en otros países de Europaa ( Oriental comportará nuevas reflexiones sobre este aspecto de la revolución proletaria mundial...".

¿Acáso no se combinan cada vez más estrechamente los acontecimientos de la lucha de clases internacional en países y sectores? ¿Acaso no luchan los revolucionarios por organizar esta combinación, para lograr así progresivamente una unificación de la conciencia

¿Acaso no pasa este combate necesariamente por la defensa intransigente de los intereses de las luchas de los explotados y oprimidos de todos los países, en los tres sectores de la revolución mundial, sin introducir ninguna jerarquización

El apoyo a estas luchas proletarias no puede subordinarse a pretendidas "prioridades" globales (prioridad de la defensa del "campo socialista", prioridad de la lucha antiimperialista u, otra variante, prioridad del combate del proletariado de los países imperialistas...). Conclusiones

El Il Congreso del PCC, desde su "preparación" en las instancias de base hasta su celebración, pero sobre todo dado el contenido del informe central de Fidel Castro, aprobado sin debate, ha sido un pro-

Cuba ducto concentrado de todas estas contradic ciones, que no se deben todas a la estricta realidad objetiva. Destacarlas, analizarlas, comprender sus implicaciones, es una dimensión indispensable de la solidaridad de los marxistas revolucionarios con la Revolución cubana.

Ante esta revolución socialista, que se alzó con la victoria ante las mismas puertas del imperialismo, y que hoy en día es ata-. cada más que nunca por éste; ante esta revolución, hecha por una dirección ajena al estalinismo y a sus tradiciones, por una dirección que combate por la extensión de la revolución latinoamericana, no se ahorra con la solidaridad, no se la divide en partes.

Este es el sentido de lo que explicaba Fidel Castro hace ya mucho tiempo, ante las delegaciones de aquellos jóvenes revolucionarios que a comienzos de los años 70 se •habían radicalizado bajo el impacto de la revolución cubana, y se habían movilizado en defensa suya. A estos jóvenes, procedentes de Europa y de los Estados Unidos, repetía insistentemente que si querían ser verdaderamente solidarios, tenían que ser críticos.

En el contexto de la época, el peso del estalinismo por un lado, y una isla sometida al bloqueo, por otro, era una extraordinaria lección la que dio entonces. No debemos olvidarla.

Página 40

• EL HORTELANO.

EL HORTELANO.