R ESULTA ocioso volver comentar aquí la carrera de competición emprendida entre la realidad económica y los pronósticos de los institutos de investigación, de los gobiernos y de los economistas burgueses, siempre a la zaga de aquella; André Gunder Frank ya dijo lo fundamental al respecto en el último número especial económico de INPRECOR (n° 12). En aquel mismo número habíamos esbozado también los rasgos de. la crisis económica que apuntaba en el horizonte.
Los institutos de investigación económica burgueses continúan revisando a la baja sus previsiones, todos los meses, incluso todas las semanas, aunque siguen hablando de "'crecimiento" o de 'minicrecimiento" para 1980. Pero mientras tanto la realidad se ha hecho evidente: desde el tercer trimestre de 1980, la economía capitalista internacional vive su tercera recesión internacional sincronizada desde la Segunda Guerra Mundial, recesión que se profundizará durante el invierno de 1981.
Ahora ya podemos prever:
•que la crisis económica de 1980-1981 tendrá por lo menos la misma amplitud que la de 1974-1975;
•que sus efectos sociales para la clase obrera serán mucho más graves que en la recesión anterior;
•que los países semicoloniales no exportadores de petróleo se encaminan cada vez más hacia una situación sin salida, como consecuencia de una nueva subida rápida de su factura petrolera y de su endeudamiento. El efecto "corrector"' de la miseria masiva ! del hambre de millones de seres humanos —que no preocupan para nada a las plazas bursátiles internacionales— ya no parece ser suficiente. Algunos de estos países estan al borde de la quiebra financiera abiertamente declarada;
•contrariamente a lo que sucedió en 1974-75, en el transcurso de la nueva recesión económica generalizada algunos de los principales países dependientes semiindustrializados (India. Corea del Sur, Hong Kong, Argentina) han sufrido también una disminución absoluta de la producción, de la renta nacional y del empleo;
•la nueva crisis económica internacional agrava el peligro de un crac bancario internacional y del hundimiento de todo el sistema crediticio internacional. Buena parte de la expansión de la deuda internacional continúa realizándose sin ningún mecanismo de control:
•paralelamente a la crisis de la economía capitalista internacional —› en parte bajo su impacto-, los países no capitalistas alcanzan cada vez más los limites de una economía planificada burocráticamente centralizada. Polonia conoce por vez primera un descenso absoluto de su produc-
1o nacional bruto (PNB), como consecuencia de la crisis agrícola. Esta miseria económica constituye el trasfondo de la crisis
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La coyuntura económica internacional Erans W. Wolf. AUDI Neckarsulm
social y de los procesos revolucionarios actuales en este país.
En su conjunto nos encontraremos por tanto ante la repetición de los fenómenos clásicos de crisis económica que ya se habían manifestado en 1974-75. En la RFA, el "Consejo de expertos" se esfuerza por demostrar que ya no se puede hablar de una crisis cíclica. Cabe darle la razón en la medida en que el carácter "cíclico" de la crisis sólo expresa uno de sus aspectos. Habría que combinarlo con el fenómeno de su agravación tendencial desde 1970-1971, en el marco de una onda larga con una tasa de crecimiento cada vez menor.
Por lo tanto, sería más exacto hablar de una espiral o una avalancha, que por fuerza no puede continuar eternamente. Aunque el analista no disponga jamás de antemano de todos los elementos que determinan las etapas de esta evolución —particularmente porque la economía y la política forman un todo—, está claro que esta espiral o esta avalancha se orienta tendencialmente, no a su simple autorreproducción, sino hacia un punto de explosión. Una ligera sincronización y sus consecuencias
La nueva recesión se distingue de la de 1974-1975 por el hecho de que el desfase entre el momento en que entran en crisis los países imperialistas, y en momento en que alcanzan el punto más bajo de la recesión, ha sido esta vez mayor.
En los Estados Unidos, la inició a finales de 1979, prosiguió durante primeros trimestres terminó con un ligero relanzamiento en el transcurso del último trimestre de 1980, pero puede reanudarse a 1981, sobre todo bajo el efecto del alza vertiginosa de los tipos de interés, que han rebasado de nuevo el umbral del 20%.
En la RFA, la recesión comenzó en el tercer trimestre de 1980, pero sólo parece afirmarse realmente a finales de año.
Japón entró también en la recesión en el tercer trimestre de 1980, pero es más dudoso que prosiga durante el primer semestre de 1981.
Francia está en recesión desde el segundo semestre de 1980, al igual que Italia.
En cuanto a Gran Bretaña y al Canadá, todo el año 1980 fue para ellos un año de recesión.
Esta desincronización más fuerte que en • 1974-75 es el argumento que utilizan la mayoría de economistas burgueses para explicar que no habrá ninguna recesión económica generalizada. prevé un crecimiento del 2% en 1981, el Frankfurter Allgemeine Zeitung afirma que la recesión terminará probablemente partir del invierno 1980-1981.
Sin embargo, desde entonces, el alza vertiginosa de los tipos de interés en Estados registra un descenso industrial del cuadro 1
País
Australia
Canadá
Francia
R.F.A.
Países Bajos
Italia
Japón
Suecia
Estados Unidos
Gran Bretaña
Fuente: The Economist, 22.11.1980 hablar ya del del primer semestre de 1979.
lo menos desde el verano de 1980 hasta el de representantes en realidad.
Business Week industrial de los países imperialistas.
a aumento se debe fuerte avance de las exportaciones durante
Unidos ha hecho que los expertos sean mucho más prudentes. Así, la OCDE
Unidos. Esto imperialistas, segundo semestre de 1980, en comparación con el primer semestre que a su vez había conocido una disminución de la producción del 0,3% en relación al segundo semestre de 1979 (aunque esta disminución se centraba "estrangula fundamentalmente en los Estados Unidos) y sólo prevé, para el primer semestre de anterior. 1981, un aumento del 2% de la producción industrial, en comparación con el segundo semestre de 1980. Esto haría que el nivel de producción se encontrara aún por debajo del del primer semestre de 1980, para no
Producción industrial en 1980
Promedio trimestral sobre el trimestre anterior - 4 % 17 7 % 26,5% 8,5% 22,5% 9 % - 7,5%
Esto significa que la recesión durará por verano de 1981, de acuerdo con las instancias de la OCDE, que por estar compuestas de los gobiernos miembros, tienden siempre a presentar la situación como si fuera mejor de lo que es.
En el Cuadro 1 figuran las cifras relativas a la evolución global de la producción millones.
En 1980, sólo ha seguido creciendo ligeramente el volumen del comercio mundial, con la modesta tasa del 1,5% pero este fundamentalmente al
Es cierto que durante el cuarto trimestre de 1980 hubo un comienzo de recuperación en la producción industrial en los Estados explica las previsiones en torno a una recuperación duradera a partir del primer trimestre de 1981. Pero la explosión de los tipos de interés, con un primer rate (interés exigido por los bancos a las empresas más sólidas) que rebasa el 20% la recuperación"
según
"Business Week, corrigiendo la estimación
El mismo número de este semanario: informa, como previsión unánime de unos cuarenta economistas, que la perspectiva es la de una caída de la producción industrial norteamericana en el transcurso del primer trimestre de 1981.
Ultimo mes comparado con el mismo mes del año anterior (1979)
% (agosto)
- 1.
- 5,5% (julio)
— 3,5%
(agosto)
% (agosto)
% (agosto)
% (agosto)
5,5% (julio)
7,5% (setiembre)
- 8 % (agosto)
el primer semestre de 1980.
De 10 a 16, después a más de 20 millones de parados
Durante la recesión de 1970-71 hubo diez millones de parados oficialmente registrados en los países imperialistas. En el momento más crítico de la recesión de 1974-75, había 16,5 millones. A finales de 1980 esta cifra asciende ya a un poco más de veinte
Cuando la recesión de 1980-81 toque fondo (sin duda a finales del primer trimestre de 1981), esta cifra podría alcanzar los 22 ó 23 millones. El Cuadro 2 refleja el aumento de la tasa de desempleo
La coyuntura económica internacional en el transcurso de los últimos años.
Examinando estas cifras un poco más de cerca, se denota que en comparación con la recesión de 1974-75, el alza de la tasa de desempleo se produce sobre todo en Europa Occidental. La tasa de desempleo ha disminuido ligeramente en los Estados Unidos, donde se ha podido integrar en la economía a millones de nuevos asalariados. Este hecho revela sobre todo una tasa de aumento de la productividad más baja que cuenta las técnicas de contabilización del paro, que son ligeramente América del Norte y en Europa.
Este aumento masivo del paro en los países imperialistas constituye sin duda el aspecto principal de la crisis capitalista, desde el punto de vista de las relaciones entre las clases. En un decenio, el número de parados se ha duplicado con creces. No existe ninguna previsión seria que incluya una reducción significativa del paro en el transcurso de la siguiente fase de recuperación, sobre todo si se tiene en cuenta lo que
Men los años 1976-79 (con excepción de los Estados Unidos). En • cambio, numerosos economistas prevén un aumento del paro, incluso en el transcurso de una ligera recuperación que se iniciaría en 1981, sobre todo como consecuencia de la introducción o de la generalización, de nuevas tecnologias.
Las relaciones de producción capitalistas, en la época del imperialismo y de la tercera edad del capitalismo, no sólo se muestran incapaces de satisfacer laș necesidades humanas elementales, a escala mundial, sino que también son incapaces de asegurar el derecho elemental al trabajo supuesto el derecho al trabajo asalariado, y. por tanto al trabajo explotado, es decir, a una parte de la riqueza que se crea. modo de producción cuya fuerza motriz cuadro 2 sigue siendo presencia de tecnologías cada cir un paro masivo, cada vez más masivo.
La tasa de inflación de los países imperialistas sobrepasa en promedio el 10% tasas de aumento del coste de la interés muy elevados, siga aumentando a largo plazo.
—por
Un
País
EE.UU.
Japón
R.F.A.
Gran Bretaña
Francia
Italia
Países Bajos
Bélgica
Dinamarca
Suecia
Australia
Canadá
Fuente: The Economist, 22.11.1980 la búsqueda del beneficio máximo, está obligado, en condiciones de descenso de la tasa de beneficio, y en economías vez más avanzadas, a tratar de economizar trabajo vivo de forma radical, y por tanto a produ-
El desarrollo de la crisis en forma de espiral se refleja también en el crecimiento de la tasa de inflación. Si comparamos las durante la última recesión (1974-75) y de la actual, son sobre todo algunos países impeDinamarca, los que conocen el aumento miento más fuerte. En Japón y en la RFA se ha reducido ligeramente, en Francia y en Gran Bretaña es estacionaria; en Italia, en el Canadá y en los Estados Unidos hay una
Sin embargo, a largo plazo la tendencia a la aceleración es indudable. Es muy impresionante, máxime cuando se produce en un las deudas. momento en que todos los Gobiernos impeantiinflacionista período de 1979-80, con unos tipos de con restricciones presupuestarias, o por lo menos con unas tasas de aumento del gasto público inferiores a las del período anterior. Todo esto no ha podido impedir que la tasa de inflación
La principal causa de estas elevadas tasas de inflación y de su aumento reside en el incremento de la deuda privada y pública. Si observamos tan sólo el endeudamiento
Tasa de desempleo
Media anual 1975 8,4% 1,9% 4,1% 3,6% 3,8% 5,9% 4,7% 4,5% 6,0% 1,6% 5,0% 7,2% interior entre un ciclo y otro ha crecido fuertemente. Esto se aplica incluso a las consideradas como las más sólidas, como la de la RFA.
Esto significa que en el plazo de 8 años la deuda privada se ha duplicado con creces, y la deuda pública casi se ha triplicado en cifras absolutas. En relación al PNB, el conjunto de la deuda pública y privada ha. pasado del 80% en 1971 al 102% en 1979.
Esta creciente creación de una demanda artificial actúa sin duda, en determinados momentos de la producción capitalista, como un estímulo para mantener o incluso acelerar las inversiones y el consumo. Pero esto con una condición: que la deuda no aumente más rápidamente que el PNB, o al menos que la distancia sea reducida. En otras palabras: semejante deuda no crea demasiados problemas en una fase de crecirelativamente rápido de producción. Pero cuando se abre, al final de los años 1960, una fase de crecimiento más lento, el aumento constante de la deuda adquiere un "doble carácter" fatal.
Por un lado hipoteca el desarrollo capitalista ulterior; una parte creciente del valor creado se derrocha en forma de gastos improductivos: intereses y amortización de
Por otro lado, es precisamente en esta fase cuando es particularmente grande la tentación de reducir la amplitud de la crisis mediante el endeudamiento acelerado. Pero tampoco en este caso la espiral del crédito puede prolongarse ilimitadamente. Los déficits de las balanzas de pagos, los petrodólares y el mercado de las eurodivisas
Ya hemos refutado anteriormente la explicación demagógica de la crisis por el
1979 (mes), 1980 (mes) 5,8% (XI) 7,6% (X) 2,2% (X) 2,0% (IX) 3,5% (XI) 4,2% (XI) 5,6% (XII) 8,3% (IX) 5,8% (XI) 6,8% (IX) 8,7% (X) 8,2% (IX) 5,0% (XI) 6,5% (X) 7,3% (X) 10,5% (IX) 9,0% (IX) 1,8% (XY) 2,1% (IX) 5,47 (XI) 6,1% (IX) 7,3% (XI) 7,6% (X)
alza de precios de las materias primas y por
"factura elevada y creciente del petróleo" (INPRECOR n° 12). Pero no cabe duda que el alza del precio del petróleo contribuye indirectamente a alimentar la inflación, a través de los déficits de la balanza de pagos de los países no exportadores del petróleo y de la creciente deuda exterior utilizada para financiar estos déficits.
El nuevo aumento del precio del petróleo ha vuelto a provocar un cambio importante en la estructura del comercio mundial. El primer aumento de precios, el de 1973, había comportado un fuerte supeávit de la balanza de pagos de los países de la OPEP, acompañado de un fuerte déficit en los países importadores de petróleo. Pero este desequilibrio pudo ser absorvido en buena medida entre 1973 y 1978, gracias al aumento de la importación de mercancias —ante todo de bienes de equipo- por los países de la OPEP; mediante la inversión parcial de los petrodólares en la industria de los países imperialistas; y mediante la estabilización, e incluso la inversión, de la relación de intercambio en la fase de expansión de 1976-78, cuando el alza del precio del petróleo fue inferior a la del precio de los productos industriales exportados por los países imperialistas.
El desequilibrio provocado por el alza del precio del petróleo en 1980 es superior al de 1973. El superávit de la balanza de pagos de los países de la OPEP alcanzará los 115.000 millones de dólares en 1980, frente a los 68.000 millones en 1979. La contrapartida radica en un déficit de la balanza de pagos de los países imperialistas, que alcanza los 50.000 millones de dólares (frente a los 11.000 millones en 1979), de los países semicoloniales no exportadores de petróleo, que alcanza los 75.000 millones de dólares (frente a los 55.000 millones en 1979) y de los estados obreros, que es de 5.000 a 10.000 millones de dólares.
Seis países de la OPEP (Arabia Saudí), Irak, Nigeria, Libia, los Emiratos Arabes Unidos y Kuwait) se han colocado mientras tanto en la lista de los veinte países exportadores más grandes del mundo. Pero ningún país miembro de la OPEP se encuentra en la lista de los veinte países importadores más grandes del mundo. De ahí el problema de "reciclar" los petrodólares, problema que resulta más difícil que en 1973-74.
Según un estudio del Banco de Inglaterra, la mayor parte de los petrodólares se colocó en 1979 en el mercado de las eurodivisas; una parte menor se empleó en forma de inversiones directas en otros países.
El 80% de los 240.000 millones de petrodólares están invertidos en los países imperialistas, aunque el destino de estas inversiones se ha modificado mucho: en 1974, el 40% de los petrodólares estaban invertidos en Gran Bretaña; en 1979, este porcentaje había descendido al 32%. La proporción de los petrodólares que se encuentra en los EE.UU. también ha disminuido, mientras que la proporción invertida en Japón, en la RFA, en Francia, en los Países Bajos y en Italia ha aumentado. Los petrodólares invertidos en Japón han pasado de 3.200 millones a finales de 1978, a 15.600 millones en septiembre de 1980. En cambio, la proporción invertida en dólares (incluidos los eurodólares) sigue siendo, generalmente, la misma. Se ha acentuado la tendencia a las inversiones a corto plazo.
Las razones de la creciente dificultad para "reciclar" los petrodólares son las si-
1) A la vista de la estructura socioeconómica semicolonial de los países de la OPEP, la industrialización y la expansión de las importaciones tiene unos límites que no han podido ser superados. Las importaciones de bienes de equipo se limitan a la infraestructura y a algunos sectores industriales privilegiados: industria petrolífera, petroquímica, construcción e ingeniería. Una parte importante de las importaciones afecta al armamento.
2) La caida de la tasa de beneficio y la nueva recesión no favorece las inversiones directas en los países imperialistas.
3) La política inflacionista de los gobiernos ha hecho que los tipos de interés para las inversiones a corto plazo sean muy
La coyuntura económica internacional elevados, lo que incita a los petrodólares a convertirse en "capitales vagabundos", que van de un país a otro, según las diferencias momentáneas entre los tipos de interés.
La síntesis de estos tres factores arroja luz sobre el carácter cada vulnerable de la economía capitalista internacional. Por un lado, los países imperialistas y los países semicoloniales necesitan un superávit de créditos —de "demanda artificial" — para amortizar, es decir, aplazar en el tiempo, los efectos más graves de la crisis. Por otro, el crecimiento géneral de la deuda privada y pública, y el aumento de la tasa de comportan un control estricto del crédito librado por los sistemas bancarios nacionales. El único sistema crediticio que escapa aún a las medidas de control, por muy poco eficaces que sean, es por tanto el de las eurodivisas.
Así, los petrodólares vagabundos se dirigen cada vez más masivamente hacia este sistema, se colocan en él a corto plazo, mientras que los bancos que los reciben los invierten en su mayor parte a medio o largo plazo. Esto significa que el sistema crediticio internacional se orienta cada vez más en dirección a una repetición, a escala internacional, de lo que había comenzado en 1929-1930 en el terreno de los sistemas bancarios nacionales insuficientemente controlados. Los países de la OPEP pueden retirar sus fondos, prácticamente, de la
La coyuntura económica internacional noche a la mañana, mientras que los bancos los tienen congelados en créditos a largo que no son inmediatamente realizables (o sólo son realizables con grandes pérdidas).
Evidentemente no se puede decir que cualquier. acontecimiento podría desarticular este marcado crediticio internacional. Tendría que tratarse de la bancarrota de uno o varios países semicoloniales importantes o de la quiebra de grandes varias multinacionales (señalemos, para refrescar la memoria, que cuatro monopolios en dificultades, como la Chrysler e ITEL en los Estados Unidos, Massey Ferguson en el Canadá e ICL en Gran Bretaña, tienen en su conjunto unas deudas frente a bancos privados, de más de 8.000 millones de dólares, lo que equivale ya a las de algunos de los países semicoloniales más vulnerables), o de una combinación entre estos factores y algunos otros.
Además, numerosos indicios permiten prever que el precio del petróleo sufrirá una presión creciente en el mercado mundial. En este sentido operan el descubrimiento y la explotación de enormes reservas nuevas (México, Venezuela, eventualmente China y Vietnam, el Mar del Norte); la sustitución creciente del petróleo por el carbón; el desarrollo masivo de inversiones en las fuentes de energía llamadas nuevas. Es significativo que la guerra entre Irán e Irak, exportaciones de petróleo de estos dos importantes productores que comporta no ha provocado un alza importante del precio del petróleo.
Pero la desaceleración del alza del petróleo reduciría la entrada de petrodólares en el mercado de eurodivisas, deterioraría aún más la relación entre los préstamos de los bancos europeos y los bancos off shore por un lado, y las reservas de la OPEP por otro. En caso de algún 'incidente", o simplemente de que haya un largo período de estancamiento de la coyuntura en Occidente, esto podría comportar una mercado de las eurodivisas y quebrantar el sistema crediticio internacional.
Si en el transcurso de la recesión de 1980-
1981 no se ha producido (aún) ningún crac bancario igual al del Herstadt Bank y del
Franklin Bank (sistema Sindoma) en la recesión anterior, mencionemos a pesar de todo el hundimiento del grupo de toda la Nueva Banca Privada" en Argentina, así como el hundimiento del grupo Rozenblum en Francia, dos cadenas de bancarrotas en las que han perdido algunas plumas ciertos bancos internacionales muy grandes.
La desincronización regional
Generalmente se presenta la desincronización como el principal argumento para afirmar que la recesión actual es "de hecho diferente" y "mucho menos grave" que la de 1974-75. Examinemos de entrada qué es eso de la desincronización. •AMERICA DEL NORTE
La producción industrial en los Estados Unidos empezó a descender a partir de mediados del año 1979. Esta disminución se vió interrumpida brevemente en dos ocasiones: a comienzos de 1980, bajo el efecto de los acontecimientos de Afganistán, durante una parte del segundo semestré de 1980. No obstante, la tendencia general es
La crisis ha afectado particularmente a la industria del automóvil, a la construcción y a la siderurgia. Es sobre todo la industria del automóvil la que merece una atención particular. La venta de automóviles particulares construidos en los EE.UU. se situará, en 1980, en un 37% por debajo del nivel de 1979, en un 44% por debajo del nivel de 1978 y en un 46% por debajo del nivel máximo alcanzado (9,7 millones de unidades) en el año 1973. Este espectacular, que comporta la existencia de excedentarias despidos masivos, ya ha provocado mayores pérdidas de toda la historia norteamericano. monopolios tendrán, conjunto, en 1980, unas pérdidas que sobrepasan ampliamente los 2.000 millones de dólares. En el caso de la General Motors, es el primer año en que sufre pérdidas en toda su historia. Y a pesar de los préstamos gubernamentales de 2.000 millones de dólares, Chrysler está más que nunca al borde de la quiebra.
En el conjunto de la industria norteamericana aparecen síntomas de crisis similares, aunque no idénticos. La tasa de utilización de su capacidad de producción descendió del 85% en 1979 al 74% en septiembre de 1980. El importe real de las inversiones descensió en un 10% en 1980. El número total de parados oficialmente registrados alcanzó los 8 millones, pese a una disminución del número de horas trabajadas efectivamente por asalariado y por semana, que es de 35,1 horas. La proporción que corresponde en el conjunto del desempleo, al paro de larga duración, sube del 18,9% en 1973, al 20,2% en 1979. Entre estos parados a largo plazo, los adultos, que en 1974 constituían el 32,8% constituyen en 1979 el 40,6%.
En estas condiciones se enorme presión sobre los asalariados, para que acepten una reducción de los salarios reales. La Chrysler ha marcado la pauta, reducción de los salarios reales de 465 millones de dólares durante tres años. Pero los capitalistas de otras compañías han obtenido éxitos similares. reales del conjunto de la clase obrera en los Estados Unidos se sitúan actualmente en un 4% por debajo del nivel de 1972, caso único en todos los países imperialistas (el único haber habido un descenso, aunque más modesto, sería la
Es posible que la administración Reagan tome medidas "radicales", además de la reducción de impuestos y de las restricciones presupuestarias (salvo los gastos militares, evidentemente), en particular en el terreno del proteccionismo, que iría dirigido sobre todo contra las importaciones japonesas. Pero los mismos banqueros que proponen esto critican al mismo tiempo el aumento vertiginoso del tipo de interés. Temen que pueda provocar el hundimiento de una serie de grandes empresas, sobre todo (aunque automóvil y en la industria subsidiaria de
Esto implica la posibilidad de momento no hay que ir más lejos en la previsión— de que la administración Reagan lance una política económica similar a la de la señora Thatcher en Gran Bretaña, con el objetivo prioritario de luchar contra la inflacción, aunque sacrificando a sectores enteros de la industria y estrangulando la recuperación. La consecuencia sería la prolongación, incluso la profundización de la recesión norteamericana en 1981, agravando la recesión internacional.
En el Canadá, la recesión empezó en el tercer trimestre de 1979. A finales de 1980 se alcanzó la tasa de utilización de la capacidad productiva más baja desde 1962.
Al mismo tiempo, la tasa de inflación no ha disminuido. Y los primeros síntomas de la recuperación, que aparecieron a comienzos
de 1980, corren el riesgo de verse estrangulados como consecuencia de lo que pasa en los Estados Unidos. •EUROPA OCCIDENTAL
En la Europa capitalista se puede hablar de una recesión generalizada a partir de mediados de 1980, momento en que los cuatro principales países imperialistas (la RFA, Francia, Gran Bretaña e Italia) se vieron arrastrados a la crisis.
Fue la economía británica la primera en verse afectada y la que sufrió el golpe más duro. industrial disminuyendo desde comienzos de 1979. A finales de 1980 había descendido al nivel más bajo desde hace 13 años: un 15% menos en relación a comienzos de 1979.
El número de parados ha alcanzado oficialmente los 2,3 millones, en el cuarto trimestre de 1980, pero no se duda de hablar de 3 millones de parados durante el invierno 1980-81. Pese a esa brutal política deflacionista, la tasa de inflación se mantenía a finales de 1980, por encima del 15 %. La asociación patronal, Confederation of British Industries, critica cada vez más esta política; pero ningún experto espera una mejora antes del segundo semestre de 1981.
Italia conoció un 'boom" inflacionista hasta mediados de 1980, con un crecimiento real del PNB, del 4% y una tasa de inflación del 22%. Al mismo tiempo, las exportaciones conocieron unas de las tasas de crecimiento más bajas desde la Segunda Guerra Mundial, apenas un 1% en términos reales. El tipo de interés subió al 22-25%. Pese a ello, el volumen de préstamos al sector privado no dejó de aumentar, sobre todo para financiar las importaciones, dado que se esperaba una fuerte devaluación de la lira.
Mientras que las tendencias a la desintegración de la economía son comparables a las de Gran Bretaña, los gobiernos sucesivos de Cossiga y de Forlani no han podido imponer medidas de 'estabilización" comparables a las del gabinete Thatcher, sobre todo debido a la fuerza y a la combatividad del proletariado, y a la mayor debilidad de la burguesía.
La escala móvil de salarios, si bien se pone cada vez más en tela de juicio, continúa manteniéndose en general. El enorme déficit de las empresas públicas continúa cubriéndose mediante subvenciones presupuestarias, que para el año 1980 ascenderán a 10.000 millones de dólares. El gobierno recurre al aumento de los impuestos indirectos, lo que puede comportar una tasa de inflación del 25% y ejercer efectos negativos en el turismo, el principal factor de compensación enorme déficit de la balanza comercial, que en 1980 alcanzó los 15.000 millones de dólares. Falta por ver si el éxito obtenido por la patronal de la Fiat, con la complicidad de la burocracia sindical, frente a los trabajadores, será la señal de una ofensiva antisindical más generalizada en 1981.
La industria francesa también se caracteriza por una tendencia descendente de la producción industrial desde mayo de 1980. Para el conjunto del año 1980, esta disminución podría situarse alrededor del 4,55%. El nivel de la "producción industrial sin construcción y obras públicas" se situó, a finales de 1980, a un 15% por debajo del nivel del año anterior.
Giscard d'Estaing no vacila en hablar de la "crisis económica mundial más grave desde 1929" (ocultando así sus propias responsabilidades, e insinuando que la crisis francesa está enteramente "importada"). La política de austeridad restrictiva o deflacionista, dirigida conjuntamente por gobierno Barre y el Banco de Francia, no ha
La coyuntura económica internacional permitido frenar realmente la tasa de inflación. Pero combinada con un tipo de cambio artificialmente elevado del franco, y con un estancamiento de la productividad, ha frenado las exportaciones y provocado un fuerte déficit de la balanza de pagos en 1980: de 13.000 a 14.000 millones de dólares, sin duda, para todo el año 1980. El paro oficialmente reconocido alcanza 1,6 millones de asalariados a finales de 1980. Puede llegar a los 2 millones a finales del
Al igual que la burguesía italiana, la burguesía francesa no parece capaz imponer de momento al movimiento obrero, y a la clase obrera, una línea deflarigurosa, siguiendo al modelo inglés. Se buscan otras salidas, particularproteccionismo. competencia, pero no se trata de aceptarla pasivamente".
En Alemania Federal, la economía ya había manifestado muchos signos desaliento hacia finales de 1979, como en los Estados Unidos. A comienzo de 1980 hubo una ligera recuperación, que incitó a los expertos (gubernamentales y privados) a formular una predicción imprudente: no habrá ninguna recesión. Mejor se habrían callado, pues a partir del segundo trimestre de 1980 el retroceso de la industrial es pronunciado. Esta se sitúa, a finales de 1980, a un nivel inferior en un 5% al de finales de 1978 —es decir, que ha retrocedido hasta el nivel de 1977.
disminuyen desde comienzos de año, lo que ha comportado una reducción del excedente de la balanza comercial a menos de 10.000 millones de dólares, frente a los 18.000 millones de 1979. Debido al importante déficit de la balanza de servicios (las principales fuentes del déficit son el turismo y las transferencias al extranjeros de los trabajadores inmigrados, el déficit de la balanza de pagos puede alcanzar los 35.000 millones de dólares en número de parados, que contrariamente a la mayoría imperialistas europeos disminuyo ligeramente durante los últimos años, ha rebasado a finales de 1980, el umbral del millón. En 1981 podría alcanzar el nivel más alto desde los años cincuenta.
La tasa de utilización de la capacidad productiva instalada descendió por debajo del 80% a finales de 1980. Podría alcanzar de nuevo el punto más bajo desde 1949, el 76% registrado en 1975. La devaluación del marco alemán en relación al dólar, que durante el año de 1980 alcanzó momentos hasta el 10%, debe considerarse como un fenómeno puramente pasajero. Sin duda desaparecerá durante la primavera de 1980. Su origen estriba fundamentalmente en la diferencia pronunciada entre los tipos de interés, que hace que los capitales vagabundos refluyan a los Estados
La coyuntura económica internacional Unidos (y en menor medida hacia Gran Bretaña y Japón). La coalición socialdemócrata-liberal no aplica una política antiinflacionista menos vigorosa que el gobierno de los Estados Unidos. Pero dado que se enfrenta a una tasa de inflación del 5% y no del 15%, no tiene necesidad de recurrir a un aumento tan pronunciado del tipo de interés.
Todo permite prever que el país imperialista más importante de la CEE, la segunda potencia imperialista del mercado mundial, sólo tocará fondo, en la crisis, durante el exportaciones, decisivo de la coyuntura de Occidental, podrían seguir disminuyendo, incluso en cifras absolutas, durante el año sobre todo debido a la recesión agravada en el conjunto de la Europa capifalista, que absorve el 60% de estas exporta-
Además, y contrariamente a lo que preveían los sindicatos tras la victoria electoral socialdemócrata, el gobierno de Helmut Schmidt ha presentado un presupuesto para 1981 que prevé importantes ahorros en todos los terrenos (gastos sociales, enseñanza, etc.) salvo en materia de gastos militares -donde la RFA ocupa actualmente el segundo puesto en lo que se refiere a la aceleración del rearme, detrás de los Estados Unidos, pero muy por delante de Francia, Gran Bretaña y Japón. Estas restricciones presupuestarias tendrán un efecto de freno en la coyuntura, es decir, acentuarán la recesión.
Este cuadro se completa con la evolución la mayoria de países capitalistas secundarios de Europa. Bélgica conoce un descenso de la producción industrial a partir de la segunda mitad de 1980, que desembocará en 1981 en una caída absoluta de esta producción para todo evaluada por la OCDE en un 1,5%.
En los Países Bajos, la disminución de la producción industrial se había iniciado a finales de 1979, se había anulado gracias a una ligera recuperación a comienzos de
1980, para reanudarse plenamente durante el segundo semestre de 1980. La OCDE prevé una disminución de la industrial para todo el año 1981 del orden de un poco menos del 1%.
El PNB de Dinamarca ya disminuye desde 1980, mientras que la producción industrial se ha estancado. La tasa de inflación (13%) y el nivel de paro (9%) alcanzan
La economía capitalista sueca, famosa estructural exportaciones disminuido en volumen (a precios estables),
1980, y la producción industrial se ha estancado. La OCDE prevé una disminución de cerca del 1% en 1981.
La tasa de inflación ha alcanzado la cifra récord del 14%, y el déficit de la balanza de pagos la cota de 4.000 millones de dólares.
Suiza, que había conocido un crecimiento considerable de la producción industrial en 1980, ve ahora amenazada su coyuntura por la reducción de las inversiones y el retroceso de las exportaciones. Dado que las rentas de los hogares están estancadas, la previsión de la OCDE, de un 1% de crecimiento de la producción industrial en 1981, parece demasiado optimista.
capitalistas más débiles de Europa meridional (España, Portugal, Grecia, Turquía) se encuentran en recesión, salvo quizás Portugal, y en el caso de Turquía con la amenaza de una auténtica bancarrota de Estado.
Incluso Noruega, que había escapado a la recesión de 1974-75 gracias a sus rentas petroleras importantes y al aumento de los gastos (y de las deudas) públicos, la OCDE prevé una caída de la producción industrial del 0,5% en 1981.
Lo mismo cabe decir de Austria, para la que la OCDE prevé una caída de la producción del 0,25% en 1981, pese a la importancia del sector nacionalizado y del comercio con los países del Este. El estancamiento de la demanda de los consumidores, el estancamiento de las exportaciones, el retroceso de las inversiones y sobre todo el desmantelamiento de los stocks parecen estar en la base de esta ligera recesión, que ya había empezado manifestarse durante el segundo semestre de 1980.
Parece que sólo Finlandia escapa a este movimiento general, gracias sobre todo al incremento del comercio con la URSS, que hace exportaciones aumentando en la misma proporción que las importaciones, y a un fuerte aumento de las inversiones. Sin embargo, habrá una desaceleración del crecimiento, bajo el efecto de la recesión general. La tasa de crecimiento de la producción industrial pasará del 7% en 1980 al 3% en 1981.
En resumen, podemos decir que aparece un ciclo industrial muy sincronizado en el europea. Esto se deriva de la interdependencia comercial y de la interpenetración de capitales, cada vez más fuertes, entre todos estos países. Casi todos conocerán el punto más bajo de la crisis durante el año 1981. Si la recuperación económica en los Estados Unidos se detiene y se reanuda la recesión, ésta se agravará inevitablemente en Europa. La nueva recesión constituye una prueba más dura que la de 1974-75 para la cohesión interna de la CEE.
El Sistema Monetario Europeo (SME), cuya segunda fase de "aplicación" se ha aplazado de todos modos, podría quedar en tela de juicio debido a diversos movimientos de revaluación o de devaluación de las divisas de los países miembros. Incluso en ramos que eran literalmente las 'madrinas" del Mercado Común, como siderurgia, la agravación de la competencia interimperialista actúa como fermento de la desagregación de la CEE.
•JAPON
Durante el relanzamiento económico de
1976-78, el imperalismo japonés había demostrado que hasta entonces había podido escapar a la agravación de las contradicciones internas del modo de producción capitalista que habían afectado conjunto de sus competidores. Pudo
beneficiarse, de una tasa de crecimiento mucho mayor a la media, a partir de 1975.
La presencia de fuertes tendencias que impulsan el crecimiento, así como el hecho de que el imperialismo japonés se haya asegurado una posición de fuerza en determinados sectores del mercado mundial (automóvil, aparatos electrónicos, construcción naval, industria relojera, etc.) le ha permitido retrasar el comienzo de la recesión hasta mediados de 1980. En el período marzo-noviembre de 1980, la producción industrial, incluida la minera, retrocedía en un 0,5%; la producción de la industria manufacturera retrocedió en un 5% entre febrero y noviembre de 1980, de forma acumulativa. La tasa de inflación rebasó el 8% durante el periodo junio-septiembre de 1980; sin embargo, desde entonces ha vuelto a disminuir.
Las inversiones se han reducido, la construcción inmobiliaria ha sufrido un auténtico shock (durante el segundo semestre de 1980 se ha iniciado la construcción de un 20% menos de inmuebles). La balanza comercial, que era excedentaria en 24.600 millones de dólares en 1970, se ha reducido a un superávit de 1.800 millones de dólares tan sólo en 1979. Para el año 1980 se prevé un déficit de cerca de 1.000 millones de dólares. Dado que la balanza de servicios y transferencias es muy deficitaria, estimándola la OCDE en 11.500 millones de dólares, y que prosigue la exportación de capitales, aunque a un ritmo más lento (pasan de un importe neto de más de 12.000 millones de dólares en 1977 y en 1979, a unos 100 millones de dólares en 1980), la balanza de pagos global comportará un déficit global de 11.000 millones de dólares, según fuentes japonesas, y de 13.000 millones de dólares según la OCDE.
Señalemos que la política deflacionista que empezó a aplicar el gobierno japonés en 1980, y que pretende proseguir en 1981, se ha traducido —según el Japan Economic Journal— en una caída de los salarios reales, en 1980, que en noviembre de este año se situarían en un 1,7% por debajo del nivel de un año antes, tras ligeros aumentos durante los tres años anteriores.
Los expertos prevén generalmente un claro relanzamiento de la economía japonesa a partir del primer trimestre de 1981. La OCDE prevé un aumento de la producción industrial del 4% durante el primer semestre de 1981, y del 4,5% durante el segundo semestre. Pero el impulso exclusivo de este crecimiento debe proceder de las exportaciones. Estas deberían crecer aún en un 8,5% durante el primer semestre de 1981, y en un 7% durante el segundo semestre de este año. Es una evidente desaceleración en relación a los logros espectaculares de 1980 (más del 22,8% durante el primer semestre de 1980, y un 9,5% de más durante el segundo semestre), pero el crecimiento Sigue siendo fuerte.
Es cierto que Japón dispone actualmente de una ventaja real en materia de productividad. Sin embargo, la hipótesis de un crecimiento de las exportaciones japonesas en
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más del 7,5% en 1981 parece poco creíble, dada la tendencia al estancamiento del comercio mundial, la profundización de la recesión en Europa, su prolongación en América del Norte, el déficit creciente de los medios de pago de los países semicoloniales, y la desaceleración del crecimiento del comercio chino-japonés. se acentuará tanto en Europa como en los Estados Unidos. Y el boom de la industria automovilística parece haberse quebrado, al menos momentaneamente. Las ventas automóviles en el mercado interior japonés han disminuido en cerca del 9%, entre abril y diciembre de 1980. Las exportaciones se
Use habla de que Toyota reducirá el conjunto de su producción en un 20%, en 1981. en 1981, y sobre todo que adquiera la amplitud prevista. Dificilmente podrá neutralizar los efectos combinados de la recesión generalizada en Europa y de la recaída en la recesión en los Estados Unidos, durante el primer semestre de 1981, que a su vez podrían también retrasar la recuperación en Japón. Elementos fundamentales de la nueva crisis de la economía capitalista internacional y sus perspectivas
Si queremos formular perspectivas váli-
La coyuntura económica internacional das en relación a la economía capitalista internacional en su conjunto, éstas pueden desprenderse de una determinación de las causas fundamentales de las dos crisis
DEAR JOH
generalizadas que ha conocido esta economía desde la Segunda Guerra Mundial. Cualquier otro método conduce habitualmente a pronósticos falsos; y en el mejor de los casos, a pronósticos justos que sólo son accidentales.
Se trata ante todo de determinar los detonadores de la nueva recesión generalizada, sus efectos en las condiciones de valorización del capital, y la cuestión de la posibles salidas para neutralizar parcialmente sus
El factor detonante de la crisis de 19791980 ha sido el deterioro de las posibilidades de realizar la plusvalía a partir de mediados de 1979, es decir, un fenómeno de sobreproducción pronunciada de mercancías, que se producían aún en condiciones relativamente buenas de valorización del
Esta vez, la crisis no ha sido desencadenada por una nueva caída cíclica, acentuada, de la tasa media de beneficio.
Las dificultades de realización se derivan por un lado de las capacidades excedentarias producidas por el boom de inversiones anterior, y por otro, del estancamiento, e incluso del retroceso del poder adquisitivo de las masas, que es producto de la ofensiva general patronal contra los salarios reales y las prestaciones de la seguridad social, durante el periodo anterior.
Marx había descrito de forma magistral la doble actitud de la patronal con respecto al consumo de masas, hace 121 años, en los Grundrisse: "Cada capitalista sabe que sus propios obreros no se relacionan con él como consumidores... y por tanto trata de
La coyuntura económica internacional reducir, en la medida de lo posible, su consumo, es decir, su capacidad de intercambio, sus salarios. Naturalmente desea que los obreros de los demás capitalistas sean al máximo posiblé los consumidores de sus propias mercancías. Pero la relación de cada capitalista con'sus propios obreros es la relación general del capital con respecto al trabajo, la relación fundamental".
Esta "relación fundamental" entre el capital y el trabajo, la burguesía ha tratado de imponerla en todos los países capitalistas con ayuda de la: política llamada de austeridad. Y esta tendencia a la restricción del poder adquisitivo de las masas ya no se ha visto neutralizada parcialmente por la expansión del crédito al consumo gasto público en los capítulos llamados "sociales". Al contrario, la política restrictiva aplicada por casi todos los gobiernos de los países capitalistas en acentuado la tendencia a la disminución del poder adquisitivo de las masas. Por tanto, la crisis ha comenzado generalmente en el sector Il (medios de consumo), repercutiendo a continuación en el sector I (medios de producción).
Las capacidades excedentarias representan en promedio, a finales ded 1980, cerca del 25% del aparato industrial internacional del capital. Se han visto incrementaras como consecuencia de un "bomm de las inversiones", pequeño pero real, durante los años 1978-1979. Desde entonces no hay prácticamente ningún ramo industrial que no conozca el fenómeno de la capacidad excedentaria. Esta se sitúa sin duda en los alrededores del 30% en la industria automovilistica, pese las reducciones sustanciales de la capacidad en Detroit. Es importante en la industria siderúrgica y sobre todo en la de la construcción (reducción de la producción de hasta el 30-40%).
Desde mediados de 1980, se manifiestan también en la construcción mecánica (industria de máquinas-herramienta) y en la industria química.
Al comenzar la recesión, la si tuación era buena para los beneficios capitalistas en todos los países imperialistas, al menos en comparación con la de la recesión de 1974-1975. Esto se aplica sobre todo a los grandes trusts nacionales y a las grandes multinacionales, que disponían en general de centenares de millones de dólares líquidos, en algunos casos incluso de miles de millones de dólares, en 1978 y a comienzos de 1979.
Esto hizo que muchos analistas despreciaran completamente los efectos de la recesión en la tasa de beneficios. No tuvieron en cuenta el hecho que estos elevados beneficios eran frecuentemente el resultado de sobrebeneficios tecnológicos, que tenderían a desaparecer en una nueva fase de competencia acentuada, como consecuencia de la crisis. Tampoco han considerado que los primeros efectos de la recesión van en el sentido de deprimir la tasa de beneficio, sobre todo en función de las capacidades excedentarias (la tasa de conjunto del capital invertido, no sólo de su fracción que se pone en movimiento corrientemente, salvo evidentemente en caso de que la fracción no empleada corrientemente se desvaloriza totalmente: cierres de empresas, liquidación de las máquimasivo de los stocks de materias primas,
Además, la política de alza de los tipos de interés encarece el crédito, lo que reduce el beneficio del empresario. Los costes globales de la fuerza de trabajo reducirse inmediatamente durante la recesión, sobre todo en los países donde tienen una clase obrera combativa; los costes salariales unitarios continúan, aumentando, salvo en el caso de que la "racionalización" suprima millones de puestos de trabajo. Pero esto se traduciría inmediatamente en un retroceso de la demanda global y pronunciado de sobreproducción y de capacidad excedentaria. Los costes mayores de las materias primas y de la energía sólo se traducen a cierto plazo en una disminución de la tasa de beneficio.
Y finalmente, todos estos factores que pesan sobre los beneficios, se manifiestan en un momento en que la competencia internacional exacerbada impide incluso que los monopolios transfieran los costes crecientes a los consumidores mediante un aumento continuo de los precios. Los trusts norteamericanos y alemanes del automóvil se han visto obligados, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, a bajar sus precios en términos absolutos. ción de los beneficios desde el comienzo de la recesión reflejan por tanto un descenso sensible de la tasa de beneficio, en los Estados Unidos, e incluso una caída absoluta de la masa de beneficios declarados. Este descenso de la tasa de beneficio industrial se añade entonces a los factores mencionados mas arriba, que habían desencadenado la crisis, para prolongarla y profundizarla, y para convertirse en un nuevo elemento determinante de ella. Esto es tanto más cierto, cuanto que las nuevas tecnologías, que reclaman inversiones importantes con una composición orgánica del capital más elevada, se generalizan en todas las grandes empresas y en todos los principales países imperialistas, suprimiendo así las fuentes de sobrebeneficio tecnológico.
Las posibilidades de reducir la amplitud de la recesión mediante rodeos son menores que en la recesión de 1974-75. A la vista de la política económica restrictiva que se aplica generalmente, una nueva expansión del crédito inflacionista parece imposible en los principales países imperialistas, máxime cuando no hay importantes explosiones sociales que obliguen a la burguesía a emprender este camino. La ofensiva patronal y la del Estado burgués, contra el nivel vida de los trabajadores, ha aumentado aún en el transcurso de la recesión. Aún no se ha alcanzado el punto culminante del paro. Por todas estas razones, la demanda solvente global corre el riesgo, más bien, de restringirse aún más, antes que de servir como "detonante". de una seria recupera-
En cuanto a los 'nuevos mercados de sustitución", su expansión se desacelera y es menos susceptible que en los años 70 de servir de válvula de escape para la economía capitalista internacional. sobre todo a los países semicoloniales, cuyo endeudamiento vertiginoso se convierte en
La su capacidad ampliar constantemente sus importaciones manufacturados. ejemplo, todos los países latinoamericanos, incluidos los que prosiguieron su expansión en 1980, como Brasil, Mexico, Paraguay,
Venezuela, se han endeudado de modo colosal; cerca del 50% de los préstamos internacionales en su conjunto han ido a parar a América Latina. Y los intereses de la deuda han alcanzado el 59,5% de las rentas de la exportación en Panamá, el 57,2% en México, el 46,7% en Bolivia, el 44% en Uruguay y el 32,4% en Chile.
A ello hay que añadir que como de costumbre la recesión ha desencadenado un movimiento general de descenso de los precios de las materias primas, aunque distintas proporciones. Esta tendencia general contribuye a reducir aún más la
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capacidad importadora de estos países.
En cuanto a los Estados obreros burocratizados, el peso de su deuda es tan grande que resulta imposible operar una expansión de 1973-1978, importaciones procedentes de Occidente, financiadas mediante créditos.
Lo mismo cabe decir de la República Popular China, que ha limitado considerableexpansión del comercio con los países capitalistas, finanexpansión del comercio Este-Oeste que constituye el creciente endeudamiento de los Estados obreros burocratizados, se añade el freno que resulta de las contradicciones intrínsecas de sus economías, ante todo la desaceleración del crecimiento, que en el caso de Polonia ha provocado incluso una disminución absoluta del PNB en 1979 y en 1980, que debería proseguir en 1981 (aunque ningún descenso absoluto de la producción industrial).
Por tanto, podemos resumir del modo siguiente las perspectivas de la economía capitalista internacional:
1) Toda perspectiva optimista de una rápida recuperación a comienzos o en la primavera de 1981 parece ser irrealista. La misma observación se aplica a los pronósticos de la OCDE de diciembre de 1980. La desincronización de la recesión y el deterioro de la rentabilidad de las grandes empresas tendrá más bien como consecuencia el extender la recesión generalizada durante todo el primer semestre de 1981.
2) A medio plazo, y descartando la eventualidad de un crac bancario mayor, también parece poco probable una recuperación que se autoalimente y que conduzca a un aumento serio de la producción. Es más probable que la recesión de 1979-1981 dará lugar a un periodo de estancamiento prolongado hasta 1982, con unas tasas de crecimiento mínimas (salvo quizás en Jaón).
3). En cualquier caso, en este contexto general se acentuará la competencia interimperialista. Los EE.UU. y los imperialismos europeos no vacilarán en tomar medidas proteccionistas masivas para proteger los ramos industriales vitales. Estas medidas afectarán sobre todo al imperialismo japones.
4) La clase obrera internacional se verá golpeada por la acentuación del paro, que apenas disminuirá cuando se pase de la recesión propiamente dicha al comienzo de la recuperación. El próximo ciclo industrial amenaza con llevar este nivel de paro permanente de 23 a 25 millones de parados hasta cerca de 30 millones en el conjunto de los pases imperialistas. El principal motor de esta evolción es la introducción masiva de nuevas tecnologías, que más que nunca sustituirán a gran escala el trabajo vivo por el trabajo muerto.
Contrariamente a lo que afirman una serie de corrientes ecologistas, al igual que algunos compañeros como Rudolf Bahro, este nuevo crecimiento cualitativo de las fuerzas productivas no es destructivo 'en sí mismo". Estas nuevas tecnologías encarnan, en cambio, la posibilidad material de
La coyuntura económica internacional realizar el principio comunista "de cada uno según sus capacidades, a cada uno. según sus necesidades", y esto a escala mundial. Pero lo justo es que en el marco de la producción capitalista declinante, las nuevas tecnologías abren al mismo tiempo el camino que conduce a la barbarie: paro masivo duradero; un ritmo de trabajo inhumano; la depauperación y el hambre (incluidos millones de muertos de hambre) en bastas regiones del mundo; rearme imperialista acelerado que rebasa el umbral crítico de las guerras nucleares a través del desarrollo de nuevas armas, como la bomba de neutrones.
La respuesta no debe buscarse en el camino hacia un retorno a la naturaleza", que sólo facilitaría el deslizamiento del sistema capitalista hacia la barbarie. El hecho de que la espiral de las crisis capitalistas se aproxime a su punto de explosión, implica más bien que hay que prepararse para unas pruebas de fuerzas políticas decisivas, que permitirán que la revolución socialista resuelva positivamente el dilema 'socialismo o barbarie". •